Miércoles, 06 Septiembre 2017 06:27

El Papa vuelve a Latinoamérica

El Papa vuelve a Latinoamérica

Entre hoy y el 10 de septiembre, el Pontífice visitará las ciudades de Bogotá, Medellín y Cartagena de Indias y tiene previsto pronunciar un total de doce alocuciones, entre homilías, discursos, saludos y un Angelus.


El papa Francisco afirmó ayer en un mensaje en la red social Twitter que en el viaje que emprende hoy a Colombia irá en búsqueda de la reconciliación y la paz. “Queridos amigos, por favor rueguen por mí y por toda Colombia, donde iré de viaje en búsqueda de la reconciliación y la paz en ese país”, escribió el pontífice en la versión en español de su cuenta @pontifex. El papa inicia hoy una visita a Colombia, donde tiene intención de enviar un mensaje de concordia a una sociedad muy polarizada tras más de 50 años de conflicto y que comienza un nuevo camino tras el acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC y el alto el fuego con el ELN.


Entre hoy y el 10 de septiembre el pontífice visitará, en el sexto país latinoamericano al que viaja, a las ciudades de Bogotá, Medellín y Cartagena de Indias, y tiene previsto pronunciar un total de doce alocuciones, entre homilías, discursos, saludos y un Ángelus.


Con su visita a Colombia el papa Francisco regresa hoy a la históricamente católica Latinoamérica, región que alberga a cerca del 40 por ciento de fieles en el mundo a esa religión, pero cuya identificación con esa creencia ha bajado progresivamente, mientras toman fuerza iglesias como la pentecostal y los agnósticos y ateos.


Aunque durante la mayor parte del siglo XX un 90 por ciento de los latinoamericanos era católico, ese porcentaje llega ahora al 69 por ciento y se prevé que siga bajando. “La Iglesia católica ha perdido millones de fieles en la región, principalmente ante la pentecostal. Y la razón principal de la elección del primer papa latinoamericano fue esa competencia”, aseguró hoy a Efe Andrew Chesnut, experto en Religión de América Latina y profesor de la Universidad de Virginia Commonwealth, al comentar sobre la visita del sumo pontífice esta semana a Colombia.


Se calcula que nueve millones de brasileños han dejado el catolicismo desde 2014 un año después del inicio del pontificado de Francisco, y el porcentaje de creyentes bajó a la mitad, mientras el de evangélicos creció al 29 por ciento, según el Instituto Datafolha.


“Y mi previsión es que Brasil, con la mayor población católica del mundo, ya no será de mayoría católica para el 2030”, añadió Chesnut.


De todas formas, el gigante sudamericano mantiene el mayor número de católicos bautizados del mundo, con 172,2 millones, indica el Anuario Pontificio 2017, de la Oficina Central de Estadísticas de la Iglesia.


México está en segundo lugar, con 110,9 millones de bautizados, 85 por ciento de su población, pero la cifra de los que profesan esa religión también ha caído desde los setenta, cuando era 96,2%, mientras se fortalece la fe protestante, evangélica o pentecostal (7,46%) y un 4,680% dice no seguir ninguna creencia.


Colombia, al que el papa Francisco llegará este miércoles, es el séptimo país del mundo con más bautizados en esta fe, con 45,3 millones, aunque ha crecido notablemente la influencia de la religión evangélica. Y le sigue Argentina, décimo país del mundo con mayor número de católicos bautizados (40,8 millones).


El Centro de Investigaciones Pew, con sede en Washington, considera que la tendencia a la conversión a otras religiones avanza rápidamente.


En el informe “Religión en América Latina, cambio generalizado en una región históricamente católica”, el centro Pew menciona que los países con mayor porcentaje de población católica son Paraguay, México, Colombia, Ecuador y Bolivia. Y en el otro extremo ubica a Honduras y Uruguay.


Sin embargo, “muchos latinoamericanos se han unido a iglesias evangélicas protestantes o han rechazado la religión organizada”, señala la institución. Así, en Ecuador, un 11 por ciento dice ser evangélico pese a haber sido criado como católico y la cifra de agnósticos y ateos bordea el ocho por ciento. Y en Paraguay, datos oficiales muestran que también se practica el islam y el judaísmo; mientras Bolivia mantiene un alto porcentaje de población católica (77 por ciento) y una representativa comunidad de cristianos no católicos (22 por ciento). En Perú también bajó la cifra de católicos, de 92,7 a 76 por ciento entre 1993 y 2014, mientras otras iglesias cristianas pasaron de 6,1 al 15 por ciento.


En la lista de mayoría católica siguen Venezuela, con unos 25 millones de fieles, y Panamá, elegida como sede de la Jornada Mundial de la Juventud en 2019 y que tiene m?s de 2 millones de creyentes. En el caso de Chile, que será visitado en enero por el papa, han aumentado las críticas a la postura católica respecto al aborto y el matrimonio homosexual.


El catolicismo ha dejado de ser también la religión dominante en buena parte de Centroamérica, según un análisis de 2016 del Instituto Español de Estudios Estratégicos. Así, en Guatemala casi la mitad de la población profesa la religión católica, 40 por ciento es protestante y un 11 se declara ateo o agnóstico.


Uruguay, considerado el país más laico de América Latina, tiene el menor porcentaje de católicos de la región (42 por ciento) y la mayor tasa de ateos y agnósticos (38 por ciento). “La Iglesia seguirá perdiendo fieles e influencia política”, pronostica Chesnut, al agregar que aún no hay una muestra concreta de que el papa argentino está frenando ese éxodo.

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El fútbol como manifestación de la universalidad de los intereses egoístas

“El interés general o común no es cabalmente otra cosa que la universalidad de los intereses egoístas”. Karl Marx.


El imperio del mercado es el imperio del valor de cambio. Y el valor de cambio es la manifestación de la división del trabajo. Y la división del trabajo concebida como interrelación e interdependencia significa que todos dependemos de todos, que todos trabajamos para todos, que todos satisfacemos las necesidades ajenas. Pero esta división del trabajo está organizada de modo capitalista, de modo que en esto de todos trabajamos para todos hay algunos que se llevan mucho más de lo que entregan. Los futbolistas de élite trabajan para los demás, producen un espectáculo que satisface las necesidades de entretenimiento y enajenación de la gente, pero ingresan a cambio demasiado dinero. Eso implica que muchos trabajan para ellos o entregan a cambio más de lo que rec iben. Uno de los secretos del enriquecimiento de los futbolistas de élite está en el modo de consumo, el hecho de que un solo producto, un partido de fútbol, pueda ser consumido de forma simultánea por millones de personas. Pero en el fútbol todo lo irracional e injusto se ha vuelto natural. El traspaso de Neymar al PSG ha costado 220 millones de euros y el propio Neymar ganará anualmente 30 millones de euros. Nadie se asombra y nadie hace nada, ni la izquierda llamada radical, que de continuo equivoca sus blancos. Y la gente en general, dominada por la ideología capitalista, admira la extrema riqueza y el exorbitante lujo. Sueñan con ese mundo. Desean ese mundo. Pero para eso está el Estado, la autoconciencia humana objetivada, para poner remedio a aquello que de modo natural produce prejuicios a las mayarías sociales. Así que como un solo partido de fútbol es consumido por millones de personas, el Estado puede hacer dos cosas: obligar a que la emisión de los partidos de fútbol sea gratis o imponer una carga impositiva del 90 por ciento a los ingresos de los clubes por los derechos televisivos.


Algunos se preguntan: ¿Quién decide el sueldo de Neymar? Y los más listos, los que están en los pupitres de delante de la clase, dicen con aparente seso: el mercado. Así el mercado, donde vendedores y compradores se encuentran, se transforma en una persona que toma decisiones. Ese tipo de respuesta, la afirmación de que es el mercado quien decide los precios, pone de manifiesto que la persona que da esa respuesta está enajenada, trata como a una persona lo que es el resultado de las relaciones de millones de personas en estado de enajenación, esto es, en estado de no controlar la relación social que han creado. Por eso es importante el Estado, para que hable, actúe y represente los intereses de los millones de consumidores del fútbol, y no que solo hablen los clubes de futbol y las cadenas de televisión. Si el mercado es una relación entre personas, dichas personas pueden decidir tener un mercado más justo, esto es, más socialista y menos capitalista. Si tenemos una educación y sanidad públicas, y esto genera tantos beneficios sociales que cualquier gran empresa lo considera un requisito imprescindible en sus inversiones, ¿por qué el entretenimiento futbolístico de las grandes masas tienen que estar en manos de crueles explotadores?


Pero hay más sabios. Son aquellos que dicen que el PSG rentabilizará la compra de los servicios de Neymar. Argumentan que ha sido “el genio” de Florentino Pérez quien ha visto en la publicidad y en la venta de camisetas la fuente de la enorme riqueza de los grandes clubes de Europa. Y así, con esos ingentes ingresos por publicidad, ventas de camisetas y derechos televisivos, las principales figuras del fútbol mundial se han transformado en dioses, en seres intocables, que rezuman riqueza y poder por todos los poros. Pero habría que acabar con ellos, bajarlos del pedestal, convertirlos en personas corrientes; y eso solo se lograría superando al enajenación mercantil capitalista, esto es, hablando del mercado no como una cosa dotada de voluntad sino como un encuentro entre seres humanos unidos por la división del trabajo y donde nadie se debería llevar demasiado, donde el esfuerzo y trabajo de uno como es el caso de Ronaldo y Messi, no pueda equivaler al esfuerzo y trabajo de un millón de personas que vivan del salario base. Los precios de las camisetas, al ser precios de monopolio, deberían ser precios intervenidos por el Estado, y los contratos de publicidad, que permiten a los Messi y Ronaldo ingresar injustamente grandes sumas de dinero, también tendrían que ser intervenido por el Estado. El 90 por ciento de esos ingresos deberían ser de propiedad pública. Y si esto se lograra a nivel europeo, e incluso a nivel mundial, los futbolistas no se convertirían en dioses engreídos y extremadamente egoístas. Aquí hablamos del egoísmo capitalista y no del egoísmo a secas. El egoísmo a secas significa que una persona piensa más en sí mismo que en los demás, mientras que el egoísmo capitalista significa que una persona se apropia para sí lo que es fruto de los demás. Lo que sucede es que este fenómeno, que una persona use en beneficio propio los frutos y conquistas sociales, es normal y legal en el sistema capitalista. Y la mentalidad capitalista es de sobra la mentalidad dominante en el mundo.


Pero alejémonos de los periodistas y empresarios que viven la enajenación positiva y que no son más que unos apologistas de un sistema generador de injusticias, desigualdades y cruel explotación de masas, vayamos al encuentro de aire limpio y ganemos en visión profunda y transcendental. Recurramos a Marx, como hacemos siempre que necesitamos descubrir la esencia del capitalismo y de la economía mercantil, vayamos a sus Grundrisse. Y allí, en la sección titulada ¿Cómo se manifiesta la ley de la apropiación en la circulación simple?, escuchemos sus sabias y poderosas palabras. Se pregunta Marx: “¿Cómo comprueba el individuo que su trabajo privado es un trabajo general y su producto un producto social general?” Y responde: “Por el contenido particular de su trabajo, del valor de uso particular de éste, que es objeto de la necesidad de otro individuo, el cual ofrece a cambio de él, como equivalente, su propio producto. Es decir, por el hecho de que su trabajo representa una particularidad dentro de la totalidad del trabajo social, una rama particular que lo complementa”. Aquí se manifiesta el carácter profundamente dialéctico del pensamiento de Marx. ¿Cómo compruebo que mi trabajo privado es un trabajo general? Por la particularidad, esto es, por la particularidad confirmo lo contrario de la particularidad: la generalidad. Y esto es así porque aquí lo general significa totalidad. Y el fútbol es solo una rama particular del trabajo, no la totalidad. Los futbolistas solo nos satisfacen una necesidad, no la totalidad de las necesidades. Pero hay más, no nos satisfacen una necesidad básica ni una necesidad fundamental, sin embargo, esta rama del trabajo, la actividad futbolística, se ha enseñoreado sobre la población y hemos dejado que así suceda. Ronaldo, Messi y Neymar necesitan del trabajo de los demás, necesitan de la totalidad del trabajo social, sin los cuales no podrían realizar su vida. Pero sucede que el trabajo social al tener forma capitalista ha permitido que estos individuos se enseñoreen sobre la sociedad y la explote. Así se expresa Marx en torno a esta dialéctica del trabajo social: “Solo produzco para mí al producir para la sociedad, cada uno de cuyos miembros trabaja, a su vez, para mí en otro círculo”.


Marx, más adelante, dice algo decisivo: “Los individuos producen dentro de la sociedad y para ella, como individuos sociales, pero al mismo tiempo esto se revela simplemente como un medio para objetivar su individualidad. Y como no se hallan circunscrito dentro de una comunidad natural ni, por otra parte, encuadran la comunidad como algo conscientemente común, necesariamente tiene que existir frente a los sujetos independientes como algo también independiente, externo y fortuito, como algo que existe frente a ellos en forma de cosas”. Esta cosa es el valor de cambio o dinero. Y ahora aclaro: Messi, Ronaldo y Neymar producen dentro de la sociedad, como individuos sociales; solo son lo que son en sociedad, fuera de ella no son nada. Dejados a su merced, en una isla abandonada, no sabrían incluso que pudiera existir algo llamado fútbol. Pero en la sociedad en la que vivimos, dominada por el sistema capitalista, sistema enajenador donde los haya, este carácter social de sus personalidades se presenta como un medio para objetivar su individualidad. Y en vez de mostrar su reconocimiento a la sociedad que los ha creado, Messi, Neymar y Ronaldo invierten la relación, exigiendo a la sociedad que agradezcan la existencia de su individualidad y de su actividad, como si lo que produjeran fuera fruto del aspecto privado de su individualidad y no de su aspecto social. El problema es que Messi, Neymar y Ronaldo no tienen conciencia de comunidad, no saben que lo que son lo son por la comunidad, y en vez de mostrar su agradecimiento a la comunidad la toman como medio para objetivar su individualidad. Puro endiosamiento.


Todos somos distintos porque todos realizamos trabajos distintos para satisfacer la necesidad social. Pero todos medimos nuestro esfuerzo con algo externo y común: el dinero. Todos los esfuerzos y los trabajos se hacen iguales en tanto se expresan en dinero. El dinero es la expresión de nuestro ser social, nuestro ser social objetivado, el valor de cambio desarrollado, la manifestación como cosa tangible de la enorme y rica división del trabajo. Pero por la forma capitalista de la producción sucede que hay personas como Messi y Ronaldo que su trabajo de un año se cambia por el trabajo de un millón de trabajadores que viven del salario mínimo. La totalidad, la rica división del trabajo social, aquello mediante lo cual podemos vivir de una manera plena y variada, se convierte gracias a su forma capitalista en un cruel sistema de explotación, donde unos pocos se apropian de ingentes cantidades de riqueza mientras los muchos apenas satisfacen sus necesidades básicas.


Pensemos en Nasser Al-Khelaïfi, presidente del PSG y de BeIN Sports, uno de las 100 personas más ricas del mundo, con un patrimonio valorado en 16.000 millones de euros, con el brazo por encima de Neymar, comentándole: Nos has costado muchísimo dinero, pero serás la estrella del PSG y tal vez, que digo tal vez, seguro que serás el mejor jugador del mundo en dos o tres años, tus camisetas valdrán oro, tus contratos publicitarios también valdrán oro, así que tú mismo te harás de oro. Piensa que el mercado mundial está a nuestros pies, la actividad futbolística no cesa de crecer, y la alianza entre los clubes de futbol, las cadenas televisivas y las grandes compañías por medio de la publicidad cada día es más fuerte. El Estado no podrá nada contra nosotros. Sabes que los políticos, con sueldos de mierda, viven bajo la tentación y las picaduras de la corrupción, y no son bien vistos por los ciudadanos. Así que no podemos temerles. Debemos olvidarnos de ellos e ir a lo nuestro. Piensa en la siguiente imagen: contempla un pueblo pobre y arrasado por la guerra; así y todo verás a los niños jugando al fútbol; y qué no daría un niño como ese por tener una camiseta de Neymar. ¡¿Qué me dices?! Hay que pensar en grande. Hay que ver negocio en todo. Así que alégrate. De todas las enajenaciones de masas la futbolística es la más poderosa. ¡El mundo es nuestro!

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A. Latina debe modificar sistema económico

La secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Cepal, Alicia Bárcena, instó a repensar el modelo económico e implementar un nuevo paradigma que contribuya a poner fin a las desigualdades económicas, sociales y ambientales y avanzar hacia el desarrollo sostenible.


La alta funcionaria de las Naciones Unidas participó en el evento de alto nivel “Fracturas en la globalización y sus implicancias para las economías emergentes”, realizado en Ciudad de México en el marco del decimoctavo Congreso Mundial de la Asociación Económica Internacional, IEA, organizado en conjunto con el Centro Mexicano de Investigación y Docencia Económicas, CIDE.


Durante su intervención en el primer panel, titulado “Repensar las finanzas globales - Perspectivas de las economías emergentes”, Alicia Bárcena afirmó que “el capitalismo y la hiperglobalización nos han llevado a problemas sociales, políticos y ambientales que no son sostenibles, por lo que debemos repensarnos como sociedad en términos de consumo y producción”.


Precisó que Latinoamérica requiere una política industrial y de diversificación productiva seria con miras a un mayor crecimiento y desarrollo.
En su análisis, la máxima representante de la Cepal llamó a la construcción de un nuevo pacto social que logre terminar con la creciente brecha entre ricos y pobres. Recordó que la brecha está llegando a nuevos extremos y citó las cifras de Credit Suisse que reveló recientemente que el 1% más rico ha acumulado más riqueza que el resto del mundo.

Mundo desigual


“Mientras tanto, la riqueza de la mitad inferior de la humanidad ha caído en los últimos seis años. Esta es sólo la última evidencia de que hoy vivimos en un mundo con niveles de desigualdad que tal vez no hemos visto durante más de un siglo”, alertó Alicia Bárcena.


Agregó que, según Forbes, sólo 8 individuos concentran la riqueza equivalente a la mitad más pobre de la humanidad y precisó que, entre estos multimillonarios, 6 están vinculados con industrias de tecnologías de la información y la comunicación (TIC).


Recordó que el manejo macroeconómico y las políticas industriales, de innovación y tecnológicas son cruciales para resolver los problemas sociales y advirtió que la heterogeneidad de las estructuras productivas entre los países se ve acentuada por la presente revolución tecnológica de la economía digital.


Asimismo afirmó que la globalización es cada vez más cuestionada, principalmente en los países desarrollados, lo que ha provocado un aumento de los nacionalismos, la oposición a nuevos acuerdos comerciales, resistencia a la inmigración y el surgimiento de movimientos contra la globalización.


Ante este escenario, la cooperación internacional es la llave para avanzar en la regulación de los mercados, administrar las tensiones, reducir las desigualdades y consolidar un sistema internacional abierto que proteja los bienes públicos y la prosperidad compartida e inclusiva.


Finalmente, Bárcena llamó a transitar hacia un multilateralismo abierto, mecanismo imprescindible para encarar las tensiones económicas, sociales y ambientales provocadas por la incierta coyuntura internacional.


El decimoctavo Congreso Mundial de la Asociación Internacional Económica (IEA) sobre Globalización, crecimiento y sostenibilidad, fue inaugurado por Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, quien abordó la dinámica de la desigualdad.


En el primer panel, junto a Alicia Bárcena, participaron Mario Blejer, de la London School of Economics; Anne Krueger, de la Johns Hopkins University, SAIS; Guillermo Ortiz, de BTG Pactual y Andrés Velasco, de la Columbia University.

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Latinoamérica es la región del mundo con mayor proporción de riqueza en paraísos fiscales

El 27% de los grandes patrimonios de la zona se encuentra depositado en países 'offshore', frente al 1% de EE UU y Canadá

 

Los paraísos fiscales tienen un filón con las grandes fortunas latinoamericanas. El 27% de la riqueza privada total de América Latina está depositada en países que ofrecen un tratamiento impositivo favorable para los más acaudalados, lo que le convierte en la región del mundo con mayor proporción de capitales privados en estas naciones, por delante de Oriente Medio y África (23%) y de Europa del este (20%). Y a años luz de Europa Occidental (7%), Asia-Pacífico (6%) y Estados Unidos y Canadá (1%), según un estudio presentado este miércoles por Boston Consulting Group, una de las mayores consultoras estratégicas del mundo.


El fracaso de la amnistía fiscal aprobada en Brasil a finales de 2015 —cuyo efecto sobre la repatriación de capitales ha sido "inferior de lo que se preveía"— ha impactado negativamente a las cifras totales de América Latina, según los autores del informe. "En lugar de repatriar dinero, muchos hogares brasileños revelaron riquezas depositadas en paraísos fiscales y optaron por dejarlas allí", subrayan. Brasil es la primera economía latinoamericana y cuna de algunas de las mayores fortunas de la región. Cuatro de las 100 personas más acaudaladas del planeta tienen nacionalidad brasileña. Y una treintena de personas de esa nacionalidad tiene más de 1.000 millones de dólares de patrimonio, el doble que en México y tres veces más que en Chile.


En el próximo lustro, los técnicos de Boston Consulting Group esperan que el patrimonio de grandes fortunas latinoamericanas depositado en paraísos fiscales aumente a un ritmo del 5% anual, ligeramente por debajo de la media global (3,7%) y solo por detrás de Asia-Pacífico (6%) y Oriente Medio y África (6%).


Según los datos del consultora estadounidense, de entre las jurisdicciones que ofrecen ventajas fiscales para las grandes fortunas, en 2016 los preferidos por los más acaudalados del mundo fueron Suiza (con 2,4 billones de patrimonio), el Caribe y Panamá (1,3), Reino Unido (1,3), Singapur (1,2) y Jersey y Guernsey e Irlanda (1,1).
Más patrimonio en manos privadas


El año pasado, la riqueza total de América Latina en manos privadas repuntó un 9% hasta los 5,4 billones de dólares. Y la tendencia al alza se mantendrá en los cinco próximos años, en los que crecerá a una tasa media anual del 6,3%. En 2016, el crecimiento del dinero en manos privadas latinoamericanas fue el segundo más alto de todo el mundo, solo por detrás de Asia-Pacífico (9,5%). Y tuvo origen —fundamentalmente— en la revalorización de las inversiones existentes. Por países, Colombia registró la mayor tasa de crecimiento (14%) por delante de Brasil y México (10% en ambos casos).


Dentro del segmento de personas con un patrimonio superior a los 250.000 dólares, los más beneficiados en Latinoamérica el año pasado fueron quienes tienen una fortuna de entre 20 y 30 millones de dólares, que vieron como sus inversiones crecer a un ritmo del 13%, seguidos por aquellos que tienen entre uno y 20 millones y por quienes poseen un patrimonio superior a los 100 millones de dólares. En todos los casos, el principal factor de crecimiento fue el buen comportamiento de las Bolsas de valores, pese a que la forma de ahorro preferida (más de la mitad del total) siguen siendo los depósitos y el dinero líquido.

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El dinero de la Iglesia El espíritu pagano de los 'negocios de Dios'

La Iglesia católica, pese a decirse al servicio de los pobres, maneja su patrimonio financiero con los mismos criterios que cualquier empresa. Compra títulos deuda pública, se beneficia de las sicav y busca ganar rentabilidad e influencia con sus multimillonarias inversiones.

 

Madrid
13/06/2017 21:55 Actualizado: 14/06/2017 08:39

Aunque su reino no sea de este mundo, la Iglesia católica nunca ha descuidado los asuntos terrenales. Como cualquier empresa, procura administrar su copioso patrimonio con criterios de rentabilidad y/o influencia. Sobre todo, el patrimonio financiero: los miles y miles de millones que cada año pasan por sus manos, procedentes de las arcas públicas o de las donaciones de sus fieles.


Los negocios de Dios son tan universales como su Iglesia y tienen su epicentro en la sede apostólica de Roma, aunque se extienden por los centenares de diócesis del planeta que cuentan con recursos para hacerlos. Hay ejemplos muy reveladores de hasta dónde llega el poderío económico y cuál la forma en la que gestiona su dinero una institución que se proclama al servicio de los pobres.


A finales de 2012, el Banco Vaticano no quiso quedarse al margen de los pingües beneficios derivados de la crisis de la deuda, que puso por las nubes la rentabilidad de los bonos del Estado. Para sumarse al festín, colocó en ese tipo de productos cerca de dos mil millones, la mayor parte en dos países sobre los que pendía la espada de Damocles de la intervención: Italia (1.179 millones) y España (589 millones).


Se trata sin duda de cifras modestas, comparadas con las que movilizaron por aquella época los grandes inversores institucionales, pero constituyen una prueba irrefutable de que el modus operandi de quienes gestionan la Iglesia no difiere del más habitual en las entidades con ánimo de lucro. A pesar de que, al menos en teoría, los fines que persiguen son radicalmente distintos.


Por supuesto, la Iglesia española no constituye ninguna excepción y, cuando opera en los mercados financieros, parece regirse por aquello de “a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”. De ahí que, durante años, no haya tenido el más mínimo pudor en utilizar unos de los instrumentos favoritos de los ricos para engordar su patrimonio con el menor coste fiscal.


A principios de 2008, la Iglesia controlaba varias sicav, las sociedades de inversión colectiva cuyos beneficios gozan del privilegio de tributar sólo al 1%. Umasges tenía como socios a los arzobispados de Madrid y de Burgos y a la Mutua Umas, perteneciente a la órbita de la Conferencia Episcopal. En Vayomer y Gran Premier había también una clara presencia eclesiástica, aunque el aliado era en este caso (quién mejor) el banco portugués Espirito Santo.


La crisis se llevó por delante algunas de estas sicav: Umasges fue disuelta en el mismo 2008 y Gran Premiere, en 2011. Vayomer cambió en 2012 su nombre por el de Naujirdam Inversiones, y otro tanto ocurrió con Finanzas Querqus, propiedad de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, que pasó a llamarse Relian Capital. Pero el objetivo seguía siendo idéntico: sacar la máxima rentabilidad y pagar los mínimos impuestos.


Para saber en qué activos colocan sus activos estas sicav, basta con echar un vistazo a último informe de Naujirdam depositado en la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y correspondiente al primer trimestre de 2017. Títulos de renta fija y acciones de grandes empresas, como Banco Santander, Telefónica o Repsol, forman parte de su cartera, por un importe total que rondaba los cinco millones de euros a esa fecha.


Por cierto que la existencia de Naujirdam se compadece mal con el manual de inversiones financieras que aprobó el Plenario de la Conferencia Episcopal celebrado en noviembre de 2016. Según la información que trascendió entonces sobre su contenido, los obispos se comprometieron a no invertir en paraísos fiscales, ni realizar operaciones de carácter especulativo... ni utilizar sicav.


La afición de la Iglesia a poner su dinero bajo el sol que más calienta viene de antiguo y ha hecho que sobre ella caiga algún inesperado chaparrón. El más sonado fue, sin duda, el escándalo de Gescartera, la agencia de valores intervenida en 2001 por defraudar a sus clientes después de ofrecerles altas rentabilidades. Unos veinte millones de euros perdieron las instituciones religiosas que confiaron en ella.


Al menos dos diócesis figuraron entre los damnificados: la de Valladolid y la de Astorga. El ecónomo (administrador) de esta última, el sacerdote Ángel Lucio Vallejo Balda, fue nombrado tiempos después secretario de la Prefectura para Asuntos Económicos de la Santa Sede, seguramente en recompensa por su buen olfato. Ya con Francisco como papa, Vallejo Balda protagonizaría la filtración de documentos pontificios secretos bautizada con el nombre de Vatileaks 2, por la que fue condenado en 2016 a 18 meses de prisión.


Si Gescartera constituyó un ejemplo de las consecuencias de la avaricia en la gestión del patrimonio financiero de la Iglesia, el más reciente del Banco Popular refleja hasta qué punto organizaciones vinculadas a ella están dispuestas a arriesgar mucho dinero a cambio de mantener ciertas cuotas de influencia y de poder.
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Uno de los pesos del banco ha sido tradicionalmente la Sindicatura de Accionistas, que tenía el 9,8% del capital antes de la absorción por el Santander. Pertenecía a ella la Unión Europea de Inversiones (UEI), promovida por personas e instituciones cercanas al Opus Dei, el movimiento religioso que nutrió la alta dirección del Popular durante años, incluidos al menos un presidente (Luis Valls-Taberner) y un consejero delegado (Rafael Termes).


La participación de la UEI, que era del 3%, valía más de 260 millones de euros hace dos años. Para que no se diluyera en las tres ampliaciones llevadas a cabo desde entonces, tuvo que desembolsar una fuerte suma de dinero (74 millones en la última). Como parte lo obtuvo a crédito, el desplome posterior de la acción puso a la sociedad al borde de la quiebra técnica.


Todos estos asuntos, aunque estuvieran en juego fondos de distinta procedencia, han proporcionado argumentos a quienes defiende que la Iglesia debe estar sujeta fiscalización por el Tribunal de Cuentas, al ser perceptora de recursos públicos. Sólo a través de la asignación tributaria (la casilla del IRPF), recibe del orden de 250 millones de euros anuales, a los que hay que añadir las subvenciones de todo tipo provenientes de las distintas administraciones.


Sin embargo, el Tribunal de Cuentas se niega a entrar en las de la Iglesia, como quedó de manifiesto en la votación de su plan para 2017. Nunca antes se había visto el asunto en el pleno, y los siete consejeros nombrados a propuesta del PP hicieron valer su mayoría, frente a los cinco del PSOE. Eso impedirá que se sepa con detalle a qué dedica el dinero una institución como la Conferencia Episcopal, que incluso en los momentos más duros de la crisis ha gastado más en mantener su propia televisión (13TV) que en ayudar a Cáritas.

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La poca dicha de Buenaventura con el TLC

Un lugar en Colombia donde la miseria y el alto número de desocupados contrastan con una inversión portuaria que supera los 500 millones de dólares. El Tratado de Libre Comercio demuestra la inequidad de su aplicación.

 


Cinco años de vigencia del Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos pueden resumirse en la paradoja de Buenaventura. Es el puerto marítimo más moderno e importante del país. Se inauguró en marzo pasado. El 70 por ciento del comercio sale hacia el exterior desde su protegida bahía de aguas profundas. Pero su ciudad ubicada a 7,6 kilómetros está paralizada por las sucesivas movilizaciones y paros de sus habitantes. Su desempleo llega al 62 por ciento y el trabajo informal al 90,3%, según datos oficiales del Departamento Nacional de Planeación (DNP). En ese lugar donde la miseria contrasta con una inversión portuaria que supera los 500 millones de dólares, el TLC demuestra la inequidad de su aplicación y una presencia del Estado que no guarda proporciones. “El pueblo ya no aguanta más” se lee en las pancartas de la población afroamericana en esa zona del Caribe colombiano. El acuerdo firmado en 2006 por George W. Bush y Alvaro Uribe, pero materializado hace un lustro, es motivo de controversia. Sus cifras no son visibles más que en las estadísticas de los funcionarios. La marginación y las protestas en Colombia están a la vista.


El TLC que el presidente Juan Manuel Santos y los empresarios de la Cámara de Comercio Colombo Americana festejaron en su quinto aniversario -se cumplió el 15 de mayo-, está lejos de recoger unanimidades. La ministra de Comercio, Industria y Turismo, María Claudia Lacouture, exalta sus ventajas competitivas: “Estados Unidos es el principal socio comercial de Colombia. 32 de cada 100 dólares que recibimos en concepto de ventas de productos nacionales en el exterior, vienen de la nación norteamericana. A la vez, el 26% de nuestras importaciones se adquieren en ese mercado”, señaló. Además destacó las ventajas que su país consiguió en EE.UU. y que alcanzan a 16.634 posiciones con cero por ciento de arancel.


Hay quienes no opinan lo mismo. El Centro de Estudios de Trabajo (CedeTrabajo) fundado en 1979 publica en su portada un artículo crítico: “Desde los tiempos de la negociación, el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos fue presentado a la opinión pública como un plan de apertura económica que promovería el desarrollo industrial y agropecuario para que Colombia pudiera triplicar sus exportaciones e importar tecnología. Resultó lo contrario, al cumplir 5 años, el balance de resultados demuestra que ha sido el peor negocio de la historia” escribe Leónidas Gómez-Gómez, un liberal de izquierda que fue candidato a gobernador en el Departamento de Santander en 2015 y salió segundo.


El mismo espacio de reflexión además aportó datos concretos sobre el tratado: entre 2012 y 2016 Colombia perdió 2 billones de pesos en comercio con EEUU, unos 9.657 millones de dólares. Si se descuentan las exportaciones mineras, el déficit comercial con la principal potencia asciende a 30.000 millones de dólares, durante el período que lleva vigente el TLC. Pero sobre todo, antes del acuerdo el superávit era de 8.244 millones de dólares y hoy el déficit asciende a 1.414 millones. Lo que representa una caída del 117%. Dos ejemplos: para que Colombia compre una tonelada de celulares debe exportar 777 barriles de petróleo. Desde que se implementó el convenio apenas se lograron exportar 38 productos nuevos, dice CedeTrabajo.


En 2015, cuando promediaba el TLC, ya se insinuaban estos datos. El déficit comercial llegó a ser de 3.043 millones de dólares en los primeros dos meses del año. En ese corto lapso había alcanzado casi la mitad de todo el año anterior: 6.293 millones de dólares. Un comentario del ultraderechista Uribe a los pocos días de que se firmara el tratado en Washington, ahora lo deja reducido a una caricatura sobre el papel: “Cada uno de nosotros se tiene que convertir en un pedagogo del Tratado de Libre Comercio. Un esfuerzo de veintidós meses de negociación, que representa una gran oportunidad y un reto para nuestra patria”.


El presidente Santos suscribe los mismos argumentos de su adversario político. Que el déficit comercial con Estados Unidos se redujo un 70% en 2016(pasó de casi 5.000 millones de dólares en 2015 a 1.414 millones en 2016). En 2011, cuando se instrumentó el TLC, había comentado: “Hoy es un día histórico para las relaciones entre Colombia y Estados Unidos. Y es un día histórico para los empresarios y los trabajadores colombianos, para la inserción de Colombia en el mundo”. A cinco años del lanzamiento del tratado, sigue ponderándolo. También estuvo en el puerto de Buenaventura cuando se inauguró en marzo. Un par de meses antes de que se desataran las protestas sociales multitudinarias. La expectativa de 250 mil nuevos puestos de trabajo para Colombia producto del acuerdo - según la Casa Blanca-, es invisible a los ojos en esa ciudad castigada por la crisis y el abandono del gobierno nacional.


Medicinas, minerales, neumáticos, productos laminados y alimentos como frutas, hongos, yogur, queso fresco, harinas de maíz y trigo, aceites, chocolate, miel, palmitos, camarones y langostinos son exportados a Estados Unidos. Lacouture, la ministra de Comercio, no ve el lado oscuro de la luna. Ve la cara del sol: “Fueron 115 los proyectos de inversión con capital estadounidense que comenzaron en Colombia entre 2012 y 2016, los cuales han generado 22.518 empleos, entre directos e indirectos”.


Si fuera así, no llegan al 10 por ciento de las oportunidades laborales con que se entusiasmó Santos en octubre del 2011, cuando el Congreso de Estados Unidos convalidó el TLC: “Se crearán 250 mil nuevos puestos de trabajo, se aumentará la exportación en un 6%, habrá más inversión para la infraestructura, la industria; más desarrollo y menos pobreza”, declaró.


Si se recorre Buenaventura cinco años después -donde está uno de los puertos de más flujo comercial en Sudamérica-, el toque de queda que rige desde las 18 hasta las 6 de la mañana derriba cualquier discurso político. La población urbana del municipio (381.746 habitantes) pide salud, educación, agua potable, seguridad y sobre todo, trabajo. El Estado reprime y mata con el Escuadrón Móvil Antidisturbios. Su ejército de ocupación donde el Tratado de Libre Comercio es una cáscara vacía.


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Martes, 09 Mayo 2017 06:59

Sale carísimo mantener a los ricos

“No nos podemos permitir a los ricos alimentando sus excentricidades”. En la imagen, un lujoso yate arriba a la bahía de Cannes (Francia) justo delante del hotel Carlton.

 

El sistema legal, económico, político y cultural dominante que se sufre en el mundo capitalista promueve los comportamientos egoístas y predatorios. Se admira a quienes con más eficacia y de manera no recíproca vampirizan y acaparan la riqueza generada por ecosistemas o el trabajo de comunidades humanas. En un planeta finito y ecológicamente degradado, la acumulación de riqueza de unas personas es siempre a costa de la desposesión de otras.

Una sociedad sostenible y saludable debería, en cambio, dotarse de mecanismos que penalicen el abuso de lo común e incentiven aquellos comportamientos que mejoren la vida de toda la comunidad y regeneren el medio ambiente del que depende todo ser vivo. Hasta que no comprendamos que la prosperidad, la seguridad y la felicidad solo se consiguen mediante colaboración, confianza y reciprocidad seguiremos atribuyendo la causa de la enfermedad a sus síntomas. Pensaremos, erróneamente, que las víctimas de un sistema perverso—y no el sistema en sí que funciona aplastando a cada vez más personas en beneficio de unos pocos privilegiados—son nuestro problema.

No conviene confundirse de enemigo: lo que resulta socialmente corrosivo y peligroso es la desigualdad y la asimetría de poder, no sus víctimas (las personas más vulnerables). Los que se apropian del bien común son los ricos y poderosos, no los pobres e inmigrantes. Solo hay que recordar que un puñado de personas que caben en un bar pequeño de barrio acaparan más riqueza que el 50% de la población mundial o que el 1% de los humanos dispone de tanta riqueza como el 99% restante. Con estas cifras en mente, nadie puede argumentar que a la sociedad le sale caro mantener a las personas en riesgo de exclusión social sin que suene a distorsión malintencionada de la realidad.

En el mundo capitalista, el dinero público y la riqueza generada por las personas trabajadoras no está subvencionando a los pobres, sino a los ricos. Los ricos se subvencionan devorando lo público y lo común (lo generado por la sociedad y por los ecosistemas) y reproducen su capital sin necesidad de trabajar (intereses, rentas, herencias, especulación). El trabajo y la riqueza, en cambio, lo crea la sociedad, no las macro-corporaciones o la adicción estructural al crecimiento económico (mucho menos la especulación financiera); dichos actores, de hecho, generan dinámicas que precarizan o destruyen tanto el empleo de calidad como el medioambiente del que depende todo ser vivo que habite nuestro planeta (incluidos los seres humanos millonarios).

Las personas vulnerables no quitan el trabajo a nadie. Realmente, además de la creciente automatización que sustituye al trabajo humano, es la dinámica del capitalismo neoliberal la que condiciona que no florezcan empleos de calidad necesarios para la reproducción y el mantenimiento de una vida humana próspera (en agroecología, diseño sostenible y biomímesis, economía ecológica, construcción de casas pasivas, energías renovables, ecología urbana y un largo etcétera).

En lugar de dar más poder a las corporaciones y a los dueños del capital (la falacia de que desregulando y privatizando lo público y facilitando la vida a las macro-corporaciones se crea empleo) deberíamos, por el contrario, tasar intensamente los bienes inmuebles y el capital a partir de cierto umbral (pues se trata de la riqueza que se reproduce rápidamente no solo sin necesidad de contribuir al bien común, sino acaparándolo y destruyéndolo), no el trabajo (la contribución, monetarizada o no, al bien común y la sostenibilidad socioeconómica) para, de este modo, reducir la desigualdad y subvencionar con lo recaudado una disminución general de las horas semanales de trabajo con salarios mínimos más altos para acabar con el desempleo, el estrés y la explotación laboral y medioambiental.

Ahora bien, la deliberación sobre qué trabajos son necesarios para la reproducción social y cuáles son social y ecológicamente indeseables debería ser decidido por la sociedad en su conjunto, no por la dinámica de crecimiento económico a toda costa o por las corporaciones transnacionales cuyo objetivo no coincide, en la mayoría de los casos, con el bien común.

Obviamente, si se generasen debates abiertos entre el conjunto de los habitantes de una ciudad para decidir qué empleos hay que fomentar y cómo diseñar el espacio urbano, muy poca gente defendería la necesidad de endeudar masivamente a la ciudad y buscar inversiones extranjeras millonarias para construir autopistas o aeropuertos innecesarios y obras faraónicas disfuncionales que dejan infraestructuras monstruosas carísimas de mantener, deudas eternas, corrupción urbanística y degradación ambiental (estadios olímpicos, macro-casinos, expos, rascacielos). Estos proyectos siempre subvencionan, con dinero público, una dinámica de acumulación que beneficia a los que ya son ricos y generan un espacio urbano deplorable para los demás.

La mayoría de vecinas y vecinos preferirían, sin duda, espacios públicos a escala humana para el disfrute común y cotidiano, mucho más asequibles y fáciles de mantener, y que mejoren la calidad del aire y el agua, reduzcan el ruido y el estrés, favorezcan las relaciones sociales, y no dejen una mella en las arcas públicas: parques, huertos urbanos, zonas verdes y peatonales, bibliotecas y centros sociales, etc. Espacios donde la comunidad pueda encontrarse, sin necesidad de gastar y consumir, para jugar, enamorarse, charlar, hacer ejercicio o aprender y enseñar taichí, yoga, permacultura, carpintería, reparación de electrodomésticos, etc.

No nos podemos permitir a los ricos alimentando sus excentricidades, megalomanías y porfolios financieros a costa del bienestar social y ecológico. Que no nos engañen, los que sufren las consecuencias más dolorosas del sistema capitalista perverso no son la causa del problema, sino sus víctimas. Equivocarnos al identificar las causas de nuestro malestar tiene el contraproducente efecto de enfrentar a los oprimidos y, en consecuencia, fortalecer al opresor. Centrarnos en las causas de los problemas, y no solo en sus síntomas, es el primer paso para intentar crear un sistema socialmente deseable, económicamente estable y ecológicamente viable.

 

(Tomado de El Salmón Contracorriente)

 

 

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Lunes, 08 Mayo 2017 07:02

Una sociedad fracturada

Una sociedad fracturada

Cuanta más prosperidad hay en una zona, más votos cuentan para Macron. La otra Francia fue objeto de evocaciones, pero nadie se ocupa de ella.



Un espacio político divido en cuatro y una sociedad fracturada en dos: la elección del centrista liberal Emmanuel Macron es el espejo exacto que refleja mucho más que la frontera entre izquierda y derecha, o aquella que definió el electo presidente entre “progresistas y nacionalistas”. Hay cuatro fuerzas políticas en el nuevo escenario: la del centro liberal presidencial, la de la extrema derecha, la de los conservadores de tradición gaullista y la de la izquierda radical. Y hay dos Francia netas, visibles en la geografía electoral:una, urbana y capacitada, a menudo joven e implicada en el mundo globalizado, y otra rural, suburbana y poco calificada. La primera votó a Emmanuel Macron, la segunda a la extrema derecha de Marine Le Pen. La primera Francia es la de las redes y la conquista, la segunda la de la exclusión y el resentimiento. Pocos votos habrán tenido como este una lectura social tan intensa, y pocos, también, habrán remitido a la imagen de quienes componen la sociedad. Las sucesivas contaminaciones y escándalos de la campaña nunca empañaron el espejo de la “fractura social” (Jacques Chirac, ex presidente 1995-2007), ni el de la fractura digital, ni el del centro y las periferias desiertas y pauperizadas. Las elecciones francesas han tenido el mérito profundo de derrotar al populismo nacionalista y de sacar de los cuentos míticos del progreso la realidad en la que viven la mayor parte de las democracias del mundo, aisladas en zonas de prosperidad y dinámicas de ascenso y, otras, en espacios de confinamiento, de precariedad y sensación de derrota. Trump, en los Estados Unidos, puso la batuta sobre la nota racial, Francia restauró la dimensión social con una transparencia rotunda. Los datos son elocuentes:cuanto más prosperidad hay en una zona, más votos se cuentan a favor de Emmanuel Macron. La otra Francia ha sido objeto de relatos y evocaciones, pero nadie se ocupó de ella. Contrariamente a lo previsto, no fue la infección radial la que monopolizó el debate sino la desesperanza social.


La izquierda está ausente de lo que siempre ha sido su identidad histórica:reconectar, a través de la igualdad, las sociedades fracturadas. La misión le incumbe paradójicamente a un liberal profeso, que carece de partido y cuya próxima y cercana misión, el próximo 21 de junio, consiste en armar una mayoría legislativa para gobernar. ¿Con quién ? ¿Cuántos socialistas irán bajo sus afiches ? Hoy se perfilan dos sólidos ejes de oposición:la ultraderecha, y la izquierda radical de Mélenchon. Su respectivos porcentajes en estas elecciones les permiten conjeturar una traducción legislativa de sus fuerzas presidenciales. Emmanuel Macron está en el centro de ese tablero cuyas complejas realidades fueron más rebeladas por el cambio de retórica del lepenismo que pasó de la xenofobia a la denuncia social que por sus propios diagnósticos. Con esta elección, la desigualdad cifrada en estudios y trabajos sociológicos adquirió el rostro de la gente, reconquistó su identidad. Con Trump, el mundo dejó de ser lo que era y, con la elección francesa, de pronto se recupera la pregunta sobre lo que quiere ser. No sólo hay consumidores de los últimos modelos de celulares, sino, millones de personas que tienen otras preocupaciones más inestables que atender. La elección francesa sopló la cortina de humo de la tecno ilusión, la de la digitalización feliz, la de un mundo integrado y mega conectado donde basta con cliquear sobre un “like” para ser parte de él. Quienes cliquearon en la urna tangible de la extrema derecha no son todos fascistas, ni xenófobos, ni anti mundo. Tal vez sólo hayan pedido, mediante el resentimiento, que los incluyan, que les construyan rutas, sucursales bancarias, mejores escuelas, internet más rápido, mejor acceso a la educación de sus hijos, que les pinten la escabrosa tristeza en la que tantos y tantos suburbios del mundo viven sumidos. La desigualdad social y el enriquecimiento de unos pocos sobre el empobrecimiento de muchos ha sido la narrativa reflexiva de los últimos años. Nunca se había hablado tanto y visto y debatido tan poco. Francia la puso en la pantalla ampliada de la híper realidad, allí donde Trump la había ocultado con sus patrañas raciales y sus insultos a las elites intelectuales.


La apuesta de la recomposición social se la llevó Emmanuel Macron. Sus primeras medidas van en contra de la reconexión. El electo presidente se pondrá, como primera medida, manos a la obra para hacer adoptar una “reforma en profundidad” de la ley sobre el derecho laboral, la misma que, desde el año pasado, levantó un muro de protestas callejeras y terminó de hundir un poco más la tenue presidencia de François Hollande. Todo lo contrario de una política social o de atención a la Francia que está del lado menos floreciente de la fractura. Esta vez, sin embargo, toda anticipación suena a disparate. La elección presidencial, hasta el final, ha sido una sinfonía de singularidades que fueron contradiciendo a los más acertados analistas. Entramos, con Francia, en la quinta dimensión. Los esquemas de antes se quedan cortos y los nuevos habrá que inventarlos para comprender la frondosa y cambiante realidad humana. Lo que, por encima de las retóricas diseñadas por los comunicadores y propagadas por Macron, sí persiste y se ha renovado es el eje izquierda derecha. Nunca fue tan pujante, ni tan evidente la necesidad de una izquierda poderosa que mire y se comprometa cuerpo y alma allí donde siembra su futuro la ultraderecha.

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Las ocultadas causas políticas del crecimiento de las desigualdades

Una de las características del tiempo que vivimos es el crecimiento de las desigualdades económicas, sociales, políticas y culturales, tanto entre como dentro de la mayoría de países capitalistas desarrollados. En este artículo me centraré en las causas del crecimiento de las desigualdades económicas, analizando las desigualdades salariales, las desigualdades en los ingresos familiares y las desigualdades en la propiedad del capital (productos que generan renta), analizando tales desigualdades en Estados Unidos, por dos razones: una, por ser representativo del capitalismo más avanzado y desarrollado del mundo capitalista occidental (punto de referencia para el pensamiento liberal); y otra, porque lo que estamos viendo desde los años ochenta, a partir de la revolución neoliberal iniciada por el presidente Reagan, es la “americanización de Europa”, expresión que refleja el dominio del pensamiento liberal a los dos lados del Atlántico Norte. En realidad, tal crecimiento de las desigualdades económicas se debe primordialmente a la aplicación (e imposición) de las políticas neoliberales en la gran mayoría de tales países, siguiendo el modelo neoliberal estadounidense.


Las desigualdades salariales


Si analizamos la evolución de los salarios, ya sea considerando el salario por hora, ya sea el salario anual, podemos ver que los salarios del decil superior han crecido de una manera muy marcada, casi exponencial a partir de la década de los años ochenta (cuando se inició la revolución o, mejor dicho, contrarrevolución neoliberal), mientras que los salarios de los cuatro deciles inferiores han ido creciendo muy lentamente desde entonces (e incluso han descendido durante la Gran Recesión 2007-2015, lo cual nunca ocurrió en el decil superior, cuyos salarios continuaron aumentando durante la Gran Recesión). Y lo que sí que disminuyó en la gran mayoría de la población asalariada fueron los beneficios sociales, relacionados con los sueldos. Así, por ejemplo, el porcentaje de la población laboral que tenía alguna cobertura de beneficios sanitarios, financiados conjuntamente por los empresarios y por los trabajadores y empleados (la mayoría de la financiación del aseguramiento sanitario privado en EEUU proviene del lugar de trabajo a través de aportaciones de empleadores y empleados) descendió durante el mismo periodo de tiempo considerablemente, descenso mucho más marcado entre los deciles salariales inferiores, pasando de un 42% en 1980 a un 25% en 2010, que en el decil superior (de un 92% a un 78%). Una situación semejante ocurrió con las pensiones privadas financiadas a través de puestos de trabajo (la mayoría de los datos presentados en este artículo proceden del documento Three Key Economic Distributions, del profesor John Schmitt, del Washington Center for Equitable Growth).


Ingresos familiares


En los ingresos familiares vemos también, durante el mismo periodo 1980-2015, un crecimiento muy acentuado de los ingresos de las familias del decil superior de ingresos familiares. En cambio, en los deciles inferiores hemos visto un crecimiento muy lento de los ingresos familiares desde 1980, crecimiento interrumpido, sin embargo, durante la Gran Recesión. La causa de que los ingresos familiares no hayan descendido (como descendieron los salarios) en los deciles inferiores se debe al incremento de la participación de la mujer en el mercado de trabajo, más acentuado en los deciles inferiores que en los deciles superiores, en los que el crecimiento de los ingresos familiares se debe al crecimiento tan marcado de los ingresos salariales de las mujeres pertenecientes a las clases de ingresos superiores.


De estos datos de deriva que los deciles superiores, y muy en particular el decil más alto, han visto crecer sus ingresos de una manera muy acentuada durante la contrarrevolución neoliberal, crecimiento muy marcado a medida que el nivel de renta subía. Así, el 1% de mayor renta salarial pasó de tener el 10% de toda la renta del país en 1980 a un 23% en 2015.


El crecimiento de las desigualdades en la distribución de la propiedad


Si en lugar de la distribución de las rentas analizamos la distribución de la propiedad, vemos que esta última se ha ido concentrando mucho más. En realidad, el 1% de propietarios ha pasado de tener el 34% de toda la propiedad en 1980 a un 37% en 2013 (y pasó de tener el 10% de toda la renta al 20%). En realidad, el 20% de propietarios tiene el 88% de toda la propiedad (y el 61% de toda la renta), mientras que el 40% no solo no tiene propiedades, sino que debe dinero para pagarlas. Es decir, están endeudados, primordialmente pagando su vivienda. Es la población hipotecada. Este porcentaje de endeudamiento y la profundidad del mismo crecieron espectacularmente durante la Gran Recesión. Este 40% tiene solo el 9% de toda la renta del país.


El crecimiento de los ingresos del decil superior se debe al crecimiento de los sueldos de los grandes propietarios y gestores de las empresas, que ha sido casi exponencial en las rentas superiores, y al crecimiento de las rentas derivadas de la propiedad que poseen. El ligero crecimiento, estancamiento o descenso de las rentas inferiores (del 40% de la población laboral en EEUU) se debe al ligero crecimiento, estancamiento o descenso de los salarios, y al crecimiento del endeudamiento de dichas rentas inferiores.


La disminución de la movilidad vertical


A raíz de estos datos, se puede concluir que las desigualdades inherentes al sistema capitalista han crecido notablemente en el periodo 1980-2015. Pero un fenómeno igualmente importante y que apenas ha tenido visibilidad mediática ha sido el descenso de la movilidad vertical. Uno de los argumentos que han sido utilizados con mayor frecuencia por parte de los economistas neoliberales ha sido que la estabilidad política del capitalismo avanzado está basada en la movilidad social, es decir, que una persona de origen “humilde” (expresión que se utiliza para definir a las familias de rentas inferiores) pueda alcanzar los niveles superiores de poder económico y/o político. Y se señala como prueba de ello que EEUU ha tenido dos presidentes, Clinton y Obama, de origen “humilde”. En realidad, se considera a EEUU como uno de los países con mayor movilidad vertical, y ello como resultado de las grandes oportunidades que ofrece el modelo económico liberal.


Esta supuesta movilidad vertical también se expresa en que, aparentemente, los hijos e hijas tienen mayor nivel de rentas que sus padres. La movilidad intergeneracional se presenta como una muestra del “sueño americano”, causa mayor de la estabilidad política del país y del atractivo del modelo liberal estadounidense. El único problema con tal supuesto es que no es verdad. Los datos no avalan esta percepción, promovida por el establishment político-mediático del país. Los datos muestran que la movilidad vertical, incluida la intergeneracional, es mucho más limitada de lo que se ha supuesto.


En realidad, EEUU es uno de los países con menos movilidad social. Como bien ha señalado Paul Krugman, EEUU (y el Reino Unido) son los países con menor movilidad social vertical de entre los que se ha estudiado la extensión de tal movilidad (Francia, Japón, Alemania, Nueva Zelanda, Suecia, Finlandia, Noruega y Dinamarca). En estos países se analizaba el nivel de renta de los hijos comparándolo con el de sus padres (a la misma edad y con la misma capacidad de compra de la moneda utilizada), viéndose que EEUU era en el que menos se daba el supuesto de que los hijos vivían mejor que los padres, siendo en los países escandinavos donde la movilidad intergeneracional era mayor.


Y lo que es importante señalar es que durante el periodo neoliberal ha descendido la movilidad vertical, a la vez que han crecido las desigualdades de ingresos, de renta y de propiedad.


Las ocultadas causas políticas del crecimiento de las desigualdades


Mucho se ha escrito sobre las causas de tal crecimiento de las desigualdades, desde la revolución digital a la globalización, entre muchos otros factores. En esta discusión se oculta o ignora el elemento político, que es el determinante de dicho crecimiento y que configura todas las otras causas a la que se atribuye tal crecimiento. Qué forma tienen la revolución tecnológica o la globalización depende del contexto político que configura cada una de ellas. Los datos muestran que el crecimiento de las desigualdades adquiere una dimensión mayor a partir de la década de los años ochenta, que es cuando se aplican las políticas neoliberales, que son las políticas que el mundo de las grandes empresas (lo que en EEUU se llama la corporate class) aplica a través de las instituciones políticas, frente y en contra del mundo del trabajo.
Las políticas públicas de corte neoliberal como responsables del crecimiento de las desigualdades


Como consecuencia de ello han tenido lugar los siguientes hechos, todos ellos indicadores del poder de clase del mundo empresarial:


• La disminución, desde 1980, del poder adquisitivo del salario mínimo, establecido por ley por el Estado.
• Descenso de la población laboral sindicalizada, que ha pasado de ser el 30% de la población laboral en 1980 a un 12% en 2014, como resultado del enorme descenso de la sindicalización en el sector privado, que hoy no llega ni al 9% (en el sector público se mantiene en el 38%), y ello a pesar de que la mayoría de los trabajadores señalan, a través de las encuestas, que les agradaría tener sindicatos que defendieran sus intereses. Este descenso, pues, no se debe a la falta de interés, sino a las crecientes dificultades que el mundo empresarial, con ayuda del Estado, impone para que los trabajadores puedan sindicalizarse, siendo EEUU uno de los países donde la sindicalización es más difícil de llevar a cabo.

Esta realidad -la creciente dificultad en poder sindicalizarse- produce el crecimiento de la capacidad de decisión, así como de la influencia política y mediática, del mundo empresarial, lo que ha determinado un enorme debilitamiento de las clases populares, y muy en particular de la clase trabajadora. En realidad, hay una relación inversa entre el nivel de sindicalización en el sector privado y el crecimiento de las desigualdades de renta -tanto individuales como familiares-, tal como ha documentado el respetado y conocido Economic Policy Institute de Washington. Y también está documentado el crecimiento de la brecha salarial dentro de una misma empresa cuanto menor sea la sindicalización y la fuerza de la clase trabajadora dentro de la misma. En realidad, desde 1980 la diferencia salarial entre los ejecutivos de las grandes empresas y los salarios (mediana) de los empleados y trabajadores ha crecido, pasando de ser en 1980 de 29 veces, a 303 en 2015.


La desregulación de los mercados de trabajo


Otra medida neoliberal que tenía como objetivo debilitar al mundo del trabajo han sido las reformas laborales orientadas a desregular el mercado de trabajo, lo cual ha conseguido disminuir los salarios y la protección social de los trabajadores.


La privatización de los servicios públicos


La privatización de los servicios tiene como objetivo el cambio de las relaciones laborales, dificultando la sindicalización y protección de los empleados y trabajadores, menor en el sector privado que en el público. La subcontratación y externalización de actividades y servicios de las empresas (tanto públicas como privadas) tienen como objetivo el debilitamiento de la población empleada, pues en las empresas subcontratadas hay menor protección social y salarios más bajos que en las empresas que subcontratan.


La globalización en el contexto político actual


La movilidad de capitales busca la apertura de los mercados y el abaratamiento de los costes de producción, entre los cuales los costes salariales juegan un papel determinante. De ahí que los tratados mal llamados de libre comercio que regulan la movilidad de capitales tengan como principal objetivo el garantizar las inversiones en países con menores costes laborales, movilidad que se hace a costa de destruir puestos de trabajo con salarios altos en EEUU. La evidencia de ello es abrumadora, habiendo sido tal movilidad una de las mayores causas del descenso de la cantidad de puestos de trabajo en la manufactura en EEUU. La popularidad de tales tratados en el mundo empresarial contrasta con su gran impopularidad entre la clase trabajadora.


La inmigración apoyada por el mundo empresarial


La inmigración ha contribuido a la bajada de los salarios, pues el precio del trabajo depende, en cierta manera, de la demanda de puestos de trabajo y de la oferta de tales puestos. A mayor número de demandantes -de personas que buscan trabajo- menor es el salario ofrecido por los empresarios. De ahí que el mundo empresarial favorezca la entrada de inmigrantes, no solo para aumentar el número de personas que quieren trabajar, sino también por su disponibilidad para aceptar salarios más bajos y en peores condiciones que los nativos.


¿Qué tiene que hacerse?


A la luz de estos datos es lógico que la solución sea precisamente el desarrollo de políticas opuestas a las neoliberales, empoderando a las clases populares a través de los instrumentos disponibles, para revertir el deterioro de su bienestar. Tales medidas pasan por: aumentar el salario mínimo; aumentar la ocupación y la creación de buen empleo; dificultar la creación de mal empleo orientando la revolución tecnológica a la supresión de tal tipo de trabajos; facilitar la sindicalización, alcanzando los niveles del norte de Europa; regular el mercado de trabajo para reforzar al mundo del trabajo en su negociación con el mundo empresarial; desprivatizar los servicios, y extender la responsabilidad pública a los sectores de la energía, las finanzas y sociales (desde sanidad a educación, pasando por servicios sociales, escuelas de infancia, servicios domiciliarios, vivienda, seguridad y protección social); desanimar y desfavorecer la subcontratación prohibiendo este fenómeno en los servicios públicos, a no ser que los contratantes se comprometan a respetar los derechos laborales (salarios y protección social) existentes en el sector público; desarrollar medidas proteccionistas en la movilidad de capitales y de personas; sindicalizar a la población inmigrante; facilitar la integración de la mujer en el mercado del trabajo, en lugar de enfatizar la inmigración; y eliminar las desigualdades sociales entre géneros y entre razas en el país. Y, naturalmente, políticas fiscales auténticamente progresivas que tengan como objetivo aumentar las rentas del trabajo a costa de reducir las rentas del capital, incluyendo medidas de control público de la propiedad y de la gestión en sectores clave de la economía. Estas son las líneas generales de lo que debe hacerse para reducir las desigualdades, empoderando a las clases populares para que vayan aumentando su nivel de exigencias, de manera que puedan transcender las coordenadas de poder existentes hoy en los países capitalistas de elevado nivel económico. Estas medidas son tan aplicables en EEUU como en España, así como en cualquier otro país a los dos lados del Atlántico Norte que han estado sufriendo las políticas neoliberales implementadas por las clases dominantes. Así de claro.

 

Mayo 4, 2017

 

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La desigualdad económica en Estados Unidos golpea a la esperanza de vida

La brecha de mortalidad entre los más pobres y los más ricos se ampliará de cinco a trece años, según un estudio

 

La creciente desigualdad de ingresos en Estados Unidos tiene una traslación directa en la esperanza de vida. Los más ricos siempre han tendido a vivir más años que los más pobres, pero esa brecha corre el riesgo de agrandarse: la distancia se ampliará de cinco a trece años, según un artículo publicado este jueves por la revista médica británica The Lancet.


Los autores del informe predicen que en una generación la diferencia se ampliará entre el 20% más pobre de estadounidenses y el 20% más rico. Para los nacidos en 1930, la esperanza de vida de los menos acaudalados es de 77 años, mientras que para sus opuestos es de 82 años. Sin embargo, en los nacidos en 1960, la esperanza para los primeros cae a 76 años y para los segundos crece hasta los 89 años.


“Estamos presenciando a cámara lenta un desastre en la salud de los americanos de bajos ingresos que han transcurrido su vida trabajadora en un periodo de crecientes desigualdades de ingresos”, dice uno de los autores, Jacob Bor, profesor de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Boston. “La creciente seguridad económica entre los estadounidenses pobres y de clase media ha llevado a la persistencia del tabaquismo y el auge de la obesidad y de la epidemia de opioáceos. Al mismo pagar por atención sanitaria en EE UU puede dejar en bancarrota a hogares y empobrecer a familias”.


El experto advierte que el “creciente vínculo” entre ingresos y salud en la primera potencia mundial puede acabar creando una “trampa de pobreza y salud”.


La tendencia se ha acentuado desde el año 2001. Según el informe, desde entonces el 5% más pobre de estadounidenses no han aumentado su esperanza de vida, mientras que los ciudadanos de ingresos medios o altos han ganado dos años de predicción de mortalidad.


Los autores destacan el impacto de la reforma sanitaria aprobada por el Gobierno de Barack Obama, que la nueva Administración de Donald Trump quiere desmantelar. En 2010, había 48,6 millones de personas sin seguro médico en EE UU. Cinco años después, eran 28,6 millones.


Sin embargo, alertan de que los elevados costes de los copagos en algunas prestaciones médicas siguen propiciando estrecheces económicas en la población. Y que se mantienen las divergencias entre los más pobres y los más ricos: un 25,2% de los primeros no tenía seguro médico en 2015 frente al 7,6% de los segundos. Las desigualdades se repiten según la raza: negros y latinos viven menos y tienen menos opción de tener seguros que ciudadanos blancos.


Entre las causas que más se invocan para tratar de explicar el apogeo de la desigualdad de ingresos en EE UU y el estancamiento del ascensor social están la política fiscal, las divergencias en las remuneraciones por trabajo o capital, la debilidad de los sindicatos o los cambios regulatorios.


El informe en The Lancet aporta un nuevo prisma al debate, poniendo énfasis en la salud y el papel que juegan el “racismo estructural”, políticas de vivienda y la criminalización por la posesión de drogas, que ha disparado la población carcelaria en el país. “Las investigaciones sugieren que si la encarcelación se hubiese mantenido en su nivel de los años 1980, la esperanza de vida en EE UU hubiese aumentado un 51,1% adicional y la mortalidad infantil hubiese caído un 39,6% adicional”.

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