EEUU: Declaran en Ferguson estado de emergencia tras disturbios

El jefe policial del condado de Saint Louis, estado de Missouri, declaró este lunes el estado de emergencia en Ferguson, debido a violentos incidentes durante marchas de recordación del joven afroamericano Michael Brown, asesinado hace un año en esa localidad.


En vista de la violencia y los disturbios de anoche en la ciudad de Ferguson, y el potencial que hay de lastimar a personas y a propiedades, ejerzo mi autoridad como ejecutivo del condado para emitir un estado de emergencia, ordenó Steve Stenger en un comunicado.


Agregó que los recientes actos de agresión no serán tolerados.


Con respecto al tiroteo que surgió el domingo, el jefe policial aseguró que aquellos que recurren a la violencia no son manifestantes.


Los manifestantes son personas que están allá afuera queriendo efectuar un cambio, aseguró a la televisora CNN.
Un joven identificado como Tyrone Harris Jr., de 18 años, se encuentra hospitalizado en estado crítico tras resultar herido el domingo en un intercambio de disparos con la Policía local.


Los hechos ocurrieron después de una jornada de protestas pacíficas, en la cual cientos de manifestantes clamaron justicia respecto al caso de Brown, adolescente que murió baleado el 9 de agosto de 2014 por el agente de Policía blanco Darren Wilson.


Este lunes cerca de un centenar de personas marchó por la localidad como parte de una jornada de desobediencia civil que resultó en el arresto de varios manifestantes frente al juzgado federal, según el diario local Saint Louis Post-Dispatch.
La muerte de Brown reavivó la discusión a nivel nacional sobre el prejuicio racial durante los arrestos policiales contra los afroestadounidenses, así como el interminable número de casos de abusos contra esta minoría por parte de los agentes.


La decisión de un gran jurado en noviembre de 2014 de no acusar a Wilson desató disturbios en 170 ciudades de unos 40 estados. En los últimos meses tuvieron lugar numerosos incidentes de violencia policial en Estados Unidos contra los afrodescendientes, como la muerte de Freddie Gray, un joven negro en la ciudad de Baltimore, Maryland, quien falleció el pasado 19 de abril, una semana después de su arresto por la policía local.


La muerte de Gray -quien recibió graves lesiones en la columna vertebral- provocó manifestaciones violentas que duraron casi dos semanas en esa ciudad, en la cual se impuso un toque de queda e intervinieron unos cinco mil efectivos de la Guardia Nacional.


El 30 de abril de 2014, el policía Christopher Manney disparó 14 veces contra Dontre Hamilton, de 31 años, quien estaba desarmado, mientras en julio de 2014, murió Eric Garner, de 43 años, estrangulado por el policía blanco Daniel Pantaleo.


(Con información de Prensa Latina)

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Lunes, 03 Agosto 2015 06:04

Pesadilla del hombre blanco

Pesadilla del hombre blanco

A Europa le está pasando lo que al futuro: ya no es como antes. Eso espanta a los supremacistas del continente donde nació el fascismo. El 27 de julio, en Dresde, Alemania, una explosión impactó el vehículo de un político de izquierda que defiende los derechos de los refugiados; un día antes, pobladores habían apedreado las ventanas de un hotel que será convertido en residencia para refugiados; se prevé que este año se dupliquen las solicitudes de asilo en Alemania, dado que cientos de miles de refugiados huyen de Siria, Irak y los Balcanes. El día 28, en Finlandia, 15 mil personas se manifestaron en repudio a un legislador que declaró que el multiculturalismo es una pesadilla; Olli Immonen, del partido Finns, el segundo en el Parlamento, ha apoyado estrictas leyes de inmigración. El día 30, el premier británico David Cameron llamó plaga (swarm, como se dice de las langostas) a los ilegales. Cada día algo. Donde no turcos, somalíes, eritreos, tunecinos, nigerianos, paquistaníes, afganos, bosnios o sudasiáticos recuerdan al hombre blanco que no está solo en casa y que fracasaron sus sueños de pureza. Ya rasguñan la boca del túnel de Calais, que une a Gran Bretaña con el continente. Nada detiene la marea; no, ciertamente, las condiciones de vida de millones de personas cuya única alternativa es huir para buscar trabajo y vida en el díscolo norte. Un tren una noche de verano a través de Italia y Francia arroja luz sobre el asunto.


El día 23 se dieron cita las Asias y las Áfricas herederas de la pesadilla colonial. ¿Será así cada noche en la Estación Central de Milán? El andén estaba lleno. Lo primero en subir al tren fue una avanzada magrebí: jóvenes quizá libios, bien trabados y en evidente acuerdo, que ocuparon rápidamente sus posiciones y esperaron a que la oleada humana inundara los vagones. Siguió un tumulto de familias y grupos en elástica composición. Dos chiquillas senegalesas de pelo ensortijado, la cara misma de la inocencia, metiéndose entre las piernas de la gente abrían paso a sus madres y tías, una parvada de negras palomas decididas.


El tren dormitorio recordaba las películas de Hitchcock. A la derecha los compartimentos para seis, con sus puertas corredizas; a la izquierda el barandal y las ventanillas. De pronto los pasillos se colmaron de personas y equipajes en movimiento. El acomodo territorial, así fuera tan pasajero como los pasajeros mismos, desató una febril incursión de todos contra todos. Chitón callando, grupos de chinos ocuparon un vagón en particular. Algunos tipo tendero o empresario medio, familias, damas mayores; no parecían turistas, y los agentes aduanales los molestarían poco. También había ahí musulmanas de velo, discretas como nadie, casi fantasmales.


Nuestro vagón era escenario de una Babel incontrolable. Con agilidad y gesto desconfiado, dos rubias nórdicas dieron rápido con su compartimento y comprendieron, en medio del gentío, que necesitaban ponerse más ropa de la muy escasa que traían encima. Un mohín arrogante no ocultaba su temor. Enseguida volvieron al pasillo y luchando por alcanzar los lavabos, diminutos gabinetes, se metieron en uno, cerraron. Salieron en piyama. Les debió resultar difícil cambiarse dentro de esa latita de sardinas. Toparon en primera instancia con un alto chaval tan negro que parecía quemado a carbón, elástico como un chita, gatuno y suave que las rodeó sin tocarlas y con un imperceptible arco les abrió paso y las protegió unos pasos. El ir y venir de un galimatías deliberado revelaba una forma de solidaridad disimulada donde la confusión ayuda; los legales no tienen de qué preocuparse y los ilegales aprovechan el lío para evadir vigilantes. Un rodar o arrastrar de equipajes del tamaño de un hombre sentado, bolsas étnicas y maletas jumbo, ya en los compartimentos se volvieron barricada. Una delgada madre vietnamita, falda hasta el piso, bebé en brazos, clamaba en mal italiano que perdió una maleta; un par de agentes sudorosos y apretujados tomaron nota y boletinaron por sus radios. La mujer no se movería, estorbando el trasiego de gente ansiosa y más corpulenta que ella, matronas árabes, atléticos viajantes color marrón o bien negro profundo. En esas, una bocanada de ajo y tocino rancio acompañó el paso de un padre ruso y su prole acalorada y colorada, seguidos por un obrero francés en traje de carácter. Pensé que también existen colonialismo y racismo a nivel de olor. Con coloquial frecuencia el hombre blanco desprecia el olor de los migrantes y los pobres, pero si a esas vamos, pocos seres vivos pueden oler peor que un ruso o un francés una noche de verano.


La revoltura de pieles y la dispersión de lenguas no incluían al castellano, salvo nosotros. Más nos hubiera valido hablar wolof o tigranya. Para eso están las lenguas francas coloniales. Qué lejos los tiempos en que se subían a un tren un mexicano, un francés y un gallego para hacer un chiste. Hoy ni lugar encontrarían.

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Cincinnati y el asesinato de Samuel DuBose

La ciudad de Cincinnati fue escenario de una sorprendente decisión judicial esta semana, que vuelve a centrar la atención en el asesinato de personas de color por parte de la policía. El fiscal del condado de Hamilton, Joseph Deters, anunció que se han presentado formalmente cargos por homicidio contra el agente de policía de la Universidad de Cincinnati Ray Tensing, que el 19 de julio pasado disparó a quemarropa provocando la muerte a Samuel DuBose, un hombre afroestadounidense de 43 años de edad. Tensing detuvo a DuBose porque conducía un vehículo sin placa de matriculación delantera. Como sostuvo el fiscal Deters durante una conferencia de prensa: "No lidiaba con alguien requerido por asesinato. Estaba lidiando con alguien que no llevaba placa de matriculación delantera. Como diríamos en lenguaje coloquial, detenerlo por eso es una estupidez". En el video grabado por la cámara corporal de Tensing se escucha que el agente pide ver el permiso de conducir de DuBose. Cuando DuBose le dice que no lo tiene, Tensing intenta entonces abrir la puerta del auto de DuBose. Inmediatamente después de esta interacción, entra en pantalla la mano derecha del agente Tensing, apuntando con una pistola hacia la ventana del auto.

Disparó una sola vez, directo a la cabeza de DuBose, lo que hizo que el auto, con DuBose ya fallecido al volante, se deslizara calle abajo y se detuviera al chocar contra un poste. Antes de que se dieran a conocer las imágenes captadas por la cámara corporal de Tensing, el agente alegó que su brazo había quedado atrapado en el auto y que había sido arrastrado calle abajo. Otro agente, Phillip Kidd, declaró haber visto lo mismo. El video desmiente claramente su versión. También Kidd debería ser arrestado. Al hacer público el video, el fiscal Deters expresó: "No cabe duda de que se trata de un asesinato".


Samuel DuBose fue asesinado una semana después de otra detención de tránsito que resultó mortal. En esa oportunidad, en el condado de Waller, Texas, Sandra Bland, de 28 años de edad, también afroestadounidense, fue detenida por Brian Encinia, oficial de la policía estatal de Texas. Encinia afirmó que detuvo el auto de Bland porque no había señalizado un cambio de senda. La cámara ubicada en el tablero del patrullero del oficial también grabó la detención. Encinia le pidió a Bland que apagara su cigarrillo y luego le dijo que bajara del auto. El oficial dijo textualmente: "Le estoy dando una orden legítima. La voy a sacar por la fuerza". Se puede oír entonces que Bland le dice: "Usted abrió la puerta de mi auto. ¿Y me está amenazando con sacarme por la fuerza de mi auto?". Encinia le grita: "¡Baje del auto!". Cuando Bland le responde: "¿Y después me va a agredir?", Encinia, esgrimiendo una pistola eléctrica, le grita: "¡La voy a encender! ¡Baje ya! ¡Ya!".


El siguiente video muestra a Bland en el suelo. Se le oye decir: "¡Me golpeó la cabeza contra el suelo!". Luego le dice a Encinia que sufre de epilepsia. Se oye que el oficial responde: "Bien". Tres días después de ser arrestada, Sandra Bland fue hallada sin vida en la celda en que se encontraba recluida. La causa oficial de fallecimiento declarada es suicidio. Sin embargo, sus familiares y amigos no creen que haya sido así.


El asesinato de DuBose tuvo lugar casi exactamente un año después del día en que el agente de policía de la ciudad de Nueva York Daniel Pantaleo sujetó a Eric Garner por el cuello hasta causarle la muerte. En un video que capta el momento de la muerte de Garner, se puede oír que dice once veces con la voz entrecortada: "No puedo respirar". La muerte de Garner fue declarada homicidio, pero el fiscal de distrito de Staten Island, Daniel Donovan, no presentó cargos ni contra Pantaleo ni contra ningún otro agente por su muerte. Posteriormente, el fiscal de distrito Donovan se presentó como candidato al Congreso en una elección especial y ganó.


Tres semanas después de la muerte de Garner en Staten Island, la policía mató al adolescente afroestadounidense Michael Brown en Ferguson, Missouri. No hubo grabación de video de su muerte aquella tarde del sábado 9 de agosto de 2014. Sí existe un video, filmado por un transeúnte, del cuerpo desangrado de Brown, que permaneció tirado sobre el pavimento caliente y al descubierto durante horas. No se presentaron cargos contra el agente de policía de Ferguson Darren Wilson, hecho que suscitó manifestaciones masivas y que significó el comienzo del movimiento Black Lives Matter, "Las vidas de las personas negras importan", en español.


El fin de semana pasado, más de 1.000 personas se congregaron en Cleveland para un encuentro nacional de organización del movimiento Black Lives Matter. En Cleveland vivía Tamir Rice, el niño de doce años de edad que estaba jugando con una pistola de juguete en un parque público el 21 de noviembre de 2014 cuando una persona llamó al 911 y denunció a la policía que había "un individuo con una pistola" aunque, advirtió, "probablemente es de juguete". Los agentes de policía de Cleveland Timothy Loehmann y Frank Garmback se acercaron rápidamente al parque en un patrullero de la policía. En cuestión de segundos, Loehmann efectuó al menos dos disparos y mató al niño. Cámaras de seguridad, borrosas y silenciosas, registraron el crimen.


Han salido a la luz informes de que Loehmann fue hallado no apto para el servicio policial hace más dos años, cuando se desempeñaba como agente en Independence, un pequeña ciudad en la periferia de Cleveland. Una carta redactada por un superior suyo de ese momento critica específicamente el desempeño de Loehmann en el entrenamiento con armas de fuego. La carta refiere: "No podría seguir indicaciones básicas... su habilidad en el uso de armas cortas es pésima". En 2014, la ciudad de Cleveland pagó 100.000 dólares por el acuerdo alcanzado en un caso de uso excesivo de la fuerza contra el otro agente, Frank Garmback. En junio, el juez municipal de Cleveland Ronald Adrine afirmó que existen fundamentos para procesar a los agentes. Entonces, ¿por qué no se presentaron cargos contra Loehmann ni Garmback?


Cincinnati es un comienzo. Cleveland debería prestar atención. Puede ser que empiece a hacerse justicia, que por fin los responsables de estos actos rindan cuentas. Como las mil personas que se reunieron allí el fin de semana pasado lo dijeron claramente: las vidas de las personas negras importan.

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Arrestaron al culpable, pero el asesino sigue suelto

La masacre de nueve feligreses afroestadounidenses en la Iglesia Metodista Africana Emanuel de Charleston, Carolina del Sur, ha causado conmoción en todo el país y bien podría haber sacudido las bases de la Confederación. Dylann Storm Roof ha sido acusado de asesinar de manera premeditada a los miembros de la congregación, tras haber recargado al menos dos veces su pistola Glock. Según una persona que habló con una de las tres sobrevivientes de la masacre, Roof dejó a una víctima con vida para que pudiera contarle al mundo lo sucedido. Este terrible asesinato en masa fue un acto de terrorismo abiertamente racista.


Entre las víctimas mortales se encuentra el pastor de la histórica iglesia, el Reverendo Clementa Pinckney, de 41 años de edad, que también era senador del estado de Carolina del Sur y dirigía un grupo de estudios bíblicos los miércoles por la noche. La noche de la masacre, Roof participó durante una hora de las actividades del grupo antes de matarlos.


Algunos años atrás, el reverendo Clementa Pinckney describió a la Iglesia Metodista Africana Madre Emanuel: "[La iglesia] se encuentra en un lugar muy especial de Charleston. Es un lugar muy especial porque el lugar donde está ubicada, esta zona, ha sido vinculada con la historia de la vida de los afroestadounidenses desde principios de 1800. La iglesia fue construida en 1891. El reverendo Morris Brown creó la congregación en 1818. Brown se convertiría más tarde en el segundo obispo de la Iglesia Episcopal Metodista Africana. Quienes saben un poco sobre nuestro nombre, comenzamos en 1787 a través de nuestro fundador, Richard Allen, que se fue de la Iglesia Episcopal Meddeth de San Jorge debido a que le decían que tenía que rezar después de los miembros 'normales' de la iglesia. Y es así que comenzó nuestra denominación, en un acto de desobediencia civil y, por decirlo de algún modo, de búsqueda de justicia teológica".


Lo poco que se conoce sobre la motivación de Roof para supuestamente haber cometido el crimen ha sido extraído de un sitio web que se cree que él creó. En el sitio hay un manifiesto que reza: "Elegí Charleston porque es la ciudad más histórica de mi estado y en una época tenía la mayor proporción de negros con respecto a blancos en todo el país. No tenemos skinheads aquí, no hay un verdadero Ku Klux Klan, nadie está haciendo nada, solo hablan en Internet. Bueno, alguien debe tener la valentía de llevar esto al mundo real y supongo que tendré que ser yo". Una sobreviviente de la masacre afirmó que Roof le dijo a una de las víctimas que le suplicaba que parara: "El dijo: 'Debo hacerlo. Ustedes violan a nuestras mujeres y se están apoderando del país. Deben morir'".


El sitio web contiene fotografías de Roof con un arma, la Glock calibre .45 que probablemente sea la que utilizó en la masacre, y con la bandera confederada, lo que suscitó nuevas iniciativas de retirar ese símbolo de racismo y odio de los lugares públicos. Durante décadas, la bandera confederada ondeaba en lo alto del Parlamento de Carolina del Sur, junto a la bandera de Estados Unidos y a la del estado de Carolina del Sur. Después de que la Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color (NAACP, por sus siglas en inglés) comenzó a boicotear al estado en el año 2000, se alcanzó un acuerdo, por el cual se retiró la bandera de la cúpula del capitolio del estado y se la colocó en otra parte del predio, junto a un monumento a los caídos del ejército de la Confederación durante la Guerra de Secesión.


Uno de los primeros en hablar a favor de retirar la bandera tras la masacre ocurrida la semana pasada fue el legislador estatal de Carolina del Sur Doug Brannon, un republicano blanco. Brannon dijo en Democracy Now!: "El jueves por la mañana me desperté con la noticia de la muerte de estas nueve maravillosas personas y supe que había que hacer algo. Clementa Pinckney lo merece. Estas nueve personas lo merecen. Es necesario retirar la bandera de la Confederación del capitolio de nuestro estado".


El reverendo William J. Barber segundo es el presidente de la NAACP de Carolina del Norte. Se enteró de la matanza el miércoles por la noche, mientras estaba en la cárcel. Barber contó en Democracy Now!: "Habían arrestado a alrededor de 10 de nosotros en la Cámara de Representantes de Carolina del Norte por protestar contra los políticos extremistas que aprobaron la peor ley de restricción del derecho al voto del país". Barber ha encabezado el movimiento "Lunes de moral", que moviliza cada semana a cientos de miles de personas en contra de la agenda que promueve el gobierno republicano de Carolina del Norte. Está a favor de que se retire la bandera confederada, a la que denomina "vulgar", pero sugirió que promover medidas políticas sería un mejor homenaje a Clementa Pinckney y a las demás víctimas.


Barber declaró: "El reverendo Pinckney, como colega de la iglesia, no solo se oponía a la bandera, se oponía a que se negara la ampliación de Medicaid. Sabemos que en este momento la mayoría de los estados se oponen a la ampliación de Medicaid. En muchos de ellos, 6 de cada 10 personas son negras. El reverendo Pinckney se oponía a la restricción del derecho al voto y a la identificación de votantes en Carolina del Sur. Se oponía a quienes celebraron el fin de la Ley de derecho al voto, la eliminación del artículo 4, que significa que Carolina del Sur ya no necesita autorización federal previa para cambiar las leyes de votación. Se oponía a la falta de financiamiento para la educación pública y defendía un aumento del salario mínimo". Barber dijo al representante estatal Doug Brannon en Democracy Now!: "Elaboremos un proyecto de ley general en nombre de los nueve mártires y de todas las cosas que defendía el reverendo Pinckney. Si decimos que lo amamos a él y a sus compañeros, pongamos todas estas cosas en un proyecto de ley general, aprobémoslo y llevémoslo el viernes al funeral".


Wal-Mart, Amazon y otras grandes empresas minoristas han retirado de la venta los productos que contienen la bandera confederada. Alabama ha retirado la bandera confederada de los edificios públicos y otros estados, entre ellos Carolina del Sur, están por hacer lo mismo. El símbolo de la rebelión y la secesión de los estados del sur, el símbolo que representa la decisión de librar una guerra para proteger la esclavitud, podrá estar menos visible, pero la lucha por la igualdad, librada hace 200 años por los propios fundadores de la Iglesia Emanuel de Charleston, continúa. Como afirma el reverendo Barber, se necesita un cambio sistémico: "Arrestaron al culpable, pero el asesino sigue suelto".

 

© 2015 Amy Goodman
Traducción al español del texto en inglés: Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Jueves, 25 Junio 2015 06:51

La rebelión negra en EEUU

La rebelión negra en EEUU

Por segunda vez en nueve meses, Estados Unidos fue sacudido por el levantamiento de jóvenes afroamericanos en respuesta a la muerte por la policía de un joven negro. En agosto pasado, la rebelión en Ferguson (Missouri) llamó la atención del mundo sobre la crisis que combina la "aplicación de la ley" y el racismo en Estados Unidos. Pero si el racismo policial en Ferguson estuvo en el centro del escenario político estadounidense, la rebelión de Baltimore (en abril) transformó esta conciencia general en una grave crisis política.


Ferguson, con solo 20.000 habitantes, es una pequeña comunidad periférica de Saint Louis (320.000) en el estado de Missouri. Es una localidad habitada principalmente por afroamericanos que son gobernados brutalmente por una maquinaria política blanca. Aunque el 67% de la población de la ciudad es negra, 50 de los 53 policías de Ferguson son blancos. El alcalde y todos los concejales, con la excepción de uno, son blancos. Por lo tanto, la confrontación en Ferguson se asemeja más a la dinámica racial del Sur de Jim Crow (1) que a las experiencias de los afroamericanos que viven en las principales ciudades de Estados Unidos. Es por esta razón que el levantamiento en Baltimore es potencialmente más peligroso que la lucha en Ferguson.

Baltimore no es una pequeña (o marginal) comunidad suburbana que puede mostrarse como un lugar por donde no pasó el tren del presente. Al contrario, es una de las 26 ciudades más grandes de Estados Unidos, contando con una población de 600.000 personas de las cuales 63% son afroamericanos. A diferencia de Ferguson, funcionarios y representantes negros (electos) controlan el aparato político de Baltimore. El alcalde es negro. El jefe de la policía es negro, al igual que la mitad de los oficiales de policía. El director de las escuelas públicas es negro. El Consejo Municipal, incluido su presidente, está compuesto en más de la mitad por afroamericanos. Este es un elemento crucial para entender la crisis política provocada por este levantamiento particular. En Ferguson, un elemento central del debate político y un objetivo de los activistas locales era aumentar el número de representantes negros en los cargos públicos, así como la contratación de un número adicional de policías negros. En Baltimore, sin embargo, se demostraron espectacularmente los límites flagrantes de tal estrategia y, al hacerlo, puso de relieve la mentira de que en Estados Unidos no habría diferencias de raza o que, incluso, sería una sociedad post-racial. La afirmación que presenta a Estados Unidos como líder del mundo libre, está socavada.


Mientras que Estados Unidos sigue afirmando su poder internacional, el espectáculo de policías blancos asesinando y abusando de hombres y mujeres negros cuelga de la atmósfera. La hipocresía de Obama se pone de relieve cuando habla de la democracia estadounidense, como lo hizo el 10 de septiembre de 2014, cuando explicó la nueva guerra norteamericana contra el Estado Islámico. Dijo: "Estados Unidos, nuestros beneficios ilimitados confieren una carga constante. Pero, en tanto que estadounidenses, aceptamos nuestra responsabilidad de liderar. De Europa hasta Asia –de las inmensidades de África a las capitales devastadas por la guerra del Medio Oriente- nos acercamos a la libertad, la justicia, la dignidad. Estos son los valores que han guiado a nuestra nación desde su fundación".


Estos comentarios no se corresponden con la realidad, pero hoy son completamente absurdos. Estados Unidos no tiene un ápice de credibilidad a la hora de debatir la libertad, la justicia y la dignidad.


Esto es lo que hace que la crisis de la "aplicación de la ley" (la acción policial) y el racismo, sean un fenómeno central de la política estadounidense. Ella invalida la concepción de sí misma de la clase gobernante de Estados Unidos, tanto como a la democracia estadounidense. Baltimore se encuentra a unos cincuenta kilómetros del Capitolio (la sede del legislativo federal, en Washington), lo que dio más impulso a las razones de la rebelión y las ubicó en el centro de la vida política estadounidense.
Es una crisis que, probablemente, no acabe pronto. Desde las rebeliones de los años 1960, no habíamos visto tanta agitación en las ciudades estadounidenses, con pocos meses de separación. Los actuales levantamientos, indican la posibilidad del surgimiento de un movimiento negro contra el racismo y el tipo de "mantener el orden" que se aplica. Es lo más importante de los últimos nueve meses.


Este movimiento ha sido calificado como de Black Lives Matter en un hashtag creado durante las protestas que surgieron tras la absolución de George Zimmerman, el "guardia" que mató a Trayvon Martin, un joven adolescente negro en febrero de 2012. El movimiento ha cobrado impulso por la sencilla razón de que la policía siguen matando afroamericanos sin ser castigada, o muy poco. A través de todo Estados Unidos, los jóvenes, los negros de la clase obrera, marcharon, protestaron y se rebelaron contra la violencia desenfrenada de la policía, el hostigamiento y los homicidios policiales en los barrios donde viven los afroamericanos. Decir que las comunidades negras viven bajo ocupación y en condiciones que hacen pensar en un Estado policial no constituye una exageración. Es un hecho.


Antes de Baltimore: 381 personas asesinadas por la policía


Considérese. El 2 de marzo de 2015, después de tres meses de investigación, el grupo de trabajo creado por el presidente Barack Obama sobre "el mantenimiento del orden en el siglo XXI" presentó sus conclusiones. La comisión fue creada en el calor de la primera ola nacional de protestas en diciembre pasado. A toda prisa, Obama organizó la comisión para crear la ilusión de que el gobierno federal respondía a las protestas populares y con el fin de que los manifestantes dejaran las calles. Se reunió con jóvenes activistas e incluso algunos de ellos fueron metidos en la comisión para darle un aire de legitimidad. Tres meses más tarde, la comisión estaba de vuelta con sus conclusiones. El contenido en realidad no importa.


El informe contiene muchas constataciones, algunas útiles, otras no; se podrían decir muchas cosas sobre ellas. Pero lo que es, quizás, el elemento más revelador de todo lo que se puede encontrar en el informe del grupo de trabajo, es que 29 días después de su publicación, 111 personas más fueron asesinadas por "las fuerzas del orden". Esta cifra supera en 33 el número de personas muertas por la policía en febrero. A finales de abril, antes de la rebelión de Baltimore, 381 personas habían muerto por la policía desde el comienzo del año.


Y esto es sólo la punta del iceberg. A principios de este año, el diario The Guardian (Gran Bretaña) publicó un informe sobre la manera inconsistente con que el gobierno federal cuenta como personas asesinadas por las "fuerzas de seguridad". Es una forma eufemística. Porque mientras el gobierno puede decir cuántos niños mueren de gripe cada semana y el número de huevos puestos por las gallinas cada mes, e incluso el porcentaje de hombres blancos mayores de 20 años que consumen frutos secos como aperitivo; no puede informar cuántas personas mueren víctimas de las "fuerzas de seguridad" durante una semana, mes o año. También no puede decir la raza o el origen étnico de los que fueron asesinados por la policía. Y cuando se observan los números amontonados, uno entiende por qué.


Un estudio realizado por la Oficina de Estadísticas Judiciales sobre homicidios policiales, para los años 2003-2009 y 2011, indica que la policía mató a 7.427 personas. Un promedio de 928 personas al año. Compare esta cifra con los 58 soldados estadounidenses que han muerto en Irak el año pasado. O con las 78 personas asesinadas por la policía en Canadá en 2014. O el hecho de que entre 2010 y 2014, la policía inglesa mató a cuatro personas. La policía no mató a nadie en Alemania en 2013 y 2014. En China, con una población cuatro veces y media mayor que en Estados Unidos, la policía mató (datos oficiales) a 12 personas en 2014.


Y esto es sólo una fracción de lo que sabemos. Hay 18.000 departamentos de policía en los Estados Unidos y sólo 1.000 de ellos se molestan en informar a las autoridades federales el número de personas que matan cada año. El departamento de policía de la ciudad de Nueva York, por ejemplo, no ha indicado desde el año 2007 el número de civiles que ha matado. El Estado de Florida no produce ningún informe. Por lo tanto, tenemos una visión limitada de la extensión de los homicidios policiales en Estados Unidos. Debido a la falta de información, no sabemos qué proporción de estas víctimas son afroamericanos o latinos. Pero sabemos que los afroamericanos deben someterse a un número desproporcionado de "enfrentamientos" con la policía. Así, podemos estimar que la gran mayoría de los muertos son de piel negra o marrón
Si tal cosa se hubiera dado en otro país, sería llamado como lo que realmente es: un abuso despreciable de cualquier concepto de los derechos humanos y civiles; teniendo todas las marcas de un Estado policial, autoritario, donde el asesinato y el abuso cometido por representantes estatales entran en la categoría de pérdidas y ganancias. Y esto es bastante alto. Sólo Chicago ha gastado 500 millones dólares durante la última década para llegar a un acuerdo o pagar una acción legal en su contra debido a la brutalidad policial en procesos de "muerte no justificada." Durante el mismo período, los acuerdos judiciales en procesos por brutalidad policial o "muerte no justificada" en contra de la policía de Nueva York, llegaron a un promedio de 100 millones de dólares por año, superando los mil millones de dólares. Toda otra institución pública que tenga este tipo de déficit en su presupuesto reduciría servicios o los cerraría. Cuando el Consejo de Chicago dijo que su déficit alcanzó los mil millones de dólares, simplemente cerró 52 escuelas públicas y nunca retrocedió.


Pero la policía es una institución intocable en Estados Unidos. En realidad, es la institución pública que funciona en razón del rol indispensable de gestionar, de forma segura, las consecuencias económicas, sociales y raciales de la desigualdad en los barrios de los negros pobres y las clases trabajadoras.


El legado persistente de la esclavitud


Las rebeliones y el movimiento contra el terrorismo de la policía en Estados Unidos no hicieron más que amplificar el grado de violencia que el Estado invoca para mantener el orden en las ciudades. Al hacerlo, se demuestra también la debilidad anémica de la recuperación económica de Estados Unidos y la forma espectacular en el que los negros fueron excluidos de la nueva "abundancia".


Por ejemplo, la región de Baltimore, donde Freddie Gray fue procesado, arrestado y finalmente asesinado por la policía, es una de las más pobres de toda la ciudad:


• 21% están desempleados;
• 25% de los edificios son abandonados y están en condiciones deplorables
• La esperanza de vida es de seis años menos que en el resto de la ciudad;
• 55% de las familias viven con menos de 25.000 dólares al año;
• Oficialmente, el 30% vive en la pobreza;
• La tasa de mortalidad infantil es dos veces más alta que la de la ciudad en su conjunto.
La pobreza y la desigualdad de los habitantes de Sandtown, en Baltimore, es un indicador de lo que es la vida urbana y en las periferias de las grandes ciudades para millones de afroamericanos que han sido relegados el mundo de los bajos salarios y el trabajo precario. Walmart (la empresa de supermercados más grande del mundo) ha sustituido a las mensajerías como mayor empleador de negros estadounidenses. Mientras que el gobierno de Obama hace gárgaras con la recuperación de la economía de Estados Unidos, la mayoría de los negros rara vez la experimentan.
• La tasa de desempleo negro se encuentra todavía en un 11%, mientras que para los blancos se redujo a 5%.
• La pobreza, a nivel nacional, ha alcanzado el 30% de los negros.
• El 33% de los niños negros viven en la pobreza, pero esta cifra es del 55% para los niños negros menores de 5 años.
• Tal vez el indicador más revelador del extremo racismo de la sociedad estadounidense y las consecuencias sociales que produce, se puede medir por el hecho de que la tasa de suicidios de los niños negros (entre 5 y 11 años) se ha duplicado en los últimos 20 años, mientras que en los niños blancos es una estadística casi imperceptible.


En otras palabras, independientemente de los criterios, los afroamericanos de Estados Unidos tienen una menor calidad de vida que las de los blancos. Este es el legado de la esclavitud y de Jim Crow tanto en el Sur como en el Norte, en un país que, históricamente, ha confinado a los negros en los barrios más pobres, en las peores condiciones de vivienda, así como en las peores escuelas y puestos de trabajo, y con los salarios más bajos. Esta historia de la discriminación racial intencional continúa hoy en la forma de vida de los negros, aunque el racismo contra los negros ya no es legal o socialmente aceptable. Aunque el racismo ya no es jurídicamente admisible en Estados Unidos, lo sigue siendo en gran medida en el trabajo, en el acceso a los "buenos empleos" y a los recursos necesarios para mejorar las condiciones de vida.


Mientras tanto, se infiere que la pobreza en las comunidades negras es debido a que los negros son perezosos, irresponsables, y viven de la asistencia social. Por eso, se establece las condiciones para que los barrios negros experimenten una mayor supervisión y control por parte de las "fuerzas de seguridad". Esto se combina con décadas de "guerra contra las drogas" (2) al igual que con los cientos de estrategias de encarcelamiento de miles de jóvenes negros y latinos, hombres y mujeres, para frenar posibles disturbios, mientras que se atiza el racismo contra los negros. Esto, entre otras razones, explica porque las comunidades negras son estigmatizadas en Estados Unidos.


El "mantener el orden" y los presupuestos municipales


Este fenómeno está actualmente en curso. Se agrava por el giro neoliberal de "mantener el orden" en Estados Unidos. Ya no es sólo llamar a la policía para reprimir y arrestar, sino para aplicar los PV (multas de estacionamiento, comportamientos, etc.) que se han convertido en una importante fuente de ingresos para las ciudades. Las reticencias a aumentar los ingresos del gobierno a través de impuestos a los ricos, se las compensa con un aumento de la proporción de los ingresos del Estado y de las municipalidades en los últimos años. En Ferguson, nos enteramos de que algunos de los enfrentamientos entre la policía y la población se debieron al hecho que la ciudad se apoya en las multas y en los impuestos como una segunda fuente de ingresos municipales. En Ferguson, había, en promedio, tres PV por hogar, lo que resulta en una acumulación de cientos de dólares en multas pagadas por las familias de la clase obrera. Esto corresponde a un desplazamiento de la carga fiscal hacia los pobres y la clase trabajadora. Cuando no se pagan estas multas, comienza una odisea legal difícil de resolver para la gente común debido al costo insoportable.


Cuando la policía de Nueva York desaceleró el trabajo (huelga de poner multas, entre otras cosas), porque el alcalde criticó tímidamente a la policía después de que un negro desarmado fue estrangulado por la policía, la crisis reveló la magnitud de la dependencia de la ciudad respecto a la policía, no sólo para proteger la propiedad privada, sino para expropiar el dinero y los bienes de los ciudadanos comunes a través de un vasto sistema de multas y PV.


La ciudad de Nueva York, en 2014, contaba con 10.400.000 dólares por semana que le reportaban los PV (alrededor de 16.000). La ciudad obtiene casi mil millones de dólares por año derivados de procesos judiciales, multas criminales o penas administrativas más allá del PV que la policía califica de infracciones a "la calidad de vida". Esto, por supuesto, crea los incentivos para que la policía apunte contra las personas y barrios enteros como fuentes de ingresos para la ciudad. Los "reencuentros" de este tipo con la policía impresionan. Porque la gente que penalizada por el sistema judicial, enfrenta problemas para obtener o mantener el empleo, lo que pone en riesgo sus estabilidad económica.


Los estudios han demostrado que los blancos con antecedentes penales, fueron más propensos a ser llamados para una entrevista de trabajo que los negros sin antecedentes penales. Es casi imposible que un negro con antecedentes penales pueda encontrar un empleo.


El nuevo lugar de la "elite negra"


Este es el contexto en que este nuevo movimiento irrumpió. Coincidiendo al mismo tiempo con un período político en el cual el poder político en manos de los negros nunca se había visto antes. Esto expone aún más las dinámicas raciales y de clase en esta crisis que vive Estados Unidos.


Hoy en día, hay un presidente negro, una fiscal general negra (Loretta Lynch) por no hablar de los miles de funcionarios y representantes electos en las ciudades y estados del país. El Congreso tiene 43 miembros negros, la cifra más alta en la historia estadounidense. Obviamente, una capa de negros fue completamente absorbida e integrada por el capitalismo norteamericano, al igual que el presidente, que puede ser el más vehemente cuando se trata de denunciar a los afroamericanos pobres y a las clases laboriosas.


La alcaldesa afroamericana de Baltimore, Stephanie Rawlings-Blake (ejerce el cargo desde 2010), dijo poco antes de la rebelión: "muchos de los que se encuentran aquí, en la comunidad negra, se han vuelto complacientes ante los crímenes de negros contra otros negros (...) mientras que muchos de nosotros sostenemos las protestas así como devenimos en cara activa ante la mala conducta policial, muchos son también los que dan la espalda cuando somos nosotros a los que nos matan". Ella, al igual que Obama, obviamente se refiere a los jóvenes de la rebelión negra como "matones" y "criminales", dos palabras que nunca han sido utilizadas por los funcionarios blancos de Ferguson. Es decir, vemos como funcionarios y representantes negros electos contribuyen a estigmatizar la vida de los afroamericanos en términos que sus colegas blancos podrían utilizar con impunidad. Ellos hacen a los propios negros responsables de su destino a través de una retórica que enfatiza la cultura, la moral y la irresponsabilidad de los negros como fuente de la desigualdad; es un discurso que esconde la cuestión central: el racismo y el capitalismo.


La brecha que se está ampliando entre la elite negra y la clase obrera negra, ha vuelto importante la cuestión de la solidaridad de clase en el movimiento. Históricamente, el movimiento negro siempre fue entendido a través de líneas de clase debido a la naturaleza general del racismo estadounidense. Pero mientras que un gran número de funcionarios y representantes fueron elegidos para gobernar ciudades y suburbios donde viven los trabajadores negros, se profundiza el antagonismo que revela la noción de solidaridad entre todos los negros. Cuando la alcaldesa de Baltimore movilizó al ejército para ocupar los barrios negros -al tiempo que permite a los blancos ir y venir libremente, haciendo caso omiso de la ley marcial impuesta a los negros-, la idea de que nos encontramos todos dentro, en el mismo lado de la barrera, explota por la lucha.


El silencio del movimiento obrero y la división racial persistentes en la sociedad estadounidense y en la percepción de la policía, hace que los trabajadores blancos no sean vistos como el aliado natural de los negros en la lucha contra la policía.
A causa del movimiento rebelde, las cosas empiezan a cambiar. Hoy en día, si se compara la situación con la existente hace un año, las actitudes generales sobre la policía en los Estados Unidos están modificándose. Después del levantamiento de Ferguson, el año pasado, 58% de los blancos dijo que la raza no tuvo impacto en el mantenimiento del orden, contra 20% de los negros. Hoy, esa cifra se elevó a 53%. En enero de 2015, 56% de los blancos estaban convencidos de que los informes de brutalidad policial fueron incidentes aislados; hoy sólo el 36% piensa que son aislados.


Estas cifras están muy lejos de lo que deberían ser, pero indican que las denuncias sobre la violencia policial, resultado del activismo del movimiento, tienen la capacidad de erosionar aún más la actitud de la clase obrera blanca sobre el racismo y la "aplicación de la ley".


Extender el movimiento más allá de los negros más afectados


Para que tal cosa suceda y continúe teniendo un efecto, el movimiento debe crecer. Debe extenderse más allá de los negros que son los más afectados. Se debe involucrar a otros sectores de la clase obrera que también sufren de racismo y los ataques de la policía; latinos, árabes, musulmanes, trabajadores indocumentados, mujeres negras y transexuales, también sufren el abuso policial aunque a menudo pase desapercibido, debido a la propensión de la violencia dirigida contra los hombres negros.


El movimiento Occupy, principalmente blanco, sin embargo, mostró la rapidez con que el Estado puede pasar de utilizar el racismo para justificar la expansión de su poder para "mantener el orden" y retomar, enseguida, sus nuevas tecnologías de seguridad contra cualquier amenaza al sistema político. Occupy había representado una amenaza tal, por lo que fue objeto de una enorme violencia y del abuso de la policía. Además, se debe hacer un esfuerzo concertado para involucrar a los trabajadores organizados en el movimiento, ya que los trabajadores negros también representan un número desproporcionadamente alto de sindicalizados. Podemos imaginar las futuras acciones en el lugar de trabajo contra la brutalidad policial y los asesinatos. Pero deben ser organizadas y defendidas, sobre todo cuando los organismos oficiales del movimiento sindical estadounidense siguen en relativo silencio sobre cuestiones de racismo y violencia policial. Esta es la base sobre la que un movimiento mucho más amplio contra el terrorismo de la policía puede ser organizado para dar batalla. Pero esto debe ser parte de una estrategia. Es sólo una de las funciones que debe cumplir la izquierda organizada en los próximos meses.


Para concluir. Hay una larga historia de lucha contra la violencia policial en las comunidades negras. Una representación multirracial del Congreso de Derechos Civiles, en 1951 lanzó la consigna We Charge Genocide (Nosotros acusamos de genocidio) para caracterizar la profundidad y consecuencias de los homicidios policiales y el silencio cómplice del Estado. El preámbulo de su petición (dirigida a una reunión de las Naciones Unidas, bajo el subtítulo: "El crimen del gobierno contra el pueblo negro"), afirma: "Hubo un momento en que la violencia racista fue para el Centro del Sur. Pero mientras que el pueblo negro (3) se ha desplazado hacia el norte (4), el este y el oeste buscando escapar del infierno del sur, la violencia, impulsada principalmente por motivos económicos ha seguido, la causa también es económica. La mayor parte de la violencia contra los negros se llevó a cabo en el campo, antes de la migración negra de los años 1920 y 1930. En la actualidad, no hay una sola ciudad importante de Estados Unidos, desde Nueva York a Cleveland o Detroit, de Washington, capital de la nación, a Chicago, Memphis, Atlanta o Birmingham, desde Nueva Orleans a Los Ángeles que no esté exonerada por la muerte gratuita de negros inocentes. No es más un fenómeno seccional. (5) Anteriormente, el método tradicional de linchamiento era la cuerda. Hoy en día es la bala del oficial de policía. Para un americano, la policía es el gobierno (o el Estado), sin duda alguna, su figura más representativa. Nosotros sostenemos que las pruebas sugieren que la muerte de negros se convirtió en una política de seguridad (o policíaca) en Estados Unidos y que la política de seguridad es la expresión más práctica de la política del gobierno".


Este mes de agosto se cumplirá el 50 aniversario de la Rebelión de Watts en South Central en Los Ángeles. En realidad, estamos en el período de los 50 años de la insurgencia negra en la década de 1960, durante la cual más de 500.000 afroamericanos se sublevaron en el primer lugar contra la pobreza, la falta de vivienda y la brutalidad policial. Sobre las cenizas de la Rebelión de Watts, nació en Oakland (California) el Black Panther Party (Partido Pantera Negra). Como autodefensa en contra de la policía. Por sí mismas, estas celebraciones son también ejemplos de la capacidad de recuperación de la lucha de los negros, contra el persistente terrorismo policial. Casi nunca es útil comparar las épocas; es mucho menos útil para observar el pasado y decir que nada ha cambiado. Pero estos aniversarios son ejemplos de continuidad entre el pasado y el presente y nos recuerdan que, en algunos casos, el pasado no ha pasado...


Keeanga-Yamattha Taylor, profesora en la Princeton University, militante del movimiento Black Lives Matter y de la International Socialist Organization (ISO). El texto que publicamos es su ponencia en el Foro Internacional "El capitalismo tardío y su fisonomía socio-política en el umbral del siglo XXI", en memoria de Ernest Mandel, realizado en Lausanne, Suiza, los días 20-22 de mayo de 2015. La autora está preparando un libro titulado From#Black Lives Matter to Black Liberation, que será publicado por la editorial Haymarket, Chicago, en enero de 2016.


Notas de la Redacción de A l´encontre


1) Un término que, del siglo XIX al movimiento de derechos civiles de los años 1950-1970, designa el conjunto de prácticas e instituciones que mantienen la "separación racial".
(2) El consumo de drogas iguales tiene sanciones diferentes, dependiendo del tipo de fármaco; la droga de "los pobres" es la que se castiga con más dureza.
(3) El original dice "negro people" y Negroes. Noción que Martin Luther King utiliza este término en su famoso discurso de 1963, "Tengo un sueño". El uso de términos como negro, de color, afro-americano, negro estadounidense depende del contexto histórico, el rechazo o la (re) apropiación de términos peyorativos, asignación de identidades, movimientos, y hasta sensibilidades e intenciones de los autores.
4) Durante la Primera Guerra Mundial, centenares de miles de trabajadores y sus familias afroamericanas emigraron hacia las regiones industriales del norte.
5) El término "sección" se refiere, en la historia de Estados Unidos, para reclamar "el derecho de los estados" en contra de las autoridades federales, sobre todo antes de la Guerra Civil (1861-1865), cuando los estados del sur se batían impedir cualquier interferencia del Estado federal en la "institución" de la esclavitud o para exigir la devolución de los esclavos fugitivos hacia el Sur, a sus "dueños".

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Estados Unidos aún lucha contra la esclavitud: Bernardine Dohrn

Pasó 11 años en la clandestinidad y tres en el número 10 de los más buscados por la FBI. Ahora, Bernardine Dohrn es una abuela cuyo rostro apacible no esconde la fuerza que debió tener en los 60, cuando con otros jóvenes pasó de las manifestaciones pacíficas contra la guerra de Vietnam a la acción directa: se llamaron Weather Underground y pusieron bombas, que estallaron siempre sin víctimas, en edificios como el Capitolio o el Pentágono. Traer la guerra a casa, era su divisa.


Tras pasar unos años en la cárcel, por negarse a declarar ante un Gran Jurado en contra de ex compañeros suyos, Dohrn se convirtió, ya abogada, en profesora de leyes y directora del Centro de Justicia Familiar e Infantil de la Universidad de Northwestern.


En ese trabajo confirmó su convicción de que, sin mencionar las disparidades económicas, en el desempleo, en salud, Estados Unidos está luchando todavía con el asunto de la esclavitud, sin poder reconciliarse con el hecho de que terribles crímenes fueron perpetrados en el pasado, y de que terribles crímenes pasan hoy.


Y ahí mantuvo también el impulso que en los 60 la llevó, con millares de jóvenes blancos, a sumarse a la lucha por los derechos civiles y contra la guerra.


En solitario o al lado de su marido, el educador y activista Bill Ayers, fundador también del grupo Weather Underground, ha escrito varios libros sobre su experiencia en la lucha por los derechos humanos, contra el racismo y en favor de una educación pública de calidad para todos.


Durante una reciente visita a México, Bernardine Dohrn conversó con este diario. Aquí presentamos extractos de la charla.
–En el ya lejano 2001, The New York Times publicó un libro en cuyo título preguntaba cómo se vivía la cuestión racial en Estados Unidos. ¿Cómo se vive ahora?


–Es la cuestión esencial si vives hoy en EU: la guerra y la paz, la raza y la equidad, son los temas profundos de nuestros tiempos. Ferguson –donde estudiantes se alzaron por el asesinato de Michael Brown, en agosto de 2014– se convirtió en un movimiento nacional. Parecería que así nomás. A pesar de que jóvenes negros desarmados son asesinados por la policía con regularidad. ¿Por qué ahora? Una de las cosas extraordinarias acerca de este movimiento de gente joven es que habían estado trabajando en sus ciudades contra la impunidad policiaca, y ningún policía ha sido condenado y encarcelado por agredir a afroestadunidenses. Sólo uno, en Chicago, y nos tardamos 20 años en que fuera condenado.


Dohrn se refiere al caso del teniente Jon Burge, quien durante largos años comandó torturas en el sur de Chicago. Sus acusadores documentaron más de 100 casos de tortura a afroestadunidenses y lograron que 15 de 29 condenados a muerte en juicios montados sobre la tortura fueran declarados totalmente inocentes.


Burge fue condenado en 2008, pero por mentir a un gran jurado, no por ser un torturador. Sólo estuvo tres años en prisión y su caso ilustra, sostiene Dohrn, qué tan profundamente impune es la policía.


Las manifestaciones de Fergurson y las posteriores, con la gente en las calles y protestando frente a las estaciones de policía, ha arrancado la máscara acerca de la acción policiaca en todo Estados Unidos, de su acción violenta y abusiva como una práctica cotidiana.


La revisión que hizo New York Times a principios de la pasada década remite a los linchamientos y a la experiencia de la esclavitud en Estados Unidos, que es su fuente.


En todo el sur de ese país, refiere Dohrn, hay gente que está decidiendo poner marcas en cada lugar donde hubo un linchamiento, en cada sitio donde un hombre negro fue sacado de la cárcel y colgado en un árbol o quemado vivo.


En esas acciones de recordatorio, la entrevistada encuentra que EU no ha podido reconciliarse con su pasado. Sin mencionar las disparidades económicas, en el desempleo, en salud, ves a EU luchando todavía con el asunto de la esclavitud, sin poder reconciliarse con el hecho de que terribles crímenes fueron perpetrados en el pasado, y de que terribles crímenes pasan hoy.
Durante cinco lustros, Dohrn representó a jóvenes afroestadunidenses en los tribunales. Con esa experiencia dice que si entras al tribunal juvenil de Cook County, en Chicago, puedes pasar tres días sin ver a un joven blanco.


La misma situación, que Dohrn no duda en llamar apartheid, se reproduce en todos los sistemas. La abogada ejemplifica con el cierre de 50 escuelas públicas en Chicago, todas en la comunidad negra, por el alcalde Rahm Emanuel (recientemente relecto por una diferencia de 56-44 sobre Jesús Chuy García, un político nacido en México).


Obama significa todo y nada


Las historias de Chicago que cuenta la entrevistada ocurren muy cerca de la casa de la familia Obama. Por eso se le pregunta si, en términos de la cuestión racial, la llegada de Obama al poder no significó nada.


Ella jala aire. En Chicago es muy conocida la cercanía de Obama con Dohrn y su esposo Bill. Vivían a dos calles de distancia, en el barrio universitario de Hyde Park, donde todavía se encuentra la casa del presidente de EU.


Dohrn tiene mil críticas a la gestión del primer presidente negro de EU, pero pone su llegada al poder en la lista de los 10 grandes momentos de su vida, al lado del nacimiento de sus hijos o sus nietos, o del día que conoció a su compañero de vida.
"Fue asombroso, un gran avance. El hecho de que tanta gente blanca estuviera dispuesta a votar por un afroestadunidense fue un punto de quiebre. Pero por otro lado no significa nada.


"Obama es un lindo hombre, muy listo, y está sentado en el asiento del imperio. Está encargado del imperio global estadunidense, en casa y en el extranjero. Así que, sí, estamos en guerra con 10 países en el mundo, no sólo con Irak y Afganistán, sino en todos los lugares donde EU está usando drones y bombardeando. Sí, proclama paz, pero expande la guerra."


En el contrapunto, Obama ha dado, juzga, algunos pasitos con muchas concesiones, en servicios de salud, no es un servicio universal, no es lo que queríamos.


Con todo, su elección fue un enorme avance. Negarlo sería tonto, no es como cualquier otra persona, nunca será como cualquier otra persona. Por eso provoca un increíble veneno racista.


El cálculo político de los republicanos, estima Dohrn, los ha llevado a no permitirle nada a Obama, incluso cuando algunas propuestas del presidente formaban parte de su programa.


África en Estados Unidos


Con todo y que considera a Obama un hombre lindo, Dohrn no pierde de vista que es el presidente del país todavía más poderoso del mundo. Es un imperio en declive, pero eso no significa que esté acabado. De cierta manera, revela las contradicciones con mayor fuerza que nunca. Debilitado económicamente, y sin embargo inmensamente poderoso y rico. Debilitado políticamente por las mismas razones por las cuales Obama fue elegido: una guerra sin fin, miseria en el mundo, sólo ambicionar más y más dinero, y sin embargo, súper dominante militarmente. Así que tienes la contradicción de un imperio en declive.


La abogada va más allá: el neoliberalismo hace en Estados Unidos lo que hizo en África hace 20 años, o lo que hace ahora en el sur de Europa. Austeridad. No tenemos dinero para escuelas o para reparar las calles, pero hay un montón de dinero para construir nuevos estadios y casinos. La tendencia a la baja de un imperio. Así que es un momento peligroso en Estados Unidos. Lo puedes ver más vívidamente con el intento por provocar miedo y odio a los inmigrantes, a pesar de que los inmigrantes han sido parte de la identidad estadunidense desde siempre. Es un momento fascinante.


Los jóvenes de ahora son mejores


–Un momento fascinante en el que también ves blancos votando por Obama o blancos en las calles de Ferguson.


–Sí, es una cosa muy esperanzadora. Hemos estado mucho tiempo con los jóvenes de Ferguson, porque es hora de que la generación de los 60 se retire del escenario y reconozca que ya es parte del pasado.


Estuvimos en todas las manifestaciones en Chicago, pero eran los jóvenes los que estaban a cargo, los jóvenes afroestadunidenses. Tienen un montón de cosas mejores de lo que teníamos: liderazgo horizontal, no un solo gran orador; muchas consultas y toma de decisiones de manera comunal. Por ejemplo, hicimos un plantón en el ayuntamiento; 25 jóvenes se reunían cada pocas horas, para decidir si nos quedábamos hasta que cerraran el edificio, si nos dejaríamos arrestar. Pero también, conforme transcurría el día, más y más blancos llegaban, y se enteraban que había un plantón en City Hall, y llegaban más negros y latinos también. Se sentaban durante una hora y se iban, a clases, a trabajar, y así. Eran muy cálidos, y tenían maravillosos usos del arte, y la música, los cantos y el rap, y también pequeños grupos donde discutíamos acerca de Ferguson, el racismo y la violencia policiaca contra los afroestadunidenses. Los admiraba muchísimo. Dieron la bienvenida a otros en sus filas, pero también eran muy claros respecto a quién estaba a cargo. Era su tema, su idea, su estrategia.


El cambio no se logra desde arriba


–En México tenemos problemas en las escuelas, entre niños y jóvenes, derivados de la "guerra contra el narco". Tanto Bill como tú tienen experiencia de trabajar con niños y jóvenes, y buscar alternativas desde la educación. ¿Desde la escuela se puede cambiar esa realidad?


–Por supuesto que se puede. Desde mi punto de vista, no se logra un cambio desde arriba. Obtenemos un cambio desde abajo, todo gran movimiento hacia adelante proviene de abajo, el fuego de abajo, no de hacerle demandas a la gente en el poder. No tenemos acceso a la Casa Blanca o a la oficina del alcalde, pero sí tenemos acceso a las escuelas y los lugares de trabajo, y las comunidades, y ahí es donde se lleva a cabo la organización.


"Así que, sí, creo que la lucha por buenas escuelas, para todos en Estados Unidos, es económicamente posible. Toda la gente en el poder tiene a sus hijos en las mejores escuelas, así que saben lo que es una buena escuela. El presidente, el secretario de Educación, el alcalde Emanuel y nosotros, todos enviamos a nuestros hijos al Laboratory School, de la Universidad de Chicago. Ahí el tamaño de los grupos es de 14 o 15, no 35 o 39, les dan idiomas, tienen seis bibliotecas, arte, música y atletismo, así que los niños encuentran su camino a la excelencia a través de una variedad de caminos, no uno solo. Y no, no tienen pruebas sin fin. Preparan a los niños para las mejores universidades, y sin embargo no les ponen pruebas, no muestran quién es el niño ni cómo aprende.


"Todo lo que tenemos que hacer es ver al uno por ciento para ver cómo se hace. Lo que los más privilegiados quieren para sus hijos, lo queremos para todos.


"A pesar de los incansables ataques contra los maestros en los últimos 10 años, aún tienes a jóvenes que quieren ser maestros. Uno de nuestros tres hijos es maestro de secundaria, en las orillas más pobres de Oakland, California. Es uno de los cientos de miles que dijeron, 'esto es lo que quiero ser; este es el trabajo que me gusta hacer, aunque no me paguen nada'. Y están bajo un constante ataque por vivir del Estado, por recibir una pensión, por tener beneficios de salud."


–Conocemos esa historia.


–Las escuelas son también el lugar donde los niños aprenden en el escenario del capitalismo en declive. Aprenden obediencia, disciplina y cómo amañar el sistema, lo puedes ver en todo Estados Unidos. Falsifican los resultados de las pruebas, los directores reciben un mayor salario si los resultados de las pruebas son buenos, así que hacen trampa, y presionan a los maestros para que la hagan. Así que lo incentivas de esa forma y eso es lo que obtienes, un sistema totalmente corrupto".
–Esa falsificación que menciona me recuerda el modelo que algunos quieren aquí en México.


–Exportamos nuestras peores ideas. Pido disculpas. Es verdad, son exportadas, y Emanuel cerró 50 escuelas públicas en la comunidad negra, y ha abierto más de 50 escuelas privatizadas, con el dinero de nuestros impuestos, escuelas privadas que pagamos nosotros.


La guerra sí regresó a casa


–Usted estuvo una década en la lista de los más buscados de la FBI. ¿Piensa que estos temas de que hablamos –racismo, exclusión– son parte de la misma guerra que en los últimos años se nombra contra el terrorismo?


–Sí, lo es. No teníamos Seguridad Interna (Homeland Security) hasta el 9/11. El día después del 9/11, de pronto teníamos billones de dólares destinados a Seguridad Interna, que creo que es la versión nacional de lo que le hacemos al mundo. Así que es vigilancia. Por eso tenemos ahora, ya sabes, a los denunciantes (whistleblowers) y las revelaciones acerca de la recopilación de información.


"Una de las cosas que los jóvenes en Ferguson revelaron es que la fuerza policiaca ahí –un pobre pueblo diminuto– tiene todas las armas que Estados Unidos usó en Irak. Tanques, helicópteros, bombas de humo, armas de grueso calibre en ese pequeño sitio polvoso. Antes decíamos, traigan la guerra de regreso a casa, bueno, pues la guerra regresó a casa. Siempre regresa a casa. Y lo hace en forma de soldados que están desesperadamente enfermos y traumatizados. Regresan a casa en la forma de equipo militar y acción policiaca. Y regresan a casa por un montón de gente como el torturador de Chicago."


Aunque en cierto sentido considera que los años 60 fueron maravillosos, Bernardine toca retirada para su generación cosa que, dice, no ocurre con la derecha. Dohrn y su marido lo vivieron en carne propia, pues sus fotos y su historia fueron utilizadas para relacionar a Obama, en la campaña de 2008, con terroristas.


Todavía ahora, atada a sus viejos demonios, la derecha estadunidense culpa, como lo llegó a hacer el ex candidato presidencial John McCain, a la oposición doméstica de la derrota en Vietnam. Nada puede estar más alejado de la realidad.


Highlander y Ayotzinapa


Bernardine Dohrn y Bill Ayers decidieron salir de la clandestinidad luego del nacimiento de su tercer hijo. Volvieron a ver a sus padres. Regresaron a la vida pública y ambos se convirtieron en figuras de los derechos humanos y el antirracismo.
La vida los llevó a Highlander, la escuela de activistas fundada por el legendario Myles Horton, lugar por el cual pasaron los personajes clave de la lucha por los derechos civiles.


Bernardine rememora: "Myles fundó Highlander, en medio de los montes de Tenesi, a fines de los años 30 del siglo pasado. Era el único lugar en el sur en el cual los negros y blancos podían reunirse. Rosa Parks, Luther King, toda esta gente famosa estuvo en Highlander. Y no era porque Myles les dijera qué hacer: les ofrecía un espacio en el cual sentarse y pensar, un poco afuera de la refriega de la lucha. Cuando jóvenes estudiantes estaban luchando contra la desaparición y asesinato de su propia gente –algo muy parecido a Ayotzinapa–, iban a Highlander y discutían entre ellos cuál sería la respuesta. (Highlander mantiene en esta época su misión de cambiar el yo por el nosotros y promover el cambio por la justicia y los derechos civiles y humanos).


Fue en Highlander donde King y los suyos "tomaron la decisión de llevar a estudiantes blancos (a Selma, Alabama) porque, mientras fueran negros, las muertes no atraían la atención. Si eran estudiantes negros los asesinados o desaparecidos, nunca eran portada del New York Times, pero Selma sí".


También los Weather Underground tomaron sus decisiones, en 1970 y 71. Haríamos acciones simbólicas contra la guerra y que a lo que nos referíamos con lucha armada estaba más cerca de los tupamaros, que a una fuerza militar.


Tiempos de valles y de montañas


Myles Horton dijo, al final de su vida, que hay tiempos de valles y tiempos de montañas. Si tienes suerte, puedes llegar a tener uno o dos tiempos de montaña, pero mientras tanto, haces el trabajo de valle. O Dubois dijo, ara el campo, no hay cosechas sin arar el campo. Es algo para siempre recordar en tiempos difíciles. No significa que puedes parar sólo porque no puedes ver el camino a la victoria.


–Usted ha tenido valles y montañas.


–No me puedo imaginar vivir una vida plena sin poner todo tu empeño en contribuir a la historia. Fui lo suficientemente afortunada como para tener hijos y nietos. No siento que haya tenido una vida sacrificada. Tuve un amor. ¿Por qué habrías de querer mantenerte fuera de la lucha? Me parece una parte esencial de ser humanos.


Con la colaboración de Tania Molina Ramírez

Publicado enPolítica
"Ganamos la democracia pero no se terminó la lucha"

Está convencida de que las historias pueden cambiar a los seres humanos. Y a eso se dedica: a narrarlas y también cantarlas. Por primera vez en Buenos Aires, contó a Página/12 el origen de sus relatos. También detalló la lucha que llevó adelante contra el régimen segregacionista. Y cómo se vive hoy en Sudáfrica.


"Un día entré a una biblioteca, se me caía el agua de la boca, era la primera vez. Y una señora que estaba detrás del mostrador me dijo:


–No, vos no podés entrar porque sos negra.


Yo le dije:


–Yo no soy negra, ¡yo soy alguien a quien le gustan los libros! Esas son las cosas que te meten en la política, te guste o no te guste." Con esa pequeña historia, la poeta Gcina Mhlope sintetiza cómo se vivía el apartheid en Sudáfrica. Pero no le gusta quedarse solo con la historia de sufrimiento que fue la segregación racial en su país. "Nosotros no nos describimos como personas del apartheid, teníamos unas vidas maravillosas a pesar de todas esas cosas", dice. En esta entrevista habla además del poder de los relatos para transformar a los seres humanos. Y regala dos adorables historias para chicos y no tanto.
–¿Dónde nació y cómo era su vida allí?


–Nací en Durban en la costa sureste de Sudáfrica. Vengo de una familia que habla zulú. Soy la más chicas de una familia de ocho hermanos. Los primeros años fui criada por mi abuela, que era una muy buena cuentista, contaba muchos cuentos y eso me dio mucha suerte. El haber escuchado esas historias hizo que mi imaginación pudiera volar. También me enseñó a tomar el sabor de las imágenes que nos enseña el idioma. La forma en que mi abuela iba describiendo esas cosas era lo que me permitía volar. Como yo era una chica muy curiosa y hacía preguntas, mi abuela me decía: "tengo una historia para contarte sobre eso"...


–¿Y qué hacían sus padres?


–Mi papá trabajaba para una petrolera. Su padre había sido envenenando en la misma empresa petrolera. Antes de que a mi abuelo lo pudieran enterrar, los blancos vinieron a buscar a mi padre para ponerlo en el trabajo que había tenido mi abuelo. Tuve dos madres porque mi padre se casó dos veces. El tuvo siete chicos con su primera esposa. Mi madre biológica vino de la parte este, del otro cabo. Ella estuvo casada, tuvo también ocho chicos y tuvo una relación de un abuso muy fuerte con otro marido. Y después, cuando vino a la ciudad de Durban, conoció a mi padre y ahí nací yo. Vengo de estas dos familias y por eso uno de mis libros se llama "como el amor de un hijo". Me quedé con la familia de mi padre desde los dos años. Mi madre no venía a verme y así fue como miraba a mi padre todo el tiempo y me fui sintiendo en casa.


–¿Ahí la crió su abuela, la que le contaba cuentos?


–Sí. Cuando tenía 10 años vino mi mamá a buscarme y nadie supo dónde estaba. Eso me traumatizó mucho. Lloraba muchísimo. El pueblo donde vivía mi madre tenía unas montañas muy altas y me sentía como en una prisión. A pesar de que estaba a dos horas de distancia nada más, parecía que quedaba mucho más lejos y ahí tuve que aprender a hablar el idioma xhosa y a encajar de algún modo. Yo siempre fui buena académicamente. Era como que me tiraban a un río que estaba inundado pero yo tenía una rama de la cual agarrarme. Para mí esa rama era el libro, yo me focalizaba en los estudios todo el día, todo el tiempo que podía. Así fue como aprendí a querer ese cabo y empecé a escribir mis primeras cosas cuando tenía 17 años, todavía viviendo en ese cabo. Creo que ser de afuera y no encajar hace que uno se vuelva muy observador y ese fue el nacimiento de la escritora.


–Las biografías sobre usted destacan como una curiosidad que fue empleada doméstica, ¿cómo lo vive y cómo fue esa experiencia?


–Cuando llegué a Johannesburgo no tenía donde parar y me quedé con una de mis hermanas que era trabajadora doméstica. Yo terminé la secundaria y estaba buscando alguna beca para poder ir a la universidad, pero para tener algo para comer primero encontré trabajo en una fábrica de ropa durante algunos meses. Y luego encontré trabajo como empleada doméstica limpiando una casa de otra persona. Fueron 42 días pero a los medios les encanta decir que "ella ahora es muy famosa pero en su momento fue una trabajadora doméstica". Es muy emocionante decirlo de ese modo.


–Ya contó cómo nació la escritora, ¿cuándo nació la activista política?


–Hice muchas cosas en el medio. La parte cultural del gobierno francés empezó a enviar maestros a Johannesburgo donde yo estaba viviendo. Trabajé en hacer películas durante seis u ocho meses. Me entrenaron para ser locutora de noticias en la BBC de Sudáfrica. Y fue sorprendente ver cómo podía usar mi voz sabiendo cómo hablar correctamente. Empecé también a interactuar con grupos que estaban en Johannesburgo recitando poesía. Y cuando uno no tiene los papeles para vivir donde tiene que vivir, en una ciudad grande, siempre la policía lo está persiguiendo.


–¿Por qué? ¿Qué papeles necesitaba?


–Tenía que tener un libro de referencias, que tenía que tener un sello. Es como un pasaporte. Si vivías en un pueblo chico y tenías que ir a una ciudad grande tenías que tener un pasaporte. Y si no, ibas preso. Y a mí me arrestaron muchas veces solamente por no tener ese sello.


–¿Y por qué no lo tenía?


–Porque no había nacido en Johannesburgo. Por ser una persona negra simplemente. De eso se trataba el apartheid. Incluso si no querías entrar en política, la policía te enseñaba cómo entrar en política. Entonces cuanto más uno empezaba a tener problemas con la policía, más empezaba a ver qué es lo que sucedía en el país. Yo no pude entrar a una biblioteca hasta que tuve 21 años. Un día entré a una biblioteca, se me caía el agua de la boca, era la primera vez. Y una señora que estaba detrás del mostrador me dijo: "No, vos no podés entrar porque sos negra". Yo le dije: "Yo no soy negra, ¡yo soy alguien a quien le gustan los libros!" Esas son las cosas que te meten en la política, te guste o no te guste.


–¿Había alguna persecución especial para las mujeres negras?


–Teníamos que llevar esos pases también. Y está el hecho de que cuando a una mujer la arrestan la pueden violar. Le pueden hacer cualquier tipo de cosas. Cuando yo era parte de la Federación de Mujeres, a una de mis amigas la arrestaron. Tenía un bebé de tres meses y la separaron de su bebé. No les importaba tu bebé. A nosotros nos metían presos y nos llamaban terroristas. Yo estaba en un grupo secreto de apoyo a los detenidos. Había gente a la que la arrestaban y la dejaban detenida sin juicio y te podían tener preso todo el tiempo que quisieran.


–¿Estamos hablando de los '80?


–Sí. Y también podían arrestar a chicos de 10 años. Una de mis obras que estuvo en muchos lugares del mundo se llama Nacido en la RSA (República de Sudáfrica). El personaje que yo tenía está basado en una mujer que estaba en este grupo de detenidos y era madre de varios chicos. Siempre suplicaba que me saliera bien esa historia que yo personificaba todas las noches en el teatro. La mujer a la que yo representaba no tuvo la oportunidad de estar ante tantas audiencias en Estados Unidos, en India, en Suiza. Cuando gané el premio de mejor actriz en Nueva York, el Obie Award, sabía que no era mi premio sino que era el de muchas de estas mujeres, de muchas de estas madres. Al ser parte de este comité de defensa de detenidos la policía me arrestaba muy seguido, me hacían preguntas y me tenían presa todo el tiempo. Y cuando yo estaba haciendo otras obras la policía podía verlas o venían al suburbio donde yo estaba y me decía: "Si queremos te podemos matar". Y yo sabía que tenían razón, de hecho mataron a algunos de mis compañeros. Cuando me fui del Alexandra Township vinieron un día en un vehículo militar y dispararon hacia mi cuarto y yo por suerte ya no estaba ahí.


–¿Qué es el Alexandra Township?


–Es un suburbio, un pueblo. Estaban esos pueblos para los negros, para los indios, para los que eran de raza mixta y los suburbios lindos para los blancos. Por eso había que pertenecer a ese pueblo, no se podía vivir en la ciudad si eras una persona negra. Venías a la mañana temprano a la ciudad a trabajar y a las cinco de la tarde tenías que salir de la ciudad. A la noche la ciudad era blanca.


–¿Estas obras las hacían en la ciudad o en los suburbios?


–Era en estos pueblos. Y había un teatro en un mercado en la ciudad y ese teatro era el único en Johannesburgo en el que blancos y negros podían actuar. Había otra estación de policía que se llamaba John Foster y a veces tenías que irte a esa incluso después de haber mostrado tu libreta. Y tenías que tener un permiso extra para hacer una obra a la noche si eras una persona negra. Después de actuar te volvías en el colectivo a tu pueblo y a la entrada de ese pueblo, la policía te estaba esperando. Le mostrabas tu libro de referencias, tu permiso. Y te preguntaban: "¿Qué hacés cuando estás actuando? ¿Cantas? Vení, cantá para no- sotros". Eran las 11.30 de la noche, a veces hacía mucho frío. Yo empezaba a cantar y ellos se me reían en la cara. Tenían armas enormes y uno no tenía opción.


–¿Cuánto tiempo duró esto?


–Muchos años. Hasta el final del apartheid. Pero no nos focalizábamos en eso durante el apartheid porque nosotros vivíamos nuestras vidas también. Si ustedes miran a la gente que vive en Palestina hoy, no saben lo que es la paz porque están viviendo momentos horribles pero a veces se enamoran, a veces tienen que lavar los platos, a veces necesitan un par de zapatos.


A veces la gente mira hacia Su- dáfrica y nos pone como en la cajita del apartheid. Nosotros no nos describimos comopersonas del apartheid, teníamos unas vidas maravillosas a pesar de todas esas cosas. Si nosotros nos hubiésemos permitido ser tragados por el apartheid estaríamos ahora llenos de odio y habríamos querido matar a todos los blancos. Pero no se trata de eso, nosotros somos una nación triunfante y creo que lo mismo pasa en Sudamérica con todas las cosas horribles que pasaron. Cuando uno va caminando por Sudamérica no dice "pobre gente que fue torturada por los españoles o por los portugueses". Yo te miro a vos como un ser humano, no sé cuáles son tus ancestros. No sé si vienen de nativos americanos o si vienen del lado blanco, no sé quién sos pero te miro como una persona.


–Relata cuentos para chicos y para adultos, ¿de qué hablan?


–Yo escribo cuentos, escribo poesía y escribo música. Yo empecé a escribir cuentos tradicionales para chicos pero empecé también a crear historias porque había ciertos temas que no tenían la suficiente atención. Y hubo algunas cosas que a mí me empezaron a inspirar. Las historias que empecé a escribir son para los más jóvenes y yo nunca pensé que eso iba a ser lo que me iba a llevar a mí hacia ese lado. Hay una historia sobre una chica que se llama Zoleka a quien le piden que recite un verso de la Biblia y está aterrorizada porque piensa que va a decepcionar a la mamá y a la maestra. Y la pasa muy mal preparándose para ese día. Pero su madre la ayuda y practican. Finalmente el día del evento, cuando mencionan su nombre y todo el mundo está cantando en la iglesia y ella mira y de repente hay tantos ojos que la están mirando, se olvida de todo. Lo que ella temía que sucediera finalmente sucedió. Después su hermanito la llama: "¡Hola Zoleka! ¡Hola Zoleka!" y todos se empiezan a reír en la iglesia pero su madre la mira con mucho amor, y cuando ve ese amor que sale de la cara de la madre hace lo que tiene que hacer, lo dice maravillosamente y sale todo bien. Para mí es esa cosa de la familia, que saca lo que uno tiene adentro cuando piensa que está débil y que no lo puede lograr. Esos libros la gente los compra para sus hijos chiquitos y vienen y me dicen: "Esa historia me habla a mí". Pienso en alguien que es fantástico en las matemáticas, las ciencias, en los negocios o de repente es el CEO de una gran empresa y tiene que pararse y dar un discurso y se congela. Y ahí la historia de Zoleka empieza a tener sentido. Por eso yo escribo sobre experiencias de la vida real. Para mí es importante hablar desde mi corazón.


–¿Cómo es eso?


–Hay una historia que se convirtió en una expresión de danza. Es la historia de una chica joven a la que le gustaban las aves. Era muy hermosa y los chicos decían que era muy hermosa pero que era raro que le gustaran tanto las aves. Los hombres empezaron a venir a querer casarse con ella y ella decía "no, este no"; "no, este otro tampoco". Ricos, bien parecidos, bien vestidos, no le importaban. En un momento su papá se enojó, los hombres se cansaron de preguntar y al final ella fue la única que no se había casado de su grupo etario. Se sentó en una choza con unas señoras que le enseñaron a hacer artesanías.

Empezó a hacer unas pulseras y unos sombreros muy bonitos, cestas. Y mientras estaba trabajando con estas mujeres empezó a cantar canciones muy antiguas que la gente ya se estaba empezando a olvidar. Aprendió la poesía de las enseñanzas más antiguas. Y estas señoras le decían que su belleza se había convertido en algo mágico con todos los aprendizajes que ella había logrado. Por supuesto, otros se reían de ella, hacían bromas. Pero un día apareció el hombre de sus sueños. Estaba rodeado por cientos de pájaros. El la abrazó y los pájaros empezaron a volar y a tirar algunas plumas. Y las mujeres que estaban ahí empezaron a correr y a recolectar esas plumas y le hicieron un vestido de novia con esas plumas. La gente le decía que nunca habían visto un vestido parecido a ese. Esa para mí es una historia para niños. Y después la podemos contar a los adultos y la interpretan de otro modo. Cuento historias a distintos niveles de la educación institucional y también me invitan las empresas a dar charlas de motivación y de eso vivo.


–¿Por qué nos fascinan tanto las historias en todas las culturas?


–La razón más importante por la cual yo cuento historias es hacer despertar historias en otras personas. Porque cuando vos le contás una historia a alguien te dice "esto me recuerda a algo que mi tío me contaba a mí". Si puedo realmente lograr despertar una historia en una persona cada vez que yo cuento una, ya lo mío está hecho.


–A tantos años de terminado el apartheid ¿puede sintetizar como está Sudáfrica hoy?


–Veintiún años después del apartheid hemos crecido, somos una democracia que permite que los chicos de distintos grupos raciales vayan a la escuela juntos, la gente tiene derechos igualitarios, no hay que llevar ese pase para mostrar. Uno puede vivir donde quiera. Pero al mismo tiempo los cambios no llegaron a todo el mundo. Hay mucha gente muy pobre que no tiene electricidad, que no tiene agua corriente. Eso es una realidad. Es importante entender que nosotros luchamos por la libertad, ganamos la democracia pero todavía no se terminó la lucha. Los que estamos en una posición privilegiada ahora somos los que tenemos que ayudar a otros. Pero también llegamos a un punto que la gente quiere que el gobierno haga cosas y dice "hacé esto para mí". A los políticos les gusta hacer promesas en las elecciones: si me votás te voy a atar los zapatos de los cordones, te voy a cepillar el pelo también, voy a lavar los platos en tu casa todos los viernes. Y por supuesto no lo van a hacer. Y ahí es donde la gente empieza a ser un poco haragana. Creo que también tenemos que volver a traer ese espíritu de trabajar duro, que nosotros mismos hagamos nuestras cosas. Nuestros padres nos enseñaron a trabajar mucho, nos dieron la crianza para ser seres humanos dignos. Mi papá me decía algo así como "nunca se puede ganar una vaca si uno se queda durmiendo". Hay gente que cree que puede trabajar un poquito y ganar mucho dinero. Y es una realidad en todo el mundo, hay muchos padres que se quejan de que los chicos no quieren trabajar. Cuando tengamos una muy buena educación eso nos va a permitir crecer. Y ahí uno no les dará tanto poder a los políticos por encima de otros.


–¿Es la primera vez que viene a la Argentina?


–Sí. Vine a participar del Festival de Poesía en Argentina, me recibe la Embajada de Sudáfrica y voy a interactuar con otras universidades en distintas provincias. Y también pedí visitar el Museo de la Memoria en Uruguay. Es algo muy especial para mi corazón, porque yo quiero que se abra un museo de la memoria en Sudáfrica y quiero dirigirlo por el resto de mis días.
–Acá también hay...


–Vamos a ver el de Argentina también. Muchos ciudadanos comunes de mi país no tienen la posibilidad de escribir sus propios libros o que sus historias se cuenten con un sentido de dignidad y de respeto. Es algo que yo soñé y deseo hacer hace mucho tiempo. Y el día antes de llegar acá, hicimos un gran anuncio en Durban porque encontraron una propiedad que se va a convertir en un museo de la memoria. El 17 de abril fue un día muy emotivo para mí. Nos espera un gran trabajo. Es como un bebé que acaba de nacer y cuando uno tiene que criar un bebé trabaja muchísimo.


–¿Su abuela sigue viva?


–Ella falleció, pero siento que está con vida dentro de mí. Mantengo vivo su nombre y su forma de arte. Mi mamá y papá, los dos, fallecieron, pero los valores con los que fui criada trato de mantenerlos. Si no mantenemos esos valores la gente va a empezar a viajar y a imitar esto de acá y esto de allá. Hace 33 años que viajo por el mundo y nunca quiero ser como otra persona. Quiero ser yo misma.

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Baltimore: Desigualdad y crimen, combustible para el estallido

El último adiós a Freddie Gray, el joven afroamericano que murió el 19 de abril bajo custodia policial en Baltimore, Maryland, se convirtió este lunes en un nuevo clamor contra los prejuicios y abusos de la policía de Estados Unidos contra la población negra. Foto: Boston Globe


Baltimore, la ciudad que inspiró los poemas de Edgar Allan Poe y la célebre serie "The Wire", es una urbe dividida en dos: un núcleo revitalizado que busca recuperar su antiguo papel como motor económico y un cóctel combustible de pobreza y crimen que apenas necesitaba una chispa para estallar.


Los graves disturbios del lunes en Baltimore, que resultaron en 20 policías heridos y más de 200 arrestos, han devuelto a las portadas periodísticas la imagen de una ciudad al borde del colapso que popularizó "The Wire", una crónica de la violencia, la corrupción y el auge de las drogas en esa ciudad que se convirtió en serie de culto la década pasada.


En ese retrato televisivo cabe solo una parte de la compleja realidad de Baltimore, una ciudad de 622.000 habitantes en el estado de Maryland, noreste de EE.UU., que se ha convertido en escenario de los mayores disturbios en el país desde los registrados en agosto pasado en Ferguson (Misuri).


Aunque la muerte de un joven negro a manos de la policía fue el detonante de los disturbios en ambas ciudades, "Baltimore no es Ferguson, y sus principales problemas no son raciales", tal y como recordó hoy Michael A. Fletcher, un periodista que lleva más de tres décadas viviendo en esa ciudad, en el diario "The Washington Post".
En Baltimore, el 63% de la población es negra, como también lo son la mitad de su fuerza policial y su alcaldesa, heredera de una larga tradición de políticos y activistas de los derechos civiles afroamericanos en la ciudad.
Pero la desigualdad en Baltimore es una de las más marcadas de Estados Unidos, con un 23,8% de personas viviendo por debajo del umbral de la pobreza entre el 2009 y el 2013, un índice muy superior a la media del estado de Maryland, del 9,8 %, según la Oficina del Censo.
Esas bolsas de pobreza se concentran en los barrios del este y el oeste de la ciudad, muchos de ellos vigilados durante años por cámaras cuyos destellos azules servían a los residentes para identificar las calles que se consideraban peligrosas, donde la falta de empleo arrastraba a muchos jóvenes a la droga y el crimen.
Esa imagen contrasta con la de un puerto renovado, lleno de restaurantes, oportunidades de ocio y viviendas de lujo, que las autoridades locales presentan como escaparate de una ciudad que, por primera vez en más de medio siglo, puede presumir de crecimiento demográfico y de nuevas inversiones económicas.
Fundada en 1729, Baltimore fue, después de Nueva York, la segunda ciudad del país en alcanzar los 100.000 habitantes, amparada en un cotizado puerto y una pujante industria del acero, pero el declive de la actividad manufacturera en Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial golpeó especialmente duro en la localidad.
Baltimore ha perdido un tercio de su población desde 1950, cuando su nutrida clase media empezó a emigrar en busca de empleos, y apenas comenzó a recuperarla en el 2012, el primer año en más de medio siglo en que el Censo estadounidense constató un crecimiento demográfico en la ciudad, con unos 1.100 habitantes nuevos.
La droga pronto se abrió paso entre los barrios más pobres de la ciudad, que según el Gobierno federal tiene la mayor concentración de adictos a la heroína del país, y comenzaron a multiplicarse los arrestos por narcotráfico y posesión de estupefacientes entre la población negra.
El índice más alto de personas encarceladas en el estado de Maryland se registra en el barrio donde vivía Freddie Gray, el joven negro que murió a raíz de lesiones sufridas cuando estaba bajo custodia policial y cuyo caso ha desatado los disturbios.
En ese barrio, el de Sandtown-Winchester, más de la mitad de los hogares ingresan menos de 25.000 dólares al año, y más del 20% de la población adulta está desempleada, según un informe oficial del Departamento de Salud de Baltimore en el 2011.
La ciudad también se hizo famosa por su alta tasa de homicidios, que en las décadas de 1980 y 1990 llegó a ser de unos 300 al año, y que en los primeros cuatro meses de este año ha sumado 68, según un recuento que lleva el diario local The Baltimore Sun.
En ese entorno, la policía de Baltimore capeó múltiples denuncias de corrupción, acusaciones de uso injustificado de la fuerza letal y de propinar palizas a sospechosos.
Esas mismas impresiones han motivado las mayores protestas en Baltimore desde 1968, cuando los disturbios generados tras el asesinato del líder de los derechos civiles Martin Luther King provocaron también el despliegue de la Guardia Nacional.
Pese a que las estadísticas siguen jugando en su contra, son muchos los residentes que creen en las perspectivas de la urbe en la que Edgar Allan Poe escribió su famoso poema "El cuervo" y que, durante casi toda la década pasada, se atrevió a llevar el eslogan de "La mejor ciudad de Estados Unidos"

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Un millón y medio de hombres afroamericanos muertos o encarcelados en Estados Unidos

Un análisis del diario estadounidense The New York Times resalta esta alarmante cifra: 1.500.000 afroamericanos eliminados de la vida cotidiana. Uno de cada seis hombres negros de 24 a 54 años ha desaparecido de la sociedad estadounidense, por muerte prematura o encarcelamiento[1].


El homicidio ocupa el primer lugar como causa de muerte de los hombres negros jóvenes. En cuanto al encarcelamiento, recordemos que EE.UU. tiene un récord de presos en el mundo: con el 5% de la población mundial posee el 25% de la población encarcelada. De los 2,3 millones de presos casi el 40% son afroamericanos, quienes solo representan el 12.6% de la población total. Es seis veces más probable que sea encarcelado un hombre negro que uno blanco.


Además de los 1.500.000 hombres negros muertos a temprana edad o presos, varios millones más son marginalizados de la sociedad por el desempleo, la discriminación racial o las sanciones que impiden que una persona con prontuario policial consiga trabajo.


Estos datos provienen del último censo realizado en EE.UU. Pero no reflejan una nueva realidad. Este fenómeno fue registrado por todos los censos de esa nación desde hace cincuenta años. Solo hubo una variante en la razón de la "desaparición" social. A partir de los 80, hubo una leve disminución de las muertes prematuras y un drástico incremento del encarcelamiento de afroamericanos, muchos por delitos menores como posesión de droga.


Desigualdad económica


Estados Unidos es la nación desarrollada con la mayor brecha -desigualdad económica- entre ricos y pobres. La desigualdad de riqueza (ingresos, bienes inmobiliarios, cuentas bancarias) es aún mayor que la desigualdad de ingreso. El 3% de familias con mayor riqueza, posee más del doble que el 90% de las familias con menores recursos. Esta brecha se ha ensanchado continuamente desde fines del siglo XX hasta hoy.


En cuanto a la desigualdad de riqueza por raza, se ha venido acentuando desde la Gran Recesión[2]. Con la explosión de la burbuja inmobiliaria de 2007, las familias negras fueron las más afectadas por los préstamos bancarios depredadores. Al igual que por el desempleo subsiguiente. Hacia fines del siglo XX, la familia blanca media tenía una riqueza seis veces superior a la de la familia negra. Hoy, la brecha se ha duplicado: la familia blanca media posee doce veces más que la negra[3]. La pronunciada desigualdad económica de los afroamericanos sigue agudizándose.


"Estado de emergencia": Guerra policial y económica contra la comunidad negra


Así ha calificado a la situación actual la organización Black Lives Matter (Las vidas de los negros sí importan). Afirma que los departamentos de policía han declarado una guerra contra la comunidad negra. Cita los numerosos casos de violencia policial que causaron la muerte de hombres, niños y mujeres. (Algunos de estos casos de "gatillo fácil" fueron registrados en video.)
Identifica tres tipos de violaciones de los derechos humanos de los negros en EE.UU.: asesinato, encarcelamiento masivo y explotación económica perpetrados por el Estado y las corporaciones.


Black Lives Matter demanda:


el fin de toda forma de discriminación y el reconocimiento de los derechos humanos de los afroamericanos.
que acabe la brutalidad policial.
creación de empleo con salarios dignos, vivienda y acceso a la salud.
el fin del encarcelamiento masivo organizado por el complejo industrial de prisiones.
justicia para todos los afroamericanos: hombres, mujeres, trans, gays, lesbianas.
la libertad de todos los presos políticos de EE.UU.
la eliminación del complejo industrial-militar manejado por las corporaciones privadas para beneficiarse con la muerte y destrucción de los pueblos del mundo.
2015: Año de resistencia
Para las comunidades negras organizadas, 2015 es un año de resistencia contra la opresión y de lucha irrevocable por el derecho a una vida digna.


El profesor y activista Cornel West lo resumió así:


"La escalada de muerte y sufrimiento en la nación negra y pobre, y la maravillosa nueva militancia expresada en Ferguson debe motivarnos a enfocarnos en lo fundamental: Los temas de vida y muerte como los asesinatos policiales, la pobreza, el encarcelamiento masivo, los drones, el TPP (tratados comerciales injustos), la vigilancia masiva, el deterioro de las escuelas, el desempleo, el poder de Wall Street, la ocupación israelí de Palestina, la resistencia Dalit en India, la catástrofe ecológica."[4]
Frente a las violaciones de los derechos humanos de la nación pobre y negra, será crucial la capacidad organizativa de los movimientos sociales. La indignación frente a los asesinatos policiales de afroamericanos ha sido el detonante de las protestas espontáneas desde Ferguson a Nueva York, San Francisco, Cleveland, Chicago, Baltimore... Las nuevas organizaciones -como "La vida de los negros sí importan" cuyas dirigentes principales son mujeres- tomaron el liderazgo en las calles. Reemplazaron a dirigentes de larga data, como el reverendo Jesse Jackson y el reverendo Al Sharpton, ambos asociados al Partido Demócrata. Las limitaciones políticas de estos dirigentes les habrían impedido percibir el estado explosivo de las comunidades negras y ponerse al frente. Se sumaron a las protestas pero no las lideraron.


Esta nueva generación de afroamericanos tiene un enorme desafío por delante: Confrontar el imperio desde "las entrañas del monstruo", como dijo Martí.
 
NOTAS:


[1] 1.5 Million Missing Black Men, The New York Times:
http://www.nytimes.com/interactive/2015/04/20/upshot/missing-black-men.html?_r=1&abt=0002&abg=0
[2] La llamada Great Recession (diciembre de 2007- junio de 2009) se inició con la explosión de la burbuja inmobiliaria, un negocio de 8 billones de dólares. La caída del consumo y el cierre de empresas causaron la pérdida de empleos. Entre 2008 y 2009 se perdieron 8,4 millones de empleos y por consiguiente, se incrementó la pobreza. Véase: http://stateofworkingamerica.org/great-recession/
[3] Datos de Inequality.org: http://inequality.org/wealth-inequality/
[4] State of the Black Union: http://blacklivesmatter.com/state-of-the-black-union/

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Furia y tensión tras el funeral de Gray

Freddie Gray, 25 años, murió hace dos semanas a causa de una seria herida en la espina dorsal mientras estaba bajo custodia policial. Ayer, manifestantes incendiaron patrulleros, saquearon comercios y chocaron con la policía.

En un nuevo estallido de tensión racial vinculado a la brutalidad policial en Estados Unidos, manifestantes vandalizaron ayer la ciudad de Baltimore, arrojando piedras y botellas a la policía, incendiando y destruyendo patrulleros y saqueando comercios luego del funeral de un joven negro muerto en custodia policial.


La policía de Baltimore, en el noreste de Estados Unidos, dijo que al menos siete agentes resultaron heridos, entre ellos uno que quedó inconsciente, luego de los disturbios, que ocurrieron cerca de un shopping no lejos de la iglesia bautista donde tuvo lugar el funeral del joven Freddie Gray, de 25 años, muerto hace dos semanas a causa de una seria herida en la espina dorsal mientras estaba bajo custodia policial.


En el segundo día consecutivo de violencia callejera por la muerte de Gray, imágenes de televisión mostraron a cientos de policías antimotines locales y estatales que pugnaban por restaurar el orden ante una multitud de manifestantes, en su mayoría jóvenes afroamericanos, que se negaban a cumplir las órdenes de dispersarse.


En un punto, decenas de hombres destruyeron un patrullero blanco, saltando sobre su capot y sobre su techo y golpeándolo repetidas veces con palos. La situación duró hasta que un blindado policial acudió al lugar, donde uno de los agresores fue detenido y tirado al piso por agentes tras salir del auto e intentar huir corriendo.


"Hemos visto a oficiales heridos durante el curso del día. Tienen huesos rotos, uno está inconsciente", dijo el capitán de policía Eric Kowalczyk en conferencia de prensa, al tiempo que advirtió que las fuerzas del orden utilizarán "los métodos apropiados para asegurar" la seguridad de la comunidad, mencionando específicamente el empleo de gases lacrimógenos.


La cadena CNN dijo que uno de sus camarógrafos fue herido y sacado del lugar de los disturbios en una ambulancia, mientras que medios locales mostraron que varios jóvenes fueron detenidos por la policía. La agencia de noticias rusa Sputnik afirmó que manifestantes saquearon un banco, pero la información no fue confirmada oficialmente.


La violencia llegó luego del funeral de Gray y de que aparecieran mensajes en las redes sociales anunciando una "purga" al término de las clases en las escuelas locales, una palabra que en la jerga callejera de Baltimore, en el estado de Maryland, equivale a disturbios. El temor a los desórdenes provocó el cierre del campus céntrico de la Universidad de Maryland y de varios comercios.
Más temprano, miles de personas se congregaron en la iglesia bautista para despedir los restos de Gray, quien murió el 19 de abril de heridas severas, una semana después de su arresto en Baltimore. Sus familiares, amigos y vecinos acusan a la policía de no haber brindado asistencia médica a Gray durante su detención, lo que habría provocado su muerte.


Su fallecimiento fue el último de una reciente serie vinculada con la brutalidad policial y las tensiones entre la policía y los afroamericanos en varias ciudades del país, incluyendo la del adolescente Michael Brown en agosto pasado en Ferguson, Missouri, donde fue baleado por un policía blanco mientras estaba desarmado.


La muerte de Gray desató protestas en Baltimore durante el fin de semana, y la policía dijo que unas 34 personas fueron detenidas y seis oficiales resultaron heridos en hechos de violencia callejera desde entre ayer y el sábado por la noche.


Amigos, familiares y extraños se sumaron a los funerales y al entierro de Gray, quien yacía en un ataúd junto a una gorra del equipo de béisbol Los Angeles Dodgers. Entre los asistentes, muchos de ellos vestidos de blanco, se encontraban los familiares de Eric Gardner, el afroamericano que murió el año pasado en Nueva York a manos de la policía, así como varios altos funcionarios de la Casa Blanca. Dentro del templo colgaba una pancarta que rezaba: "Las vidas de los negros importan y todas las vidas importan".


Este nuevo caso volvió a reabrir las heridas entre la comunidad afroamericana, que tras la muerte de Brown en Ferguson denuncia que existe un notorio uso desproporcionado de la fuerza por parte de los agentes policiales respecto de la población negra.


La alcaldesa de Baltimore, Stephanie Rawlings-Blake, emitió un "llamado a la paz". "Nos definimos por cómo respondemos y espero que, en la medida en que los ojos del país están puestos en Baltimore, se vea muy claramente que ésta es una comunidad que está dispuesta a enfrentar temas difíciles, que está dispuesta a exigir la rendición de cuentas, y que también exige la paz y el progreso al mismo tiempo", dijo la alcaldesa.


La ciudad de 620.000 habitantes, que cuenta con casi dos tercios de la población de etnia negra, tiene una larga historia de tensiones entre la policía y la comunidad afroamericana, una herida que se ha reabierto a raíz de la muerte de Gray.


En su rueda de prensa diaria, el portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest, rehusó hacer comentarios sobre las circunstancias en que murió Gray para no "interferir" en la investigación, y recordó que el Departamento de Justicia ya está recopilando información sobre lo ocurrido. Sobre las tensiones de los últimos meses entre la policía y las comunidades afroamericanas en varios puntos del país, Earnest reiteró que afrontar este problema requiere del "compromiso" de las autoridades y agentes locales, y es algo que el gobierno federal "no va a resolver por sí solo".

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