El Banco de México recorta la previsión de crecimiento para 2019 hasta situarla en negativo

La institución también rebaja la proyección para 2020 a una horquilla de entre el 0,8% y 1,8

El Banco de México ha recortado este miércoles la previsión de crecimiento del PIB para 2019 hasta situarla por primera vez en números negativos. El informe trimestral rebaja las perspectivas para este año de un intervalo de entre 0,2% y 0,7% a uno de entre -0,2% y 0,2%. Para 2020, el banco vaticina una recuperación, aunque esta también será menor a la prevista al colocarla en una horquilla de entre 0,8% y 1,8%, por debajo del intervalo de 1,5% y 2,5% antes previsto. La institución cita una "debilidad de mayor magnitud y duración a la anteriormente prevista" y la "menor actividad automotriz" en el país para justificar la rebaja. 

El recorte sitúa a la segunda mayor economía latinoamericana, por detrás de Brasil, ante un posible decrecimiento, aunque la institución evita hablar de recesión en su informe. Esta semana, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) publicó unas cifras revisadas que confirmaban que el país había entrado en recesión durante el primer semestre del año. Varios organismos internacionales han advertido ya de la debilidad económica del país y han ido revisando a la baja sus proyecciones en paralelo a un empeoramiento del panorama doméstico y mundial. El Fondo Monetario Internacional rebajó en octubre la proyección hasta el 0,4%, cinco décimas menos que en la estimación anterior.

La incertidumbre es el principal elemento del cuadro que pinta el banco central. La relación entre Estados Unidos y el país latinoamericano es uno de los puntos que despierta mayor preocupación. En primer lugar, la ratificación por parte del Congreso de EE UU del TMEC, el nuevo acuerdo comercial de Norteamérica, se puede retrasar todavía más, lo que puede afectar los niveles de inversión. Además, el Gobierno de Donald Trump puede tomar decisiones que agraven las tensiones comerciales, como sucedió en junio con el sorpresivo anuncio que pretendía imponer aranceles para todas las importaciones mexicanas, una amenaza que finalmente no se llevó a cabo. 

El Banco de México señala, además, otros elementos de riesgo doméstico: una posible reducción de la calificación de la deuda de la petrolera estatal Pemex, de la que ya han advertido las empresas calificadoras, y el debilitamiento de la producción automotriz. Este sector ha dado señales de cansancio con una caída del 2,6% en vehículos fabricados de enero a octubre, según cifras de la industria. Las finanzas públicas son otro foco rojo. La institución apunta al riesgo de un gasto presupuestario para 2020 menor al esperado. En 2019, la política de austeridad del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador provocó retrasos en el ejercicio del presupuesto.

El jarrón de agua fría de la institución monetaria llega apenas un día después de la presentación de un plan de obra pública con el que el Gobierno espera relanzar la inversión y, como dijo el billonario Carlos Slim hace una semana, dar una "sacudida" a la economía. De todos modos, el Ejecutivo empieza a replantearse algunas decisiones tomadas al principio del sexenio como la de no aumentar impuestos hasta la segunda mitad del mandato. El subsecretario de Hacienda, Gabriel Yorio, ha abierto la puerta este miércoles a adelantar una posible reforma fiscal en caso de no recaudar la cantidad prevista en el presupuesto. 

De cara a 2020, la recuperación se prevé "más gradual que lo anticipado". Esto se debe a una posible ralentización de la producción industrial de EE UU y a su efecto sobre las exportaciones manufactureras en México, el gran motor de la industria del país latinoamericano. Solo en 2021 se podría alcanzar datos de crecimiento superiores al 2% en el mejor de los casos. El banco advierte, en cualquier caso, del "alto grado de incertidumbre" que rodea a estas previsiones, aunque concluye que la economía "continuará enfrentando un entorno complejo". 

México 27 NOV 2019 - 17:12 COT

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Un monitor de televisión informa de la nueva rebaja de tipos en EEUU, en el patio de negociación de la Bolsa de Nueva York, en Wall Street. REUTERS/Brendan McDermid

El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, dice que hará falta una "sustancial revaluación" de las perspectivas económicas para forzar un nuevo cambio en el precio del dinero.

El Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) de la Reserva Federal de EEUU (Fed) ha decidido bajar los tipos de interés en 25 puntos básicos, hasta situarlos en un rango objetivo de entre el 1,50% y el 1,75%, en plenos temores de desaceleración económica global, según ha informado este miércoles. Se trata de la tercera rebaja consecutiva que realiza la autoridad monetaria este año.

La decisión de la Reserva Federal tras su reunión de política monetaria de dos días se ha vuelto a tomar sin consenso: ha tenkido ocho votos a favor y dos en contra (la presidenta del Banco de la Reserva Federal de Kansas City, Esther George, y el presidente del Banco de la Reserva Federal de Boston, Eric Rosengren, se han mostrado a favor de mantener los tipos sin cambios).

La Fed ha explicado que en las ultimas semanas el mercado de trabajo se ha mantenido "sólido" y la actividad económica del país ha seguido creciendo a un ritmo "moderado". No obstante, la institución ha notado que la inversión empresarial y las exportaciones "han permanecido débiles".

Así, el banco central estadounidense ha justificado su decisión en las "implicaciones" de los desarrollos globales para las perspectivas económicas, así como las "débiles" presiones inflacionistas. De cara a decidir los futuros ajustes en el precio del dinero, la autoridad monetaria ha subrayado que "monitorizará" las implicaciones de los nuevos datos para las perspectivas de la economía.

La bajada de tipos se produce poco después de que se conociese este mismo miércoles la continuada ralentización de la economía estadounidense con una tasa anualizada en el tercer trimestre del año del 1,9%, después del 3,1% en el comienzo del año y 2% en el segundo trimestre.

La economía estadounidense, no obstante, ha dado señales dispares sobre su estado. Por un lado, el mercado laboral mantiene su solidez, con una tasa de desempleo por debajo del 4%, en niveles no vistos en medio siglo; mientras que la inflación sigue contenida y por debajo de la meta anual del 2% marcada por la Fed. Por otro, la guerra comercial desatada con China por el proteccionismo comercial del presidente estadounidense, Donald Trump, ha aumentado la preocupación entre los empresarios, con multimillonarios aranceles tanto a la exportación como a la importación.

Powell avisa

Tras la reunión del Comité Federal de Mercado Abierto, el presidente de la Fed, Jerome Powell, declaró que hará falta una "sustancial revaluación" de las perspectivas económicas para forzar un nuevo cambio en los tipos de interés, al señalar que se encuentran "bien posicionados" tras la rebaja de un cuarto de punto anunciada.

Sería necesaria una "sustancial revaluación de nuestras perspectivas" para cambiar los tipos de interés, afirmó Powell en una rueda de prensa. "La política monetaria se encuentra bien posicionada", agregó tras la rebaja del precio del dinero.

La Fed anunció este miércoles un nuevo recorte de los tipos de interés, el tercero consecutivo, hasta dejarlos entre el 1,5 % y el 1,75 %, en plenos temores de desaceleración económica global y en Estados Unidos.

Powell subrayó que las presiones inflacionarias aún se encuentran apagadas. "El 2% de inflación: eso es lo que debe ocurrir", sostuvo, y precisó que espera que se alcance ese nivel a mitad del próximo año.

Sobre las tensiones comerciales con China, Powell indicó que eran parte de las cuestiones que nublan el horizonte económico. "Una sostenida reducción en la incertidumbre comercial sería buena para la confianza empresarial inmediata y, sobre el tiempo, para la actividad empresarial", dijo.

La próxima reunión de la Reserva Federal, la última del año, tendrá lugar a mediados de diciembre.

WASHINGTON

30/10/2019 19:49 Actualizado: 30/10/2019 20:43

AGENCIAS

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Miércoles, 04 Septiembre 2019 06:16

Pesadilla en el banco central

Pesadilla en el banco central

Estas noches de verano los bancos centrales sufren una pesadilla recurrente. Sueñan que estalla un volcán llamado Recesión y que la erupción arrasa con economías enteras. Los flujos piroclásticos destruyen vidas y riqueza sin distingo. Angustiados, los responsables de los bancos centrales despiertan sobresaltados. Por un momento suspiran aliviados, pensando que sólo era una pesadilla. Pero para parafrasear el maravilloso microrrelato de Augusto Monterroso, cuando despiertan el dinosaurio sigue ahí.

No se necesita ser especialista en alta cocina macroeconómica para entender su inquietud. En los tiempos que corren, los nubarrones de una recesión están por todos lados. Y los bancos centrales saben que ya no tienen armas para enfrentarla.

La semana pasada se llevó a cabo la tradicional reunión de Jackson Hole, en Wyoming, Estados Unidos. Es una selecta conferencia organizada por la Reserva Federal de Kansas City, en la que participan funcionarios de bancos centrales, organismos financieros y especialistas en teoría macroeconómica. El tema este año fue el de los "desafíos" que enfrenta la política monetaria. Es el eufemismo que emplean los banqueros para hablar de sus pesadillas.

La última crisis llevó a los bancos centrales a aplicar una política de dinero fácil y bajas tasas de interés. Esa postura recibió el nombre de "flexibilidad cuantitativa" y consistió en inyectar billones de dólares y euros en el sistema financiero y bancario para evitar el colapso. Muchos alertaron sobre la hiperinflación que esto podría ocasionar. Pero 10 años después de haberse inaugurado esta política monetaria, las presiones inflacionarias brillan por su ausencia.

La economía de Estados Unidos se ha mantenido en expansión, pero a una tasa débil (promedio de 2.1 por ciento anual desde 2010). Y aunque la economía se mantiene cerca del pleno empleo, los salarios siguen estancados y no hay presiones inflacionarias por el lado de los costos laborales.

Y en cuanto a las tasas de interés, los bancos centrales han seguido manteniendo una tasa cero o cercana a cero, pero eso no ha servido para reactivar la economía. Los bancos centrales quisieran regresar a una política "normal", es decir, con tasas de interés cercanas a sus niveles históricos. Pero cualquier aumento en las tasas corrientes amenaza con desencadenar mayor volatilidad en las bolsas de valores y frenar todavía más una economía afectada por la deflación y atrapada en un paisaje de bajas tasas de crecimiento.

Ese es el escenario que ocupó la atención de los participantes en la conferencia de Jackson Hole. Algunos, como Larry Summers, el tristemente célebre macroeconomista de Clinton, concluyen que los bancos centrales deberían reconocer su impotencia. Frente a una nueva recesión no tienen ya campo de maniobra: ya no pueden reducir más sus tasas de interés. Además, relanzar otra ronda de flexibilidad monetaria sería parecido a lo que se intentó infructuosamente en Japón durante 20 años.

Los indicadores a escala mundial son inquietantes. Bajas tasas de interés, endeudamiento y déficits elevados, y tasas de crecimiento tenazmente mediocres. Todo indica que existen frenos adicionales a la demanda agregada y que sólo una política fiscal o medidas novedosas, como la renta básica universal, podrían revertir. Pero el pensamiento conservador sobre austeridad fiscal es una cárcel de ideas de la que es muy difícil escapar.

Pero el principal problema que enfrentan los bancos centrales estuvo ausente de las discusiones en Jackson Hole. La verdadera pesadilla de los bancos centrales es su irrelevancia, no sólo en emergencias, sino también en tiempos normales. La raíz de esta intrascendencia es múltiple. Primero, los bancos centrales no controlan la oferta monetaria, contrario a lo que se piensa comúnmente. Hoy, la oferta monetaria es manejada por los bancos comerciales privados. En vista de que los bancos privados crean dinero de la nada, su problema no es conseguir que alguien le deposite sus ahorros en dinero de alto poder. Su problema consiste en encontrar sujetos de crédito confiables. Y en los tiempos que corren, esa tarea no es fácil.

Segundo, el banco central tampoco controla la tasa de interés de referencia para los inversionistas. Sólo la tasa de muy corto plazo (24 horas) que afecta el mercado interbancario de reservas de dinero de alto poder. Y los bancos privados se las han ingeniado para usar todo tipo de tecnologías y optimización contable para reducir su necesidad de reservas.

Tercero, el sistema bancario en su conjunto puede llegar a necesitar más reservas en dinero de alto poder (por ejemplo, cuando se excede en sus operaciones de crédito). En ese caso, el banco central no tiene más remedio que adoptar una postura acomodaticia y proporcionárselas, a menos que prefiera frenar el crecimiento económico.

El banco central camina dándose aires de importancia y emite comunicados severos y formales, como si fuera el dueño del negocio. En realidad no es más que el siervo fiel de los bancos comerciales privados.

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¿Es suficiente inyectar dinero público? La crisis del modelo alemán pone en duda las fórmulas para reactivar la economía

Las fortalezas de la economía alemana se han vuelto debilidades: las exportaciones, la industria manufacturera, y el liderazgo en el sector del automóvil están decayendo por factores externos como el Brexit o la ralentización del comercio internacional

Se debate sobre si Alemania va a entrar en recesión o puede evitarlo con una inyección de 50.000 millones de euros, pero cabe preguntarse si estamos ante una crisis más profunda del modelo económico alemán

Varios países, como Holanda, China o EEUU, preparan estímulos para frenar una posible recesión económica. Otros como Italia, y probablemente España, no tienen margen fiscal para hacerlo

 

Miguel Carrión

 

23/08/2019 - 21:40h

La economía alemana vuelve a dar signos de debilidad. Las señales que se van recibiendo sobre la marcha de la economía alemana en el tercer trimestre no son halagüeñas. La situación es lo suficientemente seria como para que Olaf Scholz, ministro de Hacienda del gobierno de gran coalición dirigido por Angela Merkel, se plantee un paquete de estímulo fiscal de unos 50 mil millones de euros. Se debate sobre si Alemania va a entrar en recesión o puede evitarlo por este medio. Pero, a la vista de las causas y características de la ralentización de la economía alemana, cabe preguntarse si estamos ante una crisis más profunda del modelo económico alemán. Si esto fuese así, el impacto sobre la economía española a largo plazo dependerá de si Alemania decide reorientar su economía, y en qué dirección.

La semana pasada Destatis, la oficina estadística del gobierno alemán, estimaba que el PIB de Alemania se contrajo un 0.1% en el segundo trimestre de este año. Esta semana el Bundesbank, en su boletín mensual, advertía del riesgo de que el país encadene dos trimestres seguidos de crecimiento negativo. La producción industrial se está reduciendo, al igual que los pedidos de la industria reflejados por el índice PMI de Markit.

Según Markit, la actividad del sector servicios continúa creciendo, pero no lo suficiente para compensar la caída de la producción industrial. El resultado es la tasa de crecimiento del empleo más baja en cinco años. También se relajan las presiones inflacionarias dado a la caída de los costes del sector manufacturero.

Las causas de la desaceleración de la economía alemana, y por extensión de la europea, son varias pero generalmente externas. No se trata de una crisis de competitividad. La economía Alemana está orientada a las exportaciones, cada vez más fuera de la eurozona, y por tanto es sensible al tono del comercio internacional. Y el comercio internacional se ha ralentizado sustancialmente en los últimos años. Las guerras comerciales de Donald Trump son un factor importante de esta reducción. Trump ha amenazado con imponer aranceles sobre las importaciones a EEUU de toda clase de productos de la Unión Europea, particularmente coches alemanes. El Brexit duro que se avecina cada vez con más probabilidad también representará un duro golpe a las exportaciones Alemanas y de la eurozona.

Sin embargo la crisis del sector alemán del automóvil no se debe sólo a Trump, ni desde luego a un Brexit que aún no se ha producido. Desde el escándalo por la manipulación de las emisiones de motores diésel en 2015 la industria del automóvil alemana no levanta cabeza. En el tercer trimestre del año pasado se achacó otra caída trimestral del PIB de Alemania a problemas de la industria automovilística con la adaptación a una nueva certificación de emisiones. Pero los problemas de certificación pasaron y la crisis permanece. Los fabricantes de automóviles alemanes compiten, pero no lideran en la transición al coche eléctrico.

Así pues, la crisis de Alemania está causada por una reducción del volumen de comercio internacional. Como el país germano es una economía orientada a las exportaciones, esto repercute en una reducción de la producción industrial. Y sobre todo esto se ve en el sector del automóvil, que se enfrenta a una transformación sin precedentes. Sin embargo, el consumo doméstico y el sector servicios aún crecen y contribuyen a sostener la economía alemana.

Es decir, todas las fortalezas de la economía alemana se han vuelto debilidades: las exportaciones, la industria manufacturera, y el liderazgo en el sector del automóvil. Y esta debilidad se debe a factores externos a la economía alemana. Y son los sectores de la economía hasta ahora menos apreciados, servicios y demanda interna, los que ganan fuerza.

Por ello es posible especular con la posibilidad de que estemos no ante una recesión cíclica en Alemania sino ante una crisis de su modelo económico. De cómo reaccione Alemania a esta crisis puede depender el futuro de la economía alemana y europea -y, por ende, de la española- en el medio y largo plazo.

Si Alemania se limita a proteger sus industrias dominantes esperando capear el temporal de Trump y Brexit, dependerá de que las aguas del comercio exterior vuelvan a su cauce. Pero desde luego Trump y hasta cierto punto Brexit representan reacciones contra el libre comercio globalizado del que se han beneficiado y son dependientes Alemania y la eurozona. Si EEUU y el Reino Unido dejan de ser importadores de último recurso, difícilmente Alemania puede seguir siendo el campeón mundial de las exportaciones.

Otro tanto se puede decir de la relación entre la industria manufacturera y los servicios. Actualmente la industria Alemana está en contracción mientras los servicios crecen. Esto va en la línea de la importancia creciente de las tecnologías de la información. Si Alemania protege a su industria manufacturera sin apostar a la ver por dar impulso al sector servicios, puede perder el tren de lo que ya se da en llamar la cuarta revolución industrial.

Por eso será muy importante ver en qué dirección se orienta el estímulo fiscal aceptado a regañadientes por Scholz, un ministro de hacienda socialdemócrata que no se ha desviado un ápice hasta ahora de la senda de estabilidad presupuestaria -e incluso superávit- marcada por su predecesor democristiano Wolfgang Schäuble.

¿Y España? Está claro que, a raíz de la crisis bancaria y de deuda de principios de esta década, España se vio forzada a reorientar su economía según las líneas maestras del modelo alemán dependiente de las exportaciones. Además, la industria automovilística es muy importante para la economía española como lo es en Alemania, y está en gran parte en manos Alemanas. Entonces, tanto por la influencia de Alemania en la política económica de la eurozona como por depender parte de la industria española de decisiones que se toman en Alemania, cómo afronte Alemania su crisis actual tendrá efectos profundos sobre la economía española. Ojalá Alemania apueste por invertir en el futuro en lugar de proteger su gloria pasada, aunque las expectativas de que sea así no son excesivas.

Estímulos donde se necesita...o donde se puede

"Los gobiernos en disposición de hacerlo" deben usar "su espacio fiscal", mientras que los demás deberían tratar de "reconstruir" su margen para gastar. Este es el mensaje que ha lanzado el Banco Central Europeo (BCE) a través de las actas de una de sus últimas reuniones, difundidas este jueves. En el primer bloque se encontraría, sin duda, Alemania. En el segundo se encontraría Italia, con graves problemas de estabilidad presupuestaria en medio de una crisis política. También podría estar España en el caso de que la entidad se refiera a los países que no estén dentro de los parámetros del pacto de estabilidad y crecimiento (el déficit español es menor al 3% que se establece como límite y se espera que cierre el año en un 2% del PIB, pero la deuda pública es del 98,38% del PIB, cuando el valor de referencia es el 60%), informa Marina Estévez.

Esta es una de las recetas ante la posibilidad de que varios países de la zona euro entren en recesión, entre ellos Alemania e Italia. Situación agravada por la opción de una salida brusca de Reino Unido de la UE el 31 de octubre y con el telón de fondo de la guerra comercial entre EEUU y China. Pero antes de que lo recomendase el BCE, que por su parte prepara su propio paquete de estímulos para animar la economía y elevar la inflación, varios países ya han adelantado que se preparan sus propias medidas fiscales. Entre ellos, además de Alemania, Holanda ya ha deslizado que estudia inyectar miles de millones de euros en la economía, a través de inversiones en infraestructura y educación, debido a su alta exposición al Brexit.

Fuera de Europa, en EEUU, el presidente Donald Trump habló esta semana de un recorte de impuestos, aunque solo 24 horas después rectificó. La posibilidad de una recesión pondría en peligro su reelección en noviembre de 2020. Por su parte, China ha decidido recortar sus tipos de interés.

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La pesadilla del capitalismo y la inversión de la curva de rendimientos

La guerra comercial entre China y Estados Unidos ha desbordado el terreno monetario y las perspectivas desfavorables para la economía mundial se han intensificado. Donald Trump anunció un nuevo arancel sobre importaciones chinas y una semana después Pekín dejó caer su moneda hasta el nivel simbólico de siete renminbi por dólar y se ha convertido (para Washington) en manipulador de su divisa. China también anunció que dejará de importar productos agrícolas de Estados Unidos, medida que afecta directamente a las bases de Trump.

Frente a este conflicto, los signos de alarma se han multiplicado. La señal más importante es la inversión de la llamada "curva de rendimientos", uno de los indicadores más interesantes para una economía capitalista.

¿En qué consiste esta famosa curva de rendimientos? Como se sabe, los inversionistas reciben una recompensa por su inversión (digamos, un bono). Esta recompensa está en función de la fecha de vencimiento o de maduración de la inversión. La lógica aquí es que a mayor plazo, mayor rendimiento para compensar por el riesgo. Por ejemplo, si usamos el ejemplo de los bonos de un gobierno, podemos observar que los bonos con vencimiento a 10 años tendrán asociada una mayor recompensa que los de dos años.

La relación entre rendimientos y plazos de vencimiento puede representarse como una curva que tiene pendiente positiva: a mayor plazo de maduración, mayor recompensa para compensar el riesgo. Esa es la relación normal, pero en los últimos meses y en muchos países la curva de rendimientos ha adoptado la forma de una curva más aplanada y hasta ha llegado a tener una pendiente negativa, es decir, los rendimientos de corto plazo son casi iguales o incluso superiores a los de largo plazo.

La inversión de la curva de rendimientos es una mala señal. A lo largo de los últimos 50 años todas las recesiones de la economía estadunidense han estado precedidas de este signo inquietante. Esta semana la inversión se hizo más pronunciada desde que en 2008 estalló la crisis financiera. La diferencia negativa entre el rendimiento de los bonos a 10 años y el de los bonos a tres meses se ha ampliado en más de 32 puntos base. El miedo a una escalada en esta guerra comercial ha llevado a los inversionistas del mundo a buscar refugio en los bonos soberanos de mayor plazo, lo que ha provocado el aumento en el precio de esos bonos y la caída de sus rendimientos. El rendimiento de los bonos del Tesoro estadunidense a 10 años cayó a su nivel más bajo desde 2016, y en Alemania el rendimiento de los bonos a 30 años cayó a menos 0.07 por ciento.

En México, la curva de rendimientos también ha sufrido una transformación. Un estudio de UFM Market Trends revela que en años recientes dicha curva se ha ido aplanando. En 2015 la diferencia ( spread) entre la tasa de referencia y el rendimiento de los bonos a 30 años era de tres puntos porcentuales, pero para 2018 esa diferencia ya fue marginal.

Hasta ahora la economía estadunidense mantuvo tasas de crecimiento que si bien no eran espectaculares, sí daban la impresión de algo de prosperidad en un mundo enfermo. Hoy eso está cambiando, quizás por el peso que van a tener los aranceles sobre los consumidores (la mayor parte del crecimiento de esa economía se explica por el consumo). La última vez que la curva de rendimientos en Estados Unidos estuvo invertida fue en 2007, justo antes de la gran crisis financiera, y eso no es un buen presagio.

Aquí está lo interesante de este indicador. En síntesis, si la curva de rendimientos tiende a aplanarse, la diferencia entre la recompensa de corto y la de largo plazos se reduce (puede hasta desaparecer o incluso hacerse negativa si los rendimientos de corto plazo son superiores). Esta deformación de la curva de rendimientos es consecuencia de que los inversionistas busquen refugio en bonos (inversiones) de largo plazo aunque los rendimientos sean parecidos a los de las inversiones de corto plazo. Y ese comportamiento está provocado por una razón fundamental: los inversionistas estarían percibiendo un peligro más grave que el riesgo que convencionalmente se le atribuye a esas inversiones.

Aunque los contornos de ese peligro no pueden percibirse nítidamente en la penumbra de la incertidumbre, los inversionistas sí advierten su gravedad. Y si el capitalismo es intrínsecamente inestable, también lo son las expectativas de los inversionistas. Los efectos de las malas noticias, incluso de los rumores, se amplifican como ondas sísmicas y repercuten con mayor violencia en los mercados financieros. Hoy, sin duda, existen razones objetivas para abrigar expectativas desfavorables. Además de las guerras comerciales y de divisas, la caída en la tasa de ganancia asociada a todo tipo de inversiones productivas es probablemente la peor pesadilla del capitalismo y de esos inversionistas que buscan refugio en bonos de largo plazo aunque tengan rendimientos parecidos a los de corto plazo.

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Kyriakos Mitsotakis, durante un mitin de campaña. / AFP / LOUISA GOULIAMAKI

Los 158 escaños alcanzados por Nueva Democracia en la Cámara sobre un total de 300 suponen su mejor resultado de los últimos doce años. Kyriakos Mitsotakis será el próximo presidente de Grecia.

 

 

El conservador Kyriakos Mitsotakis será el próximo presidente de Grecia. El país heleno ha apoyado masivamente la propuesta de Gobierno del partido que provocó la gran crisis económica que terminó en el rescate draconiano por parte de la Unión Europea. Cuatro años después del referéndum en el que la mayoría del país gritó "oxi" ("no" en griego) a la troika, hoy le han dicho "no" a Alexis Tsipras

Nueva Democracia consiguió algo más del 39% mientras que Syriza superó el 31%, seguidos de lejos por el partido de centro Kinal, sucesor del histórico Pasok, que rozó el 8%. Los 158 escaños alcanzados por Nueva Democracia en la Cámara sobre un total de 300 suponen su mejor resultado de los últimos doce años.

Syriza se quedó 8 puntos por detrás, pero obtendrá tan solo 86 escaños, una distancia que surge del bonus de 50 escaños que la ley electoral griega otorga al partido ganador -en teoría por última vez en estas elecciones-.

"Pedí un mandato fuerte y me lo han dado con generosidad. No defraudaré sus esperanzas", declaró Mitsotakis antes de acudir a la sede de su partido para darse un baño de masas.

Tsipras: "Nos vamos con la cabeza alta"

Tsipras describió su derrota como "el coste político" de las difíciles decisiones que tuvo que tomar durante estos años. Felicitó a Mitsotakis y le pidió que no desmantele los avances sociales que ha conseguido durante su mandato.

"Nos vamos con la cabeza alta. Hace cuatro años nos encargamos de un país al borde de la quiebra. Hoy dejamos un país libre (de rescates), en crecimiento y con reservas en sus cajas, con el interés de la deuda al mínimo histórico", afirmó Tsipras.

Vástago de una de las mayores dinastías políticas del país, Mitsotakis recoge así los frutos de una campaña en la que tildó a Tsipras de "traidor" y "mentiroso", dando fuelle al desencanto acumulado durante estos años.

Ahora se ha alzado como la nueva esperanza de la clase media con un programa que orbita en torno a la reducción de impuestos y el crecimiento de la economía.

Por su parte, Tsipras ha intentado demostrar en los últimos meses que, a pesar de haber claudicado ante los acreedores y haber suavizado algunas de sus posturas más radicales, aún tiene una agenda social de izquierdas.

Especialmente tras la derrota en las recientes elecciones europeas y locales, Syriza ha intentado convencer a los griegos de que gracias a su gestión la crisis humanitaria no llegó a más y que, tras tanto esfuerzo, se merecen la oportunidad de gobernar sin corsés.

Este domingo el indignado pueblo heleno ha demostrado que no comparte esta opinión y ha confiado mayoritariamente en un hombre que, entonces ministro, aplicó el segundo programa de rescate.

Participación muy baja

La participación, con un 57 %, fue una de las más bajas de la historia de la democracia griega, aunque superó ligeramente la de las elecciones de septiembre de 2015, tras el referéndum y la fractura de Syriza.

Muchos ciudadanos decidieron huir a la playa de la ola de calor que asoló Grecia hoy, lo que afectó a la participación en una jornada electoral que por lo demás fue tranquila.

Aunque la victoria de Nueva Democracia era de esperar -todos los sondeos indicaban una amplia ventaja-, la sorpresa del día la han dado la extrema derecha y el pequeño partido del exministro de Finanzas Yanis Varufakis.

Sorpresas de la extrema derecha y de Varufakis

Los neonazis de Amanecer Dorado quedaron sin representación en el Parlamento por primera vez desde su irrupción en 2012 tras quedarse por debajo del mínimo necesario del 3 %.

MeRA25, que bebe directamente de las ideas y personalidad de Varufakis y se presenta como un "frente griego patriótico de europeístas", consiguió entrar en el Parlamento con 9 escaños.

Syriza llegó al poder en 2015 como una alternativa a los anquilosados partidos tradicionales y una salida de izquierdas para los decepcionados con el Partido Socialista. La izquierda europea la adoptó como estandarte hasta que su evolución a alumno ejemplar de la Unión Europea se convirtió en un lastre.

Hoy, sin embargo, el líder de la formación de izquierdas Unidas Podemos (UP), Pablo Iglesias, uno de los mayores aliados de Tsipras al comienzo de su mandato, mandó un mensaje de apoyo en el que resaltó "el coraje de gobernar con todos los poderes griegos y europeos en contra".

ATENAS

07/07/2019 18:59 Actualizado: 08/07/2019 08:25

AGENCIAS

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Tsipras: el líder que se alejó de la realidad

El primer ministro griego llegó al poder como una promesa contra los recortes de Bruselas. Cuatro años después, la ciudadanía está decepcionada por sus cambios de guion

 

La tarde del 26 de mayo, triple jornada electoral en Grecia —europeas, regionales y locales—, un equipo de cinco personas analizaba sus propios sondeos en el palacio Maximou, La Moncloa ateniense. Alrededor de Alexis Tsipras y un sanedrín de fieles, cada vez más limitado desde que llegó al poder en 2015, los expertos insistían en la victoria de Syriza, la coalición de izquierda radical: “Vamos ganando… Ganamos… Hemos ganado, sin duda”. Aunque televisiones y medios digitales daban para entonces la versión opuesta —una derrota, por nueve puntos de diferencia, frente a la conservadora Nueva Democracia (ND)—, los analistas de datos no dejaban de cantar victoria. Tsipras, encerrado en el castillo del poder, había perdido definitivamente el contacto con la realidad.

De ese alejamiento ya había dado muestras, por ejemplo ante el incendio mortal de Mati en 2018, e incluso antes, según algunos analistas, cuando en 2015 vivió la traumática ruptura de su partido tras aceptar el tercer rescate y él se hizo más fuerte en una formación que desde entonces se convirtió en su sombra. “Syriza es Tsipras. El partido ha perdido capacidad desde 2015, hoy es más débil que entonces, y cabe preguntarse qué ocurrirá si el domingo [por hoy] perdemos las elecciones por una diferencia mayor que en mayo. No descarto que pueda disolverse”, admite Dimitris Rapidis, consejero de comunicación. En la campaña de su principal contrincante, y favorito en las encuestas, el conservador Kyriakos Mitsotakis, lo resumen con una frase: “Estas elecciones no son una batalla entre Nueva Democracia y Syriza, sino entre Nueva Democracia y Tsipras”.

Con ese marcado personalismo, al jefe del Gobierno griego en funciones se le podría colgar la etiqueta de hiperlíder: aquel que, según la definición del centro de estudios Cidob, reúne unipersonalismo, desprecio al pluralismo y centralidad de la comunicación. Porque no se mueve una hoja sin su permiso en un mandato que comenzó populista, airado, y concluye desdibujado. Un hiperlíder, por definición, tiene rasgos congruentes con el populismo, pero el experimento heleno, que inauguró la tendencia hace cuatro años en Europa, se diluye hoy en el arroyo mainstream, con Syriza cada vez más embebida en el sistema.

Con todo, Tsipras muestra tics que bien podrían considerarse populistas, como su reivindicación de la figura de Andreas Papandreu, el carismático líder socialista de los años ochenta que seducía a propios y ajenos. Pero no todos los analistas están de acuerdo. “Es muy difícil situar a Syriza entre los partidos populistas que vemos en otras partes. La combinación de pensamiento elitista y explotación de las emociones de la masa para ganar poder, las cínicas tácticas usadas para mantenerlo, hacen de él un producto típico de la política griega más que ninguna otra cosa: el exitoso uso del oportunismo y la improvisación que puede funcionar durante un rato pero no aporta nada sustancial al país”, opina el analista Nikos Konstandaras.

Yannis Mavrís, director de la encuestadora Public Issue —que clavó los pronósticos del 26 de mayo y hoy prevé una diferencia del 15% a favor de ND—, considera que Syriza no va a perder ahora porque empezó a perder con el referéndum del sí pero no de julio de 2015: el alarde populista de su mandato, cuando consultó al pueblo sobre las condiciones de Bruselas para el tercer rescate para luego aceptar otro más gravoso. “El bloque más social que sustentaba ideológicamente a Syriza en 2015 empezó a alejarse tras ese volantazo. Su intento de ampliar la base electoral desde entonces, hacia el centro, incluido el desembarco de antiguos cargos del Pasok, no ha dado resultado, porque ha sido un movimiento de cuadros, ajeno a la base. Sus votantes de entonces le reprochan hoy la gestión del rescate y el acuerdo con Macedonia del Norte”. Entre el 60% y el 70% de los griegos rechazan el pacto con Skopje, que selló 27 años de contencioso sobre el uso del nombre Macedonia por la antigua república yugoslava.

“No hay organización política porque ya no tiene epicentro social”, incide Mavrís, que subraya un movimiento muy criticado: reproducir ciertos hábitos de los dos partidos tradicionales, la conservadora ND y el socialdemócrata Pasok, refundado como Movimiento para el Cambio (Kinal, en sus siglas griegas). “Ha habido un trasvase general de sus dirigentes a las estructuras del Estado, es decir, usar la Administración para colocar a sus miembros. La diferencia es que mientras ND y Pasok tardaron décadas en conseguirlo, Syriza lo ha hecho en un corto espacio de tiempo. Syriza ha alumbrado un nuevo sistema neoclientelar”. En la última sesión de la legislatura, en junio, intentó endosar como personal al Parlamento a decenas de empleados públicos, algunos de ellos familiares directos de destacados dirigentes del partido.

De la decena de cuadros de Syriza contactados, responde Kostas Duzinas, que repite candidatura al Parlamento. “Cierto es que hemos cometido algunos errores, por ejemplo de comunicación y capacidad de escuchar, así como cierta bisoñez al inicio, pero podemos decir que, en cualquier sector, Grecia está hoy mucho mejor que en 2015, sobre todo en cuanto al alivio de la crisis humanitaria, porque ayudamos a todos los que lo requerían con urgencia; en el sistema de la salud, en los hospitales… Nos encontramos la caja vacía y la dejamos con superávit, pero la propaganda propala la idea de que no hemos hecho nada bien y de que Tsipras es Satanás”. Corrobora Cristos Simis, secretario general de Comunicación: “Los ciudadanos sabrán discernir y valorar el esfuerzo que hicimos para levantar el país, para dar seguridad a los que no la tenían”.

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 Una mujer cambia el vestuario de maniquíes en una tienda de Sao Paulo. NACHO DOCE REUTERS

Las familias echan el freno en el gasto y compran marcas más baratas para ahorrar. En la mayor ciudad del país, São Paulo, cierran más tiendas de las que abren

Matos ha visto cómo en los últimos meses bajaba el movimiento en su peluquería canina, localizada en un barrio central de São Paulo: los clientes han empezado a reducir gastos en sus animales domésticos, a los que llevan a lavar y cortar el pelo cada vez menos. “Algunos dueños, que traían el perro una vez por semana, empezaron a venir cada 15 días. Otros, solo una vez al mes. Con el estancamiento económico, la clase media tiene poco dinero, la gente tiene que ahorrar”, dice Matos. Es el fiel reflejo de una economía, la brasileña, se encuentra inmersa en una parálisis que ha obligado a los brasileños a rehacer sus cuentas bajo tiempos más modestos. La cifra de contracción del PIB en el primer trimestre —del 0,2%— confirma lo que la población siente en su día a día: el dinero circula en menor intensidad y hay que buscarse la vida para hacer más con menos. A los empresarios como Matos no les queda otra que adaptarse.


Valter Luiz Sanchez, socio y gerente de un bar en el barrio paulista de Vila Mariana, también ha sentido la disminución de clientes. “Empezamos el año optimistas con el cambio de Gobierno, pero no surte efecto. Todo el mundo está recortando gastos y lo primero que eliminan son las salidas y las comidas fuera”, explica. En lo que va de año, las cosas siguen igual que estaban: algunos meses han sido buenos y otros, horribles. “Por lo menos me salen las cuentas”, dice. Sin embargo, para bajar los gastos, el empresario ha decidido reducir la plantilla y cambiar el menú en un intento por atraer nuevos clientes: ha la Intención de Consumo de las Familias, recogida por la Confederación Nacional de Comercio de Bienes, Servicios y Turismo (CNC), muestra una reducción del 1,7 % en mayo respecto al mes anterior, la tercera seguida. El estancamiento de las ventas —que solo han aumentado un 0,3 % en el primer trimestre con relación al anterior— también está teniendo consecuencias: por primera vez desde el inicio de la tímida recuperación económica, hoy se vuelven a cerrar más tiendas de las que se abren. Tanto en centros comerciales como en las calles de São Paulo, los cierres son visibles: al menos 39 tiendas han echado el candado entre enero y marzo.


La cifra parece pequeña, pero es un termómetro realista de la trayectoria de la economía brasileña en los tres primeros meses del año y muestra un cambio de dirección, según el economista Fabio Bentes, de la central sindical CNC. “En el último trimestre del año pasado hubo un período de mucho optimismo con el resultado de las elecciones. Se abrieron casi 5 000 establecimientos comerciales y existía la expectativa de que se produciría un choque que aceleraría el crecimiento. Pero no se ha confirmado y, a pesar de que el índice de confianza de los empresarios sigue siendo alto, el cierre de tiendas es un indicador más real”, explica.


En abril se han registrado casi 130 000 nuevos empleos formales en Brasil, pero los datos de empleo en las empresas minoristas siguen sin ser halagüeños: en los tres primeros meses del año se han eliminado 101 000 puestos de trabajo en empresas de venta detallista. “Detrás del deterioro del sector hay un desempleo que crece más de lo esperado este año y una inflación también más alta y contaminada principalmente por el aumento del precio de los alimentos. Al ser un producto de primera necesidad, si sube, el consumidor tiene que sacrificar bienes durables y servicios más superfluos”, afirma Bentes. Además, agrega el economista, la dificultad del Gobierno de Jair Bolsonaro de construir pactos ha paralizado los planes reformistas, como la del sistema de pensiones, y ha devuelto a los empresarios y consumidores un sentimiento de cautela.


Todo vale para reducir gastos en tiempos de vacas flacas. Los productos de marcas blancas —las pinturas Leroy Merlin o los alimentos Qualitá y Taeq, del Grupo Pão de Açúcar, por ejemplo—, que se venden un 20% más baratos que los de la competencia, están ocupando cada vez más espacio en los carros de la compra, las farmacias y las tiendas de material de construcción. “Son bienes cuyo consumo empieza a crecer en momentos de inseguridad política y económica”, dice Neide Montesano, presidenta de la Asociación Brasileña de Marcas Propias y Tercerización (Abmapro). “Los productos con marca propia nunca han tenido tanta importancia en Brasil como en los últimos dos años”, comenta Montesano, que calcula un crecimiento del 10% en las ventas del sector desde julio del año pasado. “Desgraciadamente, crecemos con la crisis del país”, concluye.


Algunos economistas, como el desarrollista José Luis Oreiro, profesor de la Universidad de Brasilia, subrayan la elevada probabilidad de que Brasil entre en recesión técnica —dos trimestres seguidos de contracción— en el segundo trimestre del año. Otros, como el jefe de análisis económico del banco Itaú, Mário Mesquita, también tienen dudas sobre el próximo trimestre. Pero creen que de mayo a junio, el gigante sudamericano regresará —por poco— a la senda del crecimiento económico. El banco Itaú calcula un levísimo avance del 0,1% en la actividad en ese periodo, pero resalta que los datos de mayo son aún preliminares.


Esta semana, el consenso de los analistas ha vuelto a reducir —aunque por la mínima— la estimación de crecimiento de la economía brasileña para este año: la media de los pronósticos de las instituciones financieras se ha reducido del 1,24% al 1,23%, según el estudio Focus divulgado por el banco central. Para 2020, el pronóstico se mantiene en el 2,5%. Mientras las reformas no salen del papel, el consumo no termina de repuntar y los índices no avanzan mucho, la mayor economía de América Latina sigue en compás de espera.

Por Heloísa Mendonça
31 MAY 2019 - 19:11 COT

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La economía brasileña entra en terreno negativo por primera vez desde finales de 2016

El PIB se contrae un 0,2% en el primer trimestre del año y deja al gigante sudamericano al borde de la recesión técnica, elevando la presión sobre Bolsonaro


La economía brasileña retrocedió un 0,2% en el primer trimestre del año respecto a los tres últimos meses de 2018, según datos divulgados este jueves por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (Ibge). El resultado, el primero negativo desde el tramo final de 2016, sitúa al país más grande y poblado de América Latina al borde de la llamada recesión técnica, un término que en Brasil se conoce por un periodo de dos trimestres consecutivos con el PIB a la baja. La economía brasileña había avanzado un 0,1% en el último trimestre del año pasado, pero ese resultado aún está sujeto a revisión, que podría ser a la baja. El mal dato eleva la presión sobre Jair Bolsonaro, que hizo de la recuperación económica una de sus grandes banderas en campaña.


El cuarto trimestre de 2016 fue el último de la recesión en la que se vio sumida la economía brasileña durante dos años. Esta vez, en cambio, la cifra en rojo tiene que ver, en gran medida, con los retrocesos registrados en la industria (-0,7%) y en el sector agropecuario (-0,5%). También con la fuerte caída registrada en las industrias extractivas (-6,3%), en buena medida por el accidente en la represa de la minera Vale en Brumadinho (sureste) el pasado 25 de enero, en el que murieron casi 300 personas. Vale es una de las mayores exportadoras del país. “El accidente de Brumadinho y el consecuente estado de alerta de otros puntos de minería afectaron todo el sector”, informa la gerente de cuentas nacionales del Ibge, Claudia Dionísio, en la nota explicativa que acompaña al dato.


El fantasma de la recesión ronda a Brasil desde que se conoció el registro del último trimestre de 2018 –un escasísimo crecimiento del 0,1% en comparación con el trimestre anterior–, que aún puede ser revisado a la baja. La dificultad del Gobierno de Jair Bolsonaro de convencer al Congreso para que apruebe la reforma del sistema de pensiones, su principal bandera económica, y el clima de inseguridad política alimentado en este inicio de mandato han hecho mella sobre el gigante sudamericano. A estos factores se suma el severo ajuste fiscal, que inhibe uno de los motores en los que descansa toda economía y que frena las inversiones públicas.


Algunas señales que emite la economía brasileña preocupan especialmente a los economistas. Las inversiones de las empresas, un rubro en el que se incluyen las compras de maquinaria y los proyectos de expansión, sufrieron una merma del 1,7% respecto al cuarto trimestre del año pasado. Con esta caída son ya seis meses consecutivos con la inversión privada a la baja. "Eso indica que la baja tasa de interés [6,5%, el nivel más bajo en lo que va de siglo] no está encontrando adherencia en la realidad y el optimismo empresarial con el nuevo Gobierno no se traduce en inversiones", explica André Perfeito, economista jefe de Necton Inversiones. Las familias, sin embargo, siguen comprando. Aunque con moderación: según IBGE, el consumo privado creció un modesto 0,3% intertrimestral.


La inseguridad de los empresarios es una variable crítica, observa João Luiz Mascolo, profesor de economía de la universidad Insper. “Las inversiones están mediocres porque falta confianza en el futuro”, explica. Así, es más fácil invertir en Bolsa que en proyectos productivos, añade. La reforma de las pensiones, agrega, es una vía para el retorno de la confianza, una variable crítica en economía.


Pero el desempleo sigue siendo la mayor preocupación: alcanza ya a más de 13 millones de personas y los especialistas ponen el acento en su efecto de inhibición del consumo por el temor de los brasileños a ser los próximos en perder el empleo. La inseguridad en la oferta y en la demanda es uno de los factores decisivos en el frenazo de la economía, pero hay quien apuesta a que los próximos meses serán mejores. El Ejecutivo entrante apuesta por incentivar el sistema productivo con medidas de apoyo a proyectos de infraestructura, por ejemplo, y con un plan para reducir la burocracia empresarial para facilitar su inversión. Sus efectos están aún por ver.


El resultado presentado por la economía brasileña no ha sorprendido al mercado ni al Gobierno ya que se esperaba que entrara en terreno negativo. El propio ministro de Economía, Paulo Guedes, lo ha reconocido. "Hemos dicho que la economía brasileña está estancada. El modelo intervencionista derribó la tasa de crecimiento de Brasil. Nuestro promedio de crecimiento ha sido del 0,6% en los últimos ocho años. La economía está parada a la espera de las reformas", declara.


Sin embargo, los números ponen más presión al presidente Jair Bolsonaro, que en los últimos meses ha realizado una serie de recortes en el presupuesto público para intentar equilibrar las cuentas. La gran apuesta del presidente brasileño —y también del mercado— para intentar impulsar la economía es aprobar en el Congreso la reforma de pensiones. Lo que se espera es que dicha reforma pueda equilibrar las cuentas públicas a largo plazo. La aprobación sería una señal importante para el mercado, pues aumentaría la capacidad de inversión del Gobierno y, con ello, también el clima de confianza. "Desde el punto de vista del resultado fiscal, la reforma va a tardar un poco para dar resultado. Y en el corto plazo, no hace diferencia en el déficit público. Lo positivo es la señalización, lo que puede ayudar en la aprobación de otras reformas, como la tributaria", afirma João Luiz Mascolo, profesor de economía del Insper.


La aprobación del nuevo sistema de pensiones, sin embargo, necesita eludir un desafío importante: los hechos del propio Bolsonaro. El presidente brasileño, que ha adoptado un discurso agresivo contra el Congreso, acusa a los congresistas de intentar timar al Gobierno a cambio de cargos. El conflicto entre él y los diputados y senadores ha resultado en la dificultad de avanzar con la reforma. El pasado miércoles, tras la presión por la inmovilidad del tema en el Congreso, Bolsonaro fue a una cita con los líderes de la Cámara y del Senado, además del presidente del Supremo Tribunal Federal. El objetivo era elaborar un pacto de no agresión entre los tres poderes en favor de las medidas necesarias para recuperar la economía, pero no hubo un acuerdo entre ellos.

Por Regiane Oliveira
São Paulo 30 MAY 2019 - 15:57 COT

 

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EE UU registra la tasa de paro más baja en casi medio siglo

La desocupación se coloca en el 3,6% en abril tras crear ese mes 263.000 nuevos empleos

La economía de Estados Unidos avanza con solidez cuando la expansión que siguió a la Gran Recesión va a cumplir una década. Se refleja en el empleo. La tasa de paro bajó dos décimas y se colocó en abril en el 3,6%. Es la lectura más baja desde diciembre de 1969. Lo hizo tras registrar 263.000 ocupados, más de lo esperado. Se acelera respecto a los 189.000 de marzo. La Reserva Federal, por tanto, puede seguir avanzando con el proceso de normalización sin prisa.


El mercado laboral no está mostrando señales de que vaya a moderar el ritmo de creación de empleo, pese al bache de febrero, que en la lectura final queda en 56.000 ocupados. Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, ya aseguró el pasado miércoles que la creación de empleo estaba siendo robusta y anticipó que la economía seguirá avanzando a un ritmo saludable el resto del año.


La tasa de crecimiento anualizada fue del 3,2% en el primer trimestre. Lo previsible, según los analistas, es que en estas condiciones la creación de empleo progrese a un ritmo ligeramente por debajo a los 200.000 contratos de media mensual. La Fed, entre tanto, se escuda en la baja inflación para dejar los tipos de interés intactos. Están desde diciembre en una banda entre el 2,25 y el 2,5%.


En el primer trimestre, se creó empleo a un ritmo próximo a los 180.000 ocupados mensuales de media. La productividad en ese periodo se aceleró un 3,6% mientras el paro se mantuvo en el 3,8%. Los sueldos crecen, a un 3,2% anual, pero no como para que cree riesgos o temores del lado de la inflación para la Fed. Powell asegura que no ve evidencias que indiquen que la economía se esté recalentando.


La Fed tampoco ve signos en la dirección opuesta que anticipen una contracción y le fuercen a rebajar los tipos, como reclama el presidente Donald Trump con insistencia. El indicador de empleo sí muestra un punto de vulnerabilidad en la industria de la manufactura. Se crearon en el mes solo 4.000 empleos, frente a generar 22.000 ocupados de media en 2018. Es un hervidero de votos para el republicano.


Debilidad en la manufactura


El índice de actividad manufacturera publicado esta semana mostró una desaceleración significativa. Powell explicó durante la rueda de prensa posterior a la última reunión que es una tendencia que se observa a escala global. “Los servicios crecen más rápido”, señaló, aunque al mismo tiempo indicó que espera una “contribución positiva del sector industrial en la expansión económica” porque sigue creciendo.


Aunque junio marcará el décimo aniversario de la salida de la recesión, el mercado laboral necesitó un año más para empezar salir de la crisis. La tanda actual, la más prolongada en los registros, comenzó en octubre de 2010. Entonces el paro rondaba el 10%. Pero buena parte de este descenso se explica porque la tasa de participación está en el 62,8%. En abril medio millón de personas abandonaron el mercado laboral.


Si se tienen en cuenta son las personas que no buscan empleo de forma activa o que se ven forzadas a trabajar a tiempo parcial, la tasa de desocupación sería del 7,3% en abril. En ese caso se habría mantenido estable y estaría a uno nivel ligeramente superior al periodo de expansión que concluyó con el estallido de la burbuja tecnológica. Eso sugiere que aún hay margen para crear más empleo.


EE UU encadena, en cualquier caso, 103 meses seguidos de creación de empleo, marcando así un nuevo récord. El ritmo robusto de contratación no es solo una evidencia más de que el miedo a una recesión se exageró, también cuestiona la retórica de Trump y sus críticas hacia la estrategia de Powell. Le acuso de frenar la economía. El propio presidente de la Fed anticipa, en cualquier caso, que el crecimiento se moderará.


La atención, por tanto, se centra en entender cuándo la Reserva Federal moverá ficha. Jerome Powell dice sentirse cómo donde está. La última encuesta interna publicada en marzo indicaba que la mayoría de los miembros eran partidarios de dejar las cosas como están y no subir tipos. Veían un nuevo incremento para comienzo de 2020. Lo que queda descartado de momento es un recorte preventivo.

Por Sandro Pozzi
Nueva York 3 MAY 2019 - 08:42 COT

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