"La policía intenta matar a los ciudadanos de Hong Kong", dice el cartel.

 Mientras los manifestantes denuncian la represión, el gobierno chino afirma que ve "signos de terrorismo" en las movilizaciones.

 

El aeropuerto de Hong Kong canceló todos los vuelos después de que miles de manifestantes ocuparan la terminal principal para denunciar la brutalidad policial, mientras que Beijing señaló que ve "signos de terrorismo" en el movimiento de protesta de largo aliento. Los manifestantes inundaron la sala de desembarque ayer después de informes de que una mujer sufrió un serio daño en el ojo cuando recibió un disparo en la cara con una "bala" de goma. Los carteles en poder de los manifestantes incluían "vergüenza para la policía" y "Hong Kong no es seguro". Se instó a los pasajeros a evacuar el edificio en medio de los rumores de que la policía intentaría despejarlo por la fuerza, pero un gran número de manifestantes permanecieron dentro al caer la noche.

Las autoridades del aeropuerto de Hong Kong dijeron en un comunicado que la protesta había "interrumpido gravemente" sus operaciones e instaron a las personas a no viajar a la zona. "Todos los vuelos han sido cancelados", agregaron. “Se aconseja a todos los pasajeros que abandonen los edificios de la terminal lo antes posible. Pasajeros afectados, comuníquense con sus respectivas aerolíneas para organizar el vuelo”.

Las acciones aumentan las apuestas ya que tanto los manifestantes como las autoridades endurecen sus posiciones después de 10 semanas de protestas. Cathay Pacific, de Hong Kong, la aerolínea insignia del territorio, dijo en un comunicado que se le había informado que todos los vuelos que saldrían se cancelarían hasta mañana.

"Esto es como resultado de la asamblea pública que tuvo lugar en el aeropuerto internacional de Hong Kong", agregó la compañía. "Por lo tanto, se aconseja a los clientes que pospongan los viajes no esenciales tanto hoy como mañana y no deben ir al aeropuerto". La autoridad de aviación de China dijo que, a la luz de la situación en Hong Kong, aumentará la capacidad de transferencia en los aeropuertos del Área de la Gran Bahía

Los manifestantes entraron a la terminal con pancartas y banderas acusando a la policía de Hong Kong de usar fuerza excesiva. Al menos una manifestante en el aeropuerto llevaba una venda en los ojos como parte de una protesta simbólica. El vendaje estaba manchado de rojo y llevaba el mensaje: "La policía de Hong Kong asesina a ciudadanos de Hong Kong".

Hong Kong es el puerto de carga aéreo más activo del mundo y el octavo más ocupado por tráfico de pasajeros, según el Consejo Internacional de Aeropuertos (ACI). Ha estado lleno de manifestantes antigubernamentales durante cuatro días. En China, la Oficina de Asuntos del Gabinete de Hong Kong y Macao emitió un comunicado diciendo que la situación en Hong Kong estaba "comenzando a mostrar signos de terrorismo" y constituía una "amenaza existencial" para la población de Hong Kong.

"Uno debe tomar medidas decididas hacia esta criminalidad violenta, sin mostrar indulgencia ni piedad", dijo el comunicado, atribuido al portavoz Yang Guang. "Hong Kong ha llegado a un punto de inflexión donde todos aquellos que están preocupados por el futuro de Hong Kong deben decir 'no' a los infractores de la ley y 'no' a los involucrados en la violencia". La Policía Armada Popular de China también se reunió en la vecina ciudad de Shenzhen para ejercicios, según un informe en el periódico Global Times respaldado por el estado.

Hong Kong, una antigua colonia británica, fue devuelta a China en 1997 después de que el gobierno liderado por el Partido Comunista acordó que las libertades democráticas de la ciudad permanecerían sin cambios durante 50 años. Sin embargo, las protestas masivas estallaron en junio por un proyecto de ley de extradición que habría permitido que los residentes de Hong Kong fueran enviados al continente para ser juzgados.

El proyecto de ley fue retirado más tarde, pero los activistas ahora exigen la renuncia del líder de Hong Kong, Carrie Lam, elecciones democráticas para su sucesor, la liberación de los arrestados en protestas anteriores y una investigación sobre el uso de la fuerza por parte de la policía.

De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12. Traducción: Celita Doyhambéhère

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Lunes, 12 Agosto 2019 10:08

Los talibanes de San Francisco

Hernando Carrizosa, sin título (Cortesía del autor)

¿La nueva definición de la “resistencia” al racismo estadounidense incluye el derecho a destruir las pinturas murales de un artista comunista financiado por el New Deal (1)? La pregunta puede resultar todavía más absurda si consideramos que las trece obras de Victor Arnautoff, Life of Washington, condenadas por algunos “resistentes” californianos, tienen un contenido antirracista explícito, revolucionario para la época. Sobre una superficie total de 150 metros cuadrados, arremeten contra la hipocresía de las virtuosas proclamaciones de los Padres Fundadores de la Constitución de Estados Unidos, entre los cuales se encuentra George Washington.

A pesar de ello, el pasado 25 de junio, la comisión escolar de San Francisco votó por unanimidad la eliminación de las trece pinturas de Arnautoff que adornan los muros del colegio George Washington desde su inauguración en 1936. Lejos de rendir homenaje al primer Presidente de Estados Unidos, como lo hubiera querido el nombre del establecimiento al que estas obras estaban destinadas, Arnautoff había tenido la insolencia de representar a Washington como propietario de esclavos e instigador de las primeras guerras de exterminio de los pueblos indígenas. Sin embargo, no fue Donald Trump quien, por medio de una serie de tweets racistas e iracundos, reclamó la destrucción del fresco desmitificador de la novela estadounidense concebido por un muralista comunista que terminó sus días en la Unión Soviética; sus más activos adversarios se encargaron de jugar a los inquisidores en su lugar. 

Un “grupo de reflexión y de acción” de trece miembros explicó la decisión de la comisión escolar de San Francisco. Sellaron la suerte de las pinturas de Arnautoff aduciendo con total seguridad que “glorifican la esclavitud, el genocidio, la colonización, el destino manifiesto –la idea de que la misión divina de los colonos protestantes consiste en “civilizar” al continente americano–, la supremacía blanca, la opresión, etc.”. 

Semejante interpretación resulta insostenible: la tradición “realista-socialista” en la que se inspiraba Arnautoff no deja, en efecto, ningún lugar a equívocos de buena fe. Entonces, hubo que buscar otro motivo para justificar la decisión, que fuera más creíble, aunque resulta igual de inquietante. Parecería que Life of Washington, que incluye la representación de un cadáver indígena pisoteado por los colonos, “traumatiza a los estudiantes y miembros de la comunidad”. Pero, entonces, hay que elegir: ¿tenemos que recordar la esclavitud y el genocidio u olvidarlos? Porque, ¿cómo podemos asegurarnos de que un artista que evoca la historia de un país nunca incomode a los “miembros de la comunidad”, quienes tienen de todos modos miles de otras ocasiones para ser cotidianamente confrontados a escenas de brutalidad, reales o figuradas? Guernica de Pablo Picasso o Tres de Mayo de Francisco de Goya, ¿no son igual de violentos y traumatizantes?

Por el momento, la controversia de San Francisco moviliza, principalmente, a la fracción de la izquierda estadounidense más dispuesta a la competencia que a las cuestiones identitarias (véase el artículo de Rick Fantasia de la página 11). Pero, considerando que esta misma vanguardia de la virtud ya exportó con cierto éxito algunas de sus obsesiones más estrafalarias, mejor estar prevenidos…

 

1. Véase Evelyne Pieiller,  “Quand le New Deal salariait les artistes ”, en “ Artistes, domestiqués ou révoltés ? ”, Manière de voir, N° 148, agosto-septiembre de 2016.

*Director de Le Monde diplomatique.

Traducción: María Julia Zaparart

 

 


Artículos de esta edición:

 

Primer año: gobierno Iván Duque. Entre palabras y simulaciones

https://www.desdeabajo.info/ediciones/item/37434-primer-ano-gobierno-ivan-duque-entre-palabras-y-simulaciones.html

Un año de medidas a favor de los poderosos

https://www.desdeabajo.info/ediciones/item/37435-un-ano-de-medidas-a-favor-de-los-poderosos.html

Las obsesiones no siempre son buenas consejeras

https://www.desdeabajo.info/ediciones/item/37436-las-obsesiones-no-siempre-son-buenas-consejeras.html

"¿Quiren más paz? Aquí la tienen..."

https://www.desdeabajo.info/ediciones/item/37440-quieren-mas-paz-aqui-la-tienen.html

 

Cosmología y vida cotidiana

https://www.desdeabajo.info/ediciones/item/37437-cosmologia-y-vida-cotidiana.html

  


 

Lunes, 12 Agosto 2019 06:03

Defensoras de la Pachamama

Foto: gentileza Grupo Caminando con las Estrellas

En Ecuador las explotaciones mineras enfrentan una creciente resistencia indígena y popular. Protagonizado por las mujeres, el movimiento se ha convertido en la principal oposición a los megaemprendimientos. Las victorias que cosecha en los planos social y judicial lo han puesto en el centro del escenario político de las regiones andinas.

 

“Sin las mujeres no habría resistencia a la minería ni movimiento social”, enfatiza uno de los mayores de la ronda, que va creciendo alrededor del fogón en el que se cocinan empanadas. El fuego arde pegado al camino de tierra que conduce a la mina Río Blanco, donde la comunidad San Pedro de Yumate mantiene un bloqueo permanente del paso de maquinaria y vehículos de la empresa minera. La treintena de personas que integramos la ronda, a casi 3 mil metros de altura, rodeados por un bosque húmedo semitropical, estamos distribuidos de forma asimétrica. En una punta los varones, hablamos, analizamos y seguimos hablando. En tanto, las mujeres, la mayoría del grupo, se afanan en torno al fogón armando empanadas de queso y banano, dorándolas sobre el aceite y disponiendo los trastos para comer y beber.

Adornando las construcciones donde los comuneros se cobijan de la lluvia y el frío, se destacan grandes murales multicolores y una pintada que reza: “¡Fuera, chinos!”. Una casilla y una barrera de control completan el cierre del camino. “Este lugar nació el 8 de mayo de 2018, cuando las comunidades de la zona se organizaron para quemar el campamento minero”, explica Paul, de 27 años, quien luce una sonrisa tan estridente como su sombrero rojo. Yumate pertenece a la parroquia de Molleturo, de unos 15 mil habitantes, centro de una región que incluye 72 comunidades. “El levantamiento lo hicieron unas 30 comunidades y todo empezó hace muchos años, por un grupo de mujeres que se llaman pachamamas, campesinas mayores de la parroquia”, explica Klever, otro joven que se regocija relatando su historia.

CHINOS CONTRA EL PÁRAMO.

“4.000 m.s.n.m.”, advierte un cartel instalado en el punto más alto de la carretera que conduce de Cuenca hasta Guayaquil, en un punto que llaman Tres Cruces. Todo el camino es cuesta arriba por una excelente carretera que atraviesa el Parque Nacional de Cajas, un enorme macizo de páramo que, como dicen los comuneros, es una verdadera fábrica de agua. Por cierto, el agua de la colonial Cuenca (medio millón de habitantes) es pura, cristalina y potable, algo ya casi imposible en las ciudades latinoamericanas.

El recorrido de una hora se hace demasiado corto. Decenas de cataratas caen a la vera del camino, otras tantas se observan a la distancia, desplomándose de las montañas verticales a las que sólo acceden cóndores y halcones, y se esconden lagos glaciares y hasta mil fuentes de agua. Gloria tiene un pequeño restaurante cerca de Tres Cruces y conoce el páramo desde hace tres décadas. “El parque tiene unas 280 lagunas, pero hace tres años militarizaron toda la región”, se queja, “por la cuestión de la minería”.

El “control comunitario” para impedir el tránsito queda bastante más abajo, cuando la serranía se trasmuta en selva de altura y aparecen las frutas, los plátanos y los castaños, donde las petulantes orquídeas y las bromelias altaneras pavonean sus colores. “Aquí pasaban unas 20 volquetas cada día, que nos robaron 330 toneladas de minerales”, insiste Paul debajo de un poncho demasiado holgado.

La minera Río Blanco debería ser una anomalía en Ecuador, después de que el Mandato Constituyente de 2008, o Mandato Minero, ordenara dejar sin efecto las concesiones que afectan fuentes de agua y zonas protegidas. Sin embargo, entre 2016 y 2017 el gobierno de Rafael Correa anunció la reapertura del catastro minero con concesiones por casi 3 millones de hectáreas, lo que representa el 11 por ciento del territorio nacional. Una doble anomalía, si se quiere, porque el referéndum constitucional convocado por el actual presidente, Lenín Moreno, en febrero de 2018, incluyó una pregunta sobre la prohibición de la minería metálica “en áreas protegidas, zonas intangibles y centros urbanos”, que fue respondida afirmativamente por el 68 por ciento de los votantes.

Pese a todo, la minería es una realidad omnipresente. En 2017 Ecuador ganó dos premios internacionales, concedidos por fundaciones mineras, como Mejor País en Desarrollo Minero y País más Innovador en esa área. La provincia de Azuay, en el sur, cuya capital es Cuenca, se lleva la palma de la resistencia a ese modelo: “Las comunidades de Kimsacocha y Río Blanco llevan ya una década resistiendo a la minería”, explica la economista Nataly Torres, que integra el Colectivo de Geografía Crítica. Ambas minas están localizadas en áreas protegidas, donde nacen cinco ríos que riegan la provincia. Los dos proyectos pretenden extraer oro. En 2013, Río Blanco fue adquirida por Ecuagoldmining, perteneciente al consorcio chino Junefield. El dragón asiático es el mayor inversor en minería en Ecuador, superando a Canadá.

Según la socióloga Lina Solano, de la Universidad de Cuenca, en la región del Cajas, en Azuay, se registran los mismos impactos negativos que conlleva la minería en toda América Latina: vulneración de los derechos humanos, militarización, criminalización de la protesta, división de las comunidades y pesadas consecuencias ambientales.

TRIUNFOS QUE ANIMAN.

En agosto de 2018 la Corte Provincial de Azuay dictaminó la suspensión del proyecto Río Blanco, que entraba en la etapa de explotación. La justicia contempló la petición de medidas de protección interpuestas por los habitantes de la parroquia de Molleturo. Pero no llegaron a esta instancia sólo mediante el papeleo judicial, sino a través de una larga pelea casa por casa y persona por persona.

“En 2017 se hizo el primer paro de la comunidad de Río Blanco”, relata Paul. “Pero vimos que la empresa compraba a los dirigentes, porque había una conciencia de que esta lucha era similar a la que se hace por los derechos laborales, que siempre termina en negociación y acuerdo.” Cuando asumieron esa realidad, tomaron otro camino. Lo primero fue apostarles a las mujeres mayores y a la naturaleza.

“De noche marchaba con mi amigo Ismael a escuchar las lagunas, desafiando el frío tremendo, hasta que las lagunas nos empezaron a hablar”, sigue Paul, golpeando el poncho como para sacarse el frío. “Tenía 23 años y cuando regresé a mi casa, no sé por qué, me puse a escuchar una grabación que se llama Entre la luz y la sombra, que después supe que era del subcomandante Marcos.” Descerraja una sonrisa traviesa, pero no para de hablar, repitiendo como un mantra la palabra “autonomía”.

“Durante año y medio un pequeño grupo nos dedicamos a caminar y recorrer las comunidades, golpeando puertas, hablando con cada familia sobre lo que se nos venía con la minera.” Descubrieron que era el modo de establecer lazos de confianza para proseguir la resistencia, con base en relaciones cara a cara, sin representantes que luego se venden. De alguna manera, es la forma de recrear la construcción de comunidad, una tradición que todos respetan y con la que se identifican.

Cuando decidieron quemar el campamento minero, “una acción colectiva sin heridos ni muertos”, las mujeres ocuparon la primera fila y arrostraron a los policías que protegían el lugar, que pronto desistieron ante la firmeza femenina. “Nadie en sus casas” era la consigna, y pasaron tres días en el monte hasta que los mandos militares aplacaron la rabia. Están convencidos de que las comunidades tomaron la decisión, extraordinaria en sus vidas, cuando comprobaron que era verdad que el agua de las lagunas estaba cambiando por la mina. “La naturaleza es muy potente”, sentencia Daniel, el único varón que colabora con las empanadas, quizá por su especial sensibilidad de músico pelilargo.

Ahora que la mina está parcialmente detenida, aunque la empresa estableció otro acceso algo más abajo, han decidido construir porque, dicen, no pueden sostenerse sólo a base de resistir. En setiembre inaugurarán el primer “colegio autónomo”, en Río Blanco, con docentes voluntarios de la ciudad, porque “ellos usaban las escuelas como centro de adoctrinamiento minero”. Saben que las cosas van para largo, porque la minera de Río Blanco está entre los cinco proyectos estratégicos definidos por el Estado ecuatoriano. De modo que sienten la paralización como algo momentáneo, que se levantará apenas bajen los brazos. Además de la escuela, decidieron crear una huerta comunitaria que les permita mantener el espíritu colectivo e iniciar el larguísimo camino hacia la soberanía alimentaria.

AMAS DE CASA Y COMADRONAS.

“Ya no confiamos en los hombres”, escupe Yoana, 20 años, mientras aparta a la pequeña que quiere trepar, una vez más, sobre la espalda de la madre. El veterano Manuel Huamán recoge el desafío frunciendo los pliegues de su frente: “El valor más grande en la organización son las mujeres. Nosotros vamos atrasito nomás”. En San Pedro de Yumate todos han podido comprobar que cuando las papas queman, cuando los militares apuntan, ellas siguen firmes. Alguien vuelve a mentar a las pachamamas, un nombre casi mítico, para explicar la fuerza inquebrantable de las mujeres. Daniel, el músico, explica: “La clave son las comadronas. Mi abuela era comadrona, y puedo decirte que tienen una gran autoridad simbólica y lazos muy fuertes, con los que ayudaron a nacer”. Luego destaca que las pachamamas empezaron hace 23 años, explicando en voz baja los daños que provocaría la minería al bien más apreciado, el agua. Se puede decir, entonces, que el movimiento ha nacido gradualmente, desde los vientres de las personas, alimentadas con esa agua fresca y cristalina que baja del páramo.

La creación de la organización Frente de Mujeres Defensoras de la Pachamama fue en 2008, con mujeres de las parroquias afectadas por la minería en la región del Cajas: Tarqui, Victoria del Portete y Molleteuro, y con algunas que llegaron de la ciudad de Cuenca. Muchas se habían conocido años antes en la Coordinadora Nacional por la Defensa de la Vida y la Soberanía, en tiempos de Correa, cuando arreciaba la represión y se multiplicaban las inversiones chinas. La socióloga Solano asegura que el protagonismo femenino en todas las resistencias mineras puede explicarse por “el rol que tienen en las familias y las comunidades como guardianas de la reproducción”. La posición social de las mujeres, enfatiza, les permite una comprensión de las necesidades para la supervivencia. “Cuando las fuentes de agua son afectadas, ellas deben recorrer largas distancias para abastecerse, lo que aumenta su carga de trabajo.” Además, las mineras casi no emplean mujeres, salvo para limpieza y cocina.

En la investigación para su tesis de maestría, Solano recoge testimonios de mujeres originarias sobre persecuciones policiales y enjuiciamientos, tanto de las pachamamas como del Frente de Mujeres Guardianas de la Amazonía, casi todas sin la menor experiencia organizativa previa. “Nuestra niñez era el agua, lo más era el agua del río que corría”, recuerda Francisca, de 70 años. “Era maravilloso. Comíamos agua de los pozos, íbamos a bañar en el río, el agua del río traíamos, cargábamos en los cántaros. Era una vida muy bonita”, exclama Isaura, de 72. Ambas de comunidades rurales de Tarqui y Victoria de Portete.

Cuando los citadinos decimos “el agua es vida”, formulamos un eslogan abstracto, como tantos otros. Para las comuneras, en cambio, es la vida misma. El agua es sujeto de sus vidas, como el páramo y las cumbres nevadas, las plantas y los animales. Quizá por eso los liderazgos colectivos surgen de modo natural, como los manantiales, pasando por el costado de egos y protagonismos, tan propios del mundo de los varones.

En una esquina de la ronda, mamá Laureana, en silencio, no pierde detalle de los diálogos. A sus 76 años, es una de las comadronas más experimentadas de la parroquia. Responde con un susurro, diciendo que ayudó a nacer en unos 200 partos. Lo dice sin el menor atisbo de vanidad, como si fuera la tarea que le deparó la vida. Debe ser la forma de sentir el Sumak Kawsay, el buen vivir, como le llamamos los blancos. Vida sencilla, con la naturaleza, de modo que cada actividad contribuya a reproducir la existencia colectiva.

DE LA BARRICADA AL PODER.

La nutrida asamblea en Victoria del Portete, donde en 2011 los vecinos resistían la mina Kimsacocha, era presidida desde un elevado balcón por un grupo de comuneros, entre los que destacaba, alto y erguido, Carlos Pérez Guartambel. Abogado y miembro de la organización de los kichwa de la sierra, Ecuarunari, la presidió entre 2013 y 2017, en el momento de mayor confrontación con el presidente Rafael Correa, y continuó en ese cargo hasta 2019. Se especializó en “justicia indígena” y publicó un grueso volumen con ese título. El encabezar las movilizaciones comunitarias contra la minería le valió la acusación de “terrorismo” por parte del gobierno de Correa, por “obstaculización de vías públicas”. Nos conocimos hace ocho años en Cuenca, en el Encuentro Continental por el Agua y la Pachamama, que pretendió coordinar las resistencias de la región. En la apertura lanzó un mensaje radical: “El mismo discurso de las multinacionales de una minería sustentable y responsable lo repiten Rafael Correa, en Ecuador; Juan Manuel Santos, en Colombia, y Alan García, en Perú. Ni Chávez se salva”.

Pérez Guartambel ganó las elecciones provinciales de marzo pasado y en mayo asumió la gobernación de Azuay. De esta manera, hizo pedazos los pronósticos de las encuestas que auguraban el triunfo de políticos tradicionales y se convirtió en el primer prefecto indígena de la provincia. Antes de dar ese paso, cambió su nombre por Yaku (agua, en quechua). El diario local El Mercurio asegura que “las líneas discursivas de Yaku calaron profundo tanto en redes sociales como en la esfera pública a través de su austera pero efectiva campaña”. Los medios destacan su sencillez y el hecho de que se movilice en bicicleta y se ocupe de los problemas rurales que nadie tiene entre sus prioridades. En su apasionada defensa del agua, dijo que a esta la protegen “sobre todo las mujeres indígenas, que son la clave de esta resistencia”. Agregó algo más, que quedó flotando en el aire, en referencia a los objetivos de su pueblo: “Caminamos en las huellas de nuestros antepasados”.

Es probable que la rúbrica definitoria de su gestión sea la convocatoria de una consulta provincial para frenar la minería metálica en la provincia. Como las instituciones son reacias, a principios de este mes Yaku anunció una minga para recolectar las 65 mil firmas necesarias para esa votación, es decir, el 10 por ciento del padrón electoral de Azuay. Ya hubo un referendo en marzo en su región, Kimsacocha, con un resultado abrumador: el 86 por ciento de los 15 mil vecinos dijeron no a la mina.

Pese a todo, en los movimientos de base y en las comunidades afectadas por la minería predomina el escepticismo sobre el alcance de cualquier gestión institucional, aun la que ejercen personas como Yaku, surgido del corazón de los movimientos. Cinco siglos aconsejan prudencia y los previenen de cualquier entusiasmo, sobre todo después de experimentar la “revolución ciudadana” correísta, que para muchas comunidades fue más de lo mismo: minería y militares. Las mujeres de esas comunidades atesoran la memoria colectiva que fluye entre cocinas y chacras, desde las Laureanas hasta las Yoanas. Estarán allí, como siempre, atentas y vigilantes, a veces en silencio y otras poniendo el cuerpo, para asegurar que la vida siga siendo vida, o sea, pachamama, a pesar de los pesares.

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Lunes, 12 Agosto 2019 05:52

Woodstock

 Imagen del 16 de agosto de 1969 durante el festival de Woodstock que se celebró en Nueva York y en el que participaron solistas y bandas de la época como Creedence, Jefferson Airplane, The Who, Janis Joplin, Santana, Jimi Hendrix y Joe Cocker.Foto Ap

Hace 50 años en la granja de Max Yasgur, en el estado de Nueva York, se realizó el festival Woodstock, donde se exhaló el último suspiro de lo que se llama "los 60", y desde entonces prevalece una profunda nostalgia por algo inocente y consciente a la vez.

Ningún evento o festival cultural aquí ha generado tantos libros, discos, documentales, imágenes, memorias (y con este aniversario se están produciendo aún más). Aunque dicen que "si te acuerdas de Woodstock, no estuviste ahí", el festival es punto de referencia y forma parte del consciente (y probablemente del inconsciente) colectivo de este país medio siglo después.

Fue una expresión vital, y precaria, una respuesta rebelde contra las convenciones y las reglas del juego estadunidense y un sueño efímero hecho realidad durante lo que llamaron "tres días de paz y música".

Abbie Hoffman, el gran payaso e intelectual activista subversivo de esa generación, explicó lo que bautizó como la Nación Woodstock, en su libro de ese título, y lo resumió, durante su juicio (conocido como "los ocho de Chicago"), que se inició un mes después de Woodstock. Al ser interrogado en el banquillo de los testigos en el tribunal, se identificó así: “Mi nombre es Abbie. Soy un huérfano de America… resido en la Nación Woodstock”. ¿Y eso dónde está?, se le preguntó. Respondió: “Es una nación de gente joven enajenada. La cargamos con nosotros como un estado de ser de la misma manera que los indígenas Sioux cargaban a su nación Sioux con ellos. Es una nación dedicada a la cooperación versus la competencia, a la idea de que la gente debería tener un mejor medio de intercambio que la propiedad o el dinero, de que debería de haber otra base para la interacción humana… está en mi mente y en las mentes de mis hermanos y hermanas. No consiste de propiedad o material, es de ideas y ciertos valores... Es una conspiración. Actualmente, esa nación está cautiva en las penitencias de las instituciones de un sistema en decadencia”.

Tal vez la mejor canción sobre el festival fue escrita por una artista que nunca logró llegar, Joni Mitchell, cuyo coro es: "Somos polvo de estrella / Somos dorados / Y tenemos que irnos / De regreso al jardín" (en referencia al Jardín de Edén). Un verso contiene este reportaje: "Cuando llegamos a Woodstock / Ya éramos una fuerza de medio millón / Y por todas partes había canto y celebración / Y soñé que vi a los bombarderos... Y se estaban volviendo en mariposas / Sobre nuestra nación".

Woodstock se llevó a cabo entre el 15 y el 17 de agosto de 1969. No hubo comercio y los asistentes no llegaron como consumidores. De hecho, cuando los organizadores, al darse cuenta de que en lugar de 40 mil asistentes que esperaban estaban llegando 10 veces esa cantidad, declararon que el evento era gratuito. No hubo policías, ni seguridad oficial, ni broncas mayores, un poco de ácido malo, y situaciones caóticas que se resolvieron –no todas bien– por una comunidad autogobernada sin autoridades durante tres días (el gran documental Woodstock presentado en 1970 regaló el festival al mundo y sigue siendo el registro definitivo; ahora hay nuevos para marcar este aniversario.

La música fue el centro, el eje, la ruta sonora de una conciencia común informada por resistencia a las guerras imperiales, al racismo, a las injusticias sociales del país, y un rechazo al american way of life. Las canciones –estaban ahí algunos de los mejores intérpretes y bandas de esos tiempos, desde Janis Joplin, al Grateful Dead, Creedence, Jefferson Airplane, Sly & The Family Stone, The Who, Crosby, Stills, Nash & Young, Joan Baez, Santana y más– estaban repletas de historias de estas luchas y resistencias y rebeldías que marcaron los años 60. Jimi Hendrix fue el encargado de cerrar el festival y su furiosa y encendida versión del himno nacional, repleto de guerras y gritos, y, pues, de rebelión, fue tal vez la rola más emblemática.

Los ecos de Woodstock aún se escuchan medio siglo después.

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 Manifestantes encaran a la policía, en Hong Kong. MANAN VATSYAYANA AFP

Las imágenes del fin de semana muestran la mano dura de las fuerzas de seguridad con tácticas encubiertas para practicar detenciones y el uso brutal de pelotas de goma

 

Mucho ha cambiado desde el día en el que la policía de Hong Kong contemplaba impasible cómo un grupo de manifestantes asaltaba el parlamento autónomo, gesto revolucionario por excelencia. Alentadas por Pekín y su apoyo incondicional, las fuerzas de seguridad optaron ayer por aplicar mano dura contra las protestas antigubernamentales. La jornada de mayor violencia tras diez semanas consecutivas de movilizaciones se saldó con 45 personas heridas, dos de ellas de gravedad, y varios detenidos, cuyo número exacto no ha trascendido.

El domingo comenzó con una concentración en el parque Victoria, una de las pocas protestas permitidas por las autoridades. Desde allí los manifestantes se diseminaron por varios distritos de la ciudad, siempre en movimiento, como acostumbran a hacer en las últimas semanas, lo que desembocó en enfrentamientos en los que la policía se empleó con agresividad.

Imágenes compartidas en redes sociales muestran a los antidisturbios disparando pelotas de goma a menos de dos metros de distancia y apuntando a la cabeza, una práctica censurada por las directrices de armamento no letal elaboradas por la Academia de Ginebra de Derecho Humanitario, ya que “puede resultar letal”. Uno de esos proyectiles golpeó en el rostro a una chica, quien tuvo que ser llevaba de emergencia al hospital. El parte médico indica que “quedará ciega de ese ojo de manera permanente” y su pronóstico es reservado mientras se estudia si el impacto causó una fractura craneal.

La policía también disparó bombas de gases lacrimógenos en el interior de la estación de metro de Kwai Fung, pese a la presencia de ciudadanos sin protección y ajenos a las protestas. Las instrucciones del fabricante, además, advierten de manera explícita que no debe ser empleado en espacios cerrados.

Policías vestidos de negro se infiltraron entre la multitud y practicaron arrestos, sirviéndose en algunos casos de un evidente exceso de fuerza, como prueba el vídeo en el que se ve a un chico sangrando copiosamente, cuya cabeza aprietan contra al asfalto pese a no ofrecer resistencia. Estos agentes se negaron a identificarse cuando fueron cuestionados por los periodistas presentes en el lugar de los hechos. Otras grabaciones muestran a antidisturbios introduciendo armas en las mochilas de los detenidos, presumiblemente para plantear contra ellos acusaciones más graves.

Ya existían rumores acerca de la infiltración de miembros de la policía en las protestas, aprovechándose de la apertura de un movimiento popular amorfo, en particular desde que el 27 de junio un agente de paisano fuera identificado en la movilización que rodeó la comisaría de Wanchai. En un comunicado posterior en Facebook, el cuerpo policial desmintió cualquier tipo de participación, asegurando que “el oficial no estaba disfrazado ni había realizado ninguna provocación” y criticando “la propagación de rumores falsos”.

Los manifestantes, por su parte, recurrieron por primera vez desde que empezaron las protestas al lanzamiento de un par de cócteles molotov: uno en Wanchai y otro frente a la comisaría de Tsim Sha Tsui. Este segundo provocó quemaduras en las piernas de un agente.

Este nuevo recrudecimiento de la violencia está en línea con las directrices dictadas desde Pekín. En su segunda rueda de prensa en ocho días tras 22 años de silencio, la más alta institución política china para la gestión de cuestiones relacionadas con la excolonia, la Oficina para Asuntos de Hong Kong y Macao del Consejo de Estado, invitó al gobierno de Hong Kong a redoblar la política de arrestos y enjuiciamientos. Existe la idea de que esta nueva táctica, sumada al comienzo del curso escolar, puede logra el objetivo de apagar la mecha de las protestas sociales.

La prioridad para el Partido Comunista chino es haber solucionado las movilizaciones antes del 1 de octubre, día en el que se celebrará el 70 aniversario de la fundación de la República Popular y que se pretende que sea una demostración de fuerza y unidad nacional. Eso explica el nombramiento de Alan Lau, que volvió del retiro para ser desempeñar el cargo de comisionado adjunto con la misión de “fortalecer el orden estratégico y supervisar eventos públicos”. Las fuerzas de seguridad parecen dispuestas a seguir avanzando por esta vía. Hoy, sin ir más lejos, tendrá lugar una demostración de nuevos recursos, como el empleo de cañones de agua, frente a los legisladores pertenecientes a la comisión de seguridad pública.

A pesar de la escalada en los enfrentamientos, los políticos prochinos subrayaron en sus declaraciones que el número de manifestantes está disminuyendo. “Se están convirtiendo en repetitivas, así que algunos manifestantes ya están cansados. La policía, además, está haciendo mejores planes”, apuntó Tam Yiu-chung, miembro del Comité Permanente del Congreso Nacional del Pueblo, el cuerpo legislativo de la República Popular china. Por su parte, el gobierno local publicó un comunicado a medianoche, el gobierno local publicó un comunicado en el que “condenaba rotundamente” la actuación de los manifestantes, añadiendo que estaban “indignados” por sus acciones. La indignación, aunque por motivos opuestos, parece ser lo único que comparte hoy una ciudad más dividida que nunca antes.

Por Jaime Santirso

Pekín 12 AGO 2019 - 03:21 COT

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Dos muertos y seis heridos en atentado –declaración de guerra– contra la Guardia Indígena del Norte del Cauca

Un día después de celebrarse el día internacional de los pueblos indígenas, en Colombia se riega la tierra en el Norte del Cauca con la sangre de dos Guardias Indígenas asesinados y otros 6 heridos.

A mansalva. A las 7:30 de la mañana del 10 de agosto, dos vehículos en donde se transportaban participantes de la Feria del Café en Toribio y un grupo de Guardias que acompañaba, fueron atacados en el sector del Chorro, vía que conecta a los municipios de Toribio con Caloto. Según fuentes indígenas, siete actores armados dispararon con fusiles de largo alcance y con pistolas, pretendiendo una masacre, desconociendo que era personal civil, desarmado, defensores de la paz en sus territorios. El resultado da cuenta de su propósito: 8 heridos, de los cuales 2 fallecieron pasadas unas horas: los Guardias del resguardo indígena de San Francisco, Kevin Ademir Mestizo Coicue y Ogenio Tenorio.

Hasta el momento no se han identificado los actores del crimen, pero el atentado concreta las amenazas recibidas por medio de panfletos firmados, de manera individual, por distintos grupos armados que están en la región, como las Águilas Negras, el Cartel de Sinaloa y las disidencias de las Farc, en los que declaran objetivo militar a las autoridades y a todo el que tenga los distintivos de la Guardia Indígena, como la Chonta o Bastón de Mando.

 

 

Sin dejarse atemorizar, la respuesta por parte de la organización indígena y las comunidades fue la de realizar movilizaciones y desplazamientos masivos hasta la zona donde se presentaron los hechos, donde los armados continúan los hostigamientos con arma de fuego, zona que va desde el Palo hasta el Tierrero por la vía que conecta los municipios de Caloto-Toribio.

Al caer la tarde el sábado 10 las comunidades se encuentran concentradas en sitio de asamblea permanente, y desde la Consejería Mayor del Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric) se realizó una convocatoria urgente para el día 11 de agosto, a partir de las 8 de la mañana para abordar el tema en junta directiva extraordinaria. Allí deberán llegar las 126 autoridades, las 11 asociaciones y toda la Guardia Indígena de cada Territorio, así como la comisión política y todos los programas locales, zonales y regionales.

La guerra frontal contra la guardia indígena tiene que ver con el narcotráfico y el control de corredores estratégicos que cursan esta región en su ligazón con el Pacífico colombiano. Como se mencionó en el artículo “Arrecia la guerra contra las comunidades y la Guardia Indígena en el Norte del Cauca”, fuentes cercanas a desdeabajo informan que estos ataques posiblemente tienen que ver con el narcotráfico y quienes están detrás son grupos delincuenciales. Sin embargo, este accionar deja abiertos algunos interrogantes, ¿No será esta una forma de actuar de grupos específicos, ligados al poder, que pretender debilitar por medio del miedo y el temor a la comunidad indígena? ¿No pretenderán con ello debilitar la capacidad de movilización del movimiento más fuerte en Colombia? ¿Será esta una nueva estrategia para generar divisiones y rupturas al interior de la organización indígena, campesina y popular en general?  

La situación es compleja y cada vez más crítica, pero seguramente la sabiduría de los pueblos logrará defender los territorios, garantizar la pervivencia en los mismos, evitando tensiones y divisiones a su interior y/o con campesinos y pueblos afrodescendientes. La declaración de guerra no debe prosperar.

Este es un reto, otro lo constituye, ante la realidad gubernamental y extragubernamental, la necesidad de plantear un accionar diferente para los movimientos sociales del país, uno que denuncien y haga cada vez más visible la democracia de papel imperante en Colombia, y de esta manera comenzar a organizar y crear otra democracia, una que vaya más allá de los formalismos institucionales o electorales y que ahonde el poder del gobierno propio, concitando la acción común con el resto de los actores sociales, y así, por fin, lograr encarar la construcción de una agenda común para avanzar hacia otro país con justicia y vida digna.  

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Hiroshima luego del estallido de bomba atómica lanzada por los Etados Unidos

Los crímenes estadunidenses contra la humanidad son un hecho irrefutable que prescinde de argumentación. Basta echar una mirada superficial –y cuanto más profunda más categórica– para comprender el papel de lesa humanidad que Estados Unidos, en tanto Estado-nación, viene ejerciendo prácticamente desde su fundación. Su propia narrativa histórica oficial, impregnada de humanismo y valores democráticos, resulta insostenible a la luz de los hechos.

Esta imposibilidad de sostener su propio mito humanista se profundiza irremediablemente si realizamos una exploración sobre obras y autores capitales que denuncian, detallan e ilustran sobre la variada naturaleza de los crímenes estadunidenses en su política exterior. Y por supuesto, también doméstica.

Preclaros intelectuales de la izquierda estadunidenses como Noam Chomsky, James Cockcroft y Howard Zinn o más recientemente Oliver Stone y Peter Kuznick –que juntos realizaron la muy documentada Historia no oficial de Estado Unidos–, dan cuenta de ello. En su obra de 2005 Abolition Democracy: Beyond Prisons, Torture, and Empire la militante feminista afroamericana Angela David nos habla sobre la ruptura del estado de derecho en Estados Unidos y como aquella democracia que se pretende ejemplar se ha convertido en un engendro posconstitucional de claros perfiles criptofascistas.

Sobre los relatores latinoamericanos que analizaron en profundidad la malversada democracia estadunidense y sus desvaríos imperialistas, no podemos dejar de mencionar a Gregorio Selser y al sociólogo argentino Atilio Borón, quien ha dedicado buena parte de su vida y sus altos estudios a esta inacabable tarea, escribiendo varios volúmenes (uno de ellos en coautoría con Andrea Vlahusic) sobre el problema que significa Estados Unidos para el mundo y en particular para América Latina. Sin olvidar, por supuesto, a las consagradas investigadoras y periodistas Telma Luzzani y Stella Calloni, también autoras de obras capitales y perdurables que contribuyeron a conformar un logos cognitivo de la política exterior estadunidense y sus crímenes contra la humanidad.

Sin embargo, surge de forma ineludible una pregunta que resulta casi absurda, e incluso surrealista ante la evidencia de los crímenes ¿Por qué el mundo no condena e impugna de manera explícita a un Estado agresor, militarista hasta extremos paroxísticos y claramente genocida en todos los escenarios en que ha actuado en el pasado siglo?

Por supuesto la respuesta es sin dudas compleja y escapa a las posibilidades de este artículo. Pero haciendo una aproximación muy general, podemos afirmar que prevalece lo que el sicoanalista y teórico marxista alemán Erich Fromm (1900-1980) denominaba como una sicopatía del conjunto. Es decir, la naturalización de una sociedad enferma (de impulsos necrófilos diría Fromm) que asume su patología como una normalidad y, por tanto, no comprende su pathos.

Sin dudas Estados Unidos, desde 1945, ha conducido a la sociedad global hacia esta patología asumida como una cultura legítima. La hegemonía cultural estadunidense nos ha uniformado en una lógica militarista, en un individualismo lacerante y criminal con el planeta y las sociedades que lo conforman. Y todo ello mientras Washington despliega una praxis política que vulnera indiscriminadamente todo marco jurídico internacional, que toma por la fuerza, destruye, transforma y degrada cuanto le sirve para perpetuar una hegemonía que ya comienza a ser odiosa, incluso para sus aliados europeos, beneficiaros de segundo orden en el reparto criminal de las riquezas periféricas.

No obstante esta saturación que comienza a ser manifiesta en diferentes niveles y que va dando forma a una confrontación mundial ya irremisiblemente planteada, Estados Unidos sigue gozando de una fachada ruinosa –aunque todavía efectiva– de verdadera democracia, de país humanista y de Estado benefactor de los derechos globales. Ningún otro absurdo muestra de mejor manera la sicopatía de la civilización actual de las que nos hablara Fromm.

Y aunque parezca extraño, debemos luchar por hacer visible lo evidente. Incluso demostrar lo que no necesita demostraciones. Intentar que el mundo contemple sin maquillajes ni espejismos las atrocidades, guerras y bloqueos que un país impone unilateralmente al resto de las naciones. El genocidio económico contra Cuba, que ahora se intenta replicar en Venezuela, es apenas una muestra más de un extenso catálogo que también incluye la criminalización de niños inmigrantes y la tortura como instrumento legitimado jurídicamente. Por estas razones, conmemorar de forma colectiva e individual el 9 de agosto, Día Internacional de los Crímenes Estadunidenses contra la Humanidad resulta no sólo un imperativo ético, sino un ejercicio liberador que posee la virtud de abrir caminos fundacionales hacia la comprensión del mundo. Condición elemental para una construcción fraterna entre los hombres y para la liberación de los pueblos.

Por Alejo Brignole, escritor y ensayista, miembro de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad

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Viernes, 09 Agosto 2019 05:50

La gran batalla de Hong Kong

La gran batalla de Hong Kong

"Quiero advertir a todos los criminales que no juzguen la situación de manera equivocada y confundan contención con debilidad", declaraba este martes Yang Guang, portavoz del Consejo de Estado [Chino] para los Asuntos de Hong Kong y Macao. La huelga general del día anterior tras dos meses de protestas se había cerrado con un saldo de 800 bombas lacrimógenas, 20 granadas esponja, 140 pelotas de goma y 148 arrestos. "Es solo cuestión de tiempo que los manifestantes reciban su castigo", advirtió Guang dramáticamente. "Los que juegan con fuego se quemarán". 

No es el primer aviso. Una portavoz del Ministerio de Defensa Nacional chino advirtió hace semanas que el Ejército de Liberación Popular podría ser llamado para mantener el orden en la región. El jueves de la semana pasada, el ejército distribuyó desde su cuenta oficial en Hong Kong un vídeo épico de tres minutos en el que se ve a las tropas enfrentándose a diferentes retos, incluyendo manifestaciones. Parece el trailer de un videojuego de acción, con un soldado que grita ¡todas las consecuencias bajo tu cuenta y riesgo! La guarnición local del Ejército de Liberación chino tiene entre 6.000 y 10.000 soldados. La cifra oficial de miembros del Ejército de Liberación es de 2.035.000.

Todo empezó en febrero, cuando las autoridades de Hong Kong presentaron una enmienda a la Ordenanza de Delincuentes Fugitivos que autoriza la extradición de cualquier persona, local o extranjera, a cualquier país, incluyendo China. Carrie Lam, la jefa del gobierno autónomo de Hong Kong, argumentó que las enmiendas servirían para "tapar los agujeros" de la legislación e impedir que la región se convirtiera en un "refugio de criminales". Su percha fue un sombrío asesinato que tuvo lugar el año pasado, cuando un ciudadano de Hong Kong de 19 años asesinó a su novia de 20 cuando estaban de vacaciones en Taiwán. El hombre regresó rápidamente a la región y no pudo ser deportado porque Hong Kong no tiene acuerdo de extradición con Taiwán. Las autoridades locales solo pudieron juzgarlo por usar la cuenta corriente de su víctima sin autorización, cuando ya estaba muerta. Lam quiso aprobar la enmienda de forma rápida, pero se encontró con el bloqueo del parlamento. Después, con el del resto de la población.

Hong Kong mantiene ya acuerdos de extradición con una veintena de países y China no está en la lista. En la República Popular China, el poder judicial está subordinado a la autoridad del Partido Comunista y ha sido denunciado numerosas veces por arrancar confesiones con tortura, entre otras cosas. Aceptar la enmienda implicaría entregarse a las idiosincrasias de un régimen no democrático y renunciar a la esperanza de un proceso justo. Los hongkoneses aseguran que la nueva ley servirá para extraditar disidentes políticos, activistas, periodistas y enviarlos a los campos de reeducación que ha implementado el partido, considerados como una reencarnación del Gulag. O para legitimar los secuestros que ya tienen lugar. También temen por la integridad de su economía, que podría quedar supeditada a los intereses de los oligarcas chinos favorecidos por Jinping. Pero, sobre todo, creen que la intromisión de China en su sistema de justicia marcará el final de su precaria independencia, cuyo contrato vigente termina en 2047.

Independencia relativa y temporal

China perdió Hong Kong en la primera Guerra del Opio en 1842, y había sido una colonia británica hasta que, en 1997, Reino Unido la revirtió a China como Región Administrativa Especial de Hong Kong de la República Popular China. Lo hizo bajo el extraordinario principio de "un país, dos sistemas", un concepto que se inventó Deng Xiaoping para recuperar la región sin hacer peligrar su condición de gallina de los huevos de oro. Era el centro financiero de Asia. No se podía romper. 

La constitución de la ciudad le dió derecho a mantener su propio sistema judicial -basado en el antiguo derecho común anglosajón-, su propia legislatura, sus canales de inmigración, su economía capitalista y hasta su equipo olímpico con su correspondiente himno. Tienen su propia bandera y su propia divisa, cuya moneda de un dólar lleva todavía la cara de la reina Isabel II. El gobierno chino tiene la defensa, la política exterior y el derecho a elegir al Presidente del Consejo Ejecutivo de Hong Kong, que sustituye la colonial figura del gobernador de Hong Kong. Ese es el cargo que ocupa Carrie Lam, la impopular instigadora de la polémica enmienda.

Este acuerdo se firmó por 50 años. Caduca en 2047. Es por eso que la protesta inicial ha evolucionado hacia un movimiento civil por la soberanía de la región. Una amenaza que el gobierno chino solo sabe gestionar de una manera. Pero Hong Kong tiene otra cosa que la sociedad china no tiene: derecho a manifestarse, a expresarse y reunirse libremente, a mantener una prensa libre, a rezar a quien les de la gana y a declararse en huelga. Tienen los típicos derechos civiles que caracterizan una democracia, algo completamente nuevo para el régimen de Jinping. Y, por descontado, algo incompatible al modelo Tiananmén de gestión del malestar ciudadano. 

Siete manifestaciones, 500 detenidos

La primera marcha civil contra las enmiendas, el domingo 9 de junio, congregó a más de un millón de personas, en una ciudad de siete millones. Es la mayor protesta registrada desde la "independencia" en 1997 (las autoridades reportaron solo 240.000). Lam asegura que la enmienda no viene del gobierno central y el proceso sigue su curso. Tres días después, un grupo mucho más pequeño de manifestantes se congrega alrededor del parlamento para impedir, físicamente, que la ley sea aprobada. La actuación de la policía fue desproporcionada.

"La respuesta excesiva de la policía está calentando la tensión y es probable que contribuya a empeorar la violencia. Las feas imágenes de la policía tirando gases lacrimógenos y rociando pimienta a los pacíficos manifestantes es una violación del derecho internacional", declaró el director de Amnistía Internacional en Hong Kong, Man-Kei Tam. Esa misma tarde, Lam llamó a los manifestantes niñatos malcriados en televisión. La siguiente manifestación, el 16 de junio, congrega a dos millones de personas. Es casi un tercio de la población. Lam recula y anuncia en una rueda de prensa que "tras repetidas deliberaciones internas en los últimos dos días, el Gobierno ha decidido suspender la tramitación de la enmienda legislativa, empezar de nuevo nuestra comunicación con todos los sectores de la sociedad, explicar más y escuchar los distintos puntos de vista de la sociedad". Pero tienen delante el primero de julio. Ya no hay nada que hacer. 

El primero de julio es la fiesta nacional de Hong Kong, porque marca el aniversario de su independencia del imperio británico. Pero también es el día que los hongkoneses aprovechan para reivindicar la independencia total del régimen comunista. Esta función doble se inauguró en 2003 con otra impopular enmienda, el artículo 23 de la Ley Básica de Hong Kong. El nuevo texto introducía el crimen de "traición, secesión, sedición y subversión" contra el gobierno chino. Aunque nunca llegó a aprobarse y el jefe ejecutivo del momento dimitió, el artículo 23 no murió del todo. De hecho, sirvió como referencia para prohibir la existencia misma del Partido Nacional de Hong Kong, en septiembre de 2018. Así fue que este primero de julio se volvieron a congregar dos millones de personas para exigir la ruptura con China. El recuento oficial fue de 338.000.

Cientos de jóvenes enmascarados tomaron al asalto el Parlamento, una imagen que recuerda poderosamente a otras imágenes icónicas. La policía tardó horas en sacarlos de allí. Días más tarde, Lam declara muerta la enmienda, pero ya da lo mismo. La marcha se ha convertido en un movimiento civil por la soberanía de la región. Las batallas se suceden y se recrudecen. Los himnos proliferan. Unos cantan Sing Hallelujah to the lord para reivindicar la libertad de culto. Otros Do You Hear the People Sing de Los Miserables, que ya había sido popular en las protestas de 2014. Las dos son prohibidas por el gobierno chino para evitar que se contagie a través de las fronteras. Hay paraguas en homenaje a los Umbrella 9, los líderes estudiantiles condenados por organizar la revuelta prodemocracia de 2014. Entonces las protestas paralizaron la ciudad durante 79 días. Un récord a punto de perecer. 

En la manifestación del 21 de julio se recrudecen los encuentros. Aparecen grupos de hombres enmascarados y armados con barras de hierro que atacan a los manifestantes, dejando 45 heridos. Algunos son identificados como miembros de las temidas mafias locales. Las asociaciones acusan al gobierno central de haber reclutado a las mafias para hacer el trabajo sucio. El gobierno acusa a los manifestantes de trabajar para Trump. El 27 de julio hay trincheras en las calles de todos los distritos de la ciudad. 

La huelga general del 3 de agosto ha conseguido paralizar la puerta financiera del continente asiático. El aeropuerto funciona en un 50%. No ha habido una huelga semejante desde los disturbios de 1967, que empezaron en una fábrica de flores artificiales y se saldaron con 51 muertos (15 por atentado con bomba); un millar de heridos, 5.000 arrestados y casi 2.000 condenados. Después de la huelga del pasado lunes, más de 500 personas han sido arrestadas, algunas de ellas con cargos de revuelta, un delito penado con hasta 10 años de cárcel. China estaba usando a Hong Kong para esquivar la guerra arancelaria con los EEUU, gracias a una ley de 1992, la Hong Kong Policy Act. Si pierde la región, pierde la trampa. Si se la queda, también.

La nueva guerrilla antivigilancia

Desde que empezó la protesta, los manifestantes han ido refinando su estrategia con tácticas que marcarán un antes y un después en el manual de la desobediencia civil. Llevan cascos y máscaras de pintura para esquivar las pelotas de goma y van armados con punteros láser para cegar las cámaras de reconocimiento facial de la policía. El gobierno chino presume de haber instalado seis millones de cámaras para vigilar y reeducar a sus ciudadanos, un sistema que ya ha sido calificado como la primera dictadura digital. Todos han desactivado la identificación facial y dactilar en sus móviles. Demasiado fácil de desbloquear si te detienen.

El asedio ha despertado la solidaridad de la ciudadanía. Los viajeros del metro dejan monedas y tickets de viaje para que los manifestantes puedan moverse sin usar sus tarjetas identificativas. En repulsa por la detención de un estudiante por posesión de punteros láser, este miércoles cientos de ciudadanos se han reunido en Tsim Sha Tsui para hacer su propio espectáculo de lásers. Todo mientras esperamos que Jinping mueva ficha: dejar que las protestas se disipen por sí mismas y arriesgarse a que Hong Kong se le escurra entre los dedos o aplastar la revuelta y anexionarse la región como hizo Putin con Crimea en marzo de 2014.

Por Marta Peirano

08/08/2019 - 20:38h

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Los hondureños vuelven a la calle para exigir la salida de Juan Orlando Hernández

 El presidente del país centroamericano ha sido señalado por la fiscalía de Nueva York por usar dinero del narcotráfico para financiar su campaña presidencial

Miles de hondureños volvieron a las calles este miércoles en las principales ciudades del país centroamericano en la que es la segunda jornada de protestas para exigir la renuncia del presidente Juan Orlando Hernández. Las movilizaciones llegan después de que la fiscalía del distrito sur de Nueva York vinculase al mandatario con una presunta conspiración para usar dinero del narcotráfico en sobornos para lograr apoyos a su última campaña electoral y conceder favores con el fin de mantenerse en el poder. Las manifestaciones se tornaron violentas en la capital, Tegucigalpa, donde oficiales antidisturbios dispararon gases lacrimógenos contra los manifestantes. Un día antes ya se habían producido graves incidentes en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, en San Pedro Sula —la segunda ciudad en importancia—, que dejaron varios heridos —entre ellos un camarógrafo de un canal local— por la represión policial.

 “Estamos en una nueva etapa de las protestas”, apunta desde Tegucigalpa la dermatóloga Ligia Ramos, integrante de la Plataforma por la Defensa de la Salud y Educación en Honduras, la organización gremial que desde abril pasado ha convocado protestas contra el Gobierno de Hernández. “El Gobierno está inmerso en escándalos de corrupción que han cansado a la población. Esto ya es demasiado, exigimos que él [Hernández] salga para poder reconstruir Honduras”, subraya en declaraciones a EL PAÍS.

Las manifestaciones comenzaron en abril como respuesta a la pretensión de Hernández de imponer reformas al sector salud y educación, que médicos, maestros y estudiantes consideraron un paso para privatizar los servicios públicos del país centroamericano. El presidente reaccionó con una violenta represión que dejó al menos seis muertos y 80 heridos, según un informe preparado por Amnistía Internacional. Y en junio, el mandatario ordenó el despliegue del Ejército en las principales ciudades del país, lo que hizo que se menguaran las protestas. Estas se reanudaron, sin embargo, el martes, después de que se conociera el señalamiento de la fiscalía neoyorquina contra Hernández.

Los policías intentaron este miércoles contener las protestas en la capital, pero fueron recibidos a pedradas, por lo que respondieron disparando gases lacrimógenos y con agua a presión. En paralelo, cientos de personas marcharon de forma pacífica por otro extremo del mismo bulevar hasta las inmediaciones de la residencia presidencial, que permanece custodiada por un fuerte contingente de las fuerzas de seguridad.

Otro grupo de manifestantes, casi todos con el rostro cubierto, bloquearon la calle que cruza frente a la estatal Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) impidiendo el libre tránsito de vehículos por la zona, en protesta por el ataque de este martes a universitarios en San Pedro Sula, norte del país, por fuerzas de seguridad. En un comunicado, la UNAH condenó "enérgicamente la agresión". Periodistas hondureños exigieron hoy en Tegucigalpa y San Pedro Sula respeto a su trabajo y un alto a la violencia contra los comunicadores sociales tras la agresión contra el camarógrafo Carlos Castillo.

Supuestos vínculos con el narcotráfico

Hernández ha sido señalado por la fiscalía de Nueva York en una presunta conspiración para usar dinero del narcotráfico con el fin de mantenerse en el poder, algo que el presidente ha rechazado y que ha atribuido la denuncia en tal sentido a "un ataque con afán de venganza" de narcotraficantes de su país. Aunque la fiscalía del distrito sur de Nueva York no identifica al mandatario por su nombre ni ha presentado acusaciones en su contra, en el documento se alude al hermano del excongresista Juan Antonio Tony Hernández como CC-4 (Juan Orlando Hernández) y se subraya que fue "elegido presidente de Honduras a fines de 2013". Según el documento, se destinaron 1,5 millones de dólares para sobornos en apoyo a la campaña de Hernández y que se compraron regalos y favores a políticos locales a cambio de protección, y además involucra a otros políticos hondureños, a quienes no menciona por sus nombres, pero.

“El presidente viene siendo asediado por una gran cantidad de escándalos desde 2015. Ahora la gente exige su renuncia no solo por esos escándalos de corrupción, sino por las irregularidades en las elecciones presidenciales, que consideran fueron fraudulentas”, explica a EL PAÍS Eugenio Soza, sociólogo de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, en relación con los comicios generales de 2017, cuyo resultado causó un gran descontentó que llevó a miles de hondureños a las calles y socavó la legitimidad del mandatario.

“La plataforma ha planteado ahora la necesidad de la movilización para la renuncia del presidente, pero está por verse si realmente se va a convertir en una ola de protestas fuertes o no va a ser sostenible en el tiempo. Probablemente las protestas tomen oxígeno, pero a nivel de articulación todavía es un movimiento bastante débil”, explica el catedrático Soza en conversación con EL PAÍS. Será clave, agrega, el papel que Estados Unidos juegue tras conocerse el señalamiento de la fiscalía de Nueva York, dado que Washington tiene en el Gobierno de Hernández a un aliado en su estrategia para frenar la migración de centroamericanos hacia territorio estadounidense. “Es un desafío para los líderes políticos y sociales. Está por verse qué acciones van a tomar, o si esperarán a ver qué hace Estados Unidos”, en un país donde la clase política y las élites son obedientes a los designios que llegan desde el gigante norteamericano.

La médica Ramos, sin embargo, asegura que las manifestaciones se mantendrán. “Nos estamos organizando, porque este ha sido un movimiento de lucha social autoconvocado por varios sectores sociales. Ahora solicitamos a la empresa privada que se nos una, a los campesinos, a las universidades privadas”, cierra. “También hemos convocado a los partidos políticos, aunque todavía no nos hemos reunido con ellos”.

Por S. Maldonado

EFE

México / Tegucigalpa 8 AGO 2019 - 03:05 COT

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China advierte a los manifestantes de Hong Kong: “El que juega con fuego, se quema”

Pekín lanza una nuevo aviso contra las protestas en Hong Kong. Tras 22 años de silencio, la Oficina para Asuntos de Hong Kong y Macao del Consejo de Estado ha dado su segunda rueda de prensa en ocho días. El más alto organismo político chino para cuestiones relacionadas con ambos territorios ha alzado este martes la voz para advertir de que las multitudinarias movilizaciones en Hong Kong están arrastrando a la ciudad “por una peligrosa senda de no retorno”. De esta manera, Pekín confirma su intención de implicarse más en el conflicto que sacude al territorio desde hace diez semanas y que este lunes desembocó en la primera huelga general en cinco décadas.

El portavoz, Yan Guang, ha condenado la evolución violenta de las protestas, avisando de que “el que juega con fuego, se quema”, por lo que nadie debería desafiar “la firme determinación y la inmensa potencia del Gobierno central de China”. Yang también ha invitado al Gobierno autónomo de Hong Kong a redoblar la política de arrestos y enjuiciamiento de los manifestantes, lo que se suma a las “propuestas” de actuación compartidas lanzadas en la anterior rueda de prensa –un hecho sin precedentes en un territorio hasta la fecha gobernado de manera autónoma– y que demuestran que Pekín ha decidido tomar cartas en el asunto.

El escenario más dramático pasaría por que el Gobierno chino movilizara al ejército nacional para aplacar las protestas por la fuerza. El portavoz ha subrayado que Pekín cuenta con la legitimidad para hacerlo, solo sería necesario que el Ejecutivo local de la antigua colonia así lo solicitase, tal y como está contemplado en el artículo 14 de la Ley Básica del territorio; aunque ha descartado emplear esa opción de momento. “El Gobierno y la policía de Hong Kong son totalmente capaces de mantener la ley y el orden”, ha asegurado tras reafirmar su apoyo total a ambas instituciones.

Yang también se ha referido a unas supuestas “fuerzas antichinas” como “las mentes maestras” que fomentan la violencia para así crear un caos del que terceros países puedan beneficiarse. Esta narrativa ha calado profundamente entre los sectores prochinos de la sociedad hongkonesa. Tras los enfrentamientos del lunes por la noche entre manifestantes y miembros de mafias locales en el barrio de North Point, los vecinos –la mayoría inmigrantes procedentes de la provincia china de Fujian– se mostraban indignados ante la presencia de occidentales en la zona, a los que acusaban de ser espías, y exigían a la policía su detención.

Esta atmósfera de tensión choca con la identidad urbana de Hong Kong: una ciudad global y cosmopolita, famosa por su mezcla de razas y culturas, en cuya Administración todavía trabajan varios cientos de funcionaros británicos que decidieron quedarse tras la transferencia de soberanía en 1997. “Al final, también los que operan en la sombra serán castigados”, ha sentenciado Yang.

De cara a los próximos días, el representante de la oficina del Consejo de Estado ha llamado a la población de Hong Kong a “adoptar un frente unido frente a la violencia”. Para ello, ha empleado como ejemplo el comportamiento de una mujer que en un centro comercial se negó a sostener una bandera del Reino Unido y el de dos hombres que se encararon con los manifestantes “para plantearles la pregunta más importante que se debe hacer: cuando las cosas estén fuera de control, ¿quién será la víctima?”. Estas declaraciones no encuentran reflejo en la enorme simpatía popular de la que gozan las protestas en Hong Kong. Durante los múltiples cortes de tráfico que tuvieron lugar en los últimos cuatro días consecutivos de movilizaciones, podía verse cómo desde el interior de los vehículos detenidos mucha gente mostraba su apoyo a los manifestantes con gestos de aliento.

Pero no solo el Gobierno chino se ha hecho oír. Esta mañana, el superintendente jefe de relaciones públicas el cuerpo de policía, John Tse, ha informado de que en la noche del lunes se realizaron 148 arrestos a causa de los enfrentamientos que tuvieron lugar en varios distritos de la ciudad al mismo tiempo. Ha apuntado también que solo el lunes se dispararon 800 bombas de gases lacrimógenos, poco menos de las 1.000 empleadas desde que las movilizaciones comenzaron el pasado 9 de junio. El superintendente, por último, ha disculpado a la Asociación de Policías Jóvenes por referirse a los manifestantes en un comunicado como “cucarachas”, un término popularizado por los sectores prochinos, lo que ha justificado por “la enorme presión, verbal, física y digital que están soportando”.

Del mismo modo, tres portavoces de los manifestantes se han colocado frente a los micrófonos, protegidos por máscaras y cascos amarillos, para denunciar los abusos policiales y reiterar sus cinco exigencias fundamentales al Ejecutivo hongkonés: la retirada definitiva de la polémica ley de extradición, que está en el origen del conflicto y permitiría por primera vez entregar sospechosos a Pekín; que no se emplee el término “revueltas” para referirse a las protestas; una amnistía para todos los detenidos; la puesta en marcha de una investigación independiente que evalúe la actuación policial, y la dimisión de la jefa del Ejecutivo local, Carrie Lam.

En este cruce de declaraciones no ha participado Lam, que el lunes compareció durante la huelga general para reiterar su postura de que la ciudad debe volver al orden. Mientras tanto, un equipo de voluntarios limpiaba las calles de la ciudad que, por un día y solo hasta que la batalla continúe, ha encontrado un momento de respiro.

 

Pekín 6 AGO 2019 - 10:59 COT

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