Bitácora del Paro Nacional: algunas impresiones sensibles de un participante cualquiera

21 de noviembre de 2019: inicia el paro nacional y se cierra el día con cacerolazos “espontáneos” en diversas partes del país. 

Acabo de llegar de la marcha-cacerolazo más bella de mi vida: sin importar la madrugada para acudir al trabajo, sin pensar en la productividad económica que continuamente nos desposee de nuestras vidas, decenas de niños, abuelas, gente en pijama, familias con sus compañeros perros, etc., habitaron nocturnamente, sin miedo y con alegría, calles normalmente oscuras y peligrosas, demostrando que, ante la precariedad que nos quiere temerosos, divididos y compitiendo, los hilos que constituyen la vida común son imposibles de desgarrar sin consecuencias. A partir de hoy, las calles, los barrios, el oikos, son un poco más nuestros. Algo está pasando, y está pasando por contagio, micrológicamente, a través de vibraciones que escapan de toda consigna específica. En medio de este invierno capitalino, ha empezado la tan esperada primavera.

23 de noviembre de 2019: tras ser decretado un toque de queda acompañado de la aparición de grupos “vandálicos”, aparentemente conformados por la misma fuerza pública y el gobierno nacional. Estos grupos amedrentaron conjuntos residenciales y provocaron la, de facto, paramilitarización de organizaciones vecinales “espontáneas”.


Es importante reaccionar ante el imperio del miedo, el cual delata a quienes están realmente asustados, a quienes le temen a la oleada de afectos alegres que cerró la primera jornada del paro nacional, a quienes no soportan la reapropiación de los territorios y la creación de vínculos capaces de hacerle frente a la precariedad/desposesión generalizada. Desean familias y sectores populares (para)militarizados, armados, sumidos en el terror y enfrentados a enemigos difusos prefabricados, lo que equivale realmente a un enfrentamiento entre sí que solo ahonda dinámicas de competencia intestina, xenofobia y exclusión; sin embargo, en lugar de su anhelada Purga, tendrán multitudes libres, con ganas de vivir mejor colectivamente, conectadas por vibraciones entre cacerolas que nos recuerdan que habitamos un mismo hogar, que queremos compartir los alimentos y tenerlos garantizados para todo el mundo, que nuestra enfermedad no es la pereza, sino el trabajo desrealizante y explotador sin porvenir alguno, ni para los seres humanos promedio ni para la mayor parte del planeta en su conjunto. ¡Llueva o truene nuestra primavera se mantiene!

27 de noviembre de 2019: dos sospechas frente al paro nacional.


1. A los migrantes venezolanos casi no se los ve en el transporte público por estos días. Es evidente que se encuentran aterrorizados, pero lo peor es que puede que muchos hayan "desaparecido" durante el toque de queda. Sobre todo quienes se resistieron a convertirse en agentes de pánico. Algo similar pudo haber sucedido con algunas personas en situación de calle. Antes del paro las cifras de asesinatos a estas poblaciones eran tan inciertas como desconocidas, no quiero ni imaginar lo que puede estar sucediendo en el contexto actual. Las reformas negociadas y los cambios en curso deben contemplar políticas efectivas a ese respecto.


2. Es probable que algunos representantes de los transportadores hayan sido comprados o amenazados (es conocido el régimen del terror en el que, por ejemplo, viven los conductores y empleados de la empresa Transmilenio en Bogotá). Imagínense lo que estaría pasando si se hubieran sumado al paro. Espero estar equivocado o que ellos se encuentren aguardando para aparecer en el mejor momento.

12 de enero de 2020: después de que Uber anunciara su salida del país y algunos de sus trabajadores decidieran sumarse al paro nacional.


Que los conductores de Uber se sumen al paro a favor de Uber, y no directamente por su precaria situación, no confirma que esta sea la tierra del realismo mágico, sino que los problemas desbordan el clásico diagnóstico que sitúa como fundamento incontrovertible de todos los males a un abstracto neoliberalismo reducido, conceptualmente, al ataque de lo público-estatal y la consecuente aceleración de la privatización. En el fondo, lo que está en juego es cierto flujo deseante, y un conjunto de haceres más o menos imperceptibles macropolíticamente, que intentan reconfigurar, buscando mayor autonomía real o aparente, la manera en que nos movilizamos, contactamos, comunicamos, etc. En otras palabras, Uber, y toda la llamada economía de plataformas, está entendiendo a la perfección el terreno de disputa y nos está ganando cada vez más espacio, solo así se comprende que muchas de esas empresas operen, paradójicamente, con millonarias pérdidas (caso emblemático de Rappi en Colombia): no van solo detrás de ganancias aprovechando la precariedad asociada al desmonte de determinados mecanismos que proveen seguridad social, van detrás de nuestros más profundos deseos y haceres legítimamente antiburocráticos y antiestatales, van detrás de nuestros conatos de autonomía,... En fin, persiguen la plena supeditación de la vida misma al Capital. Vieja historia.

…21 de enero de 2020: A parar para avanzar, ¡viva el paro nacional!

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Ecuador:  balance del paro nacional. Habla Jaime Vargas, presidente de la Conaie

Entrevista de Gloria Muñoz Ramírez

Quito, Ecuador. En octubre de 2019 Ecuador vivió un levantamiento popular con el involucramiento de todos los sectores sociales del país. La participación de los pueblos indígenas definió la derogación del decreto 833 con el que el gobierno de Lenín Moreno pretendía eliminar el subsidio a los combustibles, haciendo así imposible la vida. La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) fue clave durante los 13 días del Paro Nacional en el que el Estado reprimió las movilizaciones, dejando un saldo de 11 muertos y cientos de heridos y detenidos. Jaime Vargas Vargas, presidente de la Conaie desde 2017, fue uno de los dirigentes de la protesta emblemática. De origen amazónico, Vargas hace una valoración del levantamiento indígena y popular, repasa lo que significó para los pueblos la llegada de los presidentes Rafael Correa y Lenín Moreno “de supuesta izquierda”, y habla de los planes electorales de la Conaie, que no se descarta para la contienda presidencial.

–¿Cuál es la valoración que hace la Conaie del proceso del paro nacional y levantamiento indígena de octubre?

–El levantamiento de octubre fue diez veces más grande que el primer levantamiento de 1990. Hemos posicionado la fuerza política, ideológica y de resistencia. En estos últimos 12 años, los pueblos y nacionalidades hemos estado viviendo un momento muy crítico, de atropello a nuestros derechos humanos, despojos de nuestros territorios, invasiones de las transnacionales, pero hemos resistido desde nuestras bases. Durante estos 12 años hemos estado llenos de persecución política. Muchos líderes fuimos declarados terroristas, secuestradores, subversivos, guerrilleros, de todo nos han calificado. Pero ésa es nuestra dinámica de seguir luchando.

–¿En qué momento político y organizativo se encuentra la Conaie?

–En este momento, luego del paro nacional, la Conaie se posicionó como una de las organizaciones más fuertes en el Ecuador y en toda América Latina, porque hemos despertado a todos los pueblos en América. La Conaie es una organización nacional que ha hecho escuchar su voz y se ha hecho respetar. En anteriores movilizaciones la Conaie sacaba a su gente, hacía una marcha y a veces teníamos que paralizar, pero la gente de la ciudad nunca salía o nos decían que éramos indios y que nos regresáramos a la selva, que éramos vagos, que solamente éramos atrasapueblos que veníamos a ensuciar las ciudades. Pero esta vez no. Tuvimos otra plataforma, otra forma de pensar, con la interculturalidad del pueblo ecuatoriano. Era no pensar en mí, sino en que mi lucha debía ser para la sociedad, para un pueblo organizado.

Se derogó el decreto 883 impuesto por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y eso quiere decir que se luchó para el pueblo ecuatoriano, para los 16 millones de ecuatorianos. Sólo 1 por ciento, los banqueros y los que se creen dueños de la patria, dijo que los indígenas no los representamos. Nosotros dijimos que claro que nunca los vamos a representar, así como ellos tampoco nunca nos van a representar a nosotros. La Conaie representa a las 15 nacionalidades y 18 pueblos, a las organizaciones sociales. Y eso es lo que hemos hecho. Cuando estaba Correa nos decían que la patria era de todos, ¿pero qué patria es de todos? La que está llena de corrupción, de odio, de discriminación, de racismo, de desigualdades, de injusticia social, de asesinatos e inseguridad nacional.

–¿Cómo vivieron ustedes el proceso de su lucha en el gobierno de Rafael Correa y el discurso progresista?

–En tiempos del expresidente Correa el movimiento indígena vivió un momento muy crítico porque dividió a las organizaciones, a los pueblos y nacionalidades. Había un grupo que defendía al correísmo y había otros que defendían a su pueblo. En la Amazonía tenemos a la organización histórica de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana (Confeniaie) y ahí había dos presidentes de la misma organización. Uno avalado por el correísmo y otro por el gobierno tradicional. Unos gritaban por el correísmo, otros por su libertad, por el territorio. Eso es lo que vivimos.

–¿Y con los megaproyectos en los territorios indígenas qué pasó?

–Hubo gente que decía sí al correísmo e iba a favor de las transnacionales. Entonces había una pelea entre nosotros, había amenazas en nuestras comunidades. Había quienes defendían la minería, el petróleo, la consulta, el convenio. Eso ha pasado en todo el mundo y por eso han desaparecido pueblos indígenas, por los intereses económicos. Los gobiernos neoliberales tienen que asesinar, tienen que matar al pueblo para acabar con él y quedarse con sus territorios para sacar los recursos que necesitan.

¿En Bolivia a quién están matando? ¿A un banquero? ¿A un empresario? ¿A una derecha? Asesinan a los indígenas, y eso es lo que nos indigna a nosotros. En Chile están matando al pueblo mapuche, en Colombia al pueblo nasa, al pueblo indígena, al campesino, al que lucha por defender su territorio y su derecho. En México han matado al campesino, en Brasil a los pueblos indígenas. Los grandes empresarios quieren acabar con todo. En Perú acabaron con el movimiento indígena, con los hermanos awajún, aquí han asesinado a los shuar, achuar, kichwa.

–¿Qué es lo que pasa cuando presidentes como Rafael Correa o Lenín Moreno se presentan como progresistas o de izquierda y promueven proyectos extractivistas?

–Rafael Correa y Lenín Moreno decían que eran de la izquierda progresista y ahora están con la derecha, en vez de entregarse al pueblo. Por eso es importante la oposición. Mucha gente del gobierno piensa que la oposición es un enemigo y tiene que pelear contra ella. Escuché un discurso medio favorable del nuevo presidente de Argentina que decía que la oposición que perdió no será su enemigo, sino una persona que le permita avanzar. A ver si lo cumple.

La oposición te permite mejorar tu pensamiento y tu estrategia de gobierno. Se trata de conversar y asegurar que no vas a aceptar sus intereses personales, pero sí los colectivos que generen desarrollos para el país. Aquí en el Ecuador se explota desde hace más de 40 años, pero nuestras comunidades siguen viviendo en la miseria. Por eso decimos que no somos pobres, sino que nos hicieron pobres. Trajeron la pobreza a nuestros territorios, que son ricos. La gente pobrepobre vive en las ciudades llenas de criminales, prostitución, alcoholismo, drogadicción, corrupción. No tienen ni ríos dónde bañarse.

El Sumak kawsay del que hablamos en la Constitución es vivir en nuestro mundo, que si te enfermas encuentras la farmacia en la selva, donde el mercado es libre porque un niño puede tomar un anzuelo, coger un pescado y cocinar.

–¿Cuál es la situación en Ecuador respecto a las consultas sobre proyectos en territorios indígenas?

 

 –Aquí está el derecho a la consulta previa, libre e informada, pero no hay una herramienta o mecanismo que garantice este proceso, porque no es vinculante. He estado reunido con todos los pueblos de América Latina y tenemos la misma situación y la misma problemática de invasiones, de asesinatos, de criminalización, de despojo y consultas. Cuando hablamos de consulta no sólo está enfocado al tema del extractivismo, sino también a la construcción de vías y de grandes proyectos.

En el Ecuador el derecho a una consulta no garantiza nada, porque preguntan y dices que sí o que no pero ellos en el gobierno toman las decisiones y aplican la ley. Ese es uno de los problemas. En las consultas llegan y te dicen, “miren compañeros indígenas, ustedes no tienen agua potable, sus hijos no tienen becas, pero habrá bonos solidarios, bonos de vivienda, becas y cada dirigente ganará dos mil dólares”. ¿Eso es consulta o es engaño? La gente acepta, pero no les dan ni proyecto ni los dos mil, solamente trago, pan, coca cola. Eso pasó en Ecuador durante estos años, son las estrategias para engañar a los pueblos indígenas desde el Estado y las transnacionales.

–¿Cómo fue el diálogo de la Conaie con el gobierno durante el paro y qué proceso siguió? ¿Qué pasó con el Parlamento de los pueblos?

–Nunca hubo diálogo ni negociación. Lo único que hicimos fue decirle al gobierno que ese decreto no lo aceptaba el pueblo ecuatoriano, porque se afectaba todo y se decretó sin consulta. De ahí el levantamiento. Se instaló la mesa técnica no para dialogar, sino para debatir, que es otra cosa. Dijimos que no discutiéramos sólo el subsidio, sino también la política económica del país. Le dije al ministro de Economía Richard Martínez que necesitábamos que trajera todos los contratos petroleros para revisarlos y saber cómo estaban funcionando las empresas públicas, bajo qué términos llegaron los acuerdos con el FMI, qué busca el Fondo, dijimos que queremos discutir también el tema de la deuda externa con China. Nos dijo que eso lo podíamos discutir después. En este contexto la Conaie convocó y abrió el abanico para que llegaran todos los sectores sociales e instaló el Parlamento de los pueblos, nacionalidades y organizaciones sociales, con casi 200 organizaciones del país con las que discutimos la parte económica, política y social-ambiental. Debemos discutir qué vamos a hacer. Hablar sobre el extractivismo, sobre las inversiones internacionales. Definimos una propuesta del pueblo ecuatoriano y el gobierno debe cumplirla. No debe ser una propuesta del indígena, no de un sector, sino del pueblo ecuatoriano. Y así estamos, eso estamos construyendo en este momento. Eso es lo que habla el parlamento de pueblos, nacionalidades y organizaciones. Están los estudiantes, los académicos, nuestros científicos, todos.

–¿Cuál es la postura electoral de la Conaie?

–Estamos pensando en una posición electoral. No puedo decir nada oficialmente, pero ese es el camino. Cuando te proyectas a ese nivel tienes que empezar desde abajo, y para eso tenemos que construir una plataforma de unidad, de acuerdos, de todo. No sería impensable un candidato de la Conaie para la presidencia. Cuando salgo la gente a veces me saluda llamándome el próximo presidente de la República, lo mismo le sucede a Leonidas Iza. Lo dice el pueblo.

–Un presidente indígena parece que no es garantía de nada...

–El presidente puede llegar a ser indígena, puede ser cholo, puede ser afro, puede ser hombre o mujer, un campesino, una maestra, un abogado, pero que sea presidente del pueblo. Ser indígena no garantiza exactamente ser bueno, es cierto.

–Hay ejemplo ya en otros países...

–Bueno, no puedo hablar de Bolivia, pero están ahí las cosas. Puede ser un indígena que sea más derechista que cualquiera, pero todo depende de cómo actúen.

–¿Y tampoco se garantiza el plurinacionalismo?

–Ser indígena tampoco garantizaría el plurinacionalismo, eso se debe construir entendiéndonos, participando, debatiendo. El gobierno no puede construir solito un Estado plurinacional. Sin indígenas, no se puede construir, sin mestizos tampoco. Si el policía se pone una whipala ya dicen que es plurinacional, pero eso no es. El Estado plurinacional es garantizar derechos, tomar decisiones, hablar de libertades, de autonomía, de verdadera justicia social donde la gente viva feliz. Pero para llegar a eso hay que hacer un trabajo duro y complicado.

–Pero a la derecha no le va a gustar…

–Nuestros militares y policías se han hecho robocops, pero esperemos que no se transformen en Power Rangers. Nosotros los pueblos y las nacionalidades estamos también organizados, estamos viviendo en nuestros territorios. No estamos armados, estamos decididos a defender el territorio, la patria, la soberanía nacional, a hablar de derechos humanos, de libertades. El Estado invierte casi dos mil millones de dólares anuales para sostener a la policía y las fuerzas armadas.

¿Qué beneficio sacamos? El Estado tiene miedo. ¿Por qué están armándose? ¿Es guerra con quién? Con el pueblo. Así no se construye ni se hace un buen gobierno, eso no significa ser un gobierno de todos. Habrá que dialogar y reclamar nuestros derechos, pero parados. Yo no tengo miedo al gobierno, pero sí algo puedo temer a la derecha, porque son terribles. Hemos recibido amenazas. Anteayer dejaron un mensaje en el departamento en Puyo y sólo pensé, “está bien, si creen que matando o amenazando a un dirigente indígena van a sacar algo es mejor, pero es encender, es explotar”.

–¿Coincide con que es tiempo de los indígenas y de las mujeres?

–Es tiempo de la juventud, de los pueblos indígenas en América Latina y del mundo. Es el momento. Tenemos toda la capacidad de decidir y de demostrar que hay una posibilidad. Es tiempo de las mujeres también. Hay grandes lideresas.

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Domingo, 05 Enero 2020 08:42

El punto sobre la i

El punto sobre la i

A más de un año de la revuelta popular contra el gobierno de Daniel Ortega, organizaciones feministas nicaragüenses denuncian el aumento de la violencia contra las mujeres y la persistencia de la represión al movimiento social. Sin embargo, la militancia continúa a pesar del estado de excepción y la acción paramilitar.

 

“Medio escondidas dentro de un centro comercial y abandonando el lugar de inmediato, antes que pudieran aparecer policías o paramilitares”. Así cantaron el ya reconocido himno feminista de origen chileno “Un violador en tu camino” un grupo de feministas nicaragüenses en Managua para denunciar las graves “violaciones de derechos humanos y torturas sexuales”, en el marco de la campaña mundial del 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

A más de un año de las revueltas de abril de 2018, ser activista o feminista en Nicaragua sigue siendo “encachimbado”, porque “las feministas somos las que hemos puesto el punto sobre la i estando en las luchas, sintiéndonos revolucionarias y habiendo estado muchas en la defensa de la revolución y la lucha de los setenta y ochenta”, apunta Leo Arguello, activista feminista del programa de radio Y ahora yo tengo la palabra en la ciudad de Matagalpa. “Ha cambiado todo nuestro mundo”, explica mientras señala la doble puerta de seguridad que han tenido que colocar en el local donde llevan años realizando actividades, “ahora tenemos medidas de seguridad y rejas porque nos amenazan, vigilan y encarcelan”.

El boicot gubernamental a las actividades del movimiento feminista en el país se mantiene y normaliza, mientras aumentan los casos de violencia. “Toda la vida luchando contra el patriarcado, y ahora se ha recrudecido, hemos atrasado 40 años”, explica Eva Molina, del Colectivo de Mujeres de Matagalpa, haciendo memoria de sus años de guerrillera sandinista. Aunque la justificación gubernamental es la inestabilidad política que vive el país desde abril de 2018, el movimiento feminista denuncia más de diez años de represión.

Desde que salió a la luz el caso de Zoilamérica –hijastra del actual presidente y líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional (Fsln), Daniel Ortega, a quien denunció por violación y abuso en 1998– se produjo una ruptura “con la persona-partido partido-persona que es ahora el Frente Sandinista, porque nos posicionamos, cuestionamos, apoyamos, respaldamos. Desde ahí se produjo un quiebre [del Fsln] con los colectivos de mujeres y las feministas en general”, continúa Arguello. “Queríamos justicia aunque el perpetrador fuese el presidente de la República y el revolucionario; esperábamos que diera la cara, eso esperábamos, aun las feministas ilusionadas con una revolución… Y no lo hizo, al revés, se escondió detrás de Arnoldo Alemán [entonces presidente de Nicaragua por el Partido Liberal Constitucionalista, con quien Ortega pactó para evitar el desafuero parlamentario] y se respaldó en la Chayo [nombre con el que se conoce a Rosario Murillo, madre de Zoilamérica, pareja de Ortega y actual vicepresidenta]”.

En 2006, justo antes de que el Fsln ganara las elecciones y recuperara el poder, el Congreso nicaragüense aprobó por mayoría y con los votos del partido sandinista una reforma del Código Penal que castigaba el aborto terapéutico, con sentencias de hasta seis años de prisión, sin excepción en casos de embarazo de alto riesgo para la vida o salud de la mujer, malformaciones graves del feto, o violación o incesto, incluso en menores de edad. Como justificación y confirmación del giro político, tras esta votación, Murillo declaró: “Somos enfáticos: no al aborto, sí a la vida. Sí a las creencias religiosas, sí a la fe, sí a la búsqueda de Dios, que es lo que nos fortalece todos los días para reemprender el camino… El Fsln respalda la posición de la Iglesia Católica y de las iglesias en general contra el aborto en cualquiera de sus formas, porque es un atentado contra la fe, contra la vida”.

Desde el primer Código Penal en 1837 el aborto estaba parcialmente despenalizado en Nicaragua. El pacto del sandinismo con los sectores conservadores de la Iglesia, según denunció el movimiento feminista, ignoraba los derechos humanos –a la salud, a la vida– y civiles de las mujeres nicaragüenses. Posteriormente, gracias a la presión del movimiento feminista, en 2012 se impulsó el debate público sobre las violencias contra las mujeres y se aprobó una ley integral que consiguió estipular y visibilizar, aparte de las violencias física, económica y psicológica que se enmarcan en la problemática de la violencia machista. Con esta normativa, también nacieron las comisarías de la mujer (con capacitaciones de género en colaboración con los colectivos feministas) y las casas de la diversidad sexual, cuyo objetivo era generar espacios para desestigmatizar y defender los derechos de la comunidad Lgbti.

Una victoria eventual, ya que pocos meses después desaparecieron las casas, las autoridades quitaron las banderas moradas y de arco iris, desmantelaron las comisarías de género, y descafeinaron y retiraron partes de la ley integral. Desde el Estado se agudizó la persecución y estigmatización de la lucha feminista, de la mano de Rosario Murillo, quien atacaba “la distorsión del feminismo, la manipulación de sus banderas, la deformación de sus contenidos, la disposición de sus postulados para la Causa del Mal en el mundo”.

AUMENTO DE LAS VIOLENCIAS. 

Tras la llamada crisis de abril hubo un repunte de expresiones machistas y agresiones sexuales, una práctica que buscaba, con crueldad y saña, imponer un castigo por medio de la humillación, posesión y dominación de las disidencias políticas. “Los cuerpos de las mujeres son el campo de batalla y la recompensa con la que se sirven agresores y políticos”, declara Molina ante el incremento de feminicidios, embarazos forzados de niñas y adolescentes y violaciones, muchas grupales y perpetradas durante los encarcelamientos de presas y presos políticos, según el informe de Amnistía Internacional de octubre de 2018, “Sembrando el terror: De la letalidad a la persecución en Nicaragua”.

“Apareció otro cuerpo, ¿cuántos llevamos? El miedo que tenemos es que se normalice de tal forma que ya no nos asuste el cuerpo de una mujer con signos de tortura, violación, estrangulamiento, cuchilladas o golpes en la cabeza, cuello y espalda”, lamenta Arguello. La militarización de las calles y la presencia de paramilitares han aumentado la inseguridad y el acoso. “Antes te podías enfrentar, pero ahora no. Hay miedo, y no sabes si es un paramilitar armado”, relata una joven activista de otro colectivo feminista, Las Venancias, que ha preferido no dar su nombre. “‘Esto te pasa por andar ganchoneando en la calle, es lo que andabas buscando’, eso es lo que te dicen, porque ese es el castigo por ser una mala mujer”, termina.

Entre la persecución, el desmantelamiento de la ley integral contra la violencia hacia las mujeres y el estado de sitio de facto impuesto desde setiembre de 2018, han disminuido las denuncias. “Ahora no hay autoridad que valga, no hay policía que resguarde, sino que son los propios policías los que violan, acosan o permiten. Los que andan en la calle han sido armados por las propias autoridades, por lo tanto, si me entregas un arma, hago lo que quiero: asalto, violo, robo, golpeo y asesino”, continúa la activista.

El Colectivo de Mujeres de Matagalpa visita mensualmente desde hace años diferentes comunidades rurales, y brinda formaciones y trabajo a las mujeres: “Ahorita hay una práctica en muchas zonas rurales alrededor de Matagalpa, a donde llegan los armados encapuchados por la noche, asaltan, roban las pertenencias, amarran a los hombres, violan a las mujeres, se van y amenazan: ‘Si hablan, si dicen algo, volvemos para quemarlos a todos aquí’”, describe Molina. La violación de muchas mujeres ha sido no sólo un acto que atenta individualmente contra su vida, cuerpo y dignidad, sino un mensaje simbólico con aleccionadores por razón de género.

ARTICULACIÓN Y RESISTENCIA. 

Agresores, violadores, feminicidas. El muro de la denuncia de Matagalpa, ciudad del norte de Nicaragua, señala con nombres y apellidos y los expone ante toda la ciudad. “Si no funciona la justicia legal, que funcione la denuncia social”, argumentan desde el Colectivo de Mujeres de Matagalpa. La idea del muro surgió hace cinco años como un mecanismo más de denuncia y protección –imitando la tradición de las pulperías, pequeñas tiendas de comestibles y ultramarinos, que históricamente apuntaban los nombres de los morosos en sus puertas– ante la situación de vulnerabilidad legal en la que se encuentran las mujeres.

Un ejemplo de desafío y desobediencia en un contexto en el que, por el aumento de la represión, muchos colectivos han tenido que inventar prácticas de seguridad, cerrar sus puertas, esconder a sus compañeras o incluso exiliarlas. Actualmente se contabilizan más de 88 mil personas exiliadas desde abril de 2018, según datos de un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos del pasado octubre.

Mientras el gobierno continúa con el estado de excepcionalidad, la propaganda antigolpista y antifeminista, las detenciones y el boicot a las actividades, las activistas sostienen el movimiento y las campañas. Muchas de ellas bajo el paraguas de la Articulación Feminista de Nicaragua, movimiento amplio de organizaciones feministas de todo el país que el pasado 25 de noviembre volvió a denunciar un “régimen regresivo que alienta y protege a los agresores y ejerce la violencia de Estado”.

(Tomado de El Salto, por convenio. Brecha reproduce fragmentos, titulación propia.)

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Francia: la huelga contra la reforma de pensiones bate records

Las huelgas en los transportes, que hicieron de las fiestas navideñas un rompecabezas para la gente, superaron incluso las que paralizaron al país en 1995 y 1986.

Cambió el año, aunque no el conflicto. El movimiento social que estalló el 5 de diciembre de 2019 contra la reforma del sistema de pensiones promovido por el presidente Emmanuel Macron continúa en plena vigencia. Es, hoy, la crisis social más extensa de la historia contemporánea. Las huelgas en los transportes, que hicieron de las fiestas navideñas un rompecabezas para la gente, superaron incluso las que paralizaron a Francia en 1995 cuando el entonces primer ministro liberal Alain Juppé presentó una reforma sobre el mismo tema.


En 2020, tanto la presidencia como los sindicatos, incluidos los reformistas, mantienen sus posiciones. Durante el saludo de Año Nuevo, Emmanuel Macron reiteró que “el proyecto se llevará adelante”. El jefe del Estado volvió a defender la idea según la cual se trata de “un proyecto de justicia y de progreso social”. Esa era en todo caso la filosofía que figuraba en la plataforma electoral de Macron durante la campaña electoral para las elecciones presidenciales de 2017.


La idea de una reforma del sistema de pensiones ya aparecía en las propuestas y apuntaba a transformar el actual sistema por una “jubilación universal por puntos” y terminar así con los 42 regímenes jubilatorios existentes. El proyecto inicial, cuya meta consistía en “renovar el modelo social”, pasó a ser un factor de confrontación.


El Ejecutivo mantuvo sus intenciones difusas y cuando al fin detalló el contenido de la reforma surgieron tres dudas: una, el valor real del punto: dos, la casi certeza de que, envuelta en una retórica de caramelo, la reforma extendería de facto la edad de la jubilación a los 64 años ante los 62 actuales: tres, la fuerte sospecha de que, al final, los cambios introducidos pretenden transformar el sistema de reparto por el de capitalización.


Desde entonces, hubo varias jornadas de manifestaciones, paros de trenes, metros y autobuses y una postura invariable de los sindicados: no a la reforma. Se esperaba que el jefe del Estado abriera una ventana hacia alguna negociación posible, pero sus palabras de año nuevo cerraron esa perspectiva.


El tema lo lleva el jprimer ministro Edouard Philippe y las negociaciones con los sindicatos están, por el momento, bloqueadas. Habrá que esperar hasta después de la próxima jornada de manifestaciones convocada para el 9 de enero por el frente sindical para observar si, según su peso, se produce algún avance.


Con cada semana que transcurre asoma una nueva sospecha. La última puso en escena al monstruo de las conquistas sociales, la multinacional norteamericana de las finanzas BlackRock, de quien se asegura que está detrás de la reforma macronista. Y como el jefe de la rama francesa de BlackRock, Jean-François Cirelli, recibió hace algunos días una de las distinciones más altas que otorga el Estado francés, La Legión de Honor, los rumores no hicieron más que acentuarse. Este gesto fue denunciado como una “provocación” por la izquierda francesa, tanto más provocativo cuanto que los sindicatos, los partidos de oposición y ciertos comentaristas han denunciado los intentos de BlackRock por “influenciar” la controvertida reforma macronista.


Varios sectores sociales temen que la reforma de las pensiones, con esa empresa como operador oculto, desemboque en una drástica transformación del modelo actual. La diferencia es radical: en el modelo francés, las jubilaciones están financiadas mediante las cotizaciones que pagan los trabajadores. Estas son luego “repartidas” o distribuidas por el Estado entre los cotizantes. En un sistema por capitalización, es el capital que han acumulado los trabajadores el que finanza la jubilación. En realidad, esta eventualidad es más un fantasma que una realidad. Incluso si hay sectores que sí podrían optar por la capitalización, no es el caso de la mayoría. Sin embargo, en un momento de alta sensibilidad como este, cualquier rumor adquiere la dimensión de una verdad, sobre todo porque buena parte de la opinión pública se siente traicionada por el mandatario. Su planteo de “renovar” el modelo francés ha mostrado que se trata también de hacer recortes y economías. Allí radica la desconfianza con la que, una mayoría de franceses, percibe al Ejecutivo. El gesto de entregarle la Legión de Honor al directivo de una empresa que hace fortuna con la especulación financiera es una torpeza más en la larga serie negra que ha acumulado el gobierno.


La confrontación persiste en su máxima intensidad. El gobierno, a través de el secretario de Estado de Transportes, Jean-Baptiste Djebbari, acusa a la CGT de asumir un sindicalismo de “oposición sistemática a toda reforma”, e incluso “intimidatorio”. El líder de la CGT, Philippe Martinez, responsabiliza al gobierno de estar jugando a que “la situación se pudra” para forzar la aceptación de la reforma. Lo cierto es que ya se entró en una marca histórica con los 30 días ininterrumpidos de huelga. Se superó el record de 1995 y hasta el de 1986-1987, cuando una huelga en los transportes se había prolongado durante 28 días. Con lógico mal humor y paciencia, la gente hace largas colas para intentar subirse a los pocos transportes públicos que circulan. El 9 de enero están previstas las próximas manifestaciones y recién el 22 de el proyecto de ley será presentado en el Consejo de Ministros. De aquí en adelante la única opción es caminar.


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El retorno de los motines de subsistencia
Publicamos una selección de los artículos más leídos durante el 2019. Fueron seleccionados de los periódicos desdeabajo ediciones 253-264 y Le Monde diplomatique, edición Colombia ediciones 185-196.

La regresión de los salarios, el trabajo precario, tener que soportar sobre los hombros un peso cada vez mayor del financiamiento del Estado por el aumento de los impuestos, el encarecimiento de los servicios públicos y la negación de la educación y la salud como derechos básicos, han llevado a los pueblos a levantarse espontáneamente.


La incertidumbre sobre la subsistencia no puede seguir siendo la norma de vida.

 

“Un fantasma recorre el mundo”: el fantasma de las revueltas populares espontáneas. El recorrido del espectro comenzó el 17 de octubre de 2018 en París, con una convocatoria por medios digitales para protestar por el alza en el precio de los combustibles, la pérdida en el poder adquisitivo del salario y una carga fiscal creciente sobre los sectores con menores ingresos. Las protestas, que ya completan más de un año, han sobrepasado tan sólo en la capital francesa, más de cincuenta manifestaciones saldadas con once muertes relacionadas con los eventos, 24 ojos perdidos por perdigones disparados por la policía, una mano arrancada con explosivos, y más de tres mil condenados –mil de ellos condenados a prisión–, entre otros destrozos provocados por la represión. El nombre del movimiento, un poco extraño y carente de referentes: los chalecos amarillos.

En América Latina, las mismas causas fueron la chispa que el tres de octubre de éste año incendiaron, primero, la capital ecuatoriana, y luego el resto del país con un saldo no menos trágico: entre cinco y diez muertos, 500 heridos y al menos 1.000 detenidos, luego de diez días de refriegaque obligaron al gobierno a poner en suspenso las medidas que motivaron el gesto insurreccional. Pero, la cereza que coronó el pastel, fue la sorprendente reacción del pueblo chileno, qué iniciada con las protestas de los estudiantes por el alza en el precio del transporte público, rápidamente asumió el carácter de una revuelta popular de gran envergadura, cuyo saldo ha sido de al menos veinte muertos, 600 heridos y cerca de 6.000 detenidos. El estallido popular en este país es aún más significativo, por haber sido Chile el conejo de laboratorio donde la escuela económica conocida como los Chicago Boys ensayó el conjunto de políticas que angostaron, a lo ancho del planeta, la vida de los asalariados hasta los mínimos niveles de subsistencia, para de esa forma darle salida al capital, luego de la crisis de los setenta del siglo pasado, que había puesto en cuestión las tasas de acumulación.

Como una funesta coincidencia de los simbolismos, debe recordarse que fue José Manuel Piñera, hermano mayor del actual presidente, Sebastián Piñera, quién como ministro de la dictadura militar de Augusto Pinochet puso en marcha las reformas anti-populares que por más de cuatro décadas rigieron la economía de aquel país, y cuyos efectos acumulados condujeron al estallido social reciente. El hermano menor, intentando redondear la siniestra obra de su familiar, terminó colmando la paciencia del pueblo chileno que busca como meta sacudirse la pesada herencia.

Pero, las protestas también han tenido lugar en ciudades como Puerto Príncipe, Beirut o Bagdad, en una reedición de los Motines de Subsistencia de los siglos XVII, XVIII y XIX, de los que quizá el más trascendente fue la “Marcha sobre Versalles”, en el que las vivanderas de los mercados parisinos sitiaron el palacio real y obligaron a María Antonieta y a Luis XVI a regresar a la capital francesa a asumir sus responsabilidades, consolidando el levantamiento que dio forma definitiva a la Revolución Francesa. Ya no es el precio del pan la chispa sino el de los combustibles, así como la regresión en las condiciones de la seguridad social y el entender que el financiamiento del Estado ha sido volcado sobre los hombros de los sectores populares, pero, eso no le quita que sean verdaderos motines de subsistencia en versión actualizada, pues su motivación son las extremas condiciones de angustia con las que la mayoría de la población enfrenta la cotidianidad.

 

El camino hacía los límites

 

Más allá de las críticas que puedan hacerse a conceptos como el de sociedad post-industrial, o a ciertas conclusiones derivadas de afirmar el fin de la etapa industrialista del capitalismo, lo cierto es que el innegable dominio de la ocupación en el sector servicios, que en promedio en el mundo ocupa el 50 por ciento de los trabajadores contra el 14 por ciento en las manufacturas –en los países de altos ingresos esos porcentajes son de 74 y 13 por ciento respectivamente–, obliga a considerar las consecuencias de ese hecho, así como de los cambios en la estructura de la fuerza laboral industrial, tanto al interior de los países, como si la miramos globalmente.

La automatización y la robotización son, sin duda, dos de los factores centrales que explican la disminución de la participación relativa de la fuerza de trabajo en la producción de los bienes manufacturados. Para el caso de los países del centro capitalista, además, debe sumarse el proceso de deslocalización, iniciado con fuerza en la década de los ochenta del siglo pasado, que buscó a través de la externalización de un componente importante del proceso de fabricación de bienes, no sólo disminuir costos al usar mano de obra de los países periféricos, sustantivamente más barata, sino debilitar la resistencia interna de los trabajadores, al descomponer o eliminar las unidades productivas que aglomeraban un número considerable de obreros convencionales. La búsqueda de nivelar por lo bajo los salarios, que aún continúa, ha tenido en esa estrategia uno de sus puntales más importantes.

De otro lado, al interior de los países, la subcontratación (conocida como outsourcing, por su acepción en inglés) de las actividades menos automatizables, hizo de la tercerización, como también se le conoce, un mecanismo que descargó de responsabilidades laborales a las grandes empresas y contribuyó a la informalización y precarización de un gran número de trabajadores, pues las pequeñas empresas subcontratistas escapan, en mayor medida, a los controles estatales. En el informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) del 19 de octubre de este año, sobre autoempleo y pequeñas y medianas empresas –titulado en español como Lo pequeño importa–, ese organismo muestra como en el mundo cerca del 70 por ciento del empleo lo proveen ese tipo de unidades productivas. En los países de bajos ingresos, las empresas de menos de 50 trabajadores proveen el 40 por ciento de la ocupación, el autoempleo el 54 por ciento, mientras que tan sólo el seis por ciento es cubierto por empresas de mayor envergadura. En los países de medianos ingresos el autoempleo (60 por ciento) y el empleo en pequeñas empresas (30 por ciento) representan la casi totalidad de la ocupación, siendo la magra cifra del 10 por ciento el ofertado por las grandes empresas; mientras que en las naciones de altos ingresos, las pequeñas empresas ocupan casi la mitad de la población asalariada (47por ciento), el autoempleo el 11 por ciento y las grandes empresas menos de mitad de la provisión laboral (42 por ciento)–en Colombia, según el Dane, el autoempleo es 43,6 por ciento–. Este proceso, que quiso ser maquillado con el pomposo nombre de “industrias en red”, facilitó la individualización de la contratación y limitó el horizonte político de la clase trabajadora que empezó a tener mayores dificultades para poder articular convergentemente acciones de lucha por sus derechos, limitando su alcance y posibilitando al capital imponer sus condiciones sin apenas resistencia. Acá, lo pequeño no es hermoso.

El debilitamiento estructural de la clase trabajadora tuvo quizá su mayor reflejo en el declive de las tasas de sindicalización de los países más industrializados.En EU la afiliación a los sindicatos va en caida de forma importante, pasando de representar 20,1 por ciento en 1983 a 10,6 en la actualidad. En Alemania y Japón, las otras dos potencias industriales capitalistas, la cifra apenas supera el 17 por ciento en la actualidad, y en Corea del Sur es tan sólo del 9 por ciento, según datos de la Confederación Sindical Internacional (CSI). Esto no es más que el reflejo de la des-colectivización de la relación capital-trabajo, que ha colocado al trabajador individual a negociar de forma aislada con las grandes corporaciones, en una situación de desigualdad cuyos resultados son la precarización de sus condiciones. La informalidad ahora es lo normal; su porcentaje actual a nivel mundial es del 61 por ciento de trabajadores en esa condición, mientras que tan sólo el restante 39 de asalariados están cubiertos con las pocas garantías que las reformas laborales no han abolido para los contratos convencionales (en Colombia la informalidad es del 48 por ciento).

La desregulación del trabajo, que incluye la llamada flexibilización laboral, va acompañada de un traslado de la carga fiscal desde las empresas a los trabajadores. En EU la tasa impositiva a las compañías pasó del 32,1 por ciento en 1952 a 10,8 en 2015; en Europa, del 41 por ciento de 1983 quedó reducida en 2015 al 22, mientras que el impuesto al valor agregado (IVA), pagado esencialmente por la gente del común pasó, en ese período, de 16,1 a 19,2 por ciento. En EU la tasa impositiva marginal, aplicable a los ingresos más elevados, de 70 por ciento en 1980 descendió al 40 en 2010, mientras que en Alemania de estar en 90 por ciento, a fines de la década del cuarenta del siglo pasado, es hoy del 45 por ciento, como lo destaca Thomas Piketty en su libro El capital en el siglo XXI. Además, como lo reseña Oxfam en su informe de 2018, el economista Gabriel Zucman estima que los multimillonarios esconden alrededor de seis billones de dólares en paraísos fiscales, eludiendo al menos 200 mil millones en pagos de impuestos. Esto ha tenido como resultado una concentración de la riqueza sin antecedentes, hasta el punto que en la actualidad las 42 personas más ricas del planeta poseen el equivalente de lo que suman los activos de los 3.700 millones de personas con menor riqueza en el mundo, según datos de la empresa de servicios financieros Credit Suisse. Oxfam calcula que en el 2017 el 82 por ciento de la riqueza creada fue apropiado por el uno por ciento de los más ricos.

 

Las clases trabajadoras al borde del abismo

 

El aumento de la dispersión locativa de los trabajadores de un mismo sector –tal el caso de conductores, empleados de los comercios minoristas, docentes, médicos, etcétera– propiciada por el continuo crecimiento del sector servicios, las facilidades para la deslocalización internacional y el predominio de las pequeñas empresas, fueron algunos aspectos de la piedra de toque que facilitó al capital reducir al mínimo los derechos de los trabajadores. Que estos empiecen a ser considerados como “prestadores de servicios independientes”, desligados de sus colegas de labor, ha llevado en la actualidad a hacer posible la existencia de empresas sin apenas trabajadores presenciales, como en el caso de la llamada “industria de plataforma”, cuya actividad central es ser coordinadora informatizada de actividades. El avance de la economía gig, también conocida como economía colaborativa, o economía de los freelance, ocupa predominantemente trabajadores jóvenes que aportan sus conocimientos y habilidades a empresas por horas o días sin que medie un contrato.

En el imaginario ideologizado, entonces, lo que quiere presentarse es el fin del trabajo como actividad subordinada, y justificar así el avance de la eliminación de éste como sujeto de derechos. La subordinación moderna de los trabajadores queda basada, de esa forma, en lo que Robert Castel denominó el ascenso de las incertidumbres: la inseguridad sobre el mañana como instrumento de sujeción en el presente, pues los derechos económicos positivos son, de hecho, eliminados. Según la CSI, el 60 por ciento de los países tienen prohibiciones de sindicalización en algunos sectores de la economía, el 83 por ciento ha vulnerado el derecho de huelga y el 82 han violentado la negociación colectiva, todo bajo el argumento que los derechos de los trabajadores son contrarios a la buena marcha de la sociedad, y de que tal marcha no es otra cosa que la ampliación de la riqueza apropiada por el capital.

El avance del capital a costa del trabajo, es innegable. Según el Fondo Monetario Internacional el pago a los trabajadores en los países desarrollados, de representar 55 por ciento del PIB en 1972 fue reducido a 40 en la actualidad, mientras que en los países emergentes y los subordinados, de 50 por ciento en 1994 pasó en el presente a 37. El estancamiento de las salarios medios y bajos tuvo en el divorcio presentado entre las mejoras en la productividad y los aumentos en las remuneraciones al trabajo, una de las causas más importantes, y desde 1972 sigue ensanchándose. El salario por semana en Estados Unidos, cuyo promedio actual es de 746 dólares, sería hoy de 1.377 dólares si las remuneraciones hubiesen aumentado en la misma proporción que lo hicieron hasta 1972 respecto de las mejoras en la productividad, lo que indica, sin equívocos, que ésta última ha sido apropiada en su práctica totalidad desde esa fecha por los capitalistas.

Pero, de otro lado, a partir de las crisis de los setenta, la brecha al interior de las mismas remuneraciones salariales ha ido en aumento, dejando a la gran masa de trabajadores sin mando en unas condiciones cada vez más desventajosas, puesto que mientras en la década de los setenta del siglo pasado la relación del salario entre gerentes y trabajadores era de 45 a 1, es hoy de 794 a 1. Y, lo que es aún más preocupante, al interior de los mismos trabajadores no directivos la brecha también es enorme, pues según la OIT mientras que la remuneración en el decil más bajo es de 266 dólares anuales (750.000 pesos colombianos mensuales, aproximadamente) en el noveno decil es de 36.903 dólares (10 millones de pesos mensuales aproximadamente, es decir, 133 veces más). Esto ha llevado a una fragmentación de la clase trabajadora que hoy ya no está dividida entre trabajadores de “cuello blanco” (empleados) y trabajadores de “cuello azul” (obreros) sino entre trabajadores con derechos y trabajadores precarios que ahora son la inmensa mayoría.

Para completar el cuadro, el encarecimiento de algunos consumos básicos ha limitado aún más las condiciones vitales de los grupos subordinados. La privatización de los servicios públicos domiciliarios, y los de salud y educación, por ejemplo, convertidos en mercancías, y por tanto anulados como derechos, fueron convertidos en bienes plenos para unos pocos, amplificando la monumental disparidad social que experimentamos. La deuda estudiantil en EU, por ejemplo, suma 1,6 billones de dólares, el doble que hace diez años y afecta ya a 44 millones de personas, que dados los bajos salarios percibidos quedan hipotecadas prácticamente de por vida. En Colombia, la cartera del Icetex es de alrededor de cinco billones de pesos distribuidos entre 700.000 deudores, en una espiral creciente de acreencias a la que empiezan a sumarse como prestamistas los bancos privados. En cuanto a los servicios públicos, basta señalar como ilustración que el precio medio de la energía que cobran las empresas privadas en los 34 países de la Ocde es 23,1 por ciento mayor que el de las empresas públicas, lo que ha obligado a que en la última década 235 municipalidades hayan re-estatizado el servicio.

El multimillonario Warren Buffet, al expresar que "Hay una guerra de clases, de acuerdo, pero es la mía, la de los ricos, la que está haciendo esa guerra, y vamos ganando", dejaba claro que los resultados de la concentración económica es producto de una ofensiva consciente y no de “los automatismos del mercado” o de la “correcta asignación de recursos”, argumentos clásicos del cretinismo de los profesionales de la economía convencional. Debe ponerse en primer plano, entonces, como lo planteaba ya la economía clásica, que la estructura de la distribución del ingreso es un resultado de la correlación de fuerzas entre las clases y no un dato técnico, y que es definida en el espacio de la política. Recoger el guante del desafío que los Buffet lanzan, parece una tarea demorada por parte de los movimientos sociales si bien, vistos retrospectivamente, tanto el movimiento de los Indignados como Occupy Wall Street podrían considerarse como escaramuzas, y los recientes motines de subsistencia como movimientos de avanzada que empiezan a responder. Es, pues, el desarrollo de formas organizativas ágiles y pertinentes una tarea urgente a desarrollar.

En Colombia, la reciente visita del Secretario General de la Ocde, José Ángel Gurría, para presentar al gobierno un informe sobre la situación del país, muestra que para la burocracia internacional los motines de subsistencia no son aún motivo de alarma, pues el funcionario recomendó, entre otras cosas, reducir los costos laborales no salariales, el valor del registro de empresas, revisar el “elevado” salario mínimo y aumentar la edad de jubilación. Aunque, para ser justos, lo del “elevado” salario mínimo y el aumento en la edad de jubilación, son también viejos argumentos de nuestra tecnocracia ultraliberal, defendidos, entre otros, por funcionarios criollos como el inefable Alberto Carrasquilla –el mismo de los bonos de agua–, qué en la Ley de Financiamiento, declarada inexequible por la Corte Constitucional, en nombre de las posiciones más ultraderechistas, quiso aprobar una reducción a las empresas en el impuesto a la renta así como exonerarlas de pagar el IVA a los bienes de capital, ahorrándoles casi seis billones de pesos. Quizá, los tecnócratas confían en la pasividad de los movimientos sociales colombianos, pero, en eso también confiaba Piñera, y si “Chile despertó”, ¿será que dura mucho nuestro adormilamiento?

 

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Charly García, el rockero que burló la censura y sobrevivió a las drogas

El músico está instalado en el panteón de los ídolos argentinos junto a Maradona, Carlos Gardel, Evita Perón o el papa Francisco


Argentina es un país prolífico en mitos con nombre y apellido: Diego Maradona, Carlos Gardel, Evita Perón o, últimamente, el papa Francisco. Representantes de la cultura popular, el deporte o el sentido político de la vida, sus rostros están pintados en paredes de barrio, banderas de hinchadas de fútbol o tatuadas en el cuerpo de algún fanático. En ese panteón popular tiene un sitio Carlos Alberto García Moreno (Buenos Aires, 1951), Charly García, un músico de rock superviviente de mil batallas que ha puesto melodía a cuatro generaciones de argentinos. Charly no es un músico global, pero en su país no tiene rivales.


“Charly es un genio precoz que se convirtió en una voz de su generación, en una estrella de rock y después en un mito argentino”, resume Fernando García, autor, junto a José Bellas, de 100 veces Charly.

Historias esenciales de un genio en llamas. Antes de los 10 años tocaba el piano como un adulto y gracias a su oído absoluto podía trasladar melodías a las teclas sin necesidad de partitura. Su carrera como concertista estaba asegurada, pero en los años sesenta se cruzó con el sonido de los Beatles y decidió cambiar a Mozart y Chopin por el rock. En 1969, creó Sui Géneris junto Nito Mestre, un compañero de escuela, y nunca más se detuvo. Sui Géneris fue el primer grupo de rock argentino que llenó el mítico Luna Park, que por entonces podía alberga a 25.000 personas, y dejó melodías que aún perduran. “Hubo un tiempo que fue hermoso, y fui libre de verdad. Guardaba todos mis sueños, en castillos de cristal. Poco a poco fui creciendo, y mis fábulas de amor se fueron desvaneciendo como pompas de jabón”, dice Charly en Canción para mi muerte, un “himno de fogón” incombustible. El artista la compuso “en 10 minutos” durante la milicia, “una noche que no podía dormir por los nervios”, contó una vez.


En aquellos tiempos, los militares eran gobierno y ser músico de rock no era cosa fácil. Charly escribió en los setenta Ejército loco, donde canta “yo formé parte de un ejército muy loco, tenía 20 años y el pelo muy corto. Si ellos son la patria yo soy extranjero”. Sus problemas con la censura crecieron con el grupo La máquina de hacer pájaros. La policía rodeaba las sedes de los conciertos y amedrentaba al público. “La censura ayuda, tenés que pensar, tenés un enemigo y hay que pensar una metáfora”, dijo Charly. Y allí estuvo el secreto de la supervivencia. Los militares no entendían las letras y la dejaban pasar, sin comprender las críticas feroces que el músico hacia al régimen de turno. “No cuenten lo que viste, el sueño acabó. Ya no hay morsas ni tortugas. Un rio de cabezas aplastadas por el mismo pie juegan cricket bajo la luna”, cantaba en 1982 en la televisión estatal, aún bajo control de la dictadura. La “morsa” era el general golpista Juan Carlos Onganía y la “tortuga” el presidente democrático Arturo Illia, derrocado por aquel. Las “cabezas aplastadas por un mismo pie” no necesitaban demasiada traducción, pero la relación con la luna desconcertó a los censores.


El “mito Charly” se disparó con Serú Girán, otro grupo icónico del rock argentino, donde el músico compartió escenario junto con David Lebón, Pedro Aznar y el fallecido Óscar Moro. En 1982, año de la Guerra de Malvinas, Charly se lanzó como solista. Montó entonces un concierto en el estadio Ferro, meca del rock de los ochenta, y ante miles de espectadores destruyó con misiles una ciudad de utilería cantando “No bombardeen Buenos Aires, no nos podemos defender”. En 1983, Charly dedicó unos versos a Los dinosaurios que, al fin, habían vuelto a los cuarteles. “Los amigos del barrio pueden desaparecer. Los cantores de radio pueden desaparecer. Los que están en los diarios pueden desaparecer. La persona que amas puede desaparecer. Los que están en el aire pueden desaparecer en el aire. Los que están en la calle pueden desaparecer en la calle. Pero los dinosaurios van a desaparecer”, canta Charly, en el que se ha convertido en el himno celebratorio del regreso a la democracia.


Los ochenta fueron años duros para Charly. Sus problemas con las drogas eran cada vez más graves. La estrella se volvió intratable para su entorno, llegaba tarde a los conciertos, estallaba de ira, destrozaba guitarras y teclados sobre el escenario o insultaba al público. “Su etapa solista son años bravos”, dice Fernando García, uno de sus biógrafos. En el año 2000, después de un concierto en Mendoza junto a la folclorista Mercedes Sosa, Charly se lanzó hacia una piscina por la ventana de la habitación que ocupaba en el décimo piso de un hotel. Dio en el blanco. “Solo la vi, y me atreví. Hay que ir más allá, además yo no me voy a morir nunca y mi capricho es ley”, les dijo a los periodistas que lo abordaron aún dentro del agua. En 2008, su deterioro llegó al límite y fue “salvado” por el músico Palito Ortega, un viejo amigo que lo alojó en una finca de su propiedad y lo acompañó en su recuperación.


Pese a su fama arrolladora en Argentina, Charly fue siempre una estrella local. Pudo seguir los pasos de Andrés Calamaro o Soda Stereo, pero ni siquiera lo intentó. “Siempre tuvo mucho desprecio con la idea de lo latino. Él se sentía a la par de Bruce Springsteen, de Peter Gabriel, era una estrella de rock, no quería cumplir con lo que Estados Unidos quiere del rock de México para abajo, con ritmo y sabor. Charly no tiene eso. [El músico uruguayo] Jaime Ross difundió a Charly en Holanda y le preguntaban si era italiano, no lo relacionaban con Sudamérica. Le faltaba exotismo y tiene mucho tango”, explica García.


Charly se recuperó y reapareció hace unos años, más gordo y mucho más tranquilo. En 2017 grabó su decimotercer disco de estudio, Random, y cada vez que anuncia concierto las entradas se agotan en unas pocas horas. “Soy zurdo, tengo la mitad de bigote blanco, tengo oído absoluto. Qué más querés. Me tiré de un piso diez. Soy un monstruo y a mucha honra”, dice Charly a los 68 años. El último mito argentino ya no despliega la energía devastadora de su juventud, pero cautiva como siempre.

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Chile insurrecto en 2019: el derecho de vivir en rebeldía

“Miren como nos hablan de libertad, cuando de ella nos privan en realidad, …miren como nos hablan del paraíso, cuando nos llueven balas como granizo”.

Violeta Parra, canción “¿Qué dirá el Santo Padre?”, 1963.

 

La insurrección espontánea del pueblo chileno

Cuando el presidente Sebastián Piñera, semanas antes del 18 de octubre de 2019, declaró que Chile era como un “Oasis” de estabilidad, dentro de la convulsionada América Latina, estaba lejos de imaginar lo que pocos días después sucedería en su propio país. Es decir, el estallido social múltiple y espontáneo de todas las clases populares y todos los sectores subalternos chilenos, desplegado en absolutamente todo el territorio de esa extensa faja de tierra que se llama Chile. Una desafortunada declaración del presidente, que es reveladora del alto grado de divorcio que tiene toda la clase política chilena respecto de su propio pueblo, y también, de la enorme insensibilidad de esa degradada y corrompida elite política respecto de la situación social real que vive la inmensa mayoría de su población.

Divorcio profundo e insensibilidad enorme frente al pueblo y a sus sufrimientos cotidianos, que se expresó una vez más en el ridículo “Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución”, firmado por casi todos los partidos políticos chilenos el 15 de noviembre de 2019, acuerdo que absurdamente propone diferir seis meses, un año, y hasta dos años y medio la solución de las muy urgentes demandas populares, además de “administrar” el conflicto y proponer por enésima vez que sea resuelto desde arriba y por los de arriba, por los políticos y por los ricos, cuando son precisamente ellos los principales responsables de la terrible situación que hoy padecen todos los sectores subalternos de la sociedad chilena.

Grave y terrible situación social del pueblo chileno en general, que es la que explica la masiva y contundente respuesta que toda la gente tuvo al apoyar a los estudiantes que se brincaban los torniquetes del metro, en protesta por el aumento de treinta pesos en el precio de un viaje (aumento de cuatro centavos de dólar aproximadamente). Apoyo que se desencadenó principalmente frente a la brutal represión que esos estudiantes sufrieron por parte de la policía de los carabineros, en respuesta de su acto de protesta, y que casi de inmediato derivó en la irrupción de las diversas y múltiples demandas específicas de cada uno de los diferentes sectores que componen al hoy insurrecto pueblo chileno.

Por eso, uno de los primeros lemas de la rebelión, fue el de la consigna de “No son treinta pesos, son treinta años”, lo que aludía al hecho de que más allá de ese injusto pequeño aumento al precio del transporte, lo que ya era demasiado era la acumulación de ofensas y de agravios en contra de todos los sectores subalternos chilenos, realizados durante las tres décadas del llamado régimen de la “concertación”, por parte de las clases y sectores dominantes de ese país. Porque durante los seis lustros posteriores a la terrible dictadura de Augusto Pinochet, la educación chilena se convirtió en la más cara del planeta, mientras los servicios de salud se degradaban en calidad y subían también de precio, al mismo tiempo en que las pensiones de los jubilados se evaporaban y reducían a casi nada, y los salarios también se encogían considerablemente. Y todo esto dentro de un país que, si solamente renacionalizara sus minas de cobre, como lo hizo en su tiempo Salvador Allende, podría recibir muchísimo dinero, el que sería sin duda suficiente para financiar los cambios económicos urgentes que hoy demanda el conjunto de la población de Chile.[1]

Educación y salud exageradamente caras y malas, y salarios y pensiones ridículamente bajos, que se explican por el hecho de que Chile fue el primer país del mundo en donde se aplicaron las medidas económicas neoliberales, las que además, fueron implementadas por una dictadura militar feroz y sanguinaria, lo que hizo de ese país una suerte de experimento puro y radical de dicho montaje neoliberal. Es decir, un caso extremo donde florecieron los efectos más negativamente neoliberales del planeta, en esos campos mencionados de la educación, la salud, el salario o las pensiones, pero también en el funcionamiento de un Estado desmantelado, ineficaz y fallido, y por ende, más brutalmente represivo, o en la conformación de una clase política parasitaria, puramente decorativa e inútil, o hasta en la proliferación de servicios caros y malos, como en el caso del transporte, entre muchas otras de las expresiones de este neoliberalismo extremo y desmesurado.[2]

Además, y como complemento de este contexto neoliberal extremo, los erráticos y perversos gobiernos de la concertación, igual los de derecha que los de pretendida izquierda, han criminalizado siempre al digno movimiento mapuche, aplicando absurdamente en contra de él una ley antiterrorista. Al mismo tiempo, y como ha sucedido en todo el mundo, también en Chile se ha acendrado y agudizado la violencia machista contra las mujeres, aumentando los abusos, la discriminación en mil formas, y también los trágicos y criminales feminicidios.

Suma terrible de agravios y ofensas de los grupos dominantes chilenos en contra de sus clases populares, que el 18 de octubre de 2019 llegó al punto de ebullición de la “economía moral de las multitudes” chilenas, desencadenando el “¡Ya basta!” de toda la población, a todo lo largo y ancho del amplio territorio chileno.[3]

De este modo, todo Chile reaccionó frente a esos treinta años de agravios y burlas de los gobiernos de la “concertación”, y de las clases dominantes que controlan a estos gobiernos, para apoyar primero a los estudiantes en lucha en contra del aumento al precio del transporte, pero luego y de inmediato, para establecer la agenda social de sus propias y más fundamentales demandas. Y esto lo hizo saliendo masivamente a la calle de modo espontáneo, autoconvocado, y llenando las principales avenidas de todo Santiago, de Valparaíso, de Concepción, de Temuco, y de todo Chile, con masivas y combativas marchas, mítines y manifestaciones, pero también con pintas, con grafitis, con murales, con periódicos murales, lo mismo que con performances, con alegría, con solidaridad, con camaradería, y con una inmensa avalancha de creatividad popular, de sabiduría subalterna y de arte callejero, es decir, del original arte verdadero. Y todas estas enérgicas luchas y protestas, realizadas en medio de risas, cantos, bailes, juegos, parodias y montajes, que nos recuerdan una vez más que la fuente de todas las creaciones sociales realmente relevantes es el pueblo mismo, las clases y los sectores subalternos, o sea el noventa y nueve por ciento de la población explotada, despojada, despreciada y reprimida por el todavía dominante sistema capitalista, en sus expresiones nacionales, y también a nivel mundial.

Vasta y firme protesta popular, que el 25 de octubre de 2019, logró reunir en la Plaza de la Dignidad de Santiago de Chile, antes conocida como Plaza Italia, a un millón quinientas mil personas, movilizando simultáneamente en el resto del territorio chileno a otro millón y medio de gente, dando así la medida de esta verdadera rebelión popular chilena, hoy todavía en curso.

Las premisas de la insurrección: los movimientos sociales en Chile

Tal y como ha acontecido con la mayoría de las movilizaciones y los movimientos antisistémicos de los últimos cinco lustros, también la insurrección chilena reciente es una mezcla compleja de elementos claramente espontáneos, con otros elementos derivados de estructuras y de movimientos organizados anteriormente. Porque si las jornadas recientes de lucha de octubre, noviembre y diciembre de 2019, desplegadas en todo el suelo chileno, son un claro conjunto de impresionantes, masivas y combativas movilizaciones sociales de todo el pueblo chileno, y no todavía, un claro movimiento antisistémico global y articulado de ese mismo pueblo, también es cierto que al interior de esas movilizaciones, y como parte de sus protagonistas centrales, convergen varios movimientos sociales chilenos, de diferentes grados de radicalidad, pero también de antigüedad, extensión, grado de organización y de implantación dentro del tejido social, claramente diversos.[4]

Convergencia de varios movimientos y organizaciones anteriormente existentes, provocada por la enérgica acción contestataria y espontánea de todos los subalternos chilenos, que nos permite entender tanto los perfiles y las configuraciones concretas de los modos de protesta en las marchas, mítines, plantones, performances y manifestaciones de las últimas ocho semanas transcurridas, como también la agenda social de las principales demandas de esta vasta y masiva movilización de toda la sociedad chilena en general.

Entonces, el primer movimiento importante que está presente dentro de esta amplia movilización general, es sin duda el movimiento estudiantil chileno, movimiento que es central dentro del conjunto, y no sólo porque fue él quien produjo la chispa inicial que detonó el incendio popular, ni tampoco solamente porque de sus filas salen la mayoría de los combatientes populares de la llamada “primera línea” de la confrontación con los criminales carabineros,[5] sino también y sobre todo, porque es este movimiento estudiantil el que había protagonizado, hasta antes de ahora, las principales protestas sociales masivas en contra de los sucesivos gobiernos de la concertación, escenificando la protesta del “Mochilazo” en 2001, la revolución pingüina en 2006, y la amplia rebelión estudiantil en 2011, la que con su demanda de “Educación gratuita y de calidad”, logró el 4 de agosto de ese mismo año de 2011, sacar a la calle en todo Chile a dos millones de personas descontentas y solidarias con dicha protesta estudiantil.[6]

Movimiento estudiantil que en Chile, igual que en todo el mundo, nació al calor de la revolución cultural mundial de 1968, y que desde entonces y hasta hoy, ha sido un activo y audaz protagonista de todas las protestas sociales rebeldes, a la vez que una fuente nutricia importante de las organizaciones de izquierda y de los movimientos sociales más diversos. Por ejemplo, en Chile, del importante Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), o de las fracciones urbanas (mapurbes) del movimiento mapuche, aunque también, en ocasiones, de líderes que rápidamente se integran a la corrupta clase política chilena, y olvidando su inmediato pasado radical, se reconvierten en vacíos y domesticados políticos “políticamente correctos”.

Un segundo movimiento social, que ha estado también presente en la insurrección reciente del pueblo chileno, es el movimiento indígena mapuche. Lo que, entre muchos otros modos de manifestación, también se hizo evidente en la multitudinaria concentración del 25 de octubre en Santiago de Chile, en la que las banderas que agitaban los manifestantes no eran las banderas de la nación chilena, sino más bien las banderas mapuche, enarboladas tanto por los propios mapurbes o mapuches urbanos, como también por los miles y miles de simpatizantes de su justa y combativa causa. Porque al igual que todos los pueblos indígenas de América Latina, que después del 1 de enero de 1994 y de los saludables efectos que en todos los movimientos indígenas latinoamericanos tuvo el levantamiento neozapatista, también el movimiento mapuche pasó a la ofensiva desde hace dos décadas, en particular, después de los radicales e importantes sucesos de Lumaco del año de 1997.

Con lo cual, y desde su sector más avanzado, el que se ha agrupado en la Coordinadora Arauco Malleco, este movimiento mapuche se ha declarado explícitamente como un movimiento radicalmente anticapitalista, que al fusionar la mejor herencia de la cosmovisión mapuche, leída en clave radical y contestataria, con los mejores aportes de las tradiciones marxistas igualmente críticas y antisistémicas, nos recuerda y no casualmente, a la rica y compleja experiencia del neozapatismo mexicano. Lo que no solamente ubica a esta Coordinadora Arauco Malleco como uno de los movimientos indígenas anticapitalistas más avanzados de Latinoamérica, sino que la convierte también en un potente y protagónico actor de las vastas movilizaciones sociales recientes, actor que además, alimenta la vertiente y el sentido potencialmente antisistémicos y radicales de estas mismas movilizaciones.[7]

El tercer movimiento que se ha hecho presente en la amplia movilización generalizada de los subalternos chilenos, es la llamada “Ola feminista”, la que irrumpió con mucha fuerza hace dos o tres años, y que también le ha impreso su sello a dicha movilización. Pues más allá de que el vistoso y agudo performance del colectivo feminista “Las Tesis” de Valparaíso, escenificado originalmente el 25 de noviembre de 2019 en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, fue replicado, adoptado y adaptado en todo el planeta, está el hecho de que este movimiento feminista chileno ha sido muy activo y ha estado muy presente en las ocho semanas de movilización hasta hoy transcurridas. Presencia evidente y llamativa de las mujeres, que no sólo deriva de que ellas son “la mitad del cielo”, como dijo Mao Tse Tung, sino también de la circunstancia de que en Chile, al igual que en muchas otras partes del mundo, se ha acendrado enormemente en los últimos años la violencia machista, la que abarca desde maltratos, abusos y excesos de todo tipo, hasta el terrible feminicidio. Lo que naturalmente, ha potenciado también la protesta de las mujeres y la respuesta feminista de muchas de ellas.

Respuesta feminista que en sus corrientes más avanzadas, ha superado ya las limitadas posturas del “empoderamiento” de la mujer frente al hombre, y de ubicar al hombre como su enemigo, para asumir en cambio que los verdaderos enemigos, tanto de mujeres como de hombres, son el sistema capitalista mundial todavía vigente, y junto a él, el patriarcado también refuncionalizado en términos capitalistas, los que limitan y empobrecen tanto a las mujeres como a los hombres, al asignarle a cada género absurdos y ridículos roles y funciones sociales hoy ya totalmente insostenibles. Postura feminista inteligente y avanzada, que no casualmente coincide con las posturas de las compañeras neozapatistas respecto de estos mismos problemas.[8]

Además de estos tres movimientos señalados, el volcán chileno hoy activado por la erupción popular, ha relanzado hacia el centro del proscenio a otros movimientos más pequeños en cuanto a su base social, o a otras formas de descontento menos organizadas y menos constantes, como el movimiento en contra de las Administradoras de los Fondos de Pensiones (No +AFP), o las luchas por un sistema de salud barato y de buena calidad, pero también el combate por el aumento de los salarios, por el aumento de las pensiones, o en contra de la escandalosa corrupción tanto de la clase política como de la clase empresarial chilenas.

E igualmente, y en mucho como un resultado directo de la muy vasta y generalizada movilización de todo el pueblo chileno, se han multiplicado por todas partes las Asambleas y los Cabildos de barrios, de territorios, de instituciones, de centros, o de corporaciones de todo tipo, despertando nuevamente el natural e instintivo sentido comunitario que poseen siempre todas las clases populares y subalternas del globo terráqueo, sentido que en cuanto encuentra un espacio propicio, vuelve a generar de manera espontánea y natural las formas de la democracia directa, el funcionamiento dialógico de los debates y las discusiones de los grandes problemas, y las formas de organización horizontales y abiertas, que cada vez más caracterizan a todos los movimientos realmente anticapitalistas y antisistémicos del mundo. Rasgos diversos que materializan ese sentido comunitario, que se hicieron evidentes hace pocos años en todas las rebeliones populares de 2011, incluida la rebelión estudiantil chilena, pero que también caracterizan sin duda a todos los movimientos antisistémicos de América Latina, como el neozapatismo mexicano, o las bases de los Asentamentos y de los Acampamentos del Movimiento de los Sin Tierra brasileño (pero no sus líderes), o como las comunidades indígenas realmente radicales de Bolivia, Ecuador, Colombia, o también Chile, entre otras.

Formas asamblearias y de funcionamiento a partir de la democracia directa, de las extensas bases de la movilización chilena de estos finales de 2019, que nos recuerdan a la Argentina del año de 2002, cuando como se ha dicho, “todo el país era como una inmensa Asamblea”, y cuando las movilizaciones pacificas del pueblo argentino lograron derrocar en un sólo año a cinco presidentes sucesivos, acuñando además la sabia consigna dirigida a la totalidad de su clase política, incluidos desde los partidos de la ultraderecha y la derecha hasta los de las supuestas izquierda y ultraizquierda, de “¡Que se vayan todos, que se vayan todos y que no quede ni uno solo!”.[9]

Sabia consigna de rechazo total a la entera clase política argentina, que hoy ha sido retomada también por el pueblo chileno, el que se ha dado cuenta por enésima vez de lo lejanos que están todos los políticos y todos los partidos políticos chilenos, sin excepción, de la sociedad civil y de los ciudadanos de a pie de ese país. Lo que se hace evidente nuevamente, en la absurda y vacía propuesta del “Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución”, la que una vez más sería convocada, elaborada y definida, desde arriba y por los de arriba, y organizada y administrada de acuerdo a los tiempos, las componendas, los límites y los sesgos de esos mismos políticos corruptos que no representan a nadie más que a sí mismos, y que no responden a ningún interés social, sino solamente a sus más mezquinos y limitados intereses personales.

Frente a lo cual, el Chile hoy insurrecto debate la opción de reivindicar en cambio una Constitución construida desde abajo y por el pueblo subalterno mismo, la que podría comenzar a discutirse y elaborarse inmediatamente desde las Asambleas y Cabildos de base ya existentes, y de manera paralela a la construcción de una Asamblea Nacional Popular de todos los subalternos de Chile, Asamblea que más adelante podría refrendar y erigir en ley esa nueva Constitución, desde la conformación de un también nuevo gobierno, basado en el principio del “Mandar obedeciendo”.

Porque uno de los desafíos centrales que hoy se plantean a la vasta movilización general y al conjunto de los movimientos sociales de esta insurrección chilena, es el de dar este paso hacia adelante, y entonces oponer al vacío proyecto de su degradada clase política, este proyecto de conformar de inmediato una gran Asamblea Nacional de Asambleas y Cabildos, o Asamblea General Nacional, que construya desde abajo y de inmediato un nuevo gobierno que mande obedeciendo, junto a una nueva Constitución que defina el modo de funcionar del nuevo Chile postcapitalista, sin explotación, sin desigualdad, sin despotismo, sin despojo, sin jerarquías y sin discriminaciones de ningún tipo.

Las encrucijadas actuales de la insurrección chilena

Como lo ha explicado agudamente Walter Benjamin, en sus Tesis sobre la Filosofía de la Historia, cada presente que busca los elementos de su propia autocomprensión esencial, establece para ello conexiones selectivas y diferentes con los respectivos pasados que le anteceden. Lo que significa que, para entender la esencia profunda de esta insurrección popular chilena de finales de 2019, puede ser útil compararla y conectarla no con los sucesos y procesos de los tres trimestres anteriores de 2019, ni con los de los recientes años de 2018, 2017, 2016, etc., sino con otros pasados anteriores y un poco más lejanos. Por ejemplo, con el Chile de 1970-72, y sobre todo el de octubre de 1972 a septiembre de 1973.

Porque pensamos que la tarea que el pueblo chileno está abordando ahora mismo, en estos umbrales del año cronológico de 2020, es la misma tarea que intentaba acometer entre octubre de 1972 y septiembre de 1973, hasta antes del infame golpe de Estado pinochetista. Y esa tarea no es otra que la de la construcción del poder popular de todas las clases y sectores subalternos chilenos, y desde ella, como una perspectiva futura posible, la de la supresión de todo el sistema capitalista en Chile, con su inmensa cauda de explotación, opresión, represión y desigualdad.

Pues si repasamos la historia del gobierno de la Unidad Popular y el papel que dentro de ella tuvo el Movimiento de Izquierda Revolucionaria chileno, veremos que desde 1970 y hasta septiembre de 1972, el MIR impulsó siempre la amplia movilización de las masas, las tomas de fábricas, fundos y territorios, la ampliación progresiva del 'Área social del Estado', y la creación de formas de poder local de los trabajadores del campo y la ciudad, que sentaran las bases de un futuro poder revolucionario.

Pero cuando la situación social y política comienza a polarizarse, y comienza a aparecer claramente, a fines de 1972, el riesgo de un golpe de Estado militar en contra del gobierno de Salvador Allende, el MIR radicaliza sus planteamientos y su discurso. Entonces, y haciendo suya la iniciativa de las clases populares mismas, de la creación espontánea que el propio pueblo ha hecho de los Comandos o Consejos comunales en octubre de 1972, como respuesta a los paros patronales y al paro capitalista, el MIR propone generalizar, extender y profundizar esta creación popular, multiplicando esos Consejos o Comandos comunales en todo Chile, y conformándolos como las nuevas formas del poder popular.

De este modo, y durante todo el periodo que va de octubre de 1972 hasta el 11 de septiembre de 1973, el MIR asumirá la consigna de “Crear, crear, crear, poder popular”, promoviendo la expropiación de empresas, industrias, campos y territorios, e impulsando la gestación de una “Asamblea del Pueblo” que sustituya al propio Parlamento, Asamblea apoyada en los cientos y miles de Asambleas permanentes de fábricas, oficinas, liceos, escuelas, fundos y poblaciones, y también en los Comités Coordinadores Comunales, que agrupan y coordinan a los Comités de Vigilancia y Autodefensa, a las Juntas de Vecinos, a las Juntas de Abastecimiento Popular, a los Centros de Madres, a las Organizaciones de Estudiantes, y a un largo etcétera de estructuras asamblearias de base que entonces prosperan y proliferan por todo el tejido de la activa y combativa sociedad chilena de aquellos tiempos.[10]

Observando entonces con cuidado este año de 1973 en la historia de Chile, y comparándolo con la situación actual de la insurrección chilena de 2019, es inevitable recordar también el año de 1917 en la historia de Rusia. Porque igual que Lenin asumió esa creación espontánea y desde abajo gestada por el pueblo ruso, que fue la organización de los Soviets de Obreros, Campesinos y Soldados, descubriendo en ella las formas del genuino poder popular, y también las bases principales de la situación de la dualidad de poderes que entonces vivía el proceso de la revolución rusa, así también el MIR recuperó la creación espontánea y desde abajo de los Consejos Comunales de los Trabajadores chilenos, impulsándolos como formas y embriones del poder popular, y también como figuras de la situación del doble poder que vivió Chile en ese año de 1973. Porque en ambas historias, la encrucijada principal que se planteaba al pueblo ruso y al pueblo chileno respectivamente, era la de potenciar, consolidar y estructurar más orgánicamente ese poder popular de los subalternos, para entonces pasar a la ofensiva, y derrocando a los poderes burgueses dominantes, sustituirlos con ese nuevo poder popular recién conformado. Una encrucijada central, que aunque sea de una manera muy incipiente y germinal, parece dibujarse también ahora en este Chile insurrecto de las vísperas del año 2020. Y si en el caso de Rusia, esa encrucijada abrió el camino a la imponente experiencia de la revolución rusa de 1917-1927, luego tristemente desmontada, desconstruida y anulada por el stalinismo,[11] en el caso de Chile dicha encrucijada fue atajada y reprimida brutalmente por el infame golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973.

Pero la historia es testaruda, y trabaja siempre tenazmente por caminos complejos, a veces ocultos y subterráneos, pero no por ello menos eficaces ni poderosos. Pues ese umbral abierto por el MIR y por el pueblo chileno en 1973, que alcanzó a vislumbrar la posibilidad real de “tomar el cielo por asalto”, no desapareció para nada de la contramemoria subalterna de las clases y los sectores populares chilenos, alimentando constantemente a todas las rebeliones, protestas, movilizaciones y movimientos del pueblo chileno, durante los últimos nueve lustros transcurridos. Y también, naturalmente a la actual insurrección de estos finales de 2019. Porque dada la amplitud territorial, la masividad, y también la gran diversidad de sectores, grupos, clases y movimientos que hoy confluyen en esta rebelión general de todo el pueblo chileno, pensamos que una vez más comienza a esbozarse la pregunta respecto de la posible conformación más orgánica, consciente y sistemática, del poder popular de los subalternos en Chile. El que se perfila ya en las decenas y centenas de Asambleas y Cabildos que proliferan en todo el territorio, y que con su activa deliberación y acción constantes, han mantenido viva la protesta y la movilización por ya más de dos meses continuos.

Sin embargo, si la tarea de construir el poder popular, y desde él destruir y superar al capitalismo, sigue siendo tan vigente y urgente como en 1917 y en 1973, en cambio los modos y las estrategias para organizar ese poder popular, y para enfrentar eficazmente y eliminar totalmente al capitalismo, se han modificado profundamente. Porque después de la revolución cultural mundial de 1968, comenzó lentamente a caducar la estrategia del cambio social radical basada en la construcción de un Partido de vanguardia altamente centralizado, jerarquizado y vertical, que encarnando la consciencia lúcida de todo el proceso histórico, dirigía a las masas populares hacia la victoria. En cambio, y a diferencia de esa estrategia pre-1968, que fue totalmente válida y legítima hasta 1968, las nuevas condiciones del actual capitalismo mundial en su etapa de crisis terminal, imponen también nuevas formas de lucha y una nueva estrategia global, en la que una red de resistencias plural y múltiple, estructurada de manera horizontal y desconcentrada, y en la que ningún grupo, individuo, sector o movimiento hegemoniza a los demás, ni tampoco los homogeneiza, lleva a cabo, simultáneamente, múltiples luchas diversas en todos los frentes posibles de la resistencia anticapitalista, y también acciones coordinadas de todos los miembros de esa red de resistencias. Luchas diversas y acciones coordinadas que, por acumulación de miles de pequeñas heridas infligidas al capitalismo, y de miles de pequeñas o de grandes victorias obtenidas en estas luchas anticapitalistas, terminan por hacer colapsar al entero sistema capitalista, primero a nivel nacional y después a nivel mundial.

Modo radicalmente diverso de crear el poder popular y de enfrentar y eliminar al capitalismo, que ha sido generado y defendido por los nuevos movimientos antisistémicos de todo el mundo y también de América Latina, como por ejemplo por el neozapatismo mexicano,[12] pero también por los sectores autonomistas radicales de los piqueteros argentinos, o por las bases aunque no por los líderes del Movimiento de los Sin Tierra brasileño, lo mismo que por los indígenas radicales y realmente anticapitalistas del Movimiento Pachacutik de Bolivia, del sector amazónico de la CONAIE ecuatoriana, o de la propia Coordinadora Arauco Malleco de Chile.

Formas horizontales, dialógicas, no hegemonizantes ni homogeneizantes de organizar la lucha y los movimientos, que de modo espontáneo se ha reproducido también en la actual rebelión del pueblo chileno, la que funciona de manera horizontal, desde los métodos de la democracia directa, y apoyada en las estructuras de las Asambleas y Cabildos, para exigirle al poder y a los poderosos de Chile la satisfacción de sus principales demandas.

           

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El gobierno de Sebastián Piñera y las clases dominantes chilenas están realmente asustados y preocupados frente a la amplitud, la masividad, la fuerza, la determinación, la diversidad y el coraje rebeldes mostrados por el pueblo chileno en los dos últimos meses. Por eso, oscilan entre proponer o conceder pequeños cambios cosméticos e insustanciales, como los magros aumentos de las pensiones y los salarios, o la ridícula propuesta del Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución, y de otra parte intensificar la represión y el terrorismo en contra de los sectores y grupos insurrectos, llegando hasta el sádico uso de una cierta variante del gas pimienta, o aprobando leyes absurdas para justificar su persecución política a los militantes populares, lo mismo que agitando incluso el espantajo de la amenaza de un nuevo golpe militar.

Y eso es porque, en un lapso muy breve, la insurrección de octubre-diciembre de 2019 ha logrado movilizar a todo el pueblo chileno, creando los embriones de un posible poder popular de todos los subalternos, y definiendo una agenda social que, asumida radicalmente, podría más adelante encaminar a esta vasta movilización popular por una senda genuinamente anticapitalista y antisistémica. Aunque es claro que existe siempre el riesgo de un camino contrario, en el que esta masiva e imponente movilización general comience a decaer y refluya, aceptando una vez más la usurpación de la inútil clase política chilena, la que en este escenario se apropiaría la demanda de una nueva Constitución, y realizaría un proceso en el que al final quedaría en pie la misma constitución pinochetista actual, sólo levemente remozada y maquillada, y en la que las clases dominantes irían otorgando pequeñas e irrelevantes concesiones a cuentagotas, mediante minúsculos e insustanciales cambios en la educación, las pensiones, la salud y los salarios, como los que ya han desarrollado en el pasado los sucesivos gobiernos de la concertación, tanto de supuesta izquierda como de derecha, en los últimos treinta años.

Pero por ahora la moneda está todavía en el aire. Y Chile está hoy, sin duda alguna, en una de las posiciones de vanguardia dentro de las actuales luchas sociales de toda América Latina. Y el modo en que esta moneda caiga, definirá el futuro general de la sociedad chilena para las próximas tres o cinco décadas por venir. Entonces, y desde la rica experiencia de la contramemoria popular chilena, que atesora y mantiene vivas las principales herencias del MIR, junto a la potencia hasta hoy acumulada por los más activos y combativos movimientos chilenos recientes, el movimiento estudiantil, el movimiento mapuche, el movimiento feminista, el movimiento barrial y territorial, unidas a la fuerza y poder de los tradicionales e importantes movimientos obreros y campesinos, seamos tenazmente optimistas, recordando la sabia sentencia de Jules Michelet: “Creo en el futuro, porque yo mismo participo activamente en su propia construcción”.

 

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[1] Sobre este punto, cfr. Julián Alcayaga, “El cobre y el financiamiento de las demandas sociales”, en el sitio en internet América Latina en Movimiento, en https://www.alainet.org/es/articulo/203932.

[2] Sobre este contexto neoliberal extremo del caso chileno, cfr. la entrevista al historiador Sergio Grez, “Esta vez el poder se siente realmente amenazado”, en El Ciudadano, año 15, núm. 237, nov. de 2019, pp. 8-9.

[3] Sobre este concepto fundamental de la “economía moral de la multitud”, cfr. Edward P. Thompson, Costumbres en común, Ed. Crítica, Barcelona, 1995, y Carlos Antonio Aguirre Rojas, “Edward Palmer Thompson y la ‘economía moral de la multitud’ en el mundo del siglo XXI”, en el libro De Carlos Marx a Immanuel Wallerstein. Nueve Ensayos de Historiografía Contemporánea, Ed. Universidad Católica Silva Henríquez, Santiago de Chile, 2010, pp. 191-228, y "Edward Palmer Thompson en América Latina: sobre la economía moral de las multitudes latinoamericanas", en Autoctonía, vol. III, núm. 1, enero-junio de 2019.

[4] Sobre la diferencia de caracterización entre una movilización social y un movimiento social, y sobre sus principales implicaciones, cfr. Carlos Antonio Aguirre Rojas, “Planeta Tierra, los movimientos antisistémicos hoy”, que es el Prólogo del libro de Immanuel Wallerstein, Historia y dilemas de los movimientos antisistémicos, Ed. Contrahistorias, México, 2008, y también Antimanual del buen rebelde, Ed. Quimantú, Santiago de Chile, 2015.

[5] Sobre esta “primera línea” de los combates callejeros, y sobre su modo logístico de actuar y de enfrentar a los infames criminales carabineros, cfr. Camilo Cáceres, “Crónica de la Primera Línea: una batalla de David contra Goliat”, en The Clinic, 7 de noviembre de 2019, p. 23. Y es importante subrayar que el comportamiento extremadamente brutal y criminal de esos carabineros, que tiran directamente a la cara y a los ojos de los manifestantes, se hizo posible por el hecho de que Sebastián Piñera decretó el “Estado de Emergencia”, después de declarar que este conflicto social era una “guerra”, lo que dio manos libres y permiso de impunidad total a dichos carabineros. Pero se trata de un verdadero crimen que ha causado asombro y escándalo en el mundo entero, razón por la cual Piñera, que además tiene menos del 5% de aprobación de los chilenos, debería de renunciar de inmediato.

[6] Sobre el movimiento estudiantil chileno de 2011, cfr. Raúl Zibechi, “Chile: otra educación es posible”, y Joana Salem Vasconcelos, “Sobre el movimiento estudiantil chileno de 2011”, ambos textos incluidos en Contrahistorias, núm. 18, México, 2012. Véase también la revista Diatriba. Revista de Pedagogía Militante, núm. 1, Ed. Quimantú, Santiago de Chile, noviembre de 2011.

[7] Sobre la historia general del movimiento mapuche, cfr. Fernando Pairican, Malon. La rebelión del movimiento mapuche 1990-2013, Ed. Pehuén, Santiago de Chile, 2014, libro muy interesante aunque con conclusiones muy poco radicales y muy discutibles, de las que nosotros diferimos completamente. Sobre la Coordinadora Arauco Malleco, cfr. la “Declaración de Principios de la CAM”, en Contrahistorias, núm. 25, 2016, y Héctor Llaitul y Jorge Arrate, Weichan. Conversaciones con un weichafe en la prisión política, Ed. Ceibo, Santiago de Chile, 2012. Sobre el contexto más general de las luchas indígenas actuales en América Latina, cfr. Carlos Antonio Aguirre Rojas, Movimientos antisistémicos y cuestión indígena en América Latina, Ed. Quimantú, Santiago de Chile, 2018.

[8] Sobre este tema en general, cfr. Pierre Bourdieu, La dominación masculina, Ed. Anagrama, Barcelona, 2000. Sobre la postura de las mujeres neozapatistas, vale la pena ver sus distintos discursos incluidos en el libro El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista I. Participación de la Comisión Sexta del EZLN, Ed. EZLN, México, 2015, y sobre el grupo feminista de “Las Tesis”, cfr. el periódico The Clinic, 5 de diciembre de 2019.

[9] Sobre esta proliferación de Asambleas y Cabildos de todo tipo, en todo el territorio chileno, cfr. el artículo “Calle, Asambleas y Cabildos”, de Margarita Iglesias y Ximena Valdez, en el periódico Le Monde Diplomatique, núm. 213, año XX, diciembre de 2019, pp. 10-11. Respecto de este punto, es interesante también revisar los trabajos del historiador Gabriel Salazar, quien plantea la tesis de que en Chile habría una fuerte tradición histórica, que podríamos nosotros calificar de verdadera larga duración, de funcionamiento asambleario popular y de gestación del poder popular constituyente, tradición que se habría hecho presente tres veces en los siglos XIX y XX, y que aparecería nuevamente hoy. Sobre esta tesis, cfr. Gabriel Salazar, En el nombre del poder popular constituyente (Siglo XXI), Ed. LOM, Santiago de Chile, 2016, El poder nuestro de cada día, Ed. LOM, Santiago de Chile, 2016, y la entrevista “El tipo de Asamblea Constituyente que se propone, no representa realmente la voluntad soberana del pueblo”, en el periódico El Ciudadano, año 15, núm. 238, diciembre de 2019, pp. 4-6.

[10] Sobre este papel del MIR en el periodo de 1970-1972, y luego de octubre de 1972 a septiembre de 1973, cfr. los textos de Miguel Enríquez reunidos en el libro Miguel Enríquez y el proyecto revolucionario en Chile. Discursos y documentos del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, Coedición del Centro de Estudios Miguel Enríquez-Ed. LOM, Santiago de Chile, 2004. Véanse también el folleto Chile. Movimiento de Izquierda Revolucionaria. Textos escogidos 1970-1975, Ed. del MIR, Santiago de Chile, 1978, y el folleto En el camino del poder popular, folleto núm. 1 de la “Serie del Poder Popular”, Ediciones El Rebelde, Santiago de Chile, agosto de 1973, donde los discursos originales de Miguel Enríquez presentan ligeras variantes, a veces importantes, respecto de las transcripciones incluidas en el libro recién citado.

[11] Sobre esta trágica suerte de la revolución rusa de 1917, y sobre su ulterior involución histórica, cfr. Carlos Antonio Aguirre Rojas, “La revolución rusa en el espejo de la larga duración”, en Revista de Historia y Geografía, núm. 37, Ed. Universidad Católica Silva Henríquez, Santiago de Chile, noviembre de 2017.

[12] Sobre esta nueva estrategia para la revolución social radical, que se ha desarrollado después de 1968, y que ahora es defendida y promovida entre otros movimientos antisistémicos del mundo, también por el neozapatismo mexicano, cfr. Carlos Antonio Aguirre Rojas, Mandar Obedeciendo. Las lecciones políticas del neozapatismo mexicano, Ed. Quimantú, Santiago de Chile, 2015, y La tierna furia. Nuevos ensayos sobre el neozapatismo mexicano, Ed. Quimantú, Santiago de Chile, 2019.

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Macron insiste en que llevará adelante la reforma de las pensiones pese a las protestas

El presidente francés defiende el proyecto en medio de un prolongado paro de trenes y transporte metropolitano

El presidente francés, Emmanuel Macron, defendió la noche del martes la reforma de las pensiones, su proyecto de campaña más ambicioso pero que, desde que fue anunciado a comienzos de diciembre, ha provocado una de las movilizaciones más duras en contra de su Gobierno. En su discurso de Nochevieja, en el que tradicionalmente los mandatarios galos expresan sus “propósitos” para el año entrante, Macron aseguró que el proyecto “se llevará a cabo”. Al mismo tiempo, pidió un “apaciguamiento” de las protestas, que han superado ya las que en 1995 obligaron al entonces primer ministro, Alain Juppé, a retirar su propia reforma, e insistió en que su propuesta para cambiar el actual sistema de pensiones para convertir los 42 regímenes diferentes en uno “universal” por puntos es más “justo” para todos los franceses.

“La reforma de las pensiones se llevará a cabo porque es un proyecto de justicia y de progreso social”, sostuvo Macron en su discurso, de 18 minutos, en el que dedicó casi una cuarta parte a esta cuestión. Por ello, manifestó su esperanza de que su primer ministro, Édouard Philippe, encargado de las negociaciones, “encuentre la vía de un compromiso rápido” con todos aquellos sindicatos y patronales “que quieran” dialogar.

A pesar de su firme decisión de completar la reforma, el mandatario aseguró que no hace oídos sordos a los “miedos” y “angustias” expresadas estas últimas semanas, pero entre las que también ha habido, subrayó, “mentiras y manipulaciones”.

“No cederé ante el pesimismo ni el inmovilismo”, advirtió el presidente francés, e instó a los franceses a abrirse también a esos cambios a los que son a menudo reticentes. “¿Hay que renunciar a cambiar nuestro país y nuestra vida diaria? No, porque sería abandonar lo que el sistema ya ha abandonado”, afirmó. “Y sería traicionar a nuestros hijos y a los hijos de estos, que tendrán que pagar el precio de nuestra renuncia”, alertó.

En un fin de año marcado por un único tema en Francia, la huelga en contra de la reforma de las pensiones -que desde hace casi un mes perturba profundamente el tráfico ferroviario nacional y los servicios de transporte metropolitanos de las principales urbes, especialmente París-, el discurso del mandatario era esperado con una expectación inusitada. Al fin y al cabo, pese a que era una de sus reformas estrella, Macron apenas se ha pronunciado al respecto, dejando el peso de las negociaciones —y de la comunicación— a su primer ministro.

Sin embargo, el Elíseo ya había adelantado que en su discurso Macron no entraría en detalles de la reforma ni en la posibilidad de hacer concesiones, como la eliminación o modificación de la edad de jubilación a los 64 años, tal como indicó el Gobierno a mediados de diciembre, en plena escalada de las tensiones con los sindicatos. Aunque la edad legal para el retiro siguen siendo los 62 años, al presentar la propuesta de reforma, Philippe indicó que para lograr la pensión completa pasaría a los 64 años, hecho que puso en su contra hasta a los sindicatos moderados como la CFDT, que hasta entonces no se habían unido a las protestas pero que consideraron que ese cambio “cruza una línea roja”.

A esta postura se han unido casi dos decenas de diputados del ala más a la izquierda del partido de Macron, La República en Marcha (LREM), que en una tribuna publicada en el diario Libération afirman que establecer para todos los sectores la referencia de los 64 años es una decisión “socialmente injusta” y piden por ello una “alternativa”.

“El carácter universal del régimen de pensiones debe poder garantizar una jubilación digna para todos, especialmente gracias a su mecanismo de solidaridad, pero se debe también adaptar a los caminos de vida de cada uno”, escriben los 18 signatarios.


Gestos sin respuesta

En vísperas de la Nochebuena, el presidente anunció que renunciará a su pensión vitalicia como jefe de Estado, de 6.220 euros mensuales. Además, pidió una tregua por las fiestas navideñas. Ni su gesto ni su llamamiento surtieron efecto y la huelga ha continuado todos estos días, con más o menos intensidad y sin visos de aplacarse, mientras el mandatario permanecía mudo y retirado con su familia en el fuerte Brégançon, la residencia vacacional de los jefes de Estado en el sur de Francia.


Tampoco parece calmarse el pulso entre Gobierno y sindicatos, que se echan mutuamente la culpa del punto muerto en que se encuentra la situación. El domingo, el secretario de Estado de Transportes, Jean-Baptiste Djebbari, acusó en el Journal du Dimanche a la CGT, uno de los sindicatos más combativos en este conflicto, de “practicar un sindicalismo de oposición sistemática a toda reforma, de bloqueo y, a veces, de intimidación”. Desde las mismas páginas del semanario, el líder de la CGT, Philippe Martinez, acusó al Gobierno de “jugar a la putrefacción” de la situación para que esta se torne insostenible y forzar así la mano de los que se oponen a su reforma.

“Emmanuel Macron se ve como el hombre del nuevo mundo, pero imita a Margaret Thatcher”, dijo. Según Martinez, que exige la retirada total del proyecto de pensiones, el discurso de Nochevieja del presidente debía servir para que el mandatario admita que “se ha equivocado”, algo que no ocurrió.

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Domingo, 29 Diciembre 2019 06:07

Huelga de transporte y chalecos amarillos

Huelga de transporte y chalecos amarillos

Miles de personas marcharon en París

 

Convocados por los chalecos amarillos y sindicatos de transporte los manifestantes ignoraron la tregua navideña pedida por el gobierno. Exigen que el gobierno de Emmanuel Macron dé marcha atrás con su polémica reforma previsional.

Miles de personas marcharon en París convocados por los chalecos amarillos y sindicatos de transporte. Exigen que el gobierno de Emmanuel Macron dé marcha atrás con su polémica reforma previsional . Los manifestantes ignoraron el pedido de tregua navideña solicitado por el Ejecutivo y se volcaron a las calles de la capital francesa. De esta manera la huelga de transporte llegó a los 24 días y podría convertirse en las más importante de la historia de Francia. 

La convocatoria del sábado contó con la particularidad de reunir dos grupos, que no siempre estuvieron en sintonía: los sindicatos más radicales encabezados por la Central General de los Trabajadores (CGT); y el movimiento ciudadano variopinto de los denominados chalecos amarillos, que se originó hace poco más de un año en rechazo a las políticas del gobierno y al sistema burocrático y sindical.

Unos 300 seguidores de los "chalecos amarillos" se concentraron antes de la movilización en la plaza de la Bolsa de París. Allí estuvo Jérôme Rodrigues uno de los fundadores del movimiento, quien hizo una crítica a la propuesta de reforma de las pensiones. Desde allí, caminaron por las calles de París hasta la Estación del Norte, para unirse a la marcha convocada por los sindicatos.

Llevaron pancartas y banderas con lemas como "edad límite, edad tumba", en referencia a la "edad de equilibrio" de jubilación que el gobierno quiere fijar en 64 años para 2027. "¡Huelga, bloqueo, Macron andate!”, fue una de las consignas que corearon los manifestantes. "Pensar en la jubilación es complicado para muchos de nosotros pues ya es difícil llegar a fin de mes, en cambio, en el fondo, es el mismo combate", declaró un chaleco amarillo. El proyecto de reforma jubilatoria también pretende reemplazar los 42 regímenes jubilatorios especiales por un sistema único y universal. Si bien la marcha se desarrolló sin mayores incidentes, hubo algunos choques entre manifestantes encapuchados y miembros de las fuerzas de seguridad. Según cifras de la Policía de París, 4.500 personas participaron de la convocatoria, entre ellos 800 chalecos amarillos.

Desde las organizaciones obreras subrayaron la tenacidad de los trabajadores para sostener la lucha. "Si el gobierno contaba con una tregua por navidades, debe de estar muy decepcionado, porque la movilización sigue aquí", manifestó el líder de la CGT, Philippe Martinez. El principal sindicato de maquinistas de la compañía estatal ferroviaria (SNCF) llamó a manifestar en varias ciudades de Francia. A él se adhirieron los sindicatos del sistema metropolitano de París.

Para los viajeros, la situación era complicada: de media circulan hasta el domingo por la noche 6 de cada 10 trenes de alta velocidad. A partir del primero de enero la frecuencia será aún menor. En París, seis líneas de metro, de un total de 16, estaban cerradas el sábado. Siguiendo esta metodología en 1995 las centrales de trabajadores pararon 22 días. En ese momento lograron que se de marcha atrás a la reforma previsional del entonces primer ministro conservador Alain Juppé. Se espera que logren superar los 28 días de paro que entre 1986 y 1987 llevó adelante la SNCF, también en época navideña. Especialmente porque la reanudación del diálogo entre el gobierno y las organizaciones sindicales y patronales está prevista para el 7 de enero.

Desde el gobierno, se intenta profundizar la división existente entre las centrales obreras reformistas, más dispuestas a encontrar un acuerdo, y las que parten de posiciones maximalistas y rechazan cualquier compromiso. "La CGT practica una forma de sindicalismo que rechaza cualquier reforma. Pero hay otras formas de sindicalismo, con la CFDT o la UNSA, que es más constructivo que el de la oposición sistemática", dijo el secretario de Estado de Transporte, Jean Baptiste Djebbari.

El Ejecutivo espera que la larga duración del paro y el desacuerdo sindical puedan erosionar el movimiento. Sin embargo, los manifestantes se mostraron con la misma determinación que el 5 de diciembre, cuando comenzó la movilización. El martes 31 de diciembre, Macron dará su tradicional discurso de fin de año a los franceses. Se espera que aborde la crisis social generada por el proyecto de reforma jubilatoria, una de las más graves de su mandato.

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Sábado, 28 Diciembre 2019 06:18

Francia. Día 23 del paro de transporte

La estación Gare de Lyon, desierta por la huelga de transporte.  ________________________________________ Imagen: EFE

La movilización social contra la reforma de las pensiones en Francia, entró este viernes en su vigésimo tercer día, convirtiéndose en la acción de este tipo más larga desde las huelgas de 1995. El próximo fin de semana, en el que se prevén múltiples desplazamientos por las fiestas de fin de año, seguirá estando "muy perturbado" en los transportes públicos debido a la huelga parcial en el operador ferroviario SNCF, en especial de los maquinistas, aunque el índice de huelguistas ha disminuido. En París, seguían cerradas este viernes cinco de las 16 líneas del metro de la capital, pero en los últimos días llegaron a cerrar todas, salvo las dos automatizadas. Philippe Martinez, secretario general del sindicato CGT, volvió a exigir este viernes que el gobierno retire su proyecto de reforma. El gobierno quiere fusionar en un sistema único los 42 planes de jubilación distintos que a veces marcan edades diferentes de retiro tomando en cuenta las especificidades de diferentes profesiones como pueden ser bailarines de ballet, conductores de trenes, pilotos de avión, policías o bomberos. La protesta superó este viernes la duración de la gigantesca huelga de transportes de noviembre y diciembre de 1995, también desatada por un intento gubernamental de reformar el sistema jubilatorio y que finalmente fue retirado. Se esperan varias manifestaciones este sábado en toda Francia. Las movilizaciones proseguirán la semana próxima. Contrariamente al deseo del presidente Emmanuel Macron, los sindicatos se negaron a una tregua navideña y se han mantenido las protestas. 

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