Domingo, 26 Abril 2020 10:15

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#Primero El Ser Humano



La campaña #PrimeroElSerHumano, busca aportar colectivamente en beneficio de un inaplazable propósito, en medio de la crisis sistémica acelerada por el Covid-19:¡Que en el centro de toda política social y económica esté el ser humano en su equilibrio ecológico!

Les invitamos a revisar el breve texto que la resume, y si están de acuerdo firmarla e impulsarla por sus redes y a todos sus contactos.

Quédate en casa, pero únete y reclama #PrimeroElSerHumano

Con espíritu activo y colectivo, para otra sociedad posible,

Equipo Desde Abajo

 

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Autorización

Autorización

En El joven Marx, una película alemana de 2017, los protagonistas son, no podía ser de otro modo, Carlos Marx en sus comienzos, y Federico Engels, con sus respectivas esposas, fieles e inteligentes acompañantes. A ambos los presentan desenvueltos, ágiles, físicamente atractivos, con facilidad de palabra, Marx dinámico, bastante antes de ser ese hombre de expresión severa, como corresponde a un filósofo que se propone cambiar el rumbo de la sociedad, barbado y con el pelo revuelto, una imagen que lo hizo reconocible en todo el mundo; Engels, más reconcentrado, elegante en el vestir, sensible, menos filosófico pero generoso, sagaz y decidido en sus propósitos.

Detrás de ellos, a veces junto, a veces antagonistas, pululan otros personajes, se diría que secundarios: no encarnan el motivo que lleva a esa sociedad tan particular que han ido constituyendo –afecto, comprensión, comunidad de ideas y de lenguaje– sino que constituyen lo necesario para que la película no sea un pesado ladrillo; armonizan o discrepan, eso no importa tanto (las relaciones con ellos son estrictamente narrativas) pues lo esencial es el intenso diálogo que ambos sostienen con una realidad quemante y cuyos fuegos tratan de atizar.


Entre ellos, además de los que aparecen en asambleas y en discusiones, no puede dejar de mencionarse a célebres anarquistas como Bakunin y sobre todo Proudhon, con quien ambos, Marx y Engels, discuten apasionadamente. Pero otros, más ocasionales, integran ya sea un coro, remotamente griego, ya como obvios antagonistas; me refiere al señor Engels, padre de Federico y dueño y señor de la fábrica que habrá de heredar Federico y que provee, no porque el señor Engels lo autorice, gran parte de los salvadores recursos que ayudan a Marx a proseguir su obra y a los dos a esbozar y dirigir el embrionario movimiento revolucionario que debería sacar al castigado proletariado a salir de su situación y, poco a poco, a tomar el poder.


Me fijo en el señor Engels; es un indudable patrón, típico de las fábricas que brotaron con la revolución industrial: autoritario, bien plantado en sus piernas, autoriza o desautoriza lo que ocurre en la fábrica, donde obreras que se mueven sin cesar se quejan sordamente de lo poco que se les paga por el trabajo que hacen, no muy diferente al de los galeotes que impulsan embarcaciones que no van a ninguna parte o presos que pican inútiles piedras o esclavos que bajan la cabeza. Me quedo en la idea de “autorizar” que me está pareciendo fundante. Y, en el caso, es evidente que el señor Engels no vacila en ejecutar ese verbo: se siente, por añadidura, autorizado a hacerlo porque su calidad de patrón no la discute nadie, no ya los obreros sino la sociedad en cuyos fundamentos reside, como un diamante escondido, la idea de autorización; todos lo admiten y se someten, una muchacha que no quiere hacerlo es despedida, el patrón no autoriza voces discordantes en el ritmo agotador de la jornada.


No sería ese ejemplo el único caso; lo interesante es que, considerando que nada se puede hacer sin una autorización –no ya tener un documento de identidad, que es una forma indiscutible de autorización, sino cualquier acto que se quiera ejecutar en la vida social– permite preguntarse ante todo por lo que esa palabra implica; obviamente, descansa sobre el concepto de poder: autoriza quien puede, no cualquiera.
El señor Engels autoriza, del mismo modo que otros burgueses capitalistas de mediados del siglo XIX, pero no para siempre: precisamente, lo que desencadenaron esos dos de la película acotó su poder, fueron poco a poco obligados a considerar que su poder de autorización no era el mismo y que debían “tener en cuenta” otros poderes, en particular los obreros concientizados, ya organizados y cada vez más dueños de sus derechos y de sus vidas, que iban tomando forma, proceso que no fue fácil y costó enorme cantidad de vidas.


Con el sindicalismo argentino, por ejemplo, una vez constituido y consciente de su poder, había que pactar aunque, desde luego, como el capitalista no se rindió y masticó la venganza en las sombras, logró que el contrapoder sindical cediera gran parte de lo que había obtenido a lo largo de una convulsa historia; en la actualidad sus agachadas y vacilaciones autorizan a que quienes venían debilitados recuperaran –me refiero a financistas, banqueros, exportadores, inversores, todos esos que han ocupado un gobierno– una insolente capacidad de autorización.


Es claro que no se reduce a eso el alcance de lo que llamo “autorización”. Está presente en la vida humana desde el vamos: los padres autorizan, los maestros autorizan, los médicos autorizan, es casi impensable circular por la vida sin ese pasaporte. También los escritores cuyo uso del lenguaje autoriza a otros a emplearlo con más propiedad –en las viejas enciclopedias y diccionarios esos usos se respaldan en nombres consagrados– y ni que hablar los llamados “pensadores”, filósofos o intelectuales que solían iluminar acciones posibles incluso a grandes masas, desde Platón hasta nuestros desdichados días, nada propicios en estos tiempos a buscar autorización mental en ellos sino, más bien, en esa especie de proliferantes “comunicadores” que, cumpliendo con esa labor autorizatoria, interpretan y saturan de lugares comunes las vacías cabezas de multitudes.


En conclusión, podría decirse que el presente es entre gris y negro en este aspecto, el llamado a pensar navega en aguas cenagosas, por no aludir a mensajes presidenciales o ministeriales que autorizan a la obturación del pensamiento y convocan a una aceptación contranatura de lo que gestan en la medianoche intereses igualmente contranatura.


Me atrevo a conjeturar que este concepto, “autorización”, puede ser de utilidad para comprender los cambios que sufre la sociedad: quiénes autorizan, quiénes dejan de hacerlo, qué elementos hay que tener en cuenta para darle significación al ritmo de los cambios y, por supuesto, qué condiciones hay que considerar para encarar otro tipo de autorizaciones, con qué sentido y basadas en qué principios y, también, cómo de la promesa, tan frecuente en política, se pasa a la autorización natural, ésa que no se nota porque se vive y que debería ser el producto de una cultura en la que el ser humano sea el centro y no, como lo estamos viendo, los espurios manejos de la hez de la sociedad, no sólo los traficantes y los narcos sino esos tramposos que viven de la acumulación y en ella ponen toda su erótica.

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"Estamos en una nueva era de la robótica", afirman en reunión mundial

Los robots pueden ayudar con el trabajo doméstico e incluso jugar futbol, pero aún no vienen a suplantar a los trabajadores.
Esa fue la afirmación de expertos en robótica reunidos en una conferencia internacional que comenzó este lunes en la capital de China. La reunión, de tres días, incluye un foro, una exhibición y un concurso de humanoides para jóvenes.


Décadas después de inventar el primer robot trabajador en 1961, ahora estamos en una nueva era de la robótica, declaró Arturo Baroncelli, presidente de la Federación Internacional de Robótica (FIR).


Según cálculos de Baroncelli, alrededor de 1.5 millones de esas máquinas se utilizan actualmente en fábricas en todo el mundo, y la cifra total se elevará 2.3 millones en los próximos tres años.


La mayoría de los robots están diseñados para remplazar a los trabajadores en condiciones laborales especialmente difíciles y no reducirán las oportunidades de empleo ni amenazarán a este último, aseguró Xu Xiaolan, vicepresidente del Instituto de Electrónica de China.


En una carta de felicitación, Xi Jinping, presidente chino, comentó que su país desea cooperar con otras naciones para promover la investigación y el desarrollo de la robótica.


Li Keqiang, primer ministro de la nación asiática, afirmó que la conferencia es importante para promover la tecnología de robots, mientras China fomenta el desarrollo impulsado por la innovación y el espíritu emprendedor para transformar al país fábrica del mundo en una potencia tecnológica.


La conferencia impulsará el crecimiento de la industria emergente de robots y creará el mayor mercado mundial de éstos, comentó Li.


China ha formado un mercado en expansión para robots nacionales.


Durante la campaña de compras por el Día de los Solteros de este año en China, el pasado 11 de noviembre, la reconocida compañía china de humanoides Ecovacs vendió en línea más de 100 mil robots aspiradoras por 60 millones de dólares.


Escasez de mano de obra barata


Ante la creciente escasez de mano de obra barata, los fabricantes chinos gradualmente remplazan el trabajo manual por robots.


La FIR señaló que un total de 57 mil robots industriales se vendieron en China el año pasado, lo que significa un incremento anual de 55 por ciento, y una cuarta parte de las ventas globales.


De 2009 a 2014, las ventas de robots industriales en China aumentaron 58.9 por ciento anual, dijo Wang Jianyu, jefe del departamento de equipo del Ministerio de Industria y Tecnología Informática (MITI).


Declaró que China necesitará 150 mil robots industriales al año en los próximos cinco años, con una cifra total en el mercado chino que llegará a 800 mil.


Sin embargo, China aún está lejos de las proporciones de robots respecto de los trabajadores en comparación con otras importantes economías, apenas 36 por cada 10 mil trabajadores en el sector manufacturero, frente a los 478 en la república de Corea, 315 en Japón, 292 en Alemania y 164 Estados Unidos.


En la inaugración de la conferencia Li Yuanchao, vicepresidente de ese país asiático, señaló que China da gran importancia a la investigación y aplicación de la robótica y espera ver una mayor cooperación internacional en esta área.


Los países deben abrir los mercados y compartir esa tecnología para lograr el beneficio mutuo, aseguró.


Aunque China está rezagada en la investigación y desarrollo de robótica de punta, el país tiene un mercado enorme con un gran potencial, según el vicepresidente.


China, en una muestra de mayor apertura, desea dar la bienvenida a expertos y empresarios en robótica del mundo entero para que compartan conocimiento y cooperen con nosotros, concluyó.


La conferencia reúne a más de 100 expertos, 12 organizaciones internacionales de robótica y más de 120 empresas de robótica. Fue organizada por la Asociación China de Ciencia y Tecnología y por el MITI.

“La palabra Dios es la expresión y producto de la debilidad humana”
Nueva York, 3 de octubre. Una carta escrita a mano por el físico Albert Einstein un año antes de su muerte, en la que expresa sus puntos de vista sobre la religión, saldrá a la venta este mes en eBay con una oferta inicial de 3 millones de dólares, dijo una agencia de subastas.


Conocida como Carta sobre Dios, la correspondencia ofrece percepciones sobre los pensamientos de una de las mentes más brillantes del mundo acerca de la religión, de Dios y del tribalismo .


“Esta carta, en mi opinión, tiene una relevancia histórica y cultural, ya que refleja los pensamientos personales y privados del hombre más inteligente del siglo XX”, dijo Eric Gazin, presidente de Auction Cause, la agencia de subastas con sede en Los Ángeles, que se encargará de la venta en eBay.


“La carta fue escrita al final de su vida, que fue de aprendizaje”, agregó. Einstein la escribió en alemán, el 3 de enero de 1954, en la Universidad de Princeton, después de leer Escoger la vida: la llamada bíblica a la rebelión, del filósofo Erik Gutkind, a quien estaba dirigida.


“La palabra Dios para mí no es nada más que la expresión y producto de la debilidad humana; la Biblia, una colección de honorables, pero aun así leyendas primitivas que, sin embargo, son muy infantiles. Ninguna interpretación, por sutil que sea, puede (para mí) cambiarlo”, escribió el científico nacido en Alemania, que en 1921 recibió el Premio Nobel de Física.


El vendedor anónimo de la carta, que será subastada con su sobre original, sello y matasellos, la compró a Bloomsbury Auctions en Londres, en 2008, por 404 mil dólares. Desde entonces ha estado guardada en una cámara de temperatura controlada en una institución pública.


Aunque la oferta inicial de la subasta de eBay sea de tres millones de dólares, Gazin, quien manejó subastas de alto perfil anteriores, dijo que espera poder doblar o triplicar la suma en la venta que se efectuará entre el 8 y el 18 de octubre en www.einsteinletter.com.


“eBay tiene el mayor auditorio posible; además de que es muy universal y accesible”, explicó. Agregó que hace 10 años la última gran carta de Einstein fue vendida por más de 32 millones de pesos.


“Creemos que es un precio de salida razonable, dada su importancia histórica y el interés por Einstein”, agregó Gazin.


Reuters

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Estos tiempos posmodernos, en los cuales nos intentan convencer de la fascinación por los últimos gritos de la moda (ya sean nuevas tecnologías o el último fármaco milagroso), trabajar sobre Erich Fromm pareciera un anacronismo. Para muchos, todo lo que no es “nuevo” se debería desechar. Pero quizá no todo lo que nos antecede sea para descartar, y ni siquiera viejo. Resistir a esa tendencia hegemónica actual, marcando la vigencia de cierto pasado es el objetivo de estas líneas.

Las múltiples ideas de Erich Fromm nunca llegaron a atravesar fuertemente al medio “psi” argentino. Fue un autor leído hasta 1966 en la naciente Facultad de Psicología pero en ese año, con “la noche de los bastones largos”, quedó por fuera de la bibliografía.

Su entrada en la Argentina fue a manos de la sociología, vía Gino Germani, quien prologó la edición en castellano de El miedo a la libertad. Pero se fue convirtiendo, dentro del medio psi, en un “psicoanálisis aplicado de divulgación”, muy leído a lo largo de varios años. Tenía casi todo para convertirse en un innombrable para el campo de Salud Mental en la Argentina: psicoanalista “culturalista” americano (o “neofreudiano”), marxista, judío creyente y humanista.

Más allá de eso, Fromm sí atravesó la cultura (y no sólo argentina) de toda una época. La cuestión hoy es: ¿quién se acuerda de los planteos y acciones de Erich Fromm? ¿Tienen vigencia sus desarrollos teóricos y técnicos?

Fromm nació con el siglo XX en Frankfurt, Alemania, en el seno de una familia judía tradicional. La imborrable influencia de su niñez y adolescencia fue la tradición judía ortodoxa, con un estilo de vida ligado a sus antepasados rabínicos. Un mundo lleno de dichas lecturas, y alejado de los ideales capitalistas de aquella época. Sus maestros talmúdicos sellaron una marca indeleble. Hasta mediados de los años ‘20 se interesó por las tradiciones y maestros del judaísmo. Los profetas fascinaron a Fromm a lo largo de su vida y su obra, fueron su primera fuente de pensamiento. Su concepción de humanismo derivó en parte de estas experiencias.

Realizó estudios de psicología, filosofía y sociología en Heidelberg. Se graduó a los 22 años con una tesis doctoral: “La ley judía. Una contribución a la sociología de la diáspora”. En esta formación lo impactaron Aristóteles, Spinoza, pero especialmente Karl Marx, segunda y fundamental fuente de sus ideas. Pero un Marx que siempre estará dentro de la Teoría Crítica de la llamada Escuela de Frankfurt.

En la misma ciudad conoció a quien sería su primera analista, luego su primera esposa: Frieda Reichmann. Ella lo introdujo en el psicoanálisis, la tercera y tal vez decisiva fuente de sus pensamientos. Había abierto un “sanatorio que era una especie de pensionado y de hotel judeo-psicoanalítico en el que imperaba una ‘atmósfera casi de culto’ y donde todos eran analizados por Frieda Reichmann”. (Funk, R., Fromm, Ed. Paidós). Ellos dos abandonarían posteriormente la praxis religiosa. Pero no fue sólo el psicoanálisis el que contribuyó a que Fromm dejara la ortodoxia; paralelamente entra en contacto con el budismo en 1926, al que sintió como una especie de revelación. Posteriormente se contactaría con la obra de D. T. Suzuki, con quien luego de muchos años escribiría Budismo zen y psicoanálisis.

Fromm prosiguió y culminó la formación analítica en el prestigioso Instituto de Berlín, donde se relacionó con muchos de sus futuros compañeros y rivales.

Desde fines de la década de los 20 intentó la síntesis del judaísmo, el marxismo y el psicoanálisis. Quizá los intentos de síntesis propia y creativa de estos pensamientos definen el camino que construyó a lo largo de toda su trayectoria.

Varios hechos se sucedieron en su vida: integró el Instituto de Investigación Social (con Max Horkheimer y otros), dentro del cual realizó una de las primeras investigaciones sociopsicológicas: sobre la postura política de los trabajadores y empleados de la República de Weimar, además de comenzar con sus estudios sobre el autoritarismo. En 1931 enfermó de tuberculosis pulmonar, lo que lo llevó a estar un año en Suiza para su cura. En ese momento se divorció de Frieda Fromm Reichmann. En 1933 Karen Horney lo invitó a Chicago para dar unas conferencias. En 1934 se mudó a Nueva York, en vista de la situación existente en Alemania. Vivió allí hasta 1949, año en que se trasladó a México (a raíz de la enfermedad de su segunda mujer), donde luego fundó la Sociedad Mexicana de Psicoanálisis. Pero siempre siguió manteniendo contacto con los Estados Unidos. En la década de 1970 se mudó por problemas de salud a Suiza, donde falleció en 1980.

Las críticas de Fromm al psicoanálisis “oficial” comenzaron a partir de la década de 1930.

Por un lado, su conocido abandono de la teoría de la libido (cuya discusión merecería otro trabajo), para poder entender al individuo más allá de los conflictos libidinales. En ese punto acentuó las determinaciones económicas y sociales. Pero debemos considerar que en ese momento la libido era pensada meramente como una fuerza biológica, a la cual oponían como términos antitéticos y excluyentes los determinantes sociales. Era una época en que no se podría considerar como hoy la complejidad de la subjetividad y se especulaba sobre cuáles eran los factores determinantes en último término.

Por otro lado, siendo este hecho mucho menos conocido, Fromm vivió practicando el psicoanálisis. Trabajó como psicoanalista toda su vida. Tras diez años de práctica “ortodoxa” del psicoanálisis, lentamente comenzó con cambios en su forma de trabajo acordes a las nuevas ideas. No se encuentran muchos escritos sobre este tema, pero sabemos que Fromm dedicó las tardes de su vida a la práctica clínica. Es desde allí donde fue elaborando las concepciones que leemos en sus textos.

En este sentido fue consecuente con sus propias ideas y su trabajo analítico. Se fue oponiendo a una práctica intelectual, de reconstrucciones históricas, predominante de la época. Su técnica fue tornándose más activa: “La meta más importante de su terapia psicoanalítica es hacer que el paciente experimente su realidad inconsciente, antes que teorizar sobre la misma” (Landis y Tauber, Erich Fromm. Psicoanálisis y sociedad, Ed. Paidós). Su idea era que el psicoanálisis penetrara rápidamente hacia el centro de la vida del paciente (no que esperara la resistencias, sino que se encontrara con lo resistido), y para ello rechazaba la idea de un psicoanalista silencioso y pasivo. Era un psicoanalista comprometido. Desde ya, y en concordancia con las ideas que desarrolló desde El miedo a la libertad, no será la adaptación la meta del proceso terapéutico. Por el contrario, Fromm apostará a promover el proceso de individuación y la consecuente libertad, que implican necesariamente soledad y angustia por el encuentro con sí mismo y con los otros.

Como se notará, está en las antípodas de lo que en Argentina se conoce como “psicoanálisis norteamericano”, y al que erróneamente se identifica con una de sus ramas: la Psicología del Yo. Esta ignorancia iguala ideas y prácticas que en realidad se oponen. Porque ese tipo de psicoanálisis adaptacionista es el que Fromm atacó a lo largo de su vida.

Hay ciertas actitudes de Fromm que vale recordar. En la década de 1930 se fueron produciendo las ideas que se convertirán en el primer libro de Fromm, El miedo a la libertad (1941), libro que publicará antes de “terminar” sus ideas, a raíz del momento histórico (la posibilidad de que triunfe el fascismo en el mundo). El texto es una apuesta política: “Los actuales sucesos políticos y los peligros que ellos entrañan para las más preciadas conquistas de la cultura moderna –la individualidad y el carácter singular y único de la personalidad– me decidieron a interrumpir el trabajo relativo a aquella investigación más amplia para concentrarme en uno de sus aspectos, de suma importancia para la crisis social y cultural de nuestros días: el significado de la libertad para el hombre moderno”. El compromiso de Fromm contra el fascismo le hace anticipar sus ideas sobre la estructura del carácter del hombre moderno. Desde ese entonces, fue uno de los pocos psicoanalistas que sostuvo su implicación con la sociedad en que vivía.

Fromm luchó también incansable e infructuosamente (fuera y dentro de varias instituciones que debió ir abandonando) por la aceptación del ejercicio del psicoanálisis para los no médicos en Estados Unidos. Allí, exclusivamente los médicos podían ser psicoanalistas (otro de los benditos “modelos” importados en su momento por nuestro país). Siempre fue un obstáculo su propia condición de “lego”, y mantuvo su insistencia en la formación de psicoanalistas no médicos, siendo absolutamente freudiano en ese aspecto. En ese sentido es llamativo que la mayoría de los psicoanalistas emigrados a los Estados Unidos –y maestros allí– no hayan sido médicos.

Fromm había sido excluido de la Sociedad Psicoanalítica Alemana por su condición de judío en 1934. Luego descubrió que también había sido excluido de la IPA, aunque era miembro de la Sociedad Psicoanalítica de Washington (y de la más alta categoría). Para volver a la IPA debía solicitar nuevamente el ingreso y someterse al Comité de Selección (1951, Congreso de Amsterdam). Su negativa al proceso lo excluyó definitivamente de las discusiones dentro de la IPA, y del psicoanálisis oficial. En 1953 envió una carta de protesta diciendo: “En verdad no se trata tanto de la cuestión de querer convertirme en miembro de la IPA, sino más bien de enterarme de las razones por las cuales he perdido mi condición de miembro”.

También es poco conocida su diversa participación política. En la década de 1950 se afilió al Partido Socialista de los Estados Unidos, pero renunció tras notar que la burocracia desatendía a las bases del partido. Luego tomó otras políticas como la publicación y difusión de posiciones sobre problemas de la época. Militó posteriormente en movimientos por la paz y el desarme. Su libro ¿Podrá sobrevivir el hombre? sintetiza sus posturas y propuestas.

Su posición sobre la posibilidad de un marxismo humanista se encuentra sintetizada en Marx y su concepto del hombre (1962), texto en el cual Fromm rescata, realiza una introducción y publica los Manuscritos económico-filosóficos de Karl Marx.

En 1968 apoyó activamente la campaña por la nominación para la presidencia del senador demócrata E. Mc Carthy (reconocido humanista, según Fromm), acompañando su campaña con variados discursos y textos. Un infarto lo obligó a abandonar esta actividad.

Por último, en la década de 1970, se opuso a la utilización de la violencia como instrumento de cambio social, ante el pedido de entrevistarse y ayudar a detenidos políticos alemanes.

En estos tiempos no podemos darnos el lujo de dejar de lado trabajar pensadores del psicoanálisis y la sociedad como Fromm. Su descripción del tipo de sociedad que resultó triunfante a principios de este siglo XXI es tan actual que sorprende. Tal vez debamos repensar sus teorizaciones y propuestas, pero su observación es implacable:

“¿Qué tipo de hombre, pues, requiere nuestra sociedad para poder funcionar bien, sin roces? Necesita hombres con los que se pueda cooperar fácilmente en grupos grandes, que quieran consumir cada vez más y que tengan gustos normalizados, fáciles de prever e influir. Necesita hombres que se crean libres e independientes, no sometidos a ninguna autoridad, ni principio, ni moral, pero que estén dispuestos a recibir órdenes, que hagan lo que se espera de ellos y que encajen sin estridencias en la maquinaria social; hombres gobernables sin el empleo de la fuerza, obedientes sin jefes y empujados sin más meta que la de seguir en marcha, funcionar, continuar” (“Problemas psicológicos del hombre en la sociedad moderna”, conferencia de 1964, en El humanismo como utopía posible, póstumo, ed. Paidós).

“En esta nueva sociedad de la segunda revolución industrial, el individuo desaparece. Queda completamente enajenado. Está programado por los principios de la máxima producción, el máximo consumo y el mínimo roce. Y trata de aliviar su aburrimiento con toda clase de consumo, comprendido el consumo de sexualidad y estupefacientes. Y de esto se servirá la tentativa de dar un buen funcionamiento al hombre como parte de la megamáquina, junto con la posibilidad de utilizar la neurología y la fisiología para hacerle cambiar de sentimientos, además de manipular su pensamiento mediante las técnicas de sugestión.” (“La búsqueda de la alternativa humanista”, en El humanismo como utopía posible).

Estas certeras descripciones de la subjetividad actual llevan a pensar que probablemente nuestro futuro esté, como en el psicoanálisis, en hacer trabajar algo de nuestro pasado olvidado.

 Por Alejandro Vainer, del artículo “Erich Fromm”, que integra el libro A la izquierda de Freud. compilado por el autor de la nota,libro  de reciente aparición (ed. Topía).
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Martes, 06 Enero 2009 07:44

Océanos. Un mar de problemas

No es mucho lo que se sabe del mar, dicen algunos; hay mejores mapas de la superficie de Marte. Pero se han perforado 2 mil agujeros en su fondo, se le han tomado cientos de miles de fotografías, hay satélites que monitorean los cinco océanos y flotadores equipados con instrumentos que suben y bajan como yoyos perpetuos Lo que conocemos es bastante, pero muy poco es tranquilizador.

Las preocupaciones comienzan en la superficie, donde una atmósfera cargada de dióxido de carbono interactúa con las aguas salobres. El mar se ha vuelto más ácido, lo que hace la vida sea más difícil, si no imposible, para organismos marinos con conchas de carbonato de calcio o esqueletos. Éstos no son tan comunes como los camarones o langostas; sin embargo, especies como el kril (copépodo), pequeño crustáceo parecido al camarón, juegan un papel crucial en la cadena alimenticia: si las eliminamos, acabamos con quienes las consumen, cuyos depredadores podrían ser los que uno disfruta fritos, asados o con salsa tártara. Lo que es peor, podríamos desestabilizar todo el ecosistema.

Está también lo que la acidificación hace a los arrecifes de coral, en particular si ya han sido afectados por sobrexplotación, sobrecalentamiento o contaminación. Muchos lo han sido y están gravemente dañados. Algunos científicos creen que los arrecifes de coral, hogar de una cuarta parte de todas las especies marinas, podrían desaparecer en unas cuantas décadas. Sería el fin de las selvas tropicales de los mares.

El dióxido de carbono afecta al mar de diversas maneras, en particular por el calentamiento global. Los océanos se expanden conforme se calientan. También aumentan por el derretimiento de glaciares, capas de hielo y casquetes polares: el hielo de Groenlandia está en vías de derretirse por completo, lo que tarde o temprano elevará el nivel de mar casi siete metros. Incluso, a finales de este siglo el nivel bien podría haberse elevado 80 centímetros, quizá mucho más. Para 630 millones de personas que viven a menos de 10 kilómetros del mar, esto es algo serio. Países como Bangladesh, de 150 millones de habitantes, se inundarán. Incluso personas que viven tierra adentro podrían resultar afectadas por el calentamiento: las sequías en el oeste de Estados Unidos parecen causadas por el cambio de temperaturas superficiales en el Pacífico tropical.

Y están además las mareas rojas de algas florecientes, plagas de medusas y zonas muertas donde sólo prosperan organismos simples. Todos aumentan en intensidad, frecuencia y nivel. Todos, también, están vinculados al parecer con variadas presiones que el hombre inflige a los ecosistemas marinos: sobrepesca, calentamiento global, fertilizantes que van a dar a ríos y estuarios; a menudo, concatenados unos con otros.

Ciertos cambios no pueden ser responsabilidad total del hombre. Pero uno que sin duda no tiene otra causa es la escasez de peces: la mayoría de las especies grandes han sido objeto de pesca intensiva, y el resto desaparecerá en unas décadas si el pillaje continúa como hasta ahora. Más de tres cuartas partes de todas las especies de peces de mar están por debajo de niveles sostenibles, o al borde de estarlo. Otro cambio es la aparición de una masa de desechos plásticos que se arremolina en dos coágulos sobre el Pacífico, cada una tan grande como Estados Unidos. Y hay un montón más de calamidades en el mar.

Las lágrimas de Neptuno

Cada uno de estos cambios es una catástrofe. En conjunto significan algo mucho peor. Para colmo, ocurren con alarmante rapidez: en décadas, es decir, en mucho menos tiempo que los eones necesarios para que peces y plantas se adapten. Muchos son irreversibles. Según el cuerpo de científicos más eminente de Gran Bretaña, la Real Sociedad Científica, tomará muchos miles de años para que la química del océano regrese a un estado similar al preindustrial de hace 200 años. Muchos incluso temen que algunos cambios estén por alcanzar el umbral después del cual sobrevendrán de manera incontrolable y rápida muchos cambios mayores. Nadie entiende por qué el bacalao no ha regresado a las costas canadienses, aun después de 16 años de no pescarlo. Nadie sabe a ciencia cierta por qué los glaciares y las placas de hielo se derriten tan rápido, o por qué un lago de seis kilómetros cuadrados formado del deshielo en Groenlandia puede evaporarse en 24 horas, como pasó en 2006. Tales acontecimientos inesperados ponen nerviosos a los científicos.

¿Qué se puede hacer? El mar, la última parte del mundo donde el hombre actúa aún como cazador-recolector –además de bañista, minero, basurero y contaminador general–, necesita administración, de la misma forma que la tierra. La economía la requiere tanto como el ambiente, pues el mundo dilapida dinero gracias a su pobre administración de los océanos. Según el Banco Mundial, la mala organización y la pesca excesiva dilapidan 50 mil millones de dólares al año.

La economía también ofrece algunas respuestas. Para empezar, los subsidios a la pesca deberían abolirse en una industria que se caracteriza por la sobrecapacidad e ineficiencia. Los gobiernos necesitan considerar maneras de promover el interés por la conservación en quienes explotan los recursos del mar. Una forma es el sistema de cuotas de pesca individuales transferibles que ha dado resultado en Islandia, Noruega Nueva Zelanda y el oeste de Estados Unidos. Derechos similares podrían otorgarse a quienes contaminan con nitrógeno, como se les han dado a los que en Europa contaminan con carbón y a los mineros del lecho marino en las placas continentales.

Las cuotas funcionan en aguas nacionales. Pero en alta mar, más allá de los límites del control nacional, se presentan problemas más grandes, y muchos temen que atunes, tiburones y otros grandes peces que nadan en mar abierto serán exterminados. Pese a que acuerdos internacionales de pesca que cubren el Atlántico Norte muestran que la administración puede funcionar incluso en aguas comunes, la comisión de atún del Atlántico demuestra también que puede fracasar. Y donde la pesca no puede ser administrada, sencillamente debe detenerse. Nada ha sido tan benéfico para las reservas de pescado del norte de Europa en los 150 años anteriores como la Segunda Guerra Mundial: al mantener las embarcaciones pesqueras en puerto, permitió que la industria se recuperara. Hoy, una solución preferible serían reservas marítimas, entre más grandes, mejor.

En un mundo cuya demanda de proteína crece día con día, la necesidad de conservar inventarios es evidente. Los remedios no son difíciles de comprender. Los políticos, sin embargo, son necios. Pocos de ellos, sobre todo en Europa, están preparados para un cabildeo potente, excepto en países pequeños donde la pesca tiene tanta importancia económica que la amenaza de una extinción masiva no puede pasarse por alto.

Ahora, a calmar las olas

Aunque remota, la extinción masiva que debería estar convocando inteligencias es la de la humanidad. No es prudente desestimarla cuando las emisiones de CO2, la otra gran maldición de los océanos, son tan preocupantes. A la larga, los mares son el gran vertedero de casi todo el carbono. Pueden contribuir a evitar cierto calentamiento global al almacenar CO2, generar energía por el poder de marea o por absorber carbono de la atmósfera más rápido que hoy. Sin embargo, seguirán cambiando mientras el hombre envíe tanto carbono a la atmósfera.

Hasta ahora, crecientes niveles del mar, corales en extinción y floraciones de algas en aumento son divertimentos menores para muchas personas. Huracanes como Katrina, unas cuantas inundaciones dramáticas en ciudades costeras del mundo rico, quizá la paralización de una parte de la gran banda transportadora de las corrientes oceánicas, especialmente si fuese la que calienta Europa Occidental: alguna de estas calamidades podría lograr la atención de los líderes del mundo. El problema es que para entonces podría ser demasiado tarde.

Fuente: EIU

Traducción de texto: Jorge Anaya
 

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