Es el derby suramericano. Cada año o cada dos se enfrentan por la Copa América o las eliminatorias del Mundial. Cada año o cada dos discuten en el campo comercial. Ante la crisis mundial y el regreso del proteccionismo como respuesta a la caída del empleo, ha vuelto la tensión entre Brasil y Argentina por las barreras que el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner ha impuesto a centenares de productos de la tierra de Luiz Inácio Lula da Silva.

Los presidentes de ambos países sostienen una cultivada alianza política dentro de Mercosur, pero no pueden evitar los reiterados conflictos comerciales. La dinámica parece la misma de los últimos años: los industriales albicelestes piden a su Gobierno protección ante el gigante manufacturero brasileño, los Kirchner los resguardan, los empresarios verdeamarelos se quejan, pero Lula no les hace mucho caso, porque considera que el socio mayor del bloque suramericano debe ceder si quiere fortalecer la relación bilateral.

Pero no es lo mismo para Brasil admitir barreras en tiempos de fuerte crecimiento que en la actual coyuntura de estancamiento en Mercosur y recesión en los países desarrollados. Y no es lo mismo para Argentina resignarse al déficit comercial con su principal socio en los últimos seis años de expansión que en este 2009 en que las exportaciones entre ambos países vienen cayendo más del 40%, en comparación con el primer bimestre de 2008.

A principios de octubre pasado, cuando Wall Street crujía y el fantasma de la crisis comenzaba a asomar, Fernández reaccionó con la receta proteccionista, la misma a la que en los últimos meses han recurrido Estados Unidos y otras potencias: impuso licencias no automáticas (que se retrasan hasta 60 días) contra la importación de 1.200 mercancías, sobre todo con la mira en los productos que China ya no iba a poder vender en el mercado estadounidense y que intentaría liquidar en otras economías que aún crecían. A fines de octubre, en la cumbre del G20, Fernández, Lula y los demás líderes reunidos en Washington prometían que no iban a recurrir al proteccionismo como paliativo para la crisis. Fueron palabras incumplidas por muchos de ellos.

Barreras y represalias

En enero, Argentina elevó los precios mínimos de importación de 800 productos. El ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior de Brasil, Miguel Jorge, impuso al 60% de las importaciones licencias automáticas (que retrasan el ingreso 10 días), pero, por la presión de Argentina y los demás socios de Mercosur (Uruguay y Paraguay), Lula ordenó de inmediato levantar las restricciones. No por nada esta semana el director general de la Organización Mundial de Comercio (OMC), Pascal Lamy, dijo que el presidente brasileño merecía un "premio" por su resistencia a adoptar medidas proteccionistas ante la crisis global. Pero Argentina considera que Brasil también tiene sus barreras. El secretario argentino de Relaciones Económicas Internacionales, Alfredo Chiaradia, dice que el socio mayor de Mercosur tiene recursos suficientes para subvencionar la producción y la exportación, mientras que países menos ricos como Argentina deben protegerse con otras herramientas, como las barreras no arancelarias.

La Federación de Industrias del Estado de São Pablo (FIESP) no quedó conforme con la decisión de Lula y su presidente, Paulo Skaf, pidió el mes pasado represalias contra las restricciones de Argentina. El ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Celso Amorim, rechazó esa alternativa, pero criticó abiertamente el "proteccionismo" de su principal socio en Mercosur. Para evitar que la tensión siguiera dañando la relación bilateral, se reunieron en Brasilia los ministros de Exteriores, Hacienda e Industria de ambos países.

La cita no sirvió de mucho. Argentina se negó a retirar sus barreras y su ministro de Exteriores, Jorge Taiana, acordó con Amorim que no se adoptarían nuevas medidas hasta que se reuniera -hoy- un grupo de alto nivel para analizar acciones que recuperen el comercio bilateral y equilibren la balanza. Pero la ministra de Producción de Argentina, Débora Giorgi, siguió adelante con la protección del mercado de su país, porque considera que en Mercosur existen desequilibrios macroeconómicos profundos que la justifican.

Hace dos semanas, Argentina impuso una medida antidumping contra los cuchillos brasileños. El pasado martes, el secretario de Comercio Exterior de Brasil, Welber Barral, no descartó la opción de recurrir ante la OMC contra medidas antidumping (contra las ventas por debajo del coste) y retrasos en las licencias por parte de Argentina, y admitió que estudiaba aplicar barreras contra la harina de trigo y la leche en polvo de su socio. Al día siguiente, su superior, el ministro Jorge lo contradijo con un mensaje conciliador: señaló que Brasil buscará que sus exportadores acuerden cupos para limitar sus envíos a Argentina con los competidores de ese país, siempre y cuando Buenos Aires restrinja también las importaciones de otros orígenes, como China, Corea del Sur, México o Chile.

La ministra de Producción de Argentina respondió con un doble mensaje. El jueves amplió las licencias no automáticas a otras 58 posiciones arancelarias y al día siguiente llegó a un acuerdo con el fabricante brasileño de cuchillos Tramontina para exceptuarlo del antidumping a cambio de que elevara sus precios. Argentina acepta negociar las restricciones, pero prefiere hacerlo bajo la presión de sus barreras.

Encuentro

El pasado martes, el presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez, visitó Brasilia y compartió con Lula su preocupación por las barreras argentinas. Pero Brasil tampoco puede vanagloriarse de su apertura: la OMC difundió el lunes un informe que critica los créditos que el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) brasileño otorga a los exportadores porque tienen tipos "considerablemente inferiores a los del mercado y en algunos casos están sujetos a criterios de contenido nacional".

En este clima de tensión, el secretario Chiaradia y el secretario ejecutivo de Exteriores de Brasil, Samuel Pinheiro Guimarâes, se sentarán hoy a buscar acuerdos en Buenos Aires, como preludio del previsto encuentro entre Lula y Fernández, el próximo día 20 en São Pablo.

ALEJANDRO REBOSSIO - Buenos Aires - 12/03/2009
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La crisis ha llevado a cualquier experto, gurú, político que se precie o presidente de banco central a realizar su previsión sobre cuándo acabará o, al menos, donde está el inicio de la recuperación. Primero fue el ministro español de Economía, Pedro Solbes quien fijó el principio del fin de la crisis. Después el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, lo situó en 2010 y su homólogo europeo, Jean Claude Trichet, se atrevió, aunque de manera menos precisa, a indiciar el principio de la recuperación.

Sin embargo, ninguno de ellos se basaba en estudios minuciosos o realidades concretas. Para ir un poco más lejos de todo esto, dos analistas de ConvergEx Group, Nicholas Colas y Oren Klachkin, han recopilado para Market Watch, del grupo de The Wall Street Journal, los 10 titulares, los diez escenarios negros que supondrían el inicio del final de la crisis.

El primero sería una caída del 10% o más en las bolsas durante dos días seguidos. En octubre y noviembre el Ibex 35 y el Dow Jones ya registraron caídas cercanas a este porcentaje, pero sólo durante un día para que, a la jornada siguiente se diesen subidas correctoras de porcentajes similares.

La segunda es un tanto diferente. Aseguran que sería un buen síntoma que el nuevo secretario del Tesoro, Timothy Geithner, fuese sustituido por Paul Voeckler, ex presidente de la Reserva Federal en tiempos de Ronald Reagan y que ya se enfrentó a la crisis de principios de los ochenta. La quiebra de General Motors sería un titular catastrófico, al menos en principio. Sin embargo, Colas y Klachkin creen que abriría un periodo muy difícil de más o menos 100 días que, a su vez, sería el principio de la recuperación.

Oro, Mc Donald's y zombis

El oro aparece, cómo no, en su mundo de titulares perfectos. Los analistas creen que si la cotización de este metal, que no ha parado de revalorizarse como valor refugio, llega a los 2.000 dólares la onza estaríamos ante un titular en todos los periódicos económicos del mundo, un sinsentido y, también, ante el momento de empezar a comprar acciones de nuevo.

Colas y Klachkin no son los únicos que se quieren deshacer de las acciones de los valores zombis, pero creen que la salida de al menos dos empresas del Dow Jones que se mantienen en el índice casi por inercia sería una buen noticia, un gran titular. Hablando de acciones, la caída de las pocas que ahora triunfan, por ejemplo Mc Donalds y Wal Mart (que prácticamente no han perdido nada de su valor en el último año) sería, paradójicamente, una buena noticia. ¿Por qué? Porque al ser dos empresas que triunfan en momentos de crisis, la salida de los accionistas implicaría que la situación de la economía ha mejorado.

Como la cosa va de malas noticias, hay otras dos que a la larga serían buenas. La primera, una pérdida de un millón de puestos de trabajo en EE UU en un mes (ya perdió 651.000 sólo en febrero) algo que, en la opinión de estos dos expertos, sería un suelo difícil de superar. La otra sería que, precisamente, ante las malas noticias los mercados empezasen a subir. Obviando algún otro titular de los que proponen, demasiado técnico, el último es un ajuste de cuentas: para ellos sería bueno que la cadena NBC dejara de emitir. Por ahora nada de esto ha ocurrido, pero no deja de ser una propuesta a tener en cuenta.
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Martes, 10 Marzo 2009 09:03

AL: negro panorama inmediato

América Latina será duramente golpeada por el declive económico mundial. El dramático deterioro de las condiciones macroeconómicas en muchos de los principales destinos de las exportaciones de la región, en particular Estados Unidos, lesionarán al sector exportador. El derrumbe de precios de los suministros atacará las condiciones de liquidez en muchos países que en gran medida dependen para su financiamiento de los ingresos de ese comercio.

El efecto se exacerba por la crisis financiera global, que ha afectado con retraso a la región y produce una reducción del consumo, conforme disminuye la disponibilidad de crédito para los hogares y se debilita la inversión fija total. En consecuencia, prevemos que el crecimiento de la región caiga de 4% en 2008 a 0.4% en 2009, con apenas una moderada recuperación debajo de 2% en 2010. Los riesgos en la región se mantienen en el lado negativo, sobre todo debido a preocupaciones en el aspecto financiero.

En años pasados, varios países latinoamericanos han adoptado mejoras en políticas que han elevado la calificación del crédito a largo plazo. Muchas de las economías más grandes operan ahora regímenes de paridad flexible y han acumulado significativas reservas en divisas, y muchas han reducido también el déficit fiscal y los pasivos en el exterior. Sin embargo, la crisis global ha elevado los riesgos para la estabilidad financiera. Los inversionistas escasos de efectivo han retirado inversiones en divisas extranjeras, y los flujos de IED se reducen conforme las empresas de países de la OCDE tienen que consolidarse y por tanto han aplazado sus planes de expansión.

Dado que muchos bancos locales son propiedad de estadunidenses y europeos, los problemas de las empresas matrices afectan la operación normal de sus subsidiarias e incrementan su renuencia a extender nuevos créditos. Algunas corporaciones que se enredaron en especulaciones con derivados se han visto forzadas a retirar sus capitales con grandes pérdidas. Además, la confianza en la estabilidad financiera interna no está bien arraigada en la mayoría de los países latinoamericanos, lo cual los hace particularmente vulnerables a la fuga de capitales en una época de extremada aversión al riesgo.

La moratoria en el pago de la deuda por Ecuador, en diciembre del año pasado, y la nacionalización de los fondos de pensiones en Argentina pusieron de relieve el riesgo de políticas contrarias a los intereses de los inversionistas locales e internacionales. Desde fines de junio, incluso las divisas de México, Brasil, Chile y Colombia, cuyo manejo de políticas es más ortodoxo, han sufrido fuertes devaluaciones frente al dólar.

Los sucesos de meses recientes, como la rápida depreciación del real, han dejado en claro que Brasil no es inmune a la creciente aversión global al riesgo. Esa depreciación, exacerbada por pérdidas sufridas por el sector privado en el mercado de derivados extranjeros, ocasionará una liquidez interna más restringida y condiciones de crédito más severas. Prevemos que el crecimiento del PIB de Brasil disminuya de un 5.3% estimado en 2008 a 0.8% en 2009, por un agudo descenso de la inversión, del consumo privado y de las exportaciones.

Según analistas, el paquete de estímulos planeado por el gobierno mexicano es demasiado pequeño para compensar el impacto de la crisis globalFoto Yazmín Ortega

En México se anticipa una contracción del PIB de alrededor de 1.4% en 2009, respecto de un débil crecimiento de 1.8% en 2008, y hay sustanciales riesgos de que el pronóstico para 2009 se reduzca aún más. Esta situación refleja sobre todo el debilitamiento del mercado de EU, destino de más de 80% de las exportaciones mexicanas. El paquete de estímulos planeado por el gobierno es demasiado pequeño para compensar el impacto de esta sacudida. Las inquietudes sobre la inflación han persistido conforme ésta se fue elevando durante 2008 y llegó en diciembre a su nivel más alto desde 2001, impulsada primero por el encarecimiento de alimentos y energéticos y, hacia fin de año, por la depreciación de la moneda. Por eso el Banco de México no había bajado las tasas de interés en la segunda mitad de 2008, si bien el continuo deterioro del ambiente macroeconómico (y una moderada reducción de la inflación en enero) condujeron a bajar 50 puntos base a 7.75% a mediados de enero, y es probable que haya nuevas reducciones durante 2009.

En Argentina se agotó el periodo de boyante expansión económica impulsado por la recuperación de la crisis de 2001 y estimulado por un fuerte gasto público. Se prevé que el crecimiento se reduzca en 2009 a apenas 0.5%, con lo cual el PIB real per cápita caerá por primera vez desde 2002.

El poder de compra del consumidor ha sido erosionado sustancialmente por un aumento masivo de la inflación, lo cual afectará el consumo privado. La reducción de los mercados de productos agrícolas también producirá una liquidez doméstica más débil. El fin del auge de la construcción residencial, la reducción de la inversión privada y las débiles perspectivas dentro y fuera del país conducirán a una severa contracción en la inversión fija total. Entre tanto, el paquete de estímulos del gobierno, equivalente a 2% del PIB, tendrá un débil efecto. El consumo público y el crecimiento de la inversión también se reducirán en 2009, y las restricciones energéticas serán un lastre al crecimiento.

En Venezuela se piensa que la reducción de precios del petróleo, junto con un clima de inversión adverso, desatarán una aguda recesión después del auge impulsado por el petróleo en años recientes. Es probable que el gobierno devalúe el bolívar en 2009 para impulsar el valor de los flujos de ingresos en moneda local, lo cual impulsará la de por sí alta inflación, erosionará los ingresos y reducirá el poder de compra. El único componente del PIB que se mantendrá en territorio positivo será el gasto gubernamental. La inversión fija se contraerá agudamente y la producción petrolera seguirá en descenso, ante la insuficiente inversión en el sector energético. Prevemos una contracción del PIB de 3% en 2009 y de 5.4% en 2010, y es improbable que el crecimiento se reanude antes de 2012.

Fuente EIU
Traducción de textos: Jorge Anaya

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Martes, 10 Marzo 2009 06:10

Se evaporaron 50 billones de dólares

Entre nacionalizaciones, quiebras de bancos y automotrices, pánico en los mercados, burbujas de commodities, fusiones multimillonarias y monstruosos rescates, el valor de los activos financieros mundiales cayó más de 50 billones (millones de millones) de dólares en 2008. La cifra equivale aproximadamente al producto bruto mundial de un año. Para el Banco de Desarrollo Asiático (BAD), las pérdidas más sustanciales las sufrió Asia. El informe estima que en América latina la merma en el precio de los activos financieros alcanza al 57 por ciento de su PIB.
 
Excluyendo a Japón, las pérdidas financieras del continente asiático llegan hasta los 9,6 billones de dólares. La cifra representa el 109 por ciento del PIB regional, contra un promedio global de entre el 80 y 85 por ciento. Para América latina, el BAD calcula pérdidas por 2,1 billones de dólares. “Aun cuando Asia y América latina diversificaron sus inversiones y socios comerciales, el efecto de la desaceleración en las exportaciones, el financiamiento y la inversión es muy fuerte”, sostiene el documento de la entidad asiática. El 20 por ciento de las pérdidas globales estimadas se deben a la depreciación que experimentaron muchas monedas en relación con el dólar.
 
Además de la quiebra de los gigantes financieros como el desaparecido banco de inversión Lehman Brothers y la caída de Merrill Lynch, bancos comerciales y otras entidades financieras registraron pérdidas cercanas al 1,2 billón de dólares desde principios de 2007. El año pasado, las plazas bursátiles del mundo perdieron cerca de 28,7 billones y en los primeros dos meses de 2009 las acciones acumulan caídas por 6,6 billones de dólares. Por su parte, el polémico economista Nouriel Roubini pronostica que las acciones todavía tienen bastante margen para seguir cayendo. En una posible depresión global, el economista calcula sería inevitable una caída de hasta el 50 por ciento en el precio de los activos financieros.
 
Roubini sostiene que los mercados bursátiles podrían atravesar entre el segundo y tercer cuatrimestre de este año otro episodio traumático. “Cada vez que algo dramático sucede (que lleva a un nivel más bajo al mercado) y el gobierno reacciona con una política más agresiva, aparecen los optimistas diciendo que se alcanzó un piso y poco después los mercados descubren que las noticias macro son mucho peores de lo que esperaban, que las ganancias caen en todos los sectores y que cada vez son más las empresas insolventes que deberán pasar a manos del estado”, apuntó el profesor de la escuela de negocios Stearn de Nueva York. Pero en este posible escenario de depresión global, “la última cosa por la que uno debería preocuparse serían las plazas bursátiles, ya que se deberán enfrentar problemas mucho más severos como tasas de desempleo de dos dígitos cercanas al 15 por ciento”, sentenció Roubini.
 
El presidente del BAD y encargado de presentar el informe, Haruhiko Kuroda, explicó que “las cosas van a seguir empeorando antes de que mejoren. De todas formas, tengo la confianza de que Asia será una de las primeras regiones que emerjan, y lo hará con más fuerza que antes”. Para elaborar el informe, el Banco Asiático de Desarrollo tuvo en cuenta la caída en el valor de las acciones bursátiles, de los bonos respaldados por hipotecas y otros activos, pero no consideró para el ejercicio a los derivados financieros. El estudio fue realizado por la consultora Centennial Group a pedido de la entidad asiática.
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Viernes, 06 Marzo 2009 06:09

General Motors, al borde de la quiebra

La automotriz más grande del mundo tiene pocas chances de sobrevivir a la crisis, de acuerdo con los auditores de la compañía. Esos ejecutivos reconocieron ayer que existe dentro del seno de General Motors una “duda sustancial” sobre la posibilidad de que pueda evitar la quiebra. El grupo es incapaz de continuar operando sin las recurrentes inyecciones de fondos de parte del gobierno, afirmaron. Para agregar que GM podría ampararse en la ley de quiebras “sin soporte estatal”. Por su parte, el Departamento del Tesoro anunció que estudia “la solución más razonable posible para la situación”. Los ajustes que encaró la terminal, donde el propio presidente de la compañía, Rick Wagoner, se redujo el salario a la cifra simbólica de un dólar por año, no evitaron nuevas pérdidas multimillonarias en sus balances. El comisario europeo del sector, Günter Verheugen, consideró “inaceptable” la manera en que está gestionando los problemas de Opel, su filial europea, y exigió a la casa matriz información “completa y transparente” sobre sus planes para esta división.
 
Al igual que sucedió con los bancos, las automotrices estadounidenses se convirtieron en adictas a fondos públicos. El estrangulamiento del crédito y la consecuente parálisis del consumo castigaron con dureza, desde el principio, la venta de automóviles. La situación se agravó en los Estados Unidos, donde uno de cada tres trabajadores se desempeña en alguna tarea vinculada con el sector. Detrás del sistema financiero, la actividad automotriz destruyó cientos de miles de empleos.
 
De las tres grandes de Detroit –Ford, Chrysler y GM–, esta última es la que se encuentra en peor estado. Con el recrudecimiento de la crisis recibió de parte de la administración de turno flujos directo de dinero para salvar su delicada situación de iliquidez. Ahora pretende un nuevo salvavidas público, por 16.600 millones de dólares en financiamiento, para evitar la bancarrota.
 
GM acusa “dudas sustanciales” sobre su supervivencia, según afirma en el informe anual 10-K que presentó ante la Comisión del Mercado de Valores de Estados Unidos (SEC, por sus siglas en inglés). “La incapacidad para generar suficiente dinero para cumplir nuestras obligaciones y sostener nuestras operaciones genera dudas sustanciales”, indicó la compañía, sobre la base de la auditoría que encaró la consultora Deloitte & Touche.
 
El mes pasado, GM anunció 30.900 millones de dólares de pérdidas en 2008, que se suman al rojo de 43.000 millones del año previo. Junto con los resultados operativos, la compañía presentó ante el Departamento del Tesoro un plan de viabilidad en el que se solicitaba un desembolso de 30.000 millones de dólares. “Nuestro futuro depende de nuestra capacidad de ejecutar nuestro plan de viabilidad con éxito o encarar estas materias de otra forma. Si no lo hacemos, por la razón que sea, no seríamos capaces de continuar y potencialmente podríamos ser forzados a solicitar ayuda bajo el Código de Quiebras de Estados Unidos”, advierte el informe bajo un tono apocalíptico.
 
Hasta el momento, logró evitar entrar en suspensión de pagos debido a los 13.400 millones que le concedió Washington para realizar desembolsos a proveedores y empleados. Tiene hasta el 31 de marzo para conseguir más fondos. El Departamento del Tesoro, conducido por Timothy Geithner, reconoció que “busca una solución” alternativa a la quiebra de GM. “La administración es muy consciente de los desafíos del sector automotor”, anticipó el portavoz del Tesoro, Isaac Baker.
 
Del otro lado del océano Atlántico, el comisario europeo de la Industria consideró “inaceptable” la manera en que GM está gestionando la filial local, Opel, y pidió transparencia en sus planes de viabilidad. Verheugen confirmó que pretende organizar una reunión de países europeos en los que la marca está presente para fijar una “posición común”. La casa matriz propuso a las autoridades europeas separar a Opel del grupo para garantizar su supervivencia, aunque para ello reclama una ayuda pública de 3300 millones de euros.
 
En la Argentina, GM emplea a unos 2200 trabajadores en sus plantas de Buenos Aires, Alvear, Santa Fe, y General Rodríguez y comercializa la marcas Chevrolet y Suzuki. El año pasado alcanzó un record de ventas, con más de 95.400 unidades.
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El reconocido filósofo marxista István Mészáros, entrevistado por Judith Orr y Patrick Ward en la Socialist Review de enero de 2009.  István Mészáros ganó el Deutscher Prize por su libro La teoría de la alienación de Marx, y, desde entonces, ha escrito sobre marxismo. En esta entrevista habla con Judith Orr y Patrick Ward sobre la crisis económica en desarrollo.

P- La clase dominante siempre se sorprende ante las nuevas crisis económicas y habla de ellas como aberraciones. ¿Por qué cree que son inherentes al capitalismo?

R- Recientemente he oído a Edmund Phelps, que obtuvo en el 2006 el Premio Nobel de Economía. Phelps es una especie de neo-keynesiano. Por supuesto, glorificaba al capitalismo y presentaba los problemas actuales como si no fuesen más que un pequeño ataque de hipo, asegurando que «todo lo que tenemos que hacer es traer de nuevo las ideas keynesianas y la regulación.»
John Maynard Keynes creía que el capitalismo era ideal, pero quería regulación. Phelps se dedicó a salirse por la tangente con la grotesca idea de que el sistema es como un compositor de música. Puede que tenga algunos días en los que no produzca tan bien, pero si miras a toda su vida, ¡es tan maravillosa! Piénsese en Mozart: puede que algún día se levantase con el pie izquierdo. Así que el capitalismo está en problemas: los días malos de Mozart. Si alguien se cree eso, entonces es que debería hacerse examinar por un psiquiatra. Pero en lugar de hacerse examinar, le otorgan un premio.
Si nuestros adversarios presentan este nivel teórico -que han demostrado tener a lo largo de un período de más de 50 años, por lo que no se trata de ningún accidente de un economista premiado- podríamos decir: «alegrémonos, éste el bajísimo nivel de nuestros adversarios.» Pero este tipo de concepción nos llevaría al desastre que experimentamos cada día. Nos hemos hundido en una deuda astronómica. Los pasivos reales en este país deben de contarse por billones.     
La verdadera cuestión, empero, es que han estado practicando el despilfarre financiero como resultado de una crisis estructural del sistema productivo. No es ningún accidente que el dinero haya estado fluyendo de una manera tan aventurista hacia el sector financiero. La acumulación de capital no podría funcionar correctamente en el campo de la economía productiva.
De lo que estamos hablando ahora no es otra cosa que de la crisis estructural del sistema. Se extiende por todas partes, e incluso invade nuestra relación con la naturaleza, socavando las condiciones fundamentales para la supervivencia humana. Por ejemplo, de vez en cuando anuncian algunos objetivos para reducir la polución. Incluso tenemos un ministro de energía y del cambio climático, que no es más que un ministerio de puro humo, porque nada se ha hecho salvo anunciar ese objetivo. Pero ni siquiera se acercan nunca al objetivo, y no digamos ya alcanzarlo. Ésta es una parte integrante de la crisis estructural del sistema y sólo soluciones estructurales pueden sacarnos de esta terrible situación.  

P- Ha descrito a los Estados Unidos como un país que está llevando a cabo un imperialismo de tarjeta de crédito (credit card imperialism). ¿Qué quiere decir exactamente con ello? 

R- Cito al antiguo senador estadounidense George McGovern cuando habló sobre la Guerra de Vietnam. Dijo que los Estados Unidos se habían conducido en la Guerra de Vietnam como si lo hubieran hecho con una tarjeta de crédito. El reciente préstamo de los EE.UU. se está agriando ahora mismo. Este tipo de economía sólo puede funcionar hasta que el resto de mundo pueda soportar la deuda.
Los Estados Unidos están en una posición excepcional, porque ha sido el país dominante desde los acuerdos de Bretton Woods. Pensar que una solución neo-keynesiana y un nuevo Bretton Woods resolverían los problemas actuales es una fantasía neo-keynesiana. El dominio estadounidense que Bretton Woods formalizó inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial era económicamente realista. La economía estadounidense estaba en una posición mucho más poderosa que cualquier otra economía en el mundo. Estableció todas las instituciones económicas internacionales vitales sobre el fundamento del privilegio estadounidense. El privilegio del dólar, el privilegio disfrutado a través del Fondo Monetario Internacional, las organizaciones de comercio, el Banco Mundial, etc., todo estaba bajo el dominio estadounidense, y así permanece hoy todavía.    
Todo esto no puede desearse que deje de existir sin más. No puede fantasearse sobre reformar y regular un poco aquí y allá. Imaginar que Barack Obama va a abandonar la posición dominante de la que disfrutan los Estados Unidos de esta manera -respaldado por el dominio militar- es un error.

P- Karl Marx denominó a la clase dominante una «banda de hermanos enfrentados.» ¿Cree que la clase dominante internacional trabajará unida para encontrar una solución?

R- En el pasado el imperialismo implicaba a varios actores dominantes que afirmaban sus intereses, incluso al precio de dos espantosas guerras mundiales en el siglo XX. Las guerras parciales, no importa lo espantosas que sean, no puede compararse con el realineamiento económico y de poder que podría producirse como consecuencia de una nueva guerra mundial.
Pero imaginar una nueva guerra mundial es imposible. Por supuesto, aún hay algunos lunáticos en el campo militar que no negarían esa posibilidad. Pero significaría la destrucción total de la humanidad. 
Tenemos que pensar las implicaciones de todo esto para el sistema capitalista. Fue una ley fundamental del sistema que si una fuerza no puede asegurarse por la dominación económica, entonces recurría a la guerra.
El imperialismo mundial hegemónico ha sido conseguido y ha obrado con demostrado éxito desde la Segunda Guerra Mundial. ¿Pero es éste tipo de sistema permanente? ¿Es concebible que en el futuro no despierten contradicciones en su seno?
Hay también algunas pistas procedentes de China de que este tipo de dominación económica no puede durar indefinidamente. China no va a ser capaz de seguir financiándolo. Las implicaciones y las consecuencias para China son realmente significativas. Deng Xiaoping comentó una vez que el color del gato -si era capitalista o socialista- no importaba mientras éste cazase ratones. ¿Pero qué es lo que ocurre cuando en vez de un simpático cazador de roedoras terminas con la horrorsa plaga de ratas que supone un desempleo masivo? Esto es lo que está apareciendo ahora mismo en China.   
Estas cosas son inherentes a las contradicciones y antagonismos del sistema capitalista. En consecuencia, debemos pensar en resolverlas de una manera radicalmente diferente, y la única manera es una transformación genuinamente socialista del sistema. 

P- ¿No existe la posibilidad de que alguna parte de la economía mundial se desacople como resultado de esta situación?

R- ¡Imposible! La globalización es una condición necesaria del desarrollo humano. Siempre, desde que la expansión del sistema capitalista fue claramente visible, Marx teorizó sobre este punto. Martin Wolf, del Financial Times, se ha quejado de que hay muy pocos, e insignificantes, estados que causen problemas. Ha argumentado que lo que se necesitaba era una «integración jurisdiccional», en otras palabras, una integración imperialista total: un concepto de fantasía. Ésta es una expresión de las contradicciones insolubles y los antagonismos de la globalización capitalista. La globalización es una necesidad, pero la forma que es viable, factible y sostenible es la globalización socialista sobre la base de los principios socialistas de una igualdad fundamental.
Aunque no es concebible ninguna segregación de la historia mundial, eso no significa que en cada fase, en cada parte del mundo, haya uniformidad. Se están desarrollando muchas cosas en Latinoamérica en comparación con Europa, por no mencionar lo que he comentado antes en China, en el lejano oriente y en Japón, que está sumido en los mayores de los problemas.
Piénsese por un momento en el pasado reciente. ¿Cuántos milagros tuvimos en el período de posguerra? ¿El milagro alemán, el milagro brasileño, el milagro japonés, el milagro de los cinco pequeños triges? Qué divertido resulta ver cómo todos estos milagros se han convertido en las realidades más espantosamente prosaicas. El común denominador de todas estas realidades es un endeudamiento desastroso y el fraude. 
El director de un hedge fund está presuntamente implicado en una estafa de 50 mil millones de dólares. General Motors y los demás están pidiendo solamente al gobierno estadounidense 14 mil millones de dólares. ¡Qué modestos! Deberían concederles 100 mil millones. Si un capitalista de un fondo de inversión libre puede organizar un fraude de presuntamente 50 mil millones de dólares, debería ser él quien hiciese viables todas esas inversiones.    
Un sistema que trabaja en esta podedumbre moral no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir, porque es incontrolable. Incluso muchos están admitiendo que no conocen realmente cómo funciona. La solución no es desesperarse por él, sino controlarlo en interés de la responsabilidad social y la transformación radical de la sociedad. 


P- El impulso, inherente en el capitalismo, es el de exprimir a los trabajadores lo máximo posible, y eso es claramente lo que los gobiernos están intentando hacer en el Reino Unido y los EE.UU.

R- La única cosa que pueden hacer es defensar los recortes en los salarios de los trabajadores. La principal razón por la que el Senado rechazó aprobar incluso la inyección de 14 mil millones de dólares a las tres grandes compañías automovilísticas es que no podían obtener un acuerdo en la reducción drástica de los salarios de los trabajadores. Piénsese en el efecto de ello y del tipo de obligaciones que tienen esos trabajadores, por ejemplo, devolver unas cuantiosas hipotecas. Pedirles simplemente que reduzcan su sueldo a la mitad sólo generará otros problemas en la economía: de nuevo otra contradicción. 
El capital y las contradicciones son inseparables. Tenemos que ir más allá de las manifestaciones superficiales de estas contradicciones e ir a las raíces. Se consigue manipularlas aquí y allí, pero siempre retornan con ánimo de venganza. Las contradicciones no pueden esconderse bajo la alfombra indefinidamente, porque la alfombra está convirtiéndose ahora en una montaña. 

P- Usted estudió con Georg Lukács, un marxista que regresa al período de la revolución rusa y aun atrás todavía.

R- Trabajé con Lukács durante siete años antes de que abandonase Hungría en 1956 y continuamos siendo muy buenos amigos hasta que murió, en 1971. Siempre le veíamos los tres pies al gato -por eso quería estudiar con él. Cuando empecé a trabajar con él estaba siendo atacado muy duramente y abiertamente en público. Yo no podía aguantar aquello y le defendí, lo que me llevó a toda suerte de complicaciones. Justo cuando abandonaba Hungría fui designado sucesor suyo en la universidad para enseñar estética. La razón por la que abandoné el país fue precisamente porque estaba convencido de que lo que estaba sucediendo era una variedad de problemas muy importantes que aquel sistema no podría resolver.  
He intentado formular y examinar estos problemas en mis libros desde entonces, particularmente en La teoría de alienación de Marx (1) y en Más allá del capital. Lukács acostumbraba a decir, correctamente, que sin estrategia no puede tenerse una táctica. Sin un punto de vista estratégico de estos problemas no pueden obtenerse soluciones para el día a día. Así que intenté analizar estos problemas consistentemente, porque no podían ser simplemente tratados al nivel de un artículo que haga referencia a lo que está ocurriendo ahora, aunque exista una gran tentación de hacer precisamente eso. Tenía que hacerse, en cambio, desde una perspectiva histórica. He estado publicando desde que mi primer ensayo serio fue publicado en un periódico literario en Hungría en 1950 y he estado trabajando duramente tanto como he podido desde entonces. Por modesta que pueda ser, hacemos nuestra contribución al cambio. Eso es lo que he intentado hacer toda mi vida.  

P- ¿Cuáles cree que son las posibilidades para el cambio en este momento?

R- Los socialistas son los últimos a la hora de minimizar las dificultades de la solución. Los apologistas del capital, ya sean neo-keynesianos o de otro tipo, pueden producir todo tipo de soluciones simplistas. No creo que podamos considerar la crisis actual simplemente de la misma manera en que lo hicimos en el pasado. La crisis actual es profunda. El gobernador adjunto del Banco de Inglaterra ha admitido que es la mayor crisis económica en la historia de la humanidad. Yo solamente añadiría que no es únicamente la mayor crisis económica de toda la historia de la humanidad, sino la mayor crisis de la historia en todos los sentidos. Las crisis económicas no pueden separarse del resto del sistema. 
La fraudulencia y el dominio del capital, así como la explotación de la clase trabajadora, no puede durar para siempre. Los productores no pueden ser mantenidos constantemente y en todo momento bajo control. Marx argumentó que los capitalistas son, sencillamente, las personificaciones del capital. No son agentes libres: están ejecutando los imperativos de este sistema. Así que el problema de la humanidad no es simplemente barrer a un grupo de capitalistas en particular. Poner a un tipo de personificación del capital en el lugar de otro sólo llevará al mismo desastres ante o después de que hayamos terminado con la restauración del capitalismo. 
Los problemas a los que se enfrenta la sociedad no proceden simplemente de los últimos años. Antes o después estos pueden ser resueltos o no, como los economistas ganadores del premio Nobel pueden fantasear, en el marco del sistema. La única solución posible es encontrar la reproducción social sobre la base del control de los productores. Ésa ha sido siempre la idea del socialismo. 
Hemos alcanzado los límites históricos de la capacidad del capital para controlar la sociedad. Y no me refiero exclusivamente a los bancos y a las empresas constructoras, incluso aunque no pueden controlar ya a éstas, sino al resto. Cuando las cosas van mal nadie es responsable. De vez en cuando los políticos declaran: “acepto toda la responsabilidad”, y ¿qué es lo que ocurre? Son glorificados. La única alternativa viable es la de la clase trabajadora, que es la que produce todo lo necesario para nuestra vida. ¿Por qué no debería controlar lo que produce? Siempre enfatizo en todos los libros que expresarlo no es algo relativamente fácil, pero hemos de encontrar la dimensión positiva en hacerlo.

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Aumenta el desempleo, caen las exportaciones y se profundiza la recesión en Europa. Como si esto fuera poco, las potencias del continente tiemblan ante la posibilidad de que los países del Este entren en default por el alto grado de exposición que tienen sus bancos en la región. Frente a la dispersión de los rescates anunciados, la Comisión Europea, el órgano ejecutivo del bloque, instó a los 27 miembros a coordinar sus planes para limpiar de “activos tóxicos” a las entidades financieras. Además, la comisión propuso la creación de un organismo supervisor común, rechazó la adopción de medidas proteccionistas y no descarta la posibilidad de nacionalizar (temporalmente) los bancos en problemas.
 
El producto interno bruto (PIB) alemán registró un retroceso del 2,1 por ciento en el último trimestre de 2008, la mayor contracción trimestral desde la reunificación en 1990. Las exportaciones, tradicional motor de la economía germana, fueron las más golpeadas en el cuarto trimestre al caer 7,3 por ciento en términos interanuales, mientras que las importaciones bajaron 3,6 por ciento. También cayeron los indicadores de construcción, inversión y consumo. Así, Alemania cerró 2008 con una caída del PIB de 1,7 por ciento. En Gran Bretaña, la economía se contrajo un 1,5 por ciento en el último trimestre de 2008. En Francia, la desocupación creció un 4,3 por ciento en enero en relación con el mes anterior y un 15,4 por ciento en términos interanuales.
 
La Comisión Europea presentó ayer las propuestas para afrontar la crisis, antes de que los países se reúnan el domingo. La iniciativa más audaz es la creación de un sistema de control financiero común para la Unión Europea que recién entraría en vigencia en 2010. El Consejo Europeo de Riesgo Sistémico sería dirigido por el Banco Central Europeo (BCE) y también se formaría un Sistema Europeo de Supervisores Financieros para evitar futuras crisis. Además, el organismo reclamó a los miembros que coordinen sus políticas de rescate. Con respecto a cómo limpiar de activos tóxicos a los bancos, el comisionado de asuntos monetarios, Joaquín Almunia, señaló que “no optamos por ninguna opción, ni por los bancos malos, ni por los buenos, ni por asegurar los activos; la selección de los mejores instrumentos depende de cada país”. En ese sentido, Almunia no descartó la nacionalización de las entidades.
 
“La severidad de la crisis económica en Europa del este amenaza cerca de dos décadas de reformas económicas”, consideró el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo. A través de subsidiarias, los bancos de Europa occidental tienen una presencia importante en los países del Este. Esos mercados tomaron 1,3 billón de dólares de las ahora debilitadas entidades. Muchos países tienen los mismos bancos como prestamistas. Por eso, la profundización de la crisis en el sistema bancario de países como Croacia o Rumania no sólo intensificará los efectos de la recesión en las grandes potencias del continente sino que podría tener efectos devastadores sobre economías de la región más saludables.
 
Pero el riesgo de contagio también llega desde las ex repúblicas soviéticas como Ucrania. Bancos alemanes, austríacos, italianos y suecos tienen una exposición cercana a los 30 mil millones de euros en ese país. En un escenario inflacionario y de caída en el precio de las principales exportaciones, el gobierno ucraniano debe afrontar este año el pago de 49 mil millones de dólares de deuda externa.
 
Bajo esas condiciones, la economía del país entra en un círculo vicioso. La incertidumbre política eleva las primas de riesgo, por lo que el costo para financiar las obligaciones públicas y privadas aumenta. El paquete de rescate otorgado por el Fondo Monetario Internacional en noviembre no consigue siquiera revertir las expectativas. Las medidas de ajuste tomadas como condición para recibir la inyección de liquidez no mejoran las cuentas y empeoran la situación. El gobierno busca más plata del Fondo, pero como se rumorea que podría no recibirlo, las calificadoras de riesgo le hunden la nota a la deuda soberana y el ciclo vuelve a comenzar. Ayer, la cuestionada Standard & Poor’s dejó la calificación de deuda soberana ucraniana entre las más bajas del continente, CCC+, argumentando que la incertidumbre política pone en riesgo un nuevo préstamo del FMI.
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Martes, 24 Febrero 2009 05:45

Camino hasta aceptar la quiebra

La cuna del libre mercado parece decidida a nacionalizar sus emblemáticas entidades financieras para evitar que se profundice el colapso del sistema. Las autoridades del Tesoro estadounidense advirtieron sobre la posibilidad de una estatización “parcial” de los bancos en serias dificultades. La lista es encabezada por el Citigroup y el Bank of America. Los detalles del plan de ayuda que la administración Obama pondrá en marcha para asistirlos fue anunciado ayer por el titular del Tesoro, Timothy Geithner. El Tesoro reconoció que la nacionalización será el último recurso. Por su parte, el Citi pretende una mayor participación del Estado en el grupo. En Nueva York, la noticia permitió una leve recuperación en los activos de los bancos “insignia”, aunque no alcanzó para evitar otro derrumbe de Wall Street, que cerró en su piso de los últimos doce años. En Europa se preparan para emular la iniciativa: el Royal Bank of Scotland y el Lloyds Banking Group lanzan reestructuraciones avaladas por el gobierno británico.
 
La fragilidad de la situación desplazó al debate. El Estado omnipresente al que tanto teme la ortodoxia neoliberal se está convirtiendo en un hecho. Las constantes inyecciones de liquidez en un sistema financiero en bancarrota no hacen más que dilapidar los recursos públicos. Es por eso que el gobierno estadounidense contempla la posibilidad de reencauzar los recursos y administrarlos, evitando la malversación de los fondos.
 
El Tesoro lanzó el nuevo esquema de recapitalización de los bancos:
 
1 Se evalúan las necesidades en capitales de los grandes establecimientos bancarios estadounidenses (...) “en el contexto económico más difícil”.
 
2 Los establecimientos tendrán ocasión de buscar en un principio alguna fuente privada de capital.
 
3 Si la oferta privada no alcanza, las finanzas públicas serán puestas a contribución.
 
4 El capital será bajo forma de acciones preferenciales convertibles en acciones comunes.
 
El programa, bautizado Plan de Asistencia de Capital, prevé como un último recurso la nacionalización de las entidades. El mecanismo entrará en vigencia mañana. Hasta el momento el Estado se había conformado con acciones preferenciales no convertibles como contrapartida de sus inyecciones de capital, lo que significaba que no tenía con éstas derecho a voto. Pero con el nuevo mecanismo el gobierno podría convertirse en el accionista mayoritario de las entidades con mayores dificultades.
 
Los mercados daban por hecho una nacionalización de los gigantes Citi y Bank of America, que recibieron 45.000 millones de dólares cada uno en auxilios financieros. De hecho, la caída bursátil de las últimas ruedas responde al temor de que el Estado obligue a vender las acciones a bajo precio antes de la reforma, como hizo con la compañía aseguradora American International Group. El Citigroup propuso a la Reserva Federal cederle entre 25 y 40 por ciento del capital, según informó The Wall Stret Journal en su edición electrónica.
 
Rescatar a los bancos no es el único tema que desvela a Obama. El presidente estadounidense aseguró que pretende reducir a la mitad el rojo de las cuentas públicas para el 2013. “No podemos ni vamos a sostener un déficit fiscal como éste siempre”, advirtió. El resultado negativo se estima en 1,3 billón de dólares y Obama prevé llevarlo a 533.000 millones de dólares para cuando deje el cargo. El mandatario exhortó a dejar de lado “la serie de engaños contables” que llevaron a déficit anteriores. De todos modos, los desembolsos aprobados para sacar a la economía de la recesión y evitar más quiebras complicarán sus aspiraciones.
 
En el Viejo Continente, el Royal Bank of Scotland y Lloyds Banking Group también buscan amparo público. Se prevé que el gobierno británico anuncie el jueves los lineamientos principales de su segundo plan de rescate bancario. El Estado prevé proteger a los bancos contra todo riesgo de pérdidas generado por sus activos tóxicos. El Royal y el Lloyds, actualmente controlados por el Estado, podrán colocar 500.000 millones de libras (unos 717.0000 millones de dólares) de activos de riesgo bajo la protección pública. Mientras Londres anuncia el regreso del banco Northern Rock al mercado de préstamos inmobiliarios, pero nacionalizado.

Dudas por el “Buy America”

El paquete de estímulo fiscal del presidente estadounidense, Barack Obama, “va a tener impactos en América latina, algunos preocupantes, como el ‘Buy América’”, advirtió ayer la secretaria ejecutiva de la Cepal, la mexicana Alicia Bárcena. La inclusión de esta cláusula, que incentiva la compra de acero estadounidense, es uno de los aspectos más controvertidos del programa económico de 787.000 millones de dólares, ya que los principales socios comerciales de Estados Unidos lo consideran una medida proteccionista. La crisis económica mundial “está tocando fondo” en el plano financiero gracias a las medidas para un “control rápido y eficaz” de la situación adoptadas por Estados Unidos y los principales países europeos, destacó Bárcena. Sin embargo, “la recuperación social no será tan rápida como la económica”.
 
Por Cristian Carrillo
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La mayoría de analistas califican la presente crisis como crisis financiera. ¿Está usted de acuerdo con esta denominación?

 
Es comprensible que los analistas de la crisis hayan situado el punto de partida en la banca y el mercado de valores. Pero el problema es que no han ido más allá. Empezando por el propio secretario del Tesoro, Paulson, y el presidente de la Reserva Federal, Bernanke, han sostenido que la crisis puede explicarse en simples términos de problemas en el sector financiero. Al mismo tiempo, aseveran que la economía real subyacente es fuerte, que los llamados fundamentos están en forma. La desorientación no podría ser mayor. El principal origen de la crisis actual está en el declive del dinamismo de las economías avanzadas desde 1973 y, especialmente, desde 2000. El crecimiento económico en los EEUU, Europa occidental y Japón se ha deteriorado seriamente en cada ciclo en términos de indicadores macroeconómicos muy estándar: PIB, inversión, salarios reales, etc. Aún más, el ciclo económico recién acabado, desde 2001 hasta 2007, ha sido, con mucho, el más endeble desde el período de posguerra, y ello a pesar del mayor estímulo económico público de la historia de los EEUU en tiempo de paz.

¿Cómo explicaría el debilitamiento a largo plazo de la economía real desde 1973, lo que usted llama la larga caída?

Lo que lo explica es sobre todo un declive profundo y duradero de la tasa de rendimiento en inversión de capital desde finales de los sesenta. La incapacidad de recuperar la tasa de beneficio es lo más destacable a la vista de la enorme caída de los salarios reales durante el período. La causa principal, aunque no la única, del declive de la tasa de beneficio ha sido una tendencia persistente a la sobrecapacidad en las industrias manufactureras mundiales. Lo que ha ocurrido es que nuevos poderes industriales fueron ingresando, uno tras otro, al mercado mundial: Alemania y Japón, los nuevos países industrializados del noreste asiático, los tigres del sureste asiático y, finalmente, el Leviatán chino. Esas economías de desarrollo tardío producían los mismos bienes que ya producían las economías más tempranamente desarrolladas, pero más baratos. El resultado ha sido un exceso de oferta en relación con la demanda en una industria tras otra, y eso ha implicado precios y, por lo mismo, beneficios bajos. Las empresas que han sufrido reducción de beneficios, además, no han abandonado dócilmente sus industrias. Han intentado conservar su lugar recurriendo a la capacidad de innovación, aumentando la inversión en nuevas tecnologías. Huelga decir que eso no ha hecho más que empeorar la sobrecapacidad. A causa de la caída de su tasa de rendimiento, los capitalistas obtenían plusvalías cada vez menores de sus inversiones. De ahí que no tuvieran más opción que aminorar el crecimiento en maquinaria, equipo y empleo; y, al tiempo, a fin de restaurar la rentabilidad, contener las indemnizaciones por desempleo, mientras los gobiernos reducían el gasto social. Pero la consecuencia de todos estos recortes de gasto ha sido un problema de demanda agregada a largo plazo. La persistente endeblez de la demanda agregada ha sido el origen inmediato de la endeblez a largo plazo de la economía.

La crisis, en realidad, ha sido provocada por el estallido de la histórica burbuja inmobiliaria, que se ha estado inflando durante toda la década. ¿Cómo juzga su importancia?

La burbuja inmobiliaria debe entenderse en relación con la sucesión de burbujas de precios de activos que ha sufrido la economía desde mediados de los noventa y, especialmente, con el papel de la Reserva Federal estadounidense en alimentar dichas burbujas. Desde el principio de la larga caída, las autoridades económicas públicas han intentado capear el problema de una demanda insuficiente incentivando el aumento del préstamo, tanto público como privado. De entrada, recurrieron al déficit presupuestario, evitando así recesiones verdaderamente profundas. Pero, con el tiempo, los gobiernos conseguían inducir cada vez menos crecimiento económico de lo que tomaban a préstamo. En efecto, a fin de conjurar el tipo de profundas crisis que han acosado históricamente al sistema capitalista, han tenido que aceptar la tendencia hacia el estancamiento. Durante los primeros noventa, los gobiernos en los EEUU y Europa, encabezados por la administración Clinton, intentaron célebremente romper su adicción al endeudamiento, poniendo todos proa de consuno hacia el territorio de los presupuestos equilibrados. La idea era dejar que el mercado libre gobernara la economía. Pero, como aún no se había recuperado la rentabilidad, la reducción de los déficits asestó un duro golpe a la demanda y contribuyó a producir, entre 1991 y 1995, la peor de las recesiones y el más bajo crecimiento de la era de posguerra. Para lograr que la economía volviera a una senda de crecimiento, las autoridades estadounidenses acabaron adoptando un enfoque aplicado por primera vez en el Japón de fines de los ochenta. Mediante la imposición de tipos de interés bajos, la Reserva Federal facilitaba el préstamo al tiempo que incentivaba la inversión en activos financieros. Al dispararse los precios de los activos, las empresas y familias obtendrían enormes aumentos de riqueza, al menos sobre el papel. Estarían, por tanto, en condiciones de tomar préstamos a una escala titánica, de incrementar infinitamente la inversión y el consumo y, así, conducir la economía. El déficit privado, pues, vino a substituir al déficit público. Lo que podría llamarse keynesianismo de precios de activos sustituyó al keynesianismo tradicional. Por tanto, durante la última docena de años hemos asistido a un extraordinario espectáculo en la economía mundial, y es que la continuación de la acumulación de capital ha dependido literalmente de unas oleadas de especulación de dimensiones históricas cuidadosamente alimentadas y racionalizadas por los diseñadores ─y reguladores─ de las políticas públicas: primero, la burbuja del mercado de valores de finales de los noventa, y después, las burbujas de los mercados inmobiliario y crediticio de los primeros años 2000.

Usted fue profético al prever la actual crisis, así como la recesión de 2001. ¿Cuál es su perspectiva respecto a la economía mundial? ¿Empeorará o se recuperará antes del final de 2009? ¿Espera que la actual crisis sea tan severa como la gran depresión?

La crisis actual es más seria que la peor de las recesiones previas del período de posguerra, la que se dio entre 1979 y 1982, y es concebible que rivalice con la Gran Depresión, a pesar de que no hay modo de saberlo realmente. Quienes se dedican a la realización de pronósticos económicos subestimaron su virulencia porque sobreestimaron la solidez de la economía real, sin comprender hasta qué punto dependía ésta de una acumulación de deuda fundada en las burbujas de los precios de los activos. En los EEUU, el crecimiento del PIB durante el reciente ciclo económico de 2001-07 ha sido, con mucho, el más bajo de la época de posguerra. No ha aumentado el empleo en el sector privado. El incremento de maquinaria y equipo ha sido cerca de un tercio más bajo que el de la posguerra. Los salarios reales se han mantenido prácticamente estancados. Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, no se han registrados aumentos en el ingreso medio familiar. El crecimiento económico ha ido a parar íntegramente al consumo personal y a la inversión en residencia, lo que ha sido posible por el crédito fácil y el aumento de los precios de la vivienda. El resultado económico ha sido esta endeblez, aun a pesar del enorme estímulo de la burbuja inmobiliaria y de los enormes déficits federales de la administración Bush. La vivienda por sí sola sumó casi un tercio del crecimiento del PIB y cerca de la mitad del aumento del empleo entre 2001 y 2005. Era, por tanto, esperable que cuando reventara la burbuja inmobiliaria, cayeran el consumo y la inversión en residencia y se hundiera la economía.

Muchos sostienen que la actual es una típica "crisis Minsky", no una crisis marxiana, aduciendo que la explosión de la burbuja financiera especulativa ha jugado un papel central en ella. ¿Cómo les respondería?

Es ocioso contraponer así los aspectos reales y financieros de la crisis. Como he resaltado, es una crisis marxiana: hunde sus raíces en una caída a largo plazo de la tasa de beneficio y en la incapacidad de recuperación de la misma, lo que está en el origen principal de la disminución de la acumulación de capital hasta ahora. En 2001, la tasa de beneficio de las empresas no financieras fue la menor del período de posguerra, con la excepción de 1980. Las empresas no han tenido, por tanto, otra opción que contener la inversión y el empleo, pero eso ha agravado el problema de la demanda agregada, nublándose así el clima económico. Esto es lo que explica el extremadamente bajo crecimiento observable en el ciclo económico que acaba de terminar. Sin embargo, para comprender el colapso actual hay que demostrar la conexión entre la endeblez de la economía real y el desplome financiero. El vínculo principal es la que se da entre la cada vez mayor dependencia del préstamo para que la economía siga funcionando y la predisposición pública, todavía mayor, a confiar en las subidas de los precios de los activos para lograr mantener vida la dinámica del préstamo. La condición básica de las burbujas en los mercados inmobiliario y crediticio era la perpetuación de un coste bajo del préstamo. La endeblez de la economía mundial, especialmente después de las crisis de 1997-98 y 2001, además de las enormes adquisiciones de dólares por parte de gobiernos asiáticos para mantener al mismo nivel sus divisas y el crecimiento del consumo estadounidense, provocó unos tipos de interés insólitamente bajos. Al mismo tiempo, la Reserva Federal mantuvo los tipos de interés a corto plazo más bajos que nunca desde los años cincuenta. Como prestaban tan barato, los bancos estaban dispuestos a conceder préstamos a especuladores cuyas inversiones provocaban un precio cada vez más alto de activos de todo tipo y un rendimiento en el préstamo (tipos de interés de los bonos) cada vez menor. Sintomáticamente, los precios de la vivienda se dispararon y el rendimiento en términos reales de los bonos del tesoro estadounidense se hundió. Pero como los rendimientos cayeron cada vez más, a las instituciones del mundo que dependían de los rendimientos del préstamo les resultó cada vez más difícil obtener beneficios suficientes. Los fondos de pensiones y las compañías de seguros fueron golpeados de forma particularmente dura, pero también se vieron afectados los fondos hedge de cobertura y los bancos de inversión. Esas instituciones se mostraron más que dispuestas a realizar enormes inversiones en unas obligaciones respaldadas por hipotecas subprime más que dudosas a causa de los insólitamente elevados rendimientos ofrecidos y con desprecio de unos riesgos no menos insólitamente elevados. Lo cierto es que no lograron sacar tajada suficiente. Su masiva adquisición de obligaciones hipotecariamente respaldadas es lo que facilitó a los institutos bancarios generadores de hipotecas seguir realizando préstamos a prestatarios cada vez menos calificados. La burbuja inmobiliaria alcanzó proporciones históricas y permitió que prosiguiera la expansión económica. Ni que decir tiene, eso no podía durar mucho. Cuando cayeron los precios de la vivienda, la economía real entró en recesión y el sector financiero se desplomó, porque el dinamismo de una y de otro se fundaba en la burbuja inmobiliaria. Lo vemos ahora es que la recesión está empeorando el desplome, porque contribuye a exacerbar la crisis inmobiliaria. Y que el desplome está intensificando la recesión, porque está dificultando el acceso al crédito. Precisamente es esa interacción entre una crisis de la economía real y una crisis del sector financiero que se alimentan mutuamente lo que hace que el despeñadero hacia la depresión se resista a todas las políticas intentadas por las autoridades y que el potencial de catástrofe resulte tan evidente.
 
Aun concediendo que el capitalismo de posguerra hubiera entrado en un período de larga caída en los años setenta, parece innegable que la ofensiva capitalista neoliberal ha impedido el empeoramiento de la caída de la producción desde los ochenta.
 
Si por neoliberalismo se entiende el giro hacia las finanzas y la desregulación, no veo cómo puede haber ayudado eso a la economía. Pero si por neoliberalismo se entiende el desmedido asalto de los empresarios y los gobiernos a los salarios obreros, a las condiciones laborales y al estado del bienestar, la cosa ofrece pocas dudas: se ha impedido que la caída de la tasa de beneficio haya sido todavía peor. Con todo, la ofensiva de la patronal no esperó hasta la denominada era neoliberal de los ochenta. Comenzó con el despertar de la caída de la rentabilidad, iniciada a principios de los setenta, de la mano del keynesianismo. No condujo, empero, a la recuperación de la tasa de beneficio, y no hizo sino exacerbar el problema de la demanda agregada. El debilitamiento de la demanda agregada terminó por obligar a las autoridades económicas a adoptar formas de estímulo económico más potentes y temerarias: el "keynesianismo de precios de activos" que condujo al actual desastre.

Hay quien ha defendido que un nuevo paradigma de "financiarización" o "capitalismo financiero" ha provocado un llamado "resurgimiento del capital" (Gerard Dumeneil) desde los ochenta hasta el presente. ¿Qué piensa de las tesis de la "financiarización" o "capitalismo financiero"?

La idea del capitalismo financiero es una contradicción en los términos, porque, genéricamente hablando ─hay excepciones significativas, como el préstamo al consumidor─, el beneficio financiero sostenido depende de la obtención de beneficios sostenidos en la economía real. Para responder a la caída de la tasa de beneficio, algunos gobiernos, encabezados por el de los EEUU, incentivaron el giro hacia las finanzas mediante la desregulación del sector financiero. Pero, como la economía real seguía languideciendo, el principal resultado de la desregulación fue la intensificación de la competencia en el sector financiero, lo que hizo más difícil la obtención de beneficios e incentivó una especulación aún mayor y la adopción de riesgos. Destacados ejecutivos de bancos de inversión y fondos hedge estaban en condiciones de obtener fabulosas fortunas, ya que sus remuneraciones dependían de los beneficios a corto plazo. Podían asegurarse temporalmente altos rendimientos mediante la expansión de sus préstamos basados en activos e incrementando el riesgo. Pero esa forma de hacer negocio, tardara más o menos en verse, era a expensas de la salud financiera a largo plazo de las propias empresas, y en el caso más espectacular, condujo a la caída de los bancos de inversión más importantes de Wall Street. Todas y cada una de las sedicentes expansiones financieras habidas desde los años setenta han terminado rápidamente en una desastrosa crisis financiera y han precisado de enormes rescates públicos. Lo que vale para el boom crediticio del tercer mundo en los años 70 y principios de los 80, no menos que para el auge del ahorro y el crédito, la manía de compra apalancada de empresas  y la burbuja de los bienes raíces comerciales de los 80, o para la burbuja del mercado de valores de la segunda mitad de los 90 y, huelga decirlo, para las burbujas inmobiliaria y crediticia de los primeros años 2000. El sector financiero parecía dinámico sólo porque los gobiernos estaban dispuestos a hacer lo que hiciera falta para apoyarlo.

El keynesianismo o estatismo parece presto a volver como el nuevo Zeitgeist [espíritu de la época]. ¿Cuál es su valoración general del keynesianismo o estatismo renaciente? ¿Puede contribuir a resolver o, cuando menos, aliviar la actual crisis?

Los gobiernos actualmente no tienen otra opción que la de volver al keynesianismo y al estado para intentar salvar la economía. Después de todo, el libre mercado se ha demostrado totalmente incapaz de impedir o hacer frente a la catástrofe económica, por no hablar de asegurar la estabilidad y el crecimiento económicos. De aquí que las elites del mundo político, que todavía ayer celebraban la desregulación de los mercados financieros, se hayan vuelto de un día para otro y sin excepción keynesianas. Pero hay razones para dudar de que el keynesianismo –en el sentido de enormes déficits públicos y crédito fácil para hinchar la demanda— pueda llegar a tener el impacto que muchos esperan. Lo cierto es que durante los últimos siete años, y merced a la burbuja inmobiliaria cebada por el préstamo y el gasto de la Reserva Federal y por los déficits presupuestarios de la administración Bush, hemos asistido a lo que probablemente sea el mayor estímulo económico keynesiano de la historia en tiempos de paz. Y sin embargo, no ha alcanzado sino para lograr el ciclo económico más endeble de la época de posguerra. Ahora el desafío es mucho mayor, todavía. A medida que colapsa la burbuja inmobiliaria y que la obtención de crédito se hace más y más más difícil, los hogares reducen el consumo y la inversión en residencia. Por consecuencia, caen los beneficios empresariales. Lo que trae consigo recortes salariales y un ritmo acelerado de despido de trabajadores, lo cual, a su vez, genera una espiral descendente de demanda y rentabilidad a la baja. Las familias han contado durante largo tiempo con el aumento de los precios de la vivienda para estar en condiciones de que les presten más y han ahorrado para ello. Pero ahora, forzadas por a acumulación de deudas,  tienen que reducir el préstamo y aumentar el ahorro; y eso, en el preciso instante en que la economía más necesita que consuman. Lo presumible es que le grueso del dinero que el estado ponga en manos de las familias será destinado al ahorro, no al consumo. Si el keynesianismo a duras penas logró activar la vida económica en la fase de expansión, ¿qué puede esperarse que haga en medio de la peor recesión desde los años treinta? Para obtener un efecto significativo en la economía, la administración Obama tendrá probablemente que pensar en una enorme oleada de inversiones públicas directas o indirectas; en realidad, en una forma de capitalismo de estado. No obstante, acometer esa tarea en serio exige superar enormes obstáculos políticos y económicos. La cultura política estadounidense es tremendamente hostil a la empresa pública. Por otro lado, el nivel de gasto y endeudamiento que todo eso implicaría podría amenazar al dólar. Hasta ahora, los gobiernos del Este asiático han financiado alegremente los déficits externos y públicos estadounidenses, a fin de mantener, a un tiempo, el consumo estadounidense y sus propias exportaciones. Pero con una crisis que está llegando a afectar hasta a China, esos gobiernos podrían ver menguada su capacidad de financiación de los déficits estadounidenses, sobre todo porque estos últimos se han disparado a una magnitud sin precedentes. La perspectiva verdaderamente aterradora que asoma en el horizonte es el desplome del dólar.

¿Cuál es su valoración general de la victoria de Obama en las últimas elecciones a la presidencia? ¿Piensa que Obama es el "mal menor", comparado con la administración Bush? Muchos consideran a Obama el Franklin D. Roosevelt del siglo XXI. Obama promete un "nuevo New Deal". ¿Cree usted que los progresistas anticapitalistas pueden dar apoyo crítico a algunas medidas de este "nuevo New Deal"?

El triunfo de Obama en las elecciones debe ser bienvenido. Una victoria de McCain habría sido una victoria para el Partido Republicano y habría dado un enorme impulso a las fuerzas más reaccionarias de la escena política estadounidense. Se habría visto como un aprobado al hipermilitarismo  y al imperialismo de la administración Bush, así como a su programa explícito de eliminación de lo que queda de sindicalismo, estado de bienestar y protección ambiental. Dicho esto, Obama es, como Roosevelt, un demócrata de centro, de quien no puede esperarse que, por sí propio, haga gran cosa en defensa de los intereses de una inmensa mayoría que seguirá estando sometida a un desapoderado asalto empresarial empeñado en recuperar sus menguantes beneficios mediante la reducción del empleo, de las indemnizaciones, etc. Obama apoyó el titánico rescate del sector financiero, que acaso represente el mayor expolio al contribuyente estadounidense de la historia norteamericana, sobre todo porque se concedió sin contrapartidas para poner brida a los bancos. También apoyó el rescate de la industria automovilística, aun a sabiendas de que estaba a enormes reducciones de las indemnizaciones para los trabajadores. El balance es de Obama, como de Roosevelt, sólo puede esperarse que tome acciones resueltas en defensa del pueblo trabajador si se le empuja por la vía de la acción directa desde abajo. La administración Roosevelt sólo aprobó el grueso de la legislación progresista del New Deal, incluyendo la Ley Wagner y la Seguridad Social, arrastrado por la presión de una gigantesca y masiva oleada de huelgas. Algo parecido puede acaso esperarse de Obama.

Según Rosa Luxemburg y, más recientemente, David Harvey, el capitalismo supera su tendencia a la crisis mediante la expansión geográfica. Según Harvey, ello a menudo se incentiva mediante inversiones enormes en infraestructura para apoyar al capital privado, a menudo a la inversión extranjera directa. ¿Cree usted que el capitalismo puede encontrar una solución a la crisis actual, en la terminología de Harvey, mediante un "arreglo espacio-temporal-espacial"?

Ésta es una cuestión compleja. Para empezar, creo que es verdadera –y de importancia decisiva— la afirmación, según la cual la expansión geográfica ha sido un elemento esencial en todas las oleadas de acumulación de capital que registra la historia Puede decirse que el crecimiento del volumen de la fuerza de trabajo y el crecimiento del espacio geográfico son condiciones sine qua non, esenciales, del crecimiento capitalista. El auge de la posguerra es un buen ejemplo, porque se dieron espectaculares expansiones del capital en el sur y el suroeste de los EEUU y en una Europa occidental y un Japón devastados por la guerra. Las inversiones de los EEUU jugaron un papel decisivo, no sólo en los propios EEUU, sino también en la Europa occidental de la época. Sin duda, la expansión de la fuerza de trabajo y del área geográfica capitalista era indispensable para las altas tasas de beneficio que hicieron tan dinámico el boom de posguerra. Desde un punto de vista marxista, éste fue un ciclo clásico de acumulación de capital, e implicó, necesariamente, tanto la integración de enormes masas de trabajadores fuera del sistema, especialmente del agro precapitalista en Alemania y en Japón, como la incorporación o reincorporación de espacios geográficos adicionales a una escala enorme. Sin embargo, yo creo que, vista en perspectiva, la pauta mostrada por el largo declive al que hemos venido asistiendo desde finales de los sesenta y principios de los setenta, ha sido diferente. Es cierto que el capital ha respondido a la rentabilidad menguante mediante la expansión exterior, intentando combinar técnicas avanzadas con mano de obra barata. Se calla por sabido que el Este asiático constituye el caso principal: representa indudablemente un momento de alcance histórico-universal, una transformación esencial, del capitalismo. Pero a pesar de que la expansión al Este asiático puede interpretarse como respuesta a una rentabilidad menguante, no ha sido, en mi opinión, una solución satisfactoria. Porque, a fin de cuentas, la nueva producción industrial que tan espectacularmente ha surgido en el Este asiático, a despecho de que produzca más barato, se solapa demasiado con lo que se produce en el resto del mundo. El problema es que, a escala sistémica, eso exacerba más que resuelve el problema de sobrecapacidad. En otras palabras: la globalización ha sido una respuesta a la rentabilidad menguante; pero como las nuevas industrias, lejos de ser esencialmente complementarias en la división mundial del trabajo, son redundantes, el resultado ha sido la persistencia de los problemas de rentabilidad. El balance, creo yo, es que para resolver realmente el problema de rentabilidad que ha asolado durante tanto tiempo al sistema ─lenta acumulación de capital y generación de niveles de préstamo cada vez mayores para mantener la estabilidad─, el sistema necesitaba una crisis que había sido durante tan largo tiempo aplazada. Y como el problema es la sobrecapacidad, enormemente agravada por la acumulación de deuda, lo que aún se necesita, según la visión clásica, es una depuración sistémica, esto es, la purga de las empresas de costes altos y beneficios bajos, con el consiguiente abaratamiento de los medios de producción y la reducción del precio de la mano de obra. Ésta de la crisis es la vía histórica por la que el capitalismo ha logrado restaurar la tasa de beneficio y sentar las bases necesarias para una acumulación de capital más dinámica. Durante el periodo de posguerra se logró evitar las crisis; el coste de evitarlas fue la incapacidad para reactivar la rentabilidad, lo que llevó a empeorar la situación de estancamiento. La crisis actual es la depuración que nunca sucedió.

Entonces, ¿cree usted que sólo la crisis puede resolver la crisis? Ésta es una respuesta marxiana clásica.

Creo que es lo más probable. La analogía sería como sigue. De entrada, a principios de los años treinta, el New Deal y el keynesianismo resultaron ineficaces. En realidad, a pesar de la amplitud temporal de toda una década, no lograron sentar las bases de un nuevo boom, como se vio con la caída en la profunda recesión de 1937-38. Pero, finalmente, como resultado de la larga crisis de los treinta, se llegó a la purga de los costes altos y de los medios de producción con beneficios bajos, lo que terminó por sentar las bases para unas tasas de beneficio altas. De manera que, a fines de los años treinta, podía decirse que la tasa potencial de beneficio era alta y que todo lo que se necesitaba era un estímulo de la demanda. Esa demanda, huelga decirlo, vino a proporcionarlas el enorme gasto armamentístico de la Segunda Guerra Mundial. Así pues, durante la guerra se obtuvieron tasas de beneficio altas, y esas tasas altas sentaron las bases necesarias para el ulterior boom postbélico. Pero yo creo que, aun si se hubieran ensayado, los déficits keynesianos no habrían podido funcionar en 1933, porque antes era necesario, por decirlo en términos marxianos, una crisis que saneara el sistema.

¿Cree que la actual crisis supondrá un desafío a la hegemonía de los EEUU? Teóricos del sistema-mundo como Immanuel Wallerstein, también entrevistados por Hankyoreh, sostienen que la hegemonía del imperialismo americano está en declive.

Ésta es una cuestión muy compleja. Tal vez ande yo muy errado, pero pienso que muchos de los que creen que ha habido un declive de la hegemonía estadounidense tienden a ver esa hegemonía en términos de poder geopolítico, y al final, como capacidad militar norteamericana. Desde este punto de vista, es principalmente el predominio estadounidense lo que produce el liderazgo americano, es el poder estadounidense sobre y contra otros países lo que mantiene a los EEUU en la cumbre. Yo no veo así la hegemonía estadounidense. Yo veo a las elites del mundo, especialmente a las del núcleo capitalista en el sentido lato de la palabra, muy satisfechas con esa hegemonía norteamericana, porque eso significa que son los EEUU quienes asumen el papel y el coste de policías del mundo. Eso vale también, en mi opinión, incluso para las elites de los países más pobres. ¿Cuál es el objetivo de los policías del mundo norteamericanos? No es atacar a otros países. Es, sobre todo, mantener el orden social a escala mundial, crear condiciones estables para la acumulación de capital global. Su principal propósito es erradicar cualquier desafío popular al capitalismo, proteger las relaciones de clase existentes. Durante la mayor parte del periodo de posguerra, hubo desafíos nacionalistas-estatistas, especialmente desde abajo, al libre albedrío del capital. Fueron, desde luego, sometidos por los EEUU con la fuerza más brutal, con las expresiones más descarnadas de la dominación estadounidense. Aunque dentro del núcleo lo que había hegemonía norteamericana, fuera de ese núcleo había dominación. Pero, con la caída de la Unión Soviética, la entrada de China y Vietnam en la vía capitalista y la derrota de los movimientos de liberación nacional en lugares como Sudáfrica y Centroamérica, la resistencia al capital en el mundo en vías de desarrollo fue, al menos temporalmente, debilitada. Así, actualmente, los gobiernos y elites no sólo de Europa occidental y oriental, Japón y Corea, sino también de Brasil, la India y China ─la mayoría de países que pueda usted nombrar─ prefieren el mantenimiento de la hegemonía estadounidense. La hegemonía norteamericana no caerá por el surgimiento de algún otro poder capaz de competir con ella por el dominio del mundo. China, más que nadie, prefiere la hegemonía americana. Los EEUU no planean atacar a China y, hasta la fecha, han mantenido su mercado completamente abierto a las exportaciones chinas. Con los EEUU en el papel de policías del mundo y asegurando un comercio y unos movimientos de capital cada vez más libres, China puede competir en términos de costes de producción en un campo en igualdad de condiciones, y eso es increíblemente beneficioso para China; mejor, imposible. ¿Puede seguir la hegemonía estadounidense con la actual crisis? Ésta es una pregunta harto más ardua. Pero creo que, en el primer caso, la respuesta es sí. Las elites del mundo quieren por encima de todo mantener el actual orden globalizado y los EEUU son la clave para ello. Nadie, entre las elites del mundo, intenta explotar la crisis y los enormes problemas económicos de los EEUU para desafiar a la hegemonía norteamericana. China sigue diciendo "no vamos a seguir pagando para que los EEUU sigan derrochando", en alusión a los actuales récords en déficits por cuenta corriente sufragados por China durante la pasada década y a los titánicos déficits presupuestarios que están generando actualmente los EEUU. Pero ¿cree usted que China cortará ahora con los EEUU? En absoluto. China todavía está vertiendo todo el dinero que puede en los EEUU para intentar que mantegan a flote su economía y poder ella mantener así su vía de desarrollo. Claro está que siempre es posible todo lo que se desea. La profundidad de la crisis china puede llegar a ser de tal calado, que ya no le permita financiar por más tiempo los déficits de los EEUU. O la política de la Reserva Federal de embarcarse en unos déficits cada vez mayores e ir imprimiendo moneda podría terminar llevando al hundimiento del dólar y provocando una verdadera catástrofe. Sea ello como fuere, los dados están echados. Si tales cosas llegaran a suceder, habría construir un nuevo orden. Pero en condiciones de crisis profunda sería extremadamente difícil, porque en circunstancias así, los EEUU, lo mismo que otros estados, podrían fácilmente deslizarse por la pendiente del proteccionismo, el nacionalismo o incluso de la guerra. Creo que en este momento las elites del mundo están todavía tratando de evitar esa deriva: no están preparadas para eso. Lo que quieren es mantener los mercados, el comercio, abiertos. Y ello porque han comprendido que la última vez que el estado recurrió al proteccionismo para resolver el problema fue durante la Gran Depresión, lo que no sirvió más que para empeorarla, porque  cuando algunos estados iniciaron políticas proteccionistas todo el mundo hizo lo propio y el mercado mundial se cerró. Luego, por supuesto, vino el militarismo y la guerra. En la actualidad, el cierre de los mercados mundiales sería evidentemente desastroso; por eso elites y gobiernos se afanan de consuno en impedir salidas proteccionistas, estatistas o militaristas. Pero la política no es sólo la expresión de lo que las elites quieren, y además, las elites son tornadizas, y lo que quieren puede cambiar de un día para otro. Por lo demás, las elites suelen estar divididas, y la política tiene autonomía. De manera que, por poner un ejemplo, difícilmente puede descartarse que, si la crisis se pone muy fea ─lo que llegados a este punto no sería una gran sorpresa─, asistamos al regreso de políticas derechistas de carácter proteccionista, militarista, xenófobo o nacionalista. Este tipo de políticas podría tener no sólo un amplio atractivo popular. Sectores crecientes del mundo empresarial podrían llegar a verla como la única salida, puesto que si ven a sus mercados hundirse y al sistema en depresión, pueden considerar necesaria la protección contra la competencia y subvenciones públicas a la demanda mediante el gasto militar. Ésta fue, huelga decirlo, la respuesta que prevaleció en gran parte de Europa y Japón durante la crisis del periodo de entreguerras. Tenemos ahora a una derecha apabullada por los fracasos de la administración Bush y por la crisis. Pero si la administración Obama no es capaz de impedir el hundimiento económico, podría volver fácilmente… sobre todo porque los demócratas no ofrecen la menor alternativa ideológica real.

Ha hablado de una crisis potencial en China. ¿Qué piensa del estado actual de la economía china?

Creo que la crisis china irá a peor, mucho peor de lo que la gente espera. Por dos razones esenciales. La primera es que la crisis norteamericana, y la crisis global más en general, es mucho más grave de lo que la gente esperaba, y en última instancia, la suerte de la economía china depende inextricablemente de la suerte de la economía estadounidense y de la de la economía global. No sólo porque China depende en gran medida de sus exportaciones al mercado estadounidense; también porque la mayor parte del resto del mundo depende a su vez  mucho de los EEUU, y eso incluye especialmente a Europa. Si no voy errado, Europa se ha convertido recientemente en el mayor mercado de las exportaciones chinas. Pero como la crisis originada en los EEUU ha llegado a Europa, el mercado europeo se contraerá también para los bienes chinos. De modo, pues, que la situación es para China mucho peor de lo que la gente esperaba, porque la crisis económica es mucho peor de lo que se esperaba. La segunda razón es ésta: el entusiasmo con el crecimiento realmente espectacular de la economía China ha llevado a mucha gente a ignorar el papel desempeñado por las burbujas en curso seguido por la economía china. China ha crecido básicamente con las exportaciones, y señaladamente, merced a un creciente excedente comercial con los EEUU. A causa de ese excedente, el gobierno chino ha tenido que tomar medidas políticas para mantener baja su moneda y competitiva su industria. Concretamente, ha comprado a gran escala activos denominados en dólares estadounidenses imprimiendo enormes cantidades de renminbi, la moneda china. Pero el resultado ha sido la inyección de enormes cantidades de dinero en la economía china, haciendo cada vez más fácil el crédito durante un largo periodo. Por un lado, las empresas y gobiernos locales han utilizado este crédito fácil para financiar inversiones en masa. Pero esto ha hecho cada vez mayor la sobrecapacidad. Por otro lado, han usado el crédito fácil para comprar tierras, casas, acciones y otros tipos de activos financieros. Pero eso ha contribuido a generar grandes burbujas de precios de activos, las cuales, lo mismo que en los EEUU, han contribuido a su vez a disparar préstamos y gastos. Cuando estallen las burbujas chinas, el calado de la sobrecapacidad se hará más evidente. El estallido de las burbujas chinas representará, también en gran parte del resto del mundo, un duro golpe para la demanda de consumo e inducirá una dañina crisis dañina. En suma: la crisis china puede llegar a ser una  cosa muy seria, y podría hacer que la crisis global tomara un rumbo todavía más grave.

Así, usted cree que la lógica capitalista de superproducción se da también en China.

Sí, como en Corea y en gran parte del Asia oriental a finales de los noventa. No es tan distinto. Lo único que no ha ocurrido todavía es el tipo de revaluación de la moneda que mató, que liquidó realmente a la expansión industrial coreana. El gobierno chino está haciendo todo por evitarlo.
 

Por lo tanto, no está usted de acuerdo con la definición de la sociedad china como "economía de mercado no capitalista".

No, en absoluto.

¿Cree usted, pues, que China es actualmente capitalista?

Creo que es totalmente capitalista. Acaso pudiera haberse dicho que China tenía un mercado no capitalista durante los ochenta, cuando experimentaba un impresionante crecimiento merced a las empresas urbanas y aldeanas. Eran de propiedad pública, de los gobiernos locales, pero operaban en el mercado. Esa forma económica puede decirse que iniciaba la transición al capitalismo. Así, tal vez hasta principios de los noventa, se mantuvo un tipo de sociedad de mercado no capitalista, especialmente porque había un gran sector industrial de propiedad y dirección del estado central. Pero a partir de entonces lo que ha habido es una transición al capitalismo que, a día de hoy, puede darse por completamente colmada.
 

¿Qué piensa de la dureza de la crisis económica coreana que se avecina? ¿Cree que podría ser más grave que la crisis del FMI de 1997-98? Para hacer frente a la crisis venidera, el gobierno de Lee Myung-bak está resucitando ahora la inversión para construir enormes infraestructuras sociales al estilo de Park Cheng-Hee, especialmente el "Gran Canal" de la península coreana, al tiempo que copia las políticas de crecimiento verde de Obama. Sin embargo, el gobierno de Lee Myung-bak intenta todavía mantener las políticas de desregulación neoliberal del período que siguió a la crisis de 1997, especialmente mediante el Acuerdo de Libre Comercio entre los EEUU y Corea. Podría llamársele propuesta híbrida, ya que combina lo que parece un anacrónico retorno al método de desarrollo dirigido por el estado al estilo de Park Cheng-Hee con el neoliberalismo contemporáneo. ¿Servirá para combatir o paliar la crisis que se avecina?

Lo dudo mucho. No necesariamente porque represente una vuelta al capitalismo organizado por el estado, al estilo de Park, ni porque abrace el neoliberalismo. Es porque, cualquiera que sea su forma interna, sigue dependiendo de la globalización en un momento en que la crisis global está produciendo una extraordinaria contracción del mercado mundial. Hablando de China daba yo hace un rato por probable que se encuentre con un grave problema. Pero China tiene salarios bajos y un mercado interno potencial enorme, de manera que con el tiempo es concebible que pueda tener una posición mejor que Corea para afrontar la crisis, aunque tampoco estoy totalmente seguro de eso. Descuento, en cambio, como seguro que Corea se verá duramente golpeada por la  crisis. Ya le ocurrió en 1997-98, pero le salvaron la burbuja del mercado de valores estadounidense y el consiguiente crecimiento del préstamo, el gasto y las importaciones norteamericanos. Pero cuando reventó la burbuja del mercado de valores estadounidense en 2000-02, Corea cayó en lo que se antojaba como una crisis aún más grave que la de 1997-98. Hete aquí, sin embargo, la burbuja inmobiliaria estadounidense vino recientemente al rescate de Corea. Pero ahora ha reventado esa burbuja, la segunda burbuja estadounidense, y no hay una tercera para sacar a Corea de la crisis. No es necesariamente porque Corea lo esté haciendo mal. Es que no creo que haya en parte alguna del mundo una vía de salida fácil para nadie que se haya convertido en parte de un sistema capitalista verdaderamente global e interdependiente.
 
Así, está diciendo que el entorno externo está mucho peor que nunca antes.
 
Ésa es la idea principal.

¿Cuáles son, pues, las tareas más urgentes de los progresistas en Corea? Los coreanos progresistas son muy críticos con Lee Myung-bak. Suelen apoyar el estado del bienestar y la redistribución de la renta como alternativa al proyecto de Lee de invertir en la construcción del Canal, con grandes costes sociales. Ésta es la cuestión más caliente en la sociedad coreana de hoy. Los progresistas coreanos señalan que, a pesar de que Lee Myung-bak hable de crecimiento verde, su proyecto de construcción destruiría ecosistemas enteros. ¿Está de acuerdo con ellos?

Evidentemente, hay que oponerse a esos proyectos, ecológicamente desastrosos.

¿Cree que, en plena crisis económica, la construcción de un estado del bienestar como el de Suecia sería una estrategia razonable para los progresistas coreanos?

Creo que lo más importante para los progresistas coreanos es el refuerzo de las organizaciones del movimiento obrero. Sólo reconstruyendo el movimiento obrero coreano puede la izquierda construir el poder que necesita para obtener cualquiera de sus reivindicaciones. La única manera de que el pueblo trabajador pueda realmente desarrollar su poder es mediante la construcción de nuevas organizaciones en el transcurso de la lucha, y solo mediante la lucha puede lograr el advenimiento de políticas progresistas o la definición de lo que debería ser una política progresista en este momento. Creo que la mejor manera de forjar una respuesta política de izquierda actualmente es contribuir a que la gente más afectada se organice y logre poder para definir colectivamente sus intereses. De modo que, más que intentar resolver ahora, de modo tecnocrático, desde arriba, la cuestión de cuál sea la mejor respuesta, la clave para la izquierda es catalizar la reconstitución del poder del pueblo trabajador. Obviamente, el movimiento obrero coreano se ha visto debilitado desde la crisis de 1997-98. Como mínimo, la prioridad para los progresistas debería se plantearse qué hacer para mejorar el contexto de la organización de la fuerza de trabajo, qué hacer, precisamente ahora, para reforzar los sindicatos. Sin una reactivación del poder de la clase obrera, la izquierda no tardará en descubrir que la mayor parte de cuestiones de políticas públicas se convierten en materia de pura especulación académica. Quiero decir que si la izquierda tiene que influir en las políticas públicas, ha de haber un cambio, un gran cambio, en la correlación de fuerzas de clase.

¿Espera usted que los recientes fracasos del neoliberalismo abran puertas a los progresistas de todo el mundo?

El fracaso del neoliberalismo ofrece, desde luego, importantes oportunidades que no teníamos antes. El neoliberalismo nunca resultó atractivo para buena parte de la población. El pueblo trabajador jamás se ha identificado con mercados libres, finanzas libres y todo eso. Pero creo que la mayor parte de la población se había convencido de que era la única opción, de que no había alternativa. Pero ahora la crisis ha revelado la bancarrota total del modelo neoliberal de organización económica, y puede vislumbrarse el cambio. Se ha manifestado eso con vigor en  la oposición del pueblo trabajador americano a los rescates de los bancos y del sector financiero. Dicen, sobre poco más o menos:  "nos han contado que salvar las instituciones financieras, los mercados financieros, es la clave para restablecer la economía, la prosperidad. Pero no nos lo creemos. No queremos que ni un centavo más de nuestro dinero vaya a aquellos que no hacen más que robarnos". De modo que hay un gran vacío ideológico y se ha abierto un importante flanco para la penetración de ideas de izquierda. El problema es que hay muy poca organización del pueblo trabajador; está solo, carece de expresión política. Así que puede decirse que hay grandes oportunidades creadas por el contexto político o por el clima ideológico, pero que eso, por sí mismo, no proporcionará soluciones progresistas. De modo que, nuevamente, la máxima prioridad para los progresistas ─para cualquier activista de izquierda─, allí donde deberían ser más activos, es en el intento de reavivar las organizaciones del pueblo trabajador. Sin resucitar el poder de la clase obrera, poco progreso podrá hacerse, y el único modo de revivir ese poder es la movilización para la acción directa. Sólo mediante la acción, colectiva y masiva, del pueblo trabajador se podrá crear la organización y acumular la energía necesaria para proporcionar la base social para una transformación, por así decirlo, de su propia conciencia, para la radicalización política.
 
Robert Brenner, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, es director del Center for Social Theory and Comparative History en la Universidad de California-Los Ángeles. Es autor de The Boom and the Bubble (Verso, Londres, 2002), un libro imprescindible para entender la historia económica del último medio siglo, el origen de la llamada "globalización"  y la situación presente. (Hay una excelente versión castellana de Juan Mari Madariaga: La expansión económica y la burbuja bursátil, Akal, Madrid, 2003).

Seongjin Jeong
Hankyoreh
Traducción para www.sinpermiso.info: Daniel Escribano
 
http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2385
Publicado enInternacional
Miércoles, 18 Febrero 2009 17:39

¿El fin del financiamiento global?

Durante la peregrinación anual del mes pasado a Davos, los políticos caminaron unidos por un consenso: el mayor peligro que enfrenta la economía mundial es el proteccionismo. Muchos de los sermones de la montaña se enfocaron en el riesgo del mercantilismo financiero, un reflujo de capitales desde mercados extranjeros a los mercados domésticos. Gordon Brown, primer ministro británico, lanzó una prédica contra “un retorno al crédito doméstico y mercados domésticos financieros”. Pero en el mundo real las barreras al libre flujo de capitales prosperan con rapidez. ¿Será que los políticos son hipócritas, o están equivocados o temerosos? Un poco de las tres cosas.

No hay duda de que existe una disminución del crédito transfronterizo. En Gran Bretaña, la información del Banco de Inglaterra muestra que en el cuarto trimestre de 2008 los bancos locales redujeron de manera drástica sus créditos a clientes extranjeros. Los acreditados británicos padecen la retirada de prestamistas extranjeros: islandeses, irlandeses y otros, quienes representaron una parte importante del crédito durante el pico de la burbuja. El gobierno australiano creó un fondo de 2 mil 600 millones de dólares (mdd) para ayudar a los inversionistas en propiedades comerciales que no pueden renovar su deuda extranjera. En muchos mercados, los deudores corporativos están a punto de poner a prueba a sus acreedores bancarios extranjeros, ya que se disponen a refinanciar sus créditos sindicados.

Las cosas son peores en los mercados emergentes. Las proyecciones del Instituto de Finanzas Internacionales (IFI) muestran que este año los flujos netos de capital privado se reducirán a 165 mil mdd por debajo de su pico de 929 mil mdd en 2007. La mayor parte de este retroceso sucederá en los mercados de capitales, pero en la banca es aún más veloz. Este año el IFI pronostica un flujo de salida neto de fondos bancarios desde países en vías de desarrollo, conforme los deudores amortizan financiamientos superiores a los que obtienen (ver gráfica 1).


Europa central y occidental están bajo mayor tensión, pues en años recientes se indigestaron con el crédito internacional. En relación con el PIB, los activos de bancos extranjeros en la región exceden con mucho a los de los mercados asiáticos emergentes durante la crisis que devastó Asia a finales de los años 1990 (gráfica 2). En países como Rusia y Ucrania, los bancos locales que dependían de los empréstitos extranjeros para financiar su expansión fueron los primeros en padecer cuando el crédito se secó.

Los bancos con matrices en el extranjero también pasan estrecheces. “La idea de que las propiedades en el extranjero ayudarían a contener las pérdidas funcionó hasta el cuarto trimestre de 2008”, dice Simon Nellis, de Citigroup. Al menos un banco foráneo en la región ha sido exhortado a formalizar su compromiso de proporcionar liquidez en caso de que su unidad local tenga problemas. El mes pasado, bancos occidentales y organismos multilaterales como el Banco Europeo de Reconstrucción y el Desarrollo (BERD) lanzaron iniciativas independientes para garantizar dinero adicional a Europa.

La incógnita es cuánto de esta retractación del financiamiento de la banca extranjera se debe a presiones políticas para concentrar el crédito en clientes domésticos. “El funcionamiento natural del sistema tiene igual efecto que el nacionalismo financiero”, dice David Mayes, de la Universidad de Auckland.

Después de todo, los balances bancarios disminuyen en todas partes. Los bancos tienen buenos motivos para concentrarse en sus mercados nacionales. Uno es la escasez de capital. Entre las pocas formas en que los bancos todavía pueden recabar dinero sin perjudicar sus perspectivas a largo plazo está la venta en el extranjero de activos no fundamentales: el Banco Real de Escocia, UBS y el Bank of America han decidido vender participaciones accionarias a bancos chinos. (Las cosas son diferentes para bancos occidentales con franquicias bien desarrolladas en mercados emergentes. Sus directivos insisten en permanecer comprometidos con sus filiales, incluso si el crecimiento es menor conforme se hacen más selectivos).

El demonio conocido

Otra razón para quedarse en casa es el creciente riesgo crediticio, más fácil de manejar en mercados nacionales, donde los prestamistas pueden aventajar de su mejor entendimiento e información. Según Julian van Kan, de BNP Paribas, los acuerdos de Basilea 2 sobre capital bancario fomentan también la reducción al elevar los gastos de capital sobre los activos de los mercados emergentes. Ciertos créditos en Europa central y occidental han sido particularmente delicados. Según el Banco de Pagos Internacionales, el crédito en divisas extranjeras, la mayor parte para vivienda, a largo plazo y sin cobertura, representa entre 40% y 55% del total en países como Hungría y Rumania.

Así, los políticos ya no pueden detener el agotamiento del crédito transfronterizo. Hay pocas señales de que quieran hacerlo. Muchos emplean lo que un banquero llama “la presión moral” de reiterados exhortos para prestar más en casa. El mes pasado George Provopoulos, gobernador del banco central de Grecia, pidió a los bancos griegos que no enviaran fondos del rescate financiero al exterior. Los bancos que no han tomado dinero de los contribuyentes pueden oponerse a esto con mayor facilidad que otros; por ejemplo, a Barclays se le ha permitido integrar su adquisición de la parte estadunidense de Lehman Brothers. Pero, en este clima, los riesgos de la expansión al extranjero van a gravitar en todas las salas de consejo.

El apoyo estatal se condiciona cada vez más, de manera explícita, a colocar créditos en el país de origen. El gobierno de Obama ha señalado que exigirá que los bancos estadunidenses beneficiarios de su próximo paquete de rescate otorguen más préstamos. Los bancos franceses que aprovechan la ayuda de gobierno han prometido aumentar sus créditos en 3-4% anual. El banco holandés ING, que anunció otra ronda de ayuda gubernamental el 26 de enero, prometió a su vez 25 mil millones de euros (32 mil mdd) para empresas y consumidores holandeses. “Hay que esperar un elemento nacionalista cuando actores privados han sido sustituidos por estatales”, dice John Hele, director de finanzas de ING.

Un olor desagradable

Es un nacionalismo económico, pero engañoso. Los gobiernos occidentales no intentan excluir a la banca extranjera de sus mercados: de hecho, el crédito extranjero sería bienvenido. Pero el objetivo es conducir a la banca a apoyar negocios y empleos en el país, no en el extranjero. Y esto tiene un tufo evidente a proteccionismo.
Las autoridades de competencia no están seguras sobre qué deben hacer. La razón por la cual los esquemas de nueva capitalización bancaria de Europa han sido aprobados por la Comisión Europea es que los bancos tienen un importante papel en la economía: el aumento del financiamiento justifica la intervención. Usar dinero de los contribuyentes para aumentar el crédito al extranjero no sería visto con buenos ojos. Por ejemplo, algunos rivales ya se quejan de que ING obtiene depósitos en sus mercados al amparo del Estado.

Tanto el mercado como los políticos podrían estar atrás del fenómeno del nacionalismo financiero a corto plazo. No sucede lo mismo con la amenaza para los flujos de capitales transfronterizos a largo plazo, es decir, los cambios que los reguladores hacen al panorama para los bancos trasnacionales, sobre todo en Europa.
Sí habrá cambios, gracias en gran parte al fracaso de los bancos de Islandia el año pasado. Su implosión, después de años de rápida expansión en el extranjero, dejó la desagradable lección de que los bancos pueden ser globales en vida, pero son nacionales a la hora de morir. Los depositantes de otros países, que eran titulares de los fondos islandeses de seguros de depósito, hallaron que el fondo de Reikiavik era demasiado pequeño para indemnizarlos cuando los bancos quebraron. Sus propios gobiernos tuvieron que intervenir. “Es difícil exagerar el daño que Islandia causó a la confianza en los reguladores”, dice Roberto Penn, de Allen & Overy, un despacho de abogados. “Concretó problemas que sólo habían existido en teoría.”

Una respuesta sería conjuntar a los reguladores de matrices extranjeras y sus filiales locales, incluso crear un supervisor único de bancos transfronterizos. Un análisis de los convenios europeos, encabezado por Jacques de Larosière, ex director administrativo del FMI, entregará sus recomendaciones iniciales a finales de este mes. El problema de regular enormes bancos globales está también en la agenda de los países del G-20. Sin embargo, muchos observadores dudan que surjan propuestas radicales, debido al tema de la soberanía. Hasta ahora, las evidencias sugieren que los reguladores se enfocan en consolidar su territorio, no en compartirlo con otros.
En Suiza, los reguladores han introducido un régimen de capital para UBS y Credit Suisse, los dos bancos más grandes del país, el cual restringe su apalancamiento total y mide su activo ponderado de riesgo. No hay nada malo en ello, pero el índice de apalancamiento excluye del cálculo del capital los préstamos domésticos que otorga la banca. Reducir el volumen de activos extranjeros que poseen los bancos suizos es razonable, pero privilegia de manera alarmante el crédito doméstico.

La Autoridad de Servicios Financieros (FSA), el regulador financiero británico, también ha emitido propuestas sobre el manejo de liquidez por los bancos (incluso sucursales de instituciones extranjeras) en su dominio. Las propuestas están diseñadas para fortalecer la autosuficiencia de los bancos si el desastre golpea a una matriz. La FSA dice que podría conceder excepciones a estas reglas, sólo si el supervisor principal de un banco toma medidas similares. Es probable que otros sigan este ejemplo.

Cierto, se necesitan nuevas reglas sobre liquidez –el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea trabaja sobre un esquema–, pero éstas amenazan con revertir dos tendencias importantes de la banca europea durante las dos décadas pasadas. La primera es el manejo centralizado de la liquidez, lo que permite que la banca transfronteriza movilice su dinero en territorios diferentes según la demanda. Las reglas de la FSA podrían prefigurar un mundo donde enormes fondos de liquidez y capital permanecerían atrapados dentro de sus fronteras como un seguro contra lo peor. Esto no sólo es ineficaz, sino que podría exacerbar los problemas si se retiene dinero en un lugar cuando se requiere con urgencia en otro.

La segunda tendencia es la cada vez mayor responsabilidad confiada por los supervisores de sucursales (reguladores “anfitriones”) a los supervisores de un banco matriz (reguladores “de origen”) para acreditar que una institución está correctamente capitalizada y opera debidamente. Al fortalecer el régimen de liquidez los supervisores anfitriones ejercen mayor control; sin embargo, esto mina los ideales del mercado único.

Los bancos que operan más allá de las fronteras se preparan ya para un futuro más difícil. Hele dice que ING estudia cada aspecto de sus operaciones para encarar un escenario fragmentado donde es más difícil movilizar dinero y cuesta más cumplir con la regulación. Una opción es usar los activos excedentes para aumentar la liquidez, documentando los préstamos en un país y trasladarlos a otro para garantizar ciertas responsabilidades.
La amenaza del mercantilismo financiero podría parecer exagerada. Los flujos internacionales de capital no están a punto de desaparecer: los mercados de bonos corporativos, por ejemplo, tuvieron un enero dinámico. Y los riesgos de globalización financiera podrían desestimarse con demasiada facilidad. Es evidente que existen razones para que los reguladores locales se preocupen si se han visto muy expuestos a la banca extranjera (como en Europa central y occidental). Pero el riesgo de que el reciente reflujo de activos bancarios genere un sistema bancario transfronterizo menos eficiente y menos flexible es real y crece cada día.

Fuente: EIU
Traducción de texto: Jorge Anaya
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