Hacia una economía postCovid para el bien común

Propuesta conjunta de representantes del movimiento internacional EBC de 17 países

 

El movimiento internacional de la Economía para el Bien Común (EBC), que por primera vez se expresa conjuntamente con este texto, ha estado proponiendo desde el año 2010 un modelo económico alternativo, coherente y completo.

La EBC se basa en valores fundamentales como la sostenibilidad, la inclusión y la cooperación, en lugar de priorizar los objetivos financieros y privilegiar la competitividad. El modelo económico vigente contribuye a las crecientes amenazas para la humanidad, tales como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, así como la pandemia actual. El COVID-19 solo el último de una serie de virus que afectan seriamente a la salud y a la vida humana. El VIH, el Ébola, el Sars1, el Mers, y ahora el Sars2, son ejemplos de zoonosis, que significa que un virus cambia de anfitrión, de los animales al ser humano. Existe la evidencia científica de que el aumento en el número de zoonosis es consecuencia de la sobreexplotación de los recursos naturales y de la creciente presión sobre los hábitats de la vida silvestre, debido a la deforestación, la caza descontrolada, la agricultura industrial y la contaminación del aire.[i]

La pandemia actual, así como otras amenazas, fueron anunciadas hace tiempo por los científicos: Limits to Growth (1972), Brundtland Report (1987), Earth Charter (2000), Millennium Ecosystem Assessment Synthesis Report (2005), o el concepto de los límites planetarios (2009), son ejemplos relevantes. Esto nos lleva a la pregunta: ¿Cómo es posible que los responsables de la toma de decisiones no hayan tenido en cuenta estas advertencias a todos los niveles?

La influencia del lobby empresarial

En las últimas décadas, los lobbies empresariales, que persiguen egoístamente sus propios intereses económicos, han gastado mucho dinero para apropiarse del proceso de Río-Johannesburgo, para cuestionar o negar el cambio climático, para evitar regulaciones vinculantes para las empresas multinacionales y, más recientemente, para poner en la agenda internacional de la UE la creación del Tribunal Multilateral de Inversiones (MIC).[ii]

Estas intervenciones son perjudiciales para la naturaleza y para los derechos básicos de la gran mayoría de los seres humanos, y han estado minando la democracia. En consecuencia, las causas sistémicas fundamentales de los problemas ecológicos y de la salud no están representadas adecuadamente en el discurso público; la atención de los medios de comunicación se centra principalmente en la vacunación y en los productos creados por las compañías farmacéuticas. La progresiva privatización de la OMS (la fundación privada de Bill y Melinda Gates ya es el segundo mayor financiador de este organismo) [iii], está socavando severamente las políticas públicas y las prioridades democráticas. Un enfoque holístico de las políticas sanitarias debe desarrollar estrategias para evitar futuras zoonosis, mejorando la sostenibilidad de las actividades económicas y fomentando la salud y la resiliencia de las personas a través de alimentos saludables, empleo seguro, inclusión social y erradicación de la pobreza.

Aplanar otras curvas

Debemos aprender de la crisis actual: la humanidad tiene que adoptar una actitud respetuosa hacia la Tierra, considerándonos parte de la red de la vida, ni externa ni superior al resto. Necesitamos crear conciencia de nuestra propia vulnerabilidad y nuestra dependencia de un entorno intacto, creando una convivencia respetuosa con todas las formas de vida. El crecimiento económico sin fin se ha convertido en un riesgo peligroso: los científicos han definido nueve límites planetarios críticos, algunos de los cuales ya hemos excedido [iv]. Con el mismo rigor y determinación que los gobiernos han aplicado al tratar de aplanar la curva de contagio Covid-19, ahora necesitamos aplanar las curvas del uso de la Tierra, del consumo de energía y recursos, de la desigualdad y del poder ilimitado de las corporaciones multinacionales.

Hacia una Economía para el Bien Común

Desde el año 2010 el movimiento de la Economía para el Bien Común se ha extendido a 30 países en todos los continentes, en los que están activos 200 delegaciones locales. 3000 organizaciones apoyan el movimiento. 700 empresas, escuelas, universidades, municipios y distritos han implementado el balance general de bien común. Ocho gobiernos regionales en España, Austria y Alemania lo han incluido en sus programas gubernamentales. En 2015, el Comité Económico y Social Europeo publicó un dictamen sobre el modelo de la EBC [v], y en una segunda opinión el CESE declaró a la EBC como un «nuevo modelo económico sostenible».[vi]

La EBC es una economía de mercado totalmente ética que pone a las empresas privadas y a la propiedad privada al servicio del bien común, con el objetivo de proteger los ecosistemas globales y los valores fundamentales, desde la dignidad hasta la justicia y la solidaridad hasta la sostenibilidad y la democracia [vii]. El Producto del Bien Común, que mide todos los aspectos relevantes de la calidad de vida, debe situarse por encima del PIB. Una economía que prioriza las necesidades de las personas y los valores democráticos, y considera el dinero y otras formas de capital como recursos para lograr estos objetivos, es en realidad lo que los antiguos griegos querían decir con «oikonomia». Dar prioridad a los resultados financieros es en realidad su opuesto: «chrematistiké» o capitalismo, como lo llamamos hoy [viii] Una economía orientada al bien común es la única forma de dejar un planeta saludable y viable para nuestras hijas, hijos, nietas y nietos. La actual crisis del Covid-19 nos da la oportunidad de liderar esta transición.

Cambiar el paradigma comercial

Los intercambios comerciales deben cumplir el objetivo de estabilizar el clima del planeta, mantener la biodiversidad, la diversidad cultural, y proteger los derechos humanos, las necesidades básicas y la dignidad. Deben ayudar a crear el «espacio seguro» propuesto por el «modelo Donut» de Kate Raworth [ix]. El «comercio ético» y la «economía ecológica», deben priorizar la proximidad y las economías locales, utilizando el comercio internacional como complemento, y deben reemplazar al «libre comercio» como doctrina dominante en el comercio global [x]. El Mercosur, el CETA y otros acuerdos, son ejemplos claros del viejo paradigma de «comercio forzado» con las conocidas consecuencias perjudiciales. Un ejemplo de cómo se podría establecer un «orden comercial mundial ético» es un impuesto al carbono de, por ejemplo, 100 USD por tonelada de CO2, según lo recomendado por el Informe Stiglitz-Stern en 2017 [xi]. Con un impuesto ecológico los países que cumplan con este objetivo obtendrán el derecho de recaudar el diferencial proveniente de los países con impuestos más bajos (o nulos).

Cambiar el paradigma fiscal

Una solución urgente y justa para la vertiginosa desigualdad es una mayor imposición de los ingresos del capital, de la propiedad privada y de las herencias, al mismo tiempo que se democratiza progresivamente para evitar la corrupción y poner a los estados al servicio de la ciudadanía. En la zona euro, la riqueza privada supera a la deuda pública en un factor de cinco. Mayores impuestos sobre la riqueza permitirían las inversiones necesarias en salud, educación, eliminación de la pobreza y transformación económica. Se debe introducir el «impuesto a las transacciones financieras», idealmente a nivel global. Es un síntoma preocupante de la post-democracia que esta propuesta, generalmente aceptada para regular los mercados financieros, fuera eliminada de la agenda de la UE, aunque los ingresos fiscales habrían ascendido a 310 mil millones de euros, según WiFo, con sede en Viena [xii]. Principalmente, el movimiento internacional de capitales debe estar vinculado a la transparencia fiscal y a la cooperación, con el fin de reducir la evasión fiscal y cerrar los paraísos fiscales.

Combinar la política fiscal y monetaria.

Como la recesión económica en 2020 será muy pronunciada, debe existir una voluntad conjunta de política fiscal y monetaria. La flexibilización cuantitativa es una medida con efecto limitado: si se usa para comprar bonos corporativos, incluso puede ser contraproducente. Una combinación de eurobonos («coronabonos») con préstamos sin intereses de los bancos centrales al estado (teoría monetaria moderna), hasta un límite razonable, sería más efectiva. Se debería modificar el Art. 123 (1) del Tratado de Funcionamiento de la UE (TFUE), que prohíbe los préstamos directos del BCE a los miembros de la eurozona.

Cambiar las prioridades de la recuperación

En la gestión actual de crisis, no deberíamos repetir fracasos anteriores: en la crisis financiera de 2008 hemos visto las ayudas a las llamadas entidades ‘sistémicamente importantes’ (‘demasiado grandes para quebrar’), la mayoría de ellas, mencionadas anteriormente, estrechamente vinculadas a la economía con intereses económicos egoístas. Es hora de romper esta lógica y enfocarnos en lo que todos necesitamos:

  • § inversión pública en salud, educación, transporte público sostenible, vivienda y producción sostenible de alimentos, creando así una importante cantidad de empleos, particularmente respetuosos con el clima, y ayudando a transformar la economía hacia la sostenibilidad
  • § la introducción de un ingreso básico incondicional, que sea suficientemente alto para cubrir todas las necesidades básicas de una persona
  • § un salario mínimo (sensiblemente más alto que el SMI) combinado con la creación de un salario máximo, lo que permitirá reducir la desigualdad a un nivel aceptable y hacer que nuestras sociedades sean más inclusivas
  • § apoyo financiero o fiscal principalmente a las PYME que contribuyen al bien común, es decir, son respetuosas con el clima, se esfuerzan por la inclusión y cohesión social, y son conscientes de la importancia de la biodiversidad. Uno de los criterios para el apoyo debería ser un informe no financiero auditado externamente, como un Balance del Bien Común, una Certificación B Corps o una herramienta similar. Estamos convencidos de que a medio plazo todas las organizaciones tendrán que asumir estas responsabilidades.

Somos conscientes del calado y del gran desafío que representan los cambios propuestos, sobre todo porque el modelo económico actual está firmemente establecido y muchas personas dependen de él. Sin embargo, cada vez más empresas, municipios, regiones y gobiernos participan en la implementación de estas nuevas ideas y prácticas. Las empresas que han comenzado a asumir una responsabilidad social, ecológica y democrática están siendo galardonados y reciben el reconocimiento de todos los organismos. Ciudades como Barcelona, Amsterdam, Stuttgart y Viena están comenzando a promover estos cambios necesarios. El movimiento EBC está dispuesto a trabajar con más ciudadanos, empresas y gobiernos para lograr estos objetivos.

One Planet, 15 de junio de 2020

www.ecogood.org

Autores y firmantes:

Urbain N’Dakon, chairman, Maat-ECG Africa and African diaspora

Gerd Hofielen, portavoz, EBC Alemania

Luciana Cornaglia, presidenta, ECG Argentina

Christian Felber, fundador del movimiento, Austria

Lisa Muhr, presidenta, EBC Austria

Karla Schimmel, miembro del movimiento, ECG Bélgica

Silvia Álvarez, miembro del equipo coordinador, EBC Chile

Henry Garay-Sarasti, co-coordinator, EBC Colombia

Debla Orihuela, presidenta, EBC España

Paco Álvarez, embajador, EBC España

Estefanía Matesanz, directora, EBC Holanda

Lidia di Vece, presidenta, EBC Italia

Marianne Kert, miembro del equipo coordinador, EBC Luxemburgo

Luisa Montes, miembro del equipo coordinador, EBC México

Sandra White, directora, EBC Reino Unido

Thomas Söderberg, director, EBC Suecia

Gaby Belz, Ralf Nacke, miembros del equipo coordinador, EBC Suiza.

Notas:

[i] Sonia Shah: «Think Exotic Animals Are to Blame for the Coronavirus? Think Again» en The Nation, 18 de febrero de 2020.

[ii] http://trade.ec.europa.eu/doclib/press/index.cfm?id=1608

[iii] 3 World Health Organisation: “Voluntary contributions by fund and by contributor, 2018”, 72nd World Health Assembly, Provisional agenda item 15.2, A72/INF./5, 9 de mayo de 2019.

[iv] https://www.stockholmresilience.org/research/planetary-boundaries/planetary-boundaries/about-the-research/the-nineplanetary-boundaries.html

[v] https://www.eesc.europa.eu/our-work/opinions-information-reports/opinions/economy-common-good

[vi] https://www.eesc.europa.eu/en/our-work/opinions-information-reports/opinions/new-sustainable-economic-models-exploratory-opinion-requested-commission

[vii] www.ecogood.org

[viii] Dierksmeier, Claus / Pirson, Michael (2009): “‘Oikonomia Versus Chrematistike’, Learning from Aristotle About the Future Orientation of Business Management”, Journal of Business Ethics 88:417–30.

[ix] https://www.kateraworth.com/doughnut/

[x] Christian Felber (2019): “Trading for Good. How Global Trade Can be Made to Serve People Not Money”, ZED Books, London. Versión castellana: Por un comercio mundial ético (Deusto).

[xi] Report of the High-Level Commission on Carbon Prices, Carbon Prices Leadership Coalition, 29. Mai 2017, p. 3.

[xii] 12 Stephan Schulmeister: “Implementation of a General Financial Transactions Tax”, estudio del Wifo, junio de 2011, p. 33.

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Crítica a Thomas Piketty: ¿incremento de desigualdades o de explotación?

El aumento de las desigualdades de renta y de propiedad ha sido tan grande en la mayoría de países del mundo capitalista desarrollado que ha llamado la atención de los mayores fórums y medios de comunicación en tales países, así como en las instituciones internacionales. En realidad, el tema de las “desigualdades” se ha convertido casi en un tema de moda. Desde el Foro de Davos (el Vaticano del pensamiento neoliberal) hasta el Foro Social Mundial, todos hablan del tema de desigualdades.

Pero lo que es interesante (y diría yo también intrigante) es que apenas se habla de otro término (o concepto) que está claramente relacionado con el tema de desigualdades. Y me refiero al término (y concepto) de explotación, raramente citado y todavía menos analizado, por ser considerado demasiado polémico. Los datos, sin embargo, muestran que es casi imposible entender la enorme evolución de las desigualdades hoy en el mundo capitalista desarrollado sin hablar de explotación.

Qué es explotación

En realidad, el concepto explotación es muy fácil de definir: A explota a B cuando A vive mejor a costa de que B viva peor. Y A y B pueden ser clases sociales, géneros, razas, naciones o ambientes. Me explico: cuando a un trabajador se le paga menos de lo que contribuye con su producto o servicio a fin de que su empleador (el empresario) pueda aumentar más sus beneficios, hablamos de explotación de clase. Cuando una pareja (hombre y mujer) que viven juntos y trabajan los dos, llegan a casa al mismo tiempo y la mujer se va directamente a la cocina a preparar la cena para los dos mientras el marido se sienta para ver la televisión, hablamos de explotación de género. Cuando a un ciudadano negro se le paga menos que a un blanco por hacer el mismo trabajo, entonces indicamos que hay explotación de raza. Cuando un Estado–nación impone a otro más pobre las condiciones del comercio internacional que le favorecen, a costa de los intereses de esa nación pobre, hay explotación de nación. Y cuando la compañía Volkswagen era consciente del daño causado por sus automóviles, contaminando más de lo legalmente permitido, beneficiándose a costa de dañar la salud de la población, había un caso de explotación del medioambiente por parte de dicha empresa, a costa de la salud de la población.

El crecimiento de las desigualdades de clase causado por un aumento de la explotación

Pues bien, una de las desigualdades más acentuadas y que han aumentado más sustancialmente desde los años ochenta del pasado siglo han sido las desigualdades por clase social, y ello se debe al aumento de la explotación de clase, que explica en gran medida la evolución de estas desigualdades de clase, las cuales, a su vez, afectan a otros tipos de desigualdades (como las desigualdades de género originadas por otros tipos de explotación, como mostraré más adelante). La explotación de clase centra la dinámica de las sociedades capitalistas hasta tal punto que no se puede entender ni la génesis ni el desarrollo de la Gran Depresión o de la Gran Recesión en el mundo capitalista desarrollado sin analizar la evolución de tal explotación. Incluso un economista keynesiano como Paul Krugman ha reconocido últimamente esta realidad, señalando que el economista que explicó mejor la evolución de los ciclos económicos fue Michal Kalecki (que influenció a Keynes), que puso la explotación de clase y el conflicto generado por tal explotación en el centro de su análisis. Thomas Piketty, en su último libro Capital e ideología así también lo reconoce, aludiendo a la famosa cita de Karl Marx: “La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases.

 

La explotación de clase durante la Gran Recesión

 

Esta observación aplica claramente a España (incluyendo Catalunya), uno de los países de la UE con mayores desigualdades por clase social. Las rentas del trabajo han ido disminuyendo en España (incluyendo Catalunya), mientras que las rentas del capital han ido aumentando, siendo el ascenso de estas últimas a costa del descenso de las primeras. En España (incluyendo Catalunya) el conflicto de banderas (la borbónica por un lado y la estelada independentista por el otro) durante los años de la Gran Recesión ha ocultado esta realidad.  La enorme crisis de legitimidad del Estado se basa precisamente en esta realidad.

Uno de los elementos de estabilidad del sistema capitalista, que era la ideología de la meritocracia (que asumía que el mérito era el motor que definía la jerarquía social), ha perdido toda su credibilidad y capacidad cohesionadora, pues pocos se la creen. Y ahí está el problema para la reproducción del régimen político actual. Esta realidad muestra el poder de las ideologías en la configuración de las desigualdades, como concluye, con razón, Piketty en el libro anteriormente citado, Capital e ideología. Ahora bien, el gran error de Piketty es que concede excesiva autonomía a las ideologías, sin apercibirse de que las que él cita han sido creadas y promovidas para satisfacer los intereses de las clases que las originan. Piketty reconoce que Karl Marx llevaba razón (cuando ponía la lucha de clases en el centro de la explicación), pero añade inmediatamente después que hoy la lucha no es entre clases, sino entre ideologías. Por lo visto, Piketty no se da cuenta de que, como acabo de decir, las ideologías son sostenidas y promovidas como instrumentos del poder de clase. La meritocracia era una ideología promovida por los que estaban en la cúspide del poder, para justificar su derecho a dominar. Y el neoliberalismo ha sido la ideología de la clase capitalista dominante, como bien muestran los datos sobre la evolución de las rentas y su enorme concentración, lo cual ha ocurrido a costa de la clase trabajadora, cuyo nivel de vida ha ido empeorando. La evidencia de ello es clara y contundente (ver mi libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante. Anagrama, 2015).

Naturalmente que tales ideologías (de clase) no son las únicas, pues cada tipo de explotación genera diferentes ideologías. La explotación de género se sostiene gracias a la existencia de ideologías que reproducen tal explotación. Pero todas ellas están también influenciadas por las ideologías encaminadas a reproducir el dominio de clase. Hay muchos ejemplos de ello. Como ha escrito Rosalind Gill en su libro Cultura y subjetividad en tiempos neoliberales y posfeministas, el neoliberalismo (la ideología de la clase capitalista) influenció la expansión del erotismo en la moda femenina, a fin de empoderar a la mujer para competir en el mundo dominado por el hombre en términos que reproducían también el dominio del machismo, que veía a la mujer como objeto de deseo del hombre. Lo que la mujer (liberal) creía que era la libre expresión de su voluntad era, en realidad, la reafirmación de su opresión, presentándola como objeto de deseo.

Una situación semejante se da en las ideologías basadas en la explotación de raza (y de clase). El racismo ha jugado un papel clave en desempoderar al mundo del trabajo, dividiéndolo por raza. Es de sobras conocido que el racismo juega un papel clave en la desunión de la clase trabajadora., causa de que sea ampliamente promovido por la clase dominante. Como bien dijo Martin Luther King una semana antes de ser asesinado, “la lucha central en EEUU que afecta a todas las demás es la lucha de clases”. Lo dicho anteriormente no es, como algunos estarán tentados de pensar, reduccionismo de clase, sino intentar recuperar y resaltar la importancia de la clase social como variable de poder en el análisis de la realidad, y no solo a nivel económico, algo que raramente se hace no solo en los medios, sino también en los análisis académicos.

La explotación requiere dominio, hegemonía y represión por parte de los explotadores

Y estas ideologías se sustentan a base también de una enorme represión. Basta ver qué está ocurriendo en varios países de Latinoamérica hoy. De ahí que considere enormemente ingenua la observación que hace Piketty en su crítica a Marx. Dice Piketty: “A diferencia de la lucha de clases, la lucha de ideologías está basada en el conocimiento y las experiencias compartidas, en el respeto al otro, en la deliberación y en la democracia.” Tengo que admitir que tuve que leer este párrafo dos veces. Mis muchos años de experiencia y conocimiento de la realidad en los varios países en los que he vivido y he trabajado muestran que no es así. Piketty idealiza el sistema democrático. La prueba de ello es que el siglo XXI se está caracterizando por las enormes agitaciones sociales frente a las consecuencias de la aplicación de las políticas de clase impuestas por los grupos dominantes.

Hoy, la gran mayoría de países a los dos lados del Atlántico Norte están experimentando una enorme crisis de legitimidad de sus Estados, resultado en gran parte de la aplicación de las políticas públicas neoliberales impuestas por los partidos gobernantes, incluidos los partidos socialdemócratas cuyo compromiso y aplicación de políticas públicas del mismo signo han generado su enorme colapso e incluso desaparición, como ha sido el caso del partido socialista en Francia, país donde reside Thomas Piketty. El surgimiento de la ultraderecha en Europa y el gobierno de ultraderecha que gobierna EEUU son un indicador de tal crisis. Me parece incoherente que a la luz de estas realidades, Piketty concluya que los sistemas políticos actuales responden a la idealizada versión que caracteriza su definición de ellos. Hoy estamos viendo el fin de una etapa en la que el poder de las clases dominantes ha alcanzado un nivel tal que la propia supervivencia de los sistemas democráticos está en juego. La escasa atención que Piketty presta al contexto político del fenómeno económico (que es casi característica de los estudios económicos actuales) empobrece su análisis, pues hace poco creíble que las propuestas que hace puedan considerarse como factibles sin que exista un cambio más sustancial de lo que él considera.

Respecto a sus propuestas, admito reservas en cuanto al hecho de que la solución pase por gravar a las rentas superiores y a la clase de propietarios del capital y que se distribuya la renta a cada uno de los ciudadanos. Ya he expresado mis reservas en cuanto a priorizar una renta universal a costa de un cambio más significativo, que es utilizar los fondos adquiridos mediante la grabación del capital y de las rentas superiores para crear una sociedad en la que cada uno contribuya según sus habilidades y los recursos se distribuyan según sus necesidades. Habiendo dicho esto, no quiero desalentar al lector a que lea el libro de Thomas Piketty, que como siempre tiene información de gran interés.

NOVIEMBRE 28, 2019

Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universitat Pompeu Fabra

Publicado enPolítica
Domingo, 22 Septiembre 2019 05:52

Thomas Piketty, contra la propiedad privada

Thomas Piketty, contra la propiedad privada

El economista francés, gran teórico de la desigualdad, publica ‘Capital e ideología’, un monumental ensayo que propone “la circulación de bienes” para “superar el capitalismo”

No es la lucha de clases, ni la mano invisible del mercado, ni menos aún la historia de los grandes líderes y batallas lo que mueve el mundo, sino las ideas, según el economista francés Thomas Piketty. Y el aleph que a casi todo da sentido, la llave de la evolución de las sociedades es la propiedad privada. Quién posee qué y en nombre de qué.

Las desigualdades crecientes de ingresos y patrimonio, que Piketty diseccionó en una obra anterior, el superventas El capital en el siglo XXI (Fondo de Cultura Económica, 2014), son producto de una ideología. Cada momento tiene su justificación, un argumento que lo sostiene, y transformar el mundo obliga a cambiar de ideas. “Dar un sentido a las desigualdades, y justificar la posición de los ganadores, es una cuestión de importancia vital. La desigualdad es ante todo ideológica”, escribe en Capital e ideología, recién publicado en Francia y que lanzará Deusto en castellano.

El nuevo libro es ambicioso. Empezando por las dimensiones: 1.200 páginas. Abarca siglos, desde la Edad Media hasta hoy. Se extiende por cuatro continentes. Desborda las disciplinas académicas: de la economía a la historia, de la ciencia política a la teoría de la justicia y a la literatura. Las novelas de Jane Austen, Balzac o Carlos Fuentes ofrecen tanta o más información que una batería de gráficos y tablas, unas 170, sobre la historia de la propiedad privada y su efecto en las desigualdades.

“Hoy afrontamos una lógica de acumulación sin límite y de sacralización del derecho del propietario”, dijo esta semana Piketty en un encuentro con corresponsales en la Paris School of Economics, donde codirige el Laboratorio Mundial de la Desigualdad. “Y olvidamos que los grandes éxitos del siglo XX en la reducción de las desigualdades, pero también en el crecimiento económico, se obtuvieron re-equilibrando los derechos del propietario con los del asalariado, el consumidor. Se hizo circular la propiedad”.

Capital e ideología contiene tres libros en uno. El primero y más extenso —las 800 primeras páginas— es una historia detallada de lo que el autor llama los “regímenes desigualitarios” o “de desigualdad”. Comienza por el Antiguo Régimen y la desigualdad “trifuncional” de las sociedades divididas en el clero, la nobleza y el tercer estado. Si aquel sistema perduró durante siglos, fue porque una ideología lo sostenía, disfrutaba de una legitimidad: se justificaba por la necesidad de seguridad, que debía garantizar la casta guerrera, y de sentido, del que se encargaba la casta sacerdotal.

De la ideología “trifuncional”, Piketty pasa a la “sociedad de propietarios”. La Revolución francesa de 1789 abolió los privilegios, pero no la propiedad privada, que podía incluir a los esclavos. Entre 1800 y 1914, las desigualdades se disparan y superan los niveles del Antiguo Régimen. “El argumento de la época era que, si se cuestiona el derecho de propiedad, adquirido en un marco legal, nunca sabremos dónde parar, y el caos se impondrá”, explica Piketty.

El periodo de entreguerra en el siglo XX es una transición entre el “propietarismo” desigualitario y no regulado del siglo XIX, y la era socialdemócrata de la posguerra mundial. Estados Unidos y Europa adoptan entonces fiscalidad progresiva con tipos impositivos que superaron el 80%, sistemas de protección social avanzados y el acceso a la educación. Deja paso a partir de los ochenta, con la revolución reaganiana y la caída del bloque soviético, a lo que Piketty denomina el “hipercapitalismo”. La ideología desigualitaria, lo que en este periodo, que es el nuestro, legitima el statu quo, sería la meritocracia, “la necesidad de justificar las diferencias sociales apelando a capacidades individuales”.

La “izquierda brahmán”

Aquí termina el primero de los tres libros. El segundo, que ocupa las 300 páginas siguientes, es un estudio sobre la evolución del sistema de partidos en Europa y Estados Unidos. En unos años los socialdemócratas han pasado de ser el partido de la clase trabajadora al de la élite con diplomas universitarios, y han abrazado las ideologías de la desigualdad. Son los cómplices necesarios del “hipercapitalismo”, según Piketty, que acuña el término de “izquierda brahmán” (por el nombre de la casta sacerdotal hindú). Esta domina la élite política junto a la “derecha mercader” (las élites económicas y empresariales). Es un eco de la sociedad “trifuncional” del Antiguo Régimen que deja a las clases populares en la intemperie política y a la merced de los mensajes nacionalistas y racistas.

El tercer y último libro dentro de Capital e ideología es el más breve, menos de cien páginas, pero el más debatido en Francia. En este capítulo, Piketty lanza su programa de “socialismo participativo” para “superar el capitalismo y la propiedad privada”. El objetivo es convertir la propiedad en “temporal” y “organizar una circulación permanente de los bienes y la fortuna”. Defiende una integración federal de la Unión Europea. Y aboga por un impuesto sobre el patrimonio con un tipo máximo del 90% para los supermillonarios, por una cogestión de las empresas en las que los trabajadores compartan el poder, y por una especie de herencia para todo joven de 25 años de 120.000 euros.

“El hipercapitalismo del siglo XIX, previo a 1914, se estrelló contra la competencia muy fuerte entre países, que eran potencias coloniales. De tanto acumular activos en otras partes del mundo, acabaron destruyéndose mutuamente”, concluyó Piketty en la citada conversación. “Hoy no ocurrirá lo mismo. Pero lo que puede ocurrir es que este divorcio con las clases populares conduzca a una explosión de la Unión Europea y a un repliegue en las identidades nacionales”.

MARC BASSETS

París 22 SEP 2019 - 02:37 COT

Publicado enEconomía
De la economía del socialismo a la planificación ecológica

La reflexión sobre un cálculo económico que permita tener en cuenta las restricciones ambientales podría alimentarse ventajosamente de debates ya antiguos sobre la economía del socialismo.

El libro de Eugène Préobrajensky, La nueva economía, va a ser objeto de una nueva edición. La redacción de una nueva introducción a esta obra ha revelado una posible continuidad entre las antiguas teorías del socialismo y la elaboración de un ecosocialismo.

En su libro, publicado en 1926, Preobrazhensky buscó plantear en términos teóricos los principios operativos de una economía socialista. Plantea esta hermosa fórmula: "en el campo de la ciencia, la economía política da paso a la tecnología social, es decir, a la ciencia de la producción socialmente organizada". Preobrazhensky se refiere a los pocos pasajes en los que Engels, en el Anti-Dühring, y Marx, en El Capital, esbozan una organización social en los que "los productores asociados regulan racionalmente sus intercambios con la naturaleza, la controlan conjuntamente en lugar de ser dominados por su potencia ciega y logran estos intercambios gastando el mínimo de fuerza y ​​ en las condiciones más dignas, más en conformidad con su naturaleza humana" 1/ .

Pero en una economía en transición al socialismo, como sobre la que reflexiona Preobrazhensky, todavía se está en el "imperio de la necesidad". Las "leyes de la actividad social" no se suprimen, sino que se transforman en el sentido de un control de la sociedad sobre sus objetivos y prioridades.

Un ejemplo un poco reductor de Preobrazhensky

Sin embargo, el ejemplo concreto que da Preobrazhensky para contrastar el funcionamiento diferente de estas leyes es probablemente un poco limitado. Se inicia a partir de un aumento de la demanda de zapatos de cuero. En el régimen capitalista, explica, el ajuste entre la oferta y la demanda se hace posteriormente, pero afortunadamente, "la desproporción en una dirección u otra es la regla". Por otro lado, en una economía planificada, este aumento de la demanda se registrará "previamente", no a través del mercado, sino gracias a las "columnas de cifras de la contabilidad socialista (...) que se han elevado al conocimiento de los centros planificadores". 

Esta presentación es bastante insuficiente, y se estaría casi tentado de burlarse de tales ilusiones al evocar los puestos vacíos de las tiendas soviéticas. Obviamente, esta sería una lectura anacrónica, bastante estéril e injusta porque el libro de Preobrazhensky es, por otra parte, de gran riqueza.

Aquí es mejor hacer un bosquejo de la discusión a partir de las deficiencias reveladas por esta demostración de Preobrazhensky, aprovechando los debates posteriores sobre el socialismo. La debilidad de su razonamiento radica principalmente en la elección de un bien de consumo. Que su precio pueda fluctuar en el mercado es fundamentalmente un aspecto secundario de la crítica que puede dirigirse al capitalismo. La crítica esencial debe ser más fundamental y estar relacionada con el hecho de que una clase social tiene el privilegio, conferido por la apropiación del excedente, de definir las prioridades sociales. Al optar por invertir en esta o aquella área, los capitalistas deciden sobre la trayectoria de la sociedad y la modelan de acuerdo con sus propios intereses. La otra característica fundamental del capitalismo es, obviamente, transformar a las y los trabajadores en proletarios y someterlos a los deseos de los patrones. Pero, en cualquier caso, es curioso que la prueba de Preobrazhensky se limite al equilibrio entre la oferta y la demanda a corto plazo, mientras que la diferencia real entre capitalismo y socialismo se encuentra potencialmente en su diferente dinámica.

Precio y mercado: ¿qué cálculo económico?

Sin embargo, podemos continuar la reflexión sobre los bienes de consumo. Preobrazhensky plantea una pregunta teórica exigente al preguntarse si los precios y los mercados aún deben existir en una economía socialista plenamente desarrollada. Para él, esta pregunta parece ser equivalente a otra, que consiste en preguntar si la ley del valor continuará prevaleciendo o debería desaparecer.

Esta doble pregunta plantea la cuestión de qué significa exactamente la "ley del valor". La respuesta más básica es que la ley del valor, tal como la entiende Marx, establece que el valor de una mercancía depende de la cantidad de trabajo socialmente necesario para su producción. Por extensión, implica, como corolario, que la acumulación de capital está orientada por la búsqueda de su valorización máxima.

La conclusión lógica es que la ley del valor solo puede decaer "en una atmósfera de abundancia", por usar la expresión de Mandel en su introducción al libro de Preobrazhensky. En la medida en que la elaboración de un modelo de socialismo no puede basarse en la hipótesis de la abundancia, significa que la ley del valor no está abolida, y que la necesidad de un cálculo económico permanece, pero basada en otro modo de definición de las opciones sociales.

Preobrazhensky podría haber citado otro pasaje del Anti-Dühring, donde Engels da algunas indicaciones: "Por supuesto, la sociedad estará obligada a saber incluso cuánto trabajo se necesita para producir cada objeto de uso. Tendrá que elaborar el plan de producción de acuerdo con los medios de producción, de los cuales las fuerzas de trabajo son especialmente parte. Estos son, a fin de cuentas, los efectos útiles de los diversos objetos de uso, medidos ​​ entre sí y en relación con las cantidades de t rabajo necesarias para su producción, que determinarán el plan. La gente resolverá todo muy simplemente sin la intervención del famoso valor" 2/ .

La "ponderación de los efectos útiles" permitirá, por lo tanto, prescindir del “famoso valor", pero seguirá siendo necesario saber "cuánto trabajo es necesario para producir cada objeto de uso". El cálculo económico no desaparece pues, y el "famoso valor" en cuestión aquí se refiere a la forma en que el capitalismo asigna los recursos de acuerdo con sus intereses privados.

Así pues es obligado compartir la posición del economista polaco, Wlodzimierz Brus, quien propuso "rechazar resueltamente" la asimilación entre categorías mercantiles y monetarias y la ley del valor: "cuando el Estado modela, por medio del plan, las proporciones de la producción social y los precios, el hecho de que se manifiesten las categorías monetarias y de mercado ya no puede definirse como un "uso de la ley del valor", particularmente si las relaciones de precios se desvían de las relaciones de valor no como un fenómeno accidental y momentáneo, sino como el efecto de una política consciente" 3/ .

Kantorovich y la maximización del bienestar

Leonid Vitalievich Kantorovich (1912-1986) fue un matemático y economista ruso (el único que recibió el "Premio Nobel" de economía en 1975). Formalizó en términos matemáticos las modalidades de este nuevo cálculo económico: el "programa" de una economía socialista apunta a producir, con los recursos disponibles, la mayor cantidad posible de una variedad de productos de acuerdo con proporciones fijadas directamente por la sociedad y que expresan sus preferencias. El principio de "rentabilidad", y por lo tanto el cálculo económico, no desaparece, pero su papel está subordinado: "en la sociedad socialista, una rentabilidad elevada no debe ser un objetivo en sí mismo (como en el capitalismo) sino un medio de lograr el mejor resultado o el mínimo de gastos, para el conjunto de la sociedad. En consecuencia, las aplicaciones de este principio [la] subordinación a las exigencias de la mejor realización de los objetivos del plan general” 4/ .  

Este proceso de maximización lleva al cálculo de pseudoprecios que Kantorovich llama "valoraciones objetivamente determinadas" que juegan un papel diferente que los precios en el capitalismo. En el capitalismo, la "señal del precio" es un indicador de rentabilidad; en el socialismo es un indicador de utilidad social. La diferencia esencial entre capitalismo y socialismo, por lo tanto, reside en el modo de asignación de recursos, y principalmente en la asignación del excedente. Esta diferencia no se ha entendido, y Kantorovich ha sido presentado erróneamente como una especie de teórico del óptimo soviético, por ejemplo, por Pierre Naville5/ .

No son solo las modalidades de cálculo económico las que cambian, sino su función misma. Bajo el capitalismo, es el requisito de la maximización del beneficio lo que determina hacia qué sectores la economía va a dirigir el esfuerzo de inversión: las prioridades de desarrollo social son limitaciones para el cálculo económico (aunque sigue siendo necesario que las mercancías producidas correspondan a una demanda social). Por el contrario, el socialismo se define como el control ejercido por el conjunto de la sociedad sobre sus propias prioridades, a las que el cálculo económico ahora está subordinado.

En una sociedad racional, la necesidad ya no sería una condición vacía de contenido que garantice la realización del valor: la intensidad de la necesidad define una jerarquía en línea con las prioridades de la sociedad. En el capitalismo, por el contrario, el objetivo es la maximización del beneficio, y la proporción en que se ofrecen los diferentes bienes es un subproducto, y no una restricción, del proceso de maximización.

La democracia social, principio de regulación de la economía socialista.

A pesar de su formalismo, la presentación de Kantorovich tiene la ventaja de resaltar la disociación que presupone el modo de funcionamiento de la economía socialista. Sus objetivos están determinados de alguna manera extraeconómicamente, en oposición a las leyes del mercado capitalista que, al mismo tiempo que aseguran la regulación, modelan sus propios fines en un proceso que no está controlado socialmente.

La posibilidad misma de esta disociación se basa en lo que podría llamarse la hipótesis de la democracia socialista: para funcionar de acuerdo con esta lógica superior, la sociedad debe haber tenido los medios para objetivar sus propias elecciones colectivas a través de un plan aprobado democráticamente, ya que de lo contrario el cálculo económico funcionará en base a datos falsos. Incluso sin mencionar la dictadura burocrática, el fracaso económico de los países de Europa del Este se debe fundamentalmente al hecho de que se suprimieron los mecanismos que permiten al capitalismo funcionar, sin poner en marcha lo que es la condiciones necesaria de existencia del socialismo, es decir, la democracia social6/ .

La razón por la que la economía desempeña un papel desmesurado en el sistema capitalista es porque que no se limita a seleccionar los medios, sino que contribuye centralmente a revelar, seleccionar y calibrar los fines, mientras que el socialismo correspondería a una reducción de la esfera de la economía, rigurosamente limitada a una función de ajuste de los medios a los fines determinados en otros lugares. Preobrazhensky había insistido particularmente en este cambio, cuando explica: "Con la desaparición de la ley del valor en el ámbito de la realidad económica, también desaparece la vieja economía política. Una nueva ciencia ocupa ahora su lugar, la ciencia de pronosticar la necesidad económica en economía organizada, la ciencia de obtener lo que se necesita de la manera más racional. Es una ciencia muy diferente, es la tecnología social, la ciencia de la producción organizada, del trabajo organizado, la ciencia de un sistema de las relaciones de producción en el que las regulaciones de la vida económica se manifiestan bajo nuevas formas, donde ya no hay objetivación de las necesidades humanas, donde el fetichismo de la mercancía desparece con la mercancía” 7/ .

El problema de la eficacia de una economía socialista no es, por lo tanto, técnico-económico, sino eminente y directamente político. Las prioridades que la sociedad se establece a sí misma se determinan de forma extraeconómica y se imponen como objetivos a las leyes de la técnica económica, mientras que, por el contrario, los fines sociales del capitalismo solo aparecen después posteriormente, como un subproducto de las transacciones mercantiles. La democracia es, por lo tanto, la condición misma del funcionamiento de una organización social de este tipo, y esta concepción conduce a plantear de forma diferente la articulación entre plan y mercado.

Por la planificación ecológica

Este enfoque adquiere hoy una legitimidad adicional, cuando se introducen las restricciones ecológicas. Se podrían retomar aquí los términos de la programación lineal para decir que el criterio de maximización del beneficio conduce a valores que no garantizan el cumplimiento de ciertos estándares ecológicos. El capitalismo pretende tenerlos en cuenta formando pseudomercados o modificando las señales de precios.

Los modelos económicos, incluso los modelos "climáticos", razonan en términos de coste-eficacia 8/ . Ellos "estiman los beneficios sociales netos del dinero gastado en la acción climática, y luego comparan estos beneficios con los que la humanidad podría haber obtenido invirtiendo ese dinero en otro instrumento financiero de bajo riesgo, como los bonos del Estado 9/ ". Ese tipo de cálculo lleva a valoraciones como ésta: "La pérdida económica neta de un calentamiento de 3 grados es del orden del 0,25% del ingreso nacional para los Estados Unidos". Es cierto que esta evaluación aberrante se remonta a 1992 10/ , pero su autor, William Nordhaus, nunca cuestionó su deficiente metodología y, sin embargo, recibió el "Premio Nobel" de economía en 2018.

Esta pseudomonetarización del medio ambiente puede modular en el margen el principio de la maximización del beneficio, pero fuera de toda proporción con la escala de las reducciones de emisiones a realizar. Es por eso que Servaas Storm tiene doblemente razón: primero cuando acusa a los economistas de bloquear el progreso en el cambio climático, pero también cuando afirma que el crecimiento verde es una ilusión, en un artículo que es una síntesis notable sobre este tema 11/ .

El propósito de esta revisión rápida ha sido el de mostrar que los debates sobre la planificación socialista, que casi han desaparecido hoy, deben reanudarse, ya que el desafío climático les otorga una nueva relevancia. A nivel teórico, ciertamente muy abstracto, la necesidad de luchar contra el calentamiento global plantea la cuestión de otro cálculo económico susceptible de incorporar correctamente las restricciones ambientales. Puede ser el momento de abrir los viejos dossiers y darse cuenta de que el subdimensionamiento de las políticas actuales reenvía directamente a la negativa ideológica a una planificación que alteraría la lógica del beneficio.  

 

Por Michel Husson

Viento Sur

 

Notas:

1/ Karl Marx, El Capital, Libro, capítulo 48.

2/ Friedrich Engels, Anti-Düring, [1878], Editions sociales, 1963, p. 349 [disponible en https://www.fundacionfedericoengels.net/images/PDF/engels_antiduhring_interior.pdf ]

3/ W?odzimierz Brus, Problèmes généraux du fonctionnement de l’économie socialiste , 1968 [1964]; The Market in a Socialist Economy , 1972. Citado por Catherine Samary, Plan, marché et démocratie. L’expérience des pays dits socialistes , IIRF, Cahiers d’études et de recherche n°7/8, 1988.

4/ Leonid Kantorovitch, Calcul économique et utilisation des ressources , Dunod, 1963, p.20.

5/ Pierre Naville, “Kantorovitch et le retour à Pareto”, en Le nouveau Léviathan, tome 3 , 1970.

6/ Catherine Samary, Plan, marché et démocratie. L’expérience des pays dits socialistes , Cahiers d’études et de recherche, IIRF, 1988. De forma menos teórica, Francis Spufford describe dans Red Plenty (Faber & Faber, 2010) como las estructuras burocráticas impidieron que las construcciones teóricas de Kantorovitch – uno de los personajes de esa novela – se hiciesen reales.

7/ Eugène Préobrajensky, La nouvelle économique , EDI, 1966, p.98 [La nueva economía, Ediciones Ariel, 1970, disponible en https://elsudamericano.wordpress.com/2017/09/18/la-nueva-economia-por-eugeny-preobrazhenski/ ].

8/ Alain Grandjean, Gaël Giraud, “ Comparaison des modèles météorologiques, climatiques et économiques : quelles capacités, quelles limites, quels usages ?”, mayo 2017.

9/ Servaas Storm, “ Are Economists Blocking Progress on Climate Change ?”, INET, June 24, 2019.

10/ William D. Nordhaus, “ An optimal transition path for controlling greenhouses gases ”, Science , 20 november 1992.

11/ Enno Schröder & Servaas Storm, “ Why “Green Growth” Is an Illusion ”, INET, Dec 5, 2018. resumen de: “ Economic Growth and Carbon Emissions: The Road to ‘Hothouse Earth’ is Paved with Good Intentions ”, Science and Engineering Ethics n°23, 2017.

Texto original en francés: http://alencontre.org/ecologie/de-leconomie-du-socialisme-a-la-planification-ecologique.html

Traducción: viento sur

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Kevin Kühnert, el líder de los jóvenes socialdemócratas alemanes que quiere colectivizar BMW

Apenas tiene 29 años, pero son suficientes para guiar el actual debate sobre cuestiones económicas y sociales de la izquierda en Alemania. Se llama Kevin Kühnert. Con sus sonadas propuestas suele agitar al establishment político alemán. Sus ideas, como esa que formulaba hace unos días y según la cual sería bueno "colectivizar" una empresa tan importante como el fabricante de coches BMW, levantan ampollas, especialmente en la que es su familia política: el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD).


Kühnert, el líder de Jusos –la organización juvenil del SPD–, se empeña últimamente en traer ingentes dosis para el gran partido de centro-izquierda germano de eso que el semanario liberal británico The Economist llama "Socialismo milenial". Sus ideas no pasan desapercibidas porque tienen mucho que ver con un número creciente de cuestiones que preocupan a grades sectores de las sociedades occidentales.


De hecho, Kühnert se ha hecho un nombre en política hablando de problemas como la precariedad y la temporalidad en el mercado de trabajo, de la necesidad de un mayor salario mínimo, de imponer mayores impuestos a las rentas más altas o, más recientemente, la colectivización. Estos son temas con los que han crecido en influencia y relevancia figuras de la política internacional como la congresista estadounidense Alexandria Ocasio-Cortez o el actual líder del laborismo británico Jeremy Corbyn.


Control democrático de los beneficios


En su última y más comentada intervención, Kühnert se mostraba a favor de una colectivización de empresas como BMW en una larga entrevista sobre el tema del socialismo concedida a la revista Die Zeit. BMW es una de las compañías que ejercen de referente internacional para la reputada industria alemana del automóvil. "El reparto de los beneficios debe estar controlados democráticamente", decía Kühnert a Die Zeit en su primer número de mayo a cuenta de la colectivización de BMW.


Por hacer esas declaraciones a Kühnert le llovieron críticas por todas partes. Las hubo de otros socialdemócratas y, por supuesto, de responsables de partidos rivales: liberales, conservadores y ultraderechistas. Asociaciones empresariales también salieron a la palestra para criticar al líder de Jusos. "¡Populistas del mundo uníos!", llegó exclamar el diario conservador Die Welt, ilustrando en fila a Kühnert junto a Jean-Luc Mélechon, líder de Francia Insumisa, y a Pablo Iglesias, líder de Podemos, entre otros.


En declaraciones a la revista Der Spiegel, Kühnert se reafirmaba días después de la lluvia de críticas tras la publicación de la entrevista y decía haber hablado "en serio" cuando mencionaba la idea de colectivizar empresas como BMW. La colectivización no figura precisamente entre las prioridades del SPD, partido que actualmente forma una coalición gubernamental con la Unión Cristiano Demócrata (CDU) de Angela Merkel y la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), partido conservador bávaro hermanado a la formación de la canciller.


De ahí que hubiera personalidades del SPD, como el diputado del Bundestag Johannes Kahrs, que descalificaron abiertamente al líder de Jusos. "Menudo disparate. ¿Qué ha fumado éste?", afirmaba Kahrs en su cuenta de Twitter. En tono menos ofensivo pero no por ello más conciliador reaccionaba la presidenta del SPD, Andrea Nahles. "Veo equivocadas las respuestas que da Kevin Kühnert", dijo la lideresa de los socialdemócratas germanos. Sin embargo, en el SPD, también los hay comprensivos con Kühnert y con los motivos por los que el líder de Jusos habla ahora de colectivizar BMW o, como el año pasado, de subir el salario mínimo a 12 euros la hora cuando ese mismo salario mínimo estaba entonces en algo más de 8,5 euros la hora. La coalición de Gobierno lo incrementó a 8,84 euros el año pasado.


"La excitación causada por las afirmaciones de Kühnert muestran que ha planteando el buen interrogante: (…) la cuestión del reparto de la riqueza", ha dicho en este sentido el responsable de Interior de la ciudad-estado de Berlín, el también socialdemócrata Andreas Geisel. Con él coincide Alexander Kritikos, del Instituto Alemán para la Investigación Económica (DIW, por sus siglas alemanas).


Un SPD sumido en una crisis existencial


"Uno tiene que diferenciar entre esas afirmaciones de Kühnert y el por qué él dice lo que dice. A saber, uno tiene que pensar en qué se puede hacer para que la economía de mercado funcione mejor", dice Kritikos a eldiario.es. "Hay problemas como el reparto de la riqueza. En los últimos años, aunque hubo crecimiento económico, la mitad menos favorecida no sacó provecho de ese crecimiento", abunda este investigador. Éste es el contexto en el que se expresa Kühnert, quien no habla de socialismo queriendo repetir experiencias como la de la extinta República Democrática de Alemania (RDA).


El SPD, como muchos otros partidos socialdemócratas en Europa, se ha convertido de un tiempo a esta parte en un partido en crisis. Los socialdemócratas, liderados por Martin Schulz, firmaron el peor resultado de su historia en las pasadas elecciones generales de 2017 (20,5%). Ese desastre electoral forzó en último término que a Schulz le sustituyera Nahles. Pero con ella al frente, el SPD, que en su día fue el gran referente de la izquierda alemana, sigue sumido en una profunda crisis existencial.


Los sondeos no hacen pensar que la depresión políltica socialdemócrata esté resuelta. Al partido los sondeos de intención de voto le atribuyen ahora un 15%. El SPD está por detrás en las encuestas de la CDU/CSU (29%) y de Los Verdes (20%), y no muy por encima de la ultraderecha. La formación ultra Alternativa por Alemania (AfD) se identifica hoy por hoy con un 13% del electorado.


Las ideas de Kühnert, aunque no sirvan para reanimar del todo a su partido, permiten al SPD no perder de vista lo que parece ser para la izquierda el signo de los tiempos. "No sé si la idea de la colectivización va ayudar al SPD a forjarse un perfil, pero el SPD tiene todavía que plantearse qué políticas quiere representar, y posicionarse", concluye Kritikos.

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Llama el BID a eliminar subsidios a combustibles

En lugar de mantener subsidios a combustibles, como gasolina, diésel y gas, que benefician más a la población de altos ingresos que a los hogares pobres, los gobiernos de América Latina y el Caribe deben entregar a éstos otro tipo de apoyos, por ejemplo, transferencias monetarias, vales o bonos para transporte y alimentos, que resultan más efectivos para compensarlos, aseguró el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Eliminar subsidios y aplicar impuestos a la energía puede ser difícil, ya que los hogares vulnerables dependen de tener energía a precios bajos, pero resultan regresivos, indicó.
Muchos estudios han concluido que, en general, los gobiernos tendrán poco éxito al reformar los subsidios si no comprenden los efectos que tendrá su eliminación en los hogares y en otros grupos clave. Además, si no adoptan medidas específicas para contrarrestar dichas consecuencias y no las comunican de manera apropiada. Independientemente de si los subsidios específicos son regresivos o progresivos, su eliminación gradual puede tener impactos nocivos en los hogares y votantes pobres y de clase media, señaló.


A partir de una investigación en 11 países de la región, el BID concluyó que los subsidios a la energía son una manera muy cara de transferir ingresos a los hogares pobres, porque de cada 12 dólares de apoyo sólo uno llega a la quinta parte de la población más pobre.


Por eso, dijo, son criticados. Promueven el uso derrochador de la energía y contribuyen a elevar las emisiones de carbono.

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El Gobierno finlandés rechaza ampliar su experimento de renta básica

El Ejecutivo no acepta la petición del instituto de seguridad social Kela de ampliar los fondos y la duración del proyecto, por el que 2.000 personas recibirán 560 euros al mes entre el enero de 2017 y enero de 2019.

No habrá más fondos para el Ingreso Básico Universal, el primer experimento para implantar una especie de renta básica —que no es universal ni completamente incondicional— puesto en marcha por un Gobierno europeo, el finlandés.
El programa, que comenzó en enero de 2017 y tenía una duración inicial de dos años, implica que 2.000 personas desempleadas de entre 25 y 58 años, seleccionadas aleatoriamente, reciban un pago por parte del Estado de 560 euros mensuales sin necesidad de ninguna contraprestación y con independencia de si encontraran un trabajo o no.
Kela, el instituto de seguridad social finlandés, había solicitado fondos extra para expandir la prueba a un grupo de personas con trabajo. Sin embargo, el Gobierno ha rechazado esa posibilidad, asegurando que los pagos finalizarán en enero de 2019 como estaba previsto.
Además, tal como recoge The Guardian, el Ejecutivo finlandés planea endurecer las condiciones para obtener prestaciones sociales, y recuerda que ha implantado nuevos beneficios para las personas desempleadas.
"El gobierno está haciendo cambios para alejar el sistema del ingreso básico", ha señalado Miska Simanainen, de Kela, al periódico Svenska Dagbladet. No es la única voz que ha criticado la decisión del Gobierno. "Dos años es un período demasiado corto para poder sacar conclusiones extensas de un experimento tan grande. Deberíamos haber tenido tiempo extra y más dinero para lograr resultados confiables", señalaba por su parte Olli Kangas, investigador que ha participado en el ensayo en la emisora YLE.
COMBATIR LA DESIGUALDAD
La Renta Básica, una propuesta que muchos economistas defienden como la solución más racional y justa a la crisis del empleo que atenaza a Europa desde 2008 y una de las mayores herramientas para la lucha contra la desigualdad. Sin embargo, el experimento finlandés no es una renta básica propiamente dicha, ya que excluye por razones de edad y solo selecciona a solicitantes de empleo.
El objetivo del proyecto escandinavo era comprobar si el ingreso motivaba a los desempleados a buscar un trabajo acorde con sus intereses y capacidades, como defienden los grandes teóricos del Basic Income. Además, según el Gobierno finés, de centro derecha, el fin es triple: reducir la burocracia, atajar la pobreza e impulsar el empleo.
Asimismo, el Ejecutivo señaló en la presentación del proyecto que el ingreso impulsaría a los perceptores a aceptar empleos de bajos salarios y a tiempo parcial que no aceptarían de otro modo por miedo a perder algunas de las ayudas preexistentes.
Para algunos teóricos de la renta básica, como señala la economista Frances Coppola en Forbes, el proyecto finlandés se saltaba desde el inicio algunas de las potencialidades del concepto de renta básica, al asociar la iniciativa al ahorro de las prestaciones sociales por parte del Gobierno finés.

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El capitalismo, un obstáculo para la igualdad y la democracia: la historia de EEUU

La Guerra Fría acabó con el legado del New Deal. El paso del tiempo y Trump están destruyendo ahora el legado de la Guerra Fría. Mientras que el capitalismo era cuestionado y desafiado en las décadas de 1930 y 1940, hacerlo se convirtió en tabú después de 1948. Sin embargo, a raíz de la crisis de 2008, se recuperó el pensamiento crítico acerca del capitalismo. En particular, un argumento está ganando terreno: el capitalismo no es el medio para alcanzar la igualdad económica y la democracia, sino más bien el gran obstáculo para su realización.


Durante el New Deal, la administración Roosevelt presionada desde abajo por una coalición de sindicatos (Congress of Industrial Organizations) y por la izquierda política (dos partidos socialistas y un partido comunista), revirtió la dirección tradicional (de desigualdad creciente) de la distribución de la renta y de la riqueza en Estados Unidos. Se produjo un cambio hacia una mayor igualdad. Así, la historia de los EEUU ilustra la idea que defiende Thomas Piketty en su libro El Capital en el siglo XXI (2014) sobre la profundización de la desigualdad a largo plazo, que únicamente se ve interrumpida puntualmente. De hecho, la transformación que provocó el New Deal fue una de esas interrupciones, y estuvo basada en el tipo de impuestos hacia las empresas y los ricos que Piketty defiende ahora para corregir o revertir las desigualdades capitalistas.


Tras la Segunda Guerra Mundial, la reanudación del proceso de acumulación capitalista abatió al New Deal y ha llevado desde entonces al capitalismo global contemporáneo a una nueva profundización de la desigualdad. Lo que Piketty propone ahora de nuevo como una solución, ya ha demostrado ser un remedio meramente temporal. La transformación ha sido a su vez revertida. Después de 1945, las empresas y los ricos utilizaron sus beneficios y sus altas rentas y riquezas para comprar todavía más control de los dos principales partidos políticos. Ese control adicional les permitió desmantelar el New Deal y mantenerlo derribado.


Así, la historia de Estados Unidos ejemplifica algo más que la tendencia capitalista a profundizar en la desigualdad y cómo el uso de los impuestos estuvo en grado de revertir esa desigualdad. También nos muestra cómo y por qué esa transformación no pudo ser más que temporal. La lección de esta historia invita al escepticismo acerca de si las políticas progresistas basadas en impuestos -o, de hecho, cualquier política progresista- puede ser algo más que temporal, dado el probado éxito del capitalismo para revertirlas. Tal escepticismo se fortalece cuando las transformaciones que se han dado en otros países capitalistas se revelan, del mismo modo, como meras interrupciones temporales de una tendencia básica hacia desigualdades cada vez más profundas.


La conclusión que se extrae de la historia de EEUU no es que los esfuerzos para revertir la profundización de la desigualdad estén predestinados al fracaso. Más bien muestra que las meras reformas, como los cambios en la legislación fiscal, son inadecuadas para alcanzar dicho objetivo. Para que las reformas se mantengan -para superar una fragilidad que ya se ha repetido varias veces a lo largo de la historia-, es necesario ir hacia un cambio del sistema de base. Puesto que el capitalismo tiende a profundizar la desigualdad y ha demostrado que puede derrotar las inversiones de esta tendencia -convirtiéndolas en temporales-, es el capitalismo lo que debemos superar para resolver su inherente problema de desigualdad.


Lo mismo puede decirse respecto a la contradicción estructural del capitalismo con la democracia. La etiqueta de “democracia” que muchas naciones modernas usan para describirse a sí mismas ha sido siempre inapropiada. La esfera política es, en efecto, al menos formalmente, un lugar donde las decisiones gubernamentales las toman personas que rinden cuentas, finalmente, en unas elecciones basadas en el sistema una-persona-un-voto. En este preciso sentido, es cierto que los ciudadanos ejercen el derecho democrático a participar en la toma de decisiones que les incumben, por medio del control electoral que ejercen sobre los funcionarios gubernamentales.


Sin embargo, la esfera económica nunca se organizó de una forma democrática. Los líderes de las empresas -los propietarios, los accionistas y los directores que ellos eligen- toman todas las decisiones básicas que afectan a la empresa. Esto incluye decidir qué, cómo y dónde producir, así como qué hacer con los ingresos netos (o excedentes o ganancias) de la empresa. Los líderes no rinden en absoluto cuentas a las personas -todos los demás empleados- que deben que vivir con los resultados de esas decisiones empresariales básicas. Estos empleados son excluidos de participar en las decisiones económicas clave que les afectan y que configuran sus vidas. En resumen, se ha aplicado la etiqueta “democracia” a sociedades cuya esfera política es democrática, al menos formalmente, pero cuya esfera económica no lo es en absoluto.


La rigidez ideológica de la mayoría de las tendencias anti-estatismo en la historia de los Estados Unidos sirvió muy bien para mantener el foco en la oposición entre Estado/público e individuo/privado a la hora de pensar y actuar en favor del cambio social. La democracia se redefinió, en términos prácticos, como la liberación del individuo/privado de la intrusión del Estado/público. La calidad democrática de la empresa individual/privada -la estructura central de la economía- estaba exenta del análisis, en lo que se refiere a su incompatibilidad estructural con la democracia. La naturaleza jurídica de las empresas capitalistas, que tienen personalidad individual igual que las personas de carne y hueso, también ayudó a distraer la atención de su estructura antidemocrática. Del mismo modo, el compromiso del gobierno estadounidense con una “política exterior democrática” fomentó la reproducción en otros lugares de la misma estructura económica antidemocrática que caracterizaba a los EEUU.


El ala derecha de la política estadounidense ha entendido y ha reaccionado desde hace tiempo a los movimientos sociales por la igualdad y la democracia como amenazas al capitalismo. Sus líderes construyen coaliciones tratando de movilizar a la opinión pública contra esos movimientos, en tanto que amenazas al “American way of life”. Esta derecha ha construido su ideología sobre la noción de que la democracia significa que el Estado evite entrometerse en las vidas y las actividades de las personas y las empresas, consideradas ambas como “individuos”. Para ellos, igualdad significa igualdad de oportunidades, no de resultados. Entienden la oportunidad como algo estrictamente desconectado de la riqueza, los ingresos y la posición social de nacimiento de cada individuo.


El ala izquierda de la política estadounidense ha intentado siempre mantener la idea de que el capitalismo es compatible con el igualitarismo y la democracia. También ha defendido que el capitalismo se fortalecería, y no se vería amenazado, si se acercara más a la igualdad y la democracia. En términos prácticos, compitió contra la derecha insistiendo en que las masas -los trabajadores de las empresas capitalistas- perderían la ilusión y la lealtad al capitalismo si este se entregaba a sus tendencias anti-igualitarias y antidemocráticas. El capitalismo, argumentaba y argumenta, se fortalecería y no se vería amenazado por una rebaja de la desigualdad y por una mayor democracia.


Tanto la izquierda como la derecha -y su concreción en la dirección de los partidos Republicano y Demócrata- viven temerosas, conscientes o no, de que la masa, la clase trabajadora, se distancie del capitalismo. “Populista” es el epíteto que expresa actualmente este miedo. Ambos partidos compiten por el apoyo de los líderes del capitalismo -los principales accionistas y las juntas directivas empresariales que éstas seleccionan-, ofreciendo sus estrategias alternativas como una forma de evitar, controlar o canalizar de forma segura la desafección masiva con el capitalismo.


El Partido Republicano ofrece una mezcla de (1) represión a los movimientos sociales igualitarios y democráticos (es decir, populistas), (2) apoyo y subsidio a los capitalistas, y (3) gestos y políticas simbólicas para complacer a ciertos sectores de la opinión pública (fundamentalistas religiosos, patriotas, nacionalistas anti-inmigración, etc.). El Partido Demócrata ofrece una combinación de apoyo gradual y limitado a los movimientos contra la desigualdad y a favor de más democracia política. Se ofrece a sí mismo como el medio para llevar a los grupos marginales a una participación plena en el capitalismo, manteniéndolos así alejados del populismo. La dirección de cada partido condena a los populistas e intenta asociarlos con el adversario. Los Demócratas ven el populismo representado en Trump; los Republicanos y bastantes Demócratas centristas, en Bernie Sanders. Ambas partes rara vez se refieren al “capitalismo” per se. Ambos se comportan como si no existiera crítica o alternativa alguna al capitalismo, o como si éstas no tuvieran sentido.


No solo el Partido Republicano, sino también el apoyo del Partido Demócrata, sirven y refuerzan al capitalismo, que es un obstáculo básico para la igualdad económica y la democracia. Como ni la igualdad económica ni la democracia han sido nunca alcanzadas, han servido durante mucho tiempo como objetivos a los que ambas partes se han comprometido “de boquilla”. La absurda contradicción de esta posición compartida ahora está dando paso al reconocimiento de que la lección que nos ha dado la historia estadounidense es que existe una necesidad de cambiar el sistema. Si, en lugar de las estructuras empresariales capitalistas, se produjera una transición hacia las cooperativas de trabajadores con organizaciones y procedimientos democráticos -lo que con toda probabilidad supondría una distribución de los ingresos netos entre los participantes de la empresa mucho menos desigual que la que se da en las condiciones actuales- se habría eliminado un obstáculo clave para un movimiento social más amplio hacia la igualdad y la democracia.

Por Richard D. Wolff
03/03/2018
es el autor de "Capitalism Hits the Fan y Capitalism’s Crisis Deepens". Es fundador de Democracy at Work.
Fuente:
https://www.counterpunch.org/2018/02/23/capitalism-as-obstacle-to-equality-and-democracy-the-us-story/
Traducción:
Sara Suárez Gonzalo

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Finlandia experimentará desde enero el reparto de una renta básica de 560 euros al mes

La Seguridad Social finlandesa ha elegido a 2.000 ciudadanos desempleados para pagarles 560 euros al mes y examinar la utilidad de implementar la medida

Un grupo de 2.000 ciudadanos finlandeses elegidos mediante un muestreo aleatorio entre los desempleados del país se convertirán a partir de enero de 2017 y durante un periodo de dos años en protagonistas del experimento mediante el que la Seguridad Social de Finlandia (Kela) quiere examinar la utilidad de implantar una renta básica, que durante la duración del estudio consistirá en el cobro de 560 euros al mes libres de impuestos.
La institución ha explicado que mediante este experimento pretende analizar cómo podría rediseñarse el sistema de seguridad social para afrontar los cambios del mercado laboral y cómo podría hacerse que promoviera la participación activa, proporcionando mayores incentivos para trabajar, así como reduciendo la burocracia y simplificando el sistema de subsidios.


El experimento, que se extenderá entre el 1 de enero de 2017 y el 31 de diciembre de 2018, contempla el pago de 560 euros al mes a cada uno de los participantes, que en caso de periodos inferiores a un mes cobrarán 18,67 euros por día.


Esta cantidad se mantendrá invariable durante la duración de la prueba y no será reducida por ningún otro ingreso que los beneficiarios pudiesen obtener. De hecho, en caso de encontrar empleo, los participantes seguirán cobrando esta renta básica, aunque una cantidad equivalente se les deduciría del cobro de determinados beneficios sociales.


Los 2.000 ciudadanos participantes en el experimento fueron, con algunas excepciones, elegidos aleatoriamente entre un grupo objetivo de 175.000 personas de entre 25 y 58 años que recibieron el pasado mes de noviembre algún tipo de subsidio o pensión por desempleo por razones distintas de una baja temporal y que no cobraban prestación por paro.


La Seguridad Social finlandesa precisó que los beneficiarios de esta renta básica recibirán el primer pago de 560 euros el próximo 9 de enero de manera automática y sin necesidad de contactar o someterse al control de Kela.


"Aquellas personas incluidas en el estudio recibirán la renta básica automáticamente, por lo que no es necesario que se pongan en contacto con Kela", indicó Marjukka Turunen, responsable legal de la Seguridad Social finlandesa, quien recordó, no obstante, que los participantes deberán comunicar aquellos beneficios o restricciones que impidieran el cobro, como iniciar el servicio militar, empezar a cobrar una pensión o mudarse fuera del país.
Según Kela, que ha comunicado por carta este miércoles la identidad de las personas seleccionadas para el estudio, el 48% de los beneficiarios de la renta básica serán mujeres y el 52% hombres. Un 30% tiene edades comprendidas entre los 25 y 34 años, el 29% entre 35 y 44 años, y el 41% entre 45 y 58 años.


Asimismo, la Seguridad Social finlandesa indicó que durante los dos años previstos de funcionamiento del experimento supervisará su evolución a través de los datos registrados, por lo que no someterá a controles a los participantes para averiguar su situación laboral.


"Se dejará en paz a los participantes en el estudio de población durante el experimento. Kela no les llamará regularmente para preguntarles su situación laboral, que, en su lugar, será monitorizada mediante los datos registrados", añadió Turunen.

 

EUROPA PRESS - HELSINKI
29/12/2016 - 12:59h
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Publicado enSociedad
Lunes, 07 Noviembre 2016 06:36

Una idea básica: la economía es colectiva

Una idea básica: la economía es colectiva

Asistí el otro día a un debate sobre pensiones en el que uno de los debatientes, partidario de las pensiones de capitalización privada, aseguraba que ese sistema no dependía de la demografía y en cambio las pensiones públicas sí, dejando entrever que las pensiones privadas eran más seguras por eso. Sin embargo otro economista le respondió que eso no era así, que las pensiones privadas también dependían de la demografía porque ésta está íntimamente relacionada con el valor de las carteras de activos de cualquier plan de pensiones.


La verdad es que este segundo economista tenía razón y tanto las pensiones públicas como las privadas dependen de la demografía, pues ambas dependen de la productividad futura y la población y su trabajo son imprescindibles para esa productividad. El sistema público de reparto depende de la futura recaudación de impuestos, que será la que pague las pensiones del futuro, y por tanto depende de que haya pagadores de impuestos en cantidad suficiente para cubrirlas. El sistema privado de capitalización, por otro lado, depende del valor futuro de las acciones y de la rentabilidad de la deuda pública de la cartera de activos que se adquiere con el dinero aportado al plan.


Sin embargo la rentabilidad de la deuda pública y sobre todo su cobro al vencimiento también depende de los futuros pagadores de impuestos, y si una población futura no puede pagar impuestos y/o se reduce en número, pagar esa deuda pública va a ser imposible y eso eventualmente hundiría el valor de esa deuda pública, que será impagada total o parcialmente. Y las acciones también dependen de la demografía porque ante un descenso de población y por tanto de productividad total estas acciones perderán valor real. Pongo un ejemplo fácil de entender: Si compramos acciones de una empresa de suministro de agua que ahora atiende a diez millones de personas tendrá un valor determinado, pero si en el futuro la población disminuye y esa empresa en vez de atender a 10 millones de personas atiende a 8, muy probablemente el valor real de esas acciones disminuirá, afectando negativamente al valor de la pensión capitalizada futura.
Al final la diferencia entre un sistema público de reparto y uno privado de capitalización es en donde se “confía” la pensión futura, pero ambos dependen inexorablemente de las productividades futuras y del trabajo futuro.


Este ejemplo me parece muy interesante para entender por qué la economía es algo eminentemente colectivo y cualquier idea que obvie esto incide en un error de base. Quienes venden sistemas de capitalización intentan transmitir una idea que es falaz, y es que las futuras pensiones pueden depender de uno mismo sin tener que depender de los demás, llámense cotizantes, estado, sociedad o como se quiera llamar. Y eso sencillamente es falso. Hagas lo que hagas la futura pensión va a depender siempre de la colectividad, porque es la colectividad la que va a generar todos los productos y servicios que vas a necesitar en tu vejez.


Al final detrás de todas las teorías ultra-liberales de privatización de servicios públicos subyace la misma idea, depender de uno mismo y no del “estado”, y de hecho las teorías liberales económicas tienen una base dogmática que es fuertemente individualista y “segregacionista” respecto al colectivo. Si escucháis a estos “liberales” veréis como la estructura que sostiene sus ideas es que cada uno puede ser dueño de su propia vida, que con esfuerzo o talento la vida te va a sonreír, que el mercado siempre te pagará en función de tu productividad, etc, etc. Son ideas que sitúan al individuo artificialmente ajeno a la sociedad en la que vive, como si la realidad o decisiones del resto no influyesen sobre el individuo. Es una idea atractiva ¿Quién quiere ser dependiente? Nadie, todo el mundo quiere ser independiente si puede. La cuestión es que, lamentablemente, no se puede ser totalmente independiente.


Decía el economista del Banco Mundial Branko Milanovic en una entrevista en el diario ELPAIS sobre la pobreza mundial, que “sus ingresos dependen en más de un 50% de que usted haya nacido en España. Del resto, el 20%, de quién sean sus padres, y solo luego viene el esfuerzo, la suerte, la raza y el género “. La frase parece obvia pero creo que a veces la olvidamos, por una cuestión de comodidad o quizá porque nos incitan a ello. Si cualquiera de nosotros hubiese nacido en un pueblo de Bangladesh no tendríamos el nivel de riqueza que tenemos, por mucha capacidad potencial que tuviésemos ni esfuerzo que dedicásemos a prosperar.


De hecho no hace falta ir tan lejos. A pesar de que los medios y ciertas personas nos remarcan a ciertos personajes que han creado su riqueza “de la nada” (Bill Gates, Amancio Ortega) la realidad es que mayoritariamente la riqueza (y la pobreza) es hereditaria, y esto se puede comprobar en cualquiera de las estadísticas que se quiera consultar: Probabilidad de pobreza adulta cuando eres pobre de niño, porcentaje de ricos que vienen de familias ricas, diferencias salariales según familia de origen, etc, etc. Por mucho que se estrujen y descontextualicen las estadísticas no hay ninguna que pueda decir que el origen no influye en la realidad económica de alguien, de hecho es un planteamiento ridículo.


Esto del origen nos muestra hasta qué punto no controlamos verdaderamente nuestra propia realidad económica, pero volvamos a la cuestión central, que es que en economía todo depende del colectivo. En el mercado las cosas solo tienen valor si los demás les dan valor, el dinero solo sirve si otros te lo aceptan. Un hombre no puede generar mucha riqueza individualmente, siempre depende de terceros para crearla de forma masiva, de hecho técnicamente un hombre solo y aislado solamente podría crear riqueza para uno mismo pues más allá de uno mismo el concepto de riqueza depende de terceras personas.


Escribía el ex ministro griego de finanzas, Yanis Varoufakis, estas líneas: “Un mito común, promovido por los ricos, es que la riqueza se produce individualmente antes de que el estado la colectivice a través de los impuestos. En realidad, la riqueza siempre se produce colectivamente pero es privatizada por aquellos que tienen el poder para poder hacerlo: La clase propietaria. Granjas y semillas, formas pre-modernas de capital, fueron desarrolladas colectivamente por generaciones de esforzados campesinos y luego fueron apropiadas sigilosamente por propietarios. Hoy día, todos los smartphones tienen componentes desarrollados gracias a alguna subvención del gobierno o mediante ideas agrupadas de la gente común, sin que nunca se haya pagado dividendo alguno a la sociedad por esa contribución”.


Varoufakis tiene razón, la riqueza se crea siempre colectivamente. Sin embargo sabemos que hay hombres que crean más riqueza que otros y que son más productivos, la cuestión es que esto es cuestión de convenio social, de preferencias sociales y de una estructura de asignación de los beneficios de la productividad. Si Bill Gates ha sido muchas veces el más rico del mundo es porque la gente quiere tener productos de Microsoft, pero no solo por eso, también es porque el sistema económico que tenemos protege las patentes, porque Gates ha trabajado con miles de profesionales que han sacado adelante sus productos y por muchas otras razones de estructura económica e infraestructura de los EEUU y el resto del mundo.


¿Podría ser de otra manera? Por supuesto que podría, podría haber millones de maneras distintas de distribuir la riqueza y los beneficios de la productividad. Los “liberales” consideran que existe un “libre mercado” como forma óptima o natural de distribuir la riqueza, pero eso no es verdad. El “mercado” es una realidad determinada que se basa en preferencias y realidades morales, en marcos regulatorios, en posiciones de fuerza de los actores y en un sinfín de realidades coyunturales que lo definen y que perfectamente podían ser de otra forma de haber evolucionado la historia de una manera distinta.

Hoy un CEO de una gran empresa puede ganar 200 veces más que el sueldo medio de un trabajador, pero eso no es una ley natural ni expresa ninguna productividad “objetiva”, simplemente es una estructura salarial que ha creado un mercado en las condiciones que tiene actualmente. En vez de 200 veces podría ser 500 o ser 5 si este mercado fuese de otra manera, y ni se cerrarían las empresas ni colapsaría la economía ni nos encontraríamos en una situación más “inadecuada” que la actual en lo que a asignaciones de productividad se refiere.


Hay que vacunarse contra aquellos que predican teorías sobre la economía con un relato individualista de fondo, vendiendo privatizaciones y un mágico control de uno mismo sobre la vida económica. No es así, las personas podemos hacer cosas para mejorar nuestra situación, podemos esforzarnos, formarnos e intentar tomar racionalmente las mejores decisiones, pero la realidad es que nuestras posibilidades individuales son limitadas.


En una realidad eminentemente colectiva donde una parte esencial de nuestra riqueza económica la marcan los demás es fundamental entender la importancia de la regulación, del estado, de las instituciones sociales y de todas aquellas cosas que pueden hacer mejorar la vida de todos. Fantasear sobre un “libre mercado” ideal a modo de entelequia metafísica, impedido y aprisionado por malvadas intervenciones estatistas solo nos llevaría de cabeza hacia la distopía.

 

07 Nov 2016
Pedro Fresco
Colaborador de econoNuestra

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