Crisis económica en tiempos de pandemia: Europa se prepara para la nacionalización masiva de empresas

Bruselas ultima la aprobación de una norma que permitirá la entrada de los Estados en el capital de sus compañías, grandes o pequeñas y cotizadas o no, para evitar su quiebra ante el tsunami del coronavirus. España apoya la iniciativa pero pide que se extremen las garantías para evitar distorsiones en la competencia y asimetrías en el mercado interior. La Comisión pide que se notifiquen las inyecciones de más de 100 millones, umbral que Alemania y Francia quieren elevar a 500 millones.

La pandemia del coronavirus no solo ha puesto en jaque el concepto de globalización, sino que ha trastocado por completo el orden económico mundial, confinando al libre mercado y dando rienda suelta a las tentaciones proteccionistas. La Comisión Europea, hasta ahora adalid de la competencia y el libre comercio y azote de cualquier auxilio estatal al sector privado, perfila la modificación del marco temporal de ayudas públicas para hacer frente a los destrozos económicos de la COVID-19, abriendo la puerta en su último borrador del proyecto, al que ha tenido acceso EXPANSIÓN y que Bruselas prevé aprobar en los próximos días, a una suerte de nacionalización generalizada de empresas en apuros en Europa, cotizadas y no cotizadas, grandes y pequeñas.

Es un cambio radical respecto al proyecto original, adoptado el pasado 19 de marzo, que se circunscribía a facilitar las actuaciones de los Estados miembros a la hora de garantizar liquidez a las empresas (esencialmente mediante avales públicos a préstamos); conceder subsidios salariales; suspender o aplazar el pago de impuestos, u otorgar ayudas directas a los consumidores por los servicios cancelados a raíz de las medidas de cuarentena.

Apenas tres semanas después y tras una primera revisión el 3 de abril, en la que se amplió el marco temporal para que los gobiernos pudieran conceder ayudas públicas a la investigación y desarrollo de productos vinculados con la lucha contra el coronavirus, el último borrador, que Bruselas tiene intención de aprobar este mismo mes de abril, aborda ya sin ambages la irrupción del Estado en el capital de las empresas en riesgo de colapso so pretexto de que esta eventual nacionalización de tejido empresarial reduciría el riesgo que para la economía de la UE representaría “un número significativo de insolvencias”; ayudaría a “preservar la continuidad de la actividad económica” durante el brote pandémico y respaldaría “la recuperación posterior”.

Presión de los grandes

Se trata de un giro de 180 grados respecto al planteamiento inicial tras el que se encuentra la fuerte presión de las mayores economías del euro: Alemania, Francia (en cuyo ADN está incrustado el virus del proteccionismo) e Italia, que en las últimas semanas no han ocultado su intención de recurrir a las nacionalizaciones para salvar a sus empresas emblemáticas.

En el borrador de su propuesta, que rema en la dirección contraria a lo que el Ejecutivo comunitario ha defendido a lo largo de su trayectoria, la propia Comisión reconoce que “varios Estados miembros están considerando tomar una participación en el capital de empresas estratégicas para garantizar que su aportación al buen funcionamiento de la economía de la UE no se vea comprometida”.

Curiosamente, Bruselas subraya que si dichas naciones (que no menciona) adquieren las acciones de esas compañías a precios de mercado o en igualdad de condiciones que inversores privados, “esto en principio no constituye ayuda estatal”. Italia, junto a España uno de los dos países europeos más castigados por la pandemia, ya anunció la nacionalización de la compañía aérea Alitalia a principios de mes, mientras que Alemania, que ya ha acudido al rescate de empresas como Adidas vía préstamo, no descarta tomar una participación en la aerolínea Lufthansa para evitar un fatal desenlace.

Por su parte, Francia, que ya es accionista de referencia en empresas clave de diferentes sectores estratégicos, como las energéticas Engie y EDF, la teleco Orange, la automovilística Renault o la aerolínea Air France-KLM, ha reiterado por activa y por pasiva que hará lo que sea preciso para salvaguardar a sus empresas más emblemáticas.

Reticencias de España

Esta operación de macrosalvamento empresarial no convence a España, más partidaria de una respuesta a escala europea, según informan a EXPANSIÓN fuentes próximas a la negociación en Bruselas, que señalan que la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, manifestó en el Eurogrupo muy serias reservas a la propuesta por el riesgo de generar distorsiones de competencia en el mercado europeo ante la distinta capacidad financiera de los países para acometer nacionalizaciones.

Unas reticencias a las que se sumó Holanda (el azote de España en la frustrada reclamación de los eurobonos), pero que, en cualquier caso, no parecen suficientes para hacer descarrilar la iniciativa, que, previsiblemente, saldrá adelante con un respaldo mayoritario.

La situación que está a punto de vivir Europa trae a la memoria lo sucedido en España en las décadas de los 70 y 80, cuando el fallido experimento del Instituto Nacional de Industria (INI) evidenció que el rescate generalizado de empresas públicas era una trampa para las finanzas públicas, cuyo riesgo crecía exponencialmente a medida que se incrementaba el número de participaciones estatales en empresas en apuros. Eran compañías a las que no se dejaba quebrar por el fuerte coste reputacional y político, pero que dejaban tras de sí un ingente reguero de pérdidas. A mediados de los noventa, sólo el déficit público derivado del respaldo financiero a las compañías nacionalizadas ascendía todavía al 4% del PIB, obstaculizando la entrada de España en la Unión Monetaria.

Alemania, Francia e Italia, que esgrimen que las nacionalizaciones ya se produjeron tras la crisis de 2008, aunque soslayan que se limitaron a los bancos y no a todos, buscan ahora mayor manga ancha para recapitalizar a sus empresas sin pasar por el filtro de Bruselas, que fija en 100 millones de euros el umbral a partir del cual deben notificarse las inyecciones de capital en empresas individuales. Mientras que gobiernos como el francés defienden un incremento sustancial de ese suelo, el Ejecutivo español no solo pide reducirlo aún más, sino también endurecer los requisitos para que las empresas accedan a la recapitalización.

Para Calviño, que en una entrevista en Financial Times lamentó que los países con más músculo económico “puedan apoyar sus economías de una manera más generosa que otros” y reclamó ya que “las garantías otorgadas a las empresas sean similares en toda la UE”, la respuesta a la catástrofe económica es un fondo de recuperación común dotado con 1,5 billones de euros que evite que la competitividad de los países más afectados por la pandemia se vea mermada en beneficio de los estados más pudientes.

Injerencias en la gestión

Otro riesgo importante para la economía de mercado es la tentación de interferir en la gestión de las empresas nacionalizadas, un peligro que en el caso de España y del Gobierno de coalición de PSOE-Podemos ya se materializó de forma nítida en enero, antes del inicio de la pandemia, con la dimisión de Jordi Sevilla como presidente de Red Eléctrica por las constantes injerencias de la vicepresidenta para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, en una compañía cotizada y en la que el Estado tiene una participación minoritaria, del 20%.

Pero el riesgo no se ciñe únicamente a las empresas estratégicas. Bruselas contempla permitir a los Estados recapitalizar sus empresas, grandes o pequeñas, cotizadas o no, siempre que se demuestre que sin la intervención del Estado esa compañía estaría abocada al cierre o tendría “serias dificultades” para mantener su actividad. Una generalización que los expertos temen que pueda derivar en una falta de control y en la imposición de criterios políticos y clientelismo.

Por ello, quizás en un intento de curarse en salud, la Comisión advierte de que la presencia pública en el capital debería ser una opción de “último recurso” dado su carácter “altamente distorsionador de la competencia entre empresas”. Bruselas también aboga por una permanencia temporal, lo más corta posible, del Estado como accionista, pero esto corre el riesgo de quedar en un mero wishful thinking, pues una vez bajo el paraguas público resultará difícil que una empresa recompre la participación pública. Más si como propone la Comisión la salida se penaliza sensiblemente.

10 junio 2020

(Tomado de El Cronista)

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Merkel saca otros 130.000 millones para estimular la economía alemana con el apoyo de los socialdemócratas

En Alemania, de la crisis económica generada por la COVID-19 se sale también con un paquete de ayudas para familias, empresas, municipios con deudas e inversiones de futuro por valor de 130.000 millones de euros. La 'gran coalición' de conservadores y socialdemócratas germanos lo tiene claro.

Por eso, los partidos gubernamentales teutones acordaban en la noche del miércoles unas medidas sin precedentes. Es un paquete de estímulo económico "histórico", según lo ha calificado el Handelsblatt, el diario económico de referencia en el país de la canciller Angela Merkel.

La inédita situación económica generada por las medidas contra la propagación del SARS-CoV-2, el virus de la COVID-19, necesita soluciones de dimensiones nuevas. Muchas de esas medidas ya se han puesto en marcha. En Alemania, por ejemplo, el Gobierno de Merkel anunciaba en marzo que se endeudaría en 156.000 millones de euros además de levantar un Fondo de Estabilización para la economía de 600.000 millones de euros.

A nivel Europeo, el Banco Central Europeo (BCE) vive días de activismo nunca visto. Lo demuestra su reciente anuncio de compra de deuda por valor de 600.000 millones de euros, llevando así su programa de adquisiciones de deuda a 1,35 billones de euros. Sin embargo, aún no hay un programa de estímulo económico para toda Europa, una realidad ante la cual en Berlín se han desmarcado. Merkel y compañía han hecho de Alemania el primer país en dotarse de un gran plan de estímulo frente a las consecuencias de la pandemia.

"Se espera que haya también a nivel europeo un conjunto de medidas de inversión y de créditos para el estímulo económico. Pero incluso a nivel europeo hay limitaciones. Por eso el programa alemán es algo nacional. Actuar en el sistema fiscal es algo que corresponde a cada país", dice a eldiario.es Martin Beznoska, analista del Instituto de la Economía Alemana, un centro de estudios económicos con sede el Colonia. Alude, entre otras cosas a las rebajas fiscales que incluye el plan de estimulo alemán.

Las medidas acordadas por Merkel y compañía fueron presentadas el miércoles bien entrada la noche, después de 21 horas de negociación. En principio, el plan se iba a presentar el martes al mediodía. Pero se necesitó de mucho más tiempo de deliberación para gestar el ya llamado aquí como "el mayor programa de estímulo de todos los tiempos" en Alemania, según los términos del ministro germano de Economía, el conservador Peter Altmaier.

El plan busca animar el consumo de las familias, las inversiones y el apoyo a los municipios con deudas, además de plantear ayudas fiscales para hogares y empresas. Así, cada familia recibirá 300 euros por niño, cantidad que se suma a las ayudas por hijo que ya reciben los hogares germanos. El consumo de las familias también se verá beneficiado por rebajas temporales de impuestos, pues el IVA bajará del 19% al 16%. En los sectores donde ese impuesto ya estaba reducido al 7%, quedará en un 5%.

Esta medida, por sí sola valorada en 20.000 millones de euros, tiene una acción limitada en el tiempo. Será valida desde el próximo mes de julio hasta diciembre. Según ha reconocido la propia Merkel, está destinada a aquellas personas que "más cuidado llevan a la hora de satisfacer su necesidades de gasto diario".

Ayudas sólo a los coches "de futuro"

Más del doble de esos 20.000 millones de euros estarán destinado, según lo presentado por Merkel y compañía, para lo que aquí se presenta como "inversiones de futuro". A saber, ayudas destinadas a la digitalización del país y a la promoción de la movilidad eléctrica.

Concretamente, se ha puesto sobre la mesa el apoyo con hasta 6.000 euros en la compra de coches eléctricos, la creación de más puntos de carga de baterías de vehículos eléctricos y ayudas por valor de 2.500 millones de euros a los transportes públicos de proximidad. También se rebajará el precio de la electricidad de fuentes de energías renovables.

"Queremos ofrecer un futuro a las próximas generaciones", decía la canciller a cuenta de las medidas presentadas el miércoles tras la sesión maratoniana de negociaciones.

En ese futuro, la poderosa industria alemana del automóvil tendrá mucho que cambiar. Porque las autoridades en Berlín han dado la espalda a toda idea de animar con ayudas a la compra de vehículos con motor de combustión, ya sean de gasolina o diésel. Así, el plan de estimulo de Merkel y compañía no entraña un empujón para los tradicionales vehículos de éxito de fabricantes germanos como BMW, Daimler o Volkswagen.

"El paquete de estímulo no está tan bien como se esperaban en la industria del automóvil", según editorializaba sobre esta cuestión el periodista Max Hägler en el diario Süddeutsche Zeitung, referente informativo en dos de las regiones donde más importancia tiene la industria del automóvil: Baviera y Baden-Wurtemberg. Los fabricantes de coches teutones tendrán que conformarse con los beneficios que entraña las bajada del impuesto al valor añadido.

De las negociaciones ha trascendido que en la Unión Cristiano Demócrata (CDU) y la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), partidos que componen la conservadora y mayoritaria parte de la 'gran coalición', se deseaba apoyar también a los coches con motor de combustión. Pero esta idea es algo que han sabido contener los socialdemócratas. Éstos tienen en el Gobierno a todo un ministro de Hacienda y vicecanciller, Olaf Scholz.

"El SPD se ha impuesto. La CDU/CSU quería una medida de ayuda en general a la compra de vehículos y esto lo ha evitado el SPD. En lugar de eso se han decidido las medidas de bajada del IVA", dice Beznoska. A su entender, el ahorro que ha supuesto el no ayudar a los coches con motor de combustión se puede estimar en más de 50.000 millones de euros.

Un estimulo necesario frente a la recesión

Sea como fuere, lo que ahora preocupa en Alemania es si el estímulo económico logrará relanzar la economía. La previsión del Gobierno es que la contracción del PIB en este 2020 sea del 6,3%. Se tiene el convencimiento de que en 2021 el crecimiento volverá con fuerza a Alemania. Eso pasa por recoger los frutos del "histórico" plan de estimulo.

"El paquete de estímulo es necesario y supone un buen impulso para la economía. Porque las inversiones a nivel de futuro como la digitalización siempre serán algo que llevar a cabo, independientemente de la crisis. Para las empresas, las reducciones fiscales también tienen sentido y son algo positivo", estima Beznoska, que se muestra más comedido sobre qué supondrá para el consumo el plan de la 'gran coalición' de Merkel. "Respecto a las medidas para incentivar la demanda, habrá que ver si tienen un efecto de verdad. Porque hasta que la gente no tenga confianza no va a empezar a consumir", plantea este experto.

Del mismo modo, está por ver si Alemania se convierte ahora en un ejemplo para Europa y otros países europeos pendientes de estimular sus economías. "Puede que otros países tomen ejemplo si ven que la experiencia de Alemania es buena. Muchas medidas son interesantes para otros países, porque tienen problemas similares", concluye el investigador del Instituto de la Economía Alemana.

Por Aldo Mas - Berlín

05/06/2020 - 21:54h

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En el hospital de campo Gilberto Novaes, en Manaos, Brasil, los pacientes con Covid-19 son tratados dentro de un sistema de ventilación no invasivo llamado Cápsula de Vanessa. Brasil, con un total de 254 mil 220 casos, se convirtió en el tercer país del mundo con mayor número de contagios.Foto Ap

Francia y Alemania propusieron ayer un plan de reactivación de 500 mil millones de euros para hacer frente al impacto económico del Covid-19, que está sumiendo al continente en una recesión histórica y causó más de 317 mil muertos en todo el mundo.

El mundo espera con ansia una cura que ponga freno a la epidemia, y el presidente chino, Xi Jinping, prometió que si China la encuentra, ésta será un "bien público mundial".

Tras semanas de polémica sobre un asunto que enfrentaba a los países del norte y del sur de Europa y que amenazaba con fracturar la cohesión de la Unión Europea (UE), el presidente francés, Emmanuel Macron, y la canciller alemana, Angela Merkel, abrieron la vía a una mutualización de la deuda en el seno del club.

Los dos mandatarios propusieron que la Comisión Europea financie y apoye la reactivación económica recurriendo a los mercados de deuda "en nombre de la UE" y que luego entregue ese dinero a los países europeos y a "los sectores y regiones más afectados".

Los mercados europeos reaccionaron positivamente a esos anuncios, con fuertes alzas (5.6 por ciento en Fráncfort, 5.1 en París, 4.7 en Madrid, 4.29 en Londres y 3.26 en Milán). Falta que París y Berlín convenzan al conjunto de los estados miembros de la UE. Austria ya advirtió que las ayudas de la UE se realicen en forma de préstamos y no de subvenciones.

En Ginebra, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, señaló en la asamblea anual de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que reunió a 194 países por videoconferencia, que el mundo está pagando un "alto precio" por las estrategias divergentes emprendidas contra la pandemia.

"Como consecuencia de ello, el virus se ha propagado por todo el mundo y se dirige ahora hacia los países del sur, donde podría causar efectos todavía más devastadores", agregó. Es necesario un "esfuerzo multilateral enorme" frente a esta "tragedia".

Eventual vacuna china sería bien público mundial

El presidente chino, Xi Jinping, aseguró que una posible vacuna china se convertiría en un "bien público mundial" y prometió que su país destinaría 2 mil millones de dólares en un plazo de dos años para la lucha mundial contra el Covid-19.

Pese a la escalada de tensiones entre Washington y Pekín, los participantes esperaban adoptar por consenso una resolución propuesta por la UE para pedir un "proceso de evaluación" de las medidas tomadas por la organización frente la pandemia.

Para el secretario estadunidense de Salud, Alex Azar, la OMS "fracasó en obtener las informaciones que necesitaba el mundo y su derrota ha costado muchas vidas". Más tarde, el presidente Donald Trump fue más allá y acusó a la organización de ser "una marioneta de China".

En un contexto tan tenso, el director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, prometió que promoverá una investigación "independiente" sobre la respuesta que la agencia de la ONU y sus estados miembros dieron a la pandemia, "lo más pronto posible, en el momento apropiado".

Hasta este lunes, la pandemia ha dejado 317 mil 695 muertos, 4 millones 782 mil 539 contagiados y un millón 776 mil 388 pacientes recuperados en el mundo, de acuerdo con la Universidad Johns Hopkins.

La basílica de San Pedro de Roma reabrió sus puertas al público, símbolo de un retorno a una relativa normalidad en Italia donde el desconfinamiento entra en la "fase dos", con la reapertura de los comercios, los cafés y las terrazas y la reanudación de las misas.

Otro monumento emblemático del viejo continente también comenzó a recibir visitantes: la Acrópolis de Atenas reabrió en una ceremonia encabezada por la presidenta, Katerina Sakellaropoulou, en presencia de algunos periodistas y empleados con mascarillas.

"Nunca vimos tan poca gente en la Acrópolis. Es como si tuviésemos una visita privada", declaró una ciudadana rusa, quien vive en Atenas desde hace cinco años.

Cientos de personas, entre ellas líderes del parido de ultraderecha Vox, protestaron al grito de "libertad" en varias partes de Madrid para exigir que se quiten las restricciones de movilidad en la capital y que dimita el gobierno del socialista Pedro Sánchez, informó el diario español El País.

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Avianca, la segunda aerolínea más grande de América Latina, se declara en quiebra voluntaria por el covid-19

"Acogerse a este proceso fue necesario debido al impacto imprevisible de la pandemia covid-19, que ha provocado una disminución del 90% del tráfico mundial de pasajeros", han explicado desde el consorcio.

 

El consorcio aerocomercial latinoamericano Avianca Holdings —que surgió en el 2010 como resultado de la fusión de la aerolínea colombiana Avianca y la salvadoreña TACA Airlines— ha anunciado este 10 de mayo que inicia el procedimiento de reorganización voluntaria para preservar operaciones debido a la pandemia de coronavirus.

En este contexto, el consorcio ya presentó ante el Tribunal de Bancarrota del Distrito Sur de Nueva York una solicitud para acogerse voluntariamente al Capítulo 11 del Código de Bancarrota de EE.UU.

"Acogerse a este proceso fue necesario debido al impacto imprevisible de la pandemia covid-19, que ha provocado una disminución del 90% del tráfico mundial de pasajeros y se espera que reduzca los ingresos de la industria en todo el mundo en 314.000 millones de dólares, según la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA)", ha explicado la empresa en un comunicado, acompañado por la etiqueta Avianca #SeguiráVolando.

Desde la aerolínea, la mayor de Colombia y El Salvador, y la segunda más grande de América Latina, han detallado que, a lo largo del proceso de quiebra, supervisado por el tribunal, Avianca continuará operando.

Además, "Avianca continúa participando en conversaciones con el Gobierno de Colombia, así como con los de sus otros mercados clave, con respecto a las estructuras de financiamiento que proporcionarían liquidez adicional a través del proceso del Capítulo 11 y que desempeñarían un papel vital para garantizar que la compañía salga de su reorganización como una aerolínea altamente competitiva y exitosa en las Américas", han asegurado.

Publicado: 10 may 2020 23:43 GMT

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Trump acuerda un rescate con las aerolíneas de Estados Unidos

El Tesoro destinará más de 25.000 millones de dólares para evitar quiebras y despidos masivos en un sector devastado por la pandemia

La Administración de Donald Trump ha llegado este martes a un acuerdo con las principales líneas aéreas del país sobre los términos de un rescate económico para evitar quiebras y por tanto despidos en un efecto dominó en un sector que emplea a más de 750.000 personas. Desde que comenzara la pandemia de coronavirus, el número de pasajeros en las aerolíneas ha caído más de un 96% desde que empezó la crisis y las empresas se han visto forzadas a cancelar más del 70% de los vuelos. Una asociación aérea internacional cifra en más de 300.000 millones de dólares las pérdidas de la industria a nivel global y decenas de miles de empleados los que han sido dados de baja sin sueldo. Otras muchas miles de personas también han perdido empleos indirectamente relacionados con ese sector.

El Departamento del Tesoro ha anunciado que American Airlines, Delta Airlines, United Airlines y Southwest -las cuatro grandes, además de algunas otras- han aceptado la ayuda del Gobierno a pesar de que estaban reticentes por las contrapartidas que puedan tener de intervencionismo estatal. Según ha asegurado en un comunicado el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, “se está trabajando para estudiar y aprobar que otras empresas de transporte aéreo más pequeñas tengan también ayuda lo más pronto posible”. El Tesoro ha informado que la discusión afectará también a las compañías de carga.

A pesar de que el Tesoro no ha dado cifras, los distintos medios norteamericanos estiman que el rescate ascenderá a unos 25.000 millones de dólares que ya están suscritos dentro del histórico plan de 2,2 billones de dólares aprobado por Trump para apuntalar la economía y tiene como objetivo que las aerolíneas puedan afrontar el pago de nóminas. American Airlines, por ejemplo, recibirá casi 6.000 millones de dólares.

Mnuchin ha dicho en el comunicado que el programa “apoyará a los trabajadores estadounidenses y ayudará a preservar la importancia estratégica de la industria de las aerolíneas, al tiempo que permitirá una compensación adecuada a los contribuyentes”. Según el paquete de estímulo económico, las empresas privadas que reciban las ayudas del Gobierno deberán mantener el 90 % de la plantilla que tenían a fecha del 24 de marzo y restablecer, una vez pase el estado de emergencia, el 90 % de la plantilla que tenían a 1 de febrero. Los empleados deberán mantener su sueldo íntegro.

El rescate anunciado tiene contrapartidas: las compañías deben reembolsar un 30% del dinero que reciban y el Gobierno federal debe recibir una suerte de garantías a cambio de su ayuda, productos financieros que pueden ser convertidos en acciones. Estas deben equivaler al 10% del valor de la ayuda que cada una reciba. A pesar de que la Administración no ha desvelado los términos del acuerdo, fuentes próximas al pacto citadas por las agencias de prensa, aseguran que el Estado pasará a ser accionista minoritario de las compañías firmantes.

Uno de los principales sindicatos del sector, Asociación de Asistentes de Vuelo, ha calificado los términos del acuerdo de “éxito sin precedentes” pero ha acusado a Mnuchin de hacer política con la ayuda en lugar de “llegar a un acuerdo en el Congreso de manera bipartidista”.

Washington - 14 abr 2020 - 18:20 COT

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Europa y EE UU movilizan tres billones de euros contra el virus

Las dos áreas preparan gigantescas líneas de avales, planes fiscales e incluso cheques para los ciudadanos

 

Sálvese quien pueda, sí. Pero sálvese. Europa y EE UU quieren vencer al coronavirus como sea. Para ello, preparan una colosal operación de movilización de fondos como pocas veces ha visto en la historia. A Europa le ha fallado la unión. Cada Gobierno ha salido por su cuenta. Pero, según calcula la Comisión, los Veintisiete, van a enchufar un total de 1,6 billones de euros en liquidez y 150.000 millones en medidas fiscales. Reino Unido prepara, por su parte, una línea de crédito de 360.000 millones. En EE UU, Trump quiere movilizar un billón de dólares (920.000 millones de euros). Gran parte irá directo al bolsillo de los ciudadanos.

Europa no ha sido capaz de dar una respuesta a la crisis centralizada desde Bruselas, pero los socios de la UE están lanzando casi al unísono medidas de liquidez que la Comisión estima que suman alrededor de 1,6 billones euros y medidas fiscales por unos 150.000 millones. Las capitales se han decantado sobre todo por las garantías y avales para movilizar préstamos bancarios. Solo Berlín, París y Madrid prevén llegar al billón de euros.

Los números del primer golpe que Europa quiere asestar a esta crisis distan de los de 2008, cuando los entonces Veintiocho acordaron un plan de estímulos de 200.000 millones de euros, equivalente al 1,5% del PIB. Esa cifra que entonces pactaron 28 países es la misma que el martes barajó Pedro Sánchez tan solo para España. En 2008 se trataba de relanzar la economía con medidas que fomentaran la inversión y el consumo. Ahora es otra cosa: mandar al grueso de la economía a hibernar hasta que la intensidad del brote caiga lo necesario para que la actividad vaya recobrando el pulso.

Europa se ha centrado en buscar medidas para asegurar que sus compañías, en especial las pequeñas y medianas, no se quedan secas y acaban muriéndose. Alemania ha anunciado 500.000 millones en avales; Francia, 300.000, y España, 117.000. El Reino Unido, ya fuera de la UE, seguirá el mismo camino con garantías para movilizar hasta 360.000 millones de euros. El exsecretario del Tesoro italiano Lorenzo Codogno, sin embargo, opina que el paquete no es comparable con el de 2008. “Se trata de garantías para préstamos, cuya materialización dependerá de si los bancos las usan, que pueden no tener un efecto inmediato y que pueden no generar créditos nuevos sino cubrir los ya existentes”, señala.

Santiago Carbó, catedrático de CUNEF, cree que las medidas de los países de la UE van “en la dirección correcta”, aunque preferiría una operación conjunta para apuntar con el bazuca. “Y si el dinero se inyecta en vena, mejor”, apunta. EE UU estudia hacerlo así, vía cheques a los ciudadanos. Pero Nicolas Veron, del Peterson Institute for International Economics, recuerda la diferencia entre los Estados de bienestar de uno y otro continente. Es decir, Trump necesita echar mano de un plan de estímulos para proteger a sus ciudadanos, mientras que la UE tiene una red de seguridad más fuerte.

La segunda pata de los planes europeos contiene ayudas a las empresas, como los 8.000 millones para las reducciones de jornada en Alemania, los 45.000 millones prometidos por Emmanuel Macron para apoyar a empresas o los 500 euros que Italia ingresará a sus autónomos. El director del think tank Bruegel, Guntram Wolff, echa de menos otras medidas para garantizar que las empresas puedan sobrevivir en un contexto de parálisis total de la actividad y números rojos. Por ejemplo, una actuación coordinada para reducir las cotizaciones a la Seguridad Social. “Se trata de socializar esas pérdidas para que el rebote sea muy rápido”, añade.

Pero dada la voracidad del virus con la actividad económica, Bruselas espera una nueva ronda de medidas. “Lo que ayer no era posible, hoy quizá lo es y mañana sí”, recuerda Ángel Talavera, de Oxford Economics, quien opina que los Gobiernos deberán ir más allá de los avales para mantener vivas las empresas.

Trump: “A lo grande”

En EE UU, Trump ha desplegado todo el arsenal del que dispone el Estado para combatir la pandemia, con un paquete de ayudas que, de aprobarse en los términos que propone la Casa Blanca, carecería de precedentes en volumen y velocidad de implementación. La intención es inyectar hasta un billón de dólares en la economía. El detalle del plan sigue debatiéndose en el Capitolio, y el Departamento del Tesoro ha circulado entre los congresistas un documento de dos páginas con las prioridades de la Casa Blanca para el acuerdo final, que esperan se alcance esta misma semana. “Queremos ir a lo grande”, explicó Trump en una comparecencia ante la prensa.

La mitad de ese billón de dólares se iría en dos masivos envíos de cheques al conjunto de los ciudadanos, exceptuando a algunos con ingresos altos. La propuesta del Gobierno es hacer dos pagos idénticos a los estadounidenses —uno el 6 de abril y otro el 18 de mayo— para ayudarles con el pago de las facturas y activar el consumo. Aunque en los pasillos se habla de un monto medio de 1.000 dólares cada cheque, el documento que el Tesoro ha envidado a los congresistas dice que “las cantidades de los pagos serán fijadas y niveladas en base al nivel de ingresos y el tamaño de la familia”.

El plan contempla también destinar 50.000 millones de dólares a la creación de un “servicio de préstamos asegurados para la industria de las aerolíneas”. Otros 150.000 millones se destinarían a apoyar a otros sectores afectados por la crisis, como el hotelero. Y el plan prevé dedicar 300.000 millones a ayudar a las empresas pequeñas a eludir despidos masivos. Según la carta, se trata de “proporcionar continuidad al empleo durante las interrupciones de la actividad”, con la creación de “un programa de préstamos” para compañías con menos de 500 trabajadores. El martes, el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, advirtió a los senadores de que, en “el peor escenario posible”, la tasa de desempleo podría dispararse hasta el 20%.

El Gobierno permitirá además aplazamientos de 90 días en los pagos de los impuestos sobre la renta y de sociedades, sin intereses ni penalizaciones. Esta medida, calculó Mnuchin, servirá para amortiguar temporalmente la pérdida de salarios y la bajada de la demanda, inyectando 300.000 millones de dólares en la economía.

La Reserva Federal también ha activado sus poderes de emergencia para apoyar la economía. El martes anunció que empezará a comprar papel comercial, un instrumento de financiación a corto plazo emitido por las compañías, y que establecerá un programa de préstamos destinado a ayudar a los bancos para que el crédito siga fluyendo a empresas y hogares. Mnuchin aseguró en la Casa Blanca que el banco central, con la protección del Tesoro, estará en condiciones de comprar papel comercial por valor de un billón de dólares “a medida que se necesite”.


 En China ahora la prioridad es recuperar el empleo

“Permitid que más trabajadores vuelvan a trabajar y a ganar dinero cuanto antes”, proclamó ayer Li Keqiang, primer ministro chino. Con estas palabras, el segundo hombre del organigrama del país pide acelerar la reactivación de la economía. Su actividad ha sufrido un enorme golpe por la pandemia que tuvo su epicentro en Wuhan. Este primer trimestre se prevé un retroceso histórico del PIB. Pero China ha movilizado muchos menos recursos contra el coronavirus que Europa y EE UU. La mayor parte de las iniciativas públicas han tenido a las pymes como destinatarias. El objetivo era solucionar tres problemas: la falta de fondos, la falta de capital humano y la saturación de los servicios logísticos. La acción se llevó a cabo desde varios frentes. El Banco Central estableció un fondo de préstamos por valor de 300.000 millones de yuanes (casi 39.000 millones de euros). El Ministerio de Finanzas aplicó subsidios y recortes de impuestos, así como la suspensión del pago de intereses bancarios a negocios afectados por la pandemia. El Ministerio de Recursos Humanos y Seguridad Social rebajó las cotizaciones. Ahora, con la infección reproduciéndose ya a niveles mínimos, el Gobierno aspira a amortiguar el impacto. Li dejó claro que la prioridad es estabilizar el empleo, lo que pasa por facilitar la reincorporación del personal a los sectores productivos. "Los controles temporales ya no son necesarios", aseguró, apremiando a las administraciones a eliminar los protocolos de seguridad que se puedan abandonar sin riesgo. Este impulso al empleo es la continuación del paso precedente, el propósito original del Gobierno, que pasaba por lograr una reactivación industrial plena. Los esfuerzos parecen haber funcionado: los índices de actividad elaborados por la consultora Trivium estiman que la economía china ya está funcionando a un 70% de su capacidad, una cifra que ha ido progresando en las últimas semanas, pero de la que las pymes siguen siguiendo el extremo débil. Puesta en marcha la oferta, ahora es el momento de centrarse en la demanda. Tras su reunión el viernes pasado, la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma publicó un documento guía para potenciar el consumo. La municipalidad de Nanjing, por ejemplo, ha comenzado una iniciativa para dar a sus ciudadanos vales descuento electrónicos por un total de 318 millones de yuanes (41 millones de euros) a emplear en restaurantes, gimnasios, librerías y tiendas de electrónicos. El Gobierno espera que el consumo sea el tercer y último empujón que eche la economía china a rodar de nuevo.

Bruselas / Washigton / Pekín - 18 mar 2020 - 18:30COT

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Jueves, 22 Noviembre 2018 05:45

Mangoneo bancario-financiero

Mangoneo bancario-financiero

"Creo que los entes gigantes de la banca/finanzas (de Wall Street-WS) siguen siendo demasiado grandes para dejar que quiebren" (too big to fail, TBTF). Si se hunden, hunden la economía y eso les garantiza los rescates. Neel Kashkari sabe lo que dice: fue el administrador del rescate bancario –700 mil millones de dólares– luego que estalló la debacle financiera que siguió a la quiebra de Leh-man Brothers (septiembre de 2008). Kashkari expresó su preocupación a la Brookins Institution. Dijo que la casi certeza del rescate induce la especulación y la toma de riesgos con el dinero de sus clientes.

A la fusión de bancos con firmas de inversión que genera entes TBTF agrégase que Trump presentó y el Senado aprobó en marzo nueva legislación que debilita los instrumentos de freno a la especulación contenidos en la Ley Dodd-Frank de 2010 para aminorar la amenaza de otra debacle. La preocupación de Kashkari, también de Elizabeth Warren y Bernie Sanders, entre otros, es válida en México, cuya banca es mangoneada en su casi totalidad por sucursales cuyas matrices son los TBTF-WS.

La información develada sobre el rescate estremece. Atilio Borón (biblioteca.clacso.edu.ar ), corroborado por Sanders, indica que el rescate fue inmenso. Recuerda que luego de una auditoría a la Fed de GAO, se supo que además de los 700 mil mdd se canalizaron 16 billones (trillones, en inglés) a los TBTF-WS de los que 2.5 billones fueron para Citigroup.

Sanders ofrece datos clave sobre los seis principales bancos TBTF-WS: JP Morgan Chase, Bank of America, Citigroup (Banamex), Wells Fargo, Goldman Sachs y Morgan Stanley: controlan activos equivalentes a más de la mitad del PNB de EU, que en 2017 fue de 18 billones, 45 mil mdd. Los primeros cuatro bancos, Citigroup (la matriz de Citibanamex) incluido, crecieron 80 por ciento, desde la posición que tenían antes del megarrescate. En EU "tenemos una suerte de socialismo para los muy ricos. Una verdadera oligarquía", dice Sanders, sanders.senate.gov. Propone que "no debe permitirse bancos fusionados con firmas de inversión a un nivel en que su quiebra represente un riesgo catastrófico para millones de ciudadanos o que coloque en riesgo a la economía de la nación".

Eso fue replanteado por Sanders y el diputado Brad Sherman de California como iniciativa de ley en octubre pasado. Va por la "transformación legal" de los TBTF, que pasan a la categoría de too big to exist, TBTE (demasiado grandes para existir). En la pasada década, luego de la devastación de 2008 los primeros cinco bancos más grandes acumularon ganancias por 583 mil mdd. El riesgo total y combinado de los seis bancos más grandes fue de 13 billones de dólares, mientras el PNB de EU en 2008 fue de: 14 billones 713 mil mdd. La iniciativa de lLey Sanders/Sherman limitaría a los grandes bancos y firmas financieras a un crecimiento conjunto "no mayor a 3 por ciento del PNB". La iniciativa también incluye a compañías de servicios no bancarios: Prudential, MetLife y AIG. Las sucursales de esos seis TBTF más Bancomer (España), dominan e inciden en las decisiones de la "banca mexicana" y de la banca central de allá (Fed) ¿y de acá (BdeM) no?

En EU los TBTF forman parte de los consejos regionales de la Fed, por lo que el peso de los TBTF-WS en el regulador que los "regula" es considerable: allá y acá sus TBTF-WS imponen las alzas en las tasas de interés al menor indicio "de inflación" o sea: según circunstancias y conveniencias (Sanders NYT, 23/12/15) como ablandar a Morena. Es en este contexto y no en un "mercado" "que se inquieta", donde ocurrió la estampida bancario/financiera ante una iniciativa de ley de Morena presentada por el senador Monreal, para moderar las abusivas comisiones que cobran aquí las sucursales de los TBTF-WS que mangonean en México. Van por la especulación y no la producción.

No por estar "inquieto" el mercado, el desplome de la bolsa y el aumento en la tasa de interés dejan de percibirse como "disciplinamientos preventivos", un: "no tocar la banca ni con el pétalo de una rosa". El dispositivo estuvo bien coordinado, pero mal calibrado por prematuro y excesivo ante un intento justo: "poner en orden unos mecanismos desorbitados de extracción de excedentes y transferencia al exterior", como bien juzgó un colega.

La capacidad para regular lo bancario y financiero es esencial a toda transformación y al "no les voy a fallar" de AMLO como respuesta a un compromiso estratégico con la meta del desarrollo y el bienestar económico y social. En 2008, Emir Sader advirtió la necesidad de un diseño que “reglamente la circulación del capital financiero, que centralice el mercado de cambios, que penalice con altas tasas las inversiones especulativas, que someta en los hechos y directamente los bancos centrales a los gobiernos, que dé prioridad a lo social sobre la dictadura de la economía y que promueva centralmente el mercado interno de consumo de masas…”

jsaxef.blogspot.com

facebook: JohnSaxeF

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Sábado, 27 Octubre 2018 05:31

La próxima crisis será más grave

La próxima crisis será más grave

En declaraciones recogidas por Nicolas Domenach, François Langlet, conocido periodista económico y divulgador francés, se expresa sobre las posibilidades de crisis, como parte de un amplio reportaje especial del mensual Le Nouveau Magazine Littéraire bajo el título “El capitalismo ya no responde”. 

¿La próxima crisis que parece dibujarse puede ser fatal?


La próxima crisis será verosímilmente más grave que la de 2008, porque en 2008 se trató un exceso de endeudamiento con un incremento del endeudamiento. Se trató el mal, por tanto, con mayor mal. Ahora bien, iguales causas producen iguales efectos. Lo que nos espera, aunque nadie pueda prever la fecha con certeza: depreciación del valor de las activos, acciones, inmobiliario, obligaciones, cuyo valor se ha hinchado por la creación de moneda por parte de los bancos centrales. Para evitar el hundimiento, hemos elevado una vez más la altura del edificio moviendo crédito generalizado y mundializado. Es probable que esto no dure.


¿Tienen los estados todavía los medios y la voluntad de regular un capitalismo financiero que ha enloquecido? ¿Y pueden controlar los GAFA [Google, Apple, Facebook y Amazon]?
Los estados disponen de todos los medios para regular el capitalismo. El problema es que los límites que ponen no hacen más que desplazar la locura especulativa. Si se regulan los bancos –algo que se hizo después de 2008- las finanzas se desplazan al shadow banking, el sistema financiero paralelo.


El determinante principal de la crisis financiera es la psicología de las multitudes, es decir, los comportamientos borreguiles de los inversores, que perduran igual que el deseo de enriquecerse, es decir, mucho tiempo.


Es inútil esperar un mundo sin crisis, es ilusorio pensar que el Estado y los poderes públicos son una solución a la crisis financiera. Hay que regular, desde luego, pero eso no supone una protección absoluta. La vigilancia ha de ser permanente.


La patronal y los políticos ¿son conscientes de las apuestas, o se contentan con hacer populismo patronal para unos y política para otros?


Los patronos de las empresas que cotizan en Bolsa se ven a menudo forzados a respetar las reglas de juego del sistema actual: el que ignorase deliberadamente a sus accionistas se condenaría, lo cual lleva a veces a la empresa a prácticas contestables, como la recompra de las propias acciones, privándola de medios para invertir. En cuanto a los dirigentes políticos, no tienen siempre un buen conocimiento de los mecanismos de las finanzas y de la Bolsa, a falta de haber trabajado en empresas, lo que les conduce a menudo a los “Basta con…”


Los populistas son los más inclinados a estos atajos, tanto más seductores por cuanto los partidos tradicionales, lo mismo los de izquierda que los de derecha, no vieron venir la última gran crisis.


¿Hay contradicción radical entre capitalismo y ecología o, a la inversa, puede el capitalismo salvar la Naturaleza después de haberla saqueado?
Por definición, el capitalismo es predador, utiliza los recursos naturales para aumentar la producción y la riqueza, la de los accionistas, los asalariados o los consumidores. Hay, por tanto, una contradicción fundamental entre crecimiento y ecología. Pero se puede superar de diversas maneras. En primer lugar, instaurando reglas que limite la utilización de recursos. Y siguiendo con un mecanismo que haga subir el precio de los bienes en función de su escasez. Los recursos escasos deben facturarse más caros para disuadir de su utilización. Y el aumento del precio, en una economía de mercado, desencadena la investigación de innovaciones para substituir el antiguo modo de producción por uno nuevo, más económico en recursos. Esta espiral virtuosa no puede desarrollarse más que gracias a la interacción entre la mano invisible, la del mercado, y la mano bien visible del regulador.

Por François Lenglet, periodista especializado en Economía, se ocupa de dicha sección en las emisoras francesas de radiotelevisión RTL y TF1. En los años 90 trabajó como jefe de redacción y director adjunto de la revista económica L´Expansion, así como en Enjeux-Les Échos, suplemento mensual del diario económico Les Échos, y La Tribune. Su último libro es Tordez le cou aux idées reçues. Fuente: Le Nouveau Magazine Littéraire, nº 10, octubre de 2018


Le Nouveau Magazine Littéraire, nº 10, octubre de 2018
Traducción: Lucas Antón

 

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Lunes, 10 Septiembre 2018 07:43

Década turbulenta

Década turbulenta

La historia se compone de hechos y también de su interpretación. Esta relación nunca es trivial. En estos días se cumplen 10 años de un hecho clave de la crisis financiera de 2008: la quiebra de Lehman Brothers, el poderoso banco de Wall Street.


La quiebra fue alentada por las autoridades financieras de Estados Unidos en una muy controvertida decisión. Lo cierto es que la crisis era ya incontrolable.


Esas mismas autoridades destinaron en aquellos días enormes cantidades de dinero público para intervenir muchas otras instituciones financieras y mantenerlas a flote.


Lehman es uno de los símbolos del estallido de la crisis y de sus repercusiones 10 años después. Para recordar aquella fecha, los diarios en todas partes y las revistas especializadas han publicado artículos diversos sobre la efeméride.


Llama la tención la nota publicada en The New York Times y firmada por tres de los principales protagonistas del rescate instrumentado en septiembre de 2008 en medio de la sonada quiebra.


Se trata de los que entonces eran: presidente de la Reserva Federal, Bernanke; secretario del Tesoro, Paulson, y Geithner, presidente de la Fed de Nueva York, la más importante institución del sistema de la banca central de Estados Unidos.


Tres figuras notorias, cuyas decisiones marcaron el rumbo de la crisis y los efectos adversos que, según muchos coinciden, no se han superado. Las notas de este aniversario exponen definido escepticismo con respecto a las condiciones que pueden precipitar una nueva crisis.


No es el caso del texto de referencia. Ahí afirma que la semilla de aquella crisis se cultivó durante décadas en el sistema financiero estadunidense (lo que puede en realidad entenderse como el sistema global de deuda), superó las medidas de protección en contra de los pánicos que se crearon tras la debacle de 1929.


Para 2007, dicen, la mitad de todo el crédito provenía de entidades no bancarias, y las innovaciones, como fueron las hipotecas chatarra, propiciaron un riesgo excesivo de los prestamistas e inversionistas. La nota revisa las principales medidas de un modo higiénico y sin autocrítica alguna. Hay mucha soberbia.


¿Dónde estaban, pues, los reguladores y responsables de la solvencia financiera que firman la nota? Una de las aristas de la crisis y no sólo de la que aquí se trata es, precisamente, el de las responsabilidades, incluida la de los legisladores que formulan las regulaciones vigentes.


Quienes dirigen los bancos centrales se han convertido, como consecuencia de la propia crisis, en figuras clave de la gestión financiera y política de las severas medidas de ajuste que se aplicaron en las principales economías y de una fragilidad social de la que el caso de Grecia es, ciertamente no único, pero sí ejemplar.


El que esos funcionarios ejercieron, y aun lo hacen, un papel predominante, no sólo en materia financiera, sino fundamentalmente política, no son electos por los ciudadanos; las instituciones que encabezan tienen un estatuto de independencia con respecto del poder Ejecutivo y muy escasa sujeción al Legislativo. Esos mismos funcionarios saben que no se ha hecho lo suficiente para prevenir una nueva gran crisis.


Las crisis son inmanentes al dinero y al crédito, es decir, al sistema financiero y eso hay que distinguirlo de las condiciones que propician una crisis de la magnitud de 2008. Los bancos comerciales han reforzado su capital y se dice que son más resistentes. Pero en esencia el crédito fluye de instituciones no bancarias, expuestas a grandes riesgos y poco susceptibles a la regulación.


Los inversionistas ponen su dinero en actividades crecientemente especulativas, una de sus expresiones es que Apple y Amazon tienen ya un valor de mercado por encima del billón de dólares (según medimos acá). Mientras tanto, se reacomodan los precios relativos, especialmente las tasas de interés, y con ello sube la inflación. La desigualdad económica ha crecido y no hay contención a la vista.


Martin Wolf, del Financial Times,hizo recientemente un comentario válido. Cuestiona el hecho de que la gestión de la crisis de 2008 por los bancos centrales y los ministerios de finanzas, principalmente en Estados Unidos, la Unión Europea y Japón y, desde ahí a todas partes, intentó y aún lo hace devolver a las economías a una situación de estabilidad precrisis.


Esto no es posible, sino que además no es legítimo, sobre todo porque las condiciones sociales: el mercado laboral y el inmobiliario, las pensiones, los sistemas de salud y el acceso a los recursos exigen hoy una visión y unas políticas que tienen poco que ver con la fragilidad gestada anteriormente en una ilusión de estabilidad macroeconómica y que se manifestó con la fuerte crisis de hace 10 años.

 

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Miércoles, 04 Abril 2018 06:31

A 10 años de Bear Stearns

A 10 años de Bear Stearns

En marzo de 2008 el banco de inversión Bear Stearns cayó en quiebra. Sus niveles de apalancamiento y exposición en “vehículos de alto rendimiento” (que no eran otra cosa que créditos hipotecarios incobrables) lo habían llevado a la bancarrota. La Reserva Federal (Fed) presionó a JP Morgan y le prestó 30 mil millones de dólares (mmdd) para que adquiriera Bear Stearns pagando dos dólares por acción (cuando se habían cotizado en 133 un año antes). El objetivo era evitar la quiebra de otros bancos de inversión, como Merryll Lynch y Lehman Brothers, que también estaban fuertemente comprometidos.

En este mundo, en el que prevalece lo efímero, se podría pensar que la historia de Bear Stearns ya no tiene interés. Pero la realidad es que no es un aniversario cualquiera. Se trata de un hecho cargado de mensajes sobre la naturaleza cambiante del capitalismo y las crisis que parecen su rúbrica. Es también algo que debe provocar el análisis sobre las relaciones entre mercados en general y mercados financieros en especial. Esta reflexión no debe ser un mero ejercicio de contemplación académica, sino una búsqueda de caminos para evitar una debacle de mayor amplitud que la de 2008.

El rescate de Bear Stearns iba contra todo lo que preconiza el evangelio del neoliberalismo: en lugar de dejar que se aplicara la disciplina del mercado, la Reserva Federal intervino para mitigar los daños de la caída. Al final, el rescate no pudo detener la debacle. Seis meses después de la adquisición por JP Morgan, el banco Lehman Brothers también tuvo que declararse en quiebra, pero esta vez la Fed decidió que no habría rescate. El derrumbe de Lehman provocó un terremoto en el sistema financiero mundial.

El mercado y el Estado son presentados comúnmente como entidades separadas e incluso antagónicas. Los ignorantes portavoces del neoliberalismo quieren hacer creer que el mercado surge espontáneamente en un proceso de evolución natural. Al mismo tiempo, popularizan la visión de que el Estado es un ogro invasivo capaz de distorsionar el funcionamiento eficiente de los mercados. En esta visión del mundo, se supone que las leyes imponen un marco de certidumbre al evitar la arbitrariedad. Pero cuando la crisis amenaza la estabilidad de todo el sistema, el Estado y entidades como la Reserva Federal intervienen con gran arbitrariedad. Todo esto ha erosionado el estado de derecho, la legitimidad del Estado y ha consagrado el engaño como esencial en las operaciones mercantiles.

Ahora tenemos un coctel explosivo. Después del colapso financiero, el sistema de préstamos interbancarios se congeló (2008-2012). El rescate de bancos y grupos corporativos mediante la política fiscal no fue suficiente para dar confianza al sistema financiero. La Fed inauguró entonces su postura de flexibilidad cuantitativa, que intensificó la compra de activos en poder de los bancos. Como bien había analizado Hyman Minsky años atrás, al estallar la crisis los bancos buscaron liquidar los activos que tenían en garantía de los préstamos otorgados y eso provocó el colapso del valor de esos activos: la intervención de la Reserva Federal estaba dirigida a contener esa caída de precios. Todo eso contribuyó a calmar los ánimos en los mercados financieros, pero a un costo que entraña nuevos peligros. La composición de los activos de la Fed así lo demuestra. En 2009, la Reserva Federal no tenía entre sus activos ni un título respaldado por hipotecas. Hoy, 40 por ciento de éstos se compone de ese tipo de activos (y no se sabe cuántas de esas hipotecas son de mala calidad).

Por otra parte, el volumen astronómico de liquidez inyectado por la Fed en el sistema bancario ha servido para promover la creación de una nueva burbuja especulativa. En efecto, la flexibilidad cuantitativa inyectó más de 4.4 billones (castellanos) de dólares en el sistema financiero. Esos recursos debían servir para reactivar la economía real, pero el banco central sólo opera mediante el mundo financiero, y es ahí donde se quedó estacionada la liquidez creada por la flexibilidad cuantitativa. El testigo de este fenómeno es el crecimiento de los índices bursátiles más importantes. La especulación y los grandes vicios del proceso de financiarización de la economía real siguen como antes de la crisis de 2007-2008.

Los esfuerzos por establecer una regulación robusta para el sistema bancario y financiero mediante la ley Dodd-Frank (2010) fueron demasiado tibios. Pero hoy, hasta los demócratas contribuyen con la agenda de desregulación y debilitamiento de esa ley. Y con los efectos de la superburbuja en los mercados financieros estamos en presencia de una mezcla tóxica.

La suerte del capitalismo se juega estos años. Cuarenta años de neoliberalismo a escala planetaria han dejado una cicatriz que no desaparece fácilmente. Son décadas de creciente dominio del sector financiero sobre la economía, de un fuerte castigo al gasto social y una represión de los salarios. El décimo aniversario de Bear Stearns nos recuerda que quizás estamos frente a un cambio de esencia en el capitalismo.

Twitter: @anadaloficial

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