Martes, 26 Mayo 2020 06:30

Si me muero, sepan quién me mató

Si me muero, sepan quién me mató

Esta es la crónica más delirante y real que escribo en mis 27 años en O Estado de São Paulo. Si muero de Covid-19, sepan que fui asesinado. Sé que puedo morir a pesar de las precauciones que tomo. Estoy desde hace 50 días encerrado en casa. No bajo siquiera para atender a los motoristas que traen medicamentos, compras de supermercados o domicilios. Gasté hectolitros de alcohol desinfectante. Después de recibir una llamada telefónica llegué al extremo de darle un baño al aparato con miedo a ser contaminado por el sonido. Cuando veo los telediarios desconecto si el presidente comienza a hablar, enrabietado, desperdigando saliva, tosiendo, estornudando, dando la mano, insensible, prepotente.

Tengo miedo de infectarme. Aquellos ojos claros que podrían ser amorosos y cordiales nos fusilan con chispas de odio. Cómo debe sufrir quien vive así, a la defensiva. Porque él es pura defensiva todo el tiempo. Según dicen los sabios no podemos mirar los ojos de una persona que lo odia todo, el mundo, la vida, porque podemos atraer a nuestro interior lo que ella tiene de maligno. Existe el peligro de que nos volvamos como ella, malvada, perversa. Doña Ursulina, señora sabia, que guisaba como pocas, abuela de un querido primo, acostumbraba decir respecto de la gente ruin: "Esa no es gente, es el demonio". Y este presidente se dice religioso, acude a las ceremonias de culto, agrada a los fieles, los obispos, los pastores, quienes sean. ¿A quién quiere engañar?

Pero algún dios está atento. Los dioses existen, cada uno bajo una forma, espíritu, soplo divino. Sea mi Dios, sea Mahoma, Jehová, Alá, el Sol, Shiva, Buda, Brahma, Jaina, el conquistador, o Zeus, Júpiter y cuantos más hubiere, y los nuevos que andan por ahí. Bolsonaro me recuerda un dios de los maorís, en Nueva Zelanda, de nombre Whiro, el maléfico, señor de las partes más oscuras de la vida. Leyendo sobre culturas primitivas encontré semejanzas interesantes. Dice Joan Rule en "Los foes de Papúa, Nueva Guinea" (en Las religiones del mundo), que en aquel país, en la tribu de los foes, "los hombres con una relación con las cosas maléficas y que sabían los encantamientos debidos eran favorecidos y no se les molestaba. Por consiguiente, a quienes provocasen la ira del espíritu se le hincharían las piernas o el estómago". ¿Es o no es una definición justa para el bolsonarismo, las milicias, el gabinete del odio, las redes de fake news, la destrucción de personalidades, los ataques a la nauraleza?

Rule nos revela otra creencia que es una metáfora perfecta para nuestros tiempos. Cita la existencia de "Soros, espíritus errantes que andan aquí y allá, siempre a la espera de perjudicar a los humanos". Estos espíritus se hallan encarnados en aquellos que se oponen al confinamiento, predican en favor de la hidrocloroquina (ningún periódico pregunta quién se está lucrando con esta historia), el fin del Tribunal Supremo, el regreso a la dictadura, la tortura, el cierre del Congreso. Porque esta turba es una secta con su dios Bolsonaro, a cuyo lado los Soros y los Whiros son cándidos y celestiales. Sabemos que todas las investigaciones acabarán a manos de la Fiscalía del Estado. No nos ilusionemos. Esta crónica mía es desestructurada de manera adrede, porque retrata los tiempos que vivimos, en los que no sabemos adónde ir, qué hacer, qué pensar, de quién esperar.

Lo que hay que hacer lo saben muchos y tienen en sus manos el poder. Pero no lo hacen. No quieren. ¿Qué es lo que pasa?, díganmelo. ¿Estamos anestesiados? ¿Hipnotizados? ¿Adormecidos? ¿Deprimidos? ¿O es que hemos fumado mucho crack? Para terminar, quiero decir que, si muero de Covid-19, sepan que fui asesinado. No necesitan llamar a la Policía Federal ni a Hercule Poirot, al inspector Maigret, Phillip Marlowe, Sherlock Holmes, Perry Mason, Arséne Lupin, Nero Wolfe, Kay Scarpetta, Miss Marple, Charlie Chan (¡ah, esas series!), ni al inspector Melo Pimenta (Jô Soares), ni a Ed Mort (Veríssimo), Bellini (Tony Bellotto), Mandrake (Rubem Fonseca), el doctor Leite (Luis Lopes Coelho) o el delegado Espinosa (Garcia Roza). Tengo un estante lleno de libros de ellos aquí en casa. No, no es necesario gastar cerebro en investigaciones, si bien ahora, en las series, el crimen es descubierto en laboratorios, con microscopios, dextetropinas, anfetaminas, insulinas, el ADN y productos químicos de que hablan los autores sin tener idea de qué se trata. Sepan, caros lectores, que si muero fui asesinado por el presidente con su interferencia en la Salud Pública. Yo y millares más, puesto que ya superamos los 22 mil muertos.

Por Ignácio de Loyola Brandão, escritor y periodista brasileño.

Traducción de Ricardo Bada

Publicado enSociedad
“La desigualdad de la propiedad crea una enorme desigualdad de oportunidades en la vida”

Thomas Piketty (Clichy, Francia, 1971) propone un pago estatal para todos los ciudadanos, la modificación de la estructura de la riqueza para cambiar el poder de negociación de los actores, discute las consecuencias políticas de la desigualdad. En esta entrevista, el economista expone los puntos más salientes de un posible programa de izquierdas para salir del actual atolladero histórico.

 

Uno de los principales argumentos de su libro Capital e ideología es que “la desigualdad es una ideología”. La desigualdad no es un proceso natural, sino que se funda en decisiones políticas. ¿Cómo llegó a esa conclusión?

 

En mi libro, el término “ideología” no tiene una connotación negativa. Todas las sociedades necesitan la ideología para justificar su nivel de desigualdad o una determinada visión de lo que es bueno para ellas. No existe ninguna sociedad en la historia donde los ricos digan “somos ricos, ustedes son pobres, fin del asunto”. No funcionaría. La sociedad se derrumbaría inmediatamente.

Los grupos dominantes siempre necesitan inventar narrativas más sofisticadas que dicen “somos más ricos que ustedes, pero en realidad eso es bueno para la organización de la sociedad en su conjunto, porque les traemos orden y estabilidad”, “les brindamos una guía espiritual”, en el caso del clero o del Antiguo Régimen, o “aportamos más innovación, productividad y crecimiento”. Por supuesto, estos argumentos no siempre resultan del todo convincentes. A veces son claramente interesados. Guardan algo de hipocresía, pero al menos este tipo de discurso tiene algo de verosimilitud. Si fueran completamente falsos, no funcionarían.

En el libro, investigo la historia de lo que llamo regímenes de desigualdad, que son sistemas de justificación de distintos niveles de desigualdad. Lo que demuestro es que en realidad hay un aprendizaje de la justicia. Hay una cierta reducción de la desigualdad a largo plazo. Hemos aprendido a organizar la igualdad a través del acceso más igualitario a la educación y de un sistema impositivo más progresivo, por dar algunos ejemplos.

Pero este progreso y el conflicto ideológico continuarán. En la práctica, el cambio histórico proviene de las ideas e ideologías en pugna y no solo del conflicto de clases. Existe esta vieja concepción marxista de que la posición de clase determina por completo nuestra visión del mundo, nuestra ideología y el sistema económico que deseamos, aunque en verdad es mucho más complejo que eso, porque para una posición de clase dada existen distintas formas de organizar el sistema de las relaciones de propiedad, el sistema educativo y el régimen impositivo. Existe cierta autonomía en la evolución de la ideología y de las ideas.

 

Aun así, en las democracias el pueblo decide colectivamente a través del voto vivir en ese tipo de sociedades desiguales. ¿Por qué?

 

En primer lugar, es difícil determinar el nivel exacto de igualdad o desigualdad. La desigualdad no siempre es mala. La gente puede tener objetivos muy diferentes en su vida. Algunos valoran mucho el éxito material, mientras que otros tienen otro tipo de metas. Alcanzar el nivel adecuado de igualdad no es algo sencillo.

Cuando digo que los factores determinantes de la desigualdad son ideológicos y políticos no quiero decir que deban desaparecer y que mañana tengamos una igualdad completa. Me parece que encontrar el equilibrio adecuado entre las instituciones es una tarea muy complicada para las sociedades pese a que, insisto, en el largo plazo la desigualdad se ha reducido un poco. Creo que deberíamos tener un acceso más igualitario a la propiedad y a la educación y que deberíamos continuar en esa dirección.

Hemos aprendido que la historia es un proceso no lineal. Con el tiempo avanzamos hacia una mayor igualdad y esto es lo que también ha creado una mayor prosperidad económica en el siglo XX. Sin embargo, también ha habido reveses. Por ejemplo, el colapso del comunismo produjo una desilusión sobre la posibilidad de establecer un sistema económico alternativo al capitalismo, y esto explica en gran medida el aumento de la desigualdad desde finales de la década de 1980.

Pero hoy día, 30 años más tarde, comenzamos a darnos cuenta de que tal vez hemos ido demasiado lejos en aquella dirección. Entonces, comenzamos a repensar cómo cambiar el sistema económico. El nuevo desafío introducido por el cambio climático y la crisis medioambiental también ha puesto el foco en la necesidad de cambiar el sistema económico. Se trata de un complejo proceso en el que las sociedades intentan aprender de sus experiencias.

A veces se olvidan del pasado lejano, reaccionan de manera exagerada y avanzan demasiado lejos en una dirección. Pero me parece que si ponemos la experiencia histórica sobre la mesa –y ese es el objetivo del libro– podemos entender mejor las lecciones y experiencias positivas del pasado.

 

Usted dice que la desigualdad deriva en nacionalismos y populismos. En Alemania y en otros países, los partidos de derecha están en alza. ¿Por qué la derecha suele tener más éxito que la izquierda?

 

La izquierda no se ha esforzado por proponer alternativas. Después de la caída del comunismo, la izquierda ha atravesado un largo periodo de desilusión y desánimo que no le ha permitido presentar alternativas para modificar el sistema económico. El Partido Socialista en Francia o el Partido Socialdemócrata en Alemania no han intentado realmente cambiar las reglas del juego en Europa tanto como debieran haberlo hecho.

En algún momento aceptaron la idea de que el libre flujo de capital, la libre circulación de bienes y servicios y la competencia por los mercados entre países eran suficientes para lograr la prosperidad y que todos nos beneficiemos de ella. Pero, en cambio, lo que hemos visto es que esto ha beneficiado principalmente a los sectores con un elevado capital humano y financiero y a los grupos económicos con mayor movilidad. Los sectores bajos y medios se sintieron abandonados.

También hubo partidos nacionalistas y xenófobos que propusieron un mensaje muy simple: vamos a protegerlos con las fronteras del Estado-nación, vamos a expulsar a los migrantes, vamos a proteger su identidad como europeos blancos, etc. Por supuesto, al final esto no va a funcionar. No se reducirá la desigualdad ni se resolverá el problema del calentamiento global. Pero dado que no existe un discurso alternativo, una gran parte del electorado se desplazó hacia estos partidos.

Aun así, una gran parte incluso más grande del electorado decidió quedarse en casa. Simplemente no votan, no debemos olvidar eso. Si los grupos socioeconómicos más bajos demostraran entusiasmo por Marine Le Pen o por Alternativa por Alemania, la tasa de participación ascendería a 90%. Eso no es lo que está ocurriendo. Tenemos un nivel muy reducido de participación, especialmente entre los grupos socioeconómicos más bajos, los cuales están a la espera de una plataforma política o una propuesta concreta que realmente pueda cambiar sus vidas.

 

Usted propone un pago estatal único (“herencia para todos”) de 120.000 euros para todos los ciudadanos cuando alcancen la edad de 25 años. ¿Qué se conseguiría con eso?

 

En primer lugar, este sistema de “herencia para todos” sería un paso más de un sistema de acceso universal a bienes y servicios públicos fundamentales, incluidos la educación, la salud, las pensiones y un ingreso ciudadano. El objetivo no es reemplazar estos beneficios, sino sumar esta herramienta a las ya existentes. ¿Para qué serviría?

Si uno tiene una buena educación, una buena salud, un buen empleo y un buen salario, pero necesita destinar la mitad de su salario a pagar un alquiler a los hijos de propietarios que reciben ingresos por alquileres durante toda su vida, creo que hay un problema. La desigualdad de la propiedad crea una enorme desigualdad de oportunidades en la vida. Algunos tienen que alquilar toda su vida. Otros reciben rentas durante toda su vida. Algunos pueden crear empresas o recibir una herencia de la empresa familiar. Otros nunca llegan a tener empresas porque no tienen siquiera un mínimo de capital inicial para empezar. Más que nada, es importante darse cuenta de que la distribución de la riqueza se ha mantenido muy concentrada en pocas manos en nuestra sociedad.

La mitad de los alemanes tiene menos del 3% de la riqueza total del país y, de hecho, la distribución empeoró desde la reunificación de Alemania. ¿Es esto lo mejor que podemos hacer? ¿Qué proponemos para cambiarlo? Esperar que llegue el crecimiento económico y el acceso a la educación sin hacer nada no es una opción. Eso es lo que hemos estado haciendo durante un siglo y la mitad inferior de la escala de distribución de los ingresos todavía no posee nada.

Cambiar la estructura de la riqueza en la sociedad implica cambiar la estructura del poder de negociación. Quienes no tienen riqueza están en una posición de negociación muy débil. Se necesita encontrar un empleo para pagar el alquiler y las cuentas cada mes, y se debe aceptar lo que se ofrece. Es muy distinto tener 100.000 o 200.000 euros en lugar de 0 o 10.000. La gente que tiene millones tal vez no se da cuenta, pero para aquellos que no tienen nada o que a veces solo tienen deudas, significa una gran diferencia.

 

En su país natal, Francia, el impuesto al carbono derivó en la protesta de los chalecos amarillos. ¿Cuál fue en este caso el error de cálculo político?

 

Para que los impuestos sobre el carbono sean aceptables, deben ir acompañados de la justicia tributaria y fiscal. En Francia, el impuesto al carbono solía ser bien aceptado y se aumentaba año tras año. El problema es que el gobierno de Emmanuel Macron utilizó los ingresos fiscales del impuesto sobre el carbono para hacer un enorme recorte de impuestos para el 1% más rico de Francia, suprimiendo el impuesto sobre la riqueza y la tributación progresiva sobre las rentas del capital, los intereses y los dividendos.

Esto enervó a la gente porque se le dijo que la medida era para la lucha contra el cambio climático pero, de hecho, fue solo para hacer un recorte impositivo a aquellos que financiaron su campaña política. Así es como se destruye la idea de los impuestos sobre el carbono. Uno debe ser muy cuidadoso en Alemania porque también puede haber muchos sentimientos negativos, especialmente en los grupos socioeconómicos más bajos. Para que un impuesto al carbono funcione, tiene que incluir los costos sociales y debe ser aceptado por el conjunto de la sociedad.

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Por Thomas Piketty es director de investigación en la École des Hautes Études en Sciences Sociales, profesor en la Paris School of Economics y codirector de la World Inequality Database. Es autor de los libros El capital en el siglo XXI y de Capital e Ideología.

Este artículo se publicó anteriormente en Nueva Sociedad

Publicado enEconomía
Miércoles, 29 Abril 2020 07:00

No la desaprovechemos

No la desaprovechemos

La coyuntura giró, y no pocos grados, y nos obliga a resituarnos en la totalidad que somos, sin quedar exentas de ello las más diversas expresiones de lo social-alternativo. Es un giro fenomenal, con profundas connotaciones e implicaciones en todos los órdenes, tanto que da pavor revisarlas y proyectar sus posibles desenlaces.

Ese giro no va de 0 a 180, en tanto el ángulo ya estaba desplazado varios grados, es decir, las tensiones ahora incrementadas y que tienen enfrentadas a las potencias en diversidad de escenarios ya habían obligado a sentar sus piezas en temas como comercio, mercados, divisas, control territorial, armamentismo, ciencia, energía, medio ambiente, etcétera. Pero, aunque la inclinación es muy profunda, no lo es como para llegar al punto máximo de la contradicción capitalista, por alcanzar cuando el generalizado conflicto armado entre potencias tome forma. ¿10, 20, 30 años?

El desplazamiento es lento pero continuo, con ascenso hacia los extremos como en Oriente Medio, o con otros pulsos menos violentos pero no por ello menos riesgosos, como la llamada guerra comercial. Y en esas aparece este nuevo ingrediente del virus que, con su potente carga, implosionó la vieja estructura económica capitalista, que ya venía resquebrajada. ¿De las potencias y los imperios, quién saldrá mejor librado del vuelo y la caída de hierros viejos, lanzados por doquier por el diminuto engranaje que tiene encerrados a millones en todo el mundo?

De momento, y como factor desfavorable para quienes nos esforzamos por una sociedad global en democracia plena, directa, participativa, radical, plebiscitaria, nos llega con pasos agigantados la sociedad del control y el disciplinamiento, cuyo ensayo, tramitado mediante la tarea de atizar el miedo a la parca, halla en la totalidad de los Estados el espacio y el eco suficientes para darle espacio. Es esta una realidad que nos regresa varias décadas en la lucha por la efectiva concreción de los Derechos Humanos, cuya carta ya cuenta con diversos ítems que no van más allá de la letra muerta.

Bien. Mientras quede claro si el imperio aún hoy dominante en el nivel global puede sostenerse sin ceder mucho espacio, o si sus contrarios, China a la cabeza, avanzan de manera notoria en la disputa por desplazarlo, lo importante para los sectores alternativos es “aprovechar en río revuelto”, dicho de la mejor manera, sacándole la mejor tajada a la oportunidad. Y para así lograrlo, qué mejor que:

1. Retomar y exprimir aquella enseñanza que llamaba la atención sobre las posibilidades de aprendizaje en el escaso tiempo desprendido de las crisis, tiempo breve por lo general, en el que se aprende lo que en tiempo frío toma años.
2. Como parte de ello, desplegar en la integridad del cuerpo social una campaña, con subcampañas, reivindicando todo lo público como beneficio colectivo, y con planeación, administración y control pleno de sus propietarios.
3. Reivindicar lo público, que debe ir más allá del Estado, saltándolo y pasando a lo común, para recuperar entre todos lo que es precisamente de todos.
4. Apropiarse el conjunto social de lo que le pertenece, que debe comenzar por exigir y hacer realidad que la salud no esté en manos de empresas privadas, manejada con criterios de compra-venta y rentabilidad como su razón de ser. La salud, como derecho fundamental, tiene como propósito la garantía de la vida en toda la extensión de la palabra, y para así conseguirlo la sociedad, a través del aparato que la representa, no puede ahorrar dinero ni esfuerzos.
5. Garantizar el acceso a los servicios de agua, luz y gas. ¿Pero cómo alcanzar una vida digna si al refugio donde recuperamos fuerza, donde compartimos con los seres más cercanos nuestras tristezas y nuestras alegrías, no llega el vital líquido que, dicen, representa el 60 por ciento del cuerpo humano? ¿Y cómo satisfacer nuestras necesidades mínimas si no podemos encender una resistencia para cocinar o calentar los alimentos, o encender una bombilla para iluminar nuestras dolencias y nuestras quimeras? La mayor vileza del espíritu de negocio predomina en las empresas propietarias de lo que es de todos. Aquellas, afanadas por la rentabilidad, venden en tarjetas prepago el ‘derecho’ a recibir luz y pagar la reconexión para que podamos gozar del fluir de agua por los grifos instalados en nuestra vivienda. ¿Para qué mostrar en los balances de las empresas, llamadas públicas, tantos millones de rentabilidad si parte de los propietarios de esas empresas no pueden beneficiarse de la existencia de las mismas?
6. Conseguir que la estructura política, a través de la cual nos administramos, tome como reto la reorganización de las megaciudades, territorios que, de ser evidencia del desarrollo humano, han terminado por constituirse en epicentros de muerte y no futuro. Y como parte de su reorganización, que debe partir por despoblarlas notablemente, para el caso de las que cuentan con varios millones de seres humanos –con aceptación plena y consciente de quienes allí habitan– reubicar el 30 o el 40 por ciento de las mismas, fundando con esos millones nuevas ciudades, o repoblando algunas que tengan algunos miles y cuenten a su alrededor con suficientes recursos renovables.

En fin, se trata de un conjunto de retos mayúsculos, estos y otros, posibles de encarar y concretar. Es evidente que sí es posible, como lo ha dejado ver la actual crisis, en que los gobernantes, salvando sus intereses y los de la clase que representan, han soltado amarras y satisfecho un conjunto de gastos e inversiones a los que se negaban hasta no hace más de un mes, siempre bajo el prurito de “la economía no lo permite”, “eso es populismo” y otras muchas frases de cajón para justificar la continuidad de un injusto estado de cosas.

Sí se puede. Otro mundo es posible. Otra sociedad es posible. Otra democracia sí es posible, y para ello, además de lo ya anotado, debemos enrutarnos hacia:

Acometer la construcción de redes de producción, transporte, mercadeo, alimentos, ropa, implementos deportivos.
Emprender la limpieza/desintoxicación de terrenos rurales y sembrar todo tipo de alimentos fundamentales, priorizando fuentes de proteínas y sus complementos para su buena digestión, así como aporte de minerales, carbohidratos, vitaminas y demás sustancias fundamentales para la vida.

Fortalecer redes ya existentes, como las de acueductos comunitarios, impidiendo la privatización de los varios centenares de los que aún protegen de manera comunitaria los ríos, las cuencas y los territorios aledaños a sus municipios.

Brindar todo tipo de apoyo para potenciar la diversidad de procesos comunitarios que tienen como propósito la protección de bosques, ríos, páramos, humedales, que lideran procesos, siempre en procura de un mejor ambiente para que la variedad de especies animales, incluida la humana, lleven una vida de calidad y en armonía.

Darles fuerza y extensión a las redes de protectores de semillas, poniendo un dique contra la agricultura industrial y los organismos genéticamente modificados, recuperando la memoria de nuestros bosques y sentando bases para que la soberanía alimentaria sea una realidad.

Poner en práctica la asamblea local como espacio de base y encuentro, deliberación y toma de decisiones abiertas, en todas las comunidades, sean barrios, colegios, empresas, conjuntos residenciales o veredas. Sesionar como mínimo una vez al mes, y, con la conciencia y la participación del mayor número de personas, avanzar hacia la toma –en manos de la comunidad– de todo aquello que le pertenece, y que hoy está en manos de un Estado ausente o bajo control del capital.

Potenciar un tejido entre asambleas, desde lo local a lo regional y nacional, que estimule y potencie el encuentro, la deliberación y la toma de decisiones de manera colectiva, para ir más allá de nuestros intereses inmediatos como comunidad, y, englobándonos con otros, delineemos el país que soñamos. Con ello, materializar la certeza de que otra democracia sí es posible.

Toda crisis trae una oportunidad. No desaprovechemos la que tenemos ante nosotros para encarar los retos y las transformaciones que nos demanda el ahondamiento de la lucha social en los meses que se avecinan.

 

 

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Publicado enColombia
Lunes, 27 Abril 2020 18:25

No la desaprovechemos

No la desaprovechemos

La coyuntura giró, y no pocos grados, y nos obliga a resituarnos en la totalidad que somos, sin quedar exentas de ello las más diversas expresiones de lo social-alternativo. Es un giro fenomenal, con profundas connotaciones e implicaciones en todos los órdenes, tanto que da pavor revisarlas y proyectar sus posibles desenlaces.

Ese giro no va de 0 a 180, en tanto el ángulo ya estaba desplazado varios grados, es decir, las tensiones ahora incrementadas y que tienen enfrentadas a las potencias en diversidad de escenarios ya habían obligado a sentar sus piezas en temas como comercio, mercados, divisas, control territorial, armamentismo, ciencia, energía, medio ambiente, etcétera. Pero, aunque la inclinación es muy profunda, no lo es como para llegar al punto máximo de la contradicción capitalista, por alcanzar cuando el generalizado conflicto armado entre potencias tome forma. ¿10, 20, 30 años?

El desplazamiento es lento pero continuo, con ascenso hacia los extremos como en Oriente Medio, o con otros pulsos menos violentos pero no por ello menos riesgosos, como la llamada guerra comercial. Y en esas aparece este nuevo ingrediente del virus que, con su potente carga, implosionó la vieja estructura económica capitalista, que ya venía resquebrajada. ¿De las potencias y los imperios, quién saldrá mejor librado del vuelo y la caída de hierros viejos, lanzados por doquier por el diminuto engranaje que tiene encerrados a millones en todo el mundo?

De momento, y como factor desfavorable para quienes nos esforzamos por una sociedad global en democracia plena, directa, participativa, radical, plebiscitaria, nos llega con pasos agigantados la sociedad del control y el disciplinamiento, cuyo ensayo, tramitado mediante la tarea de atizar el miedo a la parca, halla en la totalidad de los Estados el espacio y el eco suficientes para darle espacio. Es esta una realidad que nos regresa varias décadas en la lucha por la efectiva concreción de los Derechos Humanos, cuya carta ya cuenta con diversos ítems que no van más allá de la letra muerta.

Bien. Mientras quede claro si el imperio aún hoy dominante en el nivel global puede sostenerse sin ceder mucho espacio, o si sus contrarios, China a la cabeza, avanzan de manera notoria en la disputa por desplazarlo, lo importante para los sectores alternativos es “aprovechar en río revuelto”, dicho de la mejor manera, sacándole la mejor tajada a la oportunidad. Y para así lograrlo, qué mejor que:

1. Retomar y exprimir aquella enseñanza que llamaba la atención sobre las posibilidades de aprendizaje en el escaso tiempo desprendido de las crisis, tiempo breve por lo general, en el que se aprende lo que en tiempo frío toma años.
2. Como parte de ello, desplegar en la integridad del cuerpo social una campaña, con subcampañas, reivindicando todo lo público como beneficio colectivo, y con planeación, administración y control pleno de sus propietarios.
3. Reivindicar lo público, que debe ir más allá del Estado, saltándolo y pasando a lo común, para recuperar entre todos lo que es precisamente de todos.
4. Apropiarse el conjunto social de lo que le pertenece, que debe comenzar por exigir y hacer realidad que la salud no esté en manos de empresas privadas, manejada con criterios de compra-venta y rentabilidad como su razón de ser. La salud, como derecho fundamental, tiene como propósito la garantía de la vida en toda la extensión de la palabra, y para así conseguirlo la sociedad, a través del aparato que la representa, no puede ahorrar dinero ni esfuerzos.
5. Garantizar el acceso a los servicios de agua, luz y gas. ¿Pero cómo alcanzar una vida digna si al refugio donde recuperamos fuerza, donde compartimos con los seres más cercanos nuestras tristezas y nuestras alegrías, no llega el vital líquido que, dicen, representa el 60 por ciento del cuerpo humano? ¿Y cómo satisfacer nuestras necesidades mínimas si no podemos encender una resistencia para cocinar o calentar los alimentos, o encender una bombilla para iluminar nuestras dolencias y nuestras quimeras? La mayor vileza del espíritu de negocio predomina en las empresas propietarias de lo que es de todos. Aquellas, afanadas por la rentabilidad, venden en tarjetas prepago el ‘derecho’ a recibir luz y pagar la reconexión para que podamos gozar del fluir de agua por los grifos instalados en nuestra vivienda. ¿Para qué mostrar en los balances de las empresas, llamadas públicas, tantos millones de rentabilidad si parte de los propietarios de esas empresas no pueden beneficiarse de la existencia de las mismas?
6. Conseguir que la estructura política, a través de la cual nos administramos, tome como reto la reorganización de las megaciudades, territorios que, de ser evidencia del desarrollo humano, han terminado por constituirse en epicentros de muerte y no futuro. Y como parte de su reorganización, que debe partir por despoblarlas notablemente, para el caso de las que cuentan con varios millones de seres humanos –con aceptación plena y consciente de quienes allí habitan– reubicar el 30 o el 40 por ciento de las mismas, fundando con esos millones nuevas ciudades, o repoblando algunas que tengan algunos miles y cuenten a su alrededor con suficientes recursos renovables.

En fin, se trata de un conjunto de retos mayúsculos, estos y otros, posibles de encarar y concretar. Es evidente que sí es posible, como lo ha dejado ver la actual crisis, en que los gobernantes, salvando sus intereses y los de la clase que representan, han soltado amarras y satisfecho un conjunto de gastos e inversiones a los que se negaban hasta no hace más de un mes, siempre bajo el prurito de “la economía no lo permite”, “eso es populismo” y otras muchas frases de cajón para justificar la continuidad de un injusto estado de cosas.

Sí se puede. Otro mundo es posible. Otra sociedad es posible. Otra democracia sí es posible, y para ello, además de lo ya anotado, debemos enrutarnos hacia:

Acometer la construcción de redes de producción, transporte, mercadeo, alimentos, ropa, implementos deportivos.
Emprender la limpieza/desintoxicación de terrenos rurales y sembrar todo tipo de alimentos fundamentales, priorizando fuentes de proteínas y sus complementos para su buena digestión, así como aporte de minerales, carbohidratos, vitaminas y demás sustancias fundamentales para la vida.

Fortalecer redes ya existentes, como las de acueductos comunitarios, impidiendo la privatización de los varios centenares de los que aún protegen de manera comunitaria los ríos, las cuencas y los territorios aledaños a sus municipios.

Brindar todo tipo de apoyo para potenciar la diversidad de procesos comunitarios que tienen como propósito la protección de bosques, ríos, páramos, humedales, que lideran procesos, siempre en procura de un mejor ambiente para que la variedad de especies animales, incluida la humana, lleven una vida de calidad y en armonía.

Darles fuerza y extensión a las redes de protectores de semillas, poniendo un dique contra la agricultura industrial y los organismos genéticamente modificados, recuperando la memoria de nuestros bosques y sentando bases para que la soberanía alimentaria sea una realidad.

Poner en práctica la asamblea local como espacio de base y encuentro, deliberación y toma de decisiones abiertas, en todas las comunidades, sean barrios, colegios, empresas, conjuntos residenciales o veredas. Sesionar como mínimo una vez al mes, y, con la conciencia y la participación del mayor número de personas, avanzar hacia la toma –en manos de la comunidad– de todo aquello que le pertenece, y que hoy está en manos de un Estado ausente o bajo control del capital.

Potenciar un tejido entre asambleas, desde lo local a lo regional y nacional, que estimule y potencie el encuentro, la deliberación y la toma de decisiones de manera colectiva, para ir más allá de nuestros intereses inmediatos como comunidad, y, englobándonos con otros, delineemos el país que soñamos. Con ello, materializar la certeza de que otra democracia sí es posible.

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Publicado enEdición Nº267

La crisis global acelerada por el coronavirus ha disuelto las premisas históricas y político culturales sobre las cuales los gobiernos venían adelantado sus gestiones rutinarias. De un modo paulatino se van decantando las medidas locales y globales teniendo como pauta las orientaciones conceptuales de los epidemiólogos. Ya se tenía un antecedente próximo de una pandemia similar: el brote del Ebola en los años 2014-2015 que tuvo un desarrollo circunscrito al continente africano.

Una comisión financiada por el gobierno de Obama, evaluó esa trágica experiencia y adelantó propuestas tendientes a preparar una respuesta global y específica ante el surgimiento de una pandemia semejante. Ese intento de poner el Capitalismo de Estado al servicio del bien común fracasó con la llegada de Trump a la presidencia. Con su consigna “América primero” que no era otra cosa que una fórmula patriotera para proclamar Primero yo y Mi familia, tomó las medidas pertinentes para desechar la iniciativa.
Ahora Trump con gesto grave de vencedor afirma que el manejo de la crisis acelerada por el coronavirus, es un éxito donde pueden perecer de 100.000 a 200.000 norteamericanos. Un defensor texano del presidente pide que los abuelitos se sacrifiquen para salvar la economía. La generación de Vietnam que sobrevivió a la guerra, una generación de perdedores para los estándares valorativos del capitalismo norteamericano, ahora es convocada a la heroicidad final. Al fin esos perdedores podrían proclamar una victoria agónica y convertirse en ganadores, como Trump, y así realizar el sueño americano.

En paralelo, la pandemia global obligado a los gobernantes a tomar medidas extraordinarias. Algunos piensan que es posible, una vez superada la amenaza, volver a la normalidad y a los negocios, como siempre. Esa aspiración es insostenible. Lo sucedido puso en cuestión el tipo de intercambio que se da entre la naturaleza y el modo de producción capitalista. Ahora es necesario superar la economía política como ha funcionado por más de tres siglos, y avanzar hacia una bioeconomía.

En esa dirección, es una fortuna para Colombia tener una propuesta bien sustentada para realizar esa tarea histórico-cultural. Me refiero al informe de la Comisión de sabios titulado: “Colombia hacia una sociedad del conocimiento”. La tesis central del informe lo resume la siguiente afirmación: “[…] la economía colombiana debe sustentarse en el conocimiento”.

En correspondencia con ese axioma conceptual, propone que la investigación se oriente por misiones. Se trata de retomar la experiencia histórica de misiones como la de llegar a la luna, propuesta por Kennedy al iniciar su mandato. La Investigación orientada por misiones requiere un compromiso del conjunto de la sociedad y de su Estado para realizarse.

El informe presenta un conjunto de misiones razonables y realizables, de las cuales quiero destacar la Misión: Colombia biodiversa, la cual tiene dos programas orientadores, la bioeconomía y la economía creativa. La política pública a desarrollar formará parte del Proyecto Biogenoma de la Tierra y se articulará con la Red Global de Biodiversidad Genómica.

Ahora bien, asumir tal Misión no es posible con el actual gobierno. Hay que generar un consenso político que permita crear un gobierno de transición que facilite las tareas actuales para enfrentar y superar la crisis, y que cree las condiciones para que una vez superada se convoquen unas elecciones blindadas contra el fraude electoral, especialmente en los departamentos de la Costa Atlántica.

 Estamos, pues, como dijo la primera Misión de sabios del años 1994 “Al Filo de la oportunidad”. Pero mejor aún, tenemos un proyecto para su realización: “Colombia hacia una sociedad del conocimiento”.

 

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Publicado enEdición Nº267
Lunes, 20 Abril 2020 06:41

Pandemonio

Pandemonio

Qué es peor: gritar "fuego" dentro de un teatro lleno, cuando no hay nada, o gritar "no hay fuego" cuando el teatro se está incendiando? El régimen estadunidense hizo lo segundo, y la consecuencia directa de ello es la multiplicación de víctimas cada día, cada hora, con una tasa mortal desproporcionada entre afroestadunidenses y latinos, entre ellos inmigrantes, ya que la pandemia revela claramente que la peor "condición prexistente" es la pobreza. Para evadir su responsabilidad, Trump y sus cómplices han buscado, igual que siempre, encubrir la realidad y asfixiar, o volver irrelevante la verdad, buscando atrapar a todos dentro del teatro de su reality show. Para lograrlo tiene que crear un pandemonio, abriendo el paso al virus más letal contra las democracias.

Van más de 18 mil declaraciones falsas o engañosas documentadas en lo que va en los tres años del presidente; un promedio de más de 15 diarias (https://www.washingtonpost.com/ graphics/politics/trump-claims- database/?itid=lk_inline_manual_2&itid= lk_inline_manual_2), incluyendo por lo menos 350 acerca del coronavirus. Van 2 mil tuits atacando los medios desde que llegó a la Casa Blanca, acusando que son "enemigos del pueblo" ( https://pressfreedomtracker.us/ blog/trump-crisis-mode-tweets- his-2000th-attack-press/). Todo parte de una estrategia sistemática no sólo para anular la legitimidad de los medios, sino con el fin de minar su credibilidad entre el público y sembrar la duda sobre los hechos y verdades que reportan. (https://cpj.org/reports/ 2020/04/trump-media-attacks- credibility-leaks.php).

“Muchos de los que estábamos profundamente preocupados sobre Trump desde el inicio, lo estábamos específicamente sobre qué ocurriría cuando llegara su momento del incendio del Reichstag”, comenta Jason Stanley, profesor de filosofía de Yale y autor de Cómo funciona el fascismo, en comentarios a The New Yorker. Observó que a diferencia de ese incidente usado por Hitler para culpar a los comunistas e imponer la suspensión de libertades civiles en Alemania, esta crisis del coronavirus no fue fabricada, pero Trump la está usando de la misma manera, ocupando la atención publica, exigiendo obediencia, y buscando ampliar sus poderes ejecutivos. El magnate habla y hace política como fascista, y aunque aún no ha logrado gobernar como uno, Stanley –entre otros– no descarta que podría llegar una coyuntura en la cual eso ocurra. Señala que mucha gente lo acusa de exagerar cuando usa la palabra fascismo, pero les advierte que será muy tarde cuando "ya esté el campo de concentración".

Entre otros actos recientes que podrían aumentar estas preocupaciones, Trump declaró que "el presidente tiene autoridad total", despidió al inspector independiente encargado de vigilar el uso del fondo de rescate económico para empresas para nombrar a uno de sus leales, y amenazó con cerrar esta sesión del Congreso para instalar a funcionarios sin tener que esperar su ratificación, algo que ninguno de sus antecesores se había atrevido ni a pensar.

La semana pasada, Trump tuiteó: “Liberen Minnesota… liberen Michigan… liberen Virginia”, en apoyo a agrupaciones de manifestantes derechistas, algunos armados y otros con sus niños, quienes llegaron a las sedes del gobierno estatal de esas entidades –todos con gobernadores demócratas– para exigir el fin de las medidas de distanciamiento social contra el coronavirus. Una manifestante llevaba una pancarta en que se leía: "distanciamiento social = comunismo". Críticos señalaron que Trump estaba incitando violar la ley al respaldar el derrocamiento de esos gobiernos.

Mientras, aunque la estrategia trumpista para su relección es redoblar su mensaje ultranacionalista (por eso los ataques a la OMS y China, y contra las amenazas extranjeras, incluidos los migrantes), estas maniobras ominosas no se quedan dentro de estas fronteras, advirtió Noam Chomsky en entrevista con Democracy Now: “Al grado de que uno puede detecta alguna política coherente en la locura de la Casa Blanca… hay un esfuerzo para construir una internacional de los estados más reaccionarios y opresores, encabezados por el gánster en la Casa Blanca”.

El pandemonio de la pandemia podría ser más peligroso que el virus.

https://www.youtube.com/ watch?v=wyjNRmSPVMM

https://www.youtube.com/watch?v= la1q1aRUaNg&feature=youtu.be

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Bolsonaro alienta una intervención militar para cerrar el Congreso

Protesta en Sao Paulo contra cuarentena

Sao Paulo. El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, arengó ayer a manifestantes que, rompiendo la cuarentena por la pandemia del nuevo coronavirus, se concentraron frente a un cuartel general del ejército para exigir una intervención militar y el cierre del Congreso, horas después de que miles participaron en una protesta virtual con cubrebocas en los cuales se leía: "fuera Boslonaro" .

"No queremos negociar nada", gritó el presidente desde el toldo de una camioneta al dirigirse a los manifestantes que se agolparon en el lugar con pancartas llamando a una "intervención militar, ya" y a defender el AI-5 (Acta Institucional 5), que en 1968 cerró el Congreso y suprimió garantías constitucionales.

"Estoy aquí porque creo en ustedes y ustedes están aquí porque creen en Brasil", gritó el neofascista Bolsonaro ante los manifestantes, de quienes se mantuvo algunos metros distante. Niños y ancianos, algunas personas con máscaras, estaban en la primera línea de la movilización que reunió a unas 600 personas.

Bolsonaro critica constantemente a los líderes del Congreso, a los gobernadores y alcaldes que defienden las medidas de cuarentena y distanciamiento social para contener la propagación del Covid-19 que en Brasil ya lleva 2 mil 462 muertos y 38 mil 654 infectados.

El mandatario demerita la letalidad del nuevo coronavirus, al cual califica de "gripecita", promueve aglomeraciones y se pronuncia rei-teradamente a favor de la apertura del comercio y las escuelas.

"Ustedes tienen la obligación de luchar por su país. Cuenten con su presidente para hacer todo lo que sea necesario con el fin de mantener la democracia y garantizar nuestra libertad", expresó Bolsonaro, quien en intervenciones previas ha condenado las restricciones de circulación y de actividad comercial implementadas en el país por la crisis de salud.

En breve discurso, el presidente no cuestionó el pedido de intervención militar ni las consignas a favor del cierre del Congreso.

"Todos en Brasil tienen que entender que están sometidos a la voluntad del pueblo brasileño", sostuvo.

"Un día juramos dar la vida por la patria y vamos a hacer lo posible para cambiar el destino de Brasil", consignó Bolsonaro, interrumpiendo su discurso por una crisis de tos.

El gesto del mandatario fue condenado por políticos y portavoces de los poderes públicos brasileños. "Asusta ver manifestaciones por el regreso del régimen militar, después de 30 años de democracia", manifestó Luís Roberto Barrozo, juez del Supremo Tribunal Federal.

"Es lamentable que el presidente se adhiera a manifestaciones antidemocráticas. Es hora de la unión alrededor de la Constitución contra toda amenaza a la democracia", tuiteó el ex presidente Fernando Henrique Cardoso.

El ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), publicó en Twitter: "La misma Constitución que permite que un presidente sea electo democráticamente tiene mecanismos para impedir que conduzca al país a la destrucción de la democracia y a un genocidio de la población".

Horas antes, durante un acto convocado por el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra, Lula reiteró sus críticas a la gestión de Bolsonaro. "La única posibilidad de que parte de la sociedad permanezca aislada es que reciba dinero. No es secundario y es responsabilidad del Estado".

Gleisi Hoffmann, presidenta del PT, consideró que la convocatoria es una "receta perfecta para la tragedia".

El presidente del Congreso, Rodrigo Maia, escribió en Twitter: "no hay camino fuera de la democracia. No tenemos tiempo qué perder con retóricas golpistas".

Veinte gobernadores suscribieron una carta en apoyo al Congreso nacional.

En Sao Paulo, donde comenzaron a utilizarse excavadoras para abrir fosas en el mayor cementerio del estado, también hubo movilizaciones contra la cuarentena.

La entidad, que reporta mil 15 muertos y 14 mil 267 casos, es el epicentro de la enfermedad en Brasil. El gobernador Joao Doria, visto como un rival político por Bolsonaro, expresó su repudio a la acción del presidente.

Personalidades como el cantautor Caetano Veloso, Patricia Pillar, Leticia Sabatella y Nanda Costa protestaron desde su casa y usaron un filtro de mascarilla con la frase "Fuera Bolsonaro".

La movilización popular contra el neofascista y su gobierno se afianzó en redes sociales tras la destitución de Luiz Henrique Mandetta, el ahora ex ministro de Salud, quien defendió medidas de distanciamiento social, y ocupó el cargo el oncólogo Nelson Teich, quien defiende la reactivación de la economía.

El Consejo Nacional de Salud calificó de "irresponsable" el cese de Mandetta, en una nota que emitió junto con la organización humanitaria Oxfam Brasil, en la cual afirmó que con esto "se pone en riesgo la vida de millones de personas".

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Naomar Almeida Filho: "Una pandemia desafía la manera en que las sociedades se organizan”

El reconocido especialista en salud colectiva analiza el manejo en Brasil, el papel de la ciencia y las estrategias en distintos países. La función del Estado y el sistema

"Bolsonaro insiste en negar la pandemia. Ha dicho varias veces que covid-19 es una gripezinha. Alienta a la gente a romper el distanciamiento social; tiene actitudes irracionales", dice Naomar Almeida Filho, doctor en epidemiología, profesor titular del Instituto de Salud Colectiva de la Universidad Federal de Bahía (UFBA), y titular de la cátedra de Educación en el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de San Pablo. Rector de la Universidad Federal de Bahía (2002-2010) y de la Universidad Federal del Sur de Bahía (2013-2017), el foco de su actividad científica es la epidemiología social en salud mental.

--¿Cuál es la situación en Brasil por estas horas?

--Estamos con un aumento rápido de nuevos casos y una gran cantidad de muertes. Tenemos casi 40 mil casos confirmados y más de 2 mil fallecidos. El virus llegó al país por los sectores medios y altos, pero comenzó a propagarse a través de segmentos sociales pobres. Tomamos un gran riesgo y realmente puede ocurrir una gran tragedia. El control de una pandemia requiere unión, coordinación y organización. Se necesita liderazgo y coordinación, todo lo contrario a lo que vemos en este momento en Brasil. Estamos en una situación de caos y descoordinación nacional que puede ser fatal. Lo peor es tomar decisiones arbitrarias que pueden provocar resultados peores.

--El presidente Jair Bolsonaro despidió al hasta unos días ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, por sus diferencias sobre cómo afrontar la crisis sanitaria. El exfuncionario era partidario de adoptar medidas tales como el confinamiento total de la población, algo que Bolsonaro rechaza para no dañar la economía. ¿Cómo responde la sociedad?

--El exministro Mandetta no era nada excepcional; un médico, conservador y populista como el presidente, su jefe. El exministro quería solamente seguir los principios científicos y las directrices técnicas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de la agencia Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades​ (CDC, por sus siglas en inglés), y de la Fundación Fiocruz. Y por eso muy rápidamente se convirtió en un fenómeno de popularidad. Eso dice el presidente muy celoso. Pero Bolsonaro se comporta como un genocida, tomando actitudes irracionales, al borde de la locura. Ya era un notorio negacionista sobre cuestiones de urgencia climática y ahora insiste en negar la pandemia. Ha dicho varias veces que covid-19 es una gripezinha. Alienta a la gente a romper el distanciamiento social. Tanto él como sus ministros son políticos desprevenidos e irresponsables. Todo el tiempo se someten, y nos someten, al ridículo. Bolsonaro lo tiene a Trump de modelo; seguramente lo considere una autoridad mundial en farmacología porque defiende todo el tiempo ampliar el uso de cloroquina. Trump dejó de hablar de ello, pero Bolsonaro continúa con esta idea fija. Su ministro de Ciencia y Tecnología, el exastronauta Marcos Pontes, acaba de anunciar que una vermífuga para animales puede ser la cura milagrosa de la enfermedad.

--¿Qué opinión le merece la estrategia implementada por Argentina para controlar la pandemia?

--Sé que Argentina inició pronto una especie de cuarentena ajustada a su contexto y la ha mantenido firmemente, a pesar de las dificultades políticas derivadas de esta decisión. Conozco poco sobre los detalles, pero parece que las estrictas medidas de distanciamiento social una vez más dan resultados. Con 2.9 muertes por millón de habitantes, Argentina tiene la menor mortalidad entre todos los países populosos de las Américas. Brasil tiene 11 por millón, Perú 10.5 y Chile 6.6, todavía mucho menos que Estados Unidos, 117 por millón, Inglaterra, 228 por millón, y España, 429 por millón.

--¿Qué explica que las opiniones y las medidas acerca de cómo abordar esta situación varíen tanto?

--Consideremos una pandemia como un huracán, que tiene una singularidad y que se puede comprender en dimensiones, niveles y miradas distintas. La pandemia no se agota en la biología o en clínica, es algo que trasciende todo esto, porque hace social algo que en su base, en su origen, tiene una fundamentación atómica, molecular, química. De ahí que la epidemiología, que es un campo intermedio entre lo social y lo biológico, sea muy útil para tener una idea de integración más compleja de fenómenos como éste. El fenómeno de la pandemia es también un hecho político. En ciertos contextos, la salud es un deber del agente del Estado, un derecho de las personas; en otros sistemas políticos, la salud es un servicio o un bien que puede ser comprado en un mercado. De alguna manera la pandemia subvierte esa organización del Estado o del mercado respecto a los temas de la supervivencia de los seres. Una pandemia es una enfermedad que de alguna manera desafía la manera en que las sociedades se organizan y resulta una amenaza a los sistemas nacionales y supranacionales sobre cómo lidiar con problemas de esa naturaleza. Ahí se convoca a las ciencias para decir o producir una verdad. Las ciencias involucran una especie de lucha de narrativas sobre lo que es verdadero y lo que no lo es.

--En momentos así queda claro el papel fundamental de la ciencia, una evidencia que algunos aún ponen en duda.

--Creo que sí, de hecho hay muchos signos de eso en este momento de pandemia. La ciencia es una institución supranacional global constituida por bloques de pensamiento y práctica que son las ciencias, en plural. Y esas ciencias son concretamente redes de sujetos que tienen su formación y su práctica muy internalizadas y con aparatos propios de validación de sus proposiciones. Las ciencias son comunidades internacionales, hay producción de ciencia interna en los países, pero las redes de validación son internaciones. En momentos como el actual hay toda una demanda sobre el aparato global de producción científica. Al mismo tiempo, se interpela a todos los científicos que tienen algo que decir sobre la pandemia: neumonólogos, infectólogos, epidemiólogos, incluso se interpela a la economía para que produzca narrativas. Los científicos pasan a ocuparse de una manera febril de la reconstrucción y ampliación de redes de comunicación entre ellos. Es muy interesante ver cómo se activan estas redes cuando hay un fenómeno como esta pandemia.

--Llama la atención tanta divergencia de opiniones, incluso tantas diferencias entre la OMS y expertos de otros círculos…

--En estos dos meses ya hay más de 2600 trabajos científicos publicados sobre la pandemia y el coronavirus; una especie de récord mundial. Es imposible estimar la cantidad de científicos que trabajan el tema. Hay muchas medidas que los investigadores hoy señalamos como eficaces y que a los dos días señalamos con una evidencia contraria. Pasó con el uso de máscaras, muy recomendable en función de las evidencias hoy. Para nosotros eso es lo más esperado de la investigación científica y eso es la fuerza de la ciencia, que es exactamente la capacidad de ajustar sus procesos de producción de conocimiento a realidades que cambian. Hay gente que lo interpreta como un factor de desacreditación. Para la divulgación científica es muy importante la construcción de una fuente más abierta entre los profesionales de comunicación y la gente que está trabajando en la producción de conocimiento, porque muchas veces una simple hipótesis se transforma en una fuerte expectativa de una demanda social y económica.

--Está claro el rechazo de Bolsonaro hacia la ciencia…

--Sí, es así. En Brasil tenemos un gobierno federal que tiene una posición claramente anticientífica y eso le impone una contradicción en este momento de la pandemia. Y es que ahora es necesario llamar a los científicos para la producción de respuestas o por lo menos para la orientación sobre qué hacer en esta situación. Pero eso ocurre después de tres o cuatro años con una absoluta desfinanciación del sistema de producción del conocimiento. Se impone de este modo una especie de contradicción: el gobierno se divide entre los que dicen que es imprescindible confiar en la ciencia y los que dicen que no es necesario creer en la ciencia, o peor, que es mejor confiar en los dioses, santos y libros sagrados. Una fracción muy importante del gobierno está llevando adelante una campaña nacional de desacreditación de la ciencia.

--Se habla de cuarentena y aislamiento social o físico. ¿Cuál es la diferencia entre estos términos?

--Aislamiento social es un término que no existía y, rigurosamente, no existe en epidemiología. Aislamiento físico de sujetos infectados y contaminantes es una estrategia que es parte de la cuarentena. El término técnico es distanciamiento social, un concepto oriundo de la teoría matemática de los grafos o teoría de redes complejas, tomado como una medida de contención o mitigación de la epidemia. El aislamiento de personas en general, no solamente los enfermos, o la reducción drástica de movilidad de todos o de grupos seleccionados, es diferente a la cuarentena que hizo China. El distanciamiento social es una manera de reducir pero no de suprimir la transmisión de la infección; es una medida que suele implementarse en países democráticos y con una tradición de movilidad de la gente y de respeto a la individualidad. Hay toda una discusión sobre lo que es más o menos efectivo. A mi juicio, desde un punto de vista epidemiológico, será muy difícil evaluar la eficacia o efectividad de medidas como éstas, que son medidas de intervención social, por lo menos de evaluarlas de la misma manera que las intervenciones intracorporales o farmacológicas, es decir, con fármacos o maniobras de prevención individual.

--¿Desde la epidemiología, cuál es el momento óptimo para terminar con una cuarentena?

--Desde la epidemiología la respuesta es que para salir de la cuarentena se necesitan más datos. No sabemos muchas cosas en nuestras sociedades sobre el comportamiento del virus en poblaciones que tienen un sistema inmunológico totalmente distinto a otras. De hecho, las situaciones no se pueden transcribir. Primero, necesitamos producir nuestros propios datos sobre la distribución poblacional. Segundo, necesitamos un sistema de tests rápidos y de una manera amplia, no a toda la población, pero sí en los sitios donde la epidemia haya avanzado más. Como decía recién, técnicamente, una reducción de contacto social y una cuarentena no son lo mismo. Lo que tenemos como evidencia es lo que pasó en Italia, donde se hizo una disminución radical de movilidad social y eso permitió que la epidemia llegara a algunos sitios con una intensidad más baja y con una distribución de los casos en el tiempo; fue ahí que se empezó a hablar de aplanamiento de la curva. Esa estrategia no evita el contagio, pero permite una distribución más larga en el tiempo y evita curvas epidémicas abruptas. La primera evidencia de cierta eficacia en esa manera de respuesta social fue la observación de la epidemia en los sitios internos, en pequeños pueblos de Italia.

--¿Qué observaron ahí?

--Ahí vimos lo que llamamos "modelados", esto es, modelos de predicción de las epidemias. En este momento, el más conocido de estos modelos es el del Imperial College de Londres. Según este modelo, la estrategia de dejar pasar la epidemia en la sociedad para crear alguna inmunidad natural es muy peligrosa por la sobrecarga que puede causar en los sistemas de salud. Algunos países que empezaron a lidiar con la protección de la pandemia con una estrategia de reacción natural en el intento de crear la inmunidad de manera espontánea ahora están adoptando distintos modos de producir un aislamiento social. El último país que se resistió a eso fue la meca del capitalismo mundial, Estados Unidos. Por todo lo que hemos visto fue una decisión terrible. Salir de la cuarentena o flexibilizar el aislamiento depende por lo tanto de muchas respuestas y condiciones.

--En el mundo la situación se complejiza aún más por los efectos colaterales, tanto sociales como económicos.

--Lamentablemente, sí. Como conjunto de evidencias más macro nacionales se está empezando hablar incluso de la posibilidad de que algunos países, como Estados Unidos y los nuestros, tengan un sistema de apertura y cierre, una especie de pulsación de la movilidad social hasta el punto en que puedan aminorarse los efectos económicos. Es decir, cierta graduación de la transmisibilidad para que no se abra al mismo tiempo todo el país ni se cierre al mismo tiempo todo el país. En gran parte del mundo es cierto que flexibilizar la cuarentena, o no flexibilizarla, responde más a cuestiones económicas que a preservar la salud. Ahí hay una cuestión política: cuál es la naturaleza del Estado de cada una de esas naciones. Si es un Estado con responsabilidad social sobre los ciudadanos entonces va a tomar decisiones que pueden tener un efecto sobre la economía pero cuya prioridad va a seguir siendo la salud, y habrá otros Estados en los que el mercado y la economía van a prevalecer sobre las decisiones políticas. Claramente, el sacrificio de vidas humanas y de sufrimiento en Estados como esos será mucho más alto que las repercusiones económicas. El punto es el liderazgo nacional para coordinar las medidas y la naturaleza de las mismas. Nuestro miedo ahora es una norteamericanización de la pandemia entre nosotros.

--¿En qué sentido "una norteamericanización de la pandemia"?

-- En el sentido de una pérdida del control de la pandemia, hasta el punto de agotar los recursos hospitalarios y humanos, como lo que pasa en Nueva York, por ejemplo.

--¿Cambiará algo a partir del coronavirus?

--Creo que hay dos cosas que van a cambiar a partir de la pandemia. Por un lado, se va a dar una recuperación de la noción del Estado como dimensión de la historia, en tanto instrumento al servicio de los seres humanos para que tengan una capacidad de supervivencia mayor. Esto incluye fortalecer la noción de que la salud es un derecho de las personas y un deber del Estado, con la expansión de sistemas de salud pública en muchos países, con cobertura universal y calidad con equidad. Por otro lado, creo que esos Estados, que después de la Segunda Guerra Mundial se organizaron en esa red supranacional que son las Naciones Unidas, y que en las últimas décadas empezaran a cuestionar fuertemente su utilidad, ahora van a comenzar a reconocer el valor de la Organización Mundial de la Salud y sus ramas. La pandemia demuestra la necesidad de una gobernanza internacional más amplia, en especial, en temas como salud, educación y supervivencia planetaria. Hay muchos filósofos que han escrito docenas de libros sobre el mundo pospandemia, algunos con visiones utópicas, con la esperanza de que ahora el individualismo, amenazado por el sentimiento de finitud y vulnerabilidad, daría paso a una sociedad más solidaria y justa. No soy tan optimista, al menos en el horizonte temporal más cercano.

público de salud.

Por Bárbara Schijman

El primer ministro sueco, Stefan Lofven. EFE

 El Gobierno sueco podrá a partir de este sábado adoptar medidas inmediatas contra la pandemia del coronavirus gracias a una ley temporal de urgencia y ha anunciado que multiplicará los test a personal en funciones esenciales, aunque mantiene su estrategia más suave que la de la mayoría de países.

El Parlamento sueco aprobó esta semana una reforma de la ley de enfermedades contagiosas, siguiendo el acuerdo anunciado ya antes de Semana Santa por Gobierno y oposición, que permitirá al Ejecutivo cerrar puertos, aeropuertos, estaciones de tren, centros comerciales y restaurantes, entre otros.

La coalición rojiverde en minoría del primer ministro socialdemócrata, Stefan Löfven, podrá también redistribuir material y medicinas entre los municipios, regiones y otros prestadores de servicios sanitarios sin pasar por el Parlamento, aunque este podrá revocar esas medidas en el plazo de unos días.

La reforma no permitirá al Gobierno imponer por su cuenta medidas de confinamiento o de cuarentena que afecten a toda la sociedad, sino que estas deberán ser aprobadas antes por la Cámara, según una ley que estará vigente hasta el 30 de junio.

Al cambio legal se une el anuncio de que a policías, servicios de rescate y otro personal en funciones sociales críticas con síntomas de coronavirus se les realizarán test a partir de ahora, dentro de un plan para llevar a cabo de 50.000 a 100.000 pruebas por semana, frente a las cerca de 20.000 actuales.

EL GOBIERNO APELA A LA RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL

El Gobierno sueco ha reiterado al mismo tiempo que no alterará su estrategia general de informar de algunas recomendaciones generales para proteger sobre todo a los grupos de riesgo y apelar a la responsabilidad individual, si bien se han ido introduciendo de forma progresiva algunas medidas restrictivas.

Suecia no ha cerrado ni guarderías ni escuelas (sí institutos y universidades) y mantiene abiertos con restricciones bares y restaurantes, aunque ha prohibido concentraciones de más de 50 personas.

La tradición de autonomía de las agencias públicas y de que sean los expertos quienes tracen la estrategia general es la principal razón para explicar una línea que ha recibido más críticas fuera que dentro de Suecia, donde el Partido Socialdemócrata y Löfven han experimentado un respaldo creciente en los sondeos.

LAS AUTORIDADES RECHAZAN LAS ACUSACIONES DE PASIVIDAD

"Es un mito que la vida transcurra como si nada en Suecia", desmintió el viernes en una rueda de prensa con medios internacionales en Estocolmo la ministra de Asuntos Exteriores sueca, Ann Linde.

En la misma comparecencia, la responsable de Asuntos Sociales, Lena Hallengren, rechazó también que Suecia actúe de forma "radicalmente distinta" al resto y sostuvo que solo hay dos diferencias importantes: que no se han cerrado las escuelas y que no se han adoptado reglas para obligar a la gente a quedarse en casa.

No hay ninguna evidencia de que cerrar escuelas frene el contagio, ni tampoco hay justificación racional para imponer el confinamiento: al contrario, tomar el aire mejora la salud, ha resaltado el director de la Agencia de Salud Pública de Suecia, Johan Carlson.

Carlson resume la estrategia sueca en abogar por la distancia social a través de algunas prohibiciones y muchas recomendaciones, y en que los mayores de 70 años se recluyan lo máximo posible.

PEORES NÚMEROS QUE EL RESTO DE PAÍSES NÓRDICOS

Las autoridades suecas han admitido no obstante que el plan para proteger a los ancianos no ha funcionado, a pesar de introducir la prohibición de visitas a asilos el 1 de abril, ya que un tercio de los muertos totales proceden de ahí.

Pero consideran que es prematuro sacar conclusiones, ya que la pandemia se encuentra en una fase inicial y los países cuentan los muertos por coronavirus con distintos criterios, el mismo argumento que usan para tratar de explicar por qué Suecia presenta peores números que sus vecinos nórdicos.

Con algo más de 10 millones de habitantes, Suecia ha registrado 13.216 contagiados y 1.400 muertos, con 132 fallecidos por millón de personas, más del doble que Dinamarca y cuatro veces que Noruega, que han adoptado medidas mucho más restrictivas, aunque no confinamiento, y ya han iniciado la fase de reapertura.

Las cifras de Suecia se encuentran no obstante lejos de las de los países más castigados como España, Italia, Reino Unido, Francia o Bélgica, y aunque algunos centros han denunciado escasez de material, los hospitales no se han colapsado y en las unidades de cuidados intensivos hay un 20 % de plazas libres todavía.

"La situación sigue siendo grave, con más infectados cada día. Contaremos los muertos por miles, ya lo estamos haciendo. Detrás de cada cifra hay una persona. Recordemos a todos los que están sanos que asuman su responsabilidad", dijo Löfven ayer en su última comparecencia.

EFE - Copenhague

18/04/2020

 

Anxo Lamela

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El Covid-19 quita y pone Presidentes. Desata guerras de Trump contra China y Venezuela
  1. Controlar el virus igual a ser presidente

En mi artículo "COVID-19 define al próximo presidente de México" formulé la "prueba decisiva" de la política actual: sólo los presidentes que sepan frenar la pandemia rápidamente, garantizan su permanencia en el poder. Frenar la epidemia y ser –o llegar a ser-- presidente, es prácticamente lo mismo. Es la ecuación que rige la política del mundo y lo hará hasta que termine la pandemia.

  1. Política sin ciencia

La verdad de esta ley es evidente a escala global y es el resultado de una política sin ciencia. Una política que administra, en lugar de conducir con ciencia, previsión y comprensión estratégica. Y que improvisa cuando los jinetes apocalípticos se presentan. Trump moviliza un millón de reservistas para sobrevivir, comete "piratería moderna" robando las mascarillas a sus "aliados" Alemania, Canadá y Francia en los aeropuertos y endeuda aún más a la quebrada Unión Americana para salvar a su capitalismo insostenible; Bolsonaro se acerca a la sustitución por una alianza del gobernador de Sao Paulo, Joao Doria (derecha), con Lula (PT) y los militares, con los jefes de las favelas aplaudiendo; el ecuatoriano Moreno no sobrevivirá a la apocalipsis de Guayaquil; el Kirchnerismo, en terapia intensiva con el ventilador oligárquico La City y el gurú de la derecha criolla Durán Barba, oscila entre Bolsonaro y AMLO, sin futuro estratégico; el populista en jefe de Her Majesty, Boris Johnson, minimizador de la pandemia como Trump, está hospitalizado, dejando el Reino Unido en una crisis estructural de liderazgo político post-Brexit y COVID-19; y México, carente de una política anti-epidémica holística clara, firme y convincente en los tres niveles del Estado, vive un ominoso proceso de bicefalización y descomposición de la 4ta Transformación, sin actores emergentes a la vista, para impedir la implosión.

  1. Guerra contra China y Venezuela

Tal es la ecuación política del virus en el Nuevo Mundo, a la cual Donald Trump agregó ahora el clásico recurso del poder político imperial: la agresión a otros pueblos y Estados para desviar la atención de sus propios fracasos. El blame game como lo llaman en Estados Unidos. En este caso, usa una pérfida guerra psicológica mundial contra China y la preparación anunciada de la invasión militar contra Venezuela, con el apoyo de la Unión Europea. El D-day de la intervención militar está correlacionado con las elecciones de noviembre. Trágicamente es obvio, que Maduro y su camarilla --como lo hicieron Saddam Hussein, Noriega y Gadafi-- utilizarán al pueblo como carne de cañón en una guerra sin sentido contra la OTAN, antes de renunciar a su usurpación de la nación venezolana. Maduro y Trump, dos delincuentes políticos hechos uno para el otro, se encontraron. Con la diferencia, de que Maduro es un tigre de papel y el imperialismo es un tigre real con dientes nucleares.

  1. El Instructivo secreto de Trump

El 21 de marzo, el periodismo investigativo estadunidense, The Daily Beast, informó, que la Casa Blanca había lanzado "un plan de comunicaciones a través de múltiples agencias federales", que se centra en acusar a Beijing de crear una pandemia global y orquestar su "encubrimiento". Las fuentes de la información son dos funcionarios estatales y un cable del gobierno. El cable parece haberse redactado en el Consejo de Seguridad Nacional (NSA). Dice en una parte: "NSC Top Lines: [República Popular de China] Propaganda y Desinformación sobre la pandemia del virus Wuhan."

Los memes propagandísticos que deben usar todos los funcionarios estadounidenses incluyen los siguientes: "Los funcionarios del Partido Comunista Chino en Wuhan y Beijing tenían la responsabilidad especial de informar al pueblo chino y al mundo de la amenaza, ya que fueron los primeros en enterarse de ella"… "En lugar de eso, el...gobierno ocultó noticias del virus de su propia gente durante semanas, mientras suprimía la información y castigaba a los médicos y periodistas que levantaron la alarma. El Partido se preocupaba más por su reputación que por el sufrimiento de su propio pueblo".

Los funcionarios entrevistados informaron que: "Nos dicen que tratemos de sacar este mensaje de cualquier manera posible, incluyendo mediante conferencias de prensa y apariciones en televisión". También: "El [Partido Comunista Chino] está llevando a cabo una campaña de propaganda para tratar desesperadamente de trasladar la responsabilidad de la pandemia global a los Estados Unidos. Este esfuerzo es inútil". "Gracias al encubrimiento...los expertos chinos e internacionales perdieron una ventana crítica para contener el brote en China y detener su propagación mundial. Salvar vidas es más importante que salvar la cara".

"Estados Unidos y el pueblo estadounidense están demostrando una vez más que son los mayores humanitarios que el mundo haya conocido", según el cable. "Estados Unidos está dispuesto a proporcionar más asistencia a China, si el Partido Comunista Chino nos permite hacerlo".

  1. Guerra sucia en el Ciberespacio

Los dos epicentros de la guerra sucia mundial son Washington y Londres. De ahí arrancó la actual ofensiva propagandística contra China, con incesantes mentiras del evangélico carismático Pompeo, reforzadas por el propio Trump, Nancy Pelosi y demás mandarines sistémicos. Después de este fuego de ablandamiento discursivo arreció la pandemia propagandística imperialista con un video apócrifo (falso) de una supuesta entrevista de Telesur a Noam Chomsky, seguido por panfletos que aparecieron en la alcantarilla, que por alguna extraña razón se llama "prensa inglesa".

Continuó la ofensiva de lodo de la CIA y de los servicios británicos con la reaparición de un video fake news del programa TGR Leonardo, de la televisión pública italiana RAI, de 2015 (¡!), que reportaba que un grupo de investigadores chinos habría creado artificialmente un "supervirus" que causa SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Grave) y que es capaz de "traspasarse a los humanos directamentedesde un murciélago sin pasar por una especie intermedia". La revista científica Nature se encargó de desmentir la falsedad de RAI, publicando que no hay evidencia para afirmar que el COVID-19 fue "diseñado artificialmente".

Después le tocó el turno al diario italiano de derecha, La Stampa, propiedad de la transnacional Fiat Chrysler, que publicó "con referencia a fuentes anónimas de alto rango", que el 80 por ciento de la ayuda de Rusia contra la pandemia en Italia era "inútil". Va bene, bambini. Un pequeño ingreso extra de "fuentes anónimas de alto rango" siempre es bienvenido en la economía del hogar. De ahí, la estafeta pasó a la cloaca británica donde el amarillista tabloide Daily Mail apareció con la "noticia", de que "fuentes de alto nivel" (high-ranked sources) informaron al diario, que "reportes de inteligencia" no excluían la posibilidad de que la mortal enfermedad fuera un producto humano (man-made): "Perhaps it is no coincidence that there is that laboratory in Wuhan. It is not discounted," the unnamed source told the British paper.

  1. Objetivo estratégico de la mentira COVID-19

El objetivo final de la campaña de Trump está claro. Lo reveló el bufete de abogados "Berman Law Group" en la Florida, al presentar una demanda colectiva (class action lawsuit) en Florida y Texas contra China. Fiel a la libreta secreta de la Casa Blanca acusa a Beijing "por encubrir el brote de Coronavirus en Wuhan". Pide que China sea declarado legalmente responsable (legally accountable) para obligarla a pagar billones de dólares por "su negligencia". El asesor estratégico de la empresa corrió la cortina en una entrevista con un canal reaccionario de la televisión hindú, confesando que trabajan en la organización de una alianza global con Gran Bretaña contra China. Subrayo, que de particular importancia en este proyecto es la India. La razón es evidente. El virus causará probablemente millones de muertos en ese país, que no cuenta con la infraestructura médica, sanitaria y habitacional urbana necesaria para evitar la hecatombe. Una resolución condenatoria de la justicia de clase gringa contra China sería impagable. Como la cobrarían a una superpotencia nuclear, que no es Cuba, ni Venezuela, es otra cuestión. Por ahora dan el primer paso: controlar las cabezas de aquellos que andan en el ciberespacio sin entender lo que pasa. O sea, la mayoría de los internautas.

  1. La Fauna del Ciberespacio

El transmisor principal (vector) por el cual el patógeno propagandístico anglosajón infecta a la opinión pública mundial es el ciberespacio: televisión, las plataformas de redes sociales, smartphones y radio. Es el caldo de cultivo idóneo para los manipuladores, porque el cyberspace está básicamente poblado por las siguientes especies. 1. Los mercaderes gran-capitalistas. 2. Los controladores políticos, cuyos trolls, bots y comentocracia son pagados por el capital y los gobiernos reaccionarios. 3. Los influencers, que promueven toda clase de fake news y amarillismo, con tal de tener "vistas" en su página y aumentar sus tarifas. 4. Los licenciados y doctorcitos, cuya sabiduría suele ser inversamente proporcional a su prepotencia. (Lo doctor no quita lo pendejo, dice acertadamente el pueblo mexicano.) 5. Finalmente, la cohorte mayoritaria, que usa las redes como un hub digital global de activismo auto-erótico, reminiscente del bíblico Onán, que en paz descanse. ¿Exagero? No, las pruebas empíricas están a la vista de todos, en los comentarios. Alrededor del 90 por ciento de los que "comentan" no leen los textos que "comentan". Ven el título y ejecutan su vulgar actividad catártica vía un reflejo condicionado pavloviano.

  1. Psicopatología del Internauta

La psicopatología detrás de este comportamiento es evidente. Como la gran mayoría de ciudadanos no tiene ninguna importancia real en el mega-sistema de procesamiento de datos que llamamos "sociedad", la posibilidad de emerger con nombre en la red les permite una dosis de autoestima y narcisismo que les confirma que existen. Una milagrosa transubstanción digital, que convierte a un cero social de la sociedad capitalista moderna --con menor importancia que un cero digital en un lenguaje binario-- en una realidad objetiva. Tal ritual es legítimo, porque cumple una función de higiene mental pública. Obliga, sin embargo, a los demás a diferenciar el acto exhibicionista del homo videns de la decisión razonada del homo sapiens, conducido por algoritmos inteligentes.

  1. El Arcángel COVID-19

En su infinita dialéctica, la historia ha tenido a bien emplear al Covid-19 como vengador del Socialismo con características chinas. Los respetables ciudadanos de la Zona Administrativa Especial de China, conocida como Hong Kong, tienen décadas queriendo vivir el American Dream (el sueño americano) o la refinada cultura de Her Majesty en Londres. En 1961 todavía, la Gran Bretaña protegía ese sueño considerando un ataque nuclear a China, si Mao Zedong se atreviera a tomar la colonia británica por la fuerza. Por suerte, no se llegó a esto.

Sin embargo, Dios es Grande y finalmente concedió a los hongkongeses acaudalados --muchos de ellos felices víctimas de las sectas evangélicas gringas-- su sueño del país donde "corre la leche y miel" (Kanaan), como decía el bíblico Moses. Fracasadas sus violentas manifestaciones de la contrarrevolución de color de Soros, emigraron a Estados Unidos, donde disfrutan ahora el mayor epicentro mundial de la pandemia: gracias al capitalismo neoliberal, que no tiene dinero para los sistemas de salud pública y dónde ni siquiera pueden comprar mascarillas, salvo si consiguen alguna de las importadas de China o de las que donó el billonario Jack Ma, miembro del Partido Comunista de China. Mientras tanto, China es el único país seguro del virus.

Cantaron con fervor el himno estadounidense en sus manifestaciones violentas. Qué bueno, que ahora vivan su realidad. Porque, como dice la Coca Cola: "You can´t beat the real thing."

Por:Heinz Dieterich  | Lunes, 06/04/2020 03:33 PM 

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