Viernes, 09 Enero 2015 13:26

Xenófobos oportunistas

Xenófobos oportunistas

El fundamentalismo islámico resulta funcional a la ultraderecha. Los atacantes en Francia eligieron como objetivo un medio satírico de izquierda: las doce víctimas fatales no eran soldados ni exponentes de movimientos anti Islam, ni militantes xenófobos del partido de Le Pen: eran caricaturistas y periodistas. Es probable que el atentado contra la redacción de Charlie Hebdo exacerbe el sentimiento antimusulmán en Europa. En momentos de fuerte islamofobia en Francia –ya están siendo atacadas algunas mezquitas–, el gobierno debería asegurarse de que las fuerzas de seguridad no cometan excesos ni maten gente inocente en los operativos. Después del atentado contra el subte de Londres la policía británica mató de siete disparos al electricista brasileño Jean-Charles Menezes en 2005, al "confundirlo" con un sospechoso terrorista.

El partido xenófobo Frente Nacional liderado por Marine Le Pen, cuya oposición a la inmigración, en especial la de los países musulmanes, es uno de los puntos centrales de su plataforma, se convirtió en la formación más votada de Francia en las elecciones europeas de mayo pasado y se mantiene encabezando las encuestas de los últimos meses. Le Pen consideró que el ataque contra Charlie Hebdo debe servir para "liberar la palabra frente al fundamentalismo islámico". Ayer, la hija del fundador del Frente Nacional reiteró que convocaría a un referéndum para reintroducir la pena de muerte si fuera elegida presidenta en las elecciones de 2017. Para la eurodiputada, Europa ya no tiene medios para albergar a los inmigrantes, dado el nivel de desocupación y de déficit que hay en los estados de la Unión, y por eso insiste en controlar las fronteras para evitar el flujo migratorio. No deja de ser paradójico que los atacantes del semanario sean franceses, que el policía al que remataron en la calle sea musulmán, mientras miles de ciudadanos europeos se unen a la milicia sunnita radical Estado Islámico en Siria e Irak.

Comulgan con las ideas del Frente Nacional referentes del partido griego Amanecer Dorado, UKIP del Reino Unido –un partido eurófobo, thatcherista y antiinmigración, que fue la novedad de las elecciones europeas en ese país– y los seguidores del inquietante movimiento antiislamista alemán Pegida (Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente), que convoca en sus marchas a miles de personas desde hace tres meses, en su mayoría islamófobos y racistas. En su novena marcha, este lunes, Pegida reunió un record de 18 mil seguidores. Hay un episodio que la policía alemana investiga: el 22 de diciembre, tras una movilización, un grupo de encapuchados atacó a 30 inmigrantes en Dresde. Allí, en la capital de Sajonia, se da otra paradoja: pese a tener un porcentaje irrelevante de población musulmana, es donde más apoyo obtiene el movimiento.

Es altamente probable que ante la enorme conmoción pública la ultraderecha francesa intensifique su campaña de miedo, pidiendo represión y asociando a todo inmigrante árabe con los extremistas islámicos. Todo ello, claro, para sumar simpatizantes.

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Decenas de policías vuelven a dar la espalda al alcalde de Nueva York

Pese a las advertencias del jefe de la Policía de Nueva York, decenas de agentes volvieron este domingo a dar la espalda al alcalde de la ciudad, Bill de Blasio, durante su discurso en el funeral de su compañero asesinado, el detective Wenjian Liu.

Mientras De Blasio pronunciaba su discurso de homenaje al policía asesinado el 20 de diciembre por el afroamericano Ismaaiyl Brinsley, algunos agentes, varias decenas, repitieron el gesto de agravio que le dedicaron el sábado de la semana pasada en el funeral del otro agente asesinado, Rafael Ramos.

De Blasio ayer hizo acto de presencia por sorpresa en el velatorio después de que del jefe de policía de Nueva York, William Bratton, emitiera un comunicado interno en el que recordaba a sus subalternos que "el funeral de un héroe es un momento de aflicción, no de queja", y entonces ningún agente mostró su repulsa.

"No es un mandato y no amenazo con expedientes disciplinarios", indicó Bratton en el comunicado, "pero les recuerdo que cuando visten el uniforme de este departamento, se comprometen con la tradición, el honor y la decencia que conlleva".

Sin embargo, este domingo algunos agentes desoyeron las recomendaciones de su jefe, puesto que, según los sindicatos de policía, el apoyo del alcalde a las manifestaciones contra la brutalidad policial favoreció el clima de crispación que llevó a Brinsley a asesinar a los dos policías como venganza por la muerte de Eric Garner y Michael Brown, de raza negra, a manos de policías de raza blanca.

En su discurso, De Blasio, además de señalar la trayectoria ejemplar de Liu como un "sueño americano" y agradecerle "servir y hacer más segura la ciudad que amaba", Nueva York, llamó a recuperar el espíritu de conciliación y armonía que caracteriza a una de las ciudades más cosmopolitas del mundo.

"Siempre ha habido tiempos en que esa armonía era retada. En las últimas semanas así ha sucedido", dijo De Blasio. "Volvámonos a dedicar a esas tradiciones neoyorquinas de mutuo entendimiento y armonía", concluyó.

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Protestas por la muerte en EEUU de otro joven negro a manos de un policía blanco

Unas 200 personas salen a la calle en Berkeley, Misuri. El alcalde de la ciudad trata de separar el caso de el de Ferguson, que desató una oleada de manifestaciones por todo el país

La muerte de un joven negro por disparos de un policía en Berkeley (Misuri), ciudad cercana a Ferguson, escenario de violentas protestas raciales en los últimos meses, reavivó tensiones en Estados Unidos, pese a que en este caso, a diferencia del anterior, el chico estaba armado.

El joven, de 18 años, identificado como Antonio Martin, murió la pasada noche por disparos de un policía blanco en una gasolinera de la localidad, situada a unos 8 kilómetros de Ferguson, donde la muerte en agosto de otro joven negro que no iba armado por disparos de un agente blanco desató una oleada de protestas en el país.

Pese a esta cercanía en el tiempo y en el espacio, el alcalde de Berkeley, Theodore Hoskins, enfatizó que el caso no es comparable al de Ferguson, anunció una investigación para aclarar lo sucedido y pidió evitar "sacar conclusiones precipitadas" que puedan provocar más disturbios como los sucedidos en los últimos meses.

Hoskins señaló que Berkeley es una ciudad en la que el 85% de la población es afroamericana y, a diferencia de lo que ocurre en Ferguson, la mayoría de sus funcionarios, incluidos él mismo o el jefe del departamento de Policía, también lo es. "Nuestra experiencia es diferente que en la ciudad de Ferguson", afirmó.

El tiroteo provocó un par de horas de tensión en las inmediaciones de la gasolinera, adonde acudieron a protestar unas 200 personas, según medios locales, que se enfrentaron a la policía y lanzaron material pirotécnico. Los enfrentamientos acabaron al amanecer con un saldo de cuatro detenidos y dos policías heridos.

Según la versión policial, el agente estaba realizando una patrulla rutinaria cuando se detuvo en la gasolinera Mobile Gas, bajó del vehículo y se aproximó a dos individuos, uno de los cuales le apuntó con un arma. "Temiendo por su vida, el oficial realizó varios disparos contra el sujeto y le hirió mortalmente", indicó en un comunicado el departamento de Policía del Condado de San Luis, que indicó que la otra persona huyó. Las cámaras de la gasolinera recogieron el suceso y la policía ha recuperado en el lugar el arma con el que Martin supuestamente apuntó al agente, aunque parece que no llegó a efectuar disparo alguno.

El jefe del departamento de policía del Condado de San Luis, Jon Belmar, que también indicó que harán una investigación, dijo entender las "emociones" que ha causado el suceso, pero destacó la presencia del arma como una amenaza para la vida del agente. Belmar indicó que el policía, cuya identificación no fue facilitada, tiene 34 años, con seis de experiencia en el cuerpo. En cuanto al fallecido señaló que tenía antecedentes y había sido arrestado por robo a mano armada.

El padre del joven, Jerome Green, señaló a la cadena CNN que su hijo dijo que iba a salir para reunirse con su novia y no mencionó que fuera a ver a ninguna otra persona. "Se suponía que iba a volver a casa", lamentó.

Las protestas en Ferguson se avivaron el mes pasado después de que un jurado decidiera no imputar al policía Darren Wilson por la muerte de Brown, que desató la indignación de la comunidad afroamericana por la respuesta desproporcionada contra el joven que, según testigos, tenía las manos en alto en señal de rendición.

La indignación se ha extendido a otras partes del país, donde se han dado casos similares, como en Nueva York, donde otro ciudadano negro, Eric Garner, vendedor ambulante, murió por una llave de inmovilización ilegal que le hizo un policía cuando intentaba detenerlo, mientras gritaba desesperado que no podía respirar y un gran jurado rechazó este mes acusar formalmente al agente.

El ambiente se crispó aún más el pasado fin de semana cuando otro negro, de 28 años, que había anticipado en las redes sociales que pensaba cometer un ataque en venganza por la muerte de Garner y Brown, mató a tiros a dos agentes de policía blancos en Nueva York.

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Domingo, 21 Diciembre 2014 10:23

Si la vida de los negros importara...

Si la vida de los negros importara...

En el penúltimo día de la reciente cumbre climática de Naciones Unidas en Lima, Perú, activistas realizaron una protesta en la que simulaban morir afuera del centro de conferencias. Con el acto de acostarse rendían honor a las miles y miles de vidas que se han perdido en desastres y conflictos profundizados por el cambio climático. Y también hacían algo más: se unían simbólicamente al cada vez más globalizado levantamiento #BlackLivesMatter (#LasVidasNegrasImportan), que ha paralizado centros comerciales y ajetreadas intersecciones desde Estados Unidos hasta Gran Bretaña.

Los valientes manifestantes que gritaban ¡No puedo respirar! y ¡Manos arriba, no disparen!, reivindicaban un principio central sobre el valor de todo ser humano, comenzando por el más menospreciado. Solidarizarse con su llamado a transformar el sistema criminal y de justicia es de vital importancia. Pero, ¿por qué habrían de terminar ahí los asuntos planteados por #BlackLivesMatter? Por ejemplo, ¿qué tiene que ver #BlackLivesMatter con el cambio climático? Pues todo. Si hubieran sido ricos estadunidenses blancos los que dejaron sin comida y agua durante días en un gigantesco estadio tras el huracán Katrina, ¿hubiera sido posible que tantos políticos republicanos negaran la realidad de la crisis? ¿Si Australia estuviese en riesgo de desaparecer, y no enormes partes de Bangladesh, el primer ministro Tony Abbott se sentiría libre de decir que quemar carbón es bueno para la humanidad? Si Toronto estuviera maltrecho, por los históricos tifones que provocan evacuaciones masivas, y no Tacloban, en Filipinas, ¿construir oleoductos para las arenas bituminosas todavía sería un punto central de la política exterior de Canadá?

La realidad de un orden económico construido con base en la supremacía blanca es el apenas audible subtexto de nuestra respuesta a la crisis climática, y necesita ser sacada a la luz pública. Recuerdo vívidamente el momento en el cual la posición central de ese racismo irrumpió en el escenario mundial. Fue exactamente hace cinco años, en la ahora tristemente famosa cumbre climática de Naciones Unidas en Copenhagen. En el segundo día del encuentro se filtró un documento que mostraba que los gobiernos estaban a punto de fijar una meta que pondría como tope el incremento de la temperatura global en dos grados Celsius (3.6 grados Fahrenheit). La temperatura meta –promovida por naciones prósperas en Europa y América del Norte– probablemente no sería suficiente para salvar a algunos pequeños y bajos Estados islas. En África, la meta se traduciría en un desastre humanitario a gran escala. Cuando se filtró la información del texto, los delegados africanos inmediatamente llenaron los estériles pasillos del centro de conferencias con desgarradores gritos: ¡No moriremos de forma callada! Las irrisorias sumas que los países ricos se habían comprometido a aportar para el financiamiento climático fueron furiosamente denunciadas como no suficientes para comprarnos ataúdes. Las vidas de los negros importan, era lo que decían estos delegados, a pesar de que ese corrupto foro se comportara como si no fuera así.

Menospreciar ciertas vidas por motivos raciales también ocurre al interior de los países. Recordé esto mientras leía acerca de Akai Gurley, el hombre negro desarmado, de 28 años, al que accidentalmente dispararon el mes pasado, en el oscuro cubo de la escalera de un edificio de vivienda de interés social en Brooklyn. Al igual que el deteriorado elevador, el sistema de energía eléctrica no se había reparado a pesar de las quejas. Y cuando el abandono de una institución pública que sirve de forma desproporcionada a los afroestadunidenses se intersecta con el miedo armado que un policía tiene a los negros el resultado es fatal.

Cuando la supertormenta Sandy llegó a Nueva York, dos años antes una parecida combinación de fuerzas mostró su brutal rostro, pero en una escala mucho mayor. Los sistemas de agua potable y energía eléctrica de las decrépitas viviendas de interés social no funcionaron durante semanas. Pero lo peor fue que el miedo a esos oscuros edificios claramente jugó un papel en que los funcionarios gubernamentales y las agencias de asistencia no visitaran a los residentes enfermos y mayores, dejándolos varados en torres de apartamentos sin las provisiones básicas, durante demasiado tiempo.

A George Bush no le importan los negros, fue la célebre frase de Kanye West, durante un teletón en 2005, por las víctimas del huracán Katrina. Esa tormenta mostró de manera ostensible que los peores impactos del clima extremo siguen un parámetro racial con una devastadora precisión. La raza ayudó a determinar quién se quedaba abandonado sobre su techo, a quién llamaban saqueador, a quién le disparaban en la calle, y el hogar de quién sería derrumbado y nunca remplazado. Los impactos directos de la combustión de combustibles fósiles siguen impresionantemente similares fallas geológicas. Según un estudio, un asombroso 21.8 por ciento de niños que viven en viviendas de interés social en la ciudad de Nueva York tienen asma, cifra tres veces mayor que el índice en viviendas privadas. La asfixia de esos niños no es inmediatamente letal, como el tipo de asfixia que le robó a Eric Garner su vida. Pero de todos modos es muy real.

Si nos rehusamos a hablar de manera franca acerca de la intersección entre raza y cambio climático, podemos estar seguros de que el racismo continuará informando cómo nuestros gobiernos responden a esta crisis. El racismo se expresará en la constante negativa a proveer de un serio financiamiento climático a países pobres, para que puedan protegerse del clima extremo. Y se manifestará en una despiadada mano dura contra los migrantes, muchos de los cuales huirán de sus hogares, que se volvieron invivibles por el intenso cambio climático.

Según Alicia Garza, una de las fundadoras de #BlackLivesMatter, el lema no tiene como propósito afirmar que las vidas de los negros valen más que otras. Más bien, al recalcar el papel fundacional del racismo antinegro le dice a todos que las vidas de los negros son importantes para tu liberación. Dado el desproporcionado impacto que la violencia estatal tiene sobre las vidas de los negros, comprendemos que cuando los negros en este país sean libres, los beneficios serán amplios y transformadores para la sociedad en general.

Lo que el cambio climático nos dice es que esto también es cierto a escala global, a escala de todas las especies, porque vamos hacia niveles de calentamiento que son incompatibles con cualquier cosa que se asemeje a una sociedad organizada. Esto no es una coincidencia: resulta que una vez que permitimos que quienes toman las decisiones racionalicen el sacrificio de algunas vidas, es muy difícil que paren. Por otro lado, si insistimos que las vidas de los negros importan, entonces el calentamiento global ya es un fuego de máxima intensidad, y ya es hora de que actuemos como si ese fuera el caso.

Traducción: Tania Molina Ramírez

* Es autora de This Changes Everything (Thischangeseverything.org).

Twitter: @NaomiAKlein

Este artículo se publicó en The Nation.

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Lunes, 15 Diciembre 2014 06:07

Violencia oficial

Violencia oficial

Un ¡ya basta! se expresa por las calles de innumerables ciudades y pueblos hartos de una injusticia básica: las autoridades de seguridad pública matan a ciudadanos afroestadunidenses y latinos desarmados –en promedio casi dos afroestadunidenses a la semana–, casi siempre con impunidad. Hay cientos de hijos, hermanos, padres, hasta niños que murieron a manos de policías dejando familias y seres queridos sin respuesta al ¿por qué?

Pero, esta vez, el grito colectivo está en las bocas de un mosaico popular. Las calles están llenas no sólo de afroestadunidenses con algunos aliados de otras comunidades, sino que este movimiento naciente está compuesto de todos colores y etnias, algunas que jamás habían marchado con otras.

El grito común es por la justicia, y su razón inmediata es la percepción de violencia oficial y un sistema de justicia racista contra afroestadunidenses. Pero, aunque surge de ahí, poco a poco se amplía a otra cosa.


Y es que resulta que casi todas las víctimas de la violencia policiaca no sólo son de color, sino que son pobres. En el país con más encarcelados del mundo, la mayoría de los reos son afroestadunidenses y latinos, y la abrumadora mayoría, incluidos los blancos en las celdas, son pobres.


En una pancarta en las grandes marchas del fin de semana en Nueva York se leía: ¿libertad y justicia para quién?, en referencia a uno de los lemas oficiales del país, justicia igualitaria y libertad para todos.


En las marchas hay cada vez más contingentes de sindicalistas, pero también de agrupaciones de trabajadores de lavanderías, empleadas domésticas y más. A la vez, están los que trabajan en la gran industria de comida rápida, o en las megatiendas como Walmart, que ganan el mínimo o poco más, sin derechos ni beneficios. Muchos son inmigrantes, otros más son negros y latinos estadunidenses. Y éstos están redefiniendo la demanda de justicia a algo que incluye no sólo derechos civiles, sino económicos y sociales.

En conversaciones entre participantes en este nuevo movimiento, algunos comentan que éste es un nuevo movimiento de derechos civiles. Pero otros dicen que es más. La brutalidad policiaca, las cárceles, la creciente desigualdad entre ricos y todos los demás, estas son caras de dos tipos de violencia: una a golpes y balazos e intimidación, la otra económica. Esto es, en esencia, una guerra contra los pobres.

Casi todas las semanas, la desigualdad económica y la pobreza se documentan. Entre los ejemplos más recientes está un informe presentado el jueves pasado por la Conferencia de Alcaldes de Estados Unidos, que registró que el hambre y el número de personas sin vivienda se está incrementando en las metrópolis de Estados Unidos.


Otro: el Centro de Investigación Pew reportó a finales de la semana pasada que la brecha de riqueza entre minorías y blancos se ha incrementado en medio de la supuesta recuperación económica actual. El informe calculó que la riqueza media de hogares blancos en 2013 era de 141 mil 900 dólares, o más de 13 veces la riqueza media de hogares afroestadunidenses, que es de 11 mil dólares; en 2007 los blancos tenían 11 veces más que sus contrapartes afroestadunidenses en este rubro. En el caso de los latinos, el valor medio neto de un hogar latino era de 23 mil 600 dólares en 2007, pero para 2013 se desplomó a 13 mil 700 dólares.

En tanto, la concentración de riqueza en el 1 por ciento (controlan más de 40 por ciento de la riqueza nacional) ya supera niveles no vistos desde poco antes de la gran depresión.
N

i se oculta la risa entre los ricos, y no sólo porque son más ricos que nunca, sino porque han comprado el proceso político a tal nivel que notables como los economistas premios Nobel Paul Krugman y Joseph Stiglitz, y grandes observadores como el veterano periodista Bill Moyers, se ven obligados a usar palabras como plutocracia u oligarquía para describir a este país hoy día.

La prueba más reciente –entre tantas– de esto es que en el presupuesto federal aprobado por el Congreso este fin de semana se incluyeron cláusulas que revelan quién manda. Los grandes bancos, encabezados por Citigroup y JPMorgan, lograron que sus legisladores anularan una de las regulaciones de una ley promulgada después de la crisis financiera para controlar algunas de las operaciones financieras más riesgosas que ayudaron a detonar esa crisis. Citigroup literalmente redactó la nueva cláusula.

No sorprende, ante todo esto, que el gobierno tiene cada vez menos confianza del pueblo que dice representar. El Congreso registra índices de aprobación cómicos, y la Casa Blanca, aunque más popular, no cuenta con un consenso, ya que unos dos tercios de la población opinan que el país avanza por una vía equivocada, según encuestas recientes. Más aún, este es una tendencia que se inició hace décadas, pero que hoy día ha llegado a su punto más bajo en medio siglo, según otro informe del Centro de Investigación Pew, que registra que la falta de confianza en el gobierno se ha colapsado a un punto en el que sólo 24 por ciento de la población dice que confía en el gobierno siempre o la mayoría del tiempo.
Warren Buffett, el segundo hombre más rico del país, fue muy franco en entrevistas en 2011 cuando afirmó que: ha habido una guerra de clases durante los últimos 20 años, y mi clase ganó. No estaba orgulloso de ello, ya que lo dijo como crítica de que el nivel de avaricia y desigualdad en el país podría poner en riesgo el juego entero.


Esta doble violencia, la de policías y autoridades de justicia y la violencia económica, empieza a provocar brotes de resistencia, y algunos creen que se podría convertir en un movimiento, no sólo por justicia racial, sino centrado en la demanda de justicia económica (tal como proponía Martin Luther King hacia el final de su vida). Algunos dicen que esta guerra no ha concluido, sino, como afirman muchos en las calles, esto apenas empieza.

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Imparables, las protestas en EU contra racismo y abusos policiacos

Decenas de miles de manifestantes, incluidas familias de víctimas de homicidios recientes por la policía, marcharon en Washington y Nueva York, mientras decenas de acciones han continuado sin cesar en días y semanas recientes en protesta por la violencia policiaca contra minorías y la impunidad oficial.

En lo que llamaron un día nacional de acción, los inconformes repitieron las consignas que se han vuelto emblemáticas de este movimiento. Corearon en decenas de ciudades: Manos arriba, no disparen y No puedo respirar –en referencia a la acción del joven afroestadunidense Michael Brown antes de ser abatido por un agente en Ferguson, Misuri, y las últimas palabras de Eric Garner, afroestadunidense, en Staten Island, en esta ciudad, al morir después de ser estrangulado por un uniformado. En mantas, pancartas y camisetas llevaban el lema de las vidas negras importan.


En Washington, unos 10 mil marcharon de Freedom Plaza al Capitolio, incluyendo unos 400 que llegaron de Ferguson, en lo que se llamó la movilización Justicia para todos. Los familiares de Brown se manifestaron junto con la madre y esposa de Garner, y los padres de Tamir Rice, niño de 12 años ultimado por un policía en un parque porque estaba jugando con un arma de juguete (el forense del condado determinó ayer que el deceso fue un homicidio). También la de Trayvon Martin y de Amadou Diallo, entre otras, que han perdido a seres queridos, pues policías han asesinado a negros desarmados.


La madre de Rice declaró ante los manifestantes que lograremos conseguir justicia para nuestros hijos, créanme. Agregó: Mi hijo tenía 12 años, era un bebé, mi bebé. El más joven de cuatro. Si él estuviera conmigo ahora, esto es lo que desearía que hiciera, y fusionando consignas concluyó: Manos arriba, no disparen. No puedo respirar. Por favor, no disparen, quiero llegar a ser grande.

En Nueva York, más de 25 mil (según cifras de oficiales municipales) y posiblemente 50 mil (de acuerdo con organizadores) participaron en la mayor marcha hasta la fecha en esta ciudad, desde que un gran jurado decidió no presentar cargos contra un policía por la muerte de Garner, la cual partió desde Washington Square y durante horas tomó las calles al dar vuelta por el corazón de la ciudad, subiendo por la Quinta y Sexta avenidas a la calle 32, regresando por Broadway hasta la alcaldía y la jefatura de policía. Igual que en Washington, familiares de víctimas encabezaron las marchas, un mosaico de caras multirraciales y multigeneracionales que se unían con coros de Sin justicia no hay paz.
Jóvenes negros, blancos, latinos y asiáticos marcharon junto con sindicalistas de automotrices, de medios y del gobierno, y universitarios con agrupaciones laborales, incluyendo empleadas domésticas. Un contingente de doctores y estudiantes de medicina, con sus uniformes blancos, se sumaron. Un maestro de escuela pública sostenía una pancarta que decía: "No disparen contra mis estudiantes –tienen sueños". Un joven negro caminaba con otro que simplemente preguntaba: ¿Soy el próximo?


Un letrero con el número 43 pasó, y un contingente coreaba: De Ferguson a Ayotzinapa, una sola lucha. Había símbolos y consignas que de alguna manera vinculaban luchas, desde el movimiento de derechos civiles de los 60 a la rebelión altermundista de Seattle. También Ocupa Wall Street.


Ya por la noche, cientos tomaron las dos vías del puente Brooklyn y algunas calles obstaculizando el tráfico por ratos, antes de proceder a otro cruce, evitando ser cercados por la policía. Algunos informaron sobre un par de arrestos, pero las acciones continuaban al cierre de esta edición.

Desobediencia civil


A la vez, se llevaron a cabo marchas y y acciones de desobediencia civil en decenas de ciudades más, incluyendo Chicago, Charlotte, Cleveland, Minneapolis y Boston (donde hubo más de 26 arrestos), parte de una serie de actos de ira que se han expresado sin cesar por múltiples puntos del país a lo largo de los últimos días.

En Berkeley, California, ha habido marchas y enfrentamientos contra la policía toda la semana. A diario se han registrado protestas en el país, sobre todo acciones como acostarse sobre los pisos en centros comerciales, escuelas y terminales, llamadas die-ins. Hace un par de días, cientos de asesores y otros trabajadores de la legislatura federal salieron en masa de sus oficinas en el Capitolio para protestar contra la brutalidad policiaca.


La ira popular también ha sido expresada por actores, músicos y atletas. Nuevas canciones de protesta han sido creadas por músicos de hip hop y otros. Estrellas de Broadway y algunas de Hollywood también se han sumado.

La estrella de basquetbol Lebron James –el mejor jugador profesional de ese deporte en Estados Unidos– se puso una camiseta que decía: No puede respirar, al iniciar un partido contra los Nets, en Brooklyn, la semana pasada. Días antes, jugadores de futbol americano del equipo Ravens y algunos de los Rams de San Luis salieron de su túnel a la cancha con las manos arriba, símbolo de solidaridad.

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Lunes, 08 Diciembre 2014 08:51

No podemos respirar

No podemos respirar

No puedo respirar se escucha, se grita, se escribe en las calles de Nueva York y otras ciudades. Fueron las últimas palabras de Eric Garner, afroestadunidense, antes de morir en las manos –literalmente, con una llave aplicada por un policía que lo ahorcó– de las autoridades.


Esta consigna se combina con manos arriba, no disparen, vidas negras valen, Eric Garner, Michael Brown/ Shut it down (clausuren todo), y dejen de matarnos, lemas que brotan no sólo por las muertes y los abusos de las autoridades contra minorías, sobre todo contra hombres y jóvenes afroestadunidenses desarmados, sino también por la impunidad que prevalece en casi todos los casos.


La ola de protestas en decenas de ciudades con miles de participantes (que se saldan con cientos de arrestos) es un coro creciente de indignación contra el abuso de las autoridades contra las minorías tanto a manos de la policía como del sistema judicial.


Casi dos veces cada semana un policía blanco mata a una persona negra en Estados Unidos, según reporta USA Today con base en datos oficiales de la FBI. No se sabe cuántos de estos homicidios cometidos por policías fueron justificables –no hay datos precisos sobre cuánta gente mata la policía en Estados Unidos–, pero sí se sabe que en los casos donde todo indica un homicidio no justificable, la impunidad impera.


El problema no es nada nuevo, pero el movimiento que se ha detonado sí.


Ya no se trata de una demanda de una sola comunidad minoritaria o un sector racial, sino que las marchas, acciones de desobediencia civil, vigilias y manifestaciones ahora son multirraciales y multigeneracionales. En las calles de Nueva York, como en otras de las principales ciudades, jóvenes afroestadunidenses y anglosajones marchan juntos, con veteranos de la lucha por los derechos civiles de hace medio siglo, junto con veteranos de movimientos tan recientes como Ocupa Wall Street. Sindicalistas, religiosos y activistas comunitarios marchan juntos con jóvenes de preparatorias que se suman a su primera experiencia en participar en un acto político.


El jueves pasado dos contingentes de miles de personas marcharon en dos rutas, una para ocupar el Puente de Brooklyn, otra que se dirigió en medio del tráfico de la arteria central de Broadway, avanzando entre los claxonazos, todos en apoyo, de los vehículos congelados por la movilización, con mantas y pancartas, algunas en español y hasta unas cuantas en hebreo, y que al pasar por una esquina de Chinatown, a la altura de Canal, fue bienvenida por varios chinos que levantaron el puño en apoyo.


En estos días, contingentes de manifestantes se han acostado en el piso principal de Macy's, de la tienda de Apple en la Quinta Avenida y varias veces en la terminal Gran Central. Del mismo modo, se han realizado actos de protesta dentro de preparatorias públicas, como Harvest Collegiate en Nueva York, así como en las universidades. Estas escenas se repiten en otras grandes ciudades y pueblos a lo largo del país.


Algunos dicen que este es el nacimiento del nuevo movimiento de derechos civiles, justo 50 años después de que se festejan algunos de los principales logros del primero, pero con diferencias notables. Señalan que no es sólo protesta contra abusos, sino una afirmación de derechos humanos fundamentales. Por otro lado, el uso de las redes sociales, donde información, imágenes y sonidos son compartidos desde una esquina de ira en alguna parte del país a todos los demás, permite un diálogo constante que por un lado es una narrativa colectiva en vivo de estas expresiones, aunque a veces se vuelve sólo una cacofonía de ira compartida (ver por ejemplo).


Otra característica llama la atención: no hay líderes, por ahora. Claro que hay viejas organizaciones que participan, pero no hay líderes políticos o religiosos en la conducción de estas expresiones.


"La difusión viral de las manifestaciones –y la amplia gama de estadunidenses que organiza y participa en ellas– demuestra que lo que en algún momento se percibía como un tema afroestadunidense está en camino de percibirse como un problema central estadunidense", afirma un editorial del New York Times. Señala que "la pregunta del momento es si el liderazgo político del país tiene la voluntad de frenar las prácticas policiacas abusivas y discriminatorias..."


El presidente, legisladores, alcaldes y jefes de policía prometen cambios, reconocen que se tiene que reparar la falta de confianza entre comunidades de color y la policía, proponen capacitación de policías y más investigaciones. Los manifestantes parecen estar poco convencidos y las protestas, por ahora, no cesan porque lo que denuncian tampoco se arregla.


Este fin de semana se realizó el funeral de Akai Gurley, afroestadunidense de 28 años muerto a manos de un policía el mes pasado en un complejo de vivienda pública en Brooklyn en lo que las autoridades afirman que fue un accidente. Es un nombre más en la lista de homicidios recientes: Garner, Michael Brown en Ferguson, el niño de 12 años en Cleveland, el hombre que llegaba a casa con la cena para su familia en Phoenix la semana pasada. No es nada nuevo: en la memoria colectiva están casos como el de Amadou Diallo, ultimado a la entrada de un edificio por policías que dispararon 41 veces (motivo de la canción de Bruce Springsteen American Skin-41 Shots) en 1999 y Patrick Dorismond en 2000, otro negro desarmado, entre cientos más.


Pero el dolor de las familias y de las comunidades de color se está volviendo, por fin, dolor compartido, y eso se ha traducido en ira colectiva; el mensaje se transforma de no puedo respirar en no podemos respirar.


Algunos aquí recuerdan que Frantz Fanon dijo, en referencia a pueblos oprimidos que se levantan: nos rebelamos simplemente porque, por muchas razones, ya no podemos respirar.

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Domingo, 07 Diciembre 2014 09:24

Un video genera más indignación

Un video genera más indignación

Las grandes ciudades de Estados Unidos vivieron el viernes una tercera noche de protestas, tras los últimos casos de ciudadanos negros muertos a manos de la policía en circunstancias poco claras.

Un nuevo video del asesinato del afroamericano Eric Garner, que lo muestra ya sin vida y rodeado de agentes, suscitó mayor preocupación por el accionar policial. De acuerdo con The Washington Post, la grabación expone el desinterés de los policías por el hecho, que tardan en llamar a una ambulancia. En tanto, la indignación por el asesinato de jóvenes negros crece a lo largo de Estados Unidos. Las grandes ciudades del país vivieron el viernes una tercera noche de protestas tras los últimos casos de ciudadanos negros muertos a manos de la policía en circunstancias poco claras. Nueva York, Chicago, Miami, Washington DC, Boston, Las Vegas, Oakland (California) y Ferguson (Missouri) registraron las manifestaciones más numerosas, con cortes de rutas y algunos arrestos, pero de tono pacífico y sin incidentes serios.


Eric Garner, de 43 años y asmático, murió en Nueva York el pasado 17 de julio por asfixia, después de que el policía vestido de civil Daniel Pantaleo le colocó el brazo alrededor del cuello y ejecutó una llave de estrangulamiento, acto que fue filmado por un hombre que pasaba por el lugar. Sin embargo, se reveló ayer un segundo video en el que se muestra el cuerpo sin vida de Garner rodeado de policías indiferentes ante la muerte del hombre. "(Los agentes) no muestran ningún sentido de urgencia o preocupación. Es como si el hecho fuera algo banal", escribió Emily Badger en The Washington Post.


La consigna "No puedo respirar", en alusión a la muerte por asfixia de Garner a manos de un policía, fue la más escuchada en las protestas, como lo fue en Ferguson el "No dispare" tras la muerte de Michael Brown. Otro de los gestos simbólicos en las manifestaciones fue el de tirarse al suelo boca arriba, una imagen que se vio en escenarios de todo el país, como en la Universidad de Harvard en Boston. A falta del recuento oficial de arrestos, las autoridades locales informaron de varios en Ferguson, Chicago y Oakland, la mayoría por bloquear la vía pública.


Con mayor o menor intensidad, la protesta en las calles de las principales ciudades de Estados Unidos se mantiene viva desde el 24 de noviembre, cuando el policía blanco Darren Wilson quedó libre sin cargos tras matar a tiros en agosto al joven negro Michael Brown, quien caminaba desarmado en una zona de Ferguson.


En Nueva York, el fiscal Kenneth Thompson anunció ayer que designará un gran jurado para conocer a fondo el caso de Akai Gurley, otro ciudadano negro que murió por un disparo de la policía el mes pasado, en un hecho calificado oficialmente como accidente. Gurley, de 28 años, murió el 21 de noviembre en un edificio habitacional del condado de Brooklyn, al recibir un disparo en el pecho cuando bajaba una escalera interna en la que también había dos agentes policiales realizando una inspección.


Ayer fue el entierro de Gurley, quien fue despedido por gran parte de la comunidad. "Akai no se ha ido, nos lo han quitado, golpeado por una bala que nunca debió haberlo encontrado", dijo la defensora del pueblo de Nueva York, Letitia James. "Ningún padre debería enterrar a sus hijos. Estamos aquí con lágrimas en los ojos y sin rabia en el corazón para consolar a la familia", aseguró por su parte el reverendo Clinton Miller.


En este contexto, el jueves se conoció otro nuevo caso: un agente mató el martes de dos tiros en el torso a otro hombre negro desarmado tras un forcejeo entre ambos en Phoenix (Arizona), donde también se registraron protestas. Según la versión policial, Rumain Brisbon estaba vendiendo drogas en un auto cuando el policía le pidió que levantara las manos, orden a la que el sospechoso no accedió. Brisbon corrió hacia un edificio, donde ambos comenzaron un forcejeo durante el cual el sospechoso metió las manos en los bolsillos del pantalón, lo que de acuerdo con el relato de la policía hizo pensar al agente que tenía un arma. El policía, identificado sólo como un hombre blanco de 30 años, le disparó dos tiros en el torso que provocaron la muerte del sospechoso, de 34 años. El caso se suma al asesinato de un niño de 12 años, Tamir Rice, que jugaba con una pistola de juguete en Ohio, también a manos de un policía blanco, el pasado 21 de noviembre.

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Sábado, 06 Diciembre 2014 08:22

Arriba las manos (y ojalá no te asfixien)

Arriba las manos (y ojalá no te asfixien)

Otro afroestadounidense muerto a manos de la policía. Otro gran jurado que decide no presentar cargos contra el policía responsable: ni por asesinato, ni por homicidio culposo, ni por agresión. Ni siquiera por conducta imprudente y temeraria. Vivimos en un país donde reina la impunidad; al menos para quienes están del lado del poder.

El verano pasado, tras cubrir las protestas en Ferguson, Missouri, volví a la ciudad de Nueva York y fui directamente a Staten Island a cubrir la marcha en protesta del asesinato a manos de un policía de Eric Garner, un afroestadounidense de 43 años de edad, padre de seis hijos. El caso fue notablemente similar al asesinato en Ferguson, donde el oficial de policía Darren Wilson disparó y mató al adolescente afroestadounidense desarmado Michael Brown. Ambos casos involucraron oficiales de policía blancos que aplicaron fuerza letal. Ambas víctimas eran afroestadounidenses desarmados. En ambos casos los fiscales locales, con estrechos vínculos con los departamentos de policía locales, pudieron controlar el gran jurado. Pero hubo algunas diferencias entre los casos. La principal es que el asesinato de Eric Garner fue registrado en video.


Si se observa cuidadosamente el video, en el momento en que Daniel Pantaleo, el oficial de la policía de Nueva York, lo somete a una llave de estrangulamiento prohibida, se ve a Eric Garner alzar las manos en señal de rendición, tal como se entiende internacionalmente. Acto seguido, es derribado por un grupo de policías y se lo escucha decir varias veces que no puede respirar. Lo dice un total de once veces antes de dejar de forcejear y morir.


¿De dónde provino este video? Un joven llamado Ramsey Orta se encontraba cerca de Garner en esa tarde del 17 de julio cuando llegó la policía. Orta sacó su celular y filmó todo el hecho. Pantaleo fue atrapado in fraganti y la prueba fue expuesta a la vista de todo el mundo. Pese a ello, el gran jurado decidió no presentar cargos contra él. Solo dos personas fueron arrestadas tras la muerte de Garner: Ramsey Orta, quien filmó el video, y su esposa, Chrissie Ortiz. Chrissie declaró a una estación de televisión local que desde que Ramsey fue identificado como el autor del video, ambos habían sido sometidos a acoso policial. Ramsey fue arrestado al día siguiente de que el médico forense de la ciudad declarara que la muerte de Garner había sido un homicidio. Poco después, Chrissie también fue arrestada. Los vi en la marcha de Staten Island aquel sábado, parados cerca del lugar donde murió Garner. Les pedí comentarios, pero tenían miedo y se refugiaron en la misma escalera donde estaba Ramsey mientras filmaba la muerte de Garner.


En esa marcha de Staten Island del 23 de agosto, si bien Ramsey y Chrissie optaron por no hablar, muchas otras personas lo hicieron. Una de ellas fue Constance Malcolm, madre de otro joven afroestadounidense muerto a manos de la policía: "Mi nombre es Constance Malcolm. Soy la madre de Ramarley Graham. El [procurador general] de Staten Island no debería estar a cargo de este caso. No queremos que ocurran las mismas cosas que en el Bronx cuando nos fallaron en el caso de Ramarley. No podemos permitir que eso pase. Necesitamos que vengan funcionarios federales y se ocupen del caso ahora mismo. Es necesario que se responsabilice a los culpables",


También entrevisté a Imani Morrias, una niña de tan solo 12 años de edad: "Necesitamos mostrarle a la comunidad que estos oficiales de policía deben ser disciplinados y sentenciados por todo lo que causaron. Ya causaron mucho dolor".


Cerca de allí, otra joven afroestadounidense que solo dio su nombre propio, Aniya, marchaba solemnemente. Aniya tiene 13 años de edad. Le pregunté qué deseaba lograr con la protesta: "Vivir hasta los 18 años sin que me disparen. Quiero crecer, vivir la vida. No quiero morir en cuestión de segundos por culpa de la policía".


La noticia sobre la decisión del gran jurado en el caso de Garner fue difundida en Staten Island al mismo tiempo que, a cientos de kilómetros de distancia, en Cleveland, se terminaba de celebrar el funeral de otro afroestadounidense muerto a manos de la policía. Tamir Rice, de 12 años, estaba agitando una pistola de juguete en un parque público el 22 de noviembre cuando un policía de Cleveland llegó en un patrullero, bajó bruscamente y le disparó de muerte. El sueño de Aniya de unos meses atrás aparece como un fantasma en el funeral de Tamir: "Vivir hasta los 18 años sin que me disparen".


Mientras se difundía que el oficial Daniel Pantaleo no sería imputado por la muerte de Eric Garner, el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, respaldó a los líderes afroestadounidenses en Staten Island. "Este debe ser un momento nacional de duelo, de dolor y de búsqueda de soluciones. Hemos escuchado decir una y otra vez la misma frase básica de parte de personas de diversos orígenes: que las vidas afroestadounidenses importan. Y lo han dicho porque era lo que había que decir. Es una frase que no debería tener que pronunciarse jamás, debería ser evidente. Pero, lamentablemente, nuestra historia exige que lo digamos. Porque, como dije el otro día, no es un problema del año 2014. No se trata de años de racismo que condujeron a esto, ni de décadas, sino siglos de racismo que nos han conducido al día de hoy. Esa es la profundidad de la crisis". Miles de personas se congregaron a lo largo de la ciudad de Nueva York para repudiar la decisión del gran jurado. Se juntaron en Staten Island, en la escena del crimen, donde Garner murió, y en Harlem, Times Square y Union Square. Entre los carteles se podía leer "Ferguson está en todas partes".


Las protestas en contra de la impunidad recién están comenzando.


Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Un grito de indignación recorre EE UU: "No puedo respirar"

No puedo respirar, no puedo respirar!". La letanía pronunciada por el afroamericano Eric Garner cuando murió asfixiado por el abrazo mortal de un policía el pasado mes de julio recorrió este jueves por la noche las ciudades de Estados Unidos por segunda jornada consecutiva de protesta tras la decisión del gran jurado de Nueva York. Miles de personas expresaron pacíficamente su indignación en la propia Nueva York, Los Ángeles, Chicago, Boston, Minneapolis, Atlanta, Oakland y otros lugares por una decisión que ha abierto en canal el debate sobre la brutalidad policial contra la minoría negra y ha resucitado viejos fantasmas que el país creía superados.


Durante varias horas, miles de manifestantes recorrieron las calles de Nueva York bajo la estricta vigilancia de la policía. En contraste con las marchas del miércoles, que fueron improvisadas, las de este miércoles estuvieron más organizadas, con la principal concentración en Foley Square, una plaza situada tras el Ayuntamiento de la ciudad en la que se concentran los tribunales de Justicia.

La elección de Foley no fue casual. Los allí congregados eligieron una escultura del artista Lorenzo Pace dedicada al "Triunfo del espíritu humano". Es uno de los monumentos más representativos de la ciudad dedicado a los afroamericanos. "¿A quiénes defendéis, a quiénes protegéis", preguntaban los allí presentes a los policías desplegados.


Desde ahí, el grupo principal se rompió y se dispersó por toda Manhattan. Como en ocasiones anteriores, las protestas se desplazaron hacia puntos simbólicos de la ciudad, como la estación Grand Central, Times Square, Herald Square y Union Square. Los protestantes volvieron a cortar el tráfico en las rondas de circunvalación y en el puente de Brooklyn, con los consiguientes problemas de tráfico.

"Esta es nuestra realidad, hay que poner fin a la brutalidad policial", cantaban los asistentes mientras en el fondo se escuchaban los helicópteros que sobrevolaban las marchas y las sirenas de los coches de policía. "Ferguson está en todos lados", recordaban los presentes, en referencia a lo sucedido en Misuri por la muerte tiroteado por la policía del adolecente Michael Brown. "A la cárcel, a la cárcel", gritaban los manifestantes en referencia a Darren Wilson y Daniel Pantaleo, los agentes de policiales exonerados por los jurados de Ferguson y Staten Island.


"No es solo indignación hacia la policía, es indignación hacía un sistema que les permite hacer cosas terribles", comentaba Ahsley B., una joven de Brooklyn que se manifestaba por el famoso puente. Algunos llevaban camisetas con los nombres de otros ciudadanos negros muertos a manos de la policía, como Ramarley Graham o Akai Gurley.


Durante la movilización, varios centenares de manifestantes trataron de subir al ferry que conecta Manhattan con Staten Island, el barrio donde residía Eric Garner y donde murió durante su detención. La policía, temerosa de incidentes y decidida a que los manifestantes estuvieran en todo momento en movimiento, suspendió el servicio de la embarcación, lo que provocó momentos de tensión y algunos arrestos.

Asimismo, los manifestaron se tumbaron como si estuvieron muertos durante once minutos frente a los grandes almacenes Macy´s, mientras que el resto volvían a gritar las ya míticas consignas: "No puedo respirar, no puedo respirar" y "Si no hay justicia, no hay paz". En varias pancartas podía leerse "solidaridad contra la brutalidad policial" e "igualdad judicial para todos".


"Estamos aquí ejerciendo nuestros derechos y lo estamos haciendo todo de una manera pacífica, sin violencia", comentaba uno de los participantes en una movilización que, como en días anteriores, ha estado dominada por jóvenes blancos, con escasa presencia de otras razas. "Todos juntos, todos estamos aquí juntos", gritaban con entusiasmo pese al frío reinante.


En Washington, varios cientos de personas marcharon frente al Departamento de Justicia, pasaron cerca de la Casa Blanca justo en el momento en que Obama celebraba el alumbrado del árbol de Navidad, para dirigirse finalmente hacia el monumento de Washington con gritos de "sin justicia no hay paz" y "policía racista". Una columna se dirigió hacia el puente que conecta la capital con Arlington, antes de regresar a la ciudad

En Minneapolis, un grupo de manifestantes bloqueó la carretera interestatal 35, una de las principales arterias de la ciudad, lo que provocó largas retenciones. En Chicago fueron miles los que se congregaron. Un nutrido grupo cortó la carretera Lake Shore Drive, lo que provocó la intervención de los agentes y algunos momentos de tensión. "Esta es nuestra carretera", gritaban los activistas.

La protesta en Boston coincidió también con la iluminación de árbol navideño en Boston Common. Cientos de personas se congregaron dos horas antes de la ceremonia y marcharon a lo largo del parque. A las 20.00 horas, cuando el árbol fue iluminado, los presentes gritaron "Justicia ya".

Parafraseando a la viuda de Eric Garner, una estudiante asiática dijo en Nueva York: "Esta lucha no va a acabar aquí. Esto es solo el principio". Y recordó, en referencia al movimiento por los derechos civiles de los años 60: "Fueron necesarios 10 años de protestas y de boicots para lograr que se adoptara el Acta de Derechos Civiles que permitió votar a los negros. Ahora no hemos hecho más que empezar".


Otro afroamericano muerto por un agente

El Gobierno de Estados Unidos está decidido a abordar las raíces detrás de la indignación por los recientes dictámenes judiciales de exonerar a policías blancos por la muerte de ciudadanos negros y el problema no es exclusivo de los Estados de Nueva York y Misuri. El jueves se supo que otro policía blanco de Phoenix (Arizona) mató el pasado martes a un negro desarmado, Rumain Brisbon, de 34 años, en un forcejeo al confundir el bote de pastillas que llevaba en un bolsillo con una pistola. El hecho se produjo cuando el agente se acercó al coche de Brisbon, de quien sospechaba que vendía drogas, con intención de interrogarle

Ya tras la decisión de un gran jurado en el caso de Michael Brown en Ferguson, el presidente Barack Obama anunció una serie de medidas para mejorar la confianza de la comunidad afroamericana con la policía. Ahora, tras el caso de Eric Garner en Nueva York los cambios parecen más apremiantes. "Ha llegado el momento de hacer más", dijo este jueves el fiscal general, Eric Holder, al recordar que su departamento está llevando a cabo su propia investigación sobre si vulneraron derechos civiles en las muertes de Brown y Holder, en julio y agosto pasado, respectivamente.

Entre las medidas anunciadas el lunes por Obama, están un plan de entrenamiento de agentes y la adquisición de cámaras de vídeo para los uniformes. "Estas son el tipo de medidas pragmáticas e inclusivas que unen a la gente correcta en una constructiva conversación nacional", afirmó Holder, que insistió en que debe restablecerse la confianza entre la policía y algunas comunidades.

No es un problema exclusivamente de los estados de Misuri y Nueva York. Se repite en varios puntos del país. Holder hizo estas declaraciones en Cleveland (Ohio) al anunciar los resultados de una investigación del Departamento de Justicia en el cuerpo de policía de esa ciudad. La investigación se inició hace un año y medio, y halló un patrón -"irracional e innecesario"- de un uso excesivo de la fuerza en esa policía, lo que vulnera la Constitución. El anuncio de los resultados de la investigación llega más de una semana después de que un policía de Cleveland matara por disparos a un niño de 12 años porque creía que llevaba una arma de fuego cuando en realidad era una pistola de juguete.


"Es una consecuencia de deficiencias sistemáticas, incluidas una responsabilidad insuficiente, entrenamiento y equipamiento inadecuado, políticas inefectivas y una relación inadecuada con la comunidad", señaló el fiscal. En los últimos cinco años, el Departamento de Justicia ha hecho una veintena de investigaciones de este tipo en cuerpos de policía de EE UU. Algunas de ellas han derivado en reformas de calado.

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