Europa y EE UU movilizan tres billones de euros contra el virus

Las dos áreas preparan gigantescas líneas de avales, planes fiscales e incluso cheques para los ciudadanos

 

Sálvese quien pueda, sí. Pero sálvese. Europa y EE UU quieren vencer al coronavirus como sea. Para ello, preparan una colosal operación de movilización de fondos como pocas veces ha visto en la historia. A Europa le ha fallado la unión. Cada Gobierno ha salido por su cuenta. Pero, según calcula la Comisión, los Veintisiete, van a enchufar un total de 1,6 billones de euros en liquidez y 150.000 millones en medidas fiscales. Reino Unido prepara, por su parte, una línea de crédito de 360.000 millones. En EE UU, Trump quiere movilizar un billón de dólares (920.000 millones de euros). Gran parte irá directo al bolsillo de los ciudadanos.

Europa no ha sido capaz de dar una respuesta a la crisis centralizada desde Bruselas, pero los socios de la UE están lanzando casi al unísono medidas de liquidez que la Comisión estima que suman alrededor de 1,6 billones euros y medidas fiscales por unos 150.000 millones. Las capitales se han decantado sobre todo por las garantías y avales para movilizar préstamos bancarios. Solo Berlín, París y Madrid prevén llegar al billón de euros.

Los números del primer golpe que Europa quiere asestar a esta crisis distan de los de 2008, cuando los entonces Veintiocho acordaron un plan de estímulos de 200.000 millones de euros, equivalente al 1,5% del PIB. Esa cifra que entonces pactaron 28 países es la misma que el martes barajó Pedro Sánchez tan solo para España. En 2008 se trataba de relanzar la economía con medidas que fomentaran la inversión y el consumo. Ahora es otra cosa: mandar al grueso de la economía a hibernar hasta que la intensidad del brote caiga lo necesario para que la actividad vaya recobrando el pulso.

Europa se ha centrado en buscar medidas para asegurar que sus compañías, en especial las pequeñas y medianas, no se quedan secas y acaban muriéndose. Alemania ha anunciado 500.000 millones en avales; Francia, 300.000, y España, 117.000. El Reino Unido, ya fuera de la UE, seguirá el mismo camino con garantías para movilizar hasta 360.000 millones de euros. El exsecretario del Tesoro italiano Lorenzo Codogno, sin embargo, opina que el paquete no es comparable con el de 2008. “Se trata de garantías para préstamos, cuya materialización dependerá de si los bancos las usan, que pueden no tener un efecto inmediato y que pueden no generar créditos nuevos sino cubrir los ya existentes”, señala.

Santiago Carbó, catedrático de CUNEF, cree que las medidas de los países de la UE van “en la dirección correcta”, aunque preferiría una operación conjunta para apuntar con el bazuca. “Y si el dinero se inyecta en vena, mejor”, apunta. EE UU estudia hacerlo así, vía cheques a los ciudadanos. Pero Nicolas Veron, del Peterson Institute for International Economics, recuerda la diferencia entre los Estados de bienestar de uno y otro continente. Es decir, Trump necesita echar mano de un plan de estímulos para proteger a sus ciudadanos, mientras que la UE tiene una red de seguridad más fuerte.

La segunda pata de los planes europeos contiene ayudas a las empresas, como los 8.000 millones para las reducciones de jornada en Alemania, los 45.000 millones prometidos por Emmanuel Macron para apoyar a empresas o los 500 euros que Italia ingresará a sus autónomos. El director del think tank Bruegel, Guntram Wolff, echa de menos otras medidas para garantizar que las empresas puedan sobrevivir en un contexto de parálisis total de la actividad y números rojos. Por ejemplo, una actuación coordinada para reducir las cotizaciones a la Seguridad Social. “Se trata de socializar esas pérdidas para que el rebote sea muy rápido”, añade.

Pero dada la voracidad del virus con la actividad económica, Bruselas espera una nueva ronda de medidas. “Lo que ayer no era posible, hoy quizá lo es y mañana sí”, recuerda Ángel Talavera, de Oxford Economics, quien opina que los Gobiernos deberán ir más allá de los avales para mantener vivas las empresas.

Trump: “A lo grande”

En EE UU, Trump ha desplegado todo el arsenal del que dispone el Estado para combatir la pandemia, con un paquete de ayudas que, de aprobarse en los términos que propone la Casa Blanca, carecería de precedentes en volumen y velocidad de implementación. La intención es inyectar hasta un billón de dólares en la economía. El detalle del plan sigue debatiéndose en el Capitolio, y el Departamento del Tesoro ha circulado entre los congresistas un documento de dos páginas con las prioridades de la Casa Blanca para el acuerdo final, que esperan se alcance esta misma semana. “Queremos ir a lo grande”, explicó Trump en una comparecencia ante la prensa.

La mitad de ese billón de dólares se iría en dos masivos envíos de cheques al conjunto de los ciudadanos, exceptuando a algunos con ingresos altos. La propuesta del Gobierno es hacer dos pagos idénticos a los estadounidenses —uno el 6 de abril y otro el 18 de mayo— para ayudarles con el pago de las facturas y activar el consumo. Aunque en los pasillos se habla de un monto medio de 1.000 dólares cada cheque, el documento que el Tesoro ha envidado a los congresistas dice que “las cantidades de los pagos serán fijadas y niveladas en base al nivel de ingresos y el tamaño de la familia”.

El plan contempla también destinar 50.000 millones de dólares a la creación de un “servicio de préstamos asegurados para la industria de las aerolíneas”. Otros 150.000 millones se destinarían a apoyar a otros sectores afectados por la crisis, como el hotelero. Y el plan prevé dedicar 300.000 millones a ayudar a las empresas pequeñas a eludir despidos masivos. Según la carta, se trata de “proporcionar continuidad al empleo durante las interrupciones de la actividad”, con la creación de “un programa de préstamos” para compañías con menos de 500 trabajadores. El martes, el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, advirtió a los senadores de que, en “el peor escenario posible”, la tasa de desempleo podría dispararse hasta el 20%.

El Gobierno permitirá además aplazamientos de 90 días en los pagos de los impuestos sobre la renta y de sociedades, sin intereses ni penalizaciones. Esta medida, calculó Mnuchin, servirá para amortiguar temporalmente la pérdida de salarios y la bajada de la demanda, inyectando 300.000 millones de dólares en la economía.

La Reserva Federal también ha activado sus poderes de emergencia para apoyar la economía. El martes anunció que empezará a comprar papel comercial, un instrumento de financiación a corto plazo emitido por las compañías, y que establecerá un programa de préstamos destinado a ayudar a los bancos para que el crédito siga fluyendo a empresas y hogares. Mnuchin aseguró en la Casa Blanca que el banco central, con la protección del Tesoro, estará en condiciones de comprar papel comercial por valor de un billón de dólares “a medida que se necesite”.


 En China ahora la prioridad es recuperar el empleo

“Permitid que más trabajadores vuelvan a trabajar y a ganar dinero cuanto antes”, proclamó ayer Li Keqiang, primer ministro chino. Con estas palabras, el segundo hombre del organigrama del país pide acelerar la reactivación de la economía. Su actividad ha sufrido un enorme golpe por la pandemia que tuvo su epicentro en Wuhan. Este primer trimestre se prevé un retroceso histórico del PIB. Pero China ha movilizado muchos menos recursos contra el coronavirus que Europa y EE UU. La mayor parte de las iniciativas públicas han tenido a las pymes como destinatarias. El objetivo era solucionar tres problemas: la falta de fondos, la falta de capital humano y la saturación de los servicios logísticos. La acción se llevó a cabo desde varios frentes. El Banco Central estableció un fondo de préstamos por valor de 300.000 millones de yuanes (casi 39.000 millones de euros). El Ministerio de Finanzas aplicó subsidios y recortes de impuestos, así como la suspensión del pago de intereses bancarios a negocios afectados por la pandemia. El Ministerio de Recursos Humanos y Seguridad Social rebajó las cotizaciones. Ahora, con la infección reproduciéndose ya a niveles mínimos, el Gobierno aspira a amortiguar el impacto. Li dejó claro que la prioridad es estabilizar el empleo, lo que pasa por facilitar la reincorporación del personal a los sectores productivos. "Los controles temporales ya no son necesarios", aseguró, apremiando a las administraciones a eliminar los protocolos de seguridad que se puedan abandonar sin riesgo. Este impulso al empleo es la continuación del paso precedente, el propósito original del Gobierno, que pasaba por lograr una reactivación industrial plena. Los esfuerzos parecen haber funcionado: los índices de actividad elaborados por la consultora Trivium estiman que la economía china ya está funcionando a un 70% de su capacidad, una cifra que ha ido progresando en las últimas semanas, pero de la que las pymes siguen siguiendo el extremo débil. Puesta en marcha la oferta, ahora es el momento de centrarse en la demanda. Tras su reunión el viernes pasado, la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma publicó un documento guía para potenciar el consumo. La municipalidad de Nanjing, por ejemplo, ha comenzado una iniciativa para dar a sus ciudadanos vales descuento electrónicos por un total de 318 millones de yuanes (41 millones de euros) a emplear en restaurantes, gimnasios, librerías y tiendas de electrónicos. El Gobierno espera que el consumo sea el tercer y último empujón que eche la economía china a rodar de nuevo.

Bruselas / Washigton / Pekín - 18 mar 2020 - 18:30COT

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Jueves, 22 Noviembre 2018 05:45

Mangoneo bancario-financiero

Mangoneo bancario-financiero

"Creo que los entes gigantes de la banca/finanzas (de Wall Street-WS) siguen siendo demasiado grandes para dejar que quiebren" (too big to fail, TBTF). Si se hunden, hunden la economía y eso les garantiza los rescates. Neel Kashkari sabe lo que dice: fue el administrador del rescate bancario –700 mil millones de dólares– luego que estalló la debacle financiera que siguió a la quiebra de Leh-man Brothers (septiembre de 2008). Kashkari expresó su preocupación a la Brookins Institution. Dijo que la casi certeza del rescate induce la especulación y la toma de riesgos con el dinero de sus clientes.

A la fusión de bancos con firmas de inversión que genera entes TBTF agrégase que Trump presentó y el Senado aprobó en marzo nueva legislación que debilita los instrumentos de freno a la especulación contenidos en la Ley Dodd-Frank de 2010 para aminorar la amenaza de otra debacle. La preocupación de Kashkari, también de Elizabeth Warren y Bernie Sanders, entre otros, es válida en México, cuya banca es mangoneada en su casi totalidad por sucursales cuyas matrices son los TBTF-WS.

La información develada sobre el rescate estremece. Atilio Borón (biblioteca.clacso.edu.ar ), corroborado por Sanders, indica que el rescate fue inmenso. Recuerda que luego de una auditoría a la Fed de GAO, se supo que además de los 700 mil mdd se canalizaron 16 billones (trillones, en inglés) a los TBTF-WS de los que 2.5 billones fueron para Citigroup.

Sanders ofrece datos clave sobre los seis principales bancos TBTF-WS: JP Morgan Chase, Bank of America, Citigroup (Banamex), Wells Fargo, Goldman Sachs y Morgan Stanley: controlan activos equivalentes a más de la mitad del PNB de EU, que en 2017 fue de 18 billones, 45 mil mdd. Los primeros cuatro bancos, Citigroup (la matriz de Citibanamex) incluido, crecieron 80 por ciento, desde la posición que tenían antes del megarrescate. En EU "tenemos una suerte de socialismo para los muy ricos. Una verdadera oligarquía", dice Sanders, sanders.senate.gov. Propone que "no debe permitirse bancos fusionados con firmas de inversión a un nivel en que su quiebra represente un riesgo catastrófico para millones de ciudadanos o que coloque en riesgo a la economía de la nación".

Eso fue replanteado por Sanders y el diputado Brad Sherman de California como iniciativa de ley en octubre pasado. Va por la "transformación legal" de los TBTF, que pasan a la categoría de too big to exist, TBTE (demasiado grandes para existir). En la pasada década, luego de la devastación de 2008 los primeros cinco bancos más grandes acumularon ganancias por 583 mil mdd. El riesgo total y combinado de los seis bancos más grandes fue de 13 billones de dólares, mientras el PNB de EU en 2008 fue de: 14 billones 713 mil mdd. La iniciativa de lLey Sanders/Sherman limitaría a los grandes bancos y firmas financieras a un crecimiento conjunto "no mayor a 3 por ciento del PNB". La iniciativa también incluye a compañías de servicios no bancarios: Prudential, MetLife y AIG. Las sucursales de esos seis TBTF más Bancomer (España), dominan e inciden en las decisiones de la "banca mexicana" y de la banca central de allá (Fed) ¿y de acá (BdeM) no?

En EU los TBTF forman parte de los consejos regionales de la Fed, por lo que el peso de los TBTF-WS en el regulador que los "regula" es considerable: allá y acá sus TBTF-WS imponen las alzas en las tasas de interés al menor indicio "de inflación" o sea: según circunstancias y conveniencias (Sanders NYT, 23/12/15) como ablandar a Morena. Es en este contexto y no en un "mercado" "que se inquieta", donde ocurrió la estampida bancario/financiera ante una iniciativa de ley de Morena presentada por el senador Monreal, para moderar las abusivas comisiones que cobran aquí las sucursales de los TBTF-WS que mangonean en México. Van por la especulación y no la producción.

No por estar "inquieto" el mercado, el desplome de la bolsa y el aumento en la tasa de interés dejan de percibirse como "disciplinamientos preventivos", un: "no tocar la banca ni con el pétalo de una rosa". El dispositivo estuvo bien coordinado, pero mal calibrado por prematuro y excesivo ante un intento justo: "poner en orden unos mecanismos desorbitados de extracción de excedentes y transferencia al exterior", como bien juzgó un colega.

La capacidad para regular lo bancario y financiero es esencial a toda transformación y al "no les voy a fallar" de AMLO como respuesta a un compromiso estratégico con la meta del desarrollo y el bienestar económico y social. En 2008, Emir Sader advirtió la necesidad de un diseño que “reglamente la circulación del capital financiero, que centralice el mercado de cambios, que penalice con altas tasas las inversiones especulativas, que someta en los hechos y directamente los bancos centrales a los gobiernos, que dé prioridad a lo social sobre la dictadura de la economía y que promueva centralmente el mercado interno de consumo de masas…”

jsaxef.blogspot.com

facebook: JohnSaxeF

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Sábado, 27 Octubre 2018 05:31

La próxima crisis será más grave

La próxima crisis será más grave

En declaraciones recogidas por Nicolas Domenach, François Langlet, conocido periodista económico y divulgador francés, se expresa sobre las posibilidades de crisis, como parte de un amplio reportaje especial del mensual Le Nouveau Magazine Littéraire bajo el título “El capitalismo ya no responde”. 

¿La próxima crisis que parece dibujarse puede ser fatal?


La próxima crisis será verosímilmente más grave que la de 2008, porque en 2008 se trató un exceso de endeudamiento con un incremento del endeudamiento. Se trató el mal, por tanto, con mayor mal. Ahora bien, iguales causas producen iguales efectos. Lo que nos espera, aunque nadie pueda prever la fecha con certeza: depreciación del valor de las activos, acciones, inmobiliario, obligaciones, cuyo valor se ha hinchado por la creación de moneda por parte de los bancos centrales. Para evitar el hundimiento, hemos elevado una vez más la altura del edificio moviendo crédito generalizado y mundializado. Es probable que esto no dure.


¿Tienen los estados todavía los medios y la voluntad de regular un capitalismo financiero que ha enloquecido? ¿Y pueden controlar los GAFA [Google, Apple, Facebook y Amazon]?
Los estados disponen de todos los medios para regular el capitalismo. El problema es que los límites que ponen no hacen más que desplazar la locura especulativa. Si se regulan los bancos –algo que se hizo después de 2008- las finanzas se desplazan al shadow banking, el sistema financiero paralelo.


El determinante principal de la crisis financiera es la psicología de las multitudes, es decir, los comportamientos borreguiles de los inversores, que perduran igual que el deseo de enriquecerse, es decir, mucho tiempo.


Es inútil esperar un mundo sin crisis, es ilusorio pensar que el Estado y los poderes públicos son una solución a la crisis financiera. Hay que regular, desde luego, pero eso no supone una protección absoluta. La vigilancia ha de ser permanente.


La patronal y los políticos ¿son conscientes de las apuestas, o se contentan con hacer populismo patronal para unos y política para otros?


Los patronos de las empresas que cotizan en Bolsa se ven a menudo forzados a respetar las reglas de juego del sistema actual: el que ignorase deliberadamente a sus accionistas se condenaría, lo cual lleva a veces a la empresa a prácticas contestables, como la recompra de las propias acciones, privándola de medios para invertir. En cuanto a los dirigentes políticos, no tienen siempre un buen conocimiento de los mecanismos de las finanzas y de la Bolsa, a falta de haber trabajado en empresas, lo que les conduce a menudo a los “Basta con…”


Los populistas son los más inclinados a estos atajos, tanto más seductores por cuanto los partidos tradicionales, lo mismo los de izquierda que los de derecha, no vieron venir la última gran crisis.


¿Hay contradicción radical entre capitalismo y ecología o, a la inversa, puede el capitalismo salvar la Naturaleza después de haberla saqueado?
Por definición, el capitalismo es predador, utiliza los recursos naturales para aumentar la producción y la riqueza, la de los accionistas, los asalariados o los consumidores. Hay, por tanto, una contradicción fundamental entre crecimiento y ecología. Pero se puede superar de diversas maneras. En primer lugar, instaurando reglas que limite la utilización de recursos. Y siguiendo con un mecanismo que haga subir el precio de los bienes en función de su escasez. Los recursos escasos deben facturarse más caros para disuadir de su utilización. Y el aumento del precio, en una economía de mercado, desencadena la investigación de innovaciones para substituir el antiguo modo de producción por uno nuevo, más económico en recursos. Esta espiral virtuosa no puede desarrollarse más que gracias a la interacción entre la mano invisible, la del mercado, y la mano bien visible del regulador.

Por François Lenglet, periodista especializado en Economía, se ocupa de dicha sección en las emisoras francesas de radiotelevisión RTL y TF1. En los años 90 trabajó como jefe de redacción y director adjunto de la revista económica L´Expansion, así como en Enjeux-Les Échos, suplemento mensual del diario económico Les Échos, y La Tribune. Su último libro es Tordez le cou aux idées reçues. Fuente: Le Nouveau Magazine Littéraire, nº 10, octubre de 2018


Le Nouveau Magazine Littéraire, nº 10, octubre de 2018
Traducción: Lucas Antón

 

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Lunes, 10 Septiembre 2018 07:43

Década turbulenta

Década turbulenta

La historia se compone de hechos y también de su interpretación. Esta relación nunca es trivial. En estos días se cumplen 10 años de un hecho clave de la crisis financiera de 2008: la quiebra de Lehman Brothers, el poderoso banco de Wall Street.


La quiebra fue alentada por las autoridades financieras de Estados Unidos en una muy controvertida decisión. Lo cierto es que la crisis era ya incontrolable.


Esas mismas autoridades destinaron en aquellos días enormes cantidades de dinero público para intervenir muchas otras instituciones financieras y mantenerlas a flote.


Lehman es uno de los símbolos del estallido de la crisis y de sus repercusiones 10 años después. Para recordar aquella fecha, los diarios en todas partes y las revistas especializadas han publicado artículos diversos sobre la efeméride.


Llama la tención la nota publicada en The New York Times y firmada por tres de los principales protagonistas del rescate instrumentado en septiembre de 2008 en medio de la sonada quiebra.


Se trata de los que entonces eran: presidente de la Reserva Federal, Bernanke; secretario del Tesoro, Paulson, y Geithner, presidente de la Fed de Nueva York, la más importante institución del sistema de la banca central de Estados Unidos.


Tres figuras notorias, cuyas decisiones marcaron el rumbo de la crisis y los efectos adversos que, según muchos coinciden, no se han superado. Las notas de este aniversario exponen definido escepticismo con respecto a las condiciones que pueden precipitar una nueva crisis.


No es el caso del texto de referencia. Ahí afirma que la semilla de aquella crisis se cultivó durante décadas en el sistema financiero estadunidense (lo que puede en realidad entenderse como el sistema global de deuda), superó las medidas de protección en contra de los pánicos que se crearon tras la debacle de 1929.


Para 2007, dicen, la mitad de todo el crédito provenía de entidades no bancarias, y las innovaciones, como fueron las hipotecas chatarra, propiciaron un riesgo excesivo de los prestamistas e inversionistas. La nota revisa las principales medidas de un modo higiénico y sin autocrítica alguna. Hay mucha soberbia.


¿Dónde estaban, pues, los reguladores y responsables de la solvencia financiera que firman la nota? Una de las aristas de la crisis y no sólo de la que aquí se trata es, precisamente, el de las responsabilidades, incluida la de los legisladores que formulan las regulaciones vigentes.


Quienes dirigen los bancos centrales se han convertido, como consecuencia de la propia crisis, en figuras clave de la gestión financiera y política de las severas medidas de ajuste que se aplicaron en las principales economías y de una fragilidad social de la que el caso de Grecia es, ciertamente no único, pero sí ejemplar.


El que esos funcionarios ejercieron, y aun lo hacen, un papel predominante, no sólo en materia financiera, sino fundamentalmente política, no son electos por los ciudadanos; las instituciones que encabezan tienen un estatuto de independencia con respecto del poder Ejecutivo y muy escasa sujeción al Legislativo. Esos mismos funcionarios saben que no se ha hecho lo suficiente para prevenir una nueva gran crisis.


Las crisis son inmanentes al dinero y al crédito, es decir, al sistema financiero y eso hay que distinguirlo de las condiciones que propician una crisis de la magnitud de 2008. Los bancos comerciales han reforzado su capital y se dice que son más resistentes. Pero en esencia el crédito fluye de instituciones no bancarias, expuestas a grandes riesgos y poco susceptibles a la regulación.


Los inversionistas ponen su dinero en actividades crecientemente especulativas, una de sus expresiones es que Apple y Amazon tienen ya un valor de mercado por encima del billón de dólares (según medimos acá). Mientras tanto, se reacomodan los precios relativos, especialmente las tasas de interés, y con ello sube la inflación. La desigualdad económica ha crecido y no hay contención a la vista.


Martin Wolf, del Financial Times,hizo recientemente un comentario válido. Cuestiona el hecho de que la gestión de la crisis de 2008 por los bancos centrales y los ministerios de finanzas, principalmente en Estados Unidos, la Unión Europea y Japón y, desde ahí a todas partes, intentó y aún lo hace devolver a las economías a una situación de estabilidad precrisis.


Esto no es posible, sino que además no es legítimo, sobre todo porque las condiciones sociales: el mercado laboral y el inmobiliario, las pensiones, los sistemas de salud y el acceso a los recursos exigen hoy una visión y unas políticas que tienen poco que ver con la fragilidad gestada anteriormente en una ilusión de estabilidad macroeconómica y que se manifestó con la fuerte crisis de hace 10 años.

 

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Miércoles, 04 Abril 2018 06:31

A 10 años de Bear Stearns

A 10 años de Bear Stearns

En marzo de 2008 el banco de inversión Bear Stearns cayó en quiebra. Sus niveles de apalancamiento y exposición en “vehículos de alto rendimiento” (que no eran otra cosa que créditos hipotecarios incobrables) lo habían llevado a la bancarrota. La Reserva Federal (Fed) presionó a JP Morgan y le prestó 30 mil millones de dólares (mmdd) para que adquiriera Bear Stearns pagando dos dólares por acción (cuando se habían cotizado en 133 un año antes). El objetivo era evitar la quiebra de otros bancos de inversión, como Merryll Lynch y Lehman Brothers, que también estaban fuertemente comprometidos.

En este mundo, en el que prevalece lo efímero, se podría pensar que la historia de Bear Stearns ya no tiene interés. Pero la realidad es que no es un aniversario cualquiera. Se trata de un hecho cargado de mensajes sobre la naturaleza cambiante del capitalismo y las crisis que parecen su rúbrica. Es también algo que debe provocar el análisis sobre las relaciones entre mercados en general y mercados financieros en especial. Esta reflexión no debe ser un mero ejercicio de contemplación académica, sino una búsqueda de caminos para evitar una debacle de mayor amplitud que la de 2008.

El rescate de Bear Stearns iba contra todo lo que preconiza el evangelio del neoliberalismo: en lugar de dejar que se aplicara la disciplina del mercado, la Reserva Federal intervino para mitigar los daños de la caída. Al final, el rescate no pudo detener la debacle. Seis meses después de la adquisición por JP Morgan, el banco Lehman Brothers también tuvo que declararse en quiebra, pero esta vez la Fed decidió que no habría rescate. El derrumbe de Lehman provocó un terremoto en el sistema financiero mundial.

El mercado y el Estado son presentados comúnmente como entidades separadas e incluso antagónicas. Los ignorantes portavoces del neoliberalismo quieren hacer creer que el mercado surge espontáneamente en un proceso de evolución natural. Al mismo tiempo, popularizan la visión de que el Estado es un ogro invasivo capaz de distorsionar el funcionamiento eficiente de los mercados. En esta visión del mundo, se supone que las leyes imponen un marco de certidumbre al evitar la arbitrariedad. Pero cuando la crisis amenaza la estabilidad de todo el sistema, el Estado y entidades como la Reserva Federal intervienen con gran arbitrariedad. Todo esto ha erosionado el estado de derecho, la legitimidad del Estado y ha consagrado el engaño como esencial en las operaciones mercantiles.

Ahora tenemos un coctel explosivo. Después del colapso financiero, el sistema de préstamos interbancarios se congeló (2008-2012). El rescate de bancos y grupos corporativos mediante la política fiscal no fue suficiente para dar confianza al sistema financiero. La Fed inauguró entonces su postura de flexibilidad cuantitativa, que intensificó la compra de activos en poder de los bancos. Como bien había analizado Hyman Minsky años atrás, al estallar la crisis los bancos buscaron liquidar los activos que tenían en garantía de los préstamos otorgados y eso provocó el colapso del valor de esos activos: la intervención de la Reserva Federal estaba dirigida a contener esa caída de precios. Todo eso contribuyó a calmar los ánimos en los mercados financieros, pero a un costo que entraña nuevos peligros. La composición de los activos de la Fed así lo demuestra. En 2009, la Reserva Federal no tenía entre sus activos ni un título respaldado por hipotecas. Hoy, 40 por ciento de éstos se compone de ese tipo de activos (y no se sabe cuántas de esas hipotecas son de mala calidad).

Por otra parte, el volumen astronómico de liquidez inyectado por la Fed en el sistema bancario ha servido para promover la creación de una nueva burbuja especulativa. En efecto, la flexibilidad cuantitativa inyectó más de 4.4 billones (castellanos) de dólares en el sistema financiero. Esos recursos debían servir para reactivar la economía real, pero el banco central sólo opera mediante el mundo financiero, y es ahí donde se quedó estacionada la liquidez creada por la flexibilidad cuantitativa. El testigo de este fenómeno es el crecimiento de los índices bursátiles más importantes. La especulación y los grandes vicios del proceso de financiarización de la economía real siguen como antes de la crisis de 2007-2008.

Los esfuerzos por establecer una regulación robusta para el sistema bancario y financiero mediante la ley Dodd-Frank (2010) fueron demasiado tibios. Pero hoy, hasta los demócratas contribuyen con la agenda de desregulación y debilitamiento de esa ley. Y con los efectos de la superburbuja en los mercados financieros estamos en presencia de una mezcla tóxica.

La suerte del capitalismo se juega estos años. Cuarenta años de neoliberalismo a escala planetaria han dejado una cicatriz que no desaparece fácilmente. Son décadas de creciente dominio del sector financiero sobre la economía, de un fuerte castigo al gasto social y una represión de los salarios. El décimo aniversario de Bear Stearns nos recuerda que quizás estamos frente a un cambio de esencia en el capitalismo.

Twitter: @anadaloficial

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Un agricultor, con la bandera nacional griega, en la ateniense Plaza de Syntagma, donde está el Parlamento, tras una manifestación reclamando la bajada de impuestos.

 

ATENAS 26/02/2017 09:02

 

HELENA VÁZQUEZ @_Helenadetroia

 


“No podemos vivir con 400 euros”. Este es el lema más coreado en una protesta multitudinaria que termina, como de costumbre, en la plaza Syntagma. Las pancartas y las consignas en contra del gobierno, Syriza y la Unión Europea coinciden con el anuncio de la vuelta de la Troika en Atenas.

El sindicalista Nikos Papageoraio, mientras se quita el pinganillo con el que ha coordinado uno de los bloques de la marcha, explica cómo Syriza decidió andar por la misma senda donde se estrellaron los gobiernos predecesores. Señala las dos calles paralelas que pasan por Syntagma. “Pudes coger la calle Stadiou o la calle Panepisimiou, parecen diferentes pero ambas desembocan en la plaza Omonia”.

Tras siete años de austeridad y tres rescates a las espaldas, el dilema más común en Grecia sigue siendo el mismo: ¿existirá un paradero sin austeridad si andamos por senderos desconocidos?

Mientras camina hacia el Parlamento, junto a los otros manifestantes, un joven que se hace llamar Giorgos para mantener la privacidad afirma que el descontento es muy difícil de vencer a pesar de que “la gente entiende que las medidas que va a tomar el gobierno favorecen a los empresarios”.

La misma marcha organizada por el PAME, el sindicato del Partido Comunista (KKE), transmite este desencanto. Las consignas de los miles de personas que participan en ella se oyen, pero no retumban en las calles colindantes, los brazos de los manifestantes no se entrelazan con fuerza, ni sus pies pisan el arcén con dureza a medida que avanzan.

“Mira todos estos jóvenes que ves a tu alrededor, ¿qué tendrán el día de mañana? Nada”, denuncia Giorgos. Un 72% de los hogares de Grecia han sufrido recientemente recortes en salarios y pensiones, despidos, retrasos en el pago de salarios o viven con trabajos a tiempo parcial, según un estudio del 2016 del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD) y el Banco Mundial.

 

 

Un 72% de los hogares griegos ha sufrido recortes en salarios y pensiones, despidos o precariedad

 

 

Hablar de política es casi inevitable en Grecia. El brutal ahogo económico de los griegos ocupa muchas conversaciones en los bares y en los espacios públicos. Las discusiones sobre el futuro de Grecia no se han esfumado a pesar de que el pesimismo haya vaciado las calles.

Por lo general, ya no se celebran aquellas multitudinarias protestas con las que media Europa conoció la plaza Syntagma pero las marchas, ahora más pequeñas, persisten. Pero “sólo falta una chispa para que todo se encienda” comenta el representante sindical Nikos Papageoraio.

 

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Miembros del sindicato comunista griego PAME marchan en una protesta contra el mantenimiento de las medidas de austeridad frente al Parlamento en la Plaza Syntagma de Atenas. REUTERS/Alkis Konstantinidis

 

 

Optimismo de Syriza ante unas negociaciones delicadas


Los acreedores no se lo ponen fácil al gobierno. Los griegos deben apretarse aún más el cinturón si quieren cerrar la segunda revisión del rescate mediante la cual Grecia recibirá un nuevo desembolso del crédito que necesita para evitar el impago que se avecina en julio.

Desde Bruselas, hace tiempo que se exigen medidas muy concretas para terminar este examen: una rebaja del umbral a partir de la cual las familias no pagan a Hacienda, más recortes en pensiones y una reforma laboral.

Syriza, que había prometido no cruzar sus líneas rojas sobre todo en materia laboral, dió un paso atrás el pasado lunes para salir de la reunión con un primer acuerdo en la mano. Tras meses de bloqueo, ambas partas cedieron y lo que antiguamente se conocía como Troika volverá a Atenas para diseñar un paquete adicional de reformas que se aplicarán a partir de 2019.

El primero ministro, Alexis Tsipras, que generalmente no puede esconder la sensación de derrota cuando sus ministros cierran acuerdos en Bruselas que conllevan tijerazos, esta vez dió un giro a su retórica calificando el pacto como “un éxito excepcional” ante el Parlamento.

El partido defiende el acuerdo del lunes porque “por cada euro en nuevas cargas sobre el contribuyente griego se conocederá una cantidad igual de alivio”, en palabras del primer ministro. Asimismo, asegura que se negociarían paralelamente medidas para aliviar la deuda.

Los ciudadanos griegos, sin embargo, no celebran el acuerdo a pesar de que Tsipras insiste que se terminó “la era de la austeridad”.

Para Giannis Nikolopoulos, exmiembro de Syriza, este pre-acuerdo avanza, otra vez, en la senda de la austeridad. Está convencido de que Syriza ha abandonado la izquierda definitivamente. “Va a pasar definitavemente estas medidas porque quiere mantenerse en el gobierno a cualquier precio”, asegura.

Tampoco lo tendría tan fácil para ganar de nuevo unas elecciones. La mayoría de las encuestas le dan una ventaja considerable a la oposición, Nueva Democracia. La oposición y algunos medios de comunicación pregonan de vez en cuando rumores que hablan de elecciones anticipadas porque estas reformas pueden cruzar los límites que un gobierno de izquierdas puede soportar. Sin embargo, el ejecutivo nunca lo ha confirmado.

 

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Varias personas tomando sopa de pollo en un comedor benéfico de la Iglesia Ortodoxa griega en Atenas. REUTERS/Alkis Konstantinidis

 

Los mercados empiezan a ponerse nerviosos ante la falta de acuerdo. El escenario se asemeja demasiado al de hace dos años si no fuera porque esta vez Tsipras cuenta con dos factores que juegan a su favor.

Bruselas no puede dejar que el tercer rescate se colapse en un año con un calendario electoral tan ajustado (hay elecciones en Holanda, Francia y Alemania). Asimismo, los acreedores europeos tienen la responsabilidad de seducir al FMI para que se sume al tercer rescate. Para ello, Alemania debe ceder y conceder un alivio de la deuda, una petición que difícilmente puede satisfacer antes de que el país saque las urnas el próximo setiembre.

Otro fracaso en la Unión Europea, seguido del Brexit, sería señalado por el nuevo ejecutivo de los Estados Unidos. Donald Trump no sólo se mostró partidario en campaña del Grexit sino que designó a otro partidario de la salida de Grecia de la eurozona para ocupar la embajada de la UE en Grecia.

 

Vuelve el fantasma del Grexit


El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha pronosticado que la economía del país podría crecer un 2,8% el próximo año si el gobierno griego implementa todos los cambios exigidos por sus acreedores. El profesor de economía política Stavros Mavroudeas tampoco lo cree. “Las posibilidades de una recuperación son mínimas”, cuenta este economista que imparte clases en la Universidad de Macedonia, en Tesalónica. A su entender, más recortes y privatizaciones solo pueden conducir a la aplicación de un cuarto programa.

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Varias personas comprando en la zona comercial de Atenas. 2017. REUTERS/Alkis Konstantinidis

 

Tras siete años sin levantar cabeza, cada vez son más los que se preguntan si, en realidad, salir del círculo vicioso del endeudamiento y los recortes, aunque sea ciegas, puede llevar más prosperidad al país. En una encuesta reciente que reveló la televisión griega Kontra channel TV, un 54,8% de los griegos estaría a favor de rechazar las nuevas medidas que el gobierno está negociando, incluso si se ve obligado a entrar en conflicto con los prestamistas con una potencial salida de la zona euro y la vuelta a la moneda nacional.

Abandonar el euro no entra dentro de los planes de Syriza, así lo ratificaron en su congreso celebrado el otoño. Lo que no queda claro es si dentro de sus filas hay voces disonantes, como la de Nikos Xydakis, actual secretario de Estado para Europa, quien en público dijo hace unas semanas que se debería hablar sin tapujos de una vuelta a la dracma a pesar de dejar claro que defiende la pertinencia a la Unión Europea después de que se encenderán las alarmas.

 

 

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El FMI pide un plan coordinado para la retirada de los estímulos monetarios

Los efectos de la retirada de un programa de estímulos monetarios por parte de los mayores bancos centrales, que no tiene precedente histórico, continúa ocupando al Fondo Monetario Internacional (FMI). Este lunes, el día previo a que arranque su asamblea de otoño, el organismo que dirige Christine Lagarde ha planteado la necesidad de una acción coordinada por parte de estas instituciones y una mejor política de comunicación para evitar sobresaltos en el mercado.

 

Sigue preocupando el día de después, pero el Fondo tiene claro que el problema urgente sigue siendo el hoy: la reactivación global está aún llena de lagunas, las potencias emergentes pierden fuelle y la crisis política en EE UU está a punto de poner la economía mundial en el alero. Esa es la preocupación que marca esta cita de octubre cuando los bancos centrales han puesto toda la artillería en la mesa.

 

En un informe sobre el impacto global y los retos de estas políticas, el FMI apunta que la "colaboración internacional" en estas políticas puede ayudar a los países a reaccionar a los cambios de otro, por ejemplo, cuando los países sin estrategias tan expansivas reciben volúmenes de capital excesivos de otros en los que el precio del dinero ha bajado.

 

El FMI se postula, además, como un agente idóneo para pilotar el proceso -"puede engrasar las ruedas de esa cooperación económica", dice-, gracias a sus análisis independientes y al seguimiento que hace de cada país. El Fondo puede ayudar con sus líneas de crédito para prevenir o aliviar esos riesgos. Y aun así, la retirada es un campo de minas. "La salida de las política no convencionales llevará a algunos ajustes de los mercados, pero podría haber una volatilidad adicional por reacciones de los mercados más allá del control de los bancos centrales", señala Karl Habermeier, desde el departamento de mercados monetarios y de capitales. "Esta volatilidad puede tener efectos colaterales significativos para el resto del mundo, con riesgos para la estabilidad macroeconómica y financiera", añade.

 

El Fondo también propone acompañar el proceso con "compras tácticas" de activos para evitar golpes bruscos en determinados momentos y algunas reservas de liquidez, si bien el pilar de que el repliegue funcione sin colapsos es que el proceso se base en una guía conocida y previsible. Es una idea similar a la expuesta en junio por propio el órgano coordinador de estas instituciones, el Banco de Pagos Internacionales (BIS, en sus siglas en inglés).

 

Los grandes bancos centrales han engordado su balance a lo largo de esta crisis a un ritmo que no tiene precedentes, la Reserva Federal lo ha triplicado, el Banco de Inglaterra también y el Banco Central Europeo (BCE), el más conservador —o más atrevido— de los grandes, lo ha duplicado. También el Banco de Japón tiene un plan para inyectar masa monetaria en dos años por valor de un tercio de su economía.

 

En conjunto, han duplicado sus activos desde 2007, hasta rozar los 20 billones de dólares, un volumen que inquieta al mismo BIS, que en junio aprovechó la presentación de su memoria anual para alertar de que estos organismos ya habían asumido muchos riesgos y los países y los inversores deberían ir preparándose para afrontar la salida de las masas monetarias. El BIS recomendó a los bancos centrales que consideraran más los efectos secundarios de sus medidas, más allá de sus fronteras, y que mejoraran la "comunicación" de sus políticas para no provocar vuelcos en los mercados.

 

Da miedo persistir en los estímulos y también lo da no hacerlo. La Fed sorprendió a los analistas el pasado septiembre al anunciar que mantendría intacto su ritmo de compra de deuda -85.000 millones de dólares mensuales (62.500 millones de euros)-, al considerar que el crecimiento económico era aún demasiado débil. No obstante, el freno de la Fed puede comenzar a finales de este año. El primer aviso, el pasado mayo, sacudió los mercados.

 

Los primeros signos de freno a esta política monetaria expansiva están moderando el flujo de capitales que llegaba a los países emergentes y estas nuevas potencias, a las que el FMI les reconoce el logro de haber mantenido la economía global a flote desde 2008, empiezan a moderar su crecimiento.

 

El FMI ve a la primera economía del mundo jugando con cerillas cuando con la reactivación global aún está llena de baches. La Administración estadounidense lleva una semana de cierre por falta de presupuesto y si antes del día 17 no se llega a un pacto político entre republicanos y demócratas para elevar el límite de endeudamiento, el país podría acabar en una suspensión pagos. Para Lagarde, el bloqueo actual de la vida pública ya es de por sí un escenario "suficientemente malo" y puede provocar "un daño muy serio a la economía de todo el planeta".

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Sábado, 08 Septiembre 2012 07:18

Los empresarios españoles piden rescate

Los empresarios españoles piden rescate
El jefe del gobierno español, Mariano Rajoy, se encuentra ante un dilema difícil, después de que el Banco Central Europeo (BCE) anunciara un nuevo programa para la compra de deuda soberana de países con dificultades: pedir con celeridad un rescate a la Unión Europea (UE) o esperar a ver si las cosas mejoran. El gobierno de Rajoy siempre ha insistido en reclamar la compra masiva de deuda por parte del BCE para aliviar la presión sobre la prima de riesgo española, es decir la carga adicional de intereses que los inversores exigen a España para que pueda financiarse en los mercados. El presidente del BCE, Mario Draghi, por fin accedió a las súplicas de los países de la Zona Euro que poseen grandes dificultades financieras, como España e Italia, pero subrayó que esta ayuda irá acompañada de “condiciones estrictas”.


Para que el BCE acuda en auxilio de España, el gobierno de Rajoy tiene que presentar formalmente una solicitud de ayuda a los fondos europeos de rescate, y esto implica la obligación de aceptar nuevas condiciones, adicionales a las que ya tiene que cumplir para recibir el rescate ofrecido por la UE por un monto de hasta 100.000 millones de euros para el saneamiento de los bancos maltrechos. Rajoy dejó claro el jueves –tras reunirse en Madrid con la canciller de Alemania, Angela Merkel, que se encuentra de visita en España– que no tiene mucha prisa para pedir el rescate a la Eurozona en Bruselas.


El presidente del gobierno español teme que las condiciones que tendría que cumplir sean difíciles de asumir tras las numerosas y duras medidas de ajuste ya adoptadas para reducir el elevado déficit público, medidas que han erosionado su imagen y la de su Partido Popular (PP) ante la opinión pública española, en un tiempo record. El principal temor del líder conservador español es que las condiciones que dicte Bruselas a cambio del rescate lo obliguen a cruzar una línea roja: congelar o rebajar las pensiones. Se trata del último recorte, como el propio Rajoy admitió, que su gobierno estaría dispuesto a hacer y al que se opone radicalmente el opositor Partido Socialista (PSOE), cuyo apoyo necesita Rajoy para que España pueda proyectar una imagen de unidad hacia el resto de la UE.


Rajoy, quien siempre se ha caracterizado por dar mil vueltas alrededor de un asunto antes de tomar una decisión, aún tiene una pequeña esperanza de que las aguas vuelvan a su cauce antes de que llegue la “hora cero” de tener que solicitar un rescate. Como escribió el periódico El País, en vista del fuerte descenso de la prima de riesgo y la fiesta alcista en la Bolsa que desató el anuncio del BCE de comprar deuda soberana, “la tentación de Rajoy de dejar pasar el tiempo para ver si las cosas mejoran es enorme”.


Al mismo tiempo, está aumentando la presión sobre el jefe del gobierno español para que recurra rápidamente a los fondos de rescate europeos. Por ejemplo, el vicepresidente de la patronal Confederación Española de Organizaciones Empresarias (CEOE), Arturo Fernández, recomendó a Rajoy que tome la decisión sobre la petición de rescate “lo más pronto posible” porque “el tiempo corre” ya que España es “un país casi en suspensión de pagos”. También la prensa española mayoritariamente coincide en opinar que a España le conviene no perder el tiempo para pedir el rescate, porque el coste político y financiero sería mayor. Pero Rajoy necesita tiempo para poder estudiar las condiciones del rescate, que aún se desconocen, antes de tomar una decisión “en interés de España”. Rajoy confía en que no habrá condicionamientos adicionales para España, puesto que su gobierno está comprometido hasta 2014 a implementar el mayor ajuste presupuestario realizado jamás en un país desarrollado, equivalente al 7 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB). Pero el país afronta su segunda recesión en tres años y un desempleo del 24,6 por ciento, más de 5,6 millones de desocupados, lo que puede dificultar el cumplimiento de los objetivos de déficit y llevar al gobierno a hacer un ajuste mayor.

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Incertidumbre por paquete de rescate para Grecia golpea a bolsas europeas
Londres. Las acciones europeas cayeron este lunes a un mínimo de cuatro meses, encabezadas por las del sector bancario ante temores de que funcionarios de la zona euro no consigan aprobar un segundo paquete de rescate para Grecia y por dudas sobre las recientes pruebas de tensión.

El índice bancario STOXX Europe 600 cayó un 3.2 por ciento y acumula una pérdida de un 27.7 por ciento desde medidados de febrero, cuando se intensificaron las preocupaciones sobre la recuperación mundial y la crisis de deuda en la zona euro.

Las acciones de bancos franceses y alemanes, que tienen una fuerte exposición a la deuda griega, estuvieron entre las que más cayeron en el sector. Los títulos de Societe Generale, BNP Paribas y Commerzbank retrocedieron entre un 3.6 y un 5.5 por ciento.

Todavía existe una división en el enfoque sobre el papel del sector privado en un segundo programa de rescate a Grecia, y crecen los temores a un probable fracaso del programa, que dispararía una posible cesación de pagos.

“El jueves, los inversores quieren saber de qué manera se va a implicar el sector privado y cómo ayudará el Banco Central Europeo”, dijo Veronika Pechlaner, gestora de fondos de Ashburton European.

“El mercado no quiere más aplazamientos y se está alejando del riesgo”, añadió.

Los analistas también eran cautos respecto a que las pruebas de tensión no tuvieron en cuenta qué pasaría si Grecia cae en cesación de pago, y sólo consideraron la capacidad de los bancos para soportar una larga recesión.

La Autoridad Bancaria Europea asumió una pérdida del 15 por ciento en los bonos griegos y un “recorte” del 1 o 2 por ciento en los títulos irlandeses y portugueses. Pero los actuales precios del mercado ya descuentan una pérdida más severa.
“En las pruebas de tensión, el aumento de capital es tan pequeño que no es suficiente en este momento: los resultados han sido verdaderamente decepcionantes”, señaló Pechlaner.

El índice de acciones europeas líderes FTSEurofirst 300 cerró con una baja de un 1.7 por ciento a mil 067.96 puntos, y se mantuvo apenas por encima del nivel de soporte de mil 66 puntos, su mínimo de marzo y un nivel desde el que ha rebotado previamente.

El índice acumula un descenso del 3.9 por ciento en lo que va del mes, en camino de sufrir su peor caída porcentual mensual desde mayo del 2010.

El índice francés CAC 40 ha perdido un 8.3 por ciento este mes, en línea con los mercados de la periferia de la zona euro.
El referencial español Ibex 35 acumula una baja del 9.8 por ciento, el italiano FTSE MIB del 11.4 por ciento y el portugués PSI 20 del 10.4 por ciento.

En comparación, el índice alemán DAX ha perdido un 3.6 por ciento y el británico FTSE 100 un 3.2 por ciento.
El índice Euro STOXX 50 de volatilidad, indicador europeo del temor de los inversores, subió un 10.3 por ciento, su cierre más alto desde marzo.

Sumándose a los temores por la crisis de deuda en la zona euro, los rendimientos de los bonos soberanos españoles e italianos se acercan al 7 por ciento, un nivel por encima del cual los costos de financiamiento son percibidos como insostenibles.

Las acciones de los bancos italianos sufrieron un duro golpe. Las de Intesa Sanpaolo perdieron un 6.51 por ciento y las de UniCredit cayeron un 6.4 por ciento.

Reuters 
Publicado: 18/07/2011 14:08
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 No hay trato. Ni más opción para Grecia y para el resto de Europa que una nueva oleada de austeridad a pesar de los indignados de la plaza Syntagma en Atenas y de la de Neptuno en Madrid. La Unión Europea ha dado hoy a Grecia un ultimátum en toda regla tras dos días de maratonianas reuniones en las que se ha involucrado incluso el G-7 y que concluyeron con más amenazas que acuerdos. Toda la presión está ahora en Atenas. Si Grecia no aprueba los nuevos recortes que reclaman tanto la UE como el FMI no recibirá los 12.000 millones de euros necesarios para pasar el verano sin tener que cerrar la persiana. Sin el enésimo tijeretazo -al que se opone casi la mitad de la población, según las encuestas- tampoco habrá un segundo paquete de rescate, imprescindible ante la constatación de que el primero, aprobado en mayo de 2010, ha sido un sonoro fracaso. Grecia tiene dos semanas: el Eurogrupo celebrará una reunión extraordinaria el 3 de junio para dictar sentencia. En juego, según ha advertido hoy el FMI, está en evitar el contagio de los problemas al centro de la eurozona y, de ahí, a la recuperación internacional.
 
El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha puesto hoy negro sobre blanco cuáles serían las consecuencias de un 'no' a la austeridad en el Parlamento ateniense. "Fallar en esa decisiva votación contagiaría las tensiones al corazón de la zona euro, con el resultado de graves efectos en todo el mundo", aseguró el Fondo, representado por el director gerente in pectore, el estadounidense John Lipsky.

El comunicado del FMI, que ha presentado sus conclusiones sobre la eurozona, fue mucho más duro que las palabras del que fuera número dos de Dominique Strauss-Kahn. Lipsky explicó ante la prensa que las dificultades en la periferia de la eurozona y las consecuencias de un eventual contagio "son relativamente pequeñas, porque se trata de economías de tamaño reducido". Con un pero importante: el sistema financiero. "La crisis se dejará sentir en el resto del mundo si la crisis tiene efectos sobre la banca del corazón de la eurozona", indicó Lipsky, quien reclamó que la reestructuración de la deuda en Grecia tenga en cuenta esas consecuencias sobre el sector bancario. "La recuperación en la eurozona es fuerte, pero la crisis de deuda soberana en la periferia sigue siendo un riesgo y requiere toda la atención para evitar un contagio al centro y al resto del mundo, concluyó.
 
Hasta la cumbre del 3 de julio el Ejecutivo de Yorgos Papandreu tiene que cerrar la crisis política que supuso el fallido intento de formar un Gobierno nacional y que se ha saldado con un cambio en el gabinete y una moción de confianza que se resolverá mañana. El siguiente paso es la votación en el parlamento: el 28 de junio, con una exigua mayoría, el Ejecutivo someterá a votación un paquete de austeridad que incluye privatizaciones, duros recortes del gasto -entre los que destacan los despidos de miles de funcionarios y un tijeretazo a las pensiones- y subidas de impuestos. Si hace esos deberes, el Eurogrupo dará luz verde a las ayudas el 3 de julio y seguirá adelante con el segundo plan de rescate, que incluye una reestructuración de la deuda de Grecia con la participación voluntaria de la banca: meter el bisturí en la deuda de forma suave para que las agencias no califiquen esa operación de impago y se evite así el contagio a otros países y al sistema financiero.

En Luxemburgo no faltaron las pinceladas de drama y épica habituales en las cumbres extraordinarias a las que casi se ha acostumbrado una UE que tiende a dar un paso adelante solo cuando está al borde del abismo. Pero todo suena ligeramente impostado. El nuevo ministro de Finanzas griego, Evangelos Venizelos, destacó "la necesidad inmediata y urgente de recuperar la credibilidad". El presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, tuvo un recuerdo para los indignados de Atenas, de Madrid y de otras capitales europeas en las que la oleada de austeridad europea está sembrando descontento. Al final, el mensaje de Europa se resume en que el dinero llegará, pero solo si Grecia hace lo que debe hacer. No hay plan B. "Grecia tiene que aprobar las nuevas medidas. Y va a hacerlo. De lo contrario... ya veremos", dijo Juncker.
 
Tras el fracaso en las negociaciones del domingo, los mercados abrieron a la baja y el riesgo país de la periferia de la eurozona subió con fuerza. Incluido el de España, cuya prima de riesgo alcanzó los 270 puntos básicos, muy cerca de máximos. Por la tarde, la confianza de los líderes de la eurozona en que la situación se despeje permitió cierta mejoría. "Los mercados distinguen perfectamente entre Grecia y España, aunque es cierto que hubiera sido deseable un acuerdo más inmediato", explicó la vicepresidenta y ministra de Economía española, Elena Salgado.

La incapacidad de Europa para llegar a acuerdos quedó patente en las duras críticas de varios analistas. El economista belga Paul De Grauwe fue uno de los más incisivos e indicó que los últimos acontecimientos sobre Grecia están siendo "vergonzosos". "Los líderes europeos están imponiendo austeridad adicional. Todo el mundo sabe que Grecia no va a ser capaz de reducir su nivel de endeudamiento cuando una deflación intensa se impone en ese país desde fuera. Dentro de seis meses habrá una nueva crisis debido a que el programa actual, e incluso el segundo plan de rescate con la reestructuración suave, no pueden funcionar. Las cifras no salen con Grecia: los planes de rescate están destinados a proteger a la banca y el BCE a expensas de la población griega".
 
Las próximas horas serán claves. Papandreu se enfrenta mañana a una moción de confianza. El próximo martes, el Parlamento griego abordará las nuevas medidas de austeridad, imperiosas si Grecia quiere desencallar los 12.000 millones y el segundo plan de rescate. Todo eso en medio de una fenomenal fatiga tanto en el Norte de Europa como en los países periféricos, en los que la austeridad hace mella en la calle. Esa fatiga se ha traducido en una fuerte tensión en la cumbre de Luxemburgo. "El hartazgo es visible en Atenas, en Madrid y en otras ciudades europeas. Los sacrificios han sido enormes y no podemos subestimar ese sentimiento. Pero a su vez, estamos en un momento decisivo en la peor crisis para Europa desde la Segunda Guerra Mundial", declaró el comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn.

Grandes palabras como telón para una cumbre con exiguos resultados y apenas una conclusión: Grecia tiene la palabra. El drama encara sus capítulos finales. Y si Atenas quiere la ayuda de Europa, deberá capitular y aceptar sus condiciones, que se resumen en la receta habitual: más, más y más dosis de austeridad.
 
Venizelos: "Soy la nueva víctima"
 
El nuevo ministro de Finanzas griego, Evangelos Venizelos, tiene al menos un afilado sentido del humor: anoche se presentaba en sociedad, ante sus homólogos europeos, con una sonrisa acompañada de ironía: "Soy la nueva víctima", espetó ante la vicepresidenta Elena Salgado y otros asistentes a la fallida cumbre extraordinaria, apenas unas horas después de sustituir a Yorgos Papaconstantinu al frente del Ministerio griego de Finanzas. La prensa internacional considera a Venizelos un político populista sin apenas credenciales para navegar en las procelosas aguas de las finanzas internacionales. Al cabo, su nombramiento supone de alguna manera militarizar las finanzas griegas: Venizelos era el titular de Defensa del Gabinete de Papandreu. Y uno de sus grandes rivales políticos, al que ahora el primer ministro sitúa en un puesto de enorme desgaste.
 
Venizelos tiene montañas de trabajo por delante: el Gobierno griego tiene 155 de los 300 escaños del Parlamento, pero las deserciones dentro del propio partido socialista (el Pasok, partido del Gobierno helénico) dificultan la aprobación del doloroso paquete de austeridad que exige Europa, muy contestado en las multitudinarias manifestaciones callejeras en Atenas y otras ciudades griegas. Eso será el 30 de junio. La falta de acuerdo para liberar los 12.000 millones de euros que necesita Grecia de forma acuciante hace de esa fecha un momento fundamental en la crisis fiscal: Venizelos puede presentar la votación como la posibilidad de seguir adelante o de verse obligado al impago de los compromisos de la deuda pública, según los analistas.
 
El nuevo titular de Finanzas, de 54 años, es un peso pesado dentro del partido socialista griego y un destacado constitucionalista. En la penúltima lucha por el poder en el Pasok, se enfrentó a Papandreu y perdió el envite, pero fue nombrado ministro de Defensa. Lo de ahora son palabras mayores, como ha podido comprobar en su primera visita a Luxemburgo, que le ha recibido con el mismo clima frío dentro y fuera de la sala de reuniones de la cumbre. Hay niebla, apenas 10 grados y ráfagas de lluvia en el ducado luxemburgués en pleno mes de junio. Y no hace falta salir al exterior del edificio que alberga el Ecofín para sentirlo.

Por ANDREU MISSÉ / CLAUDI PÉREZ | Luxemburgo 20/06/2011
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