Viernes, 12 Octubre 2018 15:07

Un reto que moviliza a multitudes

Un reto que moviliza a multitudes

El pasado 10 de octubre estuvimos acompañando la marcha de los estudiantes de la educación superior en Bogotá. Las movilizaciones fueron un desfiles de color, alegría y juventud. Se escucharon cánticos al son de tambores, trompetas, acordeones: “porropopom, porropopom, él que no salte quiere privatización", "Amigo mirón, únase al montón, su hijo es estudiante y usted es trabajador", "Lucha, lucha, lucha, por una educación feminista y popular" y "Adolorido, adolorido, adolorido del corazón, por un gobierno, por un gobierno que se ha robado la educación”. Coloridas vestimentas, carrozas, y la vitalidad de una generación que lucha para que la educación no se convierta en un negocio al servicio de unos privilegiados, o la tumba de aquellos que deben endeudarse toda una vida por acceder al legado y saber humano.

 

 

En la ciudad de Bogotá, más de 20.000 manifestantes se tomaron las principales vías con destino a la emblemática Plaza de Bolívar, con el fin de exigir al gobierno nacional, adecuar y organizar el presupuesto para la educación superior. La movilización tomó forma a una semana de la discusión en el senado del Presupuesto General de la Nación 2019.

La convocatoria fue multitudinaria en todo el país. Más de 150 mil personas marcharon en diferentes ciudades, convocadas por la Unión Nacional de Estudiantes de la Educación Superior (Unees), marchas a las que también concurrieron, además, rectores y sindicatos universitarios, la Federación Nacional de Educadores, la Organización Nacional Indígena, los estudiantes de universidades privadas y del Sena, la guardia campesina, entre otros, quienes en esta ocasión se unieron a las exigencias de los estudiantes alrededor del pliego de peticiones de la Uness, que busca garantizar una educación digna, gratuita y de excelencia.

Yisel Sarmiento profesora vinculada a la Secretaria de Educación de Bogotá nos dijo que “estamos apoyando la movilización en pro de la universidad pública, poquito a poco están matando la universidad pública, están permitiendo que lo que muchas personas tienen como acceso a la educación se esté muriendo”.

El pliego que alimenta estas protestas contiene 10 exigencias puntuales: la primera concierne al incremento de 4.5 billones de pesos para sanear el déficit provocado por la ley 30 de 1992 de educación superior, seguida de la reliquidación de las deudas del Icetex con tasa real de interés 0%, condonación de la deuda de los estudiantes del programa Ser Pilo Pago, congelar el costo de matrículas de instituciones de educación superior privadas algunas de las cuales llegan a 20 millones de pesos un semestre de pregrado, aumento en un 100% al presupuesto de Colciencias, pago de la deuda histórica a las universidades públicas que hoy asciende a 16 billones en un plazo no mayo de 10 años, mantener los recursos del Sena, derogar la Ley 1911 de financiación contingente al ingreso, la construcción de una nueva regla fiscal: además, que los procesos de acreditación de alta calidad no sean los determinantes a la hora de transferir recursos a las universidades; derogar la ley 1740 y, por último, respeto y garantías para la movilización sin represalias en universidades públicas y privadas.

 

 

Los y las estudiantes se tomaron las calles. Las movilizaciones exigen la solución al déficit presupuestario de las instituciones de educación superior. Esta es la forma de responder a esa “crónica de una muerte anunciada” desde promulgación de la ley 30 de 1992, que establece parámetros de financiamiento, organización y funcionamiento contrarias a las exigencias sociales y académicas de los centros de educación, crónica que viven diariamente quienes están en las instituciones educativas, que día a día ven como las instalaciones ensanchan su deterioro, así como la reducción y disminución de espacios extracurriculares de extensión, bienestar y un largo etcétera.

Nicolás Albarracín, estudiante de la Universidad Pedagógica Nacional, nos dijó que se debe “empezar a reestructurar una serie de decretos que desde 1992 (ley 30) por la que se ha venido desfinanciando (la educación) por ser una ley anacrónica que aún está financiando la Universidad de 1992, lo que se quiere es que se financie una Universidad del día de hoy”.

En Colombia existen 62 instituciones de educación superior que congregan universidades, instituciones universitarias, instituciones técnicas e instituciones técnicas profesionales de carácter público, cada una afronta problemas de infraestructura, vinculación docente, investigación y extensión además de los recursos necesarios para su buen funcionamiento, considerando que la universidad amplié su cobertura a más sectores, pues los recursos solicitados cubren el déficit acumulado, no la proyección para ampliar la demanda, la investigación, la extensión social y la creación de nuevos programas académicos.

La educación superior pública cumple la función social de permitir el acceso al conocimiento, los saberes y avances en los diferentes campos del saber humano, en condiciones dignas, de calidad y pertinencia social. Su desfinanciamiento responde al proceso de su desmonte, iniciado en 1991 y concretado con mayor decisión en la ley 30 del 92, y que aboca a las universidades a buscar recursos a través de la venta de servicios, convirtiéndolas en instituciones-empresas. El llamado de los estudiantes y de quienes los acompañaron en la movilización es para dar soluciones, destinando menos presupuesto para la guerra y más para la educación.

 Al respecto Valentina Londoño, estudiante del Sena sede Bogotá, nos dijo “Estamos en desacuerdo con que los que están en la política nos quiten presupuesto y nos bajen beneficios solamente para la guerra”.


De esta manera los estudiantes, la comunidad educativa, los procesos sociales, le dicen al gobierno de Iván Duque que no van a permitir que la educación prosiga en su proceso de privatización, mercantilización y elitización.

Como prolongación de la protesta, desde el 12 de octubre varias universidades se declararon en paro parcial o indefinido, tomando forma un ciclo de lucha estudiantil impulsado por un movimiento que reconoce las dificultades de este tipo de luchas y que carga con las enseñanzas de décadas de movilización y lucha por una educación a la altura de las necesidades del país.

Publicado enColombia
Siete reflexiones (libertarias) para apoyar la movilización estudiantil del 10 de octubre

1) El Estado constituye una forma fetichizada, falsa, de comunidad; conlleva la creación de un pueblo o nación que no se corresponde nunca con la multiplicidad, complejidad y extensión de las relaciones sociales. Es importante, por ende, no confundir lo público en general, ni lo común, con lo “público” estatal. Un aumento en el presupuesto para las universidades, obtenido a partir de la organización de estudiantes, trabajadores/as y docentes, es una manera de recuperar lo que el Estado nos roba (para nutrir y reproducir ciertos segmentos parasitarios de clase) a través de los impuestos, que, como su nombre lo indica, son impuestos mediante un ejercicio violento (donde el famoso tema weberiano del monopolio de la fuerza se ve necesariamente involucrado).


2) En la medida en que el aumento de presupuesto es una forma de devolverle ciertos “recursos” a la comunidad, la cual no debe ser confundida con el Estado, es importante que la gestión de ese dinero venga acompañada de un control efectivo mediante una combinación de formas de democracia participativa, directa, deliberativa y, en determinados asuntos, representativa.


3) En virtud de los puntos anteriores, la discusión de la financiación no puede ser desligada de la discusión sobre la democracia universitaria y la democracia en general.


4) No confundir la comunidad con el Estado implica también que los diversos grupos que intentamos reapropiarnos de lo que el Estado usurpa constantemente debemos articularnos con otros grupos que tratan de hacer algo análogo en terrenos diferentes: comunidades indígenas, campesinas, afro, de educación experimental y no institucional, etc.

5) La movilización, en consecuencia, no puede tener como objetivo la construcción de “un proyecto de país”, sino de diversos proyectos de comunidad articulados que sean capaces de rebasar las fronteras estatales. ¡La educación no pude seguir estando al servicio del Estado ni del Capital!


6) Si de reapropiarnos de la educación se trata, es de suma importancia que pensemos colectivamente cómo queremos formarnos (y/o deformarnos/transformarnos) y qué tipo de espacios físicos, técnicas, formas de organización, etc., implica eso.


7) Finalmente, no podemos dejar de lado la reapropiación de las instituciones privadas, que, como su nombre lo indica, nos privan constantemente de definir nuestra propia educación y sus objetivos. La articulación con dichas iniciativas es, asimismo, de vital relevancia.


¡Por dentro o por fuera de lo que hoy es “público” estatal, a moverse por lo que es de todas y todos!

 

Video relacionado

Crisis financiera universidad pública

https://youtu.be/C8ZHDehlU2k

Publicado enColombia
Martes, 04 Septiembre 2018 07:04

Brasil: lecciones de una tragedia

Brasil: lecciones de una tragedia

La destrucción casi total del Museo Nacional de Brasil, en Río de Janeiro, ocurrida el domingo pasado como consecuencia de un gran incendio, es una pérdida inconmensurable para ese país, desde luego, pero también para el planeta, porque en el desastre se perdieron piezas únicas e insustituibles procedentes de muchos naciones y representativas de múltiples culturas de América, Europa, África, Asia y Medio Oriente, entre ellas muchas que se encontraban agrupadas en la mayor colección arqueológica del antiguo Egipto que existía en este hemisferio y más de 700 piezas de las civilizaciones griega, romana y etrusca. Entre los 20 millones de objetos que formaban el acervo de la institución había conjuntos de geología, paleontología, arqueología, botánica y zoología, así como una importante biblioteca científica. Se trata, pues, de un golpe devastador para el conocimiento científico de todo el mundo.


Se desconocen aún las causas que provocaron el incendio; las primeras investigaciones apuntan a un cortocircuito o a la caída en el recinto de un pequeño globo de papel impulsado por fuego de los que son populares en América Latina. Pero las condiciones que hicieron posible el desastre fueron causadas por el mal estado del edificio –construido hace 200 años– debido a las severísimas restricciones presupuestales que sufría. Como lo señalaron varios empleados del museo, había muros agrietados y descascarados, instalaciones eléctricas al descubierto, carencia de dispositivos contra incendios, así como una vigilancia que resultó del todo insuficiente –apenas cuatro personas para una construcción de 20 mil metros cuadrados– que no fue capaz de detectar el fuego en sus momentos iniciales.


Tal situación se remonta a 2014, año en el que el museo dejó de recibir los menos de 130 mil dólares anuales que tenía asignados para su conservación y restauración. En suma, el ahorro de medio millón de dólares derivó en una pérdida irreparable, cuyo monto, si pudiera ser cuantificado, resultaría infinitamente superior a esa cantidad. Y no puede dejar de señalarse que mientras Brasil invertía 6 mil millones de dólares en la compra de 36 aviones de combate –los Saab 39 Gripen de fabricación sueca–, su principal recinto museográfico dedicado a la ciencia acumulaba condiciones de catástrofe.


La lección, para el gigante sudamericano y para el resto de países, incluido el nuestro, es insoslayable: la preservación y protección del patrimonio científico e histórico debiera ser un rubro presupuestal prioritario, sólo antecedido por la seguridad y el bienestar de las poblaciones. Por lo que se refiere a México, esta triste circunstancia tendría que servir para revisar las condiciones de seguridad de los museos, archivos, pinacotecas, sitios arqueológicos y monumentos históricos, de los que la nación posee en abundancia. Que la trágica pérdida del Museo Nacional de Brasil sirva al menos como una señal de alerta para todos los gobiernos.

Publicado enCultura
Trump le subió el precio a la membresía en la OTAN

La declaración de los países de la alianza militar no soluciona las discrepancias evidenciadas entre EE.UU. y Alemania por el gasto en defensa. Sorprendieron las críticas del republicano a Merkel por su relación con Rusia.

 

El presidente estadounidense, Donald Trump, volvió a generar controversia en una nueva cumbre internacional, esta vez en la de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), al exigir duplicar el dinero que cada país debe aportar a la alianza militar. A pesar de la disputa, los socios lograron consensuar una declaración conjunta en la cumbre que inició ayer y seguirá hoy en Bruselas.


El presidente estadounidense, Donald Trump, volvió a tensar las negociaciones con sus socios al exigir que la meta de gasto de un 2% del Producto Bruto Interno (PBI), acordado en 2014, se haga efectiva de manera inmediata. “¿Por qué hay sólo 5 de 29 países (de la OTAN) que cumplieron sus compromisos? Estados Unidos está pagando por la protección de Europa, luego pierde miles de millones en comercio. Deben pagar 2% del PBI INMEDIATAMENTE, no para 2025”, afrmó Trump a través de su cuenta de Twitter.


Durante el encuentro, el mandatario estadounidense incluso fue más lejos y dijo que sus socios de la OTAN deberían aumentar su gasto anual en defensa al 4% del PBI, informó su portavoz, Sarah Sanders, tras una reunión a puerta cerrada de los jefes de Estado y de Gobierno de los 29 países de la Alianza Atlántica. “El presidente Trump quiere que todos nuestros aliados compartan más la carga y que, al menos, cumplan con sus obligaciones ya contraídas”, añadió Sanders.


Antes de la cumbre, Trump se había reunido con el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, ante quien acusó a los demás miembros: “Son morosos en lo que a mí respecta porque Estados Unidos ha tenido que pagar por ellos”, comentó durante el desayuno con el secretario general. “Muchos países no están pagando lo que deberían y, francamente, muchos países nos deben una tremenda cantidad de dinero de muchos años atrás”, mantuvo el mandatario.


A pesar de estas declaraciones, Stoltenberg, hizo, sin embargo, una evaluación positiva de la primera jornada. “Hemos tenido discusiones, tenemos desacuerdos, pero lo más importante es que tenemos decisiones que impulsan adelante esta alianza y nos hacen más fuertes”, dijo. En la declaración conjunta, los 29 países de la alianza militar se limitaron a subrayar su adhesión ilimitada al denominado objetivo del 2% alcanzado en 2014 en Gales y a presentar planes nacionales creíbles sobre su implementación. Además aprobaron una nueva misión en Irak para formar y asesorar tropas, y apoyo a países como Jordania y Túnez (ver aparte).


El texto, sin embargo, no soluciona la discrepancia en el gasto de defensa, que quedó evidenciada con el abierto enfrentamiento que protagonizaron Trump y la canciller alemana, Angela Merkel. El magnate criticó a Alemania por no gastar lo suficiente en defensa, a lo que Merkel respondió: “Ponemos la mayor parte de nuestras capacidades militares al servicio de la OTAN”. La canciller alemana, además, recordó: “Y seguimos muy comprometidos en Afganistán y con ello defendemos también los intereses de los Estados Unidos de América”.


La base de la disputa es que ese objetivo del 2% se interpreta de distinta manera. Según Trump, los países de la OTAN se comprometieron en el 2014 a gastar anualmente en defensa al menos el 2% de su PIB. El gobierno alemán, por el contrario, interpreta que en dicho acuerdo se habla sólo de dirigirse hacia esa cifra.


Según los pronósticos de la OTAN, este año sólo cumplirán con el objetivo Estados Unidos y otros siete países: Grecia, Reino Unido, Polonia, Rumania, Lituania, Letonia y Estonia. Alemania gasta en defensa el 1,24% y para 2024 sólo promete el 1,5%, pero considera que así ya se está acercando al objetivo del 2%.


Las fricciones entre Estados Unidos y Alemania ya habían iniciado antes del inicio de la cumbre, cuando Trump vinculó sus críticas por el gasto al acuerdo entre Berlín y Moscú para construir el gasoducto Nord Stream 2 –que unirá ambos países– asegurando que Alemania estaba totalmente bajo control de Rusia. “Es triste que Alemania cierre un acuerdo a gran escala de petróleo y gas con Rusia cuando se supone que debes estar alerta ante Rusia. Pero Alemania va y le paga miles y miles de millones de dólares”, aseguró el mandatario en un encuentro bilateral con Stoltenberg.


“Estados Unidos, mientras tanto, paga un montón de dinero para proteger a Francia, Alemania y a todo el mundo en el marco de la Alianza Atlántica”. continuó Trump y agregó: “Alemania es un país rico. Puede aumentar (sus gastos en defensa) de inmediato, mañana, sin ningún problema”, añadió Trump.


Ante tales acusaciones, Merkel defendió la política independiente de su país y recordó que ella misma vivió una época en la que parte de Alemania estaba controlada por la Unión Soviética, en referencia a la extinta República Democátrica Alemana. “Me alegra que hoy estemos unidos en libertad como República Federal de Alemania y que por eso podamos decir que podemos hacer una política independiente y tomar decisiones independientes”, dijo la canciller.


Las críticas de Trump a Alemania por su relación con Rusia sorprenden, ya que precisamente se considera que el presidente estadounidense sigue una política cercana a Rusia y en los últimos meses evitó criticar con dureza al presidente ruso, Vladimir Putin.


Pese a sus duras palabras de ayer por la mañana, Trump se reunió después con Merkel y aseguró más tarde que tenía una muy buena relación con ella. “Fue un encuentro excelente”, dijo tras el encuentro bilateral. La canciller afirmó, por su parte, que Alemania y Estados Unidos eran buenos socios.


Entrenamiento de tropas de la OTAN

Misiones en Irak y Túnez


Una nueva misión en Irak para formar y asesorar tropas, y más apoyo a Túnez fueron algunos de los acuerdos importantes logrados tras la primera reunión de la cumbre de la OTAN. Mientras Canadá se ofreció a liderar la misión en territorio iraquí, España hizo lo mismo con Túnez.


Las misiones de la alianza militar complementarían, según el documento, el trabajo de la coalición internacional que combate al grupo terrorista Estado Islámico (EI). “La prevención es mejor que la intervención. Para prevenir la actuación del EI hay que reforzar la formación”, explicó el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg Stoltenberg.


La misión en Irak, que los aliados preparan desde hace meses, contará con varios cientos de formadores y estará liderada por Canadá. El primer ministro del país, Justin Trudeau (foto), se ofreció ayer a asumir durante un año el mando de esta misión. “Canadá se va a comprometer con 250 soldados, una cantidad de helicópteros y, de hecho, estamos ofreciendo asumir el mando de esa misión durante el primer año”, anunció el político durante el evento. La misión de asesoramiento y formación pretende entrenar a los instructores del Ejército y las fuerzas de seguridad de ese país. “Ese próximo paso en el desafío en Irak, que fue primero derrotar al Estado Islámico, es ahora construir esa democracia y fortalecerla”, comentó.


El presidente Español, Pedro Sánchez, ofreció a la OTAN, por su parte, que España pueda hacerse cargo de la misión de adiestramiento y capacitación de tropas de Túnez para reforzar la seguridad en su flanco sur. Además, Sánchez mostró la disposición de España a liderar, si fuera necesaria, la evacuación de la misión de la ONU en Libia desde el cuartel estratégico de Rota y mediante la utilización de sus capacidades anfibias.


Respecto al entrenamiento de tropas de Túnez, el gobierno del país africano ya solicitó ayuda a la OTAN para ese cometido y era uno de los asuntos que tenían en su agenda los jefes de Estado y de Gobierno de la Alianza para su reunión en Bruselas.


En su intervención, Sánchez reiteró, además, el total compromiso de España con la OTAN, con la seguridad europea y con el vínculo transatlántico. También, el mandatario se refirió al reparto de cargas entre los aliados y, al igual que ha venido resaltando ante la cumbre, insistió en que no hay que tener en cuenta sólo las contribuciones (en clara referencia a las declaraciones del presidente Donald Trump), sino las capacidades y el tipo de inversión en defensa en cada país.

Publicado enInternacional
Domingo, 03 Junio 2018 07:12

El ruido de la ausencia

El ruido de la ausencia

Colombia se apresta a elegir al próximo presidente de la República. El número exacto en la lista de presidentes no es exactamente claro, debido a circunstancias como la Patria Boba, o las numerosas guerras del siglo XIX.

 

Colombia, el candidato a la Ocde (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico); el país miembro del grupo de Civets (presuntamente el grupo de vanguardia en el futuro de la economía después de los países Brics); la cuarta economía de América Latina, después de Brasil, México y Chile; la Atenas Suramericana, como jocosamente aún alguna aerolínea lo anuncia al aterrizar en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, siguiendo una leyenda urbana que se remonta a los comienzos del siglo XX; en fin, si se quiere, Colombia, el país que más universidades está logrando situar en los grandes escalafones universitarios mundiales en la región, al lado de Brasil, Chile y México.

 

Pues bien, una mirada atenta a los discursos, los pronunciamientos, incluso las entrevistas de los candidatos a la presidencia 2018-2022 pone en evidencia que no ha habido absolutamente ninguna palabra acerca de propuestas, políticas, planes de ciencia y tecnología. Sí hay, y variadas, propuestas sobre educación; desde luego sobre política internacional; sobre políticas de centralización y descentralización, políticas sociales de diversa índole. Pero ni una sola palabra acerca de la ciencia y la tecnología.

 

Dicho puntualmente, la ciencia y la tecnología no existe ni en las agendas de los candidatos a la presidencia, ni en la de sus grupos de asesores, ni tampoco en los periodistas que indagan, consultan y cuestionan.

 

El Estado y la política frente a la ciencia y la tecnología

 

Esta circunstancia no es extraña. Todo lo contrario, es perfectamente congruente con la historia misma del país. Nunca ha habido una preocupación seria por parte del Estado ni de la clase política acerca de la ciencia y la tecnología (CyT).

 

Nunca en la historia del país se logró que el presupuesto de inversión en (CyT) fuera superior al 0.5 por ciento del PIB. Jamás se logró la creación de un ministerio de (CyT).

 

Santos desplazó a Colciencias –el Departamento Administrativo sobre el tema– hacia el Departamento de Planeación Nacional. El candidato Gustavo Petro, quien más se ha acercado al tema, sencillamente propuso que Colciencias pase a ser una dependencia del Ministerio de Educación, lo cual podría tener buenas intenciones de cara a la educación, pero no dice una palabra acerca de (CyT).

 

Digámoslo de manera franca y directa, las élites colombianas jamás han estado sinceramente interesadas en ciencia y tecnología como un asunto de política pública. Los logros alcanzados ocasionalmente en materia de ciencia, tecnología e investigación es más el resultado del trabajo denodado de investigadores individuales y grupos de investigación, antes que el resultado de políticas de apoyo por parte del gobierno o el Estado. Las universidades han hecho lo suyo, pero buena parte de la motivación resulta del hecho de que a un mayor prestigio en calidad académica y de investigación resultan más matrículas y más dinero que ingresa por conceptos como aportes del sector privado.

 

Ante una mirada y un oído sensibles, es atronador el silencio en la política en materia de ciencia y tecnología. Lo cual significa desconocer que el apoyo a la (CyT) se traduce en más y mejores condiciones de vida para la población, más y mejor infraestructura, alimentación, servicios de salud, esperanzas y expectativas de vida, en fin, mayor cuidado del medio ambiente y de la naturaleza.


De un lado, ni las universidades, que invitan a los candidatos a presentar sus programas, les han abierto los ojos a los políticos acerca del tema; y de otra parte, ni los políticos, sus partidos, movimientos y grupos de asesores han caído en la importancia del conocimiento y la información para el desarrollo de la sociedad.


Temas y asuntos como la sociedad de la información, la sociedad del conocimiento y la sociedad de redes, permanecen al margen de las preocupaciones políticas. Es cierto que sí existen planes por parte del Gobierno para pasar del sistema wifi al wimax; es verdad que hay conciencia en algunos sectores acerca del significado de la cuarta revolución industrial, por ejemplo. Pero en el mapa amplio y profundo de la política esos planes representan apenas asuntos de mera gobernabilidad antes que de estrategias políticas en el sentido preciso y fuerte de la palabra.

 

Y no importa si los candidatos son de extrema derecha, de derecha, de centro, de cualquier variedad de la izquierda. Los partidos y movimientos políticos en Colombia no saben de ciencia y tecnología. Ello en marcado contraste con diversos movimientos sociales y políticos desde abajo que sí están aprendiendo y han aprendido de la importancia del conocimiento y la investigación para mejorar sus condiciones de vida; la dignidad y la calidad de vida.

 

Ciencia y tecnología y posibilidades de vida

 

No existe la más mínima duda: en la historia, los países que han invertido en ciencia y en tecnología logran desarrollar políticas sociales y medioambientales que se traducen en mayor gratificación de la existencia. Los índices de felicidad y de satisfacción de la vida consigo misma, son mayores en esos países

 

En la historia, los casos son perfectamente conocidos, pero más recientemente, se trata de países como Irlanda, Corea, Israel, Indonesia y Chile, para mencionar tan sólo un puñado de países que recientemente han invertido de manera significativa en ciencia, tecnología e investigación y sus índices de desarrollo, crecimiento y calidad de vida han aumentado de manera importante.

 

En Colombia sigue prevaleciendo ampliamente la innovación como el modelo de transferencia tecnológica. No existe en Colombia una política pública de apoyo a la innovación, y de manera atávica la entienden, los responsables de lo público, simple y llanamente como emprendimiento. Que es tan torpe como confundir el fuego con el calor, o la lluvia con inundaciones, por ejemplo. Colombia nunca ha hecho hasta la fecha de la innovación un asunto de política pública.

 

Sería interesante realizar un muestreo de las facultades de derecho y gobierno, ciencia política y relaciones internacionales –independientemente del nombre– en las que existen sistemáticamente planes de estudio sobre política de ciencia y tecnología. Reina el silencio, el abandono y el desconocimiento. En Colombia la política y la ciencia y la tecnología no se han llegado a encontrar, ni desde la teoría, ni desde el estudio ni en la práctica.

 

Un mapa congruente que se traduce en violencia, inequidad, injusticia e impunidad. La historia gruesa y oficial de la República de Colombia.

 

Ciencia y tecnología y educación

 

El ministerio de educación nacional (MEN) ha volcado todas sus apuestas de formación de niños, jóvenes y adolescentes en tres criterios: competencias argumentativas, competencias propositivas y competencias interpretativas, todo lo cual, presuntamente se traducirían en competencias ciudadanas. Un embeleco, la verdad sea dicha.

 

Los niños y jóvenes deben hacerse competitivos y desarrollar competencias –todo lo cual pone en evidencia que es el mercado y no la educación por sí misma la que determina los criterios de la educación y la formación. Al fin y al cabo, el sistema de libre mercado se rige por la competitividad, y no sabe nada de cooperación. Confunde, al cabo, la cooperación con programas asistencialistas, dos cosas perfectamente distintas.

 

Los niños y jóvenes se están formando con criterios guerreristas antes que de solidaridad, comensalismo, mutualismo o cooperación. La lucha contra la pobreza, la lucha contra la enfermedad, la lucha por la supervivencia, en fin, cada cual sálvese por sí mismo. Políticas educativas semejantes crean una sociedad indolente, egoísta, ciega.

 

En Brasil, ante el asesinato de una líder social, Marielle Franco, la sociedad civil entera se lanzó a las calles a protestar. En Honduras, el asesinato de la defensora del medioambiente Berta Cáceres produjo una respuesta solidaria de envergadura nacional y mundial. En España, la violación de una mujer por parte de un grupo de amigos conocido como la Manada y la subsecuente condena débil por parte de un juez hizo que toda España se levantara contra la impunidad y la injusticia. En Argentina, la desaparición y muerte del líder social Santiago Maldonado produjo un movimiento de protesta y solidaridad que perdura hasta la fecha. Los ejemplos y casos pueden multiplicarse alrededor del mundo.

 

En Colombia, según diversas fuentes, después de los Acuerdos de La Habana, han sido asesinados alrededor de 200 líderes sociales. Desde el año 2016 han caído asesinados más de 110 defensores de derechos humanos. Pero no se sienten las protestas y los reclamos en las calles en contra de los asesinatos, crímenes y atentados.

 

Colombia es un país de una extremada violencia, traducida en egoísmo y miedo. Y entonces, claro, la falta de cooperación y solidaridad salta ante la vista. Pues bien, un sistema que promueve la competitividad y no la cooperación es una un sistema que apoya, por acción o por omisión, la violencia, la injusticia, la inequidad, la pobreza y la indolencia. Que cada quien se salve a sí mismo, eso es lo construido por décadas desde el sistema educativo y desde las políticas públicas.

 

Competencias educativas, competencias ciudadanas: conceptos erróneos y peligrosos.

 

¿Qué significa una educación y cultura en ciencia y tecnología?

 

En la Grecia antigua, la ciencia y la filosofía fueron el resultado de la política y el derecho. Los debates dejaron de resolverse a las armas, y los argumentos pasaron al primer plano. Argumentos, pruebas, demostraciones, datos, recurso a la experiencia, pensamiento crítico, y mucha libertad. Ese es el modelo que alimenta a Occidente.

 

La formación en ciencia tiene muchos componentes; así por ejemplo, es el reconocimiento del valor de la palabra, de lo argumentos, de los juicios bien construidos. Se trata del hecho de que un conjunto de enunciados no vale nada si la experiencia demuestra lo contrario, lo cual pone en el foco de la mirada la importancia de los hechos, de los datos. Es imposible hacer buena ciencia sin una buena base de datos.

 

Asimismo, la formación en ciencia es el reconocimiento explícito de que los argumentos de autoridad no tienen absolutamente ningún valor. En ciencia no valen las autoridades, sino los experimentos, las reflexiones, los juicios críticos y ponderados a la vez.

 

En ciencia la opinión no vale de nada. Ello en marcado contraste con el modelo liberal de la sociedad que se funda en la libertad de opinión y en la importancia de los formadores de opinión y de los grandes medios de comunicación. Ya Sócrates lo señalo de manera precisa. La opinión, los saberes circulantes, los lugares comunes deben ser radicalmente eliminados y transformados en conceptos. Una idea guía de una inmensa carga democrática.

 

La educación en ciencia forma ciudadanos con criterios propios, reflexivos, críticos. En ciencia, en contraste con el mundo de la política y los negocios, los consensos y los acuerdos no son lo importante. Por el contrario, se promueve la discusión, el debate, la crítica, la reflexión. El mundo de la ciencia no está construido sobre consensos, acuerdos y pactos, sino sobre pruebas y contra-pruebas, refutaciones, mejores experimentos y la elaboración de interpretaciones más consistentes.

 

El Magistrado Carlos Gaviria ya lo decía en algún momento. Grosso modo, la historia de Colombia ha sido la historia del Derecho, puesto que la gran mayoría de los gobernantes fueron formados en el Derecho. Más recientemente, a la responsabilidad del Derecho se suma la responsabilidad misma de la economía, la administración y las finanzas. Grosso modo, las élites colombianas se vienen formando principalmente en estas áreas. Y ellas no saben de ciencia, de tecnología, de investigación. Son eminentemente instrumentales y efectistas. Su lenguaje es el del crecimiento, la eficacia, la eficacia, y la competitividad, notablemente. Todo lo contrario a la ciencia, prima facie.

 

La investigación científica existe hoy en día con base en redes, y promueve a su vez ampliamente las redes: redes de colaboración, redes académicas, redes de citación, redes de investigación. Pues bien, al interior de las redes lo que prima es la colaboración y no la competencia o el egoísmo, el individualismo y la sospecha.

 

Una educación fundada en competencias le hace un flaco favor a la justicia y la igualdad.

 

Los políticos en toda la línea de la palabra, candidatos o no, poco y nada saben de ciencia. Y el más popular de ellos amenaza a sus oponentes, los testigos de sus actos son misteriosamente asesinados, y alrededor suyo se impone una red de silencio y complicidad. Literalmente, se llama el innombrable porque no merece ser nombrado.

 

Los partidos políticos, los movimientos políticos, deben asumir la responsabilidad que tienen ante la ignorancia que tienen ante la ciencia y la tecnología; en el país y en el mundo.

 

Repetimos, frente a esos políticos hay movimientos sociales que sí saben, están aprendiendo y estudian temas de ciencia y tecnología. Pareciera ser que el futuro del país puede encontrarse en estos movimientos sociales con la condición de que logren dinámicas políticas de amplio alcance.

 

Mientras tanto, en materia de conocimiento bien vale un juicio crítico, negativo o de abstención frente a las élites políticas y los candidatos en curso. El ruido de la ausencia.

Publicado enColombia
Lunes, 28 Mayo 2018 10:53

El ruido de la ausencia

El ruido de la ausencia

Colombia se apresta a elegir al próximo presidente de la República. El número exacto en la lista de presidentes no es exactamente claro, debido a circunstancias como la Patria Boba, o las numerosas guerras del siglo XIX.

 

Colombia, el candidato a la Ocde (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico); el país miembro del grupo de Civets (presuntamente el grupo de vanguardia en el futuro de la economía después de los países Brics); la cuarta economía de América Latina, después de Brasil, México y Chile; la Atenas Suramericana, como jocosamente aún alguna aerolínea lo anuncia al aterrizar en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, siguiendo una leyenda urbana que se remonta a los comienzos del siglo XX; en fin, si se quiere, Colombia, el país que más universidades está logrando situar en los grandes escalafones universitarios mundiales en la región, al lado de Brasil, Chile y México.

 

Pues bien, una mirada atenta a los discursos, los pronunciamientos, incluso las entrevistas de los candidatos a la presidencia 2018-2022 pone en evidencia que no ha habido absolutamente ninguna palabra acerca de propuestas, políticas, planes de ciencia y tecnología. Sí hay, y variadas, propuestas sobre educación; desde luego sobre política internacional; sobre políticas de centralización y descentralización, políticas sociales de diversa índole. Pero ni una sola palabra acerca de la ciencia y la tecnología.

 

Dicho puntualmente, la ciencia y la tecnología no existe ni en las agendas de los candidatos a la presidencia, ni en la de sus grupos de asesores, ni tampoco en los periodistas que indagan, consultan y cuestionan.

 

El Estado y la política frente a la ciencia y la tecnología

 

Esta circunstancia no es extraña. Todo lo contrario, es perfectamente congruente con la historia misma del país. Nunca ha habido una preocupación seria por parte del Estado ni de la clase política acerca de la ciencia y la tecnología (CyT).

 

Nunca en la historia del país se logró que el presupuesto de inversión en (CyT) fuera superior al 0.5 por ciento del PIB. Jamás se logró la creación de un ministerio de (CyT).

 

Santos desplazó a Colciencias –el Departamento Administrativo sobre el tema– hacia el Departamento de Planeación Nacional. El candidato Gustavo Petro, quien más se ha acercado al tema, sencillamente propuso que Colciencias pase a ser una dependencia del Ministerio de Educación, lo cual podría tener buenas intenciones de cara a la educación, pero no dice una palabra acerca de (CyT).

 

Digámoslo de manera franca y directa, las élites colombianas jamás han estado sinceramente interesadas en ciencia y tecnología como un asunto de política pública. Los logros alcanzados ocasionalmente en materia de ciencia, tecnología e investigación es más el resultado del trabajo denodado de investigadores individuales y grupos de investigación, antes que el resultado de políticas de apoyo por parte del gobierno o el Estado. Las universidades han hecho lo suyo, pero buena parte de la motivación resulta del hecho de que a un mayor prestigio en calidad académica y de investigación resultan más matrículas y más dinero que ingresa por conceptos como aportes del sector privado.

 

Ante una mirada y un oído sensibles, es atronador el silencio en la política en materia de ciencia y tecnología. Lo cual significa desconocer que el apoyo a la (CyT) se traduce en más y mejores condiciones de vida para la población, más y mejor infraestructura, alimentación, servicios de salud, esperanzas y expectativas de vida, en fin, mayor cuidado del medio ambiente y de la naturaleza.


De un lado, ni las universidades, que invitan a los candidatos a presentar sus programas, les han abierto los ojos a los políticos acerca del tema; y de otra parte, ni los políticos, sus partidos, movimientos y grupos de asesores han caído en la importancia del conocimiento y la información para el desarrollo de la sociedad.


Temas y asuntos como la sociedad de la información, la sociedad del conocimiento y la sociedad de redes, permanecen al margen de las preocupaciones políticas. Es cierto que sí existen planes por parte del Gobierno para pasar del sistema wifi al wimax; es verdad que hay conciencia en algunos sectores acerca del significado de la cuarta revolución industrial, por ejemplo. Pero en el mapa amplio y profundo de la política esos planes representan apenas asuntos de mera gobernabilidad antes que de estrategias políticas en el sentido preciso y fuerte de la palabra.

 

Y no importa si los candidatos son de extrema derecha, de derecha, de centro, de cualquier variedad de la izquierda. Los partidos y movimientos políticos en Colombia no saben de ciencia y tecnología. Ello en marcado contraste con diversos movimientos sociales y políticos desde abajo que sí están aprendiendo y han aprendido de la importancia del conocimiento y la investigación para mejorar sus condiciones de vida; la dignidad y la calidad de vida.

 

Ciencia y tecnología y posibilidades de vida

 

No existe la más mínima duda: en la historia, los países que han invertido en ciencia y en tecnología logran desarrollar políticas sociales y medioambientales que se traducen en mayor gratificación de la existencia. Los índices de felicidad y de satisfacción de la vida consigo misma, son mayores en esos países

 

En la historia, los casos son perfectamente conocidos, pero más recientemente, se trata de países como Irlanda, Corea, Israel, Indonesia y Chile, para mencionar tan sólo un puñado de países que recientemente han invertido de manera significativa en ciencia, tecnología e investigación y sus índices de desarrollo, crecimiento y calidad de vida han aumentado de manera importante.

 

En Colombia sigue prevaleciendo ampliamente la innovación como el modelo de transferencia tecnológica. No existe en Colombia una política pública de apoyo a la innovación, y de manera atávica la entienden, los responsables de lo público, simple y llanamente como emprendimiento. Que es tan torpe como confundir el fuego con el calor, o la lluvia con inundaciones, por ejemplo. Colombia nunca ha hecho hasta la fecha de la innovación un asunto de política pública.

 

Sería interesante realizar un muestreo de las facultades de derecho y gobierno, ciencia política y relaciones internacionales –independientemente del nombre– en las que existen sistemáticamente planes de estudio sobre política de ciencia y tecnología. Reina el silencio, el abandono y el desconocimiento. En Colombia la política y la ciencia y la tecnología no se han llegado a encontrar, ni desde la teoría, ni desde el estudio ni en la práctica.

 

Un mapa congruente que se traduce en violencia, inequidad, injusticia e impunidad. La historia gruesa y oficial de la República de Colombia.

 

Ciencia y tecnología y educación

 

El ministerio de educación nacional (MEN) ha volcado todas sus apuestas de formación de niños, jóvenes y adolescentes en tres criterios: competencias argumentativas, competencias propositivas y competencias interpretativas, todo lo cual, presuntamente se traducirían en competencias ciudadanas. Un embeleco, la verdad sea dicha.

 

Los niños y jóvenes deben hacerse competitivos y desarrollar competencias –todo lo cual pone en evidencia que es el mercado y no la educación por sí misma la que determina los criterios de la educación y la formación. Al fin y al cabo, el sistema de libre mercado se rige por la competitividad, y no sabe nada de cooperación. Confunde, al cabo, la cooperación con programas asistencialistas, dos cosas perfectamente distintas.

 

Los niños y jóvenes se están formando con criterios guerreristas antes que de solidaridad, comensalismo, mutualismo o cooperación. La lucha contra la pobreza, la lucha contra la enfermedad, la lucha por la supervivencia, en fin, cada cual sálvese por sí mismo. Políticas educativas semejantes crean una sociedad indolente, egoísta, ciega.

 

En Brasil, ante el asesinato de una líder social, Marielle Franco, la sociedad civil entera se lanzó a las calles a protestar. En Honduras, el asesinato de la defensora del medioambiente Berta Cáceres produjo una respuesta solidaria de envergadura nacional y mundial. En España, la violación de una mujer por parte de un grupo de amigos conocido como la Manada y la subsecuente condena débil por parte de un juez hizo que toda España se levantara contra la impunidad y la injusticia. En Argentina, la desaparición y muerte del líder social Santiago Maldonado produjo un movimiento de protesta y solidaridad que perdura hasta la fecha. Los ejemplos y casos pueden multiplicarse alrededor del mundo.

 

En Colombia, según diversas fuentes, después de los Acuerdos de La Habana, han sido asesinados alrededor de 200 líderes sociales. Desde el año 2016 han caído asesinados más de 110 defensores de derechos humanos. Pero no se sienten las protestas y los reclamos en las calles en contra de los asesinatos, crímenes y atentados.

 

Colombia es un país de una extremada violencia, traducida en egoísmo y miedo. Y entonces, claro, la falta de cooperación y solidaridad salta ante la vista. Pues bien, un sistema que promueve la competitividad y no la cooperación es una un sistema que apoya, por acción o por omisión, la violencia, la injusticia, la inequidad, la pobreza y la indolencia. Que cada quien se salve a sí mismo, eso es lo construido por décadas desde el sistema educativo y desde las políticas públicas.

 

Competencias educativas, competencias ciudadanas: conceptos erróneos y peligrosos.

 

¿Qué significa una educación y cultura en ciencia y tecnología?

 

En la Grecia antigua, la ciencia y la filosofía fueron el resultado de la política y el derecho. Los debates dejaron de resolverse a las armas, y los argumentos pasaron al primer plano. Argumentos, pruebas, demostraciones, datos, recurso a la experiencia, pensamiento crítico, y mucha libertad. Ese es el modelo que alimenta a Occidente.

 

La formación en ciencia tiene muchos componentes; así por ejemplo, es el reconocimiento del valor de la palabra, de lo argumentos, de los juicios bien construidos. Se trata del hecho de que un conjunto de enunciados no vale nada si la experiencia demuestra lo contrario, lo cual pone en el foco de la mirada la importancia de los hechos, de los datos. Es imposible hacer buena ciencia sin una buena base de datos.

 

Asimismo, la formación en ciencia es el reconocimiento explícito de que los argumentos de autoridad no tienen absolutamente ningún valor. En ciencia no valen las autoridades, sino los experimentos, las reflexiones, los juicios críticos y ponderados a la vez.

 

En ciencia la opinión no vale de nada. Ello en marcado contraste con el modelo liberal de la sociedad que se funda en la libertad de opinión y en la importancia de los formadores de opinión y de los grandes medios de comunicación. Ya Sócrates lo señalo de manera precisa. La opinión, los saberes circulantes, los lugares comunes deben ser radicalmente eliminados y transformados en conceptos. Una idea guía de una inmensa carga democrática.

 

La educación en ciencia forma ciudadanos con criterios propios, reflexivos, críticos. En ciencia, en contraste con el mundo de la política y los negocios, los consensos y los acuerdos no son lo importante. Por el contrario, se promueve la discusión, el debate, la crítica, la reflexión. El mundo de la ciencia no está construido sobre consensos, acuerdos y pactos, sino sobre pruebas y contra-pruebas, refutaciones, mejores experimentos y la elaboración de interpretaciones más consistentes.

 

El Magistrado Carlos Gaviria ya lo decía en algún momento. Grosso modo, la historia de Colombia ha sido la historia del Derecho, puesto que la gran mayoría de los gobernantes fueron formados en el Derecho. Más recientemente, a la responsabilidad del Derecho se suma la responsabilidad misma de la economía, la administración y las finanzas. Grosso modo, las élites colombianas se vienen formando principalmente en estas áreas. Y ellas no saben de ciencia, de tecnología, de investigación. Son eminentemente instrumentales y efectistas. Su lenguaje es el del crecimiento, la eficacia, la eficacia, y la competitividad, notablemente. Todo lo contrario a la ciencia, prima facie.

 

La investigación científica existe hoy en día con base en redes, y promueve a su vez ampliamente las redes: redes de colaboración, redes académicas, redes de citación, redes de investigación. Pues bien, al interior de las redes lo que prima es la colaboración y no la competencia o el egoísmo, el individualismo y la sospecha.

 

Una educación fundada en competencias le hace un flaco favor a la justicia y la igualdad.

 

Los políticos en toda la línea de la palabra, candidatos o no, poco y nada saben de ciencia. Y el más popular de ellos amenaza a sus oponentes, los testigos de sus actos son misteriosamente asesinados, y alrededor suyo se impone una red de silencio y complicidad. Literalmente, se llama el innombrable porque no merece ser nombrado.

 

Los partidos políticos, los movimientos políticos, deben asumir la responsabilidad que tienen ante la ignorancia que tienen ante la ciencia y la tecnología; en el país y en el mundo.

 

Repetimos, frente a esos políticos hay movimientos sociales que sí saben, están aprendiendo y estudian temas de ciencia y tecnología. Pareciera ser que el futuro del país puede encontrarse en estos movimientos sociales con la condición de que logren dinámicas políticas de amplio alcance.

 

Mientras tanto, en materia de conocimiento bien vale un juicio crítico, negativo o de abstención frente a las élites políticas y los candidatos en curso. El ruido de la ausencia.

Publicado enEdición Nº246
“¡Alto a la guerra contra la educación pública!”, claman decenas de miles de docentes

Decenas de miles de maestros y personal de apoyo escolar abandonaron las aulas en Oklahoma y Kentucky coreando “alto a la guerra contra la educación pública”, en una acción sin precedente en décadas recientes, mientras sus colegas en otros estados contemplan sumarse a lo que algunos bautizan como la “rebelión de los maestros”.

Grupos de docentes se congregaron frente a sus escuelas en Oklahoma esta mañana, pero en lugar de ingresar para iniciar el día de clases, marcharon de todas partes del estado para dirigirse al capitolio estatal; según algunos informes, más de 200 distritos escolares de un total de 500 fueron cerrados por la acción. Estudiantes y familias se sumaron en apoyo de sus maestros y sus exigencias que no se limitaban a su remuneración –entre las más bajas de todo el país–, sino en revertir las severas reducciones del gasto público en educación a lo largo de la década anterior.

Los recortes en Oklahoma y otros estados han dejado escuelas en el país más rico del mundo sin suficientes libros de texto y otros materiales, con instalaciones en deterioro peligroso, y estudiantes y maestros tiritando en los inviernos por falta de calefacción. Varios distritos escolares se han visto obligados a reducir la jornada a sólo cuatro días a la semana por falta de recursos, resultado de una reducción de casi 30 por ciento en el presupuesto de educación en los pasados 10 años.

En Oklahoma, el índice salarial de los maestros ocupa el penúltimo lugar de los 50 estados. Eso, para muchos, implica que han tenido que tomar un empleo secundario para sostener a sus familias, trabajando como meseros en restaurantes de cadena, en supermercados o como choferes de Uber, entre otros. Algunos han tenido que recurrir a programas de asistencia alimentaria o a caridades para atender necesidades básicas de sus familias y han llegado incluso a donar sangre por dinero.

El paro en Oklahoma fue acompañado de otro en Kentucky, con miles de maestros en el capitolio de ese estado coreando: ya basta y no cederemos, obligando al cierre de todas las escuelas públicas de la entidad. Esto, después de que decenas de planteles en 28 distritos escolares tuvieron que cerrar el vienes, cuando miles de maestros se declararon “enfermos” y se congregaron en el capitolio estatal para protestar por cambios en los planes de pensiones.

En Arizona se han repetido las manifestaciones de maestros en semanas recientes y se está evaluando estallar una huelga contra las reducciones en el presupuesto de educación estatal y en busca de un incremento de 20 por ciento al salario.

Maestros en Wisconsin, Pensylvania y Nueva Jersey también están considerando emprender acciones parecidas.

Los docentes señalan que la huelga triunfante de nueve días de sus colegas en West Virginia el mes pasado con exigencias parecidas ayudaron a su decisión de emprender acciones como la de ayer, detonadas por el hartazgo e ira ante las políticas estatales contra la educación pública (en Estados Unidos, la educación pública es financiada y regulada por el gobierno estatal).

Estos estados son gobernados por republicanos, y estas nuevas movilizaciones podrían tener implicaciones para las próximas elecciones intermedias en noviembre a nivel federal, al renacer parte del movimiento sindical en esta coyuntura política.

Más aún, estas acciones sindicales son en muchos casos ilegales según las leyes estatales, y aún más notable, no son autorizadas por el propio liderazgo sindical, sino resultado de organización y coordinación entre las bases que se comunican a través de las redes sociales. Algunos expertos dicen que si esto sigue creciendo, se convertirá en una ola de huelgas no autorizadas sin precedente desde tiempos de la Gran Depresión.

El fin de semana, el senador Bernie Sanders publicó un tuit: “empezó en West Virginia. Continuó en Oklahoma y ahora se está ampliando a Arizona. Maestros están exigiendo respeto por la educación y los educadores. Se están alzando, luchando y logran avances reales. Viene el cambio.

 

Publicado enInternacional
Jueves, 15 Febrero 2018 06:25

Mentiras sobre el gasto militar

Mentiras sobre el gasto militar

Los 17 muertos provocados ayer por un tiroteo en una escuela de Florida se suman a los miles y miles que cada año lamentan los estadounidenses por la proliferación de armas de guerra en su población civil, gracias a la política de libre venta de armas. Sólo en los últimos cinco años fueron 291 los colegios afectados por ataques similares. Pero lejos de agotarse dentro de sus fronteras, el armamentismo norteamericano se reproduce como en un espejo en su política económica y militar, que termina exportando muerte y destrucción a todo el mundo.

Días atrás, el presidente Donald Trump dio a conocer su proyecto de presupuesto para 2019 que contempla un enorme déficit fiscal (que tratará de trasladarlo a los demás países, sobre todo a los de la periferia) y un presupuesto militar, eufemísticamente llamado de “defensa”, de 716.000 millones de dólares, según informa la cadena CNBC. Este monto incluye 24.000 millones de dólares destinados a la modernización del programa nuclear que, en algunos comunicados, aparecía desligado del gasto militar, como si se tratara de inversiones para la producción de centrales atómicas.


Estos datos son algunas de las “posverdades” a los cuales nos tiene acostumbrados el imperialismo norteamericano. “Posverdad” o fake news –como gusta decir Donald Trump– porque se oculta la verdadera dimensión del gasto militar de Estados Unidos haciéndoselo aparecer como menor de lo que realmente es en un intento por escamotear ante la vista de la opinión pública el desenfreno militarista de un imperio que debilitado en su hegemonía política, intelectual y moral, como diría Antonio Gramsci, se repliega sobre sus capacidades destructivas para contener por la fuerza su inexorable declinación en un sistema internacional que ya ha asumido un formato definitivamente multipolar.


Hace muchos años que el gasto militar se convirtió en el principal motor de la economía norteamericana y fuente de fabulosas superganancias para el complejo militar-industrial-financiero que gira en torno a la producción de armamentos. En una suerte de perversa “puerta giratoria” las ganancias de este complejo se transfieren, en una pequeña porción, a la clase política. Sus empresas y lobbies son los indispensables financistas de las onerosas carreras políticas de representantes, senadores, gobernadores y presidentes, prostituyendo definitivamente el funcionamiento de la democracia en Estados Unidos y abriendo las puertas para la constitución de la corrupta plutocracia que hoy gobierna a ese país. Presidentes y legisladores, envueltos en un falso celo patriótico, retribuyen los favores recibidos concediendo jugosas contraprestaciones materiales a las empresas del sector, todo lo cual se traduce en una desorbitada, absurda e innecesaria escalada del gasto militar. Esta corruptela explica que más de la mitad de los miembros del Congreso de Estados Unidos sean millonarios, cuando la proporción de éstos en la sociedad norteamericana es de apenas 1,4% (http://cnnespanol.cnn.com/2014/01/10/la-mayoria-de-los-miembros-del-congreso-de-ee-uu-son-millonarios/).


No es de extrañar, en consecuencia, que desde la Guerra de Corea en adelante Estados Unidos no haya conocido un solo año sin tener tropas combatiendo en el exterior. Tampoco lo es que, pese a los optimistas anuncios oficiales, el gasto militar haya aumentado aun luego de la desaparición de quien durante los largos años de la Guerra Fría fuera su enemigo fundamental: la Unión Soviética. En este sentido, la operación propagandística del imperio pregonando los supuestos “dividendos de la paz” como fuente de una renovada ayuda al desarrollo quedó rápidamente al desnudo. Ni se mejoró la asignación de recursos para reducir la pobreza dentro de Estados Unidos ni se los canalizó para facilitar el progreso económico y social de los países de la periferia. Todo lo contrario, la escalada sin techo del gasto militar prosiguió su curso inalterada.


Sorprende entonces la aceptación sin beneficio de inventario de la cifra del presupuesto militar que la Administración Trump anunciara recientemente. Según los cálculos más rigurosos el gasto militar total de Estados Unidos ya traspasó el umbral considerado –hasta no hace mucho– como absolutamente insuperable, como una frontera escalofriante de un billón de dólares, es decir, un millón de millones de dólares, lo que equivale aproximadamente a la mitad del gasto militar mundial. Tradicionalmente la Casa Blanca ocultaba la verdadera dimensión de su exorbitante presupuesto militar y los medios de comunicación del imperio reproducían esa mentira. En el caso actual aquel va mucho más allá de los 716.000 millones de dólares recientemente declarado por la Casa Blanca. Esa cifra no incluye otros emolumentos derivados de la presencia bélica de EE.UU. en el mundo y que también deben ser considerados como parte del presupuesto militar del imperio. Por ejemplo, la Administración Nacional de Veteranos (VET) que tiene a su cargo ofrecer atención médica a los heridos en combate hasta el fin de sus vidas y de asistir a quienes regresan del frente desquiciados psicológicamente tiene un presupuesto para el próximo año de 198.000 millones de dólares(https://www.militarytimes.com/veterans/2018/02/12/va-spending-up-again-in-trumps-fiscal-2019-budget-plan/). A esta descomunal cifra hay que agregarle otros dos ítems, con datos muy poco transparentes y disimulados en el presupuesto federal: los destinados a la contratación de “asesores” para misiones especiales (vulgo: mercenarios) y los “gastos de reconstrucción” para ocupar o transitar por áreas previamente destruidas por la aviación o los drones de EE.UU. Si se suman todos estos componentes se llega a una cifra que supera el billón de dólares. Para comprobar la irracionalidad criminal de este presupuesto nótese que tan sólo el gasto de la VET equivale a poco menos que el gasto militar total de China, que asciende a 215.175 millones de dólares y que el segundo presupuesto militar del planeta. O con el presupuesto de la Federación Rusa, que es casi tres veces inferior al de la VET: 70.345 millones de dólares; o con el del ultra-enemigo de EE.UU., Irán 12.383 millones de dólares.

¿Cómo justificar tan fenomenal desproporción? Inventando enemigos, como el ISIS, o dando pie a delirantes conspiraciones acerca del peligro que Rusia, China, Irán o Corea del Norte representan para la seguridad nacional norteamericana. Pero la verdad es que el gasto militar ayuda a mover una economía de lento crecimiento y, sobre todo, alimenta al complejo armamentístico que financia a los políticos que convierte en millonarios. Pese a eso la dirigencia estadounidense insiste en la vulnerabilidad de la seguridad nacional norteamericana y no cesa de mantener a su población sumida en el miedo, un efectivo dispositivo de dominación. Por último, con tal brutal desequilibrio de fuerzas en el plano militar Washington reafirma su vocación de seguir siendo el gigantesco gendarme mundial presto a actuar en cualquier lugar del planeta para poner al capitalismo a salvo de toda amenaza. En cualquier lugar, pero sobre todo en Nuestra América, reserva estratégica de un imperio amenazado. La contraofensiva lanzada en los últimos años y la creciente belicosidad en contra de Cuba y Venezuela son pruebas harto elocuentes de esa enfermiza vocación por impedir que la tierra siga girando y congelar la historia en el punto en que se encontraba al anochecer del 31 de diciembre de 1958, en vísperas del triunfo de la Revolución Cubana. Todos estos esfuerzos serán en vano, pero mientras tanto están haciendo un daño enorme y hay que detenerlos antes de que sea demasiado tarde porque la humanidad está en peligro.

Publicado enInternacional
Sábado, 10 Febrero 2018 06:52

Esa piba veleidosa

Esa piba veleidosa

Los escalofríos en los mercados de especulación financiera generan incertidumbre en la economía de Estados Unidos. Varios economistas advierten que los mercados inmobiliario y de valores están sobrevalorados. La respuesta del genial presidente Donald Trump: un desfile militar.


Durante la campaña presidencial de 2016 el magnate de ilusiones Donald Trump convenció a más de 60 millones de votantes de que la situación económica de Estados Unidos era desastrosa, catastrófica, horrible, insostenible, y de que todo era culpa de Barack Obama.


Durante el primer año de su gestión presidencial, Trump se ha jactado del desempeño brillante, excepcional, excelente y robusto de la economía estadounidense, atribuyéndose por supuesto los méritos.


La realidad real –no la alternativa en la cual Trump se mueve– es un poco diferente de ambas ficciones: la capacidad de un presidente de Estados Unidos para influir en la economía es limitada, y sólo ha sido eficaz a medias cuando el gobierno ha salvado al sistema de sus propias estupideces.


Tras la crisis financiera de 2008, tanto el entonces presidente republicano George W Bush como el recién llegado demócrata Obama, dispusieron una intervención estatal gigantesca que permitió navegar la Gran Recesión. Cuando Obama llegó a la Casa Blanca en enero de 2009 el país perdía 700 mil empleos por mes, la tasa de desempleo estaba por encima del 10 por ciento de una fuerza laboral desalentada, el sistema financiero se tambaleaba y empresas como General Motors, Chrysler y Ford estaban al borde de la bancarrota.


La Gran Recesión concluyó, formalmente, en julio de 2009, y desde entonces la economía de Estados Unidos retornó a un crecimiento, lento pero sostenido, y para el fin de la gestión de Obama la tasa de desempleo había bajado al 4,9 por ciento. La gran desazón de la mayoría de los estadounidenses en 2016 no respondió a una mala situación económica, sino a una economía que ha seguido concentrando la riqueza en unos pocos y manteniendo a los muchos en un corre-corre tras empleos secundarios, changas y malabarismos en el presupuesto hogareño.


Las ganancias de las corporaciones han crecido más del doble: de unos 800.000 millones de dólares anuales en 2009, a 1.700 millones en 2017. Durante el mismo período el sueldo real promedio de los trabajadores ha subido de unos 690 dólares por semana a 754 dólares (9,2 por ciento), contando con el salto en diciembre y enero que causó temores de presión inflacionaria.


Esta es la economía que Trump recibió hace poco más de un año, y que siguió funcionando de la misma manera: más beneficios para los especuladores financieros y aguántense los de abajo que tenemos un gran reality show.


Durante 2017 los valores en los mercados financieros batieron récords mes tras mes, y Trump, el empresario, se ha jactado de ello como si el índice Dow Jones fuese el termómetro de la economía.


En la primera semana de febrero los mercados financieros de Estados Unidos perdieron todas las ganancias que habían acumulado de manera acelerada desde el 1 de enero, y de pronto entró el temor, la seguidilla de análisis de expertos, los vaticinios de caídas vertiginosas en “las bolsas”, y luego los diagnósticos de que se trata apenas de un ajuste de los mercados y que los fundamentos de la economía son sólidos.


LOS CLARIVIDENTES.

El salvamento del sistema económico fue resultado, en gran parte, de la adopción ya en diciembre de 2007 de una política monetaria con la cual la Reserva Federal mantuvo la tasa de interés de referencia en casi cero, durante casi una década.


Con dinero abundante y barato, la economía –medida por los índices de los mercados– está ahora en un punto diferente: el mercado laboral ha llegado a lo que muchos consideran “pleno empleo”, y para conseguir trabajadores las empresas tienen que aumentar los sueldos, lo cual incrementará el consumo y el riesgo de inflación.
La inflación se ha mantenido por años debajo del 2 por ciento anual, algo que la Reserva Federal considera saludable, y por lo tanto ha ido aumentando muy suavemente la tasa de interés desde fines de 2017. Si la economía se atasca, la Reserva, que ha llevado la tasa de interés al 1,25 o 1,50 por ciento, no tendrá mucho margen para bajarla y evitar un estancamiento, y si la economía se acelera y sube la tasa de interés, los especuladores se mandarán mudar y chau bonanza.


La propia Reserva Federal está en transición. Janet Yellen, la primera mujer presidenta de la institución, que concluyó su mandato de cuatro años la semana pasada y a quienes muchos analistas dan más mérito por la reactivación económica que a Obama y Trump juntos, se despidió advirtiendo que, en su opinión, “los precios de las acciones y los bienes raíces están elevados”, pero se abstuvo de afirmar que esos mercados estén en una “burbuja” de especulación.


Su sucesor, Jerome Powell, designado por Trump, tomó el timón justo cuando los mercados andaban espantados por la mayor estampida de ventas en seis años y medio y la mayor pérdida de puntos del Dow Jones en un día.


Según Charles Lane, editorialista de economía y política fiscal en The Washington Post, “afortunadamente, Powell es una de las mejores designaciones que ha hecho Trump: elegido por Obama hace seis años como miembro de la Junta Directiva de la Reserva como gesto de conciliación bipartidista, Powell es un veterano tanto de Washington como de Wall Street y en general ha apoyado las políticas de Yellen”.


El ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan, quien fuera gurú de estas materias entre 1987 y 2006, opina que “hay dos burbujas: una burbuja en el mercado de acciones, y una burbuja en el mercado de bonos”. “A corto plazo, esto no es cosa mala –añadió–. Pero obviamente nos encaminamos a un mayor incremento en las tasas de interés de largo plazo, y esto tiene un impacto importante en toda la estructura de la economía.”


Greenspan señaló con el dedo a los políticos, indicando que “lo que tenemos es un panorama fiscal inestable a largo plazo, en el cual la inflación se hará fuerte. Me sorprendió mucho que (en el mensaje anual del presidente Trump al Congreso) se mencionaran todas esas grandes iniciativas para las cuales no hay financiación, y ahora nos acercamos al momento en que se acelerará la inflación. La única pregunta es cuándo”.


Paul Krugman, premio Nobel de economía en 2008, está de acuerdo con Greenspan en que los mercados de valores y de bienes raíces están sobrevalorados, y se preguntó: “¿Vamos camino a un gran problema?”. “Es demasiado pronto para saberlo –afirmó–. Pero lo que sí sabemos es que, si es así, tenemos la peor gente posible a cargo para resolverlo”, y calificó al secretario de Tesoro, Steven Mnuchin, como “el individuo menos distinguido y menos informado que jamás haya ocupado ese puesto”.


Por su parte, Dean Baker, bocho máximo del Centro para Investigación Económica y de Políticas, estuvo de acuerdo con Greenspan y Krugman acerca de la “sobrevaloración de mercados” –para los legos: cuidado que nos escrachamos–, pero no con que Estados Unidos esté al borde del pleno empleo.


“Si bien la tasa de desempleo del 4,1 por ciento (la menor en 17 años) es baja, comparada con los estándares de los últimos 45 años, vale la pena notar que otras grandes economías, como Japón y Alemania, tienen tasas de desempleo mucho más bajas de las que casi cualquier economista hubiese creído aconsejables hace apenas cuatro o cinco años –escribió Baker–. No veo razón para creer que la tasa de desempleo de Estados Unidos no pueda bajar al 3,5 por ciento, y aun más, sin que entremos en una espiral inflacionaria.”


IMPREDECIBLE.

La economía es una dama que se mueve por sus propios ciclos, los cuales no siempre coinciden con los mandatos presidenciales. Cuando viene flaca, el nuevo presidente culpa al anterior; cuando viene con curvas bonitas, el presidente se atribuye el engorde, y cuando entra a tropezar todos culpan al presidente en funciones.


La diferencia con Trump es que nadie tiene idea de cuáles son sus ideas, suponiendo que existan, acerca de la política económica de su gobierno.


Durante la campaña de 2016 Trump acusó a China, México, Canadá, la Unión Europea y casi todo el resto del mundo de llevar adelante prácticas comerciales desleales que robaban empleos estadounidenses. Para remediar el entuerto, Trump prometió medidas proteccionistas que han desbaratado o amenazan desbaratar los acuerdos multilaterales de comercio.


No obstante lo cual, 2017 cerró con un déficit comercial récord de 566.600 millones de dólares, un 12,1 por ciento mayor que en el año anterior. El déficit comercial con China –país al que el candidato Trump denunció como manipulador de la moneda– subió a la cifra sin precedentes de 375.000 millones de dólares, y el saldo negativo con México creció a 71.000 millones de dólares.


El único logro legislativo en un año de presidencia trumpiana fue la aprobación de una reforma impositiva tan compleja que nadie –ni trabajadores ni empresarios– sabe con cierta certeza cómo impactará en la economía. En principio, hay cortes de impuestos para todos, con el detalle de que los recortes impositivos para los trabajadores expiran en dos años, y los de las grandes corporaciones serán permanentes.


Aunque la victoria electoral de Trump se debió al fervor de los conservadores, que siempre son cruzados contra el déficit y la deuda fiscal, en los primeros tres meses del año fiscal 2018 ésta ascendió a 228.000 millones de dólares, unos 18.000 millones más que en el mismo período de 2017.


La deuda nacional, que al término del año fiscal 2017 se ubicaba en 20,2 billones de dólares, ha subido en 3.000 millones de dólares en los primeros tres meses del año fiscal 2018, y sigue por encima del 105 por ciento del Pbi.


El déficit se financia con deuda. Para el año fiscal 2018, que comenzó el 1 de octubre, el presupuesto federal es de 4,1 billones de dólares, de los cuales 315.000 millones van para pagar la deuda y sus intereses.


De ahí la advertencia de Greenspan sobre la política fiscal, y de que los vaivenes de Trump contribuyan a agravarla. Según el Comité por un Presupuesto Federal Responsable, un grupo bipartidista, la reforma impositiva que Trump promulgó añadirá 2,2 billones de dólares a los déficit fiscales en una década. Los recortes de 5,8 billones de dólares se compensarán, en la fantasía de Trump, con un crecimiento económico que él prometió que sería del 4 por ciento anual al término de su primer año en el gobierno, y ha sido en realidad del 2,6 por ciento. Pocos economistas dan crédito a la ilusión de Trump de que la economía de Estados Unidos seguirá creciendo al 4 por ciento anual durante una década, como para solventar el déficit.


En su actual pulseada presupuestaria con el Congreso –en el cual su Partido Republicano tiene mayoría en ambas cámaras–, Trump insiste en que se destinen 25.000 millones de dólares del presupuesto de política de inmigración para la construcción de la gran muralla que prometió para la frontera con México. Dado que ahora Trump ya no menciona, como juró en 2016, que haría que México pagara por el muro, cabe suponer que los contribuyentes estadounidenses pagarán por él.
El presupuesto de Trump contiene, además, una asignación de 700.000 millones de dólares al gasto militar, un incremento de 10 por ciento sobre el último presupuesto de Obama, y hace énfasis en los armamentos nucleares.


En una semana de temblequeos en los mercados financieros y en la cual Trump calificó de “traidores a la patria” a los legisladores demócratas que no lo aplaudieron durante su discurso en el Congreso, mientras sigue adelante la investigación de su extraño romance con Rusia, el presidente encontró otro chiche con el cual distraer la atención pública: ¡un desfile militar!


EL ARTE DE DESFILAR.

A diferencia de otras muchas naciones, en Estados Unidos las fiestas nacionales no incluyen enormes desfiles militares. Sí, por ahí, entre carrozas y equipos escolares, desfilan algunos soldados de reserva con sus banderas, pero nada parecido a los despliegues gigantescos de tropas y armamento típicos de las dictaduras.


Ha habido algunos desfiles militares en Estados Unidos: en 1942 para exaltar el esfuerzo guerrero, en 1946 para celebrar la victoria de los aliados, en 1953 para la inauguración del presidente Dwight Eisenhower, en 1961 para la de John F Kennedy, y en 1981 tras la victoria en la primera Guerra del Golfo.
Pero Trump visitó Francia en julio pasado y quedó fascinado con el gran desfile del Día de la Bastilla, en París. Tanto que ahora le ordenó al Pentágono que organice algo similar en Washington para una fecha a determinar.


Es posible también que lo tenga molesto el despliegue de tropas, tanques, cohetes y banderas de su contraparte favorita, el dictador de Corea del Norte, Kim Jong-un. Después de haberle advertido a Kim que su “botón nuclear” es más grande que el suyo, tal vez ahora Trump sienta la compulsión de mostrar que su desfile militar es más grande que los de Pyonyang o Moscú.


El capricho de grandeza también tiene su costo: hace años que las fuerzas armadas de Estados Unidos dedican menos tiempo y esfuerzo a entrenar a sus soldados para el paso de marcha y la coreografía de escuadras, batallones, regimientos y banderitas. La guerra actual se hace con unidades pequeñas, operaciones de comando, y no con formaciones cerradas que avanzan sobre el tablero del campo de batalla.


La organización de la calistenia de tropas, suponiendo que el Pentágono le siga la corriente, requerirá el traslado a Washington de tanques de guerra que están dispersos en unidades a miles de quilómetros, quizá la inclusión de plataformas rodantes y misiles, y la pérdida de tiempo enseñando a desfilar a las tropas que supuestamente deberían estar listas para el combate.


En la economía de Trump, cualquier costa tiene sentido. Si hay nubes en el horizonte económico, fácil: un desfile militar.

Publicado enEconomía
Miércoles, 29 Noviembre 2017 18:19

La farándula de la ciencia

La farándula de la ciencia

Para argumentar la importancia de divulgar la ciencia en Colombia se compara, como siempre, con Europa y EE.UU, dejando de lado las condiciones que llevaron a estos países a esa posición de vanguardia. Por ejemplo, la inversión en CyT allí supera el 2.5 por ciento del PIB, mientras que en Colombia es el 0.3.

Desde hace un par de años en Colombia aumenta la divulgación y visibilización de la ciencia a tal punto que ahora se realizan eventos para enseñar a la comunidad académica a explicar sus publicaciones ante el público en general. Esto, basado en la idea de que en Colombia sí hay ciencia pero hace falta divulgarla. Sin embargo, esta idea lo que hace es ocultar dos realidades evidentes: 1. Colciencias nunca ha tenido un presupuesto adecuado para el reto de desarrollar la Ciencia y Tecnología (CyT desde ahora) en nuestro país y 2. Colciencias ha inflado los índices de medición del GrupLac para estar bien posicionado en las mediciones internacionales.

Para argumentar la importancia de divulgar la ciencia en Colombia se compara, como siempre, con Europa y EE.UU, dejando de lado las condiciones que llevaron a estos países a esa posición de vanguardia. Por ejemplo, la inversión en CyT allí supera el 2.5 por ciento del PIB, mientras que en Colombia es del 0.3. Además, aquellos países y grupos de tales, han sostenido esos porcentajes durante décadas y sin descanso, dado que desde hace décadas comprendieron que solo en el largo plazo esta prioridad logra los propósitos buscados. Así pues, estos cambios no se consiguen en un periodo presidencial.

Algunos científicos del país, en su afán de mostrar los avances de sus investigaciones se han ido convirtiendo de a poco en “instagramers” y “tuiteros” de las redes sociales en los que muestran algunas gráficas o imágenes en centros de investigación con leyendas del tipo: “Aquí aprendiendo de los mejores con los mejores” refiriéndose, claro está, a algún amigo suyo. Hay una inmensa preocupación, por mostrar la pertinencia de la CyT en el país, pero una poca preocupación por desarrollarla adecuadamente, a tal punto que nos parece que estamos avanzando cuando compramos un instrumento de laboratorio que sabemos manejar pero que no entendemos el detalle de su funcionamiento para así producir algo nuevo con él. Perspectiva científica que nos sigue manteniendo en el subdesarrollo económico, pues un par de años después tendremos que pagarle al vendedor por el mantenimiento o reparación cuyo valor, en algunos casos, excede el precio que se pagó por el instrumento.

Una muestra de lo anotado es la idea del director actual de Colciencias, Dr. César Ocampo, que propone poner en órbita cinco satélites para monitorear el medio ambiente y el territorio colombiano, esto es sin duda una gran idea. Sin embargo, al leer el artículo publicado por El Tiempo sobre los detalles del proyecto, lo que en realidad se quiere hacer es contratar una compañía extranjera que construya satélites, los ponga en órbita y nos entregue las imágenes o datos para ser analizados. Lo que convierte la gran oportunidad de darle al país un envión para que entre en la era espacial, en un plan para hacer un análisis de imágenes que luego serán puestas en las redes sociales para hacer farándula científica.

Valdría la pena, en una perspectiva de largo plazo, iniciar con ese dinero el plan Colombia Espacial e iniciar la construcción y puesta en marcha del primer satélite colombiano en órbita. Esto no se haría en un año sino en 5 o 10, pero nos daría la oportunidad de poner en un proyecto de esa magnitud a los mejores científicos e ingenieros del país, pues la complejidad de este tipo de proyectos es alta, cosa que sabe muy bien el Dr. Ocampo por su experiencia en la NASA. Luego, cuando logremos el primero, los siguientes serán cuestión de tiempo y lograremos una capacidad que estaría a la par de México, Argentina y Brasil. En ese momento, nos podríamos dedicar a divulgar los resultados mediante aplicaciones para teléfonos celulares y, si se quiere, programas de ciencia ciudadana donde sea la gente la que haga el análisis de las imágenes en línea con una página web destinadas para esto, y así contribuir al conocimiento de nuestro país.


No podemos seguir siendo importadores de ciencia que sabemos usar pero que solo entendemos para “mejorar” los registros de Colciencias. Los científicos del país tenemos la obligación de ponerle un freno a esta tendencia que premia los índices y castiga las investigaciones a largo plazo, porque no producen artículos rápidamente. Recuerden: las fotos con rectores y personalidades no son publicables.

Página 1 de 5