Viernes, 18 Junio 2021 06:10

El antimonumento, puño-corazón

El antimonumento, puño-corazón

La comunidad Puerto Resistencia, en Cali, que lleva 50 días en lucha contra el mal gobierno de Iván Duque, inauguró esta semana una construcción de 12 metros de altura, que forma un brazo que se extiende hacia el cielo y culmina con un puño que sostiene un cartel con el lema Resiste (https://bit.ly/35usREV).

La obra colectiva fue construida por obreros que trabajaron colocando andamios, soldando y puliendo, mientras la comunidad barrial acercaba arena, cemento y palas. Algunas personas donaron las luces para la iluminación del espacio y muchos objetos. Con esto demostramos al gobierno que sí podemos y el gobierno enojado porque le dimos un ejemplo, lo que hacen los pobres, que la unión hace la fuerza, relata un vecino (https://bit.ly/35usREV).

Artistas y pintoras se encargaron del decorado de la enorme pieza, con escudos multicolores y las caras de varios manifestantes caídos. Una de las pintoras, Valentina, relató a los reporteros su imagen de la obra: “El monumento significa que empezamos desde abajo y vamos creciendo desde la noche, y arriba cuando termina el día, encontramos nuestra palabra ‘Resiste’”. Y agrega que resistencia es victoria.

La obra se concluyó en apenas 19 días de minga y la inauguración fue una fiesta comunitaria en la que hubo música y un cacerolazo sinfónico, con el bullicio de miles de jóvenes, mayores, niños y gente de todas las edades que provenían no sólo del barrio sino de muchos puntos de bloqueo de Cali. Baile y más baile cerraron una jornada memorable.

La obra fortalece la identidad del pueblo caleño, que sigue en pie pese a las dudas y retrocesos del comité de huelga, dispuesto a negociar con el gobierno algunas promesas que no se harán realidad. Las primeras líneas de autodefensa, porque las hay de jóvenes, de madres, de sacerdotes y hasta de militares retirados, se pueden sentir tan identificadas con la obra colectiva como las familias sacudidas por la represión y la muerte.

En rigor, se trata de un antimonumento, bien distinto y hasta antagónico respecto de los que construye la cultura colonial y patriarcal de la clase dominante.

Se trata de una obra colectiva y comunitaria, hecha desde abajo por los de abajo, anónima; por tanto, mientras los monumentos tienen autor, que recibe sus beneficios, Resiste fue hecho por el pueblo y está dedicado al pueblo, mientras los monumentos de arriba están dedicados a varones blancos, militares las más de las veces, violentos y genocidas que reciben el patético nombre de héroes.

En segundo lugar, en la obra de Cali no se exaltan individuos, no se construyen pedestales ni caballos sobre los que monta el héroe. Porque los monumentos de arriba encarnan el maltrato y destrucción de lo vivo: se elevan sobre miradores, encima de animales, de los seres humanos y no humanos. Miran a la humanidad desde arriba, como les corresponde por lo que son.

El antimonumento Resiste enseña todos los colores de la vida, en contraste con la mortecina uniformidad de los monumentos de arriba. Fue construido con los materiales de la resistencia (como los escudos de la autodefensa) y de la vida cotidiana, aquellos que la comunidad fue aportando en silencio y con el entusiasmo de ver reflejada su identidad en una obra que nadie podrá olvidar.

La construcción del antimonumento fue necesariamente posterior al acto de justicia realizado por el pueblo misak, la madrugada del 28 de abril, cuando inició el paro al derribar el monumento al invasor Sebastián de Belalcázar en un mirador de la ciudad. No fue un capricho sino la decisión colectiva de las 58 autoridades de los tres pueblos misak que condenaron al conquistador por genocidio, acaparamiento de tierras y violación de mujeres durante la conquista.

Crear y construir lo nuevo no puede hacerse sin desorganizar y desbaratar lo viejo. No decimos destruir, porque se trata de desmontar el lugar de los opresores, desarticular el sistema capitalista y corrernos del lugar de oprimidos, que pasa por dejar de sostener tiranos y caudillos.

Destruir es otra cosa. Por eso la delegación zapatista en Europa tiene prohibida la portación y uso de armas de fuego de cualquier tipo, y no puede ni proponer, ni sugerir, ni alentar cualquier actividad que implique, o derive en, el uso de armas de fuego en el lugar donde haga su trabajo, señala el comunicado del 14 de junio (https://bit.ly/2RZR8PY).

El antimonumento Resiste durará tanto como la comunidad organizada perdure en su capacidad de movilizarse y defenderse colectivamente. Los cuerpos represivos esperarán el momento para demolerlo, como escarmiento a quienes se atrevieron a soñar mundos nuevos.

Sin embargo, la memoria es terca y quienes se levantaron una vez, saben que volverán a hacerlo cuando sea necesario. La construcción colectiva muestra en lo alto un puño: Un puño cerrado es un corazón, dijo un comunero. La dignidad de los corazones-puño, abriendo caminos.

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La educación que viene: híbrida, líquida, colaborativa...

La pandemia está revolucionando el mundo de la enseñanza. Conceptos como la ‘educación híbrida‘, las habilidades blandas y el papel del profesor como dinamizador forman ya parte de un cambio imparable. Sin marcha atrás.

 

Un proverbio chino lleva un par de milenios advirtiéndolo. «Tus hijos han nacido en otra época; no los limites a lo que tú aprendiste». Una idea que reformuló John Dewey, célebre pedagogo americano, hace ya más de un siglo: «Si enseñamos hoy como enseñamos ayer, les robamos a nuestros hijos el mañana». El modo de enseñar a los niños y jóvenes, sin embargo, apenas ha variado desde que surgieron las primeras escuelas populares, en el XVII, o desde que, empujadas por las necesidades laborales de la Revolución Industrial, estas se extendieron por Occidente, en el XIX. Parece, no obstante, que ha llegado el momento de cambiar. Y la pandemia, convertida ya en gran acelerador de la digitalización, podría ser el último empujón.

«Después de lo que hemos vivido, ya nadie cuestiona que la tecnología está aquí para ayudar a alumnos y docentes», señala Rocío Salguero, experta en tecnología educativa y directora de Formación y Desarrollo de la plataforma The Globe. Al fin y al cabo, el mundo educativo no se paró en los días más duros del coronavirus gracias a la tecnología y muchos creen que estamos ante el punto de inflexión para la llamada ‘educación híbrida o líquida’: aquella que combina la presencia en el aula con el uso de otros recursos para seguir aprendiendo fuera del centro educativo. «La pandemia ha sido el gran banco de pruebas de la educación híbrida, ya que nos ha permitido medir la validez de los formatos digitales en el aprendizaje -subraya Isabel Fernández, rectora de la Universidad Alfonso X el Sabio-. Y los resultados han sido muy buenos».

La demanda y creación de cursos de formación on-line para empresas se ha disparado durante el último año, al igual que las matriculaciones en universidades de educación a distancia como la UNED o la UOC. Este auge, unido a la virtualización forzosa de la enseñanza durante el confinamiento inicial, ha abierto cierto debate entre presencialidad y enseñanza virtual. Un estudio del Centro de Educación Universal, de la prestigiosa Brookings Institution, en Washington D. C., señala que los alumnos aprenden menos cuando lo hacen desde su casa. Y el problema se agiganta entre los chicos con menor nivel educativo, más proclives a perder el hilo en las clases virtuales.

“La pandemia no ha cuestionado la enseñanza presencial. Pero ha demostrado que el aprendizaje mejora si añadimos los recursos digitales adecuados”

Pero la pandemia, en todo caso, ha propiciado cambios irreversibles. «La idea de que la presencia física en el aula es fundamental ya no está tan clara -señala Alberto Mingo, vicerrector de Estudiantes y Emprendimiento de la UNED-. Las nuevas generaciones valoran de forma creciente los entornos de aprendizaje virtual, pero no solo ellos. Cada vez nos llegan más estudiantes más mayores que no aprecian diferencias entre on-line y presencial». Desde el año 2000, el número de alumnos que estudian en remoto en el mundo se ha multiplicado en un 900 por ciento. «La pandemia -matiza la rectora de la Alfonso X- no ha hecho que se cuestione el modelo de enseñanza presencial. Lo que nos ha enseñado es que todo mejora si le añadimos recursos digitales adecuados».

El camino hacia una formación personalizada

Rosalía O’Donnell, CEO de Telefónica Educación Digital, lleva 20 años trabajando en ese campo. «La pandemia ha sido un tiempo de reafirmación para nosotros -señala- porque ha confirmado, por un lado, que la formación en tecnología digital, big data, ciberseguridad, marketing digital o desarrollo de webs y de apps son capacidades críticas para avanzar en la competitividad de nuestras empresas y de nuestro país. Y, por otra parte, hemos visto todos que las herramientas de formación on-line y digital, además de eficientes y eficaces, son la clave para preparar a la fuerza laboral de este país ante los retos del futuro».

Uno de ellos es proporcionar a cada estudiante la formación más adecuada para el desarrollo de sus capacidades: «Las herramientas digitales, además de muchas otras ventajas como la ubicuidad o la flexibilidad, permiten ver a los expertos en formación y pedagogos si un curso está siendo útil a determinado alumno -señala O’Donnell-. Gracias a ellas pueden comprobar si avanza y aprende y, de no ser así, corregir y generar el contenido que realmente necesita». Telefónica Educación Digital, la compañía que dirige, se especializa en formación continua para empresas, pero esta personalización de contenidos es algo que muchos llevan tiempo reclamando como eje transversal del sistema educativo, desde primaria hasta la universidad.

La idea surgió en 1983, año en que Howard Gardner -el John Dewey de nuestro tiempo- formuló su teoría de las inteligencias múltiples en su libro Frames of mind. Según Gardner, Premio Príncipe de Asturias en 2011, existen ocho tipos distintos de inteligencias y si las identificamos en cada niño podremos saber mejor qué habilidades, qué capacidades y qué tipo de aprendizaje es el más adecuado para él. Como dijo Albert Einstein: «Todo el mundo es un genio, pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar a un árbol pasará el resto de su vida creyendo que es un idiota».

Pensamiento crítico, autogestión, resiliencia, tolerancia al estrés, flexibilidad… son las habilidades blandas, claves en la formación

«Es un buen retrato de nuestro sistema educativo, que no tiene en cuenta las capacidades y necesidades de cada alumno y trata y evalúa a todos por igual», explica Rocío Salguero. En nuestro país, sin ir más lejos, casi el 30 por ciento de los alumnos acaba repitiendo curso y el 16 por ciento no concluye la enseñanza secundaria obligatoria. «Por eso este modelo, nos guste más o menos, ya no sirve -retoma-. Debemos educar a los estudiantes para que sepan cómo aprender, cómo convertir información en conocimiento y analizar la efectividad de su propio aprendizaje».

La transformación de la docencia

En este mismo sentido, Josep María Altarriba, decano de EAE Business School, habla de las habilidades blandas o soft skills. «Una de las tendencias en formación es que las mismas personas son la herramienta para el cambio y para ello es preciso el pensamiento crítico, análisis, destrezas en la autogestión, aprendizaje activo, resiliencia, tolerancia al estrés y flexibilidad. Todo ello se gestiona a través de las habilidades blandas o soft skills».

Ayudar a los niños a identificar esos talentos e intereses personales que los involucren en su propia educación y desarrollo implica un cambio radical del paradigma educativo. Una transformación que en 2016 puso en marcha Finlandia, al descartar la enseñanza de asignaturas en favor de otra por temas o fenómenos amplios que integren diversas áreas de conocimiento (phenomenon learning, la llaman). La filosofía subyacente consiste en enseñar que lo importante es la calidad del tiempo y el esfuerzo, no la cantidad; además de desarrollar el pensamiento crítico (para, por ejemplo, detectar fake news en sus relaciones en redes sociales) y la resolución de problemas, con énfasis en la colaboración. Por eso, el gran cambio educativo, señala Cristian Olivé, autor del libro Una educación rebelde (editorial Grijalbo), pasa por la transformación de la docencia. «Ese concepto del profesor que llega al aula y da una clase magistral ante un grupo de alumnos sentados frente a él está abocado a la desaparición -sostiene-. Hay que motivar más a los profesores e implicar más a los alumnos». Dicho de otro modo: para educar a los estudiantes, los profesores deben escucharlos y guiarlos por el camino más adecuado para cada uno. «El profesor debe ser una especie de alumno líder -señala Sergio Calvo, vicerrector de Relaciones Institucionales y Vida Universitaria de la Universidad Europea-. La relación con los alumnos debe ser directa y cercana, sin dejar de ser un guía y un dinamizador. Y este es el gran cambio de paradigma: tú ya no vienes a aprender lo que yo te enseñe, sino que aquí aprendemos todos. Desde luego, es una de las cuestiones que más valoran nuestros estudiantes».

 Por Fernando Goitia / Foto: Ilustración: Mark Smith / Getty Images

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«La gran estafa» de las grandes contaminadoras con la neutralidad climática

Un informe revela cómo las promesas de neutralidad climática de las empresas que más contribuyen al calentamiento global no están respaldadas por ninguna sustancia real.

 

El último año ha estado repleto de grandes promesas y supuestos planes encaminados a frenar la crisis climática. Las empresas superemisoras –las que más contribuyen al calentamiento global– han impulsado una agenda cero neto -también denominado neutralidad climática, es decir, compensar lo que se emite- y, a través de acciones poco realistas que miran a muy largo plazo, han colocado esa máxima en el centro de sus estrategias climáticas. Ahora, un informe revela cómo esas promesas ocultan «de manera grotesca» planes climáticos insuficientes que, lejos de suponer una contribución, retrasarán la acción climática.

La Gran Estafa es un estudio publicado este miércoles y elaborado por las organizaciones Corporate Accountability, The Global Forest Coalition y Amigos de la Tierra Internacional. Su principal conclusión es que los grandes contaminadores promueven una agenda cero neto para «retrasar, negar y engañar»Tanto la comunidad científica como la academia y el activismo han mostrado ya sus preocupaciones sobre centrar las políticas climáticas en la neutralidad climática. Consideran que este tipo de planes no van en la línea de conseguir el principal objetivo del Acuerdo de París: limitar el aumento de la temperatura global por debajo de los 1,5 ºC.

De este informe se extrae que los objetivos de las empresas para lograr la neutralidad climática no suelen estar respaldados por ninguna sustancia real. Muchos de ellos son demasiado ambiguos y no implican una reducción de emisiones real o comportan una aritmética imposible en la que no hay suficiente tierra disponible para las compensaciones que se necesitarían para lograr el cero neto.

Promesas vacías para continuar emitiendo

El informe está construido a partir del análisis de los planes de una serie de industrias contaminantes clave, como las de los combustibles fósiles y de energía, la industria de la aviación y tecnológica, la de venta y distribución de bienes de consumo o la financiera y la agroindustria. También hace una revisión de algunas de las estrategias utilizadas por esas industrias para asegurar que su agenda cero neto se convierta en el punto más importante de la respuesta global a la crisis climática. 

Respecto a los planes, la investigación pone el foco en Shell –la primera compañía obligada por la justicia a asumir su responsabilidad en la crisis climática–. Para el 2030, la petrolera planea adquirir compensaciones de emisiones en un volumen mayor a las disponibles en toda la capacidad del mercado mundial de compensaciones voluntarias de carbono en 2019. 

Según el estudio, el plan climático de Walmart también es «completamente negligente con las emisiones de su cadena de valor». Estas representan alrededor de un 95% de la huella de carbono de la corporación. Mientras, el mayor gestor de inversiones en el mundo, BlackRock, se ha comprometido a lograr la neutralidad climática para 2050 a pesar de que en 2020 proyectó la venta de la mayoría de sus acciones de combustibles fósiles “en el futuro cercano”. El banco todavía posee 85 mil millones de dólares en carbón.

Otro de los planes que analiza el estudio es el del gigante de la carne en Brasil JBS. Una compañía implicada en la deforestación de la Amazonía brasileña que ha prometido acabar con esta práctica en su cadena de suministro para 2035. Hasta entonces, durante 14 años, seguirá contribuyendo a la deforestación en lugar de ponerle fin de manera inmediata.

Presiones a instituciones académicas de renombre

La investigación también hace una revisión de algunas de las estrategias utilizadas por esas industrias para asegurar que su agenda de cero neto se convierta en el punto más importante de la respuesta global a la crisis climática. Una de las principales pasa por encargar estudios académicos para influir en las normas relativas a los compromisos de cero neto de manera que se debilite su eficacia general

Así, el informe revela cómo estas compañías vinculadas a los combustibles fósiles y la aviación ejercieron una gran presión para garantizar la aprobación de un crédito fiscal en los Estados Unidos, llamado 45Q, que subsidia la captura y almacenamiento de carbono. «Es probable que esas mismas corporaciones hayan obtenido millones de dicho crédito, a pesar de no contar con los requisitos que se solicitaban para ser beneficiarios», dice el informe.

Además, algunas corporaciones han hecho contribuciones financieras masivas a instituciones académicas de renombre, como el Instituto de Tecnología de Massachusetts, la Universidad de Princeton, la Universidad de Stanford y el Imperial College de Londres para delinear y ejercer determinado tipo de influencia sobre las investigación que se llevan a cabo sobre el cero neto.

El de Exxon Mobil –la petrolera ha sido ampliamente señalada por negar el cambio climático a pesar de que llevaba décadas sabiéndolo– es un ejemplo: se reservó el derecho de revisar formalmente las investigaciones antes de que fueran terminadas y, en algunos casos, lo hizo con el propósito de incluir a su propio personal en el equipo de investigadores del Proyecto Global del Clima y la Energía de la Universidad de Stanford.

 

Por Alba Mareca | 17/06/2021

Publicado enMedio Ambiente
Martes, 15 Junio 2021 06:18

Hoy recibí una carta

Hoy recibí una carta

Un compañero que vive en Cali, muy cerca de Puerto Resistencia, un suburbio de la ciudad colombiana que desde hace un mes se ha convertido en uno de los 25 “puntos de resistencia”, relata lo sucedido en algunas asambleas1. El relato dice:

“Me gustaría compartir una anécdota que me parece hermosa. En la Primera Línea de defensa, en Puerto Resistencia, hay un niño mudo, que ni siquiera sabe el lenguaje de señas para comunicarse. Sin embargo, ese niño es tratado en pie de igualdad por todos los demás, tanto es así que -en dos de las asambleas que se realizaron- fue invitado a «hablar». Sí, le entregaron el micrófono para que dijera «lo que podía y debía decir». Ciertamente no era una forma de burlarse de él sino de decir que en Puerto Resistencia todos pueden hablar. Todos, incluso aquellos que literalmente no tienen voz. De la misma manera, entonces, en ese espacio, hay que escuchar a todos”.

Mirar el mundo con las y los de abajo supone partir de los pequeños hechos de la vida cotidiana, esos que normalmente no aparecen en los grandes medios de comunicación, pero que son el alimento espiritual de la gente común y el cimiento de la vida comunitaria.

Así es como podemos componer un cuadro de los sectores populares. Un cuadro de conjunto que surge de la combinación de retratos de esa cotidianeidad, un tapiz tejido con muy diversas hebras y colores.

El objetivo es comprender y mostrar la heterogeneidad de la vida real, la vida que rechaza la homogeneización que sirve al sistema capitalista. Ese sistema necesita convertirnos a todos en consumidores de los mismos productos, para que todos vivamos en los espacios iguales.

El capitalismo, en general, se entiende como un modo de producción, una economía que produce bienes. Esta, sin embargo, es una mirada de arriba, que no hace centro en las personas. Si miramos desde abajo, lo que vemos es una enorme diversidad que es aplastada -en cada minuto y en cada parte del mundo- por un sistema que necesita homogeneidad, para destruir la diversidad de la vida y convertirnos en consumidores.

El compa que me escribió desde Cali relata una historia similar a la que viven los pueblos originarios y, en particular, a las que aparecen en los relatos zapatistas.

Los zapatistas nunca comienzan hablando de economía, bolsas de valores, multinacionales, sino con los pequeños acontecimientos de la vida diaria, como las historias del viejo Antonio o las de la niña Defensa Zapatista. Es el modo como la gente entiende la vida, a partir de las pequeñas cosas que nos afectan e involucran.

¿Podemos mirar la vida, el mundo, con los ojos de ese chico mudo que participa en las barricadas de Puerto Resistencia?

El punto es si somos capaces de sentir como siente ese niño mudo; de aceptar que pueda ocupar el centro de la asamblea, desplazando a quienes emiten un discurso racional, ordenado, “político”.

¿Podemos, como activistas de izquierda, imaginar que un niño mudo puede ser sujeto político? Que aunque no habla con la voz, lo hace con el enorme gesto de estar allí, en la barricada, junto a sus pares, poniendo el cuerpo, arriesgando la vida. Para eso, como sabemos, sólo hace falta dignidad, no un programa máximo y otro mínimo.

Si podemos compartir espacios y tiempos con el niño mudo, entonces sí, podemos cambiar el mundo. Podemos construir un mundo nuevo. Porque hemos logrado estar a la altura de un niño mudo (o una mujer que ha sufrido violencia, o cualquier otra persona que el sistema condena por diferente, porque no puede tomar el poder) es porque nosotros ya somos parte de lo nuevo, porque ya estamos caminando con otros pasos.

El nuevo mundo no es la sociedad perfecta, el paraíso al que algún día llegaremos, después de tantos sacrificios. Es una forma de caminar por el mundo, con pies de niña y sonrisas. El nuevo mundo comienza el día en que merecemos sentirnos migrantes, ancianos, niñas, el día que tenemos el honor de volvernos mudos en una asamblea.

1 Se trata de un correo de Alejandro Sánchez Guevara, a quien conocí en uno de mis viajes.

14 junio 2021

Publicado enColombia
Por una industria cultural contrahegemónica y transnacional

Reflexiones a tenor del documental cubano La dictadura del algoritmo

Los niños y adolescentes son muy inteligentes. Más de lo que parecen. No hacen lo que los adultos les dicen que hagan en tanto individuos particulares, sino que imitan lo que el conjunto social realmente hace. Es decir, ante discursos antagónicos prima el conjunto de la praxis social sobre los individuos. Si su profesor les dice que es bueno que lean, pero él no da ejemplo, desde luego no les animará a leer. Pero incluso si ese profesor en realidad lee y no hace sino más que proponerles lo que honestamente considera una de las mayores curas para el alma (la luz del conocimiento); si la mayoría de la sociedad no lee: la mayoría de niños tampoco leerán.

¿Y quién educa hoy a los menores? Por supuesto su familia, sus profesores y las organizaciones o asociaciones donde puedan desarrollarse. Claro que sí. Pero faltan otros importantes pedagogos, quizás los más importantes en los tiempos que corren: las pantallas. Efectivamente, en un país de capitalismo supuestamente desarrollado como en España, con un 60% de su sistema domiciliario de Internet de fibra y con una imparablemente creciente cobertura móvil en 5G,[1] un alumno de 14 años, consume, promedio, 9 horas de su día frente a la pantalla. 63 horas semanales. Solo contando el ocio, descontando las tareas que el profesor pueda mandar que requieran del ordenador. ¡9 horas de pantallas en su tiempo libre!, ¡más de lo que dedica al sueño![2]

Hace siglo y medio Marx escribió en su célebre Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política(1859)que el desarrollo de las fuerzas productivas era el que condicionaba las relaciones económicas entre los sujetos,[3] es decir, el modo de producción, junto a la lucha de clases. Cuando las tecnologías paridas por el incremento de las fuerzas productivas llegaban a un cierto punto de desarrollo eran incompatibles con el modo de producción existente y por tanto era necesario cambiarlo. Y eso implicaba una revolución social.[4]Sin embargo, dentro de las fuerzas productivas Marx y Engels contaron la ciencia, es decir, la naturaleza humanizada objetivada dentro de nosotros. ¿De qué sirve tener mucha tecnología (naturaleza humanizada fuera de nosotros) si nuestra capacidad de controlarla es paupérrima? ¿De qué sirve tener el 60% de la población con una estupenda conexión a Internet si en su mayoría la emplean viendo contenidos de ínfima calidad creados a partir de los objetivos de obtener la máxima rentabilidad y controlar políticamente a la población trabajadora ignorando por completo los mejores valores que la humanidad ha forjado a lo largo de su evolución?

¿Qué valor tiene que casi todas las familias españolas (incluidas algunas que pasan hambre y tienen a sus hijos por debajo del nivel de pobreza) tengan un smartphone o una tablet si malgastan sus días enganchados a videojuegos violentos, escuchando McMúsica industrial que promueve valores como el sexismo, la agresividad, la violencia, el desprecio a la cultura, el culto a la riqueza o el individualismo más egoísta? ¿Para qué tanto Internet si cada vez más niños todavía siendo menores le quitan la tarjeta de crédito a sus padres para hacer apuestas deportivas online o consumir pornografía sin tener capacidad de asimilar lo que están viendo? ¿Para qué tanto control sobre la naturaleza externa si no somos capaces de controlar nuestra propia naturaleza interna, nuestro ser consciente?

Sumado a ello hemos de anotar que cuando uno mismo no ejerce control consciente sobre sí, está siendo controlado por otros factores. U otras personas. Porque al igual que cuando un sujeto que no es capaz de controlarse y come más de lo que su cuerpo necesita es esclavo de su gula (o ansiedad)generando con ello problemas de salud como sobrepeso, obesidad e incluso obesidad mórbida en el peor de los casos; del mismo modo puede ocurrir que aquel niño o adolescente que no pueden separarse de la pantalla de Facebook, Instagram o YouTube esté contribuyendo con su adicción a que otros forjen su cultura e ideología acorde a sus propios intereses. Primero, porque está permitiendo que otros recopilen sus datos más personales que dejan su huella en el ciberespacio para venderlos a terceras compañías; segundo, porque está exponiéndose a contenidos que otros (de muy distinta clase social)sufragan para que ellos los consuman y, tercero y último, porque está intercambiando su atención por los contenidos con los cuales las empresas transformarán su atención en mercancía que las empresas venderán a los anunciantes.

Comencé hablando de niños y adolescentes. Lo hice para enfatizar que son los más indefensos y que tenemos una responsabilidad con ellos, pero a partir de este párrafo del artículo incluyámonos todos. ¿O es que cada vez más los adultos no andamos pendientes de las pantallitas? ¡Si hasta mi abuela de 92 años anda medio enganchada al WhatsApp! El otro día me dijo que le gustaba más la foto que me había puesto de perfil, más que la otra quería decir, que no le gustaba nada (no me atreví a preguntarle el porqué).¡Y gracias a Dios que casi no me cambio la foto porque me lo dijo apenas a los 5 minutos de hacerlo! En ese momento comprendí que el mundo se enfrentaba a una disyuntiva civilizatoria. Si le pasaba eso a mi abuela, ¿qué no le pasará a los menores? ¿Qué les podemos pedir si nosotros no damos ejemplo?

La tecnología en abstracto puede ser neutral pero en concreto jamás lo es. Es buena o mala, punto. Cuando con el cuchillo cortamos el pan y nos hacemos un bocadillo bien sabroso es buena o cuando el cirujano con su bisturí nos salva la vida de una letal enfermedad. Pero es mala, peligrosa, en manos de un asesino, de un ladrón o de una persona que sufra una enfermedad mental que lo enajene de su personalidad real. Hoy tenemos que preguntarnos quién controla la tecnología que nos tiene pasando tanto tiempo de nuestras vidas frente a esas pantallas.

¿Quién están detrás de su fabricación, gestión, producción y difusión de contenidos? ¿Quién decide qué mensajes o contenidos prevalecen por encima del resto? ¿El Espíritu Santo del capitalismo? ¿La “mano invisible del mercado” que diría un Adam Smith deformado por los neoliberales actuales que se quedan con lo que les interesa y ocultan sus diversas críticas al capitalismo? ¿Quién es el dueño de la mano que mece la cuna de tantas horas de nuestros días? ¿Quién y dónde habita?

Por eso creo que el documental cubano La dictadura del algoritmo de Javier Gómez Sánchez es de obligada visión y difusión. En él diversos especialistas y artistas nos dejan reflexiones de calado y nos facilitan que esa maraña de datos tras la cual se ocultan los dueños de nuestros medios parezca un poco menos tupida. Es necesario que este documental llegue a los jóvenes, a las aulas, a docentes y discentes, que los conciencie y haga que las autoridades y el pueblo en permanente diálogo constructivo sepan a qué enemigo se enfrentan. Porque no está afuera, está muy dentro. Tan dentro de nuestras fronteras que ya ha invadido nuestras casas, sus hogares, con una sonrisa y se ha colado incluso en nuestras espacios más íntimos.

En un país como Cuba donde ya 4,2 millones de habitantes de una población de poco más de 11 millones tiene acceso a Internet,[5] cada vez más los problemas anteriormente apuntados requerirán una respuesta lo más inteligente y contundente posible para enfrentar sus efectos adversos (luego pasaremos a enumerar los positivos que todos conocemos pero rara vez verbalizamos). Estos efectos hostiles, si ya son negativos en los lugares donde son los capitalistas los que controlan el país de un modo directo a través de su economía (como por ejemplo en España donde solo el 13,51% de los trabajadores activos están contratados por el Estado)[6] o indirecto mediante sus representantes políticos pagados por grandes capitales que permiten y dan la luz verde a la aparición de sus rostros en los medios de comunicación de su propiedad y por tanto sustentan la partidocracia entre la población; estos mismos efectos negativos pueden ser desastrosos para un país donde la mayoría de su dirigencia política quiere caminar hacia la construcción del socialismo y la mayor parte de trabajadores labora para el Estado. Un país de 11 millones de habitantes que sufre un embargo de más de 60 años de parte de su desagradable vecino de 330 millones que de modo mafioso penaliza a cualquier país del mundo que quiera comerciar con Cuba, un enemigo que pese a su lento pero inexorable declive todavía es la mayor potencia militar del planeta y el segundo país con mayor producto interior bruto del mundo.[7]Nadie querría tener un vecino así.

Así pues, ¿qué efectos tendrá sobre la conciencia de millones la exposición continua a estas redes y sus algoritmos controlados por la clase dirigente estadounidense que está deseando que Cuba abandone la senda de la construcción socialista y se incorpore plenamente a la dictadura capitalista mundial? Dictadura de cuya lógica no se puede, evidentemente, desembarazar por completo por sí solo pues como sugirió con ironía Fidel: Cuba no vive en otro planeta.[8] Por eso mismo, a largo plazo, Cuba necesita la revolución socialista mundial en los países más adelantados en el desarrollo de las fuerzas productivas externas y los revolucionarios de los países capitalistas más desarrollados necesitamos que en Cuba siga existiendo un pueblo con un desarrollo cultural (fuerzas productivas internas al ser humano) tan fuerte como el cubano. Porque con todas sus limitaciones, nos sigue enseñando que otro mundo mucho más humano todavía es posible. ¿Qué ocurriría si como dijo Engels en 1847 en Principios del comunismo la revolución triunfara simultáneamente en los países más desarrollados? ¿Cómo viviríamos todos (incluidos los cubanos) si Estados Unidos, la Unión Europea, la India o Japón fuesen socialistas? No solo ganaríamos en bienestar económico, en desarrollo tecnológico y en intercambio cultural sino también en democracia. Los unos y los otros.

Confieso que tras casi un año del inicio de la pandemia mundial del Covid-19, mientras en mi país capitalista “desarrollado” las víctimas eran mucho mayores cada 100 000 habitantes que en Cuba con un porcentaje de 2 frente 137 muertos,[9] sentí una envidia buena, de compañeros, de cómo se gestionaba la crisis sanitaria en Cuba. Cómo pese a todas las carencias y los obstáculos se ponía el valor de cada una de las personas por encima del dinero mientras aquí en España con un “supuesto” gobierno “de izquierdas” (PSOE más Unidas Podemos) se intentaba hallar un imposible equilibrio entre economía y salud que siempre acababa desplazándose a la preminencia del poder del dinero, del capital, sobre la salud de la población. O lo que es lo mismo: libertad para los negocios, muerte para las personas. Y en esas seguimos.

Mientras Cuba tiene una industria farmacéutica pública desarrollada, mi país “desarrollado” esperaba a que otros les vendieran sus vacunas porque aquí la industria farmacéutica ni es pública ni especialmente desarrollada. De hecho, por la competencia de esas farmacéuticas privadas que nos iban a vender sus vacunas y su intención de pugnar por el mercado capitalista mundial ante una pandemia global (sufrimiento humano + capitalismo = pingües beneficios), a quien les escribe le pusieron la primera dosis de dos necesarias de una marca y tras una extraña campaña de desprestigio mediático de la misma en razón a unos efectos secundarios que sufrieron algunas personas; ahora mi gobierno, todavía no sabe si nos pondrá la segunda (prometida) vacuna de la misma empresa privada, de otra o nos dejará solo con la primera y por ende con un nivel de protección inferior frente al virus. Cosas de la anarquía del “libre” mercado y ese capitalismo tan generador de riquezas como destructor de las mismas.

¿Ese es el sistema al que quieren que Cuba se dirija? No quiero pensar cómo quedaría situada Cuba si en un futuro próximo abrazara ese capitalismo internacional si los habitantes de España con cuatro veces su población y 14veces su PIB vivimos como vivimos (1 de cada 3 niños pobres).[10] ¿Cuál sería el destino de la mayoría de los cubanos? Sin duda alguna, unos pocos bien situados, se harían más ricos (si entendemos tan pobremente la riqueza como para igualarla a la cantidad de dinero que posea cada sujeto, ya saben, aquella mercancía con la que todas las demás se compran y suele acabar colonizando la mente de su poseedor), pero (repito), ¿cuál sería del destino de la mayoría de los cubanos? ¿Y cuál el de la cultura que hoy se promueve desde las instancias públicas? Yo se lo adelanto: sería barrida. En España, uno de cada cinco niños de 9 a 12 años no sabe que la capital de su país se llama Madrid.[11]

Si Cuba no se defiende produciendo unos contenidos que pugnen contra la industria cultural capitalista que les acecha desde la intimidad de sus hogares, estará perdida. Absolutamente perdida. Y nosotros en nuestro mundo capitalista más desarrollado estaríamos más perdidos sin su ejemplo de lucha y resistencia humanista. Y para ello de nada sirve la censura, es imposible porque solo hace más apetecible el producto prohibido que será obtenido sin grandes problemas en el mercado negro o con los contactos con los familiares emigrados a Estados Unidos o a Europa. No se le pueden poner puertas al mar. Además de que quien les escribe, quitando casos extremos que ponen en peligro la integridad de las personas, está en contra de toda censura del florecimiento que supone la libertad individual para una sociedad que camina la senda del socialismo. La mejor sociedad la construyen en armonía la suma de sus mejores individualidades. Solo desde el convencimiento se conquistan las mentes y los corazones, no mediante imposiciones legales que, a veces, hipócritamente son infringidas por los mismos que las promulgan y permiten el florecimiento de mafias y mercados negros. ¿Alguien se acuerda de Al Capone y La Ley Seca o cómo el mercado negro y sus mercaderes acabaron tragándose a la URSS? ¿Acaso Cuba está inmunizada a que no le afecten ninguno de estos males que algunos revolucionarios valientemente han denunciado y acertadamente designado a sus autores como “pichones de oligarcas”?[12] Habrá que estar muy atento, porque los malos pájaros, si se les deja, crecerán deprisa y volarán muy alto.

La dictadura del algoritmo capitalista que rige las redes sociales y las industrias culturales donde cada vez más jóvenes cubanos se sociabilizan, no es solo peligrosa para ellos sino también para sus padres y los propios dirigentes. El Coronel del Ejército de Tierra y Diplomado del Estado Mayor Pedro Baños, experto español de contrainteligencia en la reserva, comenta cómo una parte de los líderes soviéticos fueron seducidos por los cantos de sirena capitalistas mediante series norteamericanas tan nimias como Falcon Crest (1981/1990). El “efecto Falcon Crest” demuestra, según el Coronel Baños, “que nadie escapa al influjo de lo que ve en los medios de comunicación”.[13] Cuando uno está cansado de pisar la tierra que siempre ha pisado, del duro sabor a la realidad y desde el cielo le ofrecen un sabroso fruto que promete librarle de todos sus problemas bajo una atractiva forma es fácil tirar la toalla. Imagínese que en un combate de boxeo, el púgil duramente golpeado con dificultades de levantarse fuera tentado por una atractiva mujer que le dijera: no te levantes, deja que pase el tiempo que después yo te llevaré a casa, te cuidaré y te daré mimos. ¿Cuántos boxeadores no hubiesen colgado los guantes?

La solución no es taparnos los ojos y no ver las pantallas, porque esa tecnología también nos trae oportunidades maravillosas: la posibilidad de contactar y acercarnos a personas de diferentes países enriqueciendo nuestro conocimiento de este planeta que todos compartimos, la disponibilidad de leer una cantidad de libros que antes no estaban ni en la mayor biblioteca del mundo, de disfrutar música y arte, de compartirla, de aprender a tocar un instrumento o a manejar un programa de ordenador o incluso reparar el motor de un coche averiado. Por eso Marx afirmaba que la misión histórica del mercado capitalista era poner a todos los seres humanos del globo en mutua interdependencia.

 ¿Cuántas cosas no podemos aprender si nosotros controlamos a la máquina y no somos controlados por su algoritmo? Pero hay un problema: no podemos conformarnos con pedir a la mayoría de la población esa capacidad de autocontrol. No es cómodo tener que estar constantemente luchando contra el algoritmo y los productos, los sonidos o las imágenes con las que nos tienta. Sería una quimera. Esa guerra cultural, política, la perderíamos. Hemos de ir un paso más allá. Hemos de construir una industria cultural contrahegemónica, socialista, internacional que cree contenidos tanto o más atractivos que los que la industria cultural hegemónica del capital nos ofrece. Pero que lo haga promoviendo la cultura, el humanismo y la fraternidad entre los pueblos. Llevo más de 5 años pidiéndolo y el documental de Javier Gómez Sánchez me ha vuelto a recordar su imperiosa necesidad.[14]

Es la única posibilidad de que mañana el mundo sea socialista y no más bárbaro de lo que es hoy. Es la única posibilidad de que en Cuba el capital no vaya ganando espacio en la economía y en los sueños de sus habitantes. Y para construir esa industria cultural “del bien” necesitaremos muchos recursos, mucha unión y visión internacionalista. Cuba no puede enfrentarse a YouTube. Cuba perderá frente a YouTube. Es honesto reconocerlo. Perderá si no hacemos nada. Los algoritmos promoverán los contenidos contra el gobierno cubano, exagerará sus fallas y se inventará otras que jamás haya cometido. Lo bueno no aparecerá más que a los ya convencidos. Pero a convencidos y no convencidos le aparecerá todo lo malo (lo inventado, lo real y lo exagerado). Y eso día tras día hace mella. Desgasta, multiplica la duda, debilita, hace que colguemos los guantes.

Para construir esa Industria Cultural Contrahegemónica, Cuba necesita al mundo y el mundo a Cuba. Sincera y humildemente creo que el gobierno cubano debería contactar con todos los gobiernos del mundo que estén interesados en apoyar esta industria cultural como hizo con los medios con Telesur (pero aprendiendo de los errores). Debe crear esa industria con todos los gobiernos y las organizaciones internacionales que compartan un mínimo común múltiplo de humanismo, respeto a la vida, la fraternidad, la solidaridad y luche contra la otra industria del beneficio privado.  Pero para hacerlo tiene que proponerlo, realizando un esfuerzo económico proporcional según la riqueza de cada país y los miembros de las organizaciones socialistas y comunistas internacionales que la apoyen. Con los recursos intelectuales y materiales de Cuba, por muchos que sean los primeros en relación a sus habitantes, no bastará.

Eso sí, y esto es muy importante: esta industria contrahegemónica no puede transformarse en un instrumento de propaganda sin más. Si lo hace, fracasará.  No puede no dejar espacio para la autocrítica y la crítica de los pueblos a sus gobiernos, porque si ellos no fomentan la crítica el pueblo la buscará en los medios y la cultura del capital. Es clave retener esto. Los revolucionarios no pueden ocultar la verdad aunque duela porque la verdad siempre es revolucionaria. Y por eso esa industria cultural debe ser un lugar donde haya espacio para el debate y se pueda cuestionar lo que hace desde el presidente de la República al Papa o el presidente de un país amigo. Todo desde el respeto y la educación. Pero si no hay espacio para la crítica, las estructuras se esclerotizan y acaban estallando (Rumanía) o colapsando (la URSS). Y no basta con hacerla en los lugares adecuados, a veces es necesario hacerla públicamente y darle la voz a un pueblo del cual no nos podemos divorciar so pena de que tarde o temprano nos abandone.

Así que además de fomentar todo lo que intenta destruir la industria del capital y los algoritmos a su servicio, este nueva industria cultural transnacional que hemos de construir debe permitir e incluso fomentar la sana autocrítica. No para fomentar una lucha cainita sino para demostrar que somos capaces de construir juntos siendo críticos los unos con los otros y de este modo ir superando nuestros errores. Dicen que los buenos amigos se dicen la verdad. Lo fácil es ocultarla y evitar el conflicto. Mis mejores amigos siempre me han dicho cuándo ellos han considerado que he hecho algo mal y yo he sabido valorar su consejo, estuviera de acuerdo o no, como un ejemplo de amistad, de fidelidad, de amor. Nadie que no sea tu enemigo y te quiera, callará si ve que estás haciendo algo que considera erróneo, que te puede dañar. Nadie que te ame lo hará a no ser que sea un cobarde o un cínico.

El pueblo cubano y el resto del mundo socialista, comunista, tienen dos opciones: o que el algoritmo de YouTube y las otras redes del capital poco a poco o mucho a mucho los venza o hacer nuestro propio YouTube, nuestro propio Facebook y que su algoritmo les venza a los que ahora claman victoria. Que libremente los pueblos del mundo decidan si prefieren sus contenidos humanistas, socialistas, a los otros.

La decisión es sencilla, su aplicación requerirá de gran determinación, muchas conversaciones y muchos esfuerzos además de una gran celeridad. Cada día que pasa es un día perdido para la causa. Quien les escribe es profesor y youtuber marxista y lo sabe. Tengo un canal de YouTube desde el que intento difundir desde hace un año de un modo divertido, divulgativo, el pensamiento marxista. Pese a mis 39 años, la mayor parte de mi público tiene entre 25 y 34 años aunque hay un importante porcentaje de entre 15 y 24 años, lo que me hace muy feliz. Sin embargo, como no entro en el juego capitalista de YouTube de monetizar mis vídeos para transformar la atención de mis espectadores en mercancías que YouTube pueda vender a los anunciantes, YouTube promueve menos mis vídeos. Mientras tanto los youtubers de derecha se ven propulsados hasta alcanzar la vista de todos sus usuarios: tanto de izquierda como de derecha. Los míos no. El algoritmo de YouTube me ignora. ¿Por que le caigo mal? No, el algoritmo no tiene personalidad, simplemente al “pobre” lo han programado así.

Algún lector de buena voluntad podría decirme, Jon, no sea usted tan intransigente y monetice sus vídeos. Hágalo por la causa. Al fin y al cabo usted está haciendo un trabajo no remunerado del que YouTube se aprovecha para capturar público que ya recibirá publicidad en otros canales que sí se moneticen y el algoritmo los redirija tras acabar de ver unos de sus vídeos. Claro, además, según YouTube el algoritmo dirigirá a mis espectadores a un contenido similar que les pueda interesar. Por supuesto, esta es la teoría, muy bonita. ¿Sabe cuál es la realidad? La realidad es que en mi canal tengo un programa llamado “Tu YouTuber Marxista” que como podrá imaginar no se dedica a hablar de lo maravilloso que es el capitalismo y curiosamente ya son muchos los que me han dicho (y yo mismo lo he vivido) que al acabar de ver uno de mis vídeos, han reportado que el algoritmo “celestial” e “inmaculado” de YouTube les ha iniciado la reproducción de uno de los vídeos del periodista y escritor anticomunista español Federico Jiménez Losantos, conocido por escribir libros con nula rigurosidad histórica donde poco menos que compara a Marx y el resto de comunistas con sedientos asesinos en serie. Ya saben, “contenido similar”, según YouTube.

A ese mismo lector de buena voluntad, también le podría decir que si monetizara mis vídeos y pusiera la palabra “capitalismo” en uno de ellos, YouTube me pagaría menos porque los anunciantes (capitalistas) huyen de esos contenidos. Y YouTube, evidentemente, se lo pondría menos a su público porque ellos no recibirían el dinero de los anunciantes. ¿Y cómo voy a criticar al capitalismo sin nombrarlo? Y así con muchas palabras más. Por tanto, nadie puede ganar a YouTube desde YouTube, con sus reglas. Sería igual que si alguien quisiera hacer la revolución socialista jugando al Monopoly. No, no están diseñados para eso sino para lo contrario.[15] Por eso necesitamos nuestros propios medios y nuestra industria cultural.

¿Sabía que tras acabar la II Guerra Mundial la mayoría de los franceses pensaba que la clave de la victoria contra el III Reich de Hitler había sido de la URSS y que ahora en el siglo XXI piensan, tras cientos de películas hollywoodienses que sobrescriben la historia mundial en las mentes de generaciones y generaciones, que el papel clave fue el de Estados Unidos? De hecho, una parte importante de la gente joven, más allá de sus miserias (que sin duda las tuvo y no en grado menor) piensan que la URSS, los soviéticos y los nazis eran aliados y que incluso su ideología era muy parecida sino prácticamente calcada. Una alumna de preuniversitario (en España, bachillerato) me aseguró en una clase que los nazis eran de “izquierdas”. A esto hemos llegado. Y el camino hacia el infierno de la ignorancia supina es infinito.

Quizás dentro de unas décadas la mayoría de los cubaos piensen que Fidel, el Che y Raúl eran en realidad unos ambiciosos capitalistas que montaron una guerrilla para quedarse con todo el terreno cultivable de Cuba y venderle azúcar a los terratenientes colombianos a cambio de cocaína con la que evitaban que la población se rebelase. Sumado a ello en realidad la Invasión de Bahía Cochinos podría acabar siendo una iniciativa del bueno de Kenedy para restaurar la democracia de la que gozaban los cubanos con Batista y su propio asesinato en Dallas seguramente ordenado a algún francotirador “castrista” por Fidel. O quizás por Lenin, o Marx, ¿quién sabe? Puede que en la futura neohistoria, controladas por sus fuentes y sus algoritmos, en 1964 todavía siguieran vivos.

Todo es posible cuando la memoria se impone y la cultura se apaga, cuando las pantallas se encienden y los libros se cierran, cuando el algoritmo controla nuestras vidas y nuestra voluntad se entierra. De nosotros dependerá vencer al algoritmo del capital o hacernos sus súbditos. Industria cultural transnacional y contrahegemónica o barbarie. Palabra de profesor, palabra de youtuber, palabra de revolucionario.

 

Por Jon E. Illescas | 14/06/2021

 

Notas:

[1] CIA. The CIA World Factbook (2020). Estados Unidos (no se especifica la ciudad): Carlile Intelligence Library. Volumen III, p. 206.

[2] Illescas, Jon E. (2020), Educación Tóxica. El imperio de las pantallas y la música dominante en niños y adolescentes. Barcelona: El Viejo Topo [2019].

[3] Las relaciones de producción.

[4] Tras que Marx escribiera este prólogo vimos que las clases dominantes aprendieron la lección y aprendieron a hacer revoluciones desde arriba como la Meiji en Japón (iniciada en 1868) para evitar las revoluciones desde abajo, mucho más peligrosas para sus intereses.

[5] Datos del documental referido y del censo oficial del gobierno cubano.

[6]13,1 de la clase trabajadora activa, 11,35 de la clase trabajadora incluida la no activa que consta como que está buscando empleo activamente (hay otra parte de la clase trabajadora que no está registrada por ser paro estructural de larga duración o lumpen, datos cruzados de la presidencia del gobierno español y el INE (Instituto Nacional de Estadística, partiendo de la población activa y en paro en el primer trimestre de 2021 y el número de empleados públicos facilitado en nota de prensa oficial el 14 de febrero en la web de la presidencia del gobierno de España).

[7] Desde 2014 según el propio FMI.

[8] Declaraciones efectuadas en el documental Looking for Fidel que Fidel Castro grabó junto al cineasta estadounidense Oliver Stone, producido por la productora española Morena Films. Las palabras de Fidel fueron: “Estados Unidos nos bloquea, todos los socios de Estados Unidos. Entonces, yo le preguntaría a Estados Unidos, ¿con qué planeta y con qué país vamos a comerciar?” ante la pregunta de Stone de por qué comerciaban con países con gobiernos como el de Irán.

[9] Datos de la Universidad John Hopkins de Maryland, en febrero de 2021.

[10]Datos del Banco Mundial y el Eurostat (de la Unión Europea, respecto a la llamada tasa AROPE sobre riesgo de pobreza y exclusión social.

[11] Illescas, Jon E. (2020), Educación Tóxica. El imperio de las pantallas y la música dominante en niños y adolescentes. Barcelona: El Viejo Topo [2019], p.69.

[12] Sánchez, Iroel (2019), Cuba frente al buen vecino. Entre el contrato y la herejía. La Habana: Ediciones Abril, pp. 53-59.

[13]Baños, Pedro (2020), El domino mental. La geopolítica de la mente. Ariel: Barcelona, p.31.

[14] Illescas, Jon E. (2018, 3ª ed.), La dictadura del videoclip. Industria musical y sueños prefabricados. Barcelona: El Viejo Topo [2015].

[15] Por eso el profesor Bertell Ollman inventó en los setenta un juego de mesas que fue un éxito en Estados Unidos llamado “Lucha de clases”, la antítesis del “Monopoly”, pero desgraciadamente, ¿adivinen qué? Pese a vender mucho el mercado capitalista y sus empresarios desde sus diferentes resortes de poder acabaron quebrando la empresa del bueno del profesor Ollman y sus socios y comprando su juego que pronto dejó de comercializarse.

Jon E. Illescas es Doctor en Sociología, DEA en Comunicación Audiovisual y Licenciado en Bellas Artes, autor de tres libros, el 2º de ellos publicado en Cuba: Educación Tóxica. El imperio de las pantallas y la música dominante en niños y adolescentes (El Viejo Topo, 2ª edición de 2020), La dictadura del videoclip. Industria musical y sueños prefabricados (El Viejo Topo, 3º edición en 2018 y publicado por la editorial cubana de Ciencias Sociales en 2019) y Nepal, la revolución desconocida. Crisis permanente en la tierra de Buda (La Caída, 2012). Artículo finalizado el 10 de mayo de 2021.

Publicado enCultura
Domingo, 13 Junio 2021 05:53

La izquierda y la familia común

Niñas y niños juegan en una zona de columpios de Pechón, Cantabría. David F. Sabadell

La familia es a la vez la institución patriarcal que hay que desterrar y el sujeto social que alberga nuestras primeras experiencias de cuidado. El atajo que se toma por la izquierda para superar el conflicto ideológico con la familia pasa por vaciarla de contenido y diluirla.

 

La familia es a la vez la institución patriarcal que hay que desterrar y el sujeto social que alberga nuestras primeras experiencias de cuidado y apoyo mutuo. Un imaginario que puede encarnar lo mejor y lo peor de lo que somos, que nos remite con ambivalencia a momentos felices de bienestar y también a agresiones y violencias sufridas en primera persona sin posibilidad de escapatoria. En cualquier caso, una realidad que nos atraviesa, que nos trasciende y nos enciende. No podemos dejarla al margen de nuestra existencia y extiende su influencia a toda la organización social.

La familia es un común y como todo lo común muestra su potencialidad política al instante,  no hay más que observar la superproducción de textos y debates que ha generado el discurso de Ana de Simón del 22.05.21 en el acto institucional sobre los retos demográficos y la iniciativa España 2050.

No se puede hablar de ella sin tocar directamente la infancia, la organización social, el trabajo productivo y reproductivo, el género, la identidad y diversidad, la comunidad y el Estado, la violencia, el apoyo mutuo, la vivienda, la sexualidad, etc.

Pero en ese tótum revolutum, que utiliza la derecha política para vocear sus privilegios y la izquierda reactiva para escribir un nuevo capítulo de autoafirmación, se puede pasar más o menos de largo de lo que acontece.

Es muy diferente partir de la familia para trascenderla, incluso negarla, y hablar “de todo lo demás” como lo importante, para dejarla en indefinición a merced y como reflejo de los procesos socioeconómicos o, por lo contrario, aun con las contradicciones, hacer un esfuerzo por habitarla, tomar conciencia de lo que nos atraviesa y hacer política sin perder la realidad del grupo humano que nos pertenece y al que pertenecemos. Promover un proyecto de transformación que vaya mucho más acá de lo ideológico y que dé cuerpo y presencia a la impugnación.

Entre medias, hay estrategias de fuga, a veces imprescindibles y casi siempre saludables: que si la familia es la que se elige, que si los vínculos de sangre no son los más fuertes, que es solo una construcción cultural pero la vida va por otro lado, etc.

Y también hay estrategias de resistencia afincadas en el torreón de la posición crítica objetiva: la familia es una estructura heteronormativa basada en la opresión, en la explotación y en el ejercicio de poder masculino y adulto, un contexto definido por la violencia de las relaciones de poder que implica en sí misma una patología social que provoca sufrimiento.

Ambas son maneras de capear el temporal esencialmente adultas, porque para los menores de edad, la alternativa a la familia se llama sistema de protección  —donde no hay opciones mixtas para las criaturas,  la familia tal y como la define el Código Civil o el sistema con sus centros, sus educadores y sus muros, sin posibilidad de elección— o de reforma, y no es precisamente amable.

En cualquier caso, en el ámbito de representación de la izquierda, hay más elementos para la fuga y para la resistencia que para la presencia, tanto a nivel simbólico como a nivel político. No se ha sabido encontrar un espacio donde la defensa de la familia no suene sospechosa.

Cuando nos vemos, ya sea por voluntad o necesidad, en la situación de habitar la familia nos encontramos en desamparo, en una orfandad de referencias que se traduce en la carencia de políticas de apoyo efectivas. Su falta de reconocimiento como un sujeto político fundamental, dotado de derechos sociales, dibuja un horizonte de abandono solo poblado por un individualismo autorreferencial, precario y adultocéntrico, muy ineficiente en el sostenimiento de la vida.

No falta quien define este paisaje como progresista y emancipador. Supongo que es más fácil cuadrar la fantasía revolucionaria proyectando en individuos libres, de identidades diversas y en igualdad de derechos, que en la complejidad de las relaciones humanas en contextos de degradación capitalista. 

Hay una carencia absoluta de la cultura de la vida, de “la vida de la vida” de la que habla Edgar Morin (en El método. La vida de la vida, Editorial Cátedra, 1980) y de cómo ésta se desarrolla dentro de un ecosistema autorregulado en dinámicas simbióticas de necesidades y deseos. Y también una carencia peligrosa de cultura perinatal —leer a Casilda Rodrigañez o a Ibone Olza ayudaría a entender la aberración que supone negar el cuerpo de la madre como ecosistema de crianza— que permite todo tipo de relativismos posmodernos para redefinir los procesos de gestación, exterogestación, puerperio y crianza adaptados a lo que el modelo precisa.

Pero, en lo real, nada de hacer causa común con las familias, ni siquiera con las mujeres, madres o díadas que se expresan en lo reproductivo desde la vivencia de invisibilización y explotación. Y si manifiestan placer y deseo, aún más abandono.

Parece que conforme haya más desamparo social más se reivindicará lo público, y por tanto se invocará a la izquierda y a su patrimonio, pero lo que se consigue es todo lo contrario: una falta de representación respecto a los significantes comunes que provoca desafección y dinámicas de repliegue a lo tradicional, por la falta de referencias de alternativas viables.

Debilitar la familia para intentar hacerse fuerte apelando al papel del Estado, cuando no el del Mercado, no parece tan buena idea para cuidar la vida, y peor en medio de las derivas neoliberales que nos despiden del Estado del Bienestar y de su contrato social.

La izquierda se muestra reacia a nutrir de derechos y legislar de manera valiente un lugar del que quiere huir y así, en su afán de diferenciación con la derecha, se ve determinada a abrazar al capitalismo más evolucionado, ese que ha aprendido a hacer dinero de lo reproductivo rentabilizando la interdependencia intrínseca a la sociabilidad humana.

En el terreno ideológico, regala al discurso conservador algo que nos pertenece a todas y del que todas somos parte, y en la práctica la desposesión es mayor aún, porque son ellos los dueños de las empresas de gestión de servicios que capitalizan la externalización y los que, en sus casas, pueden hacer viable la familia sin apoyos públicos. Lo reproductivo queda en sus manos, y en las nuestras el vacío, el abandono y la depresión. Derechos familiares: solo el de pataleta.

Son los modelos de familias tradicionales y patriarcales los que prevalecen, los que presumen de viabilidad, y las alternativas quedan asfixiadas en las trampas de la conciliación y la precariedad.

Las nuevas realidades que se producen distan mucho de ser referencias de cuidado. No se facilitan las condiciones y los apoyos para que las experiencias de familias basadas en la corresponsabilidad, la horizontalidad y en el apoyo mutuo sean sostenidas de manera generalizada y puedan trascender su singularidad. 

De nuevo, solo emerge lo tradicional o el individualismo del sálvese quien pueda, y en la dualidad, la izquierda tiende a posicionarse apoyando lo segundo.

Esta posición se quiere matizar con las políticas de conciliación y dando un papel esencial a los servicios públicos, pero en la práctica no hay una vocación de servicio, no se plantean unos servicios subordinados a las propias dinámicas de gestión de la vida de cada familia, sino que los servicios públicos actúan de manera totalitaria. Son muchos los ejemplos que ilustran la instrumentalización de las necesidades de las personas para la imposición de modelos institucionales, quizá el más paradigmático sea la atención hospitalaria al parto y al nacimiento, pero hay más, como la rígida escolarización infantil o la organización de los permisos de maternidad/paternidad. De este modo se acaban imponiendo modelos que terminan normalizando la precariedad afectiva en los procesos reproductivos y muchas veces convirtiendo las necesidades en productos de consumo. 

Son muchas las personas y las familias que se ven abrumadas cuando lo público pasa por encima de su realidad y se convierte en un espacio de propaganda de la izquierda usado para imponer un modelo que quizá se pueda rentabilizar políticamente, pero que en lo concreto, supone un fuerte condicionamiento de la vida (y si no que se lo pregunten al Pueblo Gitano y a sus familias, atrapadas en dinámicas históricas de contraprestaciones para poder hacer valer mínimamente sus derechos sociales).

Tal es la defensa de la externalización que termina pareciendo, sino siendo, un fin en sí misma, mucho más importante que las necesidades intrínsecas a la convivencia de los grupos humanos.

El atajo por la izquierda, que se está tomando para superar el conflicto ideológico y psicoafectivo que se tiene con la familia, pasa por vaciarla de contenido y diluirla en estructuras más o menos líquidas que solo se sustancian en lo individual. Ahí se establece un contrato en base a derechos reconocidos por las políticas progresistas, pero que, a la hora de la verdad, distan mucho de ser universales.

El derecho al trabajo, a la vivienda, a un ingreso mínimo, el derecho de las criaturas a ser cuidadas, son cada vez más difíciles de sustanciar.

En el repliegue producto de la precariedad, no nos queda otra que volver a la familia. Y entonces, nos la encontramos erosionada, desértica y desbordada por la función social que representa y que no se corresponde con los apoyos institucionales que recibe. Solo se sostiene en pie por la explotación de las mujeres en lo doméstico y porque no hay plan b para la crianza.

Buscamos sostén y nos encontramos en un solar degradado por la especulación, abandonado y esquilmado con la lógica extractiva del capitalismo de los servicios, y definido por la injusticia social y patriarcal. Esto no es efectivo y nos deja a merced de la violencia del sistema.

Hasta propuestas de derechos que abrazo y defiendo, como es la Renta Básica Universal, difícilmente pueden ser implantadas obviando los sujetos colectivos que generamos a partir de nuestras relaciones de interdependencia. 

Si los derechos son solo individuales, ¿quién gestiona la renta básica de bebés, niños y niñas? ¿O de las personas dependientes? ¿El Estado? ¿Qué nos la conmuten por plazas en guarderías, residencias o centros de acogida? ¿Alimentamos también la industria de la externalización con nuestros derechos? 

Hablamos de cuidados, pero los modelos basados exclusivamente en los derechos individuales solo son viables para las personas con privilegios, que participan de alguna manera de ese sujeto universal de “hombre blanco con dinero” y que por ello tienen poder para transformar los derechos en estructuras de supervivencia. Y estas estructuras se terminan definiendo a costa de otras personas, que aun con los mismos derechos, no les queda otra que subordinar su existencia a quien paga o a quien manda.

Los derechos efectivos debieran ser de todas, de quienes precisan el cuidado y no solo de las personas que lo suministran. ¡Ya cambiaría que la estructura jurídica de la familia no se configurara a partir del matrimonio sino de los derechos propios de las criaturas que alberga!

Si, además en el debate de los cuidados, incluimos la parte libidinal, defendiendo a la familia pero combatiendo el concepto de “cargas familiares” y denunciando la devaluación que supone instalar los procesos esenciales de la reproducción humana en las dinámicas del mercado, negándonos a normalizar el modelo low cost,utilizando para ello la legítima demanda social de igualdad y corresponsabilidad, y de precariedad afectiva como un nuevo paradigma, la incomprensión con la izquierda es absoluta.

Podemos incluso llegar a tenerla enfrente cuando dan alas a discursos tan reaccionarios como “el de la maternidad intensiva”, vendiendo como una enajenación lo que es, como mucho, un enroque en lo reproductivo para salvaguardarlo en un contexto de precariedad y de abandono social, tal y como desmonta por Julia Cañero

Por supuesto que también se sostiene una crítica a la familia desde los cuidados, como dice Nuria Alabao en su reciente artículo de Ctxt: “La familia es ambivalente, no es una institución neutra: todavía se sostiene sobre relaciones jerárquicas de subordinación de género-edad. Todavía es una institución que delega la mayor parte del trabajo de cuidados a las mujeres. Reforzar la familia hoy implica a pesar de todo, reforzar esa realidad persistente. Las enormes cifras de violencia machista o contra jóvenes y niños en su seno son un recordatorio de esa subordinación.

Pero entonces, si queremos validar otras formas propias de organización social, tendremos que empezar por reivindicar reconocimiento jurídico para los diferentes modelos de convivencia que cada persona establece libremente con su grupo de relaciones, ya sea por afectos o por pactos explícitos de cuidado —pactos de crianza, de acompañamiento a la muerte o en la enfermedad, etc.— para dar una estabilidad al marco que pueda estructurar una sociedad distinta. 

Porque, mientras que la patria potestad y, en consecuencia, los mecanismos de filiación y herencia gocen de vigencia y aceptación, y esto no se combata de manera radical desde la izquierda, la alternativa parece, de nuevo, solo alimentar el privilegio adulto de quienes pueden elegir.

Es frecuente encontrar a gente con muchas experiencias en intentos comunitarios —mirar al pasado también es aprender de las iniciativas en este sentido de los años setenta y ochenta, y de algunas que aún perduran— que narran cómo todo se reorganiza en el momento que vienen las criaturas, cómo las figuras de referencia adulta reconocibles se hacen más importantes (entre otras cosas porque hay unas obligaciones intransferibles de guarda a las que dar respuesta) y cómo la familia como institución emerge con fuerza frente a otros vínculos elegidos sin estructura jurídica. Lo mismo ocurre cuando hay que dar respuesta a una enfermedad o repartir una herencia.

La tribu es necesaria, muchas veces imprescindible, hace de seguro de vida, pero sigue pasando que a la hora de afrontar momentos de crisis, prioridades reproductivas o emergencias en cuidados, la familia nuclear radiactiva tiene un papel protagonista.

Si se nace en familia y se muere en familia, al menos en lo jurídico —y esto no va a cambiar pronto— luchemos para que se nos permita intentar un tránsito más saludable.

Políticas de apoyo a la familia a troche y moche, que padres y madres de izquierdas, comprometidos con el cuidado, pudieran hacer viables sus proyectos con solvencia, generando otros modelos desde la presencia, la abundancia y la felicidad que pudieran disputar la realidad: “La libertad de cuidar, el lujo de cuidar, el honor de cuidar (…) cuidar es amar y es el único amor que existe”, dice Maria LLopis en la introducción de “la revolución de los cuidados”.

Y quizá con ello se colabore a diluir la familia tradicional en una alternativa de bienestar, y no en el vacío. Necesitaríamos una izquierda valiente que se atreviera a ser aliada en este proceso.

Porque, si no, la familia seguirá siendo facha y patriarcal, basada en el fraude del amor romántico y en la adultocracia —la familia conservadora está más adaptada por comulgar sin conflicto con los roles tradicionales de género y por tener pasta y privilegios para poner el mercado a su servicio defendiendo su territorio doméstico de aquello que no le gusta, aunque sean derechos—.

Y los y las anticapitalistas seguiremos explotadas en el mercado laboral pidiendo permisos precarios para que nos dejen cuidar un rato, habitando la queja y sin capacidad real de articular mecanismos de convivencia comunitarios. Hasta que poco a poco se vaya imponiendo la opción del sistema: una soledad que consume relaciones y afectos en la medida que los puede sufragar.

Podemos terminar incluso, haciendo real la profética obra maestra de Fernando León de Aranoa, Familia (1996), y buscando comprar en el mercado una familia muy parecida a la que queremos desterrar.

Paco Herrero Azorín

@PacoHerrero1

13 jun 2021 06:00

Publicado enSociedad
Sábado, 12 Junio 2021 06:01

¿Quién le teme a Pedro Castillo?

¿Quién le teme a Pedro Castillo?

La elección peruana ha generado una verdadera histeria entre las elites limeñas y una campaña de demonización del candidato cajamarquino. El escenario, de confirmarse la victoria de Pedro Castillo, tiene altas dosis de incertidumbre. Pero estas se vinculan poco con los fantasmas que promueve el anticomunismo zombi que recorre el país.

 

Lo que pasó en las elecciones peruanas es quizás lo más parecido a la «tempestad en los Andes» anunciada por Luis E. Valcárcel en un libro ya clásico prologado por José Carlos Mariátegui. Atraído por la idea de «mito», Mariátegui terminaba escribiendo: «Y nada importa que para unos sean los hechos los que crean la profecía y para otros sea la profecía la que crea los hechos». Lo ocurrido el pasado 6 de junio no es sin duda un levantamiento indígena como el que imaginó Valcárcel, ni tampoco uno como lo imaginara Mariátegui, como partero del socialismo. Pero fue un levantamiento electoral del Perú andino profundo, cuyos efectos cubrieron todo el país.

Pedro Castillo Terrones está lejos de ser un mesías, pero apareció en la contienda electoral «de la nada», como si fuera uno. Con los resultados del domingo, está próximo a transformarse en el presidente más improbable. No porque sea un outsider –el país está lleno de ellos desde que el «chino» Alberto Fujimori se hiciera con el poder en 1990, tras derrotar a Mario Vargas Llosa–, sino por su origen de clase: se trata de un campesino cajamarquino atado a la tierra que, sin abandonar nunca ese vínculo con el monte, se sobrepuso a dificultades diversas y llegó a ser maestro rural; en los debates presidenciales cerraba sus intervenciones con el latiguillo «palabra de maestro». 

Desde el magisterio, Castillo saltó al escenario nacional en 2017, con una combativa huelga de maestros contra la propia dirección sindical. Un reciente documental, titulado precisamente «El profesor», da varias pistas sobre su propia persona, su familia y su entorno. A diferencia de Valcárcel, cuyo indigenismo se insertaba en la disputa de elites –la cuzqueña andina y la limeña «blanca»–, Castillo proviene de un norte mucho más marginal en términos de la geopolítica peruana. Su identidad es más «provinciana» y campesina que estrictamente indígena. Desde allí conquistó al electorado del sur andino y atrajo también, aunque en menor proporción, el voto popular limeño.

Por eso, cuando Keiko Fujimori aceptó el desafío de ir a debatir hasta la localidad de Chota y dijo con disgusto «Tuve que venir hasta aquí», la frase quedó como uno de los traspiés de su campaña. Castillo había logrado sacar la política de Lima y llevarla a los rincones lejanos y aislados del país, que recorrió uno a uno en su campaña con un lápiz gigante entre las manos. 

La irrupción de Castillo en la primera vuelta –con casi 19% de los votos– generó una verdadera histeria en los sectores acomodados de la capital. Y acorde a la actual moda del anticomunismo zombi, se expresó en un generalizado «No al comunismo», manifestado incluso con carteles gigantes en las calles. No escaseó tampoco el racismo. Perú parece tener menos pruritos para expresarlo en público que los vecinos Ecuador o Bolivia.

Por ejemplo, el «polémico» periodista Beto Ortiz echó a la diputada de Perú Libre Zaira Arias de su set televisivo, mostrando que la «corrección política» no llegó a sectores de las elites limeñas. Luego la llamó «verdulera» y más tarde se disfrazó de indio –con su histrionismo habitual– para darle la bienvenida de manera socarrona al «nuevo Perú» de Pedro Castillo. 

La candidatura de Castillo fue, además, víctima constante del «terruqueo» (acusación de vínculos con el terrorismo) por sus alianzas sindicales durante la huelga de maestros y, sin experiencias previas en el terreno electoral, de sus propios tropiezos en entrevistas.

Como escribió Alberto Vergara en el New York Times: «Quienes utilizaron de manera más alevosa la política del miedo fueron los del campo fujimorista, las clases altas y los grandes medios de comunicación. Empresarios amenazaban con despedir a sus trabajadores si Castillo vencía; ciudadanos de a pie prometían dejar sin trabajo a su servicio doméstico si optaban por Perú Libre; las calles se llenaron de letreros invasivos y pagados por el empresariado alertando sobre una inminente invasión comunista». Hasta Mario Vargas Llosa abandonó su tradicional antifujimorismo –por el que incluso había llamado a votar por Ollanta Humala en 2011– y decidió darle una oportunidad a una candidata de apellido Fujimori.

Castillo está lejos de provenir de una cultura comunista. Militó varios años en la política local bajo la sigla de Perú Posible, el partido del ex-presidente Alejandro Toledo, y si bien se postuló por Perú Libre, no es un orgánico de este partido, que nació originalmente como Perú Libertario. Perú Libre se define como «marxista-leninista-mariateguista», pero muchos de sus candidatos niegan ser «comunistas».

El líder del partido, Vladimir Cerrón, definió el movimiento que se alineó detrás de Castillo como una «izquierda provinciana», opuesta a la izquierda «caviar» limeña. Castillo es un católico «evangélico compatible»: su esposa e hija son activas participantes en la evangélica Iglesia del Nazareno y él mismo se suma a sus oraciones. En la campaña se posicionó repetidamente contra el aborto o el matrimonio igualitario, aunque hoy varios de sus técnicos y asesores provienen de la izquierda urbana liderada por Verónika Mendoza, con visiones sociales progresistas. Habrá que ver la convivencia de tendencias en el futuro gobierno de Castillo, que no se anuncia fácil.

Castillo se autodefine también como «rondero», en referencia a los grupos campesinos que enfrentaron a la guerrilla de Sendero Luminoso, y funcionan muchas veces como instancia de autoridad en el campo, aunque en Cajamarca la guerrilla fue muy débil.

La incertidumbre de un futuro gobierno de Castillo no tiene que ver, precisamente, con la constitución de una experiencia comunista de cualquier naturaleza que sea. También parece muy improbable una «venezuelización» como la que anuncian sus detractores. Las Fuerzas Armadas no parecen fácilmente subsumibles, el peso parlamentario del castillismo es escaso, las elites económicas son más resistentes que en un país puramente petrolero como Venezuela y la estructuración del movimiento social no anticipa un «nacionalismo revolucionario» de tipo chavista o cubano.

Las declaraciones del «profe Castillo» muestran cierto desprecio de tipo plebeyo por las instituciones, poca claridad sobre el rumbo gubernamental y visiones sobre la represión de la delincuencia –defensa de la justicia rondera– que pueden justificar un tipo de justicia «comunitaria» por mano propia que a menudo deriva en linchamientos puros y duros, muy comunes en el mundo andino. 

La presencia en el gobierno de la «otra izquierda» –urbana y cosmopolita– puede funcionar como un equilibrio virtuoso entre lo progresista y lo popular, aunque también será fuente de tensiones internas. Algunos comparan a Castillo con Evo Morales. Hay sin duda simbologías e historias compartidas. Pero también hay diferencias. Una es puramente anecdótica: en lugar de exagerar sus logros en una clave meritocrática, Morales dice no haber terminado el secundario (aunque algunos de sus profesores aseguran lo contrario). La otra es más importante a los efectos del gobierno: el ex-presidente boliviano llegó al Palacio Quemado en 2006 tras ocho años de trayectoria como jefe del bloque parlamentario del Movimiento al Socialismo (MAS) y la experiencia de una campaña presidencial en 2002, además de tener detrás una confederación de movimientos sociales con fuerte peso territorial, articulador en el MAS. Castillo tiene, por ahora, un partido que no es propio y un apoyo social/electoral aún difuso.

El «miedo blanco» a Castillo se vincula, más que a un peligro real de comunismo, a la perspectiva de perder poder en un país en el que las elites habían sorteado el giro a la izquierda en la región y cooptado a quienes ganaron con programas reformistas como Ollanta Humala. Dicho de manera más «antigua»: el «miedo blanco» lo es a la perspectiva de un debilitamiento del gamonalismo, como se llamó en Perú al sistema de poder construido por los hacendados antes de la reforma agraria, y que perduró por otras vías y de otras formas en el país. Nadie sabe si las elites podrán cooptar también a Castillo, pero hay en este caso un abismo de clase más profundo que en el pasado y el escenario es de manera más general menos previsible. La «sorpresa Castillo» es demasiado reciente y en muchos sentidos es un desconocido incluso para quienes serán sus colaboradores. 

Posiblemente la tempestad electoral anuncie otras próximas si las elites quieren seguir gobernando como se habían acostumbrado a hacerlo.

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Elecciones en Perú: terminó el conteo y Pedro Castillo sumó más votos

El fujimorismo se resiste a aceptar su derrota electoral y tensa más un ambiente ya bastante polarizado. Sin pruebas, insiste en hablar de fraude electoral.

 

Desde Lima. Con el cien por ciento de las actas electorales procesadas, el profesor y sindicalista de izquierda Pedro Castillo es el ganador de las elecciones y presidente electo, pero no puede haber una proclamación oficial porque hay votos impugnados y pedidos de nulidad de otros votos, que deben ser revisados. De acuerdo a diversos expertos, el resultado es irreversible, pero la derecha se niegue a aceptarlo. Castillo gana con 50,2 contra 49,8 por ciento de la derechista Keiko Fujimori, una ventaja de 70 mil votos.

Hay unos 150 mil votos, de más de18,7 millones, que faltan ingresar al cómputo final porque están observados y eso debe resolverse. Esos votos no cambiarían el resultado, por lo que el fujimorismo pretende anular otros 200 mil votos en zonas que apoyaron ampliamente al candidato de la izquierda. No habrá un resultado oficial y proclamación del presidente electo hasta que se resuelvan los votos observados y los pedidos de nulidad hechos por el fujimorismo, una acción final desesperada de una derecha que con todo su poder económico y mediático perdió estas elecciones.

"El profesor Pedro está tranquilo"

El maestro rural que en julio debe asumir la presidencia del Perú mantuvo durante el jueves reuniones con diversos colaboradores, conversó con el presidente argentino Alberto Fernández, recibió la felicitación del mandatario boliviano Luis Arce y recibió la visita del excandidato presidencial de centroderecha George Forsyth. Castillo no habló, pero sí lo hizo su vicepresidenta, Dina Boluarte. “El profesor Pedro está tranquilo, sereno, descansando de la campaña que ha tenido”, dijo. Con los resultados sobre la mesa, Boluarte destacó que éstos daban como ganador a Castillo, pero señaló que esperarán “con serenidad y calma” que se definan los votos observados y los pedidos de nulidad y se oficialice el resultado para declarar su victoria.

“La señora Keiko Fujimori está hablando de fraude sistemático, rechazamos esas afirmaciones. Le digo al pueblo peruano que no se deje engañar por mensajes de terror y odio. Llamo a la señora Fujimori a reflexionar y no polarizar más a la población. Hay que saber perder con dignidad y humildad”, declaró a la prensa la vicepresidenta virtualmente electa.

Sin sostén

El fujimorismo se resiste a aceptar su derrota electoral y tensa más un ambiente ya bastante polarizado. Sin pruebas, insiste en hablar de fraude y busca ganar en mesa lo que ha perdido en las urnas. Keiko ha dicho que todavía hay 500 mil votos que faltarían revisarse, una cifra inflada.

Los fujimoristas dicen que los votos observados pendientes de sumarse al cómputo final -unos 150 mil que inflan a 300 mil- son en su mayoría suyos, algo de lo que no hay evidencia. La tendencia de lo que ya se ha avanzado es validar la mayor parte de esos votos. El fujimorismo necesitaría no solo que se validen todos esos votos observados, sino que al menos el 80 por ciento sean a su favor, algo que desafiaría toda lógica de una elección muy reñida. En su principal bastión electoral, Lima, Keiko obtuvo 65 por ciento.

Como esos votos no le dan para voltear el resultado, el miércoles en la noche el fujimorismo sacó una última carta: demandar la anulación de unos 200 mil votos de regiones donde Castillo gana ampliamente, en algunos casos con más del 80 por ciento. La mayor parte son de zonas rurales, bastión electoral de Castillo. Sus argumentos no se sostienen.

Para pedir esa nulidad señalan que hay mesas de sufragio en las que sus miembros -tres, elegidos por sorteo- son de una misma familia, y, sin ninguna evidencia, saltan a la conclusión que serían familias partidarias de Castillo que coparon las mesas. Ya han salido varios de esos supuestos familiares acusados por el fujimorismo a aclarar que llevan el mismo apellido, pero no tienen ninguna relación familiar. Y no estuvieron en las mesas por su voluntad, sino que salieron elegidos en un sorteo. El plazo para impugnar a los miembros de mesa había vencido largamente antes de las elecciones.

El fujimorismo señala que hay actas en las cuales las firmas de algunos miembros de mesa no coincidirían exactamente con las de sus documentos de identidad, con lo que pretenden hablar de una supuesta suplantación. No hay ninguna pericia que determine que esas firmas no pertenecen a los miembros de mesa designados por sorteo. Y ninguna evidencia de suplantación.

También indican que hay actas de mesas donde casi todos los votos van a Castillo y Keiko saca muy pocos o en algunos casos ninguno y aseguran que eso “es imposible” y por eso exigen que todos los votos de esas mesas sean anulados. Esas actas son de zonas rurales en las que Castillo superó el 90 por ciento, por lo que esa baja o nula votación de Keiko en algunas mesas está lejos de ser “imposible”.

Así de endebles son los argumentos del fujimorismo para tratar de anular votos de Castillo y ganar en mesa. Abogados de los principales y más caros estudios de Lima trabajan con el fujimorismo para anular los votos de los ciudadanos más pobres del país, los de las zonas rurales, y con eso cambiar el resultado electoral.

Desconocer y deslegitimar

“Tienen derecho a solicitar la nulidad de votos, pero una cosa es pedir la nulidad y otra que tengan posibilidades que ese pedido se apruebe. Las razones que han dado para pedir la nulidad de votos son poco atendibles. Se busca anular votos donde Castillo gana abrumadoramente, pero los mismos problemas en otras mesas no los tocan. Este reclamo lo único que hace es alargar el fin del proceso electoral, y en el ínterin tenemos una campaña política y mediática muy fuerte hablando de fraude. La estrategia es manchar el proceso electoral y si no hay manera de revertirlo, desconocer los resultados y deslegitimar al gobierno electo”, le declaró a Página/12Fernando Tuesta, politólogo y exjefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), encargada de organizar las elecciones y contar los votos.

Los pedidos de nulidad de votos presentados por el fujimorismo deberán ser resueltos por la justicia electoral de cada región donde se ubicaban las mesas electorales cuestionadas. Esa decisión puede ser apelada al Jurado Nacional de Elecciones (JNE), proceso que tomará varios días. Con argumentos sin base, el pedido de anulación de votos no debería pasar, con lo que se confirmaría oficialmente la victoria de Castillo. Pero hay fuertes presione sobre la justicia electoral.

Pedido de prisión preventiva

Al tiempo que los votos decretan su tercera derrota electoral consecutiva y sus desesperados recursos retrasan el anuncio oficial de esa derrota, Keiko Fujimori enfrenta la posibilidad de volver a la cárcel. La fiscalía ha pedido su prisión preventiva por no cumplir con las reglas de conducta de la comparecencia con restricciones en el proceso por lavado de dinero, organización criminal y obstrucción a la justicia que se le sigue por recibir más de 15 millones de dólares en secreto y en efectivo para sus campañas electorales de 2011 y 2016. Keiko ya estuvo varios meses en prisión preventiva por este caso.

Para Fujimori, esta elección, que se resiste a perder, es la diferencia entre zafar de un juicio con la inmunidad presidencial o enfrentar un proceso con un pedido de la fiscalía, que tiene un caso sólido, de 30 años de prisión.    

Por Carlos Noriega

11 de junio de 2021

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Elecciones en Perú: nace un gobierno acechado por las  corporaciones

El futuro según tres analistas peruanos si se confirma el triunfo de Pedro Castillo

Un país polarizado, un margen de victoria estrecho, minoría en el Congreso, oposición abierta de los grandes medios y una derecha que no va a querer dejarlo gobernar. 

El triunfo electoral del izquierdista Pedro Castillo, no confirmado oficialmente, pero a estas alturas prácticamente un hecho con un conteo de votos al 99 por ciento, es la victoria del Perú marginado, de los más pobres, del interior del país sobre Lima, del mundo rural andino menospreciado por las élites del país. La victoria del cambio en un país marcado por grandes inequidades. También el triunfo sobre el miedo que impuso la derecha con una masiva campaña que anunciaba “una dictadura comunista” si ganaba Castillo.

El profesor de escuela rural se encontraría con un complicado escenario, un país polarizado y políticamente muy fragmentado, un ambiente de marcada división, sin mayoría parlamentaria, con el poder económico y los grandes medios en contra. Y con una población muy golpeada por la pandemia y una grave crisis económica.

Tres analistas consultados por Página/12 examinan el escenario que se abre en un eventual gobierno del profesor y sindicalista de izquierda.

Debilidad de origen

“Lo que se viene es un escenario de conflicto. Lo más probable es que la derecha se resista a los cambios y no deje gobernar a Castillo y lo confronte. En ese escenario de agudizar el conflicto está Keiko, que busca mantener la polarización del país a partir de un conflicto abierto con Castillo para así tratar de mantener su liderazgo en la derecha después de tres derrotas electorales. Para darle estabilidad a su gobierno, lo primero que tendría que hacer Castillo es formar un gabinete plural que le baje el tono al conflicto, que tiene que ser un gabinete de centroizquierda, y como primeras acciones combatir la pandemia y reactivar la economía”, señala el sociólogo Alberto Adrianzén.

En la opinión del politólogo Eduardo Dargent, profesor de la Universidad Católica, “con la élite en contra, un Congreso opositor en el que habrá sectores de derecha antidemocráticos que hablan de golpe, un duro contexto de pandemia y crisis económica, el principal reto de un gobierno de Castillo es desmontar el enorme miedo que se ha creado en su contra, y para eso debe formar un gabinete ministerial que dé confianza en el manejo de la economía. Esto no significa que sea un gabinete que se corra a la derecha, eso sería un error, sino un gabinete con técnicos de izquierda reconocidos que den confianza de un manejo serio. En el Perú los tiempos son muy cortos, si Castillo no logra rápido cierta estabilidad y control, su popularidad se desparramaría”.

Gobierno de coalición

Para el historiador y analista político Nelson Manrique “el destino de un gobierno de Castillo dependerá con qué equipo construye gobierno. Hay un conjunto de cuadros de izquierda, particularmente de Juntos por el Perú de Verónika Mendoza (coalición progresista que apoyó a Castillo en la segunda vuelta), que tienen competencia profesional y credibilidad política. Depende de Castillo aprovechar ese capital o cerrarse en un proyecto partidario de Perú Libre (partido por el que postuló y que se define como marxista-leninista) como quisiera Vladimir Cerrón (fundador y secretario general del Partido Libre). Cerrarse en un proyecto partidario sería un error. Esa decisión va a marcar cuál será el escenario y el margen de juego que va a tener su gobierno”.

Manrique considera que “existe margen” para que Castillo lleve adelante sus propuestas de cambio, como la renegociación de contratos con las empresas transnacionales. Pero aclara: “Si nos quedamos en el Congreso, llevar adelante esos cambios sería imposible, hacerlo dependerá de en qué medida Castillo es capaz de movilizar a la sociedad civil para cambiar la correlación de fuerzas con el Congreso, que no le favorece”.

Pactar o no pactar

“Castillo debe hacer un gobierno popular, que implique un cambio de modelo, para tener un Estado más redistributivo, fiscalizador, más regulador. Una especie de modelo socialdemócrata de izquierda. Si el Congreso no lo deja hacer un gobierno de este tipo, la alternativa sería el enfrentamiento”, dice Adrianzén. Sin embargo, advierte que “veo un gobierno de Castillo débil, y existe la posibilidad que en esa debilidad pacte con la derecha y modifique sus planteamientos. Eso generaría una nueva gran frustración. La posibilidad de un levantamiento popular en ese caso dependerá si hay gente capaz de movilizar esa decepción”.

Adrianzén considera que las denuncias de supuesto fraude electoral lanzadas, sin pruebas, por la derecha, apuntan a debilitar a Castillo. “Esas denuncias de fraude no creo que lleguen a desconocer los resultados electorales, pero sí buscan ensuciar el triunfo de Castillo, desprestigiarlo y deslegitimarlo para debilitarlo y así la derecha esté en mejor posición para pactar con él y domesticarlo para que modifique sus planteamientos, como hicieron con Ollanta Humala, o, si eso no ocurre, debilitarlo para tumbárselo”.

“El principal riesgo de un gobierno de Castillo enfrentado a las élites y con el Congreso en contra, es de un desgobierno y desorden, de una presidencia accidentada y probablemente corta”, advierte Dargent.

Disparen al Congreso 

“En el Perú es muy fácil que el Congreso destituya un presidente, hay una figura legal no definida para hacerlo que es la incapacidad moral, si se tienen los votos se puede usar sin mayores razones”, recuerda Manrique. Esa figura fue invocada para destituir a Martín Vizcarra.

Los tres analistas coinciden en que, si bien diversos grupos de derecha del fragmentado nuevo Congreso, que tendrá diez bancadas, hacen mayoría, no alcanzan los dos tercios necesarios para destituir al presidente. Pero advierten que eso puede cambiar.

Castillo ha levantado como su principal bandera cambiar la Constitución que viene de la dictadura de Alberto Fujimori, pero el Congreso debe darle luz verde para convocar una Asamblea Constituyente y su mayoría de derecha se opone. Tendría la alternativa de reunir poco más de dos millones de firmas para convocar un referéndum para una Asamblea Constituyente. Algunos constitucionalistas dicen que esa salida no es constitucional, otros la respaldan.

“Si Castillo insiste en convocar un referéndum sin aprobación del Congreso creo sería un error que le daría al Congreso una razón para destituirlo”, dice Dargent. Adrianzén discrepa: “La Asamblea Constituyente va a ser una fuente de conflicto, pero Castillo no la puede dejar de hacer. Movilizarse para juntar las firmas para un referéndum es lo primero que debe hacer en el gobierno. Si Castillo no logra sacar la Constituyente sería una gran derrota”

Por Carlos Noriega

10 de junio de 2021

Desde Lima

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Imagen de archivo de un menor trabajando. EFE

Los incrementos se concentran en África, que tiene más niños y niñas trabajando que todo el resto del munso, así como los Estados Árabes y la zona de Europa y Asia Central, según el informe de las agencias de Naciones Unidas. 79 millones de niños "realizan trabajos peligrosos" que ponen directamente en riesgo su salud

 

Hoy hay más niños y niñas trabajando en el mundo que hace cuatro años. Uno de cada diez menores, en total 160 millones de niños y niñas a nivel mundial, según el primer estudio conjunto de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y Unicef, con datos de 2020. Además, este último año de pandemia de coronavirus incluso agudizará el problema, alertan los organismos, vista la situación en muchos países. Las agencias de Naciones Unidas han dado todas las alarmas ante lo que supone el primer retroceso en la reducción del trabajo infantil en el mundo en las dos últimas décadas, momento en el que la OIT comenzó a medir periódicamente su incidencia.

El trabajo infantil no es una cuestión menor. Los niños afrontan riesgos físicos y mentales a corta edad, que condicionan su desarrollo. Está más extendido entre los niños que entre las niñas y tiene una mayor incidencia en las regiones rurales frente a las urbanas. "El trabajo infantil merma la educación de los niños, restringe sus derechos y limita sus oportunidades en el futuro, y da lugar a círculos viciosos intergeneracionales de pobreza y trabajo infantil", subraya el informe publicado este jueves, poco antes del Día Mundial contra el trabajo infantil, este 12 de junio.

“Las nuevas estimaciones constituyen una llamada de atención. No podemos quedarnos impasibles mientras se pone en riesgo una nueva generación de niños”, señala Guy Ryder, director general de la OIT. "Instamos a los gobiernos y a los bancos internacionales de desarrollo a que den prioridad a las inversiones en programas que permitan a los niños salir de la fuerza de trabajo y regresar a la escuela, así como en programas de protección social que faciliten esa labor a las familias", reclama Henrietta Fore, directora ejecutiva de Unicef.

Los niños trabajan sobre todo en el ámbito familiar, ya sea en el campo o en pequeñas empresas familiares, una situación muy unida a la pobreza y a la falta de oportunidades educativas. No es una imagen que quede tan lejos en España. Las últimas generaciones de ancianos y ancianas, tan resentidas durante la pandemia, recuerdan a las siguientes, a muchos nietos y nietas, cómo era trabajar en el campo para llevar comida a la mesa. Cómo dejaron la escuela en muchos casos sin saber leer y escribir bien, como prueban sus firmas de caligrafía lenta y temblorosa.

Trabajo infantil que no es tan ajeno

La imagen global de aumento del trabajo infantil esconde diferencias territoriales. Los aumentos se concentran en África, que ha pasado de tener 72 millones de menores trabajando en 2016 a 92 millones, así como los Estados Árabes, que han duplicado su número (de 1,2 millones a 2,4 millones de menores), y por último la zona de Europa y Asia Central, que alcanzó los 8,3 millones el año pasado respecto a los 5,5 millones de niños y niñas afectados por el trabajo infantil en 2016.

Otras zonas en cambio han logrado disminuir esta lacra que condiciona las oportunidades de los menores presentes y futuras. Es el caso de Asia y el Pacífico, con 48,7 millones de niños y niñas trabajando respecto a los 62,1 millones de hace cuatro años y América Latina y el Caribe, que han restado algo más de dos millones de menores trabajando, hasta los 8,2 millones en 2020.

Como se desprende de las cifras, los niños de África son los más afectados. "En la actualidad, existen más niños en situación de trabajo infantil en África Subsahariana que en el resto del mundo", destaca el informe. Allí, casi uno de cada cuatro menores está afectado por esta situación. Un problema que puede parecer lejano, aquí en España, pero que no lo es tanto.

El estudio de la OIT y Unicef advierte de que "más del 70% de los niños en situación de trabajo infantil (112 millones) se dedican a la agricultura". En un mundo globalizado, donde por ejemplo el chocolate, el café y la fruta que consumimos muchas veces proceden de la otra punta del globo, el trabajo infantil de un menor en una plantación de cacao en Costa de Marfil puede no quedar tan lejos de nuestra cesta de la compra.

"Gran parte de los productos que consumimos habitualmente esconden explotación laboral infantil", recuerdan a elDiario.es desde la Coordinadora de Comercio Justo, que promociona en estos días productos libres de trabajo infantil, un compromiso de todas las organizaciones productoras de comercio justo. "Las organizaciones de Comercio Justo estamos trabajando en distintas iniciativas de incidencia política para conseguir leyes que obliguen a las empresas multinacionales a garantizar los derechos humanos, entre ellos la ausencia de explotación laboral infantil y la protección del medio ambiente a lo largo de toda la cadena de producción en cualquier parte del mundo", explican desde la coordinadora española.

79 millones de menores en trabajos peligrosos

El estudio de la OIT y Unicef subraya además que un total de 79 millones de niños, casi la mitad de todos los niños en situación de trabajo infantil, "realizaban trabajos peligrosos que ponían directamente en peligro su salud, seguridad y desarrollo moral". Las agencias de Naciones Unidas destacan que el trabajo infantil en las familias "es a menudo peligroso, a pesar de la percepción generalizada de que la familia ofrece un entorno de trabajo más seguro".

Esta es la imagen actual del trabajo infantil, pero no es una imagen inevitable, como se observa en los países que han avanzando y siguen haciéndolo. Hay recetas que funcionan, como la inversión en educación, en trabajo decente de los adultos y en una mayor seguridad de las cadenas de producción internacionales.

"La eliminación del trabajo infantil es una empresa demasiado grande para que la resuelva una parte por sí sola", advierte el informe de la OIT y Unicef, que piden que "los países deben aunar esfuerzos en el espíritu del artículo 8 del Convenio 182 de la OIT", sobre sobre la prohibición de las peores formas de trabajo infantil, "ratificado universalmente". Los países, como España, se han comprometido además a ello en numerosos acuerdos internacionales, como la Agenda 2030, que pretende acabar con el trabajo infantil en 2025.

Por Laura Olías

10 de junio de 2021 02:01h

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