Domingo, 06 Diciembre 2009 11:37

El drama del empleo en Estados Unidos

Dos dimensiones de la realidad ocupacional de Estados Unidos nos ilustran el drama económico que se vive en el vecino país: el nivel y la duración del desempleo. Los registros oficiales más recientes de estos dos indicadores fundamentales en los que se sustenta la evolución social de nuestros vecinos, señalan que en noviembre la tasa de desempleo fue de 10 por ciento, levemente inferior a la registrada en octubre (10.2 por ciento) y muy próxima al máximo histórico (10.80 en el invierno de 1982). Pero también señalan que el registro del tiempo promedio que tarda un desempleado en conseguir una nueva ocupación llegó en noviembre a su máximo histórico, 28.5 semanas, es decir, siete meses y medio.

Este impresionante dato contrasta con el anterior máximo en la historia de nuestros vecinos: cinco meses para conseguir empleo, en la primavera de 1983, hace 26 años. Pero también con el máximo más reciente después de aquel: cuatro meses en el invierno de 2003, hace seis años. Bueno, hay que decir que, efectivamente, al mes 325 mil estadunidenses abandonaron la situación de desocupación que, en promedio, tenían desde mediados de abril pasado. Asimismo, que en relación al cambiante total que conforma la fuerza laboral estadunidense (casi 154 millones de personas), los poco más de 15 millones que no tuvieron empleo en noviembre ya representan 10 por ciento de dicho total.

No me detengo en estos momentos a señalar las características de los nuevos empleos a los que se incorporan los estadunidenses que abandonan la desocupación. Pero –como ha sucedido en todas las etapas recesivas de la economía vecina (¿en la nuestra no?)– se trata de trabajos con condiciones de jornada e intensidad laborales más severas y con ingresos reales inferiores respecto al mismo empleo antes de la crisis. Y esto a pesar de que –por paradójico que parezca– el ingreso medio real de estas etapas recesivas tienda a bajar inicialmente para luego –ya en plena etapa recesiva– se eleve, fenómeno, por cierto, que se compensa severamente en las fases de recuperación. ¿Por qué? Dos hechos lo explican. Una caída mayor del número de ocupados en relación a las remuneraciones que dejan de pagarse. O, despedidos concentrados en trabajadores de menor remuneración, explicados por el ánimo de abatir al máximo el monto de liquidaciones a ofrecer, cuando se ofrecen. Estos hechos –sin duda– merecen también una presentación de detalles (ramas, edad y sexo de trabajadores, actividades específicas, niveles salariales, entre otros elementos) que –evidentemente– pudiera hacer en otro momento de profundización en el mundo del trabajo. Lo cierto es que –en general y casi siempre– se reingresa a ocupaciones con características más severas.

Termino subrayando la importancia de ser críticos cuando los personeros gubernamentales –de allá y de aquí, también y por cierto de manera más exagerada– hacen "cuentas alegres" sobre la recuperación –en este caso del empleo– evadiendo o ignorando sus características específicas.

Y si no me creen eso de las "cuentas alegres" baste señalar cómo se presentan los datos de ocupación –en nuestro país de manera por demás exagerada, insisto– sin especificar el tipo de empleo que, en teoría, recupera al anterior perdido. En el caso de nuestros vecinos, un indicador da muestra fehaciente de aspectos de los que prácticamente no se habla: el de las horas trabajadas por hombre ocupado, en este caso, en las empresas privadas. Pues bien, desde mediados de 2008, mes a mes se ha registrado un promedio semanal de horas trabajadas por hombre ocupado mayor al del mismo mes del año anterior. Y este promedio ha ido en aumento.

En noviembre cada hombre ocupado en esas empresas privadas del vecino país llegó a trabajar una jornada semanal con cuatro por ciento más de horas en relación con noviembre de 2008, mes en el que –a su vez– había realizado una semana laboral con uno por ciento más de horas en relación con noviembre de 2007. Así, el mes pasado, los ocupados en las empresas privadas estadunidenses trabajaron 5 por ciento más que en noviembre de 2007.

Es cierto, parte de ese incremento se da por medio del tiempo extra remunerado. Pero sólo parte, lo que –evidentemente– incrementa el desgaste personal de los ocupados. Despido masivo, mayor tiempo de desocupación, reingreso en condiciones inferiores a las anteriores, son algunas –sólo algunas– de las características del drama laboral que viven nuestros vecinos. El nuestro –se los juro– es peor. Lo veremos luego. Sin duda.

José Antonio Rojas Nieto
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Nueva York, 17 de noviembre. La gran pregunta hoy día es ¿recuperación, para quién?

Por un lado, Wall Street y algunos funcionarios declaran que la recesión económica ya tocó fondo y comenzó la recuperación, con informes de que las multimillonarias bonificaciones ya empezaron a ser regaladas de nuevo a los mismos ejecutivos responsables de detonar la peor crisis desde la gran depresión; y por otro lado, se informa que para los trabajadores las cosas no han estado peor desde la Segunda Guerra Mundial.

Uno de cada diez en este país están desempleados, lo que significa una tasa de desempleo de 10.2 por ciento (la más alta en 26 años); ocho millones de empleos se han perdido desde diciembre de 2007, y si se usa la medida más amplia (desempleo, subempleo, a quienes ya se desanimaron en buscar empleo y aquellos que trabajan tiempo parcial pero prefieren tiempo completo), el desempleo en este país es de 17.5 por ciento.

Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal, afirmó que hay señales de recuperación, pero admitió que ésta aún no genera empleos. Y sin trabajo ni ingresos para comprar, toda recuperación será frágil.

En un discurso en el club económico de Nueva York esta semana, Bernanke resumió algunos de los desafíos que aún preocupan a los responsables de esta administración. Desde diciembre de 2007, la economía estadunidense ha perdido en términos netos unos 8 millones de empleos en el sector privado. La tasa de desempleo oficial se disparó de menos de 5 por ciento a más de 10 por ciento en ese periodo. El declive en empleo y el incremento en la tasa de desempleo han sido más severos que en cualquier recesión desde la Segunda Guerra Mundial, declaró Bernanke.

Reducción de la jornada laboral

No sólo eso, sino que además los empleadores han reducido horas a los trabajadores. Se ha duplicado el número de empleados de tiempo parcial que desean tiempo completo. La semana laboral para trabajadores de producción ha caído a 33 horas en promedio, el nivel más bajo en el periodo posguerra, informó Bernanke. Con un mercado laboral tan débil, agrega que los patrones han podido mantener a sus trabajadores sin incrementos salariales, incluso con recortes. Ese crecimiento débil o estancado de salarios, si persiste, limitará el gasto de los hogares, o sea, los consumidores.

Lo mejor que podemos decir sobre el mercado laboral, por ahora, es que podría estar empeorando de manera más lenta, indicó Bernanke. Señaló que algunos sectores laborales sufren peores consecuencias que otros. Para hombres de entre 25 y 54 años, la tasa de desempleo se disparó de 4 por ciento a finales de 2007, a 10.3 por ciento en octubre de 2008, casi el doble del incremento de desempleo entre mujeres.

Pero tal vez lo más preocupante, señaló, es el efecto sobre los jóvenes. La tasa de desempleo para la población de entre 16 y 24 años se ha elevado a 19 por ciento, y entre los jóvenes afroestadunidenses ha llegado a casi 30 por ciento.

Con todo, Bernanke afirmó que aunque las condiciones financieras son considerablemente mejores que hace un año, continúan las limitaciones en el flujo de crédito, la actividad económica permanece débil, la incertidumbre económica es grande y el desempleo muy elevado.

Repitiendo la historia oficial –ya que fue uno de los arquitectos de ésta– Bernanke afirmó que las políticas económicas de emergencia se adoptaron para lograr que nuestro sistema financiero y nuestra economía fueran rescatados del abismo. Indicó que los resultados ya se manifiestan con un crecimiento de 3.5 por ciento del PIB en el tercer trimestre de este año, después de cuatro trimestres consecutivos de desplome. Aunque pronosticó que continuará la recuperación, advirtió que limitaciones en crédito bancario y un mercado laboral débil probablemente evitará que la expansión sea tan robusta como desearíamos.

Todo esto representa una bomba política para el presidente Barack Obama y los demócratas en Washington, si es que no se percibe más acción para reducir el desempleo. Por ello, Obama ha convocado una cumbre de empleo en la Casa Blanca a principios de diciembre, donde líderes laborales, empresariales y expertos ofrecerán propuestas para generar empleo.

Hoy, Richard Trumka, presidente de la central obrera AFL-CIO ofreció un vistazo del plan de cinco puntos que los sindicatos presentarán en esa cumbre: el uso del fondo de rescate financiero para préstamos a pequeñas y medianas empresas para estimular el empleo, la extensión de los programas de asistencia para desempleados, asistencia alimentaria y de salud, más fondos federales para proyectos de infraestructura y proyectos de generación de empleo para las comunidades más impactadas por la crisis.

A la vez, Obama firmó hoy una orden ejecutiva que establece una fuerza de trabajo encabezada por el Departamento de Justicia para investigar y fiscalizar delitos financieros relacionados con la crisis financiera. Seremos implacables en nuestra investigación de fechorías empresariales y financieras, y no dudaremos en presentar cargos, donde sea apropiado, por mala conducta de empresas y ejecutivos empresariales, declaró hoy el procurador general Eric Holder.

Todo ello para buscar responder a la creciente ira popular contra Wall Street y las recientes revelaciones de bonificaciones multimillonarias para sus ejecutivos mientras millones están al borde del desastre, y por el hecho de que reguladores gubernamentales fracasaron en detectar fraudes masivos como el de Bernard Madoff o Stanford White.

Fueron las elites financieras que derrumbaron la economía, y fueron los trabajadores ordinarios, las bases naturales desde mucho tiempo del Partido Demócrata, quienes fueron enterrados en los escombros. Obama y los demócratas han sido inmoralmente lentos en llegar al rescate de millones de estadunidenses que batallan con la maldad del desempleo, escribe Bob Herbert, columnista del New York Times. Wall Street puede alardear todo lo que quiera sobre la recuperación, gran parte de Estados Unidos permanece atrapado en el infierno económico, concluyó.

David Brooks
Corresponsal
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Sábado, 14 Noviembre 2009 09:21

Tasa Tobin

La formación de una nueva burbuja especulativa global ya no es un escenario imaginado por grupos altermundistas que advierten sobre el peligro de un nuevo estallido. Analistas como Nouriel Roubini, considerado gurú de Wall Street por haber alertado sobre la explosión de las subprime, o los Nobel de Economía Joseph Stiglitz y Paul Krugman, entre otros, previenen acerca de que el riesgo está presente. El movimiento de los tipos de cambio, con un dólar muy débil y la consiguiente fortaleza del resto de las monedas, está provocando desequilibrios que no tardarán en expresarse. Otra señal para estar atento se encuentra en el boom de las cotizaciones de acciones y títulos públicos, que en la mayoría de las bolsas van camino a recuperar los valores previos a la debacle. Esta renovada exuberancia especulativa tiene su explicación en que poco y nada ha cambiado de la estructura financiera internacional pese a las publicitadas reuniones del G-20. Y, en especial, a que Estados Unidos, como potencia hegemónica, ha transferido su crisis a escala mundial y, fundamentalmente, va consiguiendo financiamiento para enfrentarla. Esto lo está logrando con una fabulosa emisión de dólares y deuda activos aplicados para salvar sus megacompañías y, por lo tanto, su economía. Esos bonos y billetes han sido absorbidos por el mercado global. En forma muy sintética, ese proceso tuvo la siguiente dinámica:

- Las quiebras de los bancos de inversión Bear Stearns y Lehman Brothers pusieron al borde del precipicio el sistema financiero estadounidense, expandiendo la crisis a Europa y al resto del planeta, hundiendo en recesión al 80 por ciento de la economía mundial.

- Estados Unidos y las potencias europeas arrastradas en la debacle instrumentaron millonarios paquetes fiscales de auxilio que implicaron una impresionante emisión de moneda y deuda.

- Debido a que se trata de monedas de aceptación universal, principalmente el dólar, esa mayor circulación de billetes aspirada por el mercado mundial está permitiendo una más amigable administración de la crisis.

- A la vez, esa emisión ha debilitado a la moneda-patrón, que en primera instancia refleja los problemas de las cuentas (fiscal y comercial) y de la productividad de la economía estadounidense. Pero esa debilidad, acompañada de otras medidas, como tasas de interés cercanas al cero por ciento, brinda la posibilidad de su salida. Entre otros impactos, favorece la exportación y frena la compra de productos importados, mientras se recupera la productividad, como se ha empezado a verificar. Esta situación la está padeciendo Europa con un euro fuerte frente al dólar.

- Así, dólares abundantes circulando por el sistema especulativo global y tasas de interés bajísimas han generado las condiciones para recrear una nueva burbuja a una sorprendente velocidad.

En ese contexto, motivado por razones de política interna, el vapuleado primer ministro británico, Gordon Brown, propuso instalar la Tasa Tobin en la última reunión de ministros de Finanzas del G-20, desarrollada en Londres el fin de semana pasado. “De ninguna manera subestimo las enormes y difíciles cuestiones técnicas y prácticas que será necesario superar”, invitó Brown. Teniendo en cuenta la dinámica de crisis descripta, era previsible quién sería el primero en rechazar esa iniciativa: Timothy Geithner, secretario del Tesoro de Estados Unidos. “Un impuesto sobre las transacciones financieras diarias no es algo que estemos preparados para soportar”, replicó. El aspecto interesante de ese contrapunto se encuentra en que manifiesta la tensión existente entre las potencias occidentales acerca de cómo se distribuyen los costos asociados a la peor crisis desde el crac del ‘29 del siglo pasado. Esa puja dominada por Estados Unidos y el establishment financiero abre igualmente un espacio para debatir iniciativas que hasta hace poco eran menospreciadas por la corriente de pensamiento económico dominante, como la Tasa Tobin.

Esta consiste en pagar un impuesto cada vez que se produce una operación de cambio entre divisas para desalentar de ese modo la especulación con monedas. En palabras de James Tobin, Nobel de Economía en 1981, consiste en “echar arena en los engranajes demasiado bien engrasados” de los mercados monetarios y financieros internacionales. Esa propuesta la presentó en 1972, meses después de que Estados Unidos dispusiera la inconvertibilidad del dólar con el oro, generando un sistema de tipos de cambios flotantes y un debilitamiento de los controles sobre el movimiento de los capitales. Tobin sugirió entonces una tasa muy reducida para mantener la estabilidad monetaria mundial. Esa idea no fue considerada y se mantuvo dormida durante veinticinco años hasta que la rescató la asociación Attac liderada por el editor de Le Monde Diplomatique Ignacio Ramonet. La apropiación de esa propuesta por grupos antiglobalización y críticos del funcionamiento del capitalismo provocó la reacción de Tobin, quien renegó de la utilización que hizo esa organización de la Tasa denominada con su apellido. En una entrevista con la publicación alemana Der Spiegel, del 3 de septiembre de 2001, el periodista le pregunta si está contento con que se reconozca su idea. La respuesta de Tobin, que falleció seis meses después, es una pieza perfecta de lo que significa la corriente dominante del pensamiento económico de las últimas décadas: “Naturalmente que me alegra; pero los aplausos más sonoros vienen del lado equivocado. Mire usted, yo soy economista y, como la mayoría de los economistas, partidario del libre comercio. Además, estoy a favor del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial, de la Organización Mundial de Comercio. Abusan de mi nombre”. Para agregar que “no tengo ni lo más mínimo en común con estos revoltosos de la antiglobalización”.

El movimiento que está poniendo en discusión cómo está funcionando el capitalismo global dominado por las finanzas trasciende las ideas políticas conservadoras del keynesiano Tobin, adquiriendo para sí la propuesta de gravar el flujo de fondos especulativos. A su modo, Brasil decidió aplicar un impuesto del 2 por ciento al ingreso de capitales destinado a la compra de activos financieros. Las críticas provenientes del liberalismo sostienen que ese tipo de gravámenes no los frenarán, lo que es cierto, pero establecería obstáculos, lo que permitiría incorporar un poco más de márgenes a la política económica doméstica. Desde corrientes de izquierda sostienen que pretender controlar la especulación es querer curar los síntomas sin ocuparse de las causas de la enfermedad, que en este caso sería el propio sistema capitalista. Pero, mientras tanto, la Tasa Tobin podría actuar de pequeño amortiguador para desacelerar el flujo de capitales especulativos y los movimientos bruscos de los tipos de cambio. Una tasa impositiva muy baja (0,1 a 0,5 por ciento) apuntaría a disminuir la volatilidad de las operaciones financieras globales. Se penalizaría a las transacciones fuertemente especulativas con monedas, y su producido se destinaría a planes de asistencia. Algunos de sus promotores proponen orientar esos fondos hacia países muy pobres y otros indican que servirían al fisco para recuperar el dinero aportado en el auxilio a los grandes bancos. El Banco Internacional de Pagos de Basilea estima que el movimiento diario en el mercado de divisas es de poco más de 1 billón de dólares.

Sin embargo, el poder del establishment financiero internacional la descarta argumentando que sería de difícil implementación y recaudación. Como se sabe, la complejidad no ha sido un impedimento para estructurar instrumentos sofisticados de especulación, que terminaron en un estallido de proporciones. La revitalización de la Tasa Tobin como la resistencia que levanta refleja, en última instancia, que por ahora del G-20 sólo emergen discursos de buenas intenciones respecto de la reforma en la regulación del sistema financiero global, del control de los capitales especulativos y de la eliminación de los paraísos fiscales.

Por Alfredo Zaiat
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Sábado, 10 Octubre 2009 15:19

El capital intelectual

En 1970 la huelga de los obreros de la General Motors redujo el PIB de Estados Unidos en un 4 por ciento y se calcula que fue la razón del pobre 2 por ciento de crecimiento que experimentó el país en los años siguientes.

Hoy la decadencia de todas las industrias automotrices de Estados Unidos apenas incide en un punto porcentual. Casi la totalidad del PIB radica en servicios, en el sector terciario. De este sector, la producción intelectual derivada de la educación es creciente. Sin mencionar que hoy casi nada se produce sin la intervención directa de los inventos informáticos más recientes derivados de la academia, desde la producción agrícola en los países exportadores hasta la industria pesada, mayoritariamente establecida en países llamados emergentes o en vías de desarrollo.

Durante gran parte del siglo XX ciudades como Pittsburg, Pensilvania, florecieron como centros industriales. Ricas y sucias, este tipo de urbes fue una herencia de la revolución industrial. Hoy es una ciudad limpia que vive y es reconocida por sus universidades.

En el último año, el llamado “research corridor” de Michigan (consorcio que forman la University of Michigan y la Michigan State University) aportó 14 billones de dólares al estado solo de los beneficios directos generados por sus inventos, patentes e investigaciones. Estos beneficios han crecido el último año y aun más en proporción en un estado que fue la casa de las grandes automotoras del siglo XX y que hoy se encuentran en decadencia.

Es decir, una parte de los beneficios directos derivados de la producción de “capital intelectual” de una universidad en el puesto 27 y otra en el 71 del ranking nacional de Estados Unidos, en un año suman el mismo capital monetario que todo lo producido por un país como Honduras. Este factor de producción intelectual explica, en gran parte, por qué sólo la economía de la ciudad de Nueva York y su área metropolitana equivale a toda la economía de India (en términos nominales internacionales, no de compra interior), de un país de más de mil millones de habitantes y con un gran crecimiento económico debido a su producción industrial.

Hoy en día el 90 por ciento del PIB de Estados Unidos deriva de bienes “no-manufacturados”. El valor monetario de su Capital Intelectual es de 5 trillones de dólares —casi el 40 por ciento del PIB total— lo que equivale por sí solo a todos los rubros juntos de la dinámica economía de China.

Si el imperio americano, como todos los imperios habidos y por haber, de formas directa o indirectas ha pirateado las materias primas de otros países, no es menos cierto que durante mucho tiempo y sobre todo hoy en día los países emergentes y por emerger piratean gran parte de los derechos de autor de inventos norteamericanos. Por no mencionar que solo la falsificación de marcas norteamericanas le resta a los productos originales 200 billones de dólares anuales, lo que supera por lejos el PIB total de países como Chile.

Si observamos esta realidad, podemos predecir que el mayor riesgo de los países emergentes es dejar descansar su actual desarrollo en la exportación de materias primas; el segundo, confiarse en la prosperidad industrial. Si los países emergentes no se ocupan de invertir con fuerza en la producción intelectual, confirmarán, quizás en una década o dos, la división de trabajo internacional que sostuvo las grandes diferencias económicas durante los siglos XIX y XX.

Ahora está de moda proclamar en los medios de todo el mundo que Estados Unidos está acabado, quebrado, a tres pasos de la desintegración en cuatro países, a dos pasos de la ruina final. Me da la impresión que la metodología de análisis no es del todo precisa porque, como criticaba el mismo Ernesto Che Guevara a quienes elogiaban la efectividad de la producción industrial socialista sobre la capitalista, se confunde deseo con realidad. El mismo Guevara se quejaba que esta pasión impedía una crítica objetiva o impedía ver que su objetivo no era simplemente la mayor producción de cosas.

Cuando se hacen pronósticos sobre el año 2025 o 2050 en gran medida se proyecta el presente sobre el futuro subestimando las innovaciones radicales que hasta un status quo prolongado puede producir. A principios de los años ’70 los analistas y presidentes como el mismo Richard Nixon estaban convencidos que el surgimiento y el éxito final de la Unión Soviética sobre Estados Unidos era inevitable. Los ‘70 fueron años de recensión y derrotas políticas y militares para el imperio americano.

Creo que desde fines del siglo pasado todos estamos de acuerdo en que este será un siglo de mayores equilibrios internacionales. No necesariamente más estable; tal vez lo contrario. Será un bien para el pueblo norteamericano y sobre todo para la humanidad que este país deje de ser la potencia arrogante que ha sido durante gran parte de su historia. Tiene muchos otros meritos a los cuales dedicarse, como también lo muestra la historia: un pueblo de inventores profesionales y amateurs, de premios Nobel, un excelente sistema de universidades y una clase de intelectuales que ha abierto caminos en las más diversas disciplinas, desde las humanidades hasta las ciencias.

El dramático crecimiento del desempleo en Estados Unidos es su mejor oportunidad para acelerar esta reconversión. En todos los rankings internacionales las universidades norteamericanas ocupan la mayoría de los primeros cincuenta puestos. Este monopolio no puede ser eterno, pero es allí donde radica su principal capital.

Jorge Majfud
Lincoln University, Setiembre 2009
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Domingo, 20 Septiembre 2009 06:45

Cámara lenta

Un año después del crac financiero, el mundo gira en cámara lenta, como un boxeador aturdido. Los líderes hablan, los técnicos presentan informes, los terroristas se toman un respiro y las páginas se llenan con obviedades. Grandes discusiones en Medio Oriente, en América latina, que se diluyen en casi nada. Afganistán se estira como un chicle. Irán, Europa, Rusia y Estados Unidos juegan un póker interminable. Obama lleva dos meses dedicado a la reforma del sistema de salud y todavía faltan seis semanas para que se vote en Diputados. Todo es inercia y todo se prolonga, en Norcorea, en Sudán, en Honduras.

Hasta que, poquito a poco, despacito y con cautela, los viejos reflejos vuelven. Wall Street, campeón de los pesos pesado, se pone de pie.

Tras los despidos del año pasado, los brokers recuperan su antiguo nivel de empleo. Los salarios también vuelven a ser los de antes de la crisis, con Goldman Sachs pagando un promedio de 700.000 dólares anuales a sus 30.000 empleados, informa Alex Berenson en el International Herald Tribune de la semana pasada.

Y esas mismas firmas y esos mismos bancos –agrega Berenson– siguen vendiendo y comercializando los mismos instrumentos financieros altamente especulativos que supuestamente causaron la crisis.

Salvo, claro está, los “tóxicos” que fueron retirados del mercado con fondos públicos a un costo archimillonario.

Mientras tanto los grandes bancos fortalecen su posición dominante con fusiones apalancadas por los fondos federales del paquete de rescate, completa Cristian Carrillo en el Cash de hoy.

Como dice Berenson, sigue reinando en Wall Street la vieja cultura de tirar la moneda: si sale cara, ganás; si sale seca, te rescatan.

Hace un año el mundo estaba por el piso y todo iba a cambiar. Las operaciones especulativas, los paraísos fiscales, el consumo desmedido, los déficit impagables.

Reunidos en Londres, al borde del knock-out, los líderes del planeta prometieron un nuevo orden basado en una celosa regulación federal e internacional.

También prometieron ayuda a los países en desarrollo para sobrellevar los efectos del parate comercial que los países ricos habían causado.

Pero ahora que la recesión parece haber tocado fondo en Estados Unidos y Europa, ahora que China crece a un ritmo más que saludable, motorizando un repunte que se extiende al resto de Asia, ahora que India y Brasil empiezan a reactivarse gracias al dinamismo y la escala de sus mercados internos, ya no parece haber tanta urgencia y las promesas se estiran hasta fundirse en un mar de palabras.

Entonces el Fondo Monetario Internacional vuelve al ring para tratar de imponer viejas recetas y se reanuda la pelea.

Vuelven las fintas, los amagues, el juego de piernas.

Pero no es lo mismo. El campeón está tocado. Ya no puede demonizar al Estado. Ahora se limita a decir que a largo plazo su presencia se puede volver nociva. “Aun cuando la era del gran estímulo llega a su fin, el reinado del megagobierno se prolonga. La economía mundial no ha experimentado semejante intervencionismo desde los años setenta y la recesión ha reabierto el debate sobre el apropiado rol del Estado y los mercados en la economía moderna... La acción del gobierno, si se mantiene demasiado, puede generar burbujas de bienes de capital y otros males”, advierte Michael Schuman en el artículo de tapa de la última edición de Time.

Al borde del agotamiento, el campeón sigue lanzando golpes. Como acto reflejo, casi por inercia, aferrado a su instinto de supervivencia. Pero se mueve como en cámara lenta, exponiendo su flanco vulnerable.

El BRIC (Brasil, Rusia, India y China) se planta de igual a igual con las potencias de Occidente. China avisa que se cansó de comprar bonos del Tesoro norteamericano. Irlanda, el “tigre europeo”, se convierte en gatito. Se desploman los países del Báltico, supuestos ejemplos de la transición desde el comunismo. El nuevo paradigma del éxito es el modelo chino, con su planificación centralizada. Japón e Indonesia cambian su estrategia basada en manufacturas exportables para darles impulso a las pymes que generan empleos en el mercado local. La revolución verde está a la vuelta de la esquina. Obama agranda el déficit para gastar en salud, educación, vivienda y seguridad social. Aunque lo acusen de Hitler, o peor, de socialista.

A un año del crac financiero podrá parecer que nada ha cambiado porque el campeón sigue en el centro del ring, todavía activo, todavía invicto, todavía con capacidad de daño. Pero ya no se mueve como antes, ya no le baja el aplauso de la tribuna. Entonces amaga, agarra, estira el tiempo como en cámara lenta, porque el piso se le mueve, y porque no sabe si aguanta una piña más.

 Por Santiago O’Donnell

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Los medios de comunicación en EEUU han perdido 35.885 empleos desde mediados de septiembre de 2008 y lo han hecho a un ritmo casi tres veces superior que el resto de la economía del país, según un informe divulgado hoy.

El Rastreo de Despidos 2009, de la agrupación Unity, muestra que "la industria de las noticias supera notablemente las pérdidas en la economía en general", desde el colapso de Lehman Brothers el 15 de septiembre de 2008.

El análisis señala que, en promedio, hubo un aumento del 22% en la pérdida de empleos de la industria del periodismo cada mes entre septiembre de 2008 y agosto pasado. En cambio, la economía en general perdió puestos de trabajo a un ritmo de más del 8% cada mes durante ese mismo período.

"La industria de las noticias ha sufrido una hemorragia de pérdida de empleos desde mucho antes que la crisis económica comenzara el año pasado", ha dicho Onica N. Makwakwa, directora ejecutiva de UNITY, en un comunicado.

"Estos números confirman que la caída de la economía ha golpeado a la industria de las noticias con gran dureza", ha agregado Makwakwa, cuyo grupo ha rastreado la pérdida de un total de 46.599 de empleos del sector del periodismo desde el 1 de enero de 2008.

Caída libre desde finales de 2008

El informe indica que los despidos en el sector aumentaron considerablemente en diciembre de 2008, cuando se perdieron 7.398 empleos. Desde enero de 2008, han cerrado 201 medios.

Los datos de Unity muestran un "brusco" aumento de despidos en períodos en que deben presentarse los informes financieros trimestrales de empresas mediáticas cotizadas en bolsa. "A medida que la industria de las noticias moldea un nuevo futuro y las compañías afrontan la tormenta financiera, es importante recordar que también se trata de la gente", ha dicho Makwakwa.

Unity, que aboga por la inclusión de periodistas pertenecientes a las minorías en los principales medios de comunicación estadounidenses, exhorta a las empresas a redoblar sus esfuerzos de capacitación para que los periodistas puedan hacer la transición al nuevo mundo mediático, dominado por internet y otros medios.

PÚBLICO.ES/EFE - Washington (EEUU) - 18/09/2009 18:57



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Martes, 18 Agosto 2009 06:14

El terreno todavía está resbaladizo

La economía estadounidense volvió a dar muestras de que aún no encuentra el cartel de salida para escapar de la crisis. Nuevas cifras decepcionantes sobre el consumo y la venta a crédito ensombrecieron ayer el panorama y pusieron un manto de dudas sobre la posibilidad de que el motor de la actividad mundial vuelva a reactivarse en breve. Los indicadores en Wall Street cayeron más de 2 por ciento y contagiaron a las plazas europeas. También colaboró en generar preocupación la publicación del balance de la cuenta capital, que volvió a arrojar un rojo en las cifras generales, según anunció el Tesoro norteamericano. Los responsables de la política económica de la administración Obama respondieron a esos datos anunciando la extensión del programa de emergencia que lanzó la Reserva en marzo por un billón (millón de millones) de dólares. El plan permite incentivar el crédito al consumo y el mercado inmobiliario con financiamiento subsidiado a inversores dispuestos a comprar obligaciones respaldadas con activos reales (en general, por hipotecas), gracias a los cuales los organismos de crédito se refinancian.

La jornada se caracterizó por una mixtura de datos positivos y negativos que al momento de marcar una tendencia se volcó hacia las “malas noticias”. La mayoría de los principales bancos con actividad crediticia al público en los Estados Unidos reportaron que en julio, por segundo mes consecutivo, lograron una mejora en la mora de sus carteras. No obstante, el nivel de incumplimiento continuó siendo muy alto. La entidad minorista más grande de ese país, el JP Morgan, anunció un default de 7,9 en sus préstamos, mientras que el Bank of America y el Capital One informaron un leve alza a 13,8 y 9,8 por ciento respectivamente de su cartera. Por su parte, también se conoció un estudio de la Universidad de Michigan, que revela una pérdida de confianza de los consumidores, que representan el 70 de la economía estadounidense.

Para salir de ese estancamiento la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro dispusieron, según un comunicado que difundieron ayer, extender seis o tres meses –según sus variantes– el plan de emergencia de facilidades de préstamos para valores futuros respaldados por activos (TALF, por sus siglas en inglés) que concluía a fin de este año. En marzo último la FED implementó un programa para restaurar el mercado de seguros automotores, tarjetas de créditos y préstamos para educación. En junio se extendió para cubrir hasta 100.000 millones de dólares en respaldo de activos garantizados por hipotecas comerciales. El plan implica que la FED presta a los inversores para que compren los nuevos activos ligadas a estas garantías, mientras que genera financiamiento real al sector comercial.

La decisión fue entonces extender hasta el 1º de junio del año próximo el plan de facilidades para la compra de activos con garantía en nuevos créditos destinados a alentar el consumo y la inversión. En tanto, se amplió hasta el 31 de marzo para nuevos valores respaldados por hipotecas comerciales ya emitidos o “residuales”. Mientras las condiciones del mercado financiero “han mejorado considerablemente en los meses recientes”, estos activos “están siendo aun perjudicados y parecen que se quedarán así por algún tiempo”, señala el comunicado de ambas autoridades. El banco central que conduce Ben Bernanke informó que no tiene en sus planes hacer lo mismo con otros tipos de activos secundarios, descartando una prórroga en los activos respaldados por hipotecas residenciales.

A pesar del anuncio, primaron en la plaza neoyorquina las ventas de parte de los inversores. En índice Dow Jones finalizó con un retroceso de 2 por ciento, luego de los desplomes que se registraron en los mercados asiáticos (ver aparte) y en paralelo con la tendencia bajista que mostraban también las bolsas europeas. El canal de contagio entre los distintos mercados fue el precio de los commodities. Las materias primas agropecuarias y energéticas se retrajeron ayer y arrastraron a todas las empresas vinculadas con la actividad. Por ejemplo, la fabricante de aluminio Alcoa cedió 6,3 por ciento, liderando el derrape del indicado industrial. En los contratos a futuro el barril de petróleo se abarató un dólar respecto de la víspera, mientras que los contratos de soja para mayo descendieron 7,60 dólares la tonelada.

En Wall Street, la difusión de los datos de flujos de activos de Estados Unidos en junio aumentó los temores a que siga retrasándose la recuperación. La preocupación radica en que, ante la necesidad de inyectar liquidez al mercado, una caída en los ingresos de capitales al país podría complicar el incentivo. El balance de capitales a largo plazo de Estados Unidos volvió a estar en positivo en junio, con un beneficio mucho mayor a lo previsto, pero el saldo general sigue en rojo por tercer mes consecutivo, según cifras del Tesoro. Si bien las colocaciones en títulos del Tesoro continuaron en terreno positivo, se exhibió en junio una tendencia de los inversores a destinar parte de sus carteras en mercado emergentes. Además, China, el mayor tenedor de esos bonos, redujo sus tenencias totales de deuda estadounidense en 25.000 millones de dólares en el mes.
 

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La conferencia de las Naciones Unidas finalizó con un acuerdo para estudiar la posibilidad de que varios temas clave se traduzcan en medidas. Esto refleja que no logró adoptar medidas concretas inmediatas para ayudar a los países en desarrollo a enfrentar la crisis económica, sino que están en la agenda de un nuevo grupo de trabajo que hará un seguimiento de los temas planteados.

Quizás el mayor logro de la cumbre, en la que varios países estuvieron representados por sus ministros de Relaciones Exteriores o de Economía, y algunos por sus primeros ministros o presidentes, haya sido que permitió nuevamente a las Naciones Unidas recuperar un lugar importante para la discusión de los temas económicos mundiales por todos los países. Y tiene potencial para convertirse en el máximo foro, si las grandes potencias permiten al nuevo grupo de trabajo cumplir con su cometido.

Desde que se planificó la conferencia, algunos de los países más poderosos intentaron limitar el alcance de la discusión. Incluso en la sesión de clausura Estados Unidos manifestó su preocupación de que el documento final –que minutos antes había sido adoptado por todos los países, Estados Unidos incluido– avalaba un papel formal de las Naciones Unidas en decisiones que afectan a las instituciones de Bretton Woods. En el documento, los países acordaron la reforma de varios aspectos de esas dos instituciones: el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial.

En la reciente reunión en Londres del Grupo de los 20 (G-20), que comprende mayormente a países desarrollados, se acordaron numerosas medidas concretas relativas a esas organizaciones, como el aumento de los recursos del FMI en 500.000 millones de dólares y que sus directores fueran elegidos por mérito y no por nacionalidad.

Como numerosos participantes señalaron en los corredores y en discusiones en grupo, si un pequeño número de países agrupados en el G-8 o el G-20 puede ponerse de acuerdo acerca de medidas relativas al FMI y el Banco Mundial, es inaceptable que los miembros de esos grupos impidan que las Naciones Unidas, un órgano universal y legítimo, también propongan medidas relativas a esas instituciones.

Uno de los primeros temas que debe acordar el grupo de trabajo cuando comience su labor es el papel de liderazgo legítimo de las Naciones Unidas en asuntos económicos mundiales y, por lo tanto, su derecho -–e incluso su deber–- a discutir una amplia gama de medidas que deberían adoptarse para revertir la crisis económica mundial.

Una de esas medidas debe ser proveer de fondos a los países en desarrollo, ya que enfrentan una masiva escasez de financiamiento externo, del orden de uno a tres billones de dólares sólo en 2009.

La conferencia no pudo ponerse de acuerdo acerca de medidas concretas para ofrecer la liquidez sustancial que necesitan los países en desarrollo. Muchos de ellos pronto quedarán sin divisas para pagar sus importaciones o su deuda externa. Y a diferencia de los países desarrollados, carecen de los medios como para pedir prestado o crear los fondos con los que financiar el rescate de sus bancos y empresas, así como el estímulo fiscal para contrarrestar la recesión. La conferencia pidió “que se examinen los mecanismos establecidos para asegurar que se proporcionen recursos suficientes a los países en desarrollo”. El grupo de trabajo debe llevar a cabo este examen y establecer esos mecanismos lo más pronto posible para mitigar los efectos de la crisis.

Los países miembros del Grupo de los 77 (G-77) y China habían propuesto que el FMI asignara 100.000 millones de dólares de derechos especiales de giro (DEG) a los países de bajos ingresos, sin ningún costo para ellos. Otros 800.000 millones se asignarían a países en desarrollo de ingresos medios, que podrían devolverlos después de superada la crisis.
La conferencia no aprobó esas asignaciones de DEG, lo que es de lamentar, porque el G-20 había aceptado asignar 250.000 millones de dólares de nuevos DEG, pero como se asignarán de acuerdo a las proporciones de cuotas, la mayor parte de la suma irá a los países desarrollados.

La propuesta de los países en desarrollo fue que las nuevas asignaciones de DEG se hicieran sobre la base de necesidades, y no de cuotas, y que ellos debían ser los beneficiados. Si bien esto no se aceptó explícitamente, la conferencia reconoció “el potencial de los DEG ampliados para ayudar a aumentar la liquidez mundial en respuesta a los déficit financieros urgentes provocados por esta crisis” y que “este potencial debería analizarse”. Así, el grupo de trabajo puede adoptar este tema más adelante y, es de esperar, con resultados concretos.

Un tema que dominó la discusión fue la necesidad de adoptar medidas para impedir otra crisis de la deuda en los países en desarrollo. El G-77 y China propuso una moratoria y la creación de un nuevo tribunal internacional de bancarrota, de manera que países que enfrenten dificultades para el pago de su deuda podrían suspender dicho pago y reestructurar sus deudas. Esto fue apoyado durante la cumbre por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) y el South Centre, así como por numerosas organizaciones no gubernamentales.

La conferencia no avaló esas propuestas pero aceptó considerarlas. La declaración dice que “esta crisis cada vez más grave amenaza con aumentar la deuda y, por tanto, supone también una amenaza para la sostenibilidad de la deuda de los países en desarrollo”, y que deben adoptarse las medidas apropiadas para “evitar que se produzca una nueva crisis de la deuda”.
Y añade más adelante: “También analizaremos enfoques perfeccionados de la reestructuración de la deuda soberana basados en los marcos y principios vigentes, con amplia participación de los acreedores y los deudores y una distribución comparable de la carga entre los acreedores. Analizaremos además la necesidad y viabilidad de contar con un marco más estructurado para la cooperación internacional en este ámbito”.

Esto sienta las bases para que el grupo de trabajo discuta el problema de la deuda de manera amplia e investigue medidas que incluyan las propuestas del G-77.

Otro tema destacado de la conferencia fue la necesidad de que los países en desarrollo tuvieran “espacio político”, pudieran elegir entre opciones y hacer uso de medidas para contrarrestar la crisis. No obstante, a menudo están limitados en la utilización de esas medidas debido a condiciones adjuntas a los préstamos o por simple presión de los países desarrollados o los mercados.

Una parte importante del documento establece que si los países en desarrollo experimentan una grave escasez de reservas de divisas “no deberían verse privados de ejercer su derecho a aplicar medidas legítimas de defensa del comercio de conformidad con las disposiciones pertinentes de la Organización Mundial de Comercio y, en última instancia, imponer restricciones temporales al capital y tratar de negociar acuerdos de congelación temporal de la deuda entre deudores y acreedores para ayudar a mitigar los efectos perjudiciales de la crisis y estabilizar la situación macroeconómica”.

La conferencia también reconoció los llamamientos de algunos países a que se reforme el sistema mundial de reservas y se corrijan sus deficiencias, así como a que se examine más detenidamente si sería viable o aconsejable introducir un sistema de reservas más eficiente, incluso la posible función de los derechos especiales de giro en cualquier sistema de este tipo. Destacó “la importancia de lograr un consenso en lo que respecta a los parámetros de este tipo de estudio y su aplicación”. Esto abre la puerta al grupo de trabajo para discutir la reforma del sistema de reservas, que se ha convertido en la máxima preocupación para países en desarrollo como China, con abultadas reservas en dólares. Y recogió la necesidad de expandir la regulación y la supervisión financiera en lo que respecta a los principales centros, instrumentos y agentes financieros, en particular las instituciones financieras, los organismos de calificación crediticia y los fondos de alto riesgo.

En el documento hay una sección relativa a la necesidad de reformar más a fondo las instituciones financieras internacionales, con detalles acerca de cambios en la gobernanza del FMI y el Banco Mundial de manera que los países en desarrollo tengan una representación justa y equitativa, a fin de que puedan  impulsar sus puntos de vista y que su voz se escuche. También deberían estar mejor representados en los principales órganos normativos, como la Junta de Estabilidad Financiera y el Comité de Basilea de Supervisión Bancaria.

La conferencia también formuló propuestas para fortalecer a las Naciones Unidas y su Consejo Económico y Social (Ecosoc). Una propuesta es considerar el establecimiento de un grupo de expertos sobre la crisis financiera y económica mundial y sus efectos en el desarrollo a fin de contribuir a la adopción de medidas en el plano internacional y la toma de decisiones políticas entre los encargados de formular políticas.

Después de adoptado el documento, Estados Unidos detalló en una larga intervención los aspectos que le preocupaban. Y tuvo el apoyo de Canadá. Varios países en desarrollo, entre ellos Cuba, Nicaragua y Venezuela, también expresaron preocupación, pero en el sentido contrario: estaban desalentados de que la conferencia no avanzara lo suficiente, tanto en la adopción de medidas como en una mayor afirmación de la autoridad de las Naciones Unidas.

Martin Khor, fundador de Third World Network (TWN), es director ejecutivo de South Centre, una organización de países en desarrollo con sede en Ginebra.


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Nueva York, 1º de julio. El sector manufacturero de Estados Unidos alcanzó en junio su nivel de actividad más alto en casi un año, pero la debilidad imprevista del empleo del sector privado indicó qué lenta podría ser una recuperación económica. Estados Unidos podría afrontar entre 800 mil y un millón de despidos adicionales este año, y no verá una reanudación del crecimiento del empleo hasta 2010, pronosticó Joel Prakken, presidente de Macroeconomic Advisers. Los empleadores privados eliminaron 473 mil empleos en junio, una cantidad mayor de lo previsto, de acuerdo con un reporte de ADP Employer Services.

Joel Prakken, cuya firma desarrolló en forma conjunta el reporte sobre el empleo del sector privado de ADP Employer Services, agregó que el crecimiento económico se reanudará a un ritmo modesto en el segundo semestre del año, resultando dentro del rango de 2 a 2.5 por ciento tras otra caída de la producción durante el segundo trimestre.

La consultora de colocación laboral Challenger, Gray & Christmas, Inc, precisó que los despidos planeados por la compañías de Estados Unidos bajaron por quinto mes consecutivo en junio, al llegar al mínimo desde marzo de 2008 y ofrecer otra señal de esperanza mientras la economía estadunidense lucha para que termine su peor recesión en décadas.
Los recortes de puestos de trabajo anunciados por los empleadores de Estados Unidos totalizaron 74 mil 393 en junio, una caída de 33 por ciento desde 111 mil 182 en mayo, de acuerdo con el reporte de la consultora de colocación laboral Challenger, Gray & Christmas, Inc.

Los datos probablemente alimenten las esperanzas entre los optimistas de que lo peor de la recesión de Estados Unidos ya pasó, aunque la aparente mejora podría haberse producido por algunos factores estacionales, mencionó Challenger.

“Normalmente vemos un declive en el recorte de empleos en el segundo trimestre. De hecho, es el trimestre más lento para los recortes de puestos, en términos históricos”, comentó el reporte. “Sin embargo, esta baja reciente podría estar indicando una tendencia general al descenso en la actividad de los despidos”, agregó.

“Probablemente veremos un aumento en esa actividad desde los niveles actuales en los próximos meses, pero los recortes de puestos del segundo semestre del año tal vez sean menores que en el primer semestre”, añadió.

El último mes fue la primera vez desde septiembre que el total mensual resulta inferior a 100 mil y fue el menor total de recortes de empleos desde los 53 mil 579 anunciados en marzo de 2008.

Reuters
 

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La crisis es global y la recuperación tendrá que ser global. Así que cuando la prensa internacional comenta que China está incrementando su demanda de materias primas, muchos analistas saltan de gusto. La demanda de materias primas podría ser una señal de que la actividad productiva está retomando su curso y pronto recuperará el nivel que tenía antes de la crisis. Pero las apariencias engañan.

La realidad es que este aumento en importaciones chinas está más vinculado a la especulación que a la actividad productiva. Su efecto de corto plazo ha sido el aumento en los precios de materias primas en los mercados mundiales, lo que no sólo no ayuda, sino que hará mucho más lento el proceso de recuperación.

Para enfrentar la crisis, Pekín puso en marcha un gigantesco paquete de estímulos fiscales y monetarios. Esta intervención fue considerada clave para evitar que la economía mundial cayera en algo parecido a la Gran Depresión. Pero, cuidado, la economía china no está bien y sus distorsiones internas impiden que el estímulo fiscal funcione adecuadamente. Eso puede arrastrar a la economía mundial a una recaída de efectos nefastos.

Desde diciembre 2008, los bancos chinos han prestado alrededor de un billón de dólares como resultado del estímulo monetario. Pero la economía china no puede absorber esa inyección de liquidez de manera productiva y una parte importante de estos recursos se usó para comprar materias primas (desde petróleo hasta madera, pasando por mineral de hierro y bauxita). Esta demanda ha sido considerada como una señal de que la economía china está en vías de recuperación. Pero la realidad es otra: la adquisición de estos commodities está más ligada a la especulación que a la actividad productiva.

El uso de crédito barato para especular en los mercados de materias primas ha profundizado la disparidad entre precios spot y precios en el mercado de futuros. El índice Reuters-Jefferies de precios de commodities se ha incrementado 27 por ciento desde marzo. En el caso de algunos productos, como el petróleo y el cobre, el precio se ha llegado a duplicar en unos cuantos meses. En el corto plazo, eso refuerza el incentivo para apostar, lo que crea una nueva burbuja especulativa, esta vez en el mercado de commodities. Las repercusiones son tremendas para una política económica que busca salir de la crisis sin recurrir a otra onda especulativa.

Esta burbuja en los mercados de materias primas no genera un incremento en la demanda derivada del efecto riqueza. Al contrario, al aumentar los precios de las materias primas, la demanda especulativa golpea a la economía mundial. Eso conduce a un círculo vicioso porque el miedo a las presiones inflacionarias (que muchos piensan serán desencadenadas por los paquetes de estímulos fiscales y monetarios) es el motor de una demanda creciente sobre las materias primas consideradas como refugio. Esa demanda por un motivo de precaución conduce a hacer realidad la profecía sobre el incremento de precios.
Lo único que frena la demanda especulativa de materias primas es el costo de almacenamiento. Por ejemplo, las ruedas de troncos y el mineral de hierro tienen una relación volumen/precio muy alta y eso es un obstáculo para utilizarlos como refugio contra la inflación. Pero la imaginación para diseñar instrumentos para la especulación no tiene límites. En muchas de estas transacciones, las mismas materias primas constituyen la garantía del crédito bancario y en algunos casos se han concentrado estos contratos para ser vendidos como si se tratara de las infames hipotecas estructuradas como “vehículos de inversión” que estuvieron en los orígenes de la crisis en estados Unidos.

Los recursos de un estímulo fiscal y monetario pueden ser canalizados hacia inversiones productivas, para estimular la demanda interna o para especular. Las inversiones productivas necesitan un mercado y en las condiciones actuales, ese mercado se ha desplomado. Después de todo, el ajuste en la economía de Estados Unidos ha sido dramático y su tasa de ahorro alcanza hoy 7 por ciento del PIB, algo no visto desde hace 20 años. Eso ha frenado su sed de productos Made in China y hace difícil que las fábricas en el gigante asiático regresen a los niveles de actividad que tenían antes de la crisis.

Para incrementar la demanda interna de manera saludable se necesitan salarios decentes y una mejor distribución del ingreso. Eso es algo que el modo de acumulación en China no ha permitido realizar, y habrá que ver si lo permitirá algún día porque requiere una profunda transformación social, lo que lleva tiempo. Por el momento, la economía china vive en una coyuntura de una fuerza de trabajo dislocada y es difícil pensar en un incremento de la demanda interna en el corto plazo.

Así que el desvío de recursos hacia la especulación era normal. Lo malo es que la normalidad en una economía capitalista parece llevar el nombre de crisis. No hay que olvidarlo: reventar es el destino de toda burbuja.

Por Alejandro Nadal

http://nadal.com.mx
 

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