La economía griega y la española tendrán la peor evolución en 2013, según el FMI
En el campeonato mundial de la economía, España nunca había tenido tan malos resultados. Las previsiones que la noche de este lunes publicó en Tokio el Fondo Monetario Internacional (FMI) muestran que la economía española será la segunda con peor evolución de las 185 de todo el mundo el año próximo. Tras sufrir un deterioro acelerado en el último año, España solo le gana a la quebrada Grecia. La política de recortes de inversiones y gastos y de fuertes subidas de impuestos lastra con fuerza el crecimiento. Y, para mayor gravedad, tampoco permite cumplir con los objetivos del ajuste, pues el Fondo calcula que el déficit público no bajará del 3% hasta 2017, tres años después de lo previsto. Ante un panorama tan negro, el FMI sugiere veladamente que España debe dar el paso y pedir el rescate.


Hace solo un año, en la asamblea de otoño de 2011 del FMI, el organismo contaba con que 2013 fuera el año en que se consolidase la recuperación de la economía española, con un crecimiento del 1,8%. Ahora, un año después, la previsión es de una caída del 1,3% del producto interior bruto (PIB), después de que España se haya visto golpeada de lleno por la crisis de la deuda y la desconfianza generalizada. Mientras que la previsión de crecimiento mundial y de las economías avanzadas en general ha empeorado cuatro décimas en un año, la de la economía española lo ha hecho en 3,1 puntos.


La previsión del FMI es, por otro lado, un mazazo al escenario macroeconómico dibujado por el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, y el de Economía, Luis de Guindos, en los Presupuestos para el año próximo. Las cuentas del Gobierno de Rajoy parten de una previsión de que la economía retroceda un 0,5%, y a partir de ahí se cuadra a martillazos el objetivo de déficit del 4,5% del PIB. Con una caída del 1,3%, ese objetivo es inalcanzable sin nuevos recortes, y probablemente, como se está viendo, también con ellos. De hecho, el FMI prevé que el déficit público sea del 5,7% del PIB, el año próximo, 1,2 puntos más que el objetivo del Gobierno, que tampoco cumplirá este año con el objetivo del 6,3%, según las previsiones del Fondo.

 
Todos los indicadores de confianza españoles se han deteriorado este año, especialmente desde la gestión de la crisis de Bankia: prima de riesgo, Bolsa, fuga de capitales, calificaciones crediticias... Ese deterioro llevó a pedir un rescate para sanear la banca (pese a ser las necesidades de capital muy inferiores en porcentaje del PIB a las de otros países) y ha puesto a España al borde de pedir un nuevo rescate.
 

El rescate, cuanto antes

 
El Fondo parece partidario de que España e Italia den el paso cuanto antes. El BCE ya ha hecho su parte y ahora toca que actúen “otros”, viene a decir. “Los Estados bajo presión deben continuar con los ajustes y se necesita proporcionar apoyo a esos países y sus bancos a través del FEEF y el MEDE [los fondos de rescate europeos] para aliviar las presiones de financiación y romper el círculo vicioso entre los Estados y los bancos”, señala en el informe Perspectivas económicas mundiales. Y añade que “es esencial asegurar el acceso [de los países periféricos] a la financiación a un coste razonable”, para concluir: “Los recursos comunes deben ser canalizados a través del FEEF o el MEDE, y los países que lo necesitan deben solicitar esos recursos”, si bien no menciona a ningún país ni termina de mojarse.


Preguntados al respecto este martes por la mañana en Tokio (madrugada en España), el director del informe, Jörg Decressin, se ha mostrado diplomático sobre si España e Italia deben pedir el rescate: "Estamos preparados para ayudar a esos países, pero realmente depende de su decisión". Algo más sugerente se ha mostrado el economista jefe del FMI, Olivier Blanchard: "La cuestión es por qué las rentabilidades de los bonos italianos y españoles han bajado. Es posible que hayan bajado por la anticipación de los inversores de que en realidad van a aceptar esos programas y beneficiarse del OMT [el programa de compra de bonos por parte del BCE] en algún momento en el futuro. Y, si ese es el caso, no podemos estar seguros de que las rentabilidades vayan a seguir bajas por mucho tiempo", ha indicado.

 
También es relevante la reafirmación del apoyo a que se adopte cuanto antes la recapitalización directa de la banca por parte del fondo de rescate europeo y se avance hacia la unión bancaria.

 
La crisis del euro es precisamente el principal nubarrón para la economía mundial y explica que las previsiones sigan empeorando. El Fondo confirma las filtraciones de la semana pasada y prevé que la economía de la zona euro se contraerá este año y prácticamente se estancará en 2013. También se confirma la rebaja de dos décimas para este año y tres para el próximo del crecimiento previsto para la economía mundial, hasta el 3,3% y el 3,6%, respectivamente.

 
Para España, la mayor corrección

 
Entre las grandes economías, España es el país que sufre una mayor rebaja para 2013 con respecto a las previsiones del Fondo de comienzos de julio pasado. En el caso español, el FMI ya había actualizado sus cálculos ese mismo mes, tras el plan de ajuste del Gobierno, en su informe anual sobre España. Con respecto a ese informe, la previsión mejora dos décimas para este año (hasta una caída del 1,5%) y empeora una décima para el próximo (hasta la citada contracción del 1,3%). Pero además, el Fondo ya no confía en que el paro empiece a reducirse en 2013, como sostiene el Gobierno. Sus economistas empeoran su previsión de desempleo cuatro décimas con respecto al informe sobre España de julio. Ahora creen que la tasa de desempleo seguirá aumentando hasta niveles récord del 25,1% de media anual en 2013, solo por debajo de Serbia (25,6%) y la propia Grecia (25,4%).

 
España es uno de los pocos países en los que el PIB baja. Incluso tomando en cuenta las pequeñas economías internacionales, cuyos datos han sido publicados esta madrugada, Grecia sigue siendo la única de todas que tiene una previsión más negativa que la española para 2013. España está en el puesto 184º. De 185.


Por MIGUEL JIMÉNEZ (ENVIADO ESPECIAL) Tokio 9 OCT 2012 - 02:30 CET

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París tomó la calle para frenar el ajuste
La izquierda de la izquierda recuperó ayer el mejor territorio de la protesta, la calle, para poner en tela de juicio el tratado presupuestario europeo que la socialdemocracia gobernante defiende con uñas y dientes. El ex candidato presidencial del Frente de Izquierda, Jean-Luc Mélenchon, y otras sesenta organizaciones reunieron en París cerca de 80 mil personas en un acto de repudio al tratado presupuestario europeo y las políticas de ajuste que acarrea. Este texto, que desde el principio desembocó en un punto de fractura profundo entre las izquierdas, será presentado el martes en la Asamblea Nacional para el examen de su ratificación. Impuesto por los países del norte de Europa, con Alemania a la cabeza, el documento, también conocido como Tratado sobre la Estabilidad, Coordinación y Gobernanza de Europa, es una hoja de ruta donde las palabras “social”, “reactivación económica”, “crecimiento” o “desempleo” son las grandes ausentes. Lo que abunda son términos como “rigor financiero” o “disciplina presupuestaria”. Rigor absoluto de las cuentas sin sueños.


El presidente socialista francés, François Hollande, fue electo en mayo pasado con la promesa clave de renegociar ese tratado firmado en marzo de este año por su predecesor, Nicolas Sarkozy. Sin embargo, la renegociación se quedó en promesa y quienes en mayo de este año festejaron la victoria socialista bailando hasta el amanecer ahora salen en contra del presidente que eligieron porque respalda un texto que la izquierda radical y los ecologistas juzgan nocivo. Apenas electo, Hollande dijo que el destino de Europa no podía ser “la austeridad”. Una vez en el poder, la austeridad se hizo la regla de oro y el tratado el manual de instrucciones.


Hollande vio desfilar ayer a todo lo que está a la izquierda del Partido Socialista y se opone a un texto cuyos términos fueron aprobados por éste. El tema es un cuchillo filoso en la unidad de la izquierda. Sin rodeos, Mélenchon lanzó una sería advertencia al jefe de Estado: “Para él, el tratado era una formalidad, ya estaba arreglado. Y ahora va a tomar conciencia de que no, de que en Francia como en el resto de Europa hay una oposición estructurada a ese tratado y a las políticas de austeridad”.


Festiva pero comprometida, la manifestación de ayer demostró que la izquierda histórica no se traga la píldora sin actuar. “No hemos elegido a Hollande para esto”, decía Martin, un manifestante que en la Place d’Italie arrojaba bombas de pintura contra la vitrina de una compañía de seguros, ante la mirada indiferente del sólido cordón policial establecido en las inmediaciones. Los afiches, los carteles y las consignas respondían a una misma voz: “En Europa, en Francia, combatamos la finanza”, “No a la austeridad en Europa”, “Más dimensión social y menos financiera”. Varios carteles hacían incluso mención a quienes promovieron el tratado, o sea, a la canciller alemana Angela Merkel y al ex presidente francés Sarkozy, una pareja apodada “Merkozy”. En muchas pancartas podía leerse: “No al tratado de Merkozy”. En otros afiches la figura de Hollande era objeto de toda la ira. Uno de ellos decía: “Se busca a François Hollande para que rinda cuentas ante la democracia”.


Mélenchon y su estilo de tribuno político en cuyos discursos se mezclan citas a Antonio Machado, a Evo Morales, al poeta Louis Aragon, a Víctor Hugo o al presidente venezolano Hugo Chávez volvió a ganar la apuesta de la movilización y a liderar la corriente insumisa a los dictados de la Europa liberal. Mélenchon canaliza como nadie la bronca contra los mercados y un tratado que consagra la supremacía de lo financiero sobre lo social. La “rebelión cívica contra Europa y los mercados” que Mélenchon propuso durante la campaña electoral para las presidenciales de mayo y junio tuvo el domingo su primer despliegue.


Los líderes del Frente de Izquierda, el Nuevo Partido Anticapitalista, la asociación Attac o los sindicatos quieren que se lleve a cabo una consulta popular sobre el tratado. Sin embargo, el jefe del Estado cerró la puerta a esta iniciativa y la gente tiene ahora la impresión de que, una vez más, le vendieron un cuento electoral. “Soñamos durante la campaña con la renegociación de un texto cuya única finalidad es el sacrificio de lo social. Ahora estamos bien despiertos. Los socialistas nos engañaron con sus cantos de sirena. Están todos de acuerdo con el gran capital”, explicaba Jean-Pierre, un manifestante de 36 años, profesor en la educación nacional. “Con ese tratado las deudas las vamos a pagar nosotros y los beneficios se los van a llevar los bancos”, decía otro manifestante.


La gente mostraba este domingo la certeza de que, una vez que el texto sea ratificado, lo poco de social que queda en Europa pasará al cajón de los recuerdos. “Con socialistas o sin socialistas, el mundo seguirá igual: los pobres serán más pobres y los ricos, súper millonarios”, gritaba enfurecido otro manifestante. “A los socialistas no les queda más que el nombre. El PS y Hollande juegan para el sistema y no a favor de los pueblos”, explicaba Véronique, militante de la asociación Attac. Toda el ala izquierda del socialismo francés hace un juicio severo de estos cinco meses de gestión socialista. “De hecho, ha quedado demostrado que Hollande es un Sarkozy Bis”, decía Etienne, de 27 años, oriundo del sur de Francia y que vino a París especialmente para la manifestación.


La ilusión socialista duró poco. Hollande había provocado un terremoto cuando en plena campaña se pronunció a favor de la renegociación del texto. El no cumplimiento de esa promesa tuvo el efecto de crear otro terremoto. Para la gran mayoría de los manifestantes de la izquierda radical, el tratado y las obligaciones que impone a los Estados firmantes –25 de los 27 de la Unión Europea– constituyen un horizonte clarísimo: “Francia terminará pareciéndose a Grecia, Portugal y España. Ese es el destino que nos depara el nuevo tratado”, decía Fabrice, un técnico informático militante del NPA.


El discurso que circula a favor del tratado es más o menos el mismo que se escuchaba en Atenas durante la campaña para las legislativas de junio: vida o muerte. O sea, si el tratado no pasa se muere el euro y con él toda la construcción europea. El PS tiene mayoría propia para ratificar un texto al que también se oponen los ecologistas, la extrema derecha y los partidarios de la intervención del Estado como motor de desarrollo y crecimiento. El Tratado sobre la Estabilidad, Coordinación y Gobernanza de Europa ha generado varias rupturas. Los “nonistas” de la izquierda radical lo repudian, los socialdemócratas intervencionistas cierran filas detrás del premio Nobel de Economía, Paul Krugman, para quien el endeudamiento es menos peligroso que la recesión, mientras que en el seno del PS sólo el silencio impuesto por el aparato calla las discordancias.


Hollande optó por seguir a la jefa de la orquesta liberal, la canciller alemana Angela Merkel, la gran patrona devota de la austeridad y los tijeretazos al gasto público.

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En masiva protesta se exige en Madrid la dimisión del gobierno de Mariano Rajoy
Madrid, 29 de septiembre. Decenas de miles de personas se concentraron este sábado alrededor del Parlamento español para exigir por tercer día en una semana la dimisión del gobierno, encabezado por el conservador Mariano Rajoy, la convocatoria a un referéndum para decidir sobre el rescate y para expresar su profundo hartazgo con los recortes públicos y la desprestigiada clase política española.


Al grito de “¡Vergüenza!”, los manifestantes repudiaron la represión policial del pasado martes. Otras de las consignas más recurrentes fue “Sí se puede”, por el rotundo éxito de la convocatoria de este sábado, que reunió a familias enteras, jóvenes, ancianos y ciudadanos indignados.


España está sumida en una de las peores crisis de su historia, pero no sólo económica –con 5 millones 600 mil desempleados (24.5 por ciento de la población activa) y una recesión que se prolongará al menos hasta 2013, sino también política y social, con una de las regiones más prósperas, Cataluña, que comenzó el camino de la independencia, y una fractura social que se hace cada día más grande. El gobierno derechista de Rajoy, a pesar de su mayoría absoluta, se queda cada día con menos apoyos y está más aislado que nunca.


La última expresión popular de la indignación se manifestó a través de la convocatoria del pasado martes, que pretendía “rodear” e
l Congreso de los Diputados para exigirle al gobierno y a los parlamentarios su dimisión y la apertura de un nuevo proceso constituyente. Esa protesta derivó en una de las represiones policiales más brutales de los últimos años, con más de 70 heridos y 35 detenidos, a quienes el gobierno del Partido Popular intentó imputar, sin lograrlo, delitos contra la nación. La actuación policial quedó registrada en numerosos videos que circularon de inmediato en Internet y las redes sociales, en los que se puso en evidencia la violencia de los agentes, así como el amedrentamiento y hasta agresiones físicas a periodistas y legisladores.


A pesar de los numerosos testimonios de los excesos policiales, el gobierno español calificó de “perfecta” y “ejemplar” la actuación de la Unidad de Intervención Pública, lo que motivó que este sábado salieran a la calle decenas de miles de personas para rodear por tercer día consecutivo el Congreso de los Diputados. En esta ocasión los ciudadanos acudieron, muchos de ellos, con su familia. Había centenares de niños, de ancianos, de jubilados, de jóvenes y de funcionarios que reclaman un cambio en las políticas anticrisis activadas por el gobierno desde su llegada al poder.


Con gritos de “dimisión” y otras consignas ya clásicas de la revolución de los indignados, como “esta crisis no la pagamos”, los manifestantes se limitaron a silbar y a sentarse de espaldas al Congreso de los Diputados. Y también explicaron otras de sus razones, como las imposiciones financieras de la llamada troika de la Unión Europea (Francia, Alemania y el Banco Central Europeo) y los mercados financieros. Explicaron que su movimiento es y ha sido siempre pacífico, pero que “el gobierno nos respondió con golpes, infiltraciones, detenciones, violencia indiscriminada, heridos y un despliegue policial absolutamente inédito. Sin embargo… perdió. Las imágenes de la represión han dado la vuelta al mundo y la visita de Rajoy a la ONU (Organización de Naciones Unidas) quedó completamente ensombrecida”.


Y advirtieron que “seguimos rodeando el Congreso porque queremos dar un salto en la movilización social y poner en el centro la recuperación de la soberanía y del poder ciudadano, es decir, de la democracia. Ni el gobierno del (socialista José Luis Rodríguez) Zapatero, ni el de Rajoy nos han escuchado. Ambos gobiernos han traicionado a sus propios votantes llevando adelante medidas que prometieron que nunca pondrían en marcha. No obedecen a los ciudadanos, no tienen la valentía ni interés para hacerlo. El gobierno de Rajoy, por lo tanto, no nos sirve y exigimos su dimisión”.


También criticaron la presentación y el contenido de los presupuestos generales del Estado para el próximo año, que a su juicio “dedican mucho más dinero a pagar una deuda ilegítima que a las necesidades sociales que puede articular una salida colectiva de la crisis. Esos presupuestos son una vergüenza para la soberanía nacional, para la democracia. Y por eso tenemos que pararlos. No tenemos miedo. Los presupuestos de la vergüenza, los vamos a rodear”.


La delegada del gobierno en Madrid, la conservadora Cristina Cifuentes, tildó la concentración de “absolutamente ilegal” y advirtió contra la presencia de “500 radicales antisistema”. Además esta dirigente del Partido Popular y funcionaria pública habría sido la que ordenó a los policías que impidieran que los medios de comunicación –decenas de todo el mundo– instalaran una tarima para transmitir y captar mejores imágenes de la protesta. Cuando ya estaban arriba del soporte de hierro, los policías los fueron bajando uno a uno, hasta dejarlo vacío.


Durante la concentración también se registró un empujón y una supuesta amenaza por parte de la policía al mesero del Café El Prado, Alberto Casillas, convertido en héroe de la movilización después de su intervención del pasado martes, cuando se interpuso entre un comando de policías dispuesto a entrar a su bar y golpear a más de 200 personas. Casillas sufrió un desvanecimiento por el empujón y una bajada de tensión, al tiempo que advirtió que el jefe del operativo fue el responsable de la agresión y de la amenaza. Además lamentó el acoso que sufre desde hace un par de días por grupos de extrema derecha y neonazis, que lo esperan a la puerta de su café para insultarlo y llamarle “rojo de mierda”.


Así lo contó el conocido como “héroe” del Café El Prado: “Le he pedido de forma educada su número de placa, que están obligados a facilitar si cualquier ciudadano se lo pide. El hombre se ha encarado conmigo, se ha negado a dármelo, me ha empujado y la verdad es que me he asustado y me he desmayado. Es intolerable que estén acosando y amedrentando a los españoles así, ¡es absurdo! El policía me decía que yo estaba alterando el orden público y que me iban a imponer una sanción... ¡A mí, que solamente le pedía que se identificara! Mi hijo se ha quedado discutiendo con él, pero ha sido un momento dramático porque cuando me he dado cuenta estaba tirado en el suelo, y me estaban dando aire. No puede ser lo que está pasando en este país... Yo voté por Rajoy, pero esto no puede ser”.


Mientras en la calle miles de personas rodearon el Parlamento, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, presentó los presupuestos generales del Estado, en los que se confirmó el aumento del déficit público por las ayudas a la banca, que pasó de 8.96 por ciento a 9.44 por ciento, a pesar de que en la presentación del pasado jueves lo negó rotundamente. En las cuentas del Estado también se confirmó la reducción de 6.3 por ciento de la partida destinada al fondo de ayuda a los desempleados, una nueva bajada al presupuesto de las políticas de igualdad, 24 por ciento más; además de una mutilación de 15 por ciento para la inversión en infraestructuras. Educación y Sanidad, 22 por ciento menos, también vuelven a sufrir cuantiosas reducciones.

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Sábado, 25 Agosto 2012 07:10

“Grecia no puede respirar”

“Grecia no puede respirar”
El primer ministro griego, Antonis Samaras, llega este sábado a Francia con una misión difícil: obtener que el presidente francés, François Hollande, acepte nuevas condiciones para mantener a Grecia por encima de la línea de flotación. El objetivo parece imposible. El jueves pasado, Francia y Alemania coordinaron su posición frente a Grecia sin cambiar una letra en el guión establecido: ambas capitales defienden la permanencia de Grecia dentro de la Zona Euro, pero al mismo tiempo le exigen que cumpla con sus compromisos, o sea, que siga saneando sus finanzas a golpes de recortes inmediatos. Samaras pidió a Berlín y a París exactamente lo contrario: una prórroga de dos años en los planes de ajuste que ni la canciller alemana ni el presidente francés parecen dispuestos a aceptar. “Deseo que Grecia siga en la Zona Euro. (...). Les corresponde a los griegos realizar los esfuerzos indispensables para que nosotros podamos alcanzar ese objetivo”, dijo Hollande en la capital alemana. Ello parece indicar que Hollande se sumó a los criterios del ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, quien repite que otorgarle a Grecia más tiempo para que implemente su pan de ajustes no constituye “la solución”.


Los dirigentes europeos de peso mantienen con Atenas un lenguaje cargado de dobles sentidos. Por un lado, alientan a Atenas a continuar en la Zona Euro y, por el otro, imponen condiciones que Grecia no puede cumplir, al tiempo que trabajan en esquemas que integran la salida de Grecia del euro. Antes de viajar a París, Samaras advirtió que “si Grecia deja el euro, otros países caerán detrás”.


En una entrevista exclusiva publicada por el vespertino Le Monde, Samaras aseguró que llevará a término las reformas prometidas, pero también aclaró que era muy difícil actuar cuando hay “oficiales europeos que especulan públicamente con la salida de Grecia de la moneda común”. Samaras intenta a todo precio detener la guillotina que amenaza con sacar a Grecia del euro. En la misma entrevista con Le Monde, el primer ministro griego hizo un retrato dramático de lo que le ocurriría a su país y a la Unión Europea si Atenas abandona el euro: “Combinada con la inestabilidad en Medio Oriente, esto podría traducirse por una pesadilla geopolítica que sobrepasaría las fronteras griegas. Agreguemos también la reacción de los mercados financieros. Estos se pondrían a anticipar la salida del euro de otros países, provocando así un efecto dominó”. En varias ocasiones, Samaras reiteró que a Grecia no le hace falta dinero, sino más tiempo, es decir, “aire para recuperar nuestro aliento”.


Samaras pisará hoy suelo francés, en lo que será el segundo país que visita como primer ministro. Su escala en Alemania ha sido tan paradójica como las declaraciones de los dirigentes europeos. La canciller alemana, Angela Merkel, dijo en Berlín que deseaba que Grecia permaneciera en el euro pero, al mismo tiempo, se mostró inflexible con las esperanzas de Atenas. Merkel y Hollande esperan de hecho el informe de la troika (Fondo Monetario Internacional, Banco Central Europeo, Unión Europea) que debe aprobar o no la sanidad económica y la viabilidad de Grecia. Sin embargo, Berlín ya se adelantó a un posible desastre.


Y Merkel omitió también referirse a que ayer mismo se había conocido la existencia de un grupo especial de trabajo, en el propio seno del Ejecutivo alemán, que analiza bajo la dirección del secretario de Estado del Ministerio de Finanzas, Thomas Steffen, las consecuencias que puede tener para Alemania y el resto de los países de la Eurozona una posible salida de Grecia. “Establecen cálculos y reflexionan sobre cómo se puede impedir un efecto dominó”, señala un funcionario del ministerio citado por el periódico Financial Times Deutschland. La edición alemana del periódico económico reveló la existencia del grupo de trabajo en el mismo seno del Ejecutivo alemán. Conducido por el secretario de Estado del Ministerio de Finanzas, Thomas Steffen, este grupo analiza el impacto que puede provocar en Alemania y en Europa la salida de Grecia del euro. El jefe del Ejecutivo griego, que surgió con las elecciones de junio pasado, encuentra a su paso el mismo discurso: respaldos verbales y sesudos cálculos sobre el euro sin su país adentro. Hollande recibe así a Sanaras con el mismo compás de espera que Berlín: el informe de la troika que decidirá si se desbloquea un nuevo paquete de ayuda para Atenas y, también, si el país está en condiciones de frenar la carrera hacia el ajuste.

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La recuperación económica que no está ocurriendo
La mayoría de los políticos y de los expertos tienen interés personal en prometer que vienen tiempos mejores, siempre y cuando se sigan sus consejos en torno a las políticas públicas. Las actuales dificultades económicas mundiales no fueron excepción a esta conducta. Sea que la discusión se enfoque en el desempleo en Estados Unidos, en los rampantes costos de los préstamos estatales en Europa o en las repentinas tasas menguantes en el crecimiento de China, India y Brasil, las expresiones de optimismo por el mediano plazo siguen estando a la orden del día.


Pero ¿qué pasa si esto no es justificado? De vez en cuando irrumpe un poquito de honestidad. El 7 de agosto Andrew Ross Sorkin escribió un artículo en The New York Times, en el cual ofreció “una explicación más directa de por qué los inversionistas han abandonado la bolsa de valores: porque ha sido una propuesta de pérdida. Una generación completa de inversionistas no ha ganado ni un céntimo”. El 10 de agosto James Mackintosh escribió, de modo semejante, en el Financial Times: “Los economistas han comenzado a aceptar que la Gran Recesión dañó permanentemente el crecimiento. ...Los inversionistas son más pesimistas”. Y por encima de todo, el New York Times publicó un reportaje el 14 de agosto acerca del costo creciente de operaciones más rápidas, en el cual, muy al fondo del texto, uno puede leer: “(los inversionistas) se apartan también de un mercado que casi no ha entregado dividendos en las últimas décadas, debido a las burbujas de activos y a la inestabilidad en la economía global”.


En medio de todas las observaciones que afirman que unos cuantos están haciendo increíbles sumas de dinero, ¿cómo puede ser que la bolsa de valores sea una propuesta de pérdida? Durante mucho tiempo la sabiduría básica relacionada con las inversiones era que, en el largo plazo, los dividendos de la bolsa, ajustados a la inflación, eran altos, específicamente más altos que los bonos. Se suponía que esto era la recompensa por asumir los riesgos derivados de la mayor volatilidad de las acciones de la bolsa a corto plazo o inclusive a mediano. Los cálculos varían, pero hablando en general los dividendos de las acciones bursátiles durante el siglo pasado fueron mucho mayores que los de los bonos, suponiendo, por supuesto, que uno se quedaba con las acciones.


Lo que pasa más desapercibido es el hecho de que durante todo ese mismo siglo el nivel de ganancia de las acciones fue más o menos dos veces el incremento en el PIB –algo que ha hecho que algunos cuantos analistas lo califiquen de juego de Ponzi. Resulta que gran parte de esos maravillosos dividendos de las acciones ha ocurrido en el periodo que comenzó a principios de 1970 –la era a la que se conoce como globalización, neoliberalismo y/o financialización.


Pero ¿qué ha ocurrido, de hecho, durante este periodo? Debemos comenzar anotando que el periodo posterior a 1970 vino tras el lapso que hasta el momento es el de mayor expansión de la producción, de la productividad y del valor de la plusvalía global en la historia de la economía-mundo capitalista. Es por esto que los franceses llaman a este periodo los trente glorieuses (los 30 años gloriosos, 1943-1973). En mi lenguaje analítico, ésta fue una fase A de Kondratieff y aquellos que mantuvieron sus acciones durante este periodo lo hicieron muy bien, en efecto. Y también los productores, los trabajadores asalariados y los gobiernos en términos de ingreso. Esto pareció dar una renovada argumentación al capitalismo como sistema-mundo, que llegaba después de la Gran Depresión y de la Segunda Guerra Mundial, que fue tan vastamente destructiva.


Ah, pero tan buenos tiempos no continuaron, no podían continuar, para siempre. Simplemente porque la expansión de la economía-mundo se basó en algunos cuasi monopolios en las así llamadas industrias líder, que duraron lo que duraron hasta que las minaron competidores que finalmente pudieron acceder al mercado mundial. La competencia mayor redujo los precios (su virtud) –pero también su rentabilidad (su vicio). La economía-mundo entró en un prolongado estancamiento durante 30 o 40 años (1970-2012+) que no fueron tampoco gloriosos. Este periodo está marcado por un endeudamiento creciente (de más o menos todo mundo), desempleo creciente a escala global y retirada creciente de muchos, tal vez la mayoría de los inversionistas, de la bolsa de valores a la seguridad de los mercados de bonos –siendo los más notables los Bonos del Tesoro estadunidenses.
Los Bonos del Tesoro han sido seguros o más seguros, por supuesto, pero no muy rentables, excepto para un siempre más pequeño grupo de bancos y fondos de cobertura que manipularon las operaciones financieras en todo el mundo –sin producir valor alguno. Entonces, esto nos trajo a donde estamos ahora: a un mundo increíblemente polarizado, con salarios reales significativamente por debajo de sus picos de 1970 (pero aún por encima de los puntos más bajos de la década de 1940) y el ingreso del gobierno también está muy bajo. “Una crisis” de deuda tras otra empobrecieron un segmento del sistema-mundo tras otro. Y como resultado, lo que conocemos como demanda efectiva se ha ido secando en todo el planeta, que es a lo que Sorkin se refiere cuando dice que el mercado ya no es atractivo como fuente de ganancias con las cuales acumular capital.


Bueno, podría decirse, al menos están los así llamados países emergentes, que han estado mejorando conforme Estados Unidos y Europa occidental se meten en problemas más y más grandes. La lista es larga y consecutiva. Incluye primero a Japón, luego a Corea del Sur y Taiwán, luego a Europa del sur e Irlanda, después al BRIC (especialmente China, India y Brasil), luego a Turquía e Indonesia, y ahora (eso argumentan) a varios estados africanos. El conflicto es que resulta que casi todos éstos se han desempeñado bien sólo temporalmente y después comenzaron a meterse en “problemas”.


El núcleo del dilema es una de las contradicciones fundamentales del sistema. Lo que maximiza el ingreso para los más eficientes jugadores en el corto plazo (los incrementos en los márgenes de ganancia) exprime a los compradores en el largo plazo. Y mientras más y más personas y zonas se involucran plenamente a la economía-mundo, hay menos y menos margen para los “ajustes” o la “renovación”, y los inversionistas, los consumidores y los gobiernos enfrentan opciones más y más imposibles.


Recordemos que la tasa de rendimiento durante el siglo pasado era de dos veces el incremento del PIB. ¿Puede esto replicarse una segunda vez? Es difícil imaginar, no sólo para mí. Parece que igual le parece a la mayoría de los inversionistas potenciales en el mercado. Esto crea un constreñimiento que vemos exhibido todos los días en Estados Unidos, en Europa y pronto en las “economías emergentes”. El nivel de deuda es muy alto para mantenerlo.


Así, por un lado, hay un poderoso llamado político a la “austeridad”, pero la austeridad significa, en efecto, recortar los beneficios existentes (como las pensiones, el nivel de asistencia en salud, los gastos en educación) y recortar también el papel que tienen los gobiernos en garantizar estos beneficios. Y si casi toda la gente tiene menos, obviamente gasta menos, y la gente que vende encuentra menos gente que compra –es decir, menos demanda efectiva. Así, la producción se hace menos rentable (rendimientos de las acciones) y los gobiernos son más pobres aun.


Es un círculo vicioso y no hay un modo fácil o aceptable para salirse. Tal vez no hay ninguna salida. Esto es algo que algunos de nosotros hemos estado llamando la crisis estructural de la economía-mundo capitalista. Conduce a fluctuaciones caóticas (y bastante locas) conforme el sistema se bifurca, y nos hallamos en una prolongada y fiera lucha en torno a qué clase de sistema va a suceder al que estamos metidos.


Los políticos y los expertos prefieren no enfrentar esta realidad y las opciones que les impone. Aun un realista como el señor Sorkin termina su análisis expresando la esperanza de que la economía recibirá una “inyección en el brazo” y que el público tendrá “fe en el largo plazo”. Si ustedes creen que eso será suficiente son el colmo de lo crédulo.


Traducción: Ramón Vera Herrera



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Miércoles, 15 Agosto 2012 08:20

Europa se asoma al precipicio de la recesión

Europa se asoma al precipicio de la recesión
La contracción financiera amenaza a Europa después de que la economía de la Eurozona y del conjunto de la Unión Europea (UE) retrocediera al 0,2 por ciento en el segundo trimestre del año. Con siete países en recesión, Francia estancada y una Alemania que apenas puede mantener un crecimiento de 0,3 por ciento, el panorama en el Viejo Continente no podría ser peor. Los datos publicados ayer por Eurostat, la oficina de estadísticas europea, y las correspondientes oficinas de estadística nacionales de Francia, Alemania y Portugal reflejan un horizonte sombrío. Los pronósticos para el tercer trimestre no arrojan luz al final del túnel. La economía en los 17 países miembros de la moneda común se desaceleró entre abril y junio en comparación con el primer trimestre del año, en el que se registró un estancamiento. En términos interanuales, el Producto Interno Bruto (PIB) de la Eurozona cayó de manera más marcada, hasta el 0,4 por ciento.

Esas cifras se mantienen en línea con las previsiones de los analistas. El retroceso de la economía europea se debe, según esas estimaciones, a que países como España, Italia, Portugal, Grecia y Chipre suman dos o más trimestres consecutivos a la baja. A nivel de la UE, de los 27 países miembros, siete se encuentran en recesión, mientras que seis de ellos –Reino Unido, Portugal, Chipre, Italia, España y República Checa– empeoraron sus expectativas por tercer trimestre consecutivo. Algunos economistas advierten incluso que el crecimiento económico podría caer aún más en el transcurso del año. “No se vislumbra un final de la desaceleración”, diagnosticó el economista del Commerzbank, Christoph Weil. “El tercer trimestre podría mostrar un signo negativo aún mayor”, agregó el experto.

Por si fuera poco, los datos de las dos economías más importantes de la UE no contribuyen a mejorar las perspectivas a futuro de la región. Francia evita a duras penas caer en recesión tras registrar el tercer trimestre de estancamiento, según el Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos (Insee). El amesetamiento en su economía se debe, principalmente, a un retroceso del consumo de los hogares de un 0,2 por ciento y a un empeoramiento de su balanza comercial, donde las importaciones crecieron un 1,8 por ciento frente a una suba del 0,2 por ciento de las exportaciones.

Mientras tanto, la locomotora alemana reduce su velocidad en el segundo trimestre del año con un crecimiento del 0,3 por ciento, inferior al 0,5 por ciento registrado durante el primer trimestre, aunque mayor al 0,2 por ciento previsto, según cifras preliminares publicadas ayer por la Oficina Federal de Estadísticas de Alemania. A duras penas, su economía consiguió hacer frente a la crisis que atenaza a gran parte de la Eurozona, gracias a impulsos procedentes del comercio con países externos a la Zona Euro y del consumo interno alemán, que compensaron una caída en las inversiones de sectores claves como el de la maquinaria pesada.

El ministro de Economía alemán, Philipp Rösler, manifestó que en un contexto donde el entorno europeo y económico mundial son complicados, es importante llevar a cabo impulsos para fortalecer el crecimiento y la competitividad. “De nuevo Alemania ha logrado evitar la tendencia negativa en la Eurozona y tener un resultado mejor que el resto de los países”, evaluó Andreas Rees, economista de Unicredit. Sin embargo, el leve repunte de la mayor economía europea no basta para evitar que la Eurozona caiga en desgracia.

Los economistas empiezan a alertar que Alemania no puede mantener a flote a todos los barcos tras el estancamiento de Francia y las malas señales económicas de sus socios. Otros datos advierten que las perspectivas alemanas no son auspiciosas. En concreto, el Commerzbank ubica el crecimiento del tercer trimestre en tan sólo un 0,1 por ciento. Por su parte, la economía portuguesa se contrajo un 3,3 por ciento interanual en el segundo trimestre del año, en los peores resultados trimestrales registrados desde 2009, según cifras dadas a conocer ayer por la oficina nacional de estadísticas de Portugal, INE.

Los expertos se mostraron alarmados por las malas cifras, empujadas por un empeoramiento del consumo interno del país luso. “En sólo dos años la crisis ha hecho retroceder el consumo en 13 años, al nivel (que se registraba en) 1999”, dijo el economista Filipe García. El país ibérico recibe ayudas internacionales desde 2011, como tercer país de la Eurozona, después de Grecia e Irlanda. Lisboa aplicó todas las reformas exigidas por Bruselas, pero tiene que hacer frente a un aumento de la tasa de desempleo, a un nuevo valor record del 15 por ciento en el mes de junio. Por otra parte, la inflación del Reino Unido se situó en julio en el 2,6 por ciento interanual, dos décimas por encima del 2,4 por ciento de junio, en tanto que en España ascendió tres décimas hasta el 2,2 por ciento. Esta suba en el país sajón pone fin a tres meses consecutivos de descensos, frenando una tendencia a la baja, que la llevó a registrar el mes pasado su nivel más bajo desde noviembre de 2009.

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La crisis ahoga cada vez a Europa: la economía de los países del euro y del conjunto de la UE se contrajo un 0,2% en el segundo trimestre comparado con los tres primeros meses de 2012, cuando el crecimiento fue nulo en ambas zonas, según los datos adelantados difundidos hoy por la oficina estadística comunitaria Eurostat. Además, en términos interanuales, el PIB de la eurozona cayó un 0,4% en el segundo trimestre comparado con el mismo periodo de 2011 y el del conjunto de la Unión Europea (UE) un 0,2%.


Mientras, el PIB de Alemania ha subido un 0,3% en el segundo trimestre del año en relación con los tres primeros meses de 2012, cuando su economía creció un 0,5%. La cifra, pese a que muestra una desaceleración, es ligeramente superior a lo que se esperaba, pues expertos y analistas habían vaticinado que el que PIB crecería un 0,2%.


No tan bien le ha ido a Francia, que se ha estancado en este segundo trimestre según el Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos (INSEE). Pero más grande ha sido el batacazo de España, que ha sufrido un retroceso del 0,4% en el segundo trimestre frente al primero y 1% si se compara con el año anterior.


En el segundo trimestre del año se encontraban en recesión al menos ocho países de la UE -no hay datos disponibles aún para todos-, entre ellos algunas de las mayores economías del euro como Italia (con una caída del 0,7% y del 0,8% en el periodo anterior) y España, que lleva tres trimestres consecutivos de retrocesos.


También el Reino Unido se encuentra en recesión, dado que su PIB se contrajo un 0,7% en el periodo de referencia, con lo que lleva ya tres trimestres consecutivos con una evolución negativa.


De los países rescatados, están en recesión Grecia -aunque Eurostat aún no dispone del dato al cierre del segundo trimestre- y Portugal, a falta de conocer los datos de Irlanda.


También Chipre, que ha pedido un rescate completo a la eurozona y al Fondo Monetario Internacional (FMI), encadena cuatro trimestres en negativo, registrando en el segundo trimestre una caída del 0,8 % de su PIB. Por el contrario, Rumanía logró salir de la recesión al registrar un ligero crecimiento del 0,5% entre abril y junio frente a la caída del 0,1% y del 0,2% en los trimestres inmediatamente anteriores.


Sorprende el dato de Finlandia, cuya economía retrocedió un 1,0 % entre abril y junio tras avanzar un 0,8 % en el primer trimestre. Pero el mejor resultado lo ha conseguido Suecia, que tira de la economía europea con un crecimiento del 1,4%.


PÚBLICOMadrid14/08/2012 08:31 Actualizado: 14/08/2012 11:56

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Miércoles, 01 Agosto 2012 06:55

JP Morgan, presagio de nuevo Apocalipsis

JP Morgan, presagio de nuevo Apocalipsis
Cinco años en la peor crisis en ocho décadas y el mundo financiero sigue sin cambios significativos. Aquí se localizó el epicentro del terremoto y las reformas a su sistema regulatorio debían impedir una nueva debacle. Pero el poderío del sector financiero y bancario ha impedido que se apliquen restricciones a su actividad especulativa. La economía mundial enfrenta el riesgo de un nuevo derrumbe. La crisis actual sería apenas un preámbulo del nuevo Apocalipsis.

Primero los números. El tamaño del mercado mundial de derivados se estima en mil 200 billones (castellanos) de dólares, o 20 veces el tamaño de la economía mundial. La mayoría de las transacciones en ese gigantesco mercado, desde swaps de deuda y de tasas de interés hasta exóticos vehículos sintéticos de inversión, escapan a todo sistema regulatorio. Ese mercado no cumple ninguna función social o económica. Su razón de ser es la especulación pura.


La volatilidad, el comportamiento de manada y las expectativas no realizadas son rasgos característicos de este casino. La inestabilidad es la palabra clave en este terreno de apuestas peligrosas. Ni siquiera los agentes que participan en dicho mercado entienden su funcionamiento. Sus modelos de valoración de riesgo son engañosos porque reducen la incertidumbre a un problema de medición de probabilidades. El ejemplo más reciente es el de las pérdidas de más de 2 mil millones de dólares de JP Morgan en mayo, por haber cometido “errores egregios”, según las palabras de su arrogante jefe Jamie Dimon.


Esa terminología esconde el hecho de que el banco hizo apuestas absurdas que salieron mal. Ese episodio llama la atención porque puede ser un presagio ominoso. Los principales bancos del mundo tienen niveles de exposición muy fuertes en este mercado en que cualquier cosa puede suceder, con graves consecuencias para la economía real.


Sin embargo, a la fecha no se ha establecido un nuevo régimen regulatorio para cambiar este estado de cosas. En 2010 Obama promulgó la ley Dodd-Frank. Es un documento de 2 mil 300 páginas con reglas que ya se aplican sobre los riesgos que pueden asumir los bancos y sobre las atribuciones de los entes reguladores. Pero sus dos componentes más importantes todavía no entran en vigor. Se trata de las restricciones sobre el mercado de derivados y la llamada regla Volcker.


El título VII de la ley establece que las operaciones sobre derivados deberán llevarse a cabo en mercados públicos, para que los precios sean conocidos y se garantice el cumplimiento de los contratos. Pero muchas de las reglas en ese título están siendo atenuadas por el cabildeo de los bancos y sus serviles amigos en la Securities Exchange Commission y la Commodities and Futures Trading Commission. En especial, las definiciones sobre los contratos de swaps constituyen terreno fértil para abrir ventanas por las que se pueda eludir la reglamentación.


El otro componente clave es la llamada “Regla Volcker”, que prohíbe a los bancos realizar operaciones para su propio beneficio con recursos de sus clientes. Esta pieza regulatoria es de sentido común, pero para los bancos es una grave amenaza: afecta una de las fuentes más importantes de sus ganancias especulativas. Todavía no entra en vigor porque su reglamentación está siendo fuertemente debatida: el poderoso cabildeo de los bancos ya hizo crecer el capítulo sobre la regla Volcker de diez a 300 páginas, debido a la infinidad de excepciones y salvedades que permitirían a los bancos evadir esta prohibición.


Hubiera sido mejor reactivar una ley equivalente a la Glass-Steagall, que separaba claramente las actividades especulativas y de alto riesgo de las operaciones tradicionales de los bancos. Pero el restablecimiento de esa ley (derogada bajo Clinton) es algo que el sistema financiero combatiría con mucho más tenacidad y nadie en Washington está dispuesto a jugarse el pellejo político.


Según Bloomberg, sólo en el primer trimestre de este año los principales nueve bancos de inversión del mundo obtuvieron ganancias por 55 mil millones de dólares. Es evidente que para estos bancos el mercado de derivados es un espacio vital al que no están dispuestos a renunciar. Un nuevo descalabro en el mercado de derivados afectaría a todos los mercados financieros en Europa, comenzando con el de bonos soberanos. Por ello urge quitarse de encima la dictadura del capital financiero.


Mientras la economía real en Europa y Estados Unidos se hunde en una profunda recesión, los bancos han subvertido la voluntad popular a través del cabildeo. Sus cómplices son los partidos políticos: en Estados Unidos el Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes es el que más miembros tiene, porque se ha convertido en instrumento para allegarse recursos del complejo financiero-bancario y financiar campañas electorales. Los gobiernos en casi todo el mundo se inclinan ante sus amos financieros. La izquierda es la única que puede cuestionar este estado de cosas. Expropiar a los expropiadores, esa es la tarea.

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Lunes, 30 Julio 2012 06:59

Privatización de países

Privatización de países
Pasados ya cuatro años del estallido de la crisis económica mundial, los bancos privados y públicos de Europa y Estados Unidos están fuertemente cargados de deudas de otros bancos dudosos, de títulos públicos en deterioro y de derivados financieros aún más volátiles. También las personas y las empresas están fuertemente endeudadas, y no pueden reducir los compromisos que comprimen sus capacidades de consumo e inversión.


Todas las perspectivas de crecimiento bajan, mientras la crisis se prolonga sin soluciones reales a la vista. Las deudas públicas crecen sin poder ser contenidas.


A diferencia de la caída de 2009, en donde se apeló a una mezcla de mega-salvataje financiero con una gigantesca operación de marketing global de “ya llega la recuperación”, la declinación actual está lastrada por la caída en la actividad real, el reforzamiento de las políticas neoliberales duras, la evaporación de los pronósticos optimistas superficiales y la conciencia general del agotamiento de los instrumentos utilizados hasta el momento.


Una de las características llamativas de la crisis es que no se resuelve ningún problema de los que van surgiendo, y simplemente se amontonan desequilibrios y nuevos conflictos.


En Estados Unidos el desempleo sigue alto, y si algo ha bajado en relación con los peores momentos, es por el desaliento y abandono de quienes hace un tiempo buscaban algún puesto de trabajo. Las ventas se mantienen en un estado de languidez, mientras los mercados inmobiliarios no se recuperan. La dura puja partidaria en torno al “techo” de endeudamiento público no ha terminado. Los “mercados” –o sea, los capitales especulativos– demandan a la Reserva Federal una nueva “relajación cuantitativa”, eufemismo de una tercera emisión masiva de fondos para estimular el mercado accionario. Y allí se agota el repertorio de políticas públicas anticrisis.


La caída del precio del petróleo en los últimos meses está mostrando tanto el nivel de actividad decreciente a nivel global como las expectativas sombrías sobre el escenario próximo. Ni China ni India están pudiendo evitar los impactos contractivos y América del Sur deberá reforzar aceleradamente sus políticas defensivas y de estímulo de la actividad interna para mitigar el impacto de esta nueva contracción del escenario global.


Los réditos de la inseguridad


Cada punto que se incrementa el costo de la deuda de los países que dependen del financiamiento internacional es un punto de ganancia adicional para el capital financiero. Cuanto más se degradan las deudas soberanas, más rentabilidad tienen los prestamistas. Luego del escandaloso episodio con el banco Barclays, uno de los mayores de Gran Bretaña, que ha manipulado nada menos que la tasa Libor –referencia para múltiples operaciones financieras a nivel global–, sería interesante indagar sobre qué significa y qué funcionalidad tienen las sucesivas rondas de “incertidumbre” que aquejan a “los mercados” y los llevan a incrementar sin pausa las tasas que les cobran a casi todos los Estados, incluido Estados Unidos. Es claro que hay una circularidad en todo este proceso, y que es necesario dejar de pensar a los “mercados” como actores pasivos y objetivos de una realidad sobre la que no intervienen. Son actores principales, y responsables centrales del drama económico mundial.


Así como la incertidumbre y el miedo incrementan la ganancia de los “mercados”, también se acentúa el poder político de Alemania en la Eurozona, al constituirse en el único dador de seguridad simbólica, aunque generador de inseguridad material por las políticas que impone a los países avasallados.


Soluciones que no solucionan


Es difícil resumir la cantidad de cumbres y reuniones de los últimos meses en las que se estuvo por arribar a soluciones “definitivas” que concluyeron en la nada. La ilusión más importante que sobrevuela Europa es la “mutualización” de las deudas, o sea, que el conjunto de las deudas públicas de la Zona Euro sean asumidas por todas las economías de esa zona, o dicho más crudamente, por Alemania y otros países ricos del norte. Es claro que, en el corto plazo, la emisión de “eurobonos” en reemplazo de los títulos de deuda individual de los países de la Zona Euro bajaría la fiebre especulativa contra España, Italia y otros países, proporcionando un nuevo motivo de algarabía transitoria a los mercados. Pero no solucionaría el problema, y sobrecargaría con costos financieros más elevados y exigencias contractivas a los países que menos han estado sometidos a los “mercados” financieros. Alemania se niega a eso, y reclama que Bruselas controle rigurosamente –en su nombre– la política monetaria y fiscal de toda la Eurozona, haciendo cirugía institucional en los países del área, como paso previo a considerar alguna solución más convincente. Los nuevos controles previstos por la tecnocracia europea incluyen nuevos recortes presupuestarios y desestímulos a la economía real en toda la región. Si bien Francia ha intentado recientemente introducir un discurso más expansivo, políticas de estímulo serias no aparecen. La morosidad para adoptar las medidas que se van acordando contribuye a que sucesivos países pasen a ser hostigados por los prestamistas y puestos en dirección de la cesación de pagos. Para evitar el “peligro”, se introducen reformas neoliberales de largo alcance, sin que se supere el problema original.


Países residuales


En Grecia ya no tiene sentido hacer análisis económicos. La economía griega simplemente no puede aguantar las medidas que le impuso la tríada UE-BCE-FMI. La muy alta votación en las recientes elecciones del frente antiajuste Syriza lo coloca como un claro protagonista político en el corto plazo. Es característico de esta coyuntura que ese frente de “izquierda radical”, como trata de estigmatizarlo la prensa, haya representado la sensatez económica y social, mientras que los partidos “moderados” representen hoy el fundamentalismo del mercado, que no acepta soluciones realistas que afecten sus “derechos de propiedad”. La trabajosa victoria de los partidos que aceptan el “memorándum” no ha despejado el camino hacia la salida de la crisis del país. Es tan sólo el comienzo de una serie interminable de problemas que irán surgiendo a medida que se acentúen los daños económicos y sociales, y no se aporte ningún alivio concreto.


En España, la situación patrimonial de la banca es sumamente endeble, dado que una parte significativa de sus activos se ha evaporado debido al derrumbe de la cotización de las propiedades inmobiliarias, y los deudores hipotecarios muestran crecientes dificultades para el pago de las cuotas. El préstamo de 100 mil millones de euros que ha otorgado la UE alejará la posibilidad de impagos por parte de la banca española... a los bancos de los países del norte de Europa. Es por ese “salvataje” que el gobierno español admitió la cesión a la Eurozona de instrumentos clave de su política económica. La tecnocracia europea ya tiene enfocados diversos “costos” a suprimir en la economía española, entre los que figuran los de las “autonomías” y el seguro de desempleo. Quieren avanzar en reducir los gastos de las administraciones regionales en las que se ha basado el equilibrio político español de la etapa pos-franquista. Para viabilizar los pagos externos, pondrían políticamente en crisis al país. También reducirán las prestaciones por desempleo, haciendo más precario y dramático el cuadro social. La UE exige que las entidades financieras pasen a pérdida las deudas con decenas de miles de pequeños ahorristas españoles, que verán drásticamente recortado su patrimonio. Los consumidores, a su vez, observarán un salto en los precios producto del aumento del IVA, mientras se contraen sus ingresos, especialmente los de los funcionarios públicos.


La fundamentación técnica de las medidas es insostenible, pero no cabe duda de que es el sueño de ingeniería social más retrógrado que la derecha española y europea pudieran imaginar. Y sienta precedentes para nuevas rondas de degradación en otros próximos países a ajustar.


Conclusiones


Los países que reciben el “rescate” quedan con su economía intervenida por una tecnocracia externa, sometidos a severos planes de recortes presupuestarios, de reducción de derechos sociales y a políticas de contracción económica permanente. Deben limitarse a administrar ordenadamente el estancamiento, cuando no la decadencia. Se provoca la degradación de las condiciones materiales de la mayoría de la población y los jóvenes son despojados de un horizonte de progreso, aunque sea mínimo.


Hoy, la política de la UE transforma a sociedades vitales en países residuales. Los países dejan de existir como entidades políticas soberanas para transformarse en máquinas recaudatorias para tranquilizar a los financistas.


En el nuevo esquema de poder que se está ejecutando en Europa, los países intervenidos por las autoridades europeas dejan sus principales políticas en manos de la burocracia de Bruselas, que a su vez responde especialmente a los principales gobiernos del norte, que están tomando como causa nacional las necesidades de los bancos y los capitales acreedores. En esa región, las políticas públicas se están privatizando a través de una extendida y difusa cadena de mandos. El crecimiento, el Estado de Bienestar y la propia esencia de la democracia –el autogobierno de la sociedad– están siendo derogadas hasta nuevo aviso.


El experimento ultraconservador europeo está contribuyendo a estancar la economía global y a crear desafíos mayores para las regiones no subordinadas a esa lógica de dominación. Las perspectivas globales son de una creciente conflictividad social, renovada incertidumbre económica y una mayor tensión sistémica, que inducirá a nuevas rupturas y configuraciones que hoy sólo son juegos de política ficción.


Por Ricardo Aronskind, economista.


El presente artículo fue desarrollado en el marco del Programa Interdisciplinario para el Seguimiento de la Crisis del Orden económico mundial (Pisco), que el autor coordina en la Universidad Nacional de General Sarmiento.

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Los posibles efectos de la crisis mundial
El principal mercado capitalista mundial –la Eurozona– está hecho trizas. La economía estadunidense no se recupera, los países asiáticos (China, India, Japón) también tienen grandes dificultades, así como los llamados emergentes” (como Brasil y Argentina), de los cuales no se sabe muy bien porqué. La reducción del precio de los combustibles, ante la menor demanda industrial debido a la crisis, aunque alivia a los países importadores netos (como Cuba o la mayoría de los africanos), afecta también a los grandes exportadores como Rusia o Venezuela, cuyos planes de desarrollo interno dependen del precio de los hidrocarburos. En estas condiciones, Washington se ve tentado para aprovechar su superioridad militar y conquistar nuevos recursos y posiciones frente a sus competidores.


Esto es lo que está en juego en Siria, con independencia de la rebelión contra la barbarie pluridecenal de la dictadura hereditaria de los Assad (Hafez y su hijo Bachir). En Siria, en efecto, se entrecruzan varios problemas explosivos. El primero es la cuestión curda. Los vencedores de la Primera Guerra Mundial despedazaron al imperio otomano y colonizaron Siria, Irak y Jordania. En la Conferencia de Colombes ofrecieron a los curdos un país independiente, el Kurdistán, pero después dieron marcha atrás. De este modo hay curdos en Turquía (15 millones), en Siria, en Irak (todo el norte petrolero) y en Irán, que se ayudan entre sí. Todos esos países combatieron siempre el separatismo de “sus” curdos dentro y fuera de sus fronteras y Turquía ha bombardeado repetidamente el norte de Irak para que los curdos iraquíes no apoyen la rebelión de los curdos turcos. Ahora amenaza hacer lo mismo en el norte de Siria, ya que el ejército de Damasco, que antes controlaba la frontera con Turquía, está actualmente empeñado en los combates contra la rebelión armada en Damasco y Alepo.


Ahora bien, una guerra turco-siria daría un potente impulso a la desestabilización del régimen de Bachir Assad que están llevando a cabo Estados Unidos, Arabia Saudita, los emiratos del Golfo Pérsico, que arman y financian a los rebeldes y pagan los mercenarios fundamentalistas libios que por miles combaten contra el gobierno sirio. Pero la Siria de Assad es una garantía de statu quo regional para Israel, que ve con temor la posibilidad de un gobierno islámico radical en Damasco. El gobierno de Assad, en efecto, frena a los Hezbolá de Líbano y en cierta medida a Irán. La caída de Assad abriría, pues, la puerta a la guerra con Irán por el control del petróleo y del gas iraníes, y a una nueva guerra tanto en el Líbano como en Palestina, justo en el momento en que hay manifestaciones en Israel por la crisis y dos ancianos se prendieron fuego porque no podían pagar sus deudas.


Además, Irán es vecino y aliado de China y de Rusia. La derrota de Estados Unidos y la OTAN en la guerra ya perdida de Afganistán refuerza actualmente el papel de Teherán y de Beijing en la zona, en un proceso en continua degradación de la influencia de Washington que se ve facilitado por los continuos asesinatos cometidos por Estados Unidos en Pakistán, que exacerban el nacionalismo paquistaní.


Por lo tanto, Estados Unidos y sus agentes árabes y europeos están jugando con una guerra que abarcaría mucho más que Siria, incendiando media Asia, y que involucraría de uno u otro modo a Rusia y China, unidas una vez más por el enemigo común. La presencia de la armada rusa en aguas del Mediterráneo, frente a Siria, tiene el carácter claro de una advertencia. A buen entendedor, unos cruceros bastan…


La guerra, como siempre, ¿será la salida del capitalismo a una crisis profunda y prolongada, que por su magnitud no tiene precedente? La cortedad de vistas de los generales y políticos estadunidenses y su brutalidad son proverbiales, pero, ¿pensarán realmente esos genios de la geopolítica que será fácil una guerra pues las protestas masivas contra la crisis que agitan a los países europeos no pasan hasta ahora del no a los planes del capital financiero internacional, pero no han llegado todavía a formular propuestas alternativas, antisistémicas, anticapitalistas y, por consiguiente, por ahora no existe (según ellos) el peligro de la conjunción entre crisis y revolución?


Pero el nacionalismo de los pueblos oprimidos y su gran hambre de democracia, como demostraron los pueblos árabes y la resistencia armada antinazi y antifascista en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, así como la revolución china y los movimientos de liberación en las colonias, podría ser una fuerza gigantesca que, en su marcha tumultuosa, se llenaría de contenidos sociales anticapitalistas. La existencia de un movimiento socialista fuerte no ha sido nunca la condición previa y sine qua non para una revolución, como lo demuestra la misma Revolución Mexicana. Las revoluciones, por el contrario, son la condición previa para el desarrollo de las ideas socialistas y éstas son la precondición para desarrollar a fondo una revolución democrática y de liberación nacional y transformarla en una revolución anticapitalista. De ahí la necesidad, desde ahora mismo, de romper las ilusiones sobre la posibilidad de reformar un sistema que engendra crisis y guerras y podría lanzarse a una aventura que, dados los medios actuales y la actual relación de fuerzas entre los grandes países, podría ser mucho más mortíferas que las dos matanzas anteriores, la de 1914-18 y la de 1938-46. ¡Los movimientos sociales no pueden permanecer mudos ante este peligro!

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