Fabio Mejía Botero, "Águila libertadora", fotografía (Cortesía del autor)

Toda época de cambio, como la que va entre el declive de un imperio y el ascenso de otro, somete a la humanidad de la época, sobre todo a los países que están circunscritos al área de influencia de las potencias, a un período de desorden e incertidumbre.


No es extraño que así suceda, mucho más cuando el imperio que decae se resiste a morir, desplegando todo tipo de medidas para conservar sus poderes, privilegios y beneficios en todas las áreas y en todos los planos, tanto locales y regionales como globales. Sucedió así en el siglo XVIII con Inglaterra, hasta cuando consolidó su dominio global, para lo cual, además de su imposición por la vía de la fuerza, también resultó fundamental su apropiación e impulso de la primera revolución industrial. Además de dar cuenta de Francia, su enemigo de varias centurias, lo hizo del régimen de producción feudal, prolongado en Europa por varios siglos.


Ocurre de manera similar en los albores del siglo XX, en este caso ante la agonía-muerte del imperio inglés, a la par del entierro de los restos del Imperio Otomano y el ascenso de los Estados Unidos, desenlace en el cual fue igualmente importante la apropiación que logra de la segunda revolución industrial, en disputa también con Alemania. En este caso no muere ningún régimen de producción; por el contrario, se potencia el dominante entrado en la fase imperialista.


Pese a características que les son comunes, las circunstancias que hoy vivimos trazan distancia con las que marcaron el progreso-muerte de poderes globales entre el siglo XVIII y comienzos del XX. Es así porque el mapa mundial va cambiando con el ascenso y el desarrollo del capitalismo, pasando de dominar unas áreas del mundo hasta integrar todos los territorios a su campo de influencia y su control.


Ocurre que durante el siglo XVIII, para el capitalismo, el mundo era en lo esencial Europa y Asia, y por tanto los efectos de las disputas entre imperios se extendían y afectaban de manera especial a todo lo incluido en esas coordenadas. Débil coletazo llegaba a Nuestra América, Oceanía y África. Y aunque esa era la nota primordial, los efectos de la invasión napoleónica a España, en un último esfuerzo del Imperio Francés por controlar Europa, disparó la crisis de la Corona ibérica, lo que alimentó contradicciones en su interior y despertó desobediencias en sus fuerzas militares, todo lo cual contribuyó a que fuera coronada la causa de la independencia latinoamericana.


No bastan buenas razones


En esta lucha entre el imperio que muere y el que nace, en medio de la disputa por conservar o ganar el poder global de su época (mediados del siglo XVIII), como es conocido, el Imperio Español mordió el polvo, lo que no se da por fuera de la confrontación militar, extendida por diferentes flancos y en distintos años de aquel período histórico e incluso antes. Con todo ello podemos decir, como lo refrenda la experiencia, que las buenas razones y hasta las evidencias son insuficientes para que un poder u otro acepten su declive y cedan el paso a las nuevas fuerzas que toman su lugar. En otros tiempos, tanto Roma como el imperio Persa se habían resistido ante la evidencia. La iglesia católica misma, en su hegemonía imperial de varios siglos, también es muestra de ello.


Como parte de este mismo devenir histórico, en medio de la creciente del poder inglés, una vez enterrado el modo de producción feudal y derrotada de manera plena la monarquía con la revolución de 1848, otro tipo de confrontaciones, en este caso sociales, toma cuerpo, protagonizada por las dos clases que desde entonces e incluso hasta nuestros días marcarán el mundo. Alzamientos sociales, masacres de inconformes, revoluciones triunfantes unas y derrotadas otras, así como una extensa y amplia disputa por derechos de diverso tipo, toman forma como parte de esta confrontación.


Son dinámicas y lecciones de la historia que no podemos desconocer al valorar las tendencias de todo orden que caracterizan el año y la década en que entramos con el 2020. Es un período de la historia marcado de manera fuerte por la crisis/descenso del imperio estadounidense y el avistamiento en el horizonte del que pudiera sucederlo. Ese descenso/ascenso –que posee sus particularidades con respecto a las experiencias retomadas, entre ellas que ahora no solo está en declive el imperio hegemónico desde hace un siglo sino igualmente en crisis el sistema capitalista todo– sume al mundo en desorden y caos global, con manifestaciones de ello en ambiente, economía, demografía, agricultura, ordenamientos urbanos y sistema financiero.


Tenemos ante nosotros, entonces, una doble transición: por el dominio global, el cual, como todo lo indica, ya no será más unipolar sino multipolar, y por el sistema de producción. Y la disputa no será corta, como tampoco lo fue en la mayoría de las experiencias conocidas, sino que se tomará varias décadas, cinco o más en el peor de los casos.


En la particularidad del sistema de producción que tomará forma en medio del declive-crisis capitalista, todavía ninguno de los países y sus clases lidera una opción viable: solo son variantes más verdes, más rosadas, del capitalismo. Paralelo a ello, desde diversidad de sectores alternos, proyecta sus luces una opción-expectativa poscapitalista, pero aún sin alcanzar fuerza suficiente para materializarse.


Resistiendo a la confrontación bélica que implica ser vencidos, los Estados Unidos esgrimen sus defensas y como parte de ello potencian una nueva carrera militar, dotándose para la misma de un presupuesto fiscal para el año 2020 –que empezó en octubre de 2019– que ningún otro país tiene ni de cerca: 738 mil millones de dólares, ampliando, además, sus fuerzas militares con un nuevo cuerpo, el Espacial, acorde con la realidad desatada por la tercera y la cuarta revolución industrial, la colonización en curso desde décadas atrás de la órbita espacial por centenares de satélites, el despliegue de escudos antimisiles como contención de cohetería de todo tipo, en especial aquella con capacidad para transportar ojivas nucleares, así como por la pretensión humana de colonizar uno o varios planetas, a la manera de mecanismo para conservar la vida y prolongar su dominio en caso de una hecatombe nuclear, y como efecto de la propia crisis ambiental, en toda su ampliación, que afecta y ahondará su impacto al conjunto de la humanidad. Problemas de respiración, multiplicación de enfermedades de diverso tipo, abastecimiento de agua y otros anexos a la imposibilidad de llevar una vida en plenitud, harán parte de la misma. El afán de los multimillonarios de colonizar prontamente un lugar más allá de la Tierra no es fantasía (1).


Estamos ante una nueva carrera militar, en la cual unas potencias con menor presupuesto militar orientan el mismo hacia factores estratégicos que puedan equilibrar las cargas. De ahí las investigaciones en cohetería y armas en general con tecnología cuántica (2), a la par de transformar el poder ejecutivo de sus países, haciendo de los jefes de Estado verdaderos comandantes estratégicos de sus respectivos países, investidos de un poder tal, indicativo de que estamos en un período de preguerra, y que los esfuerzos de los imperios están dirigidos en especial a evitar que la contraparte se sienta segura de un triunfo rápido si opta por la confrontación abierta.


Vladimir Putin al frente de Rusia y Xi Jiping a la cabeza de China son muestra clara de las transformaciones vividas por el Ejecutivo en sus respectivos países. Jefes de Estado con poderes plenos, dirigiendo sus países por décadas, en realidad generales en jefe de los mismos, lo que permite explicar el momento histórico que vive la humanidad y la fuerte tendencia hacia una colisión fatal. Es una realidad de la cual no está lejos el Ejecutivo en Estados Unidos, donde el equilibrio de poderes empieza a resquebrajarse. El autoritarismo, como tendencia creciente, encuentra uno de sus soportes en esta realidad, y su fortalecimiento será cada vez más evidente. Mayor extracción de plusvalía a la fuerza de trabajo, para incrementar o recuperar por parte del capital la tasa de ganancia, simultáneamente con un mayor rigor en el control del mercado propio, o los ajenos bajo dominio, son otros de los factores que alimentan el giro autoritario que vive hoy el mundo y que irá en incremento en la nueva década que ahora marca el calendario.


Esa transición de imperio y de sistema de producción proyecta una colisión de poderes imperiales de la cual ningún país será ajeno, la que por el momento asume una confrontación de fuerzas a través de terceros países y en regiones allende sus propios territorios: Oriente Medio en general, como centro productor de la materia prima esencial del capitalismo, y poseedor de las mayores reservas de la misma –sumando al conjunto de sus países–, es el teatro de sus operaciones. Todo indica que la reorganización en que entrará este territorio llevará a que su control quede bajo el liderazgo de Rusia, que, con apoyo de China, impondrá allí sus reglas. El factor Israel deberá entrar en negociaciones que en alguna forma le darán aire al pueblo palestino.


Oriente Medio es un territorio de importancia estratégica para las dos potencias ahora aliadas en múltiples terrenos, forzadas a ello por el enemigo que comparten. Por un lado, Rusia requiere ampliar la zona de contención para dificultar cualquier ataque en contra suya, y, por el otro, China ha trazado por tal territorio una parte de la Ruta de la Seda, a la par de transitar por allí el petróleo que alimenta su industria y su funcionamiento en general. Israel, potencia nuclear regional y avanzada estadounidense, es el enemigo por controlar, y eso es posible materializarlo mediante diversidad de acuerdos que beneficien a las partes. Estados Unidos, de un lado, en medio de conflictos abiertos por doquier, tendrá que elegir entre concentrar más fuerzas y disputar de modo cada vez más abierto tal teatro de operaciones o redirigir sus fuerzas prioritariamente hacia el mar del sur de China, como esclusa para impedir la extensión/consolidación del poderío que ya ostenta la potencia asiática, obligando al imperio americano al abandono de esta parte del mundo, lo que aceleraría su declive (3).


Se trata de escenarios y tendencias de la geopolítica global que conservarán su vector actual o pudieran verse redimensionados por el resultado que arrojen los comicios presidenciales de noviembre próximo en Estados Unidos, coyuntura clave, tanto porque dirime por unos años más el grupo de poder al frente del imperio en descenso como porque con su resultado queda clara la trayectoria táctica y diplomática que señalarán su devenir en los siguientes cuatro años: operar cada vez más abiertamente, desestructurando toda la arquitectura que ellos mismos impusieron en los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, lo que ya no es útil para sus intereses, o avanzar tras igual propósito de manera más o menos negociada con sus mejores aliados.


En este hipotético escenario, quienes sufren hasta ahora, y seguirán afectados a lo largo de esta nueva década por la decisión de los Estados Unidos de no ceder su trono sin oponer resistencia, está la Unión Europea, en un acuerdo de acción territorial mancomunada en diversidad de áreas, con beneficio de convivencia pacífica por décadas, que corre el riesgo cada vez más abierto de regresar al estadio que tenían antes de la década de los 80 del siglo XX, e incluso mucho más atrás. El triunfo del brexit en el Reino Unido así lo indica, y los factores nacionalistas en la diversidad de los países que integran la Unión señalan en tal dirección.


Por ahora, el Imperio se vale de los acuerdos posguerra mundial que le dan privilegios para extender sus tropas a lo largo y ancho de Europa, adelantar allí sus armas estratégicas y disponer esos territorios como avanzada para diferentes propósitos, en particular para maniobrar conjuntamente en caso de una confrontación de cualquier orden. La Otan es parte de este acuerdo. La sumisión del “viejo continente” ante las demandas y amenazas de quien hoy está al frente de la Casa Blanca facilita la concreción de los propósitos del Imperio e indica que esta parte del mundo, como un todo, quedará, en los años que vienen, cada vez más relegada en la disputa por el reparto mundial.


El 2020 y la década que nos lleva hacia los años 30 se mantendrán marcados, además, por fenómenos como las migraciones, en la cual diversos países de África y América Latina mantendrán la expulsión de sus poblaciones en procura de trabajo e ingresos seguros. La constante del desempleo es creciente. La reducción –allí donde lo hubo– del Estado de Bienestar y con ello la pérdida o minimización, cada vez más notoria, de los derechos humanos, relegados a simple letra muerta, testimonio de algo que por décadas logró cierta materialización como fruto del ascenso de la izquierda, en su direccionamiento y su estímulo a las luchas directas de diversidad de pueblos anhelantes de justicia, igualdad, paz, bienestar, solidaridad, descolonización, soberanía. La Guerra Fría, como parte de este fenómeno, también contribuyó a contener la implementación de medidas regresivas, abiertamente a favor del capital y en contra de los derechos humanos, pero, una vez diluida, la ofensiva del capital es contundente. Fueron unos logros a los que también contribuyó el ascenso al gobierno, en diversidad de países del Viejo continente, de sectores progresistas –socialdemocracia.


Los efectos de la aludida ofensiva connota abundancia de males para el conjunto de los habitantes de nuestro planeta, tanto por el ahondamiento constante de la desigualdad social y la concentración de los frutos del trabajo de millones de seres humanos en unos cuantos personajes (4), como por la disparada de una crisis climática que tiene en vilo el futuro de la humanidad.


Son aquellos unos males que solamente resultan contenibles por la sociedad global, desde la particularidad de sus países, pero logrando una sintonía de fuerza desde el alzamiento social global. Una contención, a partir de la conciencia por un presente que ya es futuro, que al mismo tiempo detenga la reducción de la democracia a su mínima expresión, simple formalidad (elecciones), como está sucediendo, haciendo de ella un campo de batalla para que en realidad sea participativa, directa, radical, plebiscitaria.


Otras muchas particularidades tienen luz propia y llamarán nuestra atención a lo largo del año 2020 y de la década que ahora empieza. La creciente desocupación del campo y el incesante crecimiento de las ciudades será una de ellas. Las presiones económicas y militares que recaen sobre sus pobladores, así como la ausencia o la debilidad de políticas gubernamentales, nacionales e internacionales, que incentiven su vida y su labor alrededor del agro, así como la conservación de las particularidades culturales que le son características, son parte de los motivos para que así suceda.


De la mano de su desocupación llegan la imposición y la ampliación de una economía agraria que está ligada al extractivismo latifundista, a partir de monocultivos sembrados en áreas que cubren cientos y miles de hectáreas. Es una producción agrícola, para uso humano, animal e industrial, soportada en muchos casos, y con tendencia creciente, en semillas ‘mejoradas’, modificadas genéticamente, que someten al campo y la naturaleza en general al envenenamiento que produce la cantidad de tóxicos con que deben ser fumigadas, a la reducción o la desaparición de la biodiversidad en todas sus manifestaciones, y a la humanidad en general a una alimentación cada vez menos diversa, insípida, baja en proteínas y vitaminas, proceso de siembra y transformación de granos y verduras cuyas consecuencias para la salud humana y animal en general aún no están claramente establecidas, pero que en el campo de la cultura gira hacia lo que algunos autores describen como su macdonalización.


Por su parte, la imparable urbanización del mundo seguirá incrementando problemáticas para la salud, derivadas del modelo de desarrollo imperante y de un transporte que ahoga las urbes en esmog y altos niveles de contaminación auditiva y visual. La reducción del tamaño de las viviendas, llevadas al extremo de parecer colmenas, su mala e ineficiente aireación, la ausencia de sol para gran cantidad de las mismas, la desaparición de espacios comunes en muchos barrios, etcétera, someten y someterán incesantemente a la humanidad a una deshumanización de sus centros de vivienda y trabajo, ahondando una crisis, la del urbanismo, que demanda replanteamiento en procura de recuperar la calidad de seres humanos que, como especie debemos conservar, alejándonos de la condición de seres-máquinas, tendencia que celebra el capital, en procura de mano de obra dócil, que no reclama ni se organiza para defender sus derechos.


El desempleo, la mala calidad en su remuneración, la informalidad laboral, la ofensiva neoliberal en un intento por extraer más renta de quienes venden su fuerza de trabajo (al reducir salarios vía eliminación de beneficios como primas y bonificaciones, cajas de compensación, horas extras, etcétera), son otras tantas aristas que conservarán su tendencia durante la década que abre su agenda.


Son tendencias y devenires en los cuales las mayorías de nuestras sociedades no debieran resignarse a ser actoras pasivas sino, como está sucediendo por estos meses, decidirse por un liderazgo desde el cual sacar a flote una opción de vida diferente de las dos planteadas en su contorno, que en el largo plazo son una misma.
El tiempo que ya corre y los años por venir nos indicarán con toda seguridad si así ha sucedido.

 

1. Elon Musk revela detalles de su proyecto de gran escala para colonizar Marte en 2050 con un millón de personas, https://www.desdeabajo.info/ciencia-y-tecnologia/item/38663-elon-musk-revela-detalles-de-su-proyecto-a-gran-escala-de-colonizar-marte-para-el-2050-con-un-millon-de-personas.html).
2. Esta tecnología impulsa cohetes a velocidades superiores 20 y más veces a las del sonido; radares con capacidad para detectar aviones y otras armas hasta ahora invisibles, criptografía de nueva generación, etcétera. https://www.technologyreview.es/s/10871/como-las-armas-cuanticas-cambiaran-las-guerras-del-futuro.
3. https://www.seguridadinternacional.es/?q=es/content/el-mar-del-sur-de-china-nodo-de-la-geopol%C3%ADtica-regional-y-mundial-del-siglo-xxi
4. “Tiempo para el cuidado. El trabajo de cuidados y la crisis global de desigualdad”, www.oxfam.org

 


 

América Latina, de cara a la inestabilidad política

 

De regreso al pasado. La nota típica de América Latina durante los años 50-80 del siglo XX eran los golpes de Estado, tantos que parecía que vivíamos en una región de ficción. En esos golpes, los militares eran los actores que se destacaban, ya que asumían la misión encomendada por el gobierno de los Estados Unidos, así como de los poderes civiles detrás del golpismo, verdaderos beneficiados, unos y otros, de cada cuartelazo.


Transcurridas varias décadas de aquella inestabilidad política, de aquella lucha abierta por el control del poder en la diversidad de nuestros países, de violencia institucional desenfrenada que dejaba en harapos los derechos humanos, cuando se había ganado cierta normalidad y existía un aire de una mayor redistribución de la riqueza nacional, sin afectar la estructura de clases, la concentración de la riqueza y la propiedad de los más ricos, el camino del golpismo retoma su lugar, en este caso sin aparecer los militares, a no ser de manera muy episódica, ahora reemplazados por jueces o altos funcionarios del gobierno descabezado.


Sin duda, los tiempos cambian y de su mano las formas de la política gubernamental, nacional e internacional. Así, como prolongación de las nuevas formas asumidas por el golpismo, en los años que nos llevarán al 2030, y como parte de la decisión de Estados Unidos de conservar/recuperar su control total sobre la región, seguirán estando presentes los golpes de Estado suaves, y como parte de estos el golpismo judicial, unos y otros en defensa supuesta de la ‘democracia’.


Como parte de esta realidad, de la violencia sin reparos ni miramientos, típica del golpismo de los gorilas, pasamos a la prevalencia de las apariencias y al ejercicio de una violencia con foco cerrado y formas ‘democráticas’. Así lo permite concluir Brasil, pero también Bolivia, los dos últimos países que padecieron las nuevas formas del intervencionismo estadounidense. Para el caso de Bolivia, el próximo 3 de mayo, en caso de no quedar espacio para una segunda vuelta presidencial, quedará sellado el golpe de Estado que se fraguó el 10 de noviembre pasado, bien en dirección golpista, bien dándoles, de nuevo, espacio a los sectores progresistas.


En los ojos del águila, celosa de la presencia de Rusia, China e Irán en la región, están Venezuela y Nicaragua; Cuba, la cereza del pastel, continuará como propósito máximo del intervencionismo del imperio. Las reformas de todo orden que la isla caribeña afronta, como medida urgente para superar las limitaciones de un modelo de Estado y social agotado, indicarán si esta experiencia de soberanía y dignidad logra un segundo aire, el que impediría que la inconformidad interna lo subvierta.


Marcará esta década, a ambos lados de la cadena, la inestabilidad política o la crisis permanente de gobernabilidad, de manera que quien controle las riendas del gobierno deberá enfrentar, por el lado del status quo, la protesta social que demanda punto final para el neoliberalismo y todo lo que le es preciado. Por el lado progresista, su incapacidad para potenciar un modelo económico alterno y su persistencia con proyectos extractivistas, que le generan alejameniento de los pobladores del campo, como de sectores urbanos que luchan por la preservación de la naturaleza. Sin flujo económico suficiente para implementar políticas redistributivas diferentes a las ya existentes, es poco lo que el progresismo puede ofrecerle a la sociedad.


Estamos ante un escenario en el cual entrarán a jugar, de manera cada vez más abierta, los narcotraficantes, ahora actuando como mafias que controlan territorios y someten a quienes los habitan, propiciando desplazamientos de todo tipo, usurpando tierras, acometiendo proyectos extractivistas, es decir, actuando como también lo hacen los propietarios del sector industrial, comercial y financiero. Ahora, y de manera cada vez más clara, el narco estará integrado al sistema y la clase que lo controla.


En este marco complejo de luchas sociales permanentes, indígenas y mujeres estarán a la cabeza, ampliando derechos. Los pueblos originarios mantendrán su constante en procura de la tierra necesaria para vivir, y alrededor de ella en defensa de la biodiversidad y el equilibrio ambiental. Entre estos pueblos, los organizados como zapatistas saldrán de nuevo a confrontar a nivel nacional y de manera directa al gobierno, buscando bloquear megaproyectos el Tren Maya y otros que rompen sus territorios. Las mujeres, por su parte, emplazarán de manera cada vez más intensa a la sociedad, en pos de igualdad efectiva y cese a la violencia contra sus cuerpos.


Ni una ni otra serán luchas fáciles ni lineales. Serán complejas, arduas, y sortearán flujos de distinto tipo al tener que enfrentar la reacción creciente de los sectores más tradicionales de la sociedad. En todo caso, la experiencia ganada hasta ahora por indígenas, como por movimientos feministas, permiten augurar que en esta década consolidarán posiciones y más apoyo social.


A la actual dinámica no escapa Colombia, donde las hegemonías que la sometieron por tantos años al exterminio muestran fracturas, debido de manera preponderante a las contradicciones al interior de los sectores dominantes y al intento de reagrupación de los sectores marginados. Sin una agenda particular de estos últimos, sin proyecto propio, poco podrán esperar del desenlace de la disputa interburguesa, cuyo resultado prolongará el dominio de la tradición o abrirá nuevos surcos para el modernizante, pero sin cambiar la esencia del establecimiento.

 


 

 

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Publicado enColombia
Diego Quintero, sin título (Cortesía del autor)

En diciembre del 2019 fue entregado el texto oficial de la llamada “Misión Internacional de Sabios 2019 por la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación”, nombrada por el gobierno de Iván Duque para elaborar el texto guía fundamental para la política nacional en los cuatro temas; todo enmarcado en la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Nos concentramos aquí en el documento mismo (1). El texto de recomendaciones se llama: “Colombia hacia una sociedad del conocimiento”.

 

“Desatención”, “desinterés”, “incomprensión”. Desde siempre, estas y otras realidades describen la real atención que recibe la ciencia en Colombia. El exiguo presupuesto que nunca superó el 0.3 por ciento del PIB, y el último lugar en inversiones en la política estatal que por años han merecido los institutos que la han tenido a su cargo da cuenta de ello.


Es una “incomprensión” que resume el carácter de la clase social y política que por décadas –que suman siglos– ha controlado el poder en Colombia, cuando la verdad es que este es un país con todo el potencial para liderar o integrar en la región proyectos de punta, en todos los órdenes. Proyectos de investigación que en su base demandan una comprensión científica del entorno natural de su ser territorial. No es solamente la abundancia de ríos, selvas, bosques, la variedad de climas y mares, sino también su biosfera y otras partes que hacen de Colombia uno de los países mejor dotados entre los casi dos centenares que integran la comunidad internacional.


Se trata de toda una realidad y un potencial natural que sobrepasa la mentalidad rentista que desde siempre ha imperado en estas tierras. Ni curiosidad, ni sentido crítico, ni amor por el aprendizaje, ni estímulo al debate abierto, sin dogmas ni prejuicios, nada de esto está registrado en la historia del país, un signo innegable del carácter de quienes han determinado el destino padecido hasta la fecha por quienes habitan esta puerta de entrada y/o salida de Suramérica. Por el contrario, lo que ha predominado son verdades eternas, rezos, escolástica, exclusión del crítico y del curioso, estigmatización del saber.


No es casual, por tanto, que a pesar de todas las potencialidades que tenemos para la construcción de un proyecto potente de ciencia, Colombia no aparezca en los registros internacionales en este campo. De ahí que al llegar hace poco a la Ocde, a esa organización que dicen “de las buenas prácticas” los gobernantes tengan que romper con el pasado y así sea formalmente, como parece ser hasta ahora, lleven al país hacia la investigación, para lo cual darle estatuto de ministerio a la instancia encargada de tal reto aparece como un impostergable.


Nos encontramos, por tanto, más allá del deseo de Duque y de quienes lo rodean, ante una exigencia externa. Y el paso incial para cumplir con la demanda es diagnósticar y proyectar, para lo cual, retomando pasos ya andados, se constituye una nueva “Misión de sabios”, en este caso con participación internacional. Ahora bien, ¿qué documento produjo la Misión? ¿Qué esperar de su resultado?


El espíritu del documento


Cuarenta y seis comisionados elaboraron el documento finalmente entregado al Gobierno, con el apoyo de un amplio equipo técnico, con la participación de algunas de las más importantes universidades, grupos de investigación, semilleros, academias, profesores, investigadores, gestores del conocimiento, ministerios y entidades públicas, algunos organismos multilaterales con sede en Colombia, diferentes escuelas, y algunos organismos privados y de consultoría, notablemente.


El lenguaje del texto es claro, su redacción no se presta para ambigüedades ni ambivalencias, y en numerosos pasajes está soportado por algunas fuentes de datos y publicaciones. Al fin y al cabo, se trató de un trabajo que se discutió y elaboró en alrededor de seis meses. Es evidente un espíritu muy técnico, poco político y crítico, altamente propositivo y muy bien intencionado, y mesurado en el lenguaje y las expresiones, con muy pocos adjetivos y adverbios, a menos que fueran exaltantes o sugestivos.


Fueron, sin lugar a dudas, seis meses de trabajo, pero también de mucha presión sobre los comisionados, por parte del gobierno, como es suficientemente conocido.


Algunos de los verbos que más se repiten en el texto, son “diseñar”, “construir”, “proponer”, “pensar”, “programar”, todo lo cual se ajusta a los compromisos adquiridos y al carácter técnico del documento. Al fin y al cabo, desde Durkheim y Weber es un lugar común distinguir dos cosas: al político y al técnico. Esta distinción le sienta muy bien al espíritu del capitalismo, para plantear que una cosa son los “tomadores de decisión” (= políticos, banqueros, militares, etc.), y otra muy distinta los “asesores, técnicos y consultores”. Algo que merece, por decir lo menos, una segunda reflexión. En la historia de Colombia los académicos y científicos jamás han sido considerados como tomadores de decisión. Sus propuestas tienen carácter meramente consultivo, y nunca vinculatorio. Algo sucede, y sigue sucediendo en la historia del país.


Específicamente, en los marco de la sociedad de la información, de la sociedad del conocimiento y de la sociedad de redes (2) la distinción establecida por Weber, y todavía vigente, es vetusta y peligrosa. El ejemplo más palpable son los populismos, por ejemplo, de Trump, Macri, Piñeras, Bolsonaro –y el subsiguiente negacionismo, notablemente, del cambio climático, y otros temas sensibles que son inmediatamente del relevo del trabajo con datos, información, y conocimiento– es decir, ciencia.


La letra del documento


La tradición medieval sostenía que “la letra con sangre entra”. Esta idea puede tener por lo menos dos interpretaciones. Una, es que la gente no aprende sino de malas maneras, con presiones y fuerza, bajo sometimiento y adoctrinamiento, en fin, con miedo y mucha disciplina. La otra es que las cosas se aprenden, tarde o temprano, a través de mucho esfuerzo, sudor y sufrimiento. Como se aprecia, no hay mucha distancia entre una y otra cosa. Pues bien, Colombia hacia una sociedad del conocimiento, se plantea en el marco explícito de los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS), los cuales son mencionados y subrayados a todo lo largo del informe. Así, los temas de desarrollo, conocimiento, innovación y competitividad dan por supuesto, aceptan sin más, y se apoyan en los (ODS), un tema que merece una consideración propia, en otro lugar. Como quiera que sea, la base es: el sistema de libre mercado debe poder desarrollarse y crecer en términos de sostenibilidad. Hay que decir, de pasada, que los (ODS) dejan absolutamente intacta la función de producción, y no hay ni una sola palabra al respecto.


Análogamente a como los acuerdos de la paz en La Habana entre el Gobierno y las Farc dejaron incólume el modelo económico, asimismo, el Informe de 2019 no se ocupa, absolutamente para nada, de la función de producción. En una palabra: se trata de educación, ciencia, tecnología e innovación para la afirmación y el desarrollo de la economía de libre mercado; punto. Con todo y las estructuras cognitivas que implica, con las formas y estilos de vida que conllevan, en fin, con las finalidades e intenciones conocidas.


Los focos escogidos están bien justificados, con básicamente, una doble argumentación: de un lado, el número de grupos de investigación en el país. Esto es, si cabe, la capacidad instalada. Y de otra parte, también, los marcos de la Ocde, que son al fin y al cabo, los que regulan hoy y hacia futuro las políticas públicas en Colombia.


En fin, un buen número de las propuestas del Informe de 2019 son las mismas que las del Informe de 1994; al fin y al cabo, las propuestas de Colombia al filo de la oportunidad no fueron jamás atendidas o en el mejor de los casos sólo parcialmente.


La historia, la memoria, Clío: esa ciencia políticamente incorrecta.


Es clara la mención de que sin ciencia no puede haber desarrollo humano. En varios lugares se hacen comparaciones con Irlanda y con Corea del Sur, por ejemplo, y se afirma explícitamente que los más sensibles problemas de crecimiento y desarrollo humano no pueden ser superados sin una política fuerte, amplia y con raíces de educación y ciencia. Eso lo sabemos los académicos y científicos, pero ¿y los políticos, financistas y banqueros? Como profesores, bien podemos apelar a la necesidad de una evaluación (quiz, examen, exposición, etc.), de los dirigentes nacionales sobre este informe, como diciendo: “muchachos, aquí está el informe. Léanlo. En 15 días habrá un control de lectura”. Algo semejante valdría para entrar en alguna de las numerosas listas negras que circulan. El tiempo lo dirá: si los miembros del gobierno de Duque: a) leyeron; b) y si leyeron, entendieron, el Informe. El tiempo es un juez implacable.


Las políticas de conocimiento son exactamente políticas de vida; sin metáforas. Sólo que la vida es un juego que se juega a largo plazo. Pensar la vida significa exactamente pensar a largo plazo, algo que las políticas públicas desconocen por completo, específicamente en la historia del país. Así, el texto oscila entre llamados a largo plazo, y propuestas inmediatas, que tienen una ventana máxima de 5 años. Esta fluctuación es, sin duda, el resultado del balance entre deseos y conocimiento de un lado, y compromisos e información con datos, de otra parte.


De manera significativa, en varios lugares el Informe pone el dedo en la necesidad y la importancia de enfoques y de políticas transdisciplinarias, lo cual constituye un avance notable al que hasta la fecha Colciencias jamás había llegado ni nunca llegó. Los académicos y científicos autores del Informe, en contraste, si saben de enfoques cruzados, transversales, inter, trans y multidisciplinarios. ¿Podrán el presidente, los ministros, los gobernadores y alcaldes, por no mencionar a los rectores y vicerrectores de las universidades entender este llamado? Nuevamente: cabe esperar lo mejor. Cuando el mundo se llena de esperanzas y buenos deseos… Es exactamente en este marco que encuentran todas sus raíces los llamados a conformar redes y trabajar en redes.


El informe apela en varias ocasiones a comparaciones, en materia de inversión, en comportamientos por parte del Estado, en actitudes de parte del sector privado, en fin, en dinámicas por parte de las universidades, a comparaciones e ilustraciones con experiencias en otros momentos y lugares. Esto implica poder aprender de otras experiencias. Una demanda la verdad exagerada para un gobierno que sólo parece mirar su propio ombligo y que está envuelto en escándalos de toda índole: masacre sistémica y sistemática de líderes sociales, mermelada y corrupción, espionaje a periodistas, parlamentarios, ONGs y personalidades democráticas, impunidad ante el crimen común y el organizado, connivencia con la explotación minera de cielo abierto, la destrucción de las selvas y bosques, en fin, el pago de prebendas de todo tipo ante el pasado inmediato y el presente en curso. El de Iván Duque, el peor de todos los gobiernos en la historia del país, acaso comparable con el de Álvaro Uribe Vélez, que son, al fin y al cabo, la misma cosa. El sub-presidente, como ya es ampliamente conocido.


Las realidades del Informe


Digámoslo de manera franca: Colombia hacia una sociedad del conocimiento, permanecerá en los anaqueles de las bibliotecas, y como un material de consulta histórico. Nada más. Algo semejante pasó ya con el Primer Informe, elaborado por la primera misión, en 1994 (3).


El informe de 1994 propuso invertir el 1 por ciento del PIB en ciencia, educación y tecnología. En casi 25 años esa meta jamás se alcanzó. Con todo y gobiernos, documentos Compes, planes de desarrollo, y demás. El documento de 2019 propone que para el 2025 el gasto en ciencia y tecnología sea del 1.2 por ciento del PIB. En la actualidad es de cerca del 0.3. En medio de reformas tributarias sangrientas, de propuestas del partido del presidente actual por modificar sustancialmente el régimen de pensiones, de una elevada deuda pública que llega a la fecha a cera del 56 por ciento del PIB, y de la propuesta de eliminación de las Cajas de Compensación, por ejemplo, ¿cabe pensar, sinceramente que la meta propuesta se podrá alcanzar? Decían las viejitas y los curas antiguamente que el camino al infierno está sembrado de buenos deseos y buenas intenciones.


De manera explícita, el Informe afirma que el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Sncti) debe ser distinto al Sistema Nacional de Competitividad, el cual se encuentra bajo el gobierno del Departamento de Planeación Nacional. Ya desde el gobierno de Juan Manuel Santos se generó esa confusión, y en los dos años que a la fecha lleva Duque en el gobierno no ha habido ni una sola palabra al respecto.


Así las cosas, se anticipa ya que el Informe 2019 será, simple y llanamente un canto a la bandera. Al fin y al cabo, sistemáticamente, las élites en la historia de Colombia han sido indolentes frente al conocimiento, a diferencia de las élites de países de la región como México, Argentina, Brasil y Chile, notablemente.


Las propuestas sobre el Ministerio son bien intencionadas pero políticamente vacías. Mientras los miembros de la Misión discutían y elaboraban el informe, Iván Duque crea el Ministerio de Ciencia y Tecnología como un ministerio “de costo cero”. Esto es, exactamente con el mismo presupuesto que tenía Colciencias, y sin un incremento real.


La propuesta más básica del Informe 2019 plantea pensar de cara a los próximos diez años. Para ello, propende por un gran acuerdo nacional con todos sus agentes y actores. (Esto en un país fuertemente dividido entre los enemigos de la paz y sus defensores, por ejemplo). De manera excesivamente cauta, el informe proyecta que para el 2045 todos los jóvenes de hasta 18 años tengan educación media; cuando lo más democrático hubiera sido que la educación básica y media fuera obligatoria y gratuita (más allá de la existencia de colegios privados). Sintomáticamente, se exhorta al reconocimiento social, cultural y político de los maestros. Una meta encomiable contra la pauperización de profesores, de cátedra, con contratos a término fijo, y regímenes pensionales críticos.


Con acierto, se llama a cambiar el modelo educativo, para que pase de la enseñanza al aprendizaje; así, las diferentes formas de adoctrinamiento deberán ser suprimidas y criticadas. Así también no podrá haber desarrollo, ciencia ni crecimiento humano sin eliminar la inequidad, la pobreza y las formas de exclusión y marginamiento. Tácitamente se llama a un reconocimiento y apoyo de las economías locales, alternativas (bioeconomía).


En esta misma dirección, se convoca a una política de datos abiertos. La información es un acervo social y cultural, y no puede permanecer aislada de la sociedad. Una política de datos abiertos significa que, de cara al pasado, otra democracia es posible. Esto no es ajeno, en absoluto, a la idea de un empoderamiento ciudadano. Todo, dicho por el documento en su versión final.


En fin, sin ambages, se trata de situar al país en el siglo XXI, por fin. Un país que jamás llevó a cabo la reforma agraria, que no supo balancear la educación pública y la privada, y que su fundó siempre en una profunda asimetría de información.


Sin la menor duda, el espíritu del documento es positivo, democrático, pero ingenuo en numerosos lugares y algo voluntarista.


Decía B. Brecht que la mejor crítica que se le puede hacer a un río es construirle un puente. Esto significa que la mejor crítica que se le puede hacer al informe es leerlo, apropiárselo y difundirlo. Lo que sigue entonces es la reflexión crítica. Y acaso su mejoramiento, o su transformación.


Algunas reflexiones críticas


Colombia se dirime como un país que quiere pasar de la guerra a la paz, de la violencia a la justicia, y de la pobreza a la equidad. Al mismo tiempo, recientemente fue definido como el país más corrupto del mundo, y como una democracia imperfecta (hace unos años también fue llamado un Estado fallido). Pues bien, es exactamente en este marco como se plantea la idea de ciencia, tecnología e innovación.


La ciencia, en sentido laxo, forma parte de las políticas sociales, esto es, de educación y de desarrollo humano. Pero las políticas sociales han sido justamente las que han sido sistemáticamente desatendidas. La prioridad ha sido siempre el presupuesto para la guerra –“seguridad y defensa”–, y el favorecimiento al sector privado y en especial al sector bancario y financiero. Así las cosas, cabe una sospecha acerca de las verdaderas intenciones de Duque y todos los suyos. El país está tan mal y ha estado tan mal que una parte de las buenas cosas provienen de la Ocde y de la comunidad internacional.


Las políticas sociales y de conocimiento requieren un apoyo sincero y denodado. Pero un “presupuesto de costo cero” promete poco, o nada. Todo parece indicar que se trata, para Iván Duque, cada vez más, de una forma de lavar su desprestigio e incapacidad.


Se trata, todo parece indicarlo, de una manera de salvar las apariencias ante la comunidad internacional y ante algunos organismos multilaterales. Porque la verdad es que la universidad pública se mantiene al filo en materia presupuestaria. Hay un afán por favorecer, muy ampliamente a la universidad privada y a la confesional. El medioambiente se degrada a ojos vista, y el gobierno cierra los ojos ante las transnacionales mineras. Los científicos y académicos cuando tienen méritos y logros es más por su propio tesón y garra, que por que haya políticas públicas favorables. En fin, los científicos e investigadores son vistos como gastos, y no como oportunidades.


Coda


Una observación importante se impone. El documento de la Misión 2019 señala en varios apartes que se trata de un informe destinado al gobierno y a la sociedad. Cabe esperar que el gobierno actual atienda las sugerencias, propuestas y proclama. Pero si no lo hace, el documento pertenece también a la sociedad, al país. Y entonces, por medio de los canales académicos y científicos cabe apropiarse del mismo e implementarlo. En esta distinción radica la diferencia, muy sensible, entre políticas públicas (policy, policies) –que son política de Estado o de gobierno–, y políticas-sin-mas, que son políticas colectivas, comunes, en fin, de vida. Y la vida no le pertenece al Estado, en absoluto.


La atmósfera del Informe es la del pensamiento sistémico. Está expresamente dicho en el texto. No está mal, pero es perfectamente insuficiente. Sería deseable que los miembros de la Misión supieran, además y fundamentalmente, de complejidad. Sin embargo, el Informe es lo que es: un hecho cumplido.

 

1. Acerca de la conformación misma de la Misión, Maldonado, C. E., (2019). “Mensajes cruzados, ruido y ambivalencias. La recientemente creada Misión de Ciencia y Tecnología”, en: Le Monde diplomatique, Mayo, Año XVII, Nº 188, pp. 9-11.
2. Cfr. Maldonado, C. E., Sociedad de la información, políticas de información y resistencias. Complejidad, internet, la red Eschelon, la ciencia de la información, Ediciones desde abajo, Bogotá, Colección Primeros Pasos, 2019.
3. Cfr. Instituto Colombiano para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología, Colombia al filo de la oportunidad. Misión de Ciencia, educación y desarrollo. Informe conjunto. Colciencias: 1994; disponible en: https://repository.agrosavia.co/handle/20.500.12324/13580, de donde se puede bajar el pdf.

 


Estructura general

 

El documento producido por la Misión se articula en siete secciones con un peso desigual. Primero una proclama: “Por una sociedad del conocimiento para la próxima generación”, en la que se señala la meta propuesta: para el 2030 y se plantean los buenos deseos de desarrollo y crecimiento; luego, “El horizonte de la Misión: acuerdo para una Colombia en la frontera del conocimiento”, en el que se reconocen las bases vulnerables actuales, se plantea una meta de inversión en ciencia, tecnología e innovación (CTI) con respecto al PIB, se hacen observaciones sobre el Ministerio de (CTI), y la necesidad de desarrollar una política de (CTI).


El tercer capítulo, “Contexto y enfoque”, recoge el contexto del Informe y la Misión, y el enfoque hacia futuro de lo que puede y debe ser la (CTI) en el país. De manera puntual, se definen ocho focos de trabajo. Antes de presentar y discutir en detalle los focos, a los cuales está dedicado el capítulo quinto, el capítulo cuarto se ocupa de la justificación y exposición de las propuestas generales, tales como el reconocimiento del papel insustituible de la ciencia, la importancia de la educación en la transformación de la educación, la gobernanza en materias de ciencia, tecnología e innovación, la articulación de los actores de una política nacional de ciencia y tecnología; estos actores son, según el documento, el Estado, el sector privado, el tercer sector, las universidades y las comunidades. Asimismo, se considera aquí el papel de las universidades, la importancia de los institutos y centros de investigación, el llamado a la creación de institutos públicos de ciencia, tecnología e innovación, y la creación de viveros creativos. De manera muy sensible, se ponen de manifiesto los problemas relativos a la financiación, la constitución y fortalecimiento de redes, y la diáspora, conjuntamente con la apropiación social del conocimiento.


Los focos articuladores de (CTI) son ocho. Estos son:

Bioeconomía, biotecnología y medioambiente;
Ciencias básicas;
Ciencias sociales y desarrollo humano con equidad;
Ciencias de la vida y de la salud;
Energías sostenibles;
Industrias creativas y culturales;
Océanos y recursos hidrobiológicos;
Tecnologías convergentes e industrias 4.0.

En otras palabras, estos son o deberían ser los ejes de investigación del país a mediano y largo plazo.


El sexto capítulo se cobija bajo la idea genérica de una serie de misiones emblemáticas. Estas son cinco, así: la principal riqueza del país es la diversidad natural y cultural, y ello debe servir de basamento para una economía sostenible. Dos misiones se destacan, de esta manera: la misión Colombia diversa, bioeconomía y economía creativa, y la misión agua y cambio climático. De la misma manera se postula la misión Colombia hacia un nuevo modelo productivo, sostenible y competitivo; de otra parte, está la misión conocimiento e innovación para la equidad, y finalmente la misión educar con calidad, equidad y desarrollo humano.


Al final, las conclusiones recogen, de manera puntual, las propuestas generales de la Misión. Estas están recogidas expuestas en el Apéndice, que reúne la principales propuestas, que son 65.


 

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Publicado enColombia
Diego Quintero, sin título (Cortesía del autor)

En diciembre del 2019 fue entregado el texto oficial de la llamada “Misión Internacional de Sabios 2019 por la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación”, nombrada por el gobierno de Iván Duque para elaborar el texto guía fundamental para la política nacional en los cuatro temas; todo enmarcado en la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Nos concentramos aquí en el documento mismo (1). El texto de recomendaciones se llama: “Colombia hacia una sociedad del conocimiento”.

 

“Desatención”, “desinterés”, “incomprensión”. Desde siempre, estas y otras realidades describen la real atención que recibe la ciencia en Colombia. El exiguo presupuesto que nunca superó el 0.3 por ciento del PIB, y el último lugar en inversiones en la política estatal que por años han merecido los institutos que la han tenido a su cargo da cuenta de ello.


Es una “incomprensión” que resume el carácter de la clase social y política que por décadas –que suman siglos– ha controlado el poder en Colombia, cuando la verdad es que este es un país con todo el potencial para liderar o integrar en la región proyectos de punta, en todos los órdenes. Proyectos de investigación que en su base demandan una comprensión científica del entorno natural de su ser territorial. No es solamente la abundancia de ríos, selvas, bosques, la variedad de climas y mares, sino también su biosfera y otras partes que hacen de Colombia uno de los países mejor dotados entre los casi dos centenares que integran la comunidad internacional.


Se trata de toda una realidad y un potencial natural que sobrepasa la mentalidad rentista que desde siempre ha imperado en estas tierras. Ni curiosidad, ni sentido crítico, ni amor por el aprendizaje, ni estímulo al debate abierto, sin dogmas ni prejuicios, nada de esto está registrado en la historia del país, un signo innegable del carácter de quienes han determinado el destino padecido hasta la fecha por quienes habitan esta puerta de entrada y/o salida de Suramérica. Por el contrario, lo que ha predominado son verdades eternas, rezos, escolástica, exclusión del crítico y del curioso, estigmatización del saber.


No es casual, por tanto, que a pesar de todas las potencialidades que tenemos para la construcción de un proyecto potente de ciencia, Colombia no aparezca en los registros internacionales en este campo. De ahí que al llegar hace poco a la Ocde, a esa organización que dicen “de las buenas prácticas” los gobernantes tengan que romper con el pasado y así sea formalmente, como parece ser hasta ahora, lleven al país hacia la investigación, para lo cual darle estatuto de ministerio a la instancia encargada de tal reto aparece como un impostergable.


Nos encontramos, por tanto, más allá del deseo de Duque y de quienes lo rodean, ante una exigencia externa. Y el paso incial para cumplir con la demanda es diagnósticar y proyectar, para lo cual, retomando pasos ya andados, se constituye una nueva “Misión de sabios”, en este caso con participación internacional. Ahora bien, ¿qué documento produjo la Misión? ¿Qué esperar de su resultado?


El espíritu del documento


Cuarenta y seis comisionados elaboraron el documento finalmente entregado al Gobierno, con el apoyo de un amplio equipo técnico, con la participación de algunas de las más importantes universidades, grupos de investigación, semilleros, academias, profesores, investigadores, gestores del conocimiento, ministerios y entidades públicas, algunos organismos multilaterales con sede en Colombia, diferentes escuelas, y algunos organismos privados y de consultoría, notablemente.


El lenguaje del texto es claro, su redacción no se presta para ambigüedades ni ambivalencias, y en numerosos pasajes está soportado por algunas fuentes de datos y publicaciones. Al fin y al cabo, se trató de un trabajo que se discutió y elaboró en alrededor de seis meses. Es evidente un espíritu muy técnico, poco político y crítico, altamente propositivo y muy bien intencionado, y mesurado en el lenguaje y las expresiones, con muy pocos adjetivos y adverbios, a menos que fueran exaltantes o sugestivos.


Fueron, sin lugar a dudas, seis meses de trabajo, pero también de mucha presión sobre los comisionados, por parte del gobierno, como es suficientemente conocido.


Algunos de los verbos que más se repiten en el texto, son “diseñar”, “construir”, “proponer”, “pensar”, “programar”, todo lo cual se ajusta a los compromisos adquiridos y al carácter técnico del documento. Al fin y al cabo, desde Durkheim y Weber es un lugar común distinguir dos cosas: al político y al técnico. Esta distinción le sienta muy bien al espíritu del capitalismo, para plantear que una cosa son los “tomadores de decisión” (= políticos, banqueros, militares, etc.), y otra muy distinta los “asesores, técnicos y consultores”. Algo que merece, por decir lo menos, una segunda reflexión. En la historia de Colombia los académicos y científicos jamás han sido considerados como tomadores de decisión. Sus propuestas tienen carácter meramente consultivo, y nunca vinculatorio. Algo sucede, y sigue sucediendo en la historia del país.


Específicamente, en los marco de la sociedad de la información, de la sociedad del conocimiento y de la sociedad de redes (2) la distinción establecida por Weber, y todavía vigente, es vetusta y peligrosa. El ejemplo más palpable son los populismos, por ejemplo, de Trump, Macri, Piñeras, Bolsonaro –y el subsiguiente negacionismo, notablemente, del cambio climático, y otros temas sensibles que son inmediatamente del relevo del trabajo con datos, información, y conocimiento– es decir, ciencia.


La letra del documento


La tradición medieval sostenía que “la letra con sangre entra”. Esta idea puede tener por lo menos dos interpretaciones. Una, es que la gente no aprende sino de malas maneras, con presiones y fuerza, bajo sometimiento y adoctrinamiento, en fin, con miedo y mucha disciplina. La otra es que las cosas se aprenden, tarde o temprano, a través de mucho esfuerzo, sudor y sufrimiento. Como se aprecia, no hay mucha distancia entre una y otra cosa. Pues bien, Colombia hacia una sociedad del conocimiento, se plantea en el marco explícito de los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS), los cuales son mencionados y subrayados a todo lo largo del informe. Así, los temas de desarrollo, conocimiento, innovación y competitividad dan por supuesto, aceptan sin más, y se apoyan en los (ODS), un tema que merece una consideración propia, en otro lugar. Como quiera que sea, la base es: el sistema de libre mercado debe poder desarrollarse y crecer en términos de sostenibilidad. Hay que decir, de pasada, que los (ODS) dejan absolutamente intacta la función de producción, y no hay ni una sola palabra al respecto.


Análogamente a como los acuerdos de la paz en La Habana entre el Gobierno y las Farc dejaron incólume el modelo económico, asimismo, el Informe de 2019 no se ocupa, absolutamente para nada, de la función de producción. En una palabra: se trata de educación, ciencia, tecnología e innovación para la afirmación y el desarrollo de la economía de libre mercado; punto. Con todo y las estructuras cognitivas que implica, con las formas y estilos de vida que conllevan, en fin, con las finalidades e intenciones conocidas.


Los focos escogidos están bien justificados, con básicamente, una doble argumentación: de un lado, el número de grupos de investigación en el país. Esto es, si cabe, la capacidad instalada. Y de otra parte, también, los marcos de la Ocde, que son al fin y al cabo, los que regulan hoy y hacia futuro las políticas públicas en Colombia.


En fin, un buen número de las propuestas del Informe de 2019 son las mismas que las del Informe de 1994; al fin y al cabo, las propuestas de Colombia al filo de la oportunidad no fueron jamás atendidas o en el mejor de los casos sólo parcialmente.


La historia, la memoria, Clío: esa ciencia políticamente incorrecta.


Es clara la mención de que sin ciencia no puede haber desarrollo humano. En varios lugares se hacen comparaciones con Irlanda y con Corea del Sur, por ejemplo, y se afirma explícitamente que los más sensibles problemas de crecimiento y desarrollo humano no pueden ser superados sin una política fuerte, amplia y con raíces de educación y ciencia. Eso lo sabemos los académicos y científicos, pero ¿y los políticos, financistas y banqueros? Como profesores, bien podemos apelar a la necesidad de una evaluación (quiz, examen, exposición, etc.), de los dirigentes nacionales sobre este informe, como diciendo: “muchachos, aquí está el informe. Léanlo. En 15 días habrá un control de lectura”. Algo semejante valdría para entrar en alguna de las numerosas listas negras que circulan. El tiempo lo dirá: si los miembros del gobierno de Duque: a) leyeron; b) y si leyeron, entendieron, el Informe. El tiempo es un juez implacable.


Las políticas de conocimiento son exactamente políticas de vida; sin metáforas. Sólo que la vida es un juego que se juega a largo plazo. Pensar la vida significa exactamente pensar a largo plazo, algo que las políticas públicas desconocen por completo, específicamente en la historia del país. Así, el texto oscila entre llamados a largo plazo, y propuestas inmediatas, que tienen una ventana máxima de 5 años. Esta fluctuación es, sin duda, el resultado del balance entre deseos y conocimiento de un lado, y compromisos e información con datos, de otra parte.


De manera significativa, en varios lugares el Informe pone el dedo en la necesidad y la importancia de enfoques y de políticas transdisciplinarias, lo cual constituye un avance notable al que hasta la fecha Colciencias jamás había llegado ni nunca llegó. Los académicos y científicos autores del Informe, en contraste, si saben de enfoques cruzados, transversales, inter, trans y multidisciplinarios. ¿Podrán el presidente, los ministros, los gobernadores y alcaldes, por no mencionar a los rectores y vicerrectores de las universidades entender este llamado? Nuevamente: cabe esperar lo mejor. Cuando el mundo se llena de esperanzas y buenos deseos… Es exactamente en este marco que encuentran todas sus raíces los llamados a conformar redes y trabajar en redes.


El informe apela en varias ocasiones a comparaciones, en materia de inversión, en comportamientos por parte del Estado, en actitudes de parte del sector privado, en fin, en dinámicas por parte de las universidades, a comparaciones e ilustraciones con experiencias en otros momentos y lugares. Esto implica poder aprender de otras experiencias. Una demanda la verdad exagerada para un gobierno que sólo parece mirar su propio ombligo y que está envuelto en escándalos de toda índole: masacre sistémica y sistemática de líderes sociales, mermelada y corrupción, espionaje a periodistas, parlamentarios, ONGs y personalidades democráticas, impunidad ante el crimen común y el organizado, connivencia con la explotación minera de cielo abierto, la destrucción de las selvas y bosques, en fin, el pago de prebendas de todo tipo ante el pasado inmediato y el presente en curso. El de Iván Duque, el peor de todos los gobiernos en la historia del país, acaso comparable con el de Álvaro Uribe Vélez, que son, al fin y al cabo, la misma cosa. El sub-presidente, como ya es ampliamente conocido.


Las realidades del Informe


Digámoslo de manera franca: Colombia hacia una sociedad del conocimiento, permanecerá en los anaqueles de las bibliotecas, y como un material de consulta histórico. Nada más. Algo semejante pasó ya con el Primer Informe, elaborado por la primera misión, en 1994 (3).


El informe de 1994 propuso invertir el 1 por ciento del PIB en ciencia, educación y tecnología. En casi 25 años esa meta jamás se alcanzó. Con todo y gobiernos, documentos Compes, planes de desarrollo, y demás. El documento de 2019 propone que para el 2025 el gasto en ciencia y tecnología sea del 1.2 por ciento del PIB. En la actualidad es de cerca del 0.3. En medio de reformas tributarias sangrientas, de propuestas del partido del presidente actual por modificar sustancialmente el régimen de pensiones, de una elevada deuda pública que llega a la fecha a cera del 56 por ciento del PIB, y de la propuesta de eliminación de las Cajas de Compensación, por ejemplo, ¿cabe pensar, sinceramente que la meta propuesta se podrá alcanzar? Decían las viejitas y los curas antiguamente que el camino al infierno está sembrado de buenos deseos y buenas intenciones.


De manera explícita, el Informe afirma que el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Sncti) debe ser distinto al Sistema Nacional de Competitividad, el cual se encuentra bajo el gobierno del Departamento de Planeación Nacional. Ya desde el gobierno de Juan Manuel Santos se generó esa confusión, y en los dos años que a la fecha lleva Duque en el gobierno no ha habido ni una sola palabra al respecto.


Así las cosas, se anticipa ya que el Informe 2019 será, simple y llanamente un canto a la bandera. Al fin y al cabo, sistemáticamente, las élites en la historia de Colombia han sido indolentes frente al conocimiento, a diferencia de las élites de países de la región como México, Argentina, Brasil y Chile, notablemente.


Las propuestas sobre el Ministerio son bien intencionadas pero políticamente vacías. Mientras los miembros de la Misión discutían y elaboraban el informe, Iván Duque crea el Ministerio de Ciencia y Tecnología como un ministerio “de costo cero”. Esto es, exactamente con el mismo presupuesto que tenía Colciencias, y sin un incremento real.


La propuesta más básica del Informe 2019 plantea pensar de cara a los próximos diez años. Para ello, propende por un gran acuerdo nacional con todos sus agentes y actores. (Esto en un país fuertemente dividido entre los enemigos de la paz y sus defensores, por ejemplo). De manera excesivamente cauta, el informe proyecta que para el 2045 todos los jóvenes de hasta 18 años tengan educación media; cuando lo más democrático hubiera sido que la educación básica y media fuera obligatoria y gratuita (más allá de la existencia de colegios privados). Sintomáticamente, se exhorta al reconocimiento social, cultural y político de los maestros. Una meta encomiable contra la pauperización de profesores, de cátedra, con contratos a término fijo, y regímenes pensionales críticos.


Con acierto, se llama a cambiar el modelo educativo, para que pase de la enseñanza al aprendizaje; así, las diferentes formas de adoctrinamiento deberán ser suprimidas y criticadas. Así también no podrá haber desarrollo, ciencia ni crecimiento humano sin eliminar la inequidad, la pobreza y las formas de exclusión y marginamiento. Tácitamente se llama a un reconocimiento y apoyo de las economías locales, alternativas (bioeconomía).


En esta misma dirección, se convoca a una política de datos abiertos. La información es un acervo social y cultural, y no puede permanecer aislada de la sociedad. Una política de datos abiertos significa que, de cara al pasado, otra democracia es posible. Esto no es ajeno, en absoluto, a la idea de un empoderamiento ciudadano. Todo, dicho por el documento en su versión final.


En fin, sin ambages, se trata de situar al país en el siglo XXI, por fin. Un país que jamás llevó a cabo la reforma agraria, que no supo balancear la educación pública y la privada, y que su fundó siempre en una profunda asimetría de información.


Sin la menor duda, el espíritu del documento es positivo, democrático, pero ingenuo en numerosos lugares y algo voluntarista.


Decía B. Brecht que la mejor crítica que se le puede hacer a un río es construirle un puente. Esto significa que la mejor crítica que se le puede hacer al informe es leerlo, apropiárselo y difundirlo. Lo que sigue entonces es la reflexión crítica. Y acaso su mejoramiento, o su transformación.


Algunas reflexiones críticas


Colombia se dirime como un país que quiere pasar de la guerra a la paz, de la violencia a la justicia, y de la pobreza a la equidad. Al mismo tiempo, recientemente fue definido como el país más corrupto del mundo, y como una democracia imperfecta (hace unos años también fue llamado un Estado fallido). Pues bien, es exactamente en este marco como se plantea la idea de ciencia, tecnología e innovación.


La ciencia, en sentido laxo, forma parte de las políticas sociales, esto es, de educación y de desarrollo humano. Pero las políticas sociales han sido justamente las que han sido sistemáticamente desatendidas. La prioridad ha sido siempre el presupuesto para la guerra –“seguridad y defensa”–, y el favorecimiento al sector privado y en especial al sector bancario y financiero. Así las cosas, cabe una sospecha acerca de las verdaderas intenciones de Duque y todos los suyos. El país está tan mal y ha estado tan mal que una parte de las buenas cosas provienen de la Ocde y de la comunidad internacional.


Las políticas sociales y de conocimiento requieren un apoyo sincero y denodado. Pero un “presupuesto de costo cero” promete poco, o nada. Todo parece indicar que se trata, para Iván Duque, cada vez más, de una forma de lavar su desprestigio e incapacidad.


Se trata, todo parece indicarlo, de una manera de salvar las apariencias ante la comunidad internacional y ante algunos organismos multilaterales. Porque la verdad es que la universidad pública se mantiene al filo en materia presupuestaria. Hay un afán por favorecer, muy ampliamente a la universidad privada y a la confesional. El medioambiente se degrada a ojos vista, y el gobierno cierra los ojos ante las transnacionales mineras. Los científicos y académicos cuando tienen méritos y logros es más por su propio tesón y garra, que por que haya políticas públicas favorables. En fin, los científicos e investigadores son vistos como gastos, y no como oportunidades.


Coda


Una observación importante se impone. El documento de la Misión 2019 señala en varios apartes que se trata de un informe destinado al gobierno y a la sociedad. Cabe esperar que el gobierno actual atienda las sugerencias, propuestas y proclama. Pero si no lo hace, el documento pertenece también a la sociedad, al país. Y entonces, por medio de los canales académicos y científicos cabe apropiarse del mismo e implementarlo. En esta distinción radica la diferencia, muy sensible, entre políticas públicas (policy, policies) –que son política de Estado o de gobierno–, y políticas-sin-mas, que son políticas colectivas, comunes, en fin, de vida. Y la vida no le pertenece al Estado, en absoluto.


La atmósfera del Informe es la del pensamiento sistémico. Está expresamente dicho en el texto. No está mal, pero es perfectamente insuficiente. Sería deseable que los miembros de la Misión supieran, además y fundamentalmente, de complejidad. Sin embargo, el Informe es lo que es: un hecho cumplido.

 

1. Acerca de la conformación misma de la Misión, Maldonado, C. E., (2019). “Mensajes cruzados, ruido y ambivalencias. La recientemente creada Misión de Ciencia y Tecnología”, en: Le Monde diplomatique, Mayo, Año XVII, Nº 188, pp. 9-11.
2. Cfr. Maldonado, C. E., Sociedad de la información, políticas de información y resistencias. Complejidad, internet, la red Eschelon, la ciencia de la información, Ediciones desde abajo, Bogotá, Colección Primeros Pasos, 2019.
3. Cfr. Instituto Colombiano para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología, Colombia al filo de la oportunidad. Misión de Ciencia, educación y desarrollo. Informe conjunto. Colciencias: 1994; disponible en: https://repository.agrosavia.co/handle/20.500.12324/13580, de donde se puede bajar el pdf.

 


Estructura general

 

El documento producido por la Misión se articula en siete secciones con un peso desigual. Primero una proclama: “Por una sociedad del conocimiento para la próxima generación”, en la que se señala la meta propuesta: para el 2030 y se plantean los buenos deseos de desarrollo y crecimiento; luego, “El horizonte de la Misión: acuerdo para una Colombia en la frontera del conocimiento”, en el que se reconocen las bases vulnerables actuales, se plantea una meta de inversión en ciencia, tecnología e innovación (CTI) con respecto al PIB, se hacen observaciones sobre el Ministerio de (CTI), y la necesidad de desarrollar una política de (CTI).


El tercer capítulo, “Contexto y enfoque”, recoge el contexto del Informe y la Misión, y el enfoque hacia futuro de lo que puede y debe ser la (CTI) en el país. De manera puntual, se definen ocho focos de trabajo. Antes de presentar y discutir en detalle los focos, a los cuales está dedicado el capítulo quinto, el capítulo cuarto se ocupa de la justificación y exposición de las propuestas generales, tales como el reconocimiento del papel insustituible de la ciencia, la importancia de la educación en la transformación de la educación, la gobernanza en materias de ciencia, tecnología e innovación, la articulación de los actores de una política nacional de ciencia y tecnología; estos actores son, según el documento, el Estado, el sector privado, el tercer sector, las universidades y las comunidades. Asimismo, se considera aquí el papel de las universidades, la importancia de los institutos y centros de investigación, el llamado a la creación de institutos públicos de ciencia, tecnología e innovación, y la creación de viveros creativos. De manera muy sensible, se ponen de manifiesto los problemas relativos a la financiación, la constitución y fortalecimiento de redes, y la diáspora, conjuntamente con la apropiación social del conocimiento.


Los focos articuladores de (CTI) son ocho. Estos son:

Bioeconomía, biotecnología y medioambiente;
Ciencias básicas;
Ciencias sociales y desarrollo humano con equidad;
Ciencias de la vida y de la salud;
Energías sostenibles;
Industrias creativas y culturales;
Océanos y recursos hidrobiológicos;
Tecnologías convergentes e industrias 4.0.

En otras palabras, estos son o deberían ser los ejes de investigación del país a mediano y largo plazo.


El sexto capítulo se cobija bajo la idea genérica de una serie de misiones emblemáticas. Estas son cinco, así: la principal riqueza del país es la diversidad natural y cultural, y ello debe servir de basamento para una economía sostenible. Dos misiones se destacan, de esta manera: la misión Colombia diversa, bioeconomía y economía creativa, y la misión agua y cambio climático. De la misma manera se postula la misión Colombia hacia un nuevo modelo productivo, sostenible y competitivo; de otra parte, está la misión conocimiento e innovación para la equidad, y finalmente la misión educar con calidad, equidad y desarrollo humano.


Al final, las conclusiones recogen, de manera puntual, las propuestas generales de la Misión. Estas están recogidas expuestas en el Apéndice, que reúne la principales propuestas, que son 65.


 

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Fabio Mejía Botero, "Águila libertadora", fotografía (Cortesía del autor)

Toda época de cambio, como la que va entre el declive de un imperio y el ascenso de otro, somete a la humanidad de la época, sobre todo a los países que están circunscritos al área de influencia de las potencias, a un período de desorden e incertidumbre.


No es extraño que así suceda, mucho más cuando el imperio que decae se resiste a morir, desplegando todo tipo de medidas para conservar sus poderes, privilegios y beneficios en todas las áreas y en todos los planos, tanto locales y regionales como globales. Sucedió así en el siglo XVIII con Inglaterra, hasta cuando consolidó su dominio global, para lo cual, además de su imposición por la vía de la fuerza, también resultó fundamental su apropiación e impulso de la primera revolución industrial. Además de dar cuenta de Francia, su enemigo de varias centurias, lo hizo del régimen de producción feudal, prolongado en Europa por varios siglos.


Ocurre de manera similar en los albores del siglo XX, en este caso ante la agonía-muerte del imperio inglés, a la par del entierro de los restos del Imperio Otomano y el ascenso de los Estados Unidos, desenlace en el cual fue igualmente importante la apropiación que logra de la segunda revolución industrial, en disputa también con Alemania. En este caso no muere ningún régimen de producción; por el contrario, se potencia el dominante entrado en la fase imperialista.


Pese a características que les son comunes, las circunstancias que hoy vivimos trazan distancia con las que marcaron el progreso-muerte de poderes globales entre el siglo XVIII y comienzos del XX. Es así porque el mapa mundial va cambiando con el ascenso y el desarrollo del capitalismo, pasando de dominar unas áreas del mundo hasta integrar todos los territorios a su campo de influencia y su control.


Ocurre que durante el siglo XVIII, para el capitalismo, el mundo era en lo esencial Europa y Asia, y por tanto los efectos de las disputas entre imperios se extendían y afectaban de manera especial a todo lo incluido en esas coordenadas. Débil coletazo llegaba a Nuestra América, Oceanía y África. Y aunque esa era la nota primordial, los efectos de la invasión napoleónica a España, en un último esfuerzo del Imperio Francés por controlar Europa, disparó la crisis de la Corona ibérica, lo que alimentó contradicciones en su interior y despertó desobediencias en sus fuerzas militares, todo lo cual contribuyó a que fuera coronada la causa de la independencia latinoamericana.


No bastan buenas razones


En esta lucha entre el imperio que muere y el que nace, en medio de la disputa por conservar o ganar el poder global de su época (mediados del siglo XVIII), como es conocido, el Imperio Español mordió el polvo, lo que no se da por fuera de la confrontación militar, extendida por diferentes flancos y en distintos años de aquel período histórico e incluso antes. Con todo ello podemos decir, como lo refrenda la experiencia, que las buenas razones y hasta las evidencias son insuficientes para que un poder u otro acepten su declive y cedan el paso a las nuevas fuerzas que toman su lugar. En otros tiempos, tanto Roma como el imperio Persa se habían resistido ante la evidencia. La iglesia católica misma, en su hegemonía imperial de varios siglos, también es muestra de ello.


Como parte de este mismo devenir histórico, en medio de la creciente del poder inglés, una vez enterrado el modo de producción feudal y derrotada de manera plena la monarquía con la revolución de 1848, otro tipo de confrontaciones, en este caso sociales, toma cuerpo, protagonizada por las dos clases que desde entonces e incluso hasta nuestros días marcarán el mundo. Alzamientos sociales, masacres de inconformes, revoluciones triunfantes unas y derrotadas otras, así como una extensa y amplia disputa por derechos de diverso tipo, toman forma como parte de esta confrontación.


Son dinámicas y lecciones de la historia que no podemos desconocer al valorar las tendencias de todo orden que caracterizan el año y la década en que entramos con el 2020. Es un período de la historia marcado de manera fuerte por la crisis/descenso del imperio estadounidense y el avistamiento en el horizonte del que pudiera sucederlo. Ese descenso/ascenso –que posee sus particularidades con respecto a las experiencias retomadas, entre ellas que ahora no solo está en declive el imperio hegemónico desde hace un siglo sino igualmente en crisis el sistema capitalista todo– sume al mundo en desorden y caos global, con manifestaciones de ello en ambiente, economía, demografía, agricultura, ordenamientos urbanos y sistema financiero.


Tenemos ante nosotros, entonces, una doble transición: por el dominio global, el cual, como todo lo indica, ya no será más unipolar sino multipolar, y por el sistema de producción. Y la disputa no será corta, como tampoco lo fue en la mayoría de las experiencias conocidas, sino que se tomará varias décadas, cinco o más en el peor de los casos.


En la particularidad del sistema de producción que tomará forma en medio del declive-crisis capitalista, todavía ninguno de los países y sus clases lidera una opción viable: solo son variantes más verdes, más rosadas, del capitalismo. Paralelo a ello, desde diversidad de sectores alternos, proyecta sus luces una opción-expectativa poscapitalista, pero aún sin alcanzar fuerza suficiente para materializarse.


Resistiendo a la confrontación bélica que implica ser vencidos, los Estados Unidos esgrimen sus defensas y como parte de ello potencian una nueva carrera militar, dotándose para la misma de un presupuesto fiscal para el año 2020 –que empezó en octubre de 2019– que ningún otro país tiene ni de cerca: 738 mil millones de dólares, ampliando, además, sus fuerzas militares con un nuevo cuerpo, el Espacial, acorde con la realidad desatada por la tercera y la cuarta revolución industrial, la colonización en curso desde décadas atrás de la órbita espacial por centenares de satélites, el despliegue de escudos antimisiles como contención de cohetería de todo tipo, en especial aquella con capacidad para transportar ojivas nucleares, así como por la pretensión humana de colonizar uno o varios planetas, a la manera de mecanismo para conservar la vida y prolongar su dominio en caso de una hecatombe nuclear, y como efecto de la propia crisis ambiental, en toda su ampliación, que afecta y ahondará su impacto al conjunto de la humanidad. Problemas de respiración, multiplicación de enfermedades de diverso tipo, abastecimiento de agua y otros anexos a la imposibilidad de llevar una vida en plenitud, harán parte de la misma. El afán de los multimillonarios de colonizar prontamente un lugar más allá de la Tierra no es fantasía (1).


Estamos ante una nueva carrera militar, en la cual unas potencias con menor presupuesto militar orientan el mismo hacia factores estratégicos que puedan equilibrar las cargas. De ahí las investigaciones en cohetería y armas en general con tecnología cuántica (2), a la par de transformar el poder ejecutivo de sus países, haciendo de los jefes de Estado verdaderos comandantes estratégicos de sus respectivos países, investidos de un poder tal, indicativo de que estamos en un período de preguerra, y que los esfuerzos de los imperios están dirigidos en especial a evitar que la contraparte se sienta segura de un triunfo rápido si opta por la confrontación abierta.


Vladimir Putin al frente de Rusia y Xi Jiping a la cabeza de China son muestra clara de las transformaciones vividas por el Ejecutivo en sus respectivos países. Jefes de Estado con poderes plenos, dirigiendo sus países por décadas, en realidad generales en jefe de los mismos, lo que permite explicar el momento histórico que vive la humanidad y la fuerte tendencia hacia una colisión fatal. Es una realidad de la cual no está lejos el Ejecutivo en Estados Unidos, donde el equilibrio de poderes empieza a resquebrajarse. El autoritarismo, como tendencia creciente, encuentra uno de sus soportes en esta realidad, y su fortalecimiento será cada vez más evidente. Mayor extracción de plusvalía a la fuerza de trabajo, para incrementar o recuperar por parte del capital la tasa de ganancia, simultáneamente con un mayor rigor en el control del mercado propio, o los ajenos bajo dominio, son otros de los factores que alimentan el giro autoritario que vive hoy el mundo y que irá en incremento en la nueva década que ahora marca el calendario.


Esa transición de imperio y de sistema de producción proyecta una colisión de poderes imperiales de la cual ningún país será ajeno, la que por el momento asume una confrontación de fuerzas a través de terceros países y en regiones allende sus propios territorios: Oriente Medio en general, como centro productor de la materia prima esencial del capitalismo, y poseedor de las mayores reservas de la misma –sumando al conjunto de sus países–, es el teatro de sus operaciones. Todo indica que la reorganización en que entrará este territorio llevará a que su control quede bajo el liderazgo de Rusia, que, con apoyo de China, impondrá allí sus reglas. El factor Israel deberá entrar en negociaciones que en alguna forma le darán aire al pueblo palestino.


Oriente Medio es un territorio de importancia estratégica para las dos potencias ahora aliadas en múltiples terrenos, forzadas a ello por el enemigo que comparten. Por un lado, Rusia requiere ampliar la zona de contención para dificultar cualquier ataque en contra suya, y, por el otro, China ha trazado por tal territorio una parte de la Ruta de la Seda, a la par de transitar por allí el petróleo que alimenta su industria y su funcionamiento en general. Israel, potencia nuclear regional y avanzada estadounidense, es el enemigo por controlar, y eso es posible materializarlo mediante diversidad de acuerdos que beneficien a las partes. Estados Unidos, de un lado, en medio de conflictos abiertos por doquier, tendrá que elegir entre concentrar más fuerzas y disputar de modo cada vez más abierto tal teatro de operaciones o redirigir sus fuerzas prioritariamente hacia el mar del sur de China, como esclusa para impedir la extensión/consolidación del poderío que ya ostenta la potencia asiática, obligando al imperio americano al abandono de esta parte del mundo, lo que aceleraría su declive (3).


Se trata de escenarios y tendencias de la geopolítica global que conservarán su vector actual o pudieran verse redimensionados por el resultado que arrojen los comicios presidenciales de noviembre próximo en Estados Unidos, coyuntura clave, tanto porque dirime por unos años más el grupo de poder al frente del imperio en descenso como porque con su resultado queda clara la trayectoria táctica y diplomática que señalarán su devenir en los siguientes cuatro años: operar cada vez más abiertamente, desestructurando toda la arquitectura que ellos mismos impusieron en los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, lo que ya no es útil para sus intereses, o avanzar tras igual propósito de manera más o menos negociada con sus mejores aliados.


En este hipotético escenario, quienes sufren hasta ahora, y seguirán afectados a lo largo de esta nueva década por la decisión de los Estados Unidos de no ceder su trono sin oponer resistencia, está la Unión Europea, en un acuerdo de acción territorial mancomunada en diversidad de áreas, con beneficio de convivencia pacífica por décadas, que corre el riesgo cada vez más abierto de regresar al estadio que tenían antes de la década de los 80 del siglo XX, e incluso mucho más atrás. El triunfo del brexit en el Reino Unido así lo indica, y los factores nacionalistas en la diversidad de los países que integran la Unión señalan en tal dirección.


Por ahora, el Imperio se vale de los acuerdos posguerra mundial que le dan privilegios para extender sus tropas a lo largo y ancho de Europa, adelantar allí sus armas estratégicas y disponer esos territorios como avanzada para diferentes propósitos, en particular para maniobrar conjuntamente en caso de una confrontación de cualquier orden. La Otan es parte de este acuerdo. La sumisión del “viejo continente” ante las demandas y amenazas de quien hoy está al frente de la Casa Blanca facilita la concreción de los propósitos del Imperio e indica que esta parte del mundo, como un todo, quedará, en los años que vienen, cada vez más relegada en la disputa por el reparto mundial.


El 2020 y la década que nos lleva hacia los años 30 se mantendrán marcados, además, por fenómenos como las migraciones, en la cual diversos países de África y América Latina mantendrán la expulsión de sus poblaciones en procura de trabajo e ingresos seguros. La constante del desempleo es creciente. La reducción –allí donde lo hubo– del Estado de Bienestar y con ello la pérdida o minimización, cada vez más notoria, de los derechos humanos, relegados a simple letra muerta, testimonio de algo que por décadas logró cierta materialización como fruto del ascenso de la izquierda, en su direccionamiento y su estímulo a las luchas directas de diversidad de pueblos anhelantes de justicia, igualdad, paz, bienestar, solidaridad, descolonización, soberanía. La Guerra Fría, como parte de este fenómeno, también contribuyó a contener la implementación de medidas regresivas, abiertamente a favor del capital y en contra de los derechos humanos, pero, una vez diluida, la ofensiva del capital es contundente. Fueron unos logros a los que también contribuyó el ascenso al gobierno, en diversidad de países del Viejo continente, de sectores progresistas –socialdemocracia.


Los efectos de la aludida ofensiva connota abundancia de males para el conjunto de los habitantes de nuestro planeta, tanto por el ahondamiento constante de la desigualdad social y la concentración de los frutos del trabajo de millones de seres humanos en unos cuantos personajes (4), como por la disparada de una crisis climática que tiene en vilo el futuro de la humanidad.


Son aquellos unos males que solamente resultan contenibles por la sociedad global, desde la particularidad de sus países, pero logrando una sintonía de fuerza desde el alzamiento social global. Una contención, a partir de la conciencia por un presente que ya es futuro, que al mismo tiempo detenga la reducción de la democracia a su mínima expresión, simple formalidad (elecciones), como está sucediendo, haciendo de ella un campo de batalla para que en realidad sea participativa, directa, radical, plebiscitaria.


Otras muchas particularidades tienen luz propia y llamarán nuestra atención a lo largo del año 2020 y de la década que ahora empieza. La creciente desocupación del campo y el incesante crecimiento de las ciudades será una de ellas. Las presiones económicas y militares que recaen sobre sus pobladores, así como la ausencia o la debilidad de políticas gubernamentales, nacionales e internacionales, que incentiven su vida y su labor alrededor del agro, así como la conservación de las particularidades culturales que le son características, son parte de los motivos para que así suceda.


De la mano de su desocupación llegan la imposición y la ampliación de una economía agraria que está ligada al extractivismo latifundista, a partir de monocultivos sembrados en áreas que cubren cientos y miles de hectáreas. Es una producción agrícola, para uso humano, animal e industrial, soportada en muchos casos, y con tendencia creciente, en semillas ‘mejoradas’, modificadas genéticamente, que someten al campo y la naturaleza en general al envenenamiento que produce la cantidad de tóxicos con que deben ser fumigadas, a la reducción o la desaparición de la biodiversidad en todas sus manifestaciones, y a la humanidad en general a una alimentación cada vez menos diversa, insípida, baja en proteínas y vitaminas, proceso de siembra y transformación de granos y verduras cuyas consecuencias para la salud humana y animal en general aún no están claramente establecidas, pero que en el campo de la cultura gira hacia lo que algunos autores describen como su macdonalización.


Por su parte, la imparable urbanización del mundo seguirá incrementando problemáticas para la salud, derivadas del modelo de desarrollo imperante y de un transporte que ahoga las urbes en esmog y altos niveles de contaminación auditiva y visual. La reducción del tamaño de las viviendas, llevadas al extremo de parecer colmenas, su mala e ineficiente aireación, la ausencia de sol para gran cantidad de las mismas, la desaparición de espacios comunes en muchos barrios, etcétera, someten y someterán incesantemente a la humanidad a una deshumanización de sus centros de vivienda y trabajo, ahondando una crisis, la del urbanismo, que demanda replanteamiento en procura de recuperar la calidad de seres humanos que, como especie debemos conservar, alejándonos de la condición de seres-máquinas, tendencia que celebra el capital, en procura de mano de obra dócil, que no reclama ni se organiza para defender sus derechos.


El desempleo, la mala calidad en su remuneración, la informalidad laboral, la ofensiva neoliberal en un intento por extraer más renta de quienes venden su fuerza de trabajo (al reducir salarios vía eliminación de beneficios como primas y bonificaciones, cajas de compensación, horas extras, etcétera), son otras tantas aristas que conservarán su tendencia durante la década que abre su agenda.


Son tendencias y devenires en los cuales las mayorías de nuestras sociedades no debieran resignarse a ser actoras pasivas sino, como está sucediendo por estos meses, decidirse por un liderazgo desde el cual sacar a flote una opción de vida diferente de las dos planteadas en su contorno, que en el largo plazo son una misma.
El tiempo que ya corre y los años por venir nos indicarán con toda seguridad si así ha sucedido.

 

1. Elon Musk revela detalles de su proyecto de gran escala para colonizar Marte en 2050 con un millón de personas, https://www.desdeabajo.info/ciencia-y-tecnologia/item/38663-elon-musk-revela-detalles-de-su-proyecto-a-gran-escala-de-colonizar-marte-para-el-2050-con-un-millon-de-personas.html).
2. Esta tecnología impulsa cohetes a velocidades superiores 20 y más veces a las del sonido; radares con capacidad para detectar aviones y otras armas hasta ahora invisibles, criptografía de nueva generación, etcétera. https://www.technologyreview.es/s/10871/como-las-armas-cuanticas-cambiaran-las-guerras-del-futuro.
3. https://www.seguridadinternacional.es/?q=es/content/el-mar-del-sur-de-china-nodo-de-la-geopol%C3%ADtica-regional-y-mundial-del-siglo-xxi
4. “Tiempo para el cuidado. El trabajo de cuidados y la crisis global de desigualdad”, www.oxfam.org

 


 

América Latina, de cara a la inestabilidad política

 

De regreso al pasado. La nota típica de América Latina durante los años 50-80 del siglo XX eran los golpes de Estado, tantos que parecía que vivíamos en una región de ficción. En esos golpes, los militares eran los actores que se destacaban, ya que asumían la misión encomendada por el gobierno de los Estados Unidos, así como de los poderes civiles detrás del golpismo, verdaderos beneficiados, unos y otros, de cada cuartelazo.


Transcurridas varias décadas de aquella inestabilidad política, de aquella lucha abierta por el control del poder en la diversidad de nuestros países, de violencia institucional desenfrenada que dejaba en harapos los derechos humanos, cuando se había ganado cierta normalidad y existía un aire de una mayor redistribución de la riqueza nacional, sin afectar la estructura de clases, la concentración de la riqueza y la propiedad de los más ricos, el camino del golpismo retoma su lugar, en este caso sin aparecer los militares, a no ser de manera muy episódica, ahora reemplazados por jueces o altos funcionarios del gobierno descabezado.


Sin duda, los tiempos cambian y de su mano las formas de la política gubernamental, nacional e internacional. Así, como prolongación de las nuevas formas asumidas por el golpismo, en los años que nos llevarán al 2030, y como parte de la decisión de Estados Unidos de conservar/recuperar su control total sobre la región, seguirán estando presentes los golpes de Estado suaves, y como parte de estos el golpismo judicial, unos y otros en defensa supuesta de la ‘democracia’.


Como parte de esta realidad, de la violencia sin reparos ni miramientos, típica del golpismo de los gorilas, pasamos a la prevalencia de las apariencias y al ejercicio de una violencia con foco cerrado y formas ‘democráticas’. Así lo permite concluir Brasil, pero también Bolivia, los dos últimos países que padecieron las nuevas formas del intervencionismo estadounidense. Para el caso de Bolivia, el próximo 3 de mayo, en caso de no quedar espacio para una segunda vuelta presidencial, quedará sellado el golpe de Estado que se fraguó el 10 de noviembre pasado, bien en dirección golpista, bien dándoles, de nuevo, espacio a los sectores progresistas.


En los ojos del águila, celosa de la presencia de Rusia, China e Irán en la región, están Venezuela y Nicaragua; Cuba, la cereza del pastel, continuará como propósito máximo del intervencionismo del imperio. Las reformas de todo orden que la isla caribeña afronta, como medida urgente para superar las limitaciones de un modelo de Estado y social agotado, indicarán si esta experiencia de soberanía y dignidad logra un segundo aire, el que impediría que la inconformidad interna lo subvierta.


Marcará esta década, a ambos lados de la cadena, la inestabilidad política o la crisis permanente de gobernabilidad, de manera que quien controle las riendas del gobierno deberá enfrentar, por el lado del status quo, la protesta social que demanda punto final para el neoliberalismo y todo lo que le es preciado. Por el lado progresista, su incapacidad para potenciar un modelo económico alterno y su persistencia con proyectos extractivistas, que le generan alejameniento de los pobladores del campo, como de sectores urbanos que luchan por la preservación de la naturaleza. Sin flujo económico suficiente para implementar políticas redistributivas diferentes a las ya existentes, es poco lo que el progresismo puede ofrecerle a la sociedad.


Estamos ante un escenario en el cual entrarán a jugar, de manera cada vez más abierta, los narcotraficantes, ahora actuando como mafias que controlan territorios y someten a quienes los habitan, propiciando desplazamientos de todo tipo, usurpando tierras, acometiendo proyectos extractivistas, es decir, actuando como también lo hacen los propietarios del sector industrial, comercial y financiero. Ahora, y de manera cada vez más clara, el narco estará integrado al sistema y la clase que lo controla.


En este marco complejo de luchas sociales permanentes, indígenas y mujeres estarán a la cabeza, ampliando derechos. Los pueblos originarios mantendrán su constante en procura de la tierra necesaria para vivir, y alrededor de ella en defensa de la biodiversidad y el equilibrio ambiental. Entre estos pueblos, los organizados como zapatistas saldrán de nuevo a confrontar a nivel nacional y de manera directa al gobierno, buscando bloquear megaproyectos el Tren Maya y otros que rompen sus territorios. Las mujeres, por su parte, emplazarán de manera cada vez más intensa a la sociedad, en pos de igualdad efectiva y cese a la violencia contra sus cuerpos.


Ni una ni otra serán luchas fáciles ni lineales. Serán complejas, arduas, y sortearán flujos de distinto tipo al tener que enfrentar la reacción creciente de los sectores más tradicionales de la sociedad. En todo caso, la experiencia ganada hasta ahora por indígenas, como por movimientos feministas, permiten augurar que en esta década consolidarán posiciones y más apoyo social.


A la actual dinámica no escapa Colombia, donde las hegemonías que la sometieron por tantos años al exterminio muestran fracturas, debido de manera preponderante a las contradicciones al interior de los sectores dominantes y al intento de reagrupación de los sectores marginados. Sin una agenda particular de estos últimos, sin proyecto propio, poco podrán esperar del desenlace de la disputa interburguesa, cuyo resultado prolongará el dominio de la tradición o abrirá nuevos surcos para el modernizante, pero sin cambiar la esencia del establecimiento.

 


 

 

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Fabio Mejía Botero, "Águila libertadora", fotografía (Cortesía del autor)

Toda época de cambio, como la que va entre el declive de un imperio y el ascenso de otro, somete a la humanidad de la época, sobre todo a los países que están circunscritos al área de influencia de las potencias, a un período de desorden e incertidumbre.


No es extraño que así suceda, mucho más cuando el imperio que decae se resiste a morir, desplegando todo tipo de medidas para conservar sus poderes, privilegios y beneficios en todas las áreas y en todos los planos, tanto locales y regionales como globales. Sucedió así en el siglo XVIII con Inglaterra, hasta cuando consolidó su dominio global, para lo cual, además de su imposición por la vía de la fuerza, también resultó fundamental su apropiación e impulso de la primera revolución industrial. Además de dar cuenta de Francia, su enemigo de varias centurias, lo hizo del régimen de producción feudal, prolongado en Europa por varios siglos.


Ocurre de manera similar en los albores del siglo XX, en este caso ante la agonía-muerte del imperio inglés, a la par del entierro de los restos del Imperio Otomano y el ascenso de los Estados Unidos, desenlace en el cual fue igualmente importante la apropiación que logra de la segunda revolución industrial, en disputa también con Alemania. En este caso no muere ningún régimen de producción; por el contrario, se potencia el dominante entrado en la fase imperialista.


Pese a características que les son comunes, las circunstancias que hoy vivimos trazan distancia con las que marcaron el progreso-muerte de poderes globales entre el siglo XVIII y comienzos del XX. Es así porque el mapa mundial va cambiando con el ascenso y el desarrollo del capitalismo, pasando de dominar unas áreas del mundo hasta integrar todos los territorios a su campo de influencia y su control.


Ocurre que durante el siglo XVIII, para el capitalismo, el mundo era en lo esencial Europa y Asia, y por tanto los efectos de las disputas entre imperios se extendían y afectaban de manera especial a todo lo incluido en esas coordenadas. Débil coletazo llegaba a Nuestra América, Oceanía y África. Y aunque esa era la nota primordial, los efectos de la invasión napoleónica a España, en un último esfuerzo del Imperio Francés por controlar Europa, disparó la crisis de la Corona ibérica, lo que alimentó contradicciones en su interior y despertó desobediencias en sus fuerzas militares, todo lo cual contribuyó a que fuera coronada la causa de la independencia latinoamericana.


No bastan buenas razones


En esta lucha entre el imperio que muere y el que nace, en medio de la disputa por conservar o ganar el poder global de su época (mediados del siglo XVIII), como es conocido, el Imperio Español mordió el polvo, lo que no se da por fuera de la confrontación militar, extendida por diferentes flancos y en distintos años de aquel período histórico e incluso antes. Con todo ello podemos decir, como lo refrenda la experiencia, que las buenas razones y hasta las evidencias son insuficientes para que un poder u otro acepten su declive y cedan el paso a las nuevas fuerzas que toman su lugar. En otros tiempos, tanto Roma como el imperio Persa se habían resistido ante la evidencia. La iglesia católica misma, en su hegemonía imperial de varios siglos, también es muestra de ello.


Como parte de este mismo devenir histórico, en medio de la creciente del poder inglés, una vez enterrado el modo de producción feudal y derrotada de manera plena la monarquía con la revolución de 1848, otro tipo de confrontaciones, en este caso sociales, toma cuerpo, protagonizada por las dos clases que desde entonces e incluso hasta nuestros días marcarán el mundo. Alzamientos sociales, masacres de inconformes, revoluciones triunfantes unas y derrotadas otras, así como una extensa y amplia disputa por derechos de diverso tipo, toman forma como parte de esta confrontación.


Son dinámicas y lecciones de la historia que no podemos desconocer al valorar las tendencias de todo orden que caracterizan el año y la década en que entramos con el 2020. Es un período de la historia marcado de manera fuerte por la crisis/descenso del imperio estadounidense y el avistamiento en el horizonte del que pudiera sucederlo. Ese descenso/ascenso –que posee sus particularidades con respecto a las experiencias retomadas, entre ellas que ahora no solo está en declive el imperio hegemónico desde hace un siglo sino igualmente en crisis el sistema capitalista todo– sume al mundo en desorden y caos global, con manifestaciones de ello en ambiente, economía, demografía, agricultura, ordenamientos urbanos y sistema financiero.


Tenemos ante nosotros, entonces, una doble transición: por el dominio global, el cual, como todo lo indica, ya no será más unipolar sino multipolar, y por el sistema de producción. Y la disputa no será corta, como tampoco lo fue en la mayoría de las experiencias conocidas, sino que se tomará varias décadas, cinco o más en el peor de los casos.


En la particularidad del sistema de producción que tomará forma en medio del declive-crisis capitalista, todavía ninguno de los países y sus clases lidera una opción viable: solo son variantes más verdes, más rosadas, del capitalismo. Paralelo a ello, desde diversidad de sectores alternos, proyecta sus luces una opción-expectativa poscapitalista, pero aún sin alcanzar fuerza suficiente para materializarse.


Resistiendo a la confrontación bélica que implica ser vencidos, los Estados Unidos esgrimen sus defensas y como parte de ello potencian una nueva carrera militar, dotándose para la misma de un presupuesto fiscal para el año 2020 –que empezó en octubre de 2019– que ningún otro país tiene ni de cerca: 738 mil millones de dólares, ampliando, además, sus fuerzas militares con un nuevo cuerpo, el Espacial, acorde con la realidad desatada por la tercera y la cuarta revolución industrial, la colonización en curso desde décadas atrás de la órbita espacial por centenares de satélites, el despliegue de escudos antimisiles como contención de cohetería de todo tipo, en especial aquella con capacidad para transportar ojivas nucleares, así como por la pretensión humana de colonizar uno o varios planetas, a la manera de mecanismo para conservar la vida y prolongar su dominio en caso de una hecatombe nuclear, y como efecto de la propia crisis ambiental, en toda su ampliación, que afecta y ahondará su impacto al conjunto de la humanidad. Problemas de respiración, multiplicación de enfermedades de diverso tipo, abastecimiento de agua y otros anexos a la imposibilidad de llevar una vida en plenitud, harán parte de la misma. El afán de los multimillonarios de colonizar prontamente un lugar más allá de la Tierra no es fantasía (1).


Estamos ante una nueva carrera militar, en la cual unas potencias con menor presupuesto militar orientan el mismo hacia factores estratégicos que puedan equilibrar las cargas. De ahí las investigaciones en cohetería y armas en general con tecnología cuántica (2), a la par de transformar el poder ejecutivo de sus países, haciendo de los jefes de Estado verdaderos comandantes estratégicos de sus respectivos países, investidos de un poder tal, indicativo de que estamos en un período de preguerra, y que los esfuerzos de los imperios están dirigidos en especial a evitar que la contraparte se sienta segura de un triunfo rápido si opta por la confrontación abierta.


Vladimir Putin al frente de Rusia y Xi Jiping a la cabeza de China son muestra clara de las transformaciones vividas por el Ejecutivo en sus respectivos países. Jefes de Estado con poderes plenos, dirigiendo sus países por décadas, en realidad generales en jefe de los mismos, lo que permite explicar el momento histórico que vive la humanidad y la fuerte tendencia hacia una colisión fatal. Es una realidad de la cual no está lejos el Ejecutivo en Estados Unidos, donde el equilibrio de poderes empieza a resquebrajarse. El autoritarismo, como tendencia creciente, encuentra uno de sus soportes en esta realidad, y su fortalecimiento será cada vez más evidente. Mayor extracción de plusvalía a la fuerza de trabajo, para incrementar o recuperar por parte del capital la tasa de ganancia, simultáneamente con un mayor rigor en el control del mercado propio, o los ajenos bajo dominio, son otros de los factores que alimentan el giro autoritario que vive hoy el mundo y que irá en incremento en la nueva década que ahora marca el calendario.


Esa transición de imperio y de sistema de producción proyecta una colisión de poderes imperiales de la cual ningún país será ajeno, la que por el momento asume una confrontación de fuerzas a través de terceros países y en regiones allende sus propios territorios: Oriente Medio en general, como centro productor de la materia prima esencial del capitalismo, y poseedor de las mayores reservas de la misma –sumando al conjunto de sus países–, es el teatro de sus operaciones. Todo indica que la reorganización en que entrará este territorio llevará a que su control quede bajo el liderazgo de Rusia, que, con apoyo de China, impondrá allí sus reglas. El factor Israel deberá entrar en negociaciones que en alguna forma le darán aire al pueblo palestino.


Oriente Medio es un territorio de importancia estratégica para las dos potencias ahora aliadas en múltiples terrenos, forzadas a ello por el enemigo que comparten. Por un lado, Rusia requiere ampliar la zona de contención para dificultar cualquier ataque en contra suya, y, por el otro, China ha trazado por tal territorio una parte de la Ruta de la Seda, a la par de transitar por allí el petróleo que alimenta su industria y su funcionamiento en general. Israel, potencia nuclear regional y avanzada estadounidense, es el enemigo por controlar, y eso es posible materializarlo mediante diversidad de acuerdos que beneficien a las partes. Estados Unidos, de un lado, en medio de conflictos abiertos por doquier, tendrá que elegir entre concentrar más fuerzas y disputar de modo cada vez más abierto tal teatro de operaciones o redirigir sus fuerzas prioritariamente hacia el mar del sur de China, como esclusa para impedir la extensión/consolidación del poderío que ya ostenta la potencia asiática, obligando al imperio americano al abandono de esta parte del mundo, lo que aceleraría su declive (3).


Se trata de escenarios y tendencias de la geopolítica global que conservarán su vector actual o pudieran verse redimensionados por el resultado que arrojen los comicios presidenciales de noviembre próximo en Estados Unidos, coyuntura clave, tanto porque dirime por unos años más el grupo de poder al frente del imperio en descenso como porque con su resultado queda clara la trayectoria táctica y diplomática que señalarán su devenir en los siguientes cuatro años: operar cada vez más abiertamente, desestructurando toda la arquitectura que ellos mismos impusieron en los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, lo que ya no es útil para sus intereses, o avanzar tras igual propósito de manera más o menos negociada con sus mejores aliados.


En este hipotético escenario, quienes sufren hasta ahora, y seguirán afectados a lo largo de esta nueva década por la decisión de los Estados Unidos de no ceder su trono sin oponer resistencia, está la Unión Europea, en un acuerdo de acción territorial mancomunada en diversidad de áreas, con beneficio de convivencia pacífica por décadas, que corre el riesgo cada vez más abierto de regresar al estadio que tenían antes de la década de los 80 del siglo XX, e incluso mucho más atrás. El triunfo del brexit en el Reino Unido así lo indica, y los factores nacionalistas en la diversidad de los países que integran la Unión señalan en tal dirección.


Por ahora, el Imperio se vale de los acuerdos posguerra mundial que le dan privilegios para extender sus tropas a lo largo y ancho de Europa, adelantar allí sus armas estratégicas y disponer esos territorios como avanzada para diferentes propósitos, en particular para maniobrar conjuntamente en caso de una confrontación de cualquier orden. La Otan es parte de este acuerdo. La sumisión del “viejo continente” ante las demandas y amenazas de quien hoy está al frente de la Casa Blanca facilita la concreción de los propósitos del Imperio e indica que esta parte del mundo, como un todo, quedará, en los años que vienen, cada vez más relegada en la disputa por el reparto mundial.


El 2020 y la década que nos lleva hacia los años 30 se mantendrán marcados, además, por fenómenos como las migraciones, en la cual diversos países de África y América Latina mantendrán la expulsión de sus poblaciones en procura de trabajo e ingresos seguros. La constante del desempleo es creciente. La reducción –allí donde lo hubo– del Estado de Bienestar y con ello la pérdida o minimización, cada vez más notoria, de los derechos humanos, relegados a simple letra muerta, testimonio de algo que por décadas logró cierta materialización como fruto del ascenso de la izquierda, en su direccionamiento y su estímulo a las luchas directas de diversidad de pueblos anhelantes de justicia, igualdad, paz, bienestar, solidaridad, descolonización, soberanía. La Guerra Fría, como parte de este fenómeno, también contribuyó a contener la implementación de medidas regresivas, abiertamente a favor del capital y en contra de los derechos humanos, pero, una vez diluida, la ofensiva del capital es contundente. Fueron unos logros a los que también contribuyó el ascenso al gobierno, en diversidad de países del Viejo continente, de sectores progresistas –socialdemocracia.


Los efectos de la aludida ofensiva connota abundancia de males para el conjunto de los habitantes de nuestro planeta, tanto por el ahondamiento constante de la desigualdad social y la concentración de los frutos del trabajo de millones de seres humanos en unos cuantos personajes (4), como por la disparada de una crisis climática que tiene en vilo el futuro de la humanidad.


Son aquellos unos males que solamente resultan contenibles por la sociedad global, desde la particularidad de sus países, pero logrando una sintonía de fuerza desde el alzamiento social global. Una contención, a partir de la conciencia por un presente que ya es futuro, que al mismo tiempo detenga la reducción de la democracia a su mínima expresión, simple formalidad (elecciones), como está sucediendo, haciendo de ella un campo de batalla para que en realidad sea participativa, directa, radical, plebiscitaria.


Otras muchas particularidades tienen luz propia y llamarán nuestra atención a lo largo del año 2020 y de la década que ahora empieza. La creciente desocupación del campo y el incesante crecimiento de las ciudades será una de ellas. Las presiones económicas y militares que recaen sobre sus pobladores, así como la ausencia o la debilidad de políticas gubernamentales, nacionales e internacionales, que incentiven su vida y su labor alrededor del agro, así como la conservación de las particularidades culturales que le son características, son parte de los motivos para que así suceda.


De la mano de su desocupación llegan la imposición y la ampliación de una economía agraria que está ligada al extractivismo latifundista, a partir de monocultivos sembrados en áreas que cubren cientos y miles de hectáreas. Es una producción agrícola, para uso humano, animal e industrial, soportada en muchos casos, y con tendencia creciente, en semillas ‘mejoradas’, modificadas genéticamente, que someten al campo y la naturaleza en general al envenenamiento que produce la cantidad de tóxicos con que deben ser fumigadas, a la reducción o la desaparición de la biodiversidad en todas sus manifestaciones, y a la humanidad en general a una alimentación cada vez menos diversa, insípida, baja en proteínas y vitaminas, proceso de siembra y transformación de granos y verduras cuyas consecuencias para la salud humana y animal en general aún no están claramente establecidas, pero que en el campo de la cultura gira hacia lo que algunos autores describen como su macdonalización.


Por su parte, la imparable urbanización del mundo seguirá incrementando problemáticas para la salud, derivadas del modelo de desarrollo imperante y de un transporte que ahoga las urbes en esmog y altos niveles de contaminación auditiva y visual. La reducción del tamaño de las viviendas, llevadas al extremo de parecer colmenas, su mala e ineficiente aireación, la ausencia de sol para gran cantidad de las mismas, la desaparición de espacios comunes en muchos barrios, etcétera, someten y someterán incesantemente a la humanidad a una deshumanización de sus centros de vivienda y trabajo, ahondando una crisis, la del urbanismo, que demanda replanteamiento en procura de recuperar la calidad de seres humanos que, como especie debemos conservar, alejándonos de la condición de seres-máquinas, tendencia que celebra el capital, en procura de mano de obra dócil, que no reclama ni se organiza para defender sus derechos.


El desempleo, la mala calidad en su remuneración, la informalidad laboral, la ofensiva neoliberal en un intento por extraer más renta de quienes venden su fuerza de trabajo (al reducir salarios vía eliminación de beneficios como primas y bonificaciones, cajas de compensación, horas extras, etcétera), son otras tantas aristas que conservarán su tendencia durante la década que abre su agenda.


Son tendencias y devenires en los cuales las mayorías de nuestras sociedades no debieran resignarse a ser actoras pasivas sino, como está sucediendo por estos meses, decidirse por un liderazgo desde el cual sacar a flote una opción de vida diferente de las dos planteadas en su contorno, que en el largo plazo son una misma.
El tiempo que ya corre y los años por venir nos indicarán con toda seguridad si así ha sucedido.

 

1. Elon Musk revela detalles de su proyecto de gran escala para colonizar Marte en 2050 con un millón de personas, https://www.desdeabajo.info/ciencia-y-tecnologia/item/38663-elon-musk-revela-detalles-de-su-proyecto-a-gran-escala-de-colonizar-marte-para-el-2050-con-un-millon-de-personas.html).
2. Esta tecnología impulsa cohetes a velocidades superiores 20 y más veces a las del sonido; radares con capacidad para detectar aviones y otras armas hasta ahora invisibles, criptografía de nueva generación, etcétera. https://www.technologyreview.es/s/10871/como-las-armas-cuanticas-cambiaran-las-guerras-del-futuro.
3. https://www.seguridadinternacional.es/?q=es/content/el-mar-del-sur-de-china-nodo-de-la-geopol%C3%ADtica-regional-y-mundial-del-siglo-xxi
4. “Tiempo para el cuidado. El trabajo de cuidados y la crisis global de desigualdad”, www.oxfam.org

 


 

América Latina, de cara a la inestabilidad política

 

De regreso al pasado. La nota típica de América Latina durante los años 50-80 del siglo XX eran los golpes de Estado, tantos que parecía que vivíamos en una región de ficción. En esos golpes, los militares eran los actores que se destacaban, ya que asumían la misión encomendada por el gobierno de los Estados Unidos, así como de los poderes civiles detrás del golpismo, verdaderos beneficiados, unos y otros, de cada cuartelazo.


Transcurridas varias décadas de aquella inestabilidad política, de aquella lucha abierta por el control del poder en la diversidad de nuestros países, de violencia institucional desenfrenada que dejaba en harapos los derechos humanos, cuando se había ganado cierta normalidad y existía un aire de una mayor redistribución de la riqueza nacional, sin afectar la estructura de clases, la concentración de la riqueza y la propiedad de los más ricos, el camino del golpismo retoma su lugar, en este caso sin aparecer los militares, a no ser de manera muy episódica, ahora reemplazados por jueces o altos funcionarios del gobierno descabezado.


Sin duda, los tiempos cambian y de su mano las formas de la política gubernamental, nacional e internacional. Así, como prolongación de las nuevas formas asumidas por el golpismo, en los años que nos llevarán al 2030, y como parte de la decisión de Estados Unidos de conservar/recuperar su control total sobre la región, seguirán estando presentes los golpes de Estado suaves, y como parte de estos el golpismo judicial, unos y otros en defensa supuesta de la ‘democracia’.


Como parte de esta realidad, de la violencia sin reparos ni miramientos, típica del golpismo de los gorilas, pasamos a la prevalencia de las apariencias y al ejercicio de una violencia con foco cerrado y formas ‘democráticas’. Así lo permite concluir Brasil, pero también Bolivia, los dos últimos países que padecieron las nuevas formas del intervencionismo estadounidense. Para el caso de Bolivia, el próximo 3 de mayo, en caso de no quedar espacio para una segunda vuelta presidencial, quedará sellado el golpe de Estado que se fraguó el 10 de noviembre pasado, bien en dirección golpista, bien dándoles, de nuevo, espacio a los sectores progresistas.


En los ojos del águila, celosa de la presencia de Rusia, China e Irán en la región, están Venezuela y Nicaragua; Cuba, la cereza del pastel, continuará como propósito máximo del intervencionismo del imperio. Las reformas de todo orden que la isla caribeña afronta, como medida urgente para superar las limitaciones de un modelo de Estado y social agotado, indicarán si esta experiencia de soberanía y dignidad logra un segundo aire, el que impediría que la inconformidad interna lo subvierta.


Marcará esta década, a ambos lados de la cadena, la inestabilidad política o la crisis permanente de gobernabilidad, de manera que quien controle las riendas del gobierno deberá enfrentar, por el lado del status quo, la protesta social que demanda punto final para el neoliberalismo y todo lo que le es preciado. Por el lado progresista, su incapacidad para potenciar un modelo económico alterno y su persistencia con proyectos extractivistas, que le generan alejameniento de los pobladores del campo, como de sectores urbanos que luchan por la preservación de la naturaleza. Sin flujo económico suficiente para implementar políticas redistributivas diferentes a las ya existentes, es poco lo que el progresismo puede ofrecerle a la sociedad.


Estamos ante un escenario en el cual entrarán a jugar, de manera cada vez más abierta, los narcotraficantes, ahora actuando como mafias que controlan territorios y someten a quienes los habitan, propiciando desplazamientos de todo tipo, usurpando tierras, acometiendo proyectos extractivistas, es decir, actuando como también lo hacen los propietarios del sector industrial, comercial y financiero. Ahora, y de manera cada vez más clara, el narco estará integrado al sistema y la clase que lo controla.


En este marco complejo de luchas sociales permanentes, indígenas y mujeres estarán a la cabeza, ampliando derechos. Los pueblos originarios mantendrán su constante en procura de la tierra necesaria para vivir, y alrededor de ella en defensa de la biodiversidad y el equilibrio ambiental. Entre estos pueblos, los organizados como zapatistas saldrán de nuevo a confrontar a nivel nacional y de manera directa al gobierno, buscando bloquear megaproyectos el Tren Maya y otros que rompen sus territorios. Las mujeres, por su parte, emplazarán de manera cada vez más intensa a la sociedad, en pos de igualdad efectiva y cese a la violencia contra sus cuerpos.


Ni una ni otra serán luchas fáciles ni lineales. Serán complejas, arduas, y sortearán flujos de distinto tipo al tener que enfrentar la reacción creciente de los sectores más tradicionales de la sociedad. En todo caso, la experiencia ganada hasta ahora por indígenas, como por movimientos feministas, permiten augurar que en esta década consolidarán posiciones y más apoyo social.


A la actual dinámica no escapa Colombia, donde las hegemonías que la sometieron por tantos años al exterminio muestran fracturas, debido de manera preponderante a las contradicciones al interior de los sectores dominantes y al intento de reagrupación de los sectores marginados. Sin una agenda particular de estos últimos, sin proyecto propio, poco podrán esperar del desenlace de la disputa interburguesa, cuyo resultado prolongará el dominio de la tradición o abrirá nuevos surcos para el modernizante, pero sin cambiar la esencia del establecimiento.

 


 

 

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Diego Quintero, sin título (Cortesía del autor)

En diciembre del 2019 fue entregado el texto oficial de la llamada “Misión Internacional de Sabios 2019 por la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación”, nombrada por el gobierno de Iván Duque para elaborar el texto guía fundamental para la política nacional en los cuatro temas; todo enmarcado en la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Nos concentramos aquí en el documento mismo (1). El texto de recomendaciones se llama: “Colombia hacia una sociedad del conocimiento”.

 

“Desatención”, “desinterés”, “incomprensión”. Desde siempre, estas y otras realidades describen la real atención que recibe la ciencia en Colombia. El exiguo presupuesto que nunca superó el 0.3 por ciento del PIB, y el último lugar en inversiones en la política estatal que por años han merecido los institutos que la han tenido a su cargo da cuenta de ello.


Es una “incomprensión” que resume el carácter de la clase social y política que por décadas –que suman siglos– ha controlado el poder en Colombia, cuando la verdad es que este es un país con todo el potencial para liderar o integrar en la región proyectos de punta, en todos los órdenes. Proyectos de investigación que en su base demandan una comprensión científica del entorno natural de su ser territorial. No es solamente la abundancia de ríos, selvas, bosques, la variedad de climas y mares, sino también su biosfera y otras partes que hacen de Colombia uno de los países mejor dotados entre los casi dos centenares que integran la comunidad internacional.


Se trata de toda una realidad y un potencial natural que sobrepasa la mentalidad rentista que desde siempre ha imperado en estas tierras. Ni curiosidad, ni sentido crítico, ni amor por el aprendizaje, ni estímulo al debate abierto, sin dogmas ni prejuicios, nada de esto está registrado en la historia del país, un signo innegable del carácter de quienes han determinado el destino padecido hasta la fecha por quienes habitan esta puerta de entrada y/o salida de Suramérica. Por el contrario, lo que ha predominado son verdades eternas, rezos, escolástica, exclusión del crítico y del curioso, estigmatización del saber.


No es casual, por tanto, que a pesar de todas las potencialidades que tenemos para la construcción de un proyecto potente de ciencia, Colombia no aparezca en los registros internacionales en este campo. De ahí que al llegar hace poco a la Ocde, a esa organización que dicen “de las buenas prácticas” los gobernantes tengan que romper con el pasado y así sea formalmente, como parece ser hasta ahora, lleven al país hacia la investigación, para lo cual darle estatuto de ministerio a la instancia encargada de tal reto aparece como un impostergable.


Nos encontramos, por tanto, más allá del deseo de Duque y de quienes lo rodean, ante una exigencia externa. Y el paso incial para cumplir con la demanda es diagnósticar y proyectar, para lo cual, retomando pasos ya andados, se constituye una nueva “Misión de sabios”, en este caso con participación internacional. Ahora bien, ¿qué documento produjo la Misión? ¿Qué esperar de su resultado?


El espíritu del documento


Cuarenta y seis comisionados elaboraron el documento finalmente entregado al Gobierno, con el apoyo de un amplio equipo técnico, con la participación de algunas de las más importantes universidades, grupos de investigación, semilleros, academias, profesores, investigadores, gestores del conocimiento, ministerios y entidades públicas, algunos organismos multilaterales con sede en Colombia, diferentes escuelas, y algunos organismos privados y de consultoría, notablemente.


El lenguaje del texto es claro, su redacción no se presta para ambigüedades ni ambivalencias, y en numerosos pasajes está soportado por algunas fuentes de datos y publicaciones. Al fin y al cabo, se trató de un trabajo que se discutió y elaboró en alrededor de seis meses. Es evidente un espíritu muy técnico, poco político y crítico, altamente propositivo y muy bien intencionado, y mesurado en el lenguaje y las expresiones, con muy pocos adjetivos y adverbios, a menos que fueran exaltantes o sugestivos.


Fueron, sin lugar a dudas, seis meses de trabajo, pero también de mucha presión sobre los comisionados, por parte del gobierno, como es suficientemente conocido.


Algunos de los verbos que más se repiten en el texto, son “diseñar”, “construir”, “proponer”, “pensar”, “programar”, todo lo cual se ajusta a los compromisos adquiridos y al carácter técnico del documento. Al fin y al cabo, desde Durkheim y Weber es un lugar común distinguir dos cosas: al político y al técnico. Esta distinción le sienta muy bien al espíritu del capitalismo, para plantear que una cosa son los “tomadores de decisión” (= políticos, banqueros, militares, etc.), y otra muy distinta los “asesores, técnicos y consultores”. Algo que merece, por decir lo menos, una segunda reflexión. En la historia de Colombia los académicos y científicos jamás han sido considerados como tomadores de decisión. Sus propuestas tienen carácter meramente consultivo, y nunca vinculatorio. Algo sucede, y sigue sucediendo en la historia del país.


Específicamente, en los marco de la sociedad de la información, de la sociedad del conocimiento y de la sociedad de redes (2) la distinción establecida por Weber, y todavía vigente, es vetusta y peligrosa. El ejemplo más palpable son los populismos, por ejemplo, de Trump, Macri, Piñeras, Bolsonaro –y el subsiguiente negacionismo, notablemente, del cambio climático, y otros temas sensibles que son inmediatamente del relevo del trabajo con datos, información, y conocimiento– es decir, ciencia.


La letra del documento


La tradición medieval sostenía que “la letra con sangre entra”. Esta idea puede tener por lo menos dos interpretaciones. Una, es que la gente no aprende sino de malas maneras, con presiones y fuerza, bajo sometimiento y adoctrinamiento, en fin, con miedo y mucha disciplina. La otra es que las cosas se aprenden, tarde o temprano, a través de mucho esfuerzo, sudor y sufrimiento. Como se aprecia, no hay mucha distancia entre una y otra cosa. Pues bien, Colombia hacia una sociedad del conocimiento, se plantea en el marco explícito de los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS), los cuales son mencionados y subrayados a todo lo largo del informe. Así, los temas de desarrollo, conocimiento, innovación y competitividad dan por supuesto, aceptan sin más, y se apoyan en los (ODS), un tema que merece una consideración propia, en otro lugar. Como quiera que sea, la base es: el sistema de libre mercado debe poder desarrollarse y crecer en términos de sostenibilidad. Hay que decir, de pasada, que los (ODS) dejan absolutamente intacta la función de producción, y no hay ni una sola palabra al respecto.


Análogamente a como los acuerdos de la paz en La Habana entre el Gobierno y las Farc dejaron incólume el modelo económico, asimismo, el Informe de 2019 no se ocupa, absolutamente para nada, de la función de producción. En una palabra: se trata de educación, ciencia, tecnología e innovación para la afirmación y el desarrollo de la economía de libre mercado; punto. Con todo y las estructuras cognitivas que implica, con las formas y estilos de vida que conllevan, en fin, con las finalidades e intenciones conocidas.


Los focos escogidos están bien justificados, con básicamente, una doble argumentación: de un lado, el número de grupos de investigación en el país. Esto es, si cabe, la capacidad instalada. Y de otra parte, también, los marcos de la Ocde, que son al fin y al cabo, los que regulan hoy y hacia futuro las políticas públicas en Colombia.


En fin, un buen número de las propuestas del Informe de 2019 son las mismas que las del Informe de 1994; al fin y al cabo, las propuestas de Colombia al filo de la oportunidad no fueron jamás atendidas o en el mejor de los casos sólo parcialmente.


La historia, la memoria, Clío: esa ciencia políticamente incorrecta.


Es clara la mención de que sin ciencia no puede haber desarrollo humano. En varios lugares se hacen comparaciones con Irlanda y con Corea del Sur, por ejemplo, y se afirma explícitamente que los más sensibles problemas de crecimiento y desarrollo humano no pueden ser superados sin una política fuerte, amplia y con raíces de educación y ciencia. Eso lo sabemos los académicos y científicos, pero ¿y los políticos, financistas y banqueros? Como profesores, bien podemos apelar a la necesidad de una evaluación (quiz, examen, exposición, etc.), de los dirigentes nacionales sobre este informe, como diciendo: “muchachos, aquí está el informe. Léanlo. En 15 días habrá un control de lectura”. Algo semejante valdría para entrar en alguna de las numerosas listas negras que circulan. El tiempo lo dirá: si los miembros del gobierno de Duque: a) leyeron; b) y si leyeron, entendieron, el Informe. El tiempo es un juez implacable.


Las políticas de conocimiento son exactamente políticas de vida; sin metáforas. Sólo que la vida es un juego que se juega a largo plazo. Pensar la vida significa exactamente pensar a largo plazo, algo que las políticas públicas desconocen por completo, específicamente en la historia del país. Así, el texto oscila entre llamados a largo plazo, y propuestas inmediatas, que tienen una ventana máxima de 5 años. Esta fluctuación es, sin duda, el resultado del balance entre deseos y conocimiento de un lado, y compromisos e información con datos, de otra parte.


De manera significativa, en varios lugares el Informe pone el dedo en la necesidad y la importancia de enfoques y de políticas transdisciplinarias, lo cual constituye un avance notable al que hasta la fecha Colciencias jamás había llegado ni nunca llegó. Los académicos y científicos autores del Informe, en contraste, si saben de enfoques cruzados, transversales, inter, trans y multidisciplinarios. ¿Podrán el presidente, los ministros, los gobernadores y alcaldes, por no mencionar a los rectores y vicerrectores de las universidades entender este llamado? Nuevamente: cabe esperar lo mejor. Cuando el mundo se llena de esperanzas y buenos deseos… Es exactamente en este marco que encuentran todas sus raíces los llamados a conformar redes y trabajar en redes.


El informe apela en varias ocasiones a comparaciones, en materia de inversión, en comportamientos por parte del Estado, en actitudes de parte del sector privado, en fin, en dinámicas por parte de las universidades, a comparaciones e ilustraciones con experiencias en otros momentos y lugares. Esto implica poder aprender de otras experiencias. Una demanda la verdad exagerada para un gobierno que sólo parece mirar su propio ombligo y que está envuelto en escándalos de toda índole: masacre sistémica y sistemática de líderes sociales, mermelada y corrupción, espionaje a periodistas, parlamentarios, ONGs y personalidades democráticas, impunidad ante el crimen común y el organizado, connivencia con la explotación minera de cielo abierto, la destrucción de las selvas y bosques, en fin, el pago de prebendas de todo tipo ante el pasado inmediato y el presente en curso. El de Iván Duque, el peor de todos los gobiernos en la historia del país, acaso comparable con el de Álvaro Uribe Vélez, que son, al fin y al cabo, la misma cosa. El sub-presidente, como ya es ampliamente conocido.


Las realidades del Informe


Digámoslo de manera franca: Colombia hacia una sociedad del conocimiento, permanecerá en los anaqueles de las bibliotecas, y como un material de consulta histórico. Nada más. Algo semejante pasó ya con el Primer Informe, elaborado por la primera misión, en 1994 (3).


El informe de 1994 propuso invertir el 1 por ciento del PIB en ciencia, educación y tecnología. En casi 25 años esa meta jamás se alcanzó. Con todo y gobiernos, documentos Compes, planes de desarrollo, y demás. El documento de 2019 propone que para el 2025 el gasto en ciencia y tecnología sea del 1.2 por ciento del PIB. En la actualidad es de cerca del 0.3. En medio de reformas tributarias sangrientas, de propuestas del partido del presidente actual por modificar sustancialmente el régimen de pensiones, de una elevada deuda pública que llega a la fecha a cera del 56 por ciento del PIB, y de la propuesta de eliminación de las Cajas de Compensación, por ejemplo, ¿cabe pensar, sinceramente que la meta propuesta se podrá alcanzar? Decían las viejitas y los curas antiguamente que el camino al infierno está sembrado de buenos deseos y buenas intenciones.


De manera explícita, el Informe afirma que el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Sncti) debe ser distinto al Sistema Nacional de Competitividad, el cual se encuentra bajo el gobierno del Departamento de Planeación Nacional. Ya desde el gobierno de Juan Manuel Santos se generó esa confusión, y en los dos años que a la fecha lleva Duque en el gobierno no ha habido ni una sola palabra al respecto.


Así las cosas, se anticipa ya que el Informe 2019 será, simple y llanamente un canto a la bandera. Al fin y al cabo, sistemáticamente, las élites en la historia de Colombia han sido indolentes frente al conocimiento, a diferencia de las élites de países de la región como México, Argentina, Brasil y Chile, notablemente.


Las propuestas sobre el Ministerio son bien intencionadas pero políticamente vacías. Mientras los miembros de la Misión discutían y elaboraban el informe, Iván Duque crea el Ministerio de Ciencia y Tecnología como un ministerio “de costo cero”. Esto es, exactamente con el mismo presupuesto que tenía Colciencias, y sin un incremento real.


La propuesta más básica del Informe 2019 plantea pensar de cara a los próximos diez años. Para ello, propende por un gran acuerdo nacional con todos sus agentes y actores. (Esto en un país fuertemente dividido entre los enemigos de la paz y sus defensores, por ejemplo). De manera excesivamente cauta, el informe proyecta que para el 2045 todos los jóvenes de hasta 18 años tengan educación media; cuando lo más democrático hubiera sido que la educación básica y media fuera obligatoria y gratuita (más allá de la existencia de colegios privados). Sintomáticamente, se exhorta al reconocimiento social, cultural y político de los maestros. Una meta encomiable contra la pauperización de profesores, de cátedra, con contratos a término fijo, y regímenes pensionales críticos.


Con acierto, se llama a cambiar el modelo educativo, para que pase de la enseñanza al aprendizaje; así, las diferentes formas de adoctrinamiento deberán ser suprimidas y criticadas. Así también no podrá haber desarrollo, ciencia ni crecimiento humano sin eliminar la inequidad, la pobreza y las formas de exclusión y marginamiento. Tácitamente se llama a un reconocimiento y apoyo de las economías locales, alternativas (bioeconomía).


En esta misma dirección, se convoca a una política de datos abiertos. La información es un acervo social y cultural, y no puede permanecer aislada de la sociedad. Una política de datos abiertos significa que, de cara al pasado, otra democracia es posible. Esto no es ajeno, en absoluto, a la idea de un empoderamiento ciudadano. Todo, dicho por el documento en su versión final.


En fin, sin ambages, se trata de situar al país en el siglo XXI, por fin. Un país que jamás llevó a cabo la reforma agraria, que no supo balancear la educación pública y la privada, y que su fundó siempre en una profunda asimetría de información.


Sin la menor duda, el espíritu del documento es positivo, democrático, pero ingenuo en numerosos lugares y algo voluntarista.


Decía B. Brecht que la mejor crítica que se le puede hacer a un río es construirle un puente. Esto significa que la mejor crítica que se le puede hacer al informe es leerlo, apropiárselo y difundirlo. Lo que sigue entonces es la reflexión crítica. Y acaso su mejoramiento, o su transformación.


Algunas reflexiones críticas


Colombia se dirime como un país que quiere pasar de la guerra a la paz, de la violencia a la justicia, y de la pobreza a la equidad. Al mismo tiempo, recientemente fue definido como el país más corrupto del mundo, y como una democracia imperfecta (hace unos años también fue llamado un Estado fallido). Pues bien, es exactamente en este marco como se plantea la idea de ciencia, tecnología e innovación.


La ciencia, en sentido laxo, forma parte de las políticas sociales, esto es, de educación y de desarrollo humano. Pero las políticas sociales han sido justamente las que han sido sistemáticamente desatendidas. La prioridad ha sido siempre el presupuesto para la guerra –“seguridad y defensa”–, y el favorecimiento al sector privado y en especial al sector bancario y financiero. Así las cosas, cabe una sospecha acerca de las verdaderas intenciones de Duque y todos los suyos. El país está tan mal y ha estado tan mal que una parte de las buenas cosas provienen de la Ocde y de la comunidad internacional.


Las políticas sociales y de conocimiento requieren un apoyo sincero y denodado. Pero un “presupuesto de costo cero” promete poco, o nada. Todo parece indicar que se trata, para Iván Duque, cada vez más, de una forma de lavar su desprestigio e incapacidad.


Se trata, todo parece indicarlo, de una manera de salvar las apariencias ante la comunidad internacional y ante algunos organismos multilaterales. Porque la verdad es que la universidad pública se mantiene al filo en materia presupuestaria. Hay un afán por favorecer, muy ampliamente a la universidad privada y a la confesional. El medioambiente se degrada a ojos vista, y el gobierno cierra los ojos ante las transnacionales mineras. Los científicos y académicos cuando tienen méritos y logros es más por su propio tesón y garra, que por que haya políticas públicas favorables. En fin, los científicos e investigadores son vistos como gastos, y no como oportunidades.


Coda


Una observación importante se impone. El documento de la Misión 2019 señala en varios apartes que se trata de un informe destinado al gobierno y a la sociedad. Cabe esperar que el gobierno actual atienda las sugerencias, propuestas y proclama. Pero si no lo hace, el documento pertenece también a la sociedad, al país. Y entonces, por medio de los canales académicos y científicos cabe apropiarse del mismo e implementarlo. En esta distinción radica la diferencia, muy sensible, entre políticas públicas (policy, policies) –que son política de Estado o de gobierno–, y políticas-sin-mas, que son políticas colectivas, comunes, en fin, de vida. Y la vida no le pertenece al Estado, en absoluto.


La atmósfera del Informe es la del pensamiento sistémico. Está expresamente dicho en el texto. No está mal, pero es perfectamente insuficiente. Sería deseable que los miembros de la Misión supieran, además y fundamentalmente, de complejidad. Sin embargo, el Informe es lo que es: un hecho cumplido.

 

1. Acerca de la conformación misma de la Misión, Maldonado, C. E., (2019). “Mensajes cruzados, ruido y ambivalencias. La recientemente creada Misión de Ciencia y Tecnología”, en: Le Monde diplomatique, Mayo, Año XVII, Nº 188, pp. 9-11.
2. Cfr. Maldonado, C. E., Sociedad de la información, políticas de información y resistencias. Complejidad, internet, la red Eschelon, la ciencia de la información, Ediciones desde abajo, Bogotá, Colección Primeros Pasos, 2019.
3. Cfr. Instituto Colombiano para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología, Colombia al filo de la oportunidad. Misión de Ciencia, educación y desarrollo. Informe conjunto. Colciencias: 1994; disponible en: https://repository.agrosavia.co/handle/20.500.12324/13580, de donde se puede bajar el pdf.

 


Estructura general

 

El documento producido por la Misión se articula en siete secciones con un peso desigual. Primero una proclama: “Por una sociedad del conocimiento para la próxima generación”, en la que se señala la meta propuesta: para el 2030 y se plantean los buenos deseos de desarrollo y crecimiento; luego, “El horizonte de la Misión: acuerdo para una Colombia en la frontera del conocimiento”, en el que se reconocen las bases vulnerables actuales, se plantea una meta de inversión en ciencia, tecnología e innovación (CTI) con respecto al PIB, se hacen observaciones sobre el Ministerio de (CTI), y la necesidad de desarrollar una política de (CTI).


El tercer capítulo, “Contexto y enfoque”, recoge el contexto del Informe y la Misión, y el enfoque hacia futuro de lo que puede y debe ser la (CTI) en el país. De manera puntual, se definen ocho focos de trabajo. Antes de presentar y discutir en detalle los focos, a los cuales está dedicado el capítulo quinto, el capítulo cuarto se ocupa de la justificación y exposición de las propuestas generales, tales como el reconocimiento del papel insustituible de la ciencia, la importancia de la educación en la transformación de la educación, la gobernanza en materias de ciencia, tecnología e innovación, la articulación de los actores de una política nacional de ciencia y tecnología; estos actores son, según el documento, el Estado, el sector privado, el tercer sector, las universidades y las comunidades. Asimismo, se considera aquí el papel de las universidades, la importancia de los institutos y centros de investigación, el llamado a la creación de institutos públicos de ciencia, tecnología e innovación, y la creación de viveros creativos. De manera muy sensible, se ponen de manifiesto los problemas relativos a la financiación, la constitución y fortalecimiento de redes, y la diáspora, conjuntamente con la apropiación social del conocimiento.


Los focos articuladores de (CTI) son ocho. Estos son:

Bioeconomía, biotecnología y medioambiente;
Ciencias básicas;
Ciencias sociales y desarrollo humano con equidad;
Ciencias de la vida y de la salud;
Energías sostenibles;
Industrias creativas y culturales;
Océanos y recursos hidrobiológicos;
Tecnologías convergentes e industrias 4.0.

En otras palabras, estos son o deberían ser los ejes de investigación del país a mediano y largo plazo.


El sexto capítulo se cobija bajo la idea genérica de una serie de misiones emblemáticas. Estas son cinco, así: la principal riqueza del país es la diversidad natural y cultural, y ello debe servir de basamento para una economía sostenible. Dos misiones se destacan, de esta manera: la misión Colombia diversa, bioeconomía y economía creativa, y la misión agua y cambio climático. De la misma manera se postula la misión Colombia hacia un nuevo modelo productivo, sostenible y competitivo; de otra parte, está la misión conocimiento e innovación para la equidad, y finalmente la misión educar con calidad, equidad y desarrollo humano.


Al final, las conclusiones recogen, de manera puntual, las propuestas generales de la Misión. Estas están recogidas expuestas en el Apéndice, que reúne la principales propuestas, que son 65.


 

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Sábado, 08 Febrero 2020 06:32

“Curva de elefante” y clase media

“Curva de elefante” y clase media

Thomas Piketyy en su más reciente libro, Capital e ideología, retoma una gráfica de Milanovic para representar las desigualdades en el mundo en las últimas décadas. Lo notable de esa curva que mide los ingresos de la población es que toma la forma de una “curva de elefante”. Los primeros deciles, que abarcan a las personas del planeta más pobres han experimentado un crecimiento porcentual notable de su capacidad adquisitiva. Los deciles intermedios, es decir los “sectores medios“ han tenido un aumento, pero moderado, en tanto que el decil superior, especialmente el uno por ciento más rico ha experimentado un crecimiento exponencial de sus ingresos, tomando la forma de una pronunciada trompa.

Salvando las diferencias numéricas es posible también representar la distribución de los ingresos en Bolivia desde el año 2006 al 2018 como una “curva de elefante” moderada.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), entre 2006 y 2018, el 33 por ciento de los bolivianos anteriormente pobres alcanzaron ingresos medios (entre 5 y 50 dólares/día), pasando de 3.3 a 7 millones. El salario mínimo del país, que reciben la mayoría de los asalariados, subió de 440 bolivianos a 2 mil 122 (de 55 a 303 dólares, es decir, 550 por ciento). Como señala el Banco Mundial, Bolivia fue la nación que más favoreció en la pasada década –con distintas políticas redistributivas– los ingresos de 40 por ciento de la población vulnerable, en promedio 11 por ciento anual; por lo que está claro que la primera parte de la curva de Piketty está verificada.

Las clases altas por su parte, después de la nacionalización de los hidrocarburos, electricidad agua y telecomunicaciones, han tenido también un notable crecimiento de sus ingresos. La rentabilidad anual de la banca ha saltado de 21 a 208 millones anuales. Los productores mineros privados y la agroindustria han pasado de exportar 794 y 160 millones de dólares en 2006 a 4,001 y 434 en 2018. Por su parte, el monto global de la ganancia registrada del sector empresarial ha pasado de 6 mil 700 en 2005 a 29 mil 800 millones de bolivianos en 2018, 440 por ciento más. Lo que verifica la trompa de la curva; con una diferencia respecto a lo que sucedió escala mundial: una reducción drástica de la desigualdad entre el 10 por ciento más rico con respecto al 10 por ciento más pobre que se redujo de 128 veces a 36, fruto de las cargas impositivas a las empresas ( government take gasífero de 80 por ciento, bancario de 50 por ciento y minero de entre 35 y 40 por ciento); por lo que debemos hablar de una trompa de elefante recortada o moderada.

Lo que falta ahora es saber que pasó con el sector medio de la sociedad.

Las clases medias tradicionales

Se trata de un sector social muy diverso en oficios y propiedad formado después de la revolución de 1952 con los retazos de la vieja oligarquía derrotada, pero cohesionada en torno al reciclado sentido común de un mundo racializado en su orden y lógica de funcionamiento. Son profesionales de segunda generación, oficinistas, oficiales uniformados, intermediarios comerciales del Estado, pequeños empresarios ocasionales, ex latifundistas, propietarios de inmuebles alquilados, políticos de oficio, etcétera.

A primera vista han tenido un incremento de sus ingresos y del valor de sus bienes inmuebles. La tasa de crecimiento de la economía en 14 años, en promedio 5 por ciento anual, ha favorecido en general a toda la sociedad. Pero mientras las clases plebeyas tuvieron un incremento de sus ingresos de al menos 11 por ciento cada año y los asalariados más pobres 500 por ciento en 13 años. En el caso de los salarios altos, el presidente Evo Morales fijó como remuneración máxima el salario presidencial, que se redujo de 26 mil bolivianos a 15 mil; y en 13 años sólo subió a 22 mil, es decir, 46 por ciento, lo que llevó a que los ingresos de los profesionales con cargos más altos tengan que apretarse como acordeón por debajo del techo presidencial. Así, mientras la economía nominalmente pasaba de 9 mil 500 a 41 mil millones de dólares, un aumento de 430 por ciento, las clases medias profesionales sólo tuvieron un incremento menor a 95 por ciento por ciento de su salario promedio. Para las nuevas clases medias populares ascendentes era una gran conquista de igualdad, pero para las tradicionales, posiblemente un agravio.

Los propietarios de bienes inmuebles no sufrieron una depreciación de sus propiedades ni mucho menos una expropiación, pero el riguroso control de la inflación que ejerció el gobierno (alrededor de 5.4 por ciento en promedio en los pasados 13 años) y la gigantesca política de fomento a la construcción de viviendas, ya sea mediante cientos de miles viviendas estatales donadas y la obligatoriedad de crédito bancario a la construcción de vivienda a una tasa de interés de 6 por ciento, llevó a una amplia oferta que atempero el aumento de los precios de las viviendas en un tope no mayor a 80 por ciento en toda una década.

De esta manera las clases medias tradicionales tuvieron un incremento moderado de sus ingresos, porcentualmente mucho menor que el de las clases populares y las clases altas, lo que completa la parte baja de la “curva de elefante” de las desigualdades nacionales.

Si a ello sumamos que en este mismo tiempo a los 3 millones de personas de “ingresos medios” que ya existían en 2005 se sumaran otros 3.7 millones, resulta que para un puesto laboral donde habían tres ofertantes, ahora habrán seis; llevando a una devaluación de facto de 50 por ciento de las oportunidades de la clase media tradicional.

Esta “devaluación” de la condición social de la clase media se vuelve tanto más visible si ampliamos la forma de medir los bienes de las clases sociales a otros componentes más allá de los ingresos monetarios y el patrimonio, como el capital social, cultural y simbólico.

Toda sociedad moderna tiene mecanismos formales e informales de regulación de influencias sociales sobre las decisiones estatales. Ya sea para debatir leyes, defender intereses sectoriales, ampliación de derechos, acceso a información relevante, puestos laborales, contratación de obras, créditos, etcétera, los partidos, pero también los lobbys profesionales, los bufetes de abogados y las redes familiares funcionan como herramientas de incidencia sobre acciones estatales. En el caso de Bolivia hasta hace 14 años, los “apellidos notables”, los vínculos familiares, los círculos de promoción estudiantil, las fraternidades, las amistades de residencia gatillaban una economía de favores en el aparato estatal.

Un apellido siempre ha sido un certificado de “honorabilidad” y, a falta de ello, el paso por determinados colegios, universidades privadas, lugares de esparcimiento o pertenencia a una logia desempeñaban el resorte de parcial blanqueamiento social.

Ya sea en gobiernos militares o neoliberales siempre había una lógica implícita de los privilegios estatales y de los lugares preestablecidos, social y geográficamente, que las personas debían ocupar.

Por eso cuando el “proceso de cambio” introduce otros mecanismos de intermediación eficiente hacia el Estado, las certezas seculares del mundo de la clase media tradicional se conmocionan y escandalizan. La alcurnia, la blanquitud y la logia, incluidas su retórica y su estética, son expulsadas por el vínculo sindical y colectivo. Las grandes decisiones de inversión, las medidas públicas importantes, las leyes relevantes ya no se resuelven en el tenis club con gente de suéteres blancos, sino en atestadas sedes sindicales frente a manojos de hojas de coca. La liturgia colectiva sustituye la ilusión del mérito: 80 por ciento de los alcaldes han sido elegidos por los sindicatos; 55 por ciento de los asambleístas nacionales y 85 por ciento de los departamentales provienen de alguna organización social. Los puestos laborales en la administración pública, las contrataciones de obras pequeñas, la propia atención ministerial requiere el aval de algún sindicato urbano o rural. Hasta la “servidumbre doméstica”, vieja herencia colonial del sometimiento de las mujeres indígenas, ahora impone derechos laborales y de trato digno. Los “indios están alzados”, y la indianitud anteriormente arrojada como estigma o veto al reconocimiento, ahora es un plus que se exhibe para decir quien tiene el poder. En todo ello hay una inversión de la polaridad del capital étnico: del indio discriminado se pasa al indio empoderado.

La plebe, anteriormente arrinconada a las villas y anillos periféricos, invade los barrios de las “clases bien” comprando y alquilando domicilios vecinos rompiendo las tradicionales geografías de clase. Las universidades se llenan de hijos de obreros y campesinos. Los exclusivos shoppings se vulgarizan con familias populares que traen sus costumbres de cargar su comida en aguayo y meterse a los jardines de los prados. Y las oficinas antes llenas de traje, corbata y falda tubo, ahora están atravesados por ponchos, chamarras y polleras.

Para la clase media es el declive del individuo frene al colectivo, del “buen gusto” frente al cholaje que lo envuelve todo y en todas partes. Hasta las clases altas más hábiles en entender el nuevo relato social se agrupan también como gremio y se vuelven diestras en las puestas en escena corporativas.

Pero la clase media tradicional no. La simulación siempre ha sido un estilo de su clase, pero que ahora no le da réditos. Otras apariencias más cobrizas, otros hábitos e incluso otros lenguajes ahora desplazan lo que siempre consideró un derecho hereditario. Y antes que racionalizar el hecho histórico, prefiere ahogarse en las emociones de una decadencia social inconsulta. El resultado será un estado de resentimiento de clase contra la igualdad que lo irradiará hasta sus hijos y nietos. Por eso su consigna preferida es “resistencia”. Se trata de resistir la caída del viejo mundo estamental. Y para ello el fascismo es su modo de encostrarse.

Así, más que una querella por los bienes no adquiridos la rebelión de la clase media tradicional es un rencor encolerizado por lo que considera un desorden moral del mundo, de los lugares que la gente debiera ocupar y de la distribución de reconocimientos que por tradición les debiera llegar.

Por eso el odio es el lenguaje de una clase envilecida que no duda en calificar de “salvajes” al cholaje que la está desplazando. Y es que al final no se puede ganar impunemente la lucha contra la desigualdad. Siempre tendrá un costo social y moral para los menos, pero lo cobrarán.

Esta es también una de las preocupaciones de Piketty en su libro, pues está dando lugar a un surgimiento de un tipo de populismo de derechas y de fascismo alentado por la insatisfacción de estos sectores medios con nulo o bajo crecimiento de sus ingresos. Y en el caso de Bolivia a un tipo de neofascismo con envoltura religiosa.

* Ex vicepresidente de Bolivia en el exilio

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Ex senadora colombiana Aida Merlano habla durante una audiencia en un tribunal en Caracas, Venezuela.Palacio de Miraflores / Reuters

Aida Merlano aseguró que el gobierno colombiano tiene "la intención de asesinarla" y dijo que su escape fue organizado "por la clase dirigente" de su país, "con la colaboración de Germán Vargas Lleras".

La excongresista colombiana, Aida Merlano, le pidió disculpas a Venezuela por su ingreso de una manera ilegal al país, pero aseguró que su "desesperación" la llevo a "buscar refugio", pues se considera "perseguida" por el presidente Iván Duque, a quien señaló de tener "la intención de asesinarla".

Merlano, quien cumplía pena en un recinto penitenciario en su país, estaba prófuga de la justicia luego de haber escapado por la ventana de un consultorio médico donde se sometía a un tratamiento odontológico en octubre del año pasado. Hace una semana las autoridades venezolanas la capturaron en el fronterizo estado Zulia y, este jueves, la excongresista aseguró que su fuga había sido "organizada por la clase dirigente de Colombia con la colaboración del exvicepresidente, Germán Vargas Lleras".

Desde el Palacio de Justicia de Venezuela, en Caracas, y frente a periodistas de diferentes países, Merlano aseguró que fue condenada "por un delito que no cometió", tras "un allanamiento viciado", donde la Fiscalía y miembros de la Policía colombiana "sembraron pruebas" que la incriminaron en delitos como porte de armas, concierto para delinquir, entre otros.

Según la excongresista, esta "conspiración" fue dirigida por el exvicepresidente Vargas Lleras, con ayuda del exfiscal Néstor Humberto Martínez, a quien acuso de ser "la cuota política" de Odebrecht para garantizar que todas las contrataciones fuesen destinadas a los empresarios que financian a distintos parlamentarios de derecha.

"Todo fue un montaje para quitarme del paso, inhabilitarme y guardarme en prisión (…) porque sabían que yo tenía pruebas contundentes para demostrar la corrupción que existe en mi país", sostuvo Merlano.
¿Por qué ella?

Aida Merlano, quien tuvo una larga relación sentimental con Julio Gerlein —cabeza de Valorcon, una de las empresas contratistas más importantes del país—, aseguró había tratado de cambiar la política tradicional que los Gerlein venían haciendo durante muchas décadas en la región Caribe con la "compra y venta de votos".

Según su testimonio, la iniciativa "fue generando mucho malestar entre los Gerlein y los Char, quienes hoy tienen el poder absoluto de la región Caribe porque se han comprado a toda la clase política".

La colombiana acusó a los integrantes de las familias Gerlein y Char de ser los "mayores financiadores de las campañas políticas de los últimos 20 años, desde la primera presidencia de Álvaro Uribe Vélez", y dijo que tenía pruebas. Por eso, se consideró un "objetivo militar" cuando decidió lanzarse como senadora "de forma independiente".

Tras su detención en Colombia, contó Merlano, Char se ofreció a ayudarla para que le quitaran los cargos, a cambio de su silencio. "Los llamé para decirles que iba a declarar en contra de ellos aunque no obtuviera ningún beneficio, entregué pruebas contundentes para demostrar mi inocencia, pero todo me fue negado porque estoy segura que hasta los magistrados fueron sobornados para hundirme".

Luego, la excongresista afirma que intentó lograr un acuerdo con la Corte, pero asegura que no la quisieron escuchar. "Luego me enviaron a un abogado de la familia Char, quien me explicó que habían planificado mi fuga, pero yo sé que el objetivo de esa fuga era asesinarme luego".

La fuga

La excongresista —condenada a 15 años de cárcel por la compra ilegal de votos para las elecciones parlamentarias de 2018—, se fugó en octubre del año pasado. Sin embargo, ella asegura que "no estaba fugada" sino "secuestrada".

"Muchos días después de la fuga es que yo me escapo de una finca a las afueras de Valledupar, donde me tenían secuestrada. Uno de los captores me dijo que pretendían asesinarme y enterrarme en una fosa común. Cuando yo me escapo de esa finca es que Duque aumenta la recompensa ofrecida para mi captura, él lo sabia", dijo Merlano, quien relató que durante su supuesta retención fue víctima de abusos.


Colombia le pide a Guaidó (y no a Maduro) la extradición de una excongresista prófuga capturada en Venezuela: ¿qué hay detrás?

"Él (Duque) y la familia Char y Gerlein tienen intereses en común, si yo hablo, sabe que va a caer él, Santos, media clase política y el Partido Conservador completo", expresó, al tiempo que aseveró que el gobierno de su país había armado un montaje para hacerle creer a la prensa que ella había comprado unos boletos para Barbados. "Querían mostrar que me fugué y estaba en una isla paradisíaca disfrutando de la vida con otra identidad, pero la verdad es que iba a estar enterrada en una fosa común".

Solicitud de ayuda

Por último, la exsenadora colombiana le pidió al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, que "por favor la ayude". "Si este caso se debe llevar a tribunales o instancias internacionales, que por favor me ayude porque yo soy víctima de Duque, sé lo que tramaron en mi contra, me expusieron a cosas terribles en la finca donde me secuestraron", manifestó entre llanto.

"Tengo miedo al gobierno colombiano y a la clase política que busca mi muerte. Si algo le pasa a mi familia en Colombia, que se sepa que los únicos responsables son el gobierno, la familia Char y la Gerlein", finalizó.


Reacciones

Ante esto, la ministra de Justicia de Colombia, Margarita Cabello, aseveró que las declaraciones de Merlano "carecen de todo fundamento, son oportunistas y son una fabricación" del mandatario venezolano, Nicolás Maduro, para supuestamente atacar "la honra" del presidente Duque y las instituciones colombianas.

"El régimen dictatorial de Nicolás Maduro, en lugar de estar produciendo este show mediático, debe entregar inmediatamente a la señora Aída Merlano a las autoridades nacionales para que cumpla su condena en Colombia", agregó la ministra, en declaraciones desde la Casa de Nariño, junto al director de la policía, general Óscar Atehortúa.

La petición de la ministra colombiana es un cambio en la postura de Bogotá, puesto que tras la captura de la excongresista en territorio venezolano, el Ministerio de Justicia de Colombia informó que la solicitud de extradición de Merlano se tramitaría ante el diputado opositor Juan Guaidó, ya que "Colombia no reconoce y por ende no tiene relaciones diplomáticas" con el gobierno de Nicolás Maduro.

Cabello, quien omitió este hecho, recordó que "enterado el ministerio de Justicia de la fuga de Merlano, se ordenó el relevo del director del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario, y se ordenó la destitución de la directora del centro de reclusión El Buen Pastor".

Por su parte, el expresidente colombiano, Álvaro Uribe Velez, quien también salió salpicado en las declaraciones de Merlano, afirmó que así como se interroga a Aída Merlano en Caracas, "también deberían pedir que se interrogue a Farc, ELN y a tanto bandido allá protegido".

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Absuelven a Trump; desea ser presidente vitalicio

Sale ileso y fortalecido: analistas // Mitt Romney, único republicano que vota en su contra

 

 Nueva York. Donald John Trump fue absuelto, y ante ello el acusado bromeó (¿o no?) con ser presidente vitalicio, y por ahora es el primer mandatario impeached en buscar la relección.


El veredicto final del tercer juicio político en la historia de Estados Unidos fue el pronosticado, cada bancada votó la línea de sus respectivos partidos, con una sola excepción. Con ello, el Senado, actuando como jurado, declaró “no culpable” al presidente.


El Senado votó por cada cargo: abuso de poder y obstrucción al Congreso. Cada legislador, en orden alfabético, fue diciendo en voz alta “culpable” o “no culpable”. El conteo del primer delito fue de 52 contra 48 en favor de absolver al presidente, y sólo hubo un senador disidente de su partido, el republicano Mitt Romney.


El voto del segundo cargo fue de 53 contra 47 por exonerar al jefe de la Casa Blanca.


Se requerían dos tercios, 67 de 100 votos, para condenar y destituir al mandatario.


“Por lo tanto, es ordenado y adjudicado que Donald John Trump sea absuelto de los cargos”, proclamó el jefe de la Suprema Corte, John Roberts, quien presidió el juicio político, y así cayó el telón de este espectáculo.


A siete semanas de ser formalmente acusado por la Cámara de Representantes de delitos que ameritan su destitución (lo que se conoce como impeached), después de casi cinco meses de investigaciones, y casi tres semanas de juicio en el Senado, Trump fue exonerado, a pesar de los pruebas abrumadoras presentadas en su contra.


Trump, quien siempre ha denunciado que esto fue “una farsa” y parte de una “cacería de brujas” en su contra, y cuyos aliados denunciaron este esfuerzo como un intento demócrata para “revertir la previa elección e interferir en la próxima”, emitió una primera reacción al resultado tuiteando un meme que había usado anteriormente con su imagen y un calendario electoral en el cual, cada cuatro años, va ganando... a perpetuidad (https://twitter.com/realDonaldTrump/status/1142157838153895941). No es la mejor imagen “democrática”en un sistema que sólo permite dos turnos al presidente.


En otro tuit, el presidente anunció que hará una declaración pública formal acerca de “la Victoria de nuestro País sobre la farsa de impeachment”.


El caso en su contra giraba en torno del intento del presidente de presionar al nuevo gobierno de Ucrania a interferir en la dinámica de la elección presidencial estadunidense para beneficiar los intereses políticos de Trump, como su negativa a cooperar en la investigación del asunto por la cámara baja.


Trump fue calificado por los acusadores demócratas durante el juicio como alguien que se considera “por encima de la ley” al incurrir en “conducta corrupta” para beneficiarse políticamente, poniendo en riesgo la seguridad nacional, vulnerando el proceso electoral y “traicionando” a su país.


De hecho, los diputados demócratas que actuaron como fiscales en el juicio, advirtieron ayer, en un artículo colectivo publicado en el Washington Post, que “el presidente no dejará de tratar de hacer trampa en la próxima elección, hasta que tenga éxito”. Afirmaron que no hubo un juicio real, y por lo tanto este veredicto no es legítimo.


La presidenta de la cámara baja, Nancy Pelosi, la demócrata más poderosa de Washington, declaró: “hoy (ayer) el presidente y los republicanos del Senado han normalizado la ilegalidad y el rechazo al sistema de equilibrios (entre los poderes) en nuestra Constitución”.
Pero este resultado refleja la realidad de que el juicio no es un proceso judicial, sino político. Y con la mayoría republicana controlando el “tribunal”, este fue el veredicto pronosticado casi desde que comenzó el proceso.


El único disidente, Romney, quien fue candidato presidencial republicano hace ocho años, había anunciado su intención poco antes, al afirmar en una entrevista con Fox News: “es difícil para mí imaginar un ataque más serio a la Constitución y una república como la nuestra, que decir que un presidente busca enlistar a un gobierno extranjero para corromper nuestras elecciones con la finalidad de mantenerse en el poder… Eso ocurre en autocracias chatarras. Eso no ocurre en Estados Unidos de América”.


El voto de Romney no es sólo histórico –es el primer senador en votar contra un presidente de su propio partido en un juicio político–, sino aún más importante, en esa coyuntura le roba al presidente de su deseo de poder proclamar que fue un ejercicio partidista en su contra.
Al final del día, Trump, quien ha sido caracterizado como “el presidente más peligroso de los tiempos modernos” por varios legisladores demócratas y otros observadores, sale ileso y por ahora políticamente fortalecido al inicio de su campaña por la relección. En algunas encuestas recientes, y a pesar de lo revelado y declarado en su juicio, su aprobación ascendió al nivel más alto desde que ocupó la Casa Blanca.


Todos esperan que Trump intensificará su ataque contra todo político que se atrevió a desafiarlo, sobre todo a sus ex colaboradores, y sin duda Romney (ayer, uno de los hijos del mandatario llamó a expulsarlo del partido), y que retomará sin ningún sentido de autocrítica su forma de gobernar, algo que quedó claro con su discurso ante el Congreso el martes al rendir el informe presidencial, el cual estaba repleto de por lo menos 31 exageraciones, engaños y mentiras (https://www.washingtonpost.com/politics/2020/02/04/fact-checking-president-trumps-2020-state-union-address/) que sirvió como el arranque de su relección.

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Evo Morales en entrevista con Brecha en Buenos Aires / Foto: Guido Piotrowski

El expresidente de Bolivia duda de que el nuevo gobierno reconozca un eventual triunfo del Mas en las elecciones de mayo. Insiste en la legitimidad de su intento de reelección y cree que la solución al problema de los liderazgos en la izquierda regional pasa por un cambio de mentalidad en los latinoamericanos. En diálogo con Brecha, arremetió contra quienes cuestionan el modelo extractivo en su país y habló sobre su vínculo con el feminismo.

 

Camisa blanca de manga corta, pantalón negro y zapatos al tono, Evo Morales circula por las oficinas de su búnker porteño en la calle Chile, barrio de San Telmo, pegado a su teléfono celular. Es miércoles de mañana y el cierre de candidaturas en Bolivia apremia, por los plazos: el último día es el 3 de febrero. Desde temprano estuvo reunido con más de 20 representantes de diferentes departamentos de Bolivia. En una sala grande definen los candidatos de modo asambleario, todos en ronda. Tras la puerta cerrada se escuchan las diferentes voces. Morales observa, escucha, opina. Sale de la oficina y ante la expectativa de los cronistas saluda sonriente, camina, entra en otra oficina, habla con un interlocutor en Bolivia. El equipo de Brecha había sido citado para la entrevista con el expresidente a las 8.30. La espera termina a las 12.45, cuando Evo Morales finalmente ingresa al salón y se dispone a sentarse para responder a las preguntas. “Pido disculpas por la demora”, dice.

Un día antes, Luis Arce, el candidato presidencial del Movimiento al Socialismo (Mas) y ex ministro de Economía de Morales, aterrizó en suelo boliviano para iniciar la campaña electoral. Lo esperaba el gobierno de Jeanine Áñez con la amenaza de detenerlo bajo acusaciones de corrupción, el lawfare de moda: por no controlar el uso del Fondo Indígena en diferentes proyectos aprobados para su ejecución. La propia fiscal de la causa se encargó de desmentir la existencia de una orden de detención contra Arce y sólo le tomó declaración, a la espera de que sus abogados accedan al voluminoso expediente de veinte cuerpos que forman la causa. Eso fue motivo de debate en las oficinas de la calle Chile, donde ya manejan cifras de las primeras encuestas: 35 por ciento de intención de voto para Arce y algo más del 15 por ciento para Carlos Mesa. La mandataria Áñez aparece un poco más abajo. El dirigente cívico Fernando Camacho y Jorge “Tuto” Quiroga ni siquiera figuran con guarismos significativos, al menos según los sondeos en manos del equipo de prensa de Morales. “Van a buscar perseguirnos”, dice el expresidente, y los asambleístas asienten.

Cuando Brecha le pregunta por su posible candidatura prefiere esquivar el tema. “Estoy para apoyar a los compañeros”, suelta al pasar. Al atardecer del miércoles se conocerá el comunicado del Mas donde se informa que Evo aceptó inscribirse como candidato a la Asamblea Legislativa Plurinacional. Sin embargo, el documento aclara que la inscripción es sólo para habilitar, legalmente y en los plazos establecidos por el cronograma electoral, una eventual candidatura en caso de que las asambleas decidan elegirlo como representante. “El debate de las candidaturas finales aún se está desarrollando”, aclara el comunicado de prensa.

—Después de 14 años en el poder y tras el golpe de Estado ya consumado, ¿qué enseñanzas saca en limpio y qué autocrítica hace hoy sobre su gestión?

—Primero, siempre con el pueblo, todo para el pueblo. Esa es la lucha histórica de la gente marginada. La lucha viene desde la colonia, pasando por la república. Y para estar con el pueblo nos pareció importante tener en cuenta tres cosas: en lo político, la refundación de Bolivia; en lo económico, la nacionalización; y en lo social, la redistribución de la riqueza. Lo más difícil para mi gestión fue la refundación, dejar el Estado colonial y contar con un Estado plurinacional en Bolivia, donde todos tengan los mismos derechos. Se acabó el Estado impostor, las autoridades aparentes, el Estado fallido, las amenazas de hacer desaparecer Bolivia. A partir del Estado plurinacional [se impulsaron] las mejores oportunidades para los más excluidos, que están dentro del movimiento indígena, y para las mujeres. Y todo incluido en la Constitución. En lo económico, para estar con el pueblo, han sido importantes las nacionalizaciones de los recursos naturales y de las empresas estratégicas.

Acá hay una profunda diferencia con la derecha boliviana y con el sistema capitalista, que consideran la salud y la vivienda como servicios. Para nuestro movimiento son derechos. Los servicios básicos son un negocio privado para el capitalismo. Mientras que para nosotros, en el socialismo comunitario, son derechos humanos. Por lo tanto, nuestra defensa va no sólo por los derechos individuales y personales, sino también por los derechos colectivos y de la comunidad. En la cuestión del comercio, para estar con el pueblo, es importante un programa de solidaridad, complementariedad y competitividad.

—¿Y la autocrítica de su gestión?

—[Duda antes de contestar.] En el tema de autocrítica y debilidades… Cuando tu hermano es presidente, algunos sectores tienen mucha y exagerada ambición. Algunos reclaman incluso cosas indeseables para otros sectores sociales. Entonces no están pensando en Bolivia, sino solamente para su sector o para una legión de ciudadanos. Pero cuando se maneja con transparencia el gobierno, con datos económicos, esos sectores lo entienden, aunque les cuesta aceptarlo. Y quiero decir que en la lucha de clases, ideológica, programática, es necesario discutir y trabajar. Los mismos movimientos sociales nos decían en las reuniones que ellos no venían a discutir y evaluar políticas sino a distribuir proyectos y obras. No querían debate ideológico. Y eso hay que trabajarlo durante el proceso de transformación. La realidad es que hay casi tres millones de bolivianos y bolivianas que subieron de la clase humilde o pobre a la clase media y se olvidaron de donde vienen, prefieren no tener compromisos con la sociedad, y ya traen nuevas expectativas. No toman en cuenta que todavía hay muchas familias en la situación en la que ellos estaban antes.

—Eso es un desafío para todos los gobiernos progresistas de la región. Cómo reaccionar ante las nuevas expectativas generadas tras las mejoras logradas por las gestiones gubernamentales.

—Fue todo un desafío para nuestro gobierno, y falta mucho para saber cómo reaccionar y seguir avanzando. En el caso de la administración, nosotros trabajamos los datos y llegamos a la conclusión de que las exageradas subvenciones estatales son una sangría para la economía nacional. No garantizan el futuro económico del país. Hay que combinar la inversión pública hecha para ampliar el aparato productivo con el aspecto laboral y social. De ahí viene la redistribución de la riqueza que permite terminar con la pobreza.

—Esos sectores que según usted reclaman demasiado al gobernante de turno, ¿son aquellos que en noviembre pedían su renuncia? Me refiero a la Central Obrera Boliviana (Cob) y a algunos sindicatos mineros.

—No diría eso… Creo que el pedido de renuncia que ellos hicieron hacia mí fue por una cuestión de miedo. Yo mismo no podía entender cómo la Cob podía pedir mi renuncia para dar oportunidad a la derecha. Ese fue un error político de la Cob, pero no por las reivindicaciones sectoriales de las que hablé antes. Porque ellos mismos me han propuesto que sea candidato a presidente, defendieron mi candidatura y se movilizaron por ella. Hubo un momento en que los tomó el temor y se lanzaron a pedir mi renuncia. Eso lo van a llevar como un error histórico.

—La postulación de Andrónico Rodríguez y de Orlando Gutiérrez, dirigente de la Cob, ¿marca diferencias entre el Mas, la Cob y los mineros?

—No. Estamos unidos. Nunca antes hubo cuatro candidatos. Estamos todos convencidos de que es importante la unidad, porque quien tiene la responsabilidad de conducir el nuevo proceso cuenta con el apoyo de todos.

EL MODELO EXTRACTIVISTA

—Una de las cuestiones comunes a los gobiernos progresistas o de izquierda de los últimos años es la generación de riqueza a través de una matriz similar a la del neoliberalismo: el extractivismo. ¿Cómo se enfrenta este problema?

—El sistema capitalista, además de destrozar el planeta, quiere que los llamados países subdesarrollados se lo cuidemos para su beneficio. Eso no lo comparto. Por supuesto que tenemos que cuidar el ambiente, y en eso soy un convencido. El ser humano no va a poder vivir sin la madre tierra. Y ella va a existir mejor sin el ser humano. Nosotros le planteamos a la Onu como prioridad los derechos de la madre tierra. Recién hace 70 años que en el mundo se dieron cuenta de que los seres humanos tenemos derechos y aparecieron los derechos humanos, los derechos políticos, sociales y económicos. Y recién en 2007 se declararon los derechos de los pueblos indígenas. Pero lo más importante aquí es que los derechos de la madre tierra no existen. Sin la madre tierra no hay vida, y por lo tanto, no hay humanidad.

Cuando se trata de aprovechar nuestros recursos naturales con una planificación a corto, mediano y largo plazo que respete los derechos de la tierra, aquí eso no se vivencia. Cuando el neoliberalismo explotaba el petróleo en reservas forestales, no había nadie que reclamara, ni las Ong ni las fundaciones. Cuando nosotros llegamos al gobierno y empezamos a hacer exploraciones respetando las zonas de reserva natural, empezaron las protestas financiadas desde Estados Unidos o por multinacionales.

—Hay sectores de la izquierda no financiados por Estados Unidos que reclaman contra el modelo extractivista…

—¿Quiénes son esos sectores en Bolivia? Son los troskos que se convierten en la extrema derecha. Ahora se escucha en Bolivia la frase “Otra izquierda es posible”. Y eso lo plantean los troskos. Durante el golpe [no hicieron] ni una manifestación contra la dictadura, y se dicen de izquierda. No puedo hablar de lo que ocurre en otros países con este tema de la explotación de los recursos naturales. Pero te diré lo que hicimos en Bolivia. Dimos valor agregado a nuestros recursos naturales para no tener dependencia en ciencia y tecnología. Eso fue una prioridad.

¿Cuál es el problema que tenemos no sólo los sudamericanos, sino los latinoamericanos en general? Algunos países plantean la liberación política, social y cultural. Y mi experiencia me dice que hay que acompañarla con liberación económica. La liberación política o ideológica sin liberación económica no tiene mucho futuro. Nosotros con las nacionalizaciones hemos garantizado esta liberación, económica y política. Pero el gran problema latinoamericano es que después tenemos que pasar de la nacionalización a la industrialización, con ciencia y tecnología.

—¿Y eso no se logra con las llamadas tecnologías limpias?

—Eso tenemos que lograrlo, por supuesto, con la defensa de la madre tierra y buscando y discutiendo nuevos caminos. Pero para eso los latinoamericanos necesitamos avanzar en ciencia y tecnología.

EL GOLPE Y LA OEA

—Hablando del golpe: ya en 2015 y 2016, tanto Nicolás Maduro desde Venezuela como “Pepe” Mujica en Uruguay habían desautorizado y criticado el rol del secretario general de la Oea, Luis Almagro. ¿Por qué usted, incluso con el golpe en ciernes, demoró tanto en darse cuenta del papel que ahora le atribuye a Almagro, que va en esa misma dirección?

—Fue un error de parte del gobierno nacional [se refiere a su gobierno]. Almagro tiene doble discurso. Alababa nuestra economía, el proceso de cambio. Entiendo que es un gran agente del imperio estadounidense y opera con planes contra los pueblos, incluso sin respetar los estatutos de fundación de la Oea. Debo reconocer como boliviano y como expresidente que fue un error creer que Luis Almagro podría garantizar un proceso democrático en nuestro país.

Pero pese al informe final de la auditoría electoral hemos ganado en la primera vuelta. El informe observa 226 mesas con irregularidades. Si es así, se piden nuevas elecciones en esas mesas y no en toda Bolivia. Si nosotros tenemos en cuenta las 36 mil mesas del país, 226 son mucho menos del 1 por ciento. Incluso si todos esos votos se hubieran contado para la oposición, igual hubiéramos ganado en primera vuelta. Es un golpe de la Oea.

REELECCIÓN Y REFERÉNDUM

—Muchos de los gobiernos de izquierda o progresistas latinoamericanos no han sabido generar una descendencia política de sus liderazgos. ¿Cómo se soluciona esta carencia?

—[Duda, recorre la mesa con la mirada y juega con el grabador.] Yo no creía mucho en eso… Pero ahora me convencí de que es un tema importante. No sé si se trata de trabajar liderazgos de manera conjunta o cuál es la solución. Nunca creí que fuera tan importante el líder que gestó transformaciones profundas en cada uno de sus países. Hay que repensar esta situación.

De todos modos, sigo pensando que siempre está primero el proyecto político de liberación, el programa del pueblo, y luego vienen los cargos correspondientes. Así debe ser. Pero al parecer será una característica latinoamericana que el pueblo dependa siempre de un líder. Hay que cambiar la mentalidad de los latinoamericanos.

—Se lo pregunto porque usted perdió un plebiscito popular en 2016, cuando quería volver a presentarse como candidato presidencial, y de todos modos decidió insistir con el argumento de que “el pueblo lo pidió”. Y finalmente todo terminó en un golpe de Estado. ¿Cómo se entiende esa argumentación?

—En ese referéndum ganó la mentira.

—Pero usted mismo había admitido que estaba preparado para una eventual derrota…

—Pero, por eso, distintos sectores sociales y políticos reaccionaron y buscaron otra vía constitucional para habilitarme como candidato. Mi candidatura no ha sido ilegal ni anticonstitucional. Se buscó jurisprudencia en América Latina con casos ejemplares en Honduras, Nicaragua, Costa Rica… No ha sido un invento de nosotros, los bolivianos.

LOS DOS FEMINISMOS

—Hace algunos meses el exvicepresidente de Nicaragua durante la revolución sandinista, Sergio Ramírez, declaró que la nueva izquierda debe concentrarse en redistribuir la riqueza, pero no discutir la supremacía del capital. ¿Comparte esa visión sobre el rol de la nueva izquierda?

—La redistribución es importante, pero al margen de eso es importante de manera paulatina cerrar las enormes brechas de desigualdad entre familias. Es la única forma de garantizar el socialismo comunitario, del siglo xxi, como usted quiera llamarle. La salud y la educación tienen que ser derechos básicos entre los derechos humanos. Y además de eso tener una economía sin profundas asimetrías, y para eso es importante la redistribución de la riqueza.

—¿Cómo observa al movimiento feminista que va creciendo en América latina?

—Soy feminista. He peleado desde mis años de lucha sindical hasta la lucha electoral para que las hermanas tengan los mismos derechos. Pero dentro del feminismo hay dos líneas. Para un grupo de feministas el primer enemigo es el varón y para otro grupo somos una familia, todos, respetando los derechos de igualdad y equidad. En Bolivia, hasta 1952 las mujeres estaban totalmente marginadas, igual que el movimiento indígena. No tenían participación. Y tanto en la política electoral como en la sindical, la mujer siempre es más honesta que el varón.

—¿Considera que su gobierno logró mejorar el estado de derechos de la mujer?

—Totalmente. Ahora más mujeres acceden a ser bachilleres [liceo y educación secundaria] y a la universidad, y más mujeres salen profesionales. Hay más esperanza de vida y, sobre todo, hay más mujeres en la Asamblea Legislativa Plurinacional. En el mundo somos el segundo o tercer país en participación legislativa de las mujeres.

—Usted ha tenido algunas frases machistas que la prensa se encargó de recopilar, como aquella en la que dice “después de mis años de gestión me voy con mi cato de coca, mi quinceañera y mi charango”…

—[Se ríe.] Yo soy bromista, me gustan las coplas populares. Y en Carnaval las coplas populares tienen algo de machistas. Pero en mi gestión, como nunca antes, se ha garantizado la equidad de género. Repito, las bromas tienen algo de picante y son machistas, tanto en las coplas como en los versos. Pero todas las bolivianas saben que soy feminista.

ELECCIONES Y PLAN B

—¿Qué datos manejan en las encuestas para las elecciones del 3 de mayo?

—Antes de definir los candidatos ya el Mas iba primero en todas las encuestas.

—¿Usted será candidato?

—Por ahora no tengo candidatura desde aquí.

—¿Qué pasa si el Mas gana las elecciones y el gobierno de Áñez no reconoce su triunfo?

—Eso reclama un plan B. Yo también pienso que eso pasará. Pero falta mucho todavía, habrá veedores internacionales, y el proceso electoral está en pleno desarrollo.

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