"Ganar la competencia global con China": Biden propone un plan de infraestructura de 2 billones de dólares

La medida va a revertir la reforma fiscal de 2017 de Donald Trump, que redujo el impuesto de sociedades hasta el 21 %.

Joe Biden ha propuesto este miércoles un plan para destinar 2,25 billones de dólares a la renovación de la infraestructura de Estados Unidos, un paso que se da "una sola vez en una generación" y representa "la mayor inversión en los puestos de trabajo en EE.UU. desde la Segunda Guerra Mundial".

La suma necesaria para financiar el ambicioso plan se invertiría durante ocho años y procedería del aumento del impuesto de sociedades. El presidente estadounidense planea elevarlo hasta el 28 %, revirtiendo de esta manera la reforma fiscal de su antecesor Donald Trump, que redujo las tasas del impuesto de sociedades hasta el 21 % en 2017.

"Ahora mismo, una pareja de clase media —un bombero y una maestra con dos hijos— tiene un salario combinado de, digamos, 110.000 o 120.000 dólares al año, y paga 22 centavos por cada dólar adicional que gana en el impuesto federal sobre la renta. Pero una corporación multinacional que construye una planta en el extranjero —la trae a casa y luego la vende— no paga nada en absoluto", resumió Biden al explicar la situación actual en materia de impuestos.

"Vamos a subir el impuesto de sociedades. Fue del 35 %, demasiado alto. Hace cinco años todos acordamos que debería bajar al 28 %, pero lo redujeron al 21 %. Vamos a subirlo de nuevo al 28 %", señaló el presidente estadounidense, aseverando que "nadie debería quejarse sobre eso", ya que aun así "es más bajo que la tasa que había entre la Segunda Guerra Mundial y 2017". Además, la medida permitirá generar "un billón de dólares de ingresos adicionales en 15 años", agregó.

"¿Amazon pagando cero en impuestos federales?"

Biden señaló que "91 compañías de la lista Fortune 500 —las empresas más grandes del mundo, incluida Amazon— usaron varias lagunas jurídicas para no pagar ni un solo centavo de impuesto federal sobre la renta". "No las quiero castigar, pero está mal. Simplemente está mal. ¿Un bombero y una maestra pagando un 22 %? ¿Amazon y otras 90 corporaciones grandes pagando cero en impuestos federales?", preguntó.

Los fondos del plan de dos billones de dólares se destinarían para realizar mejoras en diversas áreas, desde la renovación de la infraestructura del transporte —incluyendo carreteras, puentes, redes de transporte público, vehículos eléctricos, puertos y aeropuertos— hasta la modernización de las escuelas, la red eléctrica, sistemas de aguas, desarrollo de la energía verde, acceso a banda ancha y atención a personas mayores y discapacitados.

Según Biden, el plan "creará millones de empleos, empleos bien remunerados" y "hará crecer la economía". "Nos hará más competitivos en el mundo, promoverá nuestros intereses de seguridad nacional y nos pondrá en posición de ganar la competencia global con China en los próximos años", afirmó el mandatario.

Publicado: 1 abr 2021 06:12 GMT

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Entrega de efectivo a millones, en plan de rescate de EU

Las primeras iniciativas del gobierno de Joe Biden –el megarrescate económico, el apoyo explícito a derechos laborales y trabajadores migrantes, así como los nombramientos al gabinete económico– expresan un giro que podría marcar el fin de 40 años de la agenda neoliberal en Estados Unidos.

Hace justo 40 años Ronald Reagan estrenó la era neoliberal con el discurso inicial de su presidencia, en el cual incluyó su famosa frase: "El gobierno no es la solución a nuestro problema, el gobierno es el problema". Entre las primeras acciones del ex actor, anunció una ofensiva contra el movimiento laboral, empezando con la destrucción del sindicato de controladores aéreos, y promovió una agenda de "austeridad" (con excepción del gasto militar) y reducción de impuestos y regulaciones para el gran empresariado.

Con esa agenda, en las pasadas cuatro décadas, gobiernos republicanos y democratas –el presidente demócrata Bill Clinton declararía en 1996 que "la era del gran gobierno se ha acabado"– han desmantelado y/o privatizado segmentos de los sectores públicos de salud, educación y hasta justicia criminal, reduciendo la red de bienestar social.

Los saldos incluyen un sindicalismo que ha llegado a su punto más débil en la historia moderna, el salario promedio real está al mismo nivel de hace 40 años y la desigualdad económica ha llegado a su punto más extremo desde poco antes de la Gran Depresión.

Durante cuatro décadas el eje de la política exterior de Estados Unidos fue promover "la democracia", definida como el libre mercado consolidado a través del libre comercio.

Apoyo a migrantes

Ahora en 2021, las primeras iniciativas anunciadas por Biden al llegar a la Casa Blanca fueron la de un magno paquete de apoyo y rescate económico enfocado en la clase media trabajadora, que incluye a los migrantes, así como la ampliación de servicios públicos (salud, educación, transporte, vivienda, asistencia social a familias y niños). Al mismo tiempo, ofreció la expresión más prolaboral y sindical de un presidente en décadas, al endosar un proyecto de ley para ampliar los derechos laborales y expresar apoyo a la campaña de sindicalización de casi 6 mil trabajadores de un almacén de Amazon en Alabama –cuyo dueño, Jeff Bezos, es el hombre más rico del planeta y uno de los 660 multimillonarios que han incrementado su fortuna durante la pandemia, en conjunto, en más de un billón de dólares.

El llamado Plan de Rescate de Estados Unidos de 1.9 billones de dólares (más del doble del promovido por Barack Obama en 2009) no sólo contiene medidas antipobreza, como los pagos directos de mil 400 dólares a los ciudadanos, sino también la ampliación de beneficios de desempleo y asistencia alimentaria y de renta para inquilinos, entre otras; incluye también acciones sin precedente, como el primer programa de ingreso familiar universal garantizado en la historia del país, con el cual se podría reducir a la mitad la pobreza infantil.

Estas medidas son temporales, durarán sólo hasta finales de año o menos. Pero el gobierno de Biden está preparando programas más ambiciosos, que buscan financiar proyectos de infraestructura, aplicar impuestos sobre los más ricos y la promoción de iniciativas económicas "verdes" para combatir el cambio climático, entre otras. Sus estrategas están apostando a que el enorme apoyo popular del que goza el Plan de Rescate se traducirá en suficiente apoyo para iniciativas adicionales que superen la resistencia política de buena parte de los republicanos y otros opositores.

Biden ha sorprendido a progresistas por su apoyo explícito al movimiento laboral, declarando en febrero que “los sindicatos elevan a los trabajadores… y especialmente a trabajadores afroestadunidenses y latinos”.

A principios de este mes el proyecto de ley Protegiendo el derecho a la organización (PRO Act), el cual propone revertir medidas antisindicales puestas en marcha a lo largo de las varias décadas, fue aprobado por la cámara baja con el endoso explícito del presidente y ahora goza de una amplia e inusual coalición de gremios y ambientalistas para su promoción en el Senado.

Proteger a los trabajadores, no sólo a las empresas

Mientras tanto, el consenso bipartidista sobre el libre comercio que ha imperado durante las últimas décadas también se está modificando y ya no es un objetivo casi sagrado. Katherine Tai, la recién ratificada Representante de Comercio de Estados Unidos, ha prometido –junto con otros altos funcionarios e incluso el secretario de Estado, Antony Blinken– enfocarse en cómo proteger los intereses de los trabajadores estadunidenses y el medio ambiente, y no sólo en promover más acuerdos para empresas.

Varios economistas y otros expertos están señalando que este giro podría estar marcando “el "fin de la era neoliberal", y que se está recuperando el viejo principio keynesiano sobre la necesidad de la intervención del gobierno en el "libre mercado" para defender los derechos sociales y los intereses básicos de las mayorías.

El propio Biden, en un discurso a la nación sobre el paquete de rescate, afirmó, como si fuera respuesta no solo a Reagan, sino a su colega demócrata Clinton, que "el gobierno no es alguna fuerza extranjera en una capital distante. No, somos nosotros, todos nosotros, el pueblo".

Para el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, la propuesta de Biden es "transformadora" por su enfoque en "rescatar a gente de la pobreza". Comentó que con esto posiblemente se ha puesto fin a la economía trickle down promovida desde la época de Reagan y vigente hasta el gobierno de Trump. “Esto es lo opuesto a eso… es construir la economía desde el medio y desde abajo”, dijo en Democracy Now.

Otro Nobel de Economía, Paul Krugman, escribió en su columna en el New York Times, en referencia a la declaración de Clinton de 1996, que eso de “‘la era del gran gobierno se acabó’ [ahora] se acabó” y señaló que el plan de rescate económico de Biden representa "un giro contra la ideología que ha dominado la política de Estados Unidos por cuatro décadas".

Robert Reich, quien fue secretario del Trabajo con Clinton, festejó la aprobación del paquete de rescate, al cual describió como la "expansión más grande de asistencia gubernamental desde los años sesenta" y concluyó que “la lección económica es que el reaganomics ha muerto”.

Al descubierto, los saldos de la política económica

La resistencia progresista contra el neoliberalismo en Estados Unidos incorpora desde los grandes movimientos altermundistas, los cuales rechazaban lo que se llamaba el "Consenso de Washington" en los años 90, a movimientos contra la desigualdad económica y la concentración de riqueza, como Ocupa Wall Street, que surgieron en años recientes y que nutrieron después las sorprendentes campañas presidenciales, legislativas y locales de socialistas democráticos. Todo eso ha llevado a este giro en la política económica ante la crisis de salud y económica en Estados Unidos que dejó al descubierto los saldos reales del neoliberalismo.

En una reciente comparecencia ante el Comité del Presupuesto del Senado, presidido ahora por el ex candidato socialista democrático Bernie Sanders, Reich recordó la famosa frase del juez de la Suprema Corte, Louis Brandeis, "podemos tener democracia en este país o podemos tener gran riqueza concentrada en las manos de unos cuantos, pero no podemos tener ambas cosas".

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Una técnica de reprogramación celular permitiría a los soldados de EE.UU. regenerar sus heridas como 'Wolverine' de X-Men

Una tecnología basada en la reprogramación celular curaría heridas más de 5 veces más rápido de lo natural.

El Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea de EE.UU. junto con la Universidad de Míchigan exploran una tecnología basada en la reprogramación celular que permitiría sanar las heridas más de 5 veces más rápido de lo que el cuerpo humano las cura de forma natural.

Así, los efectivos estadounidenses podrían obtener habilidades curativas 'semejantes' a las de 'Wolverine', el superhéroe de Marvel Comics asociado con los X-Men, quien puede regenerar sus células al ser herido. El ente científico de la rama militar compartió cómo avanza la investigación.

¿Qué es la reprogramación celular y cómo trata las heridas?

Esta técnica básicamente reprograma el genoma de una célula humana por ejemplo, una célula de la piel, para convertirla en un tipo de célula diferente (muscular, sanguínea o cualquier otro tipo). La reprogramación se efectúa gracias a las proteínas llamadas factores de transcripción que 'activan y desactivan' varios genes dentro de las células para regular los procesos de división, crecimiento, así como la organización y la migración celular.

A nivel práctico, se supone que los factores de transcripción se aplicarían mediante un 'vendaje' que se aplica como un espray directamente a las heridas, para que las células musculares expuestas se conviertan en células cutáneas superficiales. Así las células reconfiguradas cubren la herida y esta se cura más rápido.

Algoritmo matemático 

Para identificar con precisión cuáles son los factores de transcripción que hacen cambiar de tipo a las células, el equipo de científicos elaboró un algoritmo guiado por los datos proporcionados por un microscopio de imágenes de células vivas, que determina las proteínas correctas y pronostica los puntos del ciclo celular donde aquellas pueden afectar mejor al cambio deseado.

"Es raro que las matemáticas ofrezcan resultados tan prometedores con tanta rapidez. La investigación matemática básica suele tardar décadas en convertirse en modelos que puedan aplicarse a una tecnología", señaló Frederick Leve, uno de los autores de la investigación. 

Si se logra aplicar esta tecnología a gran escala, "revolucionará el Ejército del Aire en los próximos años", reza el comunicado oficial.

Publicado: 21 feb 2021 12:48 GMT

Luis Arce, el 11 de marzo de 2019.Foto Roberto García Ortiz

Al nuevo gobierno le llevará hasta dos años y medio recuperarse del desastre financiero que deja el régimen de facto

Hace menos de un año, Luis Arce, ministro de Economía del gobierno de Evo Morales, se refugió en México. Este 8 de noviembre, tomará posesión como presidente del Estado Plurinacional de Bolivia.

 

Triunfador en los pasados comicios con más de 55 por ciento de la votación, artífice del milagro económico que su país vivió durante 13 años, se enfrentará ahora al desastre financiero dejado por el gobierno golpista de Jeanine Áñez. En escasos 11 meses la economía cayó entre 8 y 11 por ciento.

En entrevista exclusiva para La Jornada, Arce anuncia que a su país le tomará hasta dos años y medio recuperar las tasas de crecimiento que tenía antes del gobierno de facto.

A continuación, una síntesis de la charla con el mandatario electo.

–Un año después de un golpe de Estado, usted toma posesión como presidente de su país. ¿Cómo explicar este vuelco en la correlación de fuerzas? ¿De qué es resultado?

–Es una suma de cosas. La primera, lo ocurrido con los movimientos sociales. Cuando dan el golpe, nos encuentra desorganizados, desunidos y con una victoria en las elecciones, empañada por la participación de la OEA, que veía un supuesto fraude.

“Las organizaciones sociales estaban en la incertidumbre ante una derecha que tenía 21 días bloqueando el país, particularmente las ciudades, con efectos en la gestión y en la economía. Ese movimiento desata el golpe de Estado.

“Nuestras organizaciones sociales se movilizaron tímidamente para defender al gobierno del compañero Evo. No pudieron reaccionar oportunamente. Cuando viene la reacción es tarde, porque el golpe se consuma. Vienen las fuerzas armadas, la policía y todos los órganos represivos del Estado y se consolida el golpe.

“Fue un golpe de Estado cruento, que instauró un régimen que no era democracia. El ascenso de la señora Áñez fue inconstitucional. La población tiene una herida de no haber podido reaccionar oportunamente. Tiene una deuda con el Movimiento al Socialismo (MAS), luego de haber hecho tantas cosas por el país: de haber crecido, hecho obras, mejorado la educación, la salud, el nivel de vida de la gente. Todo eso se acumula junto con la derrota por la fuerza del pueblo en las calles. Ahí hay una herida en el pueblo boliviano que no estaba cicatrizada.

“El segundo consiste en que el gobierno de facto, en lugar de hacer gestión, empieza a hacer persecución política a dirigentes con el pretexto de la pacificación. Mete a muchos de ellos en la cárcel por actos supuestamente sediciosos.

“Luego viene una sensación de que la economía está mal. En el último trimestre del año pasado y en el primer trimestre de este año, sin coronavirus, el manejo económico era malo.

“El tercer elemento tiene que ver con la pandemia, su mal manejo, y el uso que le dan. La derecha tenía el plan de que las elecciones se realizaran hasta 2021. La pandemia les da oportunidad de postergarlas. En una primera instancia, la fecha de elecciones era el 3 de mayo. En abril, deciden llevarlo a agosto, luego a septiembre y luego a octubre. El pueblo, a través de la Central Obrera Boliviana y el Pacto de Unidad, se moviliza en plena pandemia y logra arrancar una fecha definitiva para las elecciones: el 18 de octubre.

“Son un cúmulo de cosas, más el mal manejo de la pandemia, que puso a Bolivia en el sexto lugar en la relación de muertes con respecto a habitantes. En las elecciones se va viendo eso y a una derecha sin ideas, sin propuestas. No proponían algo nuevo. Su consigna era ‘que no vuelva el MAS’.

"En cambio, nosotros fuimos con una propuesta para salir de la crisis. Tuvimos el voto oculto de la clase media, que había participado en las jornadas de octubre del año pasado y que se volcó al MAS, porque era el único partido que le podía proponer y garantizar estabilidad económica, política y social."

–En el golpe de Estado desempeñó un papel muy importante el Ejército y la policía. Al parecer se subestimó cómo estos actores podían involucrarse en una iniciativa golpista. ¿Qué garantía hay ahora de que eso no volverá a suceder?

–Nunca existe una garantía cuando están las cosas así y además la policía es endeble. Pero ahora las condiciones son diferentes.

"Primero, tenemos una victoria contundente del pueblo boliviano con 55 por ciento, inobjetable. Con un árbitro de ellos, designado por este gobierno, por la dictadura, por los partidos políticos que participaron en el golpe Estado. Las fuerzas armadas y la policía han sido duramente criticadas por el pueblo de Bolivia por lo que ocurrió. Ellos saben que han dañado su imagen e institucionalidad. La población se está dando cuenta ahora de que en realidad estos minoritarios son los que buscan la violencia, no nosotros."

–El golpe de Estado se impuso a sangre y fuego, con masacres en Senkata y Sacaba y civiles muertos. ¿Serán juzgados y castigados los responsables de esa represión?

–La Asamblea Legislativa Plurinacional ya ha dado un paso importante, al aprobar un juicio de responsabilidades para el gobierno autor. Anteriormente, ha habido grupos civiles que han iniciado cuestiones judiciales contra los asesinatos, que superan 36, y miles de heridos. La sentencia que corresponde escapa al control del Ejecutivo.

–¿Hay posibilidades de recomponer la economía en corto plazo? ¿Qué tan mal dejaron los golpistas las cosas?

–Para darle algunas cifras de comparación. La proyección de interno bruto para esta gestión 2020 está entre menos 8 y menos 11 por ciento. Es más, de acuerdo con las cifras oficiales de este gobierno, tres meses atrás ya habríamos alcanzado menos 8. Estamos con rumbo a profundizar la crisis. Esto, cuando Bolivia crecía a 8.2 por ciento. Es una caída de 15 o 16 puntos porcentuales, que es mucho. Por otra parte, el desempleo. Teníamos un desempleo de apenas 4 por ciento. Ahora supera 30 por ciento.

“Otro elemento es el déficit fiscal. Planteamos que íbamos a llegar a 6 por ciento de déficit fiscal. Pero ellos, ya a esta altura –y no ha acabado el año–, están en 9 por ciento de déficit fiscal. ¡50 por ciento más!

“El otro tema es la deuda. Es un tema muy preocupante. La deuda la dejamos en 25 por ciento del PIB. Ahora ya está a más de 32 por ciento, acercándose a 38 por ciento.

“Lo más importante: ha crecido la deuda interna del Banco Central, es decir, la maquinita de hacer billetes. Nosotros dejamos una deuda de cerca de 3 mil millones, más o menos, y ellos, en este tiempo, ya se han prestado entre 7 mil y 9 mil millones. Sumando estos 3 mil, ya estamos entre 11 y 12 mil millones. Es la estimación, porque no hay cifras. Estamos hablando que se habría cuadruplicado la deuda interna, con sus consiguientes riesgos sobre la inflación.

“El deterioro es muy fuerte. Con las cifras que hemos visto, salir de la crisis, para retomar el nivel de crecimiento, nos va a demandar entre uno y medio y dos y medio años. Va a ser un trabajo duro.

"Felizmente tenemos un plan para sacar el país adelante. Queremos implementarlo a la brevedad. Entre el siguiente año, el año y medio que viene, vamos a estar retomando las cifras que teníamos antes del golpe de Estado y de la pandemia."

–¿El triunfo de ustedes en Bolivia anuncia un cambio en la correlación de fuerzas en toda América Latina?

–Nuestra victoria en los comicios es del pueblo boliviano que recupera la democracia, el proceso de cambio. El mensaje es claro: no se puede, con un golpe de Estado, destruir un proceso que ha estado dando prosperidad a un pueblo, en lo económico en lo social. El pueblo, al final, sabe entender y es muy justo; es muy sabio al momento de decidir.

–¿Algún mensaje para México?

–Nuestro mensaje a los amigos allá que nos recibieron con los brazos abiertos es de un agradecimiento profundo, una predisposición completa a que trabajemos con el pueblo y con el gobierno mexicano, que estrechemos vínculos. Tenemos muchas cosas en común. Esperemos que con el gobierno del MAS y con el del presidente Andrés Manuel López Obrador podamos generar un clima propicio para mejorar nuestras relaciones.

"Un gran abrazo a todo lo que ha hecho el pueblo mexicano por los bolivianos que estábamos asilados allá. A nuestra embajadora, María Teresa Mercado, a la que siempre recuerdo, un gran saludo. Ella se impuso y permitió que saliera del país. Igual, quizás la historia hubiese sido otra. Muchas gracias. Esperemos que cada vez estemos más unidos en una diplomacia de los pueblos."

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Crean piel electrónica capaz de detectar objetos, así como sentir textura, temperatura y dolor

Singapur. Investigadores de Singapur desarrollaron una “piel electrónica” capaz de recrear el tacto, innovación que esperan permita a las personas con extremidades protésicas detectar objetos, así como sentir la textura o incluso la temperatura y el dolor.

El dispositivo, denominado ACES o Asynchronous Coded Electronic Skin, está formado por cien pequeños sensores y mide aproximadamente un centímetro cuadrado.

Los investigadores de la Universidad Nacional de Singapur dicen que puede procesar información más rápido que el sistema nervioso humano, reconocer 20 a 30 texturas diferentes y leer letras en braille con una precisión mayor a 90 por ciento.

“Por tanto, los humanos necesitan deslizarse para sentir la textura, pero en este caso la piel, con un solo toque, puede detectar texturas de diferente rugosidad”, afirmó el líder del equipo de investigación Benjamin Tee, que agregó que algoritmos de IA permiten que el dispositivo aprenda rápidamente.

Según una demostración, el dispositivo puede detectar que una pelota blanda para la tensión era suave y determinar que una de plástico era dura.

“Cuando pierdes el sentido del tacto, esencialmente te vuelves insensible (...) y los usuarios de prótesis enfrentan ese problema”, señaló Tee.

“Entonces, al recrear una versión artificial de la piel, para sus dispositivos protésicos, pueden sostener una mano y sentir el calor y descubrir que es suave, cuán fuerte están dando la mano”, agregó.

Inspirada en Star Wars

Tee sostuvo que el concepto se inspiró en una escena de la trilogía de Star Wars en la que el personaje Luke Skywalker pierde la mano derecha y es remplazada por una robótica, aparentemente capaz de experimentar de nuevo sensaciones táctiles.

La tecnología aún se encuentra en etapa experimental, pero hay “enorme interés”, en especial de la comunidad médica, precisó.

Jueves, 12 Diciembre 2019 06:45

Avanzan estudios para restituir la audición

Avanzan estudios para restituir la audición

Un nuevo descubrimiento en ratones de un equipo liderado por investigadores de Massachusetts (Estados Unidos) y publicado en Nature Communications podría ayudar a los científicos a acercarse a la reprogramación del oído interno con el fin de regenerar células ciliadas, necesarias para la audición.

Este estudio es el primero en mostrar que con la reprogramación se puede inducir la división de las células del oído interno de un mamífero adulto y pasar a ser células ciliadas, explicó uno de los autores, Zheng-Yi Chen. La falta de capacidad de las células del oído interno de los humanos y otros mamíferos para dividirse o regenerar dañan el oído interno, en particular las células ciliadas, lo que lleva a la pérdida permanente del oído.

Las células ciliadas especializadas del oído interno están encargadas de la transducción de las vibraciones mecánicas de los sonidos en señales eléctricas transmitidas al cerebro. Gran número de factores ambientales y genéticos, incluyendo la sobrexposición a ruidos altos y la edad, destruyen estas células. En oídos totalmente maduros, la capacidad de división de estas células se pierde y la regeneración de células ciliadas ya ni siquiera ocurre.

En humanos, incluso el oído interno de un recién nacido es completamente maduro. Pese a ello, Chen y sus compañeros han afirmado que, con el fin de desarrollar nuevos tratamientos para la pérdida auditiva humana, “es esencial demostrar que la división celular y su regeneración pueden conseguirse en un mamífero maduro”.

En el nuevo estudio usaron un acercamiento de reprogramación mediante la activación de dos señales moleculares, Myc y Notch, en el oído adulto. Así encontraron que las células del oído interno maduro pueden ser incitadas a la división.

Algunas de las nuevas células desarrollaron características de células ciliadas, incluyendo canales de transducción que llevan a cabo la conversión mecánica en eléctrica y la habilidad de formar conexiones con las neuronas auditivas. Además, los investigadores están trabajando en el hallazgo de un fármaco que consiga la división y la regeneración de células ciliadas en el oído interno maduro y en modelos más grandes de animales, incluyendo cerdos.

EE UU encadena el mayor periodo de crecimiento de su historia

La economía estadounidense suma 121 meses de expansión desde la recesión de 2008, pero la recuperación es más lenta y más desigual

 

 

 La expansión económica en Estados Unidos cumple su décimo aniversario y en julio superará el récord de longevidad de 120 meses seguidos de crecimiento. El anterior gran periodo de expansión se produjo tras la crisis de las puntocom en 2001 y se prolongó durante la presidencia de Bill Clinton. Los frutos de la actual recuperación son patentes: la tasa de paro es la más baja en medio siglo, suben los salarios, la vivienda vale más que antes de la Gran Recesión, la inflación es baja y la confianza se mantiene sólida. Los nombres de Barack Obama y Donald Trump quedarán así unidos para siempre en la historia económica. Pero este periodo de recuperación, el más largo de la historia de EE UU, se caracteriza también por ser más lenta y desigual.

La Oficina de Investigaciones económicas de EE UU (National Bureau of Economic Research, en sus siglas en inglés) contabiliza 33 ciclos de crecimiento desde 1854. Estos periodos de expansión duraron entre 10 y 120 meses. Solo en dos épocas se superaron los 100 meses seguidos de crecimiento. Alan Blinder, economista de la Universidad de Princeton, señala que las expansiones no mueren por la edad sino porque algo acaba con ellas. Los expertos suelen señalar a la Reserva Federal (Fed) como principal culpable del fin de los ciclos, por su empeño en combatir la inflación.

Pero también se suele atribuir el fin de los periodos de bonanza a una espiral en el precio del petróleo o a un desplome de Wall Street, aunque en este último caso el estrés en los mercados financieros suele ir en paralelo a otras calamidades. Pero la principal espita que desencadena una crisis suele ser la caída del consumo y la pérdida de confianza.

El presidente de la Fed, Jerome Powell, descarta una recesión inminente, pero suele mostrarse cauto por los nubarrones desatados por Trump con su desafío comercial a China.

Hace una década, en plena crisis financiera, en lo único que se pensaba en Washington era en cómo evitar que el terremoto que siguió al derrumbe de Lehman Brothers arrastrara a toda la economía hacia el precipicio. Cerca de nueve millones de personas perdieron sus empleos y el paro llegó al 10%, algo casi inaudito en EE UU, con tasas de desempleo históricamente bajas. Desde los primeros años de Ronald Reagan, a principios de los 80, no se veía un nivel de desempleo similar. Pero una década después la situación ha cambiado radicalmente.

Pleno empleo

El mercado laboral es donde se observan los mayores progresos. El sector privado creó más de 21 millones de puestos de trabajo durante la recuperación, tras encadenar 110 meses consecutivos de contratación. La ocupación es ahora un 9% más alta que antes de la recesión. El paro bajó en abril al 3,6% y desde hace tres años se vive una situación de pleno empleo. El gran problema que ahora se encuentran las empresas es dar con la mano de obra cualificada que necesitan para cubrir 7,5 millones de vacantes.

Es otro ejemplo de los grandes progresos alcanzados desde la Gran Recesión. Cuando Obama tomó las riendas de la Casa Blanca, se destruían 700.000 empleos al mes. La pérdida de empleo se redujo drásticamente gracias a los programas de estímulo fiscal que se activaron y a la acción agresiva de la Fed. La mayor parte de la recuperación se produjo bajo la presidencia de Obama y la mejora continúa con Trump.

Pero aunque el paro esté en mínimos y la recuperación sea la más duradera, también es más tibia si se compara con los ciclos de los años dorados que siguieron al periodo posterior de la Segunda Guerra Mundial hasta 1972. En ese periodo, el crecimiento aportó una sustancial mejora en la calidad de vida, algo muy diferente a lo que sucede actualmente. Entonces, el incremento de los sueldos fue mucho mayor.

Los salarios también suben desde 2010, pero la mejora se concentra en las rentas más altas, lo que está elevando la desigualdad. Si se tiene en cuenta la inflación, los sueldos en dólares reales apenas mejoraron, como señala Pew Research. “El poder de compra es el mismo que hace cuatro décadas”, apuntan. Antes de la crisis, los salarios crecían un 4% de media al año. En esta expansión, no llega al 3%. Los economistas señalan que con una tasa de paro tan baja como la actual, los sueldos deberían crecer mucho más.

La expansión económica durante la última década también se caracteriza por haber estado por debajo del potencial previo a la crisis. Desde junio de 2009, cuando se inicia la recuperación, EE UU crece a un ritmo medio anual del 2,3%. Aceleró al 3,1% en el primer trimestre de 2019, pero la previsión es que se suavizará. No es solo que el rendimiento sea más débil. También más desigual.

La última crisis fue la más profunda desde la Gran Depresión y provocó un gran agujero del que costó mucho salir. El detonante fue una burbuja inmobiliaria, que estalló en el verano de 2006. La caída de precios duró hasta 2012 y los inmuebles se depreciaron un 30%. El desplome pegó así un mordisco a la renta de las familias y millones de hogares perdieron sus casas. Eso afectó al consumo. Pero los precios están ahora un 15% por encima del máximo previo a la crisis.

Los economistas de BMO Capital creen que la combinación de crecimiento sostenido, incremento del empleo, inflación contenida en el 1,8% y bajos tipos de interés es “lo más cerca que se puede estar del nirvana”. Por ese cóctel Trump dice que EE UU es la envidia de todo el mundo. “Es la mejor economía en la historia de América”, proclama.

El republicano atribuye el crecimiento actual a sus políticas económicas, en particular al recorte de impuestos, la desregulación y el proteccionismo comercial. El PIB se expande pero no al ritmo del 4% que prometió como candidato ni por encima del 3% de su plan presupuestario. Lo achaca al alza de tipos de interés. “Tenemos el potencial de subir como un cohete”, aseguraba hace un mes.

Pero las cosas no pintan tan bien. La economía muestra sintomas de debilidad por la escasa mejora de la productividad y los efectos de la eclosión de las plataformas digitales en los negocios tradicionales. Los analistas de Cumberland Advisors señalan que Trump y Powell tienen poco margen para cometer errores con sus decisiones de política económica. Los de Deutsche Bank opinan que el actual es el mejor rendimiento que puede tener la economía de EE UU y “el riesgo es mayor”. “Ya no es suficiente con decir que las cosas van bien”, concluyen.

Por Sandro Pozzi

Nueva York 15 JUN 2019 - 17:57 COT

Publicado enEconomía
EE UU registra la tasa de paro más baja en casi medio siglo

La desocupación se coloca en el 3,6% en abril tras crear ese mes 263.000 nuevos empleos

La economía de Estados Unidos avanza con solidez cuando la expansión que siguió a la Gran Recesión va a cumplir una década. Se refleja en el empleo. La tasa de paro bajó dos décimas y se colocó en abril en el 3,6%. Es la lectura más baja desde diciembre de 1969. Lo hizo tras registrar 263.000 ocupados, más de lo esperado. Se acelera respecto a los 189.000 de marzo. La Reserva Federal, por tanto, puede seguir avanzando con el proceso de normalización sin prisa.


El mercado laboral no está mostrando señales de que vaya a moderar el ritmo de creación de empleo, pese al bache de febrero, que en la lectura final queda en 56.000 ocupados. Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, ya aseguró el pasado miércoles que la creación de empleo estaba siendo robusta y anticipó que la economía seguirá avanzando a un ritmo saludable el resto del año.


La tasa de crecimiento anualizada fue del 3,2% en el primer trimestre. Lo previsible, según los analistas, es que en estas condiciones la creación de empleo progrese a un ritmo ligeramente por debajo a los 200.000 contratos de media mensual. La Fed, entre tanto, se escuda en la baja inflación para dejar los tipos de interés intactos. Están desde diciembre en una banda entre el 2,25 y el 2,5%.


En el primer trimestre, se creó empleo a un ritmo próximo a los 180.000 ocupados mensuales de media. La productividad en ese periodo se aceleró un 3,6% mientras el paro se mantuvo en el 3,8%. Los sueldos crecen, a un 3,2% anual, pero no como para que cree riesgos o temores del lado de la inflación para la Fed. Powell asegura que no ve evidencias que indiquen que la economía se esté recalentando.


La Fed tampoco ve signos en la dirección opuesta que anticipen una contracción y le fuercen a rebajar los tipos, como reclama el presidente Donald Trump con insistencia. El indicador de empleo sí muestra un punto de vulnerabilidad en la industria de la manufactura. Se crearon en el mes solo 4.000 empleos, frente a generar 22.000 ocupados de media en 2018. Es un hervidero de votos para el republicano.


Debilidad en la manufactura


El índice de actividad manufacturera publicado esta semana mostró una desaceleración significativa. Powell explicó durante la rueda de prensa posterior a la última reunión que es una tendencia que se observa a escala global. “Los servicios crecen más rápido”, señaló, aunque al mismo tiempo indicó que espera una “contribución positiva del sector industrial en la expansión económica” porque sigue creciendo.


Aunque junio marcará el décimo aniversario de la salida de la recesión, el mercado laboral necesitó un año más para empezar salir de la crisis. La tanda actual, la más prolongada en los registros, comenzó en octubre de 2010. Entonces el paro rondaba el 10%. Pero buena parte de este descenso se explica porque la tasa de participación está en el 62,8%. En abril medio millón de personas abandonaron el mercado laboral.


Si se tienen en cuenta son las personas que no buscan empleo de forma activa o que se ven forzadas a trabajar a tiempo parcial, la tasa de desocupación sería del 7,3% en abril. En ese caso se habría mantenido estable y estaría a uno nivel ligeramente superior al periodo de expansión que concluyó con el estallido de la burbuja tecnológica. Eso sugiere que aún hay margen para crear más empleo.


EE UU encadena, en cualquier caso, 103 meses seguidos de creación de empleo, marcando así un nuevo récord. El ritmo robusto de contratación no es solo una evidencia más de que el miedo a una recesión se exageró, también cuestiona la retórica de Trump y sus críticas hacia la estrategia de Powell. Le acuso de frenar la economía. El propio presidente de la Fed anticipa, en cualquier caso, que el crecimiento se moderará.


La atención, por tanto, se centra en entender cuándo la Reserva Federal moverá ficha. Jerome Powell dice sentirse cómo donde está. La última encuesta interna publicada en marzo indicaba que la mayoría de los miembros eran partidarios de dejar las cosas como están y no subir tipos. Veían un nuevo incremento para comienzo de 2020. Lo que queda descartado de momento es un recorte preventivo.

Por Sandro Pozzi
Nueva York 3 MAY 2019 - 08:42 COT

Publicado enEconomía
Las falsedades de la supuesta recuperación económica promovida por el pensamiento neoliberal dominante

Se está creando la percepción en los países del capitalismo desarrollado de que la Gran Recesión -que ha causado un deterioro muy acentuado del bienestar y calidad de vida de la mayoría de sus poblaciones- es un hecho del pasado, consecuencia del supuesto éxito de las políticas neoliberales que los gobiernos de estos países han ido aplicando durante este período. Estas políticas han consistido en reformas laborales (supuestamente encaminadas a favorecer la flexibilidad de los mercados laborales) y recortes del gasto público, incluyendo del gasto público social (en servicios públicos como la sanidad, la educación, la vivienda social, los servicios sociales, las escuelas de infancia, los servicios domiciliarios, y otros; y en transferencias públicas, como las pensiones) que se aplicaron para reducir el supuestamente excesivo déficit público que estaba “ahogando” a la economía, como consecuencia de una “excesiva generosidad de los derechos sociales” que tenía que corregirse y revertirse mediante la imposición de políticas de austeridad.

El “supuesto éxito” de las políticas públicas neoliberales


Según los establishments político-mediáticos que promueven la sabiduría convencional en cada país, estas medidas han tenido un gran éxito habiendo recuperado el rigor y la eficiencia de sus economías. Como prueba de ello, presentan indicadores que -según afirman- reflejan tal recuperación como, por ejemplo, el aumento del crecimiento económico y la disminución del paro. Esta promoción de las políticas neoliberales va acompañada, por lo general, de referencias al “supuesto gran éxito” de la economía estadounidense -máximo referente del pensamiento neoliberal-, que se atribuye a la gran flexibilidad de su mercado de trabajo y a su escaso gasto público (el más bajo, una vez descontado su gasto militar), muy acentuado en el caso del gasto público social (responsable de que EE.UU. sea el país capitalista desarrollado con menor protección social). Según explica la sabiduría convencional -de clara sensibilidad neoliberal- este país, después del colapso de su economía (de 2007 a 2009 su PIB bajó un 4%), recuperó, a partir del 2009, su tasa de crecimiento (un promedio de 2,1% anual), lo que provocó un gran descenso del paro, que de ser del 10% pasó a ser el más bajo del mundo capitalista desarrollado, con un 3,8%.


Lo que esconden los indicadores del “supuesto éxito”: el deterioro muy notable del bienestar y calidad de vida de las clases populares


Lo que tales argumentos ocultan o desconocen es que, en gran parte de los países capitalistas desarrollados, las cifras del paro tienen un valor muy relativo para medir el grado de eficiencia del mercado laboral, pues excluyen a grandes sectores de la población que sufren las consecuencias del gran deterioro del mercado laboral (causado por tales políticas neoliberales), y que no quedan reflejados en la tasa de paro. Este indicador de paro no incluye, por ejemplo, la población que trabaja en situación parcial y temporal que querrían hacerlo a tiempo completo (la población empleada subocupada), un problema grave creado por las reformas laborales. Este sector ha sufrido un notable aumento, alcanzando su máxima expresión en el trabajo precario, muy generalizado hoy en la gran mayoría de países capitalistas desarrollados. En España se habla mucho (con razón) del elevadísimo paro, pero no se habla tanto del elevadísimo nivel de precariedad entre la población empleada. Los contratos más frecuentes en España son los que duran 15 días y una cuarta parte del total tiene una duración de 7 días, siendo este el tipo de contrato que ha aumentado más desde el inicio de la crisis en 2007. Desde que se inició la crisis, casi el 60% del empleo creado ha sido -precisamente- de carácter temporal y parcial.


Otro sector de la población que no se incluye en la tasa final del paro es la gente que ha abandonado la búsqueda de puestos de trabajo por no encontrarlo. En EE. UU., en caso de incluirse este sector de la población, la tasa de paro ascendería a un 7,6%. En realidad, si se sumaran los desempleados, los empleados subocupados y los que se han desanimado en su búsqueda de puestos de trabajo, la cifra de paro ascendería a un 10,9% (17,6 millones de personas). Esta trágica (y no hay otra manera realista de definirla) situación, muestra las limitaciones de utilizar la tasa de paro como el indicador principal de eficiencia del mercado de trabajo. El “éxito” en la reducción de la tasa de paro, se ha conseguido a costa de un enorme crecimiento del paro oculto, de la precariedad y del desánimo en el que se encuentran grandes sectores de las clases trabajadores en estos países, que representan la mayoría de las clases populares.


En el país modelo neoliberal, EE.UU., a estos datos debe sumarse otro factor raramente mencionado cuando se analiza el tema del paro: el elevadísimo porcentaje de la población que está encarcelada. Los presos de aquel país son 2,2 millones de personas, tres veces superior al promedio de los países de semejante nivel de desarrollo económico. Sin lugar a dudas, si el porcentaje de la población encarcelada fuera semejante a la existente en la mayoría de países de la UE, el número de personas sin trabajo y que lo están buscando (así como las tasas del paro oficial) sería incluso mucho mayor que el enunciado en las cifras oficiales de paro. En realidad, la elevada encarcelación es una de las causas de que el paro aparente ser tan bajo en EE.UU.


Los elevados costes de las reformas laborales y otras medidas neoliberales


En España, la aplicación de las políticas neoliberales creó un enorme deterioro del mercado laboral español. Todavía hoy, cuando se asume que la economía se ha recuperado, solo la mitad de los puestos de trabajo perdidos (3,8 millones) durante el inicio de la crisis (2008-2013) se han recuperado. Pero como en el caso de EE.UU., si sumamos a las personas que están en paro (17%) las personas que están subocupadas (personas que trabajan a tiempo parcial involuntario) y las que han abandonado la búsqueda de trabajo, desanimados en encontrarlo, la cifra de paro real aumentaría a un 28%, es decir, casi el doble.


Repito pues, una observación que, a pesar de su gran importancia, apenas es visible en los fórums mediáticos y políticos del país: el descenso del paro oculta el gran crecimiento del paro oculto, de la precariedad y del desánimo. Esta es la realidad que se desconoce e ignora, y que ha causado grandes protestas populares en todos los países, canalizadas por los movimientos antiestablishment.


¿Por qué los salarios no suben -e incluso continúan bajando- cuando el desempleo supuestamente se está reduciendo?


Estas cifras reales de personas desocupadas -que no quedan reflejadas en los indicadores de paro- explican que haya una enorme reserva de personas en necesidad de trabajo. Es más, a las personas que constituyen esta gran reserva de gente buscando trabajo hay que añadir los millones de trabajadores que existen en reserva en países menos desarrollados, cuyos trabajadores aceptan salarios mucho más bajos y las condiciones de trabajo mucho peores que en los países capitalistas desarrollados. De ahí que la desregulación del mercado de trabajo (una de las mayores medidas neoliberales) haya ido acompañada de otra gran medida neoliberal: la desregulación de la movilidad de capitales (con la globalización de las llamadas multinacionales) que está empoderando al mundo empresarial frente al mundo del trabajo. La amenaza del desplazamiento de empresas a países con salarios bajos es una de las medidas disciplinarias más comunes hoy en los países capitalistas desarrollados, en contra de los trabajadores.


Como parte de esta desregulación del movimiento de capitales se ha promovido la otra cara de la moneda, es decir, la promoción de la movilidad de los trabajadores, favoreciendo la inmigración como medida para garantizar la disponibilidad de trabajadores que, por la vulnerabilidad asociada a la condición de inmigrantes aceptan salarios más bajos y peores condiciones de trabajo.


Estos datos explican que, a pesar del descenso del nivel de paro oficial, los salarios no suban. Si tal cifra de paro fuera real, la clase trabajadora estaría más empoderada en su negociación con el mundo empresarial, a fin de obtener salarios más altos. El hecho de que ello no ocurra se debe al enorme debilitamiento de la case trabajadora y del mundo del trabajo, incluyendo sus sindicatos, que se traduce en la enorme disponibilidad de trabajadores potenciales, estén estos dentro o fuera del país.


La gran debilidad del mundo del trabajo: el objetivo de las políticas neoliberales


Hemos visto así que uno de los principios del pensamiento económico dominante -el subrayar que el descenso del paro crea un aumento de los salarios– no se ha realizado: los salarios no han estado subiendo durante la recuperación. Antes al contrario, han estado descendiendo. De nuevo, mirando el modelo estadounidense vemos que el trabajador (no supervisor) de EE.UU. recibe hoy un salario que es un 4% más bajo que en el año 1972 -hace 46 años- y ello a pesar de que la productividad de este tipo de trabajador se ha más que doblado durante este período. La riqueza creada por este aumento de la productividad no ha beneficiado, sin embargo, al trabajador, sino a todos los demás que están por encima de él, desde sus supervisores, empresarios y equipos de dirección, así como a los financieros que manipulan el crédito y especulan con los beneficios empresariales conseguidos por el descenso de los salarios.


Esta situación se ha dado también en las economías europeas, incluida la española. En la gran mayoría de países europeos, el crecimiento de la productividad ha sido mayor que el crecimiento de los salarios, realidad que ha estado ocurriendo desde el inicio de período neoliberal, a finales de la década de los años setenta del pasado siglo, hasta ahora. En otras palabras, esta situación ha contribuido a que el PIB de tales países haya subido más rápidamente que los salarios (que en muchos países, como EE.UU., han incluso bajado) (ver: P. Dolack, Flat Wages ZCommunications, 2018).


Lo mismo o peor está ocurriendo en España


En España los salarios han bajado también. Ha sido un descenso del 10% durante el período de aplicación máximo de las políticas neoliberales (2008-2014) (afectando primordialmente a las mujeres y a los jóvenes), permaneciendo estables (o bajando en el sector privado), perdiendo así capacidad adquisitiva al crecer en menor grado que la inflación. En realidad, los salarios para los mismos puestos de trabajo, desde 2008 a 2015 descendieron un 12%. Ello ha estado ocurriendo a la vez que la productividad del trabajador (productividad real por hora trabajada) ha ido aumentando mucho más rápidamente que los salarios. El excedente se ha destinado a incrementar los beneficios empresariales, a las rentas superiores, aumentando con ello las desigualdades, siendo estas últimas de las más acentuadas en la Unión Europea.


Como resultado de ello, las rentas del trabajo han ido descendiendo en todos los países a la vez que las rentas del capital han ido subiendo. En España, este cambio en la distribución de las rentas ha sido uno de los más marcados. Como bien dijo en su día el magnate empresarial Warren Buffet, hay “una lucha de clases y la hemos estado ganando”. Y esta victoria se extiende a todos los niveles, de tal manera que la ideología del gran mundo empresarial -el neoliberalismo- continúa siendo hegemónica en las instituciones políticas y mediáticas, a pesar del enorme fracaso de lo que han significado en el quehacer económico del país. Ahora bien, la expresión “desastre” es relativa, pues para el mundo del capital y de sus gestores, la economía ha ido muy bien. Y lo que deseaban, es decir, la disminución de los salarios, de las expectativas de los trabajadores y el descenso (y, en ocasiones, el desmantelamiento) de la protección social, ha sido su gran “éxito”.


¿Cómo se ha conseguido la victoria neoliberal?


Lo que hemos visto es cómo la aplicación de las políticas públicas neoliberales ha debilitado los instrumentos creados por el mundo del trabajo para defender sus intereses, como los sindicatos. Las reformas laborales, por ejemplo, estaban encaminadas a “flexibilizar” el mundo del trabajo. El término flexibilizar quiere decir eliminar los derechos laborales y sociales conseguidos por los trabajadores durante la época dorada del capitalismo (1945-1980), donde un pacto social se había conseguido entre el mundo del capital y el mundo del trabajo. De ahí que la solución exigiría un cambio político, observación especialmente importante, pues las causas políticas del deterioro del mercado de trabajo se ignoran constantemente, atribuyendo tal deterioro a la automatización, a la robotización o a cualquier otro elemento, sin tener en cuenta que, a su vez, tales variantes técnicas son determinadas por el contexto político.


Parte de este debilitamiento del mundo del trabajo han sido los cambios en los partidos políticos que habían sido creados por este y que se han ido distanciando de su base electoral, haciendo suyas muchas de las medidas neoliberales que han contribuido a tal distanciamiento. El creciente control de estos partidos políticos (la mayoría de tradición socialdemócrata) por la clase media ilustrada (profesionales de formación universitaria que desarrollan intereses de clase propios, distintos a los que había sido su base electoral) explica su renuncia a políticas redistributivas y su conversión al neoliberalismo, tal y como ha ocurrido con los gobiernos Clinton, Obama, Blair, Schröder, Hollande, Zapatero, entre otros. El colapso de la socialdemocracia y otras izquierdas es un indicador de ello.


Es lógico y predecible que los movimientos antiestablishment de base obrera hayan ido apareciendo como respuesta


Esta situación explica el surgimiento de los movimientos antiestablishment, que protestan por la pérdida de la calidad de vida de las clases populares, causada por las reformas laborales, por las políticas de austeridad y por la globalización. El abandono por parte de las fuerzas gobernantes de izquierdas de las políticas redistributivas que las caracterizaron en el pasado (aduciendo que eran “anticuadas” o “imposibles de realizar”), y su compromiso con el neoliberalismo, fue el responsable del surgimiento de tales movimientos. El establishment político-mediático neoliberal atribuye tales movimientos a un crecimiento del nacionalismo, racismo, chovinismo, o cualquier ismo que esté de moda en estos centros.


Y cada una de las características de estos movimientos es respuesta directa al ataque neoliberal. El nacionalismo, por ejemplo, es una protesta frente a la globalización. Su antiinmigración es un indicador de rechazo a la globalización del mundo del trabajo, en respuesta a su ansiedad y temor a la pérdida su empleo o a la dificultad en encontrarlo. Y su antiestablishment es consecuencia de verlo como responsable de las políticas que les perjudicaron. EnEE.UU., por ejemplo, no hay evidencia de que el racismo se haya incrementado. En realidad, los votantes que hicieron posible la elección de Trump en el Colegio Electoral de EE.UU. procedían de barrios obreros en áreas desindustrializadas que habían votado a un negro, el candidato Obama, para la presidencia en las elecciones anteriores. Y en 2016, Trump ganó por que Clinton representaba al establishment, al ser Ministra de Asuntos Exteriores y máxima promotora de la globalización, responsable de las políticas públicas que habían estado dañando a la clase trabajadora.


La demonización de las protestas populares antiestablishment


Es característico del establishment político-mediático definir como “retrógrados” y “basura social” -como hizo la Sra. Clinton- estas protestas de los que se han opuesto a las medidas neoliberales que han dañado enormemente la calidad de vida de las clases populares. En realidad, era fácilmente predecible que Trump ganaría las elecciones (y así lo anunciamos algunos pocos cuando se iniciaron las primarias del Partido Republicano y más tarde cuando se eligió el Presidente). Las clases trabajadoras, dañadas por tales políticas, están mostrando su rechazo a los establishments político-mediáticos. La única alternativa que hubiera podido ganar a Trump era el candidato socialista Bernie Sanders, que pedía una revolución democrática, y así lo mostraban las encuestas. La destrucción de la candidatura Sanders por parte del partido demócrata, controlado por la candidata Clinton, fue un elemento clave en la victoria de Trump. Ni que decir tiene que las clases trabajadoras no son el único sector que presenta tal rechazo, aunque si que son las más movilizadas por ser también las más perjudicadas. Y lo mismo ha ocurrido en casi cada país europeo. Des del Brexit en el Reino Unido, al surgimiento de la ultraderecha a lo largo del territorio europeo son síntomas de ello. El abandono del proyecto auténticamente transformador por parte de los partidos de izquierda explica la canalización del enfado popular por parte de partidos radicales de ultraderecha.


En España, la aplicación de las políticas neoliberales de los gobiernos Zapatero primero y Rajoy después, afectaron muy negativamente al bienestar de las clases populares, que generó el movimiento de protesta y rechazo llamado 15-M, un soplo de aire fresco en el clima neoliberal promovido por los establishments político-mediáticos del país, y que cristalizó más tarde en Podemos. Este partido en poco tiempo se convirtió en una de las mayores fuerzas políticas del país, con un enorme impacto canalizando el enorme enfado y rechazo hacia las políticas neoliberales. Ello previno la movilización de la ultraderecha como instrumento de protesta, debido en gran parte a que esta estaba ya en el partido gobernante -el Partido Popular-, mayor impulsor del neoliberalismo (junto con Ciudadanos). De ahí que, el compromiso de tal partido con el neoliberalismo sea uno de los mayores obstáculos para que capitalice el enfado de las clases populares, por muy nacionalista y antiinmigración que se presente, como intenta su nuevo dirigente, Pablo Casado. Un tanto parecido ocurrirá con Ciudadanos, que está hoy utilizando su nacionalismo para ocultar su neoliberalismo.


La única salida a esta situación es que exista una amplia alianza de movimientos sociales y fuerzas políticas que rechacen el neoliberalismo, la globalización y la desregulación de los mercados laborales, así como de la movilidad de capitales y trabajadores a nivel internacional, que ha estado creando un enorme dolor a las clases populares. A no ser que exista este rechazo a las políticas neoliberales actuales, no veo posibilidades de cambio. Así de claro.

AGOSTO 16, 2018
Vicenç Navarro
Catedrático Emérito de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universitat Pomepu Fabra

Publicado enEconomía
Miércoles, 25 Julio 2018 07:35

La economía mundial en la encrucijada

La economía mundial en la encrucijada

En 1931 John Maynard Keynes escribió un ensayo sobre Las posibilidades económicas de nuestros nietos. En él describió con profundo optimismo el potencial que en el largo plazo conlleva el desarrollo del capitalismo. Entre las perspectivas que pronosticaba para 2031 estaba la semana de trabajo de 15 horas. La población dedicaría el resto de su tiempo a la cultura y el esparcimiento. Al comenzar la Gran Depresión, Keynes escribía estas reflexiones como un antídoto contra la desesperanza que comenzaba a predominar. Sus predicciones no se han cumplido y las crisis recurrentes, el deterioro ambiental y la profunda desigualdad que imperan en el mundo vuelven a alimentar el pesimismo.


Una gran distancia separa las perspectivas de largo plazo sobre el capitalismo y lo que ocurre en la coyuntura actual. Pero no hay que olvidar que el viaje más largo se compone de pequeños pasos. Los fuertes vientos de fronda y profundas contracorrientes que hoy sacuden la economía mundial son las palabras con las que se escribirá mañana la historia del capitalismo.


Lo que hace unos meses podía parecer una frágil recuperación hoy se presenta como un paisaje sombrío. Existen fuerzas que estimulan el crecimiento, pero coexisten con varios factores que frenan la expansión. ¿Cuál será el desenlace? O la recuperación se consolida y la economía mundial avanza por un sendero de tímida expansión, o el deterioro se profundiza y resurge el espectro de una crisis más profunda que la anterior.


En caso de que la recuperación llegue a consolidarse, no hay que esperar tasas de crecimiento espectaculares. Pero sí habría un periodo de cierta estabilidad y se alejarían (temporalmente) los nubarrones que marcaron los años inmediatos a la crisis de 2008. En contraste, si la recuperación es perturbada, la situación se complicará y se podría retornar a esos años en los que el sistema financiero del mundo amenazaba con desintegrarse.


Los datos sobre crecimiento comenzaron a revertir la tendencia negativa desde 2013, pero la trayectoria que sigue la economía mundial es frágil y no es posible hablar de crecimiento sostenido. Hoy 85 por ciento del crecimiento mundial es atribuible a dos economías: China y Estados Unidos. El resto del mundo, con la Unión Europea y Japón a la cabeza, continúa con tasas de crecimiento más bien mediocres. ¿Será duradero el crecimiento en "ChinAmérica", como algunos llaman al entrelazamiento de estas dos economías? Cualquier descalabro en ese binomio tendría graves consecuencias a escala mundial.


La respuesta no es evidente. En la economía china la expansión ha descansado excesivamente en el crédito y buena parte del sistema bancario en ese país se encuentra en dificultades. En 2008 la deuda total en China era equivalente a 141 por ciento del PIB, pero en 2017 esa proporción había pasado a ser 256 por ciento. La mayor parte de ese endeudamiento (163 por ciento) corresponde a las empresas, y los términos de los contratos que rodean esos créditos se desconocen. La opacidad del sistema bancario en China es una de las características más inquietantes de esa economía. Por otra parte, el nivel de ingreso per cápita en China (15 mil 400 dólares en 2017) hace muy difícil para los hogares sobrellevar esa carga de endeudamiento. Si el banco central decide incrementar las tasas de interés para controlar el apalancamiento y la creación de crédito, la carga de la deuda se incrementará y se frenará el crecimiento. El aterrizaje no será suave y las repercusiones globales no se harían esperar, sobre todo en el caso de los exportadores de productos básicos que tienen en China uno de sus principales mercados.


En Estados Unidos el crecimiento hoy está soportado por un estímulo fiscal cuyos efectos no van a durar más allá de 2019. La reforma fiscal de Donald Trump se ha acompañado de buenos resultados en algunos indicadores económicos. Pero los salarios siguen estancados, la desregulación financiera se mantiene y los bancos han seguido creciendo y concentrándose. De los 15 bancos que recibieron ayuda durante la crisis, 11 son ahora más grandes de lo que eran en 2008: la tendencia hacia mayor concentración en el sector bancario se mantiene y eso no es una buena señal. La generación de empleo arroja cada trimestre datos aparentemente positivos, pero esos empleos no son de buena calidad y la medida amplia de desempleo sigue siendo elevada. Además, la Reserva Federal piensa que ya hay presiones inflacionarias y seguirá aumentando la tasa de interés, lo que frenará el crecimiento. Hay que añadir la guerra comercial que Trump ha desatado y cuyos destrozos irán mucho más lejos de lo que alcanza a imaginar su narcisismo infantil.


No es la Gran Depresión, pero tampoco es el brillante escenario que describía Keynes para el futuro de los nietos. En la intersección de la coyuntura económica y las reflexiones sobre el largo plazo, es tiempo para repensar las estrategias de desarrollo económico.
Twitter: @anadaloficial

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