Ecuador: dos caminos después del levantamiento

Pasados cuatro meses del magnífico levantamiento indígena y popular, que paralizó el país del 3 al 13 de octubre, puso contra las cuerdas al presidente Lenin Moreno y consiguió echar abajo el paquete de medidas inspiradas y dictadas por el FMI, el panorama político empieza a despejarse. Para bien y para mal.

Por el lado del poder, se están cerrando las chances abiertas en octubre. Buena prueba de ello son las compras masivas de material antidisturbios que está realizando el Ejército ecuatoriano, aunque parezca fuera de lugar. Se trata de cien mil bombas lacrimógenas, setenta mil cartuchos con balas de goma, mil escopetas para disparar esas balas y mil doscientas máscaras antigás.

El argumento de los uniformados para realizar semejantes adquisiciones, es bien simple: se trata de material para “operaciones contra disturbios, motines y contrainsurgencia porque permite disuadir a grupos de manifestantes que pretenden alterar el orden público” (). En síntesis, el poder considera que las manifestaciones populares deben ser tratadas con mano militar.

Para eso se propone formar más de 200 equipos de combate, integrados por 20 soldados cada uno, con un total de 4.000 militares antidisturbios para combatir lo que el ex director de Inteligencia militar denomina “terrorismo urbano y sedición”. Esa es la respuesta del gobierno de Lenin Moreno al levantamiento de octubre.

Por su parte, el movimiento popular sigue en su tarea de tender puentes entre sectores desde que se creó el Parlamento Indígena y de los Movimientos Sociales, en las postrimerías del levantamiento, más conocido como Parlamento de los Pueblos. Ahora coordina unos 200 movimientos y está sesionando en diversos lugares de la Amazonia recogiendo las opiniones de los habitantes de Loja, Zamora y Morona Santiago.

Uno de los temas centrales es el análisis colectivo del extractivismo, que en esa región se presenta en su vertiente de explotación de hidrocarburos y de minería a cielo abierto. Además se está socializando el programa económico que el parlamento había elaborado colectivamente el año pasado.

Jaime Vargas, presidente de la CONAIE, dijo que no habrá más diálogo con el gobierno de Lenin Moreno, luego de que la organización de los indígenas amazónicos denunciara que la sede de la Federación de Centros Shuar había sido atacada por cerca de 80 desconocidos que la saquearon y dejaron guardias heridos.

A mi modo de ver, la consolidación del Parlamento de los Pueblos sería la principal conquista estratégica de los indígenas y sectores populares del Ecuador, y a ella deberían consagrar sus principales esfuerzos. Es la única instancia que puede cambiar la relación de fuerzas a favor de los de abajo en el largo plazo.

Dentro del campo popular, vale registrar la creación del Parlamento Plurinacional de Mujeres y Organizaciones Feministas, que lanzó una fuerte crítica a declaraciones misóginas de Lenin Moreno, destacando que “el machismo, es histórico y estructural, no episódico” (https://bit.ly/3891mjM). El parlamento fue convocado por Ecuarunari, organización quichua de la sierra, en el que participan varias colectivas urbanas, movimientos de mujeres populares, afroecuatorianas y estudiantes.

El tercer aspecto a analizar, gira en torno a las dirigencias de los movimientos populares, tanto indígenas como sindicales, que se están volcando masivamente al escenario electoral. En efecto, el 28 de febrero de 2021 habrá elecciones presidenciales y los partidos y movimientos políticos de izquierda como Pachakutik y Unidad Popular, están buscando junto a las organizaciones sociales como la CONAIE y el FUT la creación de candidaturas.

El debate está centrado en los candidatos, mucho más que en las estrategias de largo aliento y en programas concretos. Por la experiencia del pasado inmediato, es muy difícil que consigan consensuar candidatos únicos. Pero lo más graves, es que se pretende llevar al terreno electoral todo el prestigio acumulado en las jornadas de octubre.

El movimiento indígena será el núcleo de cualquier confluencia electoral, pero las divisiones internas son enormes, tanto como los personalismos que se acentúan cuando se habla de candidaturas. Parafraseando una conocida sentencia, puede decirse que todo lo sólido que muestra el movimiento popular, se disuelve en las urnas.

Como señaló estos días una feminista, “esperamos que este proceso de Parlamentos pueda superar las fisuras de las elecciones que históricamente tenemos”.

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Hardt y Negri: ‘Asamblea’, o cómo articular las luchas de la multitud (II)

En esta segunda entrega del análisis de la última obra de Hardt y Negri, abordamos las propuestas que ofrecen ambos autores en Asamblea para la organización de los ciclos de luchas y la institución de nuevas formas de vida.

Tomando como punto de partida la afirmación según la cual “no sabemos de qué es capaz la multitud cuando se reúne en asamblea”, en su última obra Hardt y Negri plantean la necesidad de producir las condiciones necesarias para liberar la potencia creativa de todas aquellas expresiones subjetivas de carácter subversivo. Como ya apuntamos en la primera parte de este texto, los autores desarrollan esta tesis siguiendo dos ejes principales: el de la organización interna de los movimientos políticos y sociales y el de la institución de las formas de vida que se generan al margen del modelo neoliberal.

En este sentido, con la noción de asamblea se hace alusión al espacio en que la toma de decisiones se produce desde la horizontalidad y en base a los principios de la democracia absoluta, pero también al conjunto de dispositivos que cabe poner en funcionamiento para conseguir, tanto la destitución del poder constituido, como la constitución de una nueva articulación de las relaciones en el campo social. De esta manera, si los procesos de destitución y constitución se definen, en sentido estratégico, como el principal objetivo alrededor del cual plantear las luchas en el contexto actual, los autores apuntan a la organización y a la institución como las vías más adecuadas para llevar a la práctica tal aspiración.

Luchas sin vanguardias: el problema de la organización

En su producción anterior, Hardt y Negri hablan de manera profusa sobre las formas de articular la multitud. En Asamblea, los autores plantean de manera explícita el problema de la organización de las revueltas que se han producido los últimos años. Cabe recordar, por este lado, que nos encontramos en un contexto caracterizado no solo por la existencia de centros de poder diseminados, lo que conlleva que sea difícil plantear un combate focalizado y con unos objetivos claros, sino también, en muchas ocasiones, en un marco en el que destaca la ausencia de líderes, lo que en principio podría implicar dificultades a la hora de decidir la estrategia a seguir en las luchas. En este sentido, en Asamblea se aborda la cuestión de cómo tomar la iniciativa, por parte de los movimientos políticos y sociales, cuando el esquema tradicional de una vanguardia dirigente que representa los intereses de la masa ha dejado de ser, en buena medida, operativo.

Desde esta perspectiva que proponen los autores, el proletariado está formado en la actualidad por todas aquellas y todos aquellos capaces de generar una riqueza en términos colectivos y que, en este sentido, sufren de una manera u otra la explotación capitalista, tanto en lo que respecta a la producción estrictamente material como a la (re)producción inmaterial expresada en la creación de formas de vida. El espacio amplio y heterogéneo de la multitud cuenta así entre sus filas con las expresiones subjetivas que escapan del patrón patriarcal, heteronormativo y racista. Asimismo, junto con los sectores que integran la clase trabajadora tradicional, la multitud se conforma a través de lo que los autores llaman el proletariado intelectual o el cognitariado, las y los estudiantes, la mano de obra del sector terciario y los sectores productivos no tradicionales. Si se quiere decir en términos de Deleuze y Guattari, con la multitud se expresa en la actualidad el devenir minoritario de todo el mundo.

Los autores inciden así en uno de los puntos centrales de su obra. En la línea tanto de los movimientos autónomos italianos de los años setenta como de las demás luchas que se dan alrededor del año 68 en distintas partes del mundo, en Las verdades nómadas (1985) se plantea la necesidad de articular los movimientos llamados minoritarios que, cada vez más, ocupan un espacio central a la hora de dinamizar las luchas. En este texto, surgido de un intercambio epistolar entre Negri y Guattari cuando el primero se encontraba en la cárcel de máxima seguridad de Rebibbia, los autores empiezan por rechazar la organización centralista de las luchas. En su lugar, reivindican un multicentrismo funcional con capacidad para neutralizar los efectos del capitalismo y, al tiempo, para articular las luchas de los movimientos enfrentados al poder constituido. Asimismo, los autores plantean la posibilidad de llegar a una coimplicación multivalente entre la clase obrera tradicional y las trabajadoras y los trabajadores del sector terciario, así como con las precarias y precarios. Estos elementos constituyen el doble eje de lo que los autores definen como un método de agregación molecular, en referencia a las luchas que se dan por debajo del ámbito de la representación política.

De esta manera se avanzan, asimismo, algunos de los elementos que Negri tratará posteriormente en títulos como La fábrica de la estrategia (2004), desde la perspectiva de renovación del aparato conceptual marxista que apuntamos en la primera parte de este análisis. A partir del ejemplo que ofrece la toma del poder por parte de Lenin, aunque situados ahora en el contexto del capitalismo postindustrial, Negri trata de caracterizar la emergencia de una nueva subjetividad colectiva ―los soviets del nuevo siglo― alrededor de dos elementos principales. En primer lugar, la necesidad de organizar las luchas, así como las relaciones sociales en su conjunto, sobre la base de la toma colectiva y directa de las decisiones. En segundo lugar, las posibilidades que por esta parte ofrecen los procesos productivos basados en el avance de los dispositivos tecnológicos; sobre todo en la medida en que tales dispositivos pueden contribuir a una actividad más autónoma, es decir, desligada de los procesos capitalistas de atribución de valor, por parte de las nuevas figuras productivas.

Como se puede observar, los rasgos característicos del espacio que constituye la multitud, como un todo abierto y dinámico, atravesado por una heterogeneidad radical aunque con capacidad para proponer unos objetivos en común, obligan a plantear la cuestión de la organización interna del movimiento o los movimientos. En este sentido, el dilema sobre la necesidad o no de una organización para las luchas expresa, en opinión de los autores, un falso problema: no hay duda de que los ciclos de luchas y los movimientos que los protagonizan necesitan proponer unos objetivos y la orientación más adecuada para conseguirlos. En todo caso, esto no supone que se deban recuperar los liderazgos caracterizados por la concentración de funciones y la dirección vertical, de arriba a bajo, con que se ejerce el poder. Son los movimientos mismos, desde el interior y en sentido horizontal, los que deben decidir hacia dónde y cómo se orientan las luchas. En este sentido, si con la noción de liderazgo se hace alusión a la posibilidad de organizar las acciones de manera eficaz, regular y masiva, con capacidad para conmover las relaciones a todos los niveles, más que eliminar esta posibilidad, se trata de llevar el liderazgo al lugar de la inteligencia colectiva que se pone de manifiesto en el interior de los propios movimientos. No se trata, pues, de rechazar la noción de liderazgo, sino de eliminar su carácter trascendente y, por tanto, separado del movimiento.

La propuesta de Asamblea pasa así por invertir el plano en que la tradición marxista ha elaborado buena parte del análisis de las luchas contra el capital. Como apuntan los autores, de lo que se trata ahora es de dar la vuelta a las dos mitades del centauro, de manera que la parte pensante y, en este sentido, las decisiones y el poder ejecutivo sobre la estrategia a seguir se alberguen en la base, en manos de la militancia y del movimiento. Reservando asimismo la posibilidad, en sentido táctico y de manera provisional, de abstraer una parte del movimiento para que se encargue de tareas de tipo representativo. En vez de mantener el esquema según el cual el proletariado debe devenir una clase en sí y para sí a través de la mediación y la organización de una cúpula dirigente, los autores reivindican la posibilidad de organizar las luchas sobre un plano de inmanencia, en la medida en que es el movimiento mismo el que puede diseñar, a través de sus acciones, un principio fuerte y compartido de articulación colectiva.

Igualmente, Asamblea alerta sobre el peligro de reproducir las relaciones que se dan en el interior del sistema capitalista cuando se trata de organizar las luchas. Lo que, dicho así, puede parecer una evidencia, no lo es tanto si tenemos en cuenta el contexto biopolítico en el que nos movemos. De esta manera, si se trata de combatir el poder de mando capitalista, el tipo de organización que se de a sí mimo el movimiento debe prefigurar y constituir un ensayo ―si bien a dimensión reducida― del conjunto de relaciones a las que se trata de dar vida con cada nuevo ciclo de luchas. En este sentido, puede servir como base y ejemplo el potencial productivo de la multitud, que late rebelde bajo las redes de la explotación capitalista.

Luchas descentralizadas: el problema de la institución

Una vez que se han dado algunas claves para pensar la organización de las luchas en manos de los movimientos, falta por apuntar cómo se puede llegar a concretar los efectos de tales luchas mediante la creación de un proceso institucional de carácter abierto e inacabado, aunque duradero y estable. Con estas dos líneas, siguiendo la lectura de Maquiavelo que los autores no abandonan a lo largo de su obra, tendríamos garantizadas para los movimientos y sus ciclos de luchas la virtud (que se concentra en las capacidades estratégicas de la multitud) y la fortuna (que se expresa, como veremos a continuación, a través de la creación institucional del común).

Para empezar, si se trata de instituir las relaciones de la multitud es porque Hardt y Negri no rechazan la toma del poder como vía para construir un nuevo orden social. Esto es lo que lleva a los autores a abandonar la terminología que habían utilizado hasta este momento, en referencia a la tensión que se produce entre la capacidad productiva de la multitud y la capacidad de absorción del capitalismo. En los títulos anteriores, siguiendo la distinción spinoziana entre la potestas y la potentia, los autores definían el poder imperial, propio del capitalismo en la actualidad, mediante el término de biopoder, reservando la noción de biopolítica para la potencia creativa de la multitud. Ahora, en Asamblea, Hardt y Negri utilizan el mismo término ―poder― para referirse a la gestión de la propiedad capitalista (Poder) y a la articulación del espacio del común (poder) ―si bien utilizando la mayúscula o la minúscula para la letra inicial en cada caso―.

Así pues, quizá de forma más clara que en ningún otro lugar de su obra, los autores inciden en Asamblea sobre este punto: de la misma manera que no se trata de abandonar el espacio de la organización y del liderazgo, sino de dotarlo de un contenido liberador y eficaz para las luchas colectivas en el contexto actual, ahora se trata de tomar el espacio del poder no solo de otro modo, sino, sobre todo, con unos objetivos distintos de los que plantea el sistema capitalista. En definitiva, se trata de crear un espacio estable para las relaciones autónomas de la multitud y, pues, para la construcción y la defensa de la riqueza que emerge del común.

En este sentido, si ―como ya apuntamos en el texto anterior― hasta ahora los autores habían utilizado la noción de éxodo, en Asamblea, en cambio, esta estrategia del poder dual, que se expresa desde el interior y en contra del sistema, se complementa tomando elementos de otras dos vías que no rechazan, en este caso, la toma del poder institucional: la del reformismo antagonista y la de la hegemonía.

Mediante la noción de éxodo se trata de prefigurar, a pequeña escala y partiendo de la organización de los propios movimientos, la articulación futura de un espacio amplio y estable de relaciones al margen del sistema capitalista. Entre los ejemplos actuales que ofrecen los autores encontramos los centros sociales ocupados de Italia en los años setenta y, más recientemente, las acampadas surgidas alrededor del ciclo de luchas de 2011. La segunda vía trata de infiltrarse, por medios electorales, en las instituciones, con el objetivo de transformarlas desde el interior. Proyectos de carácter municipalista y partidos como Podemos o Syriza ―aunque este caso constituye un ejemplo del fracaso de la hipótesis basada en el reformismo antagonista―, se encontrarían entre las propuestas de este tipo. Por último, la estrategia de la hegemonía plantea la destitución más o menos rápida del orden establecido, sin desestimar la vía electoral, a lo que debe seguir la construcción de un nuevo espacio institucional a todos los niveles. Las experiencias que se han dado en algunos países de América Latina durante las dos últimas décadas, pueden constituir una muestra por esta parte. En este sentido, se trataría de hacer confluir las tres líneas ―los tres rostros de Dioniso para el (auto)gobierno de la multitud, como apuntan los autores― con el propósito de llevar más allá el alcance, habitualmente relativo, y de fortalecer la capacidad de resistencia, a menudo frágil, de los proyectos de carácter prefigurativo.

Así pues, el nuevo espacio institucional debe impugnar la propiedad capitalista en favor de la producción cooperativa del común. Al mismo tiempo, la nueva creación institucional debe desbordar los límites impuestos por la soberanía y su materialización en el seno del aparato estatal. Decae así, igualmente, el peso de los mecanismos de representación en la esfera de lo político. Superar la soberanía quiere decir, en este caso, que no se acepta ni la abstracción que supone un sujeto unificado como el de pueblo ―o el de nación―, ni la alienación de la capacidad de decisión que, sobre este cuerpo político, acaba ejerciendo el modelo representativo. Como apuntan los autores, el objetivo de disminuir al máximo la distancia entre gobernantes y gobernados debe constituir, por esta parte, uno de los motores del nuevo espacio institucional. En este sentido, el comunismo se reivindica desde la posibilidad de llevar a la práctica procesos de producción, circulación y atribución del valor, así como también de expresión y de participación política, que ni caigan bajo las redes del Mercado ni se encuentren encerrados en los límites del Estado. Por este lado, como indican los autores, experiencias como el confederalismo democrático kurdo o las comunidades autónomas zapatistas ofrecen un ejemplo de buena parte de los aspectos implicados en la construcción de un nuevo espacio institucional.

Como dijimos al principio, Asamblea constituye por esta parte un espacio en el que desarrollar y concretar, en el que poner a trabajar conjuntamente las principales herramientas conceptuales que Hardt y Negri han forjado con su obra a lo largo de los últimos veinte años.

Por Miquel Martínez Josep Artés

Profesores de Filosofía

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Cuando se va la naturaleza, atrás viene la pobreza”

Entrevista al líder indígena del Amazonas Davi Kopenawa

Cuando en 1971 la fotógrafa suizo brasileña Claudia Andújar se internó por primera vez en la Amazonía todo le parecía esencial. Quien lo hizo visible a sus ojos fue Davi Kopenawa, el chamán y portavoz del pueblo yanomami.

Andujar expone hasta el 10 de mayo lo que captó con su cámara en la Fundación Cartier de arte contemporáneo de París: la muestra más grande dedicada a una sola artista que hayan organizado. La exposición fue curada por Thyago Nogueira del Instituto Moreira Salles de San Pablo, quien se pasó 4 años hurgando en el archivo de la fotógrafa. Davi Kopenawa voló a Francia para la inauguración.

En 1989 Kopenawa salió por primera vez de Brasil para recibir el premio Right Livelihood, conocido como el Nobel alternativo, en nombre de la ONG Survival International, que nació en 1969 denunciando el genocidio a pueblos indígenas del Amazonas.

A fines del año pasado Kopenawa volvió a recibir el Right Livelihood en Estocolmo, pero ahora a título personal, junto con Greta Thunberg, entre otros líderes mundiales. Según la ONU, aproximadamente el 80% de la biodiversidad que queda en el planeta está en territorio indígena y Davi, de 63 años, es un emblema entre los guardianes de lo que queda. Por eso se enfrenta a Jair Bolsonaro y a los buscadores de oro.

No es la primera vez que en sus salas se evocan referentes indígenas latinoamericanos: hace dos años Freddy Mamani, el arquitecto aymara del Alto de La Paz, fue la estrella de una muestra. A cien metros del cementerio de Montparnasse (donde yacen Jean Paul Sartre, Simone de Beavouir y Julio Cortázar), en una mañana de inicios de febrero menos fresca que lo habitual, Davi tarda en desabrigarse tras entrar a la sala calefaccionada de la Fundación Cartier.

En una de las pantallas hay un video de Davi semi desnudo haciendo rituales, pero él no le presta demasiada atención. Se quita el gorro de lana para colocarse su corona de plumas y se quita la campera de plumas para dejar ver su collar tradicional. Mira las fotos colgadas de Claudia Andujar donde la luz es tan protagonista como los personajes iluminados. Aparecen Bruce Albert, el antropólogo francés que vive en Uruguay, junto a Claudia Andujar, que ya con 88 años y en silla de ruedas, entra brevemente solo para verificar que todo esté en su lugar y se va a descansar. Faltan minutos para una de las vernissages y Davi comenta algo con su hijo Dario de 27 años, que va con él a todas partes, está subiendo todo a las redes sociales de la asociación Hutukara. Afirman que la armaron para “la lucha fuera de la selva”. Dario postea: “lo único que buscamos es que se respeten nuestros derechos territoriales y nos dejen tranquilos”.

-No sólo es el protagonista de las fotos, también ha acompañado a Andujar a presentar el material por el mundo. Y junto a Bruce Albert escribió el libro La caída del cielo. ¿Cómo es para una cultura oral usar el libro y la fotografía para transmitir un legado? 

-El blanco, que no conoce nada del bosque, necesita ver y leer para recordar. Si hablo con usted, usted va a olvidar lo que dije. Pero con el libro, usted va a seguir leyendo, al día siguiente va a leer de nuevo, y así. Bruce es un un antropólogo que conocimos recolectando nuestro conocimiento de sabiduría, que nosotros tenemos guardada en la memoria. El blanco piensa que el indio no piensa, que no sabe explicar, que no sabe hablar, que no conoce el futuro. Encontré muy bueno que Bruce me ofreció grabarme. Y yo le conté del origen de todo, de Omama (el “creador” para los yanomami), que creó el pensamiento. Yo quería mostrar mi sabiduría, el conocimiento del pueblo yanomami, para que el blanco entienda que sabemos hablar, explicar por nuestra propia cuenta nuestra propia historia yanomami. No es para nosotros, es para ustedes. Para los estudiantes, que necesitan ver de otra manera la selva. El libro llegó a las universidades y eso es lo que quería. Si van a usar árboles del bosque para hacer el papel, que sea para un libro así.

-Usted es conocido como el “Dalai Lama” de la selva. ¿Qué piensa de que lo llamen así?

-Somos una legión. Estamos en diferentes lados, lado derecho, lado izquierdo del mapa. El Dalai Lama, Raoni (el líder indígena kayapó)... Estamos todos ligados a la naturaleza, a la tierra. Nuestra salvación es la selva donde está todo lo que hace bien a la salud: agua limpia, todo es puro. Por eso somos así, hijos de la tierra, ella cuida nuestra riqueza. ¿Qué es la riqueza? Es comida: frutas, castañas, asaí. Los blancos también son hijos de la tierra, pero sin los indígenas en la selva todo va a ser peor, va a haber más lluvias, más cambios climáticos. Ya está sucediendo, se meten en nuestro territorio, contaminan nuestros ríos, matan nuestros peces. Yo confío en la fuerza de la naturaleza. Nosotros no vamos a matar ningún hombre blanco, la que lo va a matar es la naturaleza. Estoy luchando para defender mi pueblo para cuidar la tierra, defender la tierra para cuidar los saberes de mi pueblo.

“Bolsonaro es un garimpeiro

En 2019, según diversas organizaciones indígenas de Brasil, al menos 10.000 garimpeiros (buscadores de oro) han invadido la tierra de los yanomamis y su contacto con las comunidades generó una epidemia de malaria y de contaminación con mercurio en muchos de los ríos. Aunque la mayoría de los yanomamis mantienen contacto con la sociedad no indígena, se sabe que un grupo no contactado habita no muy lejos del área que está siendo invadida.

-¿Cómo está la situación con los garimpeiros hoy?

-Los garimpos (campos de minería ilegal) continúan. Donde haya oro, donde haya riqueza, se pueden ir pero regresan. Donde no hay oro, no van. La policía a veces los saca pero a las tres, cuatro semanas, ellos regresan porque saben que hay oro. Entonces hoy están volviendo a la tierra yanomami.

-¿Cuánto cambió la situación con Bolsonaro en el poder?

-La situación siempre fue un poco igual. En los años 91,92, el Gobierno sacó 40 mil garimpeiros; después de eso todo se había calmado un poco, pero al tiempo volvieron, porque ya vieron oro. Hoy en 2020 están ahí. Están talando el bosque, entran y salen, ellos están juntos con la policía federal, con las autoridades, hay empresarios, senadores, políticos. Están más fuertes que antes. Bolsonaro es un garimpeiro, su papá era garimpeiro, el presidente los está empujando para que crezca la minería. El propio presidente es un garimpeiro.

-Recientemente Bolsonaro dijo: “cada vez más el indio es un ser humano como los blancos”.

-Es lo que él piensa. El no reconoce la tierra yanomami, nunca visitó nuestra comunidad, ninguna comunidad, está diciendo que es un enemigo de los indígenas. No conoce los pueblos de la selva, por eso dice esas cosas. Piensa que somos salvajes, como los monos, los cerdos. No sabe nuestra lengua. Tiene solo preconceptos. Lo que sí, somos seres humanos diferentes al blanco, porque nosotros conocemos la montaña y la selva. Bolsonaro dice esas cosas porque no le gustamos, siempre está diciendo cosas para que nos enojemos. La situación está peor que siempre. Bolsonaro es como la dictadura militar, como el presidente Figueiredo que mató a mi pueblo yanomami y a nuestros parientes wamiri atroaris. Por eso siempre habla mal de nosotros.

-Survival International define la situación como un “riesgo de genocidio legislativo”. ¿Cómo se están organizando?

-Estamos luchando para que seguir viviendo. Para criar nuestros hijos, para cuidar de nuestro lugar, de nuestra casa. Nadie está peleando por dinero. Y hay hijos de Omama también entre los hombres blancos. Por eso nos ayudan. Y los otros pueblos indígenas en Colombia, Ecuador... Estamos frente a la misma lucha, los mismos problemas.

El origen de la maldad

Los yanomamis utilizan cerca de 500 plantas para comer, elaborar medicinas y construir casas. Ningún cazador come la carne que ha cazado sino que la reparte y a cambio recibe carne de otro cazador. Así han vivido siempre. Hasta 1940, cuando Brasil mandó gente para delimitar la frontera con Venezuela, los yanomamis no habían entrado en contacto continuado con el resto de sus contemporáneos. Ese contacto trajo epidemias de sarampión y gripe. En la década de 1970 fueron víctimas del gobierno militar y desde los años 80, de los buscadores de oro y del avance de la frontera agrícola-industrial. Hoy son unas 38 mil personas en casi 18 millones de hectáreas (un territorio grande como Uruguay), si se cuentan los territorios ancestrales que reclaman en el norte de Brasil (donde ya fueron demarcados) y en Venezuela (donde aún no ocurrió). El de los yanomamis es el mayor territorio indígena selvático del mundo.

-¿Podemos decir que la principal diferencia entre los blancos en las ciudades y los indígenas es la conexión con la tierra?

-Los pueblos de las ciudades sí tienen conexión con la tierra: para extraer riqueza, petróleo, oro, diamante. Así es como están conectados con los bosques.

-En la cosmovisión yanomami hay una interpretación sobre el origen de la “maldad” ¿verdad?

-La gente mala es hija de Yoasi, que era el hermano del creador Omama. Omama era una buena persona, honesto, sabía tratar, sabía cuidar. Yoasi no. Comenzó como loco a matar, a derrumbar los árboles para hacer casas, a acabar la tierra para comerciar con otros pueblos. Entonces se volvió enemigo de Omama y este se fue bien lejos. Yoasi continúa entre nosotros, hizo crecer su propio pueblo, y hoy está presente en el hombre blanco, en la mercadería, en las ciudades. Nosotros, los yanomamis, no somos mercaderia, somos guardianes de la selva, para que quede en pie, los hijos de Omama la cuidamos de los hijos de Yoasi.

-¿Yoasi sería el capitalismo?

-Yoasi es el capitalista, moderno, que se viste bonito y roba las tierras. El que mató y continua matando, es el espíritu que manda a los garimpeiros que matan a los indios. Ahora está peor. El año pasado, cuando asumió Bolsonaro, liberó la compra de armas en las ciudades contra las mujeres, hombres, para matar cualquier persona. Los garimpeiros están armados porque Jair Bolsonaro autorizó la compra de armas de fuego.

-Los yanomamis también están presentes en Venezuela, ¿cuál es la situación de ese lado de la frontera?

-Allá es peor. Porque los yanomami de allí no tienen su tierra demarcada, está solamente delimitada. Allá está lleno de buscadores de oro también. Algunos fueron refugiados en San Pablo, Manaos, Brasilia. Muchos yanomamis están en la montaña, porque ahí están protegidos por la fuerza de la naturaleza.

Salvaciones

“El cielo está lleno de humo porque nuestra selva está siendo talada y quemada. Las lluvias llegan tarde, el sol se comporta de manera extraña. Los pulmones del cielo están contaminados. El mundo está enfermo. La selva morirá si los blancos la destruyen. ¿A dónde iremos cuando hayamos destruido nuestro mundo?”, se pregunta Davi en uno de los archivos de Claudia Andujar.

El padre de Claudia Andujar era judío, oriundo de Transilvania. Se separó de su madre suiza protestante antes de la guerra y fue asesinado en el campo de concentración de Dachau. Claudia se había enterado que la Gestapo estaba yendo a buscarlo y había ido a avisarle, pero su padre no quiso escaparse. Claudia se refugió en Estados Unidos, se casó, pero se separó de su marido español (de quién adoptó el apellido abandonando el de Claudine Haas) antes de que este vaya a la guerra de Corea. Luego fue a Brasil, donde había migrado su madre.“Yo siempre estaba huyendo” escribió, recordando esa época. Cuando Andujar intentó tomarle las primeras fotos a los yanomamis ellos se negaron porque decían que lo que podía huir con las fotos es el alma: “puede escapar y quedar para siempre deambulando”.

"Claudia siempre se sintió culpable por no poder salvar a su familia y seres queridos", dijo la persona que la conectó con los yanomamis, el misionero italiano Carlo Zacquini. Por eso cuando llegó a la tierra de Davi insistió para convencerlos, les decía que solo así podía denunciarse el genocidio a los indígenas. “No conozco a otra persona artista en ninguna otra parte del mundo que haya salvado a todo un componente de nuestra familia humana” dijo el director de Survival, Stephen Corry. Tras aceptar ser fotografiados, el líder Davi debió aprender a manejarse fuera de la selva: “Ahora tenía que usar palabras externas a su universo como naturaleza o pobreza” dice Bruce Albert. En la inauguración de la muestra Davi dijo que eso le salvó la vida.

-¿La naturaleza va a ganar la batalla? ¿Siempre vence?

-(Se ríe) No, no siempre vence, pero desaparece. Y cuando se va la naturaleza, atrás viene la pobreza.

-Usted dijo “nosotros los chamanes sabemos que nuestro planeta está cambiando, conocemos la salud de la Amazonia.” ¿Cuál es el diagnóstico?

-El cambio climático no va a parar. Está quemando. La invasión de la Amazonía está en marcha. No hay remedio para curar nuestro planeta tierra. Las ciudades están creciendo, no hay más lugar para construir, el ser humano está enfermo y se sigue enfermando. La enfermedad ¿como la llaman ustedes? ¿el cáncer? Hay un cáncer en el aire, por eso no va a parar, por eso el cambio climático, por eso se quema la selva.

-¿Hay una utopía en el horizonte o esto siempre va a ser así? ¿cómo sería el mundo de los pueblos indígenas si los motivos para resistir desaparecieran?

-El peligro ya entró en el mundo y la señal de peligro entró en las tierras indígenas. Pero estamos luchando. Hay muchos líderes buscando la manera, denunciando, el peligro está ahí y no va a parar. Vivir bien, hemos vivido bien, hace 50 años. Era maravilloso: no había buscadores de oro, pero llegaron y luego volvieron para atacarnos. Jair Bolsonaro nos va a seguir mandando sus garimpeiros. El horizonte es que nosotros vamos a morir si es necesario junto con nuestro pueblo. Es una lucha para vivir, no vamos a morir callados. 

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Ataque a fuerzas de EU deja varios soldados muertos en Afganistán

Kabul. Personal militar estadunidense y afgano fue atacado a tiros durante un operativo en la provincia de Nangarhar del este de Afganistán, informaron las fuerzas militares de Estados Unidos el sábado.

Varios elementos estadunidenses murieron o resultaron heridos en el ataque, pero el número exacto u otros detalles no fueron proporcionados, dijo un funcionario de Estados Unidos que aceptó a hablar sobre el incidente sólo a condición de mantener el anonimato.

El coronel Sonny Leggett, un vocero de las fuerzas de Estados Unidos, indicó en un comunicado que personal tanto afgano como estadunidense se encontraba "enfrascado en un tiroteo directo".

“Estamos evaluando la situación", dijo Leggett, sin brindar información sobre posibles muertes ni otros detalles.

El Talibán y un grupo afiliado al Estado Islámico operan en Nangarhar. El incidente ocurre mientras Washington busca poner fin a la guerra de 18 años en Afganistán, la más larga en que se haya enfrascado Estados Unidos

El enviado por la paz de Washington, Zalmay Khalilzad, se ha estado reuniendo con representantes Talibanes en Qatar en semanas recientes con la intención de llegar a un pacto para disminuir las hostilidades y concretar un acuerdo de paz que daría inicio a las negociaciones entre afganos en ambos lados del conflicto.

En su discurso durante el Estado de la Unión el martes, el presidente Donald Trump hizo referencia a negociaciones de paz al señalar que los soldados estadounidenses no deberían fungir como “policías” de otras naciones.

“En Afganistán, la determinación y el valor de nuestros combatientes de guerra nos ha permitido lograr enormes avances, y las negociaciones de paz se encuentran en curso", sostuvo.

Ap | sábado, 08 feb 2020 16:04

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Hardt y Negri: ‘Asamblea’, o cómo cartografiar los últimos ciclos de luchas (I)

Tomando como punto de partida Asamblea, el título más reciente de Hardt y Negri, recorremos la producción conceptual con la que ambos autores analizan los últimos ciclos de luchas.

Ahora que se cumplen dos décadas desde la publicación de Imperio (2000), Michael Hardt y Antonio Negri completan con su última obra, Asamblea (2019), el análisis que durante estos últimos años han llevado a cabo sobre las resistencias y los contrapoderes capaces de poner en cuestión los intentos del capitalismo por monopolizar las relaciones políticas, sociales y económicas.

El recorrido de los autores comienza así con la entrada del nuevo milenio, no solo analizando sino también acompañando el ciclo de luchas surgido alrededor del movimiento por una globalización alternativa, en el marco del capitalismo en fase avanzada y en plena ofensiva e intento de expansión del modelo neoliberal. Unos años más tarde, y ante la necesidad de poner el foco sobre las alternativas que se pueden dibujar ante un poder que se pretende imperial, los autores saludarán en Multitud (2004) la formación de una nueva subjetividad colectiva atravesada por la heterogeneidad y con un potencial creativo capaz de descentrar las formas de atribución de valor propias de la extracción capitalista. De la misma manera, siguiendo en esta línea de destituir las relaciones propias del capitalismo para constituir un nuevo orden de relaciones a todos los niveles, en Commonwealth (2009) los autores trabajarán sobre el concepto del común como espacio ontológico propio de la multitud y en el que esta subjetividad, esta inteligencia colectiva, es capaz de dar lugar a nuevas formas de riqueza encarnadas en el ámbito de la producción material y, en general, en la creación de formas de vida.

De esta manera, y después de elaborar en Declaración (2012) una crónica urgente sobre la ola de revueltas que emerge en 2011 en distintas partes del mundo ―de las primaveras árabes al 15M, pasando por Occupy Wall Street―, en Asamblea los autores llaman la atención sobre la necesidad de analizar los problemas de organización que surgen alrededor de los movimientos sociales y políticos, así como de encontrar formas de articulación para las nuevas relaciones que, en cada nuevo ciclo de luchas, desde principios del siglo XX ―y aun antes, si orientamos el punto de referencia hacia acontecimientos como el alzamiento zapatista― se han dado como alternativa al orden impuesto, a escala global, por el sistema capitalista.

En este sentido, con Asamblea se trata de poner a trabajar la producción conceptual a la que han dado lugar Hardt y Negri a lo largo de la serie de textos precedentes, cerrando así una línea de análisis que nos permite recorrer la línea roja ―en ocasiones latente y subterránea― de las revueltas que durante las últimas décadas han puesto en duda la estabilidad sistémica neoliberal. De esta manera, poniendo el foco en las experiencias concretas de los movimientos sociales, así como en las nuevas formas de actividad orientada a la producción de valor, Asamblea sistematiza un conjunto de respuestas a la principal cuestión que atraviesa tanto la obra conjunta de los autores como la importante producción anterior de Negri, y que se puede analizar a través de dos ejes entrelazados: el problema de la organización de las luchas, si miramos hacia el interior de los movimientos políticos y sociales; y el problema de la institución, si miramos hacia el exterior, hacia la conformación de las relaciones en el campo social.

Abordamos, en este texto, el marco en el que los autores desarrollan su obra, con el fin de explicitar desde qué posición tratan Hardt y Negri de pensar el presente. Para una segunda entrega, reservamos el análisis de los dos ejes que acabamos de mencionar: el relativo a las líneas de organización, con las que dotar de mayor fortaleza a las luchas, y el relativo a la creación institucional bajo premisas disimétricas a las del poder capitalista.

Nuevos ciclos de luchas, nuevos instrumentos para el análisis

Los elementos que acabamos de apuntar aparecen como resultado de un proceso de renovación del cuerpo teórico y de los mecanismos de intervención del marxismo. Por esta parte, Asamblea se expresa de manera explícita ―como se puede ver en los apartados titulados “Debates marxistas”― y, de manera más o menos clara, en los demás capítulos. Los autores inciden, con este trabajo de actualización del análisis y de las prácticas marxistas, en lo que constituye una constante en su producción. Asimismo, en la obra de Negri, con títulos como Los libros de la autonomía obrera (1970-1978) o Marx más allá de Marx (1979) ―así como en la trayectoria militante del autor, cuya experiencia se puede seguir en grupos como Potere operaio o Autonomia―, se encuentra también presente la necesidad de recuperar, desde una lectura abierta y crítica, los principales elementos con los que el marxismo ha analizado las relaciones de producción y de poder dentro del sistema capitalista.

Por este lado, si bien en las últimas décadas las condiciones en que se dan los procesos de producción han mutado, al mismo tiempo que lo han hecho los medios necesarios para la creación de riqueza, la explotación sigue presente como signo ineludible de la expropiación que el poder capitalista lleva a cabo sobre la sociedad en su conjunto. Como señalan los autores de manera clara en Asamblea, este proceso de privatización de los beneficios que lleva a cabo el capitalismo tiene en la actualidad un carácter abiertamente parasitario, en la medida en que el tipo de actividades que se realizan ya no necesitan, en muchas ocasiones, ni de la organización ni de los medios que antes disponía el capitalista.

El poder de mando global se ejerce ahora sobre procesos de producción de tipo intelectual, afectivo ―en un sentido amplio― con capacidad para funcionar de manera cooperativa y autónoma. A esto se refieren Hardt y Negri cuando recuerdan los cambios que han llevado, a partir del año 68, a la constitución de una nueva fuerza de trabajo cuya producción solo se puede entender en términos sociales y desde la cooperación colectiva, y que surge como resultado del declive progresivo del obrero masa propio de la producción fordista y del obrero especializado propio de la gran industria. Asimismo, el avance de las nuevas tecnologías y su aplicación a los procesos productivos ―cuyo ejemplo más destacado se encuentra en la robotización o la toyotización de las actividades― ha provocado un cambio sustancial en las luchas: si las posibilidades de éxito por parte del movimiento obrero se encontraban en un principio en la capacidad por hacerse con los medios de producción, el tipo de trabajo que se desarrolla en la actualidad implica que en muchas ocasiones la fuerza de trabajo disponga de los medios necesarios, no solo para llevar a cabo su actividad sino, además, para hacerlo sin necesidad de intermediación alguna. Hardt y Negri toman como punto de partida el análisis que expone Marx en los Grundrisse sobre la mecanización de la producción, alertando del peligro de caer en planteamientos ingenuos respecto de la tecnología. Dicho de otro modo, la liberación del proletariado no depende tanto de los avances tecnológicos como de la capacidad de apropiación que muestre sobre estos avances y sus potencialidades productivas.

De hecho, las posibilidades de supervivencia por parte del sistema se encuentran en buena medida ligadas a su capacidad de conformar, de manera estructural, un modelo de subjetividad compatible con las exigencias del gobierno neoliberal. Siguiendo las huellas del análisis que lleva a cabo Foucault sobre el poder, Hardt y Negri parten así desde una concepción de carácter biopolítico. El poder se cierne sobre la vida en su conjunto en la medida en que no trata solo de incidir en sentido extensivo, ocupando la totalidad del territorio, sino también en sentido intensivo, es decir, mediante la conformación del medio y de las subjetividades que lo han de habitar. El poder capitalista, si bien necesita mantener centros de mando e instaurar ciertas jerarquías, se distribuye así de forma inmanente. Con esto el sistema no solo trata de determinar las relaciones de producción ―lo que el marxismo clásico entiende por el ámbito de la infraestructura― sino también, y de manera acompasada, las relaciones de reproducción ―lo que desde la perspectiva marxista clásica se inserta en el ámbito de la superestructura―.

En en este contexto, la ley del valor ya no solo debe captar las relaciones que se dan entre los muros de la fábrica y, por tanto, en espacios de tiempo delimitados y sobre unidades simples de producción, de carácter objetivo y susceptibles, por tanto, de ser contabilizadas en términos de valor de cambio. La huella de la explotación sobre la actividad de la fuerza de trabajo, tal y como quedaba albergada en la mercancía, resulta, así, cada vez más tenue para el análisis. De esta manera, un análisis sobre la ley del valor que trate de responder a las condiciones del contexto actual, debe captar el resultado de la extracción de beneficios que el capitalismo lleva a cabo a gran escala, sobre el conjunto de las relaciones que constituyen el campo social, sin límites en el tiempo y en un espacio abierto para la acción. Por decirlo con el “Post-scriptum sobre las sociedades de control” de Deleuze, que los autores citan en más de una ocasión, el análisis sobre el valor producido y su alienación se debe dar en un contexto en el que la vieja fábrica deviene al fin alma empresarial, capaz de propagarse por la sociedad en su conjunto. Esto es, en definitiva, lo que Hardt y Negri definen como la subsunción ―por absorción, colonización, captura― real de las formas de vida por el capital.

Nuevos ciclos de luchas, nuevos objetivos

En todo caso, los autores rechazan la determinación teleológica, finalista que la dialéctica clásica reserva para los cambios en la sociedad. En términos eminentemente materialistas, para Hardt y Negri solo las relaciones que se dan en el campo social, así como la capacidad de orientación y organización de las rupturas y los acontecimientos que se liberan con cada nuevo ciclo de luchas, pueden decidir el alcance de los procesos de cambio. De la misma manera, teniendo en cuenta el contexto biopolítico y la necesidad por parte del sistema capitalista de eliminar todo espacio de exterioridad, los autores rechazan que sea la confrontación directa con el poder de mando el único motor de las transformaciones sociales. Esto no implica abandonar el antagonismo como elemento alrededor del cual explicar las relaciones de fuerza en el seno de la sociedad. De lo que se trata es de entender tal antagonismo en términos positivos, de creación de alternativas, y no solo desde la necesidad de combatir de manera frontal los embates del poder.

En este sentido, si bien en muchas ocasiones es necesario crear diques de contención frente a la violencia que se genera desde los poderes establecidos, o que segregan los grupos de extrema derecha, a medio y largo plazo se trata de abrir espacios que escapen de la influencia del sistema; espacios que, en todo caso, no se deben configurar desde la pureza de las identidades políticas, como reductos para una minoría militante, sino como territorios amplios en los que articular las distintas singularidades que caen bajo las exigencias del sistema y que, al mismo tiempo, pueden vivir bajo parámetros de relación y de producción que dejen atrás la explotación neoliberal.

Es de esta manera que cabe entender nociones como la de éxodo, en este caso por el lado de la construcción de subjetividades subversivas y, pues, desde la posibilidad de conjugar las resistencias con la creación de alternativas. De manera más exacta todavía, se trata de hacer que las resistencias constituyan en sí mismas, al menos de forma germinal, un indicio sobre las relaciones que se pueden articular más allá del radio de acción del modelo neoliberal. Como se puede leer en distintas partes de su obra, los autores recuerdan la afirmación de George Jackson, miembro del partido Black Panther, que exhortaba a no olvidar tomar un arma antes de emprender cada nueva huida. Este elemento supone, de hecho, una de las líneas que Hardt y Negri no han dejado de explorar a lo largo de su producción: la utilización de la fuerza en sentido democrático y, así, como una forma de combatir los efectos negativos que el modelo neoliberal inocula, de manera estructural, sobre la población en su conjunto. Pero sobre todo, así se puede entender la importancia que conceden los autores a las acampadas que surgieron alrededor de las protestas de 2011 y que sirvieron para poner en duda las bases del sujeto que el neoliberalismo ha construido los últimos tiempos, contando con los materiales que disponen los medios de comunicación de masas, los instrumentos de control avanzado, la deuda como mecanismo de alienación de la riqueza o el modelo representativo en el ámbito de la decisión política.

Hardt y Negri recuperan, pues, para su última obra uno de los aspectos principales de su pensamiento: la prioridad ontológica de las luchas y la producción de los movimientos sociales y políticos sobre los intentos de control y extracción de beneficios que pone en juego el poder capitalista. Esto coincide con la afirmación radical de la inmanencia que los autores reivindican en el conjunto de su producción. Siguiendo en este caso los pasos de Spinoza ―y de la lectura que lleva a cabo Negri sobre la obra del autor de la Ética en La anomalía salvaje (1981)―, la constitución ontológica del ámbito de lo social depende de unas composiciones de cuerpos determinadas ―atravesadas por un conjunto de discursos―, entre las cuales circulan una serie de afectos de distinto tipo. En definitiva, la acción de la multitud tiene la capacidad de dar lugar a la vida en su totalidad; de la misma manera que el capitalismo, en la medida en que incide sobre la vida extrayendo y privatizando la potencia creativa de la multitud, se define en última instancia como un poder de muerte. La distinción propia del marxismo entre el trabajo vivo ―por el que el proletariado crea un conjunto de relaciones capaces de transformar la realidad― y el trabajo muerto ―por el que el capitalista extrae la plusvalía―, resuena así en el análisis que llevan a cabo los autores. Al fin y al cabo, como recuerda Negri en una de las entrevistas que ha concedido con motivo de la publicación de Asamblea, “ya no podemos seguir moviéndonos sobre la base de una crítica que no sea colorida, que no esté cargada de los sabores de la vida”.

Por Miquel Martínez  / Josep Artés

Profesores de Filosofía


publicado

2020-02-07 10:00

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Jueves, 30 Enero 2020 05:39

Protestas y huelgas en Palestina

Palestinos rezan durante una protesta en Tubas, Cisjordania.   ________________________________________ Imagen: AFP

La población palestina se levantó en rechazo al plan de paz ideado por el presidente de Estados Unidos Donald Trump.

Al menos dos palestinos fueron heridos por armas de fuego en el marco de las manifestaciones realizadas en varias zonas de Cisjordania. La población palestina se levantó en rechazo al plan de paz ideado por el presidente de Estados Unidos Donald Trump. También hubo una huelga general en la Franja de Gaza y manifestaciones en el valle del Jordán, territorio que el plan deja en manos israelíes.

Dos palestinos fueron heridos en las extremidades tras ser tiroteados cerca del asentamiento de Psagot en Cisjordania, según informaron fuentes médicas a la agencia palestina de noticias WAFA. Asimismo decenas de personas resultaron heridas con balas de goma disparadas por las fuerzas de seguridad en los alrededores de Abú Dis, Arrub, Fouar y Dura. La policía israelí colocó puestos de control en los accesos a la zona de protestas para evitar que entre más gente, periodistas incluidos, denunció WAFA.

https://twitter.com/WAFANewsEnglish/status/1222202828145549318

En Franja de Gaza la huelga general fue convocada a última hora del martes por el Comité de las Facciones Nacionales e Islámicas en Gaza contra “el acuerdo del siglo”. Comercios, edificios gubernamentales y centros académicos no abrieron sus puertas, por lo que el territorio palestino quedó prácticamente paralizado. Los manifestantes quemaron imágenes de Trump y del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. "Palestina no está en venta", pudo leerse en algunas pancartas. También hubo protestas en las localidades de Rafá y Bureij. El mismo martes, miles de palestinos marcharon hacia la sede de la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA) en Franja de Gaza.

La huelga general también se extendió a buena parte de los campamentos palestinos de Líbano. Allí hay unos 600.000 refugiados. El plan de paz contempla que los palestinos que huyeron con la creación del Estado de Israel obtengan la nacionalidad de los países de acogida. De esta manera se les negaría el derecho a regresar a su país. En el valle del Jordán también hubo represión con bombas aturdidoras y gases lacrimógenos. La represión policial dejó al menos once heridos.

El plan presentado el martes por Trump junto al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu señala a Jerusalén como la capital "indivisible" de Israel, que retendría el control de las colonias judías y del valle del Jordán. Palestina tendría su capital en Jerusalén Este. Trump había manifestado que es una solución realista para garantizar la convivencia pacífica de los dos estados. Y urgió a los palestinos a aceptar esta oportunidad. “Podría ser la última”, manifestó el presidente norteamericano durante el anuncio del plan.

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Partidarios del clérigo iraquí Moqtada Sadr se reúnen en la capital, Bagdad, Irak para exigir el fin de la presencia de las fuerzas estadounidenses en su país. Foto Afp

Bagdad. Con banderas nacionales y pancartas criticando al presidente estadunidense Donald Trump, decenas de miles de iraquíes marcharon pacíficamente el viernes por las calles de Bagdad para exigir que los soldados de Estados Unidos abandonen el país. La protesta fue convocada por un importante clérigo chií.

La muestra de fuerza de los seguidores de Muqtada al-Sadr y de las milicias respaldadas por Irán se produjo en medio de fuertes tensiones, luego de un ataque con dron perpetrado por Estados Unidos a principios de mes que provocó la muerte de un importante general iraní en la capital de Irak, lo que avivó los sentimientos contra los estadunidenses.

No había cifras disponibles del total de asistentes y los organizadores proporcionaron números diferentes, pero estaba claro que se había quedado corta de la marcha de “millones de hombres” que había sido convocada por al-Sadr.

Las autoridades y expertos señalaron que la muestra de fuerza fue un intento del clérigo para capitalizar un estado de ánimo que se está gestando contra los estadunidenses y mostrar que tiene la preferencia de los iraquíes, mientras las élites políticas debaten quién debería ser el próximo primer ministro.

Grandes multitudes se congregaron en el día musulmán de oración mientras los altavoces de la plaza central reproducían la frase: “¡No a Estados Unidos!”. Algunos de los seguidores de al-Sadr vestían capas blancas para simbolizar el hecho de que estaban listos para morir por la causa.

“¡Eh, Trump! No permitiremos que conviertas a Irak en un campo de batalla”, se leía en un cartel. Un niño sostenía otro con la frase: “Muerte a Estados Unidos. Muerte a Israel”.

Tratando de mostrar control, los simpatizantes del clérigo no chocaron con la fuerte presencia policial ni atacaron las protestas contra el gobierno que se llevaban a cabo en la Plaza Tahrir, algo que los activistas temían que ocurriera.

En su sermón semanal de los viernes, el gran ayatolá Ali al-Sistani, el clérigo chií más venerado de Irak, pidió a los partidos políticos que salieran de su estancamiento y avanzaran en las negociaciones.

“La formación de un nuevo gobierno está constitucionalmente atrasado, y es necesario que cooperen los partidos involucrados”, manifestó al-Sistani en un sermón entregado a través de un representante. “Es un paso importante para resolver la crisis actual”.

Ap | viernes, 24 ene 2020 12:44

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Sindicatos de trabajadores protestan este viernes en París contra las reformas del Gobierno de Macron. / Reuters

Un 70 % de los franceses está a favor de que el movimiento de protesta continúe. "Lo único que hemos entendido de este proyecto es que vamos a tener que trabajar más", asegura el líder del sindicato CGT, Philippe Martínez.

 

El Gobierno del presidente francés, Emmanuel Macron, aprobó este viernes su reforma de las pensiones con protestas en las calles de los sindicatos opuestos que, aunque no lograron movilizar tanto como al empezar el movimiento hace siete semanas, cuentan con un apoyo mayoritario de la opinión pública.

En esta séptima jornada de manifestaciones nacionales desde el 6 de diciembre, la Confederación General del Trabajo (CGT) que encabeza el movimiento contabilizó 1,3 millones en los desfiles de todo el país y de 350.000 a 400.000 personas solo en el principal en París, entre la plaza de la República y la de la Concordia.

En el transporte público, donde los paros se han mantenido de forma ininterrumpida durante 51 días pero con mucho menor impacto desde hace un par de semanas, se cancelaron el 30 % de los trenes regionales y el 40 % de los cercanías en París.

Además, en el metro de la capital dos de las 14 líneas (las automáticas) funcionaron con normalidad, mientras que el resto estuvieron en servicio pero con menos trenes de los habituales y en algunos casos únicamente durante las horas punta.

En otros sectores, el porcentaje de huelguistas fue del 4,42 % en las diferentes administraciones públicas, frente al 2,51 % el 16 de enero, el último día de manifestaciones, según el Ejecutivo, y del 13 % en el colectivo de los profesores.

Una población insatisfecha que quiere continuar las protestas

Macron, por boca de la portavoz del Ejecutivo, Sibeth Ndiaye, no se privó de lanzar dardos en dirección de los sindicatos que se le oponen al denunciar "los actos de violencia y de radicalidad de ciertos bloqueos" en los últimos días, conforme las huelgas perdían fuelle.

La semana próxima se abre el día 30 una conferencia de financiación en la que sindicatos y patronal buscarán una fórmula para reducir alrededor de 12.000 millones de euros de déficit que se calcula tendrá el sistema actualmente en vigor en 2027 cuando se ponga en marcha el sistema por puntos.

Pero la CGT y las otras centrales que piden la retirada del proyecto, que no es seguro que participen, ya han anunciado para la víspera otra jornada de movilización en las calles, a la que se podrían añadir dos más el 30 y el 31. "Lo único que hemos entendido de este proyecto es que vamos a tener que trabajar más", se quejó el líder de CGT, Philippe Martínez, que sabe que su principal activo, más allá de una capacidad de movilización que va a la baja, es la opinión pública.

Un 70 % de los franceses está a favor de que el movimiento de protesta continúe, según el instituto demoscópico BVA, y un 61 % opina que Macron debería escuchar esa oposición y retirar su proyecto, de acuerdo con otra encuesta de Elabe.

Dos proyectos de ley para antes de verano

El Consejo de Ministros aprobó dos proyectos de ley para la reforma que empezarán a tramitarse en el Parlamento el 3 de febrero (el 17 en el pleno de la Asamblea Nacional) para su aprobación antes del verano.

El punto central de ambos es la convergencia de los 42 regímenes de pensiones actuales en un sistema universal por puntos en el que cada euro cotizado dará los mismos derechos en el momento de la jubilación. Aunque la edad mínima de jubilación seguirá siendo de 62 años, se introduce la noción de "edad de equilibrio" que servirá para garantizar la regla del equilibrio financiero.

En la práctica, los que se jubilen antes de llegar a esa "edad de equilibrio" -que variará en función de la esperanza de vida- tendrán una penalización, y una bonificación los que se mantengan más tiempo en actividad.

PARÍS

24/01/2020 19:08

EFE

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Urge permanecer alerta contra las reformas laboral y pensional en Colombia

Treinta y nueve días de huelga indefinida en Francia llevaron a que el gobierno reversara la propuesta fijar en 64 años la edad obligatoria para la jubilación. Las movilizaciones fueron permanentes, el ánimo no se doblegó, la lucha rindió sus frutos.

No obstante la victoria de las organizaciones sindicales, se convocó a una nueva marcha en el país para el 16 de enero. No hay que bajar la guardia, coinciden en asegurar los dirigentes de las organizaciones obreras.

Esa misma beligerancia es la que debe asistir a las diferentes expresiones organizativas en Colombia ahora que el ministro de Hacienda, Tomás Carrasquilla, considera que los dos asuntos deben abordarse mediante proyectos que hagan tránsito en el Congreso este año, como alternativa para hacer viable la generación de empleo y asegurar el funcionamiento del fondo público Colpensiones.

Aun cuando se trata de una falacia que les hace juego a los empresarios y de la que no quiere ser partícipe la ministra del Trabajo, Alicia Arango porque sabe el costo político que implica, todo indica que estas dos iniciativas serán apuntaladas con el propósito de sacarlas adelante.

El tema pensional

Colpensiones es la joya de la corona. A este fondo están afiliados 6.791.854 colombianos de los cuales 1.367.596 son pensionados. Lo que argumenta el gobierno nacional es que se puede producir un desfinanciamiento, y su brillante salida, es aumentar la edad de jubilación.

Por supuesto, esta propuesta no es fruto de un estudio serio sino más bien, la consecuencia de la recomendación que le hizo la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) al presidente Iván Duque.

Esta disposición, en caso de que se apruebe, terminaría perjudicando a buena parte de los 3.362.492 cotizantes activos a Colpensiones. Un enorme volumen de trabajadores verá frustrados sus sueños de salir al menos con salud después de muchísimos años de laborar. Lo que espera el ministro Carrasquilla, es que el jubilado salga con un bastón a dedicar buena parte de su tiempo a practicarse exámenes en la EPS, sacar el perro al parque o, en el mejor de los casos, a hacer mandados en la tienda de la esquina mientras que, para todos, se convierte en un mueblo viejo dentro de la casa al que no se sabe dónde ubicarlo.

Si no se aprueba la reforma pensional en el Congreso, el 30% de los afiliados activos a Colpensiones podrían jubilarse en el corto plazo. Una expectativa apenas justa. Y si hay algo que no podemos olvidar, es que durante su campaña, el hoy presidente Duque prometió no aumentar la edad de pensión.

La reforma laboral, otra papa caliente

En mi lejano Vijes solían repetir los veteranos: “El palo no está para cucharas”. Vigente hoy, ya que el panorama entre los colombianos es de alerta para evitar que el paquetazo de Duque, que tanto se empecinó en negar el gobierno nacional, no vaya a revivirse con nuevo nombre.  En otras palabras: “El mismo perro con diferente guasca”. Los áulicos de Duque y en particular el ministro Carrasquilla, son muy hábiles para eso.

Los empresarios están alimentando esta idea bajo el argumento de que el sistema laboral obedece a una estructura con veinte años de atraso. Eso es cierto, pero en detrimento de la clase obrera y ahora pretenden precarizar aún más su situación. Desmejorar su calidad de vida.

Lo que proponen los empresarios favorece sus propios intereses, como por ejemplo el tema de la flexibilización laboral o trabajo por horas, y va en contravía de lo que sugieren la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Comisión de Empleo de la OCDE.

La movilización popular, un muro de contención

Lo que se avecina es altamente lesivo para la clase trabajadora. Y al igual que los obreros de Francia, no podemos bajar la guardia.

El único muro de contención para frenar las pretensiones del gobierno nacional, de los empresarios, algunos académicos y congresistas afectos al presidente Iván Duque, es la movilización popular. Expresar la inconformidad. No permitir que, como ha ocurrido en otras ocasiones, terminen pisoteando a la base popular.

Si se retoman las marchas, como es apenas previsible en Colombia, es necesario que evitar una reforma laboral y pensional constituyan de nuevo un estandarte de lucha. No de otra manera podremos evitar que se siga pauperizando a la clase trabajadora, históricamente golpeada por quienes tienen el poder político y económico.

Por Fernando Alexis Jiménez | @misnotasdeldia

Blog del autor www.cronicasparalapaz.wordpress.com

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"Ya no se trata de ganar elecciones, sino de construir una nueva historia desde abajo"

Es uno de los críticos más persistentes de los gobiernos de izquierda que gobernaron países latinoamericanos, especialmente por sus métodos de desarrollo económico. Explica, a la vez, dónde se ha producido la brecha para el retorno de la derecha. Fue uno de los principales constructores del movimiento Alianza País que elevó a Rafael Correa a la presidencia de Ecuador, y ejerció como presidente de la Asamblea Constituyente que otorgó a este país una nueva Constitución. Vivió, desde dentro, el proceso de burocratización y destitución de los movimientos sociales, promovido por las izquierdas hegemónicas del continente. Alberto Acosta está entusiasmado, pero no se engaña, por los recientes levantamientos populares, que en su opinión, refuerzan que toda una sociabilidad y un modelo económico se han agotado. Economista y autor de varios libros, advierte del espectro de la militarización en todo el continente y proporciona algunos elementos que considera fundamentales para construir un nuevo momento político positivo para las masas.


-Correio da Cidadania: El llamado fin del ciclo de gobiernos progresistas fue sucedido por el retorno de la derecha, en algunos casos, como en Brasil, el más reaccionario y virulento desde el fin de la dictadura militar. ¿Qué explica esta dinámica en su visión y qué podemos visualizar como expectativas generales para el 2020?
Alberto Acosta: Para entender lo que está sucediendo en este momento en América Latina, especialmente en los países donde la derecha ha reemplazado -en algunos casos increíblemente rápido- a los gobiernos progresistas, como en los casos de Brasil y Bolivia, hay preguntas complementarias: ¿Por qué se han derribado estos procesos tan rápidamente? ¿Cómo se explica el ascenso de una ultraderecha que ya ha dejado de ocultar o esconder sus propuestas autoritarias, conservadoras y también neoliberales con prédicas homofóbicas y racistas?


Más allá de las indiscutibles acciones desestabilizadoras del Imperio, que se suman a la influencia del "cristo-neofascista internacional", en palabras del teólogo español Juan José Tamayo, algo no funcionó en la América Latina progresista en los años anteriores. Se ha hablado mucho sobre la revolución y el socialismo, incluyendo la democracia. Sin pretender agotar el tema, es evidente que los gobiernos progresistas no han logrado democratizar sus sociedades, en algunos casos incluso han pulverizado la institucionalidad política a la que se proponían cambiar a través de procesos constituyentes, como en Venezuela y Ecuador.


La corrupción ha estado presente de manera escandalosa en toda la región, incluso en esos gobiernos. Y el deseo de mantenerse en el poder contribuyó a la configuración de regímenes caudillistas y autoritarios, que en algunos casos para mantenerse terminaron por coincidir con las fuerzas conservadoras y la derecha corrupta, como ocurrió en Brasil en las alianzas del PT con el PMDB.


Pero hay más en el fondo. Los gobiernos progresistas no intentaron superar las estructuras tradicionales de sus economías primarias exportadoras, al contrario, las profundizaron: el extractivismo fue la fuente de ingresos para sostener los esquemas neo-desarrollistas y expandir las políticas sociales, en un marco de creciente consumismo financiado, mientras duró el ciclo de altos precios de las materias primas.


En resumen, el financiamiento de estas economías descansaba cada vez más en las exportaciones de productos primarios y en la atracción de inversiones extranjeras, aceptando una inserción subordinada en el comercio mundial y, de paso y en la práctica, una acción limitada por parte del Estado; la expansión del extractivismo vino de la mano de claras tendencias desindustrializadoras y un aumento de la fragilidad financiera. Y como bien sabemos, han consolidado un Estado que no sólo es rentista, sino también prácticas empresariales rentistas, esquemas que van acompañados de relaciones sociales clientelares y gobiernos autoritarios. El resumen es: más extractivismo, menos democracia, independientemente de si son gobiernos neoliberales puros o progresistas.


Para completar este escenario, con los gobiernos progresistas la lógica de la acumulación de capital no se ha visto afectada: a pesar de haber reducido la pobreza mientras había recursos para sostener las políticas sociales, y el consumismo, la concentración de la riqueza ha alcanzado niveles crecientes (tendencias que también se han registrado en los países de los gobiernos neoliberales).


Como señalamos con Eduardo Gudynas -en la búsqueda de causas para entender la derrota del PT en Brasil y las secuelas del triunfo del Bolsonaro para la región- todo esto explica por qué el neo-desarrollo -mientras duró el largo ciclo de altos precios de las materias primas- fue apoyado tanto por los sectores populares como por la élite empresarial: Lula da Silva fue aplaudido, por diferentes razones, tanto en los barrios pobres como en el Foro Económico de Davos.


En la práctica, uno de los dispositivos que posee el capitalismo para construir hegemonía, es su capacidad -especialmente durante el pico del ciclo capitalista- de reducir la desigualdad entre los trabajadores sin tocar la desigualdad entre ellos y las clases dominantes; tal capacidad es reconocida como -en palabras del gran economista peruano Jürgen Schudt- la hipótesis del "hocico de lagarto": un hocico compuesto de una mandíbula superior que refleja la alta desigualdad de la riqueza, que es rígida (casi estructural) y sólo se mueve ante cambios igualmente estructurales en las relaciones de propiedad de esta riqueza; y una mandíbula inferior que recoge la cambiante desigualdad de ingresos, que disminuye gracias a la amplitud de las etapas de pico (el "lagarto capitalista" suelta su presa cuando tiene mucho que comer), y aumenta debido a la escasez en las etapas de crisis (el "lagarto" aprieta su presa); todo ello en medio de un ciclo capitalista que se vuelve más volátil e inestable en sociedades extractivistas como las latinoamericanas.


Al mismo tiempo, el desarrollismo progresista, establecido en profundas raíces coloniales y sobre bases extractivistas cada vez mayores, se sustentó en controles crecientes y severos sobre la movilización ciudadana, en la criminalización de quienes se oponían a la expansión del extractivismo, así como en la flexibilización de las normas ambientales y laborales para atraer la inversión. Esto debilitó la base de las fuerzas sociales con capacidad de transformación. Todo esto ha abierto el camino para el surgimiento de la actual restauración conservadora, que en realidad comenzó durante los propios gobiernos progresistas -basta recordar cómo el correaísmo se opuso a la introducción de la posibilidad legal del aborto por violación en el Ecuador.


Aceptemos, por lo tanto: los progresistas, que surgieron de matrices de izquierda, al final simplemente administraron gobiernos que en esencia buscaban modernizar el capitalismo.


-Correo de la Ciudadanía: Sin embargo, donde la derecha ha recuperado el poder central, las tensiones sociales y los levantamientos populares han aumentado. ¿Qué explica esta dinámica en su opinión y qué expectativas podemos tener para el 2020?
Alberto Acosta: Con la llegada de la crisis económica desatada por la caída de los precios de las materias primas en el mercado mundial, las condiciones sociales se deterioraron y con ello la estabilidad política: si bien el consumismo era bastante desbordante, dicha estabilidad parecía segura y el progreso estaba en buena salud. La estabilidad política se vio afectada por este cambio de ciclo económico.


Un caso digno de mención es el de Argentina: en este país se sustituyó un gobierno progresista por uno neoliberal, el de Macri, que al fracasar rotundamente permitió el retorno del progresismo, contradiciendo a quienes creían que la fase de tal espectro había terminado. Desde otra perspectiva, es interesante observar que en Ecuador, donde el cambio de gobierno tuvo lugar dentro del mismo partido progresista, al concluir una fase de autoritarismo exacerbado -al pasar del gobierno de Correa al de Lenin Moreno- muchas organizaciones sociales anteriormente reprimidas con dureza pudieron reconstruir sus fuerzas.


Y, ciertamente, una vez terminada la bonanza progresista, el neoliberalismo encontró el terreno propicio para su resurgimiento con creciente fuerza; aunque también hay que señalar que en ciertos casos, como en el mismo Ecuador, se dejó la puerta entreabierta para este retorno, en la medida que el correaísmo alentó las privatizaciones de los grandes puertos o la entrega de los campos petroleros a las empresas transnacionales, abrió de par en par la puerta a la megaminación, reintrodujo elementos de flexibilización laboral, firmó un TLC (Tratado de Libre Comercio) con la Unión Europea... Finalmente, el país experimentó una especie de "neoliberalismo transgénico": un Estado fuerte sirvió para introducir algunos de los objetivos neoliberales más esperados.


Es decir, con los progresistas no hubo paso a las transformaciones estructurales que permitieran -al menos para empezar- construir bases económicas, sociales y políticas más sólidas para superar la dependencia extractiva y sus secuelas. Tampoco se han visto afectadas las estructuras de acumulación de capital, exacerbadas por el extractivismo desvergonzado: la minería, el petróleo, la agroindustria... Además, el progresismo, con sus políticas de disciplina social y de criminalización de los defensores de la naturaleza, ha debilitado las bases de la organización social, afectando a aquellos grupos que alguna vez se enfrentaron al neoliberalismo.


En este escenario, aprovechando el debilitamiento del progresismo y ante el deterioro de las fuerzas sociales con capacidad transformadora, las derechas retoman directamente al poder y desde allí emprenden políticas económicas que en esencia buscan aumentar aún más las condiciones de acumulación de capital, transfiriendo el costo del ajuste a los sectores populares y a la naturaleza, como ocurre una y otra vez en nuestra historia. Es decir, el "hocico de lagarto" se cierra de nuevo.


En este punto surgen muchas de las recientes luchas populares, exacerbadas también por la inviable promesa de progreso y desarrollo propia de la Modernidad. Así, tales acciones, con múltiples expresiones simbólicas, con contenidos diversos y particulares en cada país, caracterizaron el turbulento año 2019 y marcarán el del 2020, en el que la represión en sus múltiples formas estará en manos de la derecha y la sorpresa -como veremos más adelante- a cargo de las masas.


Este será un año en el que, sobre todo, debemos tener la capacidad de diferenciar lo que el progresismo realmente propone de lo que presentan los izquierdistas. Para enfrentar al neoliberalismo y sobre todo a las fuerzas de la ultraderecha, se pueden construir amplias alianzas que, aun así, no deben confundir a la izquierda en la conquista de su objetivo postcapitalista.


-Correio de la Ciudadana: ¿Cómo vio los levantamientos masivos en Colombia, Ecuador y Chile y qué es lo que tienen de más profundo?
Alberto Acosta: Son procesos alentadores. Son definitivamente alentadoras. A pesar de ciertos rasgos comunes, son procesos únicos y en cierto modo irrepetibles. Tales levantamientos son demostraciones de la capacidad de las sociedades en movimiento, con potenciales enormes e incluso impredecibles. De hecho, estos levantamientos no surgen de planes preconcebidos, y menos aún están inspirados en la lógica repetitiva del funcionamiento de muchas organizaciones sociales y políticas tradicionales. Estos levantamientos sorprendentes e innovadores, muestran que se puede dar un nuevo impulso a muchas acciones de lucha que de tan agotadora repetición, han pasado del ámbito de la constancia a convertirse sólo en una somnolienta y hasta tediosa obstinación.


Una característica de estos levantamientos es la sorpresa, no tanto por el asombro que han causado, incluso para aquellos que buscan leer con atención la evolución política y social, sino porque han influido en varios gobiernos? Este es el mayor potencial: la sorpresa como herramienta indispensable para lograr el progreso, que perdurará mientras la sociedad en movimiento mantenga una alta creatividad y, ciertamente, que haya claridad en los objetivos estratégicos a alcanzar, lo cual, insistimos, no puede ser una simple reedición actualizada de viejas propuestas, y menos aún la repetición cansadora de las mismas tácticas.


En estos países, a los que podemos añadir a Haití, se han producido varias situaciones explosivas durante mucho tiempo, pero no parecían tan potentes como para que pudiéramos anticipar una explosión de la magnitud que hemos experimentado en los últimos tiempos. En cada caso hay varios detonantes, como la eliminación de los subsidios a los combustibles en Ecuador o el aumento del precio del metro en Santiago, que encendieron la chispa para descubrir realidades muy complejas. En el caso colombiano y chileno, la cultura de la protesta es la dura experiencia del neoliberalismo, sin duda. En otros casos, como el ecuatoriano, la receta no sólo se nutre de ingredientes neoliberales, sino de una perversa mezcla de neoliberalismo con elementos propios del progresismo, que en el caso boliviano construyó el escenario del golpe de Estado por la falta de respeto del gobierno de Evo Morales a sus propias construcciones institucionales.


-Correio de la Ciudadana: ¿Hay algún elemento que pueda explicar estos levantamientos en América Latina relacionados con otros procesos en el planeta?
Alberto Acosta: Ese es un punto clave. El mundo, y no sólo América Latina, se ve sacudido por levantamientos que van más allá de los escenarios predecibles y que no pueden ser leídos con las herramientas tradicionales.
Por lo tanto, es urgente abordar tal evolución sin caer en análisis simplistas o generalizaciones que borren las especificidades, ni esperar a tener todos los elementos que permitan comprender la plenitud de tales procesos. Es el momento de interpretar lo que sucede para sacar conclusiones y lecciones al mismo tiempo que nos permitan actuar frente a desafíos de gran complejidad.


Este enfoque debe hacerse desde una perspectiva latinoamericana, tratando de identificar los mínimos denominadores comunes de estos procesos. Esta es la tarea urgente para construir alternativas de izquierda y enfrentar a la derecha.
Existen múltiples focos de indignación y frustración en un mundo que está experimentando una crisis multifacética: ecológica, social, económica, política... Una crisis que supera en todos los aspectos las conocidas crisis cíclicas propias del capitalismo y prefigura los cambios civilizadores. Las causas pueden ser diversas en cada caso, pero algunas reacciones y muchas de las confrontaciones con el orden establecido muestran algunos rasgos similares.


La institucionalidad política está en crisis. La democracia, independientemente del número de elecciones que se celebren, parece estar en modo avión, es decir, desactivada en la práctica. Los partidos políticos se han atrincherado en la defensa de sus intereses, al igual que los grandes medios de comunicación, que se niegan a entender lo que significan las sociedades en movimiento y el origen profundo de los levantamientos en marcha. La corrupción corre libre.


Las promesas de bienestar de la modernidad se ahogan en una realidad cada vez más deshumanizada y destructiva. Las élites gobernantes - políticas y empresariales - responden con una violencia creciente y profundizan los conflictos con su vandalismo neoliberal. Y en este escenario la frustración, especialmente en la juventud, en sus múltiples facetas alimenta las acciones de resistencia y protesta.


-Correio da Cidadania: ¿Por qué estas revueltas son difusas e involucran a diversos sectores de la sociedad, relegando a un segundo plano a los partidos, sindicatos y movimientos sociales más hegemónicos?
Alberto Acosta: Estos nuevos procesos se están llevando a cabo en muchas partes de nuestra América. Definitivamente, la frustración popular creada y acumulada por la civilización de la desigualdad y el daño que está dejando en la periferia del mundo, han generado las condiciones para una explosión social que hace temblar la escena política. “Esta movilización popular -como escribí en un artículo para introducir la lectura de la realidad ecuatoriana, con John Cajas-Guijarro- equivale a un terremoto que mueve y cuestiona los fundamentos de nuestras sociedades injustas e inequitativas, e incluso cuestiona las viejas formas y conceptos utilizados para entender a los sectores populares y su sufrimiento”.


Aquí -como ya se ha señalado- el reduccionismo es inadmisible, ya que oscurece el panorama e impide la construcción de estrategias que potencien esta ola de luchas de resistencia y de re-existencia. La lista de problemas y frustraciones acumuladas es larga y no se reduce a una u otra medida económica o política en particular, que, como ya se ha mencionado, pueden ser los detonantes de una explosión social, no su última causa.


Por lo tanto, sin que ello signifique la única o mayor explicación, el deterioro económico está en la raíz de muchos de estos procesos. Al desempleo y la miseria que surgen de este empeoramiento se suman las políticas económicas que aumentan la explotación del trabajo y la naturaleza. Pero la raíz del problema tiene muchas más aristas. El peso de las estructuras clasistas, patriarcales, xenófobas, racistas, etc. persiste e incluso emerge con doble fuerza, en oposición a las múltiples protestas libertarias, ya sean feministas, indígenas, ecologistas, campesinas, laborales.


A su vez, la propia violencia extractiva es un proceso interminable de conquista y colonización, que explica tanto el autoritarismo -progresista o neoliberal- como la corrupción, y da paso a una creciente resistencia territorial. Luchas que también están empezando a inundar las zonas urbanas: la reciente revuelta en Mendoza, Argentina, contra las megaminas es uno de los ejemplos más recientes. Definitivamente, la pobreza, la desigualdad, la destrucción de las comunidades y la naturaleza van de la mano de las frustraciones de grandes grupos - especialmente los jóvenes - movilizados sin nada que perder, porque incluso el futuro les ha robado.


Entender tal complejidad no es fácil. Aunque acojo con satisfacción estos levantamientos, en ningún caso surgen mecánicamente de ellos claras salidas democráticas; por ejemplo, el controvertido proceso constituyente chileno sigue siendo una oportunidad llena de amenazas aunque esté controlado por las mismas élites gobernantes. Lo que es más evidente es que la violencia estatal está creciendo rápidamente y hasta las sombras de la militarización de la política se ciernen como una constante en varios rincones de Nuestra América, desde Brasil hasta Ecuador, desde Venezuela hasta Bolivia, desde Chile hasta Colombia.


Dentro de esta complejidad observamos el agotamiento de una modalidad de acumulación y sus sistemas políticos -progresivos o neoliberales- sustentados en profundas estructuras injustas y coloniales y forzados a niveles explosivos por las insaciables demandas del capitalismo global. Como bien observa Raúl Zibechi: "las revueltas de octubre en América Latina tienen causas comunes, pero se expresan de manera diferente.


Responden a los problemas sociales y económicos que generan el extractivismo o la acumulación por despojo, la suma de los monocultivos, la minería a cielo abierto, las megaciudades de infraestructura y la especulación inmobiliaria urbana”.


Son problemas que nacen de las contradicciones del capitalismo periférico, bajo el cual los países latinoamericanos se ven constantemente empujados a perpetuar su carácter de economías primarias de exportación, siempre vulnerables y dependientes, que tienen tanto el autoritarismo, como la violencia y la corrupción, como condiciones necesarias para su cristalización. Al mismo tiempo, persiste la lógica perversa de que se privatizan las ganancias y se socializan las pérdidas, siempre con la complicidad entre el Estado y los grandes grupos de poder económico y político. Mientras tanto, la posibilidad de cristalizar patrones consumistas propios de un "modo de vida imperial" se diluye en la imaginación de amplios segmentos de la población, lo que sólo puede lograrse mediante la sobreexplotación del trabajo y de la naturaleza, lo que de hecho es algo irrepetible en general.


Ante tal injusticia e indolencia de poder, cuando las estructuras políticas se han vuelto hambrientas de poder por el poder, ¿qué le queda al pueblo más allá de la resistencia y la protesta?


-Correo de la Ciudadanía: ¿Está usted de acuerdo con la idea de que América Latina pierda su papel global en la actual reorganización económica que está sufriendo el planeta? ¿A qué estamos relegados?
Alberto Acosta: Aceptémoslo: América Latina nunca ha tenido un verdadero liderazgo mundial en términos de una reorganización de la economía mundial. Esta región ha sido condenada desde las horas más remotas del capitalismo - hace más de 500 años - como un sumiso proveedor de materias primas. La realidad no ha cambiado en absoluto. Por el contrario, con los regímenes neoliberales y progresistas, como ya se ha mencionado, la lógica del extractivismo y el desarrollismo ha dominado el imaginario político de la región en las últimas décadas. Las conquistas y la colonización son constantes en Nuestra América.


En este punto es lamentable ver la incapacidad de los gobiernos progresistas para dar paso a una sólida evolución integracionista. Esto habría permitido que la región se posicionara como un bloque poderoso en el contexto mundial. Los discursos sonoros no superaron las acciones de sumisión neoliberal. La neoliberal IIRSA (Iniciativa para la Integración Regional Sudamericana) se convirtió en COSIPLAN (Consejo Sudamericano de Infraestructura y Planificación), en esencia también neoliberal al asegurar la vinculación de varios recursos de la región con las demandas del capital transnacional y los mercados metropolitanos.


Brasil, por ejemplo, durante el largo período de gobierno del PT, lejos de ser un motor de un proceso de integración regional, ha profundizado sus prácticas subimperialistas en el continente, mientras que en el interior ha expandido el extractivismo, generando un proceso de clara desindustrialización. Todo esto ha profundizado las condiciones tradicionales de dependencia del mercado mundial.


-Correio da Cidadania: ¿Cuáles serían las alternativas al marco político y económico imperante? ¿Qué ventanas parecen ofrecerse para la apertura de un nuevo período histórico que va en la dirección opuesta a las imposiciones de este modelo de capitalismo y por qué son necesarias?
Alberto Acosta: Mientras los diferentes grupos de poder, aparentemente, se preparan para imponer el capitalismo total a través de varias formas de autoritarismo, incluyendo la de corte fascista, las luchas populares necesitan organizarse y verse a sí mismas como luchas de múltiples dimensiones. Deben asumir simultáneamente una dimensión clasista y ambiental (trabajo y naturaleza contra el capital), una dimensión descolonial (como la histórica reivindicación indígena), una dimensión feminista y antipatriarcal, una dimensión opuesta a la xenofobia y al racismo... Definitivamente, una lucha múltiple que debe buscar un mañana más justo para todos y todas. Una lucha que, partiendo de la rebelión, es la semilla de un nuevo futuro.


Dentro de este nuevo futuro, un elemento clave es la urgente necesidad de construir y planificar una nueva economía, al servicio de la vida humana -individuos y comunidades- y siempre en estrecha armonía con la naturaleza: la justicia social debe ir siempre acompañada de la justicia ecológica, y viceversa. La construcción de esta nueva economía es crucial, ya que la economía dominante en la civilización actual ahoga el mundo humano y natural, mientras acumula capital y poder en beneficio de pequeños segmentos de la población. Y mientras tanto, los desposeídos del sistema no tienen otro remedio para evitar morir en el olvido que luchar por el colapso de una economía que, siempre, busca salir de su crisis sacrificando vidas -e incluso la naturaleza- para sostener el poder de unas pocas élites.


En definitiva, lo que está claro es que la premisa descolonizadora y despatriarcalizadora, elementos fundamentales para superar la explotación de los seres humanos y la naturaleza por el capital, exige la refundación de los Estados nacionales coloniales, oligárquicos y capitalistas para que estas transformaciones no queden simplemente en los discursos. No se trata simplemente de ganar elecciones para acceder al poder, sino de construir el poder desde abajo, desde la izquierda y siempre con la Pachamama (la madre tierra) para impulsar un proceso de radicalización permanente de la democracia.


Por consiguiente, es urgente construir una nueva historia en el camino, que necesita una nueva democracia, pensada y sentida a partir de los aportes culturales de las diferentes comunidades, en particular de los pueblos marginados, ya que ellos son los creadores; es decir, una democracia inclusiva, armoniosa y respetuosa de la diversidad.


Todo ello en el marco de propuestas de transformaciones profundas y civilizadoras, en las que se debe hacer hincapié en garantizar simultáneamente la pluralidad y la radicalidad. Una tarea que no será posible de la noche a la mañana, sino a través de sucesivas aproximaciones, que enfrenten a todas aquellas máquinas de muerte que amenazan la supervivencia humana y la vida en el planeta. Requerimos acciones que fusionen las luchas de resistencia con acciones de re-existencia a nivel local, nacional, regional e internacional... Para hacer frente a la "internacional de la muerte" necesitaremos una "internacional de la vida", de una vida digna para todos los seres humanos y no humanos. Este esfuerzo debería liberar a las fuerzas sociales que ahora están atrapadas en diversas instituciones del poder estatal, mejorando sus capacidades de autosuficiencia, autogestión y autogobierno. Todo esto exige no sólo inteligencia en la crítica, no sólo profundidad en las alternativas, sino sobre todo la acción creativa de las fuerzas políticas que hacen posible estos procesos emancipatorios.

 

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