Sábado, 21 Diciembre 2019 06:40

2019: cambio de época

2019: cambio de época

“Te husmean la boca/no sea que hayas dicho: te amo. Te husmean el corazón”, escribió el gran poeta persa del siglo XX, Ahmad Shamlú, en su poema En este callejón sin salida de 1977.

Shamlú evidenció en estos versos la atmósfera del régimen del Shá de Irán, anticipó la naciente República islámica, y, especialmente, criticó el totalitarismo en cualquier época y forma.

Una década después, comenzó la imposición del proyecto neoliberal como sistema global hegemónico. Conservadores y progresistas, incluso aquellos que, como en Irán, tienen retórica antiestadunidense, fueron permitidos en el concierto civilizatorio, siempre y cuando sean capitalistas. Hoy no hay gobierno que no sea arrastrado por alguna atadura al extractivismo y el dependentismo.

Pero la promesa de la paz y el orden neoliberal nunca fue cumplida. Ni el fin de la historia ni el choque de civilizaciones ocurrieron, y más bien conformaron el disfraz retórico que ocultaba el afán expansivo neoliberal. Las cíclicas crisis (desde los 80 hasta 2008) fueron la rueda con la que caminó el nuevo sistema global. Las afectaciones más palpables golpearon a las clases populares de todo el mundo.

Desde la contracumbre y protesta de Seattle, acaecida en noviembre-diciembre, justo hace 20 años, hasta las protestas de este 2019 en diversas latitudes, desde Ecuador y Chile en América Latina hasta Irán, Irak, Líbano en Medio Oriente, y más allá: Argelia, Sudán, Hong Kong, India, muestran que desde el principio el neoliberalismo fue cuestionado.

La globalización no fue el triunfo de la libertad. Fue y es la etapa actual de la tiranía y la esclavitud escribieron los zapatistas ante el triunfo electoral de Donald Trump en Estados Unidos en 2017. Los rebeldes mayas del sureste caracterizaban así el agotamiento del modelo neoliberal para la transformación en algo peor: una rancia fórmula chovinista como nuevo garante del sistema.

Este agotamiento del modelo, y las insurrecciones que lo evidencian, alcanza a países muy disimiles. Irán por ejemplo, vive manifestaciones extendidas a 200 ciudades. Es la mayor rebelión desde el inicio de la República Islámica. El aumento de 200 por ciento del precio de los combustibles por el moderado detonó la salida a las calles de las mayorías del país golpeadas por las sanciones económicas estadunidenses en 2015. En la pasada década, después del llamado Movimiento Verde, el gobierno de Irán combinó su fundamentalismo religioso con el fundamentalismo de mercado, y siguió los dictados de políticas de shock contra las clases populares.

El poeta iraní murió después del fracaso del movimiento estudiantil de su país en 1999. Hasta entonces no dejó de escribir críticamente y preguntar: ¿cuánto falta para un nuevo nacimiento de la esperanza? Hoy parece llegar ese momento.

En el otro extremo, pero con iguales consecuencias, se encuentra su vecino Irak. A 17 años de la invasión encabezada por Estados Unidos, y tras una guerra civil que ha causado más de 200 mil muertos, la nueva democracia exportada por los estadunidenses sólo ha traído miseria. Así, la población joven tuvo que levantarse en este octubre en protestas por razones parecidas: las terribles condiciones de los servicios públicos (incluida la insalubridad del agua) y la rampante corrupción.

Todos estos países vivieron a lo largo de la época neoliberal un proceso gradual de precarización de la vida mediante políticas de shock y recortes de políticas que beneficiaban a los más desfavorecidos.

Así, en este cambio epocal, los Estados responden con violencia: 800 muertos en Irán, 400 en Irak, y las cifras de asesinados que ya conocemos en Chile y Bolivia, además de desapariciones, uso de milicias contra manifestantes, cancelación del servicio de Internet para evitar la difusión de la protesta y la denuncia.

Diez años después de las llamadas primaveras árabes –y de otros movimientos en Grecia y hasta México, y la imposición de regímenes terribles– las poblaciones insurrectas de este 2019 tienen un reto mayor: pensar su horizonte en otra clave, a la vez dentro y a la vez fuera de las grandes fechas y las demandas frente a los gobiernos. El cambio de enfoque está en su existencia misma. En ellas como fundación de comunidad y formas de vida diversas; formas que comienzan con un gesto, un freno, un levantamiento contra el viejo régimen hace pocas décadas presentado como nuevo.

En Irán, por ejemplo, la quema de bancos y de símbolos de la república fundamentalista, y que continúan con espacios liberados y reconstituidos desde abajo, como la Plaza Tahrir de Irak. El periodista del Washington Post Mustafa Salim lo define así: La plaza Tahrir se ha convertido en un templete del tipo de sociedad en el que los manifestantes dicen que quieren vivir. En Tahrir cientos de personas proveen de comida gratis, decenas de voluntarios médicos dan atención. Se barre por las mañanas, prenden velas por sus muertos y anotan sus nombres con caligrafía en las paredes. La población tomó edificios vacíos alrededor de la plaza, generaron su electricidad y formaron bibliotecas en él.

El reto frente al chovinismo global, la nueva actualización del capital, no es menor. Y aunque pareciera que las insurgencias no tienen un plan: ellas son el plan, dice el politólogo Benjamin Arditi. Así, la renuncia de los primeros ministros de Líbano e Irak son poca cosa comparado con la bella paradoja del mundo distinto que es el quehacer del otro mundo posible, generado diariamente, presente en todo el mundo: los cabildos chilenos, los cantones del Kurdistán sirio, y la semilla de la primera rebelión contra el neoliberalismo que son los pueblos zapatistas, los cuales multiplicaron sus caracoles autónomos a mediados de este año, con la certeza que canta la poeta palestina Fadwa Tuqan, saben que: más allá de las fronteras de la noche/el sol nos sigue esperando, y la luna.

* Cronista

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La crisis climática y los movimientos antisistémicos

"Fracaso" es el vocablo más utilizado a la hora de evaluar la 25 Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP-25), realizada del 2 al 13 de diciembre en Madrid. Luego de un cuarto de siglo y de otras tantas conferencias, el cambio climático sigue avanzando y se transforma en caos climático para los sectores populares del Sur global, los más afectados por catástrofes evitables.

En esta conferencia, los países emergentes como China, India y Brasil se mostraron contrarios a elevar las restricciones necesarias para revertir daños. Estados Unidos y Australia también jugaron un papel en el fracaso de la conferencia. En todo caso, las presiones de las multinacionales petroleras y de la geoingeniería, aliadas con los gobiernos, tienen motivos de sobra para evitar cualquier acción contundente.

En todo este proceso y durante la conferencia en Madrid, se han multiplicado las manifestaciones populares con el objetivo de presionar a las autoridades para que se involucren seriamente en el asunto.

Creo que tanto las personas activas vinculadas a ONG como las militantes ambientalistas, se equivocan tanto en sus prioridades como en los métodos de acción que están empleando. Intentaré explicarlo.

En primer lugar, difundir la idea de que los gobiernos pueden hacer algo respecto al cambio climático y que las Naciones Unidas son un ámbito para vehiculizar políticas positivas, me parece erróneo porque propagamos la confusión sobre las supuestas bondades del sistema. Todo el entramado de convenios como el Protocolo de Kioto y los Acuerdos de París, no han conseguido nada.

Que a estas alturas tengamos confianza en las Naciones Unidas, es tanto como creer en los Estados para la solución de nuestros problemas. Entiendo que las ONG acudan a cada convocatoria, porque tienen intereses comunes con el sistema internacional e interestatal. Pero me parece desacertado que las y los militantes de abajo lo hagan, porque induce a confusión y desvía la atención sobre los problemas centrales, que no son otros que el capitalismo.

La clave del cambio climático hay que buscarla en la brutal concentración de poder en el uno por ciento más rico. Hasta que no sean desplazados o derrotados, no habrá la menor chance de cambiar nada en este mundo, en particular para los sectores populares. Prueba de ello es que luego de 25 conferencias, con gastos gigantescos en traslados, hoteles e infraestructura, el poder del uno por ciento se ha incrementado y el cambio climático sigue su camino depredador.

En segundo lugar, las manifestaciones no tienen mucha utilidad. Tal vez sirven para calmar la ansiedad y el sentimiento de culpa de las clases medias globales. Llevamos casi dos siglos haciendo manifestaciones, algunas gigantescas, con millones en las calles. Los resultados son siempre los mismos: luego de la euforia, la gente vuelve a su rutina y nada cambia.

Lo que nos hace falta, es organizarnos en cada territorio, en cada barrio y en cada colonia, para autogobernarnos y no depender de los gobiernos sino de las decisiones de nuestras comunidades. Cuanto más organizado está un pueblo, menos manifestaciones realiza. Así nos enseñan los mapuche, los mayas y tantos otros pueblos que construyen sus autogobiernos.

La manifestaciones están siendo performances mediáticas de individualidades urbanas que no encuentran (no encontramos) otros modos. No condeno las manifestaciones, en las que participo a falta de algo mejor. Pero debemos aceptar que son útiles cuando desembocan en alzamientos como los que suceden estos meses.

La tercera cuestión, tal vez la más importante, es que sólo vemos una parte de la responsabilidad del cambio climático. En efecto, las multinacionales y sus gobiernos son grandes responsables, tanto las de los países del Norte como las de los países emergentes. Pero no queremos ver que la cultura consumista que practicamos es una de las grandes responsables del caos climático y del colapso al que nos dirigimos.

Si no transformamos la cultura hegemónica, no sólo la de las clases dominantes sino también la de los sectores populares, no avanzaremos un solo paso en el combate al caos climático. Esa cultura gira en torno al consumismo. ¿Quién les dice a los hindúes, por ejemplo, que no compren más coches, cuando poseen cuarenta veces menos vehículos por habitante que los estadunidenses? Para reducir el consumo, sería necesaria una dictadura feroz.

En vez de acudir como manso relleno a esas conferencias, creo que debemos dedicar nuestros esfuerzos a la construcción de arcas comunitarias para afrontar la tormenta que ya se cierne sobre nuestros pueblos. Días atrás compartí un encuentro con la universidad trashumante en Córdoba, Argentina. Todas las familias de los barrios populares sufrieron asesinatos o violaciones. La tormenta sistémica ya está entre nosotros, pero no afecta a las clases medias (por ahora) sino a los pueblos originarios, negros y pobres.

¿Seguiremos haciendo foco en encuentros por arriba?

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Miércoles, 18 Diciembre 2019 06:57

La movilización no se desinfla en Francia 

La movilización no se desinfla en Francia 

Tercera manifestación en 13 días de paro en contra de la reforma previsional

El pueblo huelguista fue nutrido: ferrocarrileros, maestros, profesores, abogados, enfermeros, policías, empleados del sector público o privado. La jornada de protesta resultó un éxito. 

 

Nadie está de acuerdo con la cifra de los manifestantes: 650 mil según la policía, más de un millón ochocientas mil personas para la CGT. En donde hay convergencia es en el peso de la continuidad de la huelga de transportes decretada por los sindicatos que se oponen a la reforma del sistema de pensiones presentado por el Primer Ministro Edouard Philippe. En el decimotercer día de huelga y la tercera manifestación, el tráfico ferroviario estuvo muy perturbado, hubo 8 líneas del Métro cerradas y la circulación de los autobuses restringida. El pueblo huelguista fue nutrido: ferrocarrileros, maestros, profesores, abogados, enfermeros, policías, empleados del sector público o privado. La jornada interprofesional de protesta resultó un éxito.

Lejos de desinflarse, la movilización mostró su fortaleza frente al proyecto de reformar el sistema de pensiones y cambiarlo por una jubilación universal por puntos. Esta fue la primera vez desde que se desató el movimiento social (5 de diciembre) que los sindicatos desfilaron por las ciudades francesas bajo la bandera de la unidad. Aliada al gobierno, la CFDT terminó por unirse al paro y a las manifestaciones a raíz de una frase del proyecto de ley: “l’áge pivot”, la edad de equilibrio fijada a los 64 años para jubilarse con todos los derechos contra los 62 actuales. ”Pese a los intentos de división del gobierno, la jornada ha sido un claro éxito”, dijo Philippe Martinez, el Secretario General de la CGT. Las líneas no se han movido. En vísperas de un encuentro entre el jefe del Ejecutivo y el conjunto de las centrales sindicales Edouard Philippe reiteró que su “determinación y la del conjunto del gobierno es total”.

El gobierno apuesta al desgaste del movimiento y al hartazgo de la opinión pública en un momento tan especial del año como el de las navidades. Hasta ahora, la estrategia de apostar por la calle contra los sindicatos no ha provocado las fisuras esperadas. Como hace un año con la revuelta de los chalecos amarillos, el presidente Emmanuel Macron vuelve a confrontarse a una oposición social que mantiene su vigencia pese al paso de las semanas. Aunque defiende con todo firme su reforma, el Ejecutivo salió más debilitado esta semana luego de la renuncia de Jean-Paul Delevoye, el ex Alto Comisionado para la jubilación y encargado de implementar la reforma. El diario Le Monde descubrió que Jean-Paul Delevoye estaba en el centro de un conflicto de intereses entre su función en el gobierno y sus actividades privadas no declaradas. Hubo una suerte de cortocircuito moral al mismo tiempo que una prolongada ausencia de respaldo social en torno a una reforma que debía ser de “arquitectura” para luego tornarse penalizadora para muchas categorías socio profesionales, empezando por las mujeres y terminando por la extensión de dos años suplementarios de la “edad de equilibrio”.

Unificar los 42 regímenes de pensiones existentes en uno solo “universal” era una idea planteada por Emmanuel Macron en su plataforma electoral y respaldada por la opinión pública. Sin embargo, cuando, hace unos diez días, se conocieron los pormenores, las interrogaciones se hicieron cada vez más insistentes y el frente social más sólido. El gobierno les pide a los sindicatos que hagan “una pausa” durante las fiestas de Navidad y fin de año, pero las centrales sindicales sienten que el Ejecutivo está en la cuerda floja y saben que la sociedad, por ahora, los respalda.

 Atravesar el corazón de las manifestaciones parisinas era escuchar la misma indignación: una reforma inigulitaria, que castiga a las mujeres, que amplía la edad de la jubilación y un calculo, el punto, cuyo valor real es el segundo tema de desconfianza. Las pancartas y los grafitis muestran que ese tema del valor del punto mediante el cual se calculará el monto de la jubilación es, más que la edad, el detalle que cristaliza toda la bronca. ”No le tenemos confianza al macronismo. Ese cuento del punto es una manera disfrazada de que las jubilaciones bajen”, decía, motivada, Veronique, una enfermera del hospital parisino de la Pitié-Salpêtrière. 

Cuanto más transcurren los días más crece el recelo. La intención del gobierno de llevar a cabo una reforma clara, segura, que inspire confianza y que sea equitativa desembocó en una percepción de todo lo contrario: la reforma es percibida como confusa, socialmente insegura, poco confiable y desigual. Esta situación se refleja en las altas cifras de participación. Durante la primera manifestación nacional del 5 de diciembre hubo 860 mil manifestantes (fuentes oficiales), en la segunda (10 de diciembre) 340 mil y en la tercera 650 mil. Entre la primera manifestación y la de ayer también cambiaron los perfiles: el 5 de diciembre la gente salió a la calle en modo advertencia, sin conocer el contenido de la reforma. Un par de días después, el Primer Ministro la hizo pública y, desde entonces, las marchas son contra el proyecto. Entre tanto se instalo una sólida conciencia de que, lo que estaba en juego, era el futuro de varias generaciones jóvenes. Ello explica en mucho las ambivalencias del presente sobre quién ganará este ajedrez social.

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Martes, 17 Diciembre 2019 08:24

Colombia y el horizonte 2020-2021

Colombia y el horizonte 2020-2021

Con una alegre y diversa protesta social, y con una esperanza de acción y cambio pocas veces vista en Colombia, cierra 2019. Culmina un año pero también una década (2010-2019), diez años a lo largo de los cuales diversas protestas sociales de significativo realce tomaron forma y concitaron simpatías nacionales.

Paro nacional estudiantil –conocido como Mane–, irrupción de las dignidades agropecuarias, mingas indígenas de diversa potencia, otros movimientos estudiantiles de menor alcance, paros cívicos como los del Chocó y Buenaventura.

En ese mismo período de tiempo se vivió en Bogotá la experiencia de la alcaldía de la Colombia Humana, que alcanzó a perfilar aspectos puntuales de otro modelo de ciudad posible, experiencia que desnudó la voracidad del capital para el cual es inaceptable cualquier cambio, por mínimo que sea, como el de darle un vuelco a la naturaleza jurídica de la propiedad en un asunto como el de la basura. Aunque en menor escala, la experiencia liderada por el alcalde Jorge Iván Ospina en Cali también había revelado una eficiencia superior de una propuesta alterna, con vocación de liderazgo social, en el manejo de lo público y de los recursos económicos que son del conjunto social.

Unos y otros fueron sucesos que marcaron amplios grupos sociales y conglomerados, algunos de los cuales también estuvieron comprometidos con la agenda en pro de una negociación de paz con las Farc y el Eln. Es decir, termina una década en la que un grupo significativo de connacionales, hombres y mujeres, vivieron un proceso de politización, un proceso lleno de deseos de cambios profundos para el país. En fin, una paz esquiva en medio de una agenda guerrerista por la parte oficial.

En un período mucho más amplio, que comienza en 1990, el país todo comienza a padecer las consecuencias de un capitalismo reforzado, que se siente triunfante y sin competencia en el mundo entero: el capitalismo neoliberal. Fueron suficientes tres décadas de dominio y exabruptos para que la clase media, sobre todo, sintiera el peso de las medidas económicas, sociales y de administración pública que impone tal modelo y que se traducen en una tasa impositiva mayor para quienes devengan a partir de cuatro salarios mínimos, para quienes han invertido sus ahorros en una vivienda, para quienes poseen un carro por necesidad o status, en fin, para quienes no son ricos, y para quienes el hecho de arañarles cada vez más sus ingresos empieza a apretarles las condiciones de vida diaria, que muchas veces, para soportarlas o mantenerlas dentro de la demanda de lo que significa ser clase media –esa pequeña burguesía que cree ser y poseer lo que no es ni tiene–, les obliga a un perenne endeudamiento.

Bien, unas y otras realidades, uno y otro logro, pequeños pero presentes en la memoria de quienes los vivieron, y con eco sobre otros sectores sociales, son lo que ahora se suma, no de manera mecánica ni por efecto de un toque mágico de extraños personajes con superpoderes o como producto de una agrupación política que así lo haya propiciado, sino por efecto dinámico de esa conjunción entre opresiones y negaciones, entre sueños y luchas, entre violencias y rabias, entre exclusiones y amenazas, entre mensajes y discursos que van horadando el callo conservador de este país controlado por poderes y miedos de distinta estirpe. Un efecto mariposa va aleteando sobre conciencias y voluntades, rompiendo esquemas y sorprendiendo a viejos liderazgos que aun procesan lo que por estos está ocurriendo.

Esta es un aspecto de la realidad. Pero también hace parte de ella el efecto de las transformaciones sociales generadas por la tercera y la cuarta revoluciones científicas, en particular por la incontenible irrupción de la internet y la desestructuración del modelo comunicativo hasta ahora conocido. A la par, el eco lejano y cercano de irrupciones sociales en pro de una democracia ‘otra’, diferente de la imperante: la Primavera Árabe (la de antes y la que ahora está tomando cuerpo), el 11-M español, la destitución de presidentes en Ecuador, el progresismo en América Latina, el zapatismo con todo su ejemplo aleccionador, los Chalecos amarillos de Francia, las revueltas en Haití, las demandas de soberanía y democracia en Hong Kong, y los muy cercanos levantamientos en Chile y Ecuador contra lo que parece ser la ofensiva del capital tras una nueva etapa del neoliberalismo.

En ese interregno, en esa conjunción de pequeños, medianos y grandes sucesos, va quedando desnuda la democracia formal que sufrimos como sociedades oprimidas, y un nuevo referente de vida digna proyecta destellos de esperanza: sí es posible otra democracia, una que no sea simplemente formal, que se abra al protagonismo social –directa–, que afecte la redistribución de la riqueza que unos pocos concentran y que retome lo público como camino necesario para reconstruir soberanías –radical–, y que obligue a consultarles a las mayorías cuando el Estado central, en cabeza del Ejecutivo, pretenda enajenar lo que pertenece a todos, o lo que implica afectaciones para todos, cuando el asunto en cuestión, en el caso colombiano, no haya sido aireado en la campaña electoral para llegar a la Casa de Nariño.

Es precisamente ese referente democrático, que deberá reencauzar los acelerados flujos financieros, expresión de un capitalismo financiarizado que especula y destruye el aparato productivo de gran cantidad de naciones; referente de otro modelo social que ya está tomando forma a través de la socialización de procesos creativos, productivos y comerciales, aunque no a través de la socialización de lo producido por todos; proceso de otra democracia que puede encabezar otras formas de gobierno, cada vez más colectivas y dialógicas, lo que ahora se pone a la orden del día en nuestro país, situándose como referente necesario por disputar en las jornadas de lucha que, como prolongación de lo acaecido desde el 21N, caracterizarán al país a lo largo de 2020-2021.

Es esta un disputa de gobierno y poder que deberá ganar asiento territorial y protagonismo de base, con asambleas de todo tipo y tamaño a lo largo y ancho del país, acción de reencuentro y tensión de fuerzas que –como método– puede asumir un recorrido colectivo y múltiple del país, una especie de Vuelta a Colombia de movimientos sociales, una Vuelta para dejar de ser lo que somos y empezar a ser lo que soñamos, de la cual, en todas sus etapas, deberá dejar, entre otros productos, una plataforma de lucha, especie de programa de gobierno por concretar en cada uno de los territorios, sin esperar cambio de administración alguno, aunque sin oponerse a tal posibilidad.

Es otra democracia, que sí es posible, para ser gobierno, en lo pequeño y cotidiano, como en lo más grande y/o estructural.

Aprovechemos los cambios, en proceso y ante nosotros, para también transformamos con ellos.

 

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El movimiento social francés, vigente entre paros y navidades

Continúa la protesta contra la reforma de pensiones de Macron

A pesar de las incomodidades que acarrean, las huelgas en los transportes públicos aún gozan de un respaldo mayoritario. 

 

Frío y paciencia. Por estas fechas de compras navideñas los centros comerciales están repletos de gente hasta tal punto que suelen formarse grupos enormes en torno a las cajas y los mostradores donde se envuelven las compras con papel regalo. Ahora los grupos no están adentro sino afuera: en las paradas de los autobuses, en los andenes del Métro o de las estaciones de trenes. El movimiento social desatado por la reforma de las pensiones sigue vigente y con mucha fuerza. Los transportes públicos son escasos y entre las navidades y los paros los parisinos han ido a buscar al fondo de si mismos la convicción y la tolerancia. Todos estás concernidos. 

A pesar de las incomodidades que acarrean, las huelgas en los transportes públicos gozan aún de un respaldo mayoritario. Una encuesta realizada este fin de semana por la consultora IFOP indica que 54% respalda las huelgas. Al mismo tiempo, la encuesta revela que la sociedad está de acuerdo con una buena parte de las medidas anunciadas por el primer ministro Edouard Philippe, pero se opone mayoritariamente a que la edad de la jubilación se extienda hasta los 64 años (63%°) Ese ha sido precisamente el eje más polémico de la reforma, el que prolongó el movimiento social y el que cambió la relación de fuerzas en el movimiento sindical. 

Hasta que no se supo el contenido completo de las transformaciones hacia un régimen universal de jubilaciones, el sindicato reformista CFDT se mantuvo afuera del movimiento de oposición. No obstante, cuando el Ejecutivo expuso los detalles, la CFDT juzgó que la posibilidad de que se amplíe la jubilación a los 64 años representaba “una línea roja” que el gobierno atravesó. De ahí en más, la CFDT se unió a la CGT, FO y FSU, llamó a la huelga para este martes 17 y puso como condición el retiro de esa disposición.

La portavoz del gobierno, Sibeth Ndiaye, reiteró este lunes que la “reforma permanece, no la retiraremos”. La semana, con todo, empieza a teñirse de negro, tanto para la población como para el gobierno. El Ejecutivo perdió a la figura clave de la reforma, Jean-Paul Delevoye, el ahora exComisionado para las jubilaciones, autor del informe que dio lugar a la reforma y motor de la misma. Jean-Paul Delevoye fue forzado a la renuncia luego de que se descubriera un claro conflicto de intereses. El responsable se había olvidado de declarar ante la Alta autoridad para la Transparencia de la vida pública (HATVP) 13 funciones que estaba ejerciendo, algunas honoríficas, otras remuneradas. ”Mi error es de una ligereza culpable. Pago por eso. Es la dura ley de la responsabilidad, del ejemplo y de la transparencia”, Delevoye. El gobierno extravió en el peor momento a un hombre de centro derecha respetado incluso por los sindicatos, pero, al final, manchado por un conflicto de intereses. 

La Navidad que se avecina es un factor más de presión para el presidente Emmanuel Macron. Navidad es sinónimo de vacaciones de invierno, de decenas de miles de personas que viajan para estar con sus familias y de consumo. Las tres constantes de cada año están amenazas por el movimiento social cuya clave, hoy, sigue siendo la postura de la CFDT y de su líder, Laurent Berger, quien antes apoyaba la reforma. Con su cambio de postura, el Ejecutivo no sólo perdió a un aliado sino, también, la ventaja que le daba poder construir un relato público para acusar a la CGT de radical. Con Laurent Berger en el mismo campo que las demás fuerzas sindicales se reduce el margen de negociación. 

En un par de días, el gobierno se quedó sin Monsieur Retraite (El Señor Jubilación) y el sindicato que estaba a favor de la reforma. De aquí al próximo fin de semana todo apunta a permanecer en pie, tanto el conflicto como las largas caminatas para regresar a casa. 

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¿Por qué genera tanta indignación la reforma de las pensiones de Macron?

Por primera vez desde 2010, los sindicatos franceses se movilizan conjuntamente el martes contra el nuevo modelo de jubilación. Analizamos cinco cuestiones claves de esta polémica medida.

 

Es una de las medidas claves en el proyecto neoliberal de Emmanuel Macron. Tras dos años de negociaciones con la patronal y los sindicatos, el gobierno francés presentó el pasado miércoles su reforma de las pensiones. Una medida con la que el joven presidente pretende convertir el actual modelo de 42 regímenes de cotización en un único sistema por puntos. “Ha llegado el momento del sistema universal y se acaba el de los regímenes especiales”, aseguró el primer ministro Édouard Philippe durante la presentación de esta medida con un discurso trufado de fórmulas progresistas.

El ejecutivo centrista repite el mantra de que con el nuevo modelo “un euro cotizado dará los mismos derechos a todo el mundo”. La contestación a esta medida originó, sin embargo, la huelga del 5 de diciembre. Con cerca de un millón de personas en la calle, representó la mayor movilización social en Francia en la última década. “Este discurso de un sistema universal se trata en realidad de un mensaje propagandístico para lograr adoptar un régimen de pensiones por puntos cuyo principal objetivo será limitar sus costes”, defiende Romaric Godin, periodista en el diario digital Mediapart.

Con la presentación de la reforma, el gobierno cabreó incluso a aquellos sindicatos que hasta ahora no se oponían a la medida, como la moderada CFDT, la organización sindical con un mayor número de afiliados en Francia. Lo que favoreció la unidad de acción entre los sindicatos. Por primera vez desde 2010, todos ellos se movilizarán conjuntamente en la jornada de huelga y protestas prevista para este martes.

¿Por qué la reforma de las pensiones de Macron genera tanta indignación en Francia? ¿Qué sacrificios comportará al modelo de jubilación francés, uno de los más avanzados del viejo continente? ¿Favorecerá a las mujeres como promete el ejecutivo? Analizamos cinco cuestiones claves para entender el malestar desatado por esta medida.

1. ¿La reforma comportará una disminución de las pensiones?

Sí, probablemente. Según el colectivo ciudadano RéformedesRetraites (Reforma de las Pensiones), formado por trabajadores y economistas, los futuros jubilados percibirán unas pensiones entre un 15% y un 23% más bajas que las de sus conciudadanos que se jubilen ahora con el mismo perfil profesional, salario y años cotizados. Las pensiones dejarán de calcularse en función del salario de los seis últimos meses en el caso de los funcionarios o los 25 mejores años en los trabajadores del sector privado. Con el nuevo sistema, lo harán a partir de los puntos acumulados a lo largo de la carrera profesional. Esto perjudicará a aquellos trabajadores con trayectorias salariales que hayan tardado más en despegar o periodos de desempleo en medio de su carrera.

“Esta reforma comportará un empobrecimiento de los futuros jubilados”, advierte Godin. Según este reputado analista económico, su objetivo principal “es pasar de un sistema con prestaciones definidas a uno nuevo con cotizaciones sociales definidas, en el que las pensiones servirán para ajustar el equilibrio financiero”. Es decir, adoptar un modelo que permita mantener estables, o incluso reducir, las cotizaciones sociales. De esta forma, garantizar el objetivo de “equilibrio financiero” del ejecutivo macronista, que consiste en limitar en el 13,8% el gasto público destinado a las prestaciones de jubilación. Una política, que unida al envejecimiento de la población, favorece una reducción de las pensiones.

“Nos comprometemos a que el valor del punto no sea establecido de forma arbitraria y pediremos a los actores sociales (patronal y sindicatos) que establezcan su valor, con la aprobación del Parlamento”, afirmó Philippe para calmar el malestar ante una futura caída de las pensiones. Además, indicó que establecerán una “regla de oro” para garantizar que el valor del punto no disminuirá. Y precisó que evolucionará en función de los salarios, en lugar de la inflación. No obstante, la disminución de las pensiones también puede hacerse retrasando de manera progresiva la edad de jubilación. Lo que reducirá las pensiones de aquellos que por motivos de salud o laborales se vean obligados a jubilarse antes.

2. ¿Macron quiere retrasar la edad de jubilación?

Durante la campaña de las presidenciales de 2017, Macron prometió que mantendría en 62 años la edad legal de jubilación. La nueva ley no modificará este aspecto, pero sí que establecerá una “edad de referencia” para jubilarse a los 64 años. El ejecutivo se ha sacado de la chistera este concepto de “edad de referencia” que servirá para disminuir las pensiones de aquellos que se jubilen antes de los 64, a pesar de que hayan cotizado durante un periodo completo, entre 42 y 43 años –en España es de 36 años y nueve meses–. Por cada año que se jubilen antes de la “edad de referencia”, la prestación disminuirá en un 5%.

Además, esta medida no solo se aplicará para aquellos afectados por el nuevo sistema por puntos –los nacidos a partir de 1975–, sino también a los que se jubilen en los próximos años. Según las previsiones del gobierno, a partir de 2022 la edad para jubilarse aumentará cuatro meses cada año antes de establecerse en 64 en 2027. “La única solución es trabajar un poco más, como ya sucede en el resto de Europa y del mundo”, defendió Philippe. Aunque los franceses pueden retirarse ahora a partir de los 62 años, la edad real de jubilación se sitúa en 63. En España es de 64 años y dos meses.

3. ¿Qué sectores se verán perjudicados?

Si la reforma es aprobada con su diseño actual, numerosos sectores saldrán perjudicados. Los grandes perdedores pueden ser aquellos funcionarios que empiezan su carrera con salarios modestos y estos aumentan progresivamente. Por ejemplo, los profesores, enfermeras, auxiliares de medicina… Sus pensiones se verán recortadas por el nuevo cómputo que ya no se realiza a partir de los seis últimos meses, sino de toda la carrera. También perjudicará a los asalariados del privado, después de que sus pensiones dejen de calcularse en función de los 25 mejores años. O profesiones liberales como los abogados, que perderán su régimen específico de cotización.

Además, saldrán perjudicados los trabajadores de las empresas públicas en los transportes ferroviarios (SNCF), metropolitanos (RATP) y en el sector eléctrico (EDF y Engie). Todos ellos verán como desaparecen sus regímenes especiales. Estos les garantizaban ventajas a la hora de jubilarse, como retirarse de la vida activa antes de los 60 años, en compensación a sus duras condiciones laborales. La desaparición de estos regímenes especiales se producirá, sin embargo, a partir de aquellos trabajadores nacidos en 1980 o 1985.

4. ¿Quiénes serán los ganadores?

El ejecutivo ha prometido que “una carrera completa tendrá una pensión mínima de 1.000 euros”. Según el proyecto actual, se compromete a establecer una jubilación mínima que equivalga al 85% del salario mínimo. No obstante, según el digital francés Basta!, esta medida ya forma parte de la legislación francesa desde 2003, pero no fue respetada durante la última década. Si Macron cumple con su palabra, esta pensión mínima beneficiará a aquellos sectores con jubilaciones más modestas, como los artesanos o los campesinos, cuya pensión media es de 970 euros. Tampoco se verán demasiado perjudicados los policías, militares o bomberos, ya que conservarán sus regímenes específicos de jubilación.

No obstante, los verdaderos ganadores serán los empresarios. Estos verán limitadas las cotizaciones sociales y, por consiguiente, el coste de la mano de obra. La nueva reforma “servirá para financiar la política de competitividad neoliberal del gobierno. Es el objetivo principal del sistema de jubilación por puntos”, afirma Godin, quien ha publicado recientemente el libro La guerre sociale en France.

5. ¿La reforma favorecerá a las mujeres?

Es uno de los mantras del gobierno. El nuevo modelo recompensará a las mujeres, con pensiones inferiores a las de los hombres. “Las mujeres serán las grandes ganadoras del sistema universal. Actualmente, las pensiones de las mujeres representan casi la mitad de las de los hombres. ¿Quién puede aceptarlo? Nadie”, dijo el primer ministro durante la presentación de la medida. Para mejorar sus jubilaciones, el gobierno pretende establecer una bonificación del 5% por cada hijo y del 7% a partir del tercero. Un bonus que deberán repartirse entre el padre o la madre, pero que de preferencia será para la progenitora.

Sin embargo, economistas, sindicalistas y grupos de reflexión pusieron en duda estas supuestas ventajas para las mujeres. “Hasta ahora aquellas familias con tres hijos veían cómo aumentaba su pensión un 10% tanto para la madre como el padre. Ahora será un 5% por cada hijo. Pero si el marido percibe una pensión de 3.000 euros y la mujer de 1.000, ¿quién se beneficiará de esta bonificación del 5%?”, se pregunta sobre sus posibles efectos contraproducentes el economista Henri Sterdyniak, director de departamento del Observatorio Francés de Coyunturas Económicas (OFCE) y considerado uno de los mayores expertos en el sistema de pensiones francés.

Según un informe reciente del Instituto de la protección social, esta medida comportará una disminución de las prestaciones para “muchas mujeres”. El ejecutivo también ha previsto suprimir una compensación de la que se benefician actualmente: la obtención de ocho trimestres suplementarios de cotización por cada hijo. Además, el hecho de retrasar la edad de jubilación a los 64 años también puede perjudicar a todas aquellas mujeres que por motivos laborales o de salud se ven obligadas a dejar su trabajo antes. Dieciséis mujeres sindicalistas, feministas y economistas lamentaron en un artículo en Le Monde que “al tomar en cuenta toda la carrera (…), esto disminuirá las pensiones para numerosas funcionarias y todas aquellas personas con carreras con altibajos, entre ellas muchas mujeres”.

PARÍS

ENRIC BONET

 @EnricQuart

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Por qué la clase trabajadora votó al partido del brexit

La noticia más llamativa de las elecciones británicas de este pasado jueves 12 de diciembre es que la mayoría absoluta en el Parlamento Británico conseguida por el Partido Conservador no se habría producido sin el voto masivo de amplios sectores de la clase trabajadora británica a este partido, una situación semejante a la que ocurrió en EEUU en las elecciones presidenciales de noviembre de 2015, que dieron como resultado la victoria de Trump. La predecible respuesta del establishment mediático liberal español ha sido atribuir la victoria del Partido Conservador a un rechazo del programa del Partido Laborista, percibido como excesivamente izquierdoso (el editorial de El País del 14.12.19 lo definió como paleoizquierdista), alentando a las fuerzas progresistas a que aprendan de lo ocurrido y vuelvan al centro (que quiere decir al socioliberalismo).

Los datos, sin embargo, no confirman esta lectura de lo ocurrido. En realidad, las encuestas fiables afirmaban que la gran mayoría de las propuestas del Partido Laborista eran valoradas positivamente por la mayoría de la población. Según la encuesta de YouGOV (compañía altamente reputada en círculos de análisis de opinión), el 64% de la población estaba de acuerdo, por ejemplo, en subir los impuestos sobre la renta a las personas que ganan anualmente más de 80.000 libras (equivalentes a más de 95.000 euros). A su vez, el 56% estaba a favor de la nacionalización de los ferrocarriles y de las compañías de agua de energía y de gas (medida definida como antigualla por el articulista neoliberal de El País Xavier Vidal-Folch); el 54% estaba a favor de que los trabajadores y empleados de una empresa ocuparan un tercio del órgano ejecutivo de una empresa; el 81% apoyaba un aumento del gasto público sanitario de un 4,3%; un 73% apoyaba un crecimiento del salario mínimo a 10 libras esterlinas por hora (unos 12 euros); un 59% estaba a favor de un New Green Deal, y así un largo etcétera. No es creíble, por lo tanto, que el programa del Partido Laborista asustara a la población. Asustó a las clases pudientes, pero no a las clases populares.

¿Cuál, pues, fue la causa? Fue el Brexit, esto es, salir o no de la Unión Europea. Este fue el tema central de la campaña y la población lo sabía. Y el candidato conservador se centró casi exclusivamente en resaltar que llevaría a cabo la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE), tal y como la población había votado en el referéndum del 23 de junio de 2016. Aquel día la sorpresa fue que la mayoría de la clase trabajadora votó a favor de salir de la UE. En realidad, el resultado entonces fue bastante equilibrado, con la mitad de la población de renta superior a favor de la permanencia, y con la mitad de la población de renta inferior en contra (el resultado global fue de un 51,9% de la población en contra de continuar en la UE, y de un 48,1% a favor de continuar en ella). Pero fue interesante ver que, dentro de la clase trabajadora, los que más favorecieron el Brexit fueron los parados y los que no tenían trabajo. En aquel referéndum se vio, así pues, una relación directa entre nivel de renta y apoyo a la permanencia en la UE. A más renta, mayor apoyo a dicha permanencia.

¿Por qué la clase trabajadora votó a favor del Brexit en el referéndum de 2016 y ahora ha apoyado al partido del Brexit?

La explicación más frecuente de este comportamiento en el referéndum (explicación que se ha sido dada también por algunos teóricos de izquierdas) es que las clases menos educadas votaron en contra de la permanencia y las más educadas votaron a favor. Tal visión –derivada de los trabajos sobre capital humano de Bourdieu en Europa y Lipset en EEUU– está muy generalizada en los círculos del establishment político-mediático del país y refleja un cierto desprecio hacia aquellos sectores de la población que no comulgan con la sabiduría convencional de dicho establishment (que estaba a favor de la permanencia en la UE), que son definidos como ignorantes o poco educados y carentes de cultura (el famoso capital humano).

El comportamiento electoral de la clase trabajadora es lógico y predecible

Pero no estamos ante una cuestión de capital humano. Veamos el porqué del rechazo a la UE. Y para ello hay que tener en cuenta que el proyecto de establecer la Unión Europea no ha sido popular entre las clases trabajadoras de la Europa Occidental. Solo hay que recordar que en prácticamente todos los países europeos donde se sometió a referéndum la fallida Constitución Europea (Francia, Países Bajos y Luxemburgo), la clase trabajadora votó en contra de forma muy mayoritaria. En Francia, el 79% de trabajadores manuales, el 67% de los trabajadores de servicios y el 98% de los trabajadores sindicalistas votaron en contra; en los Países Bajos lo hizo el 68% de los trabajadores; y en Luxemburgo el 69% de los trabajadores. Y lo que es también interesante es que en países donde no hubo referéndums pero se preguntó a la población qué hubiera votado en caso de haberlo se registraron cifras similares: en Alemania, el 68% de los trabajadores manuales y el 57% de los trabajadores de servicios estaban en contra de aquella constitución; en Dinamarca lo estaban el 72% de trabajadores manuales; y en Suecia lo estaban el 74% de trabajadores manuales y el 54% de los trabajadores de servicios. Y toda la evidencia existente muestra que esta animosidad hacia la UE no ha descendido. Al contrario, ha aumentado. Y lo que es también interesante es que las asociaciones patronales, el gran capital y las clases medias de renta alta y media alta (profesionales con educación superior) estaban entonces, y continúan estando ahora, a favor de la UE.

Repito, ello tiene muy poco que ver con el nivel de capital humano y con los que sostienen la tesis de que la clase trabajadora no está dotada de tal capital y, por lo tanto, es más vulnerable a ser engatusada por demagogos o figuras semejantes. Y si analizamos los datos en la distribución de las rentas vemos dos cosas. Una es que en cada uno de estos países –incluyendo el Reino Unido– ha habido un claro descenso desde que se fundó la UE del porcentaje de las rentas derivadas del trabajo sobre el total de rentas (siendo este hecho incluso más acentuado en los países de la Eurozona), hecho que se debe a la imposición de las políticas neoliberales (y digo imposición pues no estaban en sus programas electorales) por parte de los partidos gobernantes. El descenso de esta masa salarial fue el reflejo de un descenso de la estabilidad y de la calidad de los puestos de trabajo para la mayoría de los trabajadores, un descenso en el que la desregulación de la movilidad del capital y de la fuerza del trabajo que ha caracterizado el establecimiento de la UE jugó un papel clave.

Pero este descenso no fue uniforme, pues junto al aumento de las rentas derivadas del capital hubo un crecimiento de los salarios del sector profesional asalariado de alto nivel educativo, acentuándose todavía más la polarización social, siendo la clase media alta cosmopolita uno de los sectores beneficiados de tal movilidad y globalización (europeización), un fenómeno que afectó muy negativamente la calidad de vida y el bienestar de las clases populares, puesto que al deterioro de su salario y condiciones de trabajo, se añadía la destrucción y pérdida de la protección social como consecuencia de los recortes de sus derechos sociales (con los recortes del gasto público social) resultado del neoliberalismo imperante en las instituciones europeas. Es totalmente lógico (y nada tiene que ver con su supuesta falta de cultura o educación) que tales clases trabajadoras estén en contra de la globalización económica y contra la Unión Europea, y que tengan miedo de que los inmigrantes les quiten su puesto de trabajo (o que les abaraten el sueldo, pues es conocido que el empresario se aprovecha de tener trabajadores inmigrantes para bajar los salarios de su empresa).

Añádase a ello que otro elemento clave de su inseguridad es el miedo a perder su identidad. El nacionalismo es la respuesta identitaria previsible frente al internacionalismo de la globalización liberal. Hoy, el liberalismo, la ideología dominante, y la democracia liberal están deslegitimados en los sectores más victimizados por la aplicación de las políticas públicas neoliberales. Por lo tanto, era lógico y predecible que ganara el Brexit en el Reino Unido, algo que podría ocurrir en otros países también. De ahí que, como ya se ha indicado, sea comprensible el surgimiento de un nacionalismo identitario que representa el deseo de que no se diluya la identidad de uno, y todavía más si se ve a los inmigrantes como una variable que daña su seguridad. Así pues, el racismo y el clasismo no son la causa, sino la consecuencia de dicha inseguridad. Para revertir lo primero hay que resolver lo segundo. De lo que incluso amplios sectores de las izquierdas no parecen ser conscientes es que el auge de la ultraderecha no es consecuencia de un aumento del racismo, del nacionalismo y del machismo. Este aumento es la consecuencia y el síntoma de la principal causa: la inestabilidad e inseguridad de los sectores más vulnerables de la población. Sin ir más lejos, en Suecia surgió un partido de ultraderecha a partir de la aplicación que las derechas liberales y conservadoras hicieron de legislación neoliberal, la cual causó un gran deterioro del mercado laboral, origen del gran crecimiento de la ultraderecha.

Y esto explica en gran parte el Brexit. El establishment británico (desde la City al gran mundo empresarial, pasando por las clases medias profesionales) estaba a favor de la UE, mientras que gran parte de la clase trabajadora estaba en contra. El Partido Conservador ganó en partes del Reino Unido donde nunca antes lo habían hecho, ciudades y regiones con mayoría de clase trabajadora industrial (incluidas las cuencas mineras) del norte y oeste de Inglaterra (que habían votado a favor del Brexit). Ha sido, pues, una protesta de las víctimas del neoliberalismo, que las ha dañado. Parece paradójico que hayan votado al partido que ha llevado a cabo tales políticas, pero la gran astucia de Boris Johnson ha sido, precisamente, presentarse como el antiestablishment, incluso contra su partido, el Partido Conservador. Trump también se presentó (y ganó) como la voz del antiestablishment, tanto del Partido Republicano como del Partido Demócrata, y esa es la razón por la que lo votaron grandes sectores de la clase trabajadora.

Podría ocurrir el Brexit en otros países de la UE

La ideología neoliberal ha sido la dominante en las instituciones de gobernanza de la UE, desde el Consejo Europeo hasta el Banco Central Europeo, pasando por la Comisión Europea y el Parlamento Europeo. Y como era predecible, su aplicación a lo largo de esta comunidad ha tenido un impacto muy negativo en la calidad de vida y el bienestar de sus clases populares. La evidencia es clara. En un reciente estudio del profesor Javier Arregui, del UPF-JHU Public Policy Center, documenta y analiza quién ha ganado y quién ha perdido con el establecimiento de la UE (“Ganadores y perdedores en el proceso de integración: repensando la Unión desde una perspectiva de ciudadanía europea”), corroborando los resultados de estudios anteriores: las desigualdades sociales han crecido en prácticamente todos los Estados de la UE, con un aumento en el crecimiento de las rentas de las clases más pudientes a costa de un descenso en las rentas de las clases populares. Este es el fruto del neoliberalismo, que ha sido promovido por los mayores medios de información españoles durante todos estos años, los mismos que ahora acusan al Partido Laborista de tener un programa económico y social extremista -supuesta causa de su derrota-, silenciando que la principal causa fue la ambivalencia que este partido mostró hacia el Brexit. Mientras tales medios continúan aconsejando la aplicación de las políticas públicas neoliberales, que están causando el gran rechazo hacia la Unión Europea que ellos mismos han promovido. La única solución hubiera sido un cambio de 180º de las políticas realizadas por el establishment de la UE, lo cual es improbable que ocurra en un futuro próximo. En realidad, dicho establishment se está moviendo más y más hacia la derecha. La pérdida de legitimidad es inevitable, abriéndose un futuro muy incierto. Así de claro.

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Casas y un hospital en construcción resultaron dañados con el estallido, el martes pasado, de un auto-bomba cerca de la mayor base militar estadunidense en Afganistán, en la provincia Paruán, donde una persona murió y docenas resultaron heridas.Foto Afp

Ya no saben cómo ocultar las verdaderas razones por las que Estados Unidos (EU) ha permanecido 18 años en Afganistán: su guerra más extensa y plagada de vil desinformación cuando se invocó que era para gestionar la "democracia" y la "libertad (sic)".

Tras haber dilapidado un billón de dólares con 2 mil 400 muertos, The Washington Post –cuyo dueño es Jeff Bezos, mandamás de Amazon y acérrimo enemigo de Trump– reveló los bombásticos Papeles de Afganistán, donde se exhibe que EU “está en guerra contra la verdad (https://wapo.st/2rpK8yM)”.

Mas allá de la consabida "guerra del opio" que usó EU en Afganistán –su mayor productor global (https://bbc.in/2rnAexz) para intoxicar al triángulo RIC (Rusia/India/China)–, copia calcada de las dos guerras del opio que asestó el imperio británico a China en el siglo XIX (la primera de 1839 a 1844 y la segunda de 1853 a 1858), existen evidencias de que las consuetudinarias mentiras de EU sobre el país ocupado fueron, y siguen siendo, para enajenar sus minerales de tierras raras (REE, por sus siglas en inglés), tan preciadas en la guerra tecnológica que ya empezó entre EU y China (https://bit.ly/34ldpaY) y, más que nada, para despojar su litio, hoy tan de moda desde Sonora (México) hasta el triángulo de Bolivia/Chile/Argentina. Según Frazer Institute (https://bit.ly/2RT6y67) la Fuerza de Ayuda Internacional en Seguridad (ISAF) ha expuesto la pletórica riqueza minera de Afganistán: cobre, cobalto, hierro, bario, azufre, plomo, plata, zinc, niobio y 1.4 millones de toneladas métricas de "elementos de tierras raras" que, de acuerdo con las agencias de EU, tendrían un valor mayor a un billón de dólares (trillón en anglosajón).

Un memorándum clasificado del Pentágono denomina a Afganistán como "la Arabia Saudita del litio" –aunque "el litio técnicamente no es un REE, sirve a algunos de los mismos propósitos".

Hoy China produce 97 por ciento de los REE en el mundo y "ha obtenido derechos de exploración para el cobre, carbón, petróleo y depósitos de litio en Afganistán". En la década de 1980, durante su guerra en Afganistán, los expertos mineros soviéticos habían colectado datos y mapas sobre el litio y otros minerales: encontrados en la Biblioteca de la Investigación Geológica Afgana en la capital Kabul por los geólogos estadunidenses un cuarto de siglo más tarde (https://nyti.ms/2RGuk5o).

El estudio del Pentágono, reportado por The New York Times, aduce que Afganistán –en particular, la provincia de Ghazni–, ostente "uno de los mayores depósitos de litio en el mundo" con valor de un billón de dólares. El entonces general David Petraeus al mando del Comando Central de EU –quien luego resultó un vulgar mercader, más que un gallardo militar– comentó "el asombroso potencial de Afganistán", hoy devastado por EU con un paupérrimo PIB nominal de casi 21 mil millones de dólares: el país 113 en el ranking mundial, como Botswana.

Ya en 2009, como parte escenográfica de la ocupación minera y del "oro blanco" de EU, los "probos" funcionarios estadunidenses habían acusado al ministro de Minas de Afganistán de haber recibido un soborno de 30 millones de dólares para conceder a China los derechos para desarrollar una mina de cobre. Según el mismo New York Times, "los funcionarios estadunidenses temen que China, hambrienta de materias primas, intentará dominar el desarrollo de la riqueza mineral de Afganistán, que puede trastornar a EU, dadas sus fuertes inversiones en la región". Suena revelador, si no hilarante, que el Instituto Frazer proponga el "ejemplo minero y petrolero de México" –que a finales del siglo XIX se parecía a Afganistán (que hoy carece de "cultura minera")– para combatir su corrupción,"estabilizar" y resolver el problema del abasto de REE. Se nota, o también oculta, que el Instituto Frazer no se haya enterado del final infeliz de la enajenación minera de México –cuando las trasnacionales anglosajonas se llevan casi toda la extracción a cambio de migajas–, ni de la "reforma energética ­neoliberal".

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Domingo, 15 Diciembre 2019 06:34

El paro se estira y llega Navidad

Una mujer camina por la estación vacía de Gare de L'Est en Paris durante el paro de transporte. Imagen: AFP

Décimo día de huelga de transportes en Francia

La perspectiva de una Navidad sin trenes ni metros y con los aeropuertos colapsados preocupa a los ciudadanos y al gobierno

Diez días de huelga de transportes en Francia y la perspectiva de una Navidad sin trenes ni metros y con los aeropuertos colapsados preocupa a los ciudadanos y al gobierno, que quiere reunirse con los sindicatos para hablar sobre su polémica reforma del sistema de pensiones.

El sábado, entre un 25 y un 30 por ciento de los trenes de alta velocidad y los regionales funcionaban en el país. En París había nueve líneas de metro cerradas, sobre un total de 16, y algo más de la mitad de los autobuses conseguían circular.

El domingo la situación se mantendrá igual y los servicios de transporte en la capital se verán "muy afectados" por este movimiento de protesta el lunes. Faltan diez días para Navidad y ni gobierno, ni sindicatos, ni ciudadanos saben hasta cuándo durará esta huelga y de qué manera podría desbloquearse la situación.

Si el movimiento continúa podría poner en peligro las vacaciones de decenas de miles de personas, ya que harán falta varios días para recuperar la normalidad en los transportes. "Cada uno tendrá que asumir sus responsabilidades. No creo que los franceses aceptarían que algunos les privaran de ese momento" dijo el primer ministro Édouard Philippe en declaraciones al periódico Le Parisien. "La mitad de los viajeros" tendrán trenes para las fiestas de fin de año, según la SNCF, la compañía nacional de trenes francesa. 

Los sindicatos rechazaron de plano esta semana la idea de una tregua de Navidad. "Si el gobierno quiere que el conflicto termine antes de las fiestas, le queda una semana para tomar la buena decisión, optar por el sentido común y retirar su reforma de las pensiones", dijo a la AFP Laurent Brun, secretario general del sindicato CGT-Ferroviarios, el sindicato más importante de la SNCF.

"Para que circulen los trenes, el gobierno tiene que enviar un mensaje positivo", corroboró Roger Dillenseger, del sindicato UNSA-Ferroviarios.

- Protestas nacionales el martes

El sábado se celebraron protestas en algunas ciudades de Francia como Estrasburgo (este), Lyon (centro-este) y Rennes (oeste) y se esperan grandes manifestaciones el martes en todo el país en las que participarán no sólo empleados del sector transportes sino funcionarios, estudiantes, personal sanitario, abogados, profesores o jueces.

El primer sindicato francés CFDT se ha unido a esta movilización, furioso por que el gobierno haya añadido a su nuevo sistema de pensiones una "edad de equilibrio" fijada en los 64 años, por debajo de la cual no se cobrará la pensión completa. La edad de 64 años es "negociable", respondió el sábado la secretaria de Estado para el ministro de Economía, Angès Pannier-Runacher.

Esta semana, el gobierno y los profesores llegaron a un acuerdo para revalorizar sus salarios, lo que costará al Estado unos 10.000 millones de euros, aunque por ahora no se dijo cuándo entrará en vigor.

Los policías también suspendieron su movimiento de protesta el viernes después de haber obtenido la garantía del gobierno de que podrán jubilarse antes, dados los riesgos que entraña su profesión. El primer ministro, Edouard Philippe, invitó además a los sindicatos a una reunión la próxima semana, aunque por ahora no se sabe si éstos respondieron afirmativamente.

Pese a mostrar que puede hacer alguna concesión, el gobierno del presidente Emmanuel Macron no va a renunciar a su reforma del sistema de pensiones que quiere unificar los 42 sistemas diferentes que tiene el país en uno solo, con el que, según el gobierno, "todo el mundo saldrá ganando".

Desde Bruselas, el jefe de Estado consideró el viernes que esta reforma era "histórica". Los franceses están divididos sobre la reforma, según un sondeo. El 50% se dice favorable y el 49% está en contra. La jubilación es un tema sensible en Francia ya que la población defiende con uñas y dientes uno de los sistemas más generosos del mundo. 

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“La agonía de una civilización tan globalizada como excluyente”

Entrevista a Leonardo Boff, defensor de derechos humanos

 

Las señales que lanza la sociedad planetaria son preocupantes. “Estamos en medio de una crisis fundamental, ingresando en una era de barbarie, donde los derechos esenciales se desvanecen”, reflexiona Leonardo Boff. Militante social, co-iniciador de la Teología de la Liberación, uno de los impulsores de la Carta de la Tierra en el año 2000, premio Nobel alternativo en el 2001, Boff sintetiza las más variadas facetas de hombre de reflexión y acción. Aportando en esta reflexión la impronta del defensor de derechos humanos, una de los más marcantes en su Brasil natal, aunque de las menos conocidas en el exterior. Entrevista exclusiva realizada a los 40 años del nacimiento del Centro de Defensa de los Derechos Humanos de Petrópolis, en el Estado de Río de Janeiro, que Boff contribuyó a fundar en 1979 y del cual, en la actualidad, sigue siendo su presidente.

Pregunta: El Centro de Defensa de los Derechos Humanos de Petrópolis (CDDH) nació durante la última dictadura brasilera. ¿Qué significaba entonces, en concreto, defender los derechos esenciales de los brasileros?

Leonardo Boff: Nació como respuesta a la agresión sistemática de los derechos humanos de parte del gobierno militar, que consideraba como subversivos a todos los que eran opositores. En ese momento fue esencial la lucha por la democracia, ya que constituía una reivindicación esencial, prohibida por los militares. Sin embargo, desde el principio, tuvimos como lema “Servir a la vida”. Que expresaba el deseo de ir más allá de una visión meramente jurídica de los derechos, poniendo en el centro la vida amenazada. Este Centro fue esencial en la ciudad de Petrópolis, donde todavía habito, que, dada su topografía montañosa, era escenario de continuos deslizamientos de tierras que provocaban numerosas víctimas. El CDDH ayudó a mucha gente -con la cooperación entre todos-, a reconstruir sus casas o hacerlas nuevas. Pensábamos, ya entonces, en la vida como concepto integral, incorporando también la vida de la naturaleza. Desde el principio las luchas se centraron en la defensa de los derechos de los más pobres que viven en las periferias. Empezando por crear conciencia sobre sus derechos de tal forma que pudiesen ser protagonistas de sus propias reivindicaciones.

P: Es decir, la defensa de los derechos humanos desde la perspectiva y la centralidad de los actores sociales marginados…

LB: En efecto. En estos años se dio una intensa tarea de concientización y educación sobre los derechos, siempre, insisto, en la perspectiva de los pobres. Era para nosotros claro que el primer derecho es a la vida y a los medios de subsistencia. Luego, los demás, como, los de expresión, de ciudadanía etc. Siempre con la preocupación de crear comunidades, en las cuales los pobres pudieran discutir sus problemas y con nuestro apoyo, buscar ellos mismos soluciones viables. Como la ciudad de Petrópolis es política y socialmente muy conservadora –Ndr. fue la sede del Emperador Pedro II, de donde deriva su nombre– casi no existían organizaciones comprometidas con la justicia social. Con encuentros y cursos sobre derechos sociales, logramos promover una visión liberadora más crítica al sistema imperante. Priorizando desde siempre el trabajo con los jóvenes.

P: Nos podría dar un ejemplo de alguno de los proyectos emblemáticos…

LB: Para mí el proyecto más significativo fue el que denominamos “Pan y Belleza”. Se aseguraba el alimento básico de cerca de 300 personas que vivían en la calle. Podían llegar, ducharse, vestir ropas limpias - recogidas gracias a donaciones- y contar con una comida abundante y muy buena. Después, por la tarde, era el momento de la belleza. Consistía en rescatar su identidad, empezando por el uso de sus nombres, ya que la gran mayoría solo tenía apodos. Se les apoyaba en mantener su salud; se alfabetizó a muchos; se socializaban testimonios; se compartían actividades culturales; y, si era posible, tratábamos de proponerles un trabajo para promover su autonomía.

Bolsonaro se aprovechó de las debilidades del PT

P: 40 años después, Brasil vuelve a vivir una realidad compleja e incierta, incluso de la perspectiva de la defensa de los derechos humanos. ¿Cómo analiza hoy, casi un año después, la victoria de Jair Bolsonaro que reivindica, incluso, a la dictadura militar brasilera? ¿Qué falló en la pedagogía popular como para facilitar este tropezón histórico?

LB: Es una pregunta muy complicada. Hay que comenzar analizando el hecho que las oligarquías dominantes nunca han aceptado que un hijo de la pobreza, sobreviviente del hambre, llegara a ser presidente. Esos grupos de poder solo toleraron a Lula siempre y cuando respetara sus mecanismos de acumulación, la que desde siempre estuvo entre las más altas y concentrada del mundo. Lula, por su parte, en los años de Gobierno del Partido de los Trabajadores (PT), logró sacar de la miseria a cerca de 40 millones de personas. Implementando programas sociales como “Mi casa, mi vida”, que aseguró a millones una vivienda digna, o “Luz para todos”, que iluminó aun los rincones más alejados del país. Permitió, además, a jóvenes negros y empobrecidos, realizar estudios, incluso universitarios. Sin embargo, hubo un problema estratégico del PT de negociar alianzas en el parlamento -donde era minoría- con partidos sin ninguna sensibilidad social. Y perdió una parte del contacto con las bases populares que habían llevado a Lula al gobierno. También hubo corrupción que contaminó a miembros importante del equipo de Lula y de su sucesora Dilma Rousseff. Se les convirtió en chivo expiatorio de la corrupción cuando en realidad, el PT ocupaba solo el décimo lugar en el ranking entre los partidos políticos brasileros corruptos.

Hay que agregar al análisis, además, que, en los últimos años, en muchas partes del mundo, la derecha ha ganado fuerza, especialmente a partir del apoyo explícito del presidente norteamericano Donald Trump.

En Brasil, todos esos elementos, promovieron una atmósfera anti-PT. Y desde los mismos Estados Unidos se promovió una estrategia que instrumentó jueces, parlamentarios y policías, para atacar al Estado acusándole de ineficiente y descalificar a liderazgos populares como al mismo Lula. Incluso enviándole a la cárcel mediante un procedimiento jurídico totalmente irregular, condenado por “una acción indeterminada”, elemento que no existe en ningún código penal en el mundo. Lula fue un prisionero político. En la campaña electoral se difundieron millones de fakes news, de tal forma que Brasil fue contaminado por una ola de odio, rabia y disgregación social. Y en ese contexto, la consigna simplista, fue “hay que cambiar”, abriéndole la puerta a Jair Bolsonaro.

P: Con un programa elitista en lo económico, pero con promesas populistas…

LB: En efecto. Un ex militar, apoyado por los grandes grupos de poder. De extrema derecha, sin ninguna educación, buscando siempre la confrontación, alabando a los torturadores de antaño y las dictaduras militares, tanto de Brasil, como de Chile y Paraguay. Confrontando con palabras ofensivas a la canciller alemana Angela Merkel o al presidente francés Emmanuel Macron y a los candidatos del Frente de Todos de Argentina. Apoyándose en las iglesias neo pentecostales y en sus programas televisivos masivos que manipulan a millones de personas con todo tipo de mensajes mentirosos y distorsionadores. En este ambiente irrumpió Bolsonaro, quien está desmantelando aceleradamente todos los programas de inclusión social de los gobiernos de Lula y Dilma y quitando derechos esenciales a los trabajadores. Hay mucha desesperanza en el país. Incluso hay analistas que piensan que no terminará su mandato ya que las propias oligarquías que lo apoyaron ya no creen en su persona ni en el tipo de economía extremadamente neoliberal, sin ningún crecimiento y restringiendo las inversiones productivas.

“Sociedad posdemocrática, sin leyes”

P: A nivel de derechos humanos: ¿qué representa el Gobierno Bolsonaro?

LB: Es explícitamente homofóbico, se manifiesta contra la población LGBT, contra los negros e indígenas. Tiene un estilo vulgar de comunicación, “a la Trump”, vía Internet, actuando de forma autoritaria por encima de la constitución. Vivimos la realidad de una sociedad posdemocrática y sin leyes. Debido a que defiende la tortura, el acceso de la población a las armas de fuego, y la violencia, ésta ha aumentado considerablemente en el país. Solo el año pasado se registraron más de 65 mil asesinatos.

P: ¿Cuáles son las prioridades para los defensores de DDHH y organizaciones sociales?

LB: En esta coyuntura, la lucha es por la defensa de los derechos esenciales de los trabajadores, de las minorías sometidas y de los más pobres, de los cuales Bolsonaro nunca habla y a los que desprecia. En cuanto a derechos humanos, estamos volviendo al tiempo de la dictadura militar, cuando se trataba de salvar vidas secuestradas, torturadas…Ahora, la ola de violencia es animada por un presidente que en tanto candidato alabó la represión y a los torturadores. Los que usan la violencia, en particular contra los pobres y negros, se sienten respaldados por la máxima autoridad del país. Bolsonaro vive una paranoia que le lleva a ver en cualquier oposición la presencia “comunista” y que le lleva a sentirse víctima de una conspiración mundial. Ha estimulado la deforestación de la Amazonía, abierta completamente a las empresas mineras de USA y de China y promueve una visión claramente anti indígena. Los grandes incendios de extensos territorios amazónicos cuentan con el beneplácito del presidente, lo que está provocando un enorme escándalo nacional e internacional.

P: ¿Es decir, es de nuevo el momento de la defensa de los derechos humanos en su sentido más tradicional?

LB: En la etapa precedente muy diversos actores de base habían avanzado mucho en conceptualizar y promover los derechos sociales, los derechos de la naturaleza y de la Madre Tierra. Siento que ahora estos temas han perdido centralidad. Se trata hoy de salvaguardar los derechos humanos básicos, profundamente afectados. Sin embargo, se mantiene abierta la reflexión, especialmente la que se dio previa al Sínodo para la Amazonía, en torno a los derechos de la naturaleza. Brasil puede ofrecer un aporte significativo al conjunto del planeta a través de sus selvas y grandes ríos que sirven como filtros de absorción de CO2.

“Seres humanos que no reconocen a otros como humanos”

P: El repliegue nacionalista que promueve el gobierno brasilero coincide con proyectos xenofóbicos y con los muros antinmigrantes que se refuerzan en otras regiones del mundo, ya sea en Europa o en los mismos Estados Unidos de Norteamérica …

LB: Siento que estamos en medio de una crisis fundamental de civilización e ingresando en una era de barbarie. Donde se debilita la solidaridad entre los seres humanos y aumentan los oídos sordos hacia los gritos de la naturaleza y la Tierra. Nos estamos dando cuenta que no tenemos soluciones para los problemas que nosotros mismos hemos creado. En verdad, hemos convertido el Jardín del Edén en un matadero y el ser un humano en vez de ser su cuidador se transforma en el Satán de la Tierra. Cuando una civilización globalizada como la nuestra no logra incluir a todos, expresa que está agónica y camina rumbo a un desastre ecológico-social sin precedentes. Vivimos en una emergencia humanitaria, en la que seres humanos no reconocen a otros como humanos. Me refiero a seres que merecerían respeto y afirmación de sus derechos. Su negación constituye una especie de condena a muerte. De hecho, muchos mueren diariamente sea en las aguas del Mediterráneo, tratando de llegar a Europa, o en los senderos latinoamericanos rumbo a los Estados Unidos.

Sergio Ferrari

Rebelión

Sergio Ferrari, en colaboración con la Fundación solidaria suiza COOPERAXION, con proyectos de apoyo a los movimientos sociales en Brasil y Liberia

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