Controversia en Ecuador por acuerdo con EE.UU. para operar aviones estadounidenses en Galápagos

El ministro de Defensa, Oswaldo Jarrín, dijo que el archipiélago es un "portaaviones natural".

 

La Asamblea Nacional (parlamento) de Ecuador convocó a los ministros de Defensa, Oswaldo Jarrín, y de Ambiente, Marcelo Mata, para que expliquen, ante la Comisión de Soberanía y Relaciones Internacionales, los alcances de un acuerdo firmado entre el país y EE.UU. para la cooperación de Washington en las ecuatorianas Islas Galápagos.

En concreto, los parlamentarios piden a los ministros que expliquen el alcance del acuerdo binacional, que incluye la ampliación de la pista de aterrizaje en el aeropuerto de la isla San Cristóbal, la más oriental del archipiélago de Galápagos, en donde operarán los aviones estadounidenses Orión P3 y Awaks, que, según ha anunciado Jarrín, ayudarán al control de la lucha contra el narcotráfico.

La discusión se abrió en el Congreso luego que el ministro de Defensa dijera, en una conferencia de prensa, que Galápagos en un "portaaviones natural".

¿Base militar?

La resolución en el Parlamento fue presentada por la asambleísta por Galápagos, Brenda Flor, quien enfatizó que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declaró Patrimonio Natural al archipiélago y que es una Reserva de la Biosfera.

"Por ninguna razón se puede considerar a Galápagos como un portaaviones natural, ya que esa no es su característica intrínseca. Galápagos nació desde la naturaleza como un laboratorio vivo y único que debemos proteger", dijo la asambleísta.

Recordó que durante la Segunda Guerra Mundial, la isla de Baltra fue una base militar de EE.UU. que "dejó como resultado muy pocas especies de flora y fauna".

Por su parte, el Consejo de Gobierno del Régimen Especial de Galápagos informó, mediante un comunicado, que "no hay ni habrá base militar extranjera" en el archipiélago.

En el texto explican que el acuerdo alcanzado con EE.UU. es exclusivamente para el "mejoramiento de la pista del aeropuerto de San Cristobal" y "permitir el reabastecimiento de combustible para dos aeronaves de monitoreo de actividades ilegales de la extensa reserva marina, a fin de precautelar la soberanía nacional frente a esas amenazas".

Publicado: 14 jun 2019 17:03 GMT | Última actualización: 15 jun 2019 02:28 GMT

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Viernes, 14 Junio 2019 06:02

Palestina: palabras y resistencia

Palestina: palabras y resistencia

Ilán Pappe y Noam Chomsky –un historiador y un lingüista–, igual que John Berger –escritor– y Norman Finkelstein –politólogo– (véase: Palestina: juego de palabras, bit.ly/2WzaEE4), llegan en el mismo contexto palestino a la idéntica y lacónica conclusión: "las palabras importan".

 

Pappe desenmascarando los mitos de Israel trabaja mucho con palabras (véase: Ten myths about Israel, 2017), buscando su verdadero significado y deconstruyendo diferentes nociones históricas que deforman al presente, p.ej.:

 

  • “que si la Biblia –la máxima, diría yo de paso, referencia en nuestro tema: "en el principio era el Verbo" (Juan 1, 1)– les otorgó la tierra palestina a los judíos, o no” (¡no!) (página 10);

 

  • o "que si en 1948 los palestinos abandonaron voluntariamente su tierra, o no" (¡no!) (página 47).

 

Para Chomsky es pan de cada día.

 

En un libro conjunto enfatizan la importancia de reconquistar el lenguaje y volver a llamar a las cosas por su nombre tratando de –subraya Pappe en uno de sus apartados– frente a los esfuerzos de Israel "que con su neolengua orwelliana oscurece la realidad", “enterrar el viejo diccionario de ilusión y decepción lleno de entradas como ‘proceso de paz’, ‘la única democracia en Medio Oriente’ o ‘nación amante de paz’ (‘cuando Israel habla de paz en realidad está hablando de ocupación’)”, y sustituirlo con un nuevo diccionario teórico en el cual "sionismo es colonialismo", “Israel, un Estado de apartheid” y "Nakba, una limpieza étnica", todo mucho más fácil de hacer “una vez la ‘solución de Dos Estados’ esté finalmente declarada muerta” ( On Palestine, 2016, páginas 14-15).

 

La misma importancia de palabras –y la responsabilidad por ellas– ha de reflejarse en las comparaciones que usamos. Precisas. Históricamente aterrizadas. Así, p.ej.:

 

  • Si bien Israel está sobrexplotando su memoria (véase: N. Finkelstein, The Holocaust industry, 2000 o I. Zertal, Israel’s Holocaust and the politics of nationhood, 2006) no está (por supuesto) “cometiendo un ‘nuevo Holocausto’”, aunque como subraya Pappe sí “un ‘genocidio incremental’ en el gueto –¡otra palabra!– de Gaza” (bit.ly/2lLC3As);

 

  • O si bien, según Zeev Sternhell –historiador y uno de los máximos expertos en fascismo–, Israel (por supuesto) no es "igual (o peor) que los nazis", aunque "el Estado judío con su ideología racial y segregación legal empieza a parecerse cada vez más al Estado ario de Alemania nazi pre-1939" ((bit.ly/2WsdQfY).

 

Curiosamente el neolenguaje orwelliano en Israel –cuyo mejor "portador" es Benjamín Netanyahu, algo que lo une con otros reaccionarios y nacionalistas étnicos como Trump u Orbán– brotó recientemente cuando éste culpó a uno de sus aliados –un bona fide fascista– por el fracaso de formar el nuevo gobierno diciendo que fue porque éste... "es de izquierda" (sic) ((bit.ly/31rqpvz).

 

Así, no extraña que su hijo Yair incurriese en sus propios malabares lingüísticos –y una típica negación colonial (vide: G. Meir)– al tuitear que no existe tal cosa como "Palestina", “ya que ni siquiera hay letra ‘p’ en el alfabeto árabe”; según la misma lógica –como le respondieron algunos– “uno podría decir que no hay tal cosa como ‘pueblo judío’, ya que en el alfabeto hebreo tampoco hay letra ‘j’” (bit.ly/30MRQj5). Si esto suena como una tontedad, no lo es.

 

Es el mismo lenguaje de limpieza étnica y "extraordinaria restructuración lingüística colonial" por parte de Israel que implicó el cambio de nombres de casi todos los pueblos y lugares palestinos a fin de –como recuerda Susan Abulhawa– negar la existencia de la población autóctona (bit.ly/1RyZGkK).

 

Si esto suena como una nimiedad, no lo es. El lenguaje es herramienta de apropiación (piensen p.ej. como humus, tabule o zataar ya son "especialidades de la cocina israelí").

 

Pero las palabras son también un medio de liberación –de allí la importancia del "nuevo diccionario" del que hablan Pappe y Chomsky– y una herramienta de resistencia –"un acto de la recreación de uno mismo", algo a menudo ignorado cuando se habla p.ej. de lo que pasa en Gaza (bit.ly/2Wp22PD )–, hoy la única respuesta posible (bit.ly/2wPbugJ) frente al Deal of the Century trumpiano (a.k.a. "la solución final de la cuestión palestina").

 

Ni siquiera aún publicado, el Deal –el más reciente ejercicio colonial de ir cambiándoles nombres a las cosas y lugares (que por otro lado por fin cancelaría la “ilusión de Dos Estados”...)– dados los calendarios electorales en Israel y Estados Unidos bien podrá nacer muerto o tendrá que cambiar de nombre: Deal of the ‘Next’ Century (bit.ly/2wrT4T7).

 

Sea como fuere. El viejo Uri Avnery, escribiendo de la (casi) imposible situación en la que se encuentra Palestina –desde su óptica mucho más "blanda" que p.ej. la de Pappe, pero igual inherentemente crítica– apuntaba que, a pesar de que los asentamientos ilegales avanzan inexorablemente, los palestinos poseen un arma mucho más poderosa que Israel: la paciencia (bit.ly/2MDLXSk).

 

"Paciencia" será aquí simplemente, supongo, otra palabra para "resistencia". Que igual que otros pueblos árabes, están acostumbrados a esperar – vide: la longue durée de su historia frente a la relativa poca duración de Israel– y aguantar (incluso varias generaciones) hasta que las condiciones cambien y le sean más favorables. Una estrategia –a la larga– muy efectiva. ¡Ojalá! (por cierto: una palabra de raíz árabe).

 

Por Maciek Wisniewski, periodista polaco

 

Twitter: @MaciekWizz

 

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Sábado, 08 Junio 2019 04:45

Papelones de la OEA

Papelones de la OEA

Ha surgido en América Latina una diplomacia irresponsable, bélica, arrogante, indocta y muy peligrosa. La derecha diplomática contemporánea es un horror y debe suscitar una suerte de mueca de asco entre los conservadores latinoamericanos que, en décadas anteriores, sugirieron trazar las líneas estratégicas del lugar geopolítico que ocupaba América Latina. Nadie representa mejor la barbarie que corroe la diplomacia latinoamericana como el actual Secretario General de la Organización de Estados Americanos, la OEA, el señor Luis Almagro. El diplomático uruguayo recibió en nombre de la OEA el premio a la democracia otorgado por el Comité Judío Americano por la lucha contra el terrorismo, el antisemitismo y las dictaduras. Pero Almagro, en su discurso, se equivocó de continente, de temática, de época, de enemigos y le faltó el respeto a todo que lo somos. Este títere de Washington osó decir que “Irán y Hezbollah tienen una sólida base de operaciones en Sudamérica en alianza con la narcodictadura de Nicolás Maduro. Si fracasamos en Venezuela, representa una victoria para el terrorismo, la delincuencia transnacional organizada y el antisemitismo”. Esto es imperdonable. Ni siquiera está en juego el tema de Nicolás Maduro, o que sea de derecha o de izquierda, o que se tenga una visión ultraconservadora de las relaciones internacionales o de las alianzas oportunas o inoportunas, ni que se esté por o contra Maduro. Se trata de un acto de barbarie diplomática monumental. Irán y el Hezbollah no son nuestro tema ni nuestro conflicto sino de Occidente. Es sí, por la imborrable tragedia de los atentados contra la Embajada de Israel en la Argentina y el de la AMIA, un tema de la justicia argentina. En ningún caso un dirigente latinoamericano, en nombre de una organización panamericana, puede hacer nuestra la agenda de Washington, ni expandir la obscenidad del antisemitismo ni, menos aún, olvidar los cientos de miles de muertos que ha dejado el narcotráfico en varias de nuestras democracias. En lo que atañe al antisemitismo, seguramente el señor Almagro desconoce la extraordinaria capacidad de América Latina para hacer suyos a los semejantes. Nunca se paseó por Buenos Aires, ni por el barrio de Polanco, en Ciudad de México. No estamos en Europa y nada tuvimos que ver con la Shoah, con Auschwitz y el nazismo. Habrá habido y aun persisten retazos nauseabundos de antisemitismo, pero jamás ha sido una política de Estado. Muchos de nuestros países, en especial la Argentina, son hijos de la integración de los millones de judíos que llegaron a este lado de América huyendo del exterminio europeo. La insensatez del Secretario General de la OEA es una amenaza para nuestra identidad, nuestra soberanía, nuestra credibilidad en la escena internacional y nuestra manera de entender y aceptar a los otros. 

Pero su alegato contiene otros atentados contra la verdad y la razón. Tratar a Venezuela de narcodictadura es ignorar las decenas de miles de muertos que el narcotráfico provoca en México o Colombia. El imperio de arriba tampoco es inocente: los narcos mexicanos y colombianos producen, transfieren al Norte su producto y los beneficios. El dinero del narcotráfico se blanquea en el sistema financiero occidental mientras los muertos por la violencia del narcotráfico ennegrecen las calles de nuestra América. Excelentísimos señores presidentes de Argentina y Brasil, saquen de ese puesto a ese personaje grosero, patotero e ignorante que repite, en nuestro nombre, lo que el secretario de Estado norteamericano Mike Pompeo dijo en febrero de este año.


“Hezbollah tiene células activas y, con su accionar, los iraníes, están afectando a los pueblos de Venezuela y de toda América del Sur”. Si se quiere ser amable, lo que diga Pompeo representa muy bien la licuadora donde el Departamento de Estado mezcla los ingredientes del cóctel con el sabor de sus intereses, es decir, su confrontación con Irán, su pacto con Arabia Saudita, sus aficionados movimientos en el Líbano y Siria y, desde luego, su cruzada en Venezuela. Son sus temas y los destila con el mal gusto y la inoperancia que la administración de Donald Trump ya ha patentado en todo el planeta.


Nosotros no tenemos nada ver con eso. Sólo que sí, ahora nos compromete por deber Venezuela así como en los años 80, América Latina se comprometió en América Central para frenar la guerra que la Rusia comunista y la administración de Ronald Reagan habían exportado a Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Honduras. Un compromiso con sensatez y neutralidad, no ideológico. ¿Y dónde están los hombres del Hezbollah y los iraníes que aún no los hemos visto en esta década? Todo mezclado, armado con escoria y un oportunismo desenfrenado que rompe todos los pisos de la decencia diplomática. El Secretario General de la Organización de Estados Americanos ha sobrepasado la línea roja. Las confrontaciones ideológicas están atravesadas por muchos excesos. Esta exuberancia diplomática no es admisible. No hay narcodictaduras sino narcodemocracias. No hay antisemitismo sino antisemitas. Requerimos de diplomáticos juiciosos, con sagacidad y capacidad pedagógica, que puedan expresar lo que somos y no los odios ideológicos o los caprichos dictados por los imperios. Sus guerras nunca fueron las nuestras: hemos sido víctimas de ellas. El señor Secretario General de la OEA se cayó del mapa y del calendario. Es un hombre del pasado. No nos está representando como latinoamericanos sino que nos está insultando y degradando ante cualquier perspectiva de negociación. Nadie nos podrá tomar en serio. ¿Alguien puede imaginar a este Señor hablando ante la Unión Europea donde prima la cultura del diálogo y la negociación por más extenuante que sea? Es una vergüenza para cada una de nuestras democracias, para nuestro sueño de paz común, para nuestra tolerancia y nuestra identidad forjada por la conjugaciones de orígenes plurales.


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Miércoles, 05 Junio 2019 08:12

El embajador picante

El embajador picante

“Los colombianos son una mezcla
de españoles, indios y negros,
y tienen el pelo rizado
que tienen los negros.
Tienen suficiente sangre negra
como para hacerlos perezosos,
y suficiente sangre española como para hacerlos malvados”.

Harper’s Weekly, 1902*

 

No dejan la mañana. Los dos primeros días del cuarto mes de este año, su “señoría”, el embajador de los Estados Unidos en Colombia, Kevin Witaker, irrumpió en las noticias nacionales por convocar a varios senadores y representantes del Congreso colombiano a desayunar en su residencia, para hacerles saber su respaldo a las objeciones del presidente Duque a la JEP, y su condena a los congresistas que se opusieran a las objeciones. Un desayuno picante, no queda duda.

Luego de que los invitados degustaron huevos revueltos con ají wai ya (ese delicioso picante que dan las selvas del Vaupés), cuando algunos estaban tosiendo por el ardor producido por este fruto exótico de nuestras tierras, el señor Whitaker les soltó otro perla: la determinación de extraditar a Santrich sin allegar pruebas que lo incriminen.

Con los rostros de algunos de los invitados cambiando de color (no se sabe si por el ardor producido por el picante ingerido o por la vergüenza que sentían –por primera vez– al ver como la “estrella del Norte” sigue marcando los pasos de la sometida oligarquía criolla, y sentirse impelidos a jugarle a los intereses del anfitrión, escucharon como éste enumeró las represalias que tomaría el gobierno de su país en caso de que las objeciones de Duque a la JEP fueran rechazadas por el Congreso Nacional. Parece ser que algunos de los comilones, entre picantes cucharadas y sorbos de leche para reducir el ardor que consumía sus paladares, expresaron inconformidad con lo que escuchaban. Alguno de ellos, ardido por el desayuno, luego del mismo contó en público lo que debía ser secreto, haciéndose merecedor a una medalla a su honor, representada por la perdida del derecho a entrar a ese país donde una escasa minoría negociante de la muerte y del robo del trabajo de millones de seres por todo el mundo, alimentados por inimaginables corazas de odio, lo destilan contra todo aquel que tenga algún grado de dignidad.

Parece ser que la leche hizo su efecto, pues el tramité de las objeciones de Duque a la Ley Estatutaria de la JEP no fue aprobada según lo pretendido por su “señoría”, y ahora todo está en las manos de la Corte Constitucional. ¿Quién le teme a la JEP? ¿Serán los autores intelectuales del exterminio, desplazamiento, robo de sus propiedades, persecución, campañas de engaño, mensajes de terror, etcétera, contra cientos de miles de connacionales? ¿Estarán detrás de ellos aquellos a quien representa el embajador anfitrión?
Una larga historia

Incidentes en los que embajadores o funcionarios del gobierno de los Estados Unidos se pronuncian o deciden sobre asuntos de los colombianos, no constituye ninguna novedad histórica. La nación ha sido acostumbrada a considerar el dominio norteamericano como natural e inevitable. Considerando los indispensables matices, desde el invierno de 1889-1890, cuando se celebró en Washington la Primera Conferencia Panamericana, toda América Latina ha tenido que conocer el significado del poder estadounidense en una región considerada estratégica para la proyección planetaria de su dominio.

Para garantizar la ascendencia se han usado los métodos del fuete y el mayoral. Y los procedimientos sibilinos dirigidos a corromper la clase política. También las decisivas operaciones encubiertas. El chantaje económico. La complicidad de los medios masivos de desinformación. La división de las fuerzas políticas nacionales. Las políticas educativas y culturales, los planes de estudio sin memoria, y los medios de confusión funcionales al dominio proyectado por la más grande potencia de toda la historia de la humanidad. Los medios desinformativos han oscilado entre la necesidad de los contratos y las prebendas, o el temor a las consecuencias de desobedecer y la ignorancia.

Desde finales del siglo XIX, salvo dignas excepciones, los gobernantes colombianos comprendieron que para poder dirigir los asuntos nacionales era indispensable acatar, cuando no anticiparse a cumplir con los mandatos del poder estadounidense. Los sobornos y el chantaje desnudo o sutil con información de inteligencia, también han formado parte del amplio menú utilizado para que los funcionarios colombianos actúen de conformidad con los intereses norteamericanos. Desde el embajador colombiano ante los Estados Unidos: Carlos Adolfo Urueta (1921-31), hasta el expresidente Uribe, pasando por directores de inteligencia, congresistas, magistrados, periodistas y altos oficiales de las Fuerzas Armadas, existe una vasta experiencia sobre lo conveniente que resulta las actuaciones que sirven a los designios del Departamento de Estado, al complejo militar industrial y a la red de corporaciones que tienen intereses en el territorio nacional.

Panamá, petróleo, bananeras, anticomunismo

Salvo contados historiadores como Eduardo Lemaitre, pocos investigadores han revelado la intervención de los funcionarios estadounidenses en la Guerra de los Mil Días para quedarse con Panamá.

En el año 2015 el Canal de Panamá produjo 2.610 millones de dólares. Si se sumara lo producido por el Canal hasta el 31 de diciembre de 1999, podríamos apreciar el real significado de los 25 millones de dólares que el gobierno estadounidense entregó al gobierno colombiano como “indemnización” por el zarpazo con el que mantuvo el Canal bajo su absoluto dominio durante 86 años. No hay que olvidar, sin embargo, que su “generosidad” no fue tanta. La “indemnización” fue entregada en 1922 con la condición de que el gobierno colombiano garantizara el acceso del capital estadounidense a las zonas petrolíferas en los tiempos en que el petróleo se convirtió en el líquido más codiciado de la tierra.

Desde los años veinte, primero desde el Departamento de Justicia y después desde el FBI bajo la dirección J. Edgar Hoover, justificaba sus escuchas telefónicas ilegales, su apertura clandestina de correos, su instalación de micrófonos en oficinas y residencias, y su penetración de sindicatos, organismos estatales o sociales con agentes camuflados, con el propósito de contener la “amenaza comunista”, la que era confrontada al interior de los Estados Unidos y también en otros países del mundo.

En Colombia, los primeros seguimientos e informes de inteligencia del gobierno estadounidense sobre Jorge Eliécer Gaitán fueron elaborados después de que en septiembre de 1929, Gaitán desnudase lo acontecido en la Masacre de las Bananeras y concluyese su intervención señalando: el gobierno colombiano tiene una rodilla hincada ante el oro yanqui, y la metralla asesina para su propio pueblo.

Al finalizar los años treinta, la potencia hemisférica, que se aprestaba a convertirse en la más grande potencia mundial, tenía claro que en todos los países de América Latina –su despensa para la proyección del poder planetario– era indispensable controlar los organismos de inteligencia para obtener toda la información crucial sobre los diversos actores de poder, y controlar también los nombramientos y la mentalidad de la alta oficialidad encargada de dirigir las Fuerzas Armadas. Comunistas eran todos aquellos que potencialmente o de hecho pudieran cuestionar o erosionar el dominio económico y político de la potencia global, la que para entonces ya había desbancado al Reino Unido de tal sitial.

Spruille Braden y Laureano Gómez

El primer embajador –nombrado en tal calidad– de los Estados Unidos en Colombia fue un empresario texano: Spruille Braden. Ejerció como embajador entre 1939 y 1942, durante el gobierno de Eduardo Santos. Antes de asumir su responsabilidad había sido agente de la Standar Oil Company en el marco de la Guerra del Chaco, y accionista de la United Fruit Company. Dos empresas con intereses en Colombia.

En Colombia, se publicó un Memorando1 redactado por Spruille Braden sobre la entrevista que sostuvo la tarde del jueves 20 de marzo de 1941, en casa de Francisco Urrutia, con Laureano Gómez, y José de La Vega, cofundador del diario El Siglo. En el Memorando Braden señala que Laureano acudió a la reunión con gran preocupación por el retiro de las pautas publicitarias de las empresas norteamericanas y porque le han dejado saber que tendrá crecientes dificultades para comprar en Estados Unidos el papel para imprimir el diario. Braden responde con las inquietudes de la embajada y de los empresarios patrióticos por las posiciones pronazis y anti estadounidenses del diario.

Laureano le juró a Braden que él no era antinorteamericano, afirmó que él era pronorteamericano, y al ser confrontado por Braden con informes sobre sus vínculos con la embajada de Alemania en Colombia, y con la embajada del franquismo en Colombia, sus reuniones con Gotfried Schmitt, funcionario de la embajada alemana, y sus declaraciones pronazis, desde 1939, coincidiendo los avances de Hitler con la victoria de Franco en la Guerra civil española, Laureano enrojeció y no pudo hilvanar palabra.

Los días 23 y 24 de marzo de 1941, fue notoria la variación en la política editorial de El Siglo. Cesaron los editoriales y los artículos contra los Estados Unidos, y se iniciaron los textos pronorteamericanos. De esta manera, sin dignidad, el Partido Conservador, dirigido por Laureano Gómez, viraba hacia el acatamiento del nuevo poder global norteamericano y de esa manera abría su camino hacia el poder estatal.

Braden informó sobre la reunión sostenida con Laureano en un cable estrictamente confidencial dirigido al Departamento de Estado:

“7. Aunque en todo momento debemos tener en cuenta la admonición del presidente Santos de que Gómez no es en absoluto un hombre confiable y no vacila en mentir, distorsionar, y citar incorrectamente, tampoco hay que olvidar que siempre tomará el camino que considere más conveniente para sus propósitos. Por lo tanto, si alguna vez llega al Poder, teniendo presentes estos hechos y nuestra posición en el hemisferio, estoy seguro de que Gómez puede ser manejado. En efecto si por cualquier circunstancia el partido conservador volviera a tomar la riendas del gobierno, en condiciones internacionales favorables a nosotros, no recibiríamos menos colaboración que ahora”2.

Y el funcionario de marras no se equivocó, ya que Laureano prestó la colaboración muy pronto, en primera instancia con la legislación favorable a las petroleras norteamericanas, luego con el envío del Batallón Colombia a Corea. Y, cuando se abran los archivos que aún permanecen ocultos sobre el nueve de abril, se sabrá lo que ahora se sospecha: su colaboración en la operación encubierta con la que eliminaron a Jorge Eliécer Gaitán, y abrió su camino a la presidencia en 1950.

El embajador de la coca

Lewis Tambs fue nombrado como embajador de los Estados Unidos en Colombia en 1983, cuando Ronald Reagan lideraba el embate contra la revolución sandinista, triunfante en Nicaragua en 1979. Al llegar a Colombia regia el gobierno Belisario Betancourt, quien había logrado abrir una puerta de paz con las Farc. Tambs fungió como embajador hasta 1985.

En 1985, estando aún en funciones, la embajada de los Estados Unidos se opuso entre bambalinas a un acuerdo para que un candidato del partido liberal, con un proyecto nacionalista, diese continuidad a los acuerdos de paz. Con la política del garrote y la zanahoria logró el nombramiento de Virgilio Barco como candidato liberal, funcional a los designios de la embajada.

Presiones con logros que extienden sus nefastas consecuencias hasta nuestros días. El 21 de agosto de 1989, cuando ya estaba bien adelantada la misión de ahogar en sangre los acuerdos de paz, la revista Semana publicó un artículo titulado: “El embajador de la coca”, en el que presentaba las revelaciones de una investigación del parlamento costarricense.

En síntesis, la investigación mostraba que Lewis Tambs, embajador de los Estados Unidos en Costa Rica entre 1985 y 1987, presionaba al gobierno de aquel país para que en una pista de aterrizaje construida al norte de su territorio pudiesen aterrizar aviones que llevaban armamentos a los paramilitares que enfrentaban al gobierno sandinista, conocidos como “La contra”. Después de descargar las armas, los aviones de la Southern Air Transportation regresaban a los Estados Unidos con cargamentos de cocaína. La operación era coordinada por el Coronel Oliver North. Las investigaciones del Congreso estadounidense revelaron que la empresa había sido propiedad de la CIA entre 1960 y 1973. El FBI reveló que el Clan Ochoa de Medellín había utilizado la aerolínea para sus exportaciones de “snow”. El Congreso de los Estados Unidos había prohibido expresamente brindar ayuda militar a los escuadrones de “La contra”. Lewis Tambs había cobrado notoriedad en Colombia por acuñar el término narcoguerrilla, en su retórica de la guerra contra las drogas, desdecida por sus acciones de apoyo al narcotráfico utilizado para la guerra política contra el sandinismo.

Treinta años después, en 2018, Oliver North fue nombrado como presidente de la poderosa Asociación Nacional del Rifle en los Estados Unidos, organización que giró treinta millones de dólares para la campaña presidencial de Donald Trump.

Ahora anuncian que el nuevo embajador propuesto por Trump para nuestro país es Philip Goldberg, funcionario experto en asuntos de inteligencia, coordinador del Plan Colombia en la Embajada de Estados Unidos de aquellos años, asistente del embajador de los Estados Unidos en Bosnia –mientras el país estaba en guerra–, embajador en Cuba y en Bolivia, de donde fue expulsado por sus actividades conspirativas con el gobierno de Evo Morales.

Puede estar segura la sociedad colombiana, sin mucha dificultad, que habrán más desayunos, más huevo con ají bien picante, por parte de la nueva “señoría” que llegará a ocupar el búnker situado en Bogotá en la avenida 26 con 48, e imaginarse, también sin mucha dificultad, mucho silencio por parte de aquellos a quienes hablará a su oído este representante de multinacionales: políticos representantes del alto gobierno, así como de algunos partidos del establecimiento, al igual que propietarios de los principales emporios del país, gente sin vergüenza, dignidad, ética ni moral.

* Revista política estadounidense con sede en Nueva York, publicada por Harper&Brothers desde 1857 hasta 1916.
1 Revista Número, diciembre de 1999-enero de 2000.
2 Revista Número. Entrevista con Laureano Gómez. 26 de marzo de 1941. Dic-Feb 1999-2000.

 


Recuadro

 

Un nuevo orden internacional

 

Malos recuerdos, eso es lo que tienen en todos los países en sus relaciones con el imperio más grande que hasta la fecha ha conocido la sociedad global. Invasiones, robo de sus recursos naturales, complots, golpes de Estado, asesinato de ministros, presidentes, así como de miles de ciudadanos indefensos atacados por francotiradores, pero también por agentes secretos –protegidos por diversos poderes en el país de sus misiones–, pero también con drones, como es común desde hace años.

En nuestra región quienes tienen el peor de los recuerdos son los mexicanos, que perdieron dos millones de kilómetros cuadrados, cuando se acercaba el final de la primera mitad del siglo XIX.

Lejos de nosotros, los japoneses llevan en su memoria el horror de las bombas atómicas lanzadas sobre población civil, con el simple propósito de impedir que la URSS venciera a Japón, si se prolongaba la Segunda Guerra Mundial, y así quedará con el control de aquellos mares.
El recuerdo de los vietnamitas no puede ser diferente. ¿Qué sentirán los afganos, los iraquíes, los iraníes, los palestinos, etcétera?

Ahora, en los años que corren, las cosas no cambian de color: prosiguen con su política contra Cuba, bloquean de igual manera a Venezuela, amenazan a todo aquel que opte por una política no sometida a los intereses de las 50 estrellas.

Una política que empieza a encontrar competencia en potencias que ahora amenazan su poder, bien en lo económico, lo comercial, lo tecnológico, en ciencia, en poderío militar, abriendo campo para que el mundo haga el transito del unilateralismo al multilateralismo. China y Rusia son las potencias, en uno u otro campo, que ahora le hacen contrapeso.

Es una disputa que dará paso en pocas décadas a reorganizar el Orden Internacional heredado de la Segunda Guerra Mundial, pero que por ello no traerá nada bueno para los pueblos del mundo, pues al fin y al cabo es una disputa entre potencias de las cuales se benefician los capitales que representan e impulsan cada uno de estos países, pero no los pueblos.

Es por ello que de nuevo está a la orden del día la necesaria coordinación de las luchas de resistencia existentes por diversidad de países, de cuyo entrelazamiento deben surgir las bases para la instalación de un Orden Internacional Alternativo, para el cual y con el cual se pongan en marcha cientos de experiencias de intercambio económico y soberanía popular, políticas de solidaridad no sometidas a ningún Estado, mecanismos de protección y denuncia ante la represión que pueda sufrir cada una de estas experiencias, espacios de deliberación y definición de políticas comunes, así como de investigación y construcción de nuevas teorías que alienten la insurgencia global contra un orden mundial abrazado a la muerte, cuya expresión de violencia ampliada es su visión sobre el desarrollo y la naturaleza, y con ello la catástrofe ambiental que ya todos vivimos y padecemos.

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Domingo, 02 Junio 2019 14:43

El embajador picante

El embajador picante

“Los colombianos son una mezcla
de españoles, indios y negros,
y tienen el pelo rizado
que tienen los negros.
Tienen suficiente sangre negra
como para hacerlos perezosos,
y suficiente sangre española como para hacerlos malvados”.

Harper’s Weekly, 1902*

 

No dejan la mañana. Los dos primeros días del cuarto mes de este año, su “señoría”, el embajador de los Estados Unidos en Colombia, Kevin Witaker, irrumpió en las noticias nacionales por convocar a varios senadores y representantes del Congreso colombiano a desayunar en su residencia, para hacerles saber su respaldo a las objeciones del presidente Duque a la JEP, y su condena a los congresistas que se opusieran a las objeciones. Un desayuno picante, no queda duda.

Luego de que los invitados degustaron huevos revueltos con ají wai ya (ese delicioso picante que dan las selvas del Vaupés), cuando algunos estaban tosiendo por el ardor producido por este fruto exótico de nuestras tierras, el señor Whitaker les soltó otro perla: la determinación de extraditar a Santrich sin allegar pruebas que lo incriminen.

Con los rostros de algunos de los invitados cambiando de color (no se sabe si por el ardor producido por el picante ingerido o por la vergüenza que sentían –por primera vez– al ver como la “estrella del Norte” sigue marcando los pasos de la sometida oligarquía criolla, y sentirse impelidos a jugarle a los intereses del anfitrión, escucharon como éste enumeró las represalias que tomaría el gobierno de su país en caso de que las objeciones de Duque a la JEP fueran rechazadas por el Congreso Nacional. Parece ser que algunos de los comilones, entre picantes cucharadas y sorbos de leche para reducir el ardor que consumía sus paladares, expresaron inconformidad con lo que escuchaban. Alguno de ellos, ardido por el desayuno, luego del mismo contó en público lo que debía ser secreto, haciéndose merecedor a una medalla a su honor, representada por la perdida del derecho a entrar a ese país donde una escasa minoría negociante de la muerte y del robo del trabajo de millones de seres por todo el mundo, alimentados por inimaginables corazas de odio, lo destilan contra todo aquel que tenga algún grado de dignidad.

Parece ser que la leche hizo su efecto, pues el tramité de las objeciones de Duque a la Ley Estatutaria de la JEP no fue aprobada según lo pretendido por su “señoría”, y ahora todo está en las manos de la Corte Constitucional. ¿Quién le teme a la JEP? ¿Serán los autores intelectuales del exterminio, desplazamiento, robo de sus propiedades, persecución, campañas de engaño, mensajes de terror, etcétera, contra cientos de miles de connacionales? ¿Estarán detrás de ellos aquellos a quien representa el embajador anfitrión?
Una larga historia

Incidentes en los que embajadores o funcionarios del gobierno de los Estados Unidos se pronuncian o deciden sobre asuntos de los colombianos, no constituye ninguna novedad histórica. La nación ha sido acostumbrada a considerar el dominio norteamericano como natural e inevitable. Considerando los indispensables matices, desde el invierno de 1889-1890, cuando se celebró en Washington la Primera Conferencia Panamericana, toda América Latina ha tenido que conocer el significado del poder estadounidense en una región considerada estratégica para la proyección planetaria de su dominio.

Para garantizar la ascendencia se han usado los métodos del fuete y el mayoral. Y los procedimientos sibilinos dirigidos a corromper la clase política. También las decisivas operaciones encubiertas. El chantaje económico. La complicidad de los medios masivos de desinformación. La división de las fuerzas políticas nacionales. Las políticas educativas y culturales, los planes de estudio sin memoria, y los medios de confusión funcionales al dominio proyectado por la más grande potencia de toda la historia de la humanidad. Los medios desinformativos han oscilado entre la necesidad de los contratos y las prebendas, o el temor a las consecuencias de desobedecer y la ignorancia.

Desde finales del siglo XIX, salvo dignas excepciones, los gobernantes colombianos comprendieron que para poder dirigir los asuntos nacionales era indispensable acatar, cuando no anticiparse a cumplir con los mandatos del poder estadounidense. Los sobornos y el chantaje desnudo o sutil con información de inteligencia, también han formado parte del amplio menú utilizado para que los funcionarios colombianos actúen de conformidad con los intereses norteamericanos. Desde el embajador colombiano ante los Estados Unidos: Carlos Adolfo Urueta (1921-31), hasta el expresidente Uribe, pasando por directores de inteligencia, congresistas, magistrados, periodistas y altos oficiales de las Fuerzas Armadas, existe una vasta experiencia sobre lo conveniente que resulta las actuaciones que sirven a los designios del Departamento de Estado, al complejo militar industrial y a la red de corporaciones que tienen intereses en el territorio nacional.

Panamá, petróleo, bananeras, anticomunismo

Salvo contados historiadores como Eduardo Lemaitre, pocos investigadores han revelado la intervención de los funcionarios estadounidenses en la Guerra de los Mil Días para quedarse con Panamá.

En el año 2015 el Canal de Panamá produjo 2.610 millones de dólares. Si se sumara lo producido por el Canal hasta el 31 de diciembre de 1999, podríamos apreciar el real significado de los 25 millones de dólares que el gobierno estadounidense entregó al gobierno colombiano como “indemnización” por el zarpazo con el que mantuvo el Canal bajo su absoluto dominio durante 86 años. No hay que olvidar, sin embargo, que su “generosidad” no fue tanta. La “indemnización” fue entregada en 1922 con la condición de que el gobierno colombiano garantizara el acceso del capital estadounidense a las zonas petrolíferas en los tiempos en que el petróleo se convirtió en el líquido más codiciado de la tierra.

Desde los años veinte, primero desde el Departamento de Justicia y después desde el FBI bajo la dirección J. Edgar Hoover, justificaba sus escuchas telefónicas ilegales, su apertura clandestina de correos, su instalación de micrófonos en oficinas y residencias, y su penetración de sindicatos, organismos estatales o sociales con agentes camuflados, con el propósito de contener la “amenaza comunista”, la que era confrontada al interior de los Estados Unidos y también en otros países del mundo.

En Colombia, los primeros seguimientos e informes de inteligencia del gobierno estadounidense sobre Jorge Eliécer Gaitán fueron elaborados después de que en septiembre de 1929, Gaitán desnudase lo acontecido en la Masacre de las Bananeras y concluyese su intervención señalando: el gobierno colombiano tiene una rodilla hincada ante el oro yanqui, y la metralla asesina para su propio pueblo.

Al finalizar los años treinta, la potencia hemisférica, que se aprestaba a convertirse en la más grande potencia mundial, tenía claro que en todos los países de América Latina –su despensa para la proyección del poder planetario– era indispensable controlar los organismos de inteligencia para obtener toda la información crucial sobre los diversos actores de poder, y controlar también los nombramientos y la mentalidad de la alta oficialidad encargada de dirigir las Fuerzas Armadas. Comunistas eran todos aquellos que potencialmente o de hecho pudieran cuestionar o erosionar el dominio económico y político de la potencia global, la que para entonces ya había desbancado al Reino Unido de tal sitial.

Spruille Braden y Laureano Gómez

El primer embajador –nombrado en tal calidad– de los Estados Unidos en Colombia fue un empresario texano: Spruille Braden. Ejerció como embajador entre 1939 y 1942, durante el gobierno de Eduardo Santos. Antes de asumir su responsabilidad había sido agente de la Standar Oil Company en el marco de la Guerra del Chaco, y accionista de la United Fruit Company. Dos empresas con intereses en Colombia.

En Colombia, se publicó un Memorando1 redactado por Spruille Braden sobre la entrevista que sostuvo la tarde del jueves 20 de marzo de 1941, en casa de Francisco Urrutia, con Laureano Gómez, y José de La Vega, cofundador del diario El Siglo. En el Memorando Braden señala que Laureano acudió a la reunión con gran preocupación por el retiro de las pautas publicitarias de las empresas norteamericanas y porque le han dejado saber que tendrá crecientes dificultades para comprar en Estados Unidos el papel para imprimir el diario. Braden responde con las inquietudes de la embajada y de los empresarios patrióticos por las posiciones pronazis y anti estadounidenses del diario.

Laureano le juró a Braden que él no era antinorteamericano, afirmó que él era pronorteamericano, y al ser confrontado por Braden con informes sobre sus vínculos con la embajada de Alemania en Colombia, y con la embajada del franquismo en Colombia, sus reuniones con Gotfried Schmitt, funcionario de la embajada alemana, y sus declaraciones pronazis, desde 1939, coincidiendo los avances de Hitler con la victoria de Franco en la Guerra civil española, Laureano enrojeció y no pudo hilvanar palabra.

Los días 23 y 24 de marzo de 1941, fue notoria la variación en la política editorial de El Siglo. Cesaron los editoriales y los artículos contra los Estados Unidos, y se iniciaron los textos pronorteamericanos. De esta manera, sin dignidad, el Partido Conservador, dirigido por Laureano Gómez, viraba hacia el acatamiento del nuevo poder global norteamericano y de esa manera abría su camino hacia el poder estatal.

Braden informó sobre la reunión sostenida con Laureano en un cable estrictamente confidencial dirigido al Departamento de Estado:

“7. Aunque en todo momento debemos tener en cuenta la admonición del presidente Santos de que Gómez no es en absoluto un hombre confiable y no vacila en mentir, distorsionar, y citar incorrectamente, tampoco hay que olvidar que siempre tomará el camino que considere más conveniente para sus propósitos. Por lo tanto, si alguna vez llega al Poder, teniendo presentes estos hechos y nuestra posición en el hemisferio, estoy seguro de que Gómez puede ser manejado. En efecto si por cualquier circunstancia el partido conservador volviera a tomar la riendas del gobierno, en condiciones internacionales favorables a nosotros, no recibiríamos menos colaboración que ahora”2.

Y el funcionario de marras no se equivocó, ya que Laureano prestó la colaboración muy pronto, en primera instancia con la legislación favorable a las petroleras norteamericanas, luego con el envío del Batallón Colombia a Corea. Y, cuando se abran los archivos que aún permanecen ocultos sobre el nueve de abril, se sabrá lo que ahora se sospecha: su colaboración en la operación encubierta con la que eliminaron a Jorge Eliécer Gaitán, y abrió su camino a la presidencia en 1950.

El embajador de la coca

Lewis Tambs fue nombrado como embajador de los Estados Unidos en Colombia en 1983, cuando Ronald Reagan lideraba el embate contra la revolución sandinista, triunfante en Nicaragua en 1979. Al llegar a Colombia regia el gobierno Belisario Betancourt, quien había logrado abrir una puerta de paz con las Farc. Tambs fungió como embajador hasta 1985.

En 1985, estando aún en funciones, la embajada de los Estados Unidos se opuso entre bambalinas a un acuerdo para que un candidato del partido liberal, con un proyecto nacionalista, diese continuidad a los acuerdos de paz. Con la política del garrote y la zanahoria logró el nombramiento de Virgilio Barco como candidato liberal, funcional a los designios de la embajada.

Presiones con logros que extienden sus nefastas consecuencias hasta nuestros días. El 21 de agosto de 1989, cuando ya estaba bien adelantada la misión de ahogar en sangre los acuerdos de paz, la revista Semana publicó un artículo titulado: “El embajador de la coca”, en el que presentaba las revelaciones de una investigación del parlamento costarricense.

En síntesis, la investigación mostraba que Lewis Tambs, embajador de los Estados Unidos en Costa Rica entre 1985 y 1987, presionaba al gobierno de aquel país para que en una pista de aterrizaje construida al norte de su territorio pudiesen aterrizar aviones que llevaban armamentos a los paramilitares que enfrentaban al gobierno sandinista, conocidos como “La contra”. Después de descargar las armas, los aviones de la Southern Air Transportation regresaban a los Estados Unidos con cargamentos de cocaína. La operación era coordinada por el Coronel Oliver North. Las investigaciones del Congreso estadounidense revelaron que la empresa había sido propiedad de la CIA entre 1960 y 1973. El FBI reveló que el Clan Ochoa de Medellín había utilizado la aerolínea para sus exportaciones de “snow”. El Congreso de los Estados Unidos había prohibido expresamente brindar ayuda militar a los escuadrones de “La contra”. Lewis Tambs había cobrado notoriedad en Colombia por acuñar el término narcoguerrilla, en su retórica de la guerra contra las drogas, desdecida por sus acciones de apoyo al narcotráfico utilizado para la guerra política contra el sandinismo.

Treinta años después, en 2018, Oliver North fue nombrado como presidente de la poderosa Asociación Nacional del Rifle en los Estados Unidos, organización que giró treinta millones de dólares para la campaña presidencial de Donald Trump.

Ahora anuncian que el nuevo embajador propuesto por Trump para nuestro país es Philip Goldberg, funcionario experto en asuntos de inteligencia, coordinador del Plan Colombia en la Embajada de Estados Unidos de aquellos años, asistente del embajador de los Estados Unidos en Bosnia –mientras el país estaba en guerra–, embajador en Cuba y en Bolivia, de donde fue expulsado por sus actividades conspirativas con el gobierno de Evo Morales.

Puede estar segura la sociedad colombiana, sin mucha dificultad, que habrán más desayunos, más huevo con ají bien picante, por parte de la nueva “señoría” que llegará a ocupar el búnker situado en Bogotá en la avenida 26 con 48, e imaginarse, también sin mucha dificultad, mucho silencio por parte de aquellos a quienes hablará a su oído este representante de multinacionales: políticos representantes del alto gobierno, así como de algunos partidos del establecimiento, al igual que propietarios de los principales emporios del país, gente sin vergüenza, dignidad, ética ni moral.

* Revista política estadounidense con sede en Nueva York, publicada por Harper&Brothers desde 1857 hasta 1916.
1 Revista Número, diciembre de 1999-enero de 2000.
2 Revista Número. Entrevista con Laureano Gómez. 26 de marzo de 1941. Dic-Feb 1999-2000.

 


Recuadro

 

Un nuevo orden internacional

 

Malos recuerdos, eso es lo que tienen en todos los países en sus relaciones con el imperio más grande que hasta la fecha ha conocido la sociedad global. Invasiones, robo de sus recursos naturales, complots, golpes de Estado, asesinato de ministros, presidentes, así como de miles de ciudadanos indefensos atacados por francotiradores, pero también por agentes secretos –protegidos por diversos poderes en el país de sus misiones–, pero también con drones, como es común desde hace años.

En nuestra región quienes tienen el peor de los recuerdos son los mexicanos, que perdieron dos millones de kilómetros cuadrados, cuando se acercaba el final de la primera mitad del siglo XIX.

Lejos de nosotros, los japoneses llevan en su memoria el horror de las bombas atómicas lanzadas sobre población civil, con el simple propósito de impedir que la URSS venciera a Japón, si se prolongaba la Segunda Guerra Mundial, y así quedará con el control de aquellos mares.
El recuerdo de los vietnamitas no puede ser diferente. ¿Qué sentirán los afganos, los iraquíes, los iraníes, los palestinos, etcétera?

Ahora, en los años que corren, las cosas no cambian de color: prosiguen con su política contra Cuba, bloquean de igual manera a Venezuela, amenazan a todo aquel que opte por una política no sometida a los intereses de las 50 estrellas.

Una política que empieza a encontrar competencia en potencias que ahora amenazan su poder, bien en lo económico, lo comercial, lo tecnológico, en ciencia, en poderío militar, abriendo campo para que el mundo haga el transito del unilateralismo al multilateralismo. China y Rusia son las potencias, en uno u otro campo, que ahora le hacen contrapeso.

Es una disputa que dará paso en pocas décadas a reorganizar el Orden Internacional heredado de la Segunda Guerra Mundial, pero que por ello no traerá nada bueno para los pueblos del mundo, pues al fin y al cabo es una disputa entre potencias de las cuales se benefician los capitales que representan e impulsan cada uno de estos países, pero no los pueblos.

Es por ello que de nuevo está a la orden del día la necesaria coordinación de las luchas de resistencia existentes por diversidad de países, de cuyo entrelazamiento deben surgir las bases para la instalación de un Orden Internacional Alternativo, para el cual y con el cual se pongan en marcha cientos de experiencias de intercambio económico y soberanía popular, políticas de solidaridad no sometidas a ningún Estado, mecanismos de protección y denuncia ante la represión que pueda sufrir cada una de estas experiencias, espacios de deliberación y definición de políticas comunes, así como de investigación y construcción de nuevas teorías que alienten la insurgencia global contra un orden mundial abrazado a la muerte, cuya expresión de violencia ampliada es su visión sobre el desarrollo y la naturaleza, y con ello la catástrofe ambiental que ya todos vivimos y padecemos.

Publicado enEdición Nº257
“En Rojava conocí la humildad y la generosidad”

Cientos de voluntarios internacionales han participado en el norte de Siria en la lucha armada contra la organización yihadista liderada por Abu Bakr al Baghdadi. Brecha conversó con uno de ellos, que partió de Barcelona para integrar en los últimos meses las fuerzas de autodefensa del pueblo yazidí.


Cuando vio las “barbaridades” que Estado Islámico (EI) cometía en Siria e Irak, tomó una decisión que nunca se le hubiera pasado por la cabeza. Robin Poe –nombre que utiliza por cuestiones de seguridad– es un ciudadano de Barcelona con “casa, moto, coche y mujer”, como él mismo dice. Hace varios meses, decidió viajar a Rojava (el Kurdistán sirio) y ponerse a disposición de las fuerzas de autodefensa kurdas para combatir al grupo yihadista, que, en su esplendor, llegó a tener bajo su control entre ocho y diez millones de personas.


Desde que las Unidades de Protección del Pueblo (Ypg/Ypg, por sus siglas en kurdo) comenzaron a defender el territorio sirio, cientos de internacionalistas viajaron para sumarse a la resistencia contra EI, que fue coronada en marzo, cuando los últimos yihadistas fueron derrotados en la pequeña aldea de Baghouz, en la provincia de Deir Ezzor, fronteriza con Irak (véase Brecha, 29-III-19).


Poe –que todavía se encuentra en el norte de Siria– recuerda, en diálogo con Brecha: “Mi vida antes de tomar la decisión de partir hacia Rojava era la de cualquier persona de a pie, con un trabajo humilde”. Para el internacionalista, el punto de inflexión fue ver todos los días “en los noticieros las barbaridades que cometía Estado Islámico ante los ojos del mundo y que nadie hiciera nada”.


Sin explicar demasiado de qué forma, cuenta que se puso en contacto con las Unidades de Resistencia de Shengal (Ybs), las fuerzas de autodefensa aliadas a las Ypg/Ypg que el pueblo yazidí organizó cuando EI arrasó las regiones del norte de Irak en 2014, y masacró y secuestró a miles de pobladores. “Tras unos meses conversando, me dijeron que podía viajar cuando estuviese listo para unirme”, confirma. Durante un mes, luego de arribar al territorio, recibió un curso de formación militar y política, un proceso por el que pasan todos los voluntarios internacionales.


Los yazidíes son un pueblo originario de Oriente Medio que profesa una religión sincrética, monoteísta, que toma conceptos del cristianismo, el islam y el zoroastrismo. Erróneamente, son conocidos como

“adoradores del diablo”. El pueblo yazidí se encuentra distribuido en el norte de Irak –especialmente en la planicie y las montañas cercanas a Mosul–, en el sur de Qamishli –en Rojava– y en la provincia de Mardin, en el Kurdistán turco. También hay yazidíes en Armenia, Georgia y Europa central, sobre todo en Alemania, como parte de la diáspora que escapó luego de sufrir persecuciones, masacres y hasta genocidios.


LA LUCHA POR EL TERRITORIO.


Una vez en Rojava, Poe se sumó a las fuerzas de autodefensa con el objetivo principal de redoblar los combates contra EI. “He luchado durante siete meses; en concreto, en la zona de Deir Ezzor, en el desierto”, cuenta. Reconoce que participó en 14 operaciones –emboscadas, sabotajes, ofensivas y contraofensivas– y que hubo momentos en los cuales pensó en cometer “locuras” luego de arrestar a los yihadistas de EI. El odio que le despiertan los miembros de ese grupo es tan grande que ni siquiera intentaba comunicarse con ninguno cuando se entregaban luego de las derrotas.


Si bien las Fuerzas Democráticas de Siria (Fds), que nuclean a las Ypg/Ypg y a milicias de otras nacionalidades de la región, tienen el apoyo de la coalición internacional liderada por Estados Unidos, Poe reconoce que lo que más le impactó “fue ver que Estados Unidos y sus aliados han podido parar este conflicto desde el minuto cero, y no lo han hecho, por el único interés que mueve al mundo: el dinero; hay que tener en cuenta que todas las guerras tienen un fin, y es el económico”.


Al ingresar a las Ybs, el barcelonés se sintió contenido y apoyado. “La relación con los combatientes de las Ybs siempre fue genial: son personas muy agradecidas. Desde el primer momento, nos hicieron sentir como en casa. Nos daban sus propias mantas cuando había, algún colchón flaquito, comida, en fin, de todo. Lo poco que tuviesen era primero para nosotros”, relata.


“En las Ybs son auténticos guerreros, sin miedo a morir”, remarca. “No creo que conozcan qué es el miedo en combate; son increíbles. Todos fuimos a luchar por algo en lo que creíamos y contra la barbarie radical islamista, contra el maldito Daesh.”


Al referirse al pueblo yazidí, no duda en calificarlo como “maravilloso, muy hospitalario”: “Nos hacían todo más fácil”. “Lo que me asombró de la población yazidí es la generosidad y la hospitalidad con el extranjero”, dice. “A veces, he llegado a sentir vergüenza de cómo nos han tratado: como si fuéramos reyes, preparándonos manjares. Ellos robaron un pedacito de mi corazón.”


INTERNACIONALISMO CONTRA EI.


La lucha del pueblo kurdo despertó admiración en muchas partes del mundo. Desde militantes de organizaciones de izquierda hasta personas sin contacto alguno con la historia de Kurdistán, estas personas decidieron lanzarse a un territorio que todavía se encuentra cruzado por la violencia armada, el desplazamiento forzado de personas y una disputa geopolítica en la que confluyen las principales potencias mundiales y regionales.


Robin Poe tiene presente todo el tiempo los días de guerra cruenta. “En las operaciones de Deir Ezzor estaba todo minado; había cadáveres, bombas trampa por todos lados”, rememora. “Las personas apenas tenían comida: Estado Islámico las estaba matando de hambre y sed.” Cuando las milicias kurdas avanzaban liberando pueblos y aldeas, los miembros de EI “huían y mataban a todos los que podían”. “Por eso, me ponía muy contento cuando acabábamos con ellos. Sabía que así nunca más violarían a una niña.”


Las masacres cometidas por EI –ahora transformadas en atentados focalizados en diferentes partes el mundo– dejaron una marca que será muy difícil borrar. Las heridas todavía están presentes en los pueblos que sufrieron a manos de los seguidores de Abu Bakr al Baghdadi, que después de cinco años reapareció, a fines de abril, en un video de 18 minutos difundido por Al-Furqan, medio vinculado a EI.


“Después de haber combatido, creo que soy mejor persona –analiza Robin Poe–. Sabía que, llegado el momento, no me temblarían las manos para acabar con esos criminales. Pero jamás pensé que se me daría acabar con esa gentuza. En Rojava conocí también la humildad, la generosidad, que la gente se entregara toda sin querer nada a cambio.”


Ahora, Robin Poe espera salir del territorio, luego de que las Fds ordenaran el retiro de algunos contingentes de internacionalistas. Por estos días, disfruta, junto con los pobladores, de los festejos por haber liberado Baghouz y haber dado uno de los golpes mortales más poderosos a EI. Los días futuros de Robin son una incógnita. Sabe que en su país volverá a los trabajos esporádicos de siempre. Uno de sus sueños, aunque luego de la guerra pueda sonar simple, es aprender el oficio de soldador. “Ahora toca volver, pero antes, terminar con lo que vinimos a hacer”, dice.


Por estos días, en Rojava se define un futuro incierto. La autonomía defendida por los kurdos y los pueblos que habitan el norte de Siria se encuentra amenazada por Turquía y, en menor medida, el propio gobierno sirio. Ninguno de estos poderes muestra interés en el proyecto que encabezan los kurdos, basado en el empoderamiento de las mujeres y la convivencia entre nacionalidades y religiones.
Como última reflexión de su experiencia, Robin Poe afirma: “La revolución en Rojava ha sido maravillosa desde el punto de vista de cómo hombres y mujeres caminan juntos a luchar, a la guerra, sin miedo, con la alegría de defender y luchar por lo que ellos creen: la consigna ‘mujer, vida, libertad’”.

Por Leandro Albani
31 mayo, 2019

 

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Viernes, 31 Mayo 2019 06:03

Palestina: juego de palabras

Palestina: juego de palabras

John Berger después de un viaje a Palestina apuntaba cómo ésta se convertía en "escombros" bajo la ocupación israelí. Por todos lados había también "cascajos de palabras", vocablos "que ya no albergaban nada" y "cuyo sentido ha sido destruido".

En sus ojos "la cuidadosa destrucción de la gente" venía acompañada de "la cuidadosa destrucción del lenguaje (y el silencio)" ( Hold everything dear, 2007, p. 15).

Norman Finkelstein en el mismo contexto –y espíritu– enfatizaba la necesidad "de llamar las cosas por su nombre". Evocando a Confucio, que afirmaba que "toda la sabiduría venía de allí" –"algo que podría sonar como una frase de la galleta de la fortuna"–, subrayaba que ésta en realidad "es una idea muy profunda".

–“¿Es preciso entonces –hablando de las manifestaciones en marco de la Gran Marcha del Retorno en Gaza– decir que ‘los palestinos tratan de romper el cerco fronterizo’?”, preguntaba.

–Y respondía: "No".

–"Los palestinos en Gaza tratan de romper el cerco del campo de concentración. El cerco del gueto. El cerco de la prisión" (bit.ly/2Lt71Gx).

Tras más de un año de la Gran Marcha y una sádica y totalmente desproporcionada supresión de ella por Israel con saldo de más de 250 muertos –incluidos niños, socorristas y periodistas– y 6 mil 500 heridos (bit.ly/2UXBNf0), cientos con piernas amputadas –los francotiradores a propósito apuntan a ellas con la munición de fragmentación–, la aviación israelí acabó bombardeando hace unas semanas a Gaza "en respuesta a los cohetes de Hamas", dejando de lado que su lanzamiento fue una reacción al previo asesinato de otros cuatro manifestantes y 116 heridos, incluidos 39 niños (el saldo del bombardeo era otra lista de muertos).

Gideon Levy, precisamente en un afán de "llamar las cosas por su nombre" –y muy a contrapelo de la narrativa dominante–, habló, refiriéndose a los cohetes, del "levantamiento en el gueto":

"Poco después del Día del Recuerdo del Holocausto el saber que 2 millones de personas están encerradas desde hace años tras un alambre de púas en una gigantesca jaula no le recuerda nada a nadie en Israel."

Y seguía: "Gaza es un gueto y lo que está pasando allí es una insurrección. No hay otra manera para describirlo" (bit.ly/2MaBMVa).

Tampoco hay otra palabra para hablar de Israel –y por extensión de los territorios ocupados– que "apartheid".

"El institucionalizado régimen de opresión y dominación sistemática de un grupo racial por otro" –como reza la definición– es justo lo que hay después de que éste (ya sin tapujos) se declarara "un Estado judío y para los judíos" al adoptar la Basic Law (bit.ly/2X5s33y).

El próximo gobierno de Netanyahu, que prometió en campaña anexar a Cisjordania garantizándose el triunfo –al final para él y muchos más, si ya estábamos en lo de las palabras, esto nunca era "Cisjordania", sino "Judea" y "Samaria"–, "será el gobierno de anexión", subraya en otro lugar Levy (empacando más gente en el gueto-Gaza o "pasándoselos" a Jordania) y uno que “en pleno siglo XXI ante los atónitos líderes mundiales declarará el segundo Estado de apartheid estilo Sudáfrica” (bit.ly/2Qq2GH2).

Es justo aquí donde entra Trump con su "plan de paz para el Medio Oriente" –apodado bombásticamente Deal of the Century– aún no publicado pero listo y en parte filtrado (bit.ly/2Jf1O7o).

Su lógica reside simplemente en reconocer los facts on the ground (cuya primacía siempre ha sido el meollo del colonialismo israelí), seguir la estrategia de la "gettoización" de los palestinos y –en esencia– en una perversa destrucción del sentido de las palabras de la que hablaba Berger.

Estados Unidos ya lleva tiempo trabajando en ello.

Así Jerusalén ya no es la "ciudad con estatus especial", sino "la capital de Israel" (embajada de Washington ya está allí); los refugiados palestinos ya no son "refugiados" (su administración dejó de financiar la UNRWA y tuerce la mano a Jordania y Egipto para que les den ciudadanía a fin de desaparecer a los palestinos como "un pueblo con derecho al retorno"); los Altos de Golán –raptados en la misma guerra que Cisjordania (1968)– ya no son "territorio ocupado", sino parte de Israel (un claro test antes de la gran anexión).

Lo que quedará –aproximadamente 12 por ciento de la Palestina histórica, un surreal patchwork de bantustanes sin continuidad territorial– se llamará "Nueva Palestina", nombre que hace pensar a uno más en una de las comunidades en medio de la Selva Lacandona, que en un país.

Será "un Estado", aunque uno queda con la duda desde cuando llamamos "Estado" a entidades sin ninguna soberanía, ejército, virtualmente ningún tipo de poderes.

Desgraciadamente –llamemos las cosas por su nombre– la pacificación y colonización de Palestina, ante el total silencio del mundo, ha sido igualmente –casi– total (bit.ly/30W2rIK). El plan de Netanyahu es ahora –apunta un comentarista de Gaza– "forzar a palestinos a aceptar su brutal derrota" (bit.ly/2EBIpJY).

Visto así, hay una palabra, o término, muy apropiado para esto: "la solución final de la cuestión palestina".

Y si alguien se siente ofendido por la referencia a Endlösung (bit.ly/1TBVWRk) –aunque de verás uno no tiene la culpa que muchas palabras de aquellos tiempos, no sólo "gueto" o "campo", sirven para hablar de Palestina e Israel: Gleichschaltung, Herrenvolk, Untermenschen, Sonderbehandlung–, también hay otro modo de decirlo: “ Game Over”.

Por, Maciek Wisniewski*, periodista polaco

Twitter: @MaciekWizz

 

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Miércoles, 29 Mayo 2019 06:24

Ideología reversa

Ideología reversa

Cada vez que los líderes del tercer mundo se propusieron nacionalizar los recursos naturales de sus países, se los acusó de “vende patrias” y de pretender “introducir ideas foráneas”, como si existiese alguna idea que no tuviese algo de foráneo.

Las dos acusaciones han sido, por generaciones, dos clásicos de la cultura popular cuyos orígenes no son difíciles de rastrear siguiendo los rastros del interés económico internacional. Cuatro casos archiconocidos fueron cuatro presidentes electos democráticamente y depuestos por similares golpes militares precedidos por similares estrategias de desestabilización y seguidos de similares dictaduras: Jacobo Arbenz, cuando intentó nacionalizar una pequeña fracción de tierras en Guatemala en manos de la United Fruit Company; Mohammad Mossadegh, cuando intentó cumplir su promesa electoral de nacionalizar el petróleo en manos de British Petroleum en Irán; Patrice Lumumba, cuando intentó conservar los recursos minerales de Katanga en el Congo en manos de las empresas belgas; y Salvador Allende, cuando intentó nacionalizar el cobre y la banca en Chile en manos de empresas estadounidenses (algunas de estas terribles políticas, como la redistribución de tierras, ya habían comenzado con el presidente anterior, el conservador moderado y rival de Allende, Eduardo Frei Montalva).


Otros ejemplos abundan, pero casi todos hundidos en el generoso olvido de los pueblos. Todos fueron acusados, por las potencias coloniales de su momento, de querer entregar sus países al poder extranjero y de promover ideas extranjeras. Como solución a sus planes de nacionalización, primero la propaganda y luego las armas lograron devolver los recursos nacionales a manos de empresas privadas extranjeras con la obvia asistencia de gobiernos extranjeros que en todos los casos, y de forma documentada, actuaron como extensión de los negocios privados en nombre del interés general.


Esta operación de subasta de países se llevó a cabo o se consolidó con la imposición de “ideas extranjeras”, para nada espontaneas ni producto de ningún debate democrático, sino como parte de un plan deliberado por parte de las potencias extranjeras.


Por ejemplo, cuando en los años 50s se hizo evidente el sostenido crecimiento de la izquierda en Chile, se comenzó el envío de estudiantes de Economía de la Pontificia Universidad Católica de Chile a/y desde la Universidad de Chicago. No a cualquier departamento sino a estudiar bajo el directo tutelaje de Milton Friedman y Arnold Harberger, los ideólogos de la reacción contra la corriente iniciada por el cuatro veces presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, por la cual la superpotencia volvió, por unas décadas, a políticas sociales (New Deal, Nuevo Acuerdo). En 1958 Jorge Alessandri le había ganado a Allende por una mínima diferencia de votos y en 1964 la CIA financió exitosamente la campaña electoral de Frei contra Allende. En 1970 el dinero no fue tan efectivo y Allende terminó ganándole a Jorge Alessandri, por lo cual la MIMO (Mafia Internacional de Millonarios Organizados) recurrió al mismo Plan B de todos los casos anteriores: golpe de Estado y dictadura militar para “salvar al país” de alguna amenaza de moda contra la libertad.


Gracias a esta dictadura y a otras en América Latina, los Chicago Boys, los economistas entrenados en la ideología de Friedman, tuvieron carta libre para actuar en Chile y en otros países. Este grupo, sus ideólogos y sus apologistas, centraron y centran hoy sus elogios en la idea de que son ellos quienes han promovido el “libre mercado” y las “libertades individuales”.


Ambos, libre mercado y libertades individuales son ideas muy nobles y positivas. Si no fuese por la hipocresía con la que se las ha aplicado sistemáticamente. No hubo y nunca habrá libre mercado bajo el tutelaje neocolonial y neo imperialista sino lo contrario. Mucho menos hubo libertades individuales, ya que estas políticas necesitaron múltiples dictaduras militares primero y más tarde dictaduras bancarias sobre países arruinados y endeudados por las dictaduras anteriores. El libre mercado y las libertades individuales significaron, bajo estas políticas, libertad de algunos mercados para imponer sus condiciones e intereses sobre otros, y libertad de algunos, de unos pocos individuos para decidir sobre otros individuos, sin excepciones una abrumadora mayoría. Este discurso, esta efectiva manipulación ideoléxica, es semejante al mito que celebra la independencia de Texas de México aduciendo que fue para gozar de “mayores libertades políticas” sin aclarar que se trataba de “mayores libertades de unos a esclavizar a otros”, ya que el gobierno mexicano había regalado tierra a los inmigrantes anglosajones sin haber legalizado la esclavitud, verdadera fuente del “milagro económico” del sur estadounidense.


Pinochet no solo no fue acosado económicamente por Nixon, como lo fuera Allende, sino que además recibió todos los beneficios posibles (morales, ideológicos, militares y económicos) de la superpotencia. Pese a todo, la pobreza y el desempleo no solo continuó creciendo en el llamado “Milagro económico chileno” (mito propagado y diseminado por la poderosa ultraconservadora Heritage Foundation, fundada por Paul Weyrich, Edwin Feulner y Joseph Coors) sino que además, en los 80s, el país se sumergió en una dolorosa crisis económica que ocurrió simultáneamente en otras dictaduras menos exitosas del continente.


Quienes entregaron al país y sus recursos naturales tan codiciados por las exitosas compañías occidentales a fuerza de una dictadura sangrienta, no se los llamó “vende patrias” sino “salvadores de la libertad”. Las ideas indoctrinadas como un dogma incuestionable (cuestionado en todas las universidades de Estados Unidos, menos en el departamento de Friedman) por una simple decisión estratégica de las agencias de Estados Unidos, no se las llamó “ideas extranjeras”.


Fue una operación perfecta, o casi perfecta. Otro típico caso de “ideología reversa”. La mafia neoliberal (a través de sus voceros más pobres, es decir fanáticos) se encargó siempre de acusar a cualquier grupo universitario o de activistas sociales o de intelectuales críticos de practicar las ideas del teórico marxista italiano Antonio Gramsci. Sin embargo, si bien la izquierda tradicional fue gramsciana por su análisis de la realidad y por su natural resistencia crítica al poder (que se expresa y consolida por el sentido común prefabricado), la derecha internacional fue siempre gramsciana en la aplicación del poder a través de las ideas colonizadas.


Se puede ocupar un país, se puede imponerle un gobierno títere por un tiempo limitado, pero si el objetivo es permanecer, la única forma posible es colonizar las ideas de un pueblo hasta inocularlas con un interés parasitario que con el tiempo terminarán adoptando como propias. Tan propias que cualquier cosa que suene diferente, como la recuperación soberana de sus recursos, será aplastada con calificativos como “ideas foráneas” –y sus propulsores “vende patrias”.


Pero a toda esta ingeniería de las ideas que define nuestro mundo hay que sumarle un aliado fundamental: ese miedo que es parte de la condición humana, ese miedo de un mendigo que es capaz de matar y morir por conservar las pocas pero sonantes monedas que le tiró un buen señor a la salida de la iglesia y que le costó todo el día ganar.


El 19 de mayo de 2019, en Morehouse College de Atlanta, el multimillonario invitado a dar el típico discurso moralizador de graduados, Robert F. Smith prometió pagar la deuda de los estudiantes por haber estudiado. La audiencia estalló en llanto. Un gesto noble, sin dudas. Con sus viejas trampas, por lo expuesto desde hace veinte años...

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Tras el fallido golpe, el relato de intervenir

El opositor venezolano envió una carta a Craig Faller, jefe del Comando Sur norteamericano, pidiéndole una reunión formal. Internas en el gobierno de Trump.

El llamado a la intervención militar norteamericana en Venezuela ha dado nuevos pasos. El primero fue dado por el jefe del Comando Sur de Estados Unidos (EE.UU.), Craig Faller, quien afirmó estar “listos” para “discutir cómo podemos apoyar el futuro rol de aquellos líderes de las Fuerzas Armadas que tomen la decisión correcta de poner en primer lugar al pueblo de Venezuela y restaurar el orden constitucional”. El segundo paso estuvo a cargo de Juan Guaidó, quien el día sábado afirmó que su representante en EE.UU., Carlos Vecchio, haría el pedido formal de reunión al Comando Sur. El tercero fue la confirmación del pedido, a través de una carta hecha pública.


“Juan Guaidó me pide comunicarle que el gobierno interino agradece y recibe el apoyo de Estados Unidos y confirmarle nuestra disposición para comenzar las conversaciones respectivas a la cooperación que ha sido ofrecida por su comando (…) acogemos con beneplácito la planificación estratégica y operativa”, afirma, entre otras cosas, la carta enviada por Vecchio a Faller, quien se presenta como embajador de la república bolivariana de Venezuela, como parte de la ficción de gobierno sin territorio, ni administración ni fuerza armada.


Este movimiento en tres tiempos forma parte de la narrativa intervencionista que ha tenido discursos encontrados luego de la derrota del intento de golpe del 30 de abril en la mañana. Por un lado, ha existido una escalada centrada en el secretario de Estado, Mike Pompeo, el asesor de seguridad nacional, John Bolton, y Faller. Son quienes han mantenido la construcción de que Venezuela sería cabeza de playa de los enemigos norteamericanos, en particular Rusia, Cuba, Irán, Hezbollah y China.


Por otro lado, tuvo lugar un descenso de la escalada anti-rusa por parte de Donald Trump luego de un llamado con Vladimir Putin. Esto debe entenderse no solamente por el caso Venezuela, sino dentro del cuadro mundial de disputas abiertas y el propio tiempo interno del debate norteamericano, marcado, entre otras cosas, por los resultados del informe Mueller que investigó sobre la trama entre el gobierno ruso y la campaña presidencial de Trump.


En ese contexto trascendió vía medios de comunicación, como el Washington Post y CNN, las tensiones internas entre Trump y el equipo encargado de Venezuela. El presidente estaría descontento ante la evolución del cuadro, la prolongación de un conflicto que le habían sido presentado como de sencilla resolución. Ante eso, y la posibilidad de que un halcón neoconservador como Bolton conduzca la situación hacia la salida militar, habrían comenzado a abrirse las diferencias. Las mismas tampoco deben solamente verse respecto a Venezuela sino a estrategias más amplias de política exterior y formas de avanzar en los diferentes frentes abiertos.


El llamado hecho por Faller y respondido por Guaidó está enmarcado dentro de esa falta de acuerdo a lo interno de EE.UU. La operación permite aumentar la narrativa intervencionista en una situación de desmovilización y crisis de expectativas de la base social de Guaidó, y busca tener un efecto dentro de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb) con el objetivo de hacer creíble la posibilidad militar, y lograr de esa manera que se produzcan quiebres y rendiciones internas.


La carta enviada es la principal iniciativa de la derecha que el día sábado reunió a dos mil personas en un acto en Caracas que debía ser masivo. Junto a eso ha planteado la necesidad de que Venezuela se reintegre al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), una política que forma parte de la narrativa intervencionista que, sin embargo, no cuenta con mayor respaldo diplomático que desde el inicio del conflicto. La vicepresidente de Colombia, Marta Lucía Ramírez, afirmó por ejemplo que: “La posición del gobierno que es una sola que es la del presidente que ha descartado cualquiera iniciativa de Colombia para una intervención militar”.


Los próximos pasos internacionales esperados son la reunión que tendrá Pompeo con Vladimir Putin hoy, y el envío a Caracas la semana próxima de una misión técnica del Grupo Internacional de Contacto, integrado por varios países de la Unión Europea y de América Latina. El Grupo es quien aboga por una salida electoral en un cuadro donde el gobierno está dispuesto a sentarse a dialogar y negociar, mientras que la derecha, bajo líneas de EE.UU., continúa anclada en la postura del no-diálogo con el gobierno venezolano.

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Al borde de la catástrofe humanitaria en la Franja

La agencia especializada de la ONU precisa U$S 1200 millones al año para mantener sus escuelas, clínicas y bancos de alimentos para cinco millones de refugiados palestinos en Gaza, Cisjordania, Siria, el Líbano y Jordania.

Gaza está al borde de una “catástrofe humanitaria” y un millón de palestinos pronto podrían pasar hambre, advirtieron las Naciones Unidas. Se espera que el presupuesto de la agencia de refugiados palestinos de la ONU (Unrwa) se agote “en un mes” y que necesite desesperadamente fondos adicionales, dijeron los funcionarios de la ONU. Cerca de 2.000 habitantes de Gaza que fueron baleados por el ejército israelí también pueden perder sus extremidades debido a la crisis de financiamiento. En total, Unrwa necesita 1.200 millones de dólares al año para mantener sus escuelas, programas médicos y de alimentos y apoyo financiero para cinco millones de refugiados palestinos en Gaza, Cisjordania, Siria, Líbano y Jordania. El verano pasado se vio obligado a pedir donaciones adicionales de Europa y el Golfo después de que Estados Unidos, su mayor financiero, decidió recortar todos los fondos, dejando un déficit presupuestario de más de U$S 440 millones.


Sin nuevas donaciones, el golpe más duro será sobre Gaza, un enclave de 25 millas que alberga a casi dos millones de personas y está sujeto a un asedio de 12 años impuesto por israelíes y egipcios. La ONU estima que se necesitarían U$S 20 millones adicionales para tapar una crisis de salud que de otra manera sería inminente. “El peor escenario es que no podríamos continuar alimentando a la mitad de la población de Gaza”, dijo Elizabeth Campbell, directora de la oficina de UNWRA en Washington DC. “Tendremos que cerrar las escuelas, las personas no tendrían acceso a nuestros sistemas de atención médica. Tendremos que recortar empleos “. Después de la Autoridad Palestina, Unrwa es el mayor empleador de personas en Gaza. Campbell advirtió que una Gaza desestabilizada también representaría una amenaza directa para Israel. “Habrá una gran catástrofe humanitaria que se propagará fácilmente a través de los territorios”, dijo. “Estamos profundamente preocupados por las implicaciones de seguridad. Sus adevertencias tuvieron eco en Jamie McGoldrick, coordinador humanitario de la ONU para el territorio palestino ocupado, quién dijo el miércoles que sin fondos inmediatos hasta 1,700 personas en Gaza podrían perder sus extremidades en los próximos dos años.


Unas 29,000 personas en el enclave han resultado heridas por disparos israelíes en protestas y enfrentamientos cerca de las cercas fronterizas durante el año pasado. Al menos 7.000 personas han sufrido heridas de bala, principalmente en las extremidades inferiores. Cientos de ellos necesitan un tratamiento urgente proporcionado por la ONU para salvar sus extremidades. “Estas son personas que recibieron disparos durante las manifestaciones y que necesitan rehabilitación, y una cirugía de reconstrucción ósea muy, muy grave y compleja durante un período de dos años antes de que comiencen a rehabilitarse”, dijo McGoldrick. Sin tales procedimientos, estas personas corren el riesgo de necesitar una amputación, advirtió. Hay temores adicionales de salud si el programa de vacunación de la ONU en Gaza se ve obligado a detenerse.


Mientras tanto, el Programa Mundial de Alimentos de la ONU ya ha tenido que recortar la ayuda para 193.000 personas este año en Cisjordania y Gaza, que tendrá que reducirse aún más si es probable que la agencia enfrente una crisis de flujo de efectivo en junio. Las advertencias se producen cuando Israel y Gaza se tambalean en la cúspide de otra guerra en medio del estallido más violento de la violencia desde el conflicto de 2014. Los combates estallaron el sábado por la mañana cuando facciones armadas dentro de la franja dirigida por militantes lanzaron casi 700 cohetes al sur de Israel, lo que llevó a las fuerzas israelíes a atacar a cerca de 350 objetivos en el enclave. La violencia fue provocada por la muerte de cuatro palestinos, incluidos dos militantes, a lo largo de la frontera por el fuego israelí el día anterior, después de que un incidente de disparos dejó a dos soldados israelíes heridos. Al final del fin de semana, los ataques aéreos y los cohetes habían matado a 25 personas, incluidas dos mujeres y dos niños en Gaza. Cuatro civiles fueron asesinados en Israel. Egipto y la ONU lucharon para negociar un frágil alto el fuego que aún se mantiene. Pero muchos temen que solo será temporal ya que se espera que Estados Unidos entregue su tan esperado plan de paz el próximo mes. El llamado “acuerdo del siglo” ya ha sido rechazado por los palestinos por considerarlo pro israelí.


Los palestinos cortaron relaciones diplomáticas con Washington, un mediador histórico en la región, el año pasado, después de la decisión de Donald Trump de reconocer a la ciudad de Jerusalén como la capital de Israel.


El plan de paz de Trump, si se considera que favorece a un lado, puede ser el detonante para iniciar nuevos combates en el mismo mes en que Unrwa realizará una conferencia sobre promesas de contribuciones para cubrir su enorme déficit de fondos. La presión sobre la situación volátil es la crisis financiera de la Autoridad Palestina. En febrero, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional anunció que había cesado toda asistencia a Cisjordania y Gaza. La Autoridad Palestina también se ha negado a recibir remesas de impuestos de Israel. Además, deduce el cinco por ciento de los impuestos que recauda en nombre de los palestinos para se entregárselos a las familias de las personas relacionadas y encarceladas por Israel por delitos de seguridad.


Bel Trew: De The Independent de Gran
Bretaña. Especial para PáginaI12
Traducción: Celita Doyhambéhère.

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