Jueves, 03 Diciembre 2015 06:24

El clima, síntoma del poder

El clima, síntoma del poder

Mientras continúa la Cumbre del Clima, un informe de una ONG señaló que la mitad de las emisiones de carbono son producidas por una proporción menor de la población, el sector más rico. China promete que reducirá el 60 por ciento al llegar a 2020.

 

Tras la apertura con los 150 líderes mundiales presentes el lunes pasado, las reuniones en la COP21 de París iniciaron el ritmo pausado de las negociaciones y conversaciones técnicas. Por fuera de los debates, el informe de una ONG reveló que el 10 por ciento de la población más rica del mundo genera la mitad de las emisiones de combustibles fósiles causantes del calentamiento global, y que la mitad más pobre contribuye en un 10 por ciento. Al respecto, China prometió reducir 60 por ciento las emisiones de carbón progresivamente hasta alcanzar esa cifra en 2020. Por otro lado, los estados insulares piden una ayuda urgente a la cumbre de Le Bourget, resaltando que las personas que huyen de regiones afectadas por el cambio climático no están contempladas en el Derecho Internacional.


La desigualdad Norte/Sur sigue siendo uno de los principales obstáculos en las negociaciones de la cumbre del clima en París. El informe de la ONG Oxfam es el que subrayó que el 10 por ciento más rico de la población mundial es responsable de cerca del 50 por ciento de las emisiones de carbono, en tanto los 3500 millones de personas que conforman la mitad más pobre sólo generan el 10 por ciento de esas emisiones.


"Hemos probado que un crecimiento económico fuerte y un medio ambiente más seguro ya no están en contradicción. Eso debería darnos esperanza", había asegurado Barack Obama en la apertura de la COP21. La confianza del presidente norteamericano estriba en estudios como los del economista británico Nicholas Stern y del ex presidente mexicano Felipe Calderón, que identifican sectores que podrían sacar amplios beneficios de una reconversión ecológica de la economía. Entre los beneficiarios figuran las inversiones en eficiencia energética, energías renovables y automóviles híbridos. Eso también supondría una reestructuración profunda de un modelo basado en las energías fósiles. Y ahí la "economía verde" se toparía con otra problemática: la explotación ilimitada de los recursos naturales y la "huella ecológica" de las cadenas de producción y consumo.


Hace más de 25 años que la disputa de cómo repartir la responsabilidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y de ayudar a los países más vulnerables bloquea las negociaciones. "El financiamiento podría ser el acelerador para llegar", dice la ONG ActionAid. Desde 2009 se aspira que para 2020 el Norte financie la reconversión al desarrollo sostenible del Sur con 100 mil millones de dólares anuales. Pero además de los montos, en París se discute la forma en que se canalizarán mediante mecanismos transparentes para evitar que vayan a bolsillos equivocados.


En paralelo a la cumbre de París, el gobierno de China anunció que modernizará de aquí a 2020 sus centrales de carbón con el fin de disminuir sus emisiones contaminantes un 60 por ciento. El objetivo es dejar de producir unas 100 millones de toneladas de carbón bruto y evitar la emisión de unos 180 millones de toneladas de CO2 cada año. Cabe destacar que más del 70 por ciento de la electricidad se produce con carbón, del cual el gigante asiático consumió 4200 millones de toneladas en 2013.


El cambio climático para los habitantes de islas del Pacífico hace que éstas se vuelvan cada vez más inhabitables. Quienes huyen de eso no están contemplados en el Derecho Internacional. Si bien migrar es una respuesta, sólo un 25 por ciento estaría en condiciones económicas de hacerlo. En caso de sequías, aumento del nivel del mar o inundaciones, numerosas familias de Kiribati, Tuvalu y Nauru afirmaron que irían a otro lugar.


Claude Emelee, el viceprimer ministro del estado insular de Vanuatu, fue el último orador en la cumbre parisina. "¿Cuándo podremos decirles a nuestros pueblos que este padecimiento, esta locura absoluta, estas atrocidades climáticas tendrán un fin?", preguntó. Barack Obama, quien se crió en Hawai y en Indonesia, intentó ponerse de su lado: "Yo soy un chico de las islas", y afirmó que los Estados Unidos aportarán 30 millones de dólares, un vuelto, a un seguro para paliar las consecuencias del cambio climático.


Vanuatu es una de las tantas pequeñas islas que se verán afectadas drásticamente por el cambio climático puesto que, según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), un aumento del nivel del mar de un metro hasta el 2100 es algo completamente posible.

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La pobreza mundial: los errores del Nobel de Economía

El otorgamiento del mal llamado Premio Nobel de Economía (mal llamado pues no lo otorga la Fundación Nobel, sino un banco) al profesor escocés de la Universidad de Princeton, el Sr. Angus Deaton, debido a su trabajo sobre la pobreza mundial, se ha considerado (correctamente) como un indicador de la preocupación que un gran número de organismos internacionales están expresando sobre el crecimiento de la pobreza en el mundo, y su alivio de que, según la opinión optimista del Sr. Deaton, tal realidad es reversible, siendo posible que, incluso dentro del ordenamiento capitalista actual de los sistemas económicos vigentes en la mayoría de países donde se concentra la pobreza, esta puede eliminarse.

Según el nuevo Premio Nobel de Economía, se necesitaría una transferencia de fondos –relativamente menor- de los países ricos a los países pobres, junto con cambios en estos últimos, con mayor número de campañas educativas dedicadas a su población, lo que sería suficiente para que millones de personas dejaran de ser pobres. En realidad, el Sr. Deaton considera que el aumento de la escolarización ha sido el mayor motor de progreso a lo largo de los siglos, y la mayor causa de la reducción de la pobreza y del mejoramiento del bienestar de la población. Un indicador de ello ha sido el aumento de la longevidad (años de vida que una persona vivirá), que él atribuye al crecimiento de la población que tiene educación, lo cual, según el Sr. Deaton, permite a los pobres conseguir lo que se llama el capital humano, que les permitiría salir de la pobreza y ascender en la escala social.


Esta visión y entendimiento de la pobreza es ampliamente aceptada en un gran número de instituciones internacionales (que incluyen el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, así como una gran parte de ONGs e instituciones gubernamentales y partidos políticos de sensibilidad conservadora y liberal -sin excluir partidos políticos de tradición socioliberal, como es el caso de varios partidos socialdemócratas europeos, incluyendo, por cierto, el PSOE-). En todas estas instancias, aumentar el gasto educativo se considera condición sine qua non para eliminar la pobreza.


¿Cuál es el problema con esta definición de pobreza?


Esta visión de la pobreza, sin embargo, tiene varios problemas. Uno es definir pobreza en función del número de recursos que el individuo tiene. Este nivel de recursos se consideró por mucho tiempo que era de un poco más de un dólar al día, y que ahora ha subido a 1,9 dólares al día. Por cierto, hay que aclarar que lo que se presenta como un dólar al día no es, en realidad, un dólar al día. Para muchísimos países de un bajo nivel de riqueza, el hecho de que una persona tenga un dólar al día se consideraría que tal cantidad es más que respetable para poder vivir sin ser pobre. Ahora bien, cuando el Banco Mundial habla de un dólar al día no quiere decir que la persona tenga a su alcance un dólar estadounidense, sino que tiene la cantidad de moneda existente en el país donde vive el pobre que este necesita para poder comprar los mismos productos que se pueden comprar en EEUU con un dólar. Si en EEUU con un dólar se puede comprar una barra de pan, pues el dólar por día en la India quiere decir la cantidad de moneda india, la rupia, que se necesita para comprar una barra de pan. Esta cantidad, como he dicho antes, ha ido aumentando, pasando de 1,25 dólares al día (1.200 millones de personas, de los cuales un tercio, 400 millones son niños) a casi 2 dólares.


¿Está descendiendo la pobreza en el mundo?


En base en este criterio, se asume que el número de pobres está disminuyendo, pues hay menos gente cada año que está en esta categoría. Pero se ignora frecuentemente que ello se debe al gran crecimiento económico de India y China, que juntos suponen algo más de un tercio de la población mundial. Pero en esta nota optimista se olvida que en otras partes del mundo, como en África, hay más personas que viven en extrema pobreza ahora que hace 30 años (no solo en números absolutos, sino también en términos proporcionales).


El mayor problema, sin embargo, en esta definición de pobreza, es la manera como se conceptualiza la pobreza, la cual se define como mera ausencia de recursos. Según esta conceptualización, el problema de la pobreza es la falta de recursos por parte del individuo que es pobre. Esta definición parece razonable, pero contiene un gran error, pues se centra única y exclusivamente en los recursos que la persona tiene, sin tener en cuenta los recursos existentes en la colectividad a la cual pertenece y de los cuales la persona se beneficia. El valor de subsistencia de un dólar por día para una persona es muy distinto en una sociedad que tenga sanidad pública, por ejemplo, que en una sociedad en que el individuo que tenga que pagar para acceder al sistema sanitario. El contexto en el que vive la persona es de especial importancia para saber qué recursos tiene una persona, pues a los recursos privados (el dólar por día) hay que añadir los recursos públicos. Ni Angus Deaton ni el Banco Mundial toman en cuenta los recursos públicos que pueden condicionar que un individuo teniendo los mismos recursos privados pueda o no ser pobre, dependiendo de otros recursos de carácter público existentes en su sociedad. La definición de pobreza que ellos dan da excesiva importancia a los recursos privados, excluyendo los públicos, fijándose solo en la cantidad de recursos que el individuo puede comprar con el dinero que tiene. Esta visión privatizadora y mercantil de la pobreza es una visión sesgada que dificulta la comprensión de la pobreza.


La pobreza es un concepto relacional


Pero a este error hay que sumarle otro, consecuencia también de centrarse en el individuo sin analizar su relación con los otros individuos en la misma colectividad. Dos personas con el mismo número de recursos monetarios pero viviendo en dos países distintos pueden catalogarse como pobres en una sociedad y dejar de serlo en la otra. Que se definan como pobres o no depende de la cantidad de dinero que el individuo tenga en relación con los demás individuos en aquella colectividad. En otras palabras, la pobreza es un concepto relacional. En realidad, si todas las personas del mundo fueran pobres, no habría pobreza en el mundo, pues al no haber otras personas con otros niveles de recursos, la persona no se sentiría ni sería pobre. La pobreza, pues, depende del contexto en el que vive la persona definida como pobre. Veamos los datos.


Una persona pobre en el barrio pobre del Bronx en Nueva York, EEUU, tiene más recursos físicos y monetarios (televisión, dólares, coche, móvil, mayor espacio de vivienda, transferencias públicas de tipo asistencial, etc.) que una persona de clase media en Ghana (África). Si el mundo fuera una sociedad, el pobre del Bronx, Nueva York, EEUU, pertenecería a la clase media mundial, y la persona de clase media de Ghana pertenecería a la clase pobre mundial. Y, sin embargo (y esto es de una enorme importancia), utilizando incluso el mismo indicador que utiliza Deaton (la esperanza de vida –longevidad- para definir progreso) nos encontramos con la situación paradójica de que el pobre a nivel mundial (la persona de clase media de Ghana) vive 15 años más que la persona de clase media a nivel mundial (el pobre del Bronx). Parece paradójico que el que tiene más recursos (la persona del Bronx) y es menos pobre a nivel mundial, tenga menos años de vida que el otro (el africano de clase media) que tiene menos recursos. Y es ahí donde fallan las teorías de Deaton y de la mayoría del establishment antipobreza, que cree que pobreza es un problema individual de falta de recursos que además se puede resolver a base de educación.


La pobreza no es un concepto absoluto, sino relativo


La pobreza no es un concepto absoluto, sino relativo. Que seas pobre o no y que se te defina como que seas pobre o no, depende de dónde estés ubicado en la estructura social de un país. No se puede tomar al individuo fuera del contexto económico, político y social donde vive. Y ello nos lleva a la raíz del problema que no es la falta de recursos sino la manera como están distribuidos. La distribución de los recursos a nivel nacional, así como a nivel internacional es el tema fundamental que la sabiduría convencional sobre la pobreza reproducida por el Banco Mundial y el Sr Deaton no tocan.


Una persona pobre del Bronx en EEUU está en el fondo de la sociedad, una sociedad profundamente desigual y enormemente polarizada en la que existe poco apoyo colectivo (el Estado del Bienestar en EEUU es muy deficiente, como lo muestra que el 48% de pacientes con enfermedades terminales -es decir, que se están muriendo- estén angustiados por saber cómo pagarán –ellos o sus familias- sus facturas médicas). Es más, este pobre del Bronx está enormemente frustrado, pues la distancia social y económica de él o ella con el promedio de la sociedad estadounidense es enorme, con lo cual se ve abrumado y con pocas posibilidades de salir del fondo del pozo, lo cual crea una gran frustración y patología, responsable de su menor longevidad. La persona de clase media en Ghana, por el contrario, no está por debajo, sino por encima del promedio de la sociedad en la que vive, y por lo tanto, no tiene esta frustración y alienación frente al resto de la sociedad como resultado de la ausencia de una distancia difícil de corregir, algo que sí le ocurre al pobre del Bronx.


Es ahí donde el énfasis en transferir rentas a los pobres para resolver la pobreza es insuficiente. Es conocido entre los expertos en política social que gran parte de las medidas antipobreza que están basadas en la transferencia de fondos públicos de carácter asistencial tienen escasa eficacia en resolver dicha pobreza. Toda la evidencia existente muestra que tales transferencias públicas a las poblaciones pobres, aun cuando necesarias para aliviar la pobreza, son ineficaces para resolver esta en un país. Un tanto parecido ocurre con el énfasis en la educación como medida para salir de la pobreza. Son medidas necesarias, pero insuficientes. Lo que se requiere para eliminar la pobreza son medidas públicas altamente redistributivas, que reduzcan las distancias económicas, financieras, políticas, mediáticas y sociales, que son las causas de la pobreza. La evidencia es abrumadora en este sentido. A mayor desigualdad en un país, mayor es su pobreza. De ahí que lo que se requiere para eliminar la pobreza es la redistribución de los recursos en un país, encaminada a reducir las desigualdades, el tema que es precisamente tabú de los organismos internacionales.


De lo dicho hasta ahora, se debe concluir que enviar dinero de los países ricos a los pobres no ayuda a disminuir la pobreza, a no ser que estos recursos se dedicaran a medidas redistributivas, que raramente tienen lugar. En realidad, si los países ricos quisieran ayudar a eliminar la pobreza en los países pobres, lo podrían hacer fácilmente, ayudando a redistribuir la07enorme concentración de la riqueza que existe en aquellos países. Que no lo hagan es porque muy frecuentemente son los mayores aliados de aquellas estructuras de poder que controlan y se benefician de la concentración de la riqueza en dichos países. El lector entenderá también porque las tesis expuestas en mi artículo no tienen la visibilidad que tienen las del Sr. Deaton o del Banco Mundial, pues las primeras, con su énfasis en la redistribución, amenazan a los grupos de mayor riqueza en un país que tiene gran influencia, cuando no control, de los mayores medios de información y persuasión del país. Así de claro.

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Lunes, 26 Octubre 2015 07:06

Capitalismo ¿bueno y malo?

Capitalismo ¿bueno y malo?

A raíz de la crisis financiera, y con un retraso claro, han aparecido en la escena política algunas fuerzas que mantienen una posición que de modo complejo representan alguna forma contestataria del funcionamiento del capitalismo. Una reacción al sistema sustentado en los enormes flujos de capital, el endeudamiento de gobiernos, empresas y familias, el gran poder de las instituciones financieras, el carácter oligopólico de muchas industrias, junto con mayor desempleo y subempleo y una creciente desigualdad social.


De modo somero esto puede ilustrarse, entre otros, con los casos de Syriza en Grecia, Podemos en España, Corbyn en el laborismo británico y, si se extiende esta noción, puede caber hasta Bernie Sanders entre los demócratas estadunidenses (con el antecedente tal vez de Ocupa Wall Street). El derrotero de cada uno de ellos es distinto y se puede seguir en los acomodos, en ocasiones muy profundos, que tienen que hacer al radicalismo que representan y en las campañas electorales que están hoy en curso.


En ninguno de estos casos se advierte una competencia decisiva con el entorno político y técnico burocrático que prevalece y que no deja de enmarcarse en el proyecto de raíz neoliberal. Este último apenas se ha modificado y de un modo que no representa un cambio decisivo del statu quo, a pesar de los embates de la propia crisis en materia monetaria y fiscal y de las consecuencias de los fuertes ajustes presupuestales que, como ocurre en Europa, han llevado a un reacomodo del proceso de unificación y un renacimiento del nacionalismo cada vez menos contenido.


En materia de las políticas económicas que se aplican de modo general, la variaciones son muy escasas y los organismos internacionales como el FMI y la OCDE no tienen ningún gen evolucionista visible. El proyecto dominante a escala global aparece aun con bastante resistencia.


La revista The Economist se alinea, consistentemente, con un concepto propuesto por J. A. Schumpeter en su libro Capitalismo, socialismo y democracia, publicado en 1942. Se trata del proceso de destrucción creativa que incita la dinámica de este sistema de producción. Es la incesante renovación de los procesos y de los productos que sustituyen a los que se agotan o se hacen obsoletos (en muchos casos de modo premeditado). Este mecanismo se asocia con las tendencias de crecimiento económico de largo plazo y, también, con las fluctuaciones cíclicas y, sobre todo, con el mercado de insumos, capitales y, por supuesto, de trabajo.


De ahí que la revista británica ahora hable de un capitalismo bueno y otro malo. El bueno tiene que ver con la competencia y la innovación y el malo con los monopolios y el amiguismo. Más allá del esquematismo demasiado facilón de esta propuesta, existen, por ejemplo, sectores como el de la microelectrónica y las tecnologías de la comunicación, en los que se ha abierto un espacio para la entrada de nuevas firmas.


Pero incluso ahí se advierte una clara tendencia a la concentración, como pasa en las grandes como Microsoft y Apple o con Facebook y Google, que se apropian de los rendimientos y las rentas, aunque ciertos innovadores en varias partes del mundo ganen a veces mucho dinero con la creación de algunas aplicaciones. Ese proceso de concentración y centralización del capital que formuló Marx sigue siendo la norma a lo largo del espacio productivo y de financiamiento.


Y qué decir entonces de la propensión al oligopolio tan clara siempre y, cada vez que se puede, al monopolio, que sigue siendo la norma. Y el amiguismo que continúa en pleno auge. Todo esto no es una queja, mucho menos indica nostalgia alguna. Se puede reconocer la transformación que significa en la vida cotidiana la innovación y la destrucción creativa, sin renunciar a los conceptos y teorías que son observaciones útiles y necesarias para cualquier análisis que rebase el entusiasmo a ultranza.


Se admite, entre los que proponen una adaptación y renovación posible del capitalismo, que el cambio que aparece tan vertiginoso en ciertos sectores de la producción y en su impacto sobre las formas de consumo, provoca ansiedad y resistencia.


Un ámbito en el que esto sucede de manera ostensible es el del trabajo. Las habilidades de los trabajadores cambian rápidamente y segmenta aún más el mercado laboral y los ingresos. La necesidad de trabajadores se reduce. The Economist señala que hace diez años Blockbuster tenía en Estados Unidos 9 mil tiendas y 83 mil empleados. Netflix emplea solo 2 mil personas y renta su poder de computación y señal de video a Amazon. Un estudio de la Universidad de Michigan muestra que mil 200 empresas que se han hecho públicas en ese país han creado cada una menos de 700 empleos en promedio alrededor del mundo desde el año 2000".


Sobra la gente. Se desvanece la seguridad en el empleo y de ahí el acceso a los beneficios sociales como la salud, la vivienda y las pensiones.


Ese es el precio, se dice, de las fuerzas que impulsa el capitalismo bueno; el precio que se paga por la prosperidad. Pero habría que aclarar cómo se mantendrá el acceso a dicha prosperidad para una creciente parte de la población, empezando por los jóvenes y siguiendo con aquellos que quedan desplazados de la demanda de trabajo. La informalidad y la marginación no son cosas del azar.


Si la estabilidad macroeconómica y el progreso tecnológico dejan de ser compatibles con la estabilidad social, constituyen un quiebre cada vez más amplio de la estructura social.

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Una democracia de los ricos para los ricos

ALAI AMLATINA, 30/09/2015.- "Por primera vez en la historia, el Congreso está dominado por una mayoría de millonarios que son, como promedio, catorce veces más ricos que el estadounidense medio... nuestros representantes están totalmente desconectados de la lucha diaria de la mayoría de los estadounidenses, que viven -de un cheque a otro- atrapados en la agotadora lucha por sobrevivir día a día".

Así lo observa John W. Whitehead, Presidente del Instituto Rutherford, en su libro "A Government of Wolves: The Emerging American Police State" ("Un gobierno de lobos: el estado policial estadounidense que emerge").

"De hecho, aunque se supone que Estados Unidos sea una república representativa, estas personas ganan salarios de seis cifras y habitan un mundo exento de multas, con gimnasio gratuito y atención sanitaria que no es segunda de nadie, sólo tienen que trabajar dos o tres días a la semana; hacen 32 viajes por carretera completamente reembolsados cada año, viajan al exterior, reciben descuentos en restaurantes y están exentos de impuestos en las tiendas de Capitol Hill, con aparcamiento reservado en el aeropuerto nacional de Washington, flores frescas gratuitas en los jardines botánicos y asistencia también gratuita en la preparación de sus informes de impuestos sobre la renta. Ellos ni representan ni sirven al pueblo estadounidense. En vez de eso, se han autoproclamado nuestros amos".

Según informa Dan Eggen en el diario The Washington Post: "las nuevas cifras ponen de relieve una larga tendencia de acumulación de riqueza en el Congreso, que está integrado mayoritariamente por millonarios y casi millonarios que poseen a menudo varias casas y otros bienes fuera del alcance de la mayoría de los votantes que representan".

"Muchos de nuestros políticos viven como reyes. Pasean en lujosas limusinas, vuelan en aviones privados y consumen comidas gourmet, todo pagado por los contribuyentes estadounidenses, bien alejados de aquellos a quienes se supone que representen. Por su lujoso estilo de vida, resulta difícil identificarles con el ciudadano común que vive cheque a cheque y mantiene al país con su dinero duramente ganado con el sudor de su frente".

Como escribe el renombrado economista Joseph Stiglitz en la revista Vanity Fair, "prácticamente todos los senadores de Estados Unidos y la mayoría de los representantes de la cámara, integran el 1 por ciento cuando llegan, son protegidos en sus cargos por el dinero del 1 por ciento y saben que si sirven bien al 1 por ciento serán recompensados por el 1 por ciento cuando dejen sus cargos. Por lo general, las autoridades claves del poder ejecutivo en materia de política comercial y económica también integran el 1 por ciento.

Lamentablemente, dice Whitehead, la política electoral ha sido tan profundamente corrompida por el dinero corporativo que hay pocas posibilidades de que, incluso una persona bien intencionada, pueda promover un cambio real en el Congreso. El camino de las urnas, ya sea a la Oficina Oval o al Congreso, es caro, y sólo los ricos, o aquellos apoyados por los ricos, son capaces de llegar siquiera a la línea de partida.

En el ciclo de las elecciones presidenciales de 2012, ambas partes gastaron mil millones de dólares para intentar obtener la elección de sus candidatos.

Una vez electos, estos burócratas ricos ya privilegiados entran en una vida de privilegio aún mayor, vergonzosamente a expensas de los contribuyentes estadounidenses. Ya sean demócratas o republicanos, todos ellos aprovechan al máximo lo que un informe de prensa describe como "una montaña de ventajas con las que la mayoría de las fortunas mayores del mundo no podrían rivalizar".

Incluso los consejeros más cercanos del Presidente Obama son millonarios, los de su gabinete de quince miembros incluidos. Y luego están los grupos de presión (lobbys), con un estimado 26 cabilderos por congresista, fuente de mucha corrupción y trasiego de dinero en Washington.

Esta presión, dice Whitehead, es alentada a su vez por un estilo de vida del Congreso que exige que los congresistas pasen la mayor parte de su tiempo recaudando fondos para campañas, en vez de respondiendo a las necesidades de sus electores. "Cuando la mitad de su tiempo la dedican a pedir dinero a individuos ricos y a otros intereses especiales, no hay manera que puedan responder a los problemas que están presentes en el país".

Según el representante demócrata por Carolina del Norte Brad Miller, "a lo que nos enfrentamos es a un gobierno oligárquico, uno de los ricos, por los ricos y para los ricos. Si nos propusiéramos la supervivencia de nuestro supuesto gobierno representativo, lo primero que debíamos hacer es arrebatar su control de la élite adinerada que lo dirige".

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El fantasma de la democracia social recorre el mundo

Durante los últimos meses, en el mundo ha surgido una corriente política moderna y de avanzada que está luchando en diferentes países para establecer la democracia social en el poder y por un nuevo modelo de desarrollo económico que genere más justicia y mayor bienestar para la población. Cansados y frustrados con la enorme desigualdad que se ha producido, la cual hoy concentra 99 por ciento de la riqueza mundial en uno por ciento de la población, los líderes sindicales, intelectuales y políticos progresistas están proponiendo ideas, estrategias específicas y programas para balancear la distribución de la riqueza y lograr mayor igualdad y equilibrio entre los miembros de la sociedad.


Con ello se busca desactivar los conflictos sociales y políticos, así como la explotación y la marginación que hoy recorren el planeta y que tantas injusticias y guerras están provocando. Son personas y grupos comprometidos con los ideales de la democracia, la libertad y mayor conciencia social, la cual buscan alcanzar. Esto sucedió recientemente en Inglaterra, donde para sorpresa de los conservadores en el poder y de muchos miembros de esa sociedad, el dirigente político Jeremy Corbyn fue electo por mayoría como líder del Partido Laborista, con una nueva visión de la social democracia y de los cambios profundos que se requieren en la estructura económica de esa destacada nación.


El objetivo de sus propuestas es reducir la desigualdad, crear un estado regulador y promotor de mayores inversiones y oportunidades, así como de más contenido social cercano a la clase trabajadora y a la mayoría de la sociedad. La victoria de Corbyn fue vista como un hecho refrescante que renovó las esperanzas y la inspiración a miles de jóvenes para integrarse a las filas del Partido Laborista inglés, el cual habían abandonado en el pasado reciente.


Al mismo tiempo, Canadá está en un proceso avanzado para elegir al nuevo gobierno, hasta hoy encabezado por el primer ministro Stephen Harper, del Partido Conservador, y las elecciones se llevarán a cabo el ya muy próximo primero de octubre. Las encuestas recientes favorecen por primera vez en la historia al Partido Nuevo Demócrata (NDP, por sus siglas en inglés), que dirige Thomas Mulcair. La ideología de los nuevos demócratas es progresista, con un alto sentido de democracia social y un claro compromiso con las grandes mayorías de la población canadiense y del sector laboral de ese país.


Por su parte, el primer ministro de Suecia, Stefan Löfven, quien fue dirigente del sindicato de IFMettal, se reunió hace unos días en Viena con el canciller de Austria, Werner Faymann, y el vicecanciller de Alemania, Sigmar Gabriel, para concretar un plan que promueve cambios al Tratado de la Comunidad Europea, los cuales contemplan fortalecer los derechos de los trabajadores. De acuerdo con la página web del gobierno sueco, los políticos, todos ellos miembros y líderes de la social democracia de sus respectivos países, junto con las confederaciones de trabajadores de cada uno de ellos, analizaron y negociaron todo un esquema para regular y asegurar condiciones decentes en el mercado de trabajo europeo.


Los demócratas sociales y los sindicatos de Europa quieren y promueven que haya mayor balance entre libertad y derechos, y están convencidos de que las economías de libre mercado, el crecimiento y el movimiento del capital y de las personas, así como los bienes y servicios, no deben ser más importantes que los derechos sociales bajo ninguna circunstancia. Hoy, la mayoría de las compañías están en competencia abierta para ofrecer salarios cada vez más bajos y condiciones de trabajo denigrantes, así lo afirmó Stefan Löfven durante las reuniones. Terminó subrayando a la agencia de noticias TT de Suecia que cuando exista un conflicto entre la competencia y la flexibilidad que buscan las empresas, y los derechos laborales y sociales, estos deben prevalecer, y ese es el objetivo principal del acuerdo al cual llamaron el Protocolo Social.


En otros países, como Brasil, que está atravesando por una crisis de credibilidad y de fracturas en su sistema económico, de repente vuelve a aparecer el ex presidente Lula da Silva para anunciar su regreso a la política. Lula fue el líder nacional de los trabajadores metalúrgicos de esa gran nación de Sudamérica, donde logró reducir los niveles de pobreza, abrir nuevas y mejores oportunidades de empleos, convertir a su país en una potencia con gran futuro y elevar la imagen nacional.


El papa Francisco ha condenado la desigualdad que prevalece en el mundo, la ha calificado de inmoral y propone regresar a la racionalidad por medio de políticas y estrategias que estén más cerca de las necesidades de las mayorías que sufren en la pobreza y el abandono, y, desde luego, sugiere que el mundo vuelva a los caminos de la justicia y el humanismo con dignidad. La influencia del Papa es creciente y siempre busca dar aliento a los más necesitados y presionar a los que más tienen para que compartan su riqueza, respeten la integridad de las personas y reconozcan su derecho a una vida mejor.
Hay muchos otros casos de dirigentes y líderes de organizaciones académicas, sindicales, religiosas y políticas de diferentes países que están proponiendo cambios estructurales al modelo de crecimiento económico para transformarlo, mediante diversas estrategias, en sistemas de prosperidad compartida y de mayor equidad.


En México, la clase empresarial y los políticos conservadores e insensibles parecen ignorar los cambios que están sucediendo en el medio internacional, porque desde luego lo que menos les preocupa son las necesidades de la gente o el futuro del país. Se sienten protegidos por sus riquezas y por la acumulación desmedida de capital y bienes materiales con que se rodean. Sin embargo, sería útil que reconocieran que la realidad los va a rebasar a ellos y a sus familias, por no haberse dado cuenta, por su ignorancia y falta de sensibilidad, que el fantasma de la democracia social que está en contra del estancamiento, de la desigualdad y de la pobreza, tarde o temprano los alcanzará.

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El mundo en 2030: ¿el doble o los mismos objetivos que para 2015?

Que los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que serán aprobados en la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno que comienza mañana en la sede de Naciones Unidas sean 17 no significa que se doble la ambición que reflejaban los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) puestos en marcha en 2000 y con fecha de caducidad a finales de 2015. No hay tanta diferencia entre unos y otros, lo que revela el fracaso de la propia ONU y de los Gobiernos ─sobre todo los del Primer Mundo─ en cumplir su compromiso global en los últimos 15 años.


Resulta por ejemplo descorazonador que el primero de los ODM fuese "erradicar la pobreza extrema y el hambre" y que los dos primeros ODS sean ahora, justamente, "eliminar la pobreza extrema" y "acabar con el hambre". Dos en uno. Si el objetivo se hubiera cumplido, los ODS serían tan solo 15, menos realidad, porque no es la única duplicidad entre ambas agendas. Eso sí, la nueva es más precisa y diferenciadora ─lo que no significa que vaya a ser más eficaz─ a la hora de especificar metas (se enumeran 169 concretas) y buenos propósitos, de establecer el compromiso de hacer un mundo más justo, más limpio, más pacífico, más saludable, más formado y menos desigual.


Este fin de semana, desde el Papa a Obama o Xi Jinping, los líderes mundiales derrocharán en Nueva York promesas solemnes de generosidad y buena voluntad. Porque esta vez, sostienen, "sí que va en serio", y el fracaso está descartado porque "está en juego la supervivencia". Por eso, no será fácil sustraerse a un clima de esperanza que puede durar lo poco que tarden las promesas en pasar por el tamiz del esfuerzo económico y la voluntad política. El costo de hacer realidad esas buenas intenciones en los próximos 15 años no es descabellado, pero sí produce vértigo: no menos de cuatro billones de euros. Y tras la euforia de la cumbre, cuando haya que empezar a pagar la factura, llegará como en tantas otras ocasiones la cicatería y la defensa de los intereses particulares. De hecho, la conferencia internacional celebrada el pasado julio en Addis Abeba para tratar precisamente de la financiación de la agenda 2030 puso en evidencia la preocupación ─si no la convicción─ de que no habrá fondos suficientes para aplicarla.


Es lo que hay y, por eso, no sirve de mucho llevarse las manos a la cabeza y empeñarse en ver la botella medio vacía. En clave optimista, hay que felicitarse porque, al menos, se ha cumplido en buena medida el primero de los Objetivos del Milenio, ya que desde 1990 (fecha que se tomaba como referencia), se ha reducido en más del 50% la pobreza extrema en el mundo, en gran parte gracias al espectacular ascenso económico de China. Aún sigue habiendo, no obstante, más de 1.000 millones de personas que sobreviven con menos de 1,25 dólares (1,10 euros) al día, y 800 millones que pasan hambre, pese a que el mundo tiene capacidad de sobra para producir alimentos incluso para una población muy superior a la actual. Reducir estas dos cifras a cero es la ambiciosa y probablemente utópica pretensión que se marcan los ODS.


Es innegable que, en los últimos 15 años, se ha producido un avance sustancial en la lucha contra la pobreza así como en la mejora de la salud pública (reducción del sida y el paludismo) y la extensión de la educación en los países en vías de desarrollo. También ha habido progresos en el combate contra el cambio climático, que tiene una cita importante en la cumbre de París de diciembre, aunque, a la hora de decidir entre desarrollo y ecología, la mayoría de los países suelen decir que ambos conceptos son compatibles, pero casi siempre terminan apostando por el primero a costa del segundo.


El mundo avanza en algunos terrenos, aunque a tropezones. Faltaría más, pero no lo hace ni con la aceleración suficiente, ni con el equilibrio y el ritmo que debería contribuir a la disminución de la desigualdad y la discriminación, ni promoviendo de forma eficaz la paz y la justicia. Este último no era uno de los siete expresos ODM para 2015, pero sí figura como uno de los 17 ODS para 2030. Hoy por hoy, el mundo es más injusto, desigual e inseguro que en 1990 o 2000, y cuesta creer que esa tendencia cambiará porque unos cuantos jerifaltes pronuncien rimbombantes discursos en la ONU. Otra cosa sería si esos líderes se fueran de Nueva York decididos a trasladar a sus políticas concretas el compromiso adquirido al suscribir los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El viaje más corto será por cierto el de quien tiene más capacidad ─y más dinero─ para solucionar los problemas: Barack Obama.

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Sábado, 01 Agosto 2015 05:22

Lo que encubre la palabra democracia

Lo que encubre la palabra democracia

Desde Bonn, Alemania


Se dieron a conocer públicamente los dineros que han cobrado como sueldo los presidentes ejecutivos de las empresas alemanas en el año pasado. Es increíble. Tanto dinero a personas en una democracia. Ni qué hablar lo que cobran los ejecutivos norteamericanos que superan por mucho lo que ganan sus colegas alemanes. La lista se inicia con el presidente ejecutivo de la empresa fabricante de automóviles Volkswagen, M. Winterkorn, 15 millones de euros. Es decir más de 1 millón por mes. Luego viene B. McDermott (SAP) con 7,9 millones; K. L. Kley (Merck) 7,8 millones, N. Reithofer (BMW) 7,2 millones, D. Zetsche (Daimler) 7,1 millones, J. Fitschen / A. Jain (Deutsch Bank) cada uno 7,1 millones, K. Rorsted (Henkel) 6,7 millones, M. Diekmann (Allianz) 5,9 millones, P. Terium (RWE) 5,7 millones, F. Appel (Deutsch Post) 5,5 millones, J. Kaeser (Siemens) 5,5 millones, H. Hiesinger (TyssenKrupp) 5,4 millones, K. Bock (BASF) 5,4 millones, S. Heidenreich (Beiersdorf) 5,0 millones, M. Dekkers (Bayer) 4,9 millones, B. Scheifele (Heidelberg Cement) 4,7 millones, E. Degenhart (Continental) 4,4 millones, J. Teyssen (Eón) 4,3 millones, H. Hainer (Adidas) 4,3 millones, U. M. Schneider (Fresenius) 4,2 millones, N. von Bomhard (Munich RE) 4,1 millones, R. Powell (Fresenius Medical Care) 4,0 millones, T. Hoettges (Telecom) 4,0 millones, R. Francioni (Deutsch Boerse) 3,7 millones, M. Zachert (Lanxess) 3,4 millones, W. Buechele (Linde) 3,2 millones, M. Blessing (Commerzbank) 3,1 millones, C. Spohr (Lufthansa) 2,3 millones, N. Steiner (K+S) 2,1 millones, R. Ploss (Infineon) 2,1 millones.


Es decir, haciendo resumen, los ejecutivos ganan 53 veces más que un empleado. Esto ha originado gran discusión en Alemania. Luego hay otra cifra muy sugestiva: las ganancias del último año de los poseedores de los establecimientos crecieron en porcentaje más que el aumento que obtuvieron los ejecutivos y los empleados en general. Esas ganancias subieron un 6,8 por ciento.


Pero esto no es nada, el nivel de ingreso de los ejecutivos en los Estados Unidos deja muy atrás a los europeos. En promedio, los capos de las empresas norteamericanas han llegado a una suma que alcanza a los 15,1 millones de euros. El máximo ganador es el nuevo jefe de Microsoft, Satya Nadella, con un total de 63,4 millones calculados en euros.


Ese es el capitalismo mientras en sus grandes ciudades se ve la miseria, la falta de trabajo. Más todavía, el último ataque a la Igualdad lo han hecho los empresarios alemanes que quieren terminar con las ocho horas de trabajo. Sí, aquel gran triunfo de hace un siglo de los sindicatos obreros, cien años después quiere ser eliminado. Se basan los empresarios en que el sistema de computación ha aligerado todos los trámites y permite más velocidad, más trabajo y menos cansancio. Increíble la conducta empresaria. Más dinero para los ejecutivos y más horas para los dependientes.


No sólo eso. Aunque parezca mentira, los últimos cables desde Estados Unidos revelan que aumenta día a día la pobreza de los niños en ese país.


Dicen los cables: "A pesar del momento positivo de la economía en Estados Unidos, viven hoy aquí más niños pobres que en la gran recesión de 2008". Esto está comprobado en un trabajo de la Annie Casey Foundation. En 2013 vivía en la pobreza el 22 por ciento de los niños en Estados Unidos. En 2008, esa cifra era del 18. El número de pobres entre los afroamericanos y los indios se ha duplicado. Los más grandes problemas sociales existen en el Sur y Suroeste de EE.UU. y, sin embargo, por ahora el candidato a próximo presidente de Estados Unidos por el Partido Republicano mejor ubicado es el multimillonario Donald Trump, que se distingue por sus ataques a los mexicanos y con toda arrogancia habla de los millones de dólares que ha logrado juntar. Donald Trump está primero en las encuestas.


¿Es esto democracia? ¿Acaso la democracia es cuestión sólo de dinero?


Lo que llama la atención es la situación en las dos Alemanias, es decir en lo que antes fue la Alemania comunista y hoy es parte de la Alemania unida. Y lo que fue la Alemania del oeste bajo el dominio aliado. Se comprueba que en el territorio de lo que fue la Alemania comunista se tienen más hijos. Un estudio llamado "Así la va la unidad" señala: "Los resultados nos han sorprendido a todos". En primer término las cifras económicas dan que pensar. La producción en el este alcanza sólo a los dos tercios de la Alemania del oeste. Esto se basa en que en la Alemania del este existe mucho menos gran industria y la consecuencia es que la desocupación en el este es de un once por ciento, lo que significa alrededor del doble que en la Alemania del oeste, y eso a pesar de la enorme emigración que hubo del este al oeste. El ciudadano medio de Alemania del este alcanza apenas dos tercios de las entradas de un alemán occidental.


Se nota que mientras la sociedad esté dividida en clases, la lucha no se termina. El sindicalismo debe allí tener su palabra y su alerta. En una nota titulada "Alegría en destruir", el científico norteamericano Ethan Zuckerman sostiene que vivimos en una época en la que el poder de las instituciones está amenazado y señala: "Es un motivo para alegrarnos". Y señala que en Estados Unidos las instituciones están perdiendo fuerza por falta de apoyo.


"Se nota –dice– en que la juventud ya no va a votar, y tampoco gran parte de la población. Sólo un 24 por ciento de la población sostiene hoy que le tiene confianza al gobierno." En 1964 ese valor era del 77 por ciento. Hay de pronto una búsqueda de cambiar el mundo. Ojalá se logre.

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El crecimiento de las desigualdades: causas y consecuencias

Un elemento clave del conocimiento económico neoliberal (que domina la cultura mediática en temas económicos) es creer que las desigualdades de renta son esenciales para estimular el crecimiento económico, pues constituyen el hilo conductor del estímulo económico, basado en los incentivos que generan las desigualdades. La gente trabajará más y más a fin de subir en la escala social, y a más desigualdad, mayor será el camino para recorrer hacia arriba.


Siguiendo tal creencia, la mayoría de autores de tendencia neoliberal explican el crecimiento económico que ocurrió a los dos lados del Atlántico Norte desde el año 1980 como consecuencia del crecimiento de las desigualdades generadas por la aplicación de políticas liberales (hoy conocidas como neoliberales) a partir de los mandatos del Presidente Reagan en EEUU y de la Sra. Thatcher en el Reino Unido. El problema con tales teorías es que el crecimiento económico fue mucho mayor en el periodo 1945-1980 que en el periodo 1980-2013, siendo las desigualdades de renta más bajas en el primero que en el segundo periodo.


En realidad, el hecho de que las economías de los países a los dos lados del Atlántico Norte hayan tenido un crecimiento menor a partir de 1980 se debe precisamente al crecimiento de las desigualdades, con una gran concentración de las rentas derivadas del capital a costa de un descenso de las rentas derivadas del trabajo. Dicho de otra manera, los aumentos de riqueza –como consecuencia del crecimiento económico- fueron a enriquecer más a las primeras que a las segundas rentas. Y el descenso de estas últimas, las rentas del trabajo, determinó un descenso de la demanda, puesto que la mayor parte de la demanda procede primordialmente de las rentas del trabajo, que constituyen las rentas de la mayoría de la población en cualquier país. Esta tesis, ampliamente y erróneamente definida como keynesiana, fue, en realidad, defendida por Karl Marx, autor que goza de muy mala prensa en la terriblemente conservadora (casi reaccionaria) cultura económica dominante en este país. Fue el mismo Marx el que indicó que la propia lucha de clases, con una victoria del mundo del capital sobre el mundo del trabajo, llevaba a recesiones y depresiones, como resultado del descenso de la masa salarial, y con ello de la demanda. El casi nulo conocimiento en los medios (incluidos los académicos) de información sobre cualquier otra escuela de pensamiento que no sea la dominante, explica que la tesis expuesta anteriormente se defina como keynesiana, cuando Marx definió este fenómeno mucho antes que Keynes. Y fue el discípulo de Marx, el economista polaco Michal Kalecki, el que analizó los ciclos económicos según la relación capital-trabajo, como bien ha reconocido Paul Krugman, el economista keynesiano con mayor proyección mediática. Lo que sí subrayó Keynes, que no hizo Marx, fue la capacidad del Estado de intervenir y alterar las variaciones en la demanda, lo cual explica su popularidad en las familias políticas de sensibilidad reformista.


Pero, además del impacto negativo que la concentración de las rentas (y del capital, es decir, de la propiedad que genera rentas) tiene sobre la demanda, reduciéndola, también afecta muy negativamente a las capacidades redistributivas del Estado, y ello como resultado de la bien probada y documentada relación existente entre poder económico y poder político. Hay una clara relación entre desigualdades de renta y propiedad en un país, y la calidad de su sistema democrático. A mayores desigualdades, menor calidad democrática. España (incluyendo Catalunya) y EEUU son un claro ejemplo de ello. Las desigualdades de renta y propiedad en EEUU y en España están entre las más elevadas hoy en el club de países más ricos (la OCDE), siendo también países en los que la calidad democrática es muy baja. En realidad es difícil (por no decir imposible) mejorar el sistema democrático sin redistribuir las rentas y la propiedad, pues los propietarios del capital (que hoy, en lugar de clase capitalista se llaman el 1%) y las rentas superiores (las clases que gestionan y promueven los intereses del 1% y que tienen una gran influencia, directa o indirectamente, a través de los medios de información que controla el 1%) tienen una enorme influencia sobre el Estado.


Falsas explicaciones del crecimiento de las desigualdades


Ese gran crecimiento de las desigualdades desde los años ochenta del siglo pasado se ha intentado analizar y explicar atribuyéndola a factores como la globalización, el cambio tecnológico y otros, que tienen limitado poder explicativo, pues más que causas, estos factores son consecuencia de la causa real, es decir, del enorme poder del mundo del capital, que se ha adquirido a costa del debilitamiento del mundo del trabajo, poder que se ha traducido en toda una serie de intervenciones públicas, la mayoría de carácter político, como son el debilitamiento de los sindicatos, la desregulación de los mercados laborales, la instrumentalización del poder político, el aumento de los partidos liberales y conservadores (que representan sus intereses) y otras intervenciones que han facilitado el crecimiento de aquellas situaciones (como la globalización económica) que se presentan, erróneamente, como las causas de dicho debilitamiento. Una de las áreas donde el incremento del poder del mundo del capital ha sido más marcado ha sido en los medios de información, siendo una característica de este periodo liberal (1980-2013) la enorme concentración de los medios y de su propiedad, convirtiéndose en meros medios de persuasión y manipulación de la realidad (el caso español es un caso claro de esta situación, donde no hay ningún medio de sensibilidad crítica y de orientación de izquierdas, siendo las únicas variedades existentes y permitidas las distintas tonalidades conservadoras, liberales o socioliberales, excluyendo a las izquierdas). Existe una relación clara de que a mayores desigualdades, menor libertad de expresión, siendo, de nuevo, España (incluyendo Catalunya) un ejemplo manifiesto de esta relación directa entre desigualdades y limitada (inexistente, en el caso español) diversidad en los medios. Ejemplos de esta falta de diversidad los hay miles. El caso más reciente es el de que no haya habido ningún rotativo (entre los que tienen mayor difusión) que haya editorializado apoyando el referéndum griego y su resultado. Todos los medios han editorializado a favor de las políticas de austeridad impuestas por la Troika y el Eurogrupo al pueblo griego. Y a esta situación el establishment político-mediático español (incluyendo el catalán) le llama cínicamente libertad de expresión.

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Lunes, 13 Abril 2015 06:09

Ciudades gigantes, desafíos gigantes

Ciudades gigantes, desafíos gigantes

Crear un plan homogéneo de edificabilidad, mejorar el transporte y luchar contra las desigualdades sociales son los grandes retos que señalan arquitectos y urbanistas para las urbes de América Latina


Megaciudades. Aglomeraciones urbanas de hasta 20 millones de habitantes. "Monstruos ingobernables", como admiten unos arquitectos que tratan de ordenar el caos. Imposible. Las mayores urbes del planeta son complejos organismos que se multiplican sin freno y, en la mayoría de ocasiones, sin un patrón homogéneo. Núcleos hipertrofiados que han germinado con el progreso de las clases medias y el trasvase del campo a la ciudad. São Paulo, México, Bogotá, Lima, Buenos Aires, Río, etcétera. Urbanistas y arquitectos de estas metrópolis de América Latina analizan para EL PAÍS los retos que plantea su gestión. Y coinciden en señalar la falta de un criterio unificador que armonice el desarrollo de las urbes, las dificultades en la movilidad y el aumento de las desigualdades sociales como los principales problemas

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Los retos futuros pasan por convertir estas grandes ciudades en espacios más habitables, con mejores políticas de transporte público y menor contaminación. Y, sobre todo, trazar una dirección para la edificabilidad bajo un plan único, y que las grandes urbes no sean el resultado de un cuadro pintado a brochazos.


En 2014, 450 millones de personas compartían el suelo de 28 áreas metropolitanas en todo el planeta. Difícil detener la autoconstrucción, como si fuera un videojuego. "Hay un aspecto fundamental: la lucha por la ciudad", afirma Abilio Guerra, urbanista y arquitecto brasileño. "Es difícil encontrar fórmulas adecuadas en el Gobierno de las ciudades. La mayor parte de las veces, la iniciativa privada pasa por encima de los intereses de la gente, sin que el poder político tome medidas contra los abusos. Los grandes perjudicados son los espacios públicos de las ciudades. Lo vemos en Río con el caso del Parque do Flamengo, y en São Paulo con el Largo da Batata y el Parque Minhocão. Es preocupante, porque esto sucede en un momento de vulnerabilidad de la sociedad civil brasileña", analiza Guerra.


El patrón se repite en la mayoría de capitales latinoamericanas. En Bogotá se dan codazos sus 7,8 millones de habitantes, producto de la mayor densidad urbana en toda la región: 26.200 ciudadanos por kilómetro cuadrado. El censo crece en 170 personas al día. Y la administración da carta libre a la construcción para aportar cobijo a esa demanda.


Un decreto permite que los constructores puedan desarrollar grandes obras si se abona una cantidad económica adicional por la edificabilidad extra. "Eso significa que pueden aparecer edificios de cualquier tamaño en cualquier manzana, solo porque el constructor busca más metros", explica Mario Noriega, profesor de urbanismo en la Universidad Javeriana. Noriega pide un "marco legal según las necesidades de la gente, que no cambie de alcalde a alcalde". "Creen que eso da una apariencia de modernidad a la ciudad. Pero las calles no están preparadas. La ciudad tenía una estructura de manzanas, con 30 viviendas en cada una. Con la nueva norma, se harán hasta 400. Bogotá es muy densa en los bordes y poco en el centro, pero ahora será densa en todos lados. Su caso de densidad solo puede ser comparable a algunas ciudades chinas y africanas. Están creando una zona de desastre. Se habla de México como la ciudad monstruo, pero tiene metro, y Bogotá es cinco veces más densa", explica el profesor de urbanismo. Solo el 55% de sus habitantes dice estar orgulloso de su ciudad.


Una población similar a la de Bogotá, aunque con una densidad 10 veces menor, tiene Lima. Los arquitectos peruanos Arnold Millet, que ha trabajado en la Municipalidad, y Mario Lara abundan en la reivindicación de su colega colombiano. "Lima no tiene una gobernanza con un hilo único, sino que se suceden gobiernos que rompen con lo anterior y hacen lo contrario", apunta Millet. "El gran reto es ordenarla. Hoy es una ciudad descoyuntada, con más de 40 alcaldías [43 distritos y alcaldes de distrito] que cada una hace lo suyo, atomizada. La solución sería poner a Lima con menos alcaldías y con los mismos decretos", expone Lara.


Pocas ciudades en el mundo han logrado esta unidad metropolitana. Si acaso Londres y París, dicen los urbanistas. "Se parte de un centro y se acumulan municipios adyacentes", dice sobre México el español Miquel Adrià, director de la revista Arquine.
Cómo moverse en el laberinto


Las horas vuelan al volante o en transporte público para los millones de personas que se desplazan en ese ida y vuelta eterno entre la casa y el trabajo. El ciudadano de São Paulo invierte una media de 2 horas 53 minutos diarios en desplazamientos en vehículo propio, y 2 horas 46 minutos en medios públicos (son usados por el 62% de la población). Por la ciudad circulan 5,4 millones de coches, casi uno por cada dos habitantes. Cada mexicano emplea 16 horas a la semana en los trayectos. Bogotá no tiene metro y es el sistema de autobuses el que canaliza la marea humana de viajeros. En Lima, la única línea de metro no da abasto...


"El metro es una necesidad en Bogotá". Lo dice el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, consciente del embudo que supone para la capital la ausencia de este medio de transporte. A cambio, la ciudad presume de la red de ciclorrutas (carril bici) más grande de América Latina, 392 kilómetros de asfalto que los ciudadanos utilizan cada vez más. Piden, eso sí, mayor seguridad vial y que las empresas incentiven las dos ruedas entre sus empleados. Solo el 17% de los bogotanos se declara satisfecho con la red de vías urbanas. Y los problemas de aparcamiento son cada vez mayores para una flota de 1,5 millones de coches. El sistema de autobuses, TransMilenio, moviliza a dos millones de personas al día. "Se enfoca todo en los buses, pero no basta. Bogotá es una ciudad que funciona como una ciudad del siglo XIX y tiene población del siglo XXI", analiza Mario Noriega. Además, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la ciudad multiplica por 2,7 los niveles de contaminación que se consideran perjudiciales para la salud.


Ante la congestión, las ciudades buscan fórmulas como el Día sin Carro y diversos tipos de restricciones. En Lima, otro foco de contaminación (sobre todo en invierno dada la gran nubosidad), el ómnibus no puede circular por algunas avenidas, y en la pasada alcaldía diversas calles del centro pasaron a ser peatonales. Con 150.000 nuevos coches cada año (un total de 1,5 millones), proliferan los taxis, formales e informales. También México ha puesto la señal de Stop. Los coches con más de ocho años tienen prohibido circular un día a la semana y un fin de semana al mes en la ciudad. "Aunque estos mismos coches se venden en los municipios y contaminan. La solución es tener la misma política en los dos sitios, ciudad y área metropolitana", señala Miquel Adrià. Hasta seis millones de vehículos entran y salen de la urbe cada día. Distrito Federal ha puesto en marcha proyectos para mejorar las comunicaciones, como dobles pisos en carreteras, nuevas estaciones de tren, estaciones de metro multimodales, que unen varias líneas (hay 300 kilómetros de vía y cinco millones de usuarios), y un nuevo aeropuerto fuera de la ciudad.


Y junto a la saturación, la inseguridad. Según un estudio de la Fundación Thomson Reuters, seis de cada 10 mujeres aseguran haber sido acosadas físicamente en los transportes públicos de América Latina. Bogotá, Ciudad de México y Lima son los escenarios más inseguros.


Las desigualdades sociales


La polarización social también sacude las megaurbes. El ciudadano es parte del mobiliario. "El gran reto es la inclusión", comenta la arquitecta mexicana Tatiana Bilbao. "La vivienda es un bien social, no debería ser un commodity. Los arquitectos nos hemos desconectado de no querer lidiar con el problema de la falta de vivienda digna para la población. En México es muy fuerte la segregación en todos los sentidos, física y social. Las clases están muy marcadas. Es un México muy disgregado y contrastado. Está todo revuelto. Hace 20 años la gente cambiaba dos veces de casa durante su vida. Hoy son 17. Esto genera desarraigo, desentendimiento de la comunidad y falta de identidad".


Raúl Fernández Wagner, profesor de urbanismo de la Universidad Nacional de General Sarmiento de Buenos Aires, ofrece una visión sobre la capital argentina, con 15 millones de habitantes en toda la metrópoli. "El mayor conflicto es el acceso al suelo por parte de la población. De cada 10 nuevos habitantes de Buenos Aires, seis no buscan la compra de suelo, sino que entran en el mercado informal. Es muy difícil tener propiedad privada porque es muy cara. En 10 años Buenos Aires duplicó el PIB. Eso ha de¬sa¬ta¬do también un fuerte proceso especulativo con el suelo".


Sostenibilidad, movilidad e igualdad social. Son tres de los retos de las grandes ciudades latinoamericanas. Para estas urbes no se trata solo de acumular población, sino de convertirse en mejores sitios para vivir.


AMÉRICA LATINA: LOS DESAFÍOS


Objetivo: reducir el abismo entre ricos y pobres

 


Por Verónica Calderón México Df 11 ABR 2015 - 00:22 CEST


Un breve paseo por la delegación Miguel Hidalgo, una de las 16 demarcaciones legales que dividen al Distrito Federal, refleja la enorme brecha económica en México, la segunda economía de América Latina y el país donde viven el hombre con la segunda mayor fortuna del mundo y 53,3 millones de pobres. Mientras el menú degustación para una persona en un exclusivo restaurante puede ascender hasta más de 150 euros, en la calle se apuesta una señora con dos niños que ofrece chicles y cigarros sueltos a cambio de unas monedas. Reunirán, con suerte, unos cinco euros al terminar el día. La imagen es una de tantas que ilustran la desigualdad en Latinoamérica, la región con la mayor inequidad en el mundo solo superada por el África subsahariana: un 28% de su población vive en la pobreza y uno de cada cinco subsiste con menos de cuatro euros al día. Diez de los 15 países más desiguales del mundo están América Latina.


Pese a que el crecimiento registrado en los primeros años del siglo XXI redujo la cifra de pobres un 30%, también aumentó la riqueza de las clases altas. En 2002, la región tenía 25 multimillonarios; en 2014, esta cifra llegaba a 114.


La desaceleración producida tras la crisis financiera que se inició en 2009 afecta en primera fila a los que menos recursos tienen. La reducción de las previsiones de crecimiento de las mayores economías de la región, en especial de Brasil, el gigante regional, han puesto en riesgo las conquistas sociales de la última década. Por otro lado, las fortunas latinoamericanas mantienen el tirón: aumentan a una velocidad del 23% al año, según un informe de Oxfam. Un 8% más rápido que en el resto del mundo.


El coeficiente Gini analiza la distribución de los ingresos con valores que van del cero (igualdad absoluta) al 1 (total desigualdad). América Latina, un mosaico variopinto de países con profundas diferencias, se ha ganado las esperanzas de buena parte de los economistas mundiales por su riqueza natural y capacidad de crecimiento, pero mantiene como denominador común la desigualdad. Pese a que durante los años de avance sostenido, entre 2000 y 2009, las economías latinoamericanas habían conseguido reducir el índice de un 0,54 en 2000 a un 0,5 en 2010, la marca todavía está muy por debajo de países con mayor equidad. El coeficiente Gini en los países escandinavos es de 0,25.
El 10% de la población mexicana gana 27 veces más que el resto, 15 veces más que Estados Unidos y nueve veces más que el promedio de la OCDE.


Gasto público


A esto se suman los nubarrones en la economía global: la caída en el precio del crudo ha reducido las previsiones del crecimiento de las dos mayores economías de la región, México y Brasil, y ha agravado la crisis en Argentina y Venezuela, que tienen pronósticos negativos de un -1,5% y -2,9%, respectivamente. Después de que la región consiguiera crecer globalmente en 2010, en 2014 llegará solamente a un 1,7%.


Para capear el temporal, los dos punteros de la región, Brasil y México, han respondido con recortes a su gasto público, anunciados por sus respectivos presidentes, Dilma Rousseff y Enrique Peña Nieto. Esto, según un informe del Banco Mundial de 2014, salvará empleos y mantendrá la estabilidad a largo plazo. Pero eso no significa que el camino no vaya a ser doloroso. Marianne Braig, investigadora de la Universidad Libre de Berlín, opinó en un foro organizado en la Universidad Nacional Autónoma de México que las políticas de la región han demostrado que no son efectivas para reducir la inequidad, especialmente, por el inadecuado manejo de ingresos.


Otro informe del Banco Mundial, también de 2014, indica que la movilidad entre clases es lenta y que el acceso a la educación va de la mano con los ingresos de los padres. Los alumnos de escuelas privadas obtienen mejores resultados que los egresados de centros públicos, pese a que se ha aumentado el gasto en educación en los últimos años.


La paradoja latinoamericana reside en que las empresas, que han avanzado en su competitividad, muchas veces no encuentran a los trabajadores que buscan precisamente por los fallos en la educación. La solución continúa siendo el empleo informal, la fuente de ingresos de más del 60% de la población de la región y uno de sus mayores retos a vencer. La desigualdad también se refleja en los servicios. La mitad de los 600 millones de habitantes de América Latina carece de instalaciones para el suministro de agua, esto en una zona que tiene los mayores recursos acuíferos del mundo. El 90% tiene acceso al agua, pero la calidad del servicio es ineficaz e insuficiente en la mayoría de los países.


La inflación, además, se mantiene como un fantasma que afecta con mayor dureza a los sectores más frágiles. "En general, el futuro no es prometedor para las conquistas sociales de América Latina [...], pero la aplicación adecuada de políticas adecuadas como la flexibilidad en el tipo de cambio, mayores esfuerzos en la educación y la facilitación del ahorro para las clases media y baja pueden ayudar al contexto", apunta Augusto de la Torre, jefe regional para América Latina del Banco Mundial en un informe de octubre de 2014. Los retos para una región que alberga ciudades como México, donde en mismo barrio conviven, a solo unos metros, un hombre que limpia cristales por menos de un dólar y la mansión de Carlos Slim, un magnate con una fortuna tan grande que, si gastara un millón de dólares por día, debería vivir 220 años para agotarla.

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Jueves, 09 Abril 2015 11:45

Vidas paralelas

Vidas paralelas

Paradojas


Las vidas de los seres humanos pueden ser muy diferentes en el mundo actual, sumido en las más elevadas desigualdades de la historia reciente. En América latina, según una encuesta de Gallup, el 55 por ciento de los hogares están preocupados por no poder pagar la educación de sus hijos. A pesar de los progresos, en la Unasur hay 167 millones de pobres, entre ellos 74 millones de indigentes, y el PNUD estima que hay 200 millones adicionales que son vulnerables. Emergieron recientemente de la condición de pobres, pero no son clase media todavía. Si sufren contingencias como una enfermedad o hay crisis económica, pueden volver a la pobreza.


Podemos agregar otro riesgo significativo: muchos de los vulnerables caerán debajo de la pobreza, si sus gobiernos cambian de políticas, y dejan de lado las políticas contracíclicas en la actual contracción del Producto Bruto Mundial y el de la región, y regresan a la ortodoxia económica.


La preocupación extrema por la educación (como por otros temas prioritarios, como la salud, tener trabajo, la vivienda) tiene bases muy concretas. Según las cifras recientes, con avances, el 20 por ciento de los niños abandonan la escuela despues de terminar la primaria. En la secundaria hay alta deserción. La universidad sigue muy distante de los hijos de los pobres. Menos del 10 por ciento del 20 por ciento más pobre de la población ingresa en la universidad. En el 20 por ciento más rico es del 50 por ciento. Si se toman los jóvenes de 25 a 29 años, en el 20 por ciento más pobre sólo termina la universidad el 1 por ciento; en el 20 por ciento más rico, el 27 por ciento.


Hay otros sectores que tienen preocupaciones muy distintas de las de los 367 millones de pobres y vulnerables (59 por ciento de la población). Están atentos a las ofertas de un nuevo mercado en ebullición, las "industrias de lujo". Se está realizando en México un nuevo congreso sobre luxury para "individuos de alta riqueza". Lo organizan consultoras especializadas en este mercado, hoteles de lujo, empresas aéreas, marcas de whisky y otras. En la agenda figuran temas como: "Globalizando las marcas de lujo", "El crecimiento de la riqueza global y del consumo de lujo en mercados emergentes y en desarrollo", "Las relaciones crecientes entre lujo, tecnología y socialmedia", "Cómo incrementar las ventas en escenarios adversos". La pregunta central planteada es si "algunos se preguntan si el luxury es una manera de vivir o una tendencia efímera".


La industria del "luxury" próspera


No es una anécdota más. Los organizadores refieren que el mercado de lujo en América latina vende 50 mil millones de dólares anuales. Señalan que tiene grandes ventajas. Así los márgenes son del 23 por ciento, mucho más elevados que en otros mercados. La demanda se mantiene muy alta, porque los compradores "no dependen de la situación económica para seguir consumiendo". Estiman que para 2020, con las ventas digitales y accediendo a un nuevo nicho, los que ganan mucho, pero no son muy ricos todavía, se pueden agregar 40.000 millones de dólares, casi duplicándolo. Es una tendencia internacional que acompaña a la superconcentración del ingreso actual. De acuerdo con un estudio del Boston Consulting Group, las ventas de mercaderías de lujo superan ya los 1,8 millones de millones de dólares. Con una cifra mucho menor se podría salvar la vida de los seis millones de niños que mueren anualmente por desnutrición, falta de agua potable e instalaciones sanitarias y por no tener las vacunas necesarias, entre las razones principales.


Según el informe 2014 de Wealthex and UBS World Ultra Wealth cuyos clientes son "los ultrarricos", los que tienen más de 30 millones de dólares son sólo el 0,004 por ciento de la población mundial, y sus bienes son más de dos veces el PBI de EE.UU, la principal economía mundial. Sólo en propiedades tienen más que el PBI de la India.


En América latina, según dicho reporte, hay 14.805 y tienen 2,2 millones de millones de dólares.


Las desigualdades latinoamericanas


El ascenso de la industria del lujo está ligado a lo que sucede con la desigualdad y al eficiente marketing que hay en derredor suyo. Su impactante expansión en América latina tiene que ver con la magnitud de las desigualdades. De acuerdo con el Banco Mundial, el coeficiente Gini de distribución de los ingresos era, en las más recientes mediciones, el 52,0 frente al 44,7 de Asia, y el 34,7 de Europa del Este y Asia Central. Doblaba los de Noruega, 26,6; Dinamarca, 26,9; y Finlandia, 27,8. El más alto en la región lo tiene Honduras, 57,4, seguido por Guatemala, 52,4. La pobreza en Honduras es de 64,5 por ciento y en Guatemala de 53,7 por ciento y se eleva a 80 por ciento en sus municipios rurales.


Se puede cambiar con reformas sociales profundas. Argentina, que en los '90 había casi superado los 50 puntos en el índice de Gini, tenía según la Encuesta Permanente de Hogares del tercer trimestre de 2013, 39,6, el más bajo de la región, seguido de Uruguay con 41,3. Ecuador pasó, de 2010 al 2012, de 49,3 a 46,6.


De un lado, 50.000 millones de dólares anuales en la región en luxury, cuyo motor principal, dicen quienes lo marketean, es actualmente la venta de "experiencias personales". Del otro lado, el recrudecimiento, frente a la crisis económica internacional y sus efectos sobre la región, de las propuestas de volver a las políticas ortodoxas, y hacer más miserable aun la vida de los pobres, y empujar hacia abajo a la pobreza a muchos de los recién emergidos.


Urge restablecer igualdad para que no se reproduzcan paradojas como la que significa la magnitud y el ascenso del luxury. El abanico de políticas posibles es muy amplio, y la región ha mostrado mucha capacidad para montar con eficiencia gerencial programas sociales en escala inédita, como entre otros la Asignación Universal por Hijo en la Argentina, conducido por la Anses (3.600.000 niños protegidos), y Bolsa Familia (11 millones de familias beneficiadas) y Hambre Cero en el Brasil, que son referencia internacional. Junto a la profundización de las políticas contracíclicas se requerirá avanzar en la reforma fiscal, en donde temas como seguir reduciendo la evasión y gravar como corresponde la industria del lujo, entre otros, parecen ineludibles.


De lo contrario, mientras unos buscan "experiencias personales únicas" de viaje y diversión y hacen culto de la ostentación, otros están atrapados en la "trampa de la pobreza" que describe la Cepal en su reciente informe sobre las perspectivas económicas 2015: "En tan sólo 20 minutos de diferencia en el metro de Lima, mientras que en San Borja Sur el 70 por ciento de los estudiantes de segundo grado de primaria son capaces de comprender lo que leen, en Parque Industrial sólo menos del 30 por ciento lo consigue. Resultados similares se observan para el metro de Santiago, confirmando una alta transmisión intergeneracional de la pobreza y la desigualdad".


* Acaba de aparecer en portugués Cómo combatir la pobreza y la desigualdad, prologada por el ex presidente Lula, y en inglés la obra que escribió con el Nobel Amartya Sen Primero la gente (Eudeba).

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