Jueves, 06 Agosto 2020 06:36

La vieja utopía en ruinas

La vieja utopía en ruinas

La última vez que estuve en Venezuela fue en 2007, tiempo ya lejano en que el chavismo buscaba consolidarse apretando todas las tuercas posibles de la maquinaria de poder para convertir, tantos años después, la incierta utopía del socialismo del siglo XXI en la alucinante distopía que es ahora. Y me acompañaban entonces dos libros que me ayudaban a entender el paisaje viviente, la novela País Portátil, de Adriano González León, ganadora del premio Seix Barral en 1967, y Chávez sin uniforme, escrito a dos manos por Cristina Marcano y Alberto Barrera Tyszka, entonces recién aparecido.

Uno podía entonces imaginar aún a Venezuela de dos maneras: como en la historia del rey Midas, que todo lo que tocaba lo convertía en oro, aun los alimentos que se llevaba a la boca, de modo que por eso mismo se moría de hambre, o como el glorioso país de Jauja, donde estando todo tan a mano, no se necesita ni arar ni aserrar.

Arturo Uslar Pietri llamó una vez a sus conciudadanos a dedicarse a sembrar el petróleo, en lugar de gastarlo sin reflexión. Hoy en día, en el mundo distópico que es Venezuela, eso parece una imagen extravagante, cuando falta hasta la gasolina, si antes un litro de combustible fue más barato que un litro de refresco.

“Detrás de un Mitsubishi hay gente comprometida”, rezaba el lema de un anuncio de página entera, cuando aún había diarios impresos: un ejército de técnicos sonrientes, custodiaba un deslumbrante modelo Lancer. La palabra compromiso, igual que la palabra revolución, pertenecían al léxico sagrado de Chávez, y aún podía sacarse partido a los eslóganes revolucionarios.

Venezuela rueda, y rueda en carros y camiones hechos en Venezuela, dice el anuncio de la Chrysler, citado como epígrafe en País portátil. Todavía en 2007 había colas de espera de hasta seis meses para recibir el modelo de coche reservado, Mercedes, Jaguar, Hummers. Y una fiesta para los cirujanos plásticos. Una muchacha solía recibir como regalo de sus padres, al cumplir los 15 años, un lift de los senos, no en balde el país producía reinas de belleza en serie.

Pero Venezuela se había convertido también en la década de los 70, gracias a la misma bendición inagotable del petróleo, tan mal repartida, en un foco cultural único: el premio de novela Rómulo Gallegos, el más importante del continente; la Biblioteca Ayacucho, dirigida por Ángel Rama, destinada a publicar todos los libros capitales de la cultura latinoamericana, y teatros, editoriales, revistas; periódicos innovadores como El diario de Caracas, que dirigió Tomás Eloy Martínez.

El personaje de País portátil, un combatiente guerrillero, busca en la lucha clandestina lo que aún es posible para la utopía personal en la década de los 60, las claves perdidas del país desigual en que ha nacido. Hoy, la utopía se ha degradado hasta la caricatura, convertida en un adefesio mentiroso, burocrático y letal. Por eso es que las novelas que escriben los jóvenes para contar el siglo XXI venezolano son distópicas.

The Night, por ejemplo, de Rodrigo Blanco Calderón, ganadora de la Bienal de Novela Vargas Llosa: Caracas en la oscuridad de los apagones como un cementerio sin voces, siendo como fue la ciudad más ruidosa del mundo, el alucinante retrato en sombras de un inframundo donde los sicópatas andan sueltos como almas en pena. El poder de mandíbula insaciable que mastica seres humanos en la oscuridad.

Y La hija de la española, de Karina Sainz Borgo, premiada en España, Francia y Alemania, que recién he leído y que ha provocado este artículo. Es un libro que se lee con creciente sensación de asfixia, el lector mismo acorralado en la trama donde la protagonista se pierde en un laberinto que parece no tener vía de escape.

Caracas ha dejado de ser la ciudad abierta, de agudos contrastes, donde la gente discutía a grito partido en los bares como si se estuvieran matando, para estallar luego en ruidosas carcajadas, para convertirse en un escenario de agria confrontación sin escape posible; porque el poder de garras sucias que controla a la gente invade viviendas, tirotea a los disidentes en las calles, llena las morgues de cadáveres sin nombre.

Entonces, Adriana Falcón, expulsada de su casa, busca refugio metiéndose dentro de la identidad de Aurora Peralta, su vecina, hija de una inmigrante española. El cambio de identidad es la única puerta para escapar del infierno que arde día y noche en las calles, partidas de motorizados, la policía coludida con los acólitos del poder de "los hijos de la revolución".

Y la Mariscala, y sus secuaces, personajes de los bajos fondos que repiten los eslóganes encendidos que se cantan a ritmo de reguetón, mientras trafican con los alimentos de la cartilla de racionamiento, son la imagen última de la metamorfosis entre la vieja utopía en ruinas y la distopía que arde en las fogatas callejeras con llamas de azufre.

La redención prometida, ha terminado en una fantasmagoría de esperpentos.

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Un grupo de personas camina delante de edificios dañados por las explosiones en el barrio Achrafyeh Rmeil de Beirut.  ________________________________________ Imagen: EFE

La tragedia del Líbano contada en primera persona

Tras el estallido en el puerto de Beirut la onda expansiva llegó hasta la isla de Chipre ubicada a 200 km de la capital. "Estábamos con mi marido sentados en el balcón de casa y por el efecto de la bomba me caí de la silla", contó Noemí Made, tucumana que vive en Beirut hace 23 años.

 

Dos ráfagas explosivas sorprendieron a la ciudad de Beirut el martes pasado. La primera hizo que mucha gente abonadone sus labores para ver qué pasaba en la Suiza de Medio Oriente. La segunda, sumió al país en la tragedia. Tras el estallido un hongo de humo blanco se levantó en el puerto de Beirut. La onda expansiva llegó hasta la isla de Chipre ubicada a 200 km de la capital del Líbano. Noemí Made, tucamana que vive en Beirut desde hace 23 años, contó que la explosión hizo temblar a toda la ciudad. “Acá hubo ataques pero nunca vi algo de esta magnitud”, dijo Made en diálogo con Página/12.

"Vimos fuego y humo negro"

La explosión en el puerto de Beirut llegó en el peor momento para el Líbano, un pequeño país de Oriente Medio con costas bañadas por el Mediterráneo. Desde hace años viene sumido en una profunda crisis económica que estalló en junio de este año. La libra libanesa comenzó a devaluarse como hace mucho tiempo no pasaba. En el mercado negro el “dólar blue” se vende a casi cuatro o cinco veces su valor oficial. En el último año el precio de la canasta básica casi se duplicó. Según el Banco Mundial el 50 por ciento de la población del país ya se encuentra por debajo de la línea de la pobreza.

En ese contexto se produjo la explosión de una reserva de nitrato de amonio ubicada en el puerto de la capital. Hasta el momento el gobierno confirmó 135 muertos, más de 5.000 heridos y decenas de desaparecidos. Se estima que unas 350 mil personas tuvieron que abandonar sus hogares, en una ciudad donde viven 2,2 millones de almas. Los videos del estallido son impresionantes: en tiempo real puede verse como la onda expansiva va destruyendo todo a su paso. El piso de toda la ciudad tembló, según narró Made, que vive a 12 kilómetros del lugar del impacto. “Estábamos con mi marido sentados en el balcón de casa y por el efecto de la bomba me caí de la silla. Cuando fue la primera explosión miramos hacia la ciudad y vimos una columna de humo blanco. No pasaron dos segundos y sentimos otra explosión. Esta vez vimos fuego y humo negro", explicó Made.

En la cuidad de Jounieh, ubicada 20 kilómetros al norte de la capital, Jean Chaina Akiki de 25 años, trabajaba en un restaurante de la costa cuando sintió la explosión. “El sonido fue terrible. Temblaron los vidrios. Fue muy fuerte y una enorme sorpresa. Lo primero que pensamos es que había estallado el Parlamento o algún edificio del gobierno”, dijo Chaina. A la mañana siguiente todavía podían verse resabios de la explosión. “El viento trajo en el aire partículas y lo sentimos en los ojos. Se ve en la mesa del restaurant, tuvimos que limpiar varias veces. El aire está lleno de cosas”, contó el joven camarero.

Beirut es una ciudad lujosa, pero con contrastes. Cerca de la zona donde ocurrieron los estallidos hay actividad comercial y vida de noche. “Las explosiones fueron a las seis y eso creo que colaboró en que haya menos muertos, porque a las cinco la gente ya vuelve a sus casas. El problema con el puerto es que el movimiento no para, siempre hay gente”, contó Chaina. Los grandes edificios vidriados quedaron desnudos. Muchas personas salieron a las calles para levantar escombros. Nabin Emboz, un librero del centro, perdió casi todo. "Lo único que le pido a este sistema es que al menos haga pagar al responsable de todo esto", dijo Emboz a la agencia EFE.

 

"Los hospitales ya estaban al límite"

 

El combo entre crisis económica, coronavirus y ahora el desastre hicieron aparecer la solidaridad del pueblo libanés. El día después a las explosiones cientos de vecinos abrieron las puertas de sus casas para los miles abandonados en las calles. “Además se ofrecen habitaciones de hoteles gratis, con servicios. Por WhatsApp y Facebook llegan mensajes de lugares que brindan ayuda. Los monasterios también están dando una mano”, indicó Chaina. Desde Qatar llegaron en barco dos hospitales de campaña con 500 camas, respiradores y equipamiento sanitario. “Eso está ayudando muchísimo. Los hospitales estaban al límite por la pandemia. Y algunos quedaron destruidos. La sanidad está siendo uno de los problemas más graves”, contó Mabe. Ahora el peligro pasa por el desabastecimiento. Muchas personas se volcaron a los supermercados para hacerse de harina. “Teníamos fronteras cerradas por la pandemia y había muy poca reposición de alimentos. Acá todo es importado. Con esta situación vamos a estar mucho más complicados", informó la tucumana en Beirut.

Ante el desastre apareció la ayuda de las grandes potencias. Europa, de la mano del presidente de Francia Emmanuel Macron, anunció que enviará insumos. El bloque europeo en su conjunto dijo que dará ayuda económica. Sin embargo, hace unos meses el Líbano no aparecía en el mapa para el primer mundo. El país tenía bloqueados 11.000 millones de dólares de CEDRE, una conferencia celebrada en París en 2018. Los donantes internacionales pidieron a cambio del dinero una serie de reformas estructurales que Beirut no cumplió hasta el momento. De la misma manera actuó el Fondo Monetario Internacional (FMI). Las negociaciones con el organismo por 10.000 millones de dólares están estancadas desde mayo. Tal vez la explosión logre sensibilizarlos.

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Hiroshima o el genocidio como espectáculo

A 75 años del bombardeo atómico de EE.UU. a la ciudad japonesa

 

Hoy sigue viva la pregunta sobre cómo fue posible semejante ataque. La idiosincrasia violenta de Estados Unidos y su culto fetichista por las armas como telón de fondo.

 

Espanta la foto de un hombre, de espaldas, mirando la devastación. Piedra sobre piedra, solo ve muerte. Fue el 6 de agosto de 1945, a la hora de la mañana en que había más gente en la calle. Inesperadamente, un ataque atómico elevó la temperatura a 3.000 grados centígrados y todo ardió a cuatro kilómetros a la redondaComo se ufanaban los noticieros norteamericanos de la época “Hiroshima había sido borrada del mapa”.

Hoy, 75 años después, sigue viva la pregunta sobre cómo fue posible. ¿Cómo cientos de personas, aún conscientes del daño que provocaban, fabricaron, transportaron y cargaron una bomba atómica para que finalmente alguien la arrojara sobre una ciudad indefensa donde sólo había niños, mujeres y viejos porque los hombres estaban todos en el frente? ¿Cómo llega alguien a considerar eso un acto normal? ¿Cómo puede ser un genocidio deseable?

El historiador norteamericano H. Bruce Franklin buscó comprender las razones profundas de la idiosincrasia violenta de EE.UU. y su culto fetichista por las armas. En su libro War Stars. Guerra, ciencia ficción y hegemonía imperial, rastrea el origen de esa doctrina estructural para el pensamiento y la acción de EE.UU., según la cual para ayudar a un país hay que bombardearlo. “Incluso los responsables del bombardeo atómico en Hiroshima y Nagasaki –afirma- se convencieron a sí mismos de que sus actos fueron humanitarios, para salvar vidas y restablecer el reinado de la paz.”

El primero en promover el uso de un arma de altísima letalidad para instaurar un reino de paz y prosperidad fue Robert Fulton (1765-1815), pionero de la guerra submarina. A partir de allí –explica el historiador- se va consolidando lentamente una tríada macabra entre el desarrollo tecnológico-armamentista, la moral y la cultura. Sin una eficaz batalla cultural no es posible vencer el rechazo moral a los crímenes masivos (y el temor a la propia muerte) y sin haber superado ese límite el ciudadano común rechazaría no sólo el desarrollo científico de las armas, sino también que el dinero de sus impuestos vaya a parar al Pentágono.

Durante el siglo XIX y comienzos del XX las líneas rectoras de las obras de ficción fueron la agresión extranjera al país, la dominación mundial de EEUU, los terrores apocalípticos y la abolición de la guerra gracias a la existencia de una superarma definitiva. “Esa doctrina que moldeó nuestra política nacional fue presentada por primera vez en el imaginario cultural por las novelas de las guerras futuristas”, escribió Franklin, basado en el análisis de un amplio corpus literario y cinematográfico.

Un relato publicado en 1910 anticipa el exterminio de Nagasaki e Hiroshima. En “La invasión sin paralelo” de Jack London, la acción transcurre en 1976. China ha ascendido a primera potencia mundial y EEUU debe defenderse. La solución final es liquidar a todos los hombres, mujeres y niños chinos mediante el bombardeo de una “lluvia infecciosa”. Escribe Franklin: “Las hordas japonesas y chinas en los textos de la primera mitad del siglo XX plantean una amenaza tan grande que legitiman una guerra aérea genocida”.

Según el gobierno de Japón, aproximadamente 166.000 personas fueron asesinadas en Hiroshima y 60.000 en Nagasaki. La radiación dejó lesiones y cánceres de todo tipo. El aparato cultural norteamericano, una vez cometido el crimen en la vida real, puso toda la fuerza para minimizarlo. En el semidocumental El honor de su nombre (1952), por ejemplo, el horror y la tragedia humana quedan reducidos a la angustia doméstica de un matrimonio estadounidense. “El coronel Paul Tibtets (Robert Taylor), comandante del B-29, no le podía contar a su esposa (Eleonor Parker), acerca del arma secreta que se estaba preparando para lanzar sobre Hiroshima y esto arruinó temporalmente su vínculo. La película presenta un subtexto que insta a los civiles a aceptar el secreto, a no entrometerse en los asuntos militares y a estar agradecidos a la bomba”, analiza Franklin en su libro.

Antes de la Segunda Guerra Mundial el esfuerzo propagandístico se orientó a promover la actividad nuclear, después de la guerra, en hacer “amigable” la carrera armamentista.

En 1942, el Proyecto Manhattan logró la construcción de la primera bomba nuclear. En esa década, el gobierno y un amplio sector de la industria desplegaron una campaña masiva cuyo lema era “átomos por la paz”. Por entonces, la Comisión de Energía Atómica y la compañía General Electric preparaban los contenidos de exposiciones, películas y hasta textos para ciertas materias de la escuela secundaria. El padre de la bomba atómica, en persona, el general Leslie Groves, proveyó de información, para tiras de historieta para los diarios.

Después de 1945, las élites norteamericanas apelaron tanto al hard como en el soft-power a favor del aparato militar industrial. “Existió un sofisticado sistema de coacción y propaganda. Quienes cuestionaban, sobre todo en el influyente campo de la cultura, fueron acallados. Los textos u obras que se oponían a la carrera armamentista fueron proscriptas y hubo purgas en los medios de comunicación, en la educación y en los sindicatos” afirma Franklin, quien señala que Hollywood produjo sólo dos películas de contenido pacifista: Five, dirigida por Arch Oboler y El día que paralizaron la tierra, de Robert Wise, ambas de 1951. Todas las demás se prohibieron. “De 1952 a 1958, las películas sobre armas atómicas se volvieron panfletos a favor de la Guerra Fría”.

Mientras al ciudadano de a pie se le suministraban argumentos para que abandonara sus pruritos éticos, en la cúpula del poder el cinismo moral era descarnado. Esto se ve con claridad en el extraordinario documental de Errol Morris, “Fog of the War” (Niebla de la guerra), una expresión militar que alude a una particular situación de confusión mental que suelen padecer los soldados en medio de la guerra al punto que pierden todo punto de referencia y pueden encaminarse hacia el frente enemigo pensando que es el propio.

La película es una conversación con Robert McNamara. Ya octogenario, el ex ministro de Defensa de EEUU no sólo expone sus cavilaciones durante la guerra de Vietnam sino, que detalla los silogismos perversos que sustentaron los genocidios en Hiroshima y Nagasaki.

“En marzo de 1945 yo estaba en la isla de Guam. Analizaba cómo hacer los bombardeos más eficientes, no en el sentido de matar civiles sino de debilitar al adversario”, dice McNamara a la cámara. A los 29 años, la Fuerza Aérea lo había reclutado en la universidad por su mente brillante para las estadísticas. “En una noche quemamos vivos a cien mil japoneses; 135 kilómetros cuadrados de Tokio ardieron porque sus viviendas eran de madera y nosotros arrojamos bombas incendiarias. Yo fui parte de un mecanismo amplio que lo recomendó. ¿Era eso moral? ¿Fue necesario lanzar la bomba atómica cuando ya habíamos matado entre 50 y 90 % de las personas en 67 ciudades de Japón?”, se pregunta en el documental el genio de las estadísticas.

Aunque en Europa, la Alemania nazi había capitulado en mayo de 1945, Japón seguía en guerra. La historia oficial dice que el presidente Harry Truman ordenó lanzar dos bombas como forma de poner fin al conflicto. No obstante, la magnitud del ataque huele a represalia racista y mensaje mafioso.

No sin cinismo McNamara reflexiona ante la cámara: “Arrojamos dos bombas ¿Fue desproporcionado? Para algunos sí. El general que dio la orden nos decía que si hubiéramos perdido nos habrían juzgado como criminales de guerra por nuestros actos inmorales. ¿Por qué es inmoral si se pierde y no lo es si se gana?”

A 75 años de los peores crímenes contemporáneos es hora de un NUNCA MAS de Estados Unidos. En momentos difíciles de transición hegemónica, es hora de una profunda reflexión global a favor de la paz.

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Foto Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia

La noticia despertó alegría en unos y tristeza y rabia en otros. A la 1:12 pm del martes 4 de agosto el expresidente y senador Álvaro Uribe informó por redes sociales de la decisión tomada por la Sala de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia y que le impuso detención domiciliaria. Deberá responder por los presuntos delitos de soborno y fraude procesal. Litigio judicial cuya contraparte recae en el senador Iván Cepeda. La disputa ante ambos congresistas, representantes de partidos opuestos, llegó a los tribunales en el 2012.

 

El origen del litigio

 

El proceso que los enfrenta comenzó cuando el otrora presidente denunció al congresista Cepeda por presunta manipulación de testigos. En aquel entonces el senador del Polo Democrático Alternativo preparaba una denuncia en el Senado contra el Uribe Vélez por vínculos con el paramilitarismo, por lo que entrevistó a diferentes líderes de grupos paramilitares desmovilizados y que cumplían condenas en centros penitenciarios.

En 2018, la Corte Suprema de Justicia archivó el caso contra el senador Cepeda y abrió indagación al hoy senador del Centro Democrático quien es investigado por presuntamente haber intentado manipular el testimonio de Juan Guillermo Monsalve, quien lo ha señalado de fundar el bloque Metro de las Autodefensas.

 

Rueda de prensa

 

Conocida la decisión del alto tribunal, el senador Iván Cepeda, acompañado de su apoderado, el jurista Reynaldo Villalba, citó a rueda de prensa para entregar su opinión sobre lo decidido. En la misma, transmitida a través de Contagio Radio, medio de comunicación alternativo, estas fueron las declaraciones entregadas:

 

Reynaldo Villalba:

 

“No he sido notificado aún, el propio Álvaro Uribe dio la noticia. La Corte Suprema de Justicia contaba con absoluta y sólidas pruebas y era lo que se esperaba ocurriera en estricto derecho. Es una transcendental noticia para la justicia. Quiero rescatar la independencia de la Corte Suprema de Justicia pese a la enorme presión a la que fue sujeta estos días, incluso desde el propio gobierno de Iván Duque y sus Ministros”.

 

Senador Iván Cepeda:

 

“Es una fecha sin lugar a dudas transcendental. Considero que la decisión de la Corte Suprema de Justicia nos ayuda a consolidar la democracia en Colombia. Al senador y expresidente, Álvaro Uribe Vélez le han colocado una medida de aseguramiento. No hay individuos que estén por encima de la justicia y de la ley por muy poderosos e influyentes que sean. Esa es una lección fundamental que hay que asumir con serenidad.

Invitamos a todos los ciudadanos a asumir esta situación con total serenidad, es una decisión que ha producido un Tribunal. Es el comienzo de un proceso ante la eventualidad de un proceso de llamamiento a juicio, al cual, la contraparte tiene todas las herramientas, recursos y procedimientos que están para garantizar su derecho a la justicia. Debo señalar que este ha sido un proceso muy largo, recordar que comenzó el 23 de febrero de 2012. Es decir que cumplimos 8 años.

Este proceso tuvo 2 etapas donde el senador Uribe entabló una denuncia penal en mi contra y una segunda etapa que ha comenzado a partir de una denuncia que interpusimos con el abogado Reynaldo Villalba por información que tuvimos con gravísimos hechos que estaban ocurriendo con relación a presunto soborno de testigos que influiría la actuación de la justicia. En este largo proceso la actuación de nosotros se ha limitado a ejercer la defensa.

Nosotros no hemos llamado a ningún testigo perteneciente a grupos paramilitares u organizaciones criminales ante la Corte Suprema, quienes han recurrido a esos 22 testigos y han sido presentados ante la Corte ha sido la contraparte. Nosotros no hemos ocurrido a esos testigos, como se le ha hecho pensar a la opinión pública.

Así que hoy, estamos ante una decisión que ha sido objeto de una larga revisión. No se puede decir que la Corte haya tomado una decisión superficial, sin realizar un largo proceso de escucha de testigos y verificación de toda clase de pruebas. Hay abundante material probatorio que sustenta esta decisión. Y nosotros pues obviamente estamos listos para la nueva etapa. Sin ninguna clase de actitudes arrogantes o vengativas. Queremos mantener el llamado a la majestad de la justicia en este caso a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia.

Estamos listos, desde el primer día, a acatar sus decisiones. Queremos entregar hoy simplemente un mensaje, si bien expresamos nuestra alegría, llamamos a la serenidad. Que no haya incitación ni conmociones en la opinión pública sino como demócratas y ciudadanos recordemos que existe una Constitución, un ordenamiento legal y que en ese ordenamiento legal los jueces de la República tienen la posibilidad de ejercer justicia para el bien de los colombianos.

Esa es nuestra declaración. Les pedimos ustedes comprendan no queremos entrar a hacer comentarios sino simplemente, con humildad y serenidad, entregar este mensaje”.

 

Memoria y futuro

 

Para nadie es un secreto que para un sector no despreciable de la sociedad colombiana el otrora presidente es el responsable de la creación y prolongación del paramilitarismo en Colombia. Es decir, sobre él recae la sospecha por miles de asesinatos, así como del desplazamiento y despojo de la tierra y otros bienes de millones de campesinos. Sospecha extendida a la autoría intelectual de los falsos positivos, así como de las acciones del otrora DAS, como otras sindicaciones que nunca han sido probadas. Para este sector lo decidido hoy por la Sala de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia es el inicio del derrumbe del poder de quien atizó el odio y la muerte en Colombia.

Es un odio contra alguien que ciertamente alimentó el odio y el dolor en el país, que cuenta en el otro extremo de la opinión nacional con un mayoritario sector social que ve en el mismo personaje a alguien que fue capaz de enfrentar la guerrilla y arrinconarla estratégicamente hasta llevarla a la negociación, proceso que recogió y finalizo Juan Manuel Santos. Para este segmanto de la sociedad colombiana el sentimiento es dispar, y con seguridad se preguntarán por qué está detenido su ídolo y no sufren igual circunstancia los otrora mandos de las Farc, por ejemplo.

Como se recordará, es ese sector mayoritario en Colombia, que evidencia disminución pero no hasta ser minoritario, el que derrotó el referendo por la paz, como el que eligió a Santos –quien presumía como continuador de su patrocinador–, y luego a Iván Duque.

Es de suponer, por tanto, que la detención del hoy Senador no significa su derrota, y que por el contrario, como el mismo acostumbra –se defiende atacando–, puede implicar una ofensiva en distintos planos. Las semanas que vienen permitirán conocer sus planes y proyecciones, para lo cual contará con el apoyo de buena parte del Estado colombiano, siempre simulando legalidad.

Como puede recordarse, un juicio que lo llevó a una condena temporal también recayó sobre el dictador Gustavo Rojas Pinilla (condenado en marzo de 1959), la que anulada en diciembre de 1966 le permitió lanzarse a la arena política y ser elegido Presidente en 1970, elección usurpada por una conspiración oligárquica que ungió a Misael Pastrana como el elegido.

Es evidente, entonces, la verdad no es solo jurídica, también existe la verdad política, así como la verdad social, y en esta es donde debe centrarse la atención. Sin comprender los factores por los cuales la mayoría de la sociedad colombiana ha apoyado a quien carga con gravísimas sindicaciones que harían sonrojar a mentores como Hitler, Mussolini, Franco, Pinochet, no será posible derrotarlo y sacarlo de la arena política.

Paralelo a ello, sus contarios tensionarán las cuerdas con otras tantas fibras de la institucionalidad nacional, friccionada, y en la cual personajes como el expresidente Juan Manuel Santos conserva reservas. Antípoda de Uribe, no ahorrará influencia ni esfuerzos por ver morder el polvo a su oponente. La alianza Cepeda-Santos es evidente.

Por ahora, luego de legalizar la captura en contra de Uribe Vélez y definir el lugar de reclusión, vendrá un proceso probatorio hasta el cierre de la investigación en el que la Sala de Instrucción decidirá si precluye el caso o llama a juicio al exmandatario. De esta manera, y por el tiempo que esto se tome, el país ahonda su polarización la que, seguramente, marcará de nuevo el proceso electoral del 2022 para elegir sustituto de Duque.

 

La formalidad

 

Álvaro Uribe Vélez escribió en su cuenta de twitter sobre el suceso: “La privación de mi libertad me causa profunda tristeza por mi señora, por mi familia y por los colombianos que todavía creen que algo bueno he hecho por la patria”.

Hasta ahora nada está decidido, las alegrías pueden ser efímeras, la disputa en curso ha quemado una etapa y vendrán otras. ¿Le sucederá a Uribe lo vivido por Gustavo Rojas Pinilla?

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Nouriel Roubini: "Es demasiado lo que se ha venido abajo"

El famoso economista norteamericano Nouriel Roubini es uno de los analistas más polémicos del mundo. Lo llaman el Doctor Doom (‘Doctor Muerte’). No suele traer buenas noticias. En esta entrevista hace añicos toda esperanza de una rápida recuperación de la economía.

 

A sus 62 años, Nouriel Roubini es uno de los economistas más prominentes y polémicos del mundo. Profesor en la Stern School of Business de Nueva York, anticipó el estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos y la crisis financiera de 2008. También fue de los primeros en anunciar el hundimiento de la economía por la crisis del coronavirus.

 

XLSemanal. La pandemia ha puesto de rodillas a la economía mundial, millones de personas han perdido su empleo. ¿Esta crisis es tan grave como la Gran Depresión de los años treinta?

Nouriel Roubini. La debacle es aún mayor que entonces. Aquella vez, la verdadera dimensión de la crisis solo se empezó a vislumbrar años después del crack de 1929. Comparada con la situación actual, fue como una caída a cámara lenta. Esta vez, la economía mundial ha colapsado en cuestión de semanas, 40 millones de personas se han ido al paro solo en Estados Unidos. Muchos creen que la recuperación será igual de rápida, pero es una falacia.

 

¿No cree que vaya a producirse una recuperación en forma de uve, a pesar de los importantes paquetes de estímulo que se están aprobando? Sin ir más lejos, en mayo se crearon 2,5 millones de nuevos puestos de trabajo en Estados Unidos…

N.R. Sí, pero eso después de que 42 millones de personas hayan perdido el suyo. Como es lógico, veremos una recuperación en la segunda mitad del año, pero no será una recuperación real, será solo una ilusión. La economía se ha desplomado de tal manera que es prácticamente inevitable que acabe repuntando otra vez, pero esa recuperación no compensará en absoluto la caída. A finales de 2021, la economía estadounidense todavía seguirá por debajo de los niveles de 2020, es demasiado lo que se ha venido abajo. La tasa de desempleo oscilará entre el 16 y el 17 por ciento, mientras que durante la pasada crisis financiera se quedó en un máximo del 10 por ciento.

 

Los mercados de valores parecen verlo de otra manera, las acciones cotizan casi al mismo nivel que a comienzos de año.

N.R. Los mercados se engañan. Los inversores están apostando por que habrá más paquetes de estímulo y una recuperación de los beneficios, pero eso, aquí, a la gente de la calle no le dice nada.

 

¿Que a los norteamericanos les da igual la Bolsa? Eso sí que sería una novedad.

N.R. Matizaré mi afirmación: en Wall Street, las que marcan el rumbo son las grandes empresas; en particular, los bancos y las tecnológicas. Ellas sobrevivirán a la crisis porque el Estado nunca dejará que se hundan. Despedirán a trabajadores, reducirán costes y al final tendrán más poder que antes. Pero lo que conocemos como Main Street, es decir, las pequeñas y medianas empresas, no pueden hacer lo mismo, estas simplemente irán a la quiebra. Calculo que la mitad de los restaurantes de Nueva York acabarán teniendo que echar el cierre, pero McDonald’s sobrevivirá. Y eso no es todo.

 

¿Qué más hay?

N.R. El 10 por ciento de los norteamericanos más ricos son dueños del 90 por ciento del capital bursátil, mientras que un 75 por ciento no tiene ni una sola acción. Hay un estudio de la Reserva Federal que dice que el 40 por ciento de los estadounidenses no dispone ni de 400 dólares en efectivo para afrontar posibles emergencias o imprevistos. Y una emergencia es lo que estamos viviendo en estos momentos. El sistema está enfermo, y por eso la gente está echándose a las calles.

 

¿Quiere decir que las revueltas provocadas por la muerte violenta de George Floyd también tienen un trasfondo social?

N.R. Por supuesto. En la zona en la que yo vivo, Bowery, en el Bajo Manhattan, las tres cuartas partes de los manifestantes son blancos. Muchos de ellos son jóvenes y forman parte del precariado urbano: empleados a tiempo parcial, autónomos, personas que trabajan por horas a pesar de que bastantes cuentan con estudios superiores. La mayoría de los trabajadores que no tienen contrato a jornada completa deja de recibir transferencias estatales pasados tres meses. Ya no pueden seguir pagando el alquiler ni la factura del teléfono, les cortan el agua y la electricidad.

 

Esta situación reducirá considerablemente las posibilidades de que Donald Trump salga reelegido, ¿no es así?

N.R. Sí, así es. Pero Joe Biden tendrá que ganar con una diferencia enorme para que Donald Trump se marche de Washington él solo. Y no creo que eso sea lo que vaya a ocurrir. Veo dos escenarios diferentes: o bien Trump conserva el cargo por poco margen -a pesar de que se está desvaneciendo el respaldo que tenía de las clases trabajadoras blancas-, o bien pierde por poco y se niega a aceptar el resultado.

 

¿En serio cree que se atrincherará en la Casa Blanca?

N.R. Por supuesto que sí. Si los resultados son apretados en algunos distritos, Trump no irá a los tribunales para exigir un recuento de votos, lo que hará será culpar a China, a Rusia, a los negros o a los emigrantes, y actuará igual que el dictador de una república bananera. Llamará a sus seguidores a tomar las armas; de hecho, ya hay muchos fascistas blancos armados sueltos. Por eso cita tantas veces la Segunda Enmienda, la que permite portar armas.

 

En la enumeración de presuntos culpables ha olvidado usted mencionar a la Reserva Federal. Trump quiere que baje aún más los tipos de interés.

N.R. La Reserva Federal ya ha hecho todo tipo de cosas que no tenía que hacer. Ha rescatado bancos, fondos de riesgo, a inversores financieros y a gestores de fondos patrimoniales inundando de liquidez los mercados. Ha sido una medida correcta a corto plazo para evitar el peligro de deflación, pero la deuda pública es tan elevada que los gobiernos y las empresas solo pueden refinanciarse si los tipos se mantienen ultrabajos. La Reserva Federal tiene que asegurarse de que esto sea así comprando deuda y, por lo tanto, impulsando las cotizaciones y ejerciendo presión a la baja sobre los tipos. A largo plazo no funciona. En ese sentido, la Reserva Federal se encuentra en la misma situación que todos los grandes bancos centrales del mundo.

 

¿Quiere decir que los bancos centrales han perdido su independencia?

N.R. Totalmente. Mire, en diciembre de 2018, Jerome Powell -el presidente de la Reserva Federal- anunció que subiría los tipos de interés y reduciría el balance del banco central suspendiendo la compra de deuda. La respuesta de las Bolsas fue una fuerte caída. Powell tuvo que dar marcha atrás rápidamente, y hoy el balance general de la Reserva Federal es el doble que entonces. A largo plazo, esta situación conducirá a una subida de la inflación.

 

¿Cómo es eso posible, con tanta gente sin empleo y con la economía sin terminar de despegar?

N.R. Porque tendremos un shock de oferta negativo. Puede que suene muy técnico, pero es fácil de explicar.

 

Pues adelante.

N.R. La globalización ha mantenido los costes laborales y de producción muy bajos durante años, aunque solo haya sido por los 2500 millones de trabajadores baratos que hay en la India y China. Pero la globalización ya dejó atrás su punto más alto durante la última crisis financiera, y la pandemia del coronavirus no ha hecho más que reforzar esa tendencia. Últimamente estamos asistiendo a episodios de renacionalización, al desmantelamiento de cadenas de suministro, a un conflicto comercial entre China y Estados Unidos…

 

¿Y por eso es por lo que espera una subida de precios en todos los frentes?

N.R. Tomemos el caso del 5G, por ejemplo. Nokia y Ericsson son en torno a un 30 por ciento más caras y un 20 por ciento menos eficientes que Huawei. Por lo tanto, si un país no se decanta por Huawei para desplegar su red 5G -decisión para la que hay buenas razones de política de seguridad-, automáticamente suben los precios de todo tipo de productos finales, desde tostadoras hasta microondas, porque el 5G va a estar en todas partes. Y eso, en última instancia, acaba derivando en inflación.

 

Pero entonces los tipos de interés tendrían que subir.

N.R. Según los manuales de economía, sí, pero no es lo que va a pasar, porque entonces los estados y las empresas verían saltar por los aires sus presupuestos y balances.

 

¿Le sorprende la enorme cantidad de dinero que los europeos están movilizando para estabilizar sus economías?

N.R. No, realmente no. De lo que se trata en el fondo es de mantener unida la eurozona. Sin un acto de solidaridad, algunos países, especialmente Italia, colapsarían y tendrían que salir de la zona euro. Y entonces todo se habría acabado.

 

Olaf Scholz -el ministro alemán de Finanzas- dijo, con respecto al paquete de ayudas de 500.000 millones de euros que Berlín y París quieren cerrar, que era el momento Hamilton de Europa, en referencia al primer secretario del Tesoro de Estados Unidos, Alexander Hamilton, el hombre que sentó las bases financieras de la república. ¿Cree que Scholz exagera?

N.R. Claro que exagera. Es un buen paquete de ayudas, pero todavía faltan dos requisitos para poder hablar de unos Estados Unidos de Europa. El primero, la mutualización de las obligaciones: la deuda de Italia sigue siendo la deuda de Italia. Y el segundo, un presupuesto común con un montante significativo, de entre el 20 y el 30 por ciento del PIB, y no del uno por ciento como en la actualidad.

 

Parece que esta vez Alemania está tomando decisiones revolucionarias.

N.R. No se puede decir siempre que no a todo. Berlín no puede oponerse a que el presupuesto europeo crezca y el Banco Central Europeo tenga un papel más relevante y al mismo tiempo sorprenderse si todo se va al garete. Si no se hace nada, Europa está muerta. Por suerte, la canciller Merkel se ha dado cuenta a tiempo de lo mucho que está en juego. Y en estos momentos goza de una popularidad tan alta que es capaz de sacar adelante estas propuestas. Dudo mucho que siga siendo posible con su sucesor, da igual quién acabe siendo presidente de su partido y canciller federal.

 

A todo esto se une que ya hay otra crisis esperando a la vuelta de la esquina: la del brexit. ¿Cree que los británicos acabarán solicitando una prórroga del periodo de transición?

N.R. Hablo mucho con representantes del Gobierno británico y tengo la impresión de que van a optar claramente por un brexit duro. Londres no quiere un acuerdo de libre comercio como el que existe entre la Unión Europea y Canadá, lo que quiere es cortar amarras de una forma nítida. Y eso, obviamente, es una auténtica locura. Los camiones se amontonarán en las aduanas, las Bolsas de Europa se hundirán, la economía británica también, igual que la europea, aunque no con la misma intensidad.

 

¿Hay algo que le haga albergar esperanzas?

N.R. ¿Esperanzas? Déjeme que lo piense… Me parece positivo que los gobiernos hayan reaccionado de forma rápida y enérgica a la pandemia. ¿Pero al margen de eso? Me temo que la próxima década va a estar marcada por la ruina y el desastre. Puede que al final la economía global acabe siendo más sostenible, pero por el momento lo que va a ser es más sombría.

Roubini nació en Estambul hace 62 años. De origen judío-iraní, ha vivido en Irán, Israel e Italia. Doctor en Economía Internacional por Harvard, hoy es ciudadano de Estados Unidos. Trabajó en el Departamento del Tesoro, fue docente en Yale y ahora en Nueva York, donde preside Roubini Global Economics Monitor, una firma de consultoría y análisis financiero.

 

Fuente: https://www.xlsemanal.com/personajes/20200721/nouriel-roubini-crisis-economica-coronavirus-recuperacion.html

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Venezuela: un sector de la oposición no participará de las elecciones

De cara a los comicios legislativos del 6 de diciembre 

 

Faltan cuatro meses para las elecciones legislativas en Venezuela. Finalmente, como se anticipaba, un sector de la oposición no participará. La decisión fue anunciada el domingo a través de un comunicado suscrito por 27 organizaciones opositoras, donde afirman que lo que sucederá el 6 de diciembre no será una contienda electoral sino un fraude.

En el comunicado aparecen las firmas del denominado G4, es decir Voluntad Popular, Primero Justicia, Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo, junto con otras organizaciones articuladas alrededor de la estrategia abstencionista. Esa opción de boicot electoral no es nueva en la historia reciente venezolana, ocurrió en época de Hugo Chávez y volvió a repetirse en el 2017 y 2018.

Sin embargo, no se trata de una estrategia compartida por el conjunto de la oposición. Si eso ya había quedado de manifiesto en las contiendas anteriores, ahora lo es con mucha más fuerza ya que un sector mayoritario de fuerzas de oposición participará de las elecciones del 6 de diciembre. El Consejo Nacional Electoral ya indicó que para estas elecciones se han inscrito 105 partidos.

La apuesta por la abstención tampoco es compartida dentro de muchos de los partidos del G4, divididos en su interior. Un caso paradigmático es el de Primero Justicia, públicamente fracturado en tres posturas. Por un lado, quienes son parte de la apuesta alrededor de la figura del “gobierno interino”, como, por ejemplo, Julio Borges. Por otro lado, quienes se oponen a esa línea y ahora, tarjeta del partido en mano, anuncian que serán parte el 6 de diciembre. 

Y, por otra parte, Capriles Radonski, que sostiene una tercera posición. “¿Vamos a seguir haciendo política con los pies a dónde? Los pies hay que tenerlos en la tierra, usted tenía un plan y el plan fracasó, ¿va a seguir pegándose con el fracaso?, se acabó. (…) Tenemos que salir de la gran contradicción gobierno vs fantasía. ¿Gobernar en internet? ¡Por favor!”, afirmó el excandidato presidencial pocos días atrás, desmarcándose tanto de Guaidó -“el fracaso”- como del gobierno.

Esto mismo se repite dentro de Acción Democrática donde por un lado un sector, encabezado por Henry Ramos Allup, firmó el comunicado denunciando anticipadamente el fraude, mientras que otro, dirigido por Bernabé Gutiérrez, ya se encuentra en campaña desde hace varias semanas. Ambos se dicen representantes del partido, pero el segundo es parte de la junta directiva que reconoce el Tribunal Supremo de Justicia. A la opción de participar se sumó además la gobernadora del estado Táchira, miembro del partido, Laidy Gómez.

Si el mapa de fuerzas es complejo, la división política, en cambio no lo es. El comunicado de abstención ocurre pocos días después de que Washington vuelva a sentar posición respecto a las elecciones. Elliot Abrams, denunciado por sus implicaciones en masacres en América Central en la década del 80 y encargado del asunto Venezuela por el Departamento de Estado, volvió a ratificar la posición estadounidense.

“Las condiciones para unas elecciones libres y justas son de hecho mucho peores de cómo estaban en el 2018 (…) las elecciones parlamentarias en diciembre ya están manipuladas”, declaró ante la prensa.

Así, detrás de la decisión de participar o no participar el 6 de diciembre, se encuentra el parteaguas principal: mantenerse detrás de la estrategia diseñada y conducida desde Estados Unidos, que cuenta con apoyo bipartidista interno, o tener una política propia desacoplada de Washington. Es entonces mucho más que un debate sobre abstención.

El alineamiento a Estados Unidos significa tres aspectos centrales. Por un lado, sostener la ficción del gobierno paralelo, inexistente dentro del país, pero reconocido por el arco de gobiernos que siguen la política exterior estadounidense hacia Venezuela. Por otro lado, y vinculado con lo primero, apoyar la política cada vez más exacerbada de bloqueo económico y robo de activos venezolanos en el extranjero. Por último, y como central, mantener la apuesta a una salida vía derrocamiento de Nicolás Maduro.

LEER MÁSPolítica o Nopolítica

Ese alineamiento significa para los partidos opositores apoyar un bloqueo que golpea sobre el conjunto de la economía, la sociedad y cuenta con poca legitimidad. Implica también una renuncia al ejercicio político, a la participación electoral. La pregunta, ante la cual no tienen respuesta es: ¿cuál es el plan? Bajo ese silencio se esconden las tramas de operaciones encubiertas, intentos de fractura de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, el colapso económico nacional como estrategia de acceso al poder.

Este escenario se desarrolla mientras el país enfrenta el aumento de la pandemia de covid-19. Existen actualmente 20.206 casos de contagio y 174 fallecidos, un número menor en comparación con el cuadro de los países vecinos. Sin embargo, el número preocupa debido a la velocidad con la cual se multiplican los contagios, y por las dificultades económicas que enfrenta el país, que, además, venía presentando retrocesos en el ámbito sanitario, en particular en los hospitales públicos.

Ante la aparición de la pandemia el gobierno reforzó tanto la dotación de insumos médicos a través de convenios con gobiernos aliados, como China, Rusia y Cuba, así como la red desarrollada durante años en los barrios populares, a través, por ejemplo, de los Centros de Diagnóstico Integral. El viernes, por ejemplo, fue inaugurado un centro especial de lucha contra la covid-19 en el conocido Poliedro de Caracas, con 1.200 camas hospitalarias, unidad de cuidado intensivo, quirófano y laboratorio móvil. El acceso, cuidado y tratamiento será gratuito para los pacientes.

Con el mapa ya definido ante el 6 de diciembre, la pandemia en pleno desarrollo, queda ahora por ver si Washington, en medio de tormentas internas, dará luz verde a una acción para, nuevamente, intentar un derrocamiento. 

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Lunes, 03 Agosto 2020 06:09

El monstruo ya está aquí

El monstruo ya está aquí

Entrevista a Mike Davis

 

El reconocido historiador Mike Davis acaba de publicar El Monstruo ya está aquí, un libro sobre la pandemia, los sistemas sanitarios y las desigualdades provocadas por el capitalismo. El trabajo retoma los pronósticos realizados por el mismo autor en su libro El monstruo llama a nuestra puerta, publicado hace poco más de una década. En esta entrevista, Davis afirma que viviremos una época de pandemias múltiples y plantea que el sistema actual difícilmente pueda atajarlas de modo correcto.

Se ha hablado mucho sobre el origen de los coronavirus. ¿Cómo se relaciona con la agricultura industrial y el papel de las multinacionales? ¿Son estas las nuevas plagas del capitalismo?

Sabemos que el virus pandémico, el SARS-CoV-2, se originó en los murciélagos, al igual que los SARS iniciales de 1992-1993. Una cuarta parte de todos los mamíferos son murciélagos –unas 1.500 especies– y albergan una increíble variedad de virus, incluyendo cientos de coronavirus, que tienen el potencial de dar el salto a los seres humanos, ya sea directamente o a través de un animal salvaje que actúa como intermediario. La cadena de transmisión del virus actual no se conoce y, de hecho, puede que nunca se conozca, pero la constante expansión de cultivos y granjas en zonas silvestres de China es probablemente un factor clave, junto con la tradición cultural de consumir murciélagos y animales exóticos.

En el caso de nuevas gripes –que siguen representando un riesgo inminente–, el crecimiento exponencial de la producción industrial de cerdos y pollos en el suroeste de Asia y en otros lugares ha amplificado enormemente esta amenaza pandémica. Los cerdos, que pueden ser huéspedes de una doble infección de cepas de gripe aviar y humana, son reactores biológicos claves, ya que los segmentos del genoma de dos virus pueden a veces recombinarse para crear híbridos monstruosos. Las industrias avícolas, por su parte, actúan como aceleradores virales para la propagación de estas nuevas cepas.

A escala mundial, la deforestación es el mazazo que rompe los muros entre la naturaleza salvaje y sus enormes reservas de virus, por un lado, y las ciudades humanas superpobladas por el otro. Un ejemplo citado en mi libro es el caso de la región costera del África occidental, la zona de más rápida urbanización del planeta. Tradicionalmente, las aldeas y ciudades dependían del pescado como la principal fuente de proteínas. Pero a partir de la década de 1980 las flotillas industriales de Europa y Japón extrajeron aproximadamente la mitad del pescado del Golfo de Guinea. Los pescadores locales perdieron sus medios de vida y los precios del pescado se dispararon en los mercados urbanos.

Simultáneamente, las multinacionales madereras estaban abriéndose paso con motosierras a través de los bosques tropicales del Congo, Gabón y Camerún. Con el objeto de mantener bajos los costos de la mano de obra, contrataron a cazadores para matar animales salvajes, incluyendo primates, para alimentar a las cuadrillas. Esta «carne silvestre» pronto encontró una enorme demanda en las ciudades ávidas de proteínas, especialmente entre las poblaciones de los barrios pobres que vivían en condiciones sanitarias terribles. Esta cadena causal –la expoliación de los recursos pesqueros sostenibles, la tala de bosques que rompió las barreras naturales entre las poblaciones humanas y los virus salvajes, el aumento de la caza de animales silvestres a gran escala para abastecer de carne los mercados urbanos y el crecimiento exponencial de los barrios pobres– fue la fórmula maestra para la aparición tanto del virus de inmunodeficiencia humanaVIH como del ébola.

Hace quince años escribió El monstruo llama a nuestra puerta: la amenaza global de la gripe aviar. Desde aquel momento, numerosos estudios advirtieron de la posibilidad de una pandemia. ¿Por qué hemos llegado a este punto casi sin ninguna prevención y sin el desarrollo de la investigación científica adecuada para combatir este tipo de virus?

En realidad, en los últimos 25 años ha habido una enorme cantidad de investigaciones y modos de preparación para una pandemia. En cierto sentido todo fue vaticinado, pero algunos países se negaron a prestar atención a las advertencias o, como Estados Unidos bajo Donald Trump, desmantelaron deliberadamente estructuras cruciales para la alerta temprana y el control. Además, Reino Unido, Estados Unidos y algunos países europeos habían recortado drásticamente el gasto en salud pública, ya sea por razones ideológicas o por las medidas de austeridad posteriores a 2008. En Estados Unidos, por ejemplo, nos enfrentamos al brote a finales de enero con 60.000 trabajadores sanitarios menos que los que habían estado en las nóminas de los gobiernos locales y del Estado en 2007.

Mientras tanto, la gran industria farmacéutica ha continuado obstaculizando el desarrollo de antivirales que se necesitan con urgencia, antibióticos de nueva generación y vacunas genéricas. El otoño pasado, el propio Consejo de Asesores Económicos de Trump le advirtió que no se podía contar con las grandes empresas farmacéuticas en una crisis pandémica, ya que en general habían abandonado el desarrollo de medicamentos para enfermedades infecciosas, a menos que el gobierno federal interviniera con miles de millones de dólares de subsidios.

Por otra parte, las empresas de biotecnología más pequeñas que estaban siendo precursoras de nuevos medicamentos y vacunas se vieron privadas del capital necesario para llevar sus descubrimientos a las etapas finales de prueba y producción. Después de la aparición del SARS en 2003, por ejemplo, un consorcio de laboratorios de Texas había desarrollado una posible vacuna contra el coronavirus que nadie estuvo dispuesto a financiar. Si se hubiera desarrollado, dada la coincidencia de 80% entre los genomas del SARS-1 y el SARS-2, podría haber sido una base excelente para la producción acelerada de una vacuna contra el covid-19.

Lo más importante es que la mayoría de los países de Asia oriental, tanto los autocráticos como los democráticos, han logrado contener la pandemia hasta ahora gracias a planes de respuesta bien preparados (un legado de las anteriores crisis del SARS y de la gripe aviar), una amplia aceptación del liderazgo científico, la inmediata aceleración de la producción de mascarillas y respiradores y, un factor clave que en su mayor parte ha sido ignorado, la capacidad de movilizar a grandes ejércitos de trabajadores y voluntarios para responder a nivel de base. A pesar de su condición de nación en vías de desarrollo y de la escasez de médicos, el éxito de Vietnam ha sido notable y probablemente sea el resultado de la combinación de laboratorios de categoría mundial (los Institutos Pasteur en Hanoi y Ciudad Ho Chi Minh) con una red nacional de trabajadores sanitarios públicos a escala de aldea y de barrio.

El talón de Aquiles de la planificación previa en muchos países ricos ha sido apoyarse exclusivamente en los profesionales de la salud, cuando una educación pública universal acerca de las amenazas de enfermedades y la organización de una reserva de voluntarios capacitados son casi igualmente importantes para combatir las tormentas virales. Como la tragedia nos está obligando a comprender, no vivimos en una pandemia sino en una era de pandemias.

El discurso de los gobiernos es que de esta pandemia «salimos todos juntos», pero la realidad es que el virus sí entiende de racismo y capitalismo. ¿Cómo afecta esta crisis a los trabajadores precarios, latinos y afroamericanos?

Los distintos países, por supuesto, difieren ampliamente en cuanto al acceso a una atención médica asequible, los indicadores de la desigualdad de ingresos y los legados estructurales de la discriminación racial y étnica. Entre las naciones de altos ingresos, Estados Unidos es la que tiene la peor puntuación en las tres categorías. Pero incluso en países con atención médica universal y niveles de desigualdad mucho más bajos hay poblaciones vulnerables que han quedado desprotegidas y a menudo invisibles en la crisis actual.

Las residencias de ancianos se han convertido en morgues a ambos lados del Atlántico, y son el origen de 40% a 50% de las muertes de covid-19 en muchos países. En Estados Unidos, donde el número de víctimas de este tipo supera ya las 50.000, se estima que la mitad son afroestadounidenses. Aquí es donde las vidas de los negros parecen importar menos.

Si los expertos en salud pública sabían que estas instalaciones se convertirían rápidamente en focos de infección, ¿por qué los gobiernos nacionales y locales no crearon inmediatamente grupos de trabajo especiales para intervenir? ¿Y por qué las ONG y los partidos políticos progresistas no hicieron de esto una demanda contundente? Las mismas preguntas, por supuesto, deberíamos hacernos sobre las cárceles, las prisiones y los campos de refugiados. La actitud pasiva de las autoridades solo puede ser caracterizada como una negligencia criminal.

La crisis también permitió visibilizar la importancia de los «trabajadores esenciales» para el funcionamiento de la sociedad. Y son los más expuestos al contagio.

Los que ahora reconocemos como «trabajadores y trabajadoras esenciales» ante la pandemia incluyen desde investigadores científicos hasta conserjes y personal de cuidado a domicilio. Además de todas las categorías de personal médico, millones de personas que trabajan en la agricultura y en la industria frigorífica, en la venta y distribución de alimentos, en servicios públicos como el transporte, la vigilancia y la sanidad, y en la industria logística (almacenamiento y reparto). Estos son precisamente los sectores que tienen los mayores porcentajes de trabajadores pertenecientes a minorías con salarios bajos, inmigrantes recientes y empleados eventuales.

En Estados Unidos, casi la mitad de estos trabajadores son negros, latinos o asiáticos y, salvo que pertenezcan a un sindicato, es poco probable que tengan un seguro médico adecuado (o que tengan alguno). Muchos han pasado largos periodos sin recibir tratamiento por enfermedades que se habrían atendido de forma rutinaria de haber tenido seguro médico y, por lo tanto, sufren de dolencias crónicas como el asma y la diabetes. Sus trabajos están entre los más peligrosos, tienden a trabajar jornadas más largas y, en el caso de quienes tienen bajos ingresos, viven en las peores condiciones de vivienda. Durante seis meses se han enfrentado al mayor grado de exposición ante la amenaza del coronavirus, generalmente sin equipos de protección o sin el derecho a reclamar contra las precarias condiciones laborales.

Estos trabajadores han sido completamente traicionados por la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (OSHA) –un organismo del Departamento de Trabajo de Estados Unidos–, que se ha negado a poner en marcha normas obligatorias para proteger a los trabajadores o atender las miles de quejas que se han presentado de forma oficial. Por eso, la industria frigorífica en el Medio Oeste, donde la mayoría de los trabajadores pertenecen a minorías o son inmigrantes recientes, ha sido tan devastada por el covid-19. Y por eso los trabajadores estadounidenses han hecho huelga o han organizado protestas furiosas en más de 500 ocasiones desde abril.

En este contexto, ¿qué papel están jugando empresas como Amazon?

El blanco frecuente de protestas ha sido Amazon, el máximo especulador con la pandemia, y que ha violado notoriamente los derechos de los trabajadores. El patrimonio personal de Jeff Bezos aumentó en unos astronómicos 33.000 millones de dólares entre marzo y abril, en tanto que la empresa se convirtió en una vía fundamental para la entrega de alimentos y suministros básicos para las familias confinadas en sus hogares. Al mismo tiempo, se ha apresurado a ocupar de forma permanente los espacios vacíos dejados por el cierre de tantos miles de pequeños negocios minoristas (una estimación común en la prensa internacional especializada es que una cuarta parte de las pequeñas tiendas afectadas en Europa y Estados Unidos nunca volverán a abrir).

Los demócratas, con excepción de Elizabeth Warren, no han abordado los problemas que plantea el creciente poder monopólico de Amazon. Durante las dos guerras mundiales del siglo pasado, se impusieron con éxito impuestos a los «beneficios extraordinarios» de las principales empresas en la industria armamentística, pero los dirigentes demócratas se han negado a considerar una regulación similar para Amazon o para las grandes empresas farmacéuticas. Hacia fin de año, la economía estadounidense se parecerá aún más a la sociedad capitalista pura y dura descrita por Fritz Lang en su famosa película Metrópolis.

En su libro Planeta de las ciudades miseria, analiza ese fenómeno de las gigantescas metrópolis donde la superpoblación y el hacinamiento son la normalidad. ¿Puede haber derecho a la salud en estas condiciones de la geografía urbana capitalista?

Desde principios del siglo XX ha habido un debate esencial y recurrente sobre cómo controlar las epidemias a escala mundial. La posición estadounidense, respaldada por los enormes recursos de la Fundación Rockefeller, se centró en librar guerras contra enfermedades específicas con recursos masivos enfocados en el desarrollo y la distribución de vacunas. Estas cruzadas por las vacunas han dado lugar a grandes éxitos (viruela y poliomielitis) e igualmente a grandes fracasos (paludismo y sida). El enfoque basado en intervenciones técnicas específicas para cada enfermedad ha salvado vidas, pero deja en su sitio las condiciones sociales que promueven las enfermedades.

La otra vertiente en el debate ha dado prioridad a la inversión en infraestructuras de atención primaria de salud en las regiones y países más pobres. Se inspira en las ideas de la «medicina social» propuestas por el gran patólogo alemán Rudolf Virchow en la década de 1880 y ampliamente adoptadas en el siglo XX por partidos de la izquierda, así como por un amplio espectro de reformadores que deseaban reorientar la medicina hacia la prevención de enfermedades junto con reformas sociales radicales.

Durante gran parte de la posguerra, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estuvo dominada por Estados Unidos y el paradigma Rockefeller, pero los defensores de la medicina social obtuvieron una importante victoria en 1978 cuando la OMS emitió la «Declaración de Alma-Ata», en la que se afirmaba que el acceso a servicios sanitarios de calidad era un derecho humano universal. Se adoptó un plan de campaña que subrayaba la importancia de la participación de la comunidad y de un enfoque desde abajo para lograr «salud para todos en el año 2000». Pero la contrarrevolución neoliberal que siguió a la elección de Margaret Thatcher y Ronald Reagan convirtió esta declaración en letra muerta.

El covid-19 está revelando hasta qué punto hay dos humanidades inmunológicamente diferenciadas. En las naciones ricas, alrededor de un cuarto de la población cae en la categoría de alto riesgo debido a la edad y a los problemas de salud crónicos, a menudo relacionados con la raza y la pobreza. En cambio, en los países con ingresos bajos y en muchos países con ingresos medios, entre la mitad y tres cuartas partes de la población se encuentra en situación de riesgo. El cofactor más importante es la disminución de la inmunidad debido a la malnutrición, las infecciones gastrointestinales generalizadas y las enfermedades descontroladas y no tratadas como la malaria y la tuberculosis.

1.500 millones de personas viven actualmente en asentamientos precarios en África, el sur de Asia y América Latina, que son las perfectas incubadoras de la enfermedad. Sabemos que allí la pandemia está fuera de control, pero en gran medida permanece invisible en las actuales estadísticas fragmentarias. Y si Europa muestra cierta disposición a compartir eventuales stocks de vacunas con los países pobres, el gobierno de Trump demostró recientemente, con la compra de todas las existencias mundiales del medicamento Remdesivir, que no tiene intención de compartir nada. America First significa África en último lugar.

En las últimas campañas, la corriente progresista del Partido Demócrata ha ignorado en gran medida estas cuestiones de la salud y la pobreza a escala mundial. También ha defraudado las expectativas de sus simpatizantes. Hace pocas semanas se anunció que las negociaciones entre los sectores de Joe Biden y Bernie Sanders han dado lugar a una plataforma demócrata que está muy por debajo de «seguro médico universal», la demanda central de la campaña de Sanders, a pesar de que la pandemia y el colapso económico han demostrado un millón de veces su urgente necesidad.

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Lunes, 03 Agosto 2020 06:05

Abracadabra

Luego de un acuerdo entre la gobernadora demócrata de Oregon, Kate Brown, y la administración de Donald Trump para reducir a los agentes federales en Portland, las protestas del movimiento Black Lives Matter continúan y se desarrollan sin grandes enfrentamientos entre manifestantes y uniformados.Foto Ap

Nerón juega golf (no tiene el talento musical como el romano original) mientras su imperio está en llamas, entre la pandemia descontrolada que insiste en que está mejorando mientras mata a más de mil personas por día en su país, y declara que “ America será grandiosa otra vez”, mientras más de 30 millones están no sólo desempleados, sino que ahora enfrentan el desalojo de sus hogares por no poder pagar rentas e hipotecas; durante la pandemia más de la mitad de los hogares han perdido ingresos, mientras unos 490 multimillonarios han incrementado su riqueza por más de 700 mil millones de dólares. Todo, mientras cuestiona el proceso electoral democrático y juega con anularlo.

Todo eso mientras agrega combustible al fuego nutriendo el odio, ingrediente secreto de su proyecto, con la agenda antimigrante en el centro. Vale subrayar que este lunes marca el aniversario de la masacre en El Paso, donde un joven blanco en Texas fue a matar a 22 personas (ocho de ellos nacionales mexicanos) para frenar, dijo, la invasión hispana. Aunque no fue un acto oficial, sus órdenes habían sido giradas en ese contexto desde la Casa Blanca.

Pero Nerón no está actuando solo: las cúpulas de ambos partidos (o sea, el equivalente tal vez del Senado romano) son cómplices en llevar a esta república a una crisis existencial con graves consecuencias para el planeta. Sólo en estos últimos días, los legisladores suspendieron labores sin aprobar asistencia básica para decenas de millones que están enfrentando a la crisis económica en medio de la peste, pero sí avanzaron en aprobar un presupuesto militar de 740 mil millones de dólares. Ah, y también, según nos cuenta un colaborador de este periódico, que en la cámara (bajo control demócrata) no sólo ignoraron a la mayoría de la opinión pública que favorece una reforma policiaca, sino tampoco anularon programas para trasladar equipo militar a departamentos de policía, incluyendo vehículos blindados y bayonetas (sí, leyeron bien, bayonetas).

Para intentar hacer uno de esos análisis dizque sesudos sobre este panorama político primero uno tendría que resistir la primera reacción obvia de que todo esto es un manicomio para después proceder a explicar todo esto con gran sofisticación, pero a veces es imposible ser más elegante.

Pero en medio de todo esto se abre un secreto, como si millones lograron encontrarse en pleno caos y a pesar de los cubrebocas, susurraron y después gritaron: ¡abracadabra!

Las claves para entender esta coyuntura estadunidense no se pueden detectar sólo mirando a las cúpulas, sino en el hecho de que esta estallando una rebelión expresada en el movimiento de protesta social más grande en la historia de este país.

Y esa expresión, como hemos repetido, no se ve sólo en enfrentamientos con fuerzas de seguridad, sino en acciones como una en Nueva Orleans, donde a caseros llegando a las oficinas de las autoridades para solicitar ordenes de desalojo de sus inquilinos un muro de activistas en las puertas no les permitió ingresar; como en las bandas de jazz y de funk que invitan a músicos a dar ritmo a las movilizaciones; como en los círculos de estudio y lectura que rescatan la historia de y desde abajo.

Todo esto son partes de un tejido de redes rebeldes que se han estado organizando en años recientes en varias partes del país, desde el profundo sur –cuna de resistencia histórica y su cultura– como en la construcción más reciente de iniciativas de asistencia mutua en incontables colonias de ciudades por todo el territorio. De ahí nacen diálogos con nuevos discursos donde se aborda el objetivo de la democracia radical, el anticapitalismo, el rescate de la historia para crear visiones del futuro; también la alegría como ingrediente vital de la resistencia y la rebeldía. Se abre algo nuevo, y el futuro de este país depende de su luz.

Eduardo Galeano, en la introducción del libro de las obras de Chomsky publicado por La Jornada, recuerda que abracadabra, “la mágica fórmula que se usa en el mundo entero, proviene de la lengua hebrea… y significa ‘envía tu fuego hasta el final’”.

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El Grand Prix de la vacuna contra el coronavirus entra en la recta final

Estados Unidos, China, el Reino Unido y Rusia compiten por llegar primeros

Se trata de una carrera de coaliciones nacionales con flagrantes contradicciones, una entente de gobiernos y farmacéuticas, universidades y centros militares, de estados dentro del estado. 

 

Estados Unidos, China, el Reino Unido y Rusia están prometiendo la vacuna que liberará a la humanidad de la peste de nuestros días, el coronavirus. Es un Grand Prix de coaliciones nacionales con flagrantes contradicciones, una entente de gobiernos y farmacéuticas, universidades y centros militares, de estados dentro del estado, una carrera por llegar primero a multimillonarias ganancias y prestigio internacional. Pero el descubrimiento de una vacuna es apenas la mitad de la película. Hasta ahora se ha hablado mucho menos de la producción y distribución global de una vacuna. Las cosas están cambiando.

La crítica directa o indirecta del Grand Prix viene de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los movimientos alternativos, gobiernos populares, la izquierda y las ONG, pero empieza a tener aliados inesperados en torno a una condena feroz del llamado “Vaccination Nationalism” o “Nacionalismo de las vacunas”. En la fórmula de la OMS, este nacionalismo es una peligrosa estafa porque para la salud pública mundial, “nadie está seguro hasta que todos estén seguros”. El único camino es la cooperación global y un acuerdo que permita avanzar no solo en la producción de vacunas sino en una distribución equitativa y eficaz.

El “Nacionalismo de las Vacunas” plantea exactamente lo opuesto. Estados Unidos es el caso más obvio con la política de “America first” del alicaído Donald Trump que no sabe qué hacer para ganar su reelección, pero que sospecha que si posterga los comicios y conjura una vacuna en el interín puede recuperar los 10 o 15 puntos que lo separan del demócrata Joe Biden.

Estados Unidos invirtió 10 mil millones de dólares en la Operation Warp Speed, un programa para producir cientos de millones de vacunas destinadas a consumo interno. El responsable del suministro de toda la parafernalia médica del Covid-19, Peter Navarro, implementó el “America first” con la restricción de ventas al exterior de máscaras, respiradores y guantes. A fines de junio, el gobierno de Trump adquirió prácticamente todo el stock mundial de Remdesivir, un medicamento para el tratamiento del Covid-19.

Como en una pálida copia de la guerra fría, al Grand Prix se sumó ahora Rusia con la promesa de una vacuna para el 10 de agosto o incluso antes. El director del Fondo de Riqueza Soberana de Rusia, Kirill Dmitriev, dijo que se adelantarán a Estados Unidos tal como sucedió en 1957 con el Sputnik, cuando la Unión Soviética lanzó antes que Estados Unidos el primer satélite en el marco de la carrera espacial de las dos superpotencias. “Va a ser igual”, le dijo Dmitriev a la CNN.

En realidad, el rival de Estados Unidos no es Rusia: es China. Un caso más interesante porque el gobierno de Xi Jinping se presenta abiertamente del lado de la OMS y señala que la vacuna que CanSino Biologics está desarrollando junto al Instituto Científico Militar será un “bien público de acceso para todo el mundo”. El 22 de julio en una video conferencia con once cancilleres de América Latina y el Caribe, el canciller chino Wang Yi anunció un fondo de mil millones de dólares para la región y garantizó la accesibilidad a tratamientos y medicinas. Esta estrategia china en el Grand Prix ya tiene apodo: “diplomacia con barbijo”. Tiene también algunas sombras.

China afirma la accesibilidad de la vacuna, pero no dice cuándo. ¿Pondrá China a sus casi 1400 millones de habitantes en paridad con el resto del mundo? ¿Cuántos chinos tendrán que ser vacunados antes de que se exporte el excedente? La conducta del gobierno de Xi Jinping en los primeros meses del año es quizás comprensible, pero no alentadora sobre una generosa y lúcida vocación global. En ese momento, China lideró la compra masiva para su población de respiradores, máscaras y guantes. Poco después le siguieron la Unión Europea y Estados Unidos y hubo escasez de estos productos en el mercado mundial.

El Reino Unido tiene una de las investigaciones más avanzadas sobre la mesa. La alianza de la Universidad de Oxford y la farmacéutica AstraZeneca promete una vacuna para septiembre o octubre. Pero el gobierno de Boris Johnson, consciente de que la vacuna puede tardar más tiempo o fracasar, anunció el 20 de julio que está buscando asegurarse su propio stock adquiriendo otras 12 que se están investigando a nivel mundial.

Según la ONG británica Global Justice Now, una de las organizaciones vetadas por el gobierno de Macri en el G20 de 2018 en Buenos Aires, este anuncio revela la verdad de la política oficial más allá de las bellas palabras. “Esta carrera para asegurarse el acceso muestra que la retórica sobre acceso igualitario para todo el mundo es una farsa. El Reino Unido está alimentando la carrera de los países ricos para el atesoramiento de la vacuna. Asegurar un acceso global no es solo una cuestión de equidad moral, es también la manera más rápida de terminar con la pandemia”, señaló Heidi Chow, portavoz de la ONG.

La curiosa alianza antinacionalista

El Council on Foreign Relations es una organización estadounidense a favor del régimen desregulador, privatizador y pro-globalización del Consenso de Washington que publica bimensualmente Foreign Affairs, una prestigiosa revista de temas internacionales de centro derecha. Ni el Council ni Foreign Affairs suelen coincidir en sus planteos con las ONG, los movimientos alternativos, los gobiernos populares y las organizaciones de izquierda. Con el Coronavirus es diferente. En el artículo de tapa publicado este viernes Foreign Affairs condena al nacionalismo de las vacunas y promueve la necesidad de garantizar un acceso equitativo como la mejor manera de terminar al mismo tiempo con la pandemia y su impacto demoledor en la economía mundial.

Según la revista, “sin coordinación global, se desatará una competencia que subirá el precio de las vacunas y los materiales necesarios para su producción, el suministro de vacunas será limitado incluso en los países ricos y tendrá un impacto devastador en los pobres”. El fin del camino de este nacionalismo de las vacunas que pinta el Foreign Affairs es apocalíptico a nivel económico, sanitario y diplomático: una suerte de anarquía internacional. “Los países que no tengan la vacuna usarán todas las herramientas en su mano para bloquear componentes esenciales para la producción como jeringas y viales, o los usarán para negociar acuerdos especiales. Todo esto generará un resentimiento contra los países que tengan la vacuna y no la compartan que pondrá en peligro la cooperación futura a nivel global para temas cruciales como el cambio climático y la proliferación nuclear”, señala el artículo.

Uno de los temas soslayados es que no se trata únicamente de descubrir la vacuna. En una economía globalizada que enfrenta una pandemia hay que producir enormes cantidades a gran velocidad. El mayor productor mundial de vacunas es el Serum Institute de la India, que ya firmó un acuerdo con la Universidad de Oxford y AstraZeneca para tener lista una base de producción masiva en septiembre. El CEO de la compañía, Adar Poonawalla, señaló que “al menos inicialmente”, cualquier vacuna que produzca la compañía tendrá que cubrir a los 1300 millones de habitantes del país. Un mensaje similar han hecho otros productores en distintos países del mundo para garantizarse un acceso prioritario.

Entre los perdedores de este forcejeo pueden estar los países ricos que apuesten a la vacuna equivocada. “Al rechazar la cooperación con otros, esos países habrán puesto en peligro la propia salud pública. Pero incluso los ganadores sufrirán el impacto global de países golpeados económicamente por una situación sanitaria inmanejable que cerrará mercados para sus exportaciones”, señala la revista.

Foreign Affairs no niega que este nacionalismo tiene algo inevitable: cada gobierno debe ocuparse del bienestar de sus ciudadanos. Pero señala que la única manera de garantizarlo es a través de acuerdos globales. “Lo que se necesita es un acuerdo de comercio e inversión internacional sobre el Covid-19 que puede ser coordinado por las instituciones y sistemas ya existentes. Pero para lograrlo requerirá liderazgo de parte de los países productores, incluyendo, si fuera posible, a los Estados Unidos”.

La salida propuesta por Foreign Affairs es similar a la que han impulsado medios de similar orientación como la revista The Economist, la agencia de noticias Reuters o la cadena CNN, todos muy críticos del “nacionalismo de las vacunas”. Con excepción de Estados Unidos, los corredores del Grand Prix hacen gestos en todas las direcciones: quieren llegar primero, pero no quieren ser el villano de la película. Esta ambigüedad abre una ventana de oportunidad, pero el tiempo aprieta: cuanto más nos acerquemos al descubrimiento de una vacuna, más difícil será debatir y acordar un sistema global de producción y distribución. “El nacionalismo de las vacunas no es solo moral y éticamente condenable: va en contra de los intereses sanitarios y estratégicos de todos los países. Si las naciones ricas eligen ese camino, no habrá ganadores: todos perderemos”, concluye Foreign Affairs. ¿Habrá alguien escuchando o estaremos por chocar contra un nuevo muro? 

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Violenta movilización en Chile contra gestión del presidente Piñera

Cuestionan su plan de reactivación económica

 

Santiago. Quemas de autobuses, barricadas y desórdenes se registraron en diversos puntos de Santiago la noche del viernes, así como cacerolazos en todo Chile, tras el discurso del presidente Sebastián Piñera para rendir cuentas de su gestión.

Las autoridades policiales confirmaron ayer disturbios en al menos cuatro puntos de la capital, con barricadas, el incendio de un autobús y de un auto particular, ataques a comisarías, fuerzas policiales, lanzamientos de bombas molotov y otros.

Un total de 148 personas fueron detenidas en la noche, 70 en la Región Metropolitana y 78 a nivel nacional por desórdenes, informó el general de Carabineros, Enrique Monras, a los medios.

En su discurso, el presidente explicó las prioridades de su gobierno para los próximos 20 meses, entre ellas la gestión de la pandemia, el plan de desconfinamiento, la reactivación de la economía, el plebiscito en octubre y la reforma de las pensiones.

Piñera afirmó que los efectos de la crisis del coronavirus han golpeado de forma devastadora al país y reconoció que las ayudas del Estado para la nación podrían haber sido insuficientes.

"Algunos dicen que la ayuda del gobierno a las familias afectadas no ha sido suficiente y no ha llegado a tiempo, y en cierta forma tienen razón, porque frente a la magnitud, gravedad y extensión de la crisis que estamos enfrentando, ningún país, ni siquiera los más desarrollados, ha podido otorgar las ayudas suficientes", afirmó el mandatario al ofrecer una disculpa a medias que ha sido cuestionada por la opinión pública.

El mandatario se enfocó también en los planes para reactivar la economía chilena, tras la pérdida de 1.8 millones de empleos y la suspensión de otros 700 mil según sus cifras.

Entre sus planes, anunció subsidios para la creación de empleos en beneficio hasta de un millón de personas, inversiones públicas de aquí a 2022 por 34 mil millones de dólares para generar 250 mil empleos y apoyo a proyectos privados para crear otros 120 mil.

El presidente también habló de la responsabilidad de su gobierno de realizar el plebiscito el 25 de octubre –cuando los chilenos deberán decidir si mantienen o no la Constitución de 1980, heredada de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990)–, ante los cuestionamientos de si la pandemia permitirá su realización.

En su discurso, el presidente habló de forma general sobre "actuar en toda ocasión con un total compromiso y respeto irrestricto de los derechos humanos de todas las personas", pero no condenó explícitamente las graves violaciones de derechos humanos ejecutadas por la policía chilena durante la represión de las manifestaciones iniciadas en octubre de 2019, que dejaron más de 450 personas con pérdidas de visión, miles de heridos y cientos de denuncias de torturas, uso excesivo de la fuerza y violaciones sexuales.

Piñera también mencionó temas relacionados contra la violencia que sufren las mujeres y medidas en marcha, así como una reforma al sistema de pensiones, que acaba de sufrir un fuerte golpe con la ley que permite a los ciudadanos retirar 10 por ciento de sus ahorros para aliviar los efectos de la pandemia.

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