China será la única gran economía que crecerá este año, estima el FMI

El FMI estima que China será la única gran economía que crecerá este año. Foto: Kim Kyung-Hoon / Reuters.

 

Mientras que varios países del mundo se enfrentan a una recesión económica por el impacto de la pandemia de coronavirus, el Fondo Monetario Internacional estima que China será la única gran economía que crecerá este año, según los pronósticos del organismo publicados esta semana, informa CGTN.

El FMI anticipa que el producto interno bruto (PIB) de China aumentará 1,9% en 2020, mientras que otras economías emergentes y avanzadas se espera que caigan 5,7% y 5,8%, respectivamente.

Además, el organismo internacional pronostica que el crecimiento de la nación asiática se acelerará a 8,2% el próximo año.

El Gobierno del gigante asiático introdujo una serie de paquetes de estímulo, proporcionando fondos para ayudar a los consumidores y las empresas frente a las pérdidas económicas, que culminaron en un crecimiento de 3,2% en el segundo trimestre. Se espera una recuperación más fuerte en el tercer trimestre, estimada en alrededor del 5%.

China fue el primer país en enfrentar la pandemia de COVID-19, y también fue el primero en contener la propagación del virus a nivel nacional, mientras que el número de infecciones sigue aumentando en todo el mundo.

El FMI también pronostica una contracción global de 2020 del 4,4%, una mejora con respecto a una contracción del 5,2% prevista en junio, cuando los cierres de negocios alcanzaron su punto máximo.

La economista jefe del FMI, Gita Gopinath, señaló que “estos son tiempos difíciles, pero hay algunas razones para tener esperanzas” , refiriéndose a los progresos realizados en tratamientos y ensayos de vacunas.

18 octubre 2020

(Con información de RT)

Publicado enEconomía
Miércoles, 14 Octubre 2020 05:20

"La calamidad está lejos de haber pasado"

"La calamidad está lejos de haber pasado"

Giorgieva, titular del FMI, sobre la crisis global

 

La directora del departamento de Estudios del FMI, Gita Gopinath, advirtió que se necesita una mayor colaboración internacional para lograr “suficiente producción y distribución generalizada en todas partes del mundo de la vacuna” y pidió a los gobiernos que “sigan proporcionando apoyo a los ingresos mediante transferencias de efectivo bien focalizadas, subsidios salariales y seguro de desempleo”.

Según la titular del FMI, Kristalina Georgieva, “el panorama actual es menos terrible, pero esta calamidad está lejos de haber pasado. El apoyo financiero global de 12 billones de dólares y los niveles sin precedentes de expansión monetaria ayudaron en muchas economías avanzadas, incluyendo Estados Unidos y los países de la Eurozona, a evitar el peor daño”. Sin embargo, “economías emergentes y países de bajos ingresos continúan sufriendo por sistemas débiles de salud, excesivo endeudamiento externo y por la dependencia de sectores como el turismo, especialmente afectados por la pandemia”.

Georgieva volvió a pedir por “mayor alivio de deuda para los países de bajos ingresos” y subrayó que “será necesario que la comunidad global coordine un plan de reestructuración de deudas soberanas”, en línea con la postura que tuvo el organismo en relación al canje de deuda argentino.

Por su parte, Gopinath detalló que “se están logrando enormes avances en el desarrollo de pruebas, tratamientos y vacunas, pero sólo si los países trabajan en estrecha colaboración habrá suficiente producción y distribución generalizada en todas partes del mundo”.

La jefa del departamento de Estudios del FMI resaltó que “los gobiernos deben seguir proporcionando apoyo a los ingresos mediante transferencias de efectivo bien focalizadas, subsidios salariales y seguro de desempleo. Para prevenir bancarrotas a gran escala y garantizar que los trabajadores puedan regresar a trabajos productivos, las empresas vulnerables pero viables deben seguir recibiendo apoyo, siempre que sea posible, mediante aplazamientos de impuestos, moratorias del servicio de la deuda e inyecciones similares de capital”.

"Esta es la peor crisis desde la Gran Depresión y los desafíos son abrumadores. De todas formas, hay razones que permiten tener cierto optimismo. La respuesta política excepcional, incluido el establecimiento del paquete de recuperación de la Unión Europea y el uso de tecnologías digitales para brindar asistencia social. Se trata de un poderoso recordatorio de que las políticas bien diseñadas protegen a las personas y el bienestar económico colectivo", agregó Gopinath.

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Cómo reconstruir sobre los escombros del liberalismo

Entrevista a Naomi Klein

El clima y la elección en EE UU

GB: En CNBC News se difundió esta semana un reportaje que dice que el hemisferio norte está conociendo el verano más cálido jamás registrado; en los meses de junio a agosto, la temperatura fue 2,11 grados Fahrenheit –alrededor de un grado Celsius– más alta que el promedio del hemisferio norte, con lo que hemos tenido el agosto más caluroso desde que comenzaron a realizarse estos registros en 1880. Escalofriante, ¿no?

NK:Sí, en efecto, porque estamos perdiendo el hielo del Ártico a un ritmo alarmante. Creo que donde resulta más inquietante, en cuanto al calor que hace, es en el extremo norte. Estamos viendo ahora temperaturas asombrosamente cálidas en el Ártico. Está claro que cuando se derrite el hielo, sube el nivel del mar y esto tiene enormes efectos globales, y además es irreversible. Como dice mi amigo Bill McKibben, hemos acabado con uno de los principales elementos característicos del mundo, el Ártico. Sí, esto es nefasto. Y claro que los grandes incendios son un síntoma de ello. Las tempestades, esa acometida de huracanes simultáneos que golpean la costa meridional de Norteamérica, también son sintomáticos, al igual que en el Caribe. Esto ya es realidad, definitivamente.

GB: En otra parte del reportaje se explica que la temperatura en el Valle de la Muerte alcanzó los 130 grados Fahrenheit [⁓ 54,5 grados Celsius], una de las temperaturas más elevadas que jamás se han registrado en el planeta.

NK: Sí. Estuve en la región el verano pasado, y el calor ya era insoportable con 118 grados. Estamos perdiendo también esos ecosistemas únicos. Los árboles de Josué, esos paisajes de otro mundo, van a terminar ardiendo. Este nivel de temperatura es el contexto en que se producen los enormes incendios. En los últimos días han estado ardiendo al mismo tiempo cinco de los incendios más extensos de la historia de California. Así que el calor tiene mucho que ver con esto. No es el único factor. Hay otros factores que determinan que esto se nos haya ido de las manos, incluida la manera en que se han gestionado los bosques.

Esto es lo extraño de Donald Trump, que a menudo tiene una pizca de razón. Fue a California y dijo que el problema no son las altas temperaturas ni el cambio climático, sino la gestión forestal. Claro que tiene que ver con el aumento de las temperaturas y con la sequía, pero un aspecto agravante ha sido la eliminación y el desprecio de los conocimientos indígenas en California y en tantas otras partes del mundo.

Los pueblos indígenas solían practicar las llamadas quemas culturales, que a veces también se denominan quemas controladas; constituyen una manera de cuidar el bosque, permitiendo que haya algún fuego como parte de un ecosistema sano. El ecologismo ha tendido a contemplar el bosque como un museo, como algo que no hay que cambiar. Y ha habido mucho miedo al fuego a medida que las cosas se han descontrolado. Si temes perder tu casa –que no deberían haber construido en zonas con peligro de incendio–, entonces no puedes tolerar ningún fuego.

Luego esta esa acumulación de materia combustible, que no es más que madera muerta, restos. Tal como yo lo veo, si quieres hacer un fuego en el bosque, primero reúnes algo de leña menuda y tal vez un pedazo de papel, y encima colocas algunos leños pequeños y enciendes el fuego con una cerilla. Cuando todo arde, echas trozos de leña más grandes. Así que no permitimos que los fuegos naturales eliminen los restos. También están los insectos asociados al cambio climático que no mueren de forma cíclica, que han estado comiendo madera, comiendo árboles y dejando atrás un reguero de muerte. Acabamos de tener una nueva infestación de polillas, que hacen lo mismo. Así que hay montones de material combustible. Esta es la leña menuda, y si imaginas que alguien hace un fuego en el bosque, el calor hace de cerilla, el calor se acerca y entonces todo arde. Ahí es donde estamos en estos momentos.

GB: ¿Qué importancia crees que tendrá esta cuestión en la campaña de la elección presidencial? ¿Piensas que la magnitud de los desastres que estamos viendo este año, por mucho que Trump rechace la idea de que esto tenga algo que ver con el colapso climático, hará que la gente comience a prestar atención a todo esto y que ello influirá en su voto?

NK: Creo que si Biden se ratifica en los mensajes que ha estado emitiendo en los últimos días, podría tener un impacto enorme, porque los sondeos muestran que el electorado está muy preocupado por el cambio climático. El cambio principal de los dos últimos años, y en especial del último año y medio, se ve cuando se pide a los y las votantes al Partido Demócrata que declaran que les preocupa el cambio climático que clasifiquen por orden de importancia las cuestiones que les preocupan. Claro que es una manera extraña de sondear la opinión, la de preguntar a la gente: ¿qué te preocupa más, la salud o el empleo, o el empleo o el clima? Así que la gente confecciona esa ridícula lista, como si todas esas cuestiones no estuvieran interrelacionadas.

Pero en este sondeo, cuando piden a votantes del Partido Demócrata que declaran que les preocupa el cambio climático que lo clasifiquen por orden de importancia, suelen poner siempre el cambio climático en la parte baja de la lista, como en el puesto decimonoveno o vigésimo. Esto ha sido así durante un decenio. Sin embargo, en los dos últimos años la cuestión ha ido escalando hasta el punto de que en las primarias del Partido Demócrata rivalizaba con la atención sanitaria por el primer puesto. También adquiere una importancia destacada entre votantes independientes y muchos Republicanos. Así que es una cuestión ganadora. Hay claramente un sentido de la urgencia, en particular cuando la gente afronta lo que sabe que no tiene precedentes.

Recuerdo que estando en Misisipi, Estado Republicano como el que más, después de que el huracán Katrina azotara la costa del golfo de México y hablando con votantes Republicanos, estos dijeron: “Por supuesto que esto es el cambio climático. Construimos nuestra casa aquí porque sabemos dónde se sitúa el nivel máximo del agua, y el agua del río nunca había subido tanto como ahora.” Así que cuando la gente lo vive en propia carne, cuando sabe que nunca ha habido un incendio como este, que nunca ha habido una tempestad que haya hecho subir tanto el nivel del río, esto afecta a su vida, y entonces está claro que tienen un tremendo sentido de la urgencia al respecto.

Y creo que se han emitido algunos mensajes inteligentes desde el bando de Biden, cuando oyes a Trump decir estas cosas destinadas muy específicamente a las zonas residenciales suburbanas: los Antifa vienen a por vosotros, quieren destruir vuestros barrios. Lo que ocurre realmente es que lo que destruye las zonas residenciales no son los Antifa, sino los grandes incendios incontrolados en el noroeste de la costa del Pacífico. Es lo mismo que las tempestades sin precedentes. Creo que son mensajes inteligentes. Espero que Biden insista. A menudo escuchamos algún mensaje bueno sobre el clima en boca de algún que otro Demócrata centrista, pero luego se asustan. Les acusan de politizar las catástrofes y entonces se acobardan y se desdicen. Espero de verdad que no se acobarden, porque creo que es un mensaje ganador.

GB: ¿Y qué me dices de la política efectiva? Biden se ha sacado de la manga ese plan por el clima de dos billones de dólares –toda una sensación mediática– y he visto algunos comentarios positivos de medios progresistas e incluso de personas que apoyaban a Bernie Sanders y otras candidaturas. ¿Crees que será tan transformador como parece?

NK: Pienso que la respuesta breve es no, no si se deja en sus manos. Y para serte sincera, en realidad no le he prestado mucha atención. Está claro que sigo lo que dice el bando de Biden, pero me temo que he presenciado suficientes campañas electorales para saber que hay una diferencia realmente muy grande entre lo que dirá un Demócrata centrista en la campaña y lo que hará cuando asuma el cargo. Observan los mismos sondeos que yo. Comprenden que esta es una cuestión ganadora que atraviesa las divisorias partidarias, que resuena en los barrios residenciales suburbanos acomodados, así como en comunidades y ciudades desfavorecidas. Y entienden que hay un ala juvenil muy movilizada en su propio partido, representada por el Sunrise Movement, entre otros, que les harán la vida imposible si no dicen algunas de las cosas que hacen falta.

Así que ¿significa esto entonces que van a traernos el Green New Deal, el gran pacto social verde de nuestros sueños? De ningún modo. No significa esto. Significa que comprende que este es un mensaje electoral ganador, que es peligroso no ofrecer algo al ala progresista del partido, pero habla por las dos comisuras de la boca. Biden también suelta esos discursos en que afirma que no piensa prohibir la fracturación hidráulica, pues se ha convencido de que esta es la manera de ganar en Pensilvania. Creo que la medida real de lo que podemos esperar de Biden la tendremos cuando veamos de quiénes se rodea y a quiénes acaba nombrando. Pienso que una señal de esperanza, me parece, es que el movimiento por la justicia climática no adopta una postura de esperar y ver, que fue uno de los grandes errores que hicimos con Obama.

Cuando Obama, había un ala muy potente del Partido Demócrata que yo calificaría con eso de dadle al tipo una oportunidad, que sin importarle qué cosas indignantes hizo Obama –hizo campaña diciendo que rescataría la Main Street de las garras de Wall Street y luego resulta que buscaba asesoramiento económico en Larry Summers–, siguió diciendo eso de dadle al tipo una oportunidad. Puede que en esta partida de ajedrez tridimensional que estuvo jugando, Obama trataba de dar a entender que quería calmar a Wall Street, y realmente esa era su intención.

Y pienso que hemos aprendido la lección a base de palos; no le deis ninguna oportunidad al tipo. Mantened la presión a todo trapo. Y se han enviado cartas firmadas por montones de líderes medioambientales, advirtiendo a la administración de Biden que no nombre para los cargos cruciales en materia energética a personas vinculadas al sector de los combustibles fósiles, que es lo que hizo Obama. Así que la gente trata de tomar la delantera y dejar claro que no nos contentaremos con algunas frases bonitas durante la campaña, que de verdad la cuestión es a quién nombrará, de quién se rodea. Y pase lo que pase, lo decisivo será la presión a que se vea sometido. Estoy absolutamente convencida de que es imperativo que nos deshagamos de Trump, que vayamos al terreno en que estos debates importan.

Ni siquiera nos preocupamos de presionar a Trump porque sabemos que no es posible presionarle. Y menos aún con cuestiones como la del Green New Deal, no sirve de nada. Así que hemos de ir al terreno en que podemos tener algo de fuerza y hace falta que aprendamos de los errores durante los años de Obama, cuando francamente perdimos el tiempo durante el primer mandato de su presidencia, dándole al tipo una oportunidad en múltiples frentes. No fue hasta el segundo mandato que comenzamos a ver actos de desobediencia civil masiva, bien sea en el movimiento climático con la campaña entre el oleoducto Keystone XL y luego contra el oleoducto de acceso a Dakota en Standing Rock, el movimiento Black Lives Matter, o el de los Dreamers, el movimiento por los derechos de los migrantes.

La gente salió a la calle y se manifestó contra el gobierno de Obama, practicó la desobediencia civil y planteó alternativas potentes. Fue entonces cuando empezamos a ver alguna reacción y conseguir algunas políticas medianamente decentes. Está claro que no tenemos todo ese tiempo. De modo que lo que podamos conseguir de Biden dependerá de lo que reivindiquemos durante el periodo de transición y a partir del primer día. Todo esto suponiendo que entraremos en lo que hoy por hoy es el mejor escenario posible, a saber, que gane Biden.

Una vida en la izquierda

GB: Tu libro No Logo fue como un oasis en el desierto neoliberal que existía antes de la crisis financiera, en tiempos del movimiento altermundista. Después hiciste un documental, The Take, sobre la toma de una fábrica por los obreros en Argentina. Y luego vino La doctrina del shock, publicado en vísperas de la crisis financiera, que demostró que su tesis central es correcta. Desde entonces has publicado algunos más, entre ellos Esto lo cambia todo y On Fire, tu libro más reciente, The Burning Case for the Green New Deal. ¿Puedes contarnos un poco cómo te implicaste en todo esto? ¿De dónde vino tu impulso a querer comenzar a escribir, a querer implicarte en el activismo?

NK: Bueno, siempre he escrito. Me veía a mí misma como escritora y me propuse escribir antes de verme como activista. De niña escribía mucho. Escribí un montón de mala poesía, llené muchísimos diarios, adoraba escribir, adoraba leer, y crecí en una familia activista. Mi madre es cineasta documental. Formaba parte del que creo que fue el primer estudio cinematográfico de mujeres del mundo, llamado Studio Den Canadá. Mis padres se oponían a la guerra. Vinimos a Canadá porque mi padre que quería ir a Vietnam. Mi abuelo fue un sindicalista represaliado. Trabajó para Walt Disney de animador, participó en la organización de la primera huelga de animadores y después lo despidieron y lo pusieron en la lista negra.

Así que crecí en este ambiente. Y mis abuelos y abuelas formaban parte del movimiento de Vuelta a la naturaleza en Nueva Jersey, donde participaron en la fundación de esa especie de comuna llamada Nature Friends, donde actuarían Paul Robeson y Pete Seeger y Woody Guthrie. Así que en mi infancia bebimos toda esa cultura. Y yo estaba increíblemente abochornada durante mi adolescencia en la década de 1980. Simplemente pensaba que todo eso era horroroso, muy horroroso.

Pero de alguna manera la idea se me metió en la cabeza, a través del acervo familiar. Y cuando fui a la universidad, comencé a escribir para la revista del campus y me impliqué en la actividad política. Durante mi primer año de estudiante hubo una terrible masacre en una universidad de la ciudad donde vivía, Montreal. En aquel entonces fue, creo, uno de los peores actos de asesinato indiscriminado de la historia de Canadá, cuando un tipo armado fue a una escuela de ingeniería donde creía que le habían discriminado como hombre. Era una especie de incel [célibe involuntario] adelantado a su tiempo. Esto ocurrió en 1989. Entró en el edificio y separó a los hombres de las mujeres en la escuela de ingeniería, obligó a ellas a situarse contra la pared y dijo “sois todas una banda de jodidas feministas” y mató a 14 mujeres y después se suicidó.

Luego, en estado de consternación, conectamos nuestros televisores y nuestras radios y escuchamos a un sinfín de comentaristas masculinos diciendo que no tenía nada que ver con el feminismo o las mujeres o la misoginia. Que no era más que un trastorno mental. ¿Te suena? Y esta clase de cosas te sientan como un tiro, especialmente a mí, porque había crecido en ese contexto. Hasta aquel momento yo había intentado mantenerme al margen. Mi hermano era el gran activista. Yo solo quería ser escritora y no destacar demasiado. Y de pronto me vi presidiendo reuniones y chupando de ese acervo que no me había dado cuenta que llevaba dentro, pero que lo llevaba porque crecí en un hogar en que se celebraban reuniones políticas en la sala de estar. Así fue cómo todo comenzó para mí.

GB: Tu carrera comenzó con las críticas a la globalización neoliberal. ¿Puedes contarnos brevemente cómo ha evolucionado tu crítica de lo que los liberales llamarían el orden mundial basado en reglas desde la década de 1990? En particular, ¿crees que estamos entrando en una fase de algo así como una desglobalización?

NK: No sé muy bien cuál es esta etapa en que nos hallamos. No creo que alguien lo sepa. Pero nos hallamos en una nueva etapa. Y pienso que Trump ha marcado una época diferente, en la que ha surgido sin duda un nuevo tipo de proteccionismo. Pero no creo que esté tanto en contradicción con ese orden comercial neoliberal como él quisiera que creamos, ni mucho menos. Del mismo modo que creo que a Boris Johnson le gusta posicionar al Partido Conservador en la oposición a los globalistas, etc. Creo que han aprendido a entrever la crítica profunda de que lo que representó ese régimen comercial en términos de desindustrialización, de vaciado de las economías y de precarización del trabajo. Y saben que a sus bases esto les preocupa. Así que han buscado la manera de aparentar, por decirlo así, un cambio de este orden económico mundial. Dicho esto, creo que está produciéndose un cambio real en los conflictos con China. No sé si todo esto tiene pies ni cabeza más allá del mero deseo de Trump de mantenerse en el poder.

Pero por mi parte, en la década de 1990 me puse a examinar todo esto porque escribía una columna en un periódico canadiense, Toronto Star, y edité una revista de izquierda llamada This Magazine, e hicimos muchos reportajes sobre los efectos de este régimen comercial en el mundo del trabajo. Yo informaba tanto sobre las condiciones de sobreexplotación que imperaban en las fábricas en que se producían nuestros bienes de consumo, en Indonesia y en Filipinas y otras partes, finalmente en China, y sobre el ascenso del McJobs [empleo precario]. Todo esto está en No Logo.

El punto de partida fue el intento de comprender cómo se fabricaban entonces las cosas, las cosas de nuestras vidas. Y el ascenso de lo que yo llamaba esas marcas huecas, esas marcas que no tenían sus propias fábricas. Comprendí que la cuestión no era simplemente dónde se fabricaban las cosas, sino la concepción que tenían las empresas de sí mismas, no como fabricantes de cosas, sino sobre todo como productoras de ideas, de identidades, de tribus. Era el modelo Nike, que en su tiempo fue una revolución: el hecho de ser una empresa que parecía ser una empresa que se dedicaba sobre todo a fabricar y vender zapatillas deportivas y no poseía ni una de sus fábricas. Era un nuevo modelo de negocio, ya que todas sus competidoras tenían su propia cadena de suministro, y era tan rentable que todo el mundo comenzó a imitarle.

Pero lo que yo estaba tratando de vislumbrar era la manera en que este modelo de negocio cambiaba tanto el trabajo como la cultura. Está claro que transforma el trabajo, porque lo precariza y hace que las personas que producen las cosas pierdan importancia para los poderosos, ya que se emplean a través de una red de contratistas y subcontratistas. Si hay un problema en una fábrica, le rescinden el contrato y se lo dan a otra, con lo que pierde peso el poder del factor trabajo. Pero también transforma la cultura, porque si tu producto es tu idea, tu identidad, entonces produces a través del márqueting. Produces devorando las manifestaciones y expresiones de aquellas ideas en el mundo real a través del patrocinio empresarial, etc.

Así que como joven reportera me interesaba saber cómo la cultura juvenil estaba siendo devorada en aquel periodo, y No Logo trataba tanto del trabajo como de la cultura, trataba de cómo estaba cambiando nuestra cultura, y Trump es fruto de esto. Esto es algo que me parece que es importante que comprendamos, que Trump es la primera marca hueca que ha llegado a jefe de Estado. Se podría decir que Silvio Berlusconi fue un ejemplo temprano de esto, pero Berlusconi no era una marca, ¿verdad? Posee toda esa red de medios de comunicación y equipos deportivos, etc., estaba en ese negocio, pero la marca no era Berlusconi. En el caso de Trump, la marca es Trump. Y él se ha apoyado en esto, lo ha convertido en su carrera política. No creo que la gente dedique tiempo suficiente a pensar qué significa tener una marca de presidente. Es bastante extraordinario, de veras.

GB: Resulta increíble que escribieras La doctrina del shock, que se publicó en 2007, y un año más tarde, en toda Europa y el Reino Unido, tenías gobiernos aprovechando la crisis masiva para imponer los costes de un colapso financiero a la gente trabajadora a través de la austeridad…

NK: El capitalismo es creación de crisis, como sabes, así que no es tan increíble que hubiera una crisis. En realidad, este método se ensayó en todo el mundo tras la crisis financiera asiática, tras el colapso de la Unión Soviética, la crisis del peso. De esto escribí en La doctrina del shock. Finalmente, esta práctica fue asumida  por el centro del poder en Wall Street.

GB: Está claro que esto repercutió enormemente en los movimientos en que has estado implicada desde entonces. Buena parte de la energía que impulsó los momentos de Jeremy Corbyn y Bernie Sanders se remonta, de una manera u otra, a Occupy y las protestas que se produjeron tras la crisis financiera. ¿Cuál crees que es el efecto duradero de esta crisis en la izquierda?

NK: Pienso que de alguna manera hay un hilo rojo que relaciona a tantos de estos movimientos y, por otro lado, vemos cómo se informa de ellos, como si no tuvieran que ver unos con otros. Dicen que no hay relación alguna entre los movimientos altermundistas de comienzos de la década de 2000 y de finales de la de 1990 y Occupy, y por supuesto que la hay, y hay una conexión entre el movimiento por la justicia climática y Occupy y Bernie y Corbyn. Con un poco de suerte, aprendemos de nuestros errores, y creo que una de las limitaciones de los movimientos de las plazas fue que muchos de ellos no plantearon alternativas a este sistema fallido. Había una especie de fetichismo por la ausencia de demandas; fue un no, pero no fue un sí suficientemente fuerte a lo que queremos en su lugar.

Hay excepciones a este respecto, pero creo que por parte de la gente que se implicó en la plaza Tahrir o en las revueltas masivas de Grecia y Occupy se ha formulado una crítica, una autocrítica por la incapacidad de decir más que tan solo no. Has dicho que yo estuve implicada en este movimiento. Y lo estuve. Lo apoyé y fui a Occupy unas pocas veces y hablé con activistas y asistí a reuniones, pero lo cierto es que una vez publicada La doctrina del shock y cuando la economía mundial cayó en picado tomé la decisión de que no me dedicaría a ir aquí y allá para hacer lo que comenté en broma con mi pareja, Avi, la gira de Os lo dije, porque estaba recibiendo invitaciones.

Me llegaban invitaciones, como Ven a España. Ven a Grecia. Ven aquí. Ven y háblanos de La doctrina del shock. Pensé: bueno, ¿para qué? Porque la gente lo entiende perfectamente. En las calles gritaban “No pagaremos vuestra crisis” y hubo esa increíble revuelta, llena de fuerza, de gente que nombraba lo que estaba produciéndose. Fue una crisis creada por las elites. La provocaron los bancos. El coste de la misma estaba cargándose sistemáticamente sobre las espaldas de la gente menos responsable y más vulnerable. Estaba ocurriendo en un país tras otro, y la gente resistía y denunciaba. Ya estaba claro que el mero nono iba a pararlo.

Pero de todos modos ocurrió, y fue entonces cuando decidí escribir Esto lo cambia todo, pues había tomado esa decisión concertada de distanciarme un poco. Sentí profundamente que necesitábamos un contundente, una visión realmente transformadora de la clase de mundo que queríamos. No quiero emplear la palabra solución porque no creo que la cosa sea tan simple. Sería un proceso de reparación de esta rotura interseccional, la rotura de nuestro mundo físico, lo que le hemos hecho a nuestro mundo físico con el cambio climático, con tantas otras crisis ecológicas, la herencia de cuarenta años de austeridad y la rotura de nuestra infraestructuras de cuidados, y la rotura simultánea de la construcción del Estado carcelario, que está estrechamente relacionada con toda esa desinversión en los componentes del Estado que ayudan realmente a la gente.

Así es como veo el Green New Deal. Es algo que ha adoptado muchos nombres. Cuando escribí Esto lo cambia todo, cité a una negociadora boliviana sobre el cambio climático, de nombre Angélica Navarro. También era la embajadora boliviana en la Organización Mundial del Comercio, y reclamó un Plan Marshall para la Tierra. Era la misma idea. Creemos puestos de trabajo y luchemos contra la disrupción climática al mismo tiempo. Paguemos reparaciones por el colonialismo y la esclavitud. Estas son las palabras que dan miedo, pero es lo que tenemos que hacer.

Recuerdo que estuve en Europa cuando investigaba para el libro y me reuní con Alexis Tsipras y gente de Podemos. Tsipras me dijo, literalmente: “Nadie se preocupa ya del medio ambiente. Solo les preocupa la economía.” Yo le contesté algo así como: “Tu trabajo es hacer que se preocupen. Les trae sin cuidado porque sienten que tienen que optar por una cosa u otra, pero no tienen por qué optar. Es posible. Necesitamos una visión de cómo crear puestos de trabajo y superar la crisis climática al mismo tiempo. Esta es la vía de salida de la crisis.” Lo rechazó de plano. En aquel entonces escuchamos otros discursos similares, recuerdo a Pablo Iglesias diciendo que “la gente no puede preocuparse por el clima cuando tiene que llevar comida a la mesa”, y es lo mismo, no les obligues a optar. Como sabes, Grace, toda la idea de un Green New Deal o como quieras llamarlo es que dice a la gente: “Podemos crear puestos de trabajo para alimentar a las familias y al mismo tiempo curar el planeta y librarnos de los combustibles fósiles.”

Fue una oportunidad perdida, una oportunidad perdida a escala mundial, pero hemos de ser autocríticas al respecto. Pienso que ahora hay una generación de activistas por la justicia climática y políticos rebeldes que han captado la profundidad de este error y promueven por fin esta visión interseccional. Lo que estuve haciendo en aquel entonces era trabajar sobre lo que al final fue nuestra hoja de ruta, que lanzamos primero en Canadá, el Leap Manifesto [Manifiesto del salto], hace exactamente cinco años.

La crisis de la Covid

GB: En este momento nos hallamos en plena crisis mundial generada por la pandemia de covid-19. ¿Crees que estamos a punto de encajar otra lección en la línea de la política de La doctrina del shock? ¿O acaso eres más optimista y crees que seremos capaces de aprovechar este momento para impulsar un cambio real sobre la base del hecho de que tenemos una política formulada más alrededor de la idea de lo que podrías llamar un que simplemente un no? ¿Podría ser el Green New Deal nuestro en este momento, por el que podemos luchar y que podemos impulsar tras una crisis que va a causar tanto sufrimiento y exigirá renovar completamente tanto nuestros sistemas económicos como sociales?

NK: Debería serlo, y pienso que necesitamos una visión tan expansiva como sea posible, que realmente junte a los movimientos, porque también nos hallamos en medio de lo que se ha venido en llamarse un ajuste de cuentas racial, una revuelta por la justicia racial. Hay quien empieza a hablar de Black and Red and Green New Deal. Me gusta esta formulación porque pienso que queda por hacer un montón de trabajo para hacer confluir realmente estos movimientos, asumiendo las demandas, las demandas transformadoras de todos los movimientos, incluida la de dejar de financiar a la policía y acabar con el Estado carcelario e invertir en infraestructuras de cuidados.

Hace falta que el movimiento feminista nos informe en este sentido, de modo que consigamos un Green New Deal tan amplio como sea posible y que entre en resonancia con tanta gente que luche por ello como sea posible. No se trata simplemente de una cuestión de corrección política ni de poner crucecitas en montones de casillas. La cuestión es esta: ¿cómo construyes una coalición ganadora? ¿Cómo motivas a la gente para que luche por algo? Porque como hemos dicho al comienzo, perdimos las batallas en que tuvimos una oportunidad de contar con gobiernos que hicieran esto. Nuestras mejores perspectivas ahora son un Partido Laborista centrista y un Partido Demócrata centrista.

Así que lo que hace falta es que los movimientos sociales se unan en torno a este , y que entusiasmen realmente a la base, a una multitud de personas, para luchar por esto e implementarlo a escala local. Tenemos que mirar en qué ciudades gobiernan. ¿Por qué no podemos hacer muchas más cosas en este sentido en Londres, por ejemplo? ¿O en Manchester? Y lo mismo podemos decir de Nueva York y San Francisco y Los Ángeles. Son espacios en que no podemos limitarnos a culpar a Johnson y Trump. Se supone que tenemos algún poder en esos lugares, donde no ha ocurrido lo suficiente, y eso importa porque la mayoría de la población vive en ciudades. Así que si pueden ver que su calidad de vida mejora cuando conseguimos que se apliquen algunas de estas políticas, entonces el argumentario de la derecha, que blande el empleo frente al medio ambiente, comenzará a desmontarse porque la experiencia vivida por la gente demostrará lo contrario, que no hace falta que elijan una cosa o la otra.

GB: Ahora que asistimos, como dices, a la recuperación por candidatos centristas de partidos políticos en EE UU y el Reino Unido, ¿ves alguna posibilidad viable de lograr realmente el Green New Deal? Hemos hablado un poco de la importancia que los movimientos sean más radicales en estas cuestiones. A fin de cuentas, necesitaremos una legislación. Este es un problema de acción colectiva de masas. ¿Ves alguna posibilidad de lograr este cambio legislativo, pero también de reunir el volumen de recursos colectivos que necesitaremos para abordar esta cuestión ahora que los sectores de izquierdas de dichos partidos han sido derrotados?

NK: Creo que la cosa es bastante más complicada. Lo habría sido de todas maneras, porque lo cierto es que lo que hemos visto durante las campañas, y me refiero a la basura que se ha estado echando sobre Corbyn y Sanders y al hecho de que una parte significativa del Partido Laborista preferiría sin duda votar a Johnson que no a Corbyn, y una parte significativa de Demócratas centristas se arriesgarían antes a un segundo mandato de Trump que a tener un presidente socialista democrático, significa que lo que hemos experimentado apenas es una pequeña degustación de lo duro que habrían tenido que batallar si hubieran ganado. Así que no habría sido fácil, y puede que no hubiera conducido a nada.

Estamos hablando de otra vía distinta, una que requiere una movilización masiva. Cuando hablamos de la presión de los movimientos sociales, si observas lo que ocurrió en la década de 1930, cuando Franklin D. Roosevelt era presidente, lo que acontecía en la izquierda en EE UU era simplemente extraordinario. Había cada vez más huelgas todos los años. Dirías que cuando consigues la seguridad social y el seguro de desempleo y el final de los bancos, la gente podría pensar que no haría falta una huelga general, pero lo cierto es que eso ocurrió cuando ya había una huelga general.

Mi amigo Raj Patel ha confeccionado una gráfica sobre las alteraciones de la vida laboral durante la década de 1930. Lo que vemos es que a medida que se desarrollaba el New Deal, el número de huelgas aumentó rápidamente. El punto álgido se alcanzó en 1937, y el New Deal comenzó en 1933. Fue cuando bloquearon ciudades enteras, puertos, etc. No fue una mera protesta: fueron poblaciones movilizadas. Por eso Howard Zinn pudo decir: “Sí, pregúntate por quién votas cuando estés en la cabina donde se hallan las papeletas. Pero el resto del tiempo, construye poder.”

El libro de Zinn, La otra historia de los Estados Unidos, trata de esta clase de poder, que se organizaba barrio por barrio, lugar de trabajo por lugar de trabajo, para construir esa fuerza capaz de conseguir algo de la magnitud del New Deal original, que como sabemos dejó fuera a las mujeres, dejó fuera a mucha gente trabajadora negra, porque no incluyó a la mano de obra agrícola ni a las empleadas domésticas. Y había una discriminación sistémica en el movimiento obrero, pero también tenía programas que proporcionaron más recursos a las poblaciones afroamericanas e indígenas que cualquier otro programa posterior.

Constituyen legados complicados, y tenemos que aprender tanto de sus fallos como de sus aciertos. Así que sí, pienso que es posible. Es realmente difícil y se trata de comprender que tenemos que reconstruir sobre los escombros del neoliberalismo. De alguna manera, creo que tal vez hayamos sido demasiado ingenuas al pensar que podríamos haberlo hecho de arriba abajo. Porque Corbyn y Sanders, si hubieran ganado, no tendrían detrás a poblaciones organizadas como las tuvo Roosevelt, porque no podemos reconstruir tan rápido partiendo de cincuenta años de ataques contra el movimiento obrero. Por tanto, el panorama es distinto y esta es una labor que necesitamos desesperadamente llevar a cabo.

Volviendo a lo que me preguntabas sobre la pandemia y cómo podríamos vencerla, creo que una de las cosas que ha hecho la pandemia es mostrar a millones de trabajadores y trabajadoras –que habían sido tratadas como un objeto de usar y tirar, cuyo trabajo había sido degradado al máximo, a las que habían dicho que no estaban cualificadas, que eran fáciles de reemplazar– que de hecho son los trabajadores y trabajadoras más esenciales en nuestra economía. Han sido calificadas de trabajadoras esenciales. Y si miras quiénes son las trabajadoras esenciales, se trata de la clase trabajadora, de la gente que hace que la rueda siga girando. Son las personas que cuidan a la gente mayor. Sabemos que quiénes hablamos. Hablamos de las personas que aseguran que lo básico funcione.

Quiero afinar mucho en cómo lo digo, porque pienso que muchas de esas personas no sabían lo importante que es su trabajo. Pero mira, la ideología neoliberal es una fuerza poderosa. Ahora, el personal de Amazon sabe que su trabajo es crucial para suministrar alimentos y ropa a la gente. Creo que en este aspecto no tendremos la misma situación que en la década de 1930, en qué significa ejercer el poder esencial de la clase trabajadora. Está organizándose en línea y en persona, pero estas son nuevas herramientas que se están organizando.

Pienso que existen distintas palancas en diferentes épocas del capitalismo, pero esta es nuestra esperanza; la que depositamos en los trabajadores y trabajadoras esenciales que han sido tan maltratadas. Podemos hablar de las enfermeras que han tenido que atender a pacientes de covid-19 sin los equipos necesarios para protegerse ellas mismas y a sus familias, pero hay tanta gente trabajadora enfurecida en estos momentos, y con toda la razón. Y allí hay poder si logramos movilizarlo.

02/10/2020

Naomi Klein es periodista y activista. Grace Blakeley es redactora de Tribune.

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Imagen ilustrativaUnsplash / Cris Jiao

El papel de los bancos centrales se debilita, a la vez que los gobiernos tienen más peso en las políticas monetarias, según Bloomberg.

 

Hasta la fecha, en la mayoría de los países los bancos centrales gozaban de suficiente autonomía como para impulsar sus propias políticas que a menudo se enfocaban en equilibrar las de las autoridades, que tienden a optar por unos gastos mayores y, por tanto, pueden provocar inflación, pero ahora el papel de los banqueros está cambiando y va cediendo ante los gobiernos que aumentan los gastos en respuesta a la pandemia, indica Bloomberg.

El gasto público, que sirvió de una especie de amortiguador ante el covid-19, se considera cada vez más vital para una recuperación económica sostenida, al tiempo que la política fiscal ha sido clave en la lucha contra el coronavirus, con gobiernos subvencionando los salarios, enviando ayudas a los hogares necesitados y garantizando préstamos para las empresas.

"La política fiscal es la gran apuesta ahora", comentó a Bloomberg Stephen King, asesor económico de HSBC Holdings Plc. "Como banquero central, tienes que aceptar que en ese sentido has perdido un poco de poder ante el proceso político", agregó.

En respuesta a los gastos desmesurados, se están acumulado déficits presupuestarios sin precedentes, un enfoque que, sin embargo, los economistas han ido apoyando gradualmente desde la última gran crisis financiera de 2008.

Sin poder presionar a las autoridades monetarias para contrarrestar políticas fiscales demasiado flojas y con escasas herramientas a su disposición para impulsar las economías, con las tasas de interés en cero o por debajo, los bancos centrales ahora están pidiendo más gasto en déficit, comprando franjas de la deuda resultante y prometiendo bajos costos de endeudamiento en el futuro, explica el citado medio.

Según las previsiones de Bloomberg para el crecimiento mundial, este año se produce una contracción del 4,5 % seguida del 4,8 % en 2021. Ese punto de vista de referencia asume que el aumento de los casos en Europa y los EE.UU. se reducen pero no destruyen la recuperación, que los EE.UU. ofrecen un estímulo fiscal adicional en el primer trimestre de 2021, y que una vacuna se distribuye ampliamente a mediados del año entrante

Publicado: 13 oct 2020 04:41 GMT

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AL, la región más afectada en economía y salud por Covid-19: BM

Los gobiernos deberán atender a los más vulnerables y reorientar el gasto a generar empleo, señaló

 

América Latina y el Caribe son la región más castigada en el mundo por la pandemia de Covid-19, lo que pone de relieve la necesidad de proteger a la población mientras se recupera el rumbo de crecimiento, sostuvo el Banco Mundial (BM). Para esto se necesitará una combinación de medidas de salud pública y gestión económica, añadió. El organismo anticipa para México una caída del producto interno bruto (PIB) de 10 por ciento en 2020, más profunda que el 7.5 por ciento que calculó en junio.

La contracción esperada para México supera al promedio regional para este año, que será de 7.9 por ciento, expuso.

Las economías de la región se ven afectadas por la caída de la demanda externa, mayor incertidumbre económica, colapso del turismo y las consecuencias de meses de confinamiento para contener la propagación de la enfermedad, apuntó.

Con una pandemia que se prevé continúe por un tiempo prolongado, plantea que los sistemas de salud deben considerar reformas tendientes a mejorar la efectividad y reducir los costos que deben asumir gobiernos e individuos, señala el organismo en el reporte El costo de mantenerse sano, publicado este viernes.

Asimismo, plantea que los gobiernos deberán hallar la manera de retomar la consolidación fiscal, es decir, la reducción de la deuda respecto del tamaño de sus economías, luego de un periodo de gasto elevado en estímulos económicos y transferencias sociales de emergencia.

"Nuestra región soporta el peor impacto económico y en salud debido al Covid-19 de todo el mundo, algo que exige mayor claridad respecto a cómo combatir la pandemia y recuperar el rumbo económico de cara a una rápida recuperación", sostuvo Carlos Felipe Jaramillo, vicepresidente del BM para América Latina y el Caribe. "Debemos repensar el futuro para volver a construir mejor", señaló.

El BM prevé que, debido a la pandemia, el producto interno bruto (PIB) en América Latina y el Caribe (excepto Venezuela) retroceda 7.9 por ciento en 2020. La previsión es más negativa que la de junio, cuando calculó una contracción de 7.2 por ciento. Para 2021 espera un crecimiento de 4.0 por ciento.

Para México espera que la economía crezca 3.7 por ciento el próximo año y 2.8 por ciento en 2022. El resultado de esos años será insuficiente para compensar el desplome previsto para 2020.

Esta crisis llega tras años de lento crecimiento económico y escaso progreso en términos de indicadores sociales e inmediatamente después de una ola de disturbios sociales en muchos países de la región, señaló el organismo.

Además, destacó, el impacto de las medidas de confinamiento recayó con desproporción en hogares con trabajos informales, lo que reafirma la necesidad de políticas que apunten a promover la formalización, sin penalizar la tan necesaria creación de empleo.

En su informe advirtió que para lograr una recuperación sustentable, los gobiernos deberán atender a los más vulnerables y al mismo tiempo reorientar los gastos a sectores que generen empleo. Si no lo hacen, advirtió, "podría ser el presagio de nuevas olas de descontento social y el posible retorno de las políticas populistas a la región, y ése sería el peor costo de la pandemia de Covid-19".

Esta pandemia puso el foco en aquellos sistemas de salud fragmentados que no proporcionan cobertura de calidad a toda la población. Mejorar los servicios de salud debería formar parte de las políticas diseñadas para enfrentar esta crisis, planteó.

El BM aborda el impacto de la crisis sanitaria en una región con países muy poblados y con altas tasas de mortalidad y de contagios como Brasil, México y Perú. En la región “el número de muertos por millones de personas es tan alto como en las economías avanzadas, pero los recursos disponibles para hacer frente al golpe son mucho más restringidos.

"Los medicamentos representan una parte sustancial de los gastos de bolsillo (es decir, el gasto familiar) en atención médica. Un sistema público para la adquisición de medicamentos, incluidas las vacunas contra el Covid-19, será clave para el regreso a la normalidad", indicó.

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El FMI dijo que la recesión del 2020 no va a ser tan severa, pero la recuperación será “larga, desigual e incierta”

La directora gerente del organismo Kristalina Georgieva destacó que el apoyo estatal fue clave para “poner un piso” bajo la economía global. No obstante, advirtió que en los países de bajos ingresos, "el golpe es tan profundo que hay un riesgo de que haya una ‘generación perdida’”

 

La recesión global en 2020 por la crisis de la pandemia va a ser menos severa de lo previsto, pero la “ascensión” hacia una recuperación va a ser “larga, desigual e incierta”, advirtió este martes la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) Kristalina Georgieva.

“El panorama es menos nefasto hoy. Estimamos que la evolución en el segundo y tercer trimestre fue mejor a lo esperado, lo que permite una pequeña revisión al alza del pronóstico global para 2020”, Georgieva en un discurso previo a la reunión semestral del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial que comienza la próxima semana, en formato virtual.

El 24 de junio, el FMI publicó una actualización muy sombría de sus previsiones, en la que estimó una contracción de la economía global de 4,9%, frente a una proyección de una caída del PIB mundial de 3% hecha en abril.

La jefa del FMI no adelantó cifras este martes antes de la publicación la próxima semana del informe de Perspectivas de la Economía Mundial (WEO por sus siglas en inglés).

Sin embargo, Georgieva advirtió que el camino a la recuperación va a ser “una larga ascensión” y dijo que la mejoría de la economía va a ser “larga, desigual e incierta”.

Para 2021, el FMI sigue proyectando una recuperación “parcial” y “desigual”.

Los riesgos de “una generación perdida”

La directiva señaló que el apoyo estatal fue clave para “poner un piso” bajo la economía global, con cerca de 12 billones de dólares en ayudas para los hogares y las empresas.

Pero este apoyo ha sido en la medida de las capacidades de cada país y en los estados ricos la política fue dar “lo que fuera necesario” y en los más pobres “lo que fuera posible”.

“Esta brecha es la razón por la cual vemos diferentes resultados”, indicó Georgieva.

En Estados Unidos y en Europa, la recesión -pese a que fue dolorosa- no fue tan pronunciada como temían los economistas, dijo la jefa del FMI desde septiembre de 2019, quien que destacó también una “recuperación más rápida a lo esperado” en China.

 “En los países de bajos ingresos, el golpe es tan profundo que hay un riesgo de que haya una ‘generación perdida’”, advirtió Georgieva, la segunda mujer en liderar el Fondo, tras su antecesora Christine Lagarde.

La jefa del FMI también indicó que hay riesgo de que la crisis deje cicatrices importantes como “pérdidas de empleo, bancarrotas e interrupciones en la educación”.

“Mantener los salvavidas”

Para Latinoamérica y el Caribe en junio el FMI pronosticó una contracción del PIB de 9,4% en 2020 y las contadas actualizaciones muestran un escenario dispar.

El lunes el Fondo mejoró sustancialmente la previsión para Brasil este año de una contracción de 9,1% anticipada en junio a una caída del PIB de 5,8%.

A finales de septiembre empeoró su pronóstico para Colombia, proyectando una caída del PIB de 8,2% en 2020 frente a una previsión de un decrecimiento de 7,8% hecha a mediados de año.

En su discurso Georgieva indicó que en los lugares donde persista la pandemia “es crítico mantener los salvavidas” para la economía, las empresas y los trabajadores.

“Si se cortan los salvavidas muy pronto, el largo ascenso se convierte en una caída precipitada”, indicó.

El comercio mundial, menos enfermo de los esperado

Por otro lado, este martes también se conocieron los datos sobre el comercio mundial, con la Organización Mundial del Comercio que estimó que el comercio internacional caerá “solo” un 9,2% en volumen este año, frente a una previsión de caída del 12,9% en abril, según su escenario más optimista.

Para 2021, la organización espera un aumento del 7,2%, frente al 21,3% que preveía en su pronóstico de abril.

La OMC advirtió contra los riesgos a la baja relacionados con el resurgimiento del virus en algunas regiones que podrían obligar a tomar nuevas medidas de confinamiento.

La OMC también consideró que “el ritmo de expansión podría disminuir una vez que se haya agotado la demanda y se hayan repuesto las existencias de las empresas”.

Todo ello podría “costar hasta 4 puntos porcentuales del crecimiento proyectado del comercio de mercancías en 2021”, dijo el director general adjunto Xiaozhun Yi en una conferencia de prensa.

A la inversa, la llegada de una vacuna el próximo año podría dar “hasta 3 puntos porcentuales” al aumento del comercio de mercancías

7 de Octubre de 2020

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Sufre la economía de Estados Unidos su mayor cáida en al menos 73 años

La economía de Estados Unidos sufrió su mayor contracción en al menos 73 años en el segundo trimestre, debido a las alteraciones del coronavirus, informó ayer el Departamento de Comercio. El producto interno bruto de la mayor economía mundial se desplomó 31.4 por ciento anual, la caída más profunda de la producción desde que el gobierno comenzó a llevar registros en 1947. Con datos revisados, la contracción fue menor a 31.7 por ciento prevista el mes pasado. El cálculo anualizado se obtiene al multiplicar por cuatro la variación de un trimestre. En México se compara con el mismo periodo del año anterior; de seguir el método estadunidense, la economía mexicana reflejaría una caída de 51 por ciento en el segundo trimestre. Foto Afp

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AL, la región más afectada por la pandemia: Banco Mundial

El mayor riesgo es para aquellos que están menos capacitados y peor remunerados

 

América Latina es la región del mundo más afectada por la pandemia de Covid-19, con un impacto de salud tan fuerte como en los países avanzados, pero sin medios comparables para mitigar sus efectos sobre la actividad económica y el empleo, sostuvo el Banco Mundial (BM).

Es un escenario complejo, doloroso, en el que millones de personas padecen a diario las dificultades que atraviesa la región y sus consecuencias devastadoras sobre el mundo del trabajo, expuso.

"Los trabajadores informales han sido los más golpeados: si por las cuarentenas no pueden salir, no pueden generar ingresos para sus familias, y como no están cubiertos por seguros de desempleo y otros programas sociales, es difícil ayudarlos. Los empleos formales han resistido mejor hasta ahora, pero es posible que se vean fuertemente impactados en los meses que vienen, a medida que los problemas de liquidez de las empresas dificulten su solvencia y muchas deban cerrar", planteó el organismo en el reporte Efecto viral: la Covid-19 y la transformación acelerada del empleo en América Latina y el Caribe.

En la región, el empleo en el sector industrial se estancó en niveles inferiores a los de la economías avanzadas y los países emergentes del este asiático, mencionó ayer Carlos Felipe Jaramillo, vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe.

La mayor parte del empleo en América Latina y el Caribe se encuentra en los servicios, un sector típicamente más informal y con una mayor participación del autoempleo. La transformación tecnológica amplifica estas tendencias, agregó Jaramillo.

Los gigantescos costos económicos y sociales de la pandemia han acelerado la transformación del mercado laboral y vuelven este desafío más urgente, comentó.

De acuerdo con el informe, los servicios que podían prestarse electrónicamente se han mantenido, e incluso han prosperado, mientras los sectores que requieren presencia física son los que han tenido mayores dificultades.

Si bien es posible que el número total de puestos de trabajo no disminuya de manera drástica, la tendencia podría acelerarse por las prácticas de distanciamiento social que fomenta la epidemia de Covid-19, advirtió. Son los trabajadores peor remunerados y menos capacitados, que realizan las tareas más sencillas y rutinarias, quienes corren el mayor riesgo de ser remplazados por máquinas, apuntó el funcionario.

De acuerdo con el enfoque basado en ocupaciones, Ecuador, Honduras, México y El Salvador tienen una mayor proporción de trabajadores empleados en labores que tienen más probabilidades de ser automatizadas. En el otro extremo, países como Argentina, Chile y Panamá parecen tener apenas menos puestos de trabajo en riesgo. El promedio de la región es de 50 por ciento, mismo rango en que se sitúa México.


El coronavirus aceleró los cambios que ya se estaban produciendo en el mundo del trabajo

El Banco Mundial alertó que los gobiernos de América Latina deben preparar a su población para la “cuarta revolución industrial” acelerada por el coronavirus

28 de Septiembre de 2020

América Latina y el Caribe se encuentra inmersa en su ‘cuarta revolución industrial’, que involucra un proceso de innovación tecnológica y que requiere mejorar la productividad del sector servicios, invertir en capital humano y reconfigurar la normativa laboral de la región ante la aparición de la automatización y sus consecuencias sobre el mercado laboral.

En un nuevo informe, el Banco Mundial concluye que la aparición de las tecnologías de la automatización, que amenazan con destruir un número sustancial de puestos de trabajo y provocar un desempleo masivo, plantea especial inquietud entre los responsables de la formulación de políticas y los trabajadores.

Aunque el análisis observa que el ‘desempleo tecnológico’ masivo es poco probable, el mercado laboral está experimentando una gran transformación y es necesaria una respuesta urgente por parte de los gobiernos para preparar a la fuerza laboral del futuro.

“Muchos puestos de trabajo en la región corren peligro debido a la menor demanda externa, un periodo prolongado de cuarentenas y aislamientos, problemas de solvencia empresarial y, en algunos casos, crisis financieras”, advierte el estudio.

Además, los precios de los productos primarios, que ayudaron a impulsar el crecimiento durante la llamada Década Dorada (2003-2013), es muy probable que se mantengan estables en el corto y medio plazo. Por lo tanto, la región necesita encontrar fuentes internas de crecimiento, lo que sugiere que se debería dar prioridad a un programa de reformas centrado en el crecimiento de la productividad.

Desindustrialización prematura

El organismo con sede en Washington explica que la región está entrando en la fase de desindustrialización con una mayor anticipación y alcanzando picos más bajos de participación industrial con relación a los países desarrollados.

Así, las economías más desarrolladas como Argentina y Chile han estado desindustrializándose durante décadas; mientras que Brasil, Colombia y México muestran estancamiento o ligeros aumentos en su participación del empleo industrial. Por su parte, el país menos desarrollado de la muestra, Bolivia, todavía se encuentra en fase de desarrollo de la industrialización.

 “En general, es probable que el sector industrial continúe contribuyendo positivamente al crecimiento de la productividad agregada y al valor agregado, pero no tanto a la creación de empleo, especialmente de mano de obra no cualificada”, destaca el informe.

De cara al futuro, el Banco Mundial aconseja para la región un programa de productividad centrado especialmente en el sector servicios. Se espera que este sector, que ya es el mayor empleador de la región con más del 60% de la fuerza laboral, crezca aún más y que desempeñe un papel cada vez más importante como proveedor de insumos para la economía en general.

Información de Infobae

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Lunes, 28 Septiembre 2020 05:36

Todos hundidos

Todos hundidos

Ciertamente no es este un tiempo para utopías en el mundo. La situación que prevalece en las sociedades, todas ellas, favorecen en cambio las distopías que se formulan desde distintas perspectivas. Hay en ellas valores entendidos, preferencias políticas manifiestas o encubiertas y manipulación. Habría que devolver un lugar central a la reflexión, trabajo y compromiso colectivos; además de un cuestionamiento permanente del ejercicio del poder.

Sin eso último, sea lo que pase no augura nada feliz. Este no es el momento en que George Orwell, Aldous Huxley y otros más propusieron sus distintas visiones de un mundo por venir; hoy todo pasa más de prisa, o como se suele decir, "en tiempo real", condición cuyo contenido debería meditarse más.

Es obvio que en el escenario predominante se genera una gran incertidumbre en todos los planos de la vida privada y colectiva, más profunda de laque por su misma naturaleza define la existencia humana. Pero aun así no todo debería darse por perdido, pues podría ejercerse con más decisión y mejor orden neuronal alguna forma de pensamiento que cuestione con claridad lo que sucede.

Esto sería mejor, por supuesto, sin fanatismos de uno y otro lado de lo que solía figurarse como el pasillo entre derecha e izquierda, o conservadores y progresistas o el binomio que se quiera. Me parece que hoy una imagen útil es la de una estructura geométrica compleja de muchas aristas, que expresan las condiciones interconectadas de la vida en sociedad, las que cada vez más aparecen como formas de conflicto y con menos espacio para la colaboración y el entendimiento. Esta situación podrá, deseablemente, enriquecer el panorama intelectual y político, aunque puede, también, provocar más ensañamiento. Nada es seguro.

Formular buenas preguntas es el paso inicial para conseguir respuestas que sirvan de algo, o de mucho. Esto también escasea. Y los medios disponibles para enunciar ese tipo de preguntas y debatirlas no demuestran ser los más adecuados.

Ni por su forma ni por el control que se ejerce sobre ellos. En cambio, crece el ruido en el que se desenvuelven y la inmediatez que las enmarca; las redes sociales que tanto entusiasmo han generado se convierten en mecanismos insulsos, así como de fricción, incluso –desafortunadamente– cuando alientan la organización cuasi espontánea para cualquier propósito e intensión. La sociedad en manos de los intereses y criterios de los Zuckerbergs del mundo y cada vez más monopolizados, no es algo que se antoje para nada.

Hacer buenas preguntas, ayuda a fijar la atención, a pulir nuestros puntos de vista y definir la manera en que queremos hablar, comunicarnos, actuar o no. Hace ya más de una década, el francés Jaques Attali hizo un ejercicio de este tipo y puede servir como una referencia; ancla sus argumentos en la historia, la experiencia, el ámbito de las posibilidades alcanzables. Me refiero a su texto titulado: Una breve historia del futuro; ahí propone una controversia sobre el siglo XXI. Y vaya que estos 20 años se prestan al cuestionamiento profundo y la polémica que, mientras más civilizada, sería mejor. Parte de las condiciones que hoy vivimos, la expone con nitidez y de modo directo el escritor Antonio Muñoz Molina en La otra pandemia, texto sobre la situación política española, pero trasladable literalmente a muchas partes. Con respecto a los políticos establece: “No sé qué podemos hacer los ciudadanos normales, los no contagiados de odio, los que quisiéramos ver la vida política regida por los mismos principios de pragmatismo y concordia por los que casi todo el mundo se guía en la vida diaria.

Nos ponemos la mascarilla, guardamos distancias, salimos poco, nos lavamos las manos, hacemos nuestro trabajo lo mejor que podemos. Si no hacemos algo más esta gente va a hundirnos a todos”.

Observemos lo que acontece hoy en Estados Unidos con respecto al proceso electoral y la negación expresa de Donald Trump para admitir sin cortapisas que respetará el resultado electoral de noviembre. Esto ha abierto un escenario sin precedente en ese país que, si de algo se precia en su sistema político es precisamente de la cesión del poder cada cuatro años (incluye, claro la posibilidad de una relección).

Ronald Reagan, en su discurso de toma de posesión de la presidencia en 1981, planteó este asunto que es explícito en la Constitución. No es necesario estar de acuerdo política o ideológicamente con Reagan. Se trata de que una sociedad, un país tiene que sustentarse en leyes y no en ocurrencias o los deseos de un potencial tirano; tiene que sostenerse en instituciones firmes y aceptadas como la norma, sin los caprichos de un hombre como Trump que ha conseguido polarizar a su nación para su propio beneficio.

Un entorno que prevenga que políticos, legisladores y jueces persigan su conveniencia personal y, así, sean capaces de todo. Se abrirá una polémica sobre el voto, una controversia legal que puede llegar de nuevo hasta la Suprema Corte como ocurrió en el caso de George Bush II y Al Gore en el año 2000, pero con consecuencias mucho más graves e impredecibles. Se habla expresamente de que esta elección puede quebrar a Estados Unidos. Habrá quienes se regocijen con esa posibilidad y eso me parece irresponsable. Ese interregnum expresaría una verdadera decadencia política en Estados Unidos, sin remedio y con una fuerte ola expansiva.

Además, con una pandemia descontrolada, una economía destartalada, el enfrentamiento racial desatado y una desigualdad económica creciente. Como cité más arriba: "Si no hacemos algo más, esta gente va a hundirnos a todos".

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La Organización Mundial del Trabajo calcula que se han perdido 500 millones de empleos en cuatro meses

La Organización Mundial del Trabajo aumenta en cien millones la previsión de pérdida de empleos proyectada en junio.

Redacción El Salto

24 sep 2020 06:13

El primer síntoma de la crisis económica derivada del covid-19 es la pérdida de empleos en todo el mundo. Son ya 500 millones de trabajos perdidos en el segundo cuatrimestre del año en comparación con los meses de septiembre a diciembre de 2019. La cifra aumenta en cien millones las pérdidas que la Organización Mundial del Trabajo estimó el pasado mes de junio.

En el segundo cuatrimestre del año se perdieron un 17,3% de las horas trabajadas en el mundo en el periodo anterior al covid-19, si bien las diferencias entre áreas geográficas son significativas. En el sur europeo la pérdida de horas fue del 23,9%. En esta zona se han perdido 23 millones de puestos de trabajo en lo que va de año. 

La evolución de la crisis sigue poniendo en solfa el trabajo en todo el mundo. Los continentes americanos son los más afectados en el tercer cuatrimestre. Se perderán casi un 20% de las horas de trabajo realizadas en el último tramo de 2019. La caída, no obstante, se apacigua en todo el mundo: se pasa del 17,3% al 12,1% en el porcentaje de horas perdidas.

Para la OIT, el escenario optimista para el último cuarto del año incluye una pérdida de solo el 5,7% respecto al mismo periodo del año anterior. El escenario base sitúa las horas en un -8,6% y el escenario pesimista estima un nuevo récord en la destrucción de empleos: una pérdida del 18% de las horas trabajadas. Es decir, se produciría una destrucción de 515 millones puestos de trabajo en una jornada base de 48 horas semanales.

España es el decimoprimer país en el que se han perdido más empleos, por detrás de Moldavia y nueve países americanos (EE UU, Brasil, Canadá, México, Chile, Ecuador, Costa Rica, Colombia y Perú por orden de menor a mayor pérdida). En todo caso, la OIT estima que el 92,2% del empleo perdido en España se ha producido como inactividad —es decir, a través de mecanismos como los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo— y solo un 7,8% se acumula al paro ya existente.

La caída masiva de las rentas y salarios es otro de los aspectos más preocupante de la evolución de la crisis: se han perdido uno de cada diez dólares desde enero.

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