Crash del fracking a la vista, según Bloomberg

Antes de la "era del coronavirus", estaba cantada la declinación del caníbal fracking (fracturación hidráulica; https://bit.ly/2WIq3AO).

David Wethe, de Bloomberg, informa la “advertencia de los gigantes de fracking” de que el “crash del shale (gas/petróleo lutita) será más rápido esta vez”: “mucho mayor que el de hace cinco años que golpeó a EU y Canadá (https://bloom.bg/2QGB9SU)”, según las depredadoras Schlumberger/Halliburton, que tanto daño causaron a México en su etapa neoliberal con su fétida secuencia de entreguistas directores de Pemex (https://bit.ly/3bo0d9d).

La dupla Schlumberger/Halliburton podó sus gastos en forma significativa cuando Wall Street decidió no seguir sosteniendo a la industria del shale en sus cuidados financieros intensivos.

Halliburton, líder del caníbal fracking, planifica cerrar los dos tercios de sus pozos en los últimos tres meses del año, mientras Schlumberger, mayor proveedor de servicios petroleros del mundo, empezó a recortar sus gastos hasta 30 por ciento para lo que queda del año.

No faltan quienes calculan que el cierre de los pozos en EU para extraer shale pueda alcanzar 70 por ciento en los próximos seis meses.

Se trata de un juego de los tres grandes del mundo petrolero/gasero: EU/Rusia/Arabia Saudita (AS), donde el vencedor será quien pierda menos.

Sputnik, de Rusia, evalúa que “los precios del crudo se dispararon tras el anuncio de la Reserva Federal de su plan ‘agresivo’” –que a su vez resucitó a Wall Street de manera artificial mediante la "técnica Bernanke" del lanzamiento de dólares desde los helicópteros (https://bit.ly/3doikhn).

El holandés Cyril Widdershoven –analista de "defensa de energía" en Medio Oriente– en el portal saudita Al Arabiya rechaza los "análisis" de la guerra de precios entre Rusia y AS, que dan como perdedor a AS. Alega en forma muy debatible que "en brusco contraste a Riad, Moscú no es capaz de acceder a las finanzas y a los servicios petroleros al mismo nivel que AS", debido a las sanciones de EU (https://bit.ly/33J2nxx).

Es muy discutible, ya que habrá que ver cuánto perdurarán las sanciones de EU en la "era del coronavirus" cuando Rusia cuenta con el respaldo financiero de China que ostenta las mayores reservas de divisas del mundo (https://bit.ly/39iuWDo).

A juicio de Widdershoven, el bluff de Putin, con cobertura ajedrecista, ha sido expuesto por el revire saudita "Tawila": "inmensos picos de producción".

El "error" de Putin, según este acrobático análisis, es haber mirado únicamente al shale de EU.

Anómalamente, Widdershoven no toma en cuenta la sensible dependencia geopolítica de AS con EU, antes y después del coronavirus, por lo que la inminente visita de Mike Pompeo a Riad definirá el piso y/o las tendencias del mercado.

Llama la atención el artículo en Al Arabya de Robin Mills, ejecutivo de Qamar Energy, donde baraja la hipótesis de una unión de “Texas (¡megasic!) y Rusia con la OPEP para evitar el colapso del mercado petrolero (https://bit.ly/3bqPFWO)”.

Para beneficio del análisis dialéctico y holístico, vale la pena destacar la audaz postura del francés Thierry Meyssan, de Red Voltaire, que puede erizar los cabellos de neófitos/ignaros/cándidos, quien advierte el inicio de la balcanización de AS, Yemen y Turquía.

A juicio de Meyssan, el Pentágono planea balcanizar Turquía y AS debido a que el primero busca(ba) una guerra con Rusia, y el segundo colapsó la industria shale del fracking.

Según el geopolitólogo francés, la respuesta del Pentágono no se hará esperar mas allá de 3 meses (https://bit.ly/2UyYpUb).

Afirma que la disección de AS había sido contemplada por el Pentágono desde 2002 y destaca un artículo del Wall Street Journal (https://bit.ly/2wDaUpE) y otro del NYT (https://nyti.ms/2xoT49W), donde se escenificó un complot para derrocar al príncipe heredero Mohammed bin Salman, quien hasta hace poco era íntimo de Jared Kushner, yerno de Trump.

Otros multimedia mediorientales traslucen que el golpe abortado en AS fue diseñado por el secretario de Estado Mike Pompeo, "evangelista sionista" y ex director de la CIA.

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Seis intuiciones recientes sobre economía digital del conocimiento y lo común

Se diría que, en la economía digital, el factor crítico y lo verdaderamente nuevo no es la idea, sino la existencia de un capital financiero masivo carente de alternativas más rentables.

2019 fue el año en el que Uber salió a bolsa. Las nuevas formas de negocio y de trabajo en la economía digital maduran y pocas empresas dicen tanto sobre nuestro presente como para sentir la necesidad de sustantivizar con ellas nuestra época.



  1. Del banco de tiempo al “mi plataforma, mis reglas”.

Aunque hoy parezca imposible, las plataformas que centralizan servicios se colaron en nuestra imaginación con el relato de la economía colaborativa. Un imaginario de organización empresarial pero también social que rompía el techo de escalabilidad de las prácticas tradicionales de intercambio de servicios, con un toque ecologista que adelantaba un mundo en el que lo importante no era tener, sino utilizar. Era el relato de la reciprocidad de los bancos de tiempo y los tablones de anuncios del “se busca” y “se ofrece” elevado al cubo con internet.

Hoy sabemos distinguir un funcionamiento centralizado a golpe de corneta del CEO pero el cuento coló porque tenía lo que los cuentos exigen: un público ansioso por creerlo. En la década anterior el sustrato colaborativo y de confianza se encontraba en apogeo y, aunque hoy descalificaríamos nuestra ingenuidad, lo cierto es que este suelo de reciprocidad y conexiones, esa segunda piel social seguirá siendo decisiva para cualquier alternativa. No hay común sin comunidad y carece de sentido que el cinismo con el que 20 años de siglo XXI nos hacen ver el mundo disuelva también esa premisa.

  1. La innovación en los tiempos del capital financiero.

Desgastada la legitimidad de valores como compartir, conectar y contaminar menos, la uberización se sustenta desde una perspectiva moral sobre la meritocracia darwinista de la innovación: una idea brillante formulada en el momento justo que se abre paso frente a las resistencias inmovilistas habituales; papel que en esta obra han representado taxistas, analfabetos digitales y la propia legislación.

En definitiva, frente a fuerzas tradicionalistas de todo pelaje que siempre van por detrás de la sociedad y que solo descubrirán que su pasó cuando vean películas sobre el éxito de los nuevos héroes. cuando la idea haya reconfigurado el tablero y se hagan películas sobre esos héroes. Razón 1, tradición 0. De nuevo, ante ustedes, la modernidad.

Por supuesto se trata de una lógica bastante cruel pero de una lógica naturalizada. También es cierto que, si se pusieran todas las cartas sobre la mesa, se vería que la idea, brillante o no, ha tenido un respaldo de 25.000 millones de dólares para desarrollarla y mantener bajos los precios. 25.000 millones para compensar las pérdidas de una década y aguantar hasta que los competidores asediados y sin acceso a un capital riesgo infinito icen la bandera blanca.

Se diría que, en la economía digital, el factor crítico y lo verdaderamente nuevo no es la idea, sino la existencia de un capital financiero masivo carente de alternativas más rentables y por lo tanto dispuesto a quemarse en tiempos de retorno que van más allá de los diez años de pérdidas milmillonarias. Hay una innovación que requiere un suelo fértil para proliferar y otra que necesita generar el desierto para poder brillar. En una la creación precede y dirige la destrucción. En otra es a la inversa.

  1. El lugar de lo común en el plataformismo vertical y supervitaminado de la economía digital del conocimiento.

Tras el cuento de lo colaborativo y el dopaje del capital riesgo hay una verdad del común: nuestros datos son el tesoro con el que estas empresas aspiran a cuadrar su balance. Nada encaja mejor con la definición de un común recursivo que los datos: producidos por nuestra interacción social, más valiosos cuanto generados con mayor libertad, cuanto más complejos, cuanto más usados.

Por ejemplo, sin los datos sobre movilidad y experiencia de la ciudad es imposible generar negocios aledaños como el reparto de comida o los patinetes eléctricos, hasta el punto de que, a largo plazo, no hay una estrategia de gobierno de los datos más insostenible que su acumulación privada por un puñado de gigantes tecnológicos. No hace falta ni ser capaz de encender un ordenador para saber que una inteligencia artificial en pocas manos y alimentada de este modo creará una brecha cuyos efectos apenas podemos imaginar. Los datos, nuestra actividad y experiencia hecha objeto son un común, la única fuente de riqueza digna de tal nombre en este tinglado y una segunda naturaleza que tenemos que gobernar.3

  1. La seguridad jurídica, ese atavismo burgués.

Desde una perspectiva liberal, la acción de gobierno consiste en crear el marco de condiciones institucionales y normativas en el que las actividades deseadas puedan proliferar. La libertad o el mercado no vienen de fábrica, hay que hacerlos. Un rasgo diferencial de los gigantes tecnológicos es que, en este sentido, son auténticos agentes de gobierno, ya que en una primera fase tienen que producir directamente esas condiciones, a menudo contra el marco institucional y normativo vigente, aunque cuenten con una enorme capacidad lobista para allanar ese camino.

Como ingrediente para el relato rupturista de la innovación, encontrarse por delante de la norma y eventualmente en su contra no tiene precio pero en una fase de mayor madurez (una en la que se quitan los ruedines del capital riesgo y se pasa a depender de la financiación de un público mayor por ejemplo), sí tiene precio, en concreto en forma de multas, impuestos y requisitos. Ahí recuperan peso los viejos problemas de reputación, certidumbre e inseguridad jurídica y el juego se normaliza en la conocida batalla por colonizar la ley. Usted se encuentra aquí.

  1. Los reinos de la economía digital hacen frontera con los cuerpos que los sirven.

Como pronto se ha descubierto, esta economía, por muy digital y muy del conocimiento que sea, no se ha liberado de la carga de necesitar trabajo. Lo que sí ha conseguido a menudo es librarse de la relación laboral, trasladando esos costes a quienes ejecutaban sus servicios y al conjunto social. También ha logrado instalar estas relaciones laborales en el particular marco subjetivo libertarian made in Palo Alto. Si la sostenibilidad de muchas de estas empresas pende del hilo de las decisiones judiciales que puedan afirmar la laboralidad de sus relaciones, cabe dudar de que estos negocios puedan sobrevivir fuera del hábitat siglo-XIX-con-3G en que surgieron.

  1. La economía de plataforma también es un concurso de popularidad.

Nacida de la ética neoliberal, buena parte del éxito de estos negocios ha consistido en ofrecer imitaciones de distinción que la gente común cree propias de servicios de lujo (la botellita de agua) y una afirmación del poder del cliente (decidir qué emisora se sintoniza, cerrar el precio) que compensa la sensación de prescindibilidad que arrastramos y profundiza la conversión de ciudadano en cliente propia del cambio de siglo.

La exaltación de esta clientela moderna casi ha conseguido torcer el brazo a un arquetipo de la masculinidad proveedora previa a tanto big data, que hace veinte años dominaba el prime time español con el Fary taxista en “Menudo es mi padre”. La aspiración de controlar tu propia movilidad en el dispositivo que ofrece hoy una imagen más cerrada de lo que supone la autonomía, esto es tu smartphone, bien merece mudar iconos y meter bajo la alfombra las políticas de movilidad urbana y la precariedad de quien conduce.

Mientras las reivindicaciones por la soberanía tecnológica son aún residuos ilustrados, las movilizaciones de las familias del taxi han disuelto el avance inexorable de la técnica en un puñado de fragilidades humanas. Al introducir en la conversación sobre la economía de plataforma las consecuencias laborales, fiscales, familiares e intergeneracionales de una sustitución de nuestros lazos por esta selva de prestaciones y vidas low cost la modernidad trastabilla y el futuro se pone sepia.

PROFESOR DE FILOSOFÍA DEL DERECHO DE LA UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA

 
PUBLICADO
2020-01-25 06:33
Publicado enSociedad
Miércoles, 06 Marzo 2019 06:51

Se desinflan las empresas del fracking en EU

Se desinflan las empresas del fracking en EU

El canibalismo del fracking supone cinco graves problemas: 1. Derroche del agua escasa; 2. Obsceno financierismo (https://bit.ly/2SfXSDP); 3. Tóxica geopolítica; 4. Depredación ambiental; y 5. Daño a la salud –provocación de sismos y uso de secretas sustancias químicas letales, algunas de ellas cancerígenas (https://bit.ly/2SLAeig).

Wall Street Journal (WSJ) se atraganta cuatro de los cinco problemas y se concentra tangencialmente en el financierista, sin abordar su daño ambiental.

En sendos artículos de Bradley Olson y Rebecca Elliott, al que se agregó en el último Christopher Matthews, WSJ expone lo anticipado tanto por Bajo la Lupa (https://bit.ly/2QlHUdZ) como por la connotada investigadora de EU, Bethany McLean (https://bit.ly/2TA9zd2).

McLean expuso el “fracaso financiero de la Reserva Federal con el espejismo del fracking” (https://bit.ly/2XFFcB9), en referencia a la "burbuja financierista" que operó geopolíticamente detrás de la "fracturación hidráulica" para extraer gas/petróleo de esquisto/lutita y colocar a EU en forma artificial por delante de Rusia y Arabia Saudita como "principal productor de petróleo del mundo".

La advertencia de los tres reporteros del WSJ es relevante ya que el influyente rotativo forma parte del conglomerado de Fox News: uno de los pocos aliados que conserva el presidente Trump.

En un primer artículo, WSJ asevera que los “fracturadores (frackers) enfrentan una dura realidad conforme los inversionistas Wall Street se retiran” (https://on.wsj.com/2NsI7s1) después de que durante "casi una década pierde dinero la industria del gas/petróleo de esquisto/lutita".

Confiesa que las "infusiones frecuentes de capital de Wall Street han sostenido el auge (sic) del gas/petróleo de esquisto/lutita".

En realidad, se sabe que la Reserva Federal estimula(ba) a los bancos de inversiones a ser muy laxos en sus empréstitos a la industria naciente que benefició al eje Texas/Oklahoma.

Según Dealogic, tales empresas petroleras "colectaron en 2018 casi la tercera parte de 2012", mientras que WSJ admite que el impulso financiero "ayudó a convertir a EU en una superpotencia energética" y en el "mayor productor de petróleo del mundo antes que Rusia y Arabia Saudita con casi 12 millones de barriles al día", lo cual, además, confirió a EU una artificial "independencia energética", al disminuir en forma dramática sus importaciones del Medio Oriente (https://on.wsj.com/2Tprzqn).

Siete días más tarde, un segundo artículo del WSJ afirma que "más empresas de gas/petróleo de esquisto/lutita amenazan el futuro del auge (sic) del petróleo de EU" al "agregar un mayor número de pozos" (https://on.wsj.com/2TuoOUE).

Ahora le echan la culpa a que los "nuevos pozos perforados cerca de los antiguos, generalmente extraen menos petróleo y gas y pueden dañar la producción", lo que ha llevado a que los “fracturadores ( frackers) reduzcan el número de sitios planificados y recorten la previsión de producción total”. ¡Lo que hace la depredadora desesperación por obtener más petróleo!

WSJ concluye que la industria del gas/petróleo del esquisto/lutita "obliga a la industria en vías de maduración a repensar su futuro".

El problema no es el número de pozos, ni su contigüidad, sino su curva propia de maduración que es de corto plazo, en promedio de cinco años, en comparación con la curva del petróleo convencional que sería de 20 años en promedio.

Ahora que el fracking entró a su fase de franco declive, es probable que EU se concentre a explotar la parte "mexicana" de las pletóricas reservas de petróleo del Golfo de México –que en la Cámara de Representantes de Mississippi pretenden cambiar de nombre por el de "Golfo de EU" (https://bit.ly/2IQMi2f) –y en el Mar Caribe, en la región de Zulia/Lago Maracaibo donde Trump, con el fin de no ser defenestrado, entabló nuevas alianzas con los neoconservadores straussianos del dinástico nepotismo petrolero de los Bush: el israelí-estadunidense Elliott Abrams, John Bolton y el cubano-estadunidense Marco Rubio.

El desplome del fracking tendrá severas repercusiones geopolíticas.

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