La fuga de capitales de los mercados emergentes es la más fuerte de la historia

La salida de capitales suma 60 mil millones de dólares en apenas 50 días

El Instituto Internacional de Finanzas, integrado por los principales bancos y fondos de inversión del mundo, estimó que la huida es récord, superando la de la crisis 2008.

 

En la crisis financiera de 2008, la salida de capitales de mercados emergentes sumó 20 mil millones de dólares en los primeros 50 días posteriores al estallido. En la crisis actual esta cifra es cuatro veces más elevada: en ese mismo período se registró una fuga cercana a los 60 mil millones de dólares.

La crisis financiera internacional avanza a pasos acelerados. La reacción de los inversores es de efecto manada. El mundo enfrenta la suma de los problemas sanitarios (pandemia), de la demanda, de la oferta por el parate de las cadenas productivas, del mercado laboral, de las acciones, del petróleo, de los bonos soberanos y de las monedas emergentes. Se juntaron todas las plagas para generar un estallido de los mercados internacionales.

Existe una salida extraordinaria de capitales desde los países emergentes hacia activos seguros del mundo desarrollado. Este diario accedió al último informe del Instituto Internacional de Finanzas en el que se cuantifica la reacción de pánico de los inversores en las últimas semanas. El principal problema es para las economías no desarrolladas con déficit de cuenta corriente. Estos países necesitaban del ingreso de inversiones para poder cerrar sus desequilibrios macroeconómicos.

“La interrupción repentina en los flujos de capitales pone a los mercados emergentes con necesidades de financiamiento externo en un riesgo particularmente alto”, indicó el informe del Instituto Internacional de Finanzas. La entidad es patrocinada por los principales bancos del mundo y tiene un monitor en tiempo real de los movimientos de divisas en el mundo.

En el informe se mencionó un escenario de fuerte volatilidad principalmente para dos países de la región. “Chile y Colombia son algunos de los emergentes con más riesgo. Este se debe a los bajos precios de los productos básicos (materias primas) que complican el panorama externo de estas economías”, planteó. El principal mecanismo de ajuste de estos países es la devaluación de las monedas: un fenómeno que empieza a registrarse en las últimas semanas.

El peso colombiano subió este miércoles un 4 por ciento y el chileno lo hizo al 3 por ciento. Estas no son las únicas monedas latinoamericanas que enfrentan presiones. El real brasileño es una de las más golpeadas en medio de la turbulencia financiera global. Este miércoles llegó a subir casi el 8 por ciento a media jornada y termino con un avance del 5 por ciento. Estas devaluaciones no son menores considerando que son países con inflación anual menor a 3 por ciento.

El panorama que plantea el Instituto Internacional de Finanzas no es alentador para los próximos meses. Menciona que “incluso si los esfuerzos de contención y políticas expansivas tienen impacto positivo para contener la crisis de la economía real, el freno en el ingreso de capitales a países en desarrollo seguirán siendo inusualmente severo. Los datos de salida de divisas que monitoreamos en tiempo real son muy grandes si se los compara incluso contra episodios de volatilidad extrema como la crisis asiática a finales de los noventa”.

Las estimaciones del crecimiento para la economía global en 2020 muestran que buena parte del mundo entrará en recesión en los próximos meses y que la actividad mundial crecerá al menor ritmo desde el estallido de la burbuja hipotecaria en 2008. 

“En las últimas dos semanas hemos reducido nuestro pronóstico de crecimiento global. Este año el Producto mundial puede acercarse al 1 por ciento este año, la cifra más baja desde la última crisis financiera mundial”, dijo el informe. El impacto por ahora se siente en un derrumbe de los activos bursátiles pero difícilmente tarde en empezar a sentirse las consecuencias en la producción y el empleo. 

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Coronavirus: 25 millones de empleos en el mundo están en riesgo

Informe de la OIT sobre el impacto de la pandemia en el mercado laboral mundial

La Organización Internacional del Trabajo evaluó que el parate de la actividad económica tendrá fuertes consecuencias en materia laboral. Advirtió que llevará "a millones de personas al desempleo, al subempleo y a la pobreza laboral" y planteó que son necesarias medidas coordinadas e inmediatas.

 

La parálisis económica que generan las medidas de prevención al coronavirus podría generar la pérdida de 25 millones de empleos en el mundo, afirmó este miércoles la Organización Internacional del Trabajo (OIT). 

"Una evaluación inicial del impacto de COVID-19 en el mundo laboral mundial indica que los efectos serán de gran alcance, llevando a millones de personas al desempleo, al subempleo y a la pobreza laboral, y propone medidas para una respuesta decisiva, coordinada e inmediata", señala el informe.

Al igual que otros organismos multilaterales, la OIT se sumó a la campaña para que los países lleven a cabo políticas fiscales y monetarias expansivas para salir de la crisis que genera la pandemia en la actividad económica global, la cual la compara con los efectos del desplome de 2008-2009.

La OIT realizó una nueva evaluación sobre la base de la situación que se actualiza a cada instante y determinó que "la crisis económica y laboral provocada por la pandemia del COVID-19 podría aumentar el desempleo mundial en casi 25 millones de personas". "Sin embargo, de haber una respuesta política coordinada a nivel internacional, como ocurrió frente a la crisis financiera mundial de 2008-2009, el impacto sobre el desempleo mundial podría ser significativamente menor", agrega el informe oficial del organismo con sede en Ginebra. 

La OIT estima que entre 8,8 y 35 millones de personas más, sin contar los que pierdan su fuente laboral, estarán en situación de pobreza laboral

Entre las medidas que sugiere se encuentra la de proteger a los empleados en el lugar de trabajo, estimular la economía y el empleo, y sostener los puestos de trabajo y los ingresos, las cuales ya se pusieron en práctica en varios países, como la Argentina. 

Esas medidas incluyen la ampliación de la protección social, el apoyo para mantener el empleo (es decir, el trabajo a jornada reducida, las vacaciones pagadas y otros subsidios) y la concesión de ayudas financieras y desgravaciones fiscales, en particular a las microempresas y pequeñas y medianas empresas.

Hipótesis de destrucción

El virus ya infectó a casi 200.000 personas en 164 países, resultando en cerca de 8000 muertes, y tiene el potencial de alcanzar a una gran proporción de la población mundial. 

Según estimaciones preliminares recogidas por el informe de la OIT, entre 40 y 70 por ciento de la población mundial podría infectarse. Las consecuencias económicas del brote son también preocupantes, con impacto ya no sólo a través de pérdidas bursátiles sino por el impacto global de la reducción de horas de trabajo y salarios.

El informe de la OIT advierte que la crisis del empleo podría afectar a determinados grupos de manera desproporcionada, y por consiguiente agravar la desigualdad. Entre ellos se encuentran las personas con trabajos menos protegidos y mal pagados, en particular los jóvenes y los trabajadores de edad. 

Las mujeres y los migrantes también son de mayor riesgo laboral. Estos últimos son vulnerables debido a la falta de protección y derechos sociales, y las mujeres tienden a predominar en los empleos de baja remuneración y en los sectores afectados.

El relevamiento de la OIT que difundió de manera global este mediodía simula el impacto en el empleo basado en tres escenarios de crecimiento del PIB. Estas estimaciones indican un aumento del desempleo mundial de entre 5,3 millones (hipótesis “prudente”) y 24,7 millones (hipótesis “extrema”), a partir de un nivel de base de 188 millones de trabajadores en 2019. 

Para tener un punto de comparación con este escenario, la crisis financiera mundial de 2008-2009 aumentó el desempleo mundial en 22 millones.

Menos salarios

“El impacto a la demanda laboral probablemente se traducirá en ajustes significativos a la baja en salarios y horas de trabajo”, advierte el informe del organismo. Según datos al 10 de marzo, los trabajadores infectados perdieron en conjunto ya casi 30.000 meses de

El informe estima que la pérdida de ingresos para los trabajadores será de entre 860.000 millones de dólares y 3,4 billones de dólares a finales de 2020. Esto se traducirá en caídas en el consumo de bienes y servicios, lo que a su vez afectará a las perspectivas de las empresas y las economías.

La pobreza laboral, como lo define el informe, se deteriorará aún más como resultado de “la presión sobre los ingresos resultante de la disminución de la actividad económica, impactando más fuertemente a trabajadores y trabajadoras que se encuentran cerca o por debajo del umbral de la pobreza”. 

La OIT estima que entre 8,8 y 35 millones de personas más estarán en situación de pobreza laboral en todo el mundo, frente a la estimación original para 2020 (que preveía una disminución de 14 millones en todo el mundo).

El organismo exhorta a llevar a cabo respuestas rápidas y coordinadas. 

En materia fiscal, aconseja transferencias específicas, como las prestaciones por desempleo, junto con la inversión pública, desgravación fiscal para personas de bajos ingresos y micro, pequeñas y medianas empresas, en sintonía con las medidas anunciadas por el gobierno argentino esta semana. 

En política monetaria aconseja reducciones de la tasa de interés, relajación de la tasa de reserva, objetivos provisiones de liquidez y préstamos específicos y apoyo financiero para proteger a las empresas, especialmente mipymes en sectores más afectados por la pandemia. 

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Europa y EE UU movilizan tres billones de euros contra el virus

Las dos áreas preparan gigantescas líneas de avales, planes fiscales e incluso cheques para los ciudadanos

 

Sálvese quien pueda, sí. Pero sálvese. Europa y EE UU quieren vencer al coronavirus como sea. Para ello, preparan una colosal operación de movilización de fondos como pocas veces ha visto en la historia. A Europa le ha fallado la unión. Cada Gobierno ha salido por su cuenta. Pero, según calcula la Comisión, los Veintisiete, van a enchufar un total de 1,6 billones de euros en liquidez y 150.000 millones en medidas fiscales. Reino Unido prepara, por su parte, una línea de crédito de 360.000 millones. En EE UU, Trump quiere movilizar un billón de dólares (920.000 millones de euros). Gran parte irá directo al bolsillo de los ciudadanos.

Europa no ha sido capaz de dar una respuesta a la crisis centralizada desde Bruselas, pero los socios de la UE están lanzando casi al unísono medidas de liquidez que la Comisión estima que suman alrededor de 1,6 billones euros y medidas fiscales por unos 150.000 millones. Las capitales se han decantado sobre todo por las garantías y avales para movilizar préstamos bancarios. Solo Berlín, París y Madrid prevén llegar al billón de euros.

Los números del primer golpe que Europa quiere asestar a esta crisis distan de los de 2008, cuando los entonces Veintiocho acordaron un plan de estímulos de 200.000 millones de euros, equivalente al 1,5% del PIB. Esa cifra que entonces pactaron 28 países es la misma que el martes barajó Pedro Sánchez tan solo para España. En 2008 se trataba de relanzar la economía con medidas que fomentaran la inversión y el consumo. Ahora es otra cosa: mandar al grueso de la economía a hibernar hasta que la intensidad del brote caiga lo necesario para que la actividad vaya recobrando el pulso.

Europa se ha centrado en buscar medidas para asegurar que sus compañías, en especial las pequeñas y medianas, no se quedan secas y acaban muriéndose. Alemania ha anunciado 500.000 millones en avales; Francia, 300.000, y España, 117.000. El Reino Unido, ya fuera de la UE, seguirá el mismo camino con garantías para movilizar hasta 360.000 millones de euros. El exsecretario del Tesoro italiano Lorenzo Codogno, sin embargo, opina que el paquete no es comparable con el de 2008. “Se trata de garantías para préstamos, cuya materialización dependerá de si los bancos las usan, que pueden no tener un efecto inmediato y que pueden no generar créditos nuevos sino cubrir los ya existentes”, señala.

Santiago Carbó, catedrático de CUNEF, cree que las medidas de los países de la UE van “en la dirección correcta”, aunque preferiría una operación conjunta para apuntar con el bazuca. “Y si el dinero se inyecta en vena, mejor”, apunta. EE UU estudia hacerlo así, vía cheques a los ciudadanos. Pero Nicolas Veron, del Peterson Institute for International Economics, recuerda la diferencia entre los Estados de bienestar de uno y otro continente. Es decir, Trump necesita echar mano de un plan de estímulos para proteger a sus ciudadanos, mientras que la UE tiene una red de seguridad más fuerte.

La segunda pata de los planes europeos contiene ayudas a las empresas, como los 8.000 millones para las reducciones de jornada en Alemania, los 45.000 millones prometidos por Emmanuel Macron para apoyar a empresas o los 500 euros que Italia ingresará a sus autónomos. El director del think tank Bruegel, Guntram Wolff, echa de menos otras medidas para garantizar que las empresas puedan sobrevivir en un contexto de parálisis total de la actividad y números rojos. Por ejemplo, una actuación coordinada para reducir las cotizaciones a la Seguridad Social. “Se trata de socializar esas pérdidas para que el rebote sea muy rápido”, añade.

Pero dada la voracidad del virus con la actividad económica, Bruselas espera una nueva ronda de medidas. “Lo que ayer no era posible, hoy quizá lo es y mañana sí”, recuerda Ángel Talavera, de Oxford Economics, quien opina que los Gobiernos deberán ir más allá de los avales para mantener vivas las empresas.

Trump: “A lo grande”

En EE UU, Trump ha desplegado todo el arsenal del que dispone el Estado para combatir la pandemia, con un paquete de ayudas que, de aprobarse en los términos que propone la Casa Blanca, carecería de precedentes en volumen y velocidad de implementación. La intención es inyectar hasta un billón de dólares en la economía. El detalle del plan sigue debatiéndose en el Capitolio, y el Departamento del Tesoro ha circulado entre los congresistas un documento de dos páginas con las prioridades de la Casa Blanca para el acuerdo final, que esperan se alcance esta misma semana. “Queremos ir a lo grande”, explicó Trump en una comparecencia ante la prensa.

La mitad de ese billón de dólares se iría en dos masivos envíos de cheques al conjunto de los ciudadanos, exceptuando a algunos con ingresos altos. La propuesta del Gobierno es hacer dos pagos idénticos a los estadounidenses —uno el 6 de abril y otro el 18 de mayo— para ayudarles con el pago de las facturas y activar el consumo. Aunque en los pasillos se habla de un monto medio de 1.000 dólares cada cheque, el documento que el Tesoro ha envidado a los congresistas dice que “las cantidades de los pagos serán fijadas y niveladas en base al nivel de ingresos y el tamaño de la familia”.

El plan contempla también destinar 50.000 millones de dólares a la creación de un “servicio de préstamos asegurados para la industria de las aerolíneas”. Otros 150.000 millones se destinarían a apoyar a otros sectores afectados por la crisis, como el hotelero. Y el plan prevé dedicar 300.000 millones a ayudar a las empresas pequeñas a eludir despidos masivos. Según la carta, se trata de “proporcionar continuidad al empleo durante las interrupciones de la actividad”, con la creación de “un programa de préstamos” para compañías con menos de 500 trabajadores. El martes, el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, advirtió a los senadores de que, en “el peor escenario posible”, la tasa de desempleo podría dispararse hasta el 20%.

El Gobierno permitirá además aplazamientos de 90 días en los pagos de los impuestos sobre la renta y de sociedades, sin intereses ni penalizaciones. Esta medida, calculó Mnuchin, servirá para amortiguar temporalmente la pérdida de salarios y la bajada de la demanda, inyectando 300.000 millones de dólares en la economía.

La Reserva Federal también ha activado sus poderes de emergencia para apoyar la economía. El martes anunció que empezará a comprar papel comercial, un instrumento de financiación a corto plazo emitido por las compañías, y que establecerá un programa de préstamos destinado a ayudar a los bancos para que el crédito siga fluyendo a empresas y hogares. Mnuchin aseguró en la Casa Blanca que el banco central, con la protección del Tesoro, estará en condiciones de comprar papel comercial por valor de un billón de dólares “a medida que se necesite”.


 En China ahora la prioridad es recuperar el empleo

“Permitid que más trabajadores vuelvan a trabajar y a ganar dinero cuanto antes”, proclamó ayer Li Keqiang, primer ministro chino. Con estas palabras, el segundo hombre del organigrama del país pide acelerar la reactivación de la economía. Su actividad ha sufrido un enorme golpe por la pandemia que tuvo su epicentro en Wuhan. Este primer trimestre se prevé un retroceso histórico del PIB. Pero China ha movilizado muchos menos recursos contra el coronavirus que Europa y EE UU. La mayor parte de las iniciativas públicas han tenido a las pymes como destinatarias. El objetivo era solucionar tres problemas: la falta de fondos, la falta de capital humano y la saturación de los servicios logísticos. La acción se llevó a cabo desde varios frentes. El Banco Central estableció un fondo de préstamos por valor de 300.000 millones de yuanes (casi 39.000 millones de euros). El Ministerio de Finanzas aplicó subsidios y recortes de impuestos, así como la suspensión del pago de intereses bancarios a negocios afectados por la pandemia. El Ministerio de Recursos Humanos y Seguridad Social rebajó las cotizaciones. Ahora, con la infección reproduciéndose ya a niveles mínimos, el Gobierno aspira a amortiguar el impacto. Li dejó claro que la prioridad es estabilizar el empleo, lo que pasa por facilitar la reincorporación del personal a los sectores productivos. "Los controles temporales ya no son necesarios", aseguró, apremiando a las administraciones a eliminar los protocolos de seguridad que se puedan abandonar sin riesgo. Este impulso al empleo es la continuación del paso precedente, el propósito original del Gobierno, que pasaba por lograr una reactivación industrial plena. Los esfuerzos parecen haber funcionado: los índices de actividad elaborados por la consultora Trivium estiman que la economía china ya está funcionando a un 70% de su capacidad, una cifra que ha ido progresando en las últimas semanas, pero de la que las pymes siguen siguiendo el extremo débil. Puesta en marcha la oferta, ahora es el momento de centrarse en la demanda. Tras su reunión el viernes pasado, la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma publicó un documento guía para potenciar el consumo. La municipalidad de Nanjing, por ejemplo, ha comenzado una iniciativa para dar a sus ciudadanos vales descuento electrónicos por un total de 318 millones de yuanes (41 millones de euros) a emplear en restaurantes, gimnasios, librerías y tiendas de electrónicos. El Gobierno espera que el consumo sea el tercer y último empujón que eche la economía china a rodar de nuevo.

Bruselas / Washigton / Pekín - 18 mar 2020 - 18:30COT

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Al comienzo de las operaciones, las compañías del Standard & Poor’s 500 perdieron más de 2 billones de dólares en valor de mercado.Foto Afp

Nueva York. El temor a que la pandemia del nuevo coronavirus genere una recesión global se convirtió en pánico en los mercados financieros este lunes. Un día después de que el banco central estadunidense redujo prácticamente a cero su tasa de interés, medida acompañada por otras autoridades monetarias del mundo que busca estimular la actividad al reducir el costo del crédito, las bolsas se desplomaron. Por segunda vez en menos de una semana las pérdidas alcanzaron cotas históricas, que sólo se comparan con la debacle de octubre de 1987.

Los líderes del G-7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido) aseguraron: “Al actuar juntos trabajaremos para resolver los riesgos para la salud y económicos causados por la pandemia de Covid-19”.

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, dijo que el organismo está preparado para movilizar su capacidad de crédito por un billón de dólares para apoyar a los 189 países miembros. Aseguró que cerca de 20 naciones han contactado al organismo para preguntar por los programas de financiamiento.

Nueva suspensión de operaciones

En una jornada en la que la Bolsa de Nueva York tuvo que volver a suspender operaciones momentáneamente, el índice Dow Jones cayó 12.93 por ciento –cerca de 3 mil puntos–, el Standard & Poor’s 500 perdió 11.98 y el Nasdaq bajó 12.32.

En los primeros minutos de operaciones las compañías del S&P 500 restaron más de 2 billones de dólares en valor de mercado. Es una cantidad que, comparativamente, equivale a 1.6 veces el tamaño de la economía mexicana.

Apple, Amazon y Microsoft, juntas, perdieron casi 300 mil millones de dólares.

El presidente estadunidense, Donald Trump, advirtió que es posible una recesión.

La mayoría de los observadores del mercado se están preparando actualmente ante la probabilidad de que la economía se encamine a una recesión, pero es demasiado pronto para saber su potencial alcance, mencionó Reuters.

En Europa, donde el nuevo coronavirus se mueve rápidamente, la bolsa de Madrid cayó 8.27 por ciento (la caída más fuerte de las bolsas europeas), la de Milán 6.1 y la de París 5.75.

El índice paneuropeo Stoxx 600 finalizó la sesión con una baja de 4.9 por ciento. Aerolíneas y operadores de programas de turismo, como TUI, EasyJet, British Airways, IAG, Air France y KLM, presentaron los mayores declives.

Previamente, en la región Asia-Pacífico, la bolsa de Australia se hundió 9.7 por ciento. Mientras, el índice Nikkei 225 de la bolsa de Tokio cerró con una baja de 2.46.

En América Latina las pérdidas estuvieron encabezadas por la bolsa de Colombia, con un drástico retroceso superior a 15 por ciento. El índice Bovespa, de Brasil, se derrumbó 13.92.

El oro se desplomó más de 5 por ciento, ya que los inversionistas se deshicieron de los metales para mantener efectivo.

Reuters y Afp

Martes 17 de marzo de 2020

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Crisis mundial, coronavirus y capitalismo moribundo: un cóctel mortal

Sería demasiado ingenuo creer que la crisis financiera y los terremotos económicos que vamos a padecer por una larga temporada son sólo consecuencia del corona-virus. La economía capitalista está tocada desde hace bastante tiempo. El crecimiento anual a escala mundial se ha ralentizado en torno al 2,5%. EE.UU. creció al 2%, mientras que Europa y Japón lo hicieron al 1%. En concreto Italia ha venido arrastrando 17 meses consecutivos de declive en la actividad manufacturera. Parecida contracción que en Francia, donde la actividad de las empresas (índice PMI) cayó 1.3 puntos, hasta 49.8 (por debajo de 50 significa que más de la mitad de las empresas no tienen ganancias).

La deuda global en relación al PIB ha crecido un 322% en el último cuarto de 2019, sobrepasando los 253 billones $. Simplemente una recesión mediana conllevaría que la deuda de las corporaciones capitalistas, de más de 19 billones $, sería sencillamente impagable para muchas de ellas. Las empresas "zombi", aquellas que quebrarían solamente con subirse los tipos de interés, se estiman en un 10% a escala mundial. Según Bloomberg, las obligaciones de muchos Estados y la salud de los fondos de inversión no es precisamente mejor.

Toda esa desaceleración, sin embargo, fue acompañada una vez más, de la estúpida euforia de las Bolsas, mostrando toda la irrealidad de la economía capitalista y haciendo presagiar desde hace tiempo un considerable estallido de burbuja.

Los Bancos Centrales ya no saben qué hacer para "salvar" a la economía: desde inyectar "dinero mágico" inventado de la nada, a poner los intereses en negativo, bajar al mínimo los costos laborales (salarios), hacer grandes recortes sociales... Pero aun así el enfermo no reacciona. Y no reacciona porque la inversión capitalista está paralizada (en torno al 22% del PIB). La cual a su vez lo está porque no obtiene suficientes beneficios, y no los obtiene porque padece un grave problema de pérdida de valor provocado por una sobreacumulación de capital (debido a la sustitución de personas por máquinas).

Es decir, que estamos desde hace tiempo inmersos en una "crisis sistémica" que afecta la capacidad del capital de reproducirse. Entonces, y de la forma más sorprendentemente extraña posible surge algo inverosímil: una pandemia que mata sobre todo a la población menos "productiva" y con mayor incidencia en el gasto público. Una pandemia salida de... ¿dónde?

El 18 de octubre de 2019, el Johns Hopkins Center for Health Security, en Baltimore (EE.UU.), llevó a cabo una cuidada simulación de una epidemia tipo "corona-virus", titulada nCoV-2019. Incluso la OMS, que ha actuado más como agente comercial de las transnacionales farmacéuticas que como velador de la salud de las poblaciones del mundo, dio primero al virus el mismo acrónimo que el del experimento, para cambiarlo finalmente por el de COVID-19. En la simulación 201 se llegaba a la conclusión de que el 15% de los mercados financieros colapsaría y que alrededor de 65 millones de personas en el mundo perderían la vida. Participaron en esa simulación la Fundación Gates, el Foro Económico Mundial, así como las corporaciones Johnson & Johnson y Henry Schein (líder mundial de la producción de material médico). Ese mismo mes se celebraron los Juegos Mundiales Militares, del 18 al 27, en Wuhan, con amplia participación de militares estadounidenses. Hoy, muertes que desde entonces se creyeron por influenza en EE.UU. están siendo revisadas como posibles decesos por corona-virus; pero ese país americano no encuentra a su "paciente cero". Lo que sí está claro es que muchos de los rasgos de la simulación han ocurrido en enero de 2020, y ese 15% de desplome bursátil es el que realmente se ha producido a finales de febrero de este año. En Wall Street se tuvo que intervenir la Bolsa para que no se hundiera.

Pero más allá del que sea el origen real de este "oportuno" virus (y el hacinamiento industrial de miles de millones de animales no augura nada bueno para el futuro en ese sentido), veamos algunas otras de las claves que enfrentamos:

  • El COVID-19 no sólo ataca duramente a economías estatales, como la italiana o la española. El "modo pánico" en que ha entrado el mercado mundial está golpeando las cadenas de producción y suministros, afectando de plano el conjunto de las cadenas mundiales del valor. Jamás, ni en los momentos de guerra, el consumo se ha visto sometido a tal disciplina de choque. El círculo vicioso es el clásico: se detiene la actividad comercial, se frena la producción, se dispara el desempleo, se desploma el consumo. Esto es ya catastrófico, pero lo será mucho para todos los indicadores económicos (hasta el 10% de bajada en el PIB y una disminución del crecimiento anual de la producción mundial del 6,5%, se están ya pronosticando –por lo bajo-). Pero atención, los indicadores sociales pueden ser peores, especialmente cuando el virus golpee con fuerza a países con escasos recursos sanitarios. En el caso concreto del Reino de España, el asunto es muy grave, pues nos pilla sin soberanía alimentaria ni industrial (además de monetaria y fiscal). Dependemos enormemente de lo que produzcan otros. Si por cualquier razón se obstaculizan las cadenas de suministros, no lo vamos a pasar nada bien.
  • Estamos asistiendo de forma traumática a un cambio de ruta del sistema, para el cual se precisa acometer una limpieza de capitales sin precedentes en "tiempo de paz". Es decir, el corona-virus está llamado a cumplir las funciones de una guerra de importantes dimensiones. Empezamos un nuevo tiempo del capitalismo, (¿su lenta y larga agonía?), que será de barbarización generalizada para la mayor parte de la humanidad (ver El Público, https://blogs.publico.es/dominiopublico/30412/empiezan-los-20-losterribles-20/).
  • Como toda crisis, ésta será también una oportunidad para algunos especuladores. Provocará un reacomodo del mercado, para dar comienzo también a otro tipo de tecnologías (el cuento para las poblaciones será a buen seguro el de acabar con la producción contaminante, para empezar a hacer un "capitalismo sostenible", oxímoron donde los haya que no tiene más misión que la de acomodar conciencias a lo que viene).
  • Cualquier salida a esta crisis traerá una nueva y dura vuelta de tuerca a los mercados laborales en detrimento de la población trabajadora, así como redoblados ajustes sociales y recortes. Esto es, conllevará una recomposición de la relación de las clases dominantes con sus sociedades, abundando en el perjuicio de estas últimas. De igual manera, se reestructurará el poder entre la propia clase capitalista global.
  • En este sentido, por ejemplo, la fracción más globalista-financiera de EE.UU. parece haberle preparado una encerrona a Trump. Su pésima gestión de la epidemia (es casi imposible gestionarla bien en un país con un sistema de salud pública prácticamente inexistente) bien puede costarle una reelección que hasta ahora tenía prácticamente ganada. Pero si entran los demócratas en la Casa Blanca habrán más amenazas de guerra, pues están buscando el enfrentamiento militar, sobre todo con Rusia. En general, por todas partes, la crisis corona-vírica se llevará por medio "gobiernos de izquierda" (de coalición con las burguesías), donde las "izquierdas integradas" en el sistema soñaban, o esa decían a la sociedad, con que el capitalismo se dejaría endulzar socialmente.
  • Más allá de que haya sido pretendido desde el principio o no (como manifestación de una "guerra bacteriológica"), estamos delante de un experimento de grandes dimensiones mundiales: el control y confinamiento de poblaciones en una escala sin precedente. También un ensayo de psicología colectiva tipo "Guerra de los Mundos" pero a lo grande. ¿Se está preparando con ello el terreno para dinámicas de choque propias de tiempos de guerra social y militar?

La campaña mediática para generar psicosis global y permanente puede ayudar a justificarlo todo. ¿Nos imaginamos que cada día los media reportaran los contagios y las muertes por malaria, ébola, cólera o gripe normal? Claro, este virus mata europeos y eso es "más preocupante", pero aun así también los mataba la gripe, el cáncer y los suicidios (alrededor de seis cada hora en la UE).

Ya antes de los estados de alerta, por puro miedo la gente estaba dejando de viajar, se suspendían eventos, no sólo actividades productivas y comerciales, sino también sociales. De tal manera que en 2020 el crecimiento de la demanda mundial de petróleo se estima por la OPEP un 30% inferior de lo previsto; lo que quiere decir que el aumento del consumo se limitará a 825 mil barriles al día  (hecho que no sólo está desmoronando el precio del petróleo –y haciendo subir las primas de riesgo de sus bonos-, sino de todo el sector energético).

Esta parece ser la única manera en que se haga algo real por el clima: a la fuerza. Los golpes de crisis son hasta ahora los únicos momentos en que se han rebajado las emisiones de efecto invernadero en la civilización capitalista. Esto muestra que si las cosas volvieran a la normalidad seguiríamos con nuestro suicidio ecológico-climático, volveríamos en masa, como si nada, a coger aviones para irnos a sitios remotos, a lanzarnos sobre nuestros coches para quemar petróleo, a producir mercancías sin apenas utilidad y con una programada obsolescencia, a consumir recursos sin parar...

Pero si un virus puede paralizar la economía capitalista, ¿no deberíamos preguntarnos de una vez qué tipo de economía tenemos? ¿Es la competencia de todos contra todos y el exclusivo lucro privado los que pueden salvar a la humanidad de su autodestrucción, de pandemias, del cambio climático, del hambre, de la guerra? Parece evidente que no. Quizás es hora de prestar atención a China que, con todos sus defectos (¿quién no los tiene?), está mostrando otro camino.

No lo perdamos de vista. Fueron medicamentos cubanos, sobre todo el interferon Alfa 2B, los que llegaron a China para comenzar la lucha contra el corona-virus. Por su parte, este país ha demostrado al mundo cómo una economía planificada, en la que cada quien no va a la suya para sacar más beneficios que sus rivales, es capaz de poner de rodillas un virus desconocido en un tiempo récord. Y ahora personal sanitario chino y cubano (y venezolano) llega a Italia a colaborar en el combate contra el COVID-19. España ya ha reconocido también la necesidad de su ayuda.

Mientras, la UE, más preocupada de nuevo por preservar de la crisis a la Banca y a las grandes transnacionales que a las poblaciones, ha mostrado una vez más su fracaso como entidad política, dejando 27 modalidades diferentes de salvarse cada quien como pueda, sin ni siquiera colaborar de forma efectiva en la emergencia sanitaria de Italia (¿y ahora tampoco en la de España?). Mientras, en la mayoría de Europa nos hemos quedado con unos sistemas de salud cada vez más precarizados, con menos personal sanitario y recursos. Mientras, las principales farmacéuticas compiten por ver quién saca antes la vacuna en vez de colaborar a escala mundial, y suben los precios de los productos de protección. Mientras, EE.UU. sigue bloqueando económica y sanitariamente más de 10 países, algunos tan golpeados por el virus como Irán.

Y mientras, gran parte de las poblaciones europeas ya no se acuerdan de las calamidades y guerras que la UE provoca en otros lugares, ni de los refugiados y desahuciados causados... ni de que siguen llegando más uniformados estadounidenses a Europa (maniobras Defender 20), aumentando el peligro de enfrentarnos contra Rusia.

Por Andrés Piqueras

Profesor de Sociología y Antropología Social. Universidad Jaume I

17/03/2020

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El centro de Madrid, prácticamente vacío este sábado.JAIME VILLANUEVA

Con la recesión ya como escenario base en Europa, economistas e historiadores ven más similitudes con la crisis del petróleo de los setenta o con el ‘crash’ del 29 que con la de 2008

 

Comparar el hoy con los episodios más traumáticos del ayer es demasiado tentador. Las heridas de aquel tramo final de verano de 2008, en el que el sector financiero se desmoronó llevándose consigo al conjunto de la economía, son demasiado cercanas en el tiempo y siguen demasiado presentes en el imaginario colectivo como para que resulte inevitable retrotraerse a entonces. Hasta el BCE, en un severo toque de atención a las capitales para que se coordinen y saquen la artillería pesada, ha recurrido a ese símil para sacudir conciencias y llamar a los Gobiernos a filas. Sí, el coronavirus ha hecho caer a plomo las Bolsas en las últimas semanas. Sí, los siempre temidos índices de volatilidad están por las nubes. Sí, todo nos recuerda a aquella hidra de las mil cabezas. Y sí, la economía mundial ha entrado en un terreno inhóspito y habrá que esperar meses para ver el alcance real del zarpazo en toda su amplitud. Pero estamos frente a algo distinto, ya se verá si más o menos grave: ninguna recesión —ya es el escenario base de todos en Europa, Bruselas incluida— es igual a la anterior.

Frente al choque de demanda de libro de la Gran Recesión —2008 fue, ante todo, el estallido de una burbuja y el desplome de un sector bancario hipertrofiado e infrarregulado, que desató un pánico general y hundió el consumo—, esta es una crisis híbrida. “Al principio, cuando el coronavirus empezó a golpear China era un impacto muy específico de oferta, sobre la cadena de suministro”, apunta Ángel Talavera, jefe de análisis de Oxford Economics para Europa. Su aterrizaje en el Viejo Continente, en cambio, “ha escalado el escenario a otra magnitud: ahora es también un choque de demanda muy fuerte”. A diferencia de una década larga atrás, como repiten estos días todas las grandes casas de análisis, la banca está más controlada y mejor capitalizada, por lo que el riesgo de contagio a lo financiero es menor. “Aunque cuidado, porque si llega, entonces sí sería la madre de todas las batallas”, advierte José Juan Ruiz, ex economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

El ocaso se ha acelerado, la noche se ha echado demasiado pronto sobre la economía y el mundo navega y navegará durante semanas sin apenas puntos de referencia. Hace tres meses, la gran preocupación global era la guerra comercial entre EE UU y China, pero hoy ya nadie se acuerda de aquello: cinco letras (Covid) y dos números (19) lo monopolizan todo. Algunos economistas, como Kenneth Rogoff o el propio Ruiz, ven trazas de la crisis de los setenta revivida, cuando el embargo petrolero de los países del Golfo cuadruplicó el precio por barril y dañó la sala de máquinas de las economías occidentales. Otros, como Joan Roses, responsable del Departamento de Historia Económica de la London School of Economics, ven —con todas las precauciones debidas— más similitudes con el crash del año 29 del siglo pasado. “Como ahora, hubo una interrupción de la producción, la Bolsa se hundió y acabó dándose una sobreoferta. La lección que aprender de entonces es la de la cooperación: si empobreces al vecino, acabas empobreciéndote a ti también”, valora por teléfono. “La incertidumbre sobre la magnitud de la crisis detonada por el coronavirus no exime, sino más bien obliga a los Gobiernos a poner en marcha, preferiblemente de manera concertada, el arsenal de instrumentos de políticas contracíclicas”, suma Juan Carlos Moreno Brid, de la UNAM.

Una de las grandes diferencias de esta crisis es que el impacto es secuencial: como si de un tsunami se tratase, el virus golpeó primero a China; luego llegó a Irán y a Corea del Sur; y ahora zarandea a Italia y al resto de Europa occidental, ya oficialmente convertida en epicentro de la epidemia. “No hay sincronización y ahí, como historiador económico, es algo que no he visto nunca”, agrega. Eso complica la salida: “Puede prolongar su duración, crea problemas adicionales sobre el comercio e indica que necesitamos coordinación internacional: no hay forma de actuar aisladamente”. Aunque hasta ahora el virus se ha ensañado con especial virulencia con las siete grandes potencias económicas mundiales, como recuerda el economista jefe del banco de inversión suizo UBS, Paul Donovan, seguirá golpeando “a diferentes países, de maneras diferentes y en diferentes momentos temporales”.

Hay algunas —pocas— cosas claras a estas alturas. Las previsiones previas son papel mojado desde el momento mismo en el que, lo que empezó como una gripe más a ojos de Occidente, ha mutado en algo mucho más serio. “Todas están desfasadísimas. Ahora mismo ponerle números a la crisis es muy arriesgado: en solo unos días quedan obsoletas. Con el retraso de datos que hay, hasta que no tengamos un número de todo marzo que nos sirva de guía, es casi como el tarot…”, reconoce Talavera. “Las circunstancias cambian tan rápido que es imposible confiar en cualquier pronóstico”, completa por correo electrónico David Wilcox, director de investigación de la Fed hasta 2018 y uno de los asesores más estrechos de los tres últimos presidentes del instituto emisor. “¿Adónde vamos?”, se preguntaba hace unos días Claudio Borio, jefe del Departamento Monetario y Económico del BIS, el coordinador de los bancos centrales. Ahora mismo “solo hay una cosa clara: los mercados financieros seguirán danzando al ritmo de las noticias sobre el coronavirus y la respuesta de las autoridades”.

Toda medida de contención de la epidemia, especialmente si es del calado de las aplicadas en los últimos días, implica cortocircuitar la economía durante un tiempo. Es el lógico precio a pagar: la salud es lo primero. Y es, también, una auténtica prueba de resistencia para el crecimiento, un metal que se ha demostrado demasiado quebradizo en los últimos tiempos. Habrá impacto, será fuerte y, parece, transitorio; como si de una catástrofe natural se tratase. Durará lo que dure el virus, entre dos y cinco meses, según los cálculos de las autoridades sanitarias españolas. Entonces, sí, será el momento de levantar las alfombras y ver qué hay debajo; de hacer un recuento de daños, que se presumen profundos. Mientras, los economistas parecen resignados a una de sus peores pesadillas: ir a tientas durante un periodo de tiempo mucho mayor del que quisieran. En eso sí, esto se parece demasiado a aquel negro septiembre de 2008.

Una ardua batalla que pilla al mundo con las defensas bajas

Alejar de la vista el fantasma de 2008 puede resultar, en cierta forma, un alivio. Y en parte lo es. Aunque, como recuerdan Richard Baldwin y Beatrice Weder di Maurola, del Graduate Institute, el virus se está ensañando con la flor y nata económica —“la lista de las 10 naciones más golpeadas es casi idéntica a la de los 10 países más grandes del mundo por PIB, dejando claro que tiene potencial para hacer descarrilar la economía mundial”, escriben—, en las grandes mesas de análisis no está sobre el tapete (aplique aquí el lector todas las salvedades que estime oportunas) un hundimiento como el de entonces. Se sabe que el golpe será duro pero temporal, aunque siempre con la duda planeando sobre su duración: se empezó hablando de semanas, luego de meses y, tras su llegada a Europa, el debate es sobre los trimestres de actividad bajo mínimos. Descontada la recesión, cuanto más tiempo dure el estado de excepción, mayor será su virulencia.

En un segundo vistazo, sin embargo, el temor es otro: apenas hay puntos de anclaje o precedentes a los que asirse a la hora de trazar una respuesta de política económica. La pólvora monetaria está mojada, con los tipos de interés por los suelos, y exige una importante dosis de creatividad. El fiscal, muy lastrado por los pasivos acumulados, exige una reformulación completa de las directrices, al menos a escala europea. Aunque, como escribía el viernes el profesor de Harvard Gregory Mankiw, “hay momentos para preocuparse por la creciente deuda pública pero este no es uno de ellos”. La expansión, además, llega desacelerada y en una fase ya muy madura: casi 130 meses consecutivos de crecimiento en EE UU, cerca de cuatro veces por encima de la media histórica, así lo atestiguan. Un punto añadido de fragilidad.

14 mar 2020 - 18:30COT

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El fin de año que no se preveía en Venezuela

Caracas vive un diciembre más tranquilo que en años anteriores

Se respira cierta calma. Hay grandes colas en las calles, esta vez no por desabastecimiento, sino para gastar el bono en criptomoneda Petro, en un contexto de crisis económica. 

Nadie sabía en enero en qué situación se encontraría Venezuela a final de año. Pocos, muy pocos, imaginaban que se estaría en calma y que habría grandes colas en las calles, esta vez no por desabastecimiento como en el 2015 o 2016, sino para gastar el bono en criptomoneda Petro otorgado por el gobierno para las fiestas.

Caracas vive un diciembre con mayor tranquilidad que en años anteriores. La economía, en una dinámica de bloqueo y crisis -piezas imbricadas-, ha dejado mayores espacios de respiro para la población. Se han visto fuegos artificiales, mesas navideñas con el pernil entregado por el gobierno, consumo permanente en las arterias principales de Caracas.

Se trata de una situación que lleva varios meses y ha generado una meseta en la superficie de una economía cuyo PIB se ha contraído más de la mitad en seis años. Un escenario marcado por la emergencia y consolidación de un sector dolarizado de la población, el uso de esa moneda en las transacciones comerciales en barrios populares o zonas pudientes, y la multiplicación de los trabajos informales a.nte la caída sostenida de los salarios formales con la devaluación de la moneda nacional y el aumento de precios.

La situación en Caracas es más estable que en las demás partes del país. No se ven colas de gasolina como en las carreteras o ciudades del interior, el abastecimiento de luz se ha mantenido con pocos registros de cortes, y se ha consolidado un circuito de consumo para la franja minoritaria que vive y piensa en dólares.

Era difícil pronosticar este diciembre a principios de año con la autoproclamación de Juan Guaidó y el intento de ingreso por la fuerza desde Colombia el 23 de febrero. Tampoco en marzo, con el apagón/saboteo nacional que dejó al país a oscuras durante varios días, o el 30 de abril, con Guaidó y Leopoldo López junto a un puñado de militares en armas en las calles.

La ofensiva parecía casi imparable, no solamente por el primer momento de fuerza de la fórmula Guaidó y su atractivo para la oposición venezolana que volvía a movilizarse, sino principalmente porque detrás o delante del autoproclamado siempre estuvo el gobierno norteamericano.

El rol de Estados Unidos (EEUU) fue explícito durante todo el año. John Bolton, exasesor de seguridad, afirmó que no tenían problema en hablar de la Doctrina Monroe, y, para llevar el expediente Venezuela, fue nombrado Elliot Abrahms, un hombre que estuvo al frente de las guerras sucias de Centroamérica en los años 80, con hechos como la masacre de El Mozote, en El Salvador.

La alineación de Donald Trump, Mike Pompeo, Bolton, Abrams, el eje anticastrista encabezado por Marco Rubio, y los poderes pocas veces visibles del Estado profundo, conformaron un cuadro de asalto final. Ese cálculo de fuerzas resultó errado para quienes encabezaron la ofensiva: no solamente Nicolás Maduro sigue en el gobierno, sino que Guaidó y el conjunto de la oposición atraviesa sus peores meses.

La crisis de la derecha tiene varios elementos superpuestos: escándalos de corrupción dentro de la Asamblea Nacional (AN), la división entre quienes ven posibles acuerdos con el gobierno para, por ejemplo, las elecciones legislativas previstas para el 2020, y quienes solo plantean una salida por la fuerza, y la cuestión de la presidencia de la AN que deberá ser renovada el 5 de enero.

Quien esté al frente del legislativo es central tanto a nivel interno como internacional. En lo nacional porque define en gran parte quien quedará en la conducción de la derecha y su principal tribuna. En lo internacional porque la ingeniería del gobierno paralelo creada por EEUU tiene su principal punto de apoyo en la AN: reconocen a quien está al frente del legislativo como presidente encargado del país.

La apuesta norteamericana es mantener a Guaidó. Ya han afirmado, anticipándose a un escenario adverso, que su respaldo no es a él como persona, sino a la presidencia de la única institución que reconocen como democrática. Su permanencia allí sería sostener la actual correlación de fuerzas, mientras que su desplazamiento podría significar un retroceso para EEUU, así como una nueva expresión de su incapacidad para resolver el expediente Venezuela.

El siguiente paso clave luego del 5 será la convocatoria a las elecciones legislativas. Por el momento el tema de conversación de la mayoría de la población es el bono entregado por el gobierno, el reconocimiento del esfuerzo, o el cuestionamiento hecho por opositores que lo califican como un instrumento para controlar a la población y mantener el mismo cuadro sin resolver la situación económica.

Los problemas de fondo difícilmente tengan solución en un tiempo corto, por el impacto del bloqueo económico y financiero que seguirá escalando como ha sido anunciado por EEUU, por la baja producción petrolera que por momentos logra estabilizarse en un millón de barriles diarios, o la falta de capacidad del sector eléctrico para abastecer la actual demanda nacional.

La economía está en proceso de transición y metamorfosis en una combinación de escenario de guerra y orientaciones pocas veces explicitadas por el gobierno. Se trata de un cuadro complejo, marcado a su vez por la emigración y sus consecuentes remesas que traen dólares en los barrios populares y las clases medias.

Venezuela termina un año que han parecido ser muchos más. Por estos días en los barrios populares se gastan los bonos, se preparan las mesas de año nuevo, las rumbas con salsa, trap y reggaetón, se extraña a quienes están fuera del país, se pone en obra la capacidad de resiliencia de una sociedad que se prepara para un 2020 que será, seguramente, más complejo que el 2019.

Por Marco Teruggi

Desde Caracas

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El Banco de México recorta la previsión de crecimiento para 2019 hasta situarla en negativo

La institución también rebaja la proyección para 2020 a una horquilla de entre el 0,8% y 1,8

El Banco de México ha recortado este miércoles la previsión de crecimiento del PIB para 2019 hasta situarla por primera vez en números negativos. El informe trimestral rebaja las perspectivas para este año de un intervalo de entre 0,2% y 0,7% a uno de entre -0,2% y 0,2%. Para 2020, el banco vaticina una recuperación, aunque esta también será menor a la prevista al colocarla en una horquilla de entre 0,8% y 1,8%, por debajo del intervalo de 1,5% y 2,5% antes previsto. La institución cita una "debilidad de mayor magnitud y duración a la anteriormente prevista" y la "menor actividad automotriz" en el país para justificar la rebaja. 

El recorte sitúa a la segunda mayor economía latinoamericana, por detrás de Brasil, ante un posible decrecimiento, aunque la institución evita hablar de recesión en su informe. Esta semana, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) publicó unas cifras revisadas que confirmaban que el país había entrado en recesión durante el primer semestre del año. Varios organismos internacionales han advertido ya de la debilidad económica del país y han ido revisando a la baja sus proyecciones en paralelo a un empeoramiento del panorama doméstico y mundial. El Fondo Monetario Internacional rebajó en octubre la proyección hasta el 0,4%, cinco décimas menos que en la estimación anterior.

La incertidumbre es el principal elemento del cuadro que pinta el banco central. La relación entre Estados Unidos y el país latinoamericano es uno de los puntos que despierta mayor preocupación. En primer lugar, la ratificación por parte del Congreso de EE UU del TMEC, el nuevo acuerdo comercial de Norteamérica, se puede retrasar todavía más, lo que puede afectar los niveles de inversión. Además, el Gobierno de Donald Trump puede tomar decisiones que agraven las tensiones comerciales, como sucedió en junio con el sorpresivo anuncio que pretendía imponer aranceles para todas las importaciones mexicanas, una amenaza que finalmente no se llevó a cabo. 

El Banco de México señala, además, otros elementos de riesgo doméstico: una posible reducción de la calificación de la deuda de la petrolera estatal Pemex, de la que ya han advertido las empresas calificadoras, y el debilitamiento de la producción automotriz. Este sector ha dado señales de cansancio con una caída del 2,6% en vehículos fabricados de enero a octubre, según cifras de la industria. Las finanzas públicas son otro foco rojo. La institución apunta al riesgo de un gasto presupuestario para 2020 menor al esperado. En 2019, la política de austeridad del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador provocó retrasos en el ejercicio del presupuesto.

El jarrón de agua fría de la institución monetaria llega apenas un día después de la presentación de un plan de obra pública con el que el Gobierno espera relanzar la inversión y, como dijo el billonario Carlos Slim hace una semana, dar una "sacudida" a la economía. De todos modos, el Ejecutivo empieza a replantearse algunas decisiones tomadas al principio del sexenio como la de no aumentar impuestos hasta la segunda mitad del mandato. El subsecretario de Hacienda, Gabriel Yorio, ha abierto la puerta este miércoles a adelantar una posible reforma fiscal en caso de no recaudar la cantidad prevista en el presupuesto. 

De cara a 2020, la recuperación se prevé "más gradual que lo anticipado". Esto se debe a una posible ralentización de la producción industrial de EE UU y a su efecto sobre las exportaciones manufactureras en México, el gran motor de la industria del país latinoamericano. Solo en 2021 se podría alcanzar datos de crecimiento superiores al 2% en el mejor de los casos. El banco advierte, en cualquier caso, del "alto grado de incertidumbre" que rodea a estas previsiones, aunque concluye que la economía "continuará enfrentando un entorno complejo". 

México 27 NOV 2019 - 17:12 COT

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Un monitor de televisión informa de la nueva rebaja de tipos en EEUU, en el patio de negociación de la Bolsa de Nueva York, en Wall Street. REUTERS/Brendan McDermid

El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, dice que hará falta una "sustancial revaluación" de las perspectivas económicas para forzar un nuevo cambio en el precio del dinero.

El Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) de la Reserva Federal de EEUU (Fed) ha decidido bajar los tipos de interés en 25 puntos básicos, hasta situarlos en un rango objetivo de entre el 1,50% y el 1,75%, en plenos temores de desaceleración económica global, según ha informado este miércoles. Se trata de la tercera rebaja consecutiva que realiza la autoridad monetaria este año.

La decisión de la Reserva Federal tras su reunión de política monetaria de dos días se ha vuelto a tomar sin consenso: ha tenkido ocho votos a favor y dos en contra (la presidenta del Banco de la Reserva Federal de Kansas City, Esther George, y el presidente del Banco de la Reserva Federal de Boston, Eric Rosengren, se han mostrado a favor de mantener los tipos sin cambios).

La Fed ha explicado que en las ultimas semanas el mercado de trabajo se ha mantenido "sólido" y la actividad económica del país ha seguido creciendo a un ritmo "moderado". No obstante, la institución ha notado que la inversión empresarial y las exportaciones "han permanecido débiles".

Así, el banco central estadounidense ha justificado su decisión en las "implicaciones" de los desarrollos globales para las perspectivas económicas, así como las "débiles" presiones inflacionistas. De cara a decidir los futuros ajustes en el precio del dinero, la autoridad monetaria ha subrayado que "monitorizará" las implicaciones de los nuevos datos para las perspectivas de la economía.

La bajada de tipos se produce poco después de que se conociese este mismo miércoles la continuada ralentización de la economía estadounidense con una tasa anualizada en el tercer trimestre del año del 1,9%, después del 3,1% en el comienzo del año y 2% en el segundo trimestre.

La economía estadounidense, no obstante, ha dado señales dispares sobre su estado. Por un lado, el mercado laboral mantiene su solidez, con una tasa de desempleo por debajo del 4%, en niveles no vistos en medio siglo; mientras que la inflación sigue contenida y por debajo de la meta anual del 2% marcada por la Fed. Por otro, la guerra comercial desatada con China por el proteccionismo comercial del presidente estadounidense, Donald Trump, ha aumentado la preocupación entre los empresarios, con multimillonarios aranceles tanto a la exportación como a la importación.

Powell avisa

Tras la reunión del Comité Federal de Mercado Abierto, el presidente de la Fed, Jerome Powell, declaró que hará falta una "sustancial revaluación" de las perspectivas económicas para forzar un nuevo cambio en los tipos de interés, al señalar que se encuentran "bien posicionados" tras la rebaja de un cuarto de punto anunciada.

Sería necesaria una "sustancial revaluación de nuestras perspectivas" para cambiar los tipos de interés, afirmó Powell en una rueda de prensa. "La política monetaria se encuentra bien posicionada", agregó tras la rebaja del precio del dinero.

La Fed anunció este miércoles un nuevo recorte de los tipos de interés, el tercero consecutivo, hasta dejarlos entre el 1,5 % y el 1,75 %, en plenos temores de desaceleración económica global y en Estados Unidos.

Powell subrayó que las presiones inflacionarias aún se encuentran apagadas. "El 2% de inflación: eso es lo que debe ocurrir", sostuvo, y precisó que espera que se alcance ese nivel a mitad del próximo año.

Sobre las tensiones comerciales con China, Powell indicó que eran parte de las cuestiones que nublan el horizonte económico. "Una sostenida reducción en la incertidumbre comercial sería buena para la confianza empresarial inmediata y, sobre el tiempo, para la actividad empresarial", dijo.

La próxima reunión de la Reserva Federal, la última del año, tendrá lugar a mediados de diciembre.

WASHINGTON

30/10/2019 19:49 Actualizado: 30/10/2019 20:43

AGENCIAS

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Miércoles, 04 Septiembre 2019 06:16

Pesadilla en el banco central

Pesadilla en el banco central

Estas noches de verano los bancos centrales sufren una pesadilla recurrente. Sueñan que estalla un volcán llamado Recesión y que la erupción arrasa con economías enteras. Los flujos piroclásticos destruyen vidas y riqueza sin distingo. Angustiados, los responsables de los bancos centrales despiertan sobresaltados. Por un momento suspiran aliviados, pensando que sólo era una pesadilla. Pero para parafrasear el maravilloso microrrelato de Augusto Monterroso, cuando despiertan el dinosaurio sigue ahí.

No se necesita ser especialista en alta cocina macroeconómica para entender su inquietud. En los tiempos que corren, los nubarrones de una recesión están por todos lados. Y los bancos centrales saben que ya no tienen armas para enfrentarla.

La semana pasada se llevó a cabo la tradicional reunión de Jackson Hole, en Wyoming, Estados Unidos. Es una selecta conferencia organizada por la Reserva Federal de Kansas City, en la que participan funcionarios de bancos centrales, organismos financieros y especialistas en teoría macroeconómica. El tema este año fue el de los "desafíos" que enfrenta la política monetaria. Es el eufemismo que emplean los banqueros para hablar de sus pesadillas.

La última crisis llevó a los bancos centrales a aplicar una política de dinero fácil y bajas tasas de interés. Esa postura recibió el nombre de "flexibilidad cuantitativa" y consistió en inyectar billones de dólares y euros en el sistema financiero y bancario para evitar el colapso. Muchos alertaron sobre la hiperinflación que esto podría ocasionar. Pero 10 años después de haberse inaugurado esta política monetaria, las presiones inflacionarias brillan por su ausencia.

La economía de Estados Unidos se ha mantenido en expansión, pero a una tasa débil (promedio de 2.1 por ciento anual desde 2010). Y aunque la economía se mantiene cerca del pleno empleo, los salarios siguen estancados y no hay presiones inflacionarias por el lado de los costos laborales.

Y en cuanto a las tasas de interés, los bancos centrales han seguido manteniendo una tasa cero o cercana a cero, pero eso no ha servido para reactivar la economía. Los bancos centrales quisieran regresar a una política "normal", es decir, con tasas de interés cercanas a sus niveles históricos. Pero cualquier aumento en las tasas corrientes amenaza con desencadenar mayor volatilidad en las bolsas de valores y frenar todavía más una economía afectada por la deflación y atrapada en un paisaje de bajas tasas de crecimiento.

Ese es el escenario que ocupó la atención de los participantes en la conferencia de Jackson Hole. Algunos, como Larry Summers, el tristemente célebre macroeconomista de Clinton, concluyen que los bancos centrales deberían reconocer su impotencia. Frente a una nueva recesión no tienen ya campo de maniobra: ya no pueden reducir más sus tasas de interés. Además, relanzar otra ronda de flexibilidad monetaria sería parecido a lo que se intentó infructuosamente en Japón durante 20 años.

Los indicadores a escala mundial son inquietantes. Bajas tasas de interés, endeudamiento y déficits elevados, y tasas de crecimiento tenazmente mediocres. Todo indica que existen frenos adicionales a la demanda agregada y que sólo una política fiscal o medidas novedosas, como la renta básica universal, podrían revertir. Pero el pensamiento conservador sobre austeridad fiscal es una cárcel de ideas de la que es muy difícil escapar.

Pero el principal problema que enfrentan los bancos centrales estuvo ausente de las discusiones en Jackson Hole. La verdadera pesadilla de los bancos centrales es su irrelevancia, no sólo en emergencias, sino también en tiempos normales. La raíz de esta intrascendencia es múltiple. Primero, los bancos centrales no controlan la oferta monetaria, contrario a lo que se piensa comúnmente. Hoy, la oferta monetaria es manejada por los bancos comerciales privados. En vista de que los bancos privados crean dinero de la nada, su problema no es conseguir que alguien le deposite sus ahorros en dinero de alto poder. Su problema consiste en encontrar sujetos de crédito confiables. Y en los tiempos que corren, esa tarea no es fácil.

Segundo, el banco central tampoco controla la tasa de interés de referencia para los inversionistas. Sólo la tasa de muy corto plazo (24 horas) que afecta el mercado interbancario de reservas de dinero de alto poder. Y los bancos privados se las han ingeniado para usar todo tipo de tecnologías y optimización contable para reducir su necesidad de reservas.

Tercero, el sistema bancario en su conjunto puede llegar a necesitar más reservas en dinero de alto poder (por ejemplo, cuando se excede en sus operaciones de crédito). En ese caso, el banco central no tiene más remedio que adoptar una postura acomodaticia y proporcionárselas, a menos que prefiera frenar el crecimiento económico.

El banco central camina dándose aires de importancia y emite comunicados severos y formales, como si fuera el dueño del negocio. En realidad no es más que el siervo fiel de los bancos comerciales privados.

Twitter: @anadaloficial

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