Manifestación supremacista blanca deviene tragedia en EU

 

Auto embiste a grupo antirracista: un muerto y 34 heridos. Otras 2 personas perecieron al estrellarse un helicóptero. Trump condena los hechos sin mencionar a la derecha radical, que marchó armada. El gobernador de Virginia declara emergencia en el estado.

 

Una polémica manifestación organizada este sábado por grupos de extrema derecha, supremacistas blancos y miembros del Ku Klux Klan en Virginia se transformó en un drama luego de que un automóvil embistió a una multitud de contramanifestantes antirracistas, dejando al menos una mujer muerta y 34 personas heridas. El gobernador de Virgina, Terry McAuliffe, declaró el estado de emergencia en la entidad.

Otras dos personas murieron en un helicóptero policial que se estrelló en un área boscosa a unos 15 kilómetros de donde ocurrieron los enfrentamientos, en un incidente que las autoridades vincularon con las refriegas y que aún está bajo investigación, dijeron medios de prensa estadunidenses.

Tenemos gente que vino a causar caos y problemas que resultaron en tres casos fatales aquí en la ciudad de Charlottesville, dijo el director de la municipalidad, Maurice Jones, en conferencia de prensa. El arrollamiento ocurrió poco después de que se prohibió la manifestación.

El presidente Donald Trump condenó los hechos, pero sin responsabilizar a la derecha radical, y recalcó que este problema existe desde hace mucho tiempo, desde el gobierno de Barack Obama y que no es resultado de su actual gestión. En las horas que siguieron, cientos de personas manifestaron en Twitter su enojo porque el presidente se negó a mencionar a los supremacistas blancos.

Un video publicado en redes sociales muestra el auto que golpea a otro vehículo por detrás y luego retrocede velozmente en medio de los manifestantes. El impacto arrojó a varios individuos por el aire. Los que quedaron de pie corrieron en busca de refugio. El conductor del vehículo fue arrestado, según la municipalidad.

Veinte personas fueron trasladadas a hospitales, señaló el centro médico de la Universidad de Virginia. Una mujer de 32 años falleció víctima del atropellamiento, informó el diario The Washington Post. El alcalde de Charlottesville, Mike Signer, confirmó la muerte de una manifestante arrollada. Tengo el corazón destrozado porque se peridó una vida aquí, escribió en Twitter.

Las víctimas eran contramanifestantes antirracistas que llegaron a Charlottesville para denunciar la presencia de los grupos de la derecha radical. Otro video muestra el cofre y el parabrisas del vehículo que embistió a los manifestantes manchados de sangre.

Estos hechos obligaron al gobernador de Virginia, Terry McAuliffe, a declarar el estado de emergencia y a la policía a prohibir más manifestaciones. La medida permite a las autoridades estatales movilizar a una mayor cantidad de medios policiales.

En medio de nubes de gas lacrimógeno, los enfrentamientos a golpes entre manifestantes de la derecha radical y contramanifestantes se multiplicaban aún antes de comenzar la movilización, con riñas, arrojándose proyectiles e intercambiando golpes con palos, según periodistas en el lugar.

El clima sumaba tensión porque los manifestantes portaban armas a la vista, algo que permite la ley de Virginia.

Los grupos de la derecha radical querían denunciar y oponerse en forma unitaria al proyecto de Charlottesville de retirar de un espacio municipal la estatua del general confederado Robert E. Lee, quien luchó en favor de la esclavitud durante la Guerra Civil estadunidense.

En conferencia de prensa improvisada desde su lugar de vacaciones en Bedminster, Nueva Jersey, el presidente Trump condenó en los términos más firmes posibles esta exhibición atroz de odio, fanatismo y violencia procedente de varios lados.

El odio y la división deben detenerse ahora, agregó. Tenemos que unirnos como estadunidenses con amor a nuestra nación. Agregó que las diferencias entre las partes existen en Estados Unidos desde hace largo tiempo, que existían en el anterior gobierno. Analistas sostienen que la derecha radical blanca de Estados Unidos se ha envalentonado gracias al actual gobierno.

El reverendo Jesse Jackson destacó que, durante años, Trump cuestionó de manera pública la nacionalidad de Obama. En este momento estamos en un lugar muy peligroso, indicó.

Algunos supremacistas blancos llegaron a esta localidad de Virginia enarbolando banderas confederadas, símbolo considerado racista por buena parte de los estadunidenses.

El gobernador McAuliffe había exhortado el viernes a los habitantes de la ciudad a que no asistieran a la manifestación programada para este sábado.

Las numerosas personas esperadas en Charlottesville quieren expresar ideas consideradas abyectas por mucha gente, incluido yo mismo. Mientras lo hagan pacíficamente, están en su derecho”, señaló el gobernador, quien ordenó a las fuerzas del orden actuar rápidamente y de forma decisiva en caso de que hubiera violencia.

Este evento podría ser una vitrina histórica de odio, reuniendo en un solo lugar un número de extremistas inédito desde hace al menos una década, había advertido Oren Segal, director del Centro sobre extremismo de la Liga Antidifamación, asociación que lucha contra el antisemitismo. El 8 de julio, algunas decenas de miembros del Ku Klux Klan ya se habían reunido en este tranquilo pueblo, muy superados en número por los manifestantes ¬antirracistas.

Esta vez, la derecha nacionalista esperaba atraer a más seguidores, gracias a la presencia de varios integrantes del movimiento Alt-Right (Derecha Alternativa), que apoyó a Donald Trump durante su campaña.

Por su parte, Paul Ryan, el líder republicano en el Congreso, denunció el viernes que esta reunión de la extrema derecha sería un espectáculo repugnante, basado en una intolerancia vil.

 

Marcha con antorchas

 

La noche del viernes, antes de los enfrentamientos de este sábado, cientos de manifestantes de ultraderecha con antorchas se enfrentaron brevemente con detractores en el campus de la Universidad de Virginia en Charlottesville.

Tanto la violenta manifestación del sábado como el acto previo del viernes destacaron el persistente debate en el sur de Estados Unidos sobre el despliegue de la bandera confederada de batalla y otros símbolos del lado rebelde de la Guerra Civil desatada por la esclavitud en el país. Los presidentes fascistas alemán e italiano, Adolf Hitler y Benito Mussolini, eran famosos por realizar ceremonias nocturnas en las que sus ejércitos marchaban con antorchas.

Las redes sociales se mofaron de los manifestantes de derecha en Charlottesville, pues en la marcha del viernes portaban lo que se conoce como antorchas tikki, de origen asiático, que están disponibles en los supermercados y se usan para alumbrar festejos de jardín y campamentos.

Los manifestantes corearon consignas en su marcha a través del campus desde Nameless Field hacia la estatua de Thomas Jefferson de la escuela, donde se encontraron con contramanifestantes. Los grupos chocaron hasta que la policía llegó y dispersó a ambos contingentes.

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Angela Davis: “Cuando la mujer negra se mueve, toda la estructura de la sociedad se mueve con ella”

La filósofa estadounidense anima al feminismo negro a defender penas alternativas a la cárcel. La profesora defiende que el movimiento en Brasil, incluido el de las trabajadoras domésticas, puede ser una referencia para EE UU

 

"La gente me pregunta: '¿Ya has estado en Río?' No. ¿Ya has estado en São Paulo?' No. Pero he estado en Salvador una vez más y una vez más", se derritió Angela Davis, encandilando a todo el auditorio de la Universidad Federal da Bahía (UFBA), el pasado martes.Las personas que abarrotaban asientos y galerías, muchas de ellas luciendo voluminosas melenas afro a juego con la de Davis —del color betún de las fotos históricas, su pelo ha pasado a ser casi todo blanco—, escucharon a la filósofa e icono de la lucha por losderechos civiles de los EE. UU. bramar contra los que considera verdugos, desde el Gobierno de Trump al sistema penitenciario mundial "depósito de los humanos considerados basura": "Con la fuerza y el poder de las mujeres negras de esta región, resistiremos".


Davis celebró que su sexta visita al Brasil desde los años 90 —la cuarta contando solo Salvador, una de las ciudades más negras de Brasil— coincidiese con el Día Internacional de la Mujer Afrolatinoamericana y Afrocaribeña: el 25 de julio. En su discurso de casi una hora, la profesora emérita del departamento de estudios feministas de la Universidad de California criticó el encarcelamiento como medio de luchar contra la violencia de género: "¿Cuánto de transformador hay en mandar a alguien que ha cometido violencia contra una mujer a una institución que produce y reproduce la violencia? Las personas salen aún más violentas de la cárcel. Adoptar el encarcelamiento para solucionar problemas como la violencia doméstica reproduce la violencia que tratamos de erradicar", afirmó en la mesa de conferencias imponente formada por mujeres negras
La activista argumentó que es necesario relacionar la violencia de género con las "violencias institucionales" para buscar otras maneras de combatir el sexismo: "No son las personas individualmente quienes deciden que la violencia es la respuesta; son las instituciones que nos rodean las que están saturadas de violencia. Si el Estado utiliza la violencia policial para solucionar problemas, se transmite el mensaje de que la violencia también puede utilizarse para resolver problemas en otros ámbitos como en el de las relaciones de pareja.No podemos excluir la violencia de género de otras violencias institucionales", apostilló la filósofa.


La activista e investigadora sobre el sistema penitenciario, que fue detenida en 1970 acusada de conspiración y homicidio tras participar en el movimiento de los Panteras Negras en EE. UU., estableció las relaciones entre el sistema esclavista y el sistema penitenciario."En el pasado hubo quien defendía el mantenimiento de la esclavitud de forma más humanizada'. Ese argumento no tiene sentido para nosotros, pero hay quienes defienden la reforma del sistema carcelario en la actualidad. La esclavitud y la cárcel son instituciones de represión estructuradas en el racismo. Abolir el sistema penitenciario nos hace pensar en la sociedad en la que emerge ese sistema de castigo y buscar nuevas formas de justicia", defendió.


Davis recordó la trayectoria de las mujeres negras brasileñas y enfatizó su importancia para la construcción de nuevos liderazgos y de nuevos formatos de liderazgo. Cuestionó su lugar como difusora privilegiada de las ideas del feminismo negro por el hecho de ser estadounidense. "Las mujeres de EE. UU. tienen mucho que aprender con la dilatada historia de lucha del feminismo negro en Brasil." "Mãe Stella de Oxóssi me habló de la importancia de las mujeres negras en la preservación de las tradiciones del candomblé. Vi la importancia de Dona Dalva para mantener la tradición del samba de roda en el Recôncavo Baiano", contó. También elogió el organizado y exitoso movimiento de las empleadas del hogar negras. "En EE. UU. no hemos conseguido estructurar esa categoría con éxito. El liderazgo de esas mujeres no se estructura en ese individualismo carismático masculino que vimos en el pasado. Es un tipo de liderazgo que enfatiza lo colectivo y las comunidades donde viven", sostuvo


.La profesora no quiso dejar de citar a Carolina Maria de Jesus, autora de Quarto de despejo, un diario de una mujer que vivía en una favela de São Paulo en los años 60, para decir que la escritora “nos recordó que el hambre tendría que hacernos reflexionar sobre los niños y el futuro”. También dijo que la antropóloga y activista bahiana Lélia Gonzalez fue pionera en las conexiones entre raza, clase y género cuando apenas se hablaba de ello. "Ya hablaba sobre los vínculos entre negros e indígenas en la lucha por sus derechos. Esa es una de las lecciones que EE. UU. puede aprender con el feminismo negro de aquí".


Davis fue ovacionada al decir que considera el movimiento de las mujeres negras como el más importante de Brasil en la actualidad "en la búsqueda de la libertad". Antes de Salvador, en un encuentro internacional sobre feminismo negro y decolonial en Cachoeira, ya había defendido el poder de transformación de la movilización: "Cuando la mujer negra se mueve, toda la estructura de la sociedad se mueve con ella, porque todo se desestabiliza a partir de la base de la pirámide social en la que se encuentran las mujeres negras, se cambia la base del capitalismo"


.La conferencia en la UFBA finalizó con la insistencia de Davis en la necesidad de nuevos enfoques feministas con respecto al sistema penitenciario. "No reivindicamos ser incluidas en una sociedad profundamente racista y misógina, que prioriza la ganancia en detrimento de las personas. Reivindicar la reforma del sistema policial y penitenciario es mantener el racismo que estructuró la esclavitud. Adoptar el encarcelamiento como estrategia es abstenernos de pensar en otras formas de responsabilización. Por eso, hago hoy un llamamiento feminista negro para que abolamos el encarcelamiento como forma dominante de castigo y pensemos en nuevas formas de justicia."

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Más allá de Vietman”: a 50 años, el discurso de Martin Luther

 

El 4 de abril de 1967, un año antes del día de su asesinato, el Dr. Martin Luther King Jr. pronunció uno de los discursos más poderosos y polémicos de su vida: “Más allá de Vietnam: el momento de romper el silencio”. El legendario orador y referente social, además de joven ganador del Premio Nobel de la Paz, expuso una fuerte condena a la guerra estadounidense en Vietnam y alentó la colaboración entre el movimiento por los derechos civiles y el movimiento contra la guerra. Cincuenta años después, cuando el gobierno de Trump intenta aumentar drásticamente el presupuesto del Pentágono en 54.000 millones de dólares y recortar programas sociales y el presupuesto del Departamento de Estado, fundamental en cuanto a lograr soluciones diplomáticas para los conflictos, resulta escalofriante ver que el discurso de King “Más allá de Vietnam” sigue teniendo tanta vigencia.

Más de 3.000 personas se habían congregado en ese día primaveral en la Iglesia Riverside de Nueva York. En su discurso, King calificó a Estados Unidos como “el mayor generador de violencia que existe hoy en el mundo” y luego advirtió: “Por el bien de esos muchachos, por el bien de este gobierno, por el bien de los cientos de miles que padecen nuestra violencia, no puedo permanecer en silencio”.

King continuó, haciendo referencia a los “tres gigantes” contra los que había que luchar: “Los tres gigantes del racismo, del materialismo extremo y del militarismo”.

King hizo un racconto de cómo se intensificó el papel de Estados Unidos en Vietnam y luego vinculó los gastos bélicos a la pobreza local: “Hace unos años, hubo un momento brillante en esta lucha. Parecía como si hubiera una verdadera promesa de esperanza para los pobres –tanto negros como blancos– mediante el programa contra la pobreza. Luego vino la escalada de Vietnam y este programa fue desmantelado, como si fuera un juguete político ocioso de una sociedad enloquecida por la guerra. Y yo sabía que Estados Unidos nunca invertiría los fondos ni las energías necesarias en la rehabilitación de sus pobres mientras aventuras como Vietnam siguieran atrayendo hombres, capacidades y dinero, como una especie de vórtice demoníaco y destructivo. Así que me vi cada vez más obligado a ver la guerra como enemiga de los pobres y a atacarla como tal”.

La reacción de los medios hegemónicos contra el discurso del Dr. King fue inmediata. La revista Life acusó a King de “traicionar la causa por la que tanto había trabajado”, agregando que “gran parte de su discurso era una calumnia demagógica que sonaba como un guión de Radio Hanoi”. El periódico The Washington Post expresó en su editorial: “El Dr. King les ha causado una grave herida a sus aliados naturales... ha disminuido su utilidad para su causa, su país y su pueblo”.

Pero King no cedió en sus esfuerzos y continuó con lo que ahora llamamos “organización intersectorial”. Cuando fue asesinado, un año después de ese discurso, se encontraba en Memphis apoyando a los recolectores de basura que estaban en huelga en demanda de su reconocimiento sindical. El 3 de abril de 1968, en Memphis, el Dr. King dio su último discurso, al que llamó “He estado en la cima de la montaña”. Aunque convivía con amenazas de muerte y acoso constante por parte del FBI, expresó: “Como todo el mundo, a mí me gustaría vivir mucho tiempo. La longevidad es importante, pero eso es algo que ahora no me preocupa”.

Menos de un día después, el Dr. King fue asesinado. Tras conocerse la noticia de su asesinato estallaron disturbios en las principales ciudades de mayoría afroestadounidense del interior del país y la historia de Estados Unidos cambió para siempre.

El reverendo Dr. William Barber, principal referente de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP, por su sigla en inglés) de Carolina del Norte, catalogó el discurso de King “Más allá de Vietnam” como un “sermón profético”. Barber traslada la estrategia discursiva de King al siglo XXI. En una entrevista para Democracy Now!, expresó: “¿Dónde estamos realmente en relación con el racismo, cuando vemos que 22 estados del país han aprobado sistemáticamente leyes de supresión de votantes basadas en discriminación racial y tenemos menor protección del derecho al voto que en 1965 con el desmantelamiento de la Ley de Derecho al Voto? ¿Dónde estamos si apenas usamos la palabra “pobre” en nuestro debate público y político? ¿Dónde estamos, cuando hace unas semanas un ejército fuera de control mató a 200 ciudadanos inocentes en Irak, mientras unos 400.000 ciudadanos fueron asesinados a lo largo de toda la guerra de Irak, una guerra en la cual nunca deberíamos habernos metido? ¿Dónde estamos, cuando estamos hablando de ampliar un presupuesto militar ya hinchado y gastar unos 54.000 millones de dólares en la guerra, cuando si usáramos ese mismo dinero en una guerra moderna contra la pobreza y medidas modernas para la salud y la educación, podríamos hacer mucho más?”.

Si Fox News se salteara solo un episodio del programa presentado por Bill O’Reilly, acusado de cometer acoso sexual, y emitiera en su lugar el discurso “Más allá de Vietnam”, o si CNN o MSNBC transmitiera el discurso en su totalidad, existe la posibilidad de que el presidente Donald Trump, un voraz consumidor de noticias por cable, pudiera verlo. Tal vez entonces podría pensar dos veces antes de incrementar la guerra en Irak y Yemen, o de provocar otra contra Corea del Norte. Mientras el mundo se horroriza por el último ataque de gas tóxico en Siria, probablemente lanzado por el régimen de Assad contra sus propios ciudadanos, Trump podría considerar liderar al mundo, ahora unido momentáneamente por la indignación, hacia una respuesta global y diplomática que pueda conducir a una solución política en esa región.

Con un líder poderoso que se comprometiera con la paz, Estados Unidos podría lograrlo. Lo más probable, sin embargo, es que reste mucho trabajo por hacer para aquellos en quienes el Dr. Martin Luther King depositó mayor esperanza: el pueblo, organizado desde las bases para luchar por la paz.

 

© 2017 Amy Goodman

 

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

 

 

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Lunes, 03 Abril 2017 08:23

Invitación pendiente

Invitación pendiente

¿Es posible que Estados Unidos continúe resbalando hacia un neofascismo, o es sólo una desviación momentánea a la locura? ¿El caos, la ineptitud, los engaños, los berrinches y los ataques son parte de un gran plan maestro, un caos organizado, o de verdad son tan espantosamente ineptos e infantiles los nuevos ocupantes de la Casa Blanca y sus compinches?


Pocos se atreven a decir que saben qué onda, mientras cada día millones dentro y fuera de este país están en un limbo macabro donde unos cuantos hombres (y muy pocas mujeres, con la excepción de la princesa del castillo) están jugando, literalmente, con el futuro del planeta.


Vale señalar que mientras la atención se distrae con los últimostuits, las amenazas, el desorden administrativo, las supuestas pugnas entre diversas bandas dentro de la Casa Blanca, la presunta interferencia rusa y más, este nuevo gobierno ha logrado en los primeros dos meses desmantelar cientos de regulaciones y normas ambientales y laborales sobre empresas e industrias, e incluso ha anulado restricciones y protecciones de todo tipo, desde la privacidad de usuarios de Internet hasta derechos civiles.


Ni hablar de los cambios en la aplicación de las leyes de inmigración, donde millones han sido calificados de amenaza y hasta de enemigos de este país; y nadie en ningún lugar dentro de esta comunidad inmigrante puede sentirse seguro. Aun sin redadas masivas, el nuevo régimen ya ha logrado imponer el temor como condición cotidiana entre los más vulnerables.


A pesar de extraordinarias expresiones de repudio y protesta popular –algunas sin precedente en este país– desde que Trump asumió la presidencia, y aunque el Ejecutivo ahora goza del índice de aprobación más bajo para un nuevo gobernante, aún no se sabe si todo esto se convertirá en una resistencia suficientemente numerosa como para poder frenar y/o derrotar este asalto derechista.


Eso sí, casi todos los días, en multitud de esquinas del país se escuchan los gritos de un extraordinario mosaico de oposición. Brotan nuevas alianzas de todo tipo, de mexicanos y otros latinoamericanos con árabes, de judíos y musulmanes, de jóvenes veteranos de Ocupa Wall Street con veteranos de guerra, de veteranos de luchas por los derechos gays con nuevos movimientos por los derechos civiles, de la defensa de derechos de las mujeres vinculándose con los movimientos por derechos laborales, de trabajadores de la salud con ambientalistas.
Este martes 4 de abril es el 50 aniversario del discurso –tal vez el más peligroso y radical– del reverendo Martin Luther King Jr, en el cual se atrevió a declarar que la guerra contra Vietnam era una de las guerras más injustas de la historia mundial, y afirmó que la lucha por los derechos civiles tenía que estar vinculada con la lucha contra las guerras y las luchas por los derechos de los trabajadores y la justicia económica. Es un discurso que casi nunca se menciona en las celebraciones oficiales de King. El eco de sus palabras sigue siendo el llamado más elocuente a la resistencia 50 años después de que se escuchó en la gran iglesia Riverside en Nueva York. Aquí algunos fragmentos:
“Llega un momento en el cual el silencio es traición... Aun cuando son presionados por las demandas de la verdad interna, los hombres no asumen fácilmente la tarea de oponerse a las políticas de su gobierno, especialmente en tiempos de guerra. Ni se mueve sin gran dificultad el espíritu humano contra toda la apatía del pensamiento conformista... Más allá, cuando los temas a la mano parecen más perplejos como tan frecuentemente lo son en el caso de conflictos atroces, estamos siempre al borde de ser hipnotizados por la incertidumbre. Pero tenemos que proceder.
“Estamos llamados a hablar por los débiles, por los sin voz, por las víctimas de nuestra nación, por aquellos que son llamados ‘enemigo’, ya que ningún documento de manos humanas puede convertir a estos humanos en nada menos que nuestros hermanos.”


Estados Unidos, señaló, jamás podrá ser salvado mientras destruye las esperanzas más profundas del hombre por todo el mundo. El gran campeón de la no violencia afirmó: “nunca más podría levantar mi voz contra la violencia de los oprimidos en los guetos sin hablar primero claramente contra el proveedor más grande de violencia en el mundo hoy día: mi propio gobierno.


“Estoy convencido de que si vamos a colocarnos del lado correcto de la revolución mundial, nosotros como nación tenemos que emprender una revolución radical de valores. Tenemos que empezar rápidamente el giro de una sociedad orientada sobre las cosas a una sociedad orientada hacia las personas. Cuando las máquinas y las computadoras, los motivos de las ganancias y los derechos de propiedad son considerados más importantes que la gente, el trío gigantesco del racismo, el materialismo extremo y el militarismo se vuelve invencible.


“Nuestra única esperanza hoy día reside en nuestra habilidad de recuperar el espíritu revolucionario y salir en un mundo a veces hostil declarando nuestra hostilidad eterna a la pobreza, al racismo y al militarismo.


“Ya no podemos gastar más en adorar al dios del odio o hincarnos ante el altar de la represalia. Los océanos de la historia se hacen turbulentos con las mareas cada vez más altas del odio. La historia está amontonada con las ruinas de naciones e individuos que procedieron por este sendero autoderrotador del odio.


“Tenemos que pasar más allá de la indecisión a la acción. Si no actuamos, seguramente seremos arrastrados por los largos, oscuros y vergonzantes pasillos del tiempo reservados para aquellos que tienen poder sin compasión, poderío sin moralidad, y fortaleza sin visión...


Ahora, empecemos. Ahora redediquémonos a la larga y agria, pero bella lucha por un mundo nuevo.


Organizaciones sociales y personas de conciencia por todo el país dicen que hoy día están respondiendo a esa invitación pendiente durante medio siglo.

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"Todo el racismo de EEUU sucedía antes pero sin una persona llamada Trump"

Enrique Morones es fundador de Ángeles de la frontera, una ONG que lleva más de 30 años trabajando con migrantes en Estados Unidos y México
11.000 personas han muerto desde 1994 en el intento de cruzar la frontera, según las cifras de la organización
"Cada verano muere más gente por el muro entre EEUU y México que en toda la historia del muro de Berlín", asegura


La mexicana Lucrecia Domínguez intentó atravesar la frontera porque quería reunirse con su marido en Estados Unidos. El 'pollero' –traficante – le puso como requisito que no trajera a sus hijos, Jesús y Nora, de quince y siete años. "Son chicos, van a caminar muy despacio", le dijo. La mujer, sin embargo, los llevó con ella y el traficante decidió seguir con el resto del grupo porque caminaban más lento. Los abandonó en pleno desierto de Arizona. Era verano de 2005.


"Lucrecia murió literalmente en los brazos de su hijo Jesús. Esto está pasando todos los días. Cada número esconde una familia destruida". Enrique Morones lleva más de treinta años armándose de argumentos para defender los derechos de los migrantes en Estados Unidos.


Desde entonces, ha sido testigo de un muro "que ya existe y cubre un tercio de la frontera". Por eso se revuelve en la silla cuando escucha el discurso del presidente de EEUU. Por eso insiste en que no es nuevo: "Todo el racismo que se está viviendo ahora había pasado antes pero sin una persona que se llamara Trump". De semblante serio y corpulencia de exjugador de béisbol, prefiere responder con su lema: "El amor siempre le gana al odio y no tiene fronteras".


"Los mexicanos del lugar donde nací no cruzamos el muro, el muro nos cruzó a nosotros". De ascendencia mexicana, Morones nació hace 60 años en San Diego (California), pero "si hubiera podido escoger, habría escogido México. "Yo nunca tuve el sueño americano, tuve el sueño mexicano", asegura.
El activista ha viajado a España para difundir la labor de su organización Border Angels ('Ángeles de la frontera'), conocida por dejar bidones de agua en la ruta migratoria por el desierto con el objetivo de prevenir las muertes de los que se arriesgan a cruzar la frontera.


La ONG también lucha contra los estereotipos sobre la comunidad latina, convoca cada año 'la marcha migrante' y organiza actividades como los encuentros en el Parque de la Amistad, en la frontera entre el sur de California y Tijuana. "Estamos en España para pedir que empiecen un grupo de Ángeles de la frontera, aquí también se pueden hacer muchas cosas", sostiene.


Llevan desde 1996 dejando bidones de agua en el trayecto fronterizo entre EEUU y México. ¿Cómo es migrar por el desierto?


La principal causa de muerte en la frontera es no tener agua. Se mueren por la sed, no pueden cargar suficiente agua y muchos mueren. En EEUU viven 11 millones de migrantes y la mayoría atravesó el desierto. En la frontera hay montañas, ríos, canales, pero sobre todo hay desierto. La gente cruza por donde no hay muro y cada día mueren una o dos personas. Desde 1994, han muerto más de 11.000 migrantes. El año pasado, unos 600. No queremos más muertes, queremos leyes justas.


Nosotros dejamos litros de agua tres o cuatro veces al mes en diferentes áreas a los dos lados de la frontera, porque la gente se muere en los dos. No sabemos por dónde pasan los migrantes, ya que también lo sabría la 'migra' (la patrulla fronteriza) . Más personas se han ido sumando a la causa y ahora unos 25 grupos hacen una labor similar. Tenemos grupos grandes, de hasta 450 voluntarios. Antes de la victoria de Trump los máximos que teníamos eran 150. Ahora las personas están enojadas y quieren actuar.


También está el drama de los que fallecen en la frontera sin que nadie los identifique.


Un tercio de los migrantes que mueren no es identificada. Nosotros organizamos visitas al 'panteón de los no olvidados', donde hay 550 migrantes enterrados sin identificar. Cuando los encuentra la patrulla, los entierran allí porque nadie sabe quiénes son. No pueden llevar los cuerpos a México porque no son todos mexicanos.


Hace una semana fueron alumnos de una escuela católica y otra judía. La tradición cristiana coloca cruces, la judía coloca piedras encima de las tumbas. En ellas escriben "No olvidados" en hebreo, español o inglés para recordar que la vida de esas personas también vale, aunque murieran en la frontera trágicamente.


La valla entre EEUU y México ya separa familias. ¿Cómo son los encuentros que organizan en el simbólico Parque de la Amistad?


El parque fue fundado en 1971 y en 1994, EEUU comenzó su muro en este lugar sagrado. Allí llegan familias desde distancias muy largas porque se puede ver un poco al otro lado de la valla. Tiene unos hoyos muy chiquitos, apenas puedes meter la punta del dedo. Así se saluda la gente. Van a encontrarse porque, por ejemplo, la abuela se está muriendo de cáncer y van a despedirse de sus familiares. O parejas separadas por la deportación que van cada semana para hablar de cómo están, de cómo van los hijos... Es muy impactante.


El 30 de abril de 2013, Día del Niño en México, pedimos a la patrulla fronteriza que abriera la puerta por un momento para hacer algo simbólico. Una persona me reconoció. Se llamaba Luis, y nunca había abrazado a su hija al otro lado. Le di una camiseta de la organización y cuando se abrió la puerta, su hija Jimena lo vio y brincó a sus brazos. Solo teníamos dos minutos, dos minutos abrazándose.


Me partió el alma, teníamos que volver a abrir la puerta cada año. La migra estuvo de acuerdo y ahora son encuentros de 20 minutos. También los hemos convencido para el Día Internacional del Niño, en noviembre. En el verano quiero hacerlo otra vez, y así, poco a poco, abrir cada vez más el muro.


Vamos con el gran nombre propio, Donald Trump. Una persona que lleva tantos años trabajando en la frontera y ha presenciado tanto sufrimiento. ¿Cómo vive el triunfo del discurso xenófobo del presidente de EEUU?


Este movimiento de odio es mundial y ya ha pasado antes en la historia. Me dio mucha tristeza cuando Trump lanzó su campaña atacándome a mí y al resto de mexicanos, diciendo que somos criminales y violadores, y el Partido Republicano no hizo nada.


Ha sido una vergüenza y una tragedia tenerlo como presidente. No está preparado, es racista, admitió haber atacado a mujeres. No va a durar más de año y medio. Lo van a quitar de ahí porque es la persona más peligrosa del mundo, puede causar la tercera guerra mundial. Pero no puede hacer lo que quiere, hay un sistema que está bloqueando muchas de las leyes racistas que trata de sacar.


Sin embargo, usted cuenta que lleva mucho tiempo combatiendo la xenofobia, no solo ahora con Trump.


En 1994, EEUU, que había dicho anteriormente "Señor Gorbachov, tumba el muro de Berlín", comenzó su propio muro. Ese año aprobaron una ley muy racista, la Proposición 187. También fue el del tratado de libre comercio, el movimiento de los zapatistas... Todo ello causó que el flujo de los migrantes empezara a crecer muchísimo.


En 2005 comenzamos 'Gente unida', una organización para combatir el odio y el racismo. Había un grupo que se llamaba 'los cazamigrantes', gente que iba a la frontera con rifles para dispararles. Era increíble. Los enfrentamos con varios actos pacíficos. Nos colocábamos detrás de ellos con bocinas y gritábamos: "Son unos racistas, no crucen, es peligroso". Seguimos hasta que nos deshicimos de ellos después de varios años.


También queríamos combatir los programas de odio en la televisión por cable, porque allá en EEUU hay programas que son muy peligrosos. Todo lo que se está viviendo ahora, con el racismo de Trump, había pasado antes pero sin una persona que se llamara Trump.


El presidente Trump se apresuró a cumplir su promesa estrella y en enero firmó la orden para seguir fortificando la frontera.


Te aseguro que México no va a pagar ningún centavo del muro. Primero, ya hay un muro que cubre un tercio de la frontera. Segundo, hay más migrantes saliendo de EEUU que entrando, voluntariamente y por las deportaciones. ¿Por qué, entonces, el muro? Cuando Trump lo construya, dará crédito a que la gente ya está saliendo, algo que sucede desde hace cinco años, y dirá que su muro ha parado el flujo migratorio.


Los mexicanos éramos el grupo más grande que entraba sin papeles. Ya no. La situación económica en México está mejor y muchos están regresando para encontrar trabajo allí. El grupo más grande que está entrando ahora son los centroamericanos.


También hay voces críticas con el trato que da México a los migrantes que transitan por el país.


Como muchos países, no les hemos dado la bienvenida. La mayoría del pueblo mexicano apoya a los migrantes y las leyes no son tan estrictas como las estadounidenses, pero EEUU le paga para que proteja su frontera sur. No tenemos muro con Guatemala, pero han intentado que México tome una posición más fuerte.


Tenemos que ser el ejemplo de cómo queremos que nos traten. Ahora hay muchos haitianos, unos 5.000, en Tijuana que quieren cruzar a EEUU y se les ha recibido muy bien. Muchos de los centroamericanos quieren quedarse en el país. Con Donald Trump constantemente atacando a México, el país se ha unido más. Cuando te atacan, te unes con tu gente. Ahora tenemos que mejorar nuestro trato a los migrantes, sin duda.


Una vez el senador Kennedy me dijo: "Enséñeme un muro de cinco metros que yo te enseño una escalera de seis".


El flujo migratorio a EEUU, según apunta, ya estaba disminuyendo desde antes. Pero ¿han detectado algún cambio en la frontera desde la llegada de Trump a la Casa Blanca?


Lo que sí es diferente es que los migrantes que ya están en el país tienen miedo. Están preocupados por las deportaciones y las redadas. Con el presidente Bush había retenes en el interior del país. Con Obama no. Los republicanos, que son muy inteligentes, cambiaron el sistema para contar las deportaciones: se empezó a contabilizar a los que saltan el muro y los deportan el mismo día.


Un día le pregunté a Obama por qué no decía algo al respecto y me contestó que quería que los republicanos trabajaran con él en la reforma de migración. Le deseé suerte, porque no iba a ocurrir. Y no ocurrió.


Trump ha dado algunas pinceladas de su futura reforma migratoria. ¿Qué se sabe de este asunto?


Quiere deportar a todos los migrantes sin papeles y proteger a los "soñadores" –jóvenes y niños que llegaron al país de manera irregular– porque los estima. Entonces, si los estima, ¿por qué va a deportar a sus padres y a sus hermanos? Vivimos unos tiempos muy peligrosos. Nunca hemos visto más crímenes de odio contra migrantes, musulmanes y mujeres.


Tenemos que alzar la voz, la gente ya está tomando cartas en el asunto marchando y protestando, diciendo "no" al muro. Todos queremos proteger la frontera, pero hay que tratarlos de una manera más digna. Cada verano muere más gente debido al muro entre EEUU y México que en toda la historia del muro de Berlín.


¿Qué debería contener esta reforma?


Los 11 millones de migrantes que están en EEUU sencillamente quieren estar documentados. No quieren ser ciudadanos, quieren tener un documento que les proteja de la deportación. También, que las personas que quieran entrar puedan hacerlo por la puerta de delante. Ahora tienes que ganar cierta cantidad de dinero solo para poder solicitar el visado. La mayoría no lo tiene y por eso cruzan.


Urge a EEUU, porque es culpable de la salida de los migrantes de sus países. La invasión de Irak, la intervención en Centroamerica de Reagan, la demanda de droga ilegal, el consumo del 35% de los recursos naturales del mundo... Eso causa que la gente se vaya de su país de origen. EEUU debería darles la bienvenida.


Deben practicar eso que les gusta decir, los derechos humanos, sin ese muro de la vergüenza y la muerte. Una vez el senador Kennedy me dijo: "Enséñeme un muro de cinco metros que yo te enseño una escalera de seis". Las personas que quieren cruzar van a encontrar una manera de hacerlo, como sucede aquí en Europa.


¿Cómo se combate la retórica criminalizadora del presidente sobre la migración?


La estrategia es que la gente sepa la verdad. En mi vida he oído que hay demasiados alemanes en EEUU, pero hubo un tiempo en que se decía. Si este discurso hubiera tenido éxito, no hubiera llegado Friedrich Trump, abuelo alemán de Donald Trump. Después dijeron que hay demasiados polacos, italianos, chinos... Ahora dicen que hay demasiados mexicanos.


Es muy importante que la gente sepa lo que ocurre, porque las mentiras vuelan: que los migrantes son criminales, que no pagan impuestos... Una persona sin documentos, según el Departamento de Justicia, es diez veces más probable que no sea un criminal, porque no quieren ser deportados. Quieren un trabajo para dar de comer a sus hijos o quieren reunirse con su familia. No arriesgan su vida para cometer crímenes. Sí pasa, pero son excepciones. Y claro que pagamos impuestos. Cuando compras algo nadie te pregunta si tienes papeles o no.


¿Qué opina de la situación en Europa, donde también hay muros?


En España, como en EEUU, deben tener leyes más justas. No vale construir muros con Marruecos o México que causan tantas muertes. El año pasado fue el más trágico, murieron más de 8.000 personas tanto en EEUU como aquí en Europa. Tienen que alzar la voz también. Es la juventud la que va a marcar el cambio, porque tiene algo que nosotros no teníamos: mucho acceso a la información. Un ataque contra alguno de nosotros, ya sea gay, migrante o musulmán, es un ataque contra todos.

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8M: La huelga mundial de mujeres y el creciente movimiento contra Donald Trump

 

El martes, la Estatua de la Libertad quedó casi completamente a oscuras, un día después de que el presidente Donald Trump firmara su nueva orden ejecutiva contra el ingreso a Estados Unidos de refugiados y ciudadanos de seis países de mayoría musulmana, un decreto conocido como “Prohibición contra musulmanes 2.0”. El apagón pareció también un presagio de lo que ocurriría al día siguiente, el Día Internacional de la Mujer, que este año contó con la organización de la huelga “Un día sin mujeres”. La dama de la Libertad, que durante más de 130 años ha proclamado al mundo “Dadme vuestros seres pobres y cansados / Dadme esas masas ansiosas de ser libres”, desapareció, al menos por unas horas, del horizonte de la ciudad de Nueva York.

El Día Internacional de la Mujer se conmemora el 8 de marzo desde hace más de un siglo, pero el día de acción mundial de este año tuvo un valor agregado de urgencia. Un hombre que fue filmado mientras alardeaba de cometer acoso sexual terminó siendo el actual presidente de Estados Unidos.

En una grabación del programa “Access Hollywood” de 2005 que se hizo pública el pasado mes de octubre, Trump le dice a Billy Bush, ex presentador de la cadena NBC: “Ni siquiera espero. Y cuando eres una estrella, ellas te dejan hacerlo... Puedes hacer cualquier cosa. Agarrarlas por el chocho.” Billy Bush perdió su trabajo a causa del escándalo, pero Trump fue electo presidente pocas semanas después.

Al otro día de la asunción de mando de Trump, más de cuatro millones de personas participaron en manifestaciones en todo Estados Unidos, en lo que quizá sea la mayor protesta política en la historia estadounidense. La Marcha de las Mujeres en Washington, por ejemplo, congregó una cantidad de gente tres veces mayor que la multitud que asistió a la ceremonia de asunción de Trump el día anterior, lo que claramente enfureció al presidente.

Dos días después, Trump firmó una orden ejecutiva que impuso una “ley mordaza mundial” que prohíbe a Estados Unidos financiar a cualquier organización de salud que realice abortos o que incluso lo mencione como opción. Trump también está presionando a los legisladores para que aprueben el proyecto de ley republicano que tiene como objetivo derogar la Ley de Cuidado de la Salud a Bajo Precio, conocida como Obamacare. La ley dejaría sin fondos a la organización Planned Parenthood, que brinda anualmente una amplia gama de servicios de salud a más de dos millones y medio de mujeres estadounidenses. Solo el 3% de sus servicios están vinculados al aborto, y los fondos federales no financian los abortos.

Con manifestaciones en más de 50 países, la huelga de mujeres de este año es la más importante en la historia reciente. El sitio web de la organización señala: “El 8 de marzo será el comienzo de un nuevo movimiento feminista internacional que organice la resistencia no solamente contra Trump y sus políticas misóginas, sino contra las condiciones que dieron lugar a Trump; concretamente, décadas de desigualdad económica, violencia racial y sexual, y guerras imperiales en el exterior”.

Esta misma semana, un documento filtrado reveló que el Departamento de Seguridad Nacional está considerando una propuesta para separar a las madres refugiadas de sus hijos en caso de que sean capturados al cruzar la frontera entre México y Estados Unidos.

En un video realizado para dar difusión a la acción mundial del 8M, distintas personas declaran sus motivos para participar:

“Voy a hacer huelga el 8 de marzo porque creo que las mujeres deben tener libertad para tomar decisiones sobre sus propios cuerpos... Voy a hacer huelga el 8 de marzo... por la igualdad salarial y de oportunidades... porque el trabajo de las mujeres hace posible el resto de los trabajos... y porque ya es hora que comencemos a valorar el trabajo de la mujer. Voy a hacer huelga el 8 de marzo... porque quiero sentirme libre cuando salgo, no valiente... porque las mujeres importan”.

Al despuntar el alba en Washington DC, en el Día Internacional de la Mujer, Donald Trump tuiteó: “Tengo un enorme respeto hacia las mujeres y los numerosos papeles que desempeñan, que son vitales para la estructura de nuestra sociedad y nuestra economía”. Esto proviene de un hombre que ha sido acusado de asalto y acoso sexual por al menos 15 mujeres, la mitad de ellas durante su reciente campaña electoral.

Las mujeres del mundo, junto con los hombres que apoyan su lucha, juzgan a Trump por sus acciones, no por sus palabras. Están comprometidas, están enfurecidas y se están organizando para abordar cada tema. Entre los carteles de las manifestaciones por el Día Internacional de la Mujer había uno que decía: “Nada de mordaza, nada de prohibición, nada de muro”. Otro decía: “El lugar de la mujer es la revolución”. Todos los días, Trump afecta los pilares de los logros progresistas por los que tantas personas han luchado, han sido encarceladas e incluso han muerto a lo largo de más de un siglo. Pero la resistencia está creciendo y brinda esperanzas en esta era de oscuridad.

 

© 2017 Amy Goodman

 

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

 

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Hombres blancos enfadados: el sociólogo que estudió a los votantes de Trump antes de Trump

Durante la presidencia de Obama, algunos comentaristas no dudaron en proclamar que los hombres blancos habían dejado de ser un grupo demográfico políticamente relevante. Y entonces llegó Trump, encumbrado por una multitud de hombres blancos enfadados.


El sociólogo Michael Kimmel es uno de los principales expertos mundiales en este fenómeno. Es el director del Centro para el estudio de los hombres y las masculinidades de la Universidad de Stony Brook, y lidera una línea de investigación emergente de estudios en torno a la masculinidad.


Entre sus investigaciones más recientes destaca un estudio sobre asesinos itinerantes o relámpago (que son en su gran mayoría hombres blancos) y la relación entre la masculinidad y el extremismo político. Acaba de terminar un libro que investiga por qué los hombres se unen a grupos que incitan al odio y cómo salen de ellos.


Su libro Angry White Men: American Masculinity at the End of an Era (Hombres blancos enfadados. La masculinidad de Estados Unidos en el fin de una era) volverá a ser publicado en abril. ¿Es cierto?


Sí. Dado que lo ha leído, se habrá percatado de que Trump no aparece ni una sola vez. Mi editor pensó que sería una buena idea volver a publicarlo con una introducción en la que hable de él. Escribí un libro sobre sus votantes, solo que todavía no tenían un líder.


¿Cuándo se va a publicar?


En 2018. Gira en torno a entrevistas que hice a cuatro grupos de distintos países. Uno de los grupos es una organización en Suecia que ayuda a jóvenes neonazis y cabezas rapadas a salir de estos movimientos. Otro de los grupos es Exit (salida), en Alemania, que hace lo mismo con neonazis y supremacistas blancos alemanes. El tercer grupo es Life after Hate (vida después del odio) un grupo de Estados Unidos creado por exintegrantes de movimientos de extrema derecha. Y el cuarto grupo se llama Quilliam, una fundación con sede en Londres que ayuda a exyihadistas que quieren alejarse de ese movimiento.


Es un libro sobre la masculinidad y explica cómo estos hombres entran en estos movimientos y también cómo consiguen salir de ellos. La masculinidad es un factor clave. Hablamos de hombres que se sienten insignificantes y tienen la sensación de haber sido marginados. El hecho de integrarse en un movimiento reafirma su masculinidad.


Evidentemente, existen diferencias entre los grupos. Los neonazis que participan en el programa de la organización sueca suelen tener unos 16 o 17 años. En cambio, los alemanes son mucho mayores y han tenido una trayectoria muy diferente. Se radicalizan en la cárcel. Eran ladrones y delincuentes de poca monta y se radicalizaron cuando conocieron a otros presos. También he investigado el importante papel que desempeña la música. El rap neonazi es muy popular en Suecia, Alemania y Estados Unidos, así como la música hardcore que incita al odio.


Los legisladores y los investigadores no suelen tener en cuenta el factor de la masculinidad cuando intentan comprender los motivos que llevan a estos hombres a alistarse a estos movimientos. En mi opinión, si ignoran la masculinidad no serán capaces de ayudarlos a salir de estos movimientos.


En 2009, Daryl Johnson, analista de los servicios de inteligencia, publicó un informe que alertaba del auge de los movimientos de extrema derecha. El informe dio paso a una batalla política campal. Los republicanos se enfurecieron porque consideraron que el informe era alarmista, tenía motivaciones políticas y comparaba a grupos conservadores y libertarios no violentos con grupos terroristas.


Lo que más indignó a los detractores conservadores de este informe fue que Johnson afirmó que los veteranos de guerra que habían luchado en Irak y en Afganistán se convertirían en los principales objetivos de la extrema derecha, que los intentaría captar. ¿Alguna de sus investigaciones han ido en esta dirección?


En mi opinión, es uno de esos problemas de lógica que podríamos llamar “falacia de composición”. Que los movimientos de supremacistas blancos recluten a muchos veteranos de guerra no significa que todos los veteranos de guerra vayan a ser reclutados.


Lo que sí está confirmado es que, como consecuencia de las operaciones militares en Irak y en Afganistán, los veteranos regresaron con trastorno de estrés postraumático. Cada vez que se subían en un coche podía ser el último día de sus vidas; este es el tipo de terror que sintieron. Es una experiencia que te sacude. A esto se le une un sentimiento racista hacia el enemigo, ya que una de las formas que tienes de autoconvencerte de que es legítimo matar a tu enemigo es odiarlo. Piensa en lo que decíamos de los vietnamitas o lo que la generación de mi padre opinaba sobre los japoneses. Es una combinación que explica por qué algunas personas son más propensas a sentir afinidad con la ideología de extrema derecha.


También es cierto que cada vez hay más hombres que se alistan en el Ejército porque quieren luchar. Timothy McVeigh ingresó en el Ejército de Estados Unidos durante la primera guerra del Golfo y cuando regresó quería unirse a las fuerzas especiales. Le dijeron que no estaba preparado psicológicamente. Se indignó y fue entonces cuando empezó a interesarse por los movimientos extremistas.


Así que nunca me atrevería a afirmar que los veteranos son más susceptibles de sentirse atraídos por la ideología de extrema derecha, pero sí puedo decir que la experiencia que han vivido en el campo de batalla ha afectado profundamente a un gran número de ellos.


No les hacemos ningún favor si ignoramos esta realidad y tampoco hacemos ningún favor a los ciudadanos de Estados Unidos si les decimos que tienen más probabilidades de ser atacados por alguien de otro país que por un compatriota. Lo cierto es que seremos atacados antes por alguien como Wade Michael Page [autor de un tiroteo en un templo sij en Wisconsin] que por un yihadista.


Una de las principales afirmaciones que hace en su libro es que la noción de masculinidad que empuja a los hombres a unirse a grupos de extrema derecha o a disparar contra una multitud está profundamente enraizada en un sentimiento de humillación.


En The Looming Tower (La torre elevada), Lawrence Wright habla de cómo un sentimiento de humillación parecido impregnó en el mundo árabe la línea de pensamiento que más tarde dio lugar a Al Qaeda (y al Estado Islámico). Así que me pregunto si en vez de hablar de “hombres blancos enfadados” deberíamos hablar simplemente de “hombres enfadados”.


Uno de los analistas de la violencia más clarividentes que he leído, James Gilligan, escribió el libro Violence (Violencia). En su libro afirma que los sentimientos de vergüenza y de humillación son los cimientos de todas las acciones violentas: “Me siento insignificante y haré que tú te sientas más insignificante que yo”. En mis entrevistas con extremistas, tanto los que aún lo son como los que dejaron de serlo, he constatado en repetidas ocasiones que se habían sentido avergonzados y humillados.


En su famoso discurso, Osama bin Laden habla de cómo Occidente ha humillado al mundo árabe, de cómo los musulmanes tradicionales se han sentido humillados por una sociedad ultramoderna y el proceso cosmopolita de McDonalización del mundo. Quieren recuperar el califato que tuvieron en el siglo VII porque es la forma de recuperar la masculinidad tradicional.


A este sentimiento lo llamo “agravio por el hecho de creerse con el derecho”. Creerte con un derecho y no conseguir lo que querías te produce un sentimiento de humillación. Al menos este es el caso de los hombres alemanes, suecos y estadounidenses que entrevisté.


En muchas ocasiones no tiene nada que ver con la política. Muchos de ellos, y en especial los estadounidenses, sufrieron abusos sexuales y agresiones de niños. Algunos tienen un perfil parecido al de las víctimas de curas pederastas católicos. Durante su infancia y juventud se sintieron profundamente avergonzados. No les iba bien en la escuela, no tenían amigos, sentían una profunda tristeza e infelicidad y optaron por aislarse. Esto los hizo muy vulnerables y la extrema derecha consiguió captarlos sin problema.


El ambiente de camaradería que se respira en estos movimientos reafirma su masculinidad y, todavía más importante que esto, les da una misión sagrada. Para estos jóvenes, tener una misión es un elemento muy potente.


Los hombres blancos enfadados hablan extensamente de la “homoesfera” de internet y del auge del movimiento de los derechos del hombre. Los defensores de los derechos del hombre alegan que las políticas públicas penalizan a los hombres, por ejemplo, en lo referente a los convenios de divorcio y pensiones alimenticias, o por el hecho de que existen ayudas públicas para la madre soltera pero no para los padres solteros. ¿Cree que durante la presidencia de Trump podrían reformarse estas leyes y cambiar algunas de las políticas públicas mencionadas?


Un grupo que tiene un argumento válido es el colectivo de padres divorciados. Algunos de los grupos que defienden los derechos de los padres echan la culpa a las mujeres y al feminismo. No siento ninguna simpatía por ellos. Sí creo que los juzgados no han sabido adaptarse a los cambios de la sociedad. Los padres han cambiado. Ahora muchos padres se involucran en el cuidado y educación de los hijos. Sin embargo, tenemos leyes que fueron aprobadas durante los tiempos de Don Draper [protagonista de la serie de televisión Mad Men, ambientada en los años cincuenta], cuando los hombres eran figuras ausentes en el hogar. Y muchos de los hombres que se divorcian no consiguen unas condiciones justas.


Por otro lado, es importante atender a la realidad de los hechos: un estudio realizado en California constató que el 80% de las parejas divorciadas obtuvieron el convenio de custodia que ambos querían. Así que solo estamos hablando del 20% de los casos y de este 20%, solo una parte se encuentra en la situación descrita por los defensores de los derechos de los hombres: “Él quiere custodia compartida y ella quiere custodia exclusiva”. En la mayoría de los casos la mujer no quiere custodia compartida porque quiere mudarse a otro Estado porque allí le espera un trabajo o su actual pareja. Esta es la realidad que debemos tener en cuenta. En estos casos, los hombres tienen un derecho legítimo, no lo pongo en duda, pero esto no quiere decir que todo el sistema judicial esté en contra de los hombres.


¿Qué piensa del caso de Milo Yiannopoulos? Es gay, ha tenido relaciones con hombres negros. ¿Alguien con su perfil complica su discurso en torno a la masculinidad y a la derecha más conservadora?


¿Se acuerda de Phyllis Schlafly, una activista que hizo carrera aconsejando a las mujeres que no hicieran carrera? Milo Yiannopoulos es un provocador. Quiere suscitar una reacción para poderse hacer la víctima: “Dios mío, no me dejan hablar, todos estos estudiantes universitarios no paran de lamentarse”. Al mismo tiempo, él no para de lamentarse. Se parece mucho a Trump: “Todo el mundo me odia, soy la víctima de medios de comunicación nocivos, obtuve más votos que ella”.


Yiannopoulos es gay pero también es un tipo blanco de clase alta. No pertenece precisamente a un colectivo desfavorecido. Quiere que lo censuren para poder decir que la izquierda censura tanto como la derecha. Sin embargo, en Estados Unidos esto no es así. A lo largo de la historia del país se ha censurado la libertad de expresión y siempre ha sido la derecha la que lo ha hecho. La noción de que la izquierda también está enfadada y censura... no tiene en cuenta un pequeño detalle técnico: la izquierda no tiene el poder y, por tanto, no puede censurar.


¿Qué piensa del viejo debate en torno a que los hombres son violentos por naturaleza? ¿La violencia es social, un producto de nuestra cultura, o también juegan factores biológicos? ¿Es biología, cultura o una mezcla de ambos?


Creo que es un debate falso. La naturaleza y la educación están íntimamente relacionadas. Sabemos que la hormona de la testosterona nos hace ser agresivos y también nos hace reaccionar ante la agresividad. Es una hormona muy maleable. Creo que no se pueden entender las condiciones naturales biológicas de la violencia sin ponerlas en relación con las condiciones sociales y viceversa.


Le pondré dos ejemplos. Un hombre se enfada y agrede a alguien más débil o a su mujer. Sin embargo, se enfada y no agrede a su jefe. En muchas ocasiones, los jefes tienen una mayor capacidad de sacarnos de nuestras casillas que nuestras esposas. ¿Verdad? ¿Por qué no los atacamos? Para atacar a alguien, primero tienes que creer que estás autorizado a hacerlo. Tienes que creer que es un blanco de ataque legítimo.


El segundo ejemplo sería el famoso experimento de un primatólogo de la Universidad de Stanford. Analiza los niveles de testosterona de cinco monos. Los pone en una jaula. Los monos no tardan en establecer una jerarquía de violencia. El número uno golpea al número dos, el número dos golpea al número tres, el número tres golpea al número cuatro y el número cuatro golpea al número cinco. Obviamente, el número uno tiene el nivel de testosterona más alto y así sucesivamente.


Y este es el experimento: el científico saca de la jaula al mono número tres y le inyecta una alta dosis de testosterona y lo vuelve a meter dentro de la jaula. ¿Qué crees que hace? Cuando se lo pregunto a mis estudiantes siempre piensan que el mono pasa a ser el número uno. No es así. Cuando regresa a la jaula, evita a los monos número uno y dos pero golpea sin parar a los monos cuatro y cinco.


Así que cualquier investigador experto en biología llegaría a la conclusión de que la testosterona no provoca la agresión pero la hace posible. El blanco de ataque ya debe ser visto como legítimo. Tienes un factor biológico y otro sociológico. Así que la respuesta a su pregunta es que ambos factores son importantes y nunca es posible el uno sin el otro.


Traducido por Emma Reverter

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'Imperial Dreams': ser negro, pobre y expresidiario en Estados Unidos

Que el racismo no es sólo cuestión de piel es algo que bien saben en países como Estados Unidos. La superpotencia, que ahora gobierna un presidente conocido por su verborrea racista, machista y xenófoba, tiene en su mismo ADN el término marcado a fuego. Desde su nacimiento como nación se establecen vínculos económicos y sociales en base a este tipo de diferencias. Desigualdades que se extienden al relato común de sus habitantes, que saben que en muchos sitios el color de piel también implica una cuestión de clase.


Lo decía Howard Zinn en ese monumental libro llamado La otra historia de los Estados Unidos: "Las naciones no son comunidades y nunca lo han sido. La historia de cualquier país, presentada como la historia de una familia, oculta los conflictos de intereses entre conquistadores y conquistados, amos y esclavos, capitalistas y obreros, dominadores y dominados por su raza o su sexo". El prestigioso historiador, al que la cultura norteamericana debe tanto, contaba en las páginas de aquel estudio la crónica de quienes levantaron la nación que ahora dirige Donald Trump, que no fueron ni héroes ni presidentes.


Imperial Dreams, el debut como director de Malik Vitthal que acaba de estrenar Netflix, es exactamente eso: una lectura actual, sin alardes ni remilgos, de una nación que nunca ha sido una familia. Una mirada simple a lo que significa ser negro y pobre en los Estados Unidos de hoy.


La sinceridad del drama


Hace poco, leíamos alabanzas sobre el último drama social de Ken Loach. El realizador contaba en Yo, Daniel Blake la pesadilla burocrática de un carpintero de 59 años que no podía trabajar por sus problemas cardíacos. Un alegato contra la austeridad que le valió la Palma de Oro en Cannes, y que partía de un material que conoce muy bien. Loach lleva nada menos que cincuenta años poniendo el foco en las penas de la clase obrera británica.


No era tan fácil en cambio que un debutante desconocido como Malik Vitthal rodase una película tan sólida como Imperial Dreams sin la experiencia ni el bagaje de Loach. No es de extrañar que a su paso por Sundance tuviese un recibimiento dispar. En primer lugar, porque el cine independiente de EEUU ya tenía su drama racial de la temporada: la nominada al Oscar Moonlight. Y segundo, porque muchos vieron en su falta de sutileza y forma de narrar una constante intención moralizante. Lo cierto es que ésta es la misma con la que Ken Loach filma Yo, Daniel Blake.


Los parecidos de este filme con la película de Loach son más de los que cabría esperar. Se trata de un drama protagonizado por un joven que acaba de salir de la cárcel e intenta cuidar de su hijo huyendo del tráfico de drogas y la delincuencia que le habían metido allí. Pero el sistema no se lo pone fácil. Para apuntarse a la bolsa de trabajo público le piden un carné de conducir que está confiscado desde que salió de prisión. Y para recuperar dicho carné le piden 8.000 dólares en manutención atrasada que no pagó por estar entre rejas. Resulta que él sólo tiene 80 en los bolsillos y no tiene ni dónde dormir.


Con el ritmo pausado del buen drama social, Imperial Dreams construye un laberinto de problemas que ponen a su protagonista, reflejo lógico de la clase obrera negra contemporánea, entre la espada y la pared. ¿Es legítimo delinquir si el sistema no te deja otra?


John Boyega aguanta con dignidad el papel de total protagonista que le entrega una cinta hecha a su medida: sin alarde alguno, sutilezas ni medias tintas. Malik Vitthal prefiere ir directo al grano aunque eso le cueste un desarrollo dramático más conseguido o una lógica mayor en la sucesión de giros argumentales.


Es de alabar, no obstante, la sinceridad con la que se aborda el proyecto, que mantiene siempre un discurso basado en el respeto hacia la realidad. Sin exageraciones, pero con un extraño tono poético comparable al de la reciente y maravillosa Paterson. Como aquella, Imperial Dreams también dedica largas escenas a mostrarnos a su protagonista escribiendo, mientras una voz en off reinterpreta la realidad que vemos a simple vista. La dota de otro tono distinto.


Rejas fuera de la cárcel


Viendo el argumento de Imperial Dreams es fácil imaginar a Vitthal subrayando el libro de Howard Zinn palabra por palabra. Su debut narra la historia de un joven que lleva entrando y saliendo de la prisión desde los doce años. No es una persona ni mejor ni peor que las que viven en su barrio. Pero ha decidido que ya son demasiadas las veces que ha cargado con las culpas de los demás, y que va a integrarse en la sociedad.


Lo que no sabe es que, por mucho que lo intente, el sistema siempre le va a mirar por encima del hombro. Quienes deberían admitirlo como miembro de pleno derecho, lo señalan y repudian. Es un expresidiario y es negro.


"Las prisiones de EEUU han sido durante mucho tiempo un reflejo extremo del propio sistema norteamericano", reflexionaba Zinn en La otra historia de los Estados Unidos, "en ellas veías claramente las duras diferencias entre ricos y pobres, el racismo sistemático y la falta de recursos de la clase más baja para desarrollarse". Imperial Dreams reflexiona, en el fondo, sobre esa regla no escrita que reza que cuanto más pobre eres, más probable es que en algún momento des con tus huesos en la cárcel.


Según el historiador, "los pobres cometieron más crímenes. Pero es que los ricos no tenían que delinquir para conseguir lo que querían. Las leyes estaban de su parte y, de alguna manera, las cárceles de este país terminaron llenas de negros pobres".


Imperial Dreams deja al descubierto que la cuestión del estigma de quien ha pasado por la cárcel está a la orden del día. Es un círculo vicioso: si la sociedad le pone la zancadilla a un recluso que intenta superar su pasado, éste puede verse abocado a volver a delinquir. Entonces la reinserción plena se vuelve una quimera. Un espejismo tan ineficaz como perverso.

 

08/02/2017 - 20:56h

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Lunes, 06 Febrero 2017 06:47

El faro opacado

El faro opacado

Donald Trump ha llevado al país al precipicio de una crisis constitucional sin precedente en la era moderna, y al mundo al borde de un nuevo desorden internacional, mientras se desata el debate sobre qué es lo que está sucediendo.

En dos semanas, cualquier imagen –tanto real como de propaganda oficial– de que este país goza de un orden democrático estable se ha deteriorado. Ese mito oficial, de que este país es "un faro" de libertad y democracia para el mundo, requiere modificaciones. Dos semanas después de la llegada de Trump al poder, ese faro se está apagando; algunos temen que está casi fundido.

Pero nadie sabe bien a bien cómo definir esto. Hay un incesante debate sobre si Trump y su gobierno son un régimen neofascista (¿que tiene de neo?) o si es nada más fascistoide neoliberal, o si es nada más nacionalista autoritario (¿se puede ser nacionalista en un imperio?), o posiblemente totalitario, o, para dejarlo más ambiguo, antidemocrático.

Después de que el viernes pasado un juez federal en Seattle suspendió de manera temporal la orden ejecutiva antimusulmana de Trump, el sábado temprano el presidente declaró en un tuit que un "dizque juez" había emitido un fallo "ridículo" vulnerando la seguridad.

Un presidente puede expresar su desacuerdo con una decisión judicial, pero no puede descalificar una orden judicial o a un juez federal. Expertos y abogados se alarmaron porque Trump estaba a punto de provocar una crisis constitucional; sólo necesitaba declarar que su gobierno no acataría la orden judicial.

El veterano senador Patrick Leahy, del Comité Judicial, declaró el mismo sábado con alarma que "la hostilidad del presidente al estado de derecho no sólo es vergonzosa, sino peligrosa".

"El presidente parece estar impartiendo una clase maestra de transformar Estados Unidos en una dictadura", escribió el abogado y comentarista Dean Obeidaliah en CNN.

Varios observadores han indicado que Trump cuestiona sistemáticamente la legitimidad de diversos actores institucionales, desde los grandes medios y amplias partes de la burocracia federal, incluidas las agencias de inteligencia, y ahora, el Poder Judicial. Algunos argumentan que es un actor de reality show, otros que es un niño que finalmente será controlado por los adultos a su alrededor, pero otros temen que haya una lógica dentro de toda esta locura.

Para estos últimos, el verdadero poder detrás del trono es Steve Bannon (la revista Time le dedicó su más reciente portada con el titular de "El segundo hombre más poderoso del mundo"), el "estratega" oficial e íntimo asesor presidencial que ha concentrado cada vez más poder en los primeros 15 días de este régimen.

Bannon, quien tiene toda la facha de un Rasputin moderno –que incluye un tipo de chamarra-abrigo arrugado marca Barbour–, siempre se ha identificado como un "revolucionario" populista y fue famosa su declaración al periodista Ronald Radosh del Daily Beast en 2013: "soy un leninista". Explicó que Lenin deseaba destruir al Estado y “ese es mi objetivo también; quiero que todo se venga abajo, y destruir todo el establishment de hoy día”, incluyendo la cúpula política de ambos partidos. Tanto Bannon como su jefe emplean las palabras "revolución" y "movimiento", y él habla de un "movimiento populista de derecha" que, queda claro, es más bien algo así como un movimiento nacionalista racista y antimigrante.

Mucho de esto se expresa claramente en las primeras acciones del gobierno de Trump. Más allá de desordenar a Washington y al mundo, es evidente una lógica aterradora –por su magnitud y franqueza– antimigrante y racista. Las primeras órdenes ejecutivas lo dejan claro: el objetivo es expulsar a todo inmigrante y refugiado "de color" (como dicen aquí), sobre todo mexicanos, musulmanes y centroamericanos. La orden ejecutiva sobre inmigrantes ilegales ofrece una definición tan amplia de quién es "prioridad" para echar del país, que algunos cálculos de abogados indican que de inmediato están en riesgo hasta 8 millones de los 11 millones de indocumentados en total, reporta el diario Los Angeles Times. Algunos indican que el propósito es –junto con posibles redadas y otras acciones dramáticas contra las comunidades inmigrantes más vulnerables– hacerles la vida intolerable, alimentar al máximo el temor y promover lo que se llama "la autodeportación" masiva.

Los inmigrantes latinoamericanos, los musulmanes y otros "de color" son amenazas reales no por lo que este gobierno dice de que son criminales o terroristas potenciales, sino porque son el futuro del país. Es un país que ya no es definido por blancos y cristianos. En gran medida, Trump representa el último grito de una sociedad que está por desaparecer, un país que dentro de una generación dejará de tener mayoría blanca.

Por otro lado, pero parte de esta lógica del régimen, hay un constante ataque a los periodistas y los medios, y noticias ominosas sobre preparativos para suprimir no sólo la libre expresión en los medios, sino en todo tipo de protestas en las calles. Esto empieza a sentirse como una película con un guión basado en los diversos experimentos derechistas represivos en Europa y América Latina durante las últimas décadas.

Ante todo esto, continúa la respuesta de resistencia sin precedente en los inicios de una presidencia. Sólo en estos últimos días, miles de activistas gays se manifiestan afuera del histórico bar Stonewall, en Nueva York, no sólo en defensa de sus derechos, sino en solidaridad con inmigrantes y musulmanes. Judíos ultraortodoxos de la secta Hasidim expresan su solidaridad con sus "vecinos" de Yemen en Brooklyn; el amplio frente antixenófobo se expresa en varias esquinas del país con marchas y reuniones entre la comunidad musulmana y los inmigrantes mexicanos y otros latinoamericanos. Ni hablar de las mujeres, de artistas, de afroestadunidenses que marchan junto a inmigrantes con banderas mexicanas. Estas imágenes son muy novedosas, hasta sorprendentes.

Son el foco que requiere el faro.

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Violentas protestas obligan a cancelar un acto de Breitbart en la Universidad de Berkeley

La policía carga contra los manifestantes en la universidad californiana que protestaban contra el provocador de ultraderecha Milo Yiannopoulos


Un grupo de estudiantes de la Universidad de California en Berkeley (San Francisco) impidió este miércoles por la tarde con una manifestación violenta que se celebrara un acto en el campus en el que tenía previsto hablar un provocador de extrema derecha llamado Milo Yiannopoulos. La protesta, en la que algunos encapuchados rompieron cristales, acabó en un enfrentamiento con la policía y el cierre parcial del campus, en lo que supone uno de los incidentes más violentos en el estado de tensión desde que Donald Trump asumió la presidencia de Estados Unidos.


Yiannopoulos, británico de 33 años, es un provocador que escribe para la web ultraderechista Breitbart. El exdirector de este medio, Steve Bannon, es ahora el estratega jefe de la Casa Blanca y uno de los hombres más poderosos de Washington, al que se le atribuyen las iniciativas más agresivas del presidente Trump. Tanto Yiannopoulos como Bannon y Breitbart eran desconocidos para el gran público antes de su asociación con Trump. Yiannopoulos comenzó a ganar notoriedad cuando Twitter le cerró su cuenta por insultar a la actriz Leslie Jones.


Este miércoles, la universidad decidió cancelar el acto por razones de seguridad después de que los manifestantes lanzaran petardos y tiraran las barreras metálicas que la policía había montado para impedir el acceso, según el relato del San Francisco Chronicle. Tras la cancelación, las imágenes de televisión mostraron unos centenares de personas concentradas en el campus, con al menos un fuego en la calle y varios cristales rotos en dependencias comerciales. En las pancartas se leían lemas como “esto es la guerra”.


Es la segunda vez que los estudiantes de la universidad pública de California impiden hablar a Yiannopulos. La anterior fue el mes pasado en el campus de UC Davis, el vivero de políticos del Estado, cerca de Sacramento. En aquella iba a aparecer con otro villano profesional, el exdirectivo farmacéutico Martin Shkreli. Después de ese incidente, decidió cancelar su visita al campus de Los Ángeles (UCLA), prevista para este 2 de febrero.


Estas visitas se enmarcan en una gira de conferencias por universidades de todo el país que Yiannopoulos ha bautizado como Dangerous Faggot (maricón peligroso) tour. Las protestas del miércoles no son las más graves que ha provocado. El pasado 21 de enero, un hombre fue herido de un disparo durante una manifestación para impedir a Yiannopoulos hablar en el campus de la Universidad de Washington en Seattle.


El campus de Berkeley y la zona de Oakland, en la bahía de San Francisco, tienen en general fama de combativos. Al día siguiente de la victoria de Trump en las elecciones, allí se vivieron las manifestaciones más violentas del país al grito de "No es mi presidente". Hubo decenas de detenidos y tres policías heridos.

 

Por Pablo Ximénez de Sandoval
Los Ángeles 2 FEB 2017 - 04:30 COT

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