Martes, 19 Enero 2016 06:37

"El modelo rentista se agotó"

"El modelo rentista se agotó"

El funcionario del gobierno de Maduro afirmó que la crisis tiene lugar por el agotamiento de una matriz económica basada en el petróleo y sostuvo que ahora se busca saltar a una economía productiva, garantizando los derechos sociales.

 

El vicepresidente de Venezuela, Aristóbulo Istúriz, aseguró ayer que el gobierno bolivariano trabaja en una salida de la crisis económica, que no sea neoliberal, y que explora algunas alternativas con el decreto de emergencia económica emitido la semana pasada. El funcionario afirmó que la crisis tiene lugar por el agotamiento de una matriz económica basada en el petróleo y sostuvo que ahora se busca saltar a una economía productiva, garantizando los derechos sociales. "Hablo de un modelo rentista que se agotó definitivamente y estamos en la obligación de construir un modelo productivo, que nos permita, al mismo tiempo que se genera riqueza, mantener y profundizar las conquistas sociales de nuestro pueblo. De eso se trata", señaló. En una reunión con empresarios y funcionarios de la región costera de Vargas, Istúriz explicó el decreto de emergencia económica, que será sometido a discusión en la Asamblea Nacional, cuya mayoría se encuentra en manos opositoras.


Istúriz dijo que el objetivo del Gobierno, ante la actual coyuntura económica, es impulsar un plan productivo, elevar la captación de divisas, regular el sistema de producción y distribución de productos esenciales, optimizar la recaudación de impuestos y agilizar los procesos de la banca. Indicó además que esos puntos están contenidos en el decreto de emergencia económica. "En este plan se desprenden diversas líneas, con las que podremos saltar de una economía rentista a una productiva garantizando los derechos sociales", insistió. El vicepresidente señaló también que por la caída de los precios petroleros, el país perdió el 60 por ciento de sus ingresos externos, luego de que el barril cayera en dos años de casi 100 dólares a 24.
"El decreto evita situaciones que hemos experimentado en otras épocas. Tenemos que buscar una salida que no sea la neoliberal, aquí vimos lo que ocurrió con el 'Caracazo'",dijo sobre los saqueos y disturbios callejeros de febrero de 1989, que estallaron cuando se aplicó un plan de ajuste económico acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Istúriz recordó que aquella vez el pueblo salió a la calle "porque se aplicaron medidas de corte neoliberal cuando no se ofrecieron otras alternativas".
Por otra parte, afirmó que el esquema que aplicó el entonces presidente Carlos Andrés Pérez, quien echó mano a la liberalización de precios y la privatización de empresa estatales, contrasta con la actitud del actual gobernante Nicolás Maduro, quien tiene como principio mantener los logros sociales del pueblo. "En otro momento de nuestra historia no se ha creado un decreto con esta intención. Este decreto de emergencia –dijo el vicepresidente– pretende encauzar al país hacia una economía robusta, independiente, inclusiva y soberana."
Maduro también se refirió a la coyuntura económica. "Hoy desplegamos todo el Equipo Económico de Gobierno por el país, a explicar el decreto de Emergencia y la Agenda Económica Bolivariana", escribió el mandatario en Twitter. "A concretar la convocatoria al Trabajo, al Esfuerzo Productivo para enfrentar la crisis y la guerra económica con toda la fuerza de la Patria", arengó. "Mañana (por hoy) activaré el Consejo Nacional de Economía Productiva con todos los sectores que quieran Trabajar y superar esta difícil situación. Creo en el Diálogo de Acción, Diálogo Creativo... en un Diálogo Patriótico y Comprometido, para construir una Nueva Economía Productiva y Diversa", agregó Maduro.
El gobernador de Miranda y ex candidato presidencial opositor, Henrique Capriles, cuestionó el decreto de emergencia económica y argumentó que implica darle más poder a los responsables de la crisis. "El gobierno nacional ha tenido seis leyes habilitantes (por las que se da poderes para legislar al Ejecutivo) y ahora pide más facultades, ¿Ustedes creen que la crisis se soluciona dándole poder a quienes han tenido todo el poder?", preguntó durante un acto en Guarenas, ciudad próxima a Caracas. El gobernador consideró que al debate en la Asamblea Nacional sobre el decreto deberían asistir los ministros para que expliquen en qué fueron invertidos los recursos del país.
Según Capriles, los gobernantes que hoy reconocen la delicada situación que atraviesa el país "regalaron millones de dólares a otros países, derrocharon los petrodólares y ahora vienen a decir que la crisis es culpa de la caída de los precios del petróleo o del pueblo". Mientras, el líder de la bancada opositora en la Asamblea, Julio Borges, informó que hoy comenzará a debatirse el decreto, para lo cual se instalará una comisión especial que solicitará información a funcionarios del área económica del Gobierno. Asimismo, Borges señaló que es positivo que Maduro reconozca la gravedad del problema económico, pero recordó que hasta hace 15 días el presidente tuvo poderes especiales que le otorgó la anterior Asamblea para legislar por decreto.

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América Latina empeora y seguirá decreciendo en 2016, según el FMI

El Fondo aplica un duro tijeretazo a las previsiones que había hecho en octubre. La recesión en Brasil superará el 2% tanto este año como en 2017.

Las previsiones del Fondo Monetario Internacional llevan desde hace tiempo un patrón amargo: las publica cuatro veces al año y cada revisión supone empeorar las que esperaba de un mismo ejercicio apenas tres meses antes. América Latina está en el centro de esta deriva: la economía de la región, de la que el pasado octubre esperaba un mínimo avance para 2016, vuelve a figurar en recesión en sus pronósticos. Aunque la economía de la mayor parte de países tiene tímidos crecimientos, el bajón de Brasil arrastra cualquier promedio. Y México, el otro gigante, también ha visto a la baja su pronóstico.


En concreto, en el último informe, hecho público este martes, el Fondo calcula que la economía latinoamericana acaba 2016 con una recesión del 0,3%, cuando en las reuniones que la institución celebró este otoño en Lima se esperaba un crecimiento del producto interior bruto de la región del 0,8%. Es una revisión a la baja de más de un punto porcentual realizada en el lapso de apenas 100 días y que tiene mucho que ver con la incertidumbre global y la economía brasileña.


El país pilotado por Dilma Roussef ha sufrido el recorte más drástico de las previsiones: cae un 3,5% este año y aspira a estancarse en el siguiente, según el nuevo escenario que contempla el fondo. La crisis brasileña es peor de lo que se imaginaba en Washington. "La recesión cuya recesión causada por la incertidumbre política en medio de las secuelas ininterrumpidas de la investigación de Petrobras) está demostrando ser más profunda y prolongada", dice el informe.
El panorama es muy diferente para México, que avanzaría un 2,6% y un 2,9% en 2016 y 2017, respectivamente, aunque no dejan de ser dos décimas menos que lo que el Fondo había estimado en octubre. La región latinoamericana se ve muy afectada por dos de las grandes incertidumbres del momento: el bajo precio del petróleo, que castiga a los países exportadores, y los riesgos del repliegue final de los estímulos monetarios de Estados Unidos, ya que eso agrava los problemas de deuda de muchas economías con pasivos denominados en dólares.


Son los mismos problemas que hace dos semanas llevaron al Banco Mundial a ensombrecer también las previsiones para la región, aunque son algo más optimistas que la del FMI. El organismo señaló que crecimiento será "nulo", después del descenso del 0,9% en 2015. El pronóstico previo del Banco era de un crecimiento del 1,5%.


"Una mayor apreciación del dólar y condiciones financieras más restrictivas que podrían generar vulnerabilidades en los mercados emergentes, creando posibles efectos adversos en los balances de las empresas y problemas de financiamiento cuando exista una alta exposición en dólares", advierte el FMI.


El FMI rebaja sus previsiones de crecimiento global para 2016 y 2017


El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha revisado a la baja sus proyecciones del crecimiento global para los próximos dos años. En 2016 y 2017 la economía mundial crecerá, según los cálculos del FMI que se presentan el martes por la mañana en Londres, un 3,4% y un 3,6%, respectivamente. Se trata, en ambos casos, de un crecimiento 0,2 puntos porcentuales menor del que el propio FMI proyectó en octubre del año pasado, debido fundamentalmente a que el repunte de las economías emergentes se prevé ahora más tenue que lo pronosticado inicialmente. El Fondo mantiene sus cálculos sobre China, que seguirá frenando (en 2016 se espera que crezca el 6,3%), y reduce con fuerza el pronóstico de otros países como Brasil y Rusia.


La bajada en los precios del petróleo y otras materias primas lastrará a muchas economías emergentes y parte del comercio mundial, ya que muchos países productores se verán obligados a reducir sus ritmos de compras exteriores. Sin embargo, puede brindar un impulso mayor del previsto a la demanda en los países importadores de petróleo. Es el caso de España: los expertos del FMI prevén ahora un crecimiento del PIB español mayor que el que proyectaron inicialmente para los próximos dos años. La economía española crecerá un 2,7% en 2016 y un 2,1% en 2017, lo que supone una corrección al alza de 0,2% y 0,1%, respectivamente, respecto a las previsiones del FMI de octubre.


La proyección de crecimiento de la eurozona en su conjunto apenas se corrige (solo 0,1 puntos porcentuales más el primer año) con respecto a lo estimado en octubre: crecerá un 1,7% en 2016 y otro tanto en 2017.


En cuanto a las economías de América Latina y el Caribe, el FMI rebaja significativamente sus previsiones de crecimiento: el PIB agregado de la región en su conjunto se contraerá un 0,3% en 2016 y crecerá un 1,6% en 2017. Los datos suponen una corrección a la baja, respecto a sus proyecciones de octubre, de 1,1% el primer año y 0,7% el segundo.


El crecimiento, no obstante, será positivo en la mayoría de los países de la región. La contracción se debe principalmente a la situación en Brasil, cuya recesión "está demostrando ser más profunda y prolongada de lo esperado", según recoge el informe que se presenta esta mañana, "causada por la incertidumbre política en medio de las secuelas ininterrumpidas de la investigación de Petrobras".


El FMI calcula que la economía brasileña caerá un 3,5% en 2016 y se recuperará hasta el 0,0% en 2017. Los nuevos datos suponen una corrección a la baja de las proyecciones de octubre de 2,5% y 2,3%, respectivamente. Las proyecciones de crecimiento de México, la otra gran economía de la región, se corrigen también notablemente a la baja —un 0,2% menos en ambos años—, aunque seguirá creciendo a un ritmo de 2,6% en 2016 y de 2,9% en 2017.


La revisión de los pronósticos realizados hace tres meses obedece, explica el FMI en su informe, a la corrección del comportamiento previsto en tres países o regiones: Brasil, país al que se atribuye "principalmente" la revisión; Oriente Medio, "cuyas perspectivas están opacadas por la caída de los precios del petróleo", y Estados Unidos, "cuyo crecimiento mantendría el ritmo actual, en lugar de cobrar nuevo impulso". La economía estadounidense, según los expertos del FMI, crecerá un 2,6% en 2016 y otro tanto en 2017, lo que supone una corrección a la baja de 0,2 puntos porcentuales en ambos ejercicios, respecto a lo previsto en octubre. Las previsiones para China permanecen inalteradas respecto a lo proyectado en octubre: crecimientos del 6,3% en 2016 y del 6% en 2017.


En general, el FMI prevé que el repunte de la actividad económica mundial será más gradual de lo previsto en octubre, "especialmente en el caso de las economías de mercados emergentes y en desarrollo". "La desaceleración y el reequilibrio de la economía china, la caída de los precios de las materias primas y las tensiones a las que se encuentran sometidas algunas de las principales economías de mercados emergentes continuarán lastrando las perspectivas de crecimiento en 2016 y 2017", explica el organismo internacional en su informe.


Dichas economías de mercados emergentes y en desarrollo, a pesar de que aún generan más del 70% del crecimiento mundial, se desaceleraron en 2015 por quinto año consecutivo. Las economías avanzadas, sin embargo, continuaron registrando una ligera recuperación.


Son tres los factores que siguen determinando, según el FMI, las perspectivas mundiales: la desaceleración y el ajuste gradual de la actividad económica de China; el endurecimiento paulatino de las política monetaria en Estados Unidos, mientras los bancos centrales de otras economías avanzadas continúan aplicando una política monetaria distendida; y, por último, el marcado descenso desde septiembre de 2015 de los precios de la energía y de otras materias primas.


Este último factor, la caída de los precios del petróleo, "ejerce presión en los saldos fiscales de los exportadores y está empañando sus perspectivas de crecimiento". Pero, a la vez, "está apuntalando la demanda de los hogares y rebajando el costo comercial de la energía en los países importadores, donde los usuarios finales se benefician plenamente de este abaratamiento".

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Martes, 15 Septiembre 2015 06:49

El virus japonés infecta la economía global

El virus japonés infecta la economía global

La economía japonesa fue un motor súper dinámico durante las cuatro décadas que siguieron a la segunda Guerra Mundial. Pero a finales de la década de los ochenta la locomotora perdió velocidad. Las causas de la pérdida de dinamismo y la respuesta de la política macroeconómica fueron consideradas como excepcionales durante muchos años. Hoy la economía mundial tiembla de miedo al ver reflejada su imagen en el espejo japonés.


¿En qué se parece lo que hoy sucede en las economías occidentales y lo acontecido en Japón hace unos cinco lustros? La respuesta estriba en la presencia de una burbuja de dimensiones macroeconómicas en los precios de diversos tipos de activos. En Estados Unidos, por ejemplo, la burbuja en el precio de bienes raíces es casi idéntica a la de Japón, pero con unos 15 años de diferencia. Entre 1986 y 1992 el índice de precios de los bienes raíces en las regiones de Osaka y de Tokio aumentó de 100 a 222. Entre 1992 y 1997 el índice de precios sufre un colapso cercano a 40 por ciento. La comparación con Estados Unidos es sorprendente: entre 2001 y 2007 el índice de precios de bienes raíces en el grupo de las diez principales ciudades de Estados Unidos pasó de 100 a 220. Y entre 2007 y 2012 dicho índice se reduce en 30 por ciento.


Lo más interesante es que el ritmo de aumento en los precios de los activos (en este caso bienes raíces) es casi idéntico, la duración de la fase ascendente es igual, la magnitud de la caída en los precios es muy parecida y la duración de la fase descendente es la misma. La lección es que Estados Unidos habría enfrentado condiciones macroeconómicas muy parecidas a las de Japón con un rezago de 15 años.


La experiencia europea es parecida, sólo que las burbujas fueron mucho más grandes. Por ejemplo, los datos de Nomura Research Inc. que el índice de precios de las casas en Irlanda pasó de 100 a 514 entre 1995 y 2007 antes de reducirse a 273 en 2014. Existen datos similares para los casos de España, Grecia y otros países de la zona euro. Sólo Alemania presenta una anomalía, pues el índice acusa un comportamiento moderado en sentido inverso durante el periodo de referencia.


La explosión de estas burbujas trajo consigo una contracción económica de gran calado, tanto en Japón, como en Estados Unidos y Europa. La recesión japonesa fue en la década en la que en Estados Unidos (y en Europa) se cantaban himnos piadosos a la diosa de la gran moderación. Así que el caso de la economía del país del sol naciente era visto como una anomalía, producto de un virus endémico de la economía japonesa.


El banco central en Japón respondió con una drástica reducción en la tasa de interés líder desde 1994. La Reserva Federal y el Banco Central Europeo (BCE) hicieron lo mismo en 2008 y 2009. Pero la recuperación en Japón fue mediocre y en Estados Unidos sigue siendo frágil. En Europa, a pesar de que la tasa de interés del BCE es de 0.15 por ciento, la tasa de desempleo en la eurozona se mantiene demasiado alta (España mantiene una tasa de desempleo de 25 por ciento, equiparable a la que imperó en Estados Unidos durante la gran depresión).


¿Por qué se produce este paralelismo entre la recesión en Japón en los años noventa y la gran recesión derivada de la crisis global de 2007-2008? Desde luego hay muchos factores interviniendo en la evolución de cada una de estas economías, pero Japón, Estados Unidos y varios países europeos tienen algo en común: la oferta monetaria se ha mantenido estable desde que la tasa de interés se redujo a niveles cercanos a cero y desde que el banco central aplicó una política de inyección de grandes cantidades de liquidez. Es decir, al igual que en Japón, la política de tasa de interés cero y la flexibilidad monetaria en Estados Unidos y en Europa no se tradujeron en aumentos del crédito privado, ni en incrementos de la oferta monetaria (medida de M1 a M4). Es decir, el aumento de liquidez que el banco central inyectó al sistema financiero no ha podido entrar en el sistema económico. La razón es que no hay agentes que estén interesados en tomar esos recursos prestados para ponerlos a trabajar en la economía real.


Como dice Richard Koo, uno de los analistas más lúcidos de la crisis global, para los economistas que se han formado en los libros de textos convencionales esto es algo inesperado. La oferta monetaria y el crédito privado deberían estar acoplados con la creación de dinero de alto poder.


Al igual que en Japón en la década de los años noventa, ni el Banco Central Europeo ni la Reserva Federal han conseguido lo que el Banco Central de Japón tampoco pudo lograr: incrementar el crédito en medio de una recesión deflacionaria.

Cuando todos los agentes en una economía, consumidores y productores, se dedican a pagar deudas a pesar de que la tasa de interés es cero, la deflación es completa y el estancamiento no se hace esperar. La contracción en la demanda agregada conduce de manera irremediable a una recesión. Y cuando eso sucede en las principales esferas económicas del planeta, el estancamiento promete durar muchos años.


Twitter: @anadaloficial

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El FMI pide medidas a los países del G20 para evitar un frenazo económico

El parón de China y el temblor de los mercados financieros marcarán la reunión de ministros de Finanzas del G20, el grupo de los países más industrializados —es decir, más ricos— que arranca el viernes. El documento previo del Fondo Monetario Internacional (FMI) para la cita también deja clara su preocupación: el organismo pide tanto a los gobiernos como a los bancos centrales que mantengan las políticas de apoyo al crecimiento.


Año tras año, cumbre tras cumbre, el G20 ve una recuperación económica global que no se acaba de consolidar y que permanece plagada de incertidumbres. El crecimiento mundial perdió fuelle en el arranque de 2015 con relación al final de 2014 y la ralentización de la economía china abona el pesimismo para lo que queda de año. Según el Fondo, en la mayoría de países avanzados la política monetaria "debería mantenerse acomodaticia" ya que la inflación queda lejos de los objetivos y, por tanto, no hay necesidad de frenar la máquina de imprimir dinero.


El mensaje llega el día en el que se celebra la reunión mensual del Banco Central Europeo (BCE) y apenas dos semanas antes de que la Reserva Federal (Fed) decida si aprueba ya la que sería la primera subida en 10 años de los tipos de interés, ahora en cero. La situación redobla la presión sobre el mayor banco central del mundo, aunque el FMI ya ha sido mucho más explícito este verano al pedir abiertamente a la Fed que aguarde.


Esta vez reclama una "comunicación efectiva" sobre lo gradual que será la subida del precio del dinero en EE UU (ya que las expectativas del mercado pueden no coincidir con la Fed) y es más directo con el BCE. El documento del Fondo resalta cómo el programa de compra de bonos a gran escala (la llamada expansión cuantitativa) que comenzó en marzo ha mejorado la confianza y las condiciones financieras en la zona euro, pero advierte de que este plan "debería extenderse si no hay suficiente mejora en la inflación" respecto a los objetivos de estabilidad de precios a medio y largo plazo.


El FMI también pide a los Gobiernos de países avanzados políticas de estímulo, aunque admite que el volumen de deuda pública supone un considerable problema —"reto", la palabra que suele preferir el organismo— en un entorno de crecimiento bajo y baja inflación (que hace que el peso real de ese pasivo contraído sea mayor).


El actual ritmo de reactivación ni siquiera está garantizado. "Sigue siendo relevante el riesgo de un estancamiento secular para las economías emergentes y los riesgos geopolíticos para los mercados emergentes como consecuencia de lo acontecimientos en Ucrania, Oriente Medio y parte de África", señala el Fondo.


Señala que los países del G20, que no dejan de expresar preocupación por la ralentización global, deben impulsar también reformas estructurales, sobre todo en el ámbito laboral y de liberalización de los mercados, para impulsar el crecimiento económico potencial.

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"El crecimiento en América Latina se desplaza del sur al norte"

El economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) avisa de que en América Latina se abre una brecha: mientras unos países echan el freno, otros pisan el acelerador

 

Las últimas previsiones del FMI empeoran las perspectivas de crecimiento para América Latina. La expansión regional será solo del 0,9%, lastrada sobre todo por la debilidad del mercado de las materias primas y tres de sus principales economías (Brasil, Argentina y Venezuela) entrarán en recesión. Sin embargo, José Juan Ruiz, economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), advirtió en la 31ª Reunión del Círculo de Economía, celebrada recientemente en Sitges (Barcelona), de que mientras unos países echan el freno, otros pisan el acelerador.


Pregunta. ¿Hay dos velocidades distintas de crecimiento en América Latina?


Respuesta. Siempre pensamos en las siete grandes economías, pero hay 26 países, con diferentes niveles de desarrollo y de exposición a los cuatro grandes shocks que condicionan a las economías emergentes. La brocha gorda no sirve para ver lo que ocurre en el continente. Hay dos grandes grupos de países: los que crecen y los que están en recesión. Venezuela, Argentina y Brasil, que suponen el 51% de la economía de la región, están en crisis. El 49% restante crece a una tasa media del 3,4%.


P. ¿Cuáles son esos cuatro impactos?


R. El primero es el lento crecimiento de la economía mundial, que es asimétrico: EE UU crece más y Europa y Japón menos, mientras que China ya no se expande al 10%, sino al 6,5%. Segundo, la caída del precio del petróleo, los alimentos y los minerales; tercero, las expectativas de una subida de tipos en Estados Unidos, y cuarto, un dólar más fuerte.


P. ¿Y por qué el impacto es desigual?


R. El sur [Chile, Colombia, Perú, Argentina y Brasil] lo forman países exportadores de commodities [materias primas], mientras que el norte es importador neto de energía y alimentos. Unos cierran el superciclo de las commodities y otros ahora ven cómo eso les ayuda. El crecimiento se está desplazando del sur al norte del continente. Por otro lado, China es el gran mercado de los países del sur, mientras que para el norte lo es Estados Unidos. Una gran parte del PIB de Centroamérica se genera por el turismo y las remesas de inmigrantes. Que EE UU vuelva a crecer a tasas elevadas significa que los que viven allí tienen mejores puestos de trabajo y envían más dinero. En El Salvador, por ejemplo, las remesas suponen el 18% del PIB.


P. ¿Va a ser esta crisis diferente de las anteriores que han sufrido esos Estados?


R. Hay países que han creado instituciones y reglas para ser más predecibles —como Chile, Colombia, México o Perú—, mientras que en otros el ciclo tiene más volatilidad porque sus instituciones son más débiles o porque tienen menor credibilidad ante los mercados. En una crisis de los años ochenta o noventa la prima de riesgo saltaba 600 puntos. En esta ocasión, Brasil, con todos sus problemas de crecimiento e inflación, ha sufrido un crecimiento de su prima de riesgo de nueve puntos básicos en el conjunto de los emergentes.


P. ¿Eso es todo mérito de las reformas?


R. Al producirse la desaceleración económica, el Gobierno permitió que el banco central actuara de forma independiente y el Ministerio de Hacienda anunció un programa de ajuste fiscal para volver al superávit primario del 2% en dos años. Hay capacidad de respuesta institucional, y ese es el gran cambio de América Latina con respecto al pasado.


P. ¿Van a necesitar ajustes presupuestarios drásticos?


R. No, porque están en mejor posición y el tipo de cambio absorbe parte de los ajustes. Y aunque tengan un gran impacto, la rapidez de la respuesta los hace más digeribles. La última década, la de la modernización social, ha puesto de manifiesto que no hay oposición entre eficiencia y equidad. El Lula de la Bolsa Familia, pero también del superávit primario y por cuenta corriente, es el modelo que hoy América Latina considera como suyo.


P. ¿El crecimiento implicó una reducción de la desigualdad?


R. Sí, en diez puntos [medidos por el coeficiente de Gini]. La pobreza cayó del 30% al 21% y la población que vive con entre cuatro y diez dólares diarios supone el 45%. Es gente que no es de clase media, pero tampoco es pobre. Y eso condiciona la forma como se harán los ajustes. Serán menos intensos porque los desequilibrios son menores, las instituciones son más fuertes y porque no se podrán hacer a costa de revertir los avances sociales de una década. En América Latina no hay la posibilidad de otra década perdida.

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Los avances sociales de América Latina dependen de la productividad

América Latina debe invertir en innovación, ciencia, industria y estructuras tecnológicas para aumentar su productividad. Si no, los avances sociales que ha conseguido gracias al impulso económico de los últimos 10 años entrarán en recesión, como lo ha hecho su economía. Esa es la conclusión que expusieron ayer en Madrid Mario Pezzini, director del centro de desarrollo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE); Mario Cimoli, director de desarrollo productivo y empresarial de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL); y Germán Ríos, director de asuntos estratégicos del CAF-Banco de Desarrollo de América Latina, en la presentación del informe Perspectivas Económicas de América Latina 2015, que han realizado estos tres organismos de manera conjunta para buscar soluciones a la desaceleración económica de la región.

Hasta 2014, América Latina crecía a un ritmo del 4% de su PIB. Esto propició el despegue de la clase media y redujo la disparidad socioeconómica. Pero con la crisis internacional y el fin del boom de las materias primas, el año pasado Latinoamérica creció poco más del 1% y el descenso de la inequidad quedó estancado como la segunda región más desigual del mundo, según el coeficiente Gini.


"El acceso a la educación ya no es clave para la salida de la desigualdad. Ahora lo es la calidad de esa educación", afirmó Rebeca Grynspan, secretaria general de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB). La educación es uno de los sectores donde más ha progresado la región. Entre 2000 y 2010, la tasa de escolarización entre los jóvenes creció un 77%, según el Sistema de Información de Tendencias Educativas en América Latina (SITEAL). Grysnpan explicó también la importancia de crear una gran alianza entre los sistemas educativos de los distintos países para fomentar la movilidad: "Los empresarios piden gente que sepa trabajar en equipo y adaptarse a ambientes multiculturales. Eso no se aprende en un aula".


"Se ha dicho: 'hay que educar', 'hay que educar', 'hay que educar...", afirmó el ponente de la CEPAL, Mario Cimoli. "Pero si la estructura productiva es la misma, todos esos educados van a acabar manejando un taxi", bromeó. Cimoli defendió la importancia de crear una demanda de trabajadores que pueda absorber todos esos jóvenes formados. Para ello, el camino, según Cimoli, es invertir en innovación, tecnología e industria. "Si no, los pocos técnicos que formamos, se van fuera", aseguró.


Cimoli no es el único que defiende que: "La pobreza no puede combatirse solo con políticas sociales". Su compañero de la OCDE Mario Pezzini propuso, además, una subida de impuestos. "El ingreso fiscal ha aumentado un 7% en la última década hasta alcanzar el 21,3% en 2014. Pero hace falta que continúe subiendo hasta el 30% de recaudación que tienen los países de la OCDE".


Sobre estos asuntos, y otros más, reflexiona el documento que busca ofrecer soluciones a una región en la que, pese a los avances de los últimos 10 años, hay todavía con 167 millones de personas que viven en la pobreza, de los cuales 71 millones son indigentes. Posibles modelos y alternativas ya que, como dijo ayer en la presentación Jesús Gracia, Secretario de Estado de Cooperación Internacional y para Iberoamérica, "los economistas son muy buenos cuando predicen el pasado".

 

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En una profunda recesión cayó la economía de Venezuela este año

En un contexto de desplome de los precios del petróleo, el Banco Central de Venezuela (BCV) confirmó que la economía del país cayó en una profunda recesión este año, con la inflación más alta del continente y una aguda escasez de productos básicos. El reporte culpó a los adversarios políticos del gobierno socialista del presidente Nicolás Maduro por dedicarse a sabotear la actividad económica.

En el tercer trimestre de 2014, la economía del país sudamericano registró una contracción de 2.3 por ciento, informó el BCV. Son las primeras cifras oficiales sobre el comportamiento económico de Venezuela en lo que va del año. En el segundo trimestre se reportó una caída de 4.9 por ciento, luego de registrar una contracción de 4.8 por ciento en los primeros tres meses del año. De acuerdo con los parámetros internacionales, dos trimestres continuos con contracciones económicas apuntan hacia una recesión.

 

Esperaban devaluación del bolívar y aumento de gasolina

 

La caída de precios ocurre en momentos en que Venezuela afronta una inflación galopante y severos problemas de escasez de productos básicos. El incremento de la inflación anualizada a noviembre llegó a 63.6 por ciento y Nicolás Maduro estimó que los precios al consumidor cerrarían el año con una aceleración de 64 por ciento, la mayor de América. En línea con las estimaciones de gremios y analistas que sostenían que su producto interno bruto (PIB) se estaba contrayendo, los resultados anunciados perfilan a Venezuela como uno de los países con peor desempeño económico de América.

Se esperaba que el mandatario socialista anunciara algunas medidas económicas y de política monetaria recomendadas por analistas para revertir la situación, entre ellas la devaluación del bolívar y el aumento del precio de la gasolina más barata del mundo. Pero en tres horas de conferencia de prensa sólo presentó algunas metas de su programa de recuperación económica para 2015, sin anunciar ninguna medida concreta.

En alusión a las violentas protestas antigubernamentales que sacudieron Venezuela a comienzos del año y supuestos planes para desestabilizar al país, que según Maduro incluyeron el contrabando y el acaparamiento de productos esenciales, el banco central comentó que esas acciones contra el orden nacional impidieron la cabal distribución de los bienes básicos a la población, así como el desarrollo normal de la producción de bienes y servicios. Esto se tradujo en un repunte inflacionario y en una caída de la actividad económica.

Las protestas callejeras dejaron 43 fallecidos, unos 800 heridos y miles de detenidos, de los cuales aún permanecen arrestadas decenas de personas, según registros de la Fiscalía General. Maduro se mostró confiado en que el PIB se recuperará para 2015.

Dadas esas circunstancias, el retroceso de la economía pudo haber sido peor, agregó el gobernante, al tiempo que indicó que el precio del barril de petróleo venezolano, que genera cerca de 96 por ciento de los ingresos que recibe el país por exportaciones, se ubicó ayer en 46 dólares. El descenso se traduce en una caída severa en los ingresos del gobierno, que debe atender una ingente deuda externa y ofrece una serie de programas sociales que incluyen desde capacitación laboral, viviendas y electrodomésticos hasta ayuda en efectivo para madres solteras.

Pese a la caída de los precios del crudo, Venezuela continuará estable económicamente. Esto es una gran oportunidad, enfatizó. Debido a que la contracción de la actividad económica ocurre en medio de un contexto de aceleración de precios, los analistas estiman que Venezuela entró en un ciclo de estanflación, que implica contracción económica e inflación alta.

El informe no fue una sorpresa para los economistas, que culpan al estricto control gubernamental de divisas de ahuyentar a la inversión y provocar una escasez generalizada. En Venezuela rige un férreo control de precios y de cambio desde 2003. El mandatario de ese país anunció que establecerá un nuevo sistema cambiario, cuyos detalles serán dados a conocer en enero. Se va a optimizar el sistema cambiario, perfeccionarlo, aseveró.

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Domingo, 28 Diciembre 2014 06:50

Se viene un año complicado para Italia

Se viene un año complicado para Italia

Tironeado por izquierda y por derecha, con problemas internos y externos, arrastrando cuatro años de crisis económica, los italianos tienen sobradas razones para ser pesimistas pese a las mejoras que promete el gobierno de Matteo Renzi.

Desde Roma

El gobierno de centroizquierda de Matteo Renzi ha bautizado al 2015 como "el año de las reformas", es decir el año que las reformas aprobadas por el Parlamento (algunas) y/o el Consejo de Ministros (muchas), se pondrán en marcha. Se habla de 121 medidas grandes y pequeñas. Pero una de ellas, el llamado "Jobs act", es decir la reforma del sistema laboral, ha desencadenado y continuará desencadenando protestas de norte a sur del país, como han prometido los sindicatos. Sobre todo después de la aprobación, el 23 de diciembre, de los primeros decretos que lo pondrán en marcha y que han sido descriptos por un exponente de la izquierda del Partido Democrático (PD, el partido de Renzi), Stefano Fassina, como "una nueva etapa del mercantilismo liberal" del gobierno.

Renzi, que está aliado en el gobierno con el centroderecha de Angelino Alfano (ex correligionario de Silvio Berlusconi), llama a todo este proceso "revolución copernicana" pero sabe que el 2015 no será fácil. "El 2015 será un año seguramente difícil. Nadie debe suponer que las cosas cambiarán de un día para el otro. Pero tenemos todo para salir de la resignación y el cansancio de todos estos años", declaró a una radio italiana. Y agregó: "Me encuentro mucha gente cansada que me dice que no lo lograremos. Y éste es el enemigo principal que hay que combatir cada día. Tenemos mil problemas, mil dificultades, mil cuestiones para cambiar, hay que combatir la corrupción. Es verdad. Pero nosotros continuaremos haciéndolo. Ese es mi compromiso para 2015. Y lo haremos con mayor determinación si los italianos vuelven a creer en Italia". Más de cuatro años con crisis económica, recesión, cierre de fábricas, recortes en las empresas y en el Estado, desocupación del 13,2 por ciento (y del 40,3 por ciento entre los jóvenes) y una deuda pública que equivale al 133 por ciento del PIB (Producto Interno Bruto) cuando en otros países, como por ejemplo Alemania es del 74 por ciento, o en España es del 94 por ciento, son elementos suficientes para que el pesimismo embargue a cualquiera.

En este primer año de gobierno, Renzi no sólo ha debido enfrentarse con los sectores de izquierda de su propio partido que lo acusan de haberse ido demasiado a la derecha –sobre todo por la reforma laboral–, sino también con los furiosos seguidores de Beppe Grillo, del Movimiento Cinco Estrellas (M5S), que obstaculizan en el Parlamento todo tipo de propuestas que no sea de ellos, y con el racismo de la ultraderecha que lo acusa de ocuparse más de los inmigrantes que de los italianos. En este semestre de presidencia italiana de la Unión Europea (UE) ha debido cruzarse también con algunos de sus colegas del Viejo Continente, porque los países centrales, empezando por Alemania, se resisten a algunas propuestas italianas como aquella de concentrar los esfuerzos en estimular las inversiones y no ser tan obsesivos con el control del gasto público, como único modo de aumentar la ocupación y así salir de la crisis económica.

Al margen de Italia, Renzi ha debido lidiar con otros advenimientos internacionales que han marcado el 2014. En particular el nacimiento del Estado Islámico y su desenfrenada guerra en el norte de Siria pero también el pánico en toda Europa por eventuales atentados, dado los 3000 jihadistas de origen europeo que se calcula militan en las filas del terrorismo islámico.

Otro tema internacional del que se ha ocupado el gobierno de Renzi ha sido del número impresionante e incontenible de inmigrantes llegados por mar a tierras italianas, muchos de ellos pidiendo asilo político. En 2014, en efecto, fueron más de 163.000 adultos, jóvenes, niños y hasta mujeres embarazadas que cruzaron el Mediterráneo. Pese a las malas condiciones del tiempo, ya que en Europa ha comenzado el invierno, los inmigrantes no paran de llegar. Los últimos 1600 lo hicieron esta semana. El problema es que el gobierno italiano no cuenta ni con las infraestructuras suficientes y adecuadas como para alojar a los inmigrantes ni con el dinero necesario para mantenerlas. Y dado que se trata de un problema europeo, porque los inmigrantes entran por Italia pero luego quieren irse a otros países de Europa, el gobierno Renzi planteó la urgente necesidad de una visión europea del problema. Por eso en noviembre arrancó Tritón, un nuevo proyecto de la UE de control de las fronteras que sustituye un año de trabajo de Mare Nostrum, la campaña realizada en el Mediterráneo por la marina militar de Italia para evitar que los inmigrantes murieran ahogados donde eran abandonados por los traficantes. Así fue que Mare Nostrum salvó cerca de 100.000 vidas, aseguran fuentes del gobierno. Pero todavía está por verse de parte de la UE el tema de los centros de recepción y qué pasará cuando llegue la primavera dado que ahora en invierno, los inmigrantes que cruzan el mar disminuyen notablemente.

El último asunto –al menos en esta pequeña lista–, y el primero tal vez de 2015 con el que tendrá que lidiar Renzi, es la elección del nuevo presidente de la República, ya que el actual, Giorgio Napolitano, de 89 años, ha dicho que renunciará el 14 de enero. Después del anuncio comenzó la batalla entre los partidos por los candidatos. Por ahora no hay acuerdo aunque varios nombres han salido a relucir. La elección, si se demora, podría obstaculizar el camino del gobierno. Para Renzi y para Italia se viene un año bastante complicado.

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"El riesgo de una tercera recesión en Europa es muy real"

Barry Eichengreen es profesor de Economía y Ciencias Políticas en la Universidad de Berkeley. Experto en el mercado de divisas, es el historiador económico de mayor prestigio en EE UU. Visitó recientemente España para dar una conferencia en el Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales.

 

Pregunta. ¿Es optimista con la situación económica mundial?
Respuesta. Es difícil ser optimista en este momento. Si exceptuamos a EE UU, que lo está haciendo relativamente bien, y Reino Unido, es complicado encontrar otra región del mundo donde la situación económica no sea decepcionante.


P. ¿Ve posible que Europa caiga en una tercera recesión?
R. Sí, ese riesgo existe. Incluso en Alemania hay una desaceleración de la actividad. La deflación en Europa no es un problema a medio plazo, sino que ya está aquí. Las medidas que se están adoptando para combatirla, con estímulos fiscales por los Gobiernos y estímulos monetarios por el Banco Central Europeo (BCE) son pocos y llegan quizás demasiado tarde. Para hacer frente a la deflación hacen falta decisiones más traumáticas, pero Europa no está organizada para ello, su estructura no permite actuar de la forma tan decidida que la situación requiere. El riesgo de una tercera recesión, acompañada de un entorno deflacionista, es muy real y preocupante.


P. ¿En qué medida el empeño de Alemania por la austeridad está detrás de esta debilidad?
R. Uno de los problemas de la crisis es que Alemania ha tenido un diagnóstico distinto de los problemas. No admitieron que se adoptase una política de doble dirección: por un lado incentivar la oferta a través de reformas estructurales; y por otro facilitar la demanda mediante más gasto público. Los alemanes no creen en una demanda mayor. Sin embargo, su posición se ha debilitado en los últimos meses, porque su economía también está más débil y porque las facciones contrarias a la austeridad en otros países se están fortaleciendo. La Comisión Europea, por ejemplo, ha permitido a Italia y Francia cierto margen con el déficit. A Alemania no le gustó esta decisión, pero no pudo hacer mucho para cambiarla.


P. Atravesamos una fase bipolar en cuento a las políticas monetarias. EE UU empieza a retirar liquidez del sistema, mientras que Europa acelera la aplicación de los estímulos. ¿Qué consecuencias puede tener esta situación?
R. En primer lugar, es lógico que las políticas de estas economías sean diferentes porque sus perspectivas de crecimiento también lo son. Dicho esto, hay que advertir que las consecuencias de este mundo bipolar son dos. En primer lugar, hay un impacto en los tipos de cambio. En los últimos meses ya hemos visto una depreciación del euro frente al dólar. Creo que la moneda europea solo caería más si no se cumplen las expectativas del mercado, es decir, si la Reserva Federal (Fed) subiese los tipos antes de tiempo o si el BCE fuese más allá en su programa de compra de activos. Me sorprendería que alguno se saliese del guión. La segunda consecuencia es que el mercado bancario mundial tiene al dólar como referencia. La retirada de estímulos de la Fed no podrá ser compensada por las inyecciones del BCE y el sistema necesitará más liquidez. Auguro más turbulencias en los mercados emergentes.


P. ¿Qué tendría que pasar para que el BCE activase un Quantitative Easing como el de la Fed?
R. El principal requisito es que pase el tiempo. Ni una recesión en Alemania haría cambiar ahora de opinión a sus líderes. El BCE tiene una hoja de ruta, va a ir dando pequeños pasos en la compra de activos hasta llegar a adquirir un número muy reducido de bonos públicos en 2015. Eso debería servir para alejar de la mente de los alemanes el miedo a la hiperinflación. Pero insisto, el problema ahora no la inflación sino la deflación y para combatirla hay que tomar decisiones radicales como las del Banco de Japón. El BCE no es capaz de hacerlo porque tiene un consejo muy amplio y no quiere enfrentarse a la opinión pública alemana. Es como un gran tanque al que le cuesta horrores cambiar de dirección.


P. En el sistema todavía hay mucha liquidez. ¿Hay riesgos de que alguna burbuja estalle?
R. Algunas Bolsas, sobre todo en EE UU, ha subido mucho en un entorno donde, aunque hay crecimiento éste no es exagerado. Además, en el mercado inmobiliario de Reino Unido, China o en algunas zonas de EE UU como California, los precios están en niveles próximos al inicio de la crisis. Si los tipos suben antes de lo previsto algunas de esas burbujas pueden estallar. La buena noticia es que los reguladores están ahora despiertos y han tomado medidas. Eso quiere decir que aunque esas burbujas se desinflen y causen problemas éstos no serán tan graves como en 2007.


P. Cada cierto tiempo vuelve al mercado la posibilidad de una guerra de divisas. ¿Por qué? ¿Cree que estamos inmersos ya en una de estas guerras?
R. En las economías desarrolladas no hay una guerra de divisas. Japón, Europa y EE UU quieren que los tipos de interés sigan bajos para estimular sus economías. La inflación ahora mismo no es un problema y bajan tipos con el consiguiente debilitamiento de sus monedas. Si todos lo hacen al mismo tiempo no hay movimientos agresivos en el mercado de divisas. Creo que eso es sano y constructivo. El problema viene para otro grupo de países como los emergentes. Ellos no pueden bajar los tipos porque tienen problemas inflacionistas, sistemas financieros más débiles y unos bancos centrales con menos credibilidad que los de los países desarrollados. Eso se traduce en unas monedas demasiado fuertes para sus necesidades.


P. ¿Dónde puede desembocar la montaña rusa en la que se ha subido el rublo ruso?
R. La situación financiera del país va a peor. Rusia está abocada a imponer controles de capitales y de tipos de cambio. La gente ha perdido la confianza en su economía y la tentación es llevarse el dinero fuera del país. Para llegar a esta situación se han sumado varios factores: las sanciones, la política errática del Gobierno y la caída de los precios energéticos.


P. Usted es historiador. Con la perspectiva que dan los años, ¿fue un error lanzar el euro sin una unión política y fiscal?
R. Es fácil acertar cuando revisas el pasado. A su pregunta le diré que sí, fue un error crear una unión monetaria sin unión bancaria y política. Eso ya no se tiene remedio y de lo que se trata ahora es de que el euro funcione. Los pasos hacia la unión bancaria son positivos. Sin embargo, deben venir acompañados de una mayor integración fiscal y de cambios políticos como la elección directa del presidente de la Comisión Europea. No debe haber acuerdos entre bambalinas para elegir a los representantes.


P. ¿Cómo será el mundo posterior a la crisis?
R. Creo que debe haber un debate acerca de cuánto Gobierno necesitamos para tener una sociedad más justa y un funcionamiento económico más adecuado. En EE UU muchos pensamos que el Gobierno debería ser más fuerte, con menos limitaciones, para proporcionar un mejor sistema sanitario y educativo o una mayor inversión en infraestructuras. En el caso europeo quizás se necesite menos Gobierno, pero más eficiente. También debemos abrir un debate sobre si las reformas y la regulación financiera son suficientes para asegurar que no vamos a tener una crisis como la que acabamos de dejar atrás. Espero que las reformas en este sentido no se hayan acabado.


P. Una de las consecuencias de la crisis ha sido el aumento de la desigualdad. ¿Qué se podría hacer para reducirla?
R. Yo diría que ha sido una de las consecuencias de la crisis, pero también una de sus causas. En función del país se podrían tomar medidas diferentes para corregir la desigualdad. En EE UU habría que utilizar la política fiscal: los ricos apenas pagan impuestos. En Europa lo que se necesita es generar crecimiento económico.

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Economía mundial puede estar al borde de otra Gran Depresión

La economía mundial está en riesgo de una depresión prolongada marcada por el alto nivel de desempleo y peores condiciones económicas en las próximas décadas, debido al retraso económico de Asia y el estancamiento de Europa.
Japón declaró recientemente que había entrado en su cuarta recesión en seis años pese a los esfuerzos del primer ministro Shinzo Abe por impulsar el crecimiento económico.


Mientras tanto, el primer ministro británico David Cameron advirtió que la economía mundial podría estar dirigiéndose hacia un nuevo desastre.


"Seis años después de la crisis financiera que llevó al mundo al borde del desastre, las luces rojas de advertencia parpadean una vez más en el salpicadero de la economía mundial", escribió Cameron.


Dos de las potencias económicas más fuertes del mundo, Europa y Japón, están intentando reforzar el crecimiento económico mundial, pero sus economías parecen empeorar.


Con una tasa de desempleo del 11.5 por ciento, la zona euro está experimentando unas condiciones económicas a las que algunos expertos se refieren como 'el eco de la Gran Depresión'.


Los mercados emergentes, que ayudaron a levantar la economía después de la crisis financiera de 2008, también están reduciendo su crecimiento.

La economía de Estados Unidos está creciendo a un ritmo de un 3 por ciento anual. Sin embargo los expertos dicen que las exportaciones, que representan en 13 por ciento de la economía de EE.UU., se han reducido.

La debilidad económica de sus compradores empeorará la situación de EE.UU., mantienen algunos economistas.
Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional, ha advertido de la depresión económica en Europa, que acarreará una baja inflación, altas tasas de desempleo y deudas.

El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, declaró: "2015 debe ser el año en el que todos los actores de la zona euro (los Gobiernos y las instituciones europeas) desplieguen una estrategia común coherente para poner a nuestras economías de nuevo en marcha".


Los líderes de Europa y EE.UU. han instado a las autoridades alemanas a impulsar la economía, ya que es la mayor potencia económica europea, pero en Alemania siguen insistiendo en que otros países de la eurozona necesitan primero reestructurar sus propias economías.


(Con información de Russia Today)

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