La policía antimotines dispersó el lunes una protesta contra el gobierno del presidente Sebastián Piñera, en calles de Santiago.Foto Afp

Descontento por las secuelas de la pandemia y la posibilidad de aplazar el plebiscito constitucional

 

Santiago. Bastó que dos o tres personeros de la derecha chilena, incluido el presidente Sebastián Piñera, pusieran en duda la realización del plebiscito constitucional de octubre próximo, con el pretexto de la pandemia del Covid-19, para que al instante se reactivara la protesta social en las calles: la noche del lunes se reportaron "más de 20 eventos graves", entiéndase incidentes, enfrentamientos y barricadas, admitió el gobierno.

El estallido ocurre en barriadas de Santiago y ciudades como Concepción, Antofagasta, Iquique y Valparaíso, con los manifestantes regresando a Plaza Dignidad, simbólico epicentro de la protesta. Y crece tanto por la provocación del mensaje oficial como por las secuelas que deja la pandemia: cientos de miles de desempleados y destrucción de pequeños emprendimientos. La policía reprime al instante, sin contemplaciones, y así seguirá siendo, prometió el subsecretario del Interior, Juan Francisco Galli.

"Lo que hace el gobierno es que la reacción policial es inmediata para contener esos desórdenes; se detiene a los manifestantes y se les persigue. Hay más de 70 detenidos y vamos a presentar acciones judiciales al menos contra 16", advirtió.

Representativo de la impunidad que parece sentir la policía, la noche del lunes dos carabineros de franco y borrachos dispararon desde un auto contra una multitud en la comuna de La Florida, en Santiago, con saldo de 10 heridos de bala. Los oficiales fueron dados de baja. Pero hay múltiples ejemplos de abuso, como en la norteña ciudad de Iquique, donde efectivos entraron sin orden judicial a unos departamentos para arrestar a manifestantes.

"El gobierno cometió un gran error no forzado al incluir en la discusión pública la posibilidad de aplazar nuevamente el plebiscito constitucional. Eso ha reavivado la protesta en la calle, pues se interpreta como un recurso ilegítimo para torcer la voluntad política de cambiar la Constitución. Si bien las razones sanitarias son atendibles, es muy temprano para comenzar a especular sobre la evolución del virus de aquí a finales de agosto, fecha de inicio de la propaganda para el plebiscito", declaró el analista Mauricio Morales, politólogo de la Universidad de Talca.

"Desde la calle se está comunicando al gobierno que el descontento sigue vigente y que si bien hay emergencia sanitaria, las manifestaciones se van a reactivar. Por eso está respondiendo con mayor fuerza. Actúan con la creencia de que un gobierno enérgico en coexistencia con una situación de emergencia sanitaria será efectivo, aplacando de manera definitiva el movimiento. Piñera se sacó una foto en Plaza Italia (Dignidad) en medio de la crisis sanitaria y ahora desliza la posibilidad de aplazar el plebiscito. Ambas cosas pueden ser interpretadas como una provocación", alertó Morales.

También hizo ver que mientras Piñera clama por volver a la vida cotidiana para que la recesión no se profundice, el retorno a las actividades supone la libre expresión, lo cual incluye aceptar las manifestaciones. "La única estrategia viable para el gobierno consiste en señalar que la nueva normalidad requiere el compromiso de los ciudadanos de respetar las reglas de convivencia, pero a mi juicio es inevitable que terminar con el aislamiento también traiga consigo un rebrote del malestar, que podría ser aún mayor en un contexto de crisis económica", señala.

–¿Está la derecha "dura" determinada a hacer fracasar el plebiscito y el proceso constitucional?

–Nunca han estado a favor del plebiscito ni del proceso constitucional. Además, saben que la opción "apruebo" aparece como ganadora en todas las encuestas. Por lo tanto, es comprensible que busquen todos los subterfugios para hacer caer la consulta y evitar el debate constitucional. El problema para ellos es que el plebiscito está regulado por la Constitución, por lo que si bien podría postergarse por razones sanitarias, de cualquier modo se realizará.

Publicado enInternacional
Miércoles, 29 Abril 2020 07:00

No la desaprovechemos

No la desaprovechemos

La coyuntura giró, y no pocos grados, y nos obliga a resituarnos en la totalidad que somos, sin quedar exentas de ello las más diversas expresiones de lo social-alternativo. Es un giro fenomenal, con profundas connotaciones e implicaciones en todos los órdenes, tanto que da pavor revisarlas y proyectar sus posibles desenlaces.

Ese giro no va de 0 a 180, en tanto el ángulo ya estaba desplazado varios grados, es decir, las tensiones ahora incrementadas y que tienen enfrentadas a las potencias en diversidad de escenarios ya habían obligado a sentar sus piezas en temas como comercio, mercados, divisas, control territorial, armamentismo, ciencia, energía, medio ambiente, etcétera. Pero, aunque la inclinación es muy profunda, no lo es como para llegar al punto máximo de la contradicción capitalista, por alcanzar cuando el generalizado conflicto armado entre potencias tome forma. ¿10, 20, 30 años?

El desplazamiento es lento pero continuo, con ascenso hacia los extremos como en Oriente Medio, o con otros pulsos menos violentos pero no por ello menos riesgosos, como la llamada guerra comercial. Y en esas aparece este nuevo ingrediente del virus que, con su potente carga, implosionó la vieja estructura económica capitalista, que ya venía resquebrajada. ¿De las potencias y los imperios, quién saldrá mejor librado del vuelo y la caída de hierros viejos, lanzados por doquier por el diminuto engranaje que tiene encerrados a millones en todo el mundo?

De momento, y como factor desfavorable para quienes nos esforzamos por una sociedad global en democracia plena, directa, participativa, radical, plebiscitaria, nos llega con pasos agigantados la sociedad del control y el disciplinamiento, cuyo ensayo, tramitado mediante la tarea de atizar el miedo a la parca, halla en la totalidad de los Estados el espacio y el eco suficientes para darle espacio. Es esta una realidad que nos regresa varias décadas en la lucha por la efectiva concreción de los Derechos Humanos, cuya carta ya cuenta con diversos ítems que no van más allá de la letra muerta.

Bien. Mientras quede claro si el imperio aún hoy dominante en el nivel global puede sostenerse sin ceder mucho espacio, o si sus contrarios, China a la cabeza, avanzan de manera notoria en la disputa por desplazarlo, lo importante para los sectores alternativos es “aprovechar en río revuelto”, dicho de la mejor manera, sacándole la mejor tajada a la oportunidad. Y para así lograrlo, qué mejor que:

1. Retomar y exprimir aquella enseñanza que llamaba la atención sobre las posibilidades de aprendizaje en el escaso tiempo desprendido de las crisis, tiempo breve por lo general, en el que se aprende lo que en tiempo frío toma años.
2. Como parte de ello, desplegar en la integridad del cuerpo social una campaña, con subcampañas, reivindicando todo lo público como beneficio colectivo, y con planeación, administración y control pleno de sus propietarios.
3. Reivindicar lo público, que debe ir más allá del Estado, saltándolo y pasando a lo común, para recuperar entre todos lo que es precisamente de todos.
4. Apropiarse el conjunto social de lo que le pertenece, que debe comenzar por exigir y hacer realidad que la salud no esté en manos de empresas privadas, manejada con criterios de compra-venta y rentabilidad como su razón de ser. La salud, como derecho fundamental, tiene como propósito la garantía de la vida en toda la extensión de la palabra, y para así conseguirlo la sociedad, a través del aparato que la representa, no puede ahorrar dinero ni esfuerzos.
5. Garantizar el acceso a los servicios de agua, luz y gas. ¿Pero cómo alcanzar una vida digna si al refugio donde recuperamos fuerza, donde compartimos con los seres más cercanos nuestras tristezas y nuestras alegrías, no llega el vital líquido que, dicen, representa el 60 por ciento del cuerpo humano? ¿Y cómo satisfacer nuestras necesidades mínimas si no podemos encender una resistencia para cocinar o calentar los alimentos, o encender una bombilla para iluminar nuestras dolencias y nuestras quimeras? La mayor vileza del espíritu de negocio predomina en las empresas propietarias de lo que es de todos. Aquellas, afanadas por la rentabilidad, venden en tarjetas prepago el ‘derecho’ a recibir luz y pagar la reconexión para que podamos gozar del fluir de agua por los grifos instalados en nuestra vivienda. ¿Para qué mostrar en los balances de las empresas, llamadas públicas, tantos millones de rentabilidad si parte de los propietarios de esas empresas no pueden beneficiarse de la existencia de las mismas?
6. Conseguir que la estructura política, a través de la cual nos administramos, tome como reto la reorganización de las megaciudades, territorios que, de ser evidencia del desarrollo humano, han terminado por constituirse en epicentros de muerte y no futuro. Y como parte de su reorganización, que debe partir por despoblarlas notablemente, para el caso de las que cuentan con varios millones de seres humanos –con aceptación plena y consciente de quienes allí habitan– reubicar el 30 o el 40 por ciento de las mismas, fundando con esos millones nuevas ciudades, o repoblando algunas que tengan algunos miles y cuenten a su alrededor con suficientes recursos renovables.

En fin, se trata de un conjunto de retos mayúsculos, estos y otros, posibles de encarar y concretar. Es evidente que sí es posible, como lo ha dejado ver la actual crisis, en que los gobernantes, salvando sus intereses y los de la clase que representan, han soltado amarras y satisfecho un conjunto de gastos e inversiones a los que se negaban hasta no hace más de un mes, siempre bajo el prurito de “la economía no lo permite”, “eso es populismo” y otras muchas frases de cajón para justificar la continuidad de un injusto estado de cosas.

Sí se puede. Otro mundo es posible. Otra sociedad es posible. Otra democracia sí es posible, y para ello, además de lo ya anotado, debemos enrutarnos hacia:

Acometer la construcción de redes de producción, transporte, mercadeo, alimentos, ropa, implementos deportivos.
Emprender la limpieza/desintoxicación de terrenos rurales y sembrar todo tipo de alimentos fundamentales, priorizando fuentes de proteínas y sus complementos para su buena digestión, así como aporte de minerales, carbohidratos, vitaminas y demás sustancias fundamentales para la vida.

Fortalecer redes ya existentes, como las de acueductos comunitarios, impidiendo la privatización de los varios centenares de los que aún protegen de manera comunitaria los ríos, las cuencas y los territorios aledaños a sus municipios.

Brindar todo tipo de apoyo para potenciar la diversidad de procesos comunitarios que tienen como propósito la protección de bosques, ríos, páramos, humedales, que lideran procesos, siempre en procura de un mejor ambiente para que la variedad de especies animales, incluida la humana, lleven una vida de calidad y en armonía.

Darles fuerza y extensión a las redes de protectores de semillas, poniendo un dique contra la agricultura industrial y los organismos genéticamente modificados, recuperando la memoria de nuestros bosques y sentando bases para que la soberanía alimentaria sea una realidad.

Poner en práctica la asamblea local como espacio de base y encuentro, deliberación y toma de decisiones abiertas, en todas las comunidades, sean barrios, colegios, empresas, conjuntos residenciales o veredas. Sesionar como mínimo una vez al mes, y, con la conciencia y la participación del mayor número de personas, avanzar hacia la toma –en manos de la comunidad– de todo aquello que le pertenece, y que hoy está en manos de un Estado ausente o bajo control del capital.

Potenciar un tejido entre asambleas, desde lo local a lo regional y nacional, que estimule y potencie el encuentro, la deliberación y la toma de decisiones de manera colectiva, para ir más allá de nuestros intereses inmediatos como comunidad, y, englobándonos con otros, delineemos el país que soñamos. Con ello, materializar la certeza de que otra democracia sí es posible.

Toda crisis trae una oportunidad. No desaprovechemos la que tenemos ante nosotros para encarar los retos y las transformaciones que nos demanda el ahondamiento de la lucha social en los meses que se avecinan.

 

 

Periódico desdeabajo Nº267, pdf interactivo

 

 

Para suscripción:

https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=179&search=suscri

Publicado enColombia
Lunes, 27 Abril 2020 18:25

No la desaprovechemos

No la desaprovechemos

La coyuntura giró, y no pocos grados, y nos obliga a resituarnos en la totalidad que somos, sin quedar exentas de ello las más diversas expresiones de lo social-alternativo. Es un giro fenomenal, con profundas connotaciones e implicaciones en todos los órdenes, tanto que da pavor revisarlas y proyectar sus posibles desenlaces.

Ese giro no va de 0 a 180, en tanto el ángulo ya estaba desplazado varios grados, es decir, las tensiones ahora incrementadas y que tienen enfrentadas a las potencias en diversidad de escenarios ya habían obligado a sentar sus piezas en temas como comercio, mercados, divisas, control territorial, armamentismo, ciencia, energía, medio ambiente, etcétera. Pero, aunque la inclinación es muy profunda, no lo es como para llegar al punto máximo de la contradicción capitalista, por alcanzar cuando el generalizado conflicto armado entre potencias tome forma. ¿10, 20, 30 años?

El desplazamiento es lento pero continuo, con ascenso hacia los extremos como en Oriente Medio, o con otros pulsos menos violentos pero no por ello menos riesgosos, como la llamada guerra comercial. Y en esas aparece este nuevo ingrediente del virus que, con su potente carga, implosionó la vieja estructura económica capitalista, que ya venía resquebrajada. ¿De las potencias y los imperios, quién saldrá mejor librado del vuelo y la caída de hierros viejos, lanzados por doquier por el diminuto engranaje que tiene encerrados a millones en todo el mundo?

De momento, y como factor desfavorable para quienes nos esforzamos por una sociedad global en democracia plena, directa, participativa, radical, plebiscitaria, nos llega con pasos agigantados la sociedad del control y el disciplinamiento, cuyo ensayo, tramitado mediante la tarea de atizar el miedo a la parca, halla en la totalidad de los Estados el espacio y el eco suficientes para darle espacio. Es esta una realidad que nos regresa varias décadas en la lucha por la efectiva concreción de los Derechos Humanos, cuya carta ya cuenta con diversos ítems que no van más allá de la letra muerta.

Bien. Mientras quede claro si el imperio aún hoy dominante en el nivel global puede sostenerse sin ceder mucho espacio, o si sus contrarios, China a la cabeza, avanzan de manera notoria en la disputa por desplazarlo, lo importante para los sectores alternativos es “aprovechar en río revuelto”, dicho de la mejor manera, sacándole la mejor tajada a la oportunidad. Y para así lograrlo, qué mejor que:

1. Retomar y exprimir aquella enseñanza que llamaba la atención sobre las posibilidades de aprendizaje en el escaso tiempo desprendido de las crisis, tiempo breve por lo general, en el que se aprende lo que en tiempo frío toma años.
2. Como parte de ello, desplegar en la integridad del cuerpo social una campaña, con subcampañas, reivindicando todo lo público como beneficio colectivo, y con planeación, administración y control pleno de sus propietarios.
3. Reivindicar lo público, que debe ir más allá del Estado, saltándolo y pasando a lo común, para recuperar entre todos lo que es precisamente de todos.
4. Apropiarse el conjunto social de lo que le pertenece, que debe comenzar por exigir y hacer realidad que la salud no esté en manos de empresas privadas, manejada con criterios de compra-venta y rentabilidad como su razón de ser. La salud, como derecho fundamental, tiene como propósito la garantía de la vida en toda la extensión de la palabra, y para así conseguirlo la sociedad, a través del aparato que la representa, no puede ahorrar dinero ni esfuerzos.
5. Garantizar el acceso a los servicios de agua, luz y gas. ¿Pero cómo alcanzar una vida digna si al refugio donde recuperamos fuerza, donde compartimos con los seres más cercanos nuestras tristezas y nuestras alegrías, no llega el vital líquido que, dicen, representa el 60 por ciento del cuerpo humano? ¿Y cómo satisfacer nuestras necesidades mínimas si no podemos encender una resistencia para cocinar o calentar los alimentos, o encender una bombilla para iluminar nuestras dolencias y nuestras quimeras? La mayor vileza del espíritu de negocio predomina en las empresas propietarias de lo que es de todos. Aquellas, afanadas por la rentabilidad, venden en tarjetas prepago el ‘derecho’ a recibir luz y pagar la reconexión para que podamos gozar del fluir de agua por los grifos instalados en nuestra vivienda. ¿Para qué mostrar en los balances de las empresas, llamadas públicas, tantos millones de rentabilidad si parte de los propietarios de esas empresas no pueden beneficiarse de la existencia de las mismas?
6. Conseguir que la estructura política, a través de la cual nos administramos, tome como reto la reorganización de las megaciudades, territorios que, de ser evidencia del desarrollo humano, han terminado por constituirse en epicentros de muerte y no futuro. Y como parte de su reorganización, que debe partir por despoblarlas notablemente, para el caso de las que cuentan con varios millones de seres humanos –con aceptación plena y consciente de quienes allí habitan– reubicar el 30 o el 40 por ciento de las mismas, fundando con esos millones nuevas ciudades, o repoblando algunas que tengan algunos miles y cuenten a su alrededor con suficientes recursos renovables.

En fin, se trata de un conjunto de retos mayúsculos, estos y otros, posibles de encarar y concretar. Es evidente que sí es posible, como lo ha dejado ver la actual crisis, en que los gobernantes, salvando sus intereses y los de la clase que representan, han soltado amarras y satisfecho un conjunto de gastos e inversiones a los que se negaban hasta no hace más de un mes, siempre bajo el prurito de “la economía no lo permite”, “eso es populismo” y otras muchas frases de cajón para justificar la continuidad de un injusto estado de cosas.

Sí se puede. Otro mundo es posible. Otra sociedad es posible. Otra democracia sí es posible, y para ello, además de lo ya anotado, debemos enrutarnos hacia:

Acometer la construcción de redes de producción, transporte, mercadeo, alimentos, ropa, implementos deportivos.
Emprender la limpieza/desintoxicación de terrenos rurales y sembrar todo tipo de alimentos fundamentales, priorizando fuentes de proteínas y sus complementos para su buena digestión, así como aporte de minerales, carbohidratos, vitaminas y demás sustancias fundamentales para la vida.

Fortalecer redes ya existentes, como las de acueductos comunitarios, impidiendo la privatización de los varios centenares de los que aún protegen de manera comunitaria los ríos, las cuencas y los territorios aledaños a sus municipios.

Brindar todo tipo de apoyo para potenciar la diversidad de procesos comunitarios que tienen como propósito la protección de bosques, ríos, páramos, humedales, que lideran procesos, siempre en procura de un mejor ambiente para que la variedad de especies animales, incluida la humana, lleven una vida de calidad y en armonía.

Darles fuerza y extensión a las redes de protectores de semillas, poniendo un dique contra la agricultura industrial y los organismos genéticamente modificados, recuperando la memoria de nuestros bosques y sentando bases para que la soberanía alimentaria sea una realidad.

Poner en práctica la asamblea local como espacio de base y encuentro, deliberación y toma de decisiones abiertas, en todas las comunidades, sean barrios, colegios, empresas, conjuntos residenciales o veredas. Sesionar como mínimo una vez al mes, y, con la conciencia y la participación del mayor número de personas, avanzar hacia la toma –en manos de la comunidad– de todo aquello que le pertenece, y que hoy está en manos de un Estado ausente o bajo control del capital.

Potenciar un tejido entre asambleas, desde lo local a lo regional y nacional, que estimule y potencie el encuentro, la deliberación y la toma de decisiones de manera colectiva, para ir más allá de nuestros intereses inmediatos como comunidad, y, englobándonos con otros, delineemos el país que soñamos. Con ello, materializar la certeza de que otra democracia sí es posible.

Toda crisis trae una oportunidad. No desaprovechemos la que tenemos ante nosotros para encarar los retos y las transformaciones que nos demanda el ahondamiento de la lucha social en los meses que se avecinan.

 

 

Periódico desdeabajo Nº267, pdf interactivo

 

 

Para suscripción:

https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=179&search=suscri

Publicado enEdición Nº267
Lunes, 27 Abril 2020 06:34

Pandemia y después

Pandemia y después

“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Augusto Monterroso

Los imponderables medios, los arduos periodistas, los sabios comunicadores, los opinólogos de todo borde, las buenas conciencias de la atormentada sociedad, las autoridades del pensamiento contemporáneo, argentino y de otras partes, sostienen que esta pandemia va a darlo vuelta todo, que después de ella nada va a a ser igual, que habrá cambios radicales y sustanciales en nuestras vidas. El público lo lee o lo escucha, lo repite y lo difunde, como si el dicho fuese, una vez más, la palabra revelada.

En verdad, la gente está bastante aturdida por los hechos, por estas enfermedades misteriosas y sus muertes masivas, por estas cuarentenas y estos confinamientos, por esta avalancha de nueva y novedosa información médica, biológica, microbiológica y terapéutica, por estas prevenciones, jamás tomadas ni contempladas, por este miedo que le meten y difunden todos, y apenas si sabe bien dónde está parada y en qué país, en qué pedazo de tierra, de qué mundo.

Otras retóricas se vinculan con aquella vaticinadora, que es la que más cunde, la futurológica, sin alcanzar a ser centrales: la complotista, que desvía la ciencia según sus pareceres, ideológicos, políticos, y hace de esta pandemia un hecho deliberado, cuando no elaborado, del enemigo; la naturalista, que insiste, no sin razón, en el daño que producen al planeta la extracción, la explotación, el menoscabo, la depredación; la anti homocéntrica, que defiende una vez más al reino animal y hasta llega a sostener que esta es su reacción y su defensa. Y, en fin, las diversas charlatanerías, como las que florecen en algunas religiones y prácticas mágicas en el Brasil de Bolsonaro, y en algunos países africanos, donde según Le Monde “la grande guerre contre les hémorroïdes a laissé place à la lutte contre le coronavirus” (la gran guerra contra las hemorroides ha dejado lugar a la lucha contra el coronavirus), por parte de santones y curanderos. Pero ninguna parece tan potente y actuante como las primeras, tal vez porque lo que hacen es ocultar las otras, y hablar de un futuro en el que todo ello se haya obviado.

¿Qué es lo que va a cambiar? ¿Por qué “ya nada va a ser igual” después de esta pandemia? ¿Por qué “el mundo no va a ser el mismo”? ¿Por qué las relaciones económicas, sociales, productivas, y hasta las afectivas, no van a ser las mismas? ¿Qué producirá “el ocaso del Imperio”? ¿Qué es lo que va a transformarse, tan rotundamente? ¿Por qué esta pandemia traerá una derrota tan flagrante del capitalismo y del neoliberalismo, en la teoría y en la práctica? Frases y consignas que suelen prender con facilidad en bocas nuestras, sin que nos preguntemos, seriamente, por su significado, por su verdadera razón. ¿No habrá más ricos y pobres? ¿No habrá más clases? ¿Cambiará la esencia del sistema? (aquí y en otros lados). ¿De dónde sale esto?

Fundado en algo que suele calificarse, poco modestamente, modesta experiencia, y en lo que creo que puede ser mi conocimiento de la realidad, de la organización económica y social del mundo y de los seres humanos que lo habitan, a los que he visto comportarse a lo largo de más de siete décadas, creo, si se me permite, que van a cambiar muy pocas cosas fundamentales. Si no cede el complejo agroindustrial alimentario, que infecta el ambiente, los seres animales, vegetales y, por cierto, humanos, y los gobiernos siguen quedándose quietos como en estos últimos cincuenta años (por dar alguna fecha), que nadie espere cambios. Si continúa la contaminación a mansalva de las aguas, de los mares, del aire y de la tierra, de todos los productos vegetales y animales con que nos alimentamos; si, además, no cambia el papel de los Estados en la organización, en la atención, en el cuidado de la salud de las poblaciones, si ella sigue en manos de empresas privadas (sí que capitalistas salvajes), poco va a mejorar la condición de esa salud y su dudosa protección. Si el capitalismo, la ganancia y el individualismo siguen primando, de manera proclamada y pública, autorizada, procurada, desembozada, cómplice, sobre los distintos tipos de parciales solidaridades colectivas, poco habrá de cambios a verificar, más que en algunas áreas específicas.

Por otro lado, los sistemas políticos, así, como están, se hallan bastante cómodos en el mundo de hoy: hay derechas (liberales, financieras, supercapitalistas, hambreadoras y explotadoras), e izquierdas (contestatarias, más o menos reformistas, más o menos consecuentes). Ninguno de esos sistemas, que se vea, en lo fundamental a punto de caer. Salvo casos excepcionales (Irán, bien contradictoriamente; Venezuela, menor y tan verbalizado) conviven en el planeta sin mayores sobresaltos, y se ha visto, durante esta pandemia, una colaboración y asistencia mutuas y recíprocas que llaman la atención (de lo que no son el único ejemplo, aunque sí sumamente destacable, las brigadas cubanas).

Que me disculpen los heteredoxos, los nuevos cientistas, los muy modernos renovadores del dogma, los vigilantes del pensamiento antitotalitario y del más o menos totalitario: en tanto que haya clases, y por consiguiente lucha de clases, las cosas, pasada esta pandemia, seguirán igual (o peor). Hasta que haya un tope y al fin se junte todo, en un momento, en un período, en que los de abajo no quieran más y los de arriba no puedan más. Y todo empiece realmente a sacudirse. Mis visiones llegan hasta ahí. No soy un previsor ni un anticipador ni mucho menos un vaticinador de nuevas sociedades. Me queda demasiado grande.

27 de abril de 2020 ·

 

Por Mario Goloboff, escritor y docente universitario.

Publicado enSociedad
Domingo, 26 Abril 2020 10:15

PrimerSerHumanoCampaña

 

 

 

 

#Primero El Ser Humano



La campaña #PrimeroElSerHumano, busca aportar colectivamente en beneficio de un inaplazable propósito, en medio de la crisis sistémica acelerada por el Covid-19:¡Que en el centro de toda política social y económica esté el ser humano en su equilibrio ecológico!

Les invitamos a revisar el breve texto que la resume, y si están de acuerdo firmarla e impulsarla por sus redes y a todos sus contactos.

Quédate en casa, pero únete y reclama #PrimeroElSerHumano

Con espíritu activo y colectivo, para otra sociedad posible,

Equipo Desde Abajo

 

TEXTO COMPLETO AQUÍ


Artículos relacionados

#PrimeroElSerHumano

Iñaki Chaves

 Sábado 25 de abril 2020

 

PrimeroElSerHumano

Francesca Gargallo Celentani

Jueves 23 de abril 2020

 

Lanzada la campaña #PrimeroElSerHumano

Lunes 20 de abril 2020

 

 VIDEO RELACIONADO

 

Domingo, 26 Abril 2020 07:36

Fuerza feminista

Fuerza feminista

Son tiempos agitados en América Latina. Eso ya era verdad antes de la emergencia de la pandemia global.

En octubre, un levantamiento de 11 días paralizó a Ecuador y una protesta estudiantil se convirtió en un estallido social prolongando en Chile. En noviembre la derecha tomó el poder en Bolivia, en diciembre Argentina volvió a ser gobernado por el kirchnerismo. Este año ya, asumieron nuevos presidentes en Guatemala y Uruguay. Y luego, vino la pandemia.

Pero en todo el continente, mientras cambiaban las caras de los gobernantes, ha habido una constante: las mujeres han tomado y han vuelto a tomar las calles de forma masiva, repudiando la deuda, el capital y la violencia. El 8-9 de marzo las mujeres mostraron que tienen una capacidad inmensa de lucha y despliegue de múltiples estrategias feministas en todo el continente.

En México, desde Ciudad Juárez hasta Tapachula, fuimos nosotras las que, de forma masiva, rechazamos la violencia y desafiamos el gobierno de la Cuarta Transformación.

En Santiago de Chile, salieron dos millones de mujeres y hombres a las calles el 8 de marzo en una huelga general, en apoyo a un programa feminista.

En Montevideo, fueron 350 mil mujeres en la calle, casi la mitad de las que viven en la capital uruguaya. Miles también tomaron las vías en la ciudad de Guatemala, denunciando el machismo, rememorando las víctimas de violencia, y clamando contra políticas de despojo.

El 9 de marzo, las mujeres armaron un paro en toda Argentina, con medio millón tan sólo en Buenos Aires. “La deuda es con nosotras y con nosotres, ni con el FMI ni con las iglesias”. Ese fue el lema bajo el cual cientos de miles mujeres se movilizaron allá. Fue el cuarto año de huelga feminista, un día de rebelión en medio de un año repleto de encuentros, asambleas y articulaciones entre mujeres.

En las ciudades más grandes de Bolivia, miles de mujeres se manifestaron el 8 de marzo, a pesar de una coyuntura polarizada y violenta. En Cochabamba, las mujeres salieron a las calles con el eslogan "no tenemos miedo, tenemos fuego".

A pocas semanas de las masivas concentraciones, marchas y juntas del 8-9 de marzo, vino lo que ahora vivimos: órdenes de cuarentena, toques de queda, distanciamiento social y estados de emergencia, a raíz de la llegada al continente de un nuevo virus sumamente contagioso y con efectos complicados y a veces letales en el cuerpo humano.

Las contradicciones, las tensiones y las injusticias se han ahondado en tiempos de pandemia. Hoy día, los temas al centro de la revolución feminista nunca han sido más relevantes.

"Nosotras en general con el movimiento feminista y el movimiento social dijimos no al pago de la deuda directamente, por ser deuda ilegítima por que la toma de deuda no pasó por el parlamento cuando es un requirimiento constitucional", me dijo Verónica Gago en una entrevista por Zoom desde Buenos Aires. La mayor parte de la deuda fue tomada por Maurico Macri durante los pasados cuatro años.

"Al escala global ahora hay una posibilidad de suspender la deuda, y además hay una necesidad acá de derivar fondos para el gasto social y público que hace actualmente imposible pensar a los términos de negociación anterior a la pandemia" dijo Gago, miembro del colectivo Ni Una Menos y autora del libro La potencia feminista.

Mientras que cuerpos envueltos en plástico se pudren en las calles de Guayaquil y los barrios marginados se militarizan, las redes de mujeres en Ecuador se siguen organizando. El Parlamento Plurinacional y Popular de Mujeres y Organizaciones Feministas ha surgido como resultado de la revuelta de octubre y ahora es un nodo para coordinar mujeres en todo el país.

Las ollas populares, forma de protesta pública que a la vez es estrategia alimenticia, han vuelto a ser parte de la cotidianidad en Argentina y Uruguay, debido a la profunda crisis alimentaria actual.

A principios de la llegada de la pandemia, el gobierno de Luis Lacalle Pou decretó alzas en las tarifas de luz, agua y telefonía. "Después de 15 años de progresismo, regresaron las ollas en 15 días", me comentó Mariana Menendez, feminista uruguaya e integrante del colectivo Minervas en la ciudad de Montevideo.

En Chile, el movimiento feminista ha sido central en el sostenimiento del estallido social.

"Lo que abre la revuelta en Chile desde el 18 de octubre, marca de manera muy radical una idea, que es que la vida en su conjunto es la que estaba en cuestión, la forma en la que se organizaba la vida en Chile" me comentó Javiera Manzi de la Coordinadora Feminista 8m desde Santiago. "Y eso es precisamente lo que nosotras veníamos hablando cuando nos referíamos a la reorganización de la vida".

No queda duda que las ideas sobre el cuidado y la reproducción de la vida se han vuelto todavía más centrales con la pandemia. La historia de la lucha abierta en América Latina durante los pasados años nos deja en claro que serán las mujeres, algunas feministas pero todas movilizadas, las que marquen el paso y las formas de seguir transformando la sociedad y la economía.

Por Dawn Marie Paley, periodista canadiense y autora de Capitalismo antidrogas: Una guerra contra el pueblo (Libertad Bajo Palabra, 2018).

Publicado enSociedad
Las banderas rojas: entre la emergencia y la protesta social

A comienzos del mes de abril la alcaldía del municipio de Soacha promovió una particular estrategia para identificar a las familias que necesitan ayuda por la emergencia social del coronavirus: la instalación de banderas rojas en las viviendas. Pronto este símbolo se ha extendido por todos los barrios periféricos de la ciudad de Bogotá. En la última semana, más exactamente a partir del día 14 de abril, los trapos rojos cambiaron su sentido. Han pasado de las fachadas, puertas y ventanas de las viviendas a las manos de desplazados, desempleados y trabajadores informales que se toman las vías de la ciudad exigiendo el apoyo del gobierno durante la cuarentena.

Los manifestantes desobedeciendo el mandato gubernamental de quedarse en casa, han protagonizado una fuerte jornada de bloqueos, cacerolazos y confrontaciones con la Policía en las localidades de Usme, Ciudad Bolívar, San Cristóbal, Suba, Bosa y Santafé. Las causas de este estallido social van más allá de la coyuntura generada por la pandemia de Covid-19, obedeciendo a elementos estructurales de la sociedad colombiana.

Una primera razón, se encuentra en la profunda desigualdad social existente en Colombia. El país ocupa el tercer puesto en el ranking mundial de desigualdad siendo su ingreso distribuido de la siguiente manera: el 1% de sus habitantes es dueño del 20% de los ingresos económicos nacionales mientras el 40% sobrevive con menos de 12.000 pesos al día. Por otra parte, en Colombia perdura una política elitista y colonial que desprecia a su pueblo, ya que en palabras de William Ospina “aquí siempre existió la tendencia a dejar a las muchedumbres en la pobreza y en el abandono, y correr a esconder a los pobres cuando el mundo venía a visitarnos”. Esto ha configurado una forma de gobierno que niega los derechos humanos de los pobres y promueve acciones de control estatal a sus espacios y actividades. Para la política tradicional las clases populares son una amenaza a la seguridad y no ciudadanos que gocen de los beneficios de la democracia.

Aunque desde los primeros días de la cuarentena fue lanzado por la alcaldía el programa Bogotá Solidaria en Casa para atender a las personas más vulnerables de la ciudad, consideramos que persisten elementos elitistas en esta estrategia. Las clases populares han señalado esta contradicción diciendo a las autoridades: “si no nos mata el coronavirus nos mata el hambre”. Este grito cuestiona la existencia de un lenguaje de clase media sintetizado en la frase “quédate en casa” que ignora, por un lado, las condiciones de hacinamiento y pésima infraestructura de las viviendas, el trabajo informal y la configuración de tejidos comunitarios de supervivencia con base en los paisanos, familiares, compadres y vecinos. Todos estos factores motivan la salida de las personas de sus casas, siendo más adecuado decir, como lo propone Raúl Zibechi, quédate en tu barrio.

Por otra parte, evidencia los errores de una estrategia de donación de dinero y alimentos sin intermediarios, ya que con la buena intención de limitar el clientelismo fue desconocido el papel que tienen las organizaciones populares en la priorización de los recursos a los más necesitados. Las demoras en la entrega de los apoyos económicos o mercados obedecen a esta concepción. Se ignora que son los líderes sociales y no los funcionarios del DANE quienes conocen el territorio.

Los gobiernos –nacional, distrital y local– y los ciudadanos en general deben escuchar la movilización de las banderas rojas, extrayendo de allí valiosos aprendizajes sobre la cuarentena y la acción política.

Uno de ellos consiste en comprender que la voluntad de vivir es una fuente vigorosa de poder político. El deseo de vida ha llevado a los habitantes de las periferias a desafiar las adversidades, el dolor y la muerte, enseñándonos que es la vida y no la acumulación de dinero y poder el valor supremo de la humanidad. También, nos recuerdan la posición central que deben tener las clases populares en los planes, programas y acciones de las instituciones estatales. Dicha política desde abajo no debería preocupar a los demás grupos sociales –en espacial a las clases medias–, ya que como señala Enrique Dussel “la mera reproducción de la vida del pobre exige tales cambios que, al mismo tiempo, produce el desarrollo civilizador de todo el sistema. Afirmación de vida de la víctima es crecimiento histórico de la vida toda de la comunidad. Es a través de la solución de las insatisfacciones de los oprimidos, los últimos, que los sistemas históricos han progresado”.

Publicado enColombia
Un nuevo comienzo rebosante de dignidad y autonomía

“No queremos tus donaciones. No queremos tus víveres disfrazados de intenciones de exploración”, dice el comunicado de comuneros y autoridades de rondas campesinas de las provincias de Huancabamba y Ayabaca, en la región Piura, norte del Perú.

De ese modo, el 21de abril las comunidades afectadas por la empresa minera Río Blanco Cooper S.A., rechazaron la maniobra de la minera que desde hace años pretende ingresar en esa zona y que ahora se aprovecha de las necesidades para dividir a la población.

El comunicado destaca que la empresa “disfraza sus verdaderas intenciones a través de donaciones”, ya que “desde que llegó a nuestra provincia sólo ha traído muerte y ahora viene tendiendo actos de persecución y juicios iniciados contra nuestros dirigentes”. Les dicen que las medicinas que dona “no servirán cuando contamines nuestro medio ambiente y nuestras aguas” y que la ropa que quieren donar “no servirá cuando destruyas nuestros bosques de neblina”.

Además responsabiliza a la minera Rio Blanco “de las acciones que tome cada base o central de rondas contra sus promotores en la zona quienes deben estar en su casa y no dividiendo a nuestra población”.

Raphael Hoetmer, que ha acompañado las resistencias y marchas de los comuneros de Ayabaca, reflexiona por teléfono sobre la importancia del páramo y de los bosques de neblinas para el abastecimiento de agua de Piura y Cajamarca. “Es una zona de fuerte organización campesina, con rondas autónomas y autogestión de la vida. Rechazan la minería porque, aunque se saben pobres, quieren conservar un modo de vida que les ofrece bienestar y libertad, que empeoraría con la minería”.

Otra muestra de dignidad la ofrecen las comunidades de Morona Santiago (Ecuador), que son denunciadas por la minera Explorcobres, por haber atacado el campamento La Esperanza el 28 de marzo. Siempre según la empresa, los comuneros (a los que tilda de “delincuentes”), tomaron el campamentos , “quemaron varias instalaciones, equipos y un vehículo” (comunicado en https://bit.ly/2Vxgt2w).

También en Ecuador, la comunidad San Pedro Yumate, que resiste a la minera Río Blanco en el macizo de Cajas, a una hora de Cuenca, instaló el lunes la tercera pluma (barrera) frente a la vía Cuenca-Molleturo- Naranjal, en una minga para impedir el paso a carros y personas no autorizadas por la asamblea comunitaria, nos escribe Paul desde su momentáneo confinamiento entre los shuar, en la Amazonía.

Mientras las mineras destruyen vidas, contaminan aguas y montes poniendo en riesgo la continuidad de las comunidades, los campesinos e indígenas no golpearon ni atacaron a ninguna persona, sólo las instalaciones de las empresas multinacionales.

Seguimos en la región andina. El compañero y antropólogo Rodrigo Montoya nos envía un texto maravilloso, titulado “Aquí termina Lima”. Relata que miles de pobladores de Lima, que migraron años atrás desde diferentes provincias andinas, emprendieron una marcha de retorno a sus pueblos. “No se trataba de manifestante camino a una plaza pública para protestar” Tenían en común su deseo de irse de la mega ciudad.

“La mayoría de caminantes era joven y tenía rostro andino”, escribe Rodrigo, que a sus casi 70 años fue alumno de la escuelita zapatista. Traigo este recuerdo porque es un compañero que ha hecho de su compromiso una forma vida. Aunque no sabe si desean irse de la capital para siempre, constata que se trata de un hecho “tal vez, demasiado importante”.

Se van de Lima porque no tienen trabajo, pasan hambre, y porque el individualismo de la gran ciudad golpea sus corazones. “A los viajeros de regreso les queda la reciprocidad del ayni -un día de trabajo por un día de trabajo, una carga de leña por una carga de leña- y la minga -un día de trabajo por una comida, con música, bebida y baile- entre familiares de un mismo ayllu o comunidad, como el último recurso en las tierras altas, allí donde los retornantes sin virus esperan llegar y ser bien recibidos”.

Tal vez estamos ante el comienzo de un ciclo inverso, la migración de la ciudad al campo, como nos proponen estos días los rebeldes de Rojava, “volver a la tierra” para “repoblar aldeas rurales”, como reza el comunicado del Comité de Solidaridad con Kurdistán de Ciudad de México. Siento que lo que están haciendo unos cuantos andinos, es todo un programa para enfrentar el colapso del sistema.

Desde la región andina vamos hasta Montevideo (Uruguay). Allí se produjo lo que un jerarca del gobierno municipal definió como “la ocupación urbana más grande de los últimos cincuenta años”. Se trata de unas mil familias que ocupan un enorme predio de una empresa de servicios portuarios, abandonado desde hacia 50 años, cuyos dueños tienen una elevada deuda con el Estado..

La ocupación comenzó en enero con apenas 28 familias, en Santa Catalina, la periferia pobre del oeste de Montevideo. La necesidad provocó un estallido de familias que decidieron correr el riesgo de tomar un terreno privado, para superar el hacinamiento en el que viven. El jueves 16 de abril el Ministerio del Interior  desplegó un fuerte operativo con decenas de policías, helicópteros y drones, deteniendo a cinco vecinos. Dos de ellas fueron procesadas con prisión domiciliaria.

El lunes 20, desafiando la cuarentena, entre 50 y cien ocupantes se manifestaron frente a la casa de gobierno. Resistieron el desalojo, tomaron la iniciativa y desafiaron la cuarentena. Se trata de trabajadores empobrecidos, desocupados, empleadas domésticas, changarines, pescadores y hasta algunos policías, que no pueden siquiera pagar un modesto alquiler en una zona que fue cuna del movimiento obrero.

El abogado Pablo Ghirardo, que representa sindicatos y trabajó durante varios meses con los ocupantes del barrio que bautizaron “Nuevo Comienzo”, asegura que lo hicieron “por el hacinamiento, ya que viven hasta siete personas en un mono-ambiente que se llueve, además de la fuerte especulación inmobiliaria que hace impagables los alquileres”. En la concentraciónportaban pancartas donde se leía: “Tierra para quienes la habitan” y “No nos condenen por ser pobres” (https://bit.ly/2S0LFVK).

En el barrio funciona un merendero con donaciones de varios sindicatos y de vecinos solidarios. Trazaron las futuras calles y dejaron lugares libres para espacios colectivos y el salón comunal. Están tan bien organizados que la policía no pudo desalojados. La estaca que un día de enero colocó una vecina para marcar su espacio en un terreno baldío, se multiplicó hasta convertirse en barrio.

Jorge Zabalza califica la masiva ocupación como “una explosión social como la que iniciaron aquellos estudiantes que saltaron los controles en el metro de Santiago de Chile”. Cientos de miles son expulsados por el modelo extractivo a los márgenes de la ciudad. Para Zabalza, “la iniciativa individual que se volvió alud colectivo permite adivinar la existencia de un imaginario que anticipa futuras rebeldías populares” (https://bit.ly/2KwB4Ou).

Publicado enSociedad
La erradicación forzosa de plantaciones de coca en Colombia, una chispa en medio de la pandemia

El Gobierno de Iván Duque intensifica el combate contra los cultivos ilícitos en la cuarentena, mientras productores cocaleros salen de sus casas a impedirlo y se enfrentan a la Policía. Ya hay dos muertos

Mientras las grandes ciudades en Colombia están volcadas a la crisis del coronavirus, en el campo colombiano se libra otra batalla que ya ha dejado dos cultivadores de hoja de coca muertos y un policía herido. De acuerdo con varias asociaciones de productores, durante la cuarentena el Gobierno de Iván Duque ha intensificado la erradicación forzosa de cultivos ilícitos y los campesinos han salido de sus casas, donde cumplen el aislamiento obligatorio, para evitar que les arranquen las hojas.

El miércoles fue el indígena Ángel Artemio Nastacuas quien murió en Tumaco, sur del país, después de enfrentamientos con la Fuerza Pública que acompaña a las brigadas encargadas de la erradicación; pero la resistencia se ha presentado en varias regiones. En el otro extremo, en la frontera con Venezuela, el 26 de marzo la víctima mortal fue Alejandro Carvajal, un caso por el que se investiga a un soldado que le disparó con su arma de dotación.

La Coalición de Acciones para el Cambio, que reúne a 11 organizaciones civiles del país ha detectado que durante el aislamiento obligatorio por la covid-19, el Ejército ha realizado operativos de erradicación forzada en siete departamentos. La organización solicitó al Ministerio de Defensa que se suspendan para “garantizar el derecho a la salud y a la seguridad alimentaria de las comunidades campesinas”. El Ministerio les respondió que no interrumpirán las operaciones militares.

Colombia tiene 169.000 hectáreas sembradas de hoja de coca, a cierre de 2018, según el Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos de Naciones Unidas (Simci). Dada la magnitud del fenómeno, el acuerdo de paz entre el Gobierno y las extintas FARC contempló un programa de sustitución voluntaria de la coca en algunos de los territorios con más sembrados. Cerca de 100.000 familias campesinas se acogieron a él y arrancaron sus propias matas a la espera de lo prometido por el Estado. Sin embargo, la transición entre la Administración de Juan Manuel Santos y la de Iván Duque supuso un viraje de la política antidroga. El actual Gobierno privilegió la erradicación forzosa en lugar de la sustitución voluntaria, y apostó por el prohibicionismo y el retorno de la aspersión aérea.

Desde la frontera con Venezuela, Juan Carlos Quintero, líder de la Asociación Campesina del Catatumbo (Acamcat), cuenta que muchos de los que hoy “se van detrás del Ejército a impedir la erradicación” son campesinos que creyeron en el Gobierno, firmaron los acuerdos colectivos de sustitución de cultivos en 2018 y, tras sentirse abandonados y sin sustento económico, volvieron a sembrar cultivos ilícitos. “En Sardinata, Norte de Santander, departamento fronterizo con Venezuela, son cerca de 1.500 familias productoras de hoja de coca que se habían comprometido a sustituir. Ni el Gobierno de Santos ni el de Duque han hecho la tarea completa ni han cumplido con la segunda parte del proceso”, afirma. Precisamente estos productores llevaban varios días de protesta en las carreteras cuando el Ejecutivo decretó la cuarentena por el coronavirus. Por temor al virus decidieron detener las manifestaciones y aislarse en sus casas.

La preocupación por un posible contagio de coronavirus es otra de las razones que argumentan los pobladores para pedir que se detengan las erradicaciones forzosas. Temen que los erradicadores, civiles contratados por el Gobierno, les lleven el virus desde las ciudades. Y a su manera, intentan protegerse de la covid-19. En El Capricho, un pequeño poblado del selvático departamento del Guaviare, los campesinos instalaron un puesto de control donde desinfectan a los vehículos que abastecen de comida y la ponen en cuarentena durante 12 horas en una casa. En esa zona, como explica Olmes Rodríguez, líder de Asocapricho, antes raspachín de hoja de coca y ahora defensor de bosques, unas 6.000 familias cambiaron sus cultivos de forma voluntaria pero luego no les cumplieron con el dinero para el recambio a otros productos.

La realidad es similar en los departamentos de Córdoba, Chocó, Cauca y Caquetá, pero en otras zonas como Putumayo y Nariño, en frontera con Ecuador, la violencia de los grupos armados suma dramatismo a la ecuación. Durante los primeros días de la cuarentena fue asesinado en Putumayo, Marco Rivadeneira, uno de los líderes más visibles de la sustitución de cultivos ilícitos. Los armados les cobran a los líderes haber intentado abandonar la hoja de coca. Y en Nariño, los choques entre los cocaleros y el Ejército cada vez son más fuertes. “Nunca la erradicación forzada va a ser la salida para enfrentar este flagelo, la violencia siempre va a generar más violencia. Hoy tenemos que enfrentar el riesgo de una pandemia como la covid-19, las amenazas por la presencia y el accionar de los grupos armados ilegales y las agresiones desmedidas contra los indígenas”, expresó a través de un comunicado la Unidad Indígena del Pueblo Awá y exigió investigaciones tras la muerte de su compañero en el cultivo de hoja de coca.

Por Catalina Oquendo

Bogotá - 23 abr 2020 - 12:42 COT

Publicado enColombia
Viernes, 24 Abril 2020 06:44

Autonomías para enfrentar las pandemias

Autonomías para enfrentar las pandemias

Cuando el Estado es poco más que un miserable espectro genocida, los recursos de los pueblos son el único relevo posible para combatir guerras y enfermedades, cuyos efectos no tienen, casi, la menor diferencia. Es cierto que las guerras destruyen, además de personas, edificios e infraestructuras, mientras las epidemias afectan, primordialmente, a los seres humanos.

En el norte y el este de Siria, después de una larga década de guerra azuzada por los principales estados del planeta y de la región, los más armados y los menos razonables, capaces incluso de haber creado y alimentado ese monstruo llamado Estado Islámico, los pueblos organizados están resistiendo ahora la pandemia de coronavirus.

Lo más notable, según las noticias que nos llegan, es que combaten el virus con las mismas armas que utilizaron durante la guerra: la cohesión comunitaria, la organización de base y la determinación, como pueblos, de hacer frente colectivamente a los mayores obstáculos. Así es la vida en los territorios donde el pueblo kurdo hace de la autonomía su seña de identidad.

Un ventilador cada 100 mil habitantes, son los recursos técnicos con los que cuenta la región, según el Centro de Información de Rojava. Buena parte del instrumental sanitario fue destruido por los recientes ataques de Turquía a las regiones autónomas kurdas.

Las cooperativas textiles y agrícolas son las encargadas de producir mascarillas para protección y los alimentos necesarios. Las comunas decidieron un toque de queda desde el 23 de marzo, sometiendo a los viajeros que llegan a la zona a una cuarentena preventiva, mientras las estructuras económicas y políticas de la autonomía, las mismas que han permitido la sobrevivencia durante una década de guerra civil en Siria, son las que garantizan la vida de la población.

"Las cooperativas están más en sintonía con las necesidades de las comunidades en las que viven sus miembros y, por tanto, tienen más probabilidades de tomar decisiones basadas en la necesidad que en las ganancias", señala un reporte de "Kurdistán América Latina" (https://bit.ly/2RX5EVo).

Las comunas, que son la unidad básica en las que está organizada la población, garantizan el cumplimiento del toque de queda y la distribución de alimentos, basadas "en el conocimiento local y la pequeña escala de estas estructuras". Elaboran listas con las familias que tienen mayores necesidades de alimentos, productos de limpieza y medicamentos y van de familia en familia distribuyendo la ayuda, para evitar aglomeraciones.

Una forma de organización que facilita la protección de las familias, ya que "los integrantes de la comuna no necesitan viajar mas allá de sus vecindarios para distribuir ayuda, disminuyendo el número de personas que viajan de ciudad en ciudad".

Este orden comunitario y autónomo se mantiene en una región poblada por 4 millones de personas, incluyendo alrededor de un millón de refugiados que viven en tiendas de campaña por la agresión turca. A pesar de la estricta organización, del trabajo de las cooperativas y comunas y de la solidaridad internacional, los hospitales y centros de salud tienen capacidad para atender sólo 460 casos activos de coronavirus.

Un informe del Comité de Solidaridad con Kurdistán de la Ciudad de México destaca que los estados y las organizaciones internacionales, como la ONU y la OMS, están actuando de forma irresponsable ante los continuos bombardeos de Turquía sobre las aldeas de Rojava, que provocan cortes de agua y agravan la situación sanitaria.

Ante esta situación sólo vale la "autoorganización comunal, ecológica y pacífica" de los pueblos en el contexto de la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria, inspirada en el confederalismo democrático teorizado por Abdullah Öcalan, líder kurdo prisionero en la isla turca de Imrali.

En sintonía con la experiencia zapatista y de otros pueblos latinoamericanos, sigue el Comité de Solidaridad, defienden "una salud comunitaria basada antes que nada sobre la autonomía, la prevención social y la educación más allá de las medidas estatales represivas y centralizadoras".

"Volver a la tierra y a la naturaleza", es uno de los lemas del pueblo kurdo, que busca enfrentar ésta y futuras pandemias repoblando aldeas rurales, reforestando, con cultivos diversificados en base al trabajo comunitario.

Las palabras autodefensa, autonomía y salud comunitaria, resuenan estos días aciagos desde Rojava hasta Chiapas, pasando por Lima, donde cientos de andinos retornan a sus pueblos en la sierra, bajo el lema "Aquí termina Lima", en una magnífica descripción de Rodrigo Montoya (https://bit.ly/3bvGW69). Lejos de la modernidad urbana individualista, quieren rehacer su vida en comunidades, tejidas con base en la reciprocidad y la ayuda mutua.

El futuro de la humanidad se juega en estos espacios y territorios de los abajos, ya que resistir la pandemia supone poner en juego los mismos recursos con los que resisten al Estado y al capital.

 

Publicado enSociedad