Miércoles, 02 Noviembre 2016 06:38

Las cosas aún son blancas y negras

Las cosas aún son blancas y negras

Medio siglo después del fin de la segregación legal, la brecha económica sigue separando a las razas

 


Ya no hay ninguna ley que separe a los afroamericanos de los blancos, ahora la brecha económica deja aparte los negros y latinoamericanos. Los más pudientes dejan las ciudades segregadas y la caída de ingresos fiscales deteriora las comunidades. En sitios como Nueva Jersey se habla de "apartheid" escolar. En Newark el año pasado se supo que el agua de los colegios públicos estaba contaminada por plomo. La raza dominante es la verde, el color de los dólares.
En la avenida Sussex, en Newark (Nueva Jersey), se atisban pocos signos de vida, se pasee por allí un viernes, un domingo o un lunes. Ni locales abiertos, ni gente en la calle o esas casas humildes, un silencio aplastante. Solo lo interrumpen la entrada de los niños de dos colegios de la zona y las actividades de la iglesia baptista de Nueva Esperanza, allí donde un día empezó a cantar Whitney Houston. Está en un barrio poco recomendable para algunos, en transición para otros, y es una de las zonas de mayor concentración de población negra de la ciudad, una de las más segregadas de Estados Unidos.


John Abeigon, de origen gallego, presidente del sindicato de profesores, muestra durante un paseo por la zona que él es de los menos optimistas. “Aquí mucha gente se va, familias que llegaron hace muchos años, al cabo de un tiempo, cuando pueden se marchan. Vienen a Newark a trabajar y se van a sus casas de los suburbios”, explica. Abeigon creció en un barrio de españoles y portugueses, en los años noventa se mudó a Mapplewood, una zona residencial cercana a Newark, y hace cinco años regresó a la ciudad, a una casa modesta en el vecindario histórico de Forest Hills.


Medio siglo después de que terminaran las leyes de segregación racial, blancos y negros siguen sin vivir juntos del todo. En junio de 2017, EE UU celebra medio siglo de la sentencia que permitió a los americanos casarse con alguien de otra raza, pero de todas las bodas de 2013, solo el 12% fueron interraciales (la estadística, del Instituto Pew, no separa a los latinos de los blancos). Y fue un récord histórico. Los datos del censo, analizados por la Brookings Institution, también reflejan avances mínimos entre 2010 y 2014. Nueva York, Newark, Jersey City, Chicago o Milwaukee figuran en los primeros puestos. Si antes era la ley la que separaba a las razas, ahora es el dinero. “La raza dominante es la verde”, el verde de los dólares, lamenta Abeigon.


En Newark, solo el 11,6% de la población es blanca (datos de 2010); el 86% son negros y latinos. En Maplewood, por ejemplo, los blancos son el 53% y los afroamericanos y latinos el 42%. Si en Newark la renta familiar media era de algo más de 34.000 dólares en 2014 (unos 30.970 euros), en Maplewood superaba los 116.000 dólares, más del triple. Si en el primero el 28% no tiene seguro médico, en el segundo son menos del 10%. Son brechas comparables a las de otros suburbios por el estilo, como Bloomfield o Montclair.


“Los que se quedan en las ciudades son los afroamericanos y los latinos, que tienen los sueldos más bajos, y cuando se pierde a los contribuyentes blancos, que más aportaban al pago de impuestos, se produce ese deterioro de los servicios, porque dependen en buena parte de los recursos locales”, explica, por su parte, Christian Estevez, miembro de una entidad llamada Latino Action Network.


El año pasado, poco después de que estallara el escándalo de las aguas contaminadas de Flint (Michigan), se supo que el agua de las escuelas públicas de Newark contenía plomo por el mal estado de las cañerías y los escasos recursos para arreglarlas.


Cuanto más humilde es el barrio, peores servicios, peor salud y más crimen, y eso en áreas como Nueva Jersey significa hablar de raza, ya que la pobreza castiga mucho más a los afroamericanos y latinos que a los blancos. Y con la Gran Recesión, la brecha ha crecido en el conjunto del país: el patrimonio neto medio de una familia blanca en 2013 eran 141.900 dólares, el de una negra 11.000 y el de una hispana 13.700, según los datos del Pew Research. Las cosas, en Estados Unidos, sí son blancas o negras.


‘Apartheid’ escolar


En 2013, un informe de la Universidad Rutgers, de Newark, sacudió Nueva Jersey al abordar la segregación de las escuelas de este Estado y hablar directamente de “apartheid”. Aquel estudio identificó 17 colegios charter (operados de forma privada pero con fondos públicos) con menos de un 1% de estudiantes blancos y la mayoría estaban en Newark. Nueve no tenían un solo blanco y cuatro tenían entre el 0,3% y 2,5%. Por el contrario, en 14 de ellos los negros suponen entre el 84% y el 100% de los estudiantes.


“Cuando hablamos de segregación, hablamos de separación y desigualdad, ambas basadas en la raza y en la pobreza, y estos dos aspectos alimentándose entre sí”, explica Deborah Smith Gregory, una maestra jubilada y responsable para Newark de la NAACP, una asociación en defensa de la gente de color. “Detrás de esta desigualdad siempre hubo un motivo económico. Se nos trajo a este país como fuerza de trabajo y EE UU se convirtió en la primera potencia económica apoyada en la mano de obra esclava de los negros”, añade.


Con el fin legal de la segregación, algunos barrios fueron perdiendo vida. “La integración ha hecho que mucha gente a la que le ha ido bien se marche, muchos profesionales y muchos negocios. Yo me he querido quedar pero mucha gente se ha ido. En la época de la segregación, las comunidades negras eran más vibrantes; obviamente no estoy defendiendo la segregación, pero es un fenómeno que ha ocurrido”, reflexiona Smith.


En algunas ciudades, el éxodo de los blancos ha sido masivo. Ferguson, en Misuri, símbolo ya de las protestas del movimiento Black Lives Matter (Las vidas negras importan) tras la muerte de un joven desarmado por la policía en 2014, la población blanca cayó de 16.454 a 6.206 de 1990 a 2010, según datos censales recogidos por The Atlantic. La segregación racial es, también, una de las mayores causas de la disparidad en la salud de los estadounidenses.


Una forma de bloquear la entrada de los pobres a determinados barrios, se queja Estevez, está en manos de los Gobiernos locales, ya que, sostiene, con los planeamientos urbanos pueden primar un tipo de construcción para familias de alto poder adquisitivo, vetar los apartamentos y así reducir la vivienda asequible a lo mínimo.


EE UU está a punto de despedirse del primer presidente negro de su historia, Barack Obama, todo un símbolo de avance, pero cuando se baja al terreno de la calle, el que refleja la estadística, América sigue fracturada.

 

Newark (Nueva Jersey) 1 NOV 2016 - 20:35 COT

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“Los blancos creyeron que todo seguía igual”

El “modelo sudafricano” fue presentado como un contraste con los juicios por la verdad. La autora de un libro esencial sobre la Comisión de Verdad y Reconciliación explica qué falló y qué fue un modelo específico de una cultura diferente.


Antjie Krog cubrió los dos años de audiencias de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación de Sudáfrica. Poeta en afrikaans, trabajó de periodista, primero como editora de un diario de izquierda y durante las audiencias como directora del equipo de la radio del Estado. La radio era el medio de comunicación más importante, dice Krog, “con la mayoría del país pobre, sin televisión y analfabeta, las emisoras en lenguas aborígenes son un enorme medio de comunicación y tienen enorme impacto. La gente estaba increíblemente hambrienta de cualquier cosa que podíamos informar”. Escribió su experiencia en País de mi Calavera publicado en 1998, un libro que el Premio Nobel John Maxwell Coetzee describe como “una intensa crónica personal de la experiencia vivida” donde “entreteje ficción y no ficción, prosa y poesía con el propósito de captar la complejidad de un período decisivo en la historia de Sudáfrica”.


El libro acaba de ser publicado por primera vez en español por la Universidad Nacional de San Martín. En manos de Krog, las noches y tensiones de la Comisión son también una indagación sobre un mundo de sentidos sobre posibilidades y límites de lo “humano”, de la filosofía del “ubuntu” con su incómoda dialéctica entre víctimas y perpetradores, perdón y reconciliación, tan a mano aquí de las derechas y de los perpetradores. Krog dice cosas como “al perpetrador sólo puede cambiarlo la humanidad de la víctima: la víctima sólo puede curarse cuando el perpetrador vuelve a ganar su humanidad”. Y, durante la entrevista, advierte: “Era la Comisión o no nada, amenazarlos con llevarlos a la Justicia hubiera destrozado el proceso completamente”.


Krog es como los retratos que hizo el mundo de ella cuando en 2004 se estrenó En mi país, la película basada en el libro y con Juliette Binoche de protagonista. Uñas sin pintar, ojos celestes lavados, cara limpia, pelo blanco de tiempos vividos como quiso vivir. ¿Cómo acercarse a su texto desde Argentina? ¿Cómo hacerlo en este nuevo contexto? Como profesora invitada de la Cátedra Literaturas del Sur de Coetzee, participó de distintos workshops. Oyó a Daniel Rafecas explicar cómo aquí la Comisión por la Verdad nunca se pensó como cierre sino como primer paso del proceso de Justicia. Oyó a Daniel Feierstein sospechar de encuentros entre perpetradores y victimarios en igualdad de planos. Sabe que aquí la reconciliación es impunidad y un reclamo que viene de las derechas y represores. Ella misma sospechó de los sentidos de la palabra años atrás, como cuando en las páginas de su increíble crónica muestra a algunos de los personajes, líderes de la derecha blanca, condicionando el avance del proceso a la aceptación de esa alternativa. Habla de “grieta”. Va a casa de sus hermanos blancos. Describe sus diálogos en los que despunta la posibilidad de lo imposible de la sutura.


–¿Qué cambió en su mirada en estos veinte años?


–Hay varias cosas que tengo que decir primero. Esto no era una cuestión de la Comisión de la Verdad o la justicia, la Comisión o juicios: era la Comisión o nada. El régimen tenía un control total sobre el Ejército y la policía, y tenia una bomba nuclear. Amenazarlos con llevarlos a la justicia hubiera destrozado el proceso completamente. Sobre la base de las experiencias sudamericanas, se decidió avanzar con tres cambios importantes. Que todas las audiencias fuesen públicas. Individualizar la amnistía: solamente podía obtener la libertad quien personalmente iba y contaba lo que había hecho con todo detalle. Y que quien pedía amnistía debía implicar a quien había dado las órdenes y expresar el contexto político. Por eso, para entender el vínculo entre reconciliación, perdón e impunidad uno tiene que entender el paradigma del proceso. Los intelectuales negros habían criticado el concepto de Jacques Derrida y Hannah Arendt. Derrida dice que perdonar lo imperdonable es imposible a menos que existan milagros. Los intelectuales africanos dicen: ‘La víctima tiene una variedad de deseos que no tienen nada que ver con la venganza, quieren que se reconozca lo que han sufrido y qué es verdad’. Y las víctimas quieren tener el poder de perdonar, de rechazar o hablarle al perpetrador. Entonces, la interacción para algunas víctimas era muy importante. En mi libro cito a la señora que dijo que “entiendo que mató a mi hijo porque perdió su humanidad. Y porque él perdió su humanidad y yo perdí a mi hijo, mi propia humanidad también la perdí. Y esto puede querer decir que si lo perdono, él tal vez recupere su humanidad, pueda volver a ser un humano y entonces yo podría volver a ser un humano también. Entonces lo perdono”. En este sentido, la reconciliación da vuelta el concepto de vengar, matar, castigar. Salir del círculo de violencia-venganza es cambiar al perpetrador. Y al perpetrador sólo puede cambiarlo la humanidad de la víctima, la víctima sólo puede curarse cuando el perpetrador vuelve a ganar su humanidad.


–Eso fue entonces, ¿y ahora?


–Si hablo de ahora las, víctimas están enojadas. Lo que dicen los académicos es que están enojadas porque el proceso de Verdad fue forzado por el partido de la liberación y el obispado. No estoy de acuerdo. Creo que la Comisión fue aceptada para lograr una nueva sociedad. Creo que los negros pensaron que los represores iban a cambiar e iban a poder edificar entre todos un nuevo país. Pero los blancos no lo entendieron así. Los blancos entienden la venganza. El hecho de que los negros no quisieran venganza fue para ellos un indicio de que se podía seguir como antes. Entonces, no cambiaron. Por eso los negros están enojados. Un poeta dice que la reconciliación abraza al mal, pero con esta otra cosmovisión el abrazo con el mal es precisamente lo que tenia que suceder. Esa persona no es un diablo, es un ser humano. Y hay que devolverlo a la humanidad. Porque en el momento que señalás a alguien como diablo, estás diciendo que sos un ángel.


–¿Cómo fue el proceso que la llevó a este libro?


Soy una poeta en afrikaans, no podes vivir de eso, por lo tanto tenés un trabajo. Entonces, soy periodista. Era editora de un diario de izquierda. Cuando llegó la hora pensamos: “Ahora la izquierda ya no es necesaria porque está gobernando”. Me propusieron unirme al equipo de la Radio para la Nueva Sudáfrica. Como era poeta, me pidieron que escribiera historias más humanas, no noticias. Había poca gente y muchas cosas para hacer. Me pidieron que hiciera el informe sobre el Comité de Justicia, la escritura de la Ley para el Comisión de la Verdad y la Reconciliación, reconocida como la más compleja en mi país. Nuestra radio conseguía dinero de Suecia. Y la radio era central. La mayoría de los sudafricanos son pobres, no tienen televisión y son analfabetos. No pueden leer y no compran los diarios. Entonces las radios en lenguas aborígenes son un enorme medio de comunicación y tienen enorme impacto. Fui la jefa de un equipo grande y de negros. Como periodista no te preguntas si tenés derechos, quién sos, desde dónde hablás. Hay tanto trabajo que simplemente escribís, informás. Pero así como analizas un poema, te das cuenta que cada testimonio puede ser analizado como poema. Es muy importante tener en cuenta cada matiz y cada vibración. En la radio no hay tiempo. Hay 48 segundos o 2 minutos. Lo que te viene de información filosófica no va, sólo tenés que mandar datos concretos. Una vez por semana hacíamos un repaso. Y lo bueno de las audiencias es que siempre venían académicos interesantes. Hablaban del dolor, de los efectos. Pero no lo podías terminar de digerir o entender en el momento, esa es la base del libro. Permitir un espacio de contradicciones.


–El libro fue presentado de distintas maneras, como ensayo, crónica y periodismo, todo de un modo muy personal.


- Hubiese sido muy deshonesta si exponía a las personas y las dejaba totalmente vulnerables. Me refiero a lo que ellos contaban. Entendí que lo mínimo que podía hacer era mirar para adentro y contar lo que veía. Académicamente, recibió muchas criticas y hoy no volvería a escribirlo así: soy académica y veo todos los problemas, pero muchos me dijeron “esto hizo que el proceso para mí fuera accesible”. Mandamos el primer borrador a un escritor. Lo leyó. Dijo que los testimonios eran demasiado duros, que había que sacarlos, pero dejar lo que escribí sobre mí. Por eso entendí que debía usarme a mí misma para forzar a la gente a leer los testimonios. Los cambiamos de orden porque inicialmente estaban en la primera parte. Un editor muy cuidadosamente sacó titubeos y repeticiones. La lectura del texto que hice en voz alta en el workshop es un ejemplo de esos recursos. Cuando los testimonios se hacen muy pesados, te pones al lector a upa y lo metes adentro del testimonio. Acá se hace muy pesado. Entonces haces una pausa. Decís no puedo respirar. Paremos. Vamos a tomarnos un café. Y luego, lo pones a caballito de nuevo y lo seguís llevando por los testimonios. Después de estos años de academia presento el libro como “conversaciones”. Algunas reales, otras las agregué. Cambié los nombres de mis colegas para ganar libertad y traer miradas opuestas.


–Recién habló de la figura de la víctima y del “poder”. ¿Cómo funciona la escritura con la idea de dotar a la víctima de poder?


–Hubo un gran debate acerca de cómo debían ser llamadas: víctimas o sobrevivientes. Psicólogos de la Comisión se sentían muy frustrados al llamarlas “víctimas” porque cuando alguien se reconoce víctima no tiene manera de cambiar las cosas. No tiene poder ni chances para el futuro. Yo misma, como persona blanca vi víctimas negras como gente que sufrió inmensamente, acepté sus victimización, pero siempre me movilizó cómo comprendían. Especialmente a los perpetradores. A veces en las audiencias de amnistía, los oías decir que les daba pena la esposa o los hijos del perpetrador. Debido al liderazgo del arzobispo Desmond Tutu (Nobel de la Paz 1984 y presidente de la Comisión), los negros fueron moralmente superiores a los blancos. Mi frustración fue ver que los blancos no pudieran ver eso.


–“Ubuntu” se define como “la filosofía humanista de Africa” que se opone “a la victimización”. Una sobreviviente de un campo argentino me dijo que le parecía una ingenuidad.


–La Comisión recibió muchísimas críticas del mundo académico. Diría que 90 por ciento está en contra, pero no he visto ninguna alternativa por ningún lado. Pienso que la Comisión mostró que los sudafricanos tienen increíbles niveles para relacionarse unos con los otros. Y todo lo que se ve en el mundo es venganza y consecuencias de la venganza. Puede ser que la venganza venga a Sudáfrica, no lo sé. Pero hasta entonces, éste es el único ejemplo. Frente a distintos colegas que estuvieron, me asombró de cómo cada uno encuentra una razón para entender por qué el proceso no es para ellos. Justificar la justicia retributiva. Los occidentales pasaron por cuántas guerras y asesinatos. Pienso que la mirada del Tercer mundo sobre la posibilidad de tejer redes tiene mucho más que ver con el futuro.


–Está clara la mirada sobre las víctimas y el proceso ¿qué pasa con los perpetradores?


–Es muy importante entender que la Comisión tuvo las dos narrativas: la víctima y el perpetrador. Yo misma siempre rechacé a los afrikaners, desde el secundario. Despreciaba sus liderazgo en escuela, en la iglesia. Vas a las iglesias de los negros, las escuelas de los negros y decís “son mi gente”. Me sorprendí en las audiencias. Frente a los perpetradores, te sentás con enojo y querés escribir cosas muy duras sobre ellos, pero ves a los negros acercarse a hablarles, perdonarlos, hablarles. Acariciar a la esposa de uno cuando pasa al lado. Y entonces te da vergüenza tu propia intolerancia. Mi enojo personal es contra (Frederik Willem) De Klerk, el último presidente blanco, creo tendría que haber pedido perdón en nombre de los blancos.


–Era entonces el líder del Partido Nacional.


–Es abogado pero dijo que no había hecho nada malo y que por lo tanto no iba a pedir perdón en nombre de nadie. Por eso cada vez que lo veo en televisión siento ira. Pero después pienso en Tutu que lo perdonó, y me pregunto: quién soy yo. Entonces cambia mi visión. Muchos se han visto atrapados. Esto da una ruta para ser hombre, aceptado, respetado. Los políticos son inteligentes en crear contextos en los que cada cosa que hacen tiene sentido. Ahora, cuando viven toda esta situación, todo tu marco colapsa. Y quedás parado como un alma desnuda y tenés que decirle a las personas: “Está bien decir no, ahora podés decir ‘estuvo mal’”.


–¿Lo dijeron?


–Algunos. Pero Nelson Mandela fue una figura tan fuerte del perdón que durante muchos años se paraba y en una mano tenía a un diputado blanco y en la otra, uno negro. Si vos cerrás los ojos, verás que no hay ningún cuadro similar de un blanco con un negro y a un blanco. Por supuesto, jamás una mujer. Tiene que ser un hombre, pero ni así. Hubo un hombre blanco muy poderoso, el ministro de Policía Adriaan Vlok que fue casa por casa a pedir perdón a las víctimas. Fue a la casa de uno de los mayores líderes negros, al que había intentado envenenar. Se agachó, le lavó los pies y le pidió perdón. Después hizo lo mismo con sus cuatro esposas. Hubo una reacción de los blancos, que empezaron a destratar a Vlok. No fueron los negros, fueron los blancos. Esto me enseñó otra vez que los blancos no quieren que alguien admita que es culpable, porque así ellos no son culpables.


–¿Imagina una nueva etapa con justicia?


–No. Tenemos muchísimos crímenes. Muertes, violaciones, drogas, corrupción. De vez en cuando hay un cable diciendo que la gente que no tuvo amnistía tendría que ser sometida a juicio. Pero después todo se revuelve, se mezcla y el tema vuelve a la raza. La Comisión sacó el tema de la raza y dijo: todos son seres humanos y tienen la capacidad de ser buenos y malos. Hay buenos y malos negros, así empezaban las audiencias. Mandela sacó el tema de la raza..

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–Usted se pregunta por la objetividad o neutralidad del periodismo. Nosotros decimos que debe ser constructor del proceso de memoria, verdad y justicia.


–Yo estaba entrenada en esa objetividad pero no la creo posible. Uno trae su propia crianza, cultura. En todo el mundo es claro que hay agendas. Quien paga el diario, quien pone avisos, conforma agendas. Por eso es importante cómo uno informa. Si informás para hacer que la gente se enoje, por ejemplo. En Sudáfrica nos dimos cuenta de que si publicás la noticia en una hoja separada con el logo de la Comisión, la gente no la lee, la saltea. Si aparece entre las noticias, la gente lo lee. Pero no en la radio. La gente tenía un hambre increíble de cualquier cosa que le pudiéramos informar. Por eso los periodistas son muy poderosos. Cuando fui a casa de mis hermanos me dijeron: ¡viste estos negros, lloran cada vez que las cámaras los enfocan! Yo me preguntaba por qué lo decía, si no era verdad. Después me di cuenta al mirar televisión que ponían a una periodista muy bonita, blanca y muy arreglada con el micrófono, y de repente la cámara mostraba a una mujer negra que estaba devastada, llorando. El contraste muy fuerte decía muchas cosas. En la radio, yo leía los testimonios con mi propia voz para hacer una especie de entrada y no causar ese efecto, entre la blanca bonita y la negra llorando y devastada.

 

 

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Las Panteras Negras cumplen 50 años y en EU aún persiste la opresión, señalan

 

Oakland, Cal.

Las Panteras Negras nacieron en esta ciudad del norte de California hace 50 años, como un partido abocado a la defensa de los afroestadunidenses de la brutalidad policial y a proteger el derecho de los oprimidos a determinar su futuro.

En su corta vida, el partido lanzó un ambicioso programa de desayunos para niños y abrió clínicas gratuitas para detectar anemia falciforme. Paralelamente, muchos de sus integrantes promovieron una revolución que no encajaba con el mensaje pacífico de Martin Luther King Jr.

Las Panteras Negras terminaron disolviéndose, debilitadas por disputas internas y por los esfuerzos del gobierno dirigidos a disminuirlas. El director de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés), J Edgar Hoover, dijo que el partido representaba "la peor amenaza a la seguridad interna" del país. El gobierno de Richard Nixon se propuso proscribirlo.

El aniversario llega en momentos de grandes tensiones entre las comunidades negras y la policía, que generaron el surgimiento de otro movimiento en favor de la justicia social vinculado con Oakland, Black Lives Matter (La vida de los negros es importante).

Se espera que cientos de personas del mundo se den cita en Oakland este fin de semana con la finalidad conmemorar el nacimiento de las Panteras. Uno de sus fundadores, Bobby Seale, cumple este sábado 80 años y los festejará con un asado auspiciado por la National Alumni Association del Partido Panteras Negras.

 

 
Relegados a escala nacional

 

A escala nacional los negros siguen relegados, con menos oportunidades de trabajo, vivienda y atención médica que los blancos. Y Oakland, que supo tener fuerte presencia negra, ve cómo se diluye esa población, ahuyentada por los altos precios en el mercado inmobiliario a raíz del auge de la industria tecnológica.

"Lo único que ha cambiado es el tiempo transcurrido", sostuvo Elaine Brown, ex presidenta del partido que sigue desarrollando actividades políticas en San Francisco y sus alrededores. "Somos los más pobres, los que menos intereses económicos tenemos en el país, lo que nos hace un pueblo oprimido. Seguimos siendo un pueblo oprimido."

Bobby McCall tenía 20 años cuando se fue de Filadelfia a Oakland para ayudar a distribuir 10 mil bolsas de comida gratis. Coincide en que las condiciones de los negros no han mejorado mucho.

"Por eso tenemos ahora el movimiento Black Lives Matter", expresó. "Sólo que no están tan organizados como nosotros. No tienen un programa de desayunos gratis como el nuestro. Tienen que empezar a lanzar esas iniciativas".

La fecha generalmente aceptada como la de la fundación del partido es el 15 de octubre de 1966, aunque Seale dice que nació una semana más tarde, en el día de su cumpleaños.

Arreciaban la guerra de Vietnam y las protestas a favor de los derechos civiles cuando Seale y Huey P. Newton redactaron una plataforma partidaria de 10 puntos. El documento exigía viviendas, empleos decentes y que los negros no dependiesen de otros.

La agrupación tomó el nombre de Partido de las Panteras Negras para la Autodefensa luego de que una organización negra, defensores de los derechos civiles de Alabama, adoptase el birrete que usaban los miembros de la resistencia francesa y formasen patrullas armadas.

La legislatura californiana respondió en 1967 aprobando una ley que prohibía a la gente portar armas cargadas en público. Las Panteras ganaron renombre nacional cuando se presentaron con armas al capitolio estatal para efectuar una protesta.

Los blancos de Estados Unidos estaban acostumbrados a las arengas de King contra el racismo en protestas pacíficas, pero no a negros con armas.

Hoy, Seale se enfurece al oír hablar de desayunos gratis y portación de armas sin lo que describe como un contexto crítico. Dice que formaron el partido para que las minorías accediesen a cargos políticos. Que los "programas de supervivencia", como las mesas comunitarias y la repartición de ropa, tenían por fin empadronar a las personas para que votaran.

En cuanto a la violencia, incluidos algunos tiroteos con la policía, dijo que "la estructura de poder era violenta. El Ku Klux Klan era violento. Venían y nos atacaban. Si me disparas, te devuelvo los tiros. ¿Cómo describes esto, como actos agresivos de violencia o derecho a la autodefensa? No era una violencia agresiva".

El Museo de California de Oakland aloja la muestra Todo el poder para el pueblo: Las Panteras Negras a los 50, en la que documenta la trayectoria de ese movimiento, cuya disolución fue causada en parte por una campaña de manipulación de noticias del gobierno de Nixon y el uso de informantes.

"La FBI alentó acciones contra las oficinas de las Panteras. Hubo una campaña generalizada para hacerlos aparecer como una organización negativa, violenta", afirmó René de Guzmán, director de estrategias de exhibición del museo.

 

 
Influencia en activistas de hoy

 

Los integrantes de las Panteras, incluidos Seale y Newton, entraron y salieron de la cárcel. Seale se alejó del partido en 1974. Newton lo disolvió en 1982 y fue asesinado a tiros posteriormente por un supuesto traficante de drogas.

Muchos ven la influencia del partido en los movimientos juveniles de hoy, especialmente en Black Lives Matter, que también condena la brutalidad policial. Nació en 2013, luego de que una activista de Oakland, Alicia Garza, creó un hashtag y escribió una carta de amor a los negros tras la exoneración de George Zimmerman, quien había matado al adolescente Trayvon Martin en Florida.

Seale dijo que le gustaría que Black Lives Matter organice a la gente para que acceda a cargos políticos y cree programas que ofrezcan trabajos a los jóvenes.

Robbie Clark, activista comunitario de 35 años y miembro de Black Lives Matter de Oakland, afirma que ese movimiento ya está haciendo esas cosas y trabaja en favor de los inmigrantes y las trabajadoras domésticas.

Dice que algunos activistas quieren trabajar desde adentro del sistema y otros desde afuera, pero que los dos son necesarios.

"Podemos cambiar algunas de esas condiciones colocando la gente indicada en cargos públicos", expresó. "Pero teniendo en claro que la presencia de gente diferente en esos cargos no va a cambiar el sistema de la noche a la mañana".

 

 

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Martes, 04 Octubre 2016 06:13

Crece la resistencia negra en Brasil

Crece la resistencia negra en Brasil

El 25 de agosto se publicó el “Mapa de la Violencia 2016” dedicado a los homicidios con armas de fuego en el año anterior, con datos que resultan nuevamente abrumadores. El estudio se elabora anualmente desde 1980 y constata que entre ese año y 2014 murieron en Brasil casi un millón de personas por disparos con armas de fuego (967.851). El primer relevamiento, tres décadas y media atrás, arrojó 8.710 personas muertas, que crecieron hasta 44.861 en 2014. Aún considerando el crecimiento de la población, les escalada es impresionante.


La evolución de los homicidios indica que entre 1980 y 2004 hubo un crecimiento sostenido que se frena ese último año –cuando se adoptan medidas de control de armas de fuego- y vuelven a crecer en 2012, cuando se dispara la crisis social y política en el país. Las diferencias raciales son tremendas: mueren 36 negros cada cien mil habitantes, mientras las muertes de no negros son menos de la mitad, 15,2.


En 2012 se registra, además, un importante crecimiento de los escuadrones de la muerte y una creciente legitimación de la represión policial a través de las Unidades de Policía Pacificadora (UPP) en las favelas de Rio de Janeiro. El papel de la Policía Militar es nefasto, siendo una de las grandes responsables de los asesinatos de negros, al punto que las Naciones Unidas recomendaron la supresión de la Policía Militar, cuerpo que se considera no reformable.


Por regiones, el Nordeste pobre y negro marcha a la cabeza de muertes por homicidios, mientras el sureste blanco y de clases medias muestra índices decrecientes de violencia. En todo el país, el 94% de las víctimas son hombres negros jóvenes. En el período 1980-2014 el crecimiento de las muertes violentas de jóvenes fue de 700%. Actualmente más de la mitad de los homicidios son de menores de 30 años. Peor aún: en el mismo lapso las muertes violentas de blancos cayeron un 26% mientras las muertes violentas de negros crecieron un 47%. Mueren 2,6 veces más negros que blancos.


No todas las personas tienen acceso a armas de fuego. En Brasil la población blanca tiene ingresos 75% superiores a las no blancas. Los sectores privilegiados tienen una doble seguridad, pública y privada, mientras los habitantes de las periferias tienen apenas la “seguridad” que les ofrece la Policía Militar.


Hamilton Borges, inspirador y organizador de la campaña Reaja ou será morta, Reaje ou será morto (Reaccina o serás muerta, reacciona o serás muerto) sostiene que “nosotros mismos debemos construir las salidas para los problemas que nos consumen”. Lo dice en referencia a la infinita cantidad de ONGs que lucran con los dolores de la pobreza, la violencia racista y machista.


Se dirige a sus hermanos negros para que dejen de usar armas, ya que una parte considerable de los homicidios se producen por enfrentamientos entre pobladores negros: “Necesitamos fortalecernos entre nosotros porque el enemigo de ojos azules se fortalece cada vez que usted dispara a su hermano, cada vez que se dobla ante el patrón del partido, del barrio rico, del gobierno y la entidad que nos financia con migajas”.


La campaña Reaja sale a las calles para enfrentar el racismo y la violencia policial, a la vez que toman distancia y denuncian el circo electoral que vive el país, con motivo de las elecciones municipales y de los gobiernos estaduales de octubre. La campaña nació en el estado de Bahia, donde la policía asesina diariamente habitantes de las favelas y barrios periféricos, hace once años y se define como una organización política panafricanista, nacionalista negra, quilombola* y de acción comunitaria. Todos los años organizan una Marcha contra el Genocidio del Pueblo Negro, apoyan las organizaciones de solidaridad con los presos y se solidarizan con las luchas populares.


Uno de los aspectos más interesantes de esta nueva militancia de base negra, es el apego al trabajo comunitario de base y, como señala Borges, “nos negamos a cualquier artificio mental para ennegrecer las estructuras blancas a nuestro favor, porque tenemos nuestras propias estructuras de política, de pensamiento y de historia”.


Andreia Beatriz Silva dos Santos, médica y militante, coordinadora de la campaña Reaja, dijo en la marcha de 2014: “Lo que la gente está queriendo, mediante estas movilizaciones del pueblo negro y de la lucha por defender la vida, es fortalecer las voces que han sido brutalmente silenciadas por la violencia”.


Se trata de una nueva generación de hombres y mujeres de las periferias y las favelas, con mayor formación y acceso a la información, con conocimiento más profundo de la realidad negra, del país y del mundo. Por todo eso y por la ética que encarnan, colectivos como Reaja, están cambiando el lugar de la población negra en un país profundamente racista como Brasil. El actual avance de la derecha es, entre otras cosas, una reacción al creciente poder del pueblo negro.


*Habitantes de los quilombos o palenques.

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"Dejen de matarnos", resuena por todo EU desde hace 2 años

"Dejen de matarnos", dice una pancarta en Charlotte que porta un joven afroestadunidense entre coros de: "manos arriba, no disparen" y "las vidas negras valen", gritos que han retumbado por todo el país durante los últimos dos años para denunciar la repetición de escenas donde policías disparan y matan a afroestadunidenses mientras los políticos ruegan por "calma".

Charlotte, Carolina del Note, permanece por segunda noche en estado de emergencia después de tres noches de ira y enfrentamientos entre afroestadunidenses y autoridades luego de la muerte de Keith Lamont Scott, el pasado martes. En Tulsa, Oklahoma, las autoridades, después de intentar justificar la muerte de Terence Crutcher, un afroestadunidense desarmado y con las manos en alto el viernes pasado, anunciaron este jueves una acusación de homicidio involuntario contra la mujer policía que lo mató.

El gobernador de Carolina del Norte, Pat McCrory, declaró el estado de emergencia después de dos noches sucesivas de amotinamientos, enfrentamientos entre policías y manifestantes y actos violentos en el centro de la ciudad más grande del estado que, entre nubes de gas lacrimógeno y ventanales destruidos, han dejado un herido en estado crítico que falleció la noche de este jueves, por lo menos nueve civiles y cuatro policías heridos, y cerca de 50 arrestos.

En la noche los manifestantes volvieron a las calles y continuaban pasada la medianoche, cuando comenzó el toque de queda impuesto por la alcaldesa Jennifer Roberts, sin que al cierre de esta edición se reportaran incidentes. La policía, ahora respaldada por la Guardia Nacional, ocupa el centro, y varios negocios cerraron sus puertas; varias empresas sugirieron a sus empleados no ir a trabajar al centro este día. La viuda de Scott difundió una declaración en la cual solicita sólo expresiones pacíficas de protesta en su ciudad por su esposo y padre de siete hijos.

La procuradora general de Estados Unidos, la afroestadunidense Loretta Lynch, también llamó a la "calma", recordando que "la violencia sólo genera más violencia".

Los candidatos presidenciales abordaron el asunto. El republicano Donald Trump comentó en un acto de campaña, sin ninguna prueba, como es su costumbre, que las drogas tenían que ver con la violencia en las comunidades negras: "si no están enterados, las drogas son un factor muy muy grande en lo que estamos viendo en la televisión", e insinuó que Obama tiene, en parte, la culpa por "un país herido". La receta de Trump ante la "violencia" es ampliar las medidas policiacas para "detener y esculcar" a todo sospechoso.

La demócrata Hillary Clinton reiteró su mensaje del miércoles de que estos incidentes de fuerza mortal por policías contra afroestadunidenses son "inaguantables y necesitan volverse intolerables". Subrayó que hay más seguridad pública "cuando las comunidades respetan a la policía y la policía respeta a las comunidades".

Pero todo esto se ha repetido de manera constante en este país. Desde el caso del adolescente Michael Brown, asesinado en 2014 por un policía blanco en Ferguson, Misuri, el tema de la violencia armada contra afroestadunidenses ha estado en el centro del debate nacional gracias a un nuevo movimiento de derechos civiles conocido como Black Lives Matter (Las vidas negras valen). Las demandas se han ampliado más allá de sólo protestar por la violencia policiaca y la impunidad oficial, para exigir una profunda reforma del sistema de justicia en Estados Unidos.

Las fuerzas policiacas de Estados Unidos han disparado y matado por lo menos a 707 personas en lo que va de este año (en 2015 la cifra total llegó casi a mil), según el conteo del Washington Post.

Entre estas cifras, los casos más recientes incluyen a Tyre King, de 13 años de edad, que aparentemente tenía una pistola de juguete cuando policías que respondían a un reporte de un asalto a mano armada le dispararon múltiples veces la noche del 14 de septiembre en Columbus, Ohio. Otros incidentes mortales ocurrieron recientemente en Baton Rouge, Luisiana, y Falcon Heights, en Minnesota.

Aunque es cierto que en términos numéricos la policía mata a más civiles blancos que a afroestadunidenses, en términos ajustados por población, los afroestadunidenses tienen una probabilidad 2.5 veces más grande de ser baleados y privados de la vida por la policía.

La ira generalizada por estos incidentes, y la aparente impotencia política para evitarlos o reducir su frecuencia, siguen alimentando las protestas por todo el país. Junto con el descentralizado movimiento Black Lives Matter, encabezado por jóvenes, estrellas del mundo de espectáculos –como Beyonce– y del deporte han logrado que este tema permanezca en el centro del debate nacional.

Colin Kaepernick, mariscal del equipo profesional de futbol americano de San Francisco, empezó, a mediados de agosto, a hincarse al inicio de cada partido ante el tradicional toque del himno nacional, como expresión de protesta. Afirmó: "no me voy a poner de pie y demostrar orgullo por una bandera de un país que oprime a personas negras y personas de color", y agregó que "hay cuerpos en las calles" mientras los policías no son enjuiciados por asesinarlos.

Poco después, el jugador explicó: “lo hago porque veo que ocurren cosas a personas que no tienen voz... estoy en una posición en la cual yo puedo hacer eso y lo haré para aquellos que no pueden”.

El acto detonó denuncias y hasta amenazas de muerte contra el jugador; gremios policiacos amenazaron con no otorgar protección al equipo y varios atletas y políticos acusaron que era un acto antipatriótico. Pero poco a poco otros jugadores en su equipo y de otros equipos de la liga profesional de futbol empezaron a hincarse y algunos a levantar un puño.

La estrella del futbol soccer femenil Megan Rapinoe, rubia, empezó a hincarse también en solidaridad, al afirmar que "es importante que gente blanca apoye a la gente de color en esto". Hoy día, jugadores y hasta equipos enteros en universidades y preparatorias hacen lo mismo. Incluso, todas las cheerleaders del equipo de futbol de la Universidad Howard se hincaron el pasado sábado, e integrantes de la banda musical de una preparatoria lo hicieron mientras tocaban el himno.

Superestrellas de basquetbol profesional como LeBron James y Dwayne Wade, entre otros, ya habían expresado su protesta contra la violencia policiaca y la impunidad oficial hace meses.

Otra pancarta en Charlotte, con el mismo lema que ha aparecido en otras protestas en el país durante los último dos años, casi siempre portada por un joven afroestadunidense, sólo dice: "¿Seré el próximo?"

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Un muerto tras protesta multitudinaria contra violencia policial en EEUU

La muerte de Keith Lamont Scott, un afroamericano de 43 años de edad, a manos de la Policía en la ciudad de Charlotte ha iniciado una masiva protesta que ha desembocado en un fuerte enfrentamiento con la Policía, informa WCNC. Una persona ha muerto tras un tiroteo.


La protesta comenzó en el parque Marshall Park bajo los gritos: “Sin justicia no hay paz”. Cerca del hotel Ritz se ha registrado un tiroteo, tras lo cual el establecimiento ha cerrado sus puertas. Los agentes dispersan gases lacrimógenos contra los manifestantes y se desplegaron vehículos especiales del equipo SWAT.


Keith Lamont Scott fue asesinado por error en un operativo policial. En vez del sospechoso que los agentes querían detener encontraron a Scott y dispararon contra él. El oficial involucrado en el asesinato, Brentley Vinson, ha sido cesado de sus funciones por el momento.


Ante la negativa de las autoridades de revelar algún video sobre la balacera del martes en la que perdió la vida Keith Lamont Scott, de 43 años, el enojo ha crecido al haber emergido dos versiones completamente diferentes sobre lo ocurrido: La policía dice que Scott no obedeció ordenes reiteradas de que bajara su pistola, mientras que residentes del barrio dicen que él sostenía un libro, no una arma, mientras esperaba que su hijo bajara del autobús escolar.


La muerte encendió tensiones raciales en una ciudad que parecía haber tomado distancia de problemas que absorbieron otros lugares.


Las protestas destructivas del martes se extendieron a la noche del miércoles cuando un grupo de manifestantes se separó de una vigilia de oración pacífica y marchó a través del centro de Charlotte. La policía mantuvo su distancia durante aproximadamente una hora, pero se incorporaron policías con equipo antimotines conforme los manifestantes se acercaban a un hotel de lujo.


Seis policías sufrieron heridas menores, dijeron paramédicos.


Los policías antimotines comenzaron entonces a marchar brazo con brazo a través de las intersecciones del centro de Charlotte disparando gas lacrimógeno a la gente que acometía contra ellos. Al menos un manifestante derribó a un reportero durante una transmisión en vivo

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“Trump es el resultado de un tercio de siglo de políticas de desigualdad”

El profesor de Columbia y asesor de la presidencia de Bill Clinton cree que el fenómeno Trump es el resultado de "un tercio de siglo de políticas que han llevado a la desigualdad"

 

En otoño de 2015 Joseph Stiglitz (Gary, Indiana, 1943), decía: el euro actual “es un desastre”, cualquier otra cosa “sería mejor”, incluso, quebrar la eurozona. Un año después, en El euro. Cómo la amenaza común amenaza el futuro de Europa (Taurus, 2016) el Nobel de Economía defiende que solo una reforma de la unión monetaria, con una suerte de “euro flexible”, podría salvar el futuro del club europeo. Stiglitz recibe en su despacho en la Universidad de Columbia, donde muestra un verdadero interés por la situación política de España. Asesor principal del presidente Bill Clinton, admite que los grandes partidos americanos han desatendido a los perdedores de la globalización, y que Donald Trump ha sabido leer mejor la frustración de los estadunidenses.


Pregunta. En su libro dice que el euro es el mayor problema de la Unión Europea. Pero el primer país en abandonarla, Reino Unido, no estaba en la zona euro. ¿Qué pasa?


Respuesta. Reino Unido siempre ha tenido ese fuerte sentimiento de identidad, de no ser como el resto de gente, al otro lado del Canal, pero creo que los problemas del euro han sido cruciales en el camino al Brexit. Una de las imágenes de la UE que los conservadores han propagado es la de esa Bruselas rígida y burocrática, y la forma en que la troika gestionó la crisis de los países tuvo una rigidez muy fea. Es más, el hecho de que en la eurozona quedara claro que no había democracia, que Alemania y unos pocos socios estaban dictando los términos, hizo que los británicos pensaran que eso no era una democracia sana. Si estuviera en Reino Unido y viera lo que ocurre en la zona euro, se preguntaría: ‘¿es este el club al que quiere pertenecer?’. La eurozona ha gestionado tan mal el euro que han hecho la UE menos atractiva.


P. Y ahora que el Brexit es un hecho, ¿qué es más peligroso para la Unión Europea, que la salida les salga bien o que fracasen?


R. Eso es un punto fantástico. Para mí, la actitud de Jean Claude Juncker [presidente de la Comisión Europea] de que debemos ser muy duros, y castigar a Reino Unido para que nadie más quiera salir, es terrible. Lo que él debería decir es que no hemos explicado bien las ventajas de la UE, el por qué es un club del que nadie debería querer irse. No puedes querer que la gente siga en él por miedo, no es saludable ni democrático. Así no lograrás el tipo de solidaridad que permitirá a la UE solventar los problemas comunes de migración o cambio climático. Si todo el mundo siente que está ahí porque no tiene alternativa, será un matrimonio muy infeliz.


P. Y si deja de asustar la salida, puede convertirse en un incentivo para irse.


R. Tiene que ser un incentivo para que la UE funcione mejor. Un ejemplo de algo que creo que ha sido muy bueno es la decisión de Margrethe Vestager [comisaria europea de Competencia] de decir que Irlanda y Apple estaban haciendo trampas y robando ingresos fiscales, porque ese es un ejemplo de comportamiento de un país que perjudica al resto. Por eso necesitas normas.


P. Y una vez el euro existe. ¿Es posible dejarlo?


R. Es la misma pregunta que hay en la UE, si es posible, será un experimento. Y creo que la respuesta será que sí. Una prueba es mirar las relaciones entre Estados Unidos y Canadá, tenemos un mercado común del algún modo, pero no libre migración ni mercado único. No he leído a ningún economista que diga que habría una gran diferencia si tuvieran un mercado único. Las consecuencias políticas, para mí, son más importante que las económicas. Muestra que ha habido un proceso de integración durante 70 años y que ahora empieza un movimiento en dirección contrario.


P. En el origen de la Unión Europea está el mercado único. Con el actual repunte de ese llamado sentimiento proteccionista, ¿cree que hoy se podría impulsar ese proyecto?


R. Cuando se creó la UE y se pusieron las reglas, fue un momento particular de la historia en el que había mucha más confianza en los mercados y la creencia –muy estúpida, desde un punto de vista económico- de que si los gobiernos mantenían las cuentas públicas saneadas, los mercados funcionarían y habría pleno empleo y todo el mundo se beneficiaría. Pero la teoría económica dice que si hay integración, hay ganadores y perdedores, a menos que pongan políticas fuertes para proteger a estos últimos. Los ideólogos olvidaron la distribución. Si hoy hicieras esa unión, tendría que ser diferente, deberías proteger a los perdedores.


P. Hay una ola de un llamado “proteccionismo”. En Estados Unidos, tanto el partido Republicano como el Demócrata han cambiado su sensibilidad hacia la globalización. ¿No ve cambiado el enfoque de Hillary Clinton?¿Qué análisis hace?


R. No es proteccionismo. Nos hemos dado cuenta de que el sistema no cumple como se había prometido. Nuestros líderes y nuestra democracia falló. Dijeron que la liberalización del mercado financiero aceleraría el crecimiento y lo que hizo es dar más dinero al 1% de arriba. La lección es que necesitamos protección.


P. Cuando se habla de protección se cita como proteccionismo, de forma peyorativa.


R. En una sociedad democrática tienes que asegurarte de que la economía funcione para todos, y la nuestra no lo hace. La teoría económica ya lo predijo, y ahora tenemos la evidencia.


P. ¿Es el fenómeno Trump resultado de esto?


R. El fenómeno del ala derecha es la declaración de que los partidos centristas han apoyado una serie de políticas durante un tercio de siglo que han aumentado la desigualdad y dejará atrás a muchas fracciones de la sociedad. La diferencia es que al PP de España, por ejemplo, no parece importarle la gente que han dejado atrás. A los socialistas sí les importa pero no han encontrado forma de hacerlo por la austeridad presupuestaria impuesta por Alemania.


P. España puede ir a unas terceras elecciones. ¿Ve un origen económico?


R. Consecuencia. Cuando en las sociedades las cosas funcionan bien, te puedes comprometer, puedes tener diferencias, pero no divisiones enormes. Si tienes a gente que ha sufrido tanto, no van a querer comprometerse a sufrir más.


P. ¿Cree que la Unión Europea acabó siendo un proyecto egoísta?


R. No, fue un proyecto visionario. Un intento de juntar a grandes países. Pero se basó en esa idea de que la economía de mercado resolvería las cosas por sí misma y llevaría a algo que beneficiaría todos. Esa teoría fue el problema.

Nueva York 15 SEP 2016 - 01:46 COT

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Dos regalos de la alicaída Hillary a Trump y el “problema WASP” de los demócratas

A casi dos meses de la trascendental elección, hasta The New York Times –convertido en portavoz oficioso de Hillary Clinton– supuso que la esposa del ex presidente Bill tenía ya en el bolsillo la presidencia y debía consagrarse a la formación de su gabinete de transición, cuando el polémico Donald Trump se desplomaba estrepitosamente debido su locuacidad incontinente que ofendía a tirios y troyanos.

En una elección tan volátil y pasional como la que vive ahora EU, los gurús de ocasión y las de por sí sesgadas encuestadoras –que encauzan la voluntad de los grandes intereses en juego cuando captan y cooptan a los electores desinformaados– suelen equivocarse en forma grotesca.

Con Hillary en la supuesta cúspide y Trump en el subsuelo, hace casi dos meses avancé cuatro escenarios, tanto en mi cuenta Twitter como en una entrevista con Carlos Castellanos, de Radio Red, que marcarían el epílogo:

Escenario 1: Trump es el peor enemigo de Trump: su incontinencia locuaz, al "estilo Fox" en México, y sus atrabiliarias invectivas lo hundirían aún más cuando se perfila(ba) un cataclísmico "escenario Goldwater" para los congresistas del Partido Republicano.

Escenario 2: la célebre "sorpresa de octubre": un evento funesto o una demoledora filtración que aniquile al afectado a unos días del 8 de noviembre. Un atentado terrorista, a uno de los dos lados del Atlántico Norte –tanto mejor si fuese doméstico–, operaría en favor de Trump.

Escenario 3: la exhumación de los fétidos correos de Hillary, que pueden erosionar aún más su dañada imagen de deshonestidad y opacidad, como amenaza publicar Wikileaks, sin contar la operatividad de la Fundación Clinton –manejada por su marido Bill y su hija Chelsea– y sus nausebundos vínculos con el maligno megaespeculador George Soros (http://goo.gl/lzIA0B), los banksters de Wall Street y "dictadores foráneos".

Y escenario 4: la eclosión de la(s) enfermedad(es) oculta(s) de Hillary.

Hoy pesa más el "escenario 4" cuando, como "melodrama Netflix", en la mañana de la conmemoración del icónico 11-S, el video de un inmigrante aficionado de origen checo de 50 años, Zdenek Gazda –quien impulsó el "periodismo ciudadano"–, expuso el casi desplome clínico de Hillary que se viralizó en las redes, pese al ocultamiento inicial de los multimedia, aplastantemente inclinados en favor de la esposa del ex presidente Bill, lo cual ha dado un vuelco a la elección que ese día amaneció muy apretada, incluso con CNN dando una ventaja en la votación general de 2 por ciento a Trump cuando Hillary conserva(ba) una conspicua ventaja para obtener los mínimos 270 votos del colegio electoral.

Se recuerda que el voto es "indirecto" en EU: se impone la mayoría de los sufragios del colegio ante el voto popular (remember Al Gore en Florida).

A reserva de que el equipo de Hillary exhume su verdadero estado clínico, lo cual le ha valido severas críticas por su opacidad, por inferencia de los tres medicamentos expuestos que ingiere se pueden deducir sus enfermedades: 1) antibióticos para su "neumonía" inespecífica –reportada con retardo de dos días– de expectoraciones verdes, lo cual denota una infección bacteriana, más que viral; 2) hormonas tiroideas sustitutivas para su hipotiroidismo, y 3) anticoagulantes (warfarina), que da pie a una trombosis profunda de venas y/o a un accidente cerebro-vascular concomitante a una anterior concusión que obligó a una previa hospitalización (http://goo.gl/PT6EPx).

Me llama la atención que no ingiera nada para su probable menopausia a sus 68 años de edad.

Para lo que no existen fármacos es para su legendaria deshonestidad (http://goo.gl/LQdpQE).

De todas sus enfermedades, ocultas y/o públicas, la más grave que padece Hillary es su sicopatología por el poder dinástico.

Sin tomar en cuenta el asombroso desplegado del pasado 6 de septiembre –cuando casi 90 omnipotentes ex generales y ex almirantes, encabezados por el teniente general Michael Flynn (ex director de la DIA), se pronunciaron por Trump (http://goo.gl/RrkGvR)–, la semana del 5 al 11 de septiembre fue desastrosa, y quizá fatal, a las aspiraciones de Hillary cuando otorgó dos regalos inesperados a Trump.

Tras dos días consecutivos –el 5 y 6 de septiembre– de incoercibles crisis tusígenas que imputó en forma ocurrente a su "alergia a Trump", Hillary arremetió contra "la mitad del cesto" de los aguerridos seguidores del magnate de casinos, a quienes injurió como "deplorables". Esta invectiva, fuera de lugar para la experimentada política y que quizá revelaba un inicio de confusión mental, era el primer regalo semanal a Trump, que rebobinó la furia de sus partidarios (http://goo.gl/t93TyK).

El segundo regalo para Trump (de 70 años) fue el casi desplome clínico de Hillary, lo cual pone en tela de juicio su viabilidad como candidata, mientras Bill Clinton, en San Francisco, y Obama en su feudo afro suplen su campaña heredada y horadada, cuando corren voces en el seno del Comité Nacional Demócrata para que sus 447 miembros se preparen a un "plan de contingencia" y busquen al sustituto de la alicaída candidata (http://goo.gl/rh8sdC), que van desde el católico Tim Kaine (58 años), el también católico Joe Biden (73 años) y Bernie Sanders (75 años) –judío progresista antisionista de esposa católica–, hasta la posposición de la elección (http://goo.gl/Fxt2G2). Ninguno de los sustitutos de marras es WASP (siglas en inglés de blanco, protestante y anglosajón).

Y aquí emerge el “problema WASP” que ha padecido Hillary –de religión "metodista" protestante–, cuando los "cristianos blancos (no católicos)", en la singular clasificación del Censo teológico-racista de EU, se han volcado por Trump, mientras el Partido Demócrata es preferido apabullantemente por el multiculturalismo plural de las minorías de católicos blancos no hispanos (19 por ciento del total) y latinos/mexicanos guadalupanos, así como de los afroprotestantes.

¿El escandaloso “muro Trump (http://goo.gl/OtW3I3)” es producto del fugitivo encapsulamiento teológico-racista de los WASP, cuyo "ocaso" es analizado por el teólogo Robert P. Jones en su reciente libro Fin de EU como país blanco cristiano (http://goo.gl/JrqKwA)”?

Los blancos (sin latinos) son baby boomers, la generación posterior a la Segunda Guera Mundial, mientras los millennials constituyen 56 por ciento de las minorías.

Más allá de las fuertes pasiones desatadas, hoy la elección presidencial representa un doble choque generacional y racial, cuando los WASP fundacionales (80 por ciento de los blancos no hispanos) se sienten alienados por la migración y la detonación demográfica juvenil de otras razas y religiones.

Los "blancos no hispanos" constituyen la mayoría de la población de EU: 61.6 por ciento con una edad promedio de 43 años (http://goo.gl/soGDB8), cuando, más allá de filias y fobias, Trump representa “la última revuelta demográfica de los WASP (http://goo.gl/FJwiJv)”, quien ha explotado la furia y el desempleo de los "cristianos blancos" (80 por ciento).

Quizá esta sea la última elección que puedan ganar los WASP –más por default aleatorio que por aciertos planificados–, quienes tienen el cronómetro demográfico en contra.

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No sabía mucho de racismo hasta que me mudé a EEUU y lo viví personalmente

El 17 de julio de 2014, Eric Garner murió asfixiado a manos de un policía. Este hombre negro estaba vendiendo cigarrillos ilegalmente en una de las miles de esquinas de Nueva York. Esto fue razón suficiente para que un policía le inmovilizase hasta matarlo, a pesar de que iba desarmado y gritó varias veces que no podía respirar. Exactamente un mes después de la muerte de Garner empecé a estudiar en Ithaca College, una pequeña universidad en el norte del Estado de Nueva York, a cuatro horas de la esquina donde él vendía sus cigarrillos. Nunca pensé que la muerte de ese señor terminaría afectando mi vida en Ithaca, mi relación con el color de mi piel y lo que significa ser latina.

 

No me malinterpreten, yo siempre he sabido que soy latina y siempre he estado orgullosa de serlo. Lo que no entendía era cómo los latinos nos habíamos convertido en una sola raza y cómo nuestra raza se había reducido a un solo color, cuando hay 20 países en América Latina y cada uno de ellos tiene personas y culturas de todo tipo, de regiones indígenas a descendientes de Europa.


Aclaro que esta no era mi primera vez en Estados Unidos (EE UU). Por cosas de la vida, nací en Nueva York pero me crié entre República Dominicana y Colombia. Asistí a colegios americanos en donde aprendí inglés y español a la vez y había pasado muchos veranos en EE UU.


Pero al llegar me tocó aprender de manera rápida y agresiva que yo soy una mujer de color. Aunque soy pálida, pertenezco a esa mayoría que son las personas de color. Los blancos (europeos y americanos puros) eran del primer mundo, una sociedad organizada y civilizada. El resto de nosotros (latinos, árabes, africanos, asiáticos, indígenas, etc.), entre miles de otras designaciones y culturas, éramos los inferiores. Se lo intentaba explicar a familiares y amigos, pero todos se burlaban de mí por decir semejante cosa.


Me tocó aprender también que el racismo es un sufrimiento colectivo y que lo que le pasa a uno nos afecta a todos. Después de ser agrupados durante tantos años bajo etiquetas coloridas, se termina creando un vínculo solidario con todos aquellos que sufren las mismas injusticias. Quizás por esto mis mejores amigos terminaron siendo un grupo de personas de todas las esquinas del mundo. Todos llegamos sabiendo que existían prejuicios, pero el clima racial que nos esperaba estaba en realidad lleno de hostilidad y tensiones políticas. Mi historia es la suya, igual que la de ellos es mía.


Cuando llegué a Ithaca la discriminación racial se servía en forma de microagresiones. Preguntas ignorantes y estereotípicas que suenan más a insultos que a curiosidad.


- “¿Vendes cocaína?”.
- “¿Por qué no comes comida picante?” “¿Los tacos llevan tal y tal cosa?” (La comida colombiana no es como la mexicana...).
- “¿En Colombia hay internet?”.
- “¿Cómo aprendiste inglés?” (De la misma manera que tú aprendiste francés, estudiando).


Después evolucionó a que me llevasen a fiestas como objeto exótico, presumiendo de que tenían una amiga colombodominicana como si fuera un trofeo. Algunos de los profesores me utilizaban como ejemplo de la movilidad social, sin saber que venía de una posición socioeconómica alta en Colombia y República Dominicana, asumiendo que venía de la pobreza por el hecho de ser latina. Me fui dando cuenta de que a las personas de mi alrededor también les afectaría de dónde vengo: a mi novio y a muchos de mis amigos les preguntaron qué hacían con alguien del Cartel de Cali, como si el dinero colombiano solo viniese de la droga.


Recuerdo especialmente el día que me echaron de una fiesta por estar hablando español. Había entrando en la casa por casualidad, y después de hablarle brevemente a un amigo en español, un insolente con una tremenda borrachera nos echó, diciendo que aquello era América y que había que hablar inglés. Por la tensión política que se vive en mi universidad por las elecciones de 2016 nunca conté nada de aquel encuentro, que pasó en una casa de apasionados seguidores de Donald Trump.


Vi también cómo trataban a mis amigos. A una le dijeron que era muy negra para ser latina. A otra no le creían que estaba enferma y sus profesores la acusaron de vaga (de mano del estereotipo de que los afroamericanos no trabajan). A un amigo de Pakistán un profesor le preguntó medio en broma: "¿Tú no serás terrorista?", como si el tono jocoso lo hiciese menos insultante, y a otro que estaba con unos conocidos le pidieron que dejara de rezar (es musulmán y lo hace cinco veces al día).


Cuantas más cosas nos pasaban, más me sumaba a protestas sobre injusticias raciales. Me dediqué a asistir a clases de política, me puse a buscar información sobre la injusticia racial estadounidense y me decidí a ser periodista en EE UU para contar las historias que los medios silencian (aunque Mic, Vice y Fusion se han convertido en mis mejores amigos).


El día a día de las personas de color en Estados Unidos es muy distinto del de las personas blancas. Desde lo más mínimo, como no ver a representantes de su raza en la televisión, a ser insultados y catalogados como criminales por el color de su piel. Con la muerte de Eric Garner y después la de Michael Brown en la Florida, y con el comienzo de Black Lives Matter, la línea entre ser blanco y de color se volvió aún más visible.


Es triste que el sistema educativo de EE UU no explique por qué en la práctica sigue habiendo segregación racial en el país. Es triste que intenten borrar las injusticias cometidas ante latinos, negros, asiáticos, indígenas, árabes, etc. mientras nos siguen estigmatizando a punta de películas y de una historia mal contada.


Son muchas tristezas, lo sé. Pero de ellas he aprendido a apreciar las diferencias entre las personas y a la vez, a no hacer distinciones. Me he dado cuenta de que todo lo que pasa en el mundo tiene una razón que usualmente no vemos y hay que buscar nuevas perspectivas para rellenar los espacios en blanco de las historias oficiales. He aprendido cómo hacerse escuchar, cómo usar mi voz para el cambio social y cómo impedir que conviertan mi cultura en un simple murmullo.

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Martes, 02 Agosto 2016 07:52

Máscaras trágicas

Máscaras trágicas

Los cruzados de la guerra al terrorismo no parecen advertir que esa guerra es imposible, porque el terrorismo es un recurso violento perverso, pero no un enemigo concreto. El enemigo podría ser quien lo emplea, pero no el recurso mismo: no puede haber una guerra contra las minas antipersona, por perverso que sea su uso.

 

Esta guerra imposible hace del terrorismo un difuso concepto mediático abstracto, pero si la criminología quiere hacer algo para prevenirlo, no tiene otra opción que considerar los hechos concretos, donde identificar la diversidad de los fenómenos.


Por un lado, hay un grupo político que, con pretexto religioso, emplea métodos aberrantes y criminales, lo que no tiene nada de nuevo, porque han existido otros muchos a lo largo de la historia.


Por otro lado, es evidente que se manipula el concepto abstracto, para considerar terroristas a todos los que no gustan a algún poder. Esto tampoco es nuevo; hace un siglo eran anarquistas, ácratas, etc.


Pero entre los hechos concretos que cabe observar, llama la atención que en Europa aparezcan solitarios que cometen atrocidades en nombre de un movimiento al que no están vinculados y de una religión que no profesan, que nacieron y crecieron en el mismo suelo que sus víctimas y que se expresan en su misma lengua. En Estados Unidos se reiteran fenómenos parecidos, que no pueden explicarse sólo por el fácil acceso a armas.


Respecto de estos casos, seguramente se sostendrá que se trata de algo nunca antes visto. Pero si bien la particularidad de todo fenómeno es irrepetible, la base común que permite acercarse a su criminodinámica no es nada novedosa.


Los cruzados de la famosa guerra suelen repetir que el terrorista desconoce la condición de persona de sus víctimas. Si bien esta es una notoria obviedad, es la punta del hilo desde la cual desenredar la madeja que envuelve la aparición del solitario.


La Declaración Universal de 1948 prescribe que todo ser humano es una persona. No obstante, en la realidad social, este deber ser sólo un objetivo a conseguir, por el cual debemos luchar continuamente, pero que está lejos de ser alcanzado.


La palabra persona evoca la máscara del antiguo teatro griego. ¿Significa esto que en la vida real carecen de toda máscara los que son considerados como no-personas? No es cierto, porque desde el interaccionismo sabemos que todos llevamos alguna máscara en esta dramaturgia mundial.


Esto se explica porque para no considerar persona al otro, es también necesario colocarle una máscara diferente: la de enemigo, real o potencial. La máscara de enemigo oculta el rostro del ser humano satanizado (se puede inventar el neologismo enemizado, porque Satán en hebreo significa enemigo).


La máscara de enemigo oculta el rostro del ser humano, lo que explica que el satanizador (enemizador) pase a ver en el pacífico y simpático vecino de ayer, sólo a un otro enemigo como mero integrante de un colectivo diabólico que debe destruirse o neutralizarse por cualquier medio, incluso la muerte.


Pero dejemos al satanizado y pasemos a observar al satanizador. ¿Qué lo impulsa a repartir máscaras de enemigo? No es otra cosa que su propia debilidad subjetiva: necesita saber quién es. Al enmascarar al otro siente que supera su propia fragilidad como sujeto, definiéndose por exclusión: No soy el otro, el negro, el salvaje, el gay, el indio, etc. Soy lo que no soy.


Toda discriminación creadora de enemigos es una semilla de genocidio. Si observamos cómo opera este juego de máscaras en Europa, podremos acercarnos un poco a la criminodinámica de los casos que se consideran nuevos.


La Europa colonialista puso millones de máscaras de potenciales enemigos peligrosos en todos sus colonizados. Cometió crímenes de increíble crueldad, en particular en África. No hubiese podido cometerlos sin el previo enmascaramiento de sus colonizados. Con el curso del tiempo llevó a muchos a su propio territorio, donde su población no crecía al ritmo que necesitaba su aparato productivo.


Pero no los incorporó culturalmente, ni a los inmigrados ni a sus descendientes, porque la máscara del salvaje colonizado había sido asimilada por sus sociedades. Se produce un doble juego de máscaras : el portador de la máscara salvaje adquiere una subjetividad en extremo frágil, siente el peso de ésta en el rechazo social, pero tampoco la asume, porque ya no pertenece a la cultura salvaje.


No necesitamos aventurarnos en el campo de la patología para verificar que, en algunos sujetos, la debilidad subjetiva es tan extrema que les provoca una angustia insoportable, de la que quieren escapar mediante un generalizado enmascaramiento de colonizador, contra toda la sociedad que no acaba de incorporarlo. La fragilidad subjetiva extrema le lleva a responder al ¿Quién soy? con un No soy el enemigo colonizador.


Por otro lado, los crímenes masivos atroces que estos sujetos cometen, provocan una reacción xenófoba que refuerza estereotipos discriminadores, reafirmando el reparto de máscaras de no persona. No es difícil prever que esta reacción agudice la muy marcada fragilidad subjetiva de otros, derivando en nuevos desastres.


En síntesis: el doble juego de máscaras de enemigo no es inocuo, al menos cuando opera sobre personas que, por razones individuales, llegan al extremo de la fragilidad subjetiva y lo vivencian con tal intensidad insoportable, que estallan en brotes de destrucción masiva y, en el fondo, en un suicidio triangular.


En los Estados Unidos operan razones en parte diferentes para producir subjetividades frágiles. El caso europeo parece extremo y más claro. Pero cabe preguntarse si el mundo globalizado (antes llamado occidental), en este momento de transición de paradigmas –al decir de Boaventura de Souza Santos– no está debilitando las culturas con el resultado de reproducción de subjetividades frágiles.


De toda forma, se impone poner especial atención en el reparto de las máscaras, porque se trata de un juego que acaba en un carnaval demasiado trágico, que tiene por escenario un mundo que no logra dotar de la máscara de persona a más de la mitad de los habitantes del planeta.

 

Por E. Raúl Zaffaroni, profesor Emérito de la Universidad de Buenos Aires.

 

 

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