Sábado, 04 Abril 2015 07:48

El lujo seduce a América Latina

El lujo seduce a América Latina

América Latina brilla más que nunca. Las ostentosas firmas de ropa, automóviles, relojes y maquillaje han puesto la mira en esta región del mundo, en donde la clase media es cada vez más ambiciosa y los ricos son más adinerados. Para 2019, el mercado de lujo en la región llegará a los 25.640 millones de euros, lo que significará un crecimiento del 88,4% respecto a 2014, según datos de la consultora Euromonitor. El repunte será superior al que se tendrá en Asia, EE UU y Europa.
En todo el mundo, más de 320 millones de personas tienen acceso a algún artículo de lujo —una industria valorada en 314.600 millones de euros—, según la misma consultora. Tan solo en México y Brasil suman 23 millones, pero quien detenta el primer lugar en cuanto a número de ricos es Europa, con el 33%, seguida de Asía, con un 26%, y EE UU, con 23%. Las expectativas para 2019 son más que jugosas: se espera que el valor del mercado supere los 431.573 millones de euros y que Asia se ubique como el gran gigante con una cuota del 28%.


América Latina, de momento, tiene un escaso 4,4% sobre el conjunto de esta industria, y el crecimiento a dos dígitos que está experimentando el sector en el continente solamente conseguirá que acapare el 6%. El avance económico del área, dice Abelardo Marcondes, presidente de la consultora de marcas The Luxury Lab, delineará la ruta para el desarrollo de este nicho de mercado. "México y Brasil son los países con los mejores pronósticos, pero también en donde las estimaciones de crecimiento se han ajustado a la baja", resalta. En Brasil se prevé una contracción económica de un 0,5% al final de 2015, según datos de su Banco Central. En México, en donde se espera un repunte del PIB de 3,2%, los analistas del sector privado han rebajado mes a mes, desde octubre de 2014, los pronósticos para el país. La clase media de la región puede ser la más perjudicada en esta desaceleración, dice Thamara Cortes de Almeida, analista de Moody's.


La clase media en América Latina —que entre el 2000 y 2012 aumentó un 34,3%, hasta llegar a los 181,2 millones de ciudadanos— juega un papel fundamental para la industria, pues son clientes potenciales del mercado de lujo. El consumo de este segmento de la población, argumenta Cortes de Almeida, siempre tiende a disminuir en épocas difíciles. Bajo este escenario de ajuste, los más afectados serán los fabricantes de automóviles, las constructoras, las compañías aéreas y los vendedores de artículos de precios elevados, especifica la analista.


El mercado de lujo, sin embargo, es contracíclico. Las grandes marcas, dice Marcondes, de The Luxury Lab, siempre han apostado a la otra cara de la moneda: la clase alta. "Durante una contracción económica, el segmento de la población con altos recursos es poco vulnerable", apunta la consultora Bain & Company. Muestra de ello es que, desde que comenzó la crisis económica, el número de personas que posee más de mil millones de dólares casi se duplicó, hasta alcanzar las 1.645 personas en todo el mundo, destaca la ONG Oxfam. Solo en América Latina y el Caribe, la cifra de estas personas creció un 38% de 2012 a 2013, explica la organización.


A pesar de los malos presagios económicos, el mercado de lujo en Latinoamérica tiene mucho más potencial de lo que parece, según Rob Walker, analista de Euromonitor. Existen una serie de razones por las cuales América Latina aún no ha escalado la cima de la montaña en esta industria. En primer lugar, dice Walker, los impuestos de importación y los costes relacionados con la burocracia hacen que las marcas internacionales sean mucho más caras en esta región que en los mercados maduros. Por ejemplo, un Rolex que en París cuesta 8.704 euros, en São Paulo puede superar los 10.000 euros, según Euromonitor. "El precio en Latinoamérica puede variar entre un 30% hasta un 50% y una persona con alto poder adquisitivo prefiere desplazarse para adquirir lo que sea", afirma Marcondes.


En segundo lugar, los latinoamericanos con alto poder adquisitivo se han acostumbrado a viajar a EE UU y Europa para adquirir ropa de diseñador, joyas y accesorios de moda, subraya Walker. El analista pormenoriza que, mientras que en Brasil las ventas de productos de lujo ascendieron en 2013 a 4.600 millones de euros, en EE UU sobrepasaron los 70.000 millones. "Habría que esperar una disparidad, pero no una tan profunda... Después de todo, la riqueza colectiva de los grandes patrimonios de Brasil es la tercera más grande en el mundo", argumenta. "La historia es similar en toda la región", acentúa.
Otro factor determinante es que, mientras la clase media emergente de la región aspira a artículos que demuestren un ascenso en su estrato social, con tendencia a la ostentación en sus hábitos de consumo, los más adinerados de América Latina restan importancia a su riqueza debido a los temores por la seguridad, asegura Walker. "Los millonarios y los nuevos ricos son más discretos", comenta Marcondes. El crecimiento del mercado de lujo, de acuerdo con un análisis de la consultora Boston Consulting Group, dependerá de que los productos considerados como "exclusivos" se pongan a la mano de todo el mundo. La mejor manera para lograrlo, indica, es la exposición a los grandes centros comerciales.


En México, Brasil y Argentina los grandes centros comerciales han tenido un aumento de un 32% entre 2008 y 2013, hasta llegar a los 1.153 puntos de venta, de acuerdo con cifras de Euromonitor. La promoción a través de Internet también tendrá que ser estratégica, pues en América Latina solo el 45% de las ventas de los productos de lujo se realiza por esta vía, mientras que en EE UU la proporción llega a un 80%. "Si América Latina va a dar el salto de un perdedor a un gran jugador de lujo, entonces estos espacios serán clave", añade Walker.

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Sábado, 28 Marzo 2015 05:55

La democracia del dinero

La democracia del dinero

La democracia del dinero. Un tema para discutir ya. En Alemania, todos los años se reinicia esta discusión. Acaban los diarios de publicar la gran noticia: "Los gerentes alemanes ganan más que nunca", y se trae la lista. Para no creer en una democracia. El que más gana es el gerente general de la empresa automovilística Volkswagen, Martin Winterkorn, que en 2014 obtuvo 15,9 millones de euros. Algo increíble, seis por ciento más de lo que percibió en 2013. El segundo en cobrar más es Dieter Zetschke, presidente de Daimler-Mercedes Benz, con 14,4 millones de euros anuales, cinco por ciento más que el año anterior. En tercer lugar, nada menos que el director del correo alemán, Frank Appel, con 9,6 millones de euros, 22 por ciento más que en 2013; luego Ulf Schneider, de la empresa Fresenius, con una ganancia anual de 9,2 millones de euros, 70 por ciento más que en 2013; luego Kurt Bock, de BASF, 7,8 millones, 54 por ciento más que en 2013; luego Kasper Rorsted, de Henkel, con 7,7 millones; Joe Kaeser, de Siemens, con 6,7 millones; Martin Dekkerss, de Bayer, con 6,7 millones; Elmar Degenhardt, de Continental, y Anshu Jain, del Deutsche Bank, ambos con 6,2 millones anuales cada uno.


Increíble. Una sociedad que se dice democrática, donde los jubilados y desocupados viven con 500 euros mensuales. Mientras bajo el mismo cielo hay gente que gana millones. ¿Es democracia esto? Sí, Alemania es considerado el país más democrático de Europa. Es como para ir al espejo de casa y sacarse la lengua a sí mismo. Aquí la ironía llega ya a sus límites: Grecia, con el nuevo gobierno de izquierda, manifestó ante Europa su imposibilidad de pagar sus deudas al Mercado Común Europeo. El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, le respondió que les rebaje los sueldos a los jubilados. Es increíble, sí, es que los jubilados griegos tienen fama de ser los que mejor están en Europa. Pero, ¿qué sentido tiene que una sociedad democrática les quite a sus jubilados para pagar deudas exteriores? Democrático, el ministro.


Debe comenzar ya la gran discusión sobre lo que es democracia. No puede ser que se llame democrático a un país donde hay personas que ganan millones y otros que tienen apenas para comer, si lo tienen. Democracia, ante todo, debe significar Libertad en Igualdad. Lo repetimos siempre, cabe una vez más nuestro Himno Nacional de 1813: "Ved en trono a la noble Igualdad. ¡Libertad, Libertad, Libertad!". Es como para cantárselo a estos ejecutivos alemanes en pleno rostro. No es democrático un régimen donde algunos ganan millones y otros –y no son pocos– reciban apenas monedas. Hablo de Alemania, pero en Estados Unidos las diferencias son peores. Lo que ganan los ejecutivos de las empresas es el triple o más de lo que ganan los ejecutivos alemanes.


Las empresas tienen un argumento cuando se les reprochan esos altos pagos: "Si no se les paga eso los managers se van a Estados Unidos donde los atraen con mejores sueldos". Sí, los ejecutivos norteamericanos, como decimos, ganan dos o tres veces más que lo que reciben los alemanes en su país. Quiere decir que el "mal de la democracia", con las diferencias sociales tan grandes, viene de ese ejemplo de llamada democracia. En 2014, el ejecutivo que en Estados Unidos ganó más dinero fue Robert Iger, del consorcio Walt Disney, que obtuvo unos 32,1 millones en euros, para comparar con el ejecutivo alemán de más ganancias: 15,9 millones de euros.


Además, a los ejecutivos se les pone a disposición autos con choferes y se les pagan todos los gastos de comunicación.
Son todas fórmulas económicas inspiradas en el ejemplo de Estados Unidos, que siguen imponiéndose con su forma de actuar en el mundo entero.


Todo pertenece al reino de la hipocresía. El que es rico "por algo será", es el principio ético que vale. No se estudia, por ejemplo, cómo el poder somete y cómo las posibilidades de llegar a los sueldos vienen a ser el único fin moral de la sociedad.
Por supuesto, esa forma de cambiar la Etica por la "capacidad de producción" o la capacidad de ganar más es el fondo de la ideología capitalista. Que –y esto lo repetimos una vez más– se basa en la democracia del voto. Y del ciudadano que cree que ya con poner el papel en la urna es un democrático. La realidad de nuestra democracia es que hay partidos políticos que tienen millones y otros que dependen apenas del bolsillo del obrero.


Alguna vez el pueblo argentino saldrá a la calle cantando ese increíble "Ved en trono a la noble Igualdad. ¡Libertad, Libertad, Libertad!" y hará valer esos principios tan soñados por aquellos hombres de Mayo como Moreno, Belgrano y Castelli.


Hay un ejemplo en el mundo: el pueblo armenio que –desde que los turcos cometieron ese horrible crimen del genocidio armenio con más de un millón y medio de víctimas– no dejó nunca en todo el mundo de reclamar justicia. Y eso ha tenido su eco. Nadie ya puede negar ese crimen tan cobarde y absurdo. Por ejemplo, la Iglesia Católica Argentina, por primera vez en su historia, dio una misa en la Catedral por las víctimas armenias en aquel holocausto. La misa fue ofrecida por el cardenal Marco Aurelio Poli. Y estaba presente el arzobispo de la Iglesia Apostólica Armenia para Argentina y Chile, monseñor Mouradian. Por su parte, el papa Francisco anunció que oficiará una misa en la Basílica de San Pedro por las víctimas armenias, el 12 de abril próximo. Y para el 24 de abril próximo, a las 19.15, se organizó un acto religioso en "reconocimiento de los mártires del genocidio armenio" en el convento de Santa Anna Kloster, Munich, donde actuará el coro de mujeres de Geghard, Armenia.
La movilización constante de todo un pueblo a lo largo de un siglo ha tenido ese reconocimiento. Sólo así, con la gente en la calle, lograremos un mundo sin miserias, sin niños con hambre y en Libertad.

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Sábado, 03 Enero 2015 19:20

El valle de la desesperación

El valle de la desesperación

En 2014, la creciente desigualdad en los países avanzados recibió por fin la atención debida cuando El capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty, se convirtió en un inesperado (y merecido) éxito de ventas. Los sospechosos habituales insisten en su lucrativa negación, pero para todos los demás es evidente que la renta y la riqueza están más concentradas en el extremo superior de lo que lo habían estado desde la Belle Époque, y que la tendencia no da muestras de remitir.

Pero esa historia trata de lo que ocurre dentro de los países, y por lo tanto, es incompleta. La verdad es que hay completar el análisis al estilo Piketty con una visión global, y yo diría que, al hacerlo, se percibe mejor lo bueno, lo malo, y lo potencialmente muy feo del mundo en que vivimos.


Así que permítanme sugerirles que echen un vistazo a un excelente gráfico del aumento de los ingresos en el mundo elaborado por Branko Milanovic, del Centro de Posgrado de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (al que me incorporaré este verano). Lo que Milanovic muestra es que el aumento de los ingresos desde la caída del Muro de Berlín ha sido una historia de "cumbres gemelas". Por supuesto, los ingresos han crecido en lo más alto a medida que las élites del mundo se hacían más y más ricas. Pero también ha habido enormes beneficios para lo que podríamos denominar la clase media mundial, formada en gran parte por las cada vez más numerosas clases medias de China e India.


Y digámoslo claramente: el aumento de las rentas en los países emergentes ha generado enormes mejoras en el bienestar humano, al sacar a cientos de millones de personas de la pobreza agobiante y darles una oportunidad de tener una vida mejor.


Y ahora, las malas noticias. Entre esas dos cumbres gemelas (la élite mundial cada vez más rica y la creciente clase media china) se encuentra lo que podríamos llamar el valle de la desesperación. Para la gente alrededor del percentil 20 de la distribución de la renta mundial, los ingresos han crecido, si acaso, a un ritmo lento. ¿Y quién es esa gente? Básicamente, las clases trabajadoras de los países avanzados. Y aunque los datos de Milanovic solo lleguen hasta 2008, podemos estar seguros de que, desde entonces, a ese grupo le ha ido incluso peor, hundido por los efectos del elevado desempleo, el estancamiento de los salarios y las políticas de austeridad.

Es más, el esfuerzo de los trabajadores de los países ricos es, en varios sentidos importantes, la otra cara de los ingresos por encima y por debajo de ellos. La competencia de las exportaciones de las economías emergentes sin duda ha sido un factor para el descenso de los salarios en los países más ricos, aunque no ha sido la fuerza dominante. Más importante es que el incremento de los ingresos en la cima se obtuvo en gran medida a base de exprimir a los que estaban por debajo reduciendo los salarios, recortando las prestaciones, aplastando a los sindicatos y desviando una parte cada vez mayor de los recursos nacionales a los trapicheos financieros.


Y, quizá aún más importante, los ricos ejercen una influencia enormemente desproporcionada sobre la política. Las prioridades de las élites —la preocupación obsesiva por los déficits presupuestarios, con la consiguiente supuesta necesidad de cercenar los programas públicos— han contribuido en gran medida a ahondar el valle de la desesperación.
Así que, ¿quién defiende a los que han quedado atrás en este mundo de cumbres gemelas? Se podría haber esperado que los partidos convencionales de izquierdas adoptasen una actitud populista en nombre de las clases trabajadoras de sus países. Pero, en cambio, lo que hemos visto —por parte de líderes que van desde François Hollande en Francia a Ed Miliband en Gran Bretaña, y, sí, al presidente Obama— es un torpe balbuceo. (Obama, en realidad, ha hecho mucho por los estadounidenses trabajadores, pero es manifiestamente negado a la hora de vender sus logros).


Yo diría que el problema con estos líderes convencionales es que no se atreven a desafiar las prioridades de las élites, en particular su obsesión por los déficits públicos, por miedo a que se les considere irresponsables. Y eso deja el campo libre a los líderes no convencionales —algunos de ellos seriamente alarmantes— que están dispuestos a dar solución a la indignación y la desesperación de los ciudadanos de a pie.


Los izquierdistas griegos que podrían llegar al poder a finales de este mes son probablemente los menos peligrosos de todos, aunque sus exigencias de que se alivie la deuda y de que se ponga fin a la austeridad pueden provocar un tenso pulso con Bruselas. En otros lugares, sin embargo, observamos el ascenso de partidos nacionalistas y contrarios a los inmigrantes, como el Frente Nacional en Francia o el Partido de la Independencia de Reino Unido (UKIP, en sus siglas en inglés) en Gran Bretaña. Y hay gente todavía peor esperando entre bastidores.


Todo esto hace pensar en algunas analogías históricas desagradables. Recordemos que esta es la segunda vez que hemos experimentado una crisis financiera global seguida por una prolongada recesión en todo el mundo. Entonces, como ahora, cualquier respuesta eficaz a la crisis fue bloqueada por las élites que exigían presupuestos equilibrados y divisas estables. Y el resultado final fue dejar el poder en manos de personas, por así decirlo, no muy agradables.


No estoy insinuando que estemos al borde de repetir al pie de la letra la década de 1930, pero sí que afirmaría que los líderes políticos y de opinión tienen que afrontar el hecho de que nuestro actual sistema mundial no está funcionando bien para todos. Es fantástico para la élite y ha sido muy positivo para los países emergentes, pero el valle de la desesperación es algo muy real. Y van a pasar cosas malas si no hacemos algo al respecto.


Por Paul Krugman, galardonado en 2008 con el premio del Banco de Suecia en homenaje a Alfred Nobel, es profesor de Economía de la Universidad de Princeton.


Traducción de News Clips.

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Desde la fe cristiana, construir caminos para la paz en Colombia

Me han formulado la pregunta ¿hay un ecumenismo para la paz? Yo quiero asumir la respuesta en forma de una meditación que voy a compartir con ustedes y que quiero titular "la riqueza que mata, la pobreza que da vida". Coloco como fundamento de mi meditación las cuatro consideraciones esenciales de la "Carta pastoral de líderes y lideresas de iglesias y del movimiento ecuménico por la paz en Colombia" que bien pueden entenderse como razones o puntos de partida para construir un ecumenismo desde abajo, desde los empobrecidos: 1) Lo que nos motiva a trabajar por la paz es nuestra fe y el compromiso con el evangelio que proclama las buenas nuevas de paz a la humanidad y a toda la creación; 2) El trabajo por la paz está sustentado en experiencias de comunidades locales e iglesias que sufren las diversas formas de violencia del conflicto y buscan construir alternativas de vida desde la esperanza del evangelio; 3) La búsqueda de la paz incluye una gran diversidad de formas organizativas, estrategias y acciones que valoramos como un gran potencial para aportar al movimiento social de paz en Colombia; 4) Los principales temas en los cuales está enfocado el trabajo por la paz son: la no violencia, los derechos humanos, la búsqueda de justicia, la incidencia, la reconciliación, el perdón, la recuperación de la memoria y el acompañamiento a las comunidades ("Desafíos para el movimiento ecuménico ante una salida negociada al conflicto armado en Colombia", Bogotá, Junio 27 y 28 de 2012).

 

Les planteo mi meditación en seis tesis que hacen, de alguna manera, una secuencia lógica pues se van derivando la una de la otra:

 

Tesis 1: la lucha no es contra la pobreza. Dos cosas declaró intocables, indiscutibles e inamovibles el estado colombiano desde antes de iniciar las conversaciones de paz en La Habana, el modelo económico y el sistema político. Solamente esto nos permite prever, que así se llegue a un acuerdo de cese bilateral al fuego por parte del estado y la guerrilla, no habrá cesación del conflicto; tal vez sí, temporal y parcialmente, de la guerra. Pero no del conflicto porque el conflicto no es el levantamiento de facciones del pueblo en armas. El conflicto es la pobreza producida por la orientación económica del estado que concentra riquezas en poquísimas manos, asunto que no será ni siquiera conversado y, mucho menos, entonces, cambiado. Es el sancta sanctorum del sistema, impenetrable, intocable, no se puede mirar a los ojos porque deben morir los que tocan a los dioses. En el modelo económico se sostiene todo el sistema; el conflicto es la política extractivista del estado que quita la tierra y los territorios a sus habitantes y dueños naturales y legítimos, los indios, los negros, los mestizos, los mulatos, los campesinos para entregarlas en manos de las multinacionales saqueadoras de las entrañas de la tierra y contaminadoras de las aguas; el conflicto es el ordenamiento político del país, asunto también intocable en los diálogos, ordenamiento que garantiza la corrupción, concentración de poder en pocas manos, propiedad de la tierra y de los medios de producción en poquísimas manos que son las mismas de quienes gobiernan. A ellos les va muy bien con ese tipo de economía y con ese tipo de estado y no van a permitir que persona o grupo alguno los cambie.

 

Lo anterior nos permite afirmar que técnicamente hablando el problema no es la pobreza ni la tarea es la eliminación de la pobreza como lo dice el estado colombiano; el problema es la riqueza y todo lo que ella produce en la mayoría del pueblo colombiano.

 

Tesis 2: la lucha es contra la riqueza. En suma, porque la riqueza es cosa de pocos y, por lo mismo, divide y mata. La riqueza divide porque es, por si misma, acumulativa. Los procesos de acumulación producen, necesariamente, separación, segregación y confrontación: entre los que van a ganar y los que van a perderlo todo. La riqueza se hace a fuerza de concentración de bienes en unas pocas manos, bienes que han sido arrebatados de otras manos. Un nieto rebelde le decía a su antioqueño abuelo católico y terrateniente "tu riqueza, abuelo, se ha hecho con el dinero que no les has pagado a tus trabajadores campesinos a lo largo de 50 años". Colombia pasó, en el coeficiente de Gini, de 0.47 en 1990, al 0.58 en 2014. Quiere decir que, a ese ritmo, en el 2050, 12 millones de personas tendrían derecho a la vida en Colombia y 58 millones no tendrían nada y estarían condenadas a morir. Según los cálculos anteriores, en Colombia está pelechando mortalmente la riqueza, a los ricos les está yendo muy bien y a los pobres les está yendo mortalmente mal. Y ésa es una bomba de muy corto tiempo: ¡En el año 2070, todo el país, con todas sus selvas y sus ríos, sus mares, sus riquezas del subsuelo, su producción y sus inmensas tierras pertenecería a un solo grupo familiar y todos los demás habitantes de Colombia sobrevivirían al ritmo de sus caprichosas o utilitaristas caridades! En una situación así, ¿puede haber paz? No olvidemos lo de la tesis uno: que a los diálogos de La Habana se llegó con dos certezas: que el estado no dejaría tocar ni cuestionar el aparato económico ni el régimen político. Es decir, de entrada supimos que las cosas seguirán absolutamente iguales, en absoluto escenario de muerte. Queda claro, pues, que la riqueza de pocos no sólo divide, ¡mata!

 

Tesis 3: si persiste la riqueza, se embolata la paz. La paz nunca y en ningún lugar del mundo es una condición previa para que se den situaciones de justicia, de bienestar, de equidad, de buen reparto, de buen vivir y de buen convivir, de armoniosa convivencia con los bienes naturales. Al contrario, la paz es el resultado de unas causas eficientes, es decir, que la producen como efecto. La paz tampoco es la dejación de las armas; el hecho de las armas en reposo no puede llamarse paz ni la paz puede reducirse a eso. Son dos mitos con los que nos están engañando los medios, la demagogia estatal, los ejércitos y la predicación de las iglesias aliadas con el poder y, a menudo también, el despistado movimiento ecuménico que cae ingenuamente en la publicidad de los medios: a) el mito de la paz como causa y b) el mito de la paz como armas silenciadas. Para entenderlo, preguntémonos ¿cuándo pierde la paz un grupo, un pueblo o una nación? Cuando la vida no es garantizada en forma integral. Y ¿qué estamos diciendo cuando decimos vida integral? Estamos diciendo, respeto a las diversidades, salud, alimentación saludable, vestido, techo saludable, digno y suficiente, trabajo, pago justo por trabajo con horarios y condiciones justas, derecho al fruto del trabajo, derecho al territorio sano y limpio, derecho a decidir soberanamente la forma de economía y de estado que conviene a toda la población, derecho a la intimidad, derecho a moverse libremente por el territorio nacional, derecho a no ser molestado ni intervenido en su conciencia, derecho a creer o a no creer en categorías metafísicas, derecho a organizarse, a movilizarse, a protestar, derecho a no ser intervenido política, militar, económica e ideológicamente por otras naciones. Cuando todo ese conjunto de derechos es garantizado por el estado, viene la paz como una consecuencia natural. Así las cosas, tenemos que plantear: pero si la riqueza de la nación en pocas manos es la fuente de la negación de todos esos derechos, la riqueza tiene que ser subvertida para que haya paz. Y mientras no sea subvertida, derrotada, eliminada como realidad y como posibilidad, no habrá condiciones objetivas para la paz, la paz seguirá embolatada.

 

Tesis 4: la pobreza nos junta para subvertir la riqueza. Para pensar esta tesis estoy recordando algunos momentos del evangelio: a) cuando Jesús dijo "no se pone vino nuevo en vasijas viejas porque el fervor del vino rompería los envejecidos cueros y se echaría a perder", b) "cuando el vestido está viejo y lleno de rotos, no le tapes sus rotos con remiendos de tela nueva porque ésta tirará y hará más grandes las miserias del vestido viejo", c) "no les eches tus joyas a los cerdos porque van a volverlas un desastre". Jesús está planteando un combate a las reformas que no hacen más que justificar los órdenes de injusticia y de pecado, los perpetúan, los mantienen incólumes y está planteando, en su lugar, una construcción emancipatoria de nuevas estructuras, de nuevas formas de ordenamiento de las relaciones entre humanos. Si para algo nos junta la pobreza, según el espíritu de Jesús, es para emprender juntos, sin dejarnos separar por poder alguno sobre la tierra, ecuménicamente, el desbaratamiento de las lógicas mortales de la riqueza y la construcción de un mundo sororal y fraterno.

 

Tesis 5: el lugar de juntura de los pobres es aquel en el que se posibilita la vida. Según el espíritu de la ecúmene, los pobres se juntan en el lugar donde se encuentre su interés común, es decir, en la construcción de un mundo donde quepan todas las formas de la vida, sin negaciones, sin inequidades, sin disputa ni expulsión de los territorios, con seguridad y soberanía alimentarias, con educación, vivienda, vestido, salud, participación, derecho a ser diversos y a no ser por ello eliminados. Para decirlo en una clave de fe cristiana, el lugar de juntura de los pobres es la cruz, según concepto de Martin Lutero: "Crux probat omnia", la cruz prueba todo, es decir, la cruz le da legitimación a lo que se hace en nombre del seguimiento de Jesús. Pues bien, la cruz de los pueblos empobrecidos es su pobreza y, entonces, tendríamos que traducir a Lutero hoy en Colombia diciendo "povertas probat omnia", la pobreza le da legitimidad a las alianzas ("juntanzas",si se nos permitiera el término) de los pueblos, y las comunidades, y las personas cristianas empobrecidas. La pobreza, en esta lógica, resulta siendo el punto de encuentro y prueba definitiva de nuestras prácticas ecuménicas. Jürgen Moltman también concuerda con esa lógica que acabamos de plantear: "El ecumenismo surge en la cruz, donde nos encontramos a nosotros mismos al pie de la cruz de Cristo, y bajo su cruz nos descubrimos como hermanos y hermanas, como hambrientos que sufrimos una pobreza común [...]. Al pie de la cruz estamos todos con las manos vacías [...]. Al pie de la cruz no estamos censados como protestantes, ni como católicos, ni como ortodoxos. Allí los [...] pobres somos enriquecidos y los tristes, colmados de esperanza. Por eso, al pie de la cruz nos descubrimos también como hijas e hijos de la misma libertad de Cristo y a la vez como amigos en la misma comunión del espíritu".

 

Tesis 6: somos los pobres los que construimos el ecumenismo. Por una razón simple y, a la vez, la más profunda de todas las razones: porque si nos juntamos podríamos sobrevivir, si nos mantenemos divididos, moriremos inexorablemente en el altar del Moloch riqueza: "Cuando el pobre crea en el pobre, ya podremos cantar libertad", cantaban en El Salvador. Y se decía por todo el continente "si además de pobres, divididos, doblemente oprimidos". Hay, a todas luces, un ecumenismo que no nos va a juntar o se va a postergar para después de que la riqueza nos mate, es el ecumenismo formal, o doctrinal, o institucional, o de consenso. Lo conversan y dicen negociarlo los jerarcas de las confesiones e iglesias. Sus conversaciones son lentas y no prometen llegar a destino alguno por tres razones básicas; a) porque ellos no tienen prisa, pues no tienen hambre, b) porque las religiones formales se la han pasado históricamente justificando y bendiciendo las políticas de los poderes establecidos y de ello devengan ganancia y bienestar, y c) porque sus discusiones son sobre la verdad y el poder y en esas cosas los grupos humanos nunca podremos ponerse de acuerdo. A los pobres nos queda una alternativa que se viene proponiendo desde la reflexión de quienes caminan la caminada de los pobres: el "macro-ecumenismo", originario de América Latina, con Pedro Casaldáliga; se insiste en abandonar el concepto de ecumenismo amarrado a asuntos doctrinales y abrir las puertas, en su lugar, a un "ecumenismo integral" (Julio de Santa Ana) que incluya a los empobrecidos; es una especie de "ecumenismo de las culturas" o "ecúmene de la justicia" (José Míguez Bonino), orientado hacia la búsqueda común del reino de Dios (Mt 6.33). En la propuesta se constata que hay una tensión práctica y liberadora entre el "ecumenismo de consenso" y el "ecumenismo práctico". "De cualquier manera, es fuerte el anhelo por ver rota la estrechez del ecumenismo "umbilical" de las Iglesias, que ha estado ocupado solamente con los disensos internos entre los cristianos" (Cf. Brakemeier, Gottfried: Diálogo interreligioso: ¿macro-ecumenismo?). Otros denominan a ese "macro-ecumenismo" con el nombre de "ecumenismo de base" y se entiende como una práctica de juntanza de laicos y laicas, comunidades de todos los signos, pastoras, pastores, sacerdotes y animadores de la fe y de la práctica comunitaria. El ecumenismo de base suele concretarse en pequeños grupos informales, en reuniones de oración, en prácticas de servicio y solidaridad, en asunción de compromisos políticos anti-sistémicos y emancipadores.

 

Ese ecumenismo que tenemos por construir y defender debe tener unas claridades epistemológicas, éticas, hermenéuticas y políticas, y celebrarlas a menudo en cualquier lugar convertido en templo, en cualquier momento convertido en momento salvífico y culto, olvidando disciplinas eclesiásticas y hermanando en el hecho de ser víctimas comunes de un mismo ídolo, la riqueza:


1. Tiene que construir la ontología política de las diferencias (Walter Benjamin).
2. Tiene que propiciar las emancipaciones de género como condición para que emerja la riqueza de los seres humanos.
3. Tiene que ejercitar la descolonización de las estructuras de poder y del ejercicio de la política.
4. Tiene que asumir la espiritualidad y las tareas políticas, sociales, económicas y humanas del Sumak Kausay, del buen vivir y del buen convivir de los pueblos originarios del Abya Yala.
5. Tiene que construir en cada seguidor o seguidora de las utopías de Jesús de Nazaret, los nuevos sujetos emancipatorios.
6. Tiene que predicar y orar, espiritualizar y volver ágape y fiesta, canto y poesía, el malestar permanente con el capitalismo liberal concentrador de la riqueza mortal.
7. Tiene que catequizar en las vertientes espirituales del acto político de la resistencia entendida como re-existencia.
8. Tiene que volver celebración y culto la sospecha ética y hermenéutica de todas las formas del poder, empezando por el poder vertical y dañino, corrompido y corruptor de las iglesias mismas.
9. Tiene que aprender en oración y discusión, las formas sutiles y brutales como el neoliberalismo ha colonizado nuestras conciencias y provocar la liberación de las mismas.
10. Tiene que confesar todos los días, -y hacer penitencia por ello-, que las iglesias están entre las instituciones que han codificado la realidad y a las personas, para someterlas, para mantenerlas en el sometimiento. Ese pecado se llama colonización de la realidad y colonización de los espíritus.

 

Sería una brutal contradicción decir que transitamos nuevos caminos de espiritualidad cristiana y profesar, al mismo tiempo, fe ciega y no cuestionada, esperanza inconsciente y silenciosa, y división ante las amenazas del poder mortal de la riqueza.

 

La Estrella, noviembre 7 de 2014

 

* Comunión Sin Fronteras
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Publicado enEdición 208
Lunes, 27 Octubre 2014 07:33

Cómo se llega a ser super rico

Cómo se llega a ser super rico

La característica definitoria de los tiempos que vivimos es la enorme concentración de la riqueza y de las rentas, consecuencia, en gran parte, de las políticas públicas aplicadas a la mayoría de la población por gobiernos de sensibilidad neoliberal a los dos lados del Atlántico Norte (Norteamérica y Europa Occidental) desde los años ochenta. El Presidente Regan en EEUU y la Sra. Thatcher en el Reino Unido iniciaron estas políticas, extendidas desde entonces a la mayoría de países de aquellos continentes. Estas políticas fueron la respuesta de las clases dominantes a las conquistas políticas, sociales y laborales conseguidas predominantemente por el mundo del trabajo. De ahí que un elemento común de aquellas políticas públicas neoliberales fuera un ataque frontal al bienestar social de las clases populares de aquellos países, a fin de recuperar los privilegios que habían visto disminuidos durante el periodo anterior 1945-1980. El objetivo de tales políticas era favorecer al capital, cuyas rentas eran la fuente de riqueza de esas clases sociales dominantes. Las políticas de los Estados durante este periodo 1980-2012 facilitaron, así pues, una enorme concentración de la riqueza y de las rentas, lo que se presentó, para justificarlo, como resultado de un sistema meritocrático en el que los que estaban arriba, en la cúspide de la sociedad, lo estaban como consecuencia de su mayor capacidad, mérito y productividad. En esta ideología –reproducida en los mayores medios de difusión y persuasión-, las desigualdades eran consecuencia de las diferencias naturales (e incluso biológicas) existentes dentro de la población, ocultándose la gran importancia que el Estado había tenido en el desarrollo de esa concentración de la riqueza y de las rentas, concentración que no se debía al mérito de los individuos que estaban en la cúspide, sino a sus conexiones, en gran parte de las ocasiones, con el Estado. Un caso claro es el de Bill Gates, una de las personas más ricas del mundo.


El caso Bill Gates, ¿cómo consiguió su riqueza?


Este personaje es considerado como el fundador de Microsoft, establecida como consecuencia de su gran creatividad. Conocido por su filantropía, Bill Gates es un hombre ampliamente conocido, que se presenta como el gran emprendedor que debe su riqueza a sus capacidades y méritos. El economista Dean Baker, Director del Center for Economic and Policy Research, en un breve artículo ("World's Richest Man Tries to Defend Wealth Inequality") publicado en el blog de este centro, donde describe una breve biografía de Bill Gates, muestra, sin embargo, hasta qué punto el Estado federal de EEUU configuró y ayudó a que estableciera su riqueza, riqueza que se debió a la enorme monopolización en la producción y venta de sus productos, con prácticas claramente deshonestas en sus formas de operar. La tolerancia, cuando no ayuda, del Estado federal con tales prácticas, ha sido una constante en la vida empresarial de Gates y su Microsoft. Dichas prácticas dificultaron el desarrollo de la tecnología de los ordenadores, como han concluido varios Tribunales de Justicia cuando aquellas prácticas fueron juzgadas.


Esta situación, en la que el Estado favorece la monopolización, es conocida en el caso de la industria farmacéutica, donde las patentes otorgadas por el Estado a la industria crean una situación de monopolio, que es la base de su enorme riqueza. El último caso es el caso del fármaco para tratar los casos de hepatitis C, que cuesta 84.000 dólares (unos 66.000 euros) para un tratamiento de 12 semanas, cuando la versión genérica cuesta solo 900 dólares (unos 700 euros). Dean Baker, por cierto, cita la paradoja que representa que la fundación filantrópica que lleva su nombre, la Fundación Bill & Melinda Gates, no haya dicho nada sobre el abuso de las patentes en los países subdesarrollados, a los cuales la Fundación intenta ayudar dándoles dinero para comprar fármacos (cuyos precios podrían reducirse especialmente si no hubiera tal abuso de las patentes).


Otro caso semejante es el de los banqueros –el mayor grupo de los super-ricos, es decir, el 1% de la población-, que están en la cúspide no como resultado de su brillantez, sino de sus prácticas especulativas facilitadas por los Estados, que perjudican enormemente a las actividades de la economía productiva, habiendo comprado la complicidad de sus reguladores públicos. El caso español es de los más claros, habiendo sido el Estado el que les ha ayudado a salvarse y evitar su colapso, cuando lo más lógico, eficiente y equitativo hubiera sido su sustitución por bancas públicas que garantizaran el crédito.


Y, por último, otro grupo del 1% de renta superior de los países, que Dean Baker señala, es el de las empresas, tanto manufactureras como de servicios comerciales, que han hecho su fortuna a base de una enorme explotación de sus empleados y trabajadores. El caso más claro es el de los dueños de la cadena de mercados Walmart, conocida por los altos niveles de explotación a su fuerza laboral. En base a esta evidencia, es difícil asumir que los personajes que componen la mayoría del 1% de renta superior de los países –los super-ricos- hayan alcanzado el nivel de riqueza y renta que tienen debido a sus propios méritos. En realidad, la complicidad con los Estados donde se sitúa su riqueza y/o la deshonestidad de sus prácticas, incluidas la monopolización del comercio y/o la explotación de sus empleados, explican su supuesto éxito.

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El porqué del escandaloso crecimiento de las desigualdades

Si usted lee la prensa económica y la prensa popular, verá ahora varios artículos que intentan explicar el gran crecimiento de las desigualdades de renta y riqueza, atribuyéndolo a toda una serie de causas, desde cambios demográficos a cambios tecnológicos o al desplazamiento de los puestos de trabajo a otros países. El tema de las desigualdades ha pasado a ser un tema central, definido por el Presidente Obama como el más preocupante del siglo XXI en EEUU. Hay, pues, todo tipo de explicaciones para todo tipo de gustos. Entre los que tienen mayor visibilidad, están los que atribuyen el elevado crecimiento de las desigualdades de renta al creciente diferencial de educación en la fuerza laboral, asignando este crecimiento a las diferencias de productividad entre los que están cada vez más educados (que tienen mayores salarios) y los que lo están menos (que tienen menores salarios). Esta explicación parecería razonable: a más educación, mayor productividad del trabajador o empleado y mayor salario. Las diferencias de salarios estarían, pues, causadas por este diferencial en la productividad de los trabajadores.


Ahora bien, el problema con esta explicación es que los datos no la confirman o, dicho de otra manera, los datos muestran que esta explicación aclara solo una parte muy pequeña (en realidad, pequeñísima) del crecimiento de las desigualdades. La tesis de la productividad laboral (que se centra en el nivel salarial correspondiente a cada nivel de productividad) no explica este enorme crecimiento de las desigualdades. Los datos están ahí para todo el que quiera verlos. El último informe sobre productividad y salarios en EEUU, escrito por el prestigioso Economic Policy Institute (EPI), de Washington, cuestiona la teoría de que el crecimiento de las desigualdades se debe al diferencial de conocimiento y productividad. Concluye, así, que todas las políticas públicas que quieren reducir el crecimiento de las desigualdades mediante el aumento de la educación de los trabajadores de menor cualificación serán dramáticamente insuficientes para corregir las enormes desigualdades. ¿Cuál es, pues, el origen de este crecimiento?


Las causas políticas del crecimiento de las desigualdades

Para responder a esta pregunta tenemos que salirnos del área del conocimiento económico para movernos en el área del conocimiento político (lo que se llama en el mundo anglosajón el contexto político). Como bien decía mi maestro Gunnar Myrdal, "detrás de todo fenómeno económico hay una realidad política". Veamos los datos. El EPI muestra como desde 1970 hasta 2013, la productividad en EEUU creció un 64,9%, mientras que el salario promedio de la mayoría de los trabajadores de EEUU (el 80% de la fuerza laboral en el sector privado) creció solo un 8%, ocho veces menos que el crecimiento de su productividad. La consecuencia de ello es que la gran mayoría de la riqueza creada por el trabajador, como resultado del crecimiento tan notable de su productividad, no repercutió en su compensación salarial. ¿A dónde fue, pues?


Uno de los gráficos publicados por el EPI muestra clara y diáfanamente donde fue. Desde 1978 hasta 2011 las rentas derivadas del trabajo bajaron del 53% al 44% del PIB, mientras que las rentas del capital subieron muy marcadamente. En otras palabras, la mayor parte de la riqueza producida por el trabajador fue a enriquecer a los propietarios de las empresas. No hay otra manera de leerlo. En realidad, el problema es incluso mayor de lo que aparece en el grafico, porque las rentas derivadas del trabajo incluyen también los salarios de los grandes empresarios y banqueros, salarios que son astronómicos (3.000 veces el salario del trabajador) y que no guardan ninguna relación con la productividad. Cuando los salarios de estos personajes se sacan del capítulo "rentas del trabajo", se aprecia que la reducción de los salarios del 80% de la fuerza laboral es incluso mayor. El EPI también muestra que la diferencia entre los salarios de los graduados universitarios y los graduados en educación secundaria era mucho, mucho menor, que la diferencia entre aquellos que están en la cúspide salarial (los Bill Gates del país) y los graduados universitarios.


El debilitamiento del mundo del trabajo

Lo que ha estado ocurriendo es que las políticas públicas neoliberales iniciadas por el Presidente Reagan han favorecido enormemente a las capas sociales más poderosas a costa de todas las demás. Este era el objetivo de estas políticas públicas: debilitar al mundo del trabajo a costa de enriquecer al mundo del capital. Lean el informe del EPI y lo verán. Algo parecido ha pasado en Europa Occidental, y muy en especial durante estos años de crisis. Es lo que antes se llamaba "lucha de clases" y ahora ya no se cita por considerarse (por parte de la sabiduría convencional) un término anticuado, asumiendo, además, que no hay clases sociales. Los datos, sin embargo, hablan por sí solos. Hay clases sociales. Lo que ocurre es que se han redefinido. Hoy, la lucha de clases es entre una minoría que controla y gestiona el capital y todos los demás.


La solución al crecimiento de las desigualdades pasa por hacer lo opuesto a lo que se ha estado haciendo. Es decir, reforzar el mundo del trabajo a costa del mundo del capital. A aquellos que inmediatamente dirán que esto repercutirá negativamente en el crecimiento económico se les tendría que aconsejar que vieran los datos. Las tasas de crecimiento fueron mucho más elevadas cuando las rentas del trabajo eran más elevadas y las rentas del capital más bajas. El periodo 1945-1980 fue de mayor crecimiento que el de 1980-2012. Así de claro.

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Lunes, 20 Octubre 2014 09:10

Destruyendo el sueño

Destruyendo el sueño

El departamento más caro y lujoso del mundo está en Mónaco. Tiene cinco pisos, con resbaladilla hasta la piscina en la parte de abajo, discoteca, sala de cine, gimnasio, varios bares y más, y sólo cuesta 418 millones de dólares; el agente de ventas asegura que esto es para los oligarcas serios, los más ricos de los ricos. Una bolsa de cuero para practicar boxeo diseñada por Karl Lagerfeld para Louis Vuitton se puede llevar por sólo 175 mil dólares (pero incluye guantes de boxeo). Los nuevos edificios que están cambiando el perfil de Nueva York son casi todos de ultralujo. Para entrar a la lista anual de Forbes de los 400 multimillonarios más ricos de Estados Unidos se necesitaba por lo menos una fortuna de 1.55 mil millones, el nivel más alto desde que se empezó a elaborar esta lista, en 1982. Nada de esto se oculta, todo está a la vista.


Los súper ricos –ese famoso 1 por ciento nombrado e identificado por el movimiento Ocupa Wall Street– son aún más ricos de lo que uno se puede imaginar. En 1973 captaban 25 por ciento de la riqueza total del país más rico del mundo, y hoy día han capturado más de 40 por ciento. El 10 por ciento más rico capta la mitad de todo el ingreso nacional y son dueños de 75 por ciento de la riqueza nacional. Según algunos cálculos este es un nivel de concentración de riqueza sin precedente, aún mayor que el alcanzado poco antes de la gran depresión.


Obviamente, todos los demás han visto sus ingresos caer o mantenerse estancados durante una generación –el ingreso medio de los hogares está por debajo de su nivel de hace 25 años–, con el resultado de que hay más familias que viven en la pobreza, más inseguridad alimentaria –o sea, hambre– y más familias sin vivienda, o cuyos empleos tienen salarios deprimidos, el nivel de deuda estudiantil más alto de la historia y el fin de la promesa de una oportunidad para todos. Según estadísticas oficiales, el porcentaje de la riqueza captada por el 50 por ciento más pobre de los hogares se redujo de 3 por ciento en 1989 a sólo 1 por ciento, en 2013. La riqueza del hogar medio se desplomó más de 40 por ciento entre 2007 y 2013.


La cosa ha llegado a tal extremo que voces sorprendentes han sonado la alarma. El incremento continuado de la desigualdad en Estados Unidos me preocupa mucho. Creo que es apropiado preguntar si esta tendencia es compatible con los valores enraizados en la historia de nuestra nación, entre ellos el alto valor que los estadunidenses tradicionalmente han puesto a la igualdad de oportunidades. La que habla no es una economista progresista o un activista de izquierda, sino Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal –el banco central de Estados Unidos–, en un discurso pronunciado la semana pasada.


Joseph Stiglitz, el economista premio Nobel, ha dedicado los últimos años a la investigación de esta desigualdad que, afirma, pone en jaque al sistema económico nacional e internacional. Recientemente escribió que a pesar de lo rápido que crezca el PIB de un país, un sistema económico que no logra entregar las ganancias a la mayoría de sus ciudadanos, y donde un porcentaje creciente de su población enfrenta una creciente inseguridad, es, en un sentido fundamental, un sistema económico fracasado.


Todo esto se siente en las calles y campos de este país. Más aún, no se perciben alternativas, salidas o cambios, porque el sistema político es considerado algo que, cada vez más, sólo sirve a los más ricos.


Stiglitz, como se reportó anteriormente, lo resumió así: el sistema político estadunidense está desbordado por el dinero. La desigualdad económica se traduce en desigualdad política, y la desigualdad política genera más desigualdad económica.


Los multimillonarios esencialmente compran elecciones –nacionales, estatales, locales– con sus donaciones, ahora casi sin límite legal gracias a fallos recientes de la Suprema Corte, que defiende explícitamente estas actividades como libertad de expresión. En 2000, agrupaciones externas gastaron 52 millones en campañas electorales; para 2012 ese monto se elevó a más de mil millones, según el Center for Responsive Politics.


Bob Herbert, reconocido periodista, ex columnista del New York Times y autor de un nuevo libro llamado Perdiendo nuestro camino, comentó en entrevista con Bill Moyers que "la principal manera en que hemos perdido nuestro camino es que en lugar de ser una democracia cívica... creo que hemos establecido una estructura del poder donde las grandes empresas y los grandes bancos se han aliado con el gobierno nacional, y en muchos casos con los gobiernos locales, para promover intereses empresariales y financieros en lugar de aquellas cosas que serían en el mejor interés de la gente trabajadora ordinaria".


David Simon, creador de las extraordinarias series The Wire y Treme –esenciales para cualquiera que desea entender al Estados Unidos contemporáneo– comenta que el deterioro del país es consecuencia de esa noción de que los mercados resolverán todo, algo que no engrana con la noción de responsabilidad colectiva. Sólo somos una buena sociedad en la medida en que tratamos a aquellos que son más vulnerables y nadie es más vulnerable que nuestros pobres. Ser pobre no es un crimen, excepto en Estados Unidos, afirmó en entrevista con The Guardian.


Agregó: "tiene que cambiar; cuando el capital tiene el derecho de comprar al gobierno, ese mismo gobierno que podría de ciertas maneras crear las normas básicas de comportamiento, todo, desde la mano de obra infantil a la protección ambiental, a la seguridad en el trabajo, a los salarios mínimos consistentes con el costo de la vida... Pues, eventualmente llegará al punto donde está tan de la chingada que la gente va a aventar un ladrillo".


La desigualdad económica –y por lo tanto política– ha convertido el sueño americano en una pesadilla. La pregunta es: cuándo despertará este país.

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Los más ricos de EE UU tienen una fortuna como la economía de Brasil

Las grandes fortunas de Estados Unidos siguen amansado riqueza. Hasta tal punto que los 400 integrantes de la lista anual de multimillonarios que publica desde hace tres décadas la revista Forbes tienen un patrimonio que se acerca al producto interior bruto de Brasil, una de las cinco grandes economías emergentes y que se nutre de la actividad que generan sus 200 millones de habitantes.


En lo más alto sigue Bill Gates, con una riqueza personal valorada en 81.000 millones de dólares (64.000 millones de euros). El fundador de Microsoft lleva 21 ediciones consecutivas al frente. Le sigue su amigo el inversor Warren Buffett, con 67.000 millones. Larry Ellison, que acaba de dejar la presidencia ejecutiva de Oracle, es el tercero con un patrimonio de 50.000 millones.


La fortuna combinada de los 400 más ricos es de 2,29 billones de dólares, un 10% más que en 2013. Como señalan los editores de Forbes, este incremento de la riqueza hace cada vez más complicado entrar en el club. Para esta había que tener como mínimo 1.550 millones para ser elegible. Si se hubiera mantenido el nivel del año pasado, la lista debería ampliarse a 513 miembros.


El mayor incremento lo tuvo Mark Zuckerberg, gracias al alza de las acciones de Facebook. El fundador de la red social dobló su fortuna en un año, hasta los 34.000 millones. Eso le permite estar ahora el decimoprimero en la lista. Por porcentaje es Nick Woodman el que de benefició de la mayor escalada, del 200%, con 3.700 millones, tras el estreno bursátil de GoPro.


Una cuarta parte de los miembros del Forbes 400 vieron crecer su fortuna personal. La renta media es de 5.700 millones. Hay nuevas caras, como la de Elizabeth Holmes. Con 30 años de edad, la fundadora de Theranos es la mujer más joven de la lista. Su patrimonio ronda los 9.000 millones. Hay once estadounidense con menos de 40 años que son multimillonarios.


Dustin Moskovitz, otro de los creadores de Facebook, aparece de nuevo entre los juniors. Otro nuevo entrante, joven y relacionado con Facebook es Jan Koum, el creador de WhatsApp. También se estrena Travis Kalanick, de Uber. Comparten lista con ya viejos conocidos como Sean Parker o Jack Dorsey. El que se quedó fuera por poco fue Evan Spiegel, de Snapchat.


Entre las mujeres, la más rica es Christy Walton. La viuda de uno de los herederos de la cadena comercial Walmart es la sexta fortuna de EE UU con 38.000 millones. Le sigue Alice Walton en el noveno lugar, con 34.900 millones. Jacqueline Mars es la tercera más acaudalada en la mayor economía del mundo. Hay 47 mujeres entre los 400 multimillonarios.

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Sábado, 30 Agosto 2014 00:00

Europa no sabe cómo salir del ajuste

Europa no sabe cómo salir del ajuste

El continente sigue con cifras cada vez más alarmantes de recesión, deterioro de servicios sociales y pobreza, pero el dogma conservador sigue instalado como la única verdad para la economía.

 

Desde París

 

La "izquierda realista", el "social liberalismo", la "izquierda reformista y de futuro", los muchos nombres con los que se designa a los gobiernos socialistas europeos –pasados o presentes– se traducen en una misma política, cuya pertinencia se incrustó en el corazón de la crisis política. Esto es, austeridad, recortes y ahorros drásticos a todos los niveles como ingredientes del cóctel liberal que le UE sigue proponiendo a las sociedades. La aberración económica continúa como espina dorsal de la política europea. La sanción a esta política queda plasmada con cada publicación de los índices de crecimiento sin que los dirigentes contemplen modificar el rumbo. El fin del verano europeo y la consiguiente avalancha de realidades no inmutan a los dirigentes. El primer ministro francés Manuel Valls reiteró que estaba "excluido cualquier cambio de política". Las estadísticas, una vez más, vinieron a refutar la pertinencia de esa línea. El organismo Eurostat publicó a mediados de agosto los índices catastróficos de crecimiento para los 18 países de la zona Euro. Durante los tres primeros meses del año, el crecimiento del PBI se limitó a un 0,2 por ciento, muy lejos de las estimaciones de los analistas. Bruno Cavalier, economista en Oddo Securities, comentó al vespertino Le Monde que "incluso si la UE salió de la recesión desde hace cinco trimestres, el reequilibrio del PBI no es suficiente como para disipar el riesgo de una recaída".


Allí donde se mire hay una laguna estancada. Las tres primeras economías de la zona Euro, Alemania, Francia e Italia, se encuentran en estado durmiente: el PBI de Alemania retrocedió en 0,2 por ciento, el de Francia quedó en cero mientras que Italia, con un 0,2 por ciento negativo, cayó en recesión. El extenso ciclo de una política monetaria muy restrictiva, sumado a la austeridad presupuestaria, desembocó en un nuevo camino sin salida. La ortodoxia y el dogmatismo de las finanzas prevalecieron sobre los intereses de los pueblos. El euro y el ideal de las elites comunitarias de un déficit no superior al tres por ciento del PBI aplastaron el desarrollo. Como lo señaló el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz en una columna publicada por el portal Mediapart, "es evidente que, bajo su forma actual, el euro conduce al fracaso del continente".


Otro Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, también puso en tela de juicio la política de austeridad impuesta por la clase dirigente europea. Según Krugman, "mucha gente seria se hizo embrujar por el culto a la austeridad, por esa creencia según la cual los déficit presupuestarios constituyen el peligro inmediato más identificado y no el desempleo en masa. Muchos creen que la reducción de los déficit resolverá en cierta forma un problema provocado en primer lugar por los excesos del sector privado". Hasta los liberales norteamericanos reaccionan con hostilidad. The New York Times atacó de forma frontal ese rasgo continuo de los europeos: el diario escribió que son "políticas erróneas de los dirigentes europeos que se obstinan en aplicar en desmedro de todas las pruebas de que se trata de un mal remedio".


Tras varios años sin otro horizonte que el de la austeridad, el único cambio significativo ha sido el giro liberal de los socialdemócratas europeos. Los males que la austeridad debían combatir siguen presentes: desempleo, déficit, crecimiento, reactivación económica, desendeudamiento de los Estados. Una vez más, Francia es un magnífico ejemplo de la mudanza ideológica y pragmática de los socialistas europeos. Hace unos días, el premier Valls calificó de "irresponsables" a los dirigentes socialistas que ponen en tela de juicio la política del gobierno. Luego, en una extensa entrevista-programa del presidente francés publicada por el vespertino Le Monde, François Hollande dijo que no había "escapatoria". El golpe de gracia vino con el cambio de gobierno y el consiguiente apartamiento de los líderes más a la izquierda que formaban parte del Ejecutivo y el nombramiento de un banquero de la banca Rothschild, Emmanuel Macron, como ministro de Economía.


Las promesas de antaño fueron reemplazadas por expresiones como "la verdad", "la lucidez", "la sinceridad", o sea, más austeridad, más reformas, más concesiones a las patronales. Sin embargo, a escala continental ya nadie cree en que austeridad conduzca a alguna forma de bienestar posterior. La empresa Gallup realizó un sondeo de opinión cuyos resultados muestran que los europeos no tienen confianza en esa panacea. Ante la pregunta "¿La austeridad consigue resultados en Europa?", el 51 por ciento respondió negativamente.


El sacrificio impuesto a las sociedades no hizo mover las agujas. Las del desempleo, en primer lugar. La tasa de desempleo se eleva al 10,5 por ciento en los 28 países de la Unión Europea. En Francia, el paro afecta al 10,4 por ciento de la población activa; en Portugal (con cinco planes de austeridad), al 15,2; en España (cuatro planes de austeridad), al 25,3; en Italia, al 12,7; en Grecia (diez planes de austeridad), al 26,7; y en Alemania, al 5,1. Las disparidades entre los países son enormes. En cuanto a la deuda pública global, la camisa de fuerza de las políticas de rigor presupuestario ha sido un fracaso: a finales de 2011, la deuda estatal de los países de la zona Euro había subido en 2,3 puntos del PBI. A principios del año pasado, la deuda se incrementó en 4,9 puntos.


El impacto social de esta política tiene también consecuencias en otros sectores. Un informe elaborado por el comisario europeo para los Derechos Humanos en el Consejo de Europa, Nils Muiznieks, revela los estragos paralelos de esta casi dictadura de la austeridad: educación, salud, alimentos, acceso al agua, trabajo o vivienda, la lista de los sectores dañados es enorme. El informe, titulado "Preservar los derechos humanos en tiempos de crisis", revela también que el ochenta por ciento de la población mundial está afectada por la disminución de los gastos públicos (5,8 mil millones de personas). El famoso proyecto de construcción europea se quedó sin relato colectivo, sin discurso político. Su único mensaje consiste en pedirle a la sociedad más y más esfuerzos en nombre de un futuro que ningún dirigente del Viejo Continente ha sido capaz de diseñar. La continuidad grisácea de la austeridad predomina sobre cualquier invención política o económica.


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Viernes, 11 Julio 2014 06:17

Una ojeada al uno por ciento

Una ojeada al uno por ciento

La crisis actual está profundizando la polarización social y económica entre un pequeño puñado de multimillonarios y buena parte de la humanidad que se hunde cada vez más en la pobreza y la desesperación. Los ricos son cada vez más ricos, algo que sabemos por decenas de trabajos que se han venido difundiendo en los últimos años. Sin embargo, los ricos de la acumulación financiera son diferentes a los de otras etapas del capitalismo, cuando la hegemonía correspondía al capital productivo.

 

Son perros de presa, grandes predadores como los definió Fernand Braudel. En este periodo de declive del imperialismo estadunidense y de caos geopolítico, han adquirido un perfil adicional: son guerreros, del tipo de los mercenarios despiadados de las peores guerras civiles; no acatan reglas ni tienen el menor respeto por los seres humanos. El economista Michael Hudson, quien los conoció de cerca, destaca que profesan valores feudales y pretenden retroceder a la servidumbre por deudas de la población trabajadora.

 


La tesis de maestría de Marco Bulhões Cecilio, que integra el equipo del economista brasileño José Luis Fiori ( Poder global y geopolítica del capitalismo, en el marco de la Universidad Federal de Río de Janeiro), señala que en el sistema financiero actual, los mayores ganadores son la élite de la clase dirigente y no los accionistas. Como hemos señalado en otras ocasiones, la burguesía se ha bifurcado entre los propietarios y los gestores del capital, que son los que toman las decisiones y están situados en los escalones donde fluye el dinero.


La tesis de Cecilio recupera el trabajo de Braudel en el periodo de acumulación acelerada de riquezas, y somete algunas de sus tesis a severo escrutinio, entre ellas la que postula que la economía de mercado y el capitalismo son opuestos (http://www.poderglobal.net/category/ 3_teses-e-dissertacoes/).


Entre la clase de los gestores que se hacen con ganancias descomunales, pone de ejemplo algunos presidentes (CEO) de grandes empresas, que ganaron en plena crisis remuneraciones hasta de 162 millones de dólares, como Stanley O'Neal, de Merril Lynch. Es un caso excepcional, en un medio donde muchos ejecutivos ganan más de un millón de dólares anuales. En 2007, la empresa pagó bonos a sus ejecutivos por 4 mil millones de dólares y en 2008 las empresas de Wall Street pagaron 18 mil millones de dólares a sus ejecutivos, cuando el sistema financiero fue salvado por el gobierno.

 

Siguiendo con las remuneraciones, en 2014 la consultora Robert Walters estudió los salarios medios fijos de los ejecutivos en 27 países, en particular aquellos que tienen más de 12 años de experiencia. Sin incluir los bonos, después de la crisis de 2008 un director financiero (CFO) percibe 360 mil dólares anuales en Shanghai, apenas por encima de sus colegas en Nueva York y Londres. En São Paulo el mismo cargo recibe 250 mil dólares anuales. Los gerentes de contabilidad, situados en la parte baja del escalafón, obtienen en torno a los 100 mil dólares ( Valor, 12/2/14).


Pero hay una segunda cuestión tan importante como los ingresos. El perfil de este grupo indica que 80 por ciento son varones blancos, egresados de universidades de élite, preparados para una competencia feroz, que no tienen la menor fidelidad a nada que no sea ellos mismos. Una encuesta de la consultora brasileña Talenses, entre 620 ejecutivos de alto nivel de São Paulo, reveló que para los directores y gerentes el factor decisivo a la hora de decidir un lugar de trabajo es sentirse desafiados, y sólo en segundo lugar aparecen las remuneraciones y bonos (Asociación Brasileña de Recursos Humanos, 29/1/14).


Lo que más los motiva son los desafíos, la conquista de nuevos logros, el reto permanente para ir más allá. Cambian constantemente de empresa: sólo 6.6 por ciento de los entrevistados llevaban más de 10 años en la empresa, 29 por ciento entre dos y cinco años y 52 por ciento menos de dos años. El cambio de empresa es parte del desafío de estos ejecutivos que tienen entre 24 y 40 años. Los altos salarios buscan retenerlos.

 

Como señala Braudel, son personas que tienen el privilegio de poder escoger, libertad de movimientos, no se aferran a las actividades anteriores, no se especializan en una sola actividad, de modo que pueden entrar en juegos inaccesibles para los demás. Tienen acceso a información privilegiada que les permite, por un lado, eludir los controles, y por otro, apropiarse de las innovaciones que nacen casi siempre en la base de la sociedad, ahorrando las más de las veces en desarrollo tecnológico.


Parasitismo de larga duración, le llamaba a esa actitud vital. Un parasitismo activo, destructivo, arrasador. Este modo de actuar, esta cultura empresarial, tiene enormes similitudes con la que promueven los think tanks militares. Hoy más que nunca, los ejércitos actúan como los CEO del sector financiero, y viceversa.

 

William McNeill, en La búsqueda del poder, sintetiza estas características de modo brillante: Nuestros únicos macroparásitos significativos son otros hombres, que, al especializarse en la violencia, se muestran capaces de asegurarse la vida sin tener que producir por sí mismos el alimento y otros géneros que consumen (Siglo XXI, 1988, Prefacio). Continúa destacando que los cambios en el armamento de los ejércitos se parecen a las mutaciones genéticas de los microorganismos para abrir nuevas zonas geográficas de explotación, o destruir algunos límites mediante el ejercicio de la fuerza dentro de la propia sociedad que los cobija.

 

Capital financiero y fuerzas armadas (estatales o paraestatales) son los grandes parásitos-predadores que se comportan como plagas esquilmando a la humanidad. Es la lógica del uno por ciento, que no va a cambiar por voluntad propia. Como sabemos, con las plagas no se puede negociar. Se las frena o nos destruyen. Es necesario tener claridad sobre los modos del uno por ciento. Pero debemos reconocer que aún no tenemos una estrategia para frenarlos.

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