La economía mundial vuelve a estar en punto crítico: Xi Jinping

Hangzhou, China.

En un encuentro con récord de asistencia, el presidente de China, Xi Jinping, abrió la cumbre de líderes del G-20 con una advertencia: "ocho años después de la crisis financiera internacional, la economía mundial vuelve a estar en un punto crítico".

No fue la única alerta del líder de una de las economías más grandes del mundo. El proteccionismo, sostuvo, va en aumento, y el régimen comercial multilateral está en una situación difícil y pese a los avances que se han seguido en la reforma financiera regulatoria, "sigue existiendo el riesgo de burbujas".

Desde el monumental Centro Internacional de Convenciones, Xi Jinping pidió tomar "medidas concretas sin discusiones huecas", y exhortó a una mayor cooperación en materia de impuestos, medidas anticorrupción y para mejorar la capacidad de la economía mundial para resistir los riesgos.

Antes de la apertura de la cumbre, en un encuentro entre el presidente de China con su similar de Estados Unidos, Barack Obama, ambos ratificaron el acuerdo sobre cambio climático de París (COP21) de diciembre de 2015.

La suscripción del documento fue recibida con beneplácito, sobre todo por el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, porque se trata de dos de las naciones con mayores emisiones de gases de efecto invernadero. A través de este acuerdo se busca limitar las emisiones nocivas que producen el calentamiento global, paso clave para que pueda entrar en vigencia el pacto climático antes de fin de año, y marca el camino para que otros países concreten la iniciativa.

En su mensaje a los líderes del G-20, el presidente chino dijo que este mecanismo debe adaptarse a sus tiempos y mostrar el camino, adaptarse a la economía mundial y transformarse a un proceso de respuesta, "con una visión de más largo plazo. Hace falta una visión estratégica, hace falta que el G-20 abra el camino para el crecimiento mundial".

Xi Jinping, que fue líder del Partido Comunista en la provincia de Zhejiang, cuya capital es Hangzhou, indicó que durante este encuentro los presidentes y jefes de Estado de las naciones más poderosas del mundo buscarán cómo abrir una nueva senda de crecimiento, una gobernanza más eficaz, un comercio incluyente interconectado, entre otras cuestiones.

El mandatario chino apuntó que si bien la economía mundial mantiene cierta recuperación, también enfrenta riesgos y retos como un crecimiento débil, disminución en la demanda e inversión, y volatilidad de los mercados financieros. Llamó a los mandatarios participantes a fortalecer la coordinación macroeconómica y promover el crecimiento mundial y la estabilidad financiera internacional.

Indicó: "los miembros del G-20 deben aplicar políticas macroeconómicas más integrales, acordes con su realidad nacional, y deben coordinar sus políticas de reforma estructural y monetarias para aumentar la demanda mundial y mejorar la calidad de la oferta".

El líder chino pidió fortalecer la coordinación de políticas y reducir los impactos negativos, para apuntar hacia una nueva ruta y ritmo de crecimiento. Para ello, instó a seguir mejorando el sistema financiero y monetario así como fortalecer la estructura de gobierno de las instituciones financieras internacionales, afianzar la red de seguridad financiera mundial, aumentar la cooperación en cuestiones tributarias y en la lucha contra la corrupción para hacer a la economía internacional más resistente a los riesgos.

En materia comercial Xi Jinping llamó a continuar con la liberalización y facilitación del comercio y las inversiones, y cumplir el compromiso del G-20 de no adoptar nuevas medidas proteccionistas. Reiteró que una de las prioridades del G-20 para este año es el desarrollo, y para ello se ha impulsado un plan de ayuda para África y otros países menos avanzados.

"Siempre y cuando actuemos juntos, podremos capotear el temporal de la economía y navegar a un futuro de crecimiento", sostuvo.

El presidente Xi Jinping pidió a los gobernantes de Estados Unidos, Alemania y otras economías que resistan la presión para elevar barreras comerciales, en el comienzo de esta cumbre que se realiza en un contexto de crecimiento global lento, disputas en torno a las exportaciones chinas de acero y los impuestos de Apple en Irlanda. "Deberíamos construir una economía mundial abierta", sugirió.

La organización para esta cumbre incluyó un fastuoso espectáculo cultural –con fuegos pirotécnicos– desde el famoso Lago del Oeste, donde los mandatarios pasearon en bote, después de que lo hicieran Xi Jinping y su esposa Peng Liyuan.

Para este lunes habrá tres sesiones de trabajo más antes de la ceremonia de clausura y la suscripción de un comunicado de los líderes participantes.

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La economía cubana, crisis pero no tanta

 

Cuba entra en un plan de ahorro forzada por la reducción del petróleo venezolano pero difícilmente se repetirá una crisis como las de los 90. La situación de la economía es mucho mejor que la de aquellos años, mayor número de socios comerciales, nuevos sectores económicos y más ingresos de divisas. De todas formas habrá afectaciones para la población y los empresarios.

 


LA HABANA.- La economía cubana se contrae producto de los bajos precios del petróleo, aunque parezca una contradicción dado que la isla es importadora de crudo. El problema es que Venezuela, su principal aliado, no puede aportar tanto combustible a Petrocaribe, una organización regional en la que se vende con mejores precios y mayores facilidades de pago. Los envíos de crudo y productos refinados de Caracas se redujeron en un 20% en el primer semestre de este año, según Reuters.

 

Los efectos de la crisis energética ya se sienten en el país, el crecimiento económico se redujo al 1%, la mitad de lo planeado. Se debe a una caída en las compras de insumos, "teníamos previsto una importación (...) de U$D 14.416 millones. Con los ajustes nos quedaríamos en 11.973 millones", dijo el ministro de economía, Marino Murillo, quien anunció además que se suspenderá un 17% de las inversiones previstas para este año y no se hará uso de los créditos otorgados a Cuba por bancos, gobiernos y proveedores privados.


El gobierno ya está aplicando un plan para lograr un ahorro de combustible del 28%, con drásticos recortes en las empresas estatales. En las menos productivas se termina la jornada laboral al mediodía y los aires acondicionados del sector comercial, bancario e institucional deben ser apagados varias horas al día. El Presidente Raúl Castro aseguró que no afectará a la población, sin embargo, lo cierto es que en los barrios están ya ocurriendo apagones esporádicos, aunque muy lejanos aun de lo ocurrido en los años 90.

 


Un año duro


De todas formas el 2016 será un año duro porque las finanzas cubanas sufren por la adquisición de petróleo a precios de mercado, a la vez que deben pagar la deuda atrasada con el Club de París y otros importantes acreedores internacionales. Los negociadores cubanos lograron que se eliminaran la mayor parte de los intereses pero bajo el compromiso de que se pagaría en los tiempos acordados. Para Cuba es esencial cumplir porque esto le permite acceder a créditos blandos que a la larga pueden implicar hasta un 30% de ahorro en las importaciones.


Los que tal vez no cobren este año y seguramente tampoco en el primer semestre del 2017 son algunos de los actuales proveedores de Cuba, en su mayoría pequeñas empresas de Europa, Canadá o América Latina. El propio Presidente Raúl Castro dijo en el parlamento: “Debo reconocer que se han presentado algunos atrasos en los pagos corrientes a los proveedores. En este sentido, deseo (...) ratificar la firme voluntad del Gobierno de recuperar los vencimientos pendientes”.

 

La reducción de importaciones, las deudas con los proveedores y el ahorro de combustible afectará de todas formas la vida de la gente común. Habrá menos productos en las tiendas de alimentos, menos materiales de construcción y el transporte privado se encarecerá porque la mayor parte del combustible que usan proviene del mercado negro, el cual se contraerá como consecuencia de los recortes en las empresas estatales.

 


Las diferencias con el pasado


El Presidente Raúl Castro dijo en el parlamento que vienen tiempos duros pero aseguró también que no se volverá a la crisis de los 90: “No negamos que pueden presentarse afectaciones, incluso mayores que las actuales, pero estamos preparados y en mejores condiciones que entonces para revertirlas”.


La situación actual es totalmente diferente, Cuba tiene hoy un comercio diversificado mientras que en los años 90 el 75% del intercambio era con los soviéticos, de donde además llegaba el 100% del combustible. En la actualidad se producen 50 mil barriles diarios de petróleo pesado cubano, el cual se utiliza en las centrales eléctricas. Aunque Venezuela enviaba 80 mil barriles, también se importa de otros países.

 

Hoy existe una pujante industria turística que era inexistente en los 90 y que traerá al país este año unos 4 millones de visitantes de todo el mundo, cifra que se disparará apenas EEUU elimine la prohibición de hacer turismo en Cuba. Las remesas familiares se han triplicado, alcanzado un monto cercano a los U$D 2500 millones al año. La industria de habanos ganó tal espacio y prestigio en el mundo que ya se alcanzó el tope de producción.

 

Pero “La Joya de la Corona” de la economía cubana es la venta de servicios profesionales, con alrededor de U$D 8000 millones de ingresos. Una buena parte provienen de Venezuela pero aunque esta cooperación cesara, Cuba tiene 11000 galenos trabajando en Brasil, en el proyecto Mais Médicos. En diferentes países de África, la isla cuenta miles de trabajadores de la salud, profesores, ingenieros, entrenadores deportivos o arquitectos, que aportan cientos de millones de dólares más. Sin lugar a dudas, la inversión económica más rentable que realizó la Revolución Cubana fue la de la educación, formando a más de 1 millón de profesionales universitarios.

 

 

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El Banco Mundial alerta del alza de los riesgos y las divergencias globales

El Banco Mundial recorta de nuevo sus previsiones para la economía global. Ahora proyecta una expansión del 2,4% este año, medio punto menos que lo anticipado hace solo seis meses. La fuerte contracción de América Latina explica en gran medida la rebaja: caerá un 1,3% en el ejercicio en curso, cuando en enero se hablaba de estancamiento. El organismo alerta de que los riesgos van al alza y critica la “ensalada” de políticas monetarias emprendidas, que no funcionan.


La economía mundial, como señalan los relatores del informe de perspectivas, sigue atrapada en un “equilibro de bajo crecimiento”. Los técnicos dejan claro, además, que esta situación no debe ser vista como una recesión planetaria porque los datos reflejan un crecimiento, aunque muy débil. La recuperación, insisten en Washington, continúa pero a un ritmo que deja mucho que desear.


La revisión a la baja se explica por las dificultades que arrastran las economías avanzadas siete años después de acabar con la recesión, a la persistencia del bajo precio de las materias primas, la debilidad del comercio internacional y la moderación en los flujos de capital. Los países emergentes y, en concreto los que exportan energía y commodities, están teniendo muy complicado adaptarse.


De hecho, la mitad del recorte se debe a estos países y eso preocupa al presidente del organismo, Jim Yong Kim, porque esta situación pone una zancadilla todo el proceso para reducir la pobreza. El Banco Mundial señala, además, que los beneficios del bajo precio de la energía y las materias primas para los países importadores no se están materializando tan rápido como se esperaba.


El frenazo de estos países explica que la contracción que se proyecta para América Latina este año doble la recesión del 0,7% que sufrió la región en el conjunto de 2015. Hacía tres décadas que no se encadenaban dos años en negativo. Los técnicos del organismo anticipan que la recuperación será gradual, al repuntar al 1,2% a lo largo de 2017. De ahí progresará hasta un crecimiento del 2% un año después.


Puntos negros


La divergencia entre países exportadores e importadores es clara en la región. Las economías de América del Sur se contraerán un 2,8% lastradas por Brasil. La proyección para este país, la mayor potencia regional, es de una contracción del 4% en 2016 por el efecto combinado del paro, la pérdida de renta y la incertidumbre política. En el mejor de los casos se estancaría el año próximo.


El otro punto negro es Venezuela. Se contraerá un 10%, el doble de lo esperado, para moderarse hasta el 2,3% en 2017. Argentina también estará en negativo, aunque en su caso la contracción será de solo el 0,5% para este año. Representa, de todas formas, un recorte de 1,2 puntos aunque se revisa al alza el crecimiento para el año próximo, hasta el 3,1% frente al 1,9% que se anticipó en enero.


México y los países de América Central crecerán, por el contrario, un 2,7% gracias a la expansión de su poderoso vecino del norte, EE UU, del 1,9%. La excepción es Ecuador, que sufrirá una caída del 4% tras empeorarse dos puntos sus perspectivas por el lastre del petróleo. Es el mismo problema que sufren de Columbia, Chile, Perú y Bolivia por la caída de las inversiones en materias primas. Aunque México es un país exportador neto de petróleo, su industria está más diversificada y la depreciación del peso le da una ventaja competitiva al sector manufacturero.


La pérdida de valor de las divisas latinoamericanas hizo que el volumen de exportaciones de la región creciera un 3,5%. Ahora representa el 7,4% del total de mercancías que se movieron en todo el mundo, frente al 5,3% en 2014.
Ensalada monetaria


Los riesgos a la baja, por tanto, son más pronunciados a escala global. Por si no bastara, la rápida expansión del crédito en el sector privado eleva el riesgo potencial para varios países emergentes, como advierte el economista jefe del Banco Mundial, Kaushik Basu. A esto hay que sumar las dudas sobre la efectividad de las políticas monetarias para apoyar el crecimiento y la volatilidad que ello genera.


“Los bancos centrales están experimentando cada uno por su cuenta con tipos de interés negativos. Parecía una buena idea pero en retrospectiva está ensalada de políticas sin coordinar no funciona”, advierte Basu. Por este motivo, el máximo responsable de análisis del organismo pide a las principales autoridades monetarias globales que asuman su “responsabilidad colectiva” para no minar la economía global.


El margen de acción en el ámbito fiscal y monetario es, de hecho, “estrecho”. Por eso, Basu insiste en la importancia de que los ahorros por el abaratamiento de la energía y las materias primas se destinen a infraestructuras, educación y formación. También emplaza a los exportadores a adoptar iniciativas que promuevan la diversificación económica y la liberalización del comercio.

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Miércoles, 04 Mayo 2016 07:12

Raíces de la crisis y de la gran recesión

Raíces de la crisis y de la gran recesión

En un artículo reciente, el economista en jefe del Fondo Monetario Internacional, Maurice Obstfeld, confiesa que el panorama económico global le parece difícil de entender. El funcionario examina las causas y efectos del colapso en los precios del petróleo y pregunta: ¿por qué los bajos precios del crudo no han sido un estímulo para la economía mundial? Su respuesta y análisis son evidencia de los limitados alcances de la teoría económica convencional para entender la crisis y la dinámica macroeconómica del capitalismo contemporáneo.


A partir de junio del 2014 el precio de petróleo sufrió una caída de más de 60 por ciento (unos 70 dólares estadunidenses). Pero en ese lapso se siguió frenando el crecimiento de las principales economías del planeta. Obstfeld señala que esa combinación (precios de crudo a la baja y estancamiento) ha confundido a los economistas del FMI.


En el pasado los cambios bruscos en el precio del crudo siempre han tenido efectos contracíclicos: cuando hay incrementos en esos precios, el crecimiento se frena y viceversa. Según Obstfeld los precios bajos debieran conducir a menores costos de producción y mayores niveles de actividad, mayor contratación de fuerza de trabajo y menor inflación. Lo que sucede es que los economistas del FMI se quedaron con las explicaciones superficiales de la estanflación, es decir, de la coexistencia de estancamiento con inflación, que marcó la década de los años 1970. La tesis estándar sobre aquél episodio es que los altos precios del crudo se tradujeron en altos costos de producción, reducción del nivel de actividad y altos precios para cubrir los costos crecientes.


Por eso los economistas del Fondo siempre han pensado que una reducción en el precio del principal insumo energético debería estar actuando como un poderoso estímulo económico. Y sin embargo la reducción de precio coincide con la actual fase de lento crecimiento. Pregunta Obstfeld: ¿cómo es eso posible?


La explicación la encuentra en el límite cero de la tasa de interés. Hoy los bancos centrales ya no pueden reducir más la tasa de interés (aunque Obstfeld prefiere ignorar el tema de la tasa de interés negativa) y la reducción en la inflación debido a la disminución de costos de producción tiene un efecto inesperado porque provoca un aumento en términos reales de la tasa de interés. Según Obstfeld eso comprime la inversión y la demanda y contrarresta el efecto de la disminución de costos. De manera simétrica, dice Obstfeld, el aumento de precios del petróleo podría tener un efecto expansivo al reducir la tasa real de interés.


En pocas palabras, para los economistas del FMI el nuevo villano es el límite cero de la tasa de interés. Esto estaría provocando el efecto perverso de que el descenso en los precios de crudo no actúa como un estímulo para la actividad económica. Y si los bajos precios de petróleo persisten podríamos ver un tsunami de quiebras en las empresas petroleras que apostaron a que los precios altos se mantendrían por largo tiempo, lo que podría dislocar todavía más al sector financiero. Obstfeld concluye que se necesita un apoyo a la demanda (vía la política fiscal), además de introducir más reformas estructurales (el tema de siempre en el FMI).


Son muchos los economistas que insisten hoy en las dificultades que entraña el límite cero de la tasa de interés. Lo cierto es que después de siete años de tasas de interés cercanas a ese límite la economía mundial no sólo no puede recuperarse de la crisis, sino que parece querer instalarse en un estancamiento secular. Como dice Thomas Palley, ahora resulta que el problema de las economías capitalistas es el del límite cero de la tasa de interés, como si todos los problemas estructurales del capitalismo no tuvieran nada que ver con el estancamiento.


En realidad, esta discusión ignora un punto fundamental: las economías capitalistas caminan por un sendero de contracción inexorable de su ritmo de crecimiento desde hace ya varias décadas. Esto es algo que se puede comprobar fácilmente con cualquier serie de datos. Lo más importante es que este proceso ha venido acompañado de una tendencia a la baja en las tasas de rentabilidad sobre el capital invertido. Los estudios de Michael Roberts, Andrew Kliman y Peter Jones, por ejemplo, revelan que la tasa de ganancia (calculada a costos históricos) pasó de 45 por ciento, su nivel más alto en 1948, a 32 por ciento en 2011. Esta tendencia histórica a la baja ha tenido un efecto importante sobre la inversión porque en una economía capitalista el factor determinante clave de la inversión es la rentabilidad. Y esto es lo que explica la tendencia inexorable hacia el estancamiento.


Desde esta perspectiva, ni la inestabilidad financiera, ni la desigualdad o el subconsumo son lo que explica la crisis de 2008. Y si bien la deflación y la austeridad son factores importantes detrás de la extensión de la gran recesión, la crisis y su profundidad se explican por las contradicciones intrínsecas del capitalismo. Sin duda el régimen neoliberal ha intensificado algunas de estas contradicciones, pero las raíces de la crisis son más profundas.


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Santos, en la sede de Naciones Unidas, la semana pasada.
El país crecerá un 2,5% y la inflación, aunque será menor que el curso pasado, seguirá por encima de las previsiones oficiales
 

 

Las perspectivas del Fondo Monetario Internacional (FMI) tampoco serán nada halagüeñas para Colombia este año. Habrá quien se aferre a que el país seguirá creciendo -“a un ritmo relativamente vigoroso”, según el informe del organismo internacional-, pero por segundo año lo hará a un promedio menor que el del curso anterior: el FMI prevé que la economía crezca un 2,5% en 2016, 0,6% menos que el año anterior. Para el año siguiente, las perspectivas mejoran (se espera un crecimiento del 3%), aunque recuperar los niveles de 2013 (4,9%) o 2014 (4,4%) se antojan quiméricos.

 

El endurecimiento de algunas de las políticas económicas y las condiciones financieras mundiales, en especial la crisis en China, han fagocitado cualquier esperanza de recuperación para Colombia en 2016, el año en el que previsiblemente se firmará la paz con la guerrilla de las FARC, un aspecto que podría dar cierto respiro a la economía colombiana y al que el FMI no hace referencia en su más reciente estudio.

 

Las perspectivas sí mejoran en cuanto a la inflación se refiere. Colombia cerró 2015 con una subida del 3,1% respecto al año anterior, alcanzando un total del 6,8%, la más alta que se recuerda en los últimos años. Al igual que el Gobierno de Juan Manuel Santos, el FMI argumenta que el fenómeno de El Niño ha sido la principal causa de la drástica subida, que afecto a los precios internos de los alimentos. Para este año, el organismo prevé una inflación del 5,3%, aún ligeramente superior de las previsiones del Banco de la República y el Gobierno colombiano.

 

El informe del FMI hace hincapié en cómo la desaceleración de las manufacturas en China ha reducido la demanda de exportaciones procedentes de Sudamérica. Colombia lo ha sufrido de pleno, pero también, quizás más, ha sido víctima de la brusca caída de los precios del petróleo. A diferencia de Venezuela, que cuenta con ingentes reservas de crudo, Colombia ha sacado rédito de este bien desde hace relativamente poco tiempo. El FMI alerta de que el “shock acumulado en los términos de intercambio de las materias primas ha sido grave” en algunos países, entre los que cita a Colombia, Venezuela y Ecuador.

 

En cuanto a las pérdidas de ingresos, estas varían según la importancia de las materias primas en cada economía. Mientras que en el caso de Venezuela, el desplome es de hasta un 17% del PIB, en el caso de Colombia –junto a Chile y Ecuador- gira en torno a un 4% y un 7% del PIB.

 

Ante los constantes cambios en la coyuntura internacional, el FMI recalca cómo muchos países de Sudamérica han experimentado ajustes del tipo de cambio en términos efectivos reales. De ahí que Colombia, junto a Brasil, registre las mayores depreciaciones de su moneda en las últimas décadas. En los últimos años, el peso se ha depreciado alrededor de un 60% frente al dólar.

 

Pese a que aún no ha anunciado cuándo, todo parece indicar que el Gobierno de Santos deberá abordar una reforma fiscal este año. En este contexto frágil y volátil, el FMI considera advierte de que las perspectivas de crecimiento para los próximos cinco años “probablemente seguirán siendo débiles” y considera que todos los países deberán abordar y orientar sus políticas y reformas económicas a “administrar esa transición”, a facilitar un ajuste gradual en respuesta a la nueva realidad de los precios de las materias primas. Sin mencionar un país concreto, el FMI sí lanza un mensaje claro a toda la región, del que se puede sentir aludido Colombia por el contexto en el que se produce: “Las perspectivas de la región comenzarán a ser más prometedoras solo cuando se hayan resuelto los desafíos internos a los que se enfrentan las economías que actualmente sufren una contracción”.

 

 

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Lunes, 04 Abril 2016 07:30

Crisis en cámara lenta

Crisis en cámara lenta

Desde hace tres años América latina ha estado afectada por una desaceleración económica cuyos efectos acumulados pueden describirse como una crisis en cámara lenta. Durante al menos diez trimestres consecutivos se ha experimentado una baja en las tasas de crecimiento que ha causado una disminución en la tasa de ocupación laboral de 2,9 puntos porcentuales. En comparación, en la crisis o shock financiero de 2009 los efectos duraron cuatro trimestres, la tasa de ocupación bajó sólo 1,8 puntos, y como sabemos la recuperación fue rápida.

 

Los efectos de esta nueva crisis, detonada en buena medida por la fuerte caída en los precios de las materias primas, también se reflejaron lentamente sobre el empleo, que en un principio registró impactos moderados. Pero durante el último año esa situación cambió y la región tuvo el primer aumento significativo en la tasa de desocupación en cinco años.

 

El aumento del desempleo regional promedio fue de medio punto porcentual hasta 6,7 por ciento el año pasado. Como destacó el Panorama Laboral 2015 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), si se cumplen los pronósticos de mayor desaceleración, la tasa de desocupación podría subir hasta 6,9 por ciento en 2016. En este momento hay unas 19 millones de personas desempleadas.

 

Al mismo tiempo hay indicios de disminución del empleo asalariado y aumento en el trabajo por cuenta propia, una señal de que podría aumentar la informalidad. Casi la mitad de la fuerza de trabajo de nuestra región, integrada por más de 280 millones de personas, tiene un empleo informal, una situación que generalmente implica ingresos bajos, inestabilidad laboral así como falta de protección y derechos.

 

Los promedios regionales expresan una realidad heterogénea. Tanto la desaceleración económica como los cambios en las tasas de desempleo y otros indicadores laborales se manifiestan a diferentes velocidades en los distintos países. Incluso hay algunos en abierta contracción, mientras otros mantienen números positivos. Pero más allá de las diferencias es indudable que en la región como un todo hubo un cambio de ciclo y que el escenario, al menos por ahora, es poco alentador.

 

Este panorama plantea desafíos concretos e inmediatos, porque el empeoramiento de la situación laboral implica que la crisis se refleja en la situación de las personas, y afecta tanto a los grupos más vulnerables, incluyendo los hogares pobres, como a la clase media que ve sus expectativas de mejoramiento frustradas.

 

Este nuevo ciclo económico pone una vez más en evidencia la urgente necesidad de avanzar en procesos de diversificación y de desarrollo productivo que impulsen una transformación de las economías, en la dirección de un crecimiento más sostenido e inclusivo con más y mejores empleos. Esta sigue siendo el norte para la agenda de mediano y largo plazo. Pero en el corto plazo es claramente es necesario que los países recurran a políticas macroeconómicas y del mercado laboral para mitigar los efectos de la desaceleración en las empresas, en los puestos de trabajo y en los ingresos.

 

La oportunidad es propicia para recurrir a la guía que ofrece el “Pacto Mundial para el Empleo” de la OIT, adoptado en 2009 por representantes de gobiernos, trabajadores y empleadores de todo el mundo, que contiene un portafolio de políticas con demostrada efectividad en momentos de recesión económica y crisis en el mercado de trabajo.

 

Se trata de medidas para reducir los impactos negativos en el empleo, apoyar a las empresas, mantener niveles de demanda agregada, e impulsar la generación y recuperación de los empleos en combinación con sistemas de protección social. Es necesario encarar el desafío del empleo con creatividad e innovación. Actuar sobre el empleo es la forma en la cual se puede beneficiar directamente a los grupos vulnerables y a las clases medias, a la vez que se promueve la base productiva de las economías.

 

De lo contrario, esta crisis en cámara lenta podría no solo complicar aún más la gobernabilidad aumentando la conflictividad social y la desconfianza en las instituciones políticas, sino dejar un legado de estancamiento económico en el progreso de nuestras sociedades e incluso de retrocesos en los logros económicos y sociales alcanzados.

 


* Director Regional de la OIT para América latina y el Caribe.

 

 

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Minsky y Schumpeter en el debate sobre estancamiento secular

En septiembre de 2008, cuando se declaró la bancarrota del banco de inversiones Lehman Brothers, el sistema financiero mundial estuvo a punto de desintegrarse. El histórico banco había sobrevivido una larga serie de cataclismos, pero la crisis de las hipotecas sub-prime fue demasiado. Sus innovaciones financieras (otrora orgullo del mercado estadunidense) contaminaron todo el sistema financiero mundial con instrumentos financieros que acertadamente fueron rebautizados como activos tóxicos.


En 2009 se anunció que el periodo de la política monetaria flexible no duraría más de cinco años. Pero hoy los bancos centrales no aciertan por dónde caminar y hasta se han introducido tasas de interés negativas en la eurozona, Suecia, Suiza y Japón. El comportamiento de las principales economías del mundo deja mucho que desear. Los niveles de desempleo en la eurozona siguen estando altísimos y la recuperación en Estados Unidos es muy débil. Por eso se intensifica el debate sobre la posible llegada de una época de ‘estancamiento secular’ en el capitalismo contemporáneo.


La polémica sobre esta nueva era de letargo económico se ha organizado alrededor de dos polos. Por un lado se discute si ya se agotaron las posibilidades de una oleada de innovaciones técnicas capaz de sustentar una nueva fase de acumulación de capital o si, por el contrario, estamos en vísperas de una nueva revolución tecnológica. La verdad es que entre la realidad de la telefonía celular y las promesas demagógicas de los fanáticos de las nanotecnologías hay una gran distancia. No es evidente que viene en camino una nueva serie de tecnologías parecidas a la máquina de vapor o el automóvil. Estas innovaciones con justicia reciben el nombre de innovaciones básicas, por haber transformado todo el sistema económico. No sólo cambiaron la matriz de relaciones inter-industriales de manera radical, sino redefinieron la construcción de obras de infraestructura y reorganizaron el espacio público. Pero no se puede transformar el sistema económico cada cinco años, y por ello muchos piensan que nada comparable existe en el horizonte tecnológico actual. De acuerdo con esa visión el capitalismo estaría condenado a sufrir un ritmo de expansión mediocre con innovaciones derivadas de tecnologías introducidas hace décadas.


Para muchos otros analistas el estancamiento secular sería sólo una consecuencia de la crisis financiera. Por ejemplo, Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart piensan que el festín de endeudamiento duró demasiado como para pensar que las cicatrices podrían borrarse rápido y sin dolor. Pero estos dos autores creen ingenuamente que antes de 2007 las principales economías capitalistas gozaban en lo esencial de buena salud. Para ellos, más allá de los abusos en el sector financiero, todo marchaba más o menos bien.


En realidad la polarización del debate es artificial porque una nueva oleada de innovaciones capaz de sostener un ritmo de crecimiento estable necesitaría estructuras financieras adecuadas. Esa es una de las principales lecciones de la tesis de doctorado de Hyman Minsky sobre inversiones inducidas y ciclos de negocios. Esa tesis se inició en Harvard bajo la supervisión de Schumpeter, pero la muerte de este último en 1950 obligó a Minsky a concluir la investigación bajo la dirección de Leontief. Aunque Schumpeter sabía que los bancos comerciales privados creaban dinero de la nada (y que la inversión es anterior al ahorro), su visión sobre los ciclos de negocios descansa más en la dinámica de la economía real y del proceso de cambio técnico. A Minsky eso le pareció demasiado mecánico pues no permitía integrar adecuadamente el papel del dinero endógeno. De esta insatisfacción con la teoría de los ciclos de Schumpeter nace el minucioso análisis de Minsky sobre las fuentes de inestabilidad asociadas a una economía en la que el sistema bancario comercial privado se encarga de la tarea de creación monetaria. Especialmente importante para Minsky es la tendencia pro-cíclica de la actividad bancaria: cuando las cosas van bien, el crédito se multiplica y se genera inestabilidad. Al contrario, cuando todo pinta mal, el crédito se restringe y se hace más pronunciada la caída en la inversión y el empleo. Por esta razón Minsky está más cerca de las perspectivas de Keynes sobre la volatilidad en las expectativas y la preferencia de liquidez.


Así las cosas, la polémica actual sobre el estancamiento secular no puede limitarse a una discusión simplona sobre fuentes del cambio técnico o sobre los efectos relacionados con la debacle financiera iniciada en 2007. Quizás el problema principal de esta polarización del debate sobre estancamiento secular es que se deja de lado todo lo relacionado con las causas estructurales de la crisis, comenzando con la distribución del ingreso y el conflicto social derivado de la desigualdad. Como si todo eso nada tuviera que ver con las perspectivas futuras del capitalismo.


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Precios de materias primas y especulación financiera

Casi todos los análisis sobre la economía mundial y la evolución de la crisis coinciden en una cosa: la recesión en China está acelerando la caída en los precios de las mercancías básicas a escala mundial. La reducción en la demanda mundial debido a la crisis de 2007-08 ha provocado una caída en esos precios, pero hoy predomina la idea de que el freno en el crecimiento en China es el factor explicativo más importante de la caída en los precios de materias primas. La realidad es mucho más compleja.

Es cierto que la contracción económica a raíz de la crisis de 2007-2008 ha llevado a una reducción en los precios de las materias primas y productos básicos. Pero desde hace muchos años se ha popularizado la creencia de que China es la fuente principal de demanda de todo tipo de productos básicos, desde los agropecuarios hasta minerales y otros insumos intermedios. Las altísimas tasas de crecimiento del PIB en China han sido vistas tradicionalmente como el motor de la evolución de precios de estas materias primas y commodities.


Ahora que los precios de los commodities se han desplomado, es muy tentador concluir que la causa se encuentra en la fuerte contracción de la economía china. En efecto, sabemos que el PIB en China ha dejado de crecer a las tasas vertiginosas de hace unos años. Las fuentes oficiales señalan que el crecimiento en 2015 fue de 6.9 por ciento, pero nadie toma esa cifra en serio. Es mucho más probable que el crecimiento en 2015 haya sido de apenas 3 por ciento, lo que es una catástrofe para una economía como la china. Pero aún esta correlación entre el comportamiento del PIB en China y los precios de commodities es insuficiente para concluir que la evolución de la economía china es la causa principal del colapso de precios de los productos básicos.


El Banco Asiático de Desarrollo acaba de publicar un estudio sobre el impacto de la recesión en China sobre los precios de productos básicos. Uno de los resultados es que China ha sido casi auto-suficiente en el caso de muchos productos básicos. Además, China no desempeña un papel determinante en muchos mercados de productos básicos. Por ejemplo, la economía china apenas consume 12 por ciento del petróleo mundial y sólo 5 por ciento del gas natural que se produce en todo el mundo. La reducción del ritmo de actividad en China no puede explicar el cambio en las cotizaciones de estos productos (73 y 55 por ciento en los precios del petróleo y gas natural, respectivamente). Además, la política económica en China mantiene el objetivo de satisfacer 95 por ciento del consumo doméstico de productos agropecuarios (con excepción de la soya). Aunque no ha sido posible alcanzar esa meta, la producción interna en el sector agropecuario es muy importante (sólo 2 por ciento del arroz que se consume en China es importado).

 

En resumen, no todo el desplome de los precios de productos básicos en el mundo está siendo provocado por la recesión en China. Algo más debe estar sucediendo en la economía mundial.

 

Además de las presiones para exportar que provienen del exceso de capacidad instalada y del afán de consolidar posiciones en el mercado, el sector financiero también está jugando un papel importante en la reducción de precios de las materias primas y commodities. Muchos fondos de cobertura o hedge funds han ejercido presión en los mercados financieros para deprimir más esos precios.

 

La práctica de los fondos de cobertura gira alrededor de la venta en corto y la compra en largo (cuando se piensa que los precios van a continuar creciendo). Cuando los mercados de futuros involucran a los productores y comerciantes, una parte de esta especulación puede tener sentido. Pero cuando los agentes ya no están relacionados con las operaciones sustantivas de producción, transporte, comercialización y consumo, y cuando sólo buscan obtener ganancias a través de operaciones de arbitraje y de ventas en corto, todo cambia. Buscar explicar el movimiento del mercado financiero a través de explicaciones tradicionales es engañoso.


La financiarización de los mercados de materias primas y commodities ha incrementado la exposición de muchos agentes financieros en los mercados respectivos. Eso les ha llevado a colocar mayor presión sobre el precio de estos bienes: apostando a que los precios van a continuar cayendo, deciden vender en corto (eso hace que la oferta crezca y el precio efectivamente se reduzca). Esto está bien documentado en los casos del cobre y hasta del petróleo.


Y cuando los fondos de cobertura se convierten en la figura dominante, el mercado deja de ser un espacio económico, las operaciones ya no tienen que ver con hacer frente al riesgo y sólo responden a la especulación pura. El mercado se convierte en un casino y, como bien decía Keynes, la tarea de invertir productivamente no se va a llevar a cabo de manera adecuada.


Hoy el sector financiero, y en especial los fondos de cobertura, siguen desempeñando un papel fundamental en la evolución de la crisis.


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Miércoles, 09 Marzo 2016 06:10

Deflación y estancamiento

Deflación y estancamiento

Durante años las autoridades monetarias y los organismos financieros internacionales impulsaron una política monetaria dirigida a controlar la inflación. El gasto público tuvo que subordinarse a ese imperativo central que era la estabilidad de precios. La política de tasas de interés respondía a la necesidad de enfriar la economía cuando el calentamiento llevara riesgos inflacionarios. Y la política de ingresos también estuvo sometida a la exigencia de contener la demanda agregada. De ahí sale la contención del crecimiento de los salarios. Pero ahora las cosas han cambiado y con la crisis económica global descubrimos que en Europa, Estados Unidos, Japón e incluso China, el verdadero enemigo es la deflación.


Pero ¿por qué es mala la deflación? Hay varias razones. Primero, una reducción sostenida del nivel general de precios hace que los agentes económicos estén menos dispuestos a realizar gastos. Cuando los precios caen los consumidores tienen expectativas de que seguirán reduciéndose y prefieren esperar a que caigan todavía más. La demanda agregada se reduce, la actividad económica se frena y el desempleo aumenta.


Segundo, los agentes económicos no están dispuestos a tomar préstamos porque cuando tengan que repagar sus deudas, lo harán en una moneda que valdrá más que la que recibieron cuando aceptaron el crédito. Es decir, la deflación perjudica a los deudores y beneficia a los acreedores. Ésta es la imagen espejo del mundo en el que la inflación es el enemigo de los acreedores. Aceptar un crédito cuando los precios están cayendo no es bueno para el deudor porque el peso de su deuda se incrementará en términos reales. Y eso incluye a los empresarios que les gustaría embarcarse en una operación productiva.


Tercero, desde el punto de vista de la oferta hay que señalar que los inversionistas no tienen ningún interés en embarcarse en nuevas aventuras productivas cuando observan que los precios están reduciéndose. Es cierto que tampoco les gusta un escenario de fuerte inflación, pero un incremento moderado de precios, digamos de 5 o 7 por ciento no les hace sentir que están en la hiperinflación de la república de Weimar o en Zimbabue. En cambio detrás del problema de la deflación se esconde el espectro de un mundo en el que se estará produciendo con pérdidas.


En conjunto, estas tres razones pueden conducir a una severa contracción económica en la que las fuerzas que se desencadenan se retroalimentan y hacen muy difícil salir de una recesión. Eso es precisamente lo que estamos presenciando en casi todos los centros motores de la economía mundial, desde Europa y Estados Unidos hasta Japón. Varios indicadores muestran que la economía en China podría irse dirigiendo a un escenario similar. Esto es lo que alimenta la idea del estancamiento secular.


¿Qué pueden hacer las autoridades económicas frente a la deflación? Pues la verdad es que bastante poco. Hoy vemos que los bancos centrales han llevado sus tasas de interés al límite inferior más bajo, a cero por ciento, pero el impacto sobre el consumo y la inversión, es decir, sobre la demanda agregada, es muy débil. Eso se debe a que a pesar de que los precios están cayendo, los consumidores no tienden a incrementar su gasto porque también tienen expectativas negativas debido a que el peso de sus deudas se está incrementando en términos reales. O sea que el efecto positivo del descenso en los precios se contrarresta por el endeudamiento. Y hay que recordar que en los últimos dos decenios el endeudamiento de casi todos los agentes económicos (familias y empresas) ha sido el impulsor del crecimiento. Hoy el sobreendeudamiento hace que el consumidor no responda a la caída en los precios porque todavía prevalece el efecto de la orgía de sobrendeudamiento y los agentes buscan por todos los medios posibles reducir la carga de deudas.


Este fenómeno es especialmente severo en China, así que no tiene mucho sentido apostar a que su economía pueda volverse motor del crecimiento mundial. En los últimos veinte años, mientras la maquinaria de propaganda del neoliberalismo hacía que todo el mundo se maravillara por las altas tasas de crecimiento en China, los bancos daban créditos a quien quisiera construir rascacielos transparentes, ciudades fantasmas o carreteras que no iban a ninguna parte. Y ahora que el banco central chino relaja al extremo su política monetaria, recortando el nivel de reservas que los bancos comerciales o semi-privados deben mantener en el instituto monetario, ningún analista espera que esta medida pueda acelerar el crecimiento.


Los bancos centrales en el mundo capitalista desarrollado buscan regresar a niveles de inflación moderados. Por ejemplo, en Estados Unidos y en Suecia, la Reserva federal y la Riksbank buscan regresar a una tasa de crecimiento con una inflación de 2 por ciento. Quizás la Fed tenga que seguir el ejemplo de los suecos e instaurar tasas de interés negativas. De todos modos, el impacto sobre la demanda agregada ha sido casi despreciable en Suecia. Decididamente, algo está cambiando en el capitalismo contemporáneo.


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El PIB de Brasil se contrae un 3,8% en 2015 y confirma la intensidad de la recesión

La divulgación del Producto Interno Bruto (PIB) de 2015 ha confirmado lo que los brasileños ya están sintiendo, en la práctica: los efectos de la recesión más severa del país desde los años 90. La economía de Brasil se contrajo un 3,8% con relación al año anterior, según los datos difundidos este jueves por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). El resultado es el peor de la historia de las Cuentas Nacionales del IBGE, que comenzó en 1996.

 

El PIB total fue de 5,9 billones de reales (1,47 billones de dólares) en 2015, mientras que el PIB per cápita fue de 28.876 reales (7.382 dólares), lo que representa una caída del 4,6% con respecto a 2014. Desde 2009, en el auge de la crisis económica mundial, el índice no registraba un resultado negativo.


Entre los sectores de la economía, tan solo la agricultura y la ganadería siguieron creciendo el año pasado, con un aumento del 1,8% en comparación con el año anterior. La industria acumuló una caída del 6,2% y los servicios, del 2,7%. La Formación Bruta de Capital Fijo, una medida utilizada para medir el capital invertido por el sector privado, registró su séptimo trimestre consecutivo de caída. Los gastos de consumo de las familias también disminuyeron, en este caso, por cuarto trimestre consecutivo.


Una señal inequívoca de que la recesión continúa este año es el desempeño de la industria, así como la caída de la inversión de las empresas. En el último trimestre de 2015 la tasa de inversión, es decir, lo que las empresas invierten en nuevos proyectos o maquinaria, cayó un 4,7% en comparación con el tercer trimestre y un 18,5% en comparación con el cuarto trimestre de 2014. Si este indicador presenta cifras más bajas, señala que las empresas no van a realizar nuevos proyectos, sino que van a concentrar sus energías en reducir los gastos para conseguir pagarlos, lo que apunta a posibles recortes de puestos de trabajo.


Al mismo tiempo, la caída del consumo de las familias (del 1,3%, en comparación con el tercer trimestre, y del 6,8%, en comparación con el mismo período de 2014) revela que los brasileños están apretándose los cinturones para adaptarse a los nuevos tiempos. Si el consumidor no compra, las empresas producen menos y facturan menos. De este modo, invierten menos y despiden, lo que alimenta un nefasto círculo vicioso, que, en el Brasil de hoy, con un Gobierno débil y una crisis política sin precedentes, parece no tener fin.


Los brasileños se aprietan el cinturón


Con la recesión, la subida de los precios, el crecimiento del desempleo y el dólar rondando los cuatro reales, driblar los efectos de la crisis no es fácil. Para llegar a fin de mes, muchos brasileños han cambiado de hábitos. Quitera de Albuquerque, de 62 años, tuvo que tomar algunas decisiones. Ya no compra como antes: ha cambiado lo que realmente le gusta por lo que se puede permitir. “Cambié todas las marcas, de las judías al detergente. Compro la peor carne, miro el precio más barato”, cuenta esta dependienta de una tienda de ropa en São Paulo, que antes trabajaba en comercio ambulante.


La inflación en Brasil llegó al 10,67% el año pasado. El aumento de la tarifa de energía eléctrica hizo que Quitera tomase otra decisión radical: poner bajo llave varios electrodomésticos. “Cuando vi que la cuenta de luz se triplicaba guardé todo: ventilador, horno eléctrico, mi máquina de correr carrera y la plancha", comenta.


Algunas mujeres de clase media y media-alta recortan en belleza. Tatiana Ramos, cazatalentos de 29 años, vive en Belo Horizonte y pasó de hacerse la manicura cada semana a una vez cada 15 días. “A veces opto por solo pintarme las uñas en el salón, ya que cobran la mitad del precio. El resto lo hago yo antes, en casa. También espero más tiempo para cortarme y teñirme el pelo”, cuenta.


Tatiana también sale menos con sus amigos, e intenta ir a bares solo una vez por semana. El sector ya está sufriendo los efectos de la crisis. "Los bares y los restaurantes son los primeros en sentirlo, no solo por razones financieras, sino psicológicas. Cuando hay miedo e incertidumbre, las personas más preocupadas no quieren gastar tanto en diversión", explica el presidente de la Asociación Brasileña de Bares y Restaurantes, Perciaval Maricato. La industria del ocio sufrió una caída de facturación del 10% en 2015 respecto a 2014, según Maricato.


Nathália Machado, una abogada de 30 años, empezó 2016 cortando gastos: dejó las clases de Pilates, redujo las salidas a bares y restaurantes y decidió aplazar los planes de pasar las vacaciones con su hermana en Nueva York. Este año también pensaba dejar la casa de sus padres y alquilar un apartamento para vivir sola. El problema es que la decisión coincidió con un cambio de escenario. “Hice un plan considerando mis ingresos mensuales medios. Pero este año el valor de algunos contratos de mi empresa bajaron y los impagos aumentaron mucho, y esto afectó a mis ingresos”, cuenta Nathália, que no quiso desistir de su sueño. Para cumplirlo, tuvo que hacer ajustes. En su casa nueva, de momento, no va a contratar Internet de banda ancha, y tal vez deje el gimnasio.


Andrea Bravaresco, de 39 años, cambió el plan de televisión por cable al más básico, y recurrió a la plataforma online de películas y series Netflix. Pero la prioridad ha sido la escuela de sus hijos. Andrea no quería cambiarlos de centro, pero negoció hasta conseguir un descuento en las mensualidades. En el colegio de su hijo de 12 años pagará un 25% menos, y en el de la niña de 2 años, casi un 15%.


Adriana Canton, comerciante en Río de Janeiro, y su marido Leo, que es cocinero, creyeron por un instante que saldrían ilesos de la crisis. A fin de cuentas, atienden clientes de clase alta y media-alta, donde la recesión tarda mucho más en llegar. Pero los clientes de Leo disminuyeron y otros piden un menú más barato. En la tienda de artículos para cuartos de baño de Adriana cayeron las ventas y hubo despidos. Ahora, los viajes al extranjero no son una opción, por los precios de los billetes de avión y la devaluación del real brasileño. "Cambiamos algunas marcas de productos, el plan del teléfono móvil, y cambiamos la ducha para ahorrar agua". El cine también cambió de día. “Los miércoles es más barato”.

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