Grecia vive hoy una jornada de huelga general para protestar contra el plan de austeridad del Gobierno que será votado mañana por el Parlamento. Se espera que los trabajadores del sector público y privado salgan juntos a las calles en lo que supondrá un reto a la decisión del Gobierno de endurecer los recortes presupuestarios para reunir las condiciones del plan de rescate de la UE y FMI.

Todos los vuelos permanecerán en tierra durante todo el día y el país podría enfrentarse a un paro total en la tercera marcha conjunta de los sectores público y privado en lo que va de año. Los hospitales trabajarán con servicios mínimos, el transporte público quedará suspendido durante casi todo el día y numerosos comercios cerrarán dado que los trabajadores privados se unen a la huelga del sector privado.

Al mismo tiempo, trabajadores, pensionistas y jubilados marcharán hacia el Parlamento para protestar contra la intención gubernamental de recortar 30.000 millones de euros en aumentos de impuestos y recortes presupuestarios acordado por Grecia el pasado fin de semana a cambio del plan de rescate internacional de 110.000 millones de euros.

El malestar entre la población aumenta imparable, según las encuestas de opinión. El ciudadano griego considera que se le va a obligar a pagar el precio de la crisis del país, mientras la evasión fiscal y la corrupción proliferan impunenemente.

"Estas medidas son injustas, porque sólo cargan a los pobres y los débiles", ha señalado Ilias Iliópulos, secretario general del sindicato del sector público Adedy. "Seguiremos con las propuestas y pediremos a los trabajadores que insistan". La huelga de hoy es significativa, dado que se considera que el nivel de participación indicará la fuerza de la oposición al plan de recortes del Gobierno. Además, los inversores temen que el malestar social pueda poner el peligro la capacidad de reformar la economía griega mediante el plan de rescate.

El anticipo de los funcionarios

El primer anticipo de la protesta sucedió ayer, cuando miles de funcionarios se manifestaron en Atenas. La marcha reunió en las calles de la capital a unos 4.000 jubilados, maestros y otros empleados públicos. La policía había desplegado unidades antidisturbios en la plaza de Sintagma y en los alrededores para evitar el asalto a tiendas y 0tros establecimientos. Con todo, la jornada se desarrolló pacíficamente y sin incidentes, excepto el ruidoso despliegue de manifestantes desde el Parlamento hacia la universidad ateniense. Docentes de educación secundaria, universitarios y del sector privado protestaron con pancartas contra los despidos, los bajos sueldos y las condiciones de enseñanza en las aulas.

Por otra parte, el FMI anunció ayer que su dirección se reunirá el domingo para analizar la crisis y aprobar la ayuda de 30.000 millones a Grecia.

EL PAÍS - Atenas - 05/05/2010
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Los griegos tomarán las calles en protesta contra las medidas de austeridad que el gobierno del socialista Georgios Papandreu deberá implementar a cambio de la ayuda financiera. La población reaccionó frente a la posibilidad de que la economía de su país estuviera en las manos de la UE y el FMI.
 
Gracias a las políticas de recortes, el primer ministro Papandreu ha logrado obtener la aprobación de sus colegas en Bruselas. Sin embargo, en el plano doméstico ocurre el efecto opuesto. La mayor parte del programa impactará en la clase media y trabajadora, las cuales forman la base del gobierno socialista. Un aumento del descontento popular podría hacer peligrar la continuidad del gobierno.
 
La población griega que recién ahora comienza a comprender y experimentar en carne propia el verdadero alcance del programa de ajuste se ha volcado en contra del gobierno. Según sondeos, aproximadamente un 70 por ciento de los trabajadores dice estar en contra de pedir ayuda al FMI. En otra encuesta, un 68 por ciento dijo no estar preparado para hacer los “sacrificios” exigidos por el reajuste. Tan sólo un mes atrás la opinión era la opuesta: sólo un 30 por ciento rechazaba hacer sacrificios, mientras que un 68 por ciento decía estar dispuesto a hacerlos. Como dato ominoso, un 80 por ciento de la población cree que en los próximos meses habrá conflictos sociales. Hoy comenzará una huelga general de 48 horas planeada por el sindicato de empleados públicos, la cual amenaza con paralizar el país.
 
El paquete de ayuda financiera –110 mil millones de euros en tres años– viene en un momento crucial para Grecia, ya que el 19 de abril hay un vencimiento de deuda de nueve mil millones de euros. Frente a esta situación, lo habitual hubiera sido que el gobierno griego refinanciara su deuda acudiendo a los mercados internacionales. Sin embargo, los altísimos intereses que Grecia debe pagar –por encima de 8 por ciento– hacen imposible recurrir al crédito.
 
Al ver que la fecha del vencimiento de deuda se aproximaba y que Grecia corría riesgo inminente de entrar en default, los países de la Unión Europea (UE), junto con el Fondo Monetario Internacional (FMI), acordaron otorgar ayuda financiera. No sólo se trataba de Grecia: también hay indicios de que la crisis se esparce hacia otros países de la eurozona.
 
Para muchos analistas resulta sorprendente que una economía tan pequeña como la griega pueda provocar tantas dificultades al resto de Europa. El problema reside en que existen otros países en la eurozona con altas tasas de endeudamiento y que se encuentran en una situación precaria. Si los mercados comienzan a dudar de la solvencia de países como España y Portugal, podría ocurrir un proceso similar al presenciado en Grecia, en donde el aumento de las tasas de intereses terminó obligando al gobierno de Papandreu a pedir ayuda a la Unión. Y como dijo un funcionario en Bruselas: “La UE no tiene suficiente dinero para ayudar a España”.
 
Grecia tiene una deuda de 113 por ciento de su PBI, lo que equivale a 300 mil millones de euros. La principal razón que provocó el endeudamiento griego fue una balanza comercial desfavorable, que fue empeorando sucesivamente desde que el país entró en la eurozona.
 
Con el ingreso a la zona euro, Grecia abrió su mercado al resto
 
de los países de la UE, los cuales inundaron el país con sus productos más competitivos y baratos. Esto favoreció a países exportadores como Alemania, quienes obtuvieron en Grecia y en otros países del sur de Europa nuevos mercados donde colocar productos. A cambio, Grecia pudo adoptar una moneda fuerte –el euro–, la cual le facilitó el acceso al crédito internacional. Durante años, los griegos vieron aumentar su nivel de vida gracias al crédito. Esto llevó a que creciera el nivel de endeudamiento hasta llegar a la situación actual.
 
Actualmente, países exportadores como Alemania –quienes anteriormente se vieron beneficiados con las importaciones griegas– son los primeros en exigirle al gobierno de Papandreu que aplique medidas de austeridad. Alemania es la segunda economía exportadora del mundo y ha logrado mantener su competitividad gracias a una política que sumerge los salarios domésticos.
 
El programa de austeridad que la administración Papandreu llevará a cabo bajo la estricta supervisión del FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión tendrá un costo social enorme. En principio el plan sigue la vieja receta del Fondo cuando se trata de equilibrar los presupuestos nacionales: recortes en el sector público y aumento generalizado de los impuestos. Las medidas pueden potencialmente ahogar la recuperación económica del país, ya que los recortes en el sector público bajarán el consumo aún más y el aumento de impuestos dificultará que la población sea capaz de ahorrar e invertir. Existe el peligro de que Grecia se sumerja en un período de estancamiento económico prolongado.
 
Actualmente, Grecia tiene una desocupación de 11,3 por ciento. El año pasado la economía cayó un 2 por ciento y se espera que se reduzca un 6 por ciento entre el 2010 y el 2011. Las medidas de austeridad incluirán un aumento del IVA, aumento de la edad legal de retiro, congelamiento de salarios y supresión de compensaciones salariales para funcionarios públicos. En el sector privado, el gobierno griego adoptará medidas que harán más sencillo y barato el despido de empleados. Estas medidas se sumarán a anteriores planes de austeridad ya implementados.

Por Nicolás Nagle
Desde Bruselas
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Desde principios de diciembre de 2009 se sabía que la deuda pública de Grecia era una especie de bomba de tiempo. Y no era la única; había un pequeño arsenal de estas bombas, que se han ido activando en los meses recientes en Europa.

Una de las consecuencias de la crisis financiera y de su consiguiente efecto económico es el aumento del déficit fiscal, la caída de los ingresos del gobierno y la dificultad de cubrir las deudas.

Ese proceso se ha dado en distintas proporciones, unas más graves que otras. Así, hoy destacan en Europa: Irlanda, ya con plan de ajuste; Grecia en plena crisis; Portugal y España en la mira, e Italia un poco más atrás.

La deuda externa de Grecia es de 217 mil millones de dólares y era equivalente a 113 por ciento del producto en 2009; puede llegar a 130 por ciento el año entrante. A otros países de Europa les debe 193 mil millones de dólares; de ellos, 79 a Francia, 45 a Alemania y 15 al Reino Unido.

En todos estos meses la situación no ha hecho más que agravarse financiera, económica y políticamente. Este es un asunto clave para la eurozona y los acuerdos monetarios e institucionales que ahí prevalecen.

La puntilla más reciente a la crisis fue puesta por la calificadora de deuda Standard & Poor’s (S&P) que, de un zarpazo, redujo la calidad de la deuda griega tres escalones (hasta una marca BB+) lo que los pone en situación de chatarra y eleva enormemente el costo de refinanciarla.

Con esto se encarece cualquier intervención planeada por los gobiernos deudores, el FMI y el Banco Central Europeo. Pero no sólo eso, sino que se lleva a la población griega en una situación de alarma ante el severo ajuste que se va a imponer en sus condiciones de vida. Esto sólo amerita una relativamente breve atención en los reportes de la situación, y menos que eso en los informes del mercado.

S&P reprobó la deuda griega y así lo admiten prácticamente sin cuestionamiento los mercados financieros. Pero en realidad ¿quién reprueba? Primero, esa empresa debería explicar qué fue lo que pasó para que de un día a otro redujera su calificación de la deuda griega de modo tan extremo.

Hoy no se puede confiar del todo en el negocio de calificación de la deuda, sobre todo luego del papel lastimoso que tuvieron la misma S&P, Moody’s y Fitch en el desenlace de la crisis del mercado de hipotecas subprima en Estados Unidos desde septiembre de 2007.

Esta es una historia llena de recovecos, entre los que sobresale el problema esencial de que los clientes de las calificadoras son los mismos gobiernos, empresas y bancos que colocan deuda en el mercado.

No hay certeza de si las calificadoras están haciendo su trabajo o, incluso, qué trabajo es el que están haciendo. Pero siguen siendo una piedra angular del sistema de deuda mundial. Calificar deuda es una parte central del negocio del crédito.

El periódico Financial Times citó hace apenas unos días un mensaje electrónico de un analista de S&P en medio de aquel colapso hipotecario a finales de 2007, en el que decía: “Si esta compañía sufre un evento tipo Arthur Andersen (refiriéndose a la empresa de auditoría involucrada en la quiebra de Enron), no caeremos por una falta de ética… No será tampoco por avaricia, que pesa tan poco en nuestras motivaciones. Será por la arrogancia”. Y, bueno, así está el cóctel de penitencias que enmarca la actual situación financiera del mundo.

El caso es que la organización del mercado de deuda sigue girando en torno a las tres calificadoras. Pero la calidad de su diagnóstico es cada vez más incierto. No existen los incentivos para que eso cambie y en la medida en que la situación se tensa, cada una de ellas intentará ganar un margen de utilidad sobre las otras con la consiguiente pérdida de calidad de la calificación que dan.

Sí, este es un profundo caso de virtual conflicto de intereses que no se ha confrontado de manera legal e institucional. ¿Quién regula a las calificadoras de deuda? ¿Cómo operan sus propios consejos de administración? Ahí está hoy el caso de Grecia. Hace falta una aclaración profunda pues atrás de todo esto queda, como siempre, la gente y las graves consecuencias de la crisis económica. De un plumazo las tres calificadoras pueden definir las condiciones de subsistencia de empresas, gobiernos y de millones de personas. Como si los griegos se hubiesen vuelto inútiles de pronto para trabajar, producir y subsistir con decencia.

Reprueba también el gobierno griego que excedió a lo bárbaro su nivel de endeudamiento. Esto ocurre en el marco del funcionamiento de las democracias tradicionales, pero en una situación en la que los ciudadanos quedan al final inermes.

Reaparece así una cuestión clave de la estructura social y económica, que es la del papel del Estado. Son impredecibles las consecuencias políticas que puede acarrear una crisis más general de la deuda en Europa.

Reprueba, igualmente, la estructura institucional europea del mercado y la moneda únicos. Una contradicción clave salta a la vista: mientras los sistemas de producción y financiamiento se globalizan, las instituciones que regulan las relaciones de producción y de intercambio son básicamente nacionales. Esto se advierte en la posición del gobierno alemán en el curso de la crisis griega.

Los rasgos de las crisis financieras tienen muy pocas variantes operativas a lo largo del tiempo. Lo que hace de ésta una situación especial es la magnitud de los recursos involucrados, su extensión territorial y el desarreglo institucional tan grande y que no existía desde los acuerdos de Bretton Woods de la segunda posguerra.

Todavía hay fronteras y geografía, y también historia.

Por León Bendesky
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Martes, 02 Marzo 2010 08:49

¿Se gesta otra crisis alimentaria?

La seguridad alimentaria resurgirá como un tema prioritario global, luego de haber sido dejado de lado temporalmente durante la recesión mundial. El crecimiento de la población, el temor a una escasez de suministros, el cambio climático y la recuperación de los precios –los cuales tuvieron una fuerte caída a consecuencia de la crisis financiera y económica– significan que la seguridad alimentaria ocupará un lugar prominente en el debate político en los años por venir.

En los meses anteriores a la crisis los precios de alimentos se habían disparado. Según el índice de alimentos y bebidas de EIU (que mide los precios de 17 artículos, entre ellos granos, oleaginosas y azúcar), los precios casi se duplicaron entre 2005 y 2008. Hubo inquietudes de que la cadena de suministro alimentaria mundial pudiera hacer frente a la demanda, sobre el impacto del cambio climático en la producción agropecuaria y las consecuencias sociales de la carestía. Hacia mediados de 2008, 31 países, preocupados por la seguridad alimentaria, habían suspendido o restringido las exportaciones agrícolas.



El declive de la economía mundial ha reventado la burbuja de los precios agrícolas, en parte al reducir el crecimiento del consumo en los hogares. Los números del ganado se han reducido, en reflejo del descenso en la demanda. Las existencias de productos agrícolas han comenzado a crecer de nuevo, con lo cual presionan los precios a la baja y revierten la pauta de la crisis, en la cual las existencias bajaban porque los compradores trataban de evitar pagar precios mayores. (Ese proceso, a su vez, había conducido a una mayor volatilidad en los precios al hacer el mercado más susceptible a pequeñas perturbaciones en la oferta.) Los costos de la energía también han caído desde mediados de 2008, reduciendo los costos de fertilizantes, distribución y almacenamiento. Nuestra previsión de una accidentada recuperación de la economía mundial, y poca presión a la alza sobre los precios de energéticos, sugiere que una repetición de la burbuja de precios alimentarios es improbable a corto plazo.

Sin embargo, las tendencias a mediano plazo sugieren que resurgirán las preocupaciones por la seguridad alimentaria. Si bien los efectos son difíciles de cuantificar, el cambio climático vuelve más difícil predecir las cosechas en países tradicionalmente productores de alimentos. Cuando caen las cosechas, el debate casi de inmediato se vuelve hacia el cambio climático. El alza en el precio de los granos en 2006-08 fue en parte resultado de años sucesivos de sequía en Australia. Los precios del cacao y el café se dispararon en 2009 –pese a un crecimiento muy leve en la demanda– a causa de las pobres cosechas en África occidental, Sudamérica e Indonesia.

Fuerte crecimiento del consumo

El creciente consumo de alimentos presionará también sobre la oferta, debido al aumento de la población. La ONU prevé que la población mundial llegará en 2050 a 9 mil millones, 30% más que hoy. Además, al crecer los ingresos, los consumidores se volverán más exigentes, por ejemplo respecto a mayor contenido de carne en las comidas o tener fruta de temporada todo el año. El consumo de carne en China ha crecido 100% en los 15 años pasados, y el de lácteos va en aumento a una tasa de 20% anual.

Energía vs alimentos

Los temores de desabasto reflejan también las crecientes cantidades de productos agrícolas y de tierra cultivable que se dedican a la producción de biocombustible. La industria estadunidense del etanol consume casi la tercera parte de la producción maicera de EU. En Indonesia, el aumento en las plantaciones de palmera para atender la creciente demanda de aceite de coco para el sector de biocombustibles ha sido acremente criticado por su impacto negativo en el ambiente (desmonte de bosques). Se dice, no sin razón, que la demanda de biocombustible ha contribuido a la fuerte alza en los precios del azúcar en 2009 (si bien la razón principal ha sido probablemente la aguda caída en la producción del dulce en muchas partes, India en particular).

Una posible solución al debate alimentos vs combustible es el desarrollo comercial de biocombustibles de segunda generación hechos de cultivos no alimenticios, residuos de cultivos y desperdicios, los cuales no reducirían la cantidad de productos agrícolas disponibles para consumo humano e incluso se podrían usar para generar electricidad al mismo tiempo, lo cual es particularmente útil en las zonas rurales de países en desarrollo. Sin embargo, por el momento la tecnología está aún en desarrollo y los costos son relativamente altos.

Respuesta política

También hay que tomar en cuenta la dimensión política de la seguridad alimentaria. Pese a la reciente mejoría en el panorama de la oferta y los precios de alimentos, existen claros signos de que los países empiezan a protegerse de los riesgos de desabasto global. Países del golfo Pérsico, conscientes de su dependencia de los alimentos importados, han venido usando su riqueza derivada del petróleo para comprar grandes porciones de tierra de cultivo en países como Pakistán, la Comunidad de Estados Independientes e Indonesia. Se podría alegar que es una transferencia benéfica de capital a los países en desarrollo y un útil reciclamiento de petrodólares, pero tales movimientos podrían también conducir a un aumento del nacionalismo y el proteccionismo.

De hecho, la respuesta de muchos países productores a la carestía de alimentos ha sido restringir las exportaciones. Así lo hicieron India, Vietnam y Camboya cuando los precios del arroz se dispararon a principios de 2008. Argentina aplicó restricciones, sobre todo impositivas, a muchas exportaciones agrícolas, y Rusia impuso derechos a la exportación de trigo. La escasez de alimentos, a veces junto con las alzas de precios, condujo a disturbios civiles, con manifestaciones públicas, en al menos 30 países en la primera mitad de 2008.

Las principales economías europeas han cuestionado en público si es ético comerciar en mercados de cambios bienes de uso humanitario, como productos agrícolas. Como la mayoría de las culpas se atribuyen a especuladores, los gobiernos demandan controles más estrictos de los mercados de futuros. Sin embargo, aunque nada hay de malo en procurar transparencia en esos mercados, gran parte del esfuerzo parece tener motivación política, pues los gobiernos se afanan en mostrar al público que dan pasos para reducir los precios de alimentos y energéticos.

Pronóstico

Mientras los gobiernos están obsesionados con liberar a sus países de la recesión sin crear burbujas inflacionarias o monstruosas cargas de deuda, poca atención se presta al riesgo de una crisis alimentaria global. También hay falta de consenso respecto de lo que se debe hacer para prevenir esa crisis, aparte de un amplio acuerdo para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y contener el cambio climático. Parece probable que los científicos tendrán que encargarse de encontrar formas de usar la tierra con mayor eficiencia y sustentabilidad desarrollando cultivos más resistentes y de mayor rendimiento, al encontrar nuevas formas de almacenar y conservar alimentos, y mejorar la eficiencia de los métodos de producción en cuanto al uso de agua y energía.

Sin embargo, nada de esto evitará que la seguridad alimentaria siga siendo un tema altamente politizado y potencialmente explosivo. Es probable que los gobiernos continúen haciendo lo que puedan para proteger las existencias de alimentos y construir reservas estratégicas, sea en su territorio o en el extranjero. En algunos casos esto conducirá a fricciones internacionales, pero como la alternativa es la inquietud social interna, los gobiernos tendrán pocos reparos en competir con otros países por los suministros.

Fuente: EIU
Traducción de texto: Jorge Anaya

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Nueva York, 24 febrero. No hay tema de mayor prioridad en Washington y a lo largo del país que el de la riqueza extrema ante un creciente desempleo. En una semana, cuando se divulgó al mismo tiempo que, por un lado, Wall Street recompensó a sus ejecutivos con cifras astronómicas y, por el otro, decenas de millones de trabajadores siguen perdiendo empleos, hogares y ahorros, la clase política busca intensamente cómo demostrar que "el sistema" funciona.

Hoy el Senado aprobó otro proyecto de ley de 15 mil millones de dólares para estimular el empleo. La Cámara de Representantes prometió actuar lo más pronto posible para que el presidente Barack Obama promulgue la ley. Esto es sólo el comienzo, mientras se consideran iniciativas de entre 100 mil y 155 mil millones para crear empleo y extender asistencia para los desempleados y hacer todo lo posible para responder a una recuperación inicial, que mientras produce miles de millones de dólares para Wall Street no genera empleo para millones de personas.

Hay fiestas en Wall Street, donde los ejecutivos de los bancos de inversión se recompensaron con 20.3 mil millones de dólares en bonos (adicionales a sus salarios y otros pagos) en 2009, un incremento de 17 por ciento sobre el año anterior, reveló el contralor estatal de Nueva York, Thomas DiNapoli, dato que calificó de "píldora agria" para los contribuyentes.

La recuperación acelerada del sector financiero durante 2009, después de la peor crisis financiera desde la gran depresión –DiNapoli calcula que las utilidades totales de Wall Street sumarán 55 mil millones en 2009, tras un desplome récord de casi 43 mil millones en 2008–, fue posible gracias a miles de millones de dólares en fondos públicos para rescatar al sector. "Una gran razón de esta recuperación más rápida de lo esperado es que los contribuyentes estadunidenses básicamente rescataron a Wall Street con dinero gratis, y es bastante difícil no ganar dinero cuando te dan dinero gratis", consideró DiNapoli.

Wall Street no escucha la ira

El jefe de Goldman Sachs, Lloyd Blankfein, recibió 9 millones en bonos; su contraparte en JP Morgan Chase, Jaime Dimon, fue premiado con 17 millones, y James Gorman, de Morgan Stanley, se llevó 8.6 millones de dólares. Decidieron no pagarse más por la ira popular contra los banqueros de Wall Street rescatados por el pueblo estadunidense.

"Aparentemente Wall Street no escucha la ira y la frustración diaria por las prácticas de compensación que hemos visto hasta ahora", dijo ayer el vocero de la Casa Blanca, Robert Gibbs, al difundirse estos datos.

El gobierno de Obama continúa promoviendo una reforma de las regulaciones financieras, con el objetivo de evitar que se repita este tipo de crisis, pero enfrenta la enorme resistencia del sector que rescató con fondos públicos.

El secretario del Tesoro, Timothy Geithner, convocó a los líderes del sector financiero y de la Cámara de Comercio a una reunión este jueves para instarlos a no obstruir estas iniciativas, aunque no se han formulado ni están cerca de ser aprobadas.

No todos los bancos gozan. Mientras los poderosos y gigantescos de Wall Street y otros generan ganancias milagrosas, cientos de los medianos y pequeños quiebran o están en riesgo de hacerlo. Las bancarrotas de bancos en Estados Unidos están en su punto más alto en 16 años, y la agencia federal encargada de monitorear la solvencia y asegurar a los depositantes, el FDIC, anunció que ha colocado a 702 instituciones bancarias en su lista de bancos en problemas. Unos 140 quebraron en 2009, y el FDIC espera que este año sean más, ya que de los 8 mil bancos que existen en el país, muchos están afectados por la crisis de la cual fueron salvados los más grandes.

Mientras tanto, para millones de trabajadores que padecen una tasa de desempleo de 9.7 por ciento –la cual llega a más de 16.5 por ciento, si se incluye a subempleados y desempleados que ya se dieron por vencidos y dejaron de buscar ocupación– el panorama es oscuro, pues se pronostica poco cambio en su situación durante este año.

Más de 6 millones podrían perderlo todo

Peor todavía, los más de 6 millones de "desempleados de largo plazo" (los que han estado desocupados por más de seis meses) están al borde de perder todo sin perspectivas de mejorar. "Llámenlos los nuevos pobres: gente acostumbrada a las comodidades de una vida de clase media, que ahora dependen de asistencia pública por primera vez en su vida, potencialmente por muchos años por venir", reporta The New York Times.

Casi 3 millones de ellos podrían perder su última línea de salvación a fines de abril, cuando vencen sus pagos del fondo de desempleo, a menos que el Congreso –como intentó hacer el liderazgo demócrata– logre extender este plazo.

Según un sondeo de Gallup, la situación es peor que la pintada por las cifras oficiales, y calcula que casi 20 por ciento de la fuerza laboral estadunidense –uno de cada cinco– está desempleada, subempleada o con empleos que no pagan lo suficiente para abordar costos básicos de vida. Eso implicaría que 30 millones de personas están en esa situación.

Para algunos millonarios, la crisis ya se superó. Para millones la crisis, pronostican expertos, podría durar varios años más.

David Brooks
Corresponsal

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Martes, 23 Febrero 2010 07:39

México. Se desploma el PIB 6.5%

La producción nacional de bienes y servicios en México  tuvo una contracción anual de 6.5 por ciento durante 2009, informó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Con esto la dimensión de la economía mexicana retrocedió a una magnitud similar a la que tuvo en 2006.
 
De acuerdo con las cifras históricas del organismo, ésta es la mayor caída del producto interno bruto (PIB) en 76 años, después del desplome de la economía ocurrido en 1933. El decrecimiento económico del año pasado superó al de 1995, el cual fue de 6.2 por ciento.
 
Por grandes grupos de actividad, el sector industrial fue el más afectado en 2009, con un desplome anual de su producción de 7.3 por ciento; el valor generado por los servicios decreció 6.6 por ciento, mientras el reportado por el sector agropecuario se elevó 1.8 por ciento sobre el nivel observado en 2008, indicó el organismo.
 
Con la contracción del PIB en 2009, la tasa de crecimiento promedio anual de la economía mexicana en el primer trienio del gobierno de Felipe Calderón Hinojosa fue negativa en 0.56 por ciento, en contraste con lo observado en periodos similares de los dos sexenios anteriores.
 
En los tres primeros años del gobierno de Ernesto Zedillo Ponce de León la tasa de crecimiento anual de la economía mexicana fue de 2.2 por ciento; mientras entre 2001 y 2003, bajo la administración de Vicente Fox Quesada, el PIB se expandió 0.13 por ciento en promedio anual. Así, la actividad económica del país, medida a través del producto interno bruto, tuvo un crecimiento de 1.2 por ciento en promedio durante cada uno de los nueve años de gobiernos surgidos del Partido Acción Nacional.
 
El Inegi indicó que en el cuarto trimestre del año pasado el producto interno bruto reportó un descenso anual de 2.3 por ciento. Con esto la economía mexicana lleva ya cinco trimestres consecutivos en contracción. La recesión comenzó precisamente en el cuarto trimestre de 2008, cuando el PIB registró una caída anual de 1.1 por ciento, y ha sido la más larga de los últimos 14 años. La de 1995 transcurrió con resultados negativos durante cuatro trimestres consecutivos, periodo igual a la de 2001.
 
PIB y empleo
 
En 2009 el impacto de la caída del PIB sobre el empleo y la desocupación pareció menor al registrado en la crisis de 1995.
 
Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Inegi, entre el primero y el cuarto trimestres del año pasado un millón 619 mil 699 personas encontraron ocupación tanto en el sector formal como en el informal de la economía mexicana, cantidad no vista en periodos semejantes desde 2001, en que se cuenta con registros de esta encuesta.
La población desocupada se elevó en 217 mil 936 personas en el mismo periodo y el universo de individuos ocupados en actividades informales tuvo un incremento de 507 mil 449, según la ENOE. Por su parte, el Seguro Social indicó que en diciembre de 2009 había descendido en 33 mil 422 el número de trabajadores inscritos en este organismo respecto de los existentes en marzo de ese mismo año.
 
En el punto más grave de la recesión, en mayo de 2009, el número de trabajadores inscritos en el IMSS fue de 13 millones 868 mil 132. Pero en noviembre se había ampliado a 14 millones 192 mil 197 personas, lo cual implicó que en esos seis meses se crearon 324 mil 65 empleos en el sector formal y privado de la economía mexicana.
 
Al respecto, el ex subsecretario de Hacienda Francisco Suárez Dávila manifestó que “en ningún país del mundo, México incluido, se cae la economía y aumenta el empleo formal. Pero todos los empleos formales que se pierden hacen que la gente vaya a la informalidad o, en algunos casos, a empleos temporales”.
 
Explicó: “No es posible que una economía caiga 6.5 por ciento y aumente el empleo formal en 2009. De hecho, las cifras oficiales reflejan, a pesar de sus imprecisiones, que el empleo formal cayó para cientos de miles de trabajadores. Cuando cae el empleo formal, por definición una parte se va al empleo informal. Una de las válvulas de escape de México ha sido precisamente, en los últimos años, generar trabajos informales”, reconoció.

Por, Juan Antonio Zúñiga
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El horizonte que parecía lentamente despejarse para la economía europea volvió a nublarse repentinamente ayer con unos datos sobre la evolución de la actividad productiva muy inferiores a lo esperado. Tanto en la eurozona como en el conjunto de la Unión, el producto interior bruto (PIB) apenas subió el 0,1% en el cuarto trimestre de 2009 (en tasa intertrimestral), la tercera parte de lo pronosticado por los analistas.

El panorama se ve aún más oscurecido por el sorprendente y brusco frenazo de Alemania, motor de la economía europea, que no creció. Peor lo tuvo Italia que volvió a la senda negativa. España sigue en recesión. Sólo Francia parece consolidar su recuperación en la eurozona, al sumar ya tres trimestres de crecimiento. "Todavía queda mucho por hacer en términos de recuperación", resumió un portavoz de la Comisión Europea.

Los datos del conjunto de 2009 certifican la profundidad de la recesión vivida en Europa el pasado año. El retroceso fue del 4% en el conjunto de la zona euro y del 4,13% en la Europa de los 27. Se trata aún de datos provisionales, ya que no todos han proporcionado los correspondientes al cuarto trimestre, como es el caso de Irlanda. Curiosamente, en los otros tres países ahora bajo la lupa de los mercados, la caída del PIB fue menor que la media: el 3,6% en España, el 2,7% en Portugal y sólo el 2% en Grecia.

El tramo final del año ha puesto en solfa las expectativas sonrosadas creadas en el trimestre veraniego sobre la evolución de la economía europea al certificar la salida de la recesión. Sin ser un despegue brillante, los expertos habían vaticinado que en el cuarto trimestre la producción comunitaria mantendría el tipo, aunque fuera al más modesto 0,3%.

Resultó, por lo tanto, chocante la certificación de Eurostat de que el PIB europeo creció el mínimo posible del 0,1%. "Hay recuperación y ésa es la buena noticia", comentó Amadeu Altafaj, portavoz del nuevo comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, Olli Rehn. "Pero hay fragilidad y no podemos echar las campanas al vuelo". Es decir, que "todavía queda mucho por hacer en términos de recuperación".

Bien consciente del trauma vivido con Grecia, que volvió a profundizar su recesión en el último trimestre del año (0,8% negativo) y ha puesto a prueba la credibilidad de la eurozona, el portavoz indicó que los Veintisiete han de pensar en políticas fiscales que fomenten el empleo y el crecimiento, pero con la previsión de que las muletas de los estímulos fiscales habrán de ser retiradas un día. "Una recuperación inteligente supone unas cuentas públicas saneadas".

Diversos analistas recordaban ayer las proféticas palabras de Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo, quien lleva tiempo advirtiendo de que la recuperación económica se hará a trompicones y de forma caótica.

La siempre rigurosa Alemania le vino a dar la razón. Tras medio año de paulatino crecimiento (0,7% en el anterior trimestre) que había seguido a un año completo de recesión, la primera economía comunitaria frenó en seco y se quedó a cero. Caída en el consumo interno y en las inversiones son las razones objetivas del parón, si bien los sondeos de opinión entre los empresarios revelan desde hace meses un alza en la moral. Un responsable de Commerzbank hacía luz en la oscuridad al asegurar que sería un error dar por terminada la incipiente recuperación germana, pero el ministro de Economía, Reiner Bruedeler, augura que este primer trimestre de 2010 no será muy distinto al último de 2009.

Si es verdad que la economía Alemania sólo pasa por un bache pasajero, la italiana, tercera de la eurozona, ha caído en una zanja. El crecimiento del 0,6% del tercer trimestre se ha convertido en una contracción de 0,2% para cerrar el año, en contra de las previsiones de un mínimo positivo. La información oficial estadística italiana atribuía la resultante a las caídas de la actividad en la industria y en los servicios, "sustancial" en el sector terciario, no compensadas por el alza en la agricultura.

Eurostat confirmó la ya conocida contracción del 0,1% del PIB español en el pasado trimestre, única de las grandes economías que sigue en recesión, y en lo positivo ratificó la recuperación francesa, que con el 0,6% del trimestre otoñal encadena ya nueve meses positivos, circunstancia a celebrar, dado que Francia es la segunda economía de la eurozona. Reino Unido, la otra gran máquina productiva comunitaria, aunque fuera de la eurozona, salió de la recesión al ofrecer, por fin, un ajustadísimo saldo positivo.

Comparada con EE UU, la Unión no hace sino ceder terreno. Lo que a este lado del Atlántico es apenas un 0,1% positivo en el cuarto trimestre al otro lado se dispara hasta el 1,4%, lo que lleva a los expertos a concluir que la recuperación europea será menos convincente que la americana como reflejo de una mayor caída en la actividad económica el pasado ejercicio.

Por RICARDO MARTÍNEZ DE RITUERTO - Bruselas
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Martes, 09 Febrero 2010 06:27

La receta neoliberal prende en Europa

La turbulencia europea continúa y los organismos financieros internacionales pretenden resolverla con las mismas medidas utilizadas en Argentina durante la década del ’90. Los gobiernos de Portugal, Irlanda, Grecia y España se proponen a reducir el gasto público, recortar salarios e impulsar medidas de flexibilización laboral, para calmar a los temibles mercados. En tanto, en la plaza local el reducido índice Merval subió uno por ciento, la cotización del dólar se mantuvo estable en 3,87 pesos y los títulos públicos cerraron en baja. Las reservas internacionales del Banco Central finalizaron en 48.111 millones de dólares, seis millones menos que en el cierre anterior.

Los países europeos sufren por la crisis y el creciente desempleo. El FMI presiona para que “ajusten” sus déficit fiscales ante la imposibilidad de recomendarles una fuerte devaluación por pertenecer a la zona euro. A las recetas de los organismos internacionales y con la memoria de Islandia y los países de Europa del Este, las agencias calificadoras de riesgo, como Fitch, suman presiones y advierten al establishment sobre la preocupante situación en las economías denominadas Pigs (cerdos, por sus siglas en inglés), aunque señalan que no existe riesgo de contagio.

Ayer, el gobierno español denunció maniobras especulativas sobre su plaza financiera. Mientras tanto los funcionarios económicos salieron de gira por Europa para intentar convencer a los mercados y los medios de la región de que la situación de la economía ibérica no está al borde del precipicio (ver página 20).

Los distintos gobiernos ya anunciaron fuertes planes de recorte del gasto público y reducciones salariales. El “éxito” de la medida, en un escenario donde la demanda agregada está en franco retroceso, es cuestionable. España se comprometió a reducir el actual déficit fiscal del 11,4 por ciento del PIB a un 3 por ciento. En Grecia el saldo negativo alcanza el 12 por ciento y el plan de ajustes congela los salarios de los empleados públicos, frena las contrataciones e incrementa la edad jubilatoria. En el país helénico los trabajadores convocaron una movilización masiva para mañana para oponerse a las medidas.

Las semejanzas con las políticas aplicadas durante la crisis de la convertibilidad no son una coincidencia. Si bien el déficit público y en cuenta corriente son un problema para esas economías, gran parte de sus deudas se encuentran denominadas en euros. Lo mismo sucede con el déficit que exhiben en el frente comercial, ya que una porción significativa la registran con socios de la zona euro.

La evolución positiva de las plazas bursátiles europeas se repitió en la región. Tanto el Merval como el Bovespa, en San Pablo, revirtieron la tendencia negativa registrada la semana pasada. Así, el reducido índice Merval comenzó la semana con una mejora del 1 por ciento, en una jornada donde el volumen de negocios rondó los 33 millones de pesos. El alza estuvo encabezada por el desempeño de las acciones con mayor peso en el indicador, Tenaris. Los títulos de la multinacional subieron 2,3 por ciento, impulsadas por la cotización del petróleo. Banco Patagonia (2,3), Telecom (1,9) y Petrobras (1,5) también mostraron una evolución positiva. En Brasil el Bovespa subió, 0,6 por ciento. Los indicadores de Wall Street cerraron a la baja. El índice industrial Dow Jones retrocedió 1 por ciento, mientras que el tecnológico Nasdaq cayó 0,7 por ciento.

Por su parte, la cotización del dólar se mantuvo estable en una plaza cambiaria sin las presiones observadas la semana pasada. El volumen de negocios alcanzó los 320 millones de dólares, cifra por debajo de la media, ante una escasa demanda. La autoridad monetaria continúa sin intervenir en el mercado de contado y ayer tampoco operó en el mercado de futuros. En renta fija, los títulos públicos mostraron en su mayoría caídas. Entre los títulos que nacieron con el canje de la deuda de 2005, el Par y el Descuento en pesos cedieron 3,9 por ciento cada uno. El Boden 2012 cayó 0,1 por ciento, mientras que el Bogar 18 mostró un retroceso del 0,7 por ciento.
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Martes, 26 Enero 2010 08:26

EU: ¿cuentas alegres?

¿Podría la peor crisis financiera de la historia ser también una de las más baratas? El Programa de Alivio de Activos Problemáticos (TARP, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, creado en el punto máximo de la crisis en 2008, terminará costando a los contribuyentes menos de 1% del PIB, según creen ahora los funcionarios del Tesoro. En comparación, la solución a las crisis bancarias sistémicas anteriores ha costado en promedio 13% del PIB, según cálculos del Fondo Monetario Internacional. "Es una muy buena recuperación de la inversión", declaró a Time Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal.

No sólo los estadunidenses presumen de sus planes de rescate. En todo el mundo hay funcionarios que creen que esta crisis será más barata. En EU, el TARP autorizó al gobierno federal aplicar 700 mil mdd para salvar el sistema financiero. Siempre se dio por sentado que la cuenta final sería más baja, pero no tanto. En agosto la oficina del presupuesto de Barack Obama calculó 341 mil mdd. En el siguiente presupuesto del gobierno, que se entregará dentro de unas semanas, la cifra se ajustará a 117 mil mdd. El gobierno cree que el saldo final se acercará a 90 mil mdd.

Casi todo ese monto se explicará por las inversiones perdidas en la industria automotriz –General Motors, Chrysler y sus brazos financieros– y AIG, y en subsidios a propietarios de casas para ayudarlos a reconfigurar sus hipotecas. El gobierno diseñó un gravamen especial para los bancos con el fin de recuperar los costos del TARP, pero en realidad acabará obteniendo ganancias de lo que invirtió en ellos, por dividendos y honorarios sobre garantías nunca utilizadas.

Sin embargo, este cuadro está incompleto. Gran parte del apoyo al sector financiero no se canalizó por conducto del TARP, sino de otras agencias. La Reserva Federal ha obtenido hasta ahora excelentes dividendos de sus préstamos de emergencia a los bancos; remitirá al Tesoro una utilidad sin precedente por el ejercicio 2009. La Corporación Federal de Seguro de Depósitos ganó dinero con sus garantías bancarias. Su fondo de depósitos se ha extinguido a causa de los deudores incumplidos, pero espera recuperar esos costos con honorarios futuros a los bancos.

El cuadro que rodea a Fannie Mae y Freddie Mac, dos empresas patrocinadas por el gobierno, es más nebuloso. El Tesoro les ha inyectado ya 111 mil mdd para mantenerlas solventes. Los funcionarios dicen que necesitarán más, pero no tanto como los 400 mil mdd autorizados originalmente.

La contabilidad del gobierno, como es típico en los rescates, también adopta un punto de vista estrecho sobre el costo final de una crisis. En primer lugar, excluye el impacto mucho mayor de la recesión sobre los ingresos del gobierno, así como el costo del estímulo fiscal. En segundo, no se lleva cuenta de subsidios que no son en metálico, como el valor de las garantías gubernamentales, que habrían costado mucho más en el mercado privado (y eso suponiendo que se hubieran adquirido).

El costo final también depende del momento en que se haga la reconciliación. Por lo regular, mientras más tiempo tenga el gobierno para deshacerse de los activos adquiridos durante una crisis, mejor será la tasa de recuperación. Aun así, la experiencia varía mucho. Cinco años después de sus crisis de 1991, Suecia había recuperado casi todos sus costos, mientras Finlandia había recobrado muy poco.

EU podría escapar con un costo modesto. No experimentó una crisis monetaria simultánea, que por lo regular ha contribuido mucho a los episodios más costosos del pasado. Los funcionarios sostienen que como EU se apoya más en los mercados de valores y menos en los bancos que otros países, su crisis tenía más raíces en la falta de liquidez que en la insolvencia. Los precios de las acciones bancarias se desplomaron y su acceso al financiamiento se secó, dicen, porque sus activos estaban envueltos en la incertidumbre, no porque fueran obviamente insolventes. “Si uno sigue la regla de Bagehot –es decir, ‘presta sin restricción contra una buena garantía colateral a una tasa de castigo’–, ganará dinero”, afirma Lewis Alexander, funcionario del Tesoro.

Además, los trazadores de políticas en EU y otras partes parecen haber aprendido de la historia. En general siguieron lo que el FMI y otros han identificado como "la práctica más recomendable": rápida aplicación de garantías sobre préstamos para contener el pánico, recapitalización de ciertos bancos escogidos para restaurar la solvencia, y transparencia acerca de la salud bancaria, lo cual restablece la confianza de los inversionistas y permite a los bancos hacerse de capital privado.

Pese a todo, es posible que los funcionarios sean demasiado optimistas. Carmen Reinhart, de la Universidad de Maryland, quien ha estudiado con intensidad las crisis financieras, advierte que los trazadores de políticas subestiman crónicamente la extensión de los préstamos incobrables en el sistema financiero y, por tanto, la escala de los costos del rescate. La cantidad de ayuda que el sistema financiero necesita depende a final de cuentas del desempeño de la economía a largo plazo, el cual a su vez descansa en parte en el éxito que haya tenido el sistema en librarse de deudas incobrables.

EU escogió no comprar deudas incobrables a los bancos. Más bien los bancos salen del lío a base de sumar ganancias, ayudados en parte por las ultrabajas tasas de interés de la Fed. Si bien los trazadores de políticas merecen crédito por la rapidez y la magnitud de su respuesta a la crisis, es demasiado pronto para concluir que han roto con el pasado. En 1996 el costo del rescate bancario japonés se estimó en 3% del PIB; ahora está en 14%. Y, como dice la académica Reinhart: "Todavía no sabemos si somos Japón o no".

Que una crisis tan enorme se haya resuelto a precio tan bajo sugiere tres cosas: los trazadores de políticas han sido más listos que sus predecesores; sus cifras son incompletas, o son demasiado optimistas. Las probabilidades son de que sea una mezcla de las tres cosas.

Fuente: EIU

Traducción de textos: Jorge Anaya

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Desde el inicio de 2009 Ben Bernanke señalaba que antes del fin de ese año comenzarían a verse síntomas claros de superación de la crisis y hacia el mes de agosto anunció que "lo peor de la recesión ha quedado atrás". Antes de que estallara la bomba financiera en septiembre de 2008 Bernanke pronosticaba que dicho estallido nunca iba a ocurrir, y cuando finalmente ocurrió su nuevo pronóstico era que en poco tiempo llegaría la recuperación, ahora el Presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos ha decidido no esperar más y le anuncia al mundo el comienzo del fin de la pesadilla.

No ha sido el único en hacerlo, una apabullante campaña mediática ha venido utilizando algunas señales aisladas para imponer esa idea. Así fue como el renacimiento de la burbuja bursátil global desde mediados de marzo fue presentada como un síntoma de mejoría económica general, una nube de "expertos" nos explicó que la euforia de la Bolsa estaba anticipando el fin de la recesión.

En realidad las inyecciones masivas de dinero de los gobiernos de las grandes potencias económicas beneficiando principalmente al sistema financiero generaron enormes excedentes de fondos que, en condiciones de enfriamiento generalizado de la producción y el consumo, encontraron en los negocios bursátiles un espacio favorable para rentabilizar sus capitales.

Jugando al alza de los valores de las acciones empujaban hacia arriba sus precios lo que a su vez incitaba a invertir más y más dinero en la Bolsa. A esto debemos agregar que el motor de la euforia bursátil mundial, la bolsa de los Estados Unidos, además del dinero derivado de los salvatajes locales ha estado recibiendo importantes flujos de fondos especulativos externos que aprovechando la persistente caída del dólar se precipitaron a comprar acciones baratas y en alza.

Se repitió así la secuencia especulativa de fines de los años 1990 y de 2007 pero con una diferencia decisiva: el contexto de la burbuja actual no es el crecimiento de la economía sino la recesión (o en el mejor de los casos el estancamiento). Las burbujas anteriores (bursátiles, inmobiliarias, comerciales, etc.) interactuaban "positivamente" con el resto de las actividades económicas; la subas en los precios de las acciones o de las viviendas alentaban el consumo y la producción y a su vez estos crecimientos generaban fondos que en buena medida se volcaban hacia los negocios especulativos produciéndose así una suerte de circulo virtuoso especulativo-consumista-productivo de carácter global en última instancia perverso, destinado a mediano plazo al desastre pero que causaba prosperidad en el corto plazo.

Por el contrario la burbuja bursátil de 2009 contrasta con bajos niveles de consumo e inversiones productivas y altos niveles de desocupación. Los excedentes de capitales bloqueados por una economía productiva declinante consiguen beneficios en la especulación financiera, lo que se produce entonces gracias a los fabulosos salvatajes financieros de los gobiernos es un circulo vicioso basado en la especulación financiera y el crecimiento débil o negativo.

En el caso del gobierno norteamericano este efecto negativo fue suavizado a través de enormes subsidios que consiguieron apuntalar algunos consumos y de ese modo desacelerar primero y más adelante revertir la curva descendente del Producto Bruto Interno. A las fuertes caídas del último trimestre de 2008 y del primero de 2009 le sucedió un descenso suave en el segundo trimestre y un crecimiento en el tercero empujado por los subsidios gubernamentales para la compra de automóviles y viviendas más los gastos militares, pero detrás de esa efímera recuperación aparece la expansión desenfrenada del déficit fiscal y del endeudamiento público.

Es evidente que la economía norteamericana no sale de la trampa de la decadencia, los alivios transitorios, las tentativas de recuperación, los crecimientos drogados fortalecen, recomponen los mecanismos parasitarios que la han llevado al desastre actual. Y el hundimiento del imperio (del centro articulador del mundo capitalista) arrastra al conjunto del sistema mundial.

Ahora, hacia fines de 2009, nos encontramos a la espera de una próxima segunda caída recesiva (el año 2010 podría ser el período de dicha catástrofe) seguramente mucho más fuerte que la desatada en el último trimestre de 2008. Los salvatajes financieros globales de 2008-2009 desaceleraron la caída económica pero generando enormes déficits fiscales en las potencias centrales que las coloca ante graves amenazas inflacionarias y de debilitamiento extremo en la capacidad de pago de sus Estados, cuya generosidad fiscal (hacia las grandes empresas y las instituciones financieras) no consiguió generar el ansiado despegue de la inversión y el consumo que anunciaban sus dirigentes.

Según ellos ese prometido golpe de demanda debería producir la reactivación durable de la economía mundial y en consecuencia la reducción de los déficits, la anulación del peligro hiper-inflacionario, etc. Apenas lograron modestas reactivaciones de ciertos consumos, algunas ilusiones estadísticas (crecimientos del PBI, etc.) y más parasitismo. El fracaso es evidente, lo que no impide que vuelvan una y otra vez a aplicar sus inútiles medicinas intervencionistas (en una curiosa combinación ideológica de neoliberalismo y neokeynesiamo financiero), lo harán hasta que se les agoten los recursos, prisioneros de la locura general del sistema. En sus cerebros no entra la realidad del violento cambio de época que ha convertido en obsoletos sus viejos instrumentos.

Peor aún, no se trata solo de una "crisis económica", otras "crisis" están a la vista y en cualquier momento podrían golpear con fuerza a un sistema global muy frágil, entre ellas debemos destacar a las crisis energética y alimentaria (que se hicieron presentes durante el año 2008). O a la degradación del complejo militar-industrial de los Estados Unidos involucrando al conjunto de aparatos militares de la OTAN empantanados en las guerras de Irak y Afganistán-Pakistán, sumergido en una catastrófica crisis de percepción: la sorprendente resistencia de esos pueblos periféricos desborda su capacidad de comprensión de la realidad, se repite a niveles mucho más elevados el "efecto Vietnam" o el desconcierto de Hitler ante la avalancha soviética.

También es necesario mencionar a las crisis urbana y ambiental que junto a la declinación de valores morales y culturales, de creencias sociales, van ahogando gradualmente a los paradigmas decisivos del mundo burgués, desordenando, deteriorando a los sistemas políticos, a las estructuras de innovación productiva, a los mecanismos de manipulación mediática.

En suma, nos encontramos ante la apariencia de una convergencia de numerosas "crisis", en realidad se trata de una única crisis gigantesca, con diversos rostros, de dimensión (planetaria) nunca antes vista en la historia, su aspecto es el de un gran crepúsculo que amenaza prolongarse durante un largo período.

Por Jorge Beinstein

* Texto completo en http://www.alainet.org/active/35127
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