Hacia un nuevo sistema-mundo: el retorno de la geopolítica

A doce años de la crisis iniciada en 2007-2008, a sus consecuencias económico y sociales hay que sumar las implicaciones geopolíticas de dicha crisis, que dada su magnitud, nos permite hablar que entramos en una fase que nos conduce a un nuevo sistema-mundo.

Asistimos a una gran transición geopolítica caracterizada por el paso de un mundo unipolar centrado en los EEUU y basado en la ideología liberal, a un mundo multipolar centrado en Asia y en Eurasia con predominio del marco ideológico nacionalista.


El desplazamiento del eje Euro Atlántico hacia el predominio de Asia y el Pacífico cambia el modo occidental de ver el mundo y será objeto de disputas político-militares de grandes dimensiones. Lo que está mutando es la centralidad en la economía-mundo capitalista que, después de dos siglos, retorna al eje de la que fue la primera economía de mercado (China), derrotada por la hegemonía político-militar y la capacidad de fuego del imperialismo anglosajón.


Un nuevo escenario geopolítico cuya característica principal es, el enfrentamiento político directo y en territorios principales entre los bloques de poder centrales del sistema-mundo (EEUU y el Norte Global) y los bloques regionales de poder emergentes (China, Rusia y la semiperiferia), profundizado la situación de multipolaridad relativa que vivimos.


Venezuela, nuevo escenario de rivalidad geopolítica


A diferencia de la etapa anterior, la agudización de las tensiones entre bloques de poder mundial se libra en territorios principales, siendo Venezuela su último escenario hasta el momento. A la Guerra de Siria (2011) y Ucrania (2013), las disputas en el Mar de China, hay que sumar ahora la crisis en Venezuela, conflictos todos ellos donde se aprecia como la disputa por la influencia en el territorio social son directos entre las potencias.


Este nuevo orden mundial, o mejor dicho, desorden mundial, se caracteriza por un tenso proceso de multilateralismo relativo, en el que se desarrollan bloques de poder bajo la forma de Estados-nación continentales (China) o Estados con capacidad para constituirse en nuevos polos de poder regional (Rusia, Irán y probablemente Turquía y al India), menos poderosos que el Norte Global encabezado por EEUU, pero que en la actual crisis de dominio del orden mundial por parte de los países del centro, acrecientan su capacidad de influencia global.


La globalización ha muerto


A diferencia de la década de los setenta, existe una imposibilidad de salir del ciclo de crisis actual, en términos de encontrar soluciones espaciales basadas en una nueva oleada de deslocalizaciones hacia la periferia, tal y como se hizo a finales del siglo pasado. En este sentido, la globalización, entendida como la internacionalización total de todo el proceso económico y como ideología dominante, ha muerto.


El desplazamiento de la producción a los países del este de Asia que caracterizó el final del siglo XX, generó la globalización de todo el proceso de producción y supuso el aplazamiento temporal de la crisis, pero creo las condiciones de la actual. De dicho proceso masivo de deslocalizaciones parte de la periferia se industrializó, mientras los países del centro pasaron a una realidad marcada por el paro estructural y declive económico, proceso que ha dado lugar a uno de los principales resultados del proceso de globalización: la irrupción de la semiperiferia en el sistema-mundo.


Hacia un conflicto global fragmentado


Como se ha planteado anteriormente, las disputas por la influencia social y territorial se dan de forma directa entre una semiperiferia (en especial China) que acrecienta su influencia global y los países del centro (liderados por EE UU) que pretenden retomar la situación recomponiendo el eje Euro Atlántico.


En esta transición geopolítica Trump es la constatación del declive de EE UU, que pretende revertir imponiendo una nueva territorialidad político-estratégica desde una posición de fuerza, haciendo uso del peso militar y geopolítico de EEUU y construir un nuevo orden mundial global que supere y actualice el orden que nació de la Segunda Guerra Mundial y reforzado con la disolución de la URSS, con el objetivo de contener y subordinar a los bloques de poder emergentes como ha hecho con Brasil.


Trump no debe ser tomado como un loco o una simple excentricidad pasajera, sino la última versión menguante del viejo lema occidental de “everyone but China“ (todos menos China), estrategia que nos conduce a escenarios de conflicto geopolítico cada vez más directos entre los bloques de poder del centro occidental y los bloques emergentes de la semiperiferia asiática.


El sueño posmoderno de la gobernanza mundial llega a su fin y se abre la competencia directa por el poder en el sistema-mundo en forma de conflicto global fragmentado.


Venezuela es la última manifestación de este regreso a la geopolítica pura y dura, escenario global del que España parte rumbo a su irrelevancia total

 

Por Eduardo Sánchez Iglesias
11/02/2019

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Google quiere tus datos (también) para ser tu banco

El gigante tecnológico Alphabet, matriz de Google, obtiene licencias en Lituania e Irlanda para poder ofrecer servicios bancarios en toda la Unión Europea y anuncia que usará los datos de los clientes para ofrecer servicios personalizados.

El pasado 28 de diciembre Google obtuvo una licencia por parte del gobierno de Lituania, uno de los países en los que es más fácil obtener este tipo de permisos, para funcionar como una fintech —empresa tecnológica que actúa en el sector financiero—. El martes día 8 fue Irlanda la que concedió a la multinacional la licencia para operar como “entidad de pago”. Estas dos nuevas licencias abren la posibilidad de ofrecer un amplio abanico de servicios financieros, no solo en esos dos países, sino en el conjunto de los Estados miembro de la Unión Europea.


El gigante tecnológico llevaba tiempo intentándolo, y lo ha conseguido. Después de todo, el sector bancario es uno de los más rentables y apetecibles del mercado, y las grandes empresas tecnológicas no se iban a quedar mirando como el todopoderoso sector financiero no compartía el gran pastel.


Bajo estas nuevas licencias, Google Payment Ireland podrá ofrecer servicios de tarjetas de crédito y débito, operaciones de cambios de divisas o transferencias de usuarios, entre otras operaciones. Google Payment Lithuania UAB podrá realizar transacciones de pago, emitir dinero electrónico, ofrecer y gestionar monederos electrónicos, envíos de dinero o transferencias.


Otras grandes del sector de la tecnología y los datos, Facebook y Amazon, tampoco se han querido quedar atrás en esta carrera y han obtenido licencias parecidas en Irlanda y Luxemburgo respectivamente, pero con ciertas diferencias a las obtenidas ahora por la empresa del conocido buscador. “Digamos que existe una carrera de adquisición de todo tipo de distintas licencias para conquistar el sector financiero y operar de la misma forma que un banco”, explica a El Salto Ekaitz Cancela, periodista y escritor que publicará en febrero su nuevo libro Despertar del sueño tecnológico (Akal, 2019), sobre esta batalla de las tecnológicas por hacerse con el sector financiero. “Por ejemplo, Amazon ha registrado 33 millones de clientes, desde 2016, para su servicio Amazon Pay y ha otorgado préstamos por un total de 3.000 millones a pequeñas empresas”, explica el periodista.


La empresa tecnológica no tiene licencia bancaria plena, o ficha bancaria, por lo que no podrá ofrecer algunos servicios, como los depósitos. Lo que le deja, de momento, fuera de uno de los principales servicios y negocios del sector financiero tradicional. Aunque, para Cancela, esto no es casual: “Ninguna quiere ser un banco, es decir, no quieren someterse a su regulación, pero cualquier otra entidad bancaria puede aliarse con ellos para agregar millones de nuevos clientes a cuentas de cheques, ahorros y diversas formas de préstamos”.


CONOCEN Y USARÁN TUS DATOS


Pero, según han anunciado, existe un tipo de servicio añadido que Google pretende ofrecer y que se basa en la misma fuente y recursos en la que se centran todos los negocios y filiales de Alphabet: el uso de nuestros datos. La multinacional podrá utilizar dichos datos para “ofrecer a clientes análisis detallados de sus patrones de consumo, a fin de diseñar planes financieros y presupuestarios personalizados”. De ese modo, la gigantesca acumulación de datos por parte de las grandes empresas tecnológicas podría ser utilizada para reorientar nuestras finanzas, ahorro o consumo.


Este nuevo tipo de utilidad de los datos en las finanzas puede tener sus ventajas desde el punto de vista de la eficiencia y la comodidad, ya que el uso del big data para crear perfiles sobre los usuarios de acuerdo a sus capacidades económicas —gracias a métricas sobre sus ingresos, consumo, posibilidades de ahorro o endeudamiento— pueden maximizar la utilidad que tiene una persona en la economía.


Pero el excesivo control de dichos datos por parte de muy pocas empresas, así como la extensión del uso del big data a sectores que van desde la medicina a la movilidad, tiene sus críticas y detractores. “Esto significa que el gran capital administra cada aspecto de la vida de una persona de manera racional mediante la tecnología —critica Cancela— ya que estas compañías han creado una infraestructura sobre la que tiene lugar toda nuestra vida —consumo y producción— y ahora pueden convertir cada instante de la vida en un servicio”.
Los largos brazos de estas grandes empresas tecnológicas parecen expandirse por todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana. Nuestras actividades bancarias y financieras parecen el siguiente paso, aunque no parezca que sea el último. “Es el poder corporativo determinando cada instante de la existencia humana”, sentencia Cancela.

YAGO ÁLVAREZ BARBA
@ECONOCABREADO

2019-01-10 06:30:00

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Miércoles, 09 Enero 2019 06:46

Hechiceros en el sector bancario

Hechiceros en el sector bancario

En el año 180 de la era presente, el retórico Luciano de Samósata escribió un relato que cautivó a sus seguidores. Su historia cuenta cómo Éucrates pudo apropiarse en secreto de la fórmula mágica que utilizaba un afamado mago egipcio. El conjuro le permitía dar vida a objetos inanimados y ponerlos a su servicio.
Con la fórmula mágica hizo que una escoba fuera a recoger agua, pero concluida esa tarea la escoba siguió trayendo más agua. Al no poder detenerla, Éucrates, desesperado, la partió con un hacha, sólo para descubrir que las dos mitades cobraban vida y continuaban su trabajo hasta que la casa del mago se inundó. Sólo el regreso del hechicero irritado permitió detener la marcha inexorable de las escobas.


La potencia de la moraleja llamó la atención de Goethe, quien en 1798 la desarrolló en su poema Die Zauberlehrling, el aprendiz de brujo. El mensaje es de cautela: no se deben desatar fuerzas que no pueden ser controladas. La historia revela que el mensaje ha sido raramente escuchado. Un ejemplo lo encontramos en el mundo financiero.
El dogma neoliberal afirma la necesidad de eliminar regulaciones y liberar el potencial innovador en el sector financiero para generar innovaciones, mejores productos y mejor servicio. Hace unas cuatro décadas comenzó a ser aplicada esa fórmula, y hoy los resultados están a la vista.


La desregulación en el sector financiero de la economía mundial ha guiado a gobiernos y organismos internacionales desde hace más de cuatro décadas. Las instituciones que impulsaron esta corriente van desde el Fondo Monetario Internacional hasta el Banco de Pagos Internacionales (BPI) en Basilea, Suiza. Desde la academia, los economistas neoliberales también transmitieron el mensaje de que la desregulación mejoraría la eficiencia y promovería el crecimiento.


Para alcanzar el objetivo de estabilidad del sistema bancario se fomentó una cultura de desregulación que promoviera la innovación. Y como las escobas de Éucrates, las innovaciones no tardaron en multiplicarse. Ingeniería financiera, técnicas de bursatilización, derivados y otros productos exóticos proliferaron para que, en teoría, los riesgos fueran cada vez más manejables, mientras se hacía cada vez más frágil la estructura del sistema bancario.
La política sobre estabilidad del sistema bancario descansa en los acuerdos del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea (CSBB) del BPI. En 1988 entró en vigor el primero de esos acuerdos, llamado Basilea I, con requisitos de capitalización para garantizar que los bancos privados pudieran absorber pérdidas sin comprometer el sistema bancario. Ese acuerdo introdujo la evaluación del capital con el método de activos ponderados por riesgo, con el fin de contar con una medida más rigurosa de la fortaleza o debilidad de un banco. La regla establecida fue que el capital mínimo de un banco debe ser de 8 por ciento del total de los activos ponderados por riesgo, y en los años que siguieron ese porcentaje aumentó hasta 12 por ciento en los bancos de los países de la OCDE. Pero ese incremento se debió más a la eliminación de muchos activos riesgosos de las hojas de balance de los bancos a través de operaciones de titulización: disminuyó el capital necesario para cumplir con el requisito de Basilea I, pero los riesgos no se redujeron. La innovación financiera vino al rescate de los bancos y les permitió seguir apostando en el casino de alto riesgo.


Basilea II buscó corregir algunos defectos de Basilea I. El nuevo acuerdo estaba comenzando a ser implementado, cuando estalló la crisis de 2007-2008. La ironía es que Basilea II reafirma la autonomía de los bancos en la evaluación de sus riesgos y reafirma la confianza en el uso de fórmulas de autorregulación basadas en un enfoque microprudencial. Hoy, Basilea III busca disciplinar la autoregulación e incorpora nuevos requisitos sobre apalancamiento. Pero este último acuerdo sigue afirmando el principio fundamental de permitir los métodos basados en modelos internos (de los bancos) para la evaluación de riesgos.


La desregulación del sector permitió la gestación de innovaciones, como la ingeniería sobre la titularización de todo tipo de instrumentos y la creación de derivados exóticos para explotar nuevos mercados en búsqueda de mayor rentabilidad. Estas innovaciones en el sector bancario-financiero hacían creer que el riesgo era más manejable, pero debilitaron las condiciones de estabilidad sistémica. Cada banco desarrolló su modelo interno para reducir sus requerimientos de capital, al tiempo que mostraban que se estaba reduciendo el riesgo: la microeficiencia desembocó en un macroproblema.


En una transición histórica, el crecimiento desorbitado del sector financiero y bancario a escala mundial ha transformado estructuras capitalistas en plataformas para la especulación. Creyendo promover la eficiencia, la desregulación fomentó la inestabilidad. Algún día el hechicero regresará a casa para disciplinar a los aprendices con una megacrisis que pondrá fin a la pesadilla de la desregulación financiera.


Twitter: @anadaloficial

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Jueves, 22 Noviembre 2018 05:45

Mangoneo bancario-financiero

Mangoneo bancario-financiero

"Creo que los entes gigantes de la banca/finanzas (de Wall Street-WS) siguen siendo demasiado grandes para dejar que quiebren" (too big to fail, TBTF). Si se hunden, hunden la economía y eso les garantiza los rescates. Neel Kashkari sabe lo que dice: fue el administrador del rescate bancario –700 mil millones de dólares– luego que estalló la debacle financiera que siguió a la quiebra de Leh-man Brothers (septiembre de 2008). Kashkari expresó su preocupación a la Brookins Institution. Dijo que la casi certeza del rescate induce la especulación y la toma de riesgos con el dinero de sus clientes.

A la fusión de bancos con firmas de inversión que genera entes TBTF agrégase que Trump presentó y el Senado aprobó en marzo nueva legislación que debilita los instrumentos de freno a la especulación contenidos en la Ley Dodd-Frank de 2010 para aminorar la amenaza de otra debacle. La preocupación de Kashkari, también de Elizabeth Warren y Bernie Sanders, entre otros, es válida en México, cuya banca es mangoneada en su casi totalidad por sucursales cuyas matrices son los TBTF-WS.

La información develada sobre el rescate estremece. Atilio Borón (biblioteca.clacso.edu.ar ), corroborado por Sanders, indica que el rescate fue inmenso. Recuerda que luego de una auditoría a la Fed de GAO, se supo que además de los 700 mil mdd se canalizaron 16 billones (trillones, en inglés) a los TBTF-WS de los que 2.5 billones fueron para Citigroup.

Sanders ofrece datos clave sobre los seis principales bancos TBTF-WS: JP Morgan Chase, Bank of America, Citigroup (Banamex), Wells Fargo, Goldman Sachs y Morgan Stanley: controlan activos equivalentes a más de la mitad del PNB de EU, que en 2017 fue de 18 billones, 45 mil mdd. Los primeros cuatro bancos, Citigroup (la matriz de Citibanamex) incluido, crecieron 80 por ciento, desde la posición que tenían antes del megarrescate. En EU "tenemos una suerte de socialismo para los muy ricos. Una verdadera oligarquía", dice Sanders, sanders.senate.gov. Propone que "no debe permitirse bancos fusionados con firmas de inversión a un nivel en que su quiebra represente un riesgo catastrófico para millones de ciudadanos o que coloque en riesgo a la economía de la nación".

Eso fue replanteado por Sanders y el diputado Brad Sherman de California como iniciativa de ley en octubre pasado. Va por la "transformación legal" de los TBTF, que pasan a la categoría de too big to exist, TBTE (demasiado grandes para existir). En la pasada década, luego de la devastación de 2008 los primeros cinco bancos más grandes acumularon ganancias por 583 mil mdd. El riesgo total y combinado de los seis bancos más grandes fue de 13 billones de dólares, mientras el PNB de EU en 2008 fue de: 14 billones 713 mil mdd. La iniciativa de lLey Sanders/Sherman limitaría a los grandes bancos y firmas financieras a un crecimiento conjunto "no mayor a 3 por ciento del PNB". La iniciativa también incluye a compañías de servicios no bancarios: Prudential, MetLife y AIG. Las sucursales de esos seis TBTF más Bancomer (España), dominan e inciden en las decisiones de la "banca mexicana" y de la banca central de allá (Fed) ¿y de acá (BdeM) no?

En EU los TBTF forman parte de los consejos regionales de la Fed, por lo que el peso de los TBTF-WS en el regulador que los "regula" es considerable: allá y acá sus TBTF-WS imponen las alzas en las tasas de interés al menor indicio "de inflación" o sea: según circunstancias y conveniencias (Sanders NYT, 23/12/15) como ablandar a Morena. Es en este contexto y no en un "mercado" "que se inquieta", donde ocurrió la estampida bancario/financiera ante una iniciativa de ley de Morena presentada por el senador Monreal, para moderar las abusivas comisiones que cobran aquí las sucursales de los TBTF-WS que mangonean en México. Van por la especulación y no la producción.

No por estar "inquieto" el mercado, el desplome de la bolsa y el aumento en la tasa de interés dejan de percibirse como "disciplinamientos preventivos", un: "no tocar la banca ni con el pétalo de una rosa". El dispositivo estuvo bien coordinado, pero mal calibrado por prematuro y excesivo ante un intento justo: "poner en orden unos mecanismos desorbitados de extracción de excedentes y transferencia al exterior", como bien juzgó un colega.

La capacidad para regular lo bancario y financiero es esencial a toda transformación y al "no les voy a fallar" de AMLO como respuesta a un compromiso estratégico con la meta del desarrollo y el bienestar económico y social. En 2008, Emir Sader advirtió la necesidad de un diseño que “reglamente la circulación del capital financiero, que centralice el mercado de cambios, que penalice con altas tasas las inversiones especulativas, que someta en los hechos y directamente los bancos centrales a los gobiernos, que dé prioridad a lo social sobre la dictadura de la economía y que promueva centralmente el mercado interno de consumo de masas…”

jsaxef.blogspot.com

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Las empresas de EE.UU. roban cada año 180.000 millones de dólares al resto del mundo

Las alarmantes conclusiones de un nuevo estudio académico indican que se trata más bien de esto último. Titulado “The Exorbitant Tax Privilege” (El exorbitante privilegio de los impuestos), son sus autores Thomas Wright y el economista de la Universidad de California en Berkeley Gabriel Zucman, una de las principales autoridades mundiales sobre paraísos fiscales y autor de la mejor introducción al tema para legos en la materia: “La riqueza oculta de las naciones”.


Los paraísos fiscales (entre cuyos ejemplos más notorios se encuentran Irlanda, Singapur, Suiza, Países Bajos, Luxemburgo, Hong Kong y Bermudas) sirven para dos propósitos.
El primero es la evasión fiscal para particulares, que es ilegal. Pensemos en los plutócratas rusos o nigerianos transfiriendo sus activos a pequeñas islas caribeñas con leyes estrictas sobre el secreto bancario, gracias a lo cual se libran de la tediosa necesidad de pagar impuestos en su propio país.


El segundo es la elusión fiscal para las grandes compañías multinacionales que resulta totalmente legal, siempre que los abogados hagan bien su trabajo. Imaginemos a Apple utilizando diversas artimañas contables para declarar que miles de millones de sus beneficios generados en países con una legislación tributaria normal para las empresas en realidad provienen de Irlanda, donde Apple ha negociado un tipo de impuesto especial del 2 por ciento para su compañía. (En alguna ocasión, Apple ha ido incluso más lejos al afirmar que parte de sus beneficios no provienen de ningún país).


En su libro, Zucman hace una estimación conservadora según la cual la evasión y la elusión fiscal trasladan cientos de miles de millones de dólares procedentes de impuestos impagados a los bolsillos de las personas más ricas del mundo.


El estudio de Zucman y Wright adjudica a las empresas multinacionales parte de la ecuación. Estas son algunas de sus principales conclusiones:


* En 1970, las multinacionales estadounidenses afirmaban que menos del 10 por ciento de sus beneficios se generaba en paraísos fiscales. Esa cifra asciende ahora a la descabellada suma del 50 por ciento. Es decir, que las compañías estadounidenses quieren que creamos que casi la mitad de su actividad económica se produce en lugares como las Islas Caimán. Goldman Sachs, por ejemplo, cuenta con 511 filiales allí, pero ninguna oficina.


Por el contrario, las multinacionales europeas suelen admitir que menos del 20 por ciento de sus beneficios proceden de paraísos fiscales. Las compañías de EE.UU. participan de este chollo por obvias razones: según la investigación, pagan un promedio del 27 por ciento de los beneficios en los países “normales” y un 7 por ciento en los paraísos fiscales.


* La fraudulencia pura y dura de los paraísos fiscales ha alcanzado niveles descarados. Un claro indicador de si una compañía multinacional tiene una auténtica actividad económica en un país es la ratio entre beneficios reportados y salarios pagados: cuanto mayor es la ratio, más evidente es que los beneficios se atribuyen a actividades realizadas en dicho país a causa de su baja fiscalidad. En los países con una fiscalidad adecuada, la ratio promedio es del 36 por ciento, es decir, las empresas reportan 36 centavos de beneficios antes de impuestos por cada dólar pagado en salarios. Por el contrario, la ratio asciende a la increíble cifra del 800 por ciento para las multinacionales extranjeras en Irlanda y hasta un estratosférico 1.625 por ciento en Puerto Rico.


* Durante décadas, gracias en parte a los paraísos fiscales, tanto los tipos impositivos reglamentarios como los efectivos se han ajustado a la baja una y otra vez en todo el mundo. Desde comienzos de los noventa, el tipo al que cotizan los beneficios en el extranjero las multinacionales no petroleras de EE.UU. ha caído del 35 al 20 por ciento.


* Igualmente, el tipo impositivo que pagan las compañías de EE.UU. a los gobiernos extranjeros se ha desplomado desde una media del 70 por ciento antes de la Guerra del Golfo de 1991 hasta un 45 por ciento a partir de entonces, un fenómeno peculiar que, según Zucman y Wright, puede reflejar “un regreso a la protección militar que otorga Estados Unidos a los estados petroleros”. (Las tasas impositivas para las multinacionales petroleras suelen ser mayores que las de otras empresas porque los estados dependientes de hidrocarburos tienen mayor capacidad de influencia. Ivanka Trump, por ejemplo, puede trasladar la producción de su línea de calzado de Bangladesh a Etiopía, pero Exxon no puede amenazar con trasladar un proyecto de extracción petrolera de los Emiratos Árabes a Bélgica). Además, las multinacionales petroleras estadounidenses producen increíbles beneficios: de 1966 a 2010, sus beneficios en el extranjero antes de impuestos representaron más de un tercio del total de beneficios de las multinacionales con sede en EE.UU. en el extranjero.
El poder global de EE.UU.


Si consideramos todos estos aspectos, podemos concluir que los paraísos fiscales desempeñan un papel fundamental en el mantenimiento del poder global de Estados Unidos. Durante décadas, este país ha comprado a otros mucho más de lo que les ha vendido, y su deuda externa es muy superior a la de cualquier otro país (alrededor de 8 billones de dólares, equivalente a más del 40 por ciento de su producto interior bruto). Estos 8 billones son la diferencia entre los 35 billones de inversión extranjera en activos estadounidenses y los 27 billones de inversión estadounidense en activos extranjeros.


Dentro de una lógica económica normal, esto significaría que cada año gran cantidad de dinero saldría de la economía estadounidense, cuando los extranjeros recogieran sus beneficios sobre los activos estadounidenses. Sin embargo, de alguna manera, la rentabilidad conseguida por el capital estadounidense de sus activos extranjeros es muy superior a la rentabilidad del capital extranjero por activos estadounidenses. El dinero continúa fluyendo hacia Estados Unidos.


Zucman y Wright calculan que casi la mitad de la diferencia entre la rentabilidad de las inversiones estadounidenses en el exterior y la rentabilidad del capital extranjero en EE.UU. puede atribuirse a tipos impositivos anormalmente reducidos para las multinacionales estadounidenses, lo que a su vez se explica por el poder de EE.UU. y por los paraísos fiscales. Si sus conclusiones son correctas, estos exorbitantes privilegios fiscales se traducen en unos 180.000 millones de dólares anuales, o el equivalente al 1 por ciento de PIB de EE.UU. (Si el 1 por ciento no le parece gran cosa, recuerde que durante la pasada década la economía estadounidense creció entre el 1,5 y el 2,5 por ciento anual). Si la economía mundial fuera más justa, este dinero habría ido a parar, a través de los impuestos, a gobiernos extranjeros de países que no son paraísos fiscales. Sin embargo, ha terminado en los bolsillos de las multinacionales estadounidenses y de sus accionistas.


Son muchas estadísticas, es verdad, pero que tienen interesantes implicaciones (más allá de las conclusiones del informe de Zucman y Wright). Las consecuencias de los paraísos fiscales se ponen en evidencia en numerosas cuestiones políticas de las que, aparentemente, están desconectadas.


En primer lugar, si las élites estadounidenses fueran suficientemente inteligentes para comprender las implicaciones de los paraísos fiscales –algo que no es obvio en absoluto–probablemente sofocarían cualquier intento serio por eliminarlas. Y no solo porque los ricos posean desproporcionadamente acciones de EE.UU. y se beneficien directamente de la elusión fiscal de la cual gozan las multinacionales de EE.UU. También porque la eliminación de los paraísos fiscales podría reducir los beneficios producidos por nuestros activos extranjeros. Esto, a su vez, forzaría a Estados Unidos a someterse a las leyes normales de la gravedad económica y causaría un debilitamiento del dólar. Lo cual beneficiaría a muchos estadounidenses de a pie porque daría impulso a la industria nacional. Pero resultaría difícil de tragar para las élites, porque un dólar débil convierte a EE.UU. en relativamente más pobre respecto al resto del mundo, y eso reduce nuestro poderío en la escena global. (La eliminación de los paraísos fiscales también reduciría la desigualdad interna en EE.UU. al reducir los beneficios empresariales).


Además, está el hecho de que la caída de los tipos impositivos a sociedades de las últimas décadas no ha terminado. Antes de la aprobación de la reforma fiscal promovida por Trump el año pasado, las grandes empresas estaban teóricamente obligadas a pagar impuestos sobre los beneficios obtenidos en el extranjero cuando los repatriaban a EE.UU. (en la práctica, nunca traían el dinero a casa). Pero el proyecto de ley de 2017 cambió las reglas. Ahora, todo el dinero que las empresas dicen haber ganado en un país extranjero deberá pagar exclusivamente los impuestos a los que les obligue la legislación de dicho país. Así pues, las compañías tendrán todavía más incentivos para engañosamente trasladar sus beneficios a paraísos fiscales.


El proyecto de ley también recorta drásticamente los tipos del impuesto de sociedades, del 35 al 21 por ciento, supuestamente porque EE.UU. tiene que ser “competitivo” con los tipos fiscales de otros países. Este cambio supondrá una presión sobre dichos países, para que reduzcan aún más las tasas del impuesto de sociedades. Cuando lo hagan, las multinacionales se escudarán en ello para demandar nuevas bajadas de los tipos impositivos en EE.UU. Y así sucesivamente.


También surge el tema de quién tiene el poder dentro de las relaciones entre EE.UU. y Arabia Saudí, puesto de manifiesto tras el asesinato de Jamal Khashoggi. Algunos expertos han afirmado con toda confianza que como la producción de petróleo saudí es ahora inferior a lo que era, ya no les necesitamos tanto. Pero a las élites estadounidenses no les importa la influencia saudí en el precio del petróleo, sino la participación estadounidense en la extracción y refinado de todos los hidrocarburos del Golfo Pérsico. Si Estados Unidos rompiera de verdad con Riad, los saudíes y sus aliados petroleros del Golfo podrían castigar a las multinacionales petroleras de EE.UU. acudiendo a sus homólogas rusas.


Veamos el caso del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, que si adquiriese el estatus de Estado dentro de EE.UU. probablemente incrementaría el poder del Partido Demócrata en el Congreso. Puerto Rico ha sido durante décadas un paraíso fiscal para la industria farmacéutica y, más recientemente, ha intentando promocionarse como paraíso fiscal para individuos superricos. Si Puerto Rico adquiere estatus de Estado, tanto las grandes compañías como muchos gestores expatriados de fondos especulativos se verían obligados a cotizar según los tipos impositivos estadounidenses, por lo que cabe esperar que ambos grupos ejerzan una enorme presión para evitar que eso llegue a ocurrir.
Impuestos frente a viruela y golf


En definitiva, la continua propagación de los paraísos fiscales por todo el mundo debería preocupar a los economistas –y no solo a los atípicos como Zucman–, ocupar primeras páginas en los periódicos y atraer la atención de todo el mundo. Pero no es así. ¿Por qué?


Hace casi cien años, el mordaz misántropo H.L. Mencken escribió un artículo sobre los economistas académicos. El tema de la fiscalidad, afirmaba Mencken, “mantiene siempre su actualidad; afecta a nueve de cada diez personas más que la viruela o el golf, y guarda en su interior el mismo dramatismo”. Sin embargo, seguía Mencken, los economistas han creado los impuestos y la economía, en general, nos parece tremendamente aburrida.


Esto sucede, según Mencken, porque a diferencia de otros estudios académicos (como las matemáticas, la arqueología, la gramática latina) que no interesan a los superricos, la economía “afecta directamente a los patronos de los profesores [...] Es, en pocas palabras, la ciencia que estudia las maneras y los medios conforme a los cuales han llegado a ese estatus, y se mantienen en ese estatus, en el que pueden contratar profesores y convertirse en sus jefes [...] por encima de prácticamente todo [economista] existe un consejo de administración con sus pies en el mercado de valores y sus ojos en el orden establecido, y dicho consejo se mantiene siempre alerta para detectar herejías en la ciencia sobre la que se basa su existencia”. Los economistas, por tanto, tienen todos los incentivos para ser extremadamente ortodoxos, extremadamente aburridos y no llegar nunca a comunicar “el elemento de interés humano” al resto del mundo.


Somos afortunados de que Zucman y compañía hayan ignorado estos incentivos. “Algunos economistas sienten que la economía solo deber tratar de la eficiencia, y que los economistas no deberían hablar de cuestiones distributivas y de desigualdad”, afirmó Zucman en una ocasión. Se le ha acusado de practicar “economía francesa”, signifique lo que signifique eso. Por suerte, él y sus colegas continúan poniendo el foco en lo que verdaderamente importa y tienen el talento de informarnos de ello al resto de nosotros.

Jon Schwarz
The Intercept

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo


Fuente: https://theintercept.com/2018/10/26/tax-havens-and-other-dirty-tricks-let-u-s-corporations-steal-180-billion-from-the-rest-of-the-world-every-year/

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Miércoles, 17 Octubre 2018 06:28

Crisis financiera: la medicina equivocada

Crisis financiera: la medicina equivocada

La teoría económica ortodoxa sobre el funcionamiento del sistema bancario nada tiene que ver con el mundo real de las finanzas. En el plano académico eso explica la ignorancia de los economistas neoclásicos sobre las causas de la crisis financiera de 2007. Pero lo realmente grave es que la mayor parte de las autoridades económicas en el mundo (bancos centrales y agencias reguladoras) sigue utilizando las herramientas de esa teoría ortodoxa, a pesar de ser lógicamente inconsistente y de haber sido desacreditada por los acontecimientos.

El pasado septiembre, Claudio Borio, economista en jefe del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés), declaró que existe un alto riesgo de que la economía mundial sufra una recaída con consecuencias potencialmente más graves que las de la Gran Recesión. Las declaraciones vienen de uno de los funcionarios más lúcidos del BIS, alguien que acertadamente pudo leer las señales de los indicadores financieros más relevantes para predecir la crisis de 2007. Lo más alarmante del anuncio de Borio es su empleo de una metáfora médica: "Hoy ya no tenemos más medicinas para curar al paciente y asegurar su recuperación".

Para seguir con la alusión a la medicina, después del colapso de 2008, los bancos centrales del mundo desarrollado recetaron a sus maltrechas economías un remedio muy fuerte: para contrarrestar los efectos de la crisis aplicaron de manera persistente tasas de interés cercanas a cero (e incluso negativas en algunos casos) e inyectaron cantidades astronómicas de liquidez al sistema financiero. Pero esa medicina tenía contraindicaciones y efectos colaterales indeseables.

Uno de esos efectos es el intenso síndrome de abstinencia cuando la medicina es interrumpida. Los efectos sobre los mercados emergentes están a la vista, pues los préstamos desde Estados Unidos a empresas no bancarias en los mercados emergentes se han duplicado desde la crisis financiera y hoy rebasan 3.7 billones (castellanos) de dólares. Según Borio, las crisis de Argentina y de Turquía son consecuencia de lo anterior, debido al ajuste en la política de la Reserva Federal que ha prometido seguir con aumentos graduales en la tasa de interés y del anuncio del Banco Central Europeo sobre la terminación de su programa de estímulo (flexibilidad monetaria) a finales de año.

Pero el problema central de la política monetaria no convencional que aplicaron los países desarrollados para enfrentar el colapso de 2008 no es solamente el de los síntomas de retiro de la medicina al llegar el momento de la normalización. El principal inconveniente es que la medicina no estuvo dirigida a curar al paciente, sino a rescatar el statu quo que imperaba antes de la crisis.

El propio Borio señaló que uno de los efectos de la flexibilidad monetaria aplicada en Estados Unidos y por el Banco Central Europeo ha sido promover un frenesí de préstamos con estrategias que siguen de cerca los infames CDO o títulos de deuda respaldados por créditos, bonos o hipotecas como garantía. En los años que precedieron la crisis de 2008, estos títulos eran agregados como técnica para distribuir y disminuir riesgos, así como para bajar el costo del crédito y comisiones a los prestatarios. Esos paquetes después eran vendidos en los mercados financieros como "vehículos de inversión". Hoy esa práctica ha privilegiado a un tipo de CDO, los llamados CLO, que no son otra cosa que títulos respaldados por préstamos (típicamente deuda de empresas pequeñas y medianas). La práctica de rempaquetarlos y venderlos es similar a la de los títulos respaldados por hipotecas. Lo importante es que los CLO constituyen (al igual que sus hermanos gemelos, los CDO) un fuerte incentivo para el apalancamiento y para el abuso en la adopción de riesgo.

Es bien sabido que las tímidas medidas regulatorias adoptadas en Estados Unidos (bajo la administración Obama) fueron muy débiles para corregir excesos. Además, después de la aprobación de la ley Dodd-Frank en 2010 las principales restricciones introducidas fueron debilitadas en los reglamentos que debían hacer aplicable la legislación principal. Por eso no sorprende el renacimiento de las prácticas crediticias tóxicas que tanto contribuyeron a detonar la crisis en 2008.

Los bancos en Estados Unidos desencadenaron una crisis que aniquiló la riqueza de millones de familias y destruyó 9 millones de empleos. Los bancos fueron rescatados sin un rasguño, mientras 10 millones de familias perdieron su casa. La política del banco central fue generosa con los bancos, inyectándoles liquidez con tasas de cero por ciento. Hoy, después de 10 años, el banco central habla de normalización, pero confirma la luz verde para que los bancos puedan seguir su peligroso juego depredador. Esta subordinación a las necesidades/necedades del sistema financiero anula por completo el mito de la autonomía del banco central y confirma la necesidad de un control responsable y democrático sobre sus actividades.

Twitter: @anadaloficial

 

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Lunes, 08 Octubre 2018 06:29

Camisa de fuerza

Camisa de fuerza

El aire está enrarecido en la política monetaria. Hace 10 años, en plena crisis financiera, los bancos centrales usaron el instrumento clave del que disponían: la tasa de interés, para establecer las condiciones de la cantidad de dinero en la economía y el acceso a él de un restringido grupo de la sociedad.

De lo que se trata es, precisamente, del acceso a los recursos y, en especial, al dinero.

Por la magnitud de la crisis, la tasa de interés de referencia que fijó la Reserva Federal de Estados Unidos fue prácticamente de cero; ese nivel determinaba las demás tasas en el mercado.

El gobierno de ese país fabricó, en efecto, enormes cantidades de dinero, que sostuvieron la actividad de los bancos y otras instituciones financieras.

La quiebra del sistema financiero se evitó. Pero las distorsiones que provocó la asignación del dinero y el crédito son profundas. Los bancos comerciales se hicieron más grandes, incrementaron sus ganancias y su poder en un mercado oligopólico. Lo mismo sucedió con los fondos de coberturas que administran billones de dólares en inversiones.

Con tasas de interés muy bajas se alteraron los precios de otros activos, como los bienes raíces o las acciones de muchas empresas, que hasta hoy se venden muy por encima de los ingresos que generan: los actuales y los esperados; también, las obras de arte.

Esto es especulación, el juego privilegiado del capitalismo actual. Este rasgo del capital define el entorno productivo, es decir, qué, cómo, para quién y dónde se produce. Así define cuánto ingreso se genera y cómo se distribuye entre los grupos de la población. No es una casualidad, entonces, que el patrón de la desigualdad social se haya agravado desde la década pasada.

Las tasas de interés muy bajas no pueden sostenerse indefinidamente. Una de las razones tiene que ver con la propia política monetaria. Ésta es una forma crucial de intervención de los bancos centrales y los ministerios de Hacienda (cuando emiten deuda pública) en la gestión de la actividad económica. En particular tiene que ver con el proceso de formación de los precios de los productos y los servicios y, por tanto, en la inflación.

Los bancos centrales tienen como objetivo clave el control de la inflación. En el caso de la Reserva Federal, se incluye la promoción del crecimiento productivo. En el caso del Banco de México, por ejemplo, se restringe mantener el valor de la moneda.

El instrumento principal del que disponen es la tasa de interés de referencia en el mercado. Ésta no puede estar en un nivel cercano a cero de forma indefinida, pues pierde la efectividad para moverse según las presiones del mercado, incluyendo el tipo de cambio.

Los bancos centrales están regresando a la normalidad, o sea, usar la tasa de interés. La Reserva Federal ya la ha elevado y avisó que seguirá haciéndolo. Esa medida repercute en todos los mercados del mundo con distinta intensidad. En México ocurre de una manera bastante directa.

El gerente general del Banco de Pagos Internacionales, llamado el banco central de los bancos centrales, Agustín Carstens, quien fue gobernador del Banco de México hasta 2017, declaró hace días en una entrevista que se deben seguir subiendo las tasas de interés hasta los niveles anteriores a la crisis de 2008 para enfrentar así una posible recesión.

Este espacio de acción es lo que se concibe como normal. Lo curioso es que ahora hay que subirlas para poder bajarlas cuando sea necesario intervenir. Pero moverlas no es un proceso inocuo, pues el precio del crédito repercute en todos los demás precios en la economía.

Este es un pensamiento circular y muy indicativo del modo en que se definen y se ejecutan las políticas públicas. Pero, más aún, pone en evidencia la estrechez del pensamiento económico actual, literalmente amarrado en una camisa de fuerza. Así se ampara en buena medida el estatuto de independencia de los bancos centrales.

Sometida así, la política económica (monetaria y fiscal) se convierte en acicate de la especulación. Es cuestionable la resistencia que un banco central de un país sin una moneda hegemónica puede tener ante los embates de las tasas de interés en dólares. Menos todavía con los desplazamientos bruscos de las inversiones que se asocian con el estado de las expectativas, con algo tan volátil como la confianza en el dinero.

 

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Lunes, 10 Septiembre 2018 07:43

Década turbulenta

Década turbulenta

La historia se compone de hechos y también de su interpretación. Esta relación nunca es trivial. En estos días se cumplen 10 años de un hecho clave de la crisis financiera de 2008: la quiebra de Lehman Brothers, el poderoso banco de Wall Street.


La quiebra fue alentada por las autoridades financieras de Estados Unidos en una muy controvertida decisión. Lo cierto es que la crisis era ya incontrolable.


Esas mismas autoridades destinaron en aquellos días enormes cantidades de dinero público para intervenir muchas otras instituciones financieras y mantenerlas a flote.


Lehman es uno de los símbolos del estallido de la crisis y de sus repercusiones 10 años después. Para recordar aquella fecha, los diarios en todas partes y las revistas especializadas han publicado artículos diversos sobre la efeméride.


Llama la tención la nota publicada en The New York Times y firmada por tres de los principales protagonistas del rescate instrumentado en septiembre de 2008 en medio de la sonada quiebra.


Se trata de los que entonces eran: presidente de la Reserva Federal, Bernanke; secretario del Tesoro, Paulson, y Geithner, presidente de la Fed de Nueva York, la más importante institución del sistema de la banca central de Estados Unidos.


Tres figuras notorias, cuyas decisiones marcaron el rumbo de la crisis y los efectos adversos que, según muchos coinciden, no se han superado. Las notas de este aniversario exponen definido escepticismo con respecto a las condiciones que pueden precipitar una nueva crisis.


No es el caso del texto de referencia. Ahí afirma que la semilla de aquella crisis se cultivó durante décadas en el sistema financiero estadunidense (lo que puede en realidad entenderse como el sistema global de deuda), superó las medidas de protección en contra de los pánicos que se crearon tras la debacle de 1929.


Para 2007, dicen, la mitad de todo el crédito provenía de entidades no bancarias, y las innovaciones, como fueron las hipotecas chatarra, propiciaron un riesgo excesivo de los prestamistas e inversionistas. La nota revisa las principales medidas de un modo higiénico y sin autocrítica alguna. Hay mucha soberbia.


¿Dónde estaban, pues, los reguladores y responsables de la solvencia financiera que firman la nota? Una de las aristas de la crisis y no sólo de la que aquí se trata es, precisamente, el de las responsabilidades, incluida la de los legisladores que formulan las regulaciones vigentes.


Quienes dirigen los bancos centrales se han convertido, como consecuencia de la propia crisis, en figuras clave de la gestión financiera y política de las severas medidas de ajuste que se aplicaron en las principales economías y de una fragilidad social de la que el caso de Grecia es, ciertamente no único, pero sí ejemplar.


El que esos funcionarios ejercieron, y aun lo hacen, un papel predominante, no sólo en materia financiera, sino fundamentalmente política, no son electos por los ciudadanos; las instituciones que encabezan tienen un estatuto de independencia con respecto del poder Ejecutivo y muy escasa sujeción al Legislativo. Esos mismos funcionarios saben que no se ha hecho lo suficiente para prevenir una nueva gran crisis.


Las crisis son inmanentes al dinero y al crédito, es decir, al sistema financiero y eso hay que distinguirlo de las condiciones que propician una crisis de la magnitud de 2008. Los bancos comerciales han reforzado su capital y se dice que son más resistentes. Pero en esencia el crédito fluye de instituciones no bancarias, expuestas a grandes riesgos y poco susceptibles a la regulación.


Los inversionistas ponen su dinero en actividades crecientemente especulativas, una de sus expresiones es que Apple y Amazon tienen ya un valor de mercado por encima del billón de dólares (según medimos acá). Mientras tanto, se reacomodan los precios relativos, especialmente las tasas de interés, y con ello sube la inflación. La desigualdad económica ha crecido y no hay contención a la vista.


Martin Wolf, del Financial Times,hizo recientemente un comentario válido. Cuestiona el hecho de que la gestión de la crisis de 2008 por los bancos centrales y los ministerios de finanzas, principalmente en Estados Unidos, la Unión Europea y Japón y, desde ahí a todas partes, intentó y aún lo hace devolver a las economías a una situación de estabilidad precrisis.


Esto no es posible, sino que además no es legítimo, sobre todo porque las condiciones sociales: el mercado laboral y el inmobiliario, las pensiones, los sistemas de salud y el acceso a los recursos exigen hoy una visión y unas políticas que tienen poco que ver con la fragilidad gestada anteriormente en una ilusión de estabilidad macroeconómica y que se manifestó con la fuerte crisis de hace 10 años.

 

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“El poder financiero mundial se convirtió en una organización criminal”

La crisis financiera de 2008 fue un fraude astronómico que costó billones (o trillones) de dólares a los contribuyentes de Estados Unidos, la Unión Europea y otros países. El autor de ese fraude es un poder mundial que además explota el trabajo esclavo a distancia, compra bonos de países endeudados y después los extorsiona. Ese poder busca debilitar a los Estados y ocupar el lugar de la política. El diagnóstico es del jurista argentino Eugenio Raúl Zaffaroni, que estuvo en Porto Alegre la semana pasada participando de un debate sobre la cuestión democrática y la mediatización del proceso judicial, promovido por el Instituto Nuevos Paradigmas (INP).

En entrevista con Sur21, Zaffaroni habló sobre cómo el sistema penal en América Latina se hizo funcional a ese poder. “En la medida en que crean y potencian la violencia, están debilitando el Estado, que es lo ellos quieren. Y los medios se quedan pidiendo cada vez más prisiones, reproduciendo cada vez más violencia. Es un mecanismo totalmente funcional a ese impulso totalitario del capitalismo financiero”, afirma. Para Zaffaroni, que fue juez de la Suprema Corte argentina y hoy es juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el objetivo de esos intereses es imponer sociedades con 30% de integrados y 70% de excluidos. “En este escenario, van cayendo límites éticos, morales y legales, lo que hace que ese poder vaya transformándose en un poder criminal a nivel mundial. Y cuando digo ‘criminal’ no estoy hablando metafóricamente”, añade.


–En 1989, en su libro “En busca de las penas perdidas”, usted analizó el proceso de pérdida de legitimidad del sistema penal en América Latina. Para quien lee ese libro hoy, la actualidad de ese diagnóstico impresiona. ¿Cuál su evaluación del desenvolvimiento de ese proceso en el escenario actual?


–Creo que el escenario fue empeorando. No mejoró, empeoró. Tuvimos una crítica criminológica que llegó a América Latina por medio de dos grandes criminólogas de Venezuela, Rosa Del Olmo y Lolita Aniyar de Castro. De Europa venían Alessandro Baratta, Massimo Pavarini… Bueno, todos ellos murieron. Yo soy el último (risas). Estamos formando ahora una nueva generación crítica. También cambió el marco del poder mundial. En el momento en que escribí ese libro, no tenía claro lo que estaba sucediendo en el mundo. Hoy la cosa está mucho más clara. Tenemos un poder financiero mundial con inmensas corporaciones transnacionales, con un volumen económico que supera el de muchos países. Eso se está convirtiendo en un impulso totalitario. No digo que ya esté dominando todo plenamente, pero se trata de un impulso de dominio que quiere ocupar el lugar de la política.


Esas corporaciones no están en manos del capital productivo. En el periodo del capitalismo productivo, el explotador necesitaba de la existencia del explotado. Lo que tenemos hoy es otra cosa. Quien comanda son los Chief Executive Officers (CEO’s), que son gerentes tecnócratas cuya única misión es obtener la mayor renta en el menor tiempo posible. En este escenario van cayendo límites éticos, morales y legales, lo que hace que ese poder se vaya tornando un poder criminal a nivel mundial. Cuando digo “criminal” no estoy hablando metafóricamente. Si analizamos la crisis de 2008, lo que tenemos es un fraude astronómico. La explotación del trabajo esclavo a distancia es otro crimen. Si pensáramos en el endeudamiento de los países y lo que se hace con esa minoría que compra los bonos de deuda de esos países y después los extorsiona, tenemos otro crimen. Es una organización criminal.


El objetivo de esos intereses es imponer sociedades con 30% de integrados y 70% de excluidos. La vinculación ya no es entre explotador y explotado como en los tiempos de Henry Ford, cuando el Estado podía actuar como mediador en esa relación entre la producción y el capital. Ahora ya no podemos hacer eso porque del lado del capital no tenemos a nadie más, sólo tecnócratas que quieren la mayor renta posible en el menor tiempo. El objetivo de ese impulso totalitario del capital financiero es debilitar a los Estados, que son el espacio de la política. Ellos quieren ocupar ese lugar de la política. No necesito hablar de lo que está sucediendo en otros países de la región. Es suficiente con hablar del mío. En Argentina, tenemos un gabinete ocupado por gerentes de transnacionales…


–No hay más intermediarios…


–No, los lobistas ya no hacen más lobby porque están ocupando las carteras ministeriales. En esa tentativa de crear una sociedad 70–30, en algún momento tendrán que contener los 70% de excluidos y el modo de contenerlos es utilizando primero el monopolio mediático. No es que esos monopolios mediáticos estén al servicio de esas corporaciones y del capital financiero: forman parte de él.


Entonces el marco del poder hoy es muy diferente de aquel de los años 70 y 80. El proceso de debilitamiento de los Estados que estamos viendo en nuestra región, es muy serio. En México el Estado perdió el control territorial y la situación de Brasil es muy preocupante. Creo que ustedes tienen un serio problema de violencia, un problema de seguridad nacional. No estoy hablando de la doctrina de seguridad nacional sino de la seguridad de vida de sus habitantes, que debe ser garantizada por el Estado.


–¿Usted cree que Brasil corre el riesgo de seguir el camino de México?


–No. Es diferente. México tiene otros problemas. Como decía el dictador Porfírio Diaz, México está lejos de Dios y cerca de Estados Unidos. El caso de Brasil es otro. Ustedes tienen cerca de 700 mil presos y algo entre 600 y 700 mil órdenes de detención no cumplidas, por no tener vacantes en las cárceles. Y las cárceles brasileras, en general, se están convirtiendo claramente –o ya se convirtieron– en verdaderos campos de concentración. El deterioro que los presos sufren en esas cárceles es terrible. No hay asistencia médica adecuada, la superpoblación es mayor que la recomendada internacionalmente y las reglas mínimas de las Naciones Unidas no son cumplidas. Toda cárcel es degradante por mejor que sea, pero estas son particularmente degradantes. El sujeto que sale de esa cárcel es un criminal en potencia. Eso es inevitable. Esas cárceles sólo están reproduciendo violencia.


Pero no es sólo eso. Si tenemos cerca de 700 mil presos y cerca de 700 mil órdenes de detención no cumplidas, llegamos a un universo de 1,4 millón de personas. No se qué número de procesados hay en Brasil sin detención preventiva determinada, pero la experiencia normal es que ese número es mayor que el de aquellos que están con detención preventiva. Entonces debemos tener por lo menos cerca de 3 millones de personas sometidas a un proceso penal. Cada una de esas personas tiene padre, madre, hermanos, hermanas, amigos y así siguiendo. Tienen un contacto directo con cinco o seis personas por lo menos. Entonces tenemos un universo de aproximadamente 20 millones de personas que están conviviendo con el proceso penal como si fuera una cosa normal, que forma parte de su día a día. Hay por lo tanto una banalización del proceso penal y todo ese conjunto es un inevitable reproductor de violencia.


Es verdad que todo sistema penal está compartimentado. Tiene policía, juzgados, fiscalía, jueces, cárceles y así siguiendo. Cada uno actúa según criterios de eficacia propios de su sector. Yo jamás vi una compartimentación tan extrema como la que existe en Brasil. Cada uno dice que está tratando de hacer lo mejor que puede en su ámbito, pero ¿y el conjunto? Brasil no necesita tener el número de presos y de procesados que tiene. Las cárceles están llenas de autores de pequeños robos, pequeños ladrones, de personas que venden marihuana en la esquina. Eso genera una exclusión social especial que se extiende a la familia. Eso está creando un serio problema de violencia. Hay un aparato en el Estado que crea violencia.


–¿Como definiría usted la relación del sistema penal –de modo general–, con ese poder financiero mundial que quiere debilitar a los Estados y ocupar el lugar de la política?


–Es funcional a ese poder. En la medida en que crean y potencian la violencia, están debilitando el Estado, que es lo ellos quieren. Además de eso, está dividiendo la sociedad, creando esa clase medía que es imaginaria porque no es una realidad económica. En la India crearon una casta de parias y el resto de la sociedad se considera superior a ellos. Es un tipo especial de racismo. Y los medios siguen pidiendo cada vez más prisiones, reproduciendo cada vez más violencia. Es un mecanismo totalmente funcional a ese impulso totalitario del capitalismo financiero.


–Además del crecimiento de esa cultura punitiva, alimentada por mecanismos como estos que usted acaba de describir, tenemos también un avance político de la derecha y aún de la extrema derecha en América Latina. ¿Cómo ve ese escenario?


–Eso también es funcional, porque divide la sociedad y crea una violencia social e ideológica. Estamos volviendo, con otro escenario, a algunas cosas del periodo pre guerra. El lawfare no es nuevo, fue usado por los nazis. No estoy diciendo que tenemos la vuelta del nazismo. Es otra cosa. El marco del poder es diferente, pero las técnicas son antiguas. Cualquier sistema penal es estructuralmente selectivo. No hay cómo evitarlo. Lo que podemos hacer es disminuir el nivel de selectividad. En todas las sociedades, en especial en las nuestras que son extremadamente estratificadas, tenemos entrenamientos diferentes. En la favela, nadie es entrenado para crear una sociedad offshore. Ese entrenamiento pertenece a otra clase social. Aquellos que son creados en la favela y quieren delinquir, acaban haciendo cosas más simples y la policía hace lo que es más fácil hacer. Tenemos ahí, por lo tanto, una selectividad estructural. Ahora tenemos el surgimiento también de una selectividad persecutoria, que es un elemento totalitario. Estamos viendo ese fenómeno de modo muy claro en mi país.


–¿Cómo se está manifestando ese fenómeno en Argentina?


–En Argentina vemos la utilización de los medios para estigmatizar opositores y la manipulación de un segmento de la Justicia Federal, para criminalizar la oposición. Hacen eso inventando cosas. Llegaron al extremo de hablar de traición a la Nación. Nosotros tenemos una definición constitucional de traición a la Nación copiada de la Constitución de Estados Unidos, según la cual no podemos tener traición a la Nación sin guerra. Procesaron a la ex-presidente Cristina Kirchner, el ex-secretario de la presidencia y el ex-ministro de Relaciones Exteriores por traición a la Nación. Se dieron cuenta de que eso era una burrada muy grande y cambiaron la acusación: no es traición a la Nación, pero sí encubrimiento. Es un proceso claro de selección persecutoria.


–Y en el caso brasileño ¿está siguiendo el proceso del Lava Jato que culminó con la prisión del ex presidente Lula?


–Yo no puedo hablar sobre ese tipo de situación en otros países que no sean el mío porque son cosas que en algún momento pueden llegar a la Corte Interamericana. Sobre la Argentina puedo hablar porque como argentino no puedo tratar esos casos en la Corte Interamericana.


–En su opinión ¿el sistema penal tiene anticuerpos para resistir y enfrentar esa ofensiva del poder del capital financiero a nivel mundial?


–Yo no creo mucho en conspiraciones, porque creo que ese es un modo de tranquilizarse. Si creemos que alguien tiene un gran ordenador con el cual está haciendo todo eso, la solución sería fácil, sería sólo atrapar a ese sujeto que está en el ordenador, pero la realidad es mucho más complicada. Hay cosas que van sucediendo por una multiplicidad de factores, a veces muy difíciles de precisar. Esa situación de Brasil a la que me refería no fue creada por un gobierno, sino que fue sucediendo a lo largo del tiempo. ¿Qué hace el poder financiero –como cualquier poder, de hecho? Si evalúa que un determinado proceso es funcional, lo deja avanzar. Si en cambio es disfuncional, intenta detenerlo. Por otro lado, ningún poder es macizo, tiene fisuras y espacios. Si fuera macizo, nosotros no estaríamos aquí.


Por dentro del sistema penal no es muy posible resistir a ese poder. Ustedes, brasileros, tienen que saber que tienen una responsabilidad continental. Cualquier cosa que pase aquí, va a reflejarse sobre todos nosotros. Eso es inevitable por la dimensión del país. Brasil está frente a un problema de seguridad nacional que se refiere a la vida de sus habitantes. Es necesario pararse a pensar un poco en eso, hacer un llamado a la racionalidad.


–¿Qué espacio de actuación ofrecen hoy instancias internacionales como la Corte Interamericana de Derechos Humanos, para enfrentar estos problemas?


–Hace dos semanas tuvimos una reunión con motivo del 40º aniversario de la Corte Interamericana, en la que también participaron miembros de la Corte Africana y de la Corte Europea. Debatimos problemas enfrentados por esas tres cortes regionales. Uno de ellos es que estamos teniendo dificultades para el cumplimiento de las sentencias. Los Estados están utilizando el argumento de la soberanía. Eso es interesantísimo. No creo mucho que la realidad que vivimos hoy pueda definirse por una polarización entre izquierda y derecha. Creo que nuestra realidad regional responder más a una polarización entre colonización y soberanía. Ese impulso del totalitarismo corporativo es un impulso colonizador que perjudica nuestras soberanías. Y ellos defienden ese impulso colonizador alegando el valor de la soberanía.


Las cortes regionales, internacionales y el sistema mundial son un seguro. La vigencia de los derechos humanos tiene que ser empujada por las instituciones de cada país. Las cortes regionales no pueden sustituir esa tarea. Muchas denuncias nos llegan después de años de que las cosas ocurrieran. No tenemos cómo actuar en la solución de conflictos tras diez, quince años. Tenemos alguna importancia en el sentido de bajar doctrinas a los tribunales superiores y cosas así. Si un poder judicial está fallando, no podemos sustituirlo. No tenemos capacidad material para tanto y además sería un absurdo desde el punto de vista institucional.


Texto original en portugués.
Traducción de Pressenza

Sur21

 

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Las falsedades de la supuesta recuperación económica promovida por el pensamiento neoliberal dominante

Se está creando la percepción en los países del capitalismo desarrollado de que la Gran Recesión -que ha causado un deterioro muy acentuado del bienestar y calidad de vida de la mayoría de sus poblaciones- es un hecho del pasado, consecuencia del supuesto éxito de las políticas neoliberales que los gobiernos de estos países han ido aplicando durante este período. Estas políticas han consistido en reformas laborales (supuestamente encaminadas a favorecer la flexibilidad de los mercados laborales) y recortes del gasto público, incluyendo del gasto público social (en servicios públicos como la sanidad, la educación, la vivienda social, los servicios sociales, las escuelas de infancia, los servicios domiciliarios, y otros; y en transferencias públicas, como las pensiones) que se aplicaron para reducir el supuestamente excesivo déficit público que estaba “ahogando” a la economía, como consecuencia de una “excesiva generosidad de los derechos sociales” que tenía que corregirse y revertirse mediante la imposición de políticas de austeridad.

El “supuesto éxito” de las políticas públicas neoliberales


Según los establishments político-mediáticos que promueven la sabiduría convencional en cada país, estas medidas han tenido un gran éxito habiendo recuperado el rigor y la eficiencia de sus economías. Como prueba de ello, presentan indicadores que -según afirman- reflejan tal recuperación como, por ejemplo, el aumento del crecimiento económico y la disminución del paro. Esta promoción de las políticas neoliberales va acompañada, por lo general, de referencias al “supuesto gran éxito” de la economía estadounidense -máximo referente del pensamiento neoliberal-, que se atribuye a la gran flexibilidad de su mercado de trabajo y a su escaso gasto público (el más bajo, una vez descontado su gasto militar), muy acentuado en el caso del gasto público social (responsable de que EE.UU. sea el país capitalista desarrollado con menor protección social). Según explica la sabiduría convencional -de clara sensibilidad neoliberal- este país, después del colapso de su economía (de 2007 a 2009 su PIB bajó un 4%), recuperó, a partir del 2009, su tasa de crecimiento (un promedio de 2,1% anual), lo que provocó un gran descenso del paro, que de ser del 10% pasó a ser el más bajo del mundo capitalista desarrollado, con un 3,8%.


Lo que esconden los indicadores del “supuesto éxito”: el deterioro muy notable del bienestar y calidad de vida de las clases populares


Lo que tales argumentos ocultan o desconocen es que, en gran parte de los países capitalistas desarrollados, las cifras del paro tienen un valor muy relativo para medir el grado de eficiencia del mercado laboral, pues excluyen a grandes sectores de la población que sufren las consecuencias del gran deterioro del mercado laboral (causado por tales políticas neoliberales), y que no quedan reflejados en la tasa de paro. Este indicador de paro no incluye, por ejemplo, la población que trabaja en situación parcial y temporal que querrían hacerlo a tiempo completo (la población empleada subocupada), un problema grave creado por las reformas laborales. Este sector ha sufrido un notable aumento, alcanzando su máxima expresión en el trabajo precario, muy generalizado hoy en la gran mayoría de países capitalistas desarrollados. En España se habla mucho (con razón) del elevadísimo paro, pero no se habla tanto del elevadísimo nivel de precariedad entre la población empleada. Los contratos más frecuentes en España son los que duran 15 días y una cuarta parte del total tiene una duración de 7 días, siendo este el tipo de contrato que ha aumentado más desde el inicio de la crisis en 2007. Desde que se inició la crisis, casi el 60% del empleo creado ha sido -precisamente- de carácter temporal y parcial.


Otro sector de la población que no se incluye en la tasa final del paro es la gente que ha abandonado la búsqueda de puestos de trabajo por no encontrarlo. En EE. UU., en caso de incluirse este sector de la población, la tasa de paro ascendería a un 7,6%. En realidad, si se sumaran los desempleados, los empleados subocupados y los que se han desanimado en su búsqueda de puestos de trabajo, la cifra de paro ascendería a un 10,9% (17,6 millones de personas). Esta trágica (y no hay otra manera realista de definirla) situación, muestra las limitaciones de utilizar la tasa de paro como el indicador principal de eficiencia del mercado de trabajo. El “éxito” en la reducción de la tasa de paro, se ha conseguido a costa de un enorme crecimiento del paro oculto, de la precariedad y del desánimo en el que se encuentran grandes sectores de las clases trabajadores en estos países, que representan la mayoría de las clases populares.


En el país modelo neoliberal, EE.UU., a estos datos debe sumarse otro factor raramente mencionado cuando se analiza el tema del paro: el elevadísimo porcentaje de la población que está encarcelada. Los presos de aquel país son 2,2 millones de personas, tres veces superior al promedio de los países de semejante nivel de desarrollo económico. Sin lugar a dudas, si el porcentaje de la población encarcelada fuera semejante a la existente en la mayoría de países de la UE, el número de personas sin trabajo y que lo están buscando (así como las tasas del paro oficial) sería incluso mucho mayor que el enunciado en las cifras oficiales de paro. En realidad, la elevada encarcelación es una de las causas de que el paro aparente ser tan bajo en EE.UU.


Los elevados costes de las reformas laborales y otras medidas neoliberales


En España, la aplicación de las políticas neoliberales creó un enorme deterioro del mercado laboral español. Todavía hoy, cuando se asume que la economía se ha recuperado, solo la mitad de los puestos de trabajo perdidos (3,8 millones) durante el inicio de la crisis (2008-2013) se han recuperado. Pero como en el caso de EE.UU., si sumamos a las personas que están en paro (17%) las personas que están subocupadas (personas que trabajan a tiempo parcial involuntario) y las que han abandonado la búsqueda de trabajo, desanimados en encontrarlo, la cifra de paro real aumentaría a un 28%, es decir, casi el doble.


Repito pues, una observación que, a pesar de su gran importancia, apenas es visible en los fórums mediáticos y políticos del país: el descenso del paro oculta el gran crecimiento del paro oculto, de la precariedad y del desánimo. Esta es la realidad que se desconoce e ignora, y que ha causado grandes protestas populares en todos los países, canalizadas por los movimientos antiestablishment.


¿Por qué los salarios no suben -e incluso continúan bajando- cuando el desempleo supuestamente se está reduciendo?


Estas cifras reales de personas desocupadas -que no quedan reflejadas en los indicadores de paro- explican que haya una enorme reserva de personas en necesidad de trabajo. Es más, a las personas que constituyen esta gran reserva de gente buscando trabajo hay que añadir los millones de trabajadores que existen en reserva en países menos desarrollados, cuyos trabajadores aceptan salarios mucho más bajos y las condiciones de trabajo mucho peores que en los países capitalistas desarrollados. De ahí que la desregulación del mercado de trabajo (una de las mayores medidas neoliberales) haya ido acompañada de otra gran medida neoliberal: la desregulación de la movilidad de capitales (con la globalización de las llamadas multinacionales) que está empoderando al mundo empresarial frente al mundo del trabajo. La amenaza del desplazamiento de empresas a países con salarios bajos es una de las medidas disciplinarias más comunes hoy en los países capitalistas desarrollados, en contra de los trabajadores.


Como parte de esta desregulación del movimiento de capitales se ha promovido la otra cara de la moneda, es decir, la promoción de la movilidad de los trabajadores, favoreciendo la inmigración como medida para garantizar la disponibilidad de trabajadores que, por la vulnerabilidad asociada a la condición de inmigrantes aceptan salarios más bajos y peores condiciones de trabajo.


Estos datos explican que, a pesar del descenso del nivel de paro oficial, los salarios no suban. Si tal cifra de paro fuera real, la clase trabajadora estaría más empoderada en su negociación con el mundo empresarial, a fin de obtener salarios más altos. El hecho de que ello no ocurra se debe al enorme debilitamiento de la case trabajadora y del mundo del trabajo, incluyendo sus sindicatos, que se traduce en la enorme disponibilidad de trabajadores potenciales, estén estos dentro o fuera del país.


La gran debilidad del mundo del trabajo: el objetivo de las políticas neoliberales


Hemos visto así que uno de los principios del pensamiento económico dominante -el subrayar que el descenso del paro crea un aumento de los salarios– no se ha realizado: los salarios no han estado subiendo durante la recuperación. Antes al contrario, han estado descendiendo. De nuevo, mirando el modelo estadounidense vemos que el trabajador (no supervisor) de EE.UU. recibe hoy un salario que es un 4% más bajo que en el año 1972 -hace 46 años- y ello a pesar de que la productividad de este tipo de trabajador se ha más que doblado durante este período. La riqueza creada por este aumento de la productividad no ha beneficiado, sin embargo, al trabajador, sino a todos los demás que están por encima de él, desde sus supervisores, empresarios y equipos de dirección, así como a los financieros que manipulan el crédito y especulan con los beneficios empresariales conseguidos por el descenso de los salarios.


Esta situación se ha dado también en las economías europeas, incluida la española. En la gran mayoría de países europeos, el crecimiento de la productividad ha sido mayor que el crecimiento de los salarios, realidad que ha estado ocurriendo desde el inicio de período neoliberal, a finales de la década de los años setenta del pasado siglo, hasta ahora. En otras palabras, esta situación ha contribuido a que el PIB de tales países haya subido más rápidamente que los salarios (que en muchos países, como EE.UU., han incluso bajado) (ver: P. Dolack, Flat Wages ZCommunications, 2018).


Lo mismo o peor está ocurriendo en España


En España los salarios han bajado también. Ha sido un descenso del 10% durante el período de aplicación máximo de las políticas neoliberales (2008-2014) (afectando primordialmente a las mujeres y a los jóvenes), permaneciendo estables (o bajando en el sector privado), perdiendo así capacidad adquisitiva al crecer en menor grado que la inflación. En realidad, los salarios para los mismos puestos de trabajo, desde 2008 a 2015 descendieron un 12%. Ello ha estado ocurriendo a la vez que la productividad del trabajador (productividad real por hora trabajada) ha ido aumentando mucho más rápidamente que los salarios. El excedente se ha destinado a incrementar los beneficios empresariales, a las rentas superiores, aumentando con ello las desigualdades, siendo estas últimas de las más acentuadas en la Unión Europea.


Como resultado de ello, las rentas del trabajo han ido descendiendo en todos los países a la vez que las rentas del capital han ido subiendo. En España, este cambio en la distribución de las rentas ha sido uno de los más marcados. Como bien dijo en su día el magnate empresarial Warren Buffet, hay “una lucha de clases y la hemos estado ganando”. Y esta victoria se extiende a todos los niveles, de tal manera que la ideología del gran mundo empresarial -el neoliberalismo- continúa siendo hegemónica en las instituciones políticas y mediáticas, a pesar del enorme fracaso de lo que han significado en el quehacer económico del país. Ahora bien, la expresión “desastre” es relativa, pues para el mundo del capital y de sus gestores, la economía ha ido muy bien. Y lo que deseaban, es decir, la disminución de los salarios, de las expectativas de los trabajadores y el descenso (y, en ocasiones, el desmantelamiento) de la protección social, ha sido su gran “éxito”.


¿Cómo se ha conseguido la victoria neoliberal?


Lo que hemos visto es cómo la aplicación de las políticas públicas neoliberales ha debilitado los instrumentos creados por el mundo del trabajo para defender sus intereses, como los sindicatos. Las reformas laborales, por ejemplo, estaban encaminadas a “flexibilizar” el mundo del trabajo. El término flexibilizar quiere decir eliminar los derechos laborales y sociales conseguidos por los trabajadores durante la época dorada del capitalismo (1945-1980), donde un pacto social se había conseguido entre el mundo del capital y el mundo del trabajo. De ahí que la solución exigiría un cambio político, observación especialmente importante, pues las causas políticas del deterioro del mercado de trabajo se ignoran constantemente, atribuyendo tal deterioro a la automatización, a la robotización o a cualquier otro elemento, sin tener en cuenta que, a su vez, tales variantes técnicas son determinadas por el contexto político.


Parte de este debilitamiento del mundo del trabajo han sido los cambios en los partidos políticos que habían sido creados por este y que se han ido distanciando de su base electoral, haciendo suyas muchas de las medidas neoliberales que han contribuido a tal distanciamiento. El creciente control de estos partidos políticos (la mayoría de tradición socialdemócrata) por la clase media ilustrada (profesionales de formación universitaria que desarrollan intereses de clase propios, distintos a los que había sido su base electoral) explica su renuncia a políticas redistributivas y su conversión al neoliberalismo, tal y como ha ocurrido con los gobiernos Clinton, Obama, Blair, Schröder, Hollande, Zapatero, entre otros. El colapso de la socialdemocracia y otras izquierdas es un indicador de ello.


Es lógico y predecible que los movimientos antiestablishment de base obrera hayan ido apareciendo como respuesta


Esta situación explica el surgimiento de los movimientos antiestablishment, que protestan por la pérdida de la calidad de vida de las clases populares, causada por las reformas laborales, por las políticas de austeridad y por la globalización. El abandono por parte de las fuerzas gobernantes de izquierdas de las políticas redistributivas que las caracterizaron en el pasado (aduciendo que eran “anticuadas” o “imposibles de realizar”), y su compromiso con el neoliberalismo, fue el responsable del surgimiento de tales movimientos. El establishment político-mediático neoliberal atribuye tales movimientos a un crecimiento del nacionalismo, racismo, chovinismo, o cualquier ismo que esté de moda en estos centros.


Y cada una de las características de estos movimientos es respuesta directa al ataque neoliberal. El nacionalismo, por ejemplo, es una protesta frente a la globalización. Su antiinmigración es un indicador de rechazo a la globalización del mundo del trabajo, en respuesta a su ansiedad y temor a la pérdida su empleo o a la dificultad en encontrarlo. Y su antiestablishment es consecuencia de verlo como responsable de las políticas que les perjudicaron. EnEE.UU., por ejemplo, no hay evidencia de que el racismo se haya incrementado. En realidad, los votantes que hicieron posible la elección de Trump en el Colegio Electoral de EE.UU. procedían de barrios obreros en áreas desindustrializadas que habían votado a un negro, el candidato Obama, para la presidencia en las elecciones anteriores. Y en 2016, Trump ganó por que Clinton representaba al establishment, al ser Ministra de Asuntos Exteriores y máxima promotora de la globalización, responsable de las políticas públicas que habían estado dañando a la clase trabajadora.


La demonización de las protestas populares antiestablishment


Es característico del establishment político-mediático definir como “retrógrados” y “basura social” -como hizo la Sra. Clinton- estas protestas de los que se han opuesto a las medidas neoliberales que han dañado enormemente la calidad de vida de las clases populares. En realidad, era fácilmente predecible que Trump ganaría las elecciones (y así lo anunciamos algunos pocos cuando se iniciaron las primarias del Partido Republicano y más tarde cuando se eligió el Presidente). Las clases trabajadoras, dañadas por tales políticas, están mostrando su rechazo a los establishments político-mediáticos. La única alternativa que hubiera podido ganar a Trump era el candidato socialista Bernie Sanders, que pedía una revolución democrática, y así lo mostraban las encuestas. La destrucción de la candidatura Sanders por parte del partido demócrata, controlado por la candidata Clinton, fue un elemento clave en la victoria de Trump. Ni que decir tiene que las clases trabajadoras no son el único sector que presenta tal rechazo, aunque si que son las más movilizadas por ser también las más perjudicadas. Y lo mismo ha ocurrido en casi cada país europeo. Des del Brexit en el Reino Unido, al surgimiento de la ultraderecha a lo largo del territorio europeo son síntomas de ello. El abandono del proyecto auténticamente transformador por parte de los partidos de izquierda explica la canalización del enfado popular por parte de partidos radicales de ultraderecha.


En España, la aplicación de las políticas neoliberales de los gobiernos Zapatero primero y Rajoy después, afectaron muy negativamente al bienestar de las clases populares, que generó el movimiento de protesta y rechazo llamado 15-M, un soplo de aire fresco en el clima neoliberal promovido por los establishments político-mediáticos del país, y que cristalizó más tarde en Podemos. Este partido en poco tiempo se convirtió en una de las mayores fuerzas políticas del país, con un enorme impacto canalizando el enorme enfado y rechazo hacia las políticas neoliberales. Ello previno la movilización de la ultraderecha como instrumento de protesta, debido en gran parte a que esta estaba ya en el partido gobernante -el Partido Popular-, mayor impulsor del neoliberalismo (junto con Ciudadanos). De ahí que, el compromiso de tal partido con el neoliberalismo sea uno de los mayores obstáculos para que capitalice el enfado de las clases populares, por muy nacionalista y antiinmigración que se presente, como intenta su nuevo dirigente, Pablo Casado. Un tanto parecido ocurrirá con Ciudadanos, que está hoy utilizando su nacionalismo para ocultar su neoliberalismo.


La única salida a esta situación es que exista una amplia alianza de movimientos sociales y fuerzas políticas que rechacen el neoliberalismo, la globalización y la desregulación de los mercados laborales, así como de la movilidad de capitales y trabajadores a nivel internacional, que ha estado creando un enorme dolor a las clases populares. A no ser que exista este rechazo a las políticas neoliberales actuales, no veo posibilidades de cambio. Así de claro.

AGOSTO 16, 2018
Vicenç Navarro
Catedrático Emérito de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universitat Pomepu Fabra

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