Santos, en la sede de Naciones Unidas, la semana pasada.
El país crecerá un 2,5% y la inflación, aunque será menor que el curso pasado, seguirá por encima de las previsiones oficiales
 

 

Las perspectivas del Fondo Monetario Internacional (FMI) tampoco serán nada halagüeñas para Colombia este año. Habrá quien se aferre a que el país seguirá creciendo -“a un ritmo relativamente vigoroso”, según el informe del organismo internacional-, pero por segundo año lo hará a un promedio menor que el del curso anterior: el FMI prevé que la economía crezca un 2,5% en 2016, 0,6% menos que el año anterior. Para el año siguiente, las perspectivas mejoran (se espera un crecimiento del 3%), aunque recuperar los niveles de 2013 (4,9%) o 2014 (4,4%) se antojan quiméricos.

 

El endurecimiento de algunas de las políticas económicas y las condiciones financieras mundiales, en especial la crisis en China, han fagocitado cualquier esperanza de recuperación para Colombia en 2016, el año en el que previsiblemente se firmará la paz con la guerrilla de las FARC, un aspecto que podría dar cierto respiro a la economía colombiana y al que el FMI no hace referencia en su más reciente estudio.

 

Las perspectivas sí mejoran en cuanto a la inflación se refiere. Colombia cerró 2015 con una subida del 3,1% respecto al año anterior, alcanzando un total del 6,8%, la más alta que se recuerda en los últimos años. Al igual que el Gobierno de Juan Manuel Santos, el FMI argumenta que el fenómeno de El Niño ha sido la principal causa de la drástica subida, que afecto a los precios internos de los alimentos. Para este año, el organismo prevé una inflación del 5,3%, aún ligeramente superior de las previsiones del Banco de la República y el Gobierno colombiano.

 

El informe del FMI hace hincapié en cómo la desaceleración de las manufacturas en China ha reducido la demanda de exportaciones procedentes de Sudamérica. Colombia lo ha sufrido de pleno, pero también, quizás más, ha sido víctima de la brusca caída de los precios del petróleo. A diferencia de Venezuela, que cuenta con ingentes reservas de crudo, Colombia ha sacado rédito de este bien desde hace relativamente poco tiempo. El FMI alerta de que el “shock acumulado en los términos de intercambio de las materias primas ha sido grave” en algunos países, entre los que cita a Colombia, Venezuela y Ecuador.

 

En cuanto a las pérdidas de ingresos, estas varían según la importancia de las materias primas en cada economía. Mientras que en el caso de Venezuela, el desplome es de hasta un 17% del PIB, en el caso de Colombia –junto a Chile y Ecuador- gira en torno a un 4% y un 7% del PIB.

 

Ante los constantes cambios en la coyuntura internacional, el FMI recalca cómo muchos países de Sudamérica han experimentado ajustes del tipo de cambio en términos efectivos reales. De ahí que Colombia, junto a Brasil, registre las mayores depreciaciones de su moneda en las últimas décadas. En los últimos años, el peso se ha depreciado alrededor de un 60% frente al dólar.

 

Pese a que aún no ha anunciado cuándo, todo parece indicar que el Gobierno de Santos deberá abordar una reforma fiscal este año. En este contexto frágil y volátil, el FMI considera advierte de que las perspectivas de crecimiento para los próximos cinco años “probablemente seguirán siendo débiles” y considera que todos los países deberán abordar y orientar sus políticas y reformas económicas a “administrar esa transición”, a facilitar un ajuste gradual en respuesta a la nueva realidad de los precios de las materias primas. Sin mencionar un país concreto, el FMI sí lanza un mensaje claro a toda la región, del que se puede sentir aludido Colombia por el contexto en el que se produce: “Las perspectivas de la región comenzarán a ser más prometedoras solo cuando se hayan resuelto los desafíos internos a los que se enfrentan las economías que actualmente sufren una contracción”.

 

 

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Lunes, 04 Abril 2016 07:30

Crisis en cámara lenta

Crisis en cámara lenta

Desde hace tres años América latina ha estado afectada por una desaceleración económica cuyos efectos acumulados pueden describirse como una crisis en cámara lenta. Durante al menos diez trimestres consecutivos se ha experimentado una baja en las tasas de crecimiento que ha causado una disminución en la tasa de ocupación laboral de 2,9 puntos porcentuales. En comparación, en la crisis o shock financiero de 2009 los efectos duraron cuatro trimestres, la tasa de ocupación bajó sólo 1,8 puntos, y como sabemos la recuperación fue rápida.

 

Los efectos de esta nueva crisis, detonada en buena medida por la fuerte caída en los precios de las materias primas, también se reflejaron lentamente sobre el empleo, que en un principio registró impactos moderados. Pero durante el último año esa situación cambió y la región tuvo el primer aumento significativo en la tasa de desocupación en cinco años.

 

El aumento del desempleo regional promedio fue de medio punto porcentual hasta 6,7 por ciento el año pasado. Como destacó el Panorama Laboral 2015 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), si se cumplen los pronósticos de mayor desaceleración, la tasa de desocupación podría subir hasta 6,9 por ciento en 2016. En este momento hay unas 19 millones de personas desempleadas.

 

Al mismo tiempo hay indicios de disminución del empleo asalariado y aumento en el trabajo por cuenta propia, una señal de que podría aumentar la informalidad. Casi la mitad de la fuerza de trabajo de nuestra región, integrada por más de 280 millones de personas, tiene un empleo informal, una situación que generalmente implica ingresos bajos, inestabilidad laboral así como falta de protección y derechos.

 

Los promedios regionales expresan una realidad heterogénea. Tanto la desaceleración económica como los cambios en las tasas de desempleo y otros indicadores laborales se manifiestan a diferentes velocidades en los distintos países. Incluso hay algunos en abierta contracción, mientras otros mantienen números positivos. Pero más allá de las diferencias es indudable que en la región como un todo hubo un cambio de ciclo y que el escenario, al menos por ahora, es poco alentador.

 

Este panorama plantea desafíos concretos e inmediatos, porque el empeoramiento de la situación laboral implica que la crisis se refleja en la situación de las personas, y afecta tanto a los grupos más vulnerables, incluyendo los hogares pobres, como a la clase media que ve sus expectativas de mejoramiento frustradas.

 

Este nuevo ciclo económico pone una vez más en evidencia la urgente necesidad de avanzar en procesos de diversificación y de desarrollo productivo que impulsen una transformación de las economías, en la dirección de un crecimiento más sostenido e inclusivo con más y mejores empleos. Esta sigue siendo el norte para la agenda de mediano y largo plazo. Pero en el corto plazo es claramente es necesario que los países recurran a políticas macroeconómicas y del mercado laboral para mitigar los efectos de la desaceleración en las empresas, en los puestos de trabajo y en los ingresos.

 

La oportunidad es propicia para recurrir a la guía que ofrece el “Pacto Mundial para el Empleo” de la OIT, adoptado en 2009 por representantes de gobiernos, trabajadores y empleadores de todo el mundo, que contiene un portafolio de políticas con demostrada efectividad en momentos de recesión económica y crisis en el mercado de trabajo.

 

Se trata de medidas para reducir los impactos negativos en el empleo, apoyar a las empresas, mantener niveles de demanda agregada, e impulsar la generación y recuperación de los empleos en combinación con sistemas de protección social. Es necesario encarar el desafío del empleo con creatividad e innovación. Actuar sobre el empleo es la forma en la cual se puede beneficiar directamente a los grupos vulnerables y a las clases medias, a la vez que se promueve la base productiva de las economías.

 

De lo contrario, esta crisis en cámara lenta podría no solo complicar aún más la gobernabilidad aumentando la conflictividad social y la desconfianza en las instituciones políticas, sino dejar un legado de estancamiento económico en el progreso de nuestras sociedades e incluso de retrocesos en los logros económicos y sociales alcanzados.

 


* Director Regional de la OIT para América latina y el Caribe.

 

 

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Minsky y Schumpeter en el debate sobre estancamiento secular

En septiembre de 2008, cuando se declaró la bancarrota del banco de inversiones Lehman Brothers, el sistema financiero mundial estuvo a punto de desintegrarse. El histórico banco había sobrevivido una larga serie de cataclismos, pero la crisis de las hipotecas sub-prime fue demasiado. Sus innovaciones financieras (otrora orgullo del mercado estadunidense) contaminaron todo el sistema financiero mundial con instrumentos financieros que acertadamente fueron rebautizados como activos tóxicos.


En 2009 se anunció que el periodo de la política monetaria flexible no duraría más de cinco años. Pero hoy los bancos centrales no aciertan por dónde caminar y hasta se han introducido tasas de interés negativas en la eurozona, Suecia, Suiza y Japón. El comportamiento de las principales economías del mundo deja mucho que desear. Los niveles de desempleo en la eurozona siguen estando altísimos y la recuperación en Estados Unidos es muy débil. Por eso se intensifica el debate sobre la posible llegada de una época de ‘estancamiento secular’ en el capitalismo contemporáneo.


La polémica sobre esta nueva era de letargo económico se ha organizado alrededor de dos polos. Por un lado se discute si ya se agotaron las posibilidades de una oleada de innovaciones técnicas capaz de sustentar una nueva fase de acumulación de capital o si, por el contrario, estamos en vísperas de una nueva revolución tecnológica. La verdad es que entre la realidad de la telefonía celular y las promesas demagógicas de los fanáticos de las nanotecnologías hay una gran distancia. No es evidente que viene en camino una nueva serie de tecnologías parecidas a la máquina de vapor o el automóvil. Estas innovaciones con justicia reciben el nombre de innovaciones básicas, por haber transformado todo el sistema económico. No sólo cambiaron la matriz de relaciones inter-industriales de manera radical, sino redefinieron la construcción de obras de infraestructura y reorganizaron el espacio público. Pero no se puede transformar el sistema económico cada cinco años, y por ello muchos piensan que nada comparable existe en el horizonte tecnológico actual. De acuerdo con esa visión el capitalismo estaría condenado a sufrir un ritmo de expansión mediocre con innovaciones derivadas de tecnologías introducidas hace décadas.


Para muchos otros analistas el estancamiento secular sería sólo una consecuencia de la crisis financiera. Por ejemplo, Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart piensan que el festín de endeudamiento duró demasiado como para pensar que las cicatrices podrían borrarse rápido y sin dolor. Pero estos dos autores creen ingenuamente que antes de 2007 las principales economías capitalistas gozaban en lo esencial de buena salud. Para ellos, más allá de los abusos en el sector financiero, todo marchaba más o menos bien.


En realidad la polarización del debate es artificial porque una nueva oleada de innovaciones capaz de sostener un ritmo de crecimiento estable necesitaría estructuras financieras adecuadas. Esa es una de las principales lecciones de la tesis de doctorado de Hyman Minsky sobre inversiones inducidas y ciclos de negocios. Esa tesis se inició en Harvard bajo la supervisión de Schumpeter, pero la muerte de este último en 1950 obligó a Minsky a concluir la investigación bajo la dirección de Leontief. Aunque Schumpeter sabía que los bancos comerciales privados creaban dinero de la nada (y que la inversión es anterior al ahorro), su visión sobre los ciclos de negocios descansa más en la dinámica de la economía real y del proceso de cambio técnico. A Minsky eso le pareció demasiado mecánico pues no permitía integrar adecuadamente el papel del dinero endógeno. De esta insatisfacción con la teoría de los ciclos de Schumpeter nace el minucioso análisis de Minsky sobre las fuentes de inestabilidad asociadas a una economía en la que el sistema bancario comercial privado se encarga de la tarea de creación monetaria. Especialmente importante para Minsky es la tendencia pro-cíclica de la actividad bancaria: cuando las cosas van bien, el crédito se multiplica y se genera inestabilidad. Al contrario, cuando todo pinta mal, el crédito se restringe y se hace más pronunciada la caída en la inversión y el empleo. Por esta razón Minsky está más cerca de las perspectivas de Keynes sobre la volatilidad en las expectativas y la preferencia de liquidez.


Así las cosas, la polémica actual sobre el estancamiento secular no puede limitarse a una discusión simplona sobre fuentes del cambio técnico o sobre los efectos relacionados con la debacle financiera iniciada en 2007. Quizás el problema principal de esta polarización del debate sobre estancamiento secular es que se deja de lado todo lo relacionado con las causas estructurales de la crisis, comenzando con la distribución del ingreso y el conflicto social derivado de la desigualdad. Como si todo eso nada tuviera que ver con las perspectivas futuras del capitalismo.


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Precios de materias primas y especulación financiera

Casi todos los análisis sobre la economía mundial y la evolución de la crisis coinciden en una cosa: la recesión en China está acelerando la caída en los precios de las mercancías básicas a escala mundial. La reducción en la demanda mundial debido a la crisis de 2007-08 ha provocado una caída en esos precios, pero hoy predomina la idea de que el freno en el crecimiento en China es el factor explicativo más importante de la caída en los precios de materias primas. La realidad es mucho más compleja.

Es cierto que la contracción económica a raíz de la crisis de 2007-2008 ha llevado a una reducción en los precios de las materias primas y productos básicos. Pero desde hace muchos años se ha popularizado la creencia de que China es la fuente principal de demanda de todo tipo de productos básicos, desde los agropecuarios hasta minerales y otros insumos intermedios. Las altísimas tasas de crecimiento del PIB en China han sido vistas tradicionalmente como el motor de la evolución de precios de estas materias primas y commodities.


Ahora que los precios de los commodities se han desplomado, es muy tentador concluir que la causa se encuentra en la fuerte contracción de la economía china. En efecto, sabemos que el PIB en China ha dejado de crecer a las tasas vertiginosas de hace unos años. Las fuentes oficiales señalan que el crecimiento en 2015 fue de 6.9 por ciento, pero nadie toma esa cifra en serio. Es mucho más probable que el crecimiento en 2015 haya sido de apenas 3 por ciento, lo que es una catástrofe para una economía como la china. Pero aún esta correlación entre el comportamiento del PIB en China y los precios de commodities es insuficiente para concluir que la evolución de la economía china es la causa principal del colapso de precios de los productos básicos.


El Banco Asiático de Desarrollo acaba de publicar un estudio sobre el impacto de la recesión en China sobre los precios de productos básicos. Uno de los resultados es que China ha sido casi auto-suficiente en el caso de muchos productos básicos. Además, China no desempeña un papel determinante en muchos mercados de productos básicos. Por ejemplo, la economía china apenas consume 12 por ciento del petróleo mundial y sólo 5 por ciento del gas natural que se produce en todo el mundo. La reducción del ritmo de actividad en China no puede explicar el cambio en las cotizaciones de estos productos (73 y 55 por ciento en los precios del petróleo y gas natural, respectivamente). Además, la política económica en China mantiene el objetivo de satisfacer 95 por ciento del consumo doméstico de productos agropecuarios (con excepción de la soya). Aunque no ha sido posible alcanzar esa meta, la producción interna en el sector agropecuario es muy importante (sólo 2 por ciento del arroz que se consume en China es importado).

 

En resumen, no todo el desplome de los precios de productos básicos en el mundo está siendo provocado por la recesión en China. Algo más debe estar sucediendo en la economía mundial.

 

Además de las presiones para exportar que provienen del exceso de capacidad instalada y del afán de consolidar posiciones en el mercado, el sector financiero también está jugando un papel importante en la reducción de precios de las materias primas y commodities. Muchos fondos de cobertura o hedge funds han ejercido presión en los mercados financieros para deprimir más esos precios.

 

La práctica de los fondos de cobertura gira alrededor de la venta en corto y la compra en largo (cuando se piensa que los precios van a continuar creciendo). Cuando los mercados de futuros involucran a los productores y comerciantes, una parte de esta especulación puede tener sentido. Pero cuando los agentes ya no están relacionados con las operaciones sustantivas de producción, transporte, comercialización y consumo, y cuando sólo buscan obtener ganancias a través de operaciones de arbitraje y de ventas en corto, todo cambia. Buscar explicar el movimiento del mercado financiero a través de explicaciones tradicionales es engañoso.


La financiarización de los mercados de materias primas y commodities ha incrementado la exposición de muchos agentes financieros en los mercados respectivos. Eso les ha llevado a colocar mayor presión sobre el precio de estos bienes: apostando a que los precios van a continuar cayendo, deciden vender en corto (eso hace que la oferta crezca y el precio efectivamente se reduzca). Esto está bien documentado en los casos del cobre y hasta del petróleo.


Y cuando los fondos de cobertura se convierten en la figura dominante, el mercado deja de ser un espacio económico, las operaciones ya no tienen que ver con hacer frente al riesgo y sólo responden a la especulación pura. El mercado se convierte en un casino y, como bien decía Keynes, la tarea de invertir productivamente no se va a llevar a cabo de manera adecuada.


Hoy el sector financiero, y en especial los fondos de cobertura, siguen desempeñando un papel fundamental en la evolución de la crisis.


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Miércoles, 09 Marzo 2016 06:10

Deflación y estancamiento

Deflación y estancamiento

Durante años las autoridades monetarias y los organismos financieros internacionales impulsaron una política monetaria dirigida a controlar la inflación. El gasto público tuvo que subordinarse a ese imperativo central que era la estabilidad de precios. La política de tasas de interés respondía a la necesidad de enfriar la economía cuando el calentamiento llevara riesgos inflacionarios. Y la política de ingresos también estuvo sometida a la exigencia de contener la demanda agregada. De ahí sale la contención del crecimiento de los salarios. Pero ahora las cosas han cambiado y con la crisis económica global descubrimos que en Europa, Estados Unidos, Japón e incluso China, el verdadero enemigo es la deflación.


Pero ¿por qué es mala la deflación? Hay varias razones. Primero, una reducción sostenida del nivel general de precios hace que los agentes económicos estén menos dispuestos a realizar gastos. Cuando los precios caen los consumidores tienen expectativas de que seguirán reduciéndose y prefieren esperar a que caigan todavía más. La demanda agregada se reduce, la actividad económica se frena y el desempleo aumenta.


Segundo, los agentes económicos no están dispuestos a tomar préstamos porque cuando tengan que repagar sus deudas, lo harán en una moneda que valdrá más que la que recibieron cuando aceptaron el crédito. Es decir, la deflación perjudica a los deudores y beneficia a los acreedores. Ésta es la imagen espejo del mundo en el que la inflación es el enemigo de los acreedores. Aceptar un crédito cuando los precios están cayendo no es bueno para el deudor porque el peso de su deuda se incrementará en términos reales. Y eso incluye a los empresarios que les gustaría embarcarse en una operación productiva.


Tercero, desde el punto de vista de la oferta hay que señalar que los inversionistas no tienen ningún interés en embarcarse en nuevas aventuras productivas cuando observan que los precios están reduciéndose. Es cierto que tampoco les gusta un escenario de fuerte inflación, pero un incremento moderado de precios, digamos de 5 o 7 por ciento no les hace sentir que están en la hiperinflación de la república de Weimar o en Zimbabue. En cambio detrás del problema de la deflación se esconde el espectro de un mundo en el que se estará produciendo con pérdidas.


En conjunto, estas tres razones pueden conducir a una severa contracción económica en la que las fuerzas que se desencadenan se retroalimentan y hacen muy difícil salir de una recesión. Eso es precisamente lo que estamos presenciando en casi todos los centros motores de la economía mundial, desde Europa y Estados Unidos hasta Japón. Varios indicadores muestran que la economía en China podría irse dirigiendo a un escenario similar. Esto es lo que alimenta la idea del estancamiento secular.


¿Qué pueden hacer las autoridades económicas frente a la deflación? Pues la verdad es que bastante poco. Hoy vemos que los bancos centrales han llevado sus tasas de interés al límite inferior más bajo, a cero por ciento, pero el impacto sobre el consumo y la inversión, es decir, sobre la demanda agregada, es muy débil. Eso se debe a que a pesar de que los precios están cayendo, los consumidores no tienden a incrementar su gasto porque también tienen expectativas negativas debido a que el peso de sus deudas se está incrementando en términos reales. O sea que el efecto positivo del descenso en los precios se contrarresta por el endeudamiento. Y hay que recordar que en los últimos dos decenios el endeudamiento de casi todos los agentes económicos (familias y empresas) ha sido el impulsor del crecimiento. Hoy el sobreendeudamiento hace que el consumidor no responda a la caída en los precios porque todavía prevalece el efecto de la orgía de sobrendeudamiento y los agentes buscan por todos los medios posibles reducir la carga de deudas.


Este fenómeno es especialmente severo en China, así que no tiene mucho sentido apostar a que su economía pueda volverse motor del crecimiento mundial. En los últimos veinte años, mientras la maquinaria de propaganda del neoliberalismo hacía que todo el mundo se maravillara por las altas tasas de crecimiento en China, los bancos daban créditos a quien quisiera construir rascacielos transparentes, ciudades fantasmas o carreteras que no iban a ninguna parte. Y ahora que el banco central chino relaja al extremo su política monetaria, recortando el nivel de reservas que los bancos comerciales o semi-privados deben mantener en el instituto monetario, ningún analista espera que esta medida pueda acelerar el crecimiento.


Los bancos centrales en el mundo capitalista desarrollado buscan regresar a niveles de inflación moderados. Por ejemplo, en Estados Unidos y en Suecia, la Reserva federal y la Riksbank buscan regresar a una tasa de crecimiento con una inflación de 2 por ciento. Quizás la Fed tenga que seguir el ejemplo de los suecos e instaurar tasas de interés negativas. De todos modos, el impacto sobre la demanda agregada ha sido casi despreciable en Suecia. Decididamente, algo está cambiando en el capitalismo contemporáneo.


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El PIB de Brasil se contrae un 3,8% en 2015 y confirma la intensidad de la recesión

La divulgación del Producto Interno Bruto (PIB) de 2015 ha confirmado lo que los brasileños ya están sintiendo, en la práctica: los efectos de la recesión más severa del país desde los años 90. La economía de Brasil se contrajo un 3,8% con relación al año anterior, según los datos difundidos este jueves por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). El resultado es el peor de la historia de las Cuentas Nacionales del IBGE, que comenzó en 1996.

 

El PIB total fue de 5,9 billones de reales (1,47 billones de dólares) en 2015, mientras que el PIB per cápita fue de 28.876 reales (7.382 dólares), lo que representa una caída del 4,6% con respecto a 2014. Desde 2009, en el auge de la crisis económica mundial, el índice no registraba un resultado negativo.


Entre los sectores de la economía, tan solo la agricultura y la ganadería siguieron creciendo el año pasado, con un aumento del 1,8% en comparación con el año anterior. La industria acumuló una caída del 6,2% y los servicios, del 2,7%. La Formación Bruta de Capital Fijo, una medida utilizada para medir el capital invertido por el sector privado, registró su séptimo trimestre consecutivo de caída. Los gastos de consumo de las familias también disminuyeron, en este caso, por cuarto trimestre consecutivo.


Una señal inequívoca de que la recesión continúa este año es el desempeño de la industria, así como la caída de la inversión de las empresas. En el último trimestre de 2015 la tasa de inversión, es decir, lo que las empresas invierten en nuevos proyectos o maquinaria, cayó un 4,7% en comparación con el tercer trimestre y un 18,5% en comparación con el cuarto trimestre de 2014. Si este indicador presenta cifras más bajas, señala que las empresas no van a realizar nuevos proyectos, sino que van a concentrar sus energías en reducir los gastos para conseguir pagarlos, lo que apunta a posibles recortes de puestos de trabajo.


Al mismo tiempo, la caída del consumo de las familias (del 1,3%, en comparación con el tercer trimestre, y del 6,8%, en comparación con el mismo período de 2014) revela que los brasileños están apretándose los cinturones para adaptarse a los nuevos tiempos. Si el consumidor no compra, las empresas producen menos y facturan menos. De este modo, invierten menos y despiden, lo que alimenta un nefasto círculo vicioso, que, en el Brasil de hoy, con un Gobierno débil y una crisis política sin precedentes, parece no tener fin.


Los brasileños se aprietan el cinturón


Con la recesión, la subida de los precios, el crecimiento del desempleo y el dólar rondando los cuatro reales, driblar los efectos de la crisis no es fácil. Para llegar a fin de mes, muchos brasileños han cambiado de hábitos. Quitera de Albuquerque, de 62 años, tuvo que tomar algunas decisiones. Ya no compra como antes: ha cambiado lo que realmente le gusta por lo que se puede permitir. “Cambié todas las marcas, de las judías al detergente. Compro la peor carne, miro el precio más barato”, cuenta esta dependienta de una tienda de ropa en São Paulo, que antes trabajaba en comercio ambulante.


La inflación en Brasil llegó al 10,67% el año pasado. El aumento de la tarifa de energía eléctrica hizo que Quitera tomase otra decisión radical: poner bajo llave varios electrodomésticos. “Cuando vi que la cuenta de luz se triplicaba guardé todo: ventilador, horno eléctrico, mi máquina de correr carrera y la plancha", comenta.


Algunas mujeres de clase media y media-alta recortan en belleza. Tatiana Ramos, cazatalentos de 29 años, vive en Belo Horizonte y pasó de hacerse la manicura cada semana a una vez cada 15 días. “A veces opto por solo pintarme las uñas en el salón, ya que cobran la mitad del precio. El resto lo hago yo antes, en casa. También espero más tiempo para cortarme y teñirme el pelo”, cuenta.


Tatiana también sale menos con sus amigos, e intenta ir a bares solo una vez por semana. El sector ya está sufriendo los efectos de la crisis. "Los bares y los restaurantes son los primeros en sentirlo, no solo por razones financieras, sino psicológicas. Cuando hay miedo e incertidumbre, las personas más preocupadas no quieren gastar tanto en diversión", explica el presidente de la Asociación Brasileña de Bares y Restaurantes, Perciaval Maricato. La industria del ocio sufrió una caída de facturación del 10% en 2015 respecto a 2014, según Maricato.


Nathália Machado, una abogada de 30 años, empezó 2016 cortando gastos: dejó las clases de Pilates, redujo las salidas a bares y restaurantes y decidió aplazar los planes de pasar las vacaciones con su hermana en Nueva York. Este año también pensaba dejar la casa de sus padres y alquilar un apartamento para vivir sola. El problema es que la decisión coincidió con un cambio de escenario. “Hice un plan considerando mis ingresos mensuales medios. Pero este año el valor de algunos contratos de mi empresa bajaron y los impagos aumentaron mucho, y esto afectó a mis ingresos”, cuenta Nathália, que no quiso desistir de su sueño. Para cumplirlo, tuvo que hacer ajustes. En su casa nueva, de momento, no va a contratar Internet de banda ancha, y tal vez deje el gimnasio.


Andrea Bravaresco, de 39 años, cambió el plan de televisión por cable al más básico, y recurrió a la plataforma online de películas y series Netflix. Pero la prioridad ha sido la escuela de sus hijos. Andrea no quería cambiarlos de centro, pero negoció hasta conseguir un descuento en las mensualidades. En el colegio de su hijo de 12 años pagará un 25% menos, y en el de la niña de 2 años, casi un 15%.


Adriana Canton, comerciante en Río de Janeiro, y su marido Leo, que es cocinero, creyeron por un instante que saldrían ilesos de la crisis. A fin de cuentas, atienden clientes de clase alta y media-alta, donde la recesión tarda mucho más en llegar. Pero los clientes de Leo disminuyeron y otros piden un menú más barato. En la tienda de artículos para cuartos de baño de Adriana cayeron las ventas y hubo despidos. Ahora, los viajes al extranjero no son una opción, por los precios de los billetes de avión y la devaluación del real brasileño. "Cambiamos algunas marcas de productos, el plan del teléfono móvil, y cambiamos la ducha para ahorrar agua". El cine también cambió de día. “Los miércoles es más barato”.

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Miércoles, 02 Marzo 2016 07:08

G-20: ¿estancamiento o crisis?

G-20: ¿estancamiento o crisis?

La cumbre financiera del G-20 que concluyó el sábado pasado dejó un mal sabor de boca. El cónclave reunió a los ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales del G-20. Más allá del ceremonial, la junta puso a la vista dos cosas importantes: la falta de coordinación en materia de política macroeconómica y las dificultades por las que atraviesa la economía china.


El Fondo Monetario Internacional (FMI) recomendó al G-20 comenzar a preparar un programa coordinado de estímulo para el crecimiento. Pero el secretario del Tesoro estadunidense Jack Lew respondió que no había necesidad de instrumentar un programa anti-crisis como en 2009 cuando el G-20 puso en marcha un programa coordinado de estímulos para evitar una depresión mundial. Tenemos mucha incertidumbre, dijo Lew, pero no una crisis. Eso es casi lo mismo que decían las autoridades monetarias en Estados Unidos a finales de 2007.


El ministro alemán de finanzas Wolfgang Schaeuble fue más claro e insistió que seguir hablando de más estímulos es una forma de distraer la atención sobre lo que realmente se necesita hacer. Como siempre, el alemán insistió en que lo que realmente urge es poner las cuentas macroeconómicas en orden. Es decir, lo que se necesita es más austeridad.


Todos sabemos que lo que suceda con la economía china tendrá enormes repercusiones a nivel mundial. El premier chino Li Keqiang hizo todo lo posible por mostrar una imagen de un gobierno que tiene pleno control de la situación económica. Pero lo cierto es que la evolución de la economía en China es uno de los más grandes focos de inquietud e incertidumbre para inversionistas en todo el mundo. Las medidas del banco central de los últimos meses buscaron quitar algo de presión a la gigantesca burbuja de endeudamiento que padece la economía china. Pero al final eso sólo llevó a mayores niveles de endeudamiento y terminó por hacer más frágil a todo el sistema financiero y bancario. El discurso de Li Keqiang no pudo contrarrestar los efectos del derrumbe del mercado de valores en China o las malas noticias sobre su desempeño reciente.


La economía china ocupa el primer lugar en niveles de endeudamiento (razón deuda contra ingreso) del sector financiero para el período 2007-2014. Pero también ocupa el tercer lugar en el mundo en endeudamiento del sector corporativo y cuarto en materia de endeudamiento de las familias. Como señala Amir Sufi de la Universidad de Chicago, los problemas de la economía china van mucho más allá del sector financiero pues ese país ha seguido el mismo sendero de todas las economías capitalistas que buscan asegurar crecimiento rápido: endeudamiento masivo para la construcción y para la compra de bienes de consumo duradero. Y ese proceso siempre culmina invariablemente con episodios crónicos de burbujas inflacionarias que al estallar conducen al estancamiento, tal y como se observa en el gigante asiático hoy.


Muchos piensan que Pekín tiene suficientes reservas en el banco central para enfrentar esta crisis. Y es cierto que China mantuvo durante años un superávit en la cuenta corriente de su balanza de pagos, lo que en teoría debería permitirle bastante más flexibilidad. Sin embargo, esas reservas se están evaporando a un ritmo impresionante (alrededor de 100 mil millones de dólares cada mes) y claramente los tres billones de dólares que hoy tiene el banco central no van a durar eternamente. De hecho el mercado financiero ya ha tomado nota del ritmo al que se están usando las reservas del banco central y eso no ha dejado de tener un impacto en términos de volatilidad.


Hay que observar que la coyuntura en China tiene parecidos con la situación en Japón a finales de los años ochenta. Este último también mantuvo un superávit en la cuenta corriente durante años y contaba con grandes reservas a finales de los ochenta pero eso no impidió las burbujas en los precios de bienes inmuebles y el sobreendeudamiento que condujo a veinte años de estancamiento. Hoy algunos datos sobre el desempeño de la economía china lo dicen todo. Por ejemplo, el crecimiento del consumo de energía eléctrica pasó de 25 a 15 por ciento entre 2010 y 2012, pero en 2015 ese crecimiento fue cero. Otro indicador alarmante es que el volumen de carga que se movió en la economía china en 2015 tuvo una caída de 11 por ciento. Si se suma a todo esto la cantidad de capacidad instalada ociosa en casi todas las ramas de la industria china, la idea de que el aterrizaje no va ser suave comienza a adquirir más credibilidad. El impacto en la economía global será desastroso.


Quizás China pueda mantener tasas de crecimiento mediocres en los próximos años. Pero una cosa es segura, el capitalismo en China está mutando hacia un sistema social que no se parece al de una economía capaz de elevar el nivel de vida de la mayor parte de la población.


La respuesta del FMI no se hizo esperar: al finalizar la reunión redujo su estimación para 2016 sobre el crecimiento de la economía global de 2.7 a 2.5 por ciento. Pero parece que los mercados no comparten el optimismo del FMI.


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Miércoles, 10 Febrero 2016 07:11

Venezuela va de picada

Venezuela va de picada

El New York Times puso a un reportero, Nicholas Casey, a viajar durante 30 días por Venezuela, escribiendo sus impresiones de viaje en un blog. La inversión resultó ser de valor, porque la política de medios del chavismo y del madurismo ha sido tan negativa como su política económica. La prensa de la oposición – El Nacional, por ejemplo, o Tal Cual– se ha ido empobreciendo a tal grado que casi no tiene ya reportaje de investigación. Pero en lo que a la noticia dura se refiere no resulta menos escuálida la página de aporrea.org, que fue durante años espacio predilecto de comentario chavista. Hoy Aporrea está en rebelión más o menos franca frente al madurismo, y por eso abre algunos espacios a la denuncia, pero ni así se puede afirmar que ofrezca un periodismo de investigación. En Venezuela, sólo hay periodismo ciudadano –o sea Whatsapp, Youtube y redes sociales–, pero tener periodismo ciudadano sin periodismo institucional es estar sujeto siempre al rumor, sin posibilidad de crear un sentido firme de la realidad. Aquello es el reino del rumor y de la teoría de la conspiración.


No son muchos los medios que se han molestado en mandar reporteros a Venezuela, pese a la importancia del caso. Por eso esfuerzos como los de Nicholas Casey y el Times se agradecen, por simples y mundanos que sean.


Casey se paseó por buena parte de Venezuela. Estuvo en Caracas y en Mérida, en Barquisimeto y Morrocoy, en Puerto Cabello y en varias otras partes... Y lo que vio a cada paso fue un paisaje de deterioro. Puerto Cabello, que es el puerto más importante de país, recibía hace un par de años al menos 10 buques de carga fresca diaria, fundamentales para todo, porque Venezuela todo lo importa. Cuando pasó por ahí en días pasados Casey, no entraban sino unos cuatro buques. La escasez es también falta de capacidad de comprar importaciones.


El reportero estadunidense visitó campos abandonados, y hospitales con colas de gente esperando medicinas que raramente llegan. Visitó tiendas de abarrotes bastante desabastecidas, pero aun así cuidadas por policías armados. Conversó con choferes y policías, con trabajadores que vigilan ruinas de planes de desarrollo inconclusos.


Y dondequiera encontró lo mismo: una economía constreñida a un grado preocupante. Un empobrecimiento colectivo palpable. Casey entrevistó a una joven pareja que había ido a pasear con su bebé a una de las bellas playas de ese país; su salario agregado sumaba apenas 2.19 dólares diarios, y aquello se considera un ingreso sólidamente de clase media. Se entrevistó con el ambulantaje –con los llamados bachaqueros, que han sido inculpados por Maduro dizque por ser artífices de la llamada guerra económica y que venden productos como frijol, jabón o papel de baño en las calles a cincuenta veces el precio oficial. Gente gastando medio salario de un día a cambio de una bolsita de frijol.


Al llegar a Mérida, un soldado preguntó al reportero si estaba ahí para cubrir la noticia. Casey preguntó que cuál noticia, y el soldado le habló de una epidemia de secuestros que asuela aquel lugar. Caracas rebasó ya a Tegucigalpa, y es la ciudad más peligrosa del mundo.


La prensa económica espera un colapso en Venezuela este año. La economía se contrajo 10 por ciento en 2015, y se había contraído ya 4 por ciento en 2014. Se espera que la contracción sea también bien pronunciada este año. El año pasado, la inflación venezolana fue la más alta del mundo, y se piensa que el país pasará a una situación de hiperinflación ya en cualquier momento; el Times proyecta una inflación de 720 por ciento para este año. El Financial Times, por su parte, informa que el Bolívar ha perdido 92 por ciento de su valor en los últimos dos años, y la proporción entre la deuda externa (que se cuadriplicó bajo Chávez) y el producto nacional bruto se torna cada vez más inmanejable: la declaración de una moratoria está ya prevista. La semana pasada, El País publicó que Venezuela está importando gasolina de Estados Unidos...


Frente a todo esto, sería importante que México explorase una política exterior regional coordinada con otros países, que buscaran entre todos evitar el colapso total de Venezuela. Hace unos meses el mundo presenció la expulsión de miles de colombianos ordenada por Maduro, inculpados de ser responsables de la plaga de contrabando que es resultado inevitable de una serie de políticas insostenibles. Siempre es fácil culpar de todo al extranjero, y por eso miles de colombianos tuvieron que regresar a su país, cargados de todos sus enseres. Esas imágenes fueron perturbadoras, pero la cosa se pondrá todavía peor si la economía venezolana se colapsa y los que comienzan a vadear ríos y atravesar fronteras son los propios venezolanos, buscando refugio en Colombia o Brasil. Importa que México ejerza algún liderazgo para contribuir a evitar una situación así.


El segundo pendiente, menos urgente, pero aun así relevante, es la necesidad de una reflexión crítica del caso desde la izquierda internacional, que apoyó con tanto entusiasmo a Hugo Chávez, un caudillo al que se le atribuyeron propiedades taumatúrgicas y hasta divinas, pero cuya magia dependió al final de los altísimos precios de petróleo que lo beneficiaron, y de la quiebra moral del sistema de partidos políticos que precedió su ascenso al poder. No es correcto echar la culpa de todo a Maduro y dejar perfumado a Chávez, el hombre que se religió sabiendo que tenía un cáncer incurable para dejar en la presidencia a un hombre que, además de autoritario e incompetente, ha tenido la mala fortuna de tener que administrar al país monoexportador que dejó Chávez ante el desplome de los precios del petróleo. La corrosión institucional a la que fue sometida Venezuela todos estos años es un aspecto clave del colapso inminente que amenaza aquella república.

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Petróleo, mercados financieros y recesión global

Cuando estalló la crisis de 2008 muchos analistas ligados a gobiernos y autoridades monetarias pensaron que sus efectos podrían contenerse y los daños limitarse a segmentos del sistema financiero. En realidad la profundidad y alcance del proceso de endeudamiento y apalancamiento iban más allá de todo límite. Algunos eslabonamientos existentes entre segmentos del sistema financiero eran desconocidos y tomaron a todos por sorpresa. Los vasos comunicantes entre bancos, mercados de valores, fondos de cobertura y corredurías llevaban instrumentos financieros complejos que en muchas ocasiones los reguladores ni siquiera podían entender.


Hoy la crisis adquiere un nuevo semblante. Ya no se trata simplemente de conexiones entre segmentos del sistema financiero. Hoy existe una relación estrecha entre el derrumbe en los precios del petróleo y el colapso y volatilidad extrema en los principales mercados financieros. Los precios del crudo hoy actúan como una señal de alarma sobre el mal estado de la economía mundial. La crisis ha completado un ciclo y en lo que va de este año las pérdidas acumuladas en Wall Street ascienden a más de 1.6 millones de millones de dólares.


Una de las razones por las cuales el colapso en el precio del crudo afecta todo tipo de mercados financieros es relativamente sencilla. Muchos grandes inversionistas, desde fondos hasta grandes corporaciones, sufrieron en 2015 un castigo brutal en el componente de sus carteras de inversión relacionado con mercancías básicas o commodities. Hoy esos mismos inversionistas han comenzado a deshacerse de acciones y títulos financieros con el fin de reducir el perfil de riesgo de su cartera total. Y como se dice en la jerga financiera, eso ha afectado el sentimiento del mercado y ha intensificado la tendencia a vender en corto.


Los inversionistas más importantes en la economía mundial están observando con gran atención la evolución del precio del petróleo. El desplome no es considerado como portador de buenas noticias. Al contrario, es un muy mal presagio de que la economía mundial seguirá empantanada en un entorno recesivo por varios años.


El colapso en el precio del crudo se atribuye a la estrategia de mercado de Arabia Saudita para preservar su franja de mercado. Pero hay otros indicios de que podría estar más relacionado con el colapso en la demanda, sobre todo con la contracción en China. Todas las señales económicas que vienen del gigante asiático en estos días anuncian una fuerte y duradera contracción. El bajo precio del petróleo podría ser más un fenómeno deflacionario que una consecuencia de la pelea por franjas de mercado.


Por su parte, las señales desde Estados Unidos tampoco son buenas. El boom del fracking hidráulico se acompañó de un feroz sobrendeudamiento por parte de las nuevas compañías gaseras y petroleras. Muchas de estas compañías pudieron financiarse a través de títulos de muy mala calidad e incluso de bonos chatarra. Con la promesa de que estaban iniciando la revolución energética que Estados Unidos había esperado desde hacía años, pudieron vender esos títulos a inversionistas incautos con la promesa de que mantendrían rendimientos altos durante mucho tiempo. Hoy que el precio del crudo no permite cubrir el costo de producción promedio en la mayoría de los sitios con instalaciones para el fracking hidráulico el colapso en la industria se acelera. El número de instalaciones (rigs) de fracking en operación en Estados Unidos ha descendido de mil 864 en octubre de 2014 a unas 619 en enero de este año.


Se estima que la mitad de las empresas petroleras estadunidenses en el negocio del fracking va a tener que quebrar. Todo esto tendrá grandes repercusiones a nivel macroeconómico y ciertamente no favorecerá una recuperación. De hecho, en el debate sobre si la Reserva federal se apresuró a incrementar la tasa de interés el impacto del bajo precio del petróleo ya es considerado como una de las variables más importantes.


Existe una ramificación que conecta el precio del petróleo con la economía financieras que no ha sido bien analizado. El precio del crudo es el soporte del valor de muchos bonos y créditos corporativos. Su desplome anuncia una cascada de deudas que no podrán ser pagadas, lo que llevará a la quiebra a muchos fondos y bancos. La cartera vencida de compañías petroleras podría superar el volumen de los años 80, cuando la caída del precio del petróleo ayudó a precipitar la crisis mundial.


La industria energética lleva a cabo grandes inversiones y sus efectos multiplicadores en la economía son muy fuertes. Una parte significativa del crecimiento de la economía estadunidense después de la crisis de 2008 se debió a las inversiones del sector energético (y, en especial, del fracking). Pero cuando las empresas petroleras tienen que aplicar el freno de emergencia, el efecto de contracción, con todos sus multiplicadores, no tarda en manifestarse. La crisis global sigue evolucionando.


Twitter:@anadaloficial

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El FMI prevé para 2016 una inflación récord del 720% en Venezuela

América Latina afronta la segunda contracción anual consecutiva, algo que no ocurría desde la crisis de la deuda en 1982 y 1983

 

El incremento de precios que los consumidores venezolanos sufrieron el año pasado va a quedarse pequeño comparado con el que proyecta el Fondo Monetario Internacional para 2016. El organismo anticipa que la inflación llegará al 720% este ejercicio, frente al 275% que se vivió en 2015. Los desequilibrios que sufre la economía de Venezuela son "considerables" y las distorsiones internas se ven potenciadas por el desplome en el precio del petróleo.


El FMI desarrolló este viernes las previsiones que presentó el pasado martes para América Latina. El contexto, indicó Alejandro Werner, es complejo porque la economía mundial sigue "luchando" por afianzarse y eso provocará, combinado con las tensiones en el mercado de la energía, las divisas y la incertidumbre sobre la economía china, que el conjunto de la región se contraiga un 0,3%.


Venezuela es la que va a sufrir el mayor ajuste, con una contracción que se proyecta del 8% para este 2016. "No vemos que vaya a haber una corrección en el camino", lamentó Werner. El dato de inflación que presentó contrasta con las cifras que está dando Caracas, que la semana pasado indicó que los precios subieron un 141,5% el pasado año. "Los precios siguen trepando fuera de control", advirtió.


La tasa del 275% de inflación está considerada un récord mundial por el FMI. La falta de divisas, explicó, Werner, está redundando en una escasez de bienes intermedios y provocando un desabastecimiento generalizado de bienes esenciales, incluidos los alimentos, que "acarrean consecuencias trágicas". A esto se le suma le suma la política de su banco central, que está desplomando el valor del bolívar.


El impacto del petróleo


El ciclo pernicioso en el que está atrapado Venezuela se está viendo agravado por el descenso de precios del petróleo. La contracción acumulada del producto interior bruto entre 2015 y 2016 va a ser la tercera mayor a escala mundial. Los analistas de Wall Street temen que el país no esté en condiciones de generar el efectivo suficiente para pagar sus deudas y financiar sus importaciones.


La fuerte recesión en Venezuela, junto a la Brasil, Argentina y Ecuador, está haciendo de lastre en toda la región. Hasta el punto de que va a encadenar dos años de contracción, una situación que no se veía desde la crisis de la deuda 1982 y 1983, que desencadenó lo que se bautizó como la "década perdida". Werner anticipa que el ajuste será "difícil, aunque menos traumático".

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