Miércoles, 02 Marzo 2016 07:08

G-20: ¿estancamiento o crisis?

G-20: ¿estancamiento o crisis?

La cumbre financiera del G-20 que concluyó el sábado pasado dejó un mal sabor de boca. El cónclave reunió a los ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales del G-20. Más allá del ceremonial, la junta puso a la vista dos cosas importantes: la falta de coordinación en materia de política macroeconómica y las dificultades por las que atraviesa la economía china.


El Fondo Monetario Internacional (FMI) recomendó al G-20 comenzar a preparar un programa coordinado de estímulo para el crecimiento. Pero el secretario del Tesoro estadunidense Jack Lew respondió que no había necesidad de instrumentar un programa anti-crisis como en 2009 cuando el G-20 puso en marcha un programa coordinado de estímulos para evitar una depresión mundial. Tenemos mucha incertidumbre, dijo Lew, pero no una crisis. Eso es casi lo mismo que decían las autoridades monetarias en Estados Unidos a finales de 2007.


El ministro alemán de finanzas Wolfgang Schaeuble fue más claro e insistió que seguir hablando de más estímulos es una forma de distraer la atención sobre lo que realmente se necesita hacer. Como siempre, el alemán insistió en que lo que realmente urge es poner las cuentas macroeconómicas en orden. Es decir, lo que se necesita es más austeridad.


Todos sabemos que lo que suceda con la economía china tendrá enormes repercusiones a nivel mundial. El premier chino Li Keqiang hizo todo lo posible por mostrar una imagen de un gobierno que tiene pleno control de la situación económica. Pero lo cierto es que la evolución de la economía en China es uno de los más grandes focos de inquietud e incertidumbre para inversionistas en todo el mundo. Las medidas del banco central de los últimos meses buscaron quitar algo de presión a la gigantesca burbuja de endeudamiento que padece la economía china. Pero al final eso sólo llevó a mayores niveles de endeudamiento y terminó por hacer más frágil a todo el sistema financiero y bancario. El discurso de Li Keqiang no pudo contrarrestar los efectos del derrumbe del mercado de valores en China o las malas noticias sobre su desempeño reciente.


La economía china ocupa el primer lugar en niveles de endeudamiento (razón deuda contra ingreso) del sector financiero para el período 2007-2014. Pero también ocupa el tercer lugar en el mundo en endeudamiento del sector corporativo y cuarto en materia de endeudamiento de las familias. Como señala Amir Sufi de la Universidad de Chicago, los problemas de la economía china van mucho más allá del sector financiero pues ese país ha seguido el mismo sendero de todas las economías capitalistas que buscan asegurar crecimiento rápido: endeudamiento masivo para la construcción y para la compra de bienes de consumo duradero. Y ese proceso siempre culmina invariablemente con episodios crónicos de burbujas inflacionarias que al estallar conducen al estancamiento, tal y como se observa en el gigante asiático hoy.


Muchos piensan que Pekín tiene suficientes reservas en el banco central para enfrentar esta crisis. Y es cierto que China mantuvo durante años un superávit en la cuenta corriente de su balanza de pagos, lo que en teoría debería permitirle bastante más flexibilidad. Sin embargo, esas reservas se están evaporando a un ritmo impresionante (alrededor de 100 mil millones de dólares cada mes) y claramente los tres billones de dólares que hoy tiene el banco central no van a durar eternamente. De hecho el mercado financiero ya ha tomado nota del ritmo al que se están usando las reservas del banco central y eso no ha dejado de tener un impacto en términos de volatilidad.


Hay que observar que la coyuntura en China tiene parecidos con la situación en Japón a finales de los años ochenta. Este último también mantuvo un superávit en la cuenta corriente durante años y contaba con grandes reservas a finales de los ochenta pero eso no impidió las burbujas en los precios de bienes inmuebles y el sobreendeudamiento que condujo a veinte años de estancamiento. Hoy algunos datos sobre el desempeño de la economía china lo dicen todo. Por ejemplo, el crecimiento del consumo de energía eléctrica pasó de 25 a 15 por ciento entre 2010 y 2012, pero en 2015 ese crecimiento fue cero. Otro indicador alarmante es que el volumen de carga que se movió en la economía china en 2015 tuvo una caída de 11 por ciento. Si se suma a todo esto la cantidad de capacidad instalada ociosa en casi todas las ramas de la industria china, la idea de que el aterrizaje no va ser suave comienza a adquirir más credibilidad. El impacto en la economía global será desastroso.


Quizás China pueda mantener tasas de crecimiento mediocres en los próximos años. Pero una cosa es segura, el capitalismo en China está mutando hacia un sistema social que no se parece al de una economía capaz de elevar el nivel de vida de la mayor parte de la población.


La respuesta del FMI no se hizo esperar: al finalizar la reunión redujo su estimación para 2016 sobre el crecimiento de la economía global de 2.7 a 2.5 por ciento. Pero parece que los mercados no comparten el optimismo del FMI.


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Miércoles, 10 Febrero 2016 07:11

Venezuela va de picada

Venezuela va de picada

El New York Times puso a un reportero, Nicholas Casey, a viajar durante 30 días por Venezuela, escribiendo sus impresiones de viaje en un blog. La inversión resultó ser de valor, porque la política de medios del chavismo y del madurismo ha sido tan negativa como su política económica. La prensa de la oposición – El Nacional, por ejemplo, o Tal Cual– se ha ido empobreciendo a tal grado que casi no tiene ya reportaje de investigación. Pero en lo que a la noticia dura se refiere no resulta menos escuálida la página de aporrea.org, que fue durante años espacio predilecto de comentario chavista. Hoy Aporrea está en rebelión más o menos franca frente al madurismo, y por eso abre algunos espacios a la denuncia, pero ni así se puede afirmar que ofrezca un periodismo de investigación. En Venezuela, sólo hay periodismo ciudadano –o sea Whatsapp, Youtube y redes sociales–, pero tener periodismo ciudadano sin periodismo institucional es estar sujeto siempre al rumor, sin posibilidad de crear un sentido firme de la realidad. Aquello es el reino del rumor y de la teoría de la conspiración.


No son muchos los medios que se han molestado en mandar reporteros a Venezuela, pese a la importancia del caso. Por eso esfuerzos como los de Nicholas Casey y el Times se agradecen, por simples y mundanos que sean.


Casey se paseó por buena parte de Venezuela. Estuvo en Caracas y en Mérida, en Barquisimeto y Morrocoy, en Puerto Cabello y en varias otras partes... Y lo que vio a cada paso fue un paisaje de deterioro. Puerto Cabello, que es el puerto más importante de país, recibía hace un par de años al menos 10 buques de carga fresca diaria, fundamentales para todo, porque Venezuela todo lo importa. Cuando pasó por ahí en días pasados Casey, no entraban sino unos cuatro buques. La escasez es también falta de capacidad de comprar importaciones.


El reportero estadunidense visitó campos abandonados, y hospitales con colas de gente esperando medicinas que raramente llegan. Visitó tiendas de abarrotes bastante desabastecidas, pero aun así cuidadas por policías armados. Conversó con choferes y policías, con trabajadores que vigilan ruinas de planes de desarrollo inconclusos.


Y dondequiera encontró lo mismo: una economía constreñida a un grado preocupante. Un empobrecimiento colectivo palpable. Casey entrevistó a una joven pareja que había ido a pasear con su bebé a una de las bellas playas de ese país; su salario agregado sumaba apenas 2.19 dólares diarios, y aquello se considera un ingreso sólidamente de clase media. Se entrevistó con el ambulantaje –con los llamados bachaqueros, que han sido inculpados por Maduro dizque por ser artífices de la llamada guerra económica y que venden productos como frijol, jabón o papel de baño en las calles a cincuenta veces el precio oficial. Gente gastando medio salario de un día a cambio de una bolsita de frijol.


Al llegar a Mérida, un soldado preguntó al reportero si estaba ahí para cubrir la noticia. Casey preguntó que cuál noticia, y el soldado le habló de una epidemia de secuestros que asuela aquel lugar. Caracas rebasó ya a Tegucigalpa, y es la ciudad más peligrosa del mundo.


La prensa económica espera un colapso en Venezuela este año. La economía se contrajo 10 por ciento en 2015, y se había contraído ya 4 por ciento en 2014. Se espera que la contracción sea también bien pronunciada este año. El año pasado, la inflación venezolana fue la más alta del mundo, y se piensa que el país pasará a una situación de hiperinflación ya en cualquier momento; el Times proyecta una inflación de 720 por ciento para este año. El Financial Times, por su parte, informa que el Bolívar ha perdido 92 por ciento de su valor en los últimos dos años, y la proporción entre la deuda externa (que se cuadriplicó bajo Chávez) y el producto nacional bruto se torna cada vez más inmanejable: la declaración de una moratoria está ya prevista. La semana pasada, El País publicó que Venezuela está importando gasolina de Estados Unidos...


Frente a todo esto, sería importante que México explorase una política exterior regional coordinada con otros países, que buscaran entre todos evitar el colapso total de Venezuela. Hace unos meses el mundo presenció la expulsión de miles de colombianos ordenada por Maduro, inculpados de ser responsables de la plaga de contrabando que es resultado inevitable de una serie de políticas insostenibles. Siempre es fácil culpar de todo al extranjero, y por eso miles de colombianos tuvieron que regresar a su país, cargados de todos sus enseres. Esas imágenes fueron perturbadoras, pero la cosa se pondrá todavía peor si la economía venezolana se colapsa y los que comienzan a vadear ríos y atravesar fronteras son los propios venezolanos, buscando refugio en Colombia o Brasil. Importa que México ejerza algún liderazgo para contribuir a evitar una situación así.


El segundo pendiente, menos urgente, pero aun así relevante, es la necesidad de una reflexión crítica del caso desde la izquierda internacional, que apoyó con tanto entusiasmo a Hugo Chávez, un caudillo al que se le atribuyeron propiedades taumatúrgicas y hasta divinas, pero cuya magia dependió al final de los altísimos precios de petróleo que lo beneficiaron, y de la quiebra moral del sistema de partidos políticos que precedió su ascenso al poder. No es correcto echar la culpa de todo a Maduro y dejar perfumado a Chávez, el hombre que se religió sabiendo que tenía un cáncer incurable para dejar en la presidencia a un hombre que, además de autoritario e incompetente, ha tenido la mala fortuna de tener que administrar al país monoexportador que dejó Chávez ante el desplome de los precios del petróleo. La corrosión institucional a la que fue sometida Venezuela todos estos años es un aspecto clave del colapso inminente que amenaza aquella república.

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Petróleo, mercados financieros y recesión global

Cuando estalló la crisis de 2008 muchos analistas ligados a gobiernos y autoridades monetarias pensaron que sus efectos podrían contenerse y los daños limitarse a segmentos del sistema financiero. En realidad la profundidad y alcance del proceso de endeudamiento y apalancamiento iban más allá de todo límite. Algunos eslabonamientos existentes entre segmentos del sistema financiero eran desconocidos y tomaron a todos por sorpresa. Los vasos comunicantes entre bancos, mercados de valores, fondos de cobertura y corredurías llevaban instrumentos financieros complejos que en muchas ocasiones los reguladores ni siquiera podían entender.


Hoy la crisis adquiere un nuevo semblante. Ya no se trata simplemente de conexiones entre segmentos del sistema financiero. Hoy existe una relación estrecha entre el derrumbe en los precios del petróleo y el colapso y volatilidad extrema en los principales mercados financieros. Los precios del crudo hoy actúan como una señal de alarma sobre el mal estado de la economía mundial. La crisis ha completado un ciclo y en lo que va de este año las pérdidas acumuladas en Wall Street ascienden a más de 1.6 millones de millones de dólares.


Una de las razones por las cuales el colapso en el precio del crudo afecta todo tipo de mercados financieros es relativamente sencilla. Muchos grandes inversionistas, desde fondos hasta grandes corporaciones, sufrieron en 2015 un castigo brutal en el componente de sus carteras de inversión relacionado con mercancías básicas o commodities. Hoy esos mismos inversionistas han comenzado a deshacerse de acciones y títulos financieros con el fin de reducir el perfil de riesgo de su cartera total. Y como se dice en la jerga financiera, eso ha afectado el sentimiento del mercado y ha intensificado la tendencia a vender en corto.


Los inversionistas más importantes en la economía mundial están observando con gran atención la evolución del precio del petróleo. El desplome no es considerado como portador de buenas noticias. Al contrario, es un muy mal presagio de que la economía mundial seguirá empantanada en un entorno recesivo por varios años.


El colapso en el precio del crudo se atribuye a la estrategia de mercado de Arabia Saudita para preservar su franja de mercado. Pero hay otros indicios de que podría estar más relacionado con el colapso en la demanda, sobre todo con la contracción en China. Todas las señales económicas que vienen del gigante asiático en estos días anuncian una fuerte y duradera contracción. El bajo precio del petróleo podría ser más un fenómeno deflacionario que una consecuencia de la pelea por franjas de mercado.


Por su parte, las señales desde Estados Unidos tampoco son buenas. El boom del fracking hidráulico se acompañó de un feroz sobrendeudamiento por parte de las nuevas compañías gaseras y petroleras. Muchas de estas compañías pudieron financiarse a través de títulos de muy mala calidad e incluso de bonos chatarra. Con la promesa de que estaban iniciando la revolución energética que Estados Unidos había esperado desde hacía años, pudieron vender esos títulos a inversionistas incautos con la promesa de que mantendrían rendimientos altos durante mucho tiempo. Hoy que el precio del crudo no permite cubrir el costo de producción promedio en la mayoría de los sitios con instalaciones para el fracking hidráulico el colapso en la industria se acelera. El número de instalaciones (rigs) de fracking en operación en Estados Unidos ha descendido de mil 864 en octubre de 2014 a unas 619 en enero de este año.


Se estima que la mitad de las empresas petroleras estadunidenses en el negocio del fracking va a tener que quebrar. Todo esto tendrá grandes repercusiones a nivel macroeconómico y ciertamente no favorecerá una recuperación. De hecho, en el debate sobre si la Reserva federal se apresuró a incrementar la tasa de interés el impacto del bajo precio del petróleo ya es considerado como una de las variables más importantes.


Existe una ramificación que conecta el precio del petróleo con la economía financieras que no ha sido bien analizado. El precio del crudo es el soporte del valor de muchos bonos y créditos corporativos. Su desplome anuncia una cascada de deudas que no podrán ser pagadas, lo que llevará a la quiebra a muchos fondos y bancos. La cartera vencida de compañías petroleras podría superar el volumen de los años 80, cuando la caída del precio del petróleo ayudó a precipitar la crisis mundial.


La industria energética lleva a cabo grandes inversiones y sus efectos multiplicadores en la economía son muy fuertes. Una parte significativa del crecimiento de la economía estadunidense después de la crisis de 2008 se debió a las inversiones del sector energético (y, en especial, del fracking). Pero cuando las empresas petroleras tienen que aplicar el freno de emergencia, el efecto de contracción, con todos sus multiplicadores, no tarda en manifestarse. La crisis global sigue evolucionando.


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El FMI prevé para 2016 una inflación récord del 720% en Venezuela

América Latina afronta la segunda contracción anual consecutiva, algo que no ocurría desde la crisis de la deuda en 1982 y 1983

 

El incremento de precios que los consumidores venezolanos sufrieron el año pasado va a quedarse pequeño comparado con el que proyecta el Fondo Monetario Internacional para 2016. El organismo anticipa que la inflación llegará al 720% este ejercicio, frente al 275% que se vivió en 2015. Los desequilibrios que sufre la economía de Venezuela son "considerables" y las distorsiones internas se ven potenciadas por el desplome en el precio del petróleo.


El FMI desarrolló este viernes las previsiones que presentó el pasado martes para América Latina. El contexto, indicó Alejandro Werner, es complejo porque la economía mundial sigue "luchando" por afianzarse y eso provocará, combinado con las tensiones en el mercado de la energía, las divisas y la incertidumbre sobre la economía china, que el conjunto de la región se contraiga un 0,3%.


Venezuela es la que va a sufrir el mayor ajuste, con una contracción que se proyecta del 8% para este 2016. "No vemos que vaya a haber una corrección en el camino", lamentó Werner. El dato de inflación que presentó contrasta con las cifras que está dando Caracas, que la semana pasado indicó que los precios subieron un 141,5% el pasado año. "Los precios siguen trepando fuera de control", advirtió.


La tasa del 275% de inflación está considerada un récord mundial por el FMI. La falta de divisas, explicó, Werner, está redundando en una escasez de bienes intermedios y provocando un desabastecimiento generalizado de bienes esenciales, incluidos los alimentos, que "acarrean consecuencias trágicas". A esto se le suma le suma la política de su banco central, que está desplomando el valor del bolívar.


El impacto del petróleo


El ciclo pernicioso en el que está atrapado Venezuela se está viendo agravado por el descenso de precios del petróleo. La contracción acumulada del producto interior bruto entre 2015 y 2016 va a ser la tercera mayor a escala mundial. Los analistas de Wall Street temen que el país no esté en condiciones de generar el efectivo suficiente para pagar sus deudas y financiar sus importaciones.


La fuerte recesión en Venezuela, junto a la Brasil, Argentina y Ecuador, está haciendo de lastre en toda la región. Hasta el punto de que va a encadenar dos años de contracción, una situación que no se veía desde la crisis de la deuda 1982 y 1983, que desencadenó lo que se bautizó como la "década perdida". Werner anticipa que el ajuste será "difícil, aunque menos traumático".

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Martes, 19 Enero 2016 06:37

"El modelo rentista se agotó"

"El modelo rentista se agotó"

El funcionario del gobierno de Maduro afirmó que la crisis tiene lugar por el agotamiento de una matriz económica basada en el petróleo y sostuvo que ahora se busca saltar a una economía productiva, garantizando los derechos sociales.

 

El vicepresidente de Venezuela, Aristóbulo Istúriz, aseguró ayer que el gobierno bolivariano trabaja en una salida de la crisis económica, que no sea neoliberal, y que explora algunas alternativas con el decreto de emergencia económica emitido la semana pasada. El funcionario afirmó que la crisis tiene lugar por el agotamiento de una matriz económica basada en el petróleo y sostuvo que ahora se busca saltar a una economía productiva, garantizando los derechos sociales. "Hablo de un modelo rentista que se agotó definitivamente y estamos en la obligación de construir un modelo productivo, que nos permita, al mismo tiempo que se genera riqueza, mantener y profundizar las conquistas sociales de nuestro pueblo. De eso se trata", señaló. En una reunión con empresarios y funcionarios de la región costera de Vargas, Istúriz explicó el decreto de emergencia económica, que será sometido a discusión en la Asamblea Nacional, cuya mayoría se encuentra en manos opositoras.


Istúriz dijo que el objetivo del Gobierno, ante la actual coyuntura económica, es impulsar un plan productivo, elevar la captación de divisas, regular el sistema de producción y distribución de productos esenciales, optimizar la recaudación de impuestos y agilizar los procesos de la banca. Indicó además que esos puntos están contenidos en el decreto de emergencia económica. "En este plan se desprenden diversas líneas, con las que podremos saltar de una economía rentista a una productiva garantizando los derechos sociales", insistió. El vicepresidente señaló también que por la caída de los precios petroleros, el país perdió el 60 por ciento de sus ingresos externos, luego de que el barril cayera en dos años de casi 100 dólares a 24.
"El decreto evita situaciones que hemos experimentado en otras épocas. Tenemos que buscar una salida que no sea la neoliberal, aquí vimos lo que ocurrió con el 'Caracazo'",dijo sobre los saqueos y disturbios callejeros de febrero de 1989, que estallaron cuando se aplicó un plan de ajuste económico acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Istúriz recordó que aquella vez el pueblo salió a la calle "porque se aplicaron medidas de corte neoliberal cuando no se ofrecieron otras alternativas".
Por otra parte, afirmó que el esquema que aplicó el entonces presidente Carlos Andrés Pérez, quien echó mano a la liberalización de precios y la privatización de empresa estatales, contrasta con la actitud del actual gobernante Nicolás Maduro, quien tiene como principio mantener los logros sociales del pueblo. "En otro momento de nuestra historia no se ha creado un decreto con esta intención. Este decreto de emergencia –dijo el vicepresidente– pretende encauzar al país hacia una economía robusta, independiente, inclusiva y soberana."
Maduro también se refirió a la coyuntura económica. "Hoy desplegamos todo el Equipo Económico de Gobierno por el país, a explicar el decreto de Emergencia y la Agenda Económica Bolivariana", escribió el mandatario en Twitter. "A concretar la convocatoria al Trabajo, al Esfuerzo Productivo para enfrentar la crisis y la guerra económica con toda la fuerza de la Patria", arengó. "Mañana (por hoy) activaré el Consejo Nacional de Economía Productiva con todos los sectores que quieran Trabajar y superar esta difícil situación. Creo en el Diálogo de Acción, Diálogo Creativo... en un Diálogo Patriótico y Comprometido, para construir una Nueva Economía Productiva y Diversa", agregó Maduro.
El gobernador de Miranda y ex candidato presidencial opositor, Henrique Capriles, cuestionó el decreto de emergencia económica y argumentó que implica darle más poder a los responsables de la crisis. "El gobierno nacional ha tenido seis leyes habilitantes (por las que se da poderes para legislar al Ejecutivo) y ahora pide más facultades, ¿Ustedes creen que la crisis se soluciona dándole poder a quienes han tenido todo el poder?", preguntó durante un acto en Guarenas, ciudad próxima a Caracas. El gobernador consideró que al debate en la Asamblea Nacional sobre el decreto deberían asistir los ministros para que expliquen en qué fueron invertidos los recursos del país.
Según Capriles, los gobernantes que hoy reconocen la delicada situación que atraviesa el país "regalaron millones de dólares a otros países, derrocharon los petrodólares y ahora vienen a decir que la crisis es culpa de la caída de los precios del petróleo o del pueblo". Mientras, el líder de la bancada opositora en la Asamblea, Julio Borges, informó que hoy comenzará a debatirse el decreto, para lo cual se instalará una comisión especial que solicitará información a funcionarios del área económica del Gobierno. Asimismo, Borges señaló que es positivo que Maduro reconozca la gravedad del problema económico, pero recordó que hasta hace 15 días el presidente tuvo poderes especiales que le otorgó la anterior Asamblea para legislar por decreto.

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América Latina empeora y seguirá decreciendo en 2016, según el FMI

El Fondo aplica un duro tijeretazo a las previsiones que había hecho en octubre. La recesión en Brasil superará el 2% tanto este año como en 2017.

Las previsiones del Fondo Monetario Internacional llevan desde hace tiempo un patrón amargo: las publica cuatro veces al año y cada revisión supone empeorar las que esperaba de un mismo ejercicio apenas tres meses antes. América Latina está en el centro de esta deriva: la economía de la región, de la que el pasado octubre esperaba un mínimo avance para 2016, vuelve a figurar en recesión en sus pronósticos. Aunque la economía de la mayor parte de países tiene tímidos crecimientos, el bajón de Brasil arrastra cualquier promedio. Y México, el otro gigante, también ha visto a la baja su pronóstico.


En concreto, en el último informe, hecho público este martes, el Fondo calcula que la economía latinoamericana acaba 2016 con una recesión del 0,3%, cuando en las reuniones que la institución celebró este otoño en Lima se esperaba un crecimiento del producto interior bruto de la región del 0,8%. Es una revisión a la baja de más de un punto porcentual realizada en el lapso de apenas 100 días y que tiene mucho que ver con la incertidumbre global y la economía brasileña.


El país pilotado por Dilma Roussef ha sufrido el recorte más drástico de las previsiones: cae un 3,5% este año y aspira a estancarse en el siguiente, según el nuevo escenario que contempla el fondo. La crisis brasileña es peor de lo que se imaginaba en Washington. "La recesión cuya recesión causada por la incertidumbre política en medio de las secuelas ininterrumpidas de la investigación de Petrobras) está demostrando ser más profunda y prolongada", dice el informe.
El panorama es muy diferente para México, que avanzaría un 2,6% y un 2,9% en 2016 y 2017, respectivamente, aunque no dejan de ser dos décimas menos que lo que el Fondo había estimado en octubre. La región latinoamericana se ve muy afectada por dos de las grandes incertidumbres del momento: el bajo precio del petróleo, que castiga a los países exportadores, y los riesgos del repliegue final de los estímulos monetarios de Estados Unidos, ya que eso agrava los problemas de deuda de muchas economías con pasivos denominados en dólares.


Son los mismos problemas que hace dos semanas llevaron al Banco Mundial a ensombrecer también las previsiones para la región, aunque son algo más optimistas que la del FMI. El organismo señaló que crecimiento será "nulo", después del descenso del 0,9% en 2015. El pronóstico previo del Banco era de un crecimiento del 1,5%.


"Una mayor apreciación del dólar y condiciones financieras más restrictivas que podrían generar vulnerabilidades en los mercados emergentes, creando posibles efectos adversos en los balances de las empresas y problemas de financiamiento cuando exista una alta exposición en dólares", advierte el FMI.


El FMI rebaja sus previsiones de crecimiento global para 2016 y 2017


El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha revisado a la baja sus proyecciones del crecimiento global para los próximos dos años. En 2016 y 2017 la economía mundial crecerá, según los cálculos del FMI que se presentan el martes por la mañana en Londres, un 3,4% y un 3,6%, respectivamente. Se trata, en ambos casos, de un crecimiento 0,2 puntos porcentuales menor del que el propio FMI proyectó en octubre del año pasado, debido fundamentalmente a que el repunte de las economías emergentes se prevé ahora más tenue que lo pronosticado inicialmente. El Fondo mantiene sus cálculos sobre China, que seguirá frenando (en 2016 se espera que crezca el 6,3%), y reduce con fuerza el pronóstico de otros países como Brasil y Rusia.


La bajada en los precios del petróleo y otras materias primas lastrará a muchas economías emergentes y parte del comercio mundial, ya que muchos países productores se verán obligados a reducir sus ritmos de compras exteriores. Sin embargo, puede brindar un impulso mayor del previsto a la demanda en los países importadores de petróleo. Es el caso de España: los expertos del FMI prevén ahora un crecimiento del PIB español mayor que el que proyectaron inicialmente para los próximos dos años. La economía española crecerá un 2,7% en 2016 y un 2,1% en 2017, lo que supone una corrección al alza de 0,2% y 0,1%, respectivamente, respecto a las previsiones del FMI de octubre.


La proyección de crecimiento de la eurozona en su conjunto apenas se corrige (solo 0,1 puntos porcentuales más el primer año) con respecto a lo estimado en octubre: crecerá un 1,7% en 2016 y otro tanto en 2017.


En cuanto a las economías de América Latina y el Caribe, el FMI rebaja significativamente sus previsiones de crecimiento: el PIB agregado de la región en su conjunto se contraerá un 0,3% en 2016 y crecerá un 1,6% en 2017. Los datos suponen una corrección a la baja, respecto a sus proyecciones de octubre, de 1,1% el primer año y 0,7% el segundo.


El crecimiento, no obstante, será positivo en la mayoría de los países de la región. La contracción se debe principalmente a la situación en Brasil, cuya recesión "está demostrando ser más profunda y prolongada de lo esperado", según recoge el informe que se presenta esta mañana, "causada por la incertidumbre política en medio de las secuelas ininterrumpidas de la investigación de Petrobras".


El FMI calcula que la economía brasileña caerá un 3,5% en 2016 y se recuperará hasta el 0,0% en 2017. Los nuevos datos suponen una corrección a la baja de las proyecciones de octubre de 2,5% y 2,3%, respectivamente. Las proyecciones de crecimiento de México, la otra gran economía de la región, se corrigen también notablemente a la baja —un 0,2% menos en ambos años—, aunque seguirá creciendo a un ritmo de 2,6% en 2016 y de 2,9% en 2017.


La revisión de los pronósticos realizados hace tres meses obedece, explica el FMI en su informe, a la corrección del comportamiento previsto en tres países o regiones: Brasil, país al que se atribuye "principalmente" la revisión; Oriente Medio, "cuyas perspectivas están opacadas por la caída de los precios del petróleo", y Estados Unidos, "cuyo crecimiento mantendría el ritmo actual, en lugar de cobrar nuevo impulso". La economía estadounidense, según los expertos del FMI, crecerá un 2,6% en 2016 y otro tanto en 2017, lo que supone una corrección a la baja de 0,2 puntos porcentuales en ambos ejercicios, respecto a lo previsto en octubre. Las previsiones para China permanecen inalteradas respecto a lo proyectado en octubre: crecimientos del 6,3% en 2016 y del 6% en 2017.


En general, el FMI prevé que el repunte de la actividad económica mundial será más gradual de lo previsto en octubre, "especialmente en el caso de las economías de mercados emergentes y en desarrollo". "La desaceleración y el reequilibrio de la economía china, la caída de los precios de las materias primas y las tensiones a las que se encuentran sometidas algunas de las principales economías de mercados emergentes continuarán lastrando las perspectivas de crecimiento en 2016 y 2017", explica el organismo internacional en su informe.


Dichas economías de mercados emergentes y en desarrollo, a pesar de que aún generan más del 70% del crecimiento mundial, se desaceleraron en 2015 por quinto año consecutivo. Las economías avanzadas, sin embargo, continuaron registrando una ligera recuperación.


Son tres los factores que siguen determinando, según el FMI, las perspectivas mundiales: la desaceleración y el ajuste gradual de la actividad económica de China; el endurecimiento paulatino de las política monetaria en Estados Unidos, mientras los bancos centrales de otras economías avanzadas continúan aplicando una política monetaria distendida; y, por último, el marcado descenso desde septiembre de 2015 de los precios de la energía y de otras materias primas.


Este último factor, la caída de los precios del petróleo, "ejerce presión en los saldos fiscales de los exportadores y está empañando sus perspectivas de crecimiento". Pero, a la vez, "está apuntalando la demanda de los hogares y rebajando el costo comercial de la energía en los países importadores, donde los usuarios finales se benefician plenamente de este abaratamiento".

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Martes, 15 Septiembre 2015 06:49

El virus japonés infecta la economía global

El virus japonés infecta la economía global

La economía japonesa fue un motor súper dinámico durante las cuatro décadas que siguieron a la segunda Guerra Mundial. Pero a finales de la década de los ochenta la locomotora perdió velocidad. Las causas de la pérdida de dinamismo y la respuesta de la política macroeconómica fueron consideradas como excepcionales durante muchos años. Hoy la economía mundial tiembla de miedo al ver reflejada su imagen en el espejo japonés.


¿En qué se parece lo que hoy sucede en las economías occidentales y lo acontecido en Japón hace unos cinco lustros? La respuesta estriba en la presencia de una burbuja de dimensiones macroeconómicas en los precios de diversos tipos de activos. En Estados Unidos, por ejemplo, la burbuja en el precio de bienes raíces es casi idéntica a la de Japón, pero con unos 15 años de diferencia. Entre 1986 y 1992 el índice de precios de los bienes raíces en las regiones de Osaka y de Tokio aumentó de 100 a 222. Entre 1992 y 1997 el índice de precios sufre un colapso cercano a 40 por ciento. La comparación con Estados Unidos es sorprendente: entre 2001 y 2007 el índice de precios de bienes raíces en el grupo de las diez principales ciudades de Estados Unidos pasó de 100 a 220. Y entre 2007 y 2012 dicho índice se reduce en 30 por ciento.


Lo más interesante es que el ritmo de aumento en los precios de los activos (en este caso bienes raíces) es casi idéntico, la duración de la fase ascendente es igual, la magnitud de la caída en los precios es muy parecida y la duración de la fase descendente es la misma. La lección es que Estados Unidos habría enfrentado condiciones macroeconómicas muy parecidas a las de Japón con un rezago de 15 años.


La experiencia europea es parecida, sólo que las burbujas fueron mucho más grandes. Por ejemplo, los datos de Nomura Research Inc. que el índice de precios de las casas en Irlanda pasó de 100 a 514 entre 1995 y 2007 antes de reducirse a 273 en 2014. Existen datos similares para los casos de España, Grecia y otros países de la zona euro. Sólo Alemania presenta una anomalía, pues el índice acusa un comportamiento moderado en sentido inverso durante el periodo de referencia.


La explosión de estas burbujas trajo consigo una contracción económica de gran calado, tanto en Japón, como en Estados Unidos y Europa. La recesión japonesa fue en la década en la que en Estados Unidos (y en Europa) se cantaban himnos piadosos a la diosa de la gran moderación. Así que el caso de la economía del país del sol naciente era visto como una anomalía, producto de un virus endémico de la economía japonesa.


El banco central en Japón respondió con una drástica reducción en la tasa de interés líder desde 1994. La Reserva Federal y el Banco Central Europeo (BCE) hicieron lo mismo en 2008 y 2009. Pero la recuperación en Japón fue mediocre y en Estados Unidos sigue siendo frágil. En Europa, a pesar de que la tasa de interés del BCE es de 0.15 por ciento, la tasa de desempleo en la eurozona se mantiene demasiado alta (España mantiene una tasa de desempleo de 25 por ciento, equiparable a la que imperó en Estados Unidos durante la gran depresión).


¿Por qué se produce este paralelismo entre la recesión en Japón en los años noventa y la gran recesión derivada de la crisis global de 2007-2008? Desde luego hay muchos factores interviniendo en la evolución de cada una de estas economías, pero Japón, Estados Unidos y varios países europeos tienen algo en común: la oferta monetaria se ha mantenido estable desde que la tasa de interés se redujo a niveles cercanos a cero y desde que el banco central aplicó una política de inyección de grandes cantidades de liquidez. Es decir, al igual que en Japón, la política de tasa de interés cero y la flexibilidad monetaria en Estados Unidos y en Europa no se tradujeron en aumentos del crédito privado, ni en incrementos de la oferta monetaria (medida de M1 a M4). Es decir, el aumento de liquidez que el banco central inyectó al sistema financiero no ha podido entrar en el sistema económico. La razón es que no hay agentes que estén interesados en tomar esos recursos prestados para ponerlos a trabajar en la economía real.


Como dice Richard Koo, uno de los analistas más lúcidos de la crisis global, para los economistas que se han formado en los libros de textos convencionales esto es algo inesperado. La oferta monetaria y el crédito privado deberían estar acoplados con la creación de dinero de alto poder.


Al igual que en Japón en la década de los años noventa, ni el Banco Central Europeo ni la Reserva Federal han conseguido lo que el Banco Central de Japón tampoco pudo lograr: incrementar el crédito en medio de una recesión deflacionaria.

Cuando todos los agentes en una economía, consumidores y productores, se dedican a pagar deudas a pesar de que la tasa de interés es cero, la deflación es completa y el estancamiento no se hace esperar. La contracción en la demanda agregada conduce de manera irremediable a una recesión. Y cuando eso sucede en las principales esferas económicas del planeta, el estancamiento promete durar muchos años.


Twitter: @anadaloficial

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El FMI pide medidas a los países del G20 para evitar un frenazo económico

El parón de China y el temblor de los mercados financieros marcarán la reunión de ministros de Finanzas del G20, el grupo de los países más industrializados —es decir, más ricos— que arranca el viernes. El documento previo del Fondo Monetario Internacional (FMI) para la cita también deja clara su preocupación: el organismo pide tanto a los gobiernos como a los bancos centrales que mantengan las políticas de apoyo al crecimiento.


Año tras año, cumbre tras cumbre, el G20 ve una recuperación económica global que no se acaba de consolidar y que permanece plagada de incertidumbres. El crecimiento mundial perdió fuelle en el arranque de 2015 con relación al final de 2014 y la ralentización de la economía china abona el pesimismo para lo que queda de año. Según el Fondo, en la mayoría de países avanzados la política monetaria "debería mantenerse acomodaticia" ya que la inflación queda lejos de los objetivos y, por tanto, no hay necesidad de frenar la máquina de imprimir dinero.


El mensaje llega el día en el que se celebra la reunión mensual del Banco Central Europeo (BCE) y apenas dos semanas antes de que la Reserva Federal (Fed) decida si aprueba ya la que sería la primera subida en 10 años de los tipos de interés, ahora en cero. La situación redobla la presión sobre el mayor banco central del mundo, aunque el FMI ya ha sido mucho más explícito este verano al pedir abiertamente a la Fed que aguarde.


Esta vez reclama una "comunicación efectiva" sobre lo gradual que será la subida del precio del dinero en EE UU (ya que las expectativas del mercado pueden no coincidir con la Fed) y es más directo con el BCE. El documento del Fondo resalta cómo el programa de compra de bonos a gran escala (la llamada expansión cuantitativa) que comenzó en marzo ha mejorado la confianza y las condiciones financieras en la zona euro, pero advierte de que este plan "debería extenderse si no hay suficiente mejora en la inflación" respecto a los objetivos de estabilidad de precios a medio y largo plazo.


El FMI también pide a los Gobiernos de países avanzados políticas de estímulo, aunque admite que el volumen de deuda pública supone un considerable problema —"reto", la palabra que suele preferir el organismo— en un entorno de crecimiento bajo y baja inflación (que hace que el peso real de ese pasivo contraído sea mayor).


El actual ritmo de reactivación ni siquiera está garantizado. "Sigue siendo relevante el riesgo de un estancamiento secular para las economías emergentes y los riesgos geopolíticos para los mercados emergentes como consecuencia de lo acontecimientos en Ucrania, Oriente Medio y parte de África", señala el Fondo.


Señala que los países del G20, que no dejan de expresar preocupación por la ralentización global, deben impulsar también reformas estructurales, sobre todo en el ámbito laboral y de liberalización de los mercados, para impulsar el crecimiento económico potencial.

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"El crecimiento en América Latina se desplaza del sur al norte"

El economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) avisa de que en América Latina se abre una brecha: mientras unos países echan el freno, otros pisan el acelerador

 

Las últimas previsiones del FMI empeoran las perspectivas de crecimiento para América Latina. La expansión regional será solo del 0,9%, lastrada sobre todo por la debilidad del mercado de las materias primas y tres de sus principales economías (Brasil, Argentina y Venezuela) entrarán en recesión. Sin embargo, José Juan Ruiz, economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), advirtió en la 31ª Reunión del Círculo de Economía, celebrada recientemente en Sitges (Barcelona), de que mientras unos países echan el freno, otros pisan el acelerador.


Pregunta. ¿Hay dos velocidades distintas de crecimiento en América Latina?


Respuesta. Siempre pensamos en las siete grandes economías, pero hay 26 países, con diferentes niveles de desarrollo y de exposición a los cuatro grandes shocks que condicionan a las economías emergentes. La brocha gorda no sirve para ver lo que ocurre en el continente. Hay dos grandes grupos de países: los que crecen y los que están en recesión. Venezuela, Argentina y Brasil, que suponen el 51% de la economía de la región, están en crisis. El 49% restante crece a una tasa media del 3,4%.


P. ¿Cuáles son esos cuatro impactos?


R. El primero es el lento crecimiento de la economía mundial, que es asimétrico: EE UU crece más y Europa y Japón menos, mientras que China ya no se expande al 10%, sino al 6,5%. Segundo, la caída del precio del petróleo, los alimentos y los minerales; tercero, las expectativas de una subida de tipos en Estados Unidos, y cuarto, un dólar más fuerte.


P. ¿Y por qué el impacto es desigual?


R. El sur [Chile, Colombia, Perú, Argentina y Brasil] lo forman países exportadores de commodities [materias primas], mientras que el norte es importador neto de energía y alimentos. Unos cierran el superciclo de las commodities y otros ahora ven cómo eso les ayuda. El crecimiento se está desplazando del sur al norte del continente. Por otro lado, China es el gran mercado de los países del sur, mientras que para el norte lo es Estados Unidos. Una gran parte del PIB de Centroamérica se genera por el turismo y las remesas de inmigrantes. Que EE UU vuelva a crecer a tasas elevadas significa que los que viven allí tienen mejores puestos de trabajo y envían más dinero. En El Salvador, por ejemplo, las remesas suponen el 18% del PIB.


P. ¿Va a ser esta crisis diferente de las anteriores que han sufrido esos Estados?


R. Hay países que han creado instituciones y reglas para ser más predecibles —como Chile, Colombia, México o Perú—, mientras que en otros el ciclo tiene más volatilidad porque sus instituciones son más débiles o porque tienen menor credibilidad ante los mercados. En una crisis de los años ochenta o noventa la prima de riesgo saltaba 600 puntos. En esta ocasión, Brasil, con todos sus problemas de crecimiento e inflación, ha sufrido un crecimiento de su prima de riesgo de nueve puntos básicos en el conjunto de los emergentes.


P. ¿Eso es todo mérito de las reformas?


R. Al producirse la desaceleración económica, el Gobierno permitió que el banco central actuara de forma independiente y el Ministerio de Hacienda anunció un programa de ajuste fiscal para volver al superávit primario del 2% en dos años. Hay capacidad de respuesta institucional, y ese es el gran cambio de América Latina con respecto al pasado.


P. ¿Van a necesitar ajustes presupuestarios drásticos?


R. No, porque están en mejor posición y el tipo de cambio absorbe parte de los ajustes. Y aunque tengan un gran impacto, la rapidez de la respuesta los hace más digeribles. La última década, la de la modernización social, ha puesto de manifiesto que no hay oposición entre eficiencia y equidad. El Lula de la Bolsa Familia, pero también del superávit primario y por cuenta corriente, es el modelo que hoy América Latina considera como suyo.


P. ¿El crecimiento implicó una reducción de la desigualdad?


R. Sí, en diez puntos [medidos por el coeficiente de Gini]. La pobreza cayó del 30% al 21% y la población que vive con entre cuatro y diez dólares diarios supone el 45%. Es gente que no es de clase media, pero tampoco es pobre. Y eso condiciona la forma como se harán los ajustes. Serán menos intensos porque los desequilibrios son menores, las instituciones son más fuertes y porque no se podrán hacer a costa de revertir los avances sociales de una década. En América Latina no hay la posibilidad de otra década perdida.

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Los avances sociales de América Latina dependen de la productividad

América Latina debe invertir en innovación, ciencia, industria y estructuras tecnológicas para aumentar su productividad. Si no, los avances sociales que ha conseguido gracias al impulso económico de los últimos 10 años entrarán en recesión, como lo ha hecho su economía. Esa es la conclusión que expusieron ayer en Madrid Mario Pezzini, director del centro de desarrollo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE); Mario Cimoli, director de desarrollo productivo y empresarial de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL); y Germán Ríos, director de asuntos estratégicos del CAF-Banco de Desarrollo de América Latina, en la presentación del informe Perspectivas Económicas de América Latina 2015, que han realizado estos tres organismos de manera conjunta para buscar soluciones a la desaceleración económica de la región.

Hasta 2014, América Latina crecía a un ritmo del 4% de su PIB. Esto propició el despegue de la clase media y redujo la disparidad socioeconómica. Pero con la crisis internacional y el fin del boom de las materias primas, el año pasado Latinoamérica creció poco más del 1% y el descenso de la inequidad quedó estancado como la segunda región más desigual del mundo, según el coeficiente Gini.


"El acceso a la educación ya no es clave para la salida de la desigualdad. Ahora lo es la calidad de esa educación", afirmó Rebeca Grynspan, secretaria general de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB). La educación es uno de los sectores donde más ha progresado la región. Entre 2000 y 2010, la tasa de escolarización entre los jóvenes creció un 77%, según el Sistema de Información de Tendencias Educativas en América Latina (SITEAL). Grysnpan explicó también la importancia de crear una gran alianza entre los sistemas educativos de los distintos países para fomentar la movilidad: "Los empresarios piden gente que sepa trabajar en equipo y adaptarse a ambientes multiculturales. Eso no se aprende en un aula".


"Se ha dicho: 'hay que educar', 'hay que educar', 'hay que educar...", afirmó el ponente de la CEPAL, Mario Cimoli. "Pero si la estructura productiva es la misma, todos esos educados van a acabar manejando un taxi", bromeó. Cimoli defendió la importancia de crear una demanda de trabajadores que pueda absorber todos esos jóvenes formados. Para ello, el camino, según Cimoli, es invertir en innovación, tecnología e industria. "Si no, los pocos técnicos que formamos, se van fuera", aseguró.


Cimoli no es el único que defiende que: "La pobreza no puede combatirse solo con políticas sociales". Su compañero de la OCDE Mario Pezzini propuso, además, una subida de impuestos. "El ingreso fiscal ha aumentado un 7% en la última década hasta alcanzar el 21,3% en 2014. Pero hace falta que continúe subiendo hasta el 30% de recaudación que tienen los países de la OCDE".


Sobre estos asuntos, y otros más, reflexiona el documento que busca ofrecer soluciones a una región en la que, pese a los avances de los últimos 10 años, hay todavía con 167 millones de personas que viven en la pobreza, de los cuales 71 millones son indigentes. Posibles modelos y alternativas ya que, como dijo ayer en la presentación Jesús Gracia, Secretario de Estado de Cooperación Internacional y para Iberoamérica, "los economistas son muy buenos cuando predicen el pasado".

 

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