“Avanzamos muy poco”: Comité del Paro tras reunión con el Gobierno nacional, que anunció acuerdo en 16 puntos

Este jueves 3 de junio, la mesa entre el Comité del Paro y el gobierno Duque terminó con varios acuerdos pero en lo que no se avanzó fue en las garantías para el ejercicio de la protesta.

 

Después de un nuevo día de conversaciones entre el Comité del Paro y el Gobierno nacional, desde el comité señalaron que se avanzó muy poco en el acuerdo sobre las garantías para el ejercicio de la protesta. “Esperamos que el gobierno muestre voluntad efectiva para llegar pronto a un acuerdo”, sostuvieron.

Así mismo, recordaron que el pasado 24 de mayo ya habían llegado a un preacuerdo con 34 medidas, que el Gobierno nacional deshizo el pasado 29 de mayo, proponiendo cambios regresivos en prácticamente todo el texto.

“Seis días después, de las 34 medidas, en 16 tenemos acuerdo, en 11 hace falta precisar, y en 9 se identifican grandes discrepancias, en temas como la no participación de las Fuerzas Militares en las protestas, la autonomía de las autoridades locales en el manejo de las protestas, el no uso de armas de fuego en las protestas, las condiciones para la intervención del Esmad en las protestas, y el mecanismo de seguimiento al acuerdo”, dijo el comité.

Sobre los cortes de vías, el comité explicó que hay un nuevo informe, donde se verifica una reducción significativa de los bloqueos. Al día de hoy persisten 23 puntos, y en todos ellos hubo procesos de diálogos y negociaciones, gracias a los acuerdos y decisiones que han tomado las organizaciones y comunidades involucradas, y que en varios casos han contado con la voluntad y el concurso de autoridades locales. “Es nuestra voluntad seguir impulsando y facilitando, en lo que esté a nuestro alcance, diálogos y acuerdos territoriales para avanzar en la reducción y sostenibilidad de los cortes de vías”, sostuvieron.

“Reiteramos nuestra voluntad de llegar a un acuerdo, nos mantenemos en las conversaciones. El responsable de la demora para llegar a un acuerdo es del Gobierno nacional, llevamos 36 días de Paro Nacional, 36 días en que no se concreta una voluntad para poder entrar a negociar y llegar a acuerdos y soluciones concretas sobre los puntos del pliego de emergencia presentado hace un año: renta básica, salud, empleo, educación, desarrollo agropecuario. Soluciones que se encuentran esperando millones de colombianas y colombianos”, puntualizó el comité.

Por su parte, el representante del gobierno en la mesa, el consejero Emilio Archila, dijo al terminar la reunión: “Dentro del diálogo que estamos teniendo con el Comité del Paro, con el equipo de gobierno del presidente Iván Duque, cumplimos con la totalidad de los compromisos que habíamos adquirido. La sesión de hoy fue productiva y logramos depurar una metodología con la que nos podamos sentar a buscar acuerdos. Es una metodología diseñada por el Departamento Nacional de Planeación (DNP) y es apoyada por distintos ministerios. Darle la totalidad de las garantías a la protesta social es prioridad constitucional. Creemos que en Colombia, no solamente existe el derecho a disentir sino a protestar, lo cual debe hacerse con todas las garantías que debieran. En ese campo hoy tuvimos avances significativos”.

Así mismo, el funcionario acusó a los líderes sindicales y estudiantiles de no haber cumplido con su parte del trato. Archila dijo que de los 16 compromisos que debía cumplir el comité, solo respondieron por uno. Para el Gobierno nacional lo más grave de la situación es que en el país se siguen bloqueando las vías, hecho que en múltiples ocasiones ha sido catalogado por el presidente y su gabinete como ilegal.

4 de Junio de 2021

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Pedro Castillo, el candidato de los «likes invisibles»

La campaña de Pedro Castillo en Perú careció, hasta último momento, de una estrategia profesional y programada en las redes sociales. Sin embargo, comunidades de usuarios lograron promover su imagen «desde abajo», particularmente desde Facebook, la red social a la que muchos daban por muerta.

Pedro Castillo, el sindicalista docente, ha sorprendido en todos los planos. Desconocido hasta el momento para el público general, el candidato del partido Perú Libre ha llegado al balotaje en Perú y competirá contra Keiko Fujimori, probablemente la política actual más conocida —para bien y para mal— en el país. Una de las facetas más sorpendentes de Castillo se vincula a su presencia (o, en realidad, a su ausencia) en las redes sociales. Cuando entró al balotaje, tenía apenas 3.000 seguidores en Twitter y en la actualidad tiene 79.000 contra más de un millón de Keiko Fujimori. De un modo irónico, podría haber sido inicialmente denominado «el candidato sin likes». Pero, ¿en qué medida ha sido así? ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI —cuando los consultores en comunicación enfatizan permanentemente la importancia de una estrategia política integrada en las distintas plataformas— un candidato esté cerca de ganar la presidencia en estas condiciones? En última instancia, ¿cuál es la distancia entre las redes sociales y la «realidad»?

La política se basa en acuerdos. Por tanto, un cuadro político puede reunir los votos necesarios para ganar e incluso gobernar —y estar fuera de las redes sociales—, si tiene apoyo político suficiente. El ex-presidente uruguayo José «Pepe» Mujica, nunca tuvo un perfil oficial. Alberto Fernández, actual presidente de Argentina, no tenía más que 30.000 seguidores en Twitter cuando se conoció que sería quien enfrentaría al entonces presidente Mauricio Macri. En el caso de Alberto Fernández (hoy con 2 millones de seguidores) es evidente que recibió gran parte de esa nueva audiencia gracias a Cristina Fernández de Kirchner, puesto que llegó a esa posición apalancado por la estructura de militancia que construyó la actual vicepresidenta de Argentina. El caso de Castillo es completamente diferente, pues ninguna estructura previamente consolidada y unificada le cedió su capacidad de amplificación como para llegar a la instancia del balotaje. La microestructura de Perú Libre era desdeñable frente a semejante desafío. A escasos días del balotaje, resulta pertinente plantearse dos interrogantes. Por un lado, ¿qué elementos podemos tomar en cuenta entonces para explicarnos tamaña singularidad? Y por el otro, ¿qué puede enseñar esta experiencia atípica de comunicación digital que ha debido atravesar desafíos tan intensos en una brecha muy corta de tiempo?

 #MerinoRenuncia y la «Generación del Bicentenario»

Siguiendo la costumbre de Cronos, el sistema político peruano se come a sus propios hijos. Desde que se inició la investigación por el Lava Jato en Perú, no quedó ningún ex presidente en pie. Las acusaciones por corrupción los arrasaron a todos. La crisis política llevó, además, al nacimiento, en noviembre de 2020, de la llamada «Generación del Bicentenario», como se ha denominado al movimiento que salió a las calles a defender la democracia en el Perú.  Poniendo en discusión las severas desigualdades que atraviesan a la nación andina, la «Generación del Bicentenario» respondió también a la decisión del Congreso de sacar del poder a Martín Vizcarra (vice y luego sucesor de Pedro Pablo Kuczynski). El consultor político argentino Mario Riorda, lo calificó al hecho de histórico, por producirse «en el país con mayor desafección política de la región». Con el hashtag #MerinoRenuncia como insignia, los jóvenes inundaron Facebook, Instagram y TikTok.

El enorme potencial de la Generación del Bicentenario tuvo también su expresión en Twitter, como lo hizo notar Julián Macías Tovar, analista de redes sociales vinculado a Podemos (España) y responsable de Pandemia Digital. Macías Tovar logró exhibir la monstruosa superioridad de las comunidades que forzaron la caída del gobierno interino de Manuel Merino en la conversación de Twitter, dejando ver la potencia del uso de determinados hashtags (#MerinoNoEsMiPresidente con más de 370.000 tweets y #MerinoNoMeRepresenta con más de 130.000).

Desde el Perú rural (¿desconectado?) hacia la burbuja de Lima

Pocos meses después de las movilizaciones que echaron a Merino, se produjo la primera vuelta presidencial que colocó a Pedro Castillo y a Keiko Fujimori en el balotaje. Para Giovanna Peñaflor, analista política peruana y directora de Imasen, el fenómeno de Pedro Castillo está asociado a una peculiar catalización política proveniente del Sur peruano: «Hay que notar que el sur se viene manifestando de forma distinta al resto del país en cada proceso electoral (...) Es como una fuerza que cuestiona al establishment o a lo que se considera el statu quo. En algún momento fue Toledo, Humala, hoy Castillo. Hay que recordar que en el sur se dio con mayor fuerza el terrorismo y allí está una de las fuentes de la mayor generación de riqueza en el Perú, la gran minería. Donde la gran minería está presente, Castillo ha tenido una votación mayor. En el sur queda clara la incapacidad de los gobiernos para integrarla, salvo Arequipa que logra de alguna manera insertarse en el desarrollo con el tema extractivo».

A la hora de analizar un fenómeno político producido en esa zona del país, especialmente cuando no ha sido advertido en su desarrollo por la intelligentsia del país concentrada en Lima, surge lo siguiente. Dado que la preeminencia de Keiko Fujimori se da fundamentalmente en Lima y la de Castillo en el interior, ¿puede relacionarse esto con la menor conectividad de las regiones en las que Castillo se hizo fuerte? ¿O simplemente, como se viene señalando en otros casos a nivel internacional, tiene que ver con que en las redes nos retroalimentamos en burbujas con usuarios que piensan parecido a nosotros?

Por un lado, hay que observar que en Lima Metropolitana, entre la población de 6 años de edad o más, más de 80% se encuentra conectada a internet desde sus casas, mientras que en el resto del país ese porcentaje de conexión apenas supera el 40%. Sobre quienes sí acceden, se sabe que un 90% lo hace desde sus teléfonos móviles. Por otro lado, según un estudio de IPSOS de 2020, «13,2 millones de peruanos conectados son usuarios de redes sociales». Sobre esa masa, la penetración la lidera Facebook con el 94%, seguida de WhatsApp con el 86%, Instagram con el 60%, Twitter con el 29% y TikTok con el 18%.

Contra la percepción de que la desconexión del Perú rural habría sido la razón objetiva que impidió ver el avance de Castillo, varias señales permitieron advertir que el maestro de izquierda estaba posicionándose, no solo en el mundo offline, sino también en las redes sociales. Así lo documentó el cronista peruano Fernando Vivas, al citar un boletín de la Dirección Nacional de Educación y Formación Cívica y Ciudadana del Jurado Nacional de Elecciones (JNE).

Vivas lo resume de la siguiente manera: «Pedro Castillo era el segundo candidato que más había crecido en cantidad de seguidores y de likes en Facebook entre el 5 de enero y el 15 de marzo, un mes antes de las elecciones (...) Había aumentado en 66,7% su número de fans (de 33,132 a 55,236), solo superado por Rafael López Aliaga, que lo hizo en 182,6% (de 23, 450 a 66, 372). En verdad, es poco en comparación a Keiko y a Humala que superan el millón en sus fanpages, y figuras como la candidata de izquierda Verónika Mendoza, con alrededor de medio millón. Sin embargo, todos estos crecieron poco o nada en el mismo periodo».

Al observar el boletín de la JNE observamos que el crecimiento en likes de Pedro Castillo es de 305,8%, justo detrás del ultraconservador López Aliaga con 678,5%. Como señala Vivas, «López Aliaga fue un fenómeno en todos los medios y redes, y su crecimiento en intención de voto fue registrado en las encuestas mucho antes que el de Castillo. Aparecía profusamente en la televisión y la prensa escrita (...) Era un outsider que tenía algo de insider peleonero. Y tenía la simpatía de un canal, Willax, que amplificaba todo lo que hacía y decía. En Twitter, la red oficial de los políticos era hiperactivo, con una cuenta que creó en el 2014 y que tiene 102.000 seguidores» (actualmente tiene más de 120). En la primera vuelta, Castillo obtuvo un 19,1%, Keiko un 13,3% y López Aliaga 11,7%.

Activismo digital e instalación «desde abajo»

 En un artículo muy ilustrativo, la corresponsal Jimena Ledgard declara que la aparición sorpresiva de Castillo en el primer puesto durante la primera vuelta «llevó a los comentaristas limeños a declarar que ‘el Perú sin internet ha hablado’, ofreciendo así una conveniente explicación frente a la inesperada victoria. Pero una conversación con los simpatizantes rurales y de clase trabajadora de Castillo revela una historia más compleja». Ledgard sostiene que «algunos jóvenes rurales peruanos desafían incluso más el estereotipo de que sus regiones están fundamentalmente desconectadas. El hashtag  #PedroCastilloPresidente tiene más de 7,7 millones de vistas en TikTok, con muchos de los creadores provenientes de zonas rurales en los Andes. Y aunque Castillo no tiene una página validada en Facebook (aunque actualmente ya han logrado verificar un perfil oficial), docenas de grupos en esta red social han aparecido orgánicamente para expresar su apoyo al candidato».

Tanto Ledgard como Vivas señalan la importancia de los grupos de Facebook pro-Castillo. Por su dinámica, los grupos de Facebook pueden ser públicos o privados. Entre ellos se cuentan Pedro Castillo Presidente 2021 (268.000 miembros), Pedro Castillo Presidente del Bicentenario (59.000 miembros), Pedro Castillo en Segunda Vuelta (62000 miembros), Todos con Pedro Castillo rescatar al Perú más Salud y Educación (43.300 miembros) o Pedro Castillo «Presidente de los Pobres» (43.400 miembros), incluyendo al menos a diez grupos de varias decenas de miles de miembros. Vivas señala que estos grupos se transformaron en un hervidero poco antes de la primera vuelta. De cara al balotaje, muchos de ellos superan las 800, 900, y hasta 1.700 publicaciones diarias.

Según Ledgard, también los grupos de Facebook por región son muy activos. Por ejemplo, Pedro Castillo Presidente-Región Cusco (39.400 miembros). «Nuestro enfoque es descentralizar la política. Por eso dejamos que las regiones hablen por sí mismas. Esto incluye las estrategias de comunicación. Damos algunas pautas a los seguidores de cada lugar, pero dejamos que ellos hagan sus propios spots», le explicó el politólogo Franco Pomalaya Neyra a Legard. Pomalaya Neyra es parte del equipo de redes de Perú Libre y está encargado de las transmisiones en vivo, proveniente del Colectivo Dignidad.

La gran pregunta es: ¿cómo han surgido estas fogosas comunidades que han instalado «desde abajo» al maestro izquierdista en la pelea electoral? La crónica de Fernando Vivas ofrece algunas pistas muy valiosas para entender este proceso a partir de registrar los cambios de denominación de varios de esos grupos de Facebook. «El grupo Pedro Castillo Presidente recién ha tenido su bautizo castillista el 12 de abril. Antes se llamó Folklor Peruana y antes de eso Programa Nacional Juntos Empadrona a tu Menor Hijo para Bono 200 soles. Esa ruta puede dar una idea de los motivos comunes que se traslapan en pocos meses: del impacto de la pandemia y la crisis, al cultivo del folclor y sus recompensas ‘identitarias’, y a la afección política en contexto electoral polarizado (...) El grupo Pedro Castillo Presidente 2021 se bautizó así el 9 de febrero último, pero sobre la base de otro grupo creado en el 2017 con el nombre Plazas Vacantes para los Docentes Perú. No es difícil inferir, en este caso, el entusiasmo de profesores con un candidato de origen y de agenda magisterial». 

Vivas continúa: «Comparamos el historial de los grupos de Castillo con el de los grupos más numerosos de apoyo a Keiko Fujimori y vimos que, en todos los casos, nacieron asociados a ella (...) En cambio, con Castillo es común esta reconversión, sino en los integrantes, al menos en los administradores del grupo, desde intereses ajenos a la política. He ahí el fenómeno de la novedad del outsider dejando una huella perfectamente legible en las redes». Vivas destaca que otros grupos pro-Castillo surgieron también con denominaciones en apoyo a otros líderes políticos como Francisco Sagasti o Daniel Urresti y advierte en ello una metabolización hiper-dinámica del proceso de toma de conciencia de «la Generación del Bicentenario».

En los grupos de Facebook, los simpatizantes de Castillo participan de discusiones políticas, comparten videos, artículos, memes y también se entrelazan íntimamente a través de WhatsApp. De esta manera, los grupos de Facebook se transforman en la punta del iceberg de una red mucho más cercana e irrastreable. La importancia de los grupos de WhatsApp (que tienen como límite inalterable los 256 miembros), ya la hemos visto en la campaña de Jair Bolsonaro, con la sutil diferencia de que aquí no ha operado ninguna empresa ni ningún mecanismo malicioso para enviar mensajes artificiosamente. Para poder conocer la actividad de estos grupos, Vivas sumergió en WhatsApp a un colaborador anónimo. Tras la investigación, aclara que en los grupos de WhatsApp «encontramos mensajes más íntimos y emocionales, subrayados con emoticones; además de mayor interacción y conversación. Las coordinaciones para reclutar personeros, por ejemplo, pasan más por estos grupos. En los grupos de Facebook prima la propaganda». Además, sostiene que «si en el Twitter prima la confrontación y la polarización, aquí son los mensajes de adhesión», y destaca las siguientes temáticas: «rechazo al ‘terruqueo’ a Castillo, el conservadurismo en materia de derechos (a un fan le asquea que Verónika Mendoza apoye el matrimonio gay) y las pocas menciones a Vladimir Cerrón (fundador de Perú Libre y gobernador de Junín acusado de corrupción)». Finalmente, Vivas subraya que «incluso en el grupo Perú Libre Ayacucho (...) en un post colocan un directorio de 40 grupos de WhatsApp que lo apoyan. Es común encontrar invitaciones específicas a agregarse a grupos de esa naturaleza».

Por todo esto, el investigador de la PUCP, Eduardo Mansilla Villanueva, argumenta en su texto «Las redes sí son el Perú. Sólo hay que saber cómo mirarlas» que «muchos repiten el mantra de ‘el Perú no es las redes’. En realidad, lo que quieren decir es que el Perú no es su red, aquella que les decía día a día que había un montón de conocidos entusiastas negando la realidad».

La confusión de activos digitales: un panorama propicio para las fake news

Las elecciones suelen desarrollarse alrededor de una pregunta. La lucha por formular esta pregunta, la mayoría de las veces define al vencedor. Pues es bien sabido que los comicios no se definen por los núcleos duros. La clave suele estar en un porcentaje que decide su voto más cerca de la elección. Se trata de un público que suele combinar sus posiciones de formas más difíciles de captar en los estudios preelectorales. Y es precisamente para movilizar a ese sector que resulta fundamental definir el marco, lo que está en juego en la votación.

Para inclinar la balanza en su favor, Keiko Fujimori cuenta con un enorme aparato de comunicación digital. Como lo explica Héctor Venegas Díaz, de Politólogos Digitales: «El fujimorismo (...) tiene experiencia articulando pequeñas agencias con actores políticos o con la campaña central. Estos outlets o páginas satélites que también sirven para poner contenidos pueden ser mejor recibidos en vez que salieran en fan page de Keiko Fujimori o una que tenga el nombre del partido». Todo un gigantesco ecosistema –que lideran los grandes medios peruanos– blande en favor de Keiko una campaña «contra el comunismo» que según ellos representa Castillo, reforzando la imaginería de que un gobierno de Perú Libre sería «dictatorial como Venezuela y Cuba».

Las fake news están dirigidas a definir al segmento intermedio de indecisos. La campaña de Perú no podía ser la excepción. Aunque luego se derramen a todas las redes sociales, Twitter es el terreno más favorable a la difusión de las fake news, dada su mayor tolerancia a los bots y su prácticamente nulo control en la veracidad de los perfiles. Cuando Castillo venció en primera vuelta logró alzarse con 50.000 menciones, seguido por 35.000 menciones a López Aliaga y 22.000 menciones a Keiko. En definitiva, como señaló el experto en comunicación política Ignacio Ramírez, «la distribución de opiniones de la sociedad, que es lo que importa, no está reflejada en Twitter. Twitter no es representativo de nada, salvo de sí mismo». Nada más, ni nada menos.

Julián Macías Tovar investigó una acción sucedida el pasado 12 de mayo en la cual seguidores de Keiko Fujimori se concentraron frente al Hotel Sheraton de Lima «insultando a Pablo Iglesias creyendo o simulando que creían que se reunía con Pedro Castillo». Todo comenzó con una cuenta falsa de Perú Libre (@2021Libre, actualmente suspendida por la plataforma y que según el análisis de Macías Tovar pertenecía a opositores venezolanos). Desde esta cuenta, «anunciaron esta reunión que grandes medios nacionales e internacionales difundieron como si fuese real». Hasta Infobae, uno de los principales medios digitales en español de América Latina, se hizo eco. También publicaron el apoyo de Perú Libre a una supuesta agresión en un acto de Keiko lanzándole una piedra.

Esta cuenta ya había generado previamente otro daño contra Perú Libre, publicando un documento que, supuestamente, habrían firmado el 1 de mayo una serie de representantes del partido. Allí se sostenía que Castillo «no participaría de los debates de segunda vuelta de las elecciones Generales 2021 organizados por el Jurado Nacional de Elecciones». Este mensaje «circuló por redes sociales y mensajes en WhatsApp. Sin embargo, era falso», tal como lo explicó la periodista Karem Barboza Quiroz en El Comercio. Poco antes de ello, a pesar de negar que fuera un canal oficial de Perú Libre, los agentes de prensa de la organización de Pedro Castillo creían que la cuenta pertenecía a simpatizantes.

Todo esto revela, por un lado, que el poco organizado equipo de prensa de Pedro Castillo tenía plena conciencia de que la campaña en redes por su candidato obedecía a una lógica «desde abajo» y, por otro, de que para poder ordenar un choque político-partidario en presencia de los grandes actores de la opinión pública, como la televisión y los aparatos políticos vinculados al establishment, era precisa la profesionalización.

Un orden precario bajo el potente paraguas del anti-fujimorismo

Desde la primera vuelta, el equipo de prensa ha podido construir un equipo de redes. La dependencia de un esquema tradicional extrapolado a lo digital resulta evidente, pero eso no es ni puede ser el centro de las preocupaciones. El principal desafío pasó por centralizar la palabra y la imagen de Castillo en canales oficiales que sean reconocidos por la mayor cantidad de usuarios posibles, para evitar la dispersión y las confusiones.

A pesar de ello, la recta final no estuvo exenta de contratiempos. Los periodistas Diego Quispe y David Pereda sostienen que «la campaña de Castillo Terrones tuvo tropiezos y desorden en sus páginas oficiales. El 14 de mayo, el postulante colocó en Twitter una ilustración con la frase «Antes un dictador, ahora un profesor». El posteo se interpretó literalmente como que el docente cajamarquino es un totalitario rehabilitado. A pesar de su exponencial crecimiento en Facebook y Twitter, Castillo no explota Instagram ni tiene un TikTok oficial. Para Quispe y Pereda esto «evidencia su hermetismo electoral».

El publicista peruano Milton Vela, de Café Taipa, sostiene en el mismo artículo que en Fuerza Popular, la fuerza fujimorista, hay «más articulación en redes sociales que en Perú Libre, pero enfrenta una comunidad que favorece a Castillo por rechazo al fujimorismo, una espontánea organización más articulada por tener jóvenes con alta cultura digital que se moviliza». Allí reside la verdadera fortaleza de Castillo de cara a la segunda vuelta el 6 de junio: en las multitudinarias acciones callejeras y digitales que se desenvuelven en la última semana de campaña bajo los lemas #KeikoNoVa o #FujimoriNuncaMás.

Más allá del resultado final, el caso de Castillo exhibe con claridad la importancia de recordar que, como afirma Eduardo Mansilla Villanueva, las redes sociales son, ante todo eso: redes. Es decir, no son simplemente medios sociales (como los denominan algunos), sino fundamentalmente tramas de interacción configuradas por patrones de sociabilidad comunes. Y, en ese plano, para una amplia cantidad de segmentos sociodemográficos (en Perú y en muchos otros países), la forma de expresión y conexión que privilegia Facebook, así como la penetración que brinda, tiene la capacidad de ofrecer todavía una muestra mucho más significativa de procesos que anidan en el interior de los electorados que los datos más abiertos y más fácilmente obtenibles de Twitter.

La monitorización de comunidades en Facebook (especialmente restringida debido al Reglamento General de Protección de Datos y el escándalo de Cambridge Analytica), así como la investigación de conversaciones en WhatsApp (harto dificultosa por su oscuridad y privacidad), pueden ser, a pesar de su complejidad, tan o más provechosas para entender qué pasa en amplios segmentos de la opinión pública que los cada vez más extendidos análisis de datos de Twitter.

Nadie sabe demasiado qué desenvolvimientos se están produciendo a gran escala en esos ámbitos cerrados y semicerrados, pero sin dudas habrá que profundizar los muestreos y prestar atención a esos «likes invisibles». Mientras TikTok marca la era de los microvideos e Instagram busca mantenerse en la pelea por medio de los reels, el partido del lápiz, desde tierras andinas, nos sugiere un slogan inesperado: Facebook not dead

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Castillo y Fujimori cierran la campaña más polarizada en décadas en Perú

Los candidatos cerraron sus campañas con miras a la segunda vuelta de las elecciones. Estos mítines fueron el colofón de una de las campañas más polarizadas de las últimas décadas en el país.

 

Con promesas de un cambio de sistema o de "salvar" al país del "comunismo", así como de vencer a la pandemia de la covid-19, los candidatos Pedro Castillo y Keiko Fujimori cerraron sus campañas proselitistas con miras a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales que disputarán este domingo en Perú.

El izquierdista Castillo y la derechista Fujimori protagonizaron este jueves multitudinarios mítines en la céntrica plaza Dos de Mayo y el distrito de Villa El Salvador, respectivamente, a pesar de que tanto el Gobierno como la Municipalidad de Lima recordaron que están prohibidas las concentraciones por la emergencia sanitaria.

Sin que las autoridades intervinieran para impedirlo, estos mítines fueron el colofón de una de las campañas más polarizadas de las últimas décadas en un país enfrentado entre las propuestas de cambio económico y político o de defensa del "modelo" neoliberal que impera desde hace tres décadas en Perú.

En los comicios del domingo, que todas las previsiones indican que serán peleados "voto a voto", se elegirá al gobernante que tomará la posta del interino Francisco Sagasti desde el próximo 28 de julio, el día del bicentenario de la independencia peruana.

Castillo llama al cambio

En un mitin de cierre multitudinario, y arropado por el clamor de sus partidarios, Castillo afirmó que en Perú "ha llegado el momento de no mirar ideologías, ni el color de la piel" para "concretar el clamor del pueblo" de un Gobierno que recupere "la riqueza para tener un país industrializado y próspero".

El candidato del partido ultraizquierdista Perú Libre se dirigió a sus seguidores desde el balcón de la sede de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP), la mayor central sindical del país, para decirles que espera que "se vea concretado el clamor del pueblo de acá a unas cuantas horas".

Aseguró que, de ganar las elecciones, el suyo será "un gobierno del pueblo para reivindicar al pueblo" y reiteró propuestas como "recuperar" el gas natural del yacimiento de Camisea y "convocar a una Asamblea Nacional Constituyente" para cambiar la Constitución de 1993, promulgada durante el gobierno de Alberto Fujimori (1990-2000), el padre de Keiko.

Castillo enfatizó, sin embargo, que va a ser respetuoso de la actual Constitución "hasta que el pueblo lo decida" y pidió "tranquilidad" al pueblo peruano y a los empresarios tras rechazar las acusaciones que afirman que es "comunista", "chavista" y quiere "robar" la propiedad privada.

También reiteró su compromiso de lograr que todos los peruanos mayores de 18 años estén vacunados contra la covid-19 el próximo 31 de diciembre y de trabajar para recuperar la economía nacional, duramente golpeada por la pandemia.

Fujimori lucha contra el "comunismo"

En Villa El Salvador, en la zona sur de la capital peruana, Keiko Fujimori protagonizó otro multitudinario mitin en el que pidió a sus compatriotas que apoyen su candidatura para "salvar a Perú del comunismo".

Acompañada por personajes como Álvaro Vargas Llosa, hijo del premio Nobel Mario Vargas Llosa, que hasta hace pocas semanas era su más acérrimo enemigo, la candidata del partido derechista Fuerza Popular refrendó la noción que esgrimió durante toda la campaña de que el voto no es por ella, sino por el "futuro" del país.

Fujimori ratificó también varias de sus propuestas de campaña, orientadas a que Perú logre "dar un cambio, pero no hacia atrás, sino adelante" y afirmó que impulsará el control de la covid-19, construirá nuevas postas médicas y hospitales, abrirá cien plantas de oxígeno e iniciará una masiva campaña de vacunación.

Reiteró, además, que impulsará la apertura de pymes con exenciones a la tributación y a la exigencia de licencias para operar, buscará la construcción de "formalidad" y que la hacienda peruana dejará de perseguir "abusivamente" a los emprendedores.

La candidata, quien niega que sus numerosas propuestas de gasto sean populistas y asegura que cuentan con la debida financiación, habló de dar créditos por unos 2.500 millones de dólares para los pequeños negocios e insistió en la entrega de un bono de 2.500 dólares a cada una de las más de 185.000 familias con víctimas mortales de la covid en el país.

Con estas concentraciones masivas, en las que no se respetó las normas mínimas de seguridad sanitaria ante la pandemia, los dos candidatos cerraron sus campañas hacia el balotaje, en el que participarán más de 25,2 millones de peruanos para elegir a su presidente para el período 2021-2026.

Lima

04/06/2021 02:02 Actualizado: 04/06/2021 09:09

David Blanco Bonilla (EFE)

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Los poderosos medios de comunicación en Colombia: testigos y cómplices de todas las masacres

Canal Caracol, RCN, El Tiempo, la Revista Semana, entre otros, son algunas de las tribunas de desinformación local e internacional, que históricamente han buscado imponer en los colombianos una ideología reaccionaria. El descaro de sus mentiras, responde exclusivamente a los intereses de una élite de multimillonarios, que concentran a los medios más poderosos de Colombia. El país se ubica en el lugar 134, en la clasificación mundial de la libertad de prensa, realizada por la ONG Reporteros sin Fronteras y que incluye a 180 nacionalidades.

Daniela GuzMar@daniguzmar

Martes 1ro de junio

Durante el mes que lleva el Paro Nacional en Colombia, han sido múltiples las fotografías, videos y transmisiones en vivo que han evidenciado la permanente violencia de la Policía contra los manifestantes y diferentes hechos de corrupción por parte del Estado en el desarrollo del mismo. Estas primicias, sólo se han logrado gracias a las publicaciones de usuarios a través de las redes sociales y de algunos medios alternativos de comunicación, que con las uñas e inclusive arriesgando su vida ante las permanentes amenazas en su contra, han tratado de publicar una realidad que tiñe de sangre y abusos las manifestaciones y que la mayoría de señales de radio y televisión el país, se afanan por esconder con una impunidad que no es nueva en sus libros de estilo.

La totalidad de sus contenidos, no sólo están pensados para entretener y distraer a la audiencia, sino que a través de sus supuestos programas informativos, se han ocupado vehementemente de deslegitimar la protesta y el derecho a la misma, con su ya natural uso de términos con los que pretenden afirmar, que las movilizaciones son influenciadas por disidencias de grupos guerrilleros, individuos pertenecientes a lo que llaman "el régimen venezolano", o a un simple grupo de jóvenes desadaptados que no merecen ningún otro derecho ni reivindicación, más que ser estigmatizados como “vándalos”. Su defensa ha sido permanente hacia las instituciones armadas, mencionando sólo como dato de color o inclusive omitiendo, la responsabilidad de la Policía y todo el Estado en los más de 60 asesinatos de jóvenes y centenares de desaparecidos que hasta el momento se registran.

Son estos Imperios comunicativos, los que imponen presidentes y congresistas y que manipulan intereses económicos mientras minimizan y desdibujan la realidad del país. De igual forma, hacen invisible la imagen de referentes que buscan justicia social y que son líderes que defienden derechos humanos, ambientales, a los jóvenes o el campesinado. Cómplices de encubrir grandes escándalos de corrupción como por ejemplo, Odebrecht, las “chuzadas” o interceptaciones telefónicas y seguimientos ilegales, por parte de miembros del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), en conjunto con organizaciones paramilitares, como forma de intimidación política y social a miembros de la oposición, sindicalistas, activistas, universitarios y otros. Asimismo, en su rutina desinforman y mienten con respecto al propio conflicto armado interno de Colombia y han llegado a encubrir masacres directas como los ya conocidos Falsos Positivos.

Con métodos cada vez más superficiales, casi la totalidad de sus producciones tanto escritas, radiales o televisivas, deslizan ideología subordinada y racista bajo apariencia de hechos neutrales. La omisión de veracidad ocupa el primer lugar, junto a la inexistente reflexión y crítica hacia el régimen político, convirtiéndose en simple maquinaria de consumo y modelos a seguir. Son sus periodistas, los que reproducen las líneas informativas y editoriales señaladas por sus directores, ante la ausencia de democracia informativa que por el contrario, significa un verdadero monopolio.

La relación entre los medios de comunicación y poder económico, religioso y legislativo, siempre se extiende hasta la política, logrando consolidar como presidentes de la nación a nefastas figuras, impuestas por los más ricos del país. Estos no sólo tienen el control absoluto de los productos de todo tipo que consumen los colombianos, sino que han formado en ellos su visión del mundo y lo que suponen un “correcto estilo de vida”, haciendo que las audiencias crean como propios, los pensamientos de esa élite inmunda que lo único que quiere es empobrecerlos cada día más. Pero, ¿Quiénes son los dueños de estos medios de comunicación en Colombia?

Son un puñado de conglomerados, casi todos con sede en la capital Bogotana, los que concentran a las mayorías como su audiencia y se han convertido en una influencia dominante en la opinión pública. Los medios alternativos e independientes, representan una minoría que si bien está en desarrollo y crecimiento, no logra competir con los hombres más ricos de Colombia.

Caracol Televisión

Este canal privado, es uno de los primeros en audiencia y de los dos más influyentes a nivel nacional junto con RCN. Su dueño es el conglomerado Valorem (antigua Bavaria) fundado en 1997, por Julio Mario Santo Domingo, que para el 2001 ya contaba con 129 compañías a nivel nacional y más de 100 alrededor del mundo, entre ellas Caracol. El medio que nació como programadora a finales de los 70, recién en 1998 comenzó sus transmisiones en televisión incluyendo entre otros contenidos, un noticiero con tres emisiones diarias y una señal internacional que llega a 23 países.

El Grupo de la familia Santo Domingo, también es propietario del Diario El Espectador, la Blu Radio y la revista Cromos, entre otros medios de gran influencia nacional. Julio, el patriarca de la familia Santo Domingo, consolidó para el resto de sus generaciones uno de los Imperios económicos más importantes del país, el grupo tiene compañías que participan en los sectores: Inmobiliario, turismo, logística y transporte, industria, medios y entretenimiento.

En la actualidad, su hijo Alejandro está a cargo de los negocios familiares como director ejecutivo de Valorem. La exclusividad de la familia, no sólo ha tenido que ver con los negocios y sus dobles nacionalidades con países del primer mundo, sino también con sus lazos con las clases altas y aristócratas del mismo, ya que por ejemplo la madre de ésta perteneció a la “socialite” criolla, y una de sus nietas, Tatiana Santo Domingo, está casada con Andrea Casiraghi, hijo mayor de la princesa Carolina de Mónaco.

Como es evidente, los dueños de dicho medio de comunicación no representan para nada a las mayoría de la sociedad en Colombia, un país caracterizado por la pobreza extrema, violencia y desigualdad social. Por el contrario, son el claro ejemplo de la concentración de poder y de una fortuna que han amasado a costa de la precarización de los colombianos, ya sea en ámbitos laborales a través de sus diferentes empresas o en los productos que imponen y comercializan.

Canal RCN

RCN (Radio Cadena Nacional), se fundó en 1967 e inició transmisiones en el 98, es el segundo canal con mayor audiencia del país, que con al menos 50 medios y alrededor de 160 emisoras, llega a casi todos los rincones de Colombia. El canal pertenece a la Organización Ardila Lülle, que a su vez es dueña de más d 30 empresas de diferentes rubros como por ejemplo: Postobón (bebidas azucaradas), Incauca (ingenio azucarero), Los Coches (autodenominado el concesionario de autos más grande de Colombia). Carlos Ardila Lülle, está considerado como uno de los hombres más rico del país y su fortuna lo ha ubicado en el lugar número 200, en el listado de la Revista Forbes, como uno de los empresarios más adinerados del mundo. En el 2017 ocupó el puesto 120.

El Tiempo

El Tiempo, es el periódico de mayor circulación en Colombia. Si bien desde sus inicios en 1911, estuvo ligado a la familia del ex presidente Juan Manuel Santos, desde el 2012 la Casa Editorial El Tiempo, es propiedad del magnate Luis Carlos Sarmiento Angulo, quien se ha hecho como banquero y empresario. El grupo también es dueño de las revistas Portafolio, City TV y canal el tiempo, entre otros. Desde el 2001 y por siete años, este periódico se dio el lujo de ser el único de circulación diaria nacional, ya que El Espectador su mayor competencia, sólo se imprimía los fines de semana debido a la crisis económica que vivía por esos años.

Sarmiento Angulo, agrupa empresas e inversiones en negocios de la agroindustria, minería, hotelería e inmobiliaria, también es el presidente de uno de los grupos financieros más grandes de Centroamérica y Colombia, el Grupo Aval Acciones y Valores, que dirige varios de los bancos más importantes del país como: Banco Popular, Banco de Bogotá, AV Villas y Banco de Occidente. De igual manera es propietario de Porvernir, principal compañía de seguros, fondos de pensiones y cesantías, en uno de los países más difíciles para pensionarse o jubilarse.

El Espectador

El Periódico El Espectador, tuvo origen en 1887 y es propiedad del Grupo Empresarial Santo Domingo–Valorem, que también controla el Canal Caracol. Si bien este es el periódico más antiguo de Colombia, es el segundo en circulación. Sus publicaciones en contra del narcotráfico hicieron que en 1986, Pablo Escobar ordenara el asesinato de su entonces director Guillermo Cano Isaza. Tres años después, un camión con más de 100 kilos de dinamita, explotó frente a la sede periódico.

Revista Semana

La Revista Semana, surgió en el 2000 queriendo ser una copia de la estadounidense Time, es la principal revista de análisis político y opinión de Colombia que ha realizado algunos reportajes y denuncias acerca de los casos de corrupción como el de Odebrecht y la parapolítica (participación de paramilitares en con congreso). Sin embargo, su dueño es Felipe López Caballero, quien nació en una privilegiada e influyente familia de la élite política, ya que es hijo y nieto de los ex presidentes Alfonso López Michelsen y Alfonso López Pumarejo. Con estudios en Suiza y Londres, vivió durante 10 años en este último país, en donde también trabajó para la Federación Nacional de Cafeteros.

En 2019 la revista fue comprada por el conglomerado Gilinski Group, propiedad de Jaime Gilinski, banquero y empresario considerado en Forbes, el segundo más rico de Colombia después de Luis Carlos Sarmiento Angulo. Desde el 2020 Vicky Dávila, se desempeña como editora del medio, a lo largo de su carrera, la periodista se ha caracterizado por sus polémicas y discriminatorias columnas y la vehemente defensa del expresidente Álvaro Uribe, de quien pareciera sentirse amiga y admiradora.

Si bien los anteriores son algunos de los medios más populares e influyentes de Colombia, existen pocas excepciones que se auto perciben como independientes, es el caso de Noticias Uno, medio bajo la dirección de la periodista y escritora Cecilia Orozco Tascón. A pesar de que es de los pocos que puede llegar a ofrecer una visión menos aleccionada y más crítica, es un canal exclusivo de televisión paga y que sin embargo, se posiciona con neutralidad en otros temas de control social como por ejemplo la religión. Cabe resaltar que Colombia es un país de predominancia católica y que en algunos casos, han sido los mismos jóvenes combativos de las primeras líneas, los que han realizado oraciones en grupo, previo a las jornadas de lucha.

Canal 2

Sin lugar a dudas, una de las revelaciones que a nivel informativo hasta el momento ha dejado el Paro Nacional, es el Canal 2, medio de televisión de Cali, ciudad que ha sido epicentro de las protestas y de los abusos a los Derechos Humanos del gobierno asesino de Iván Duque en contra de los jóvenes. Si bien este medio ya era conocido en la ciudad, su popularidad ha aumentado a través de las redes sociales y en especial, la de uno de sus periodistas, José Alberto Tejada. Muchos de los usuarios y manifestantes, consideran que “es de los pocos medios que ha visibilizado la feroz represión, los asesinatos y abusos de policías y civiles armados y escoltados por los mismos”.

Ha sido tal la aprobación a su trabajo por las mayorías movilizadas, que la propia comunidad reunió dinero para donarles chalecos antibalas, elemento que cada vez se hacen más necesario en las calles. El principal accionista de este medio, es La corporación Cívica Daniel Gillard, nombre tomado de un sacerdote belga que en la década de los 70, realizó trabajo comunitario en los suburbios caleños.

Por otro lado y pesar de que algunos de los dueños de los grandes medios son multimillonarios, en marzo de este año, el Ministerio de las Tecnologías y la Información, manifestó su intención de subsidiarlos con alrededor de 80 mil millones de pesos, para “ayudarlos como parte de la reactivación económica tras la pandemia e impulsar su modernización”. Dicho proyecto recibió críticas de algunos medios alternativos y digitales, debido a que consideraron que los requisitos para participar fueron excluyentes y burocráticos. Lo anterior hace evidente la prioridad para el “distinguido” lobby mediático del Palacio de Nariño, residencia oficial del presidente. Son estos buitres y sus patrones, los que vigilan cada proyecto de Ley del gobierno de turno.

Es así como estos mandos y potencias comunicativas, elaboran con seducción los marcos propicios para disfrazar como favorable algo que no lo es para los televidentes, las intenciones de amedrentamiento y desinformación del político de la época, se moldean con las visiones de sus amigos y falsos expertos en determinados “temas de interés general”, que son impuestos por sus jefes y la respectiva línea editorial a la que responden. Su prioridad, es servir a los intereses del empresariado nacional, alineados con otras instituciones de control como la Iglesia y las Fuerzas Armadas.

Con respecto a sus programas, la mayoría de producciones son formatos del exterior en los que prevalece la indigencia de contenidos relacionados con por ejemplo, la literatura, el arte, la cultura, la ciencia o la filosofía. Plagados de Reality Shows y novelas basadas en la vida de narcotraficantes, aclamadas dentro y fuera del país, sus piezas de comunicación son meras ficciones, carentes de una correcta y verdadera narración de la historia nacional. Lejos de hacer una crítica o elaborar un mensaje a favor de los oprimidos, estos despliegan una permanente superficialidad y construyen un mensaje imborrable en apología a la cultura narco paramilitar que se vive en la cotidianidad.

Según Reporteros sin Fronteras, “en Colombia siguen siendo frecuentes las agresiones, las amenazas de muerte y los asesinatos de periodistas, por lo que aún es uno de los países más peligrosos del continente para la prensa, debido al crimen organizado, los grupos paramilitares y los narcotraficantes en su contra”. Algo que estos medios basura nunca denuncian y que por el contrario han escondido, sometiendo a los colombianos durante décadas, pero que sin embargo, están perdiendo cada vez más credibilidad y respeto por muchos que durante años fueron sus televidentes exclusivos. Es por esto que se hace urgente y necesaria la construcción y difusión de otros medios que consigan hacer contrapeso a esta barbarie comunicativa y que puedan aportar la veracidad que corresponde al estallido social más grave que ha sufrido Colombia en su historia reciente.

Publicado enColombia
Miércoles, 02 Junio 2021 06:06

Dos fantasmas recorren Perú

Dos fantasmas recorren Perú

La distancia entre Pedro Castillo y Keiko Fujimori parece haberse reducido. El miedo de las elites ante un posible gobierno del «Profe Castillo», como lo llaman sus partidarios, se expresa en las diatribas contra el «comunismo» y en unos medios de comunicación que han decidido romper las tenues fronteras que los separaban de la propaganda política. Pero el fantasma del comunismo convive con el fantasma, más real, del fujimorismo.

 

El domingo 30 de mayo se hicieron públicas las tres últimas encuestas de opinión que podrán ser publicadas en Perú antes de las elecciones del 6 de junio. Todas ellas, puntos más, puntos menos, coinciden en que el candidato de Perú Libre, Pedro Castillo, sigue adelante y en que la distancia frente a Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, se ha reducido en esta última semana. Quizás la única discrepancia entre las mediciones sea respecto del momento en que se habría producido el empate estadístico. Por ejemplo, el Instituto de Estudios Peruanos (IEP) daba la semana pasada diez puntos de diferencia entre ambas candidaturas; hoy ese margen se ha reducido a dos puntos. El resto de las encuestadoras ya situaban en situación de empate técnico a ambas candidaturas hace varias semanas.

Sin embargo, los porcentajes no dan cuenta de la magnitud de lo sucedido en Perú en las últimas ocho semanas. Los resultados de la primera vuelta han colocado en la segunda a dos candidatos que despiertan los dos «antis» más importantes del país: hay que recordar que Castillo y Fujimori pasaron a la segunda vuelta el 11 de abril pasado con 18,92% y 13,4% respectivamente. Hoy, el antifujimorismo y el antiizquierdismo tiñen la contienda electoral a lo largo y ancho del país. Con estas identidades políticas en pugna, la campaña no ha hecho más que aumentar sus niveles de polarización en un contexto social empobrecido.

El miedo de las elites ante la supuesta amenaza que encarnaría Castillo, un maestro rural que se hizo conocido en el país por el movimiento huelguístico de 2017 y que desviaría al país del camino democrático y del respeto a la propiedad privada, las hizo meterse de manera directa en la espiral de polarización política que vive el país. Así, los principales medios de comunicación y líderes empresariales se han plegado con poco decoro a la campaña de Fujimori en contra de la amenaza comunista.

En este marco, las iniciativas se han multiplicado, desde una serie de pasacalles a favor de la «democracia» y contra el «comunismo» hasta una masiva caravanas de autos de sectores poco afectos a movilizarse que acabó en la zona central de Lima y logró congregar a unas 5.000 personas. Iniciativas más descentralizadas fueron piquetes barriales y pegatinas de afiches en autos y bicicletas. Y, ya rayando en el delito, hay presiones patronales sobre los trabajadores para que voten por Fujimori. Estas presiones van desde explicar en qué consiste el modelo chavista/comunista hasta directamente afirmar que la victoria de Castillo obligará al despido y eventualmente el cierre de operaciones, en una profecía autocumplida.

Los medios han decidido romper las tenues fronteras que los separaban de la propaganda política. En una reciente encuesta del IEP, 59% de los encuestados señaló que los medios ofrecían una cobertura electoral parcializada. De ese grupo, 79% pensaba que la cobertura estaba sesgada a favor de la candidatura de Keiko Fujimori. Un ejemplo es la cobertura del Grupo El Comercio, que ha puesto sus diferentes medios gráficos y audiovisuales al servicio de la campaña negativa contra Castillo.

Desde la vereda de enfrente, el antifujimorismo se ha vuelto a activar durante estas elecciones. No obstante, este movimiento clave para inclinar la balanza en los últimos dos procesos electorales (en los que también se postuló Keiko Fujimori) no demuestra hoy el mismo músculo.

La primera razón hay que buscarla en los efectos que causó el naufragio del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, y especialmente en el irregular indulto «humanitario» que el mandatario le otorgó durante su gobierno a Alberto Fujimori, condenado por violaciones de derechos humanos (la medida fue posteriormente anulada). La «traición» de Kuczynski al antifujimorismo no solo quebró el vínculo entre ambos, sino que puso sobre la mesa la debilidad del clivaje fujimorismo/antifujimorismo como frontera política. En un contexto de desaceleración, el acuerdo respecto al proyecto económico terminó uniendo a una parte del fujimorismo con el gobierno de Kuczynski. En segundo lugar, la distancia ideológica y social entre Castillo y el antifujimorismo en su conjunto es mayor que la que existió antes respecto a otras opciones por las que se inclinó en el pasado este bloque sociopolítico. En esta elección, este «bloque» ha sufrido defecciones: un sector ha visto en Castillo una amenaza autoritaria y ha decidido plegarse a la alternativa fujimorista o ha migrado al voto nulo. Por último, el propio Castillo no se identifica claramente con esa frontera política. Su eslogan «No más pobres en un país rico» y sus discursos públicos enfatizan una ubicación distinta, situada en un eje distributivo e identitario (andinos/provincianos versus criollos/capitalinos).

Dicho esto, el principal escollo que enfrenta la candidatura de Keiko Fujimori es la propia candidata. Han sido permanentes sus intentos de acercarse al electorado a través de repetidos mea culpa respecto a su comportamiento político pasado, en especial, durante el periodo parlamentario 2016-2019, por ejemplo, la arbitraria censura que sufrió el entonces ministro de Educación Jaime Saavedra a inicios del gobierno de Kuczynski. Sin embargo, estos pedidos de disculpa han caído hasta ahora en saco roto.

Frente a la reconciliación con su hermano Kenji escenificada en un acto público, a su episodio de iluminación religiosa durante su paso por la prisión debido a supuestos vínculos con el caso Odebrecht, o a su pedido de disculpas por las injustas censuras a antiguos ministros del gobierno de Kuczynski desde el bloque de Fuerza Popular en el Congreso, la respuesta ha sido la misma: la mayor parte de los encuestados no cree en ninguno de esos actos de contrición pública.

En contrapartida, esos mismos  sondeos indican que los encuestados consideran, por escaso margen, que el plan de Keiko Fujimori es mejor en varios puntos que el de Castillo. De esto se puede deducir que el problema fundamental de Fujimori es de credibilidad. Consciente de ese problema, la candidata ha buscado durante la campaña resolver esta debilidad acercándose a figuras como Mario Vargas Llosa -quien siempre fue un referente del antifujimorismo desde el liberalismo- y firmando una serie de compromisos públicos en favor de la democracia.

Del lado del «Profe Castillo», como lo llaman sus partidarios, el principal problema es el desorden de la campaña. Es obvio que tanto para el candidato como para el partido Perú Libre la segunda vuelta ha sido una enorme sorpresa. Ni el candidato ni su equipo de campaña estaban preparados para enfrentar un balotaje. Pese a su carisma, Castillo carece de un equipo que dé solidez a su candidatura: si bien mejoró en algunos aspectos desde la sorpresa del 10 de abril, lo que se aprecia es una campaña llena de marchas y contramarchas.

Por otro lado, y como es muy común en la política partidaria peruana, Castillo no es militante orgánico del partido por el que se postula. De hecho, según algunas versiones, la de Perú Libre no fue la primera puerta que tocó entre las diversas fuerzas de la izquierda. Este partido, encabezado por el ex-gobernador regional de Junín Vladimir Cerrón, tiene dificultades de coordinación con el candidato presidencial, las cuales han desembocado en sucesivas tensiones entre las estructuras partidarias, los equipos que se han organizado en torno del candidato y las fuerzas políticas que se han sumado a la candidatura de Castillo, como Juntos por el Perú, liderado por Verónika Mendoza. Estas tensiones y descoordinaciones, sumadas a los errores de un candidato sin experiencia en una contienda presidencial, han producido una serie de errores que han mellado su capacidad de convencer a una parte del electorado. Uno de los ataques más frecuentes contra la candidatura de Castillo ha consistido en contraponer sus dichos al plan del gobierno presentado ante la autoridad electoral. Este último documento, en realidad el ideario de Perú Libre preparado por Cerrón, reine al partido con la etiqueta «marxista-leninista».

Si bien es imposible decir hoy quién resultará victorioso el próximo domingo 6 de junio, una certeza que se abre en el escenario peruano es que la crisis que vive el país continuará, pero ciertamente bajo ropajes distintos. En el caso de que sea Castillo el vencedor, probablemente consiga una primera mayoría parlamentaria capaz de bloquear cualquier pedido de vacancia presidencial que busque sacarlo del poder. Sin embargo, desde el día uno tendrá la activa oposición, no solo del fujimorismo y sus aliados políticos, sino también de los medios de comunicación y los gremios empresariales.

Castillo debería hacer frente también a una compleja situación sanitaria y a un país donde la pobreza ha retrocedido a niveles de hace una década, todo esto en el marco de una fuerte corrida cambiaria y una intensa salida de capitales. A la necesaria reactivación económica se le sumará la crisis política que producirá la potencial convocatoria de una Asamblea Constituyente que dote a Perú de una nueva Carta Magna, lo que ha sido uno de los principales ejes de su campaña.

La ruta para tal convocatoria es todo menos clara. Es posible que Castillo busque convocar un referéndum directamente, lo que podría ser bloqueado por el Tribunal Constitucional. Pero también podría intentar una ruta más larga, y reformar primero la actual Constitución para incluir el mecanismo de Asamblea Constituyente. Pero esto último requiere de una votación calificada en el Congreso, seguida de un referéndum popular.

La tentativa de convocar una Asamblea Constituyente podría terminar por elevar el voltaje político, y ahí el desenlace del posible gobierno de Castillo es abierto. Si no logra convocarla porque no consigue los 66 votos del Congreso, podría forzar alguna figura más difusa,lo que lo expone a intentos de vacancia e incluso de salidas extraconstitucionales. La otra gran posibilidad es que Castillo decida seguir la ruta de Ollanta Humala y pactar un gobierno con el establishment para que continúe el «modelo peruano» en piloto automático. Pero si esa ruta mostraba ya serias limitaciones hace unos años, hoy directamente atentaría contra la estabilidad de su gobierno y probablemente produciría una fractura en su bloque parlamentario, lo que dejaría a Castillo a merced de la mayoría opositora en el Parlamento.

En el caso de Keiko Fujimori, su potencial victoria también entraña una serie de escollos, y el principal de ellos es un agotamiento del modelo de relación entre Estado, mercado y sociedad. Ello se ha verificado ya en las protestas callejeras de 2020 y en las sucesivas crisis políticas. La potencial relación con la «calle» de Keiko Fujimori puede ser especialmente conflictiva en un momento de agudización de la pobreza, con una izquierda fortalecida y una sociedad civil que no le es particularmente favorable (con menos de 15% de los votos en la primera vuelta, la mayoría de los votos de la candidata serían «prestados», como un supuesto mal menor frente al «peligro comunista»).

Se debe recordar además que Fujimori y una parte de la plana mayor del fujimorismo enfrentan una serie de investigaciones judiciales que precisamente en estos meses debería entrar a una etapa de juicio oral. La fiscalía ha solicitado para la candidata una pena de 30 años de cárcel por delitos vinculados al supuesto lavado de activos.

Recordemos que, como afirma Aníbal Pérez-Liñán, cuando se juntan bajos niveles de aprobación, casos de corrupción que explotan en la opinión pública y una difusión significativa por parte de los medios de comunicación, se abre la puerta del juicio político. En este escenario, la ausencia de una mayoría propia en el Parlamento podría pavimentar el camino a una vacancia presidencial que abra un nuevo capítulo en la crisis que vive el país.

Los pobres resultados del conjunto de candidaturas, incluidas las dos que han pasado al balotaje, no han permitido construir una mayoría política. El punto de partida de cualquiera de las dos presidencias será de debilidad. Sin la fuerza política necesaria para cerrar la crisis tras las elecciones, el fin de esta deberá intentarse desde el poder.

El fujimorismo podría buscar reconstruir su hegemonía política desde el gobierno, estabilizando su relación con los sectores populares mediante una batería de programas sociales, y con los sectores altos mediante la desregulación de los mercados y la apertura de espacios de generación de rentas extraordinarias, rehabilitando la coalición que le permitió gobernar al primer fujimorismo: un pacto con los de arriba y los de abajo.

Más allá del festival de programas sociales ofrecido por Fujimori, la impresión que queda es que no apostará por un Estado que gane mayores niveles de autonomía y capacidad. Curiosamente, la coyuntura crítica podría cerrarse manteniendo el statu quo que hoy dicta el funcionamiento del país. Con el fujimorismo reordenando el tablero partidario y un Estado igual al actual, solo que con mayores programas sociales. En mi opinión, esa ruta no es sostenible en el largo plazo, pero como dijo el buen Keynes, en el largo plazo ya estamos todos muertos.

Desde la vereda opuesta, la victoria de Castillo ofrece un resultado incierto. Por delante tiene el reto de reordenar el sistema político en torno de un amplio bloque de izquierda. Además, debe forjar una coalición sociopolítica que le permita gobernar y que eventualmente pueda ser movilizada en caso de amenaza. Este agrupamiento contará ciertamente con los sectores campesinos y las capas medias provinciales (especialmente de las zonas andinas), pero deberá atraer a los sectores pobres urbanos y a una porción de las clase medias bajas de la ciudad capital. Todo esto, en un marco de mucha agresividad desde arriba.

Si logra la rearticulación del orden político en torno de sí y de un bloque de izquierda, queda por ver qué hará con la otra parte de la ecuación. Si la redefinición de la relación entre el Estado, el mercado y la sociedad se queda únicamente en un nuevo «pacto constitucional», la nueva trayectoria se topará rápidamente con sus propios límites.

Si Castillo entiende el Estado únicamente como una herramienta que ahora se pone al servicio del pueblo, cuando antes estuvo al servicio de los poderosos, probablemente fracasará. Si no aprovecha el tiempo en el poder para darle al Estado mayores niveles de autonomía y capacidad burocrática, quizás repitamos la historia de la región: Estados que deben hacer muchas tareas para las cuales no poseen las herramientas necesarias.

Históricamente, Perú ha sido un país donde las elites sociales han sido muy resistentes al cambio. De hecho, desde principios del siglo XX, la estrategia dominante de estos sectores fue la dominación a través del Estado, algunas veces mediante liderazgos personalistas civiles, otras mediante dictaduras militares. El cambio fue solo posible con el uso de la fuerza, durante el gobierno del general Juan Velasco Alvarado.

En el último ciclo democrático, si bien estas elites no lograron impedir la victoria de Humala en 2011, sí consiguieron evitar que llevara adelante cambios significativos. Pese a compartir varias de las condiciones que gatillaron el giro a la izquierda en otros países, en ese periodo Perú se mantuvo al margen. En 2011, Humala había logrado construir una coalición social significativa y colocar detrás de sí un frente político capaz no solo de enfrentar una campaña profundamente desigual, sino de ocupar los principales puestos del Estado una vez que triunfó. Era la oportunidad del cambio ordenado. Pero no se supo o quiso aprovechar.

Si el 6 de junio Castillo triunfa, habrá una diferencia fundamental respecto de la oportunidad anterior: el cambio será a trompicones, caótico y azaroso. Pese al desorden, se abriría la posibilidad de un hecho trascendental ad portas del Bicentenario: que sea un grupo social postergado el que tome las riendas del país. Los hijos del largo proceso de modernización social, y específicamente el remezón social que supuso la reforma agraria, habrán llegado al poder. Queda por ver si podrán, al igual que en Bolivia, producir una transformación duradera y significativa de este país.

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Lunes, 31 Mayo 2021 06:02

Shell

El director de Milieudefensie, Donald Pols, visiblemente feliz con el veredicto.

La sentencia de la corte de distrito de La Haya del pasado 26 de mayo ordena a la compañía anglo-holandesa de energía Shell que actúe para reducir, en el periodo hasta 2030, sus emisiones netas de carbono en 45 por ciento con respecto a los registros de 2019. "El grupo Shell", dijo la jueza responsable, "debe poner de su parte para contener la amenaza del cambio climático".

La demanda fue interpuesta por la organización Milieudefensie, la versión holandesa de Amigos de la Tierra. El argumento de base en este caso fue que los productos de Shell provocan cada año emisiones del orden de mil 600 millones de toneladas de dióxido de carbono, asociado con el llamado "efecto invernadero", equivalentes a 3 por ciento de las emisiones en el mundo y nueve veces más que toda Holanda.

El asunto ya había sido planteado por la propia Shell, que preveía disminuir las emisiones generadas por sus productos en 6 por ciento para 2023, 20 por ciento para 2030, 45 para 2035 y por completo en 2050 (con base en los niveles registrados en 2016).

La sentencia establece un precedente relevante para el control del calentamiento del planeta, cuya referencia política es actualmente el Acuerdo de París firmado en diciembre de 2015 en el marco de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático.

Shell argumentó que el problema en cuestión no debe tratarse en los tribunales pues, siendo una cuestión global, requiere de un amplio esquema de inversiones, la transformación tecnológica en la industria energética, la adecuación de toda una enorme serie de productos y servicios relacionados, así como la modificación de los patrones de consumo de la población.

Antes ya, una corte holandesa ordenó al gobierno de ese país acelerar las rebajas en las emisiones de carbono para 2020 hasta 25 por ciento respecto al nivel de 1990; la primera decisión de ese tipo en Europa. Es interesante apreciar el entorno de las iniciativas y las inevitables resistencias políticas y económicas con respecto al tema general del medio ambiente y en especial al impacto sobre el clima.

En esa sentencia se hacía explícito que las causas y consecuencias del cambio climático no pueden limitarse a un solo país, pero que: "el Estado no debe esconderse detrás del argumento de que la solución a este problema global no depende sólo de los esfuerzos holandeses". Al respecto, hay otros argumentos que se exponen en diversos países que eluden las exigencias y disposiciones en el campo energético para contrarrestar el calentamiento global.

En estos asuntos quienes participan en el debate sobre el clima son los gobiernos, los organismos internacionales, las grandes empresas del sector de la energía y organizaciones relacionadas con el activismo por el medio ambiente. No son claras aún las formas en que las sociedades, con toda su diversidad y estructuras desiguales participarán de modo amplio en esta cuestión y los mecanismos que tendrán disponibles para contar con la información adecuada y expresarse al respecto.

Las grandes empresas que explotan el carbón, el petróleo y el gas operan con criterios de distinta índole, pero claramente la rentabilidad es uno de crucial importancia. En el caso de las empresas que son públicas, es decir, que cotizan en los mercados de valores, podría ser que la postura de segmentos de los accionistas presionase para que haya un vuelco en las estrategias medioambientales. No necesariamente ocurre lo mismo con las empresas estatales en la que esas decisiones, con significativos efectos económicos, ocurren con base en criterios políticos, en un sector por naturaleza claramente politizado alrededor del mundo.

Esto representa un conjunto de fricciones en cuanto a la consecución de los objetivos de afectar de modo positivo al cambio climático. Las decisiones son de largo plazo pues el viraje productivo que esto representa es complejo y abarca un amplio conjunto de actividades, mercados e intereses.

Se trata efectivamente de una cuestión global, pero el alineamiento de los intereses privados y estatales es conflictivo. Piénsese en la producción de energías bajas en carbono: electricidad –incluyendo la recarga de vehículos eléctricos–, el uso de hidrógeno, las energías renovables o los biocombustibles. Los patrones de ajuste de una mayor demanda con una mayor producción es el quid de la cuestión. Las medidas para conseguirlo abarcan una gran variedad de acciones del orden privado y público. La energía es un bien de consumo masivo.

Lo que se consigna es una tendencia hacia la mayor presión de los inversionistas para un ajuste ecológico de las empresas del sector de la energía, una creciente acción regulatoria de los gobiernos, el incremento de la conciencia social sobre las emisiones de gases y el efecto invernadero. Los intereses en disputa son muy grandes. Habrá que ver cómo se irá forjando la dinámica en el mercado, en las políticas gubernamentales y entre los movimientos ciudadanos. El objetivo que se ha fijado ahora es contener el promedio de la temperatura en la Tierra por debajo de 2 por ciento.

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La Comuna en la historia de la izquierda

La Universitat Progressista d’Estiu de Catalunya (UPEC) organizó el 12 de mayo una jornada sobre la Comuna con el sugerente título “El Temps de les Cireres” (El tiempo de las cerezas). Aquí puede verse la grabación de todas las ponencias. Reproducimos la que realizó Miguel Salas.

Gracias por esta invitación que estrecha aún más la colaboración entre la UPEC y la revista Sin Permiso.

Agradezco esta iniciativa que nos permite actualizar el pasado y darle significado hoy a la Comuna. Los hechos que sucedieron en París y en Francia tuvieron una repercusión internacional que cambió y concretó las perspectivas emancipadoras. La teoría se convirtió en práctica: por primera vez se constituía un gobierno dirigido por la clase trabajadora. Y la práctica enriqueció la teoría y permitió comprender mejor los procesos de transformación social.

Su influencia ha llegado hasta nuestros días y sigue siendo una fuente de conocimiento y reflexión, porque cada vez que volvemos a estudiar la historia de la Comuna descubrimos un nuevo matiz gracias a las posteriores experiencias revolucionarias.

En una entrevista que publicamos en Sin Permiso con Kristin Ross, le preguntan sobre su libro Lujo comunal. El imaginario político de la Comuna:

“Este libro vuelve a poner en escena a la Comuna de París en nuestra época. ¿Por qué la Comuna es un recurso que nos permite pensar reivindicaciones políticas actuales? -y Kristin responde- Me alegra que elijas la palabra ‘recurso’ en vez de la palabra ‘lección’”.

Sí. Ciento cincuenta años después, la Comuna sigue siendo una fuente de matices y de recursos, de los que estamos tan necesitados las izquierdas. Sigue viva y necesitamos seguir aprendiendo de ella. Leemos y escuchamos los ecos que nos vienen de lejos, pero lo hacemos mirando al futuro que queremos cambiar.

Lo que nos atrae de la Comuna

¿Qué poderosa influencia la ha mantenido viva durante todo este tiempo? Es cierto que hay bastante desconocimiento y tergiversación sobre lo que fue, pero cuando cualquier persona, cualquier militante o activista social entra en contacto con ella y empieza a conocerla se le abre un mundo de interés, de ansia de saber más, y puede transportarle hasta imaginarse la sociedad que querríamos para el futuro.

Espero que a lo largo de estos debates sepamos transmitir ese interés y ayudemos al renacimiento de muchas de sus ideas y experiencias. El título de esta mesa es “La Comuna de París en la historia de la izquierda”. Podríamos decir que la historia de la izquierda está determinada por la Comuna. Veámoslo.

Muchas cosas cambiaron tras 1871. Una brutal represión acabó con la Comuna, se persiguió al movimiento obrero en toda Europa y especialmente a la I Internacional; también fue el inicio de un periodo de fértil desarrollo del capitalismo y marcó el comienzo del imperialismo; pero la semilla ya había sido plantada, y de las cenizas de la Comuna surgieron los partidos y los sindicatos obreros y se actualizaron sus ideas y métodos de lucha.

Las repercusiones políticas de la Comuna fueron enormes en todo el mundo. El historiador de la Comuna, Lissagaray, escribió: “La atracción del París rebelde fue tan fuerte que hasta vinieron de América para ver este espectáculo desconocido en la historia: la mayor ciudad del continente europeo en manos de los proletarios”. La solidaridad se extendió por todo el continente. August Bebel, diputado socialdemócrata, declaró en el Reichstag alemán: “Si ahora París ha sido vencida, os prevengo que la lucha iniciada no es más que una avanzadilla. Pronto el grito de guerra del proletariado parisino: “¡guerra a los palacios, paz en las cabañas, muerte a la miseria!”, será el grito de guerra de todo el proletariado”. No fue fácil. La reorganización del movimiento obrero costó tiempo y esfuerzos.


La Comuna encuentra un nuevo impulso en Rusia

Fue en la lejana Rusia donde la Comuna encontró un nuevo impulso. Se comenta la anécdota de que cuando la revolución rusa superó los 72 días que la Comuna había durado, Lenin salió a la calle y se puso a bailar sobre la nieve para celebrarlo (es difícil imaginar sus virtudes como bailarín). Sea real o no, las anécdotas suelen reflejar momentos o estados de ánimo. Para los revolucionarios rusos la Comuna fue su referencia histórica, la inspiración teórica y práctica de lo que querían para su país. Por ejemplo, en el catálogo de referencias de las obras de Lenin se encuentran 367 entradas referidas a la Comuna. Regularmente, los aniversarios de la Comuna se aprovechaban para publicar artículos en su prensa o, cuando se podía, celebrar actos conmemorativos. “Todos, en el movimiento actual, descansamos sobre los hombros de la Comuna”, escribió Lenin.

La Comuna estuvo bien presente en los debates más importantes de los revolucionarios rusos. Si se hablaba del carácter de la revolución, aparecía la Comuna para defender el carácter obrero de la futura revolución; si se debatía sobre si la clase obrera estaría o no preparada para dirigir la sociedad, ¡qué mejor ejemplo que lo sucedido en París!; si la polémica giraba en torno a cómo combinar las exigencias democráticas de un país atrasado con el carácter socialista de la revolución, surgía la Comuna para ofrecer ejemplos y argumentos; si se trataba de la actitud a tomar ante la guerra imperialista, solo había que recordar lo aprobado en el Congreso de Basilea de 1912: “Que los gobiernos sepan muy bien que, con el actual estado de Europa y disposición de espíritu de la clase obrera, no podrían desencadenar la guerra sin correr peligro ellos mismos. Que recuerden que la guerra franco-alemana provocó la explosión revolucionaria de la Comuna, que la guerra ruso-japonesa puso en movimiento las fuerzas de la revolución de los pueblos de Rusia”.

Claro que también entre las izquierdas había quienes huían de cualquier referencia a la Comuna o, como mucho, la consideraban un accidente de la historia que no se volvería a repetir o que no correspondía a las particularidades rusas.

La historia lo resolvió. La mayoría de vosotros conoceréis o habréis oído hablar de las Tesis de Abril de Lenin. Son las tesis que defendió en su retorno a Rusia y que dieron un vuelco a la revolución. Si las repasáis, podréis comprobar que básicamente lo que hizo fue adaptar, en realidad podríamos decir copiar, la experiencia de la Comuna a las condiciones del momento.

¿Qué proponen las Tesis de Abril?: “Supresión de la policía, del ejército y de la burocracia (armamento general del pueblo). La remuneración de los funcionarios, todos ellos elegibles y renovables en cualquier momento, no deberá exceder del salario medio de un obrero cualificado”. Es una copia literal de lo que pusieron en práctica los comuneros parisinos. Los revolucionarios rusos también habían aprendido de los errores y las debilidades de la Comuna. Y en las Tesis de Abril se lee: “Fusión inmediata de todos los bancos del país en un Banco Nacional único, sometido al control de los Soviets de diputados obreros”. Como sabéis, en 1871 los parisinos no se atrevieron a tomar el Banco de Francia, dejando de utilizar esa importante palanca financiera. En dichas Tesis hay unas notas de Lenin que dicen: “Sobre la posición ante el Estado y nuestra reivindicación de un "Estado-Comuna"”, y añade a pie de página: “Es decir, de un Estado cuyo prototipo dio la Comuna de Paris”.

Como es de suponer, no todas las izquierdas compartían ni ese entusiasmo ni ese proyecto. En aquella época también había reformistas a quienes la revolución les producía grima; siempre hay quienes están dispuestos a rendirse antes que luchar. Un socialdemócrata alemán llamado Vollmar declaró que a “los comunalistas, en vez de tomar el poder les hubiese ido mejor echarse a dormir”. O quien, como Kautsky, utilizó la Comuna como arma arrojadiza para denigrar la revolución rusa.

A pesar de las diferencias entre marxistas y anarquistas -especialmente porque los segundos rechazan intervenir en política y su comunismo libertario debía producirse de un día para otro-, en torno a la Comuna se produce una mayor aproximación conceptual: la democracia participativa y de base, las comunas como la organización base de la sociedad y una defensa clara de la Comuna parisina como anticipo de una nueva sociedad.

 

Asturias. Nuestra Comuna

El hecho es que, a ojos del mundo, la continuidad de la Comuna fue el poder de los soviets y ambos se convirtieron en la referencia para casi todos los levantamientos obreros y populares. Viajemos ahora hasta la China de los años veinte del siglo pasado. Un país ocupado por potencias extranjeras e inmerso en un proceso revolucionario en el que participan la clase trabajadora y los campesinos, y una burguesía nacional que quiere sacudirse el peso de las potencias extranjeras. Durante el año 1926 se desarrollaron importantes huelgas en la zona de Cantón y Hong Kong, y en el mes de junio se reunió un congreso de 800 delegados obreros en el que se considera el primer soviet del continente asiático. Al año siguiente fue el turno de Shanghái. Una insurrección popular estalló el 21 de marzo hasta el 12 de abril, que fue conocida como la Comuna de Shanghái.

Nosotros también tenemos nuestra Comuna. En octubre de 1934 se había preparado una huelga general contra la entrada en el gobierno de las derechas reaccionarias contrarias a la república. El levantamiento solo triunfó en Asturias, donde se había conformado una Alianza Obrera de todas las izquierdas y sindicatos. La insurrección empezó el 5 de octubre y duró hasta el 18. Como en todo proceso comunal, hubo orden entre las filas obreras y desorden y represión causado por la guardia civil y el ejército (dirigido por Franco; el dictador hizo allí su aprendizaje represor). Se empezaron a tomar medidas de defensa de lo común de carácter socialista, y a organizar la vida en un sentido comunitario. En su libro Hacia la segunda revolución, Joaquín Maurín explica: “Hay otra (fortaleza) que los insurrectos se disponen a asaltar. Es el Banco de España. Nuestros revolucionarios no incurrirán en el grave error de la Comuna (de París) que respetó, cándidamente, el Banco de Francia. […] El Comité revolucionario de Asturias ha aprendido esta importante lección marxista. La dinamita hace saltar hecha trizas la cámara acorazada del Banco de España. Y, sucesivamente, saltan otras cajas en las sucursales de los bancos que hay en las poblaciones de la zona minera. […] El dinero, en último término, no es más que un signo de poder. El banco es un auxiliar puesto al servicio de quien manda. Y los que ahora mandan son los obreros revolucionarios”.

La derecha española utilizó la represión en París para que se aceptara la suya. En la sesión parlamentaria del 5 de noviembre de 1934, Melquiades Álvarez, diputado por Oviedo, evocó los asesinatos del gobierno francés en 1871 para defender la legitimidad de la represión contra el levantamiento asturiano. En esa misma sesión fue más lejos Calvo Sotelo, el dirigente de las derechas reaccionarias, que justificó la represión porque las ejecuciones de los comunards en París habían proporcionado a Francia sesenta años de paz social, o sea, la paz de los cementerios.

La Comuna de París vuelve a ser una referencia durante la revolución de 1936. Un batallón de las Brigadas Internacionales se pone de nombre “Comuna de París”. Conmemorando la Comuna, Federica Montseny, la dirigente anarquista de la CNT, da una conferencia en Valencia en mayo de 1937 en la que defiende la relación entre la experiencia de la Comuna y la revolución que está en marcha en España. “Por primera vez se aplican principios socialistas -dice Federica. [La Comuna] realizó una serie de hechos justos, proclamó una cantidad de principios socialistas por los que ahora precisamente estamos pugnando nosotros. […] Eran comunalistas, como en España lo era el movimiento federalista y libertario”.

La Comuna ha seguido siendo un evocador ejemplo. No podía faltar en el Mayo francés de 1968, en donde se volvió a hablar de la Comuna en París y de la Comuna del Barrio Latino (la de los estudiantes); y especialmente en la huelga general del 13 de mayo, en una manifestación que reunió en París a un millón de manifestantes. En el recorrido ondeaban las banderas rojas, y en un momento determinado un joven subió a una farola a descolgar la bandera francesa y a dejar allí una bandera roja. Fue un reflejo de la Comuna de 1871. La bandera tricolor representaba al ejército que reconquistó Paris a sangre y fuego. La bandera roja era la que ondeaba en las barricadas como enseña de la república de las clases trabajadoras. Sigue viva la Comuna, por ejemplo, en las protestas de los ‘chalecos amarillos’, donde se podían ver pancartas de “Viva la Comuna” y “Viva Louise Michel (una de sus figuras revolucionarias)”. En el movimiento la Nuit Debout, la Plaza de la República de París fue bautizada como “Plaza de la Comuna”.

Continuidad

Hay un hilo conductor que desde la Comuna llega hasta nosotros. Una continuidad, a pesar de las dificultades y de los giros que da la historia, que expresa la incansable lucha por la emancipación social y nacional, por liberar al trabajo del capital. John Reed, el periodista norteamericano que escribió Diez días que conmovieron al mundo, tiene un pequeño relato -que les recomiendo- titulado Hija de la revolución. Sucede en el París de 1914, donde coincide con una mujer joven que cuenta la historia de su familia. Su abuelo luchó en la Comuna; su padre fue un sindicalista revolucionario; su hermano siguió los pasos del padre y fue enviado a la guerra y ella -no os desvelo el final- quiere ser una mujer libre. Esa continuidad es la que convierte en normal, natural, la conmemoración de este 150 aniversario. Como escribió el socialista británico William Morris, “nos plantean de nuevo a todos los socialistas la periódica tarea de celebrarla a la vez con entusiasmo e inteligencia”.

Todos sabemos que la historia no es un proceso lineal, sino que está llena de avances y retrocesos y de sinuosas curvas que nos desvían del objetivo emancipador. Pues, así como la Comuna renace cada vez que hay un proceso revolucionario en marcha, podemos decir que su espíritu ha desaparecido en la práctica de la mayoría de los partidos políticos. ¿Qué tiene que ver el intento de la Comuna de asaltar los cielos, de emancipar el trabajo del capital, con la política de la socialdemocracia que ya en los años veinte del siglo pasado se opuso a la revolución y cuya única tarea parece ser gestionar mejor el capitalismo? En la tradición estalinista se hablaba de la Comuna, incluso se la conmemoraba, para hacer lo contrario. ¿Qué tiene que ver la participación democrática en la Comuna, la elegibilidad y revocabilidad de los dirigentes, con la práctica estalinista de ausencia de libertades? ¿Qué tiene que ver la práctica de la Comuna de que los elegidos debían cobrar el salario medio de un obrero cualificado con los privilegios y la corrupción de la burocracia estalinista? ¿O la aspiración de la Comuna a un gobierno barato con el monstruo de Estado creado por la burocracia estalinista?

Claro que siempre se puede decir que el mundo ha cambiado, que ahora no habría condiciones, que el mundo es mucho más complejo… siempre se pueden encontrar excusas, pero hay algo que no ha cambiado: la necesidad de luchar y acabar con el capitalismo y construir una sociedad igualitaria, solidaria, democrática, fraternal, es decir, socialista.

Puestos a encontrar excusas, también se utiliza aquello de que las propuestas de la Comuna solo servirían para momentos revolucionarios, y ahora no lo son. No es una buena excusa. La participación democrática, la revocabilidad de los dirigentes, la elegibilidad de jueces y funcionarios, un gobierno barato, etc. Medidas que empezaron a aplicar los trabajadores parisinos serían perfectamente posibles en nuestra sociedad actual y una respuesta democrática a los numerosos problemas que arrastramos, desde la desigualdad hasta el crecimiento de la extrema derecha, o hechos como las recientes elecciones en Madrid.

Estudiando el pasado mirando al futuro

Al iniciar esta conferencia me preguntaba, os preguntaba, ¿qué nos atrae de la Comuna?

Me aventuraría a decir qué nos atrae:

  1. A) Su audacia y heroicidad. Fueron capaces de defender su ciudad y su país frente al ejército invasor, mientras la burguesía pactaba con los invasores y prefería sofocar la revolución antes que luchar contra el ejército enemigo.
  2. B) Su energíapara aplicar las medidas que respondían a las necesidades del pueblo trabajador. No tenían un plan preciso, pero tampoco tuvieron miedo para atacar lo que parecía intocable: el ejército permanente, el poder de la Iglesia, la judicatura como un cuerpo ajeno al pueblo. Tampoco se echaron atrás ante la propiedad privada. Las viviendas desocupadas fueron adjudicadas a quienes las necesitaban. Las fábricas abandonadas por sus propietarios empezaron a ser controladas por sus trabajadores. Solo les faltó tiempo para proseguir su labor.
  3. C) Su radicalidad democrática. ¿Dónde se había visto que las clases trabajadoras pudieran gobernar, una tarea que parecía solo reservada a burgueses, a gente con fortuna o abogados? ¿Dónde se había visto que los gobernantes, diputados, jueces podían ser revocados por sus electores si no cumplían con lo acordado? Hasta entonces el Estado había sido un botín para repartirse entre los distintos sectores de la burguesía; la Comuna instauró un gobierno barato del que se podía beneficiar el conjunto de la sociedad. Digamos también que, aunque las mujeres jugaron un importante papel en las decisiones y en la lucha, incluso en las barricadas, no llegaron a conquistar su derecho a votar. La Comuna como célula básica de la nación. No la nación creada desde arriba, sino una federación de comunas que libremente conforman la nación. Su aceptación del extranjero, del inmigrante: algunos de ellos hasta tuvieron puestos de responsabilidad en la dirección de la Comuna. La fraternidad con los pueblos, la Comuna como base de una república universal, decían.
  4. D) Su lucha contra la desigualdad. La libertad y la democracia necesitan asegurar la base material de la existencia, tener una vida digna. Solo pudieron empezar, pero abrieron el camino que siguieron muchas generaciones para conquistar una nueva sociedad.

Esta conmemoración de la Comuna la hacemos estudiando el pasado con los ojos bien abiertos hacia el futuro.

Para acabar, quisiera recuperar un discurso pronunciado en otro aniversario. Cuando se cumplían cien años de la Comuna le concedieron a Pablo Neruda el Premio Nobel de Literatura. En su discurso de aceptación dijo: “Hace hoy cien años exactos, un pobre y espléndido poeta, el más atroz de los desesperados, escribió esta profecía: A l’aurore, armés d’une ardente patience, nous entrerons aux splendides villes. (Al amanecer, armados de una ardiente paciencia, entraremos en las espléndidas ciudades)”.

“Yo creo en esa profecía de Rimbaud, el vidente, -dijo Neruda-. Yo vengo de una oscura provincia, de un país separado de todos los otros por la tajante geografía. Fui el más abandonado de los poetas y mi poesía fue regional, dolorosa y lluviosa. Pero tuve siempre confianza en el hombre. No perdí jamás la esperanza. Por eso tal vez he llegado hasta aquí con mi poesía, y también con mi bandera”.

“En conclusión, debo decir a los hombres de buena voluntad, a los trabajadores, a los poetas, que el entero porvenir fue expresado en esa frase de Rimbaud: Solo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres. Así la poesía no habrá cantado en vano”.

Por Miguel Salas 

Miembro del consejo editorial de Sin Permiso

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Chamanes realizan en Lima un ritual en apoyo a Pedro Castillo. — Paolo Aguilar (EFE)

Los peruanos elegirán el 6 de junio en una segunda vuelta electoral a quien ocupará la Presidencia durante los próximos cinco años. Los candidatos son el izquierdista Pedro Castillo y Keiko Fujimori, de la derecha neoliberal. Las últimas encuestas colocan al profesor ligeramente por delante de la hija del dictador encarcelado.

 

A una semana de la segunda vuelta, Lima está tensa. Este sábado, una marcha de apoyo "a la democracia" (en realidad, de apoyo a Keiko Fujimori) se convirtió en una ruidosa caravana de automóviles que provocó burlas pero también dejó sentir su presencia. En los distritos residenciales de la capital, circulaban camionetas y vehículos todoterreno con banderas peruanas y carteles: "No al comunismo". Es un contraste llamativo con las manifestaciones callejeras, a pie, con las que Pedro Castillo llena plazas cada día.

Castillo, el candidato de izquierda que dio la sorpresa en la primera vuelta, es la gran amenaza o la única esperanza, según como se mire. Para una parte de los peruanos —esa que salió en vehículos de alta gama— es la encarnación del comunismo, una nueva Venezuela. Para otra parte, es la opción que puede dejar sin la Presidencia a Keiko Fujimori, quien no solo ha prometido el indulto para su padre, el exdictador Alberto Fujimori, sino que también tiene historial propio.

En 2016, Fuerza Popular —el partido fujimorista— obtuvo una mayoría congresal arrolladora; el resultado fue el boicot constante al Gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, que llevó a la interrupción de quince años consecutivos de alternancia democrática (la bancada, con cercanías a bandas criminales y a una red de jueces corruptos —como se supo luego—, forzó la renuncia del presidente).

Keiko misma está procesada por corrupción —la fiscalía pidió treinta años de prisión para ella—, estuvo presa, pero fue puesta en libertad por riesgo de covid. Además, tiene en su equipo al médico Alejandro Aguinaga, uno de los responsables de las esterilizaciones forzadas de Fujimori padre (una política que afectó a decenas de mujeres campesinas). Si Castillo gana, Keiko perderá la elección por tercera vez y probablemente la opción de la Presidencia se le cerrará para siempre. Eso, para muchos, suena tentador.

Pero no es una opción tan fácil.

Castillo no es el comunista que dicen sus críticos. No parece creíble que vaya a instaurar el socialismo o una autocracia chavista en el Perú. Pero tampoco es un hombre que inspire confianza. Es un outsider; no de los fabricados por la derecha —que hasta quiso poner a un exportero del Alianza Lima para dárselas de popular—, sino uno auténtico, inesperado. Lo que salta a la vista de Castillo parece noble: un maestro de escuela al poder, un hombre simple con sombrero de agricultor. ¿Por qué no? Pero no es tan simple. Su condición de profesor habla de la loable vocación por la enseñanza en el campo, pero también de una historia de ascenso sindical que lo muestra como cualquier cosa menos un político ingenuo.

Algo que se pierde de vista —tal vez él mismo, con su hablar populachero, su llanto fácil, lo procura— es que es un animal político y conoce el arte de escalar estructuras de poder. En las plazas, Castillo arenga contra las trasnacionales y ciertas instituciones decadentes. En las entrevistas, se desdice, da rodeos y vacila. Aunque cálido y carismático, no parece brillar con las palabras o los argumentos. La mayor habilidad se ve en sus gestas, y no siempre de la mejor manera.

Fue en el movimiento sindical de maestros de Perú donde Castillo mostró la ambición y sentido de la oportunidad que culminó en una carrera vertiginosa. Para escalar en la organización, se alió con los enemigos de la cúpula del sindicato oficial (Sutep). El asunto es que esos enemigos pertenecían a una facción del magisterio con vínculos con Movadef, grupo que busca la amnistía de los cabecillas presos de Sendero Luminoso (incluido Abimael Guzmán).

Movadef no es un movimiento terrorista, pero sí nace con un pecado de origen: quiere la libertad para los senderistas encarcelados, y eso en Perú es, de por sí, inadmisible, algo que deja excluido del juego político a quien lo defienda. La brutalidad sangrienta de Sendero provocó que, una vez derrotado, no hubiera espacio para ninguna concesión. A diferencia de lo que ocurre en otros países, en Perú no se ha planteado una participación de los grupos subversivos desarmados en la política.

¿Este antecedente demuestra que Castillo es capaz de hacer un pacto con el diablo? ¿Que haría alianzas sin escrúpulos? ¿O que es alguien con una visión posconflicto de apertura democrática? No se sabe. El caso es que con esa alianza Castillo pudo organizar en 2017 una impresionante rebelión contra la cúpula sindical, que había llegado a un pacto con el Gobierno derechista de Pedro Pablo Kuczynski (un pacto que el profesor no aceptaba). Castillo lideró la gran marcha que llegó hasta la capital: los maestros acamparon en las plazas del centro de Lima. Antes, Castillo se había postulado a un par de cargos públicos, sin éxito, pero esta huelga de 75 días fue su verdadero nacimiento político.

Ya entonces se vio una máxima de Castillo: los enemigos de mis enemigos son mis amigos. La prensa fujimorista, que hoy destruye al candidato pero que, entonces, quería desestabilizar al régimen de Kuczynski, le prestó oídos a su historia de lucha.

Como todo aquel que anda con juntas poco recomendables, Castillo tiene la coartada de estar usándolos como instrumentos a su favor. La gran pregunta sigue siendo si, al contrario, el instrumento es él. Este interrogante también es válido cuando se alude a su filiación con otro personaje polémico: Vladimir Cerrón, el líder del partido Perú Libre, por el que Castillo se postula.

Cerrón provoca rechazo en Lima; de hecho, fue el motivo de la ruptura de la izquierda años atrás. Neurocirujano formado en Cuba, jamás se ha deslindado de los procesos progresistas latinoamericanos (Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Evo Morales). A su imagen de radical se le suma cierto conservadurismo misógino y homófobo. Cerrón era el candidato natural de Perú Libre, pero estuvo preso por corrupción —opiniones autorizadas han dicho que ese juicio tuvo varias irregularidades, y que se usó para neutralizar a un líder con proyección—. A pesar de que salió libre, el Jurado Nacional de Elecciones le negó la participación en los comicios. Castillo, que entró como invitado para vicepresidente, pasó a ser el candidato. Nadie en Lima lo tomó en serio.

Pedro Castillo no parece un hombre comprometido ideológicamente. De su lealtad, aun no sabemos. Pero si bien es estratégico y pragmático, no cede. A diferencia del expresidente Ollanta Humala, que firmó un compromiso ante figuras prominentes como Mario Vargas Llosa, Castillo no ha dado muestras de querer someterse a condicionamientos. Sigue firme en sus propuestas. Quiere cambiar la Constitución (redactada y aprobada tras el golpe de Fujimori), para liberar los candados que impiden una mayor participación del Estado. Quiere reformar el sistema de pensiones. Después de la primera vuelta, la élite progresista dijo que esta intransigencia era un error que no le permitirá avanzar. Pero allí es donde Lima —y la burbuja socialdemócrata— parece no entender en qué país vive.

El Perú hace buen tiempo que vota masivamente contra el modelo económico (aunque no constituya una mayoría). Existe un descontento en todo el país, en provincias ajenas a Lima donde el Estado sigue sin llegar, donde el abandono produce pobreza y deja a las poblaciones a merced de la corrupción, la minería ilegal y el narcotráfico. Es un electorado rabioso que está dispuesto a arruinar el continuismo falsamente próspero de la capital. No comparte los remilgos de la capital. No entra en histeria ante las acusaciones de terrorismo. De hecho, en Ayacucho, que fue la región más golpeada por Sendero Luminoso, Castillo ganó con más del 45% en primera vuelta. Y sigue ganando.

La pandemia ha sido un golpe de desengaño que afectó la imagen del modelo económico. Perú ha sido el país más golpeado por la covid-19 de la región, junto con Brasil, y eso ha revelado la precariedad de un sistema de salud abandonado por el neoliberalismo, que promueve el negocio de clínica privada y admite los cobros exorbitantes de medicinas.

En el descrédito del sistema, están los puntos a favor de Castillo, las razones de la empatía y el beneficio de la duda en contraste con su contrincante (hija de un autócrata y también del instaurador del modelo neoliberal). El profesor nació en 1969 en Chota, Cajamarca, en un caserío rural. Vivió en la pobreza. Fue rondero, que es como se conoce a los miembros de las autodefensas campesinas que fueron vitales en la derrota de Sendero Luminoso.

En tiempos de redes sociales y campañas con algoritmos, Castillo ganó la primera vuelta contando 3.000 seguidores en Twitter (hoy tiene 72.000, nada si se compara con el millón de Keiko Fujimori). Se dice que es desconfiado en extremo, y tal vez eso explica su conducta errática: como los agentes de inteligencia, compartimenta la información. Cada colaborador suyo sabe solo una parte, la que él quiere. Hace cambios de planes todo el tiempo para que la información no se filtre, y por eso sus manifestaciones son inesperadas. En primera vuelta, fue a votar montado en un caballo. Es posible que esta vez ya no lo haga, pero medio Perú duerme temiendo ese galope.

lima

30/05/2021 22:12

 

Por Juan Manuel Robles@palidofuego


Castillo y Fujimori, en empate técnico a una semana de las presidenciales de Perú

Castillo está ligeramente por encima de Fujimori, que en las últimas semanas ha recortado la considerable desventaja que le separaba de su rival.

EFE

Los candidatos a la Presidencia de Perú Pedro Castillo (izquierda) y Keiko Fujimori (derecha) se encuentran en un empate técnico a una semana de la celebración de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, según dos sondeos publicados este domingo.

En ambas encuestas, Castillo está ligeramente por encima de Fujimori, que en las últimas semanas ha recortado la considerable desventaja que le separaba de su rival, al captar a la mayor parte de los indecisos.

Sin embargo, en las dos encuestas la diferencia entre ambos está dentro del margen de error estadístico, por lo que el debate que tienen previsto mantener este domingo los dos candidatos se prevé clave para el resultado final.

En votos válidos, la encuestadora Ipsos da un 51,1% para Castillo, que baja 1,5 puntos respecto al domingo pasado, y un 48,9% para Fujimori, que sube 1,5 puntos.

Por su parte, el Instituto de Estudios Peruanos (IEP), en su encuesta publicada este domingo en el diario La República, también da una diferencia de dos puntos en intención de voto entre Castillo y Fujimori.

En este caso el candidato del partido Perú Libre se lleva el 40,3% y la candidata del partido Fuerza Popular el 38,3%, mientras que el 21,3% son votos blancos, nulos e indecisos.

Ambas encuestas confirman el empate técnico ya anunciado el viernes por la encuestadora Datum, que daba 50,5% a Castillo y 49,5% a Fujimori en votos válidos, sobre una base de 1.201 entrevistados.

Esto anticipa una elección igual de reñida que hace cinco años, cuando en 2016 Pedro Pablo Kuczynski le arrebató a Fujimori la Presidencia por apenas 40.000 votos.

Es la tercera vez consecutiva que Keiko Fujimori, hija y heredera política del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000), llega a una segunda vuelta presidencial, después de haber pedido las dos anteriores ante Ollanta Humala (2011) y Kuczynski (2016).

A las urnas están convocados para votar el próximo domingo, 6 de junio, más de 25 millones de peruanos para elegir a la próxima persona que los gobernará por los próximos cinco años

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Miembros del Comité del Paro durante las negociaciones con el Gobierno. / Colprensa

Líderes sindicales que asistieron al sorpresivo encuentro convocado por las autoridades nacionales en la noche de este jueves señalan que desde la administración nacional están demostrando intenciones de dilatar la aprobación del preacuerdo de garantías para la protesta.

Miembros del Comité del Paro durante las negociaciones con el Gobierno. / Colprensa

Más le tomó al Gobierno nacional pedir modificaciones al preacuerdo que adelanta como parte de la mesa de negociaciones del paro nacional, que al comité de este en contestar de forma negativa a dicha petición. Esto, después de una reunión privada convocada de forma inesperada por funcionarios del Estado este jueves 27 de mayo.

Al terminó de la misma, el líder presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) Francisco Maltés, ofreció una escueta rueda de prensa en la que aseguró que, “lamentamos que el Gobierno nacional no nos tenga una respuesta sobre el documento de garantías para ejercer la protesta social pacífica en Colombia”.

El líder sindical recordó que dicho texto se viene trabajando como preámbulo a las verdaderas negociaciones que ambos bandos esperan adelantar como resultado de 30 días de manifestaciones a lo largo y ancho del país. El mismo había sido aprobado de forma unánime por todos los miembros del Comité del Paro desde el pasado lunes 24 de mayo, sin respuesta alguna del Estado hasta este jueves.

“Lo que vemos es una acción dilatoria del Gobierno para cumplir, para firmar lo acordado. Y por lo tanto, esa actitud dilatoria, que no entiende la complejidad que vive el momento, hace que el responsable del paro, por supuesto, sea el gobierno del presidente Duque, que se niega a firmar el acuerdo de garantías y no nos ha dado por lo tanto una respuesta sobre en qué fecha se debe iniciar el pliego de emergencia”.

Dicho esto, Maltés confirmó que habrá una nueva reunión el próximo domingo a las 10 de la mañana, mismo día en que se espera que el Gobierno nacional haga la entrega de sus lineamientos para dicho preacuerdo.

Valga recordar que, fruto de la misma reunión, se conoció que las autoridades nacionales buscan que los miembros del comité rechacen los bloqueos que se han presentado en las últimas semanas y que han afectado la economía del país, mientras que el comité se mantiene en su posición de exigir las garantías necesarias para que se desarrolle una manifestación pacífica.

“Dichos bloqueos vulneran, entre otros, los derechos a la movilidad, el trabajo, la alimentación, la salud, el desarrollo económico, social y cultural (...) los bloqueos afectan de manera negativa a millones de colombianos. Para el Gobierno nacional es perentorio garantizar también los derechos del resto”, manifestó Emilio Archila, consejero para la Estabilización y nuevo líder del equipo negociador del Gobierno.

Archila agregó que, “algunos miembros del Comité del Paro han insistido en promover de manera exclusiva la figura de los corredores humanitarios, sin condenar los bloqueos. Para el Gobierno nacional este punto no es negociable”.

Quien dejó más claro el panorama fue el excongresista Alirio Uribe, uno de los representantes del Comité del Paro, quien señaló que el Gobierno no ha sido claro con cuáles puntos presenta inconvenientes.

“El Gobierno nos cita para decirnos que tiene objeciones al documento que acordamos, pero no dice cuáles, ni entrega ningún documento de objeciones. Y nos cita para el domingo para discutir las objeciones que no conocemos”, sostuvo Uribe.

Con ello, Maltés advirtió que “el Comité Nacional de Paro aspira a que el domingo lleguemos a un acuerdo sobre las garantías para ejercer la protesta social, sobre la metodología que debe desarrollarse para la negociación del pliego de emergencia y que se instale la mesa de negociación del pliego de emergencia”. Concluyó diciendo que esperan que el Gobierno tome dichas expectativas con seriedad.

28 de Mayo de 2021

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Fuentes: El salto [Foto: Quinn Slobodian, historiador canadiense. © Tony Luong 2021]

Entrevista a Quinn Slobodian

El historiador canadiense Quinn Slobodian publica un recorrido por la historia del globalismo neoliberal y su uso de los Estados y las instituciones para proteger al libre mercado de la democracia.

“Quien solo sepa de economía no puede ser un buen economista”, dijo Frederick Hayek en su libro Economía, ciencia y políticas de 1962. Lo expresó en el momento en el que la corriente neoliberal de la Escuela de Ginebra seducía a gran parte de la corriente económica ortodoxa con la idea de que se necesita abordar el libre comercio y las teorías liberales desde un punto de vista político y jurídico. Cuando los neoliberales comenzaron a poner cada vez más en funcionamiento un mundo partido entre Estados y mercados, donde los primeros servirían para salvaguardar el buen funcionamiento de los segundos. Donde la economía de mercado estaría por encima de la democracia. Y, viendo el panorama actual, no parece que les haya ido muy mal.

La cita de Hayek es una de las muchas que recoge el extenso trabajo del historiador canadiense y profesor en la Wellesley College Quinn Slobodian y que se ha materializado en el libro Globalistas. El fin de los imperios y el nacimiento del neoliberalismo (Capitán Swing, 2021). Una historia que arranca hace 100 años, cuando caían los antiguos imperios y las guerras mundiales, los procesos de descolonización y los repliegues nacionales ponían en peligro el sueño de un libre comercio globalizado sin las ataduras de las barreras comerciales y las medidas proteccionistas.

Con su particular visión histórica de la corriente intelectual más influyente en nuestra vida cotidiana, Slobodian analiza el desarrollo conceptual de las ideas neoliberales hoy en día, el cisma que está sufriendo dicha corriente, el aparente giro keynesiano de los gobiernos más importantes del planeta o el futuro de un neoliberalismo que parece perder la batalla en los niveles más altos de la estructura social y política, pero que se vuelve más violento con las capas bajas de la población.

No sé si en Canadá o los Estados Unidos ocurre, pero en España, cuando yo uso el concepto “neoliberal” en redes sociales no tarda mucho en aparecer un trol que me dice que ese concepto lo inventó la izquierda. Pero tu libro explica lo contrario. ¿Qué le dirías o cómo le resumirías eso a esa gente? ¿Cómo les explicarías lo que es el neoliberalismo?

Yo siempre empiezo diciendo que el término se ha utilizado de muchas maneras diferentes. Por lo que es comprensible y justificable estar confundido por una gran cantidad de definiciones que conflictúan entre sí. Para mí, hay tres formas principales en la que se utiliza el término. Se utiliza para describir una especie de época de la historia global, más o menos desde la década de 1970 hasta la actualidad. Se dice que estamos en la era neoliberal. Luego se utiliza para describir una especie de relación que la gente tiene con el resto, eso de ‘los empresarios hechos a sí mismos’, de la gestión de activos para ser maximizados en el mercado, etc.

El neoliberalismo se trata realmente de un número limitado de personas que tienen un número limitado de conversaciones, pero durante muchas décadas y con una fuerte consistencia en su argumentario

Pero en tercer lugar, también se utiliza para describir un tipo de movimiento intelectual bastante discreto con un número limitado de personas involucradas y que comenzó en la década de 1930, a través de un acto en el que buscaron su autodefinición y lo hicieron como ‘neoliberal’. Un movimiento que sigue hoy en día, 70 años después. Mi definición de neoliberal está limitada a esta tercera. Uso el término para describir una ideología desarrollada por un conjunto de pensadores dentro de contextos específicos, pero que son contextos importantes. Y creo que al señalar que, en 1938, este grupo de personas se reunió y se describió a sí mismo como neoliberales, puede que sea buen punto de partida para que la gente comience a pensar “de acuerdo, tal vez hay algo más de sustancia aquí”. El hecho de que dejaran de llamarse neoliberales en los años 50 confunde un poco las cosas, por supuesto. Pero luego, en los últimos años, ha habido una mayor disposición de este mismo grupo de personas para volver a utilizar el término neoliberal para describirse a sí mismos. Y en Alemania, de hecho, no es tan inusual que la gente que está involucrada en discusiones ordoliberales y de economía social de mercado se llamen a sí mismos neoliberales. No es tan tóxico ni se le coloca una bandera roja como lo es en otros contextos lingüísticos.

Esa es mi forma de abordarlo normalmente, es decir, no es una teoría de todo, no es una afirmación sobre la historia del mundo o una supuesta nueva actitud que tenemos hacia nosotros mismos. El neoliberalismo se trata realmente de un número limitado de personas que tienen un número limitado de conversaciones, pero durante muchas décadas y con una fuerte consistencia en su argumentario.

Otro de esos términos muy utilizado por los neoliberales es “libertad”. En las recientes elecciones de la Comunidad de Madrid, el partido de la derecha conservadora ha usado el eslogan “Comunismo o Libertad”. ¿A qué se refiere un neoliberal cuando hablan de libertad?

Buena pregunta… Creo que aquí es útil distinguir entre las principales escuelas de pensamiento dentro del neoliberalismo. Las escuelas de pensamiento reconocidas son la Escuela de Chicago, principalmente alrededor de Milton Friedman y Gary Becker, la escuela de Friburgo, alrededor de Walter Eucken, y luego también tienes la Escuela Austriaca alrededor de Friedrich Hayek y Ludwig von Mises. En mi libro introduzco la idea de una Escuela de Ginebra, que se interesa sobre todo por las ideas de orden internacional y economía mundial. Así que la respuesta a lo que significa la libertad para cada una de ellas puede ser un poco diferente.

Para los neoliberales, la libertad es el descubrimiento de partes desmercantilizadas de la vida humana, y luego mercantilizarlas y convertirlas en cosas que pueden ser intercambiadas en el mercado

Creo que lo interesante de Hayek es lo explícito que es con lo que significa la libertad cuando dice que la libertad es una especie de libertad estructurada, en el sentido de que somos libres de responder a las fuerzas y señales del mercado. Y la libertad la define así: por responder correctamente a la forma en que se nos empuja a actuar dentro del mercado. Hayek utiliza el ejemplo de una hoja en la rama de un árbol que se mueve según el viento en una tormenta. Y ese espacio que tiene la hoja es su libertad. Tiene libertad de moverse con las fuerzas del viento que la está empujando. Así que la libertad siempre está supeditada a que un sistema más amplio se reproduzca de manera que aproveche partes de la vida humana que, previamente, son absorbidas por el mercado. Así que creo que, para todos los neoliberales, la libertad es el descubrimiento de partes desmercantilizadas de la vida humana, y luego mercantilizarlas y convertirlas en cosas que pueden ser intercambiadas en el mercado. Así que, para los neoliberales, libertad y la mercantilización no son opuestas, en realidad son una especie de sinónimos de la misma cosa. Para experimentar la libertad, tenemos que hacerlo dentro de un espacio de intercambio monetario. Y eso es muy diferente de la forma en que otras personas piensan en la libertad, en particular lo que defienden los socialistas.

Para los neoliberales, la libertad es poder poner un precio a todo, que haya libertad para más intercambio, que se puedan cubrir más aspectos de la vida mediante transacciones del mercado. Y en cierto modo y visto desde su argumentación, tiene sentido. Porque para ellos, el mercado permite el anonimato, permite la equiparación, la entrada de cualquier en ese mercado. También dicen que ello permite romper con las jerarquías del patriarcado, la tradición o la opresión religiosa. Piensan que el mercado es el lugar donde escapamos de estas cosas que son parte de la vida tradicional. Y, al mismo tiempo, dicen que ese mercado en sí mismo no es algo que existe solo para el individuo, sino que siempre requiere de una especie de sistema más grande. Y, de hecho, creo que este es el punto clave para entender el neoliberalismo como una filosofía del individualismo. Porque el punto clave del neoliberalismo es que si quieres un sistema basado en el individualismo, entonces necesitas diseñar un sistema dentro del cual el individuo pueda ser libre. Así que el liberalismo se convierte en ese proyecto de diseñar leyes y diseñar Estados de tal manera que los individuos puedan actuar de manera mercantil pero con mínimas restricciones.

En tu libro hablas mucho sobre ese diseño del Estado, sobre el equilibrio entre Estado y mercado que buscaron esos primeros ideólogos del neoliberalismo. ¿Cuál crees que es el equilibrio que buscan los neoliberales en la actualidad?

No sé si lo describiría como un equilibrio, porque eso implica que esas partes estén de alguna manera estructuralmente separadas, ambas iguales pero separadas o que tengan un estatus autónomo en sí mismas, pero yo no lo veo así, ni creo que lo hagan los neoliberales. La idea que defienden es que los mercados no están liberados de la supervisión del Estado, los mercados sólo son posibles a través de la regulación del Estado, la protección del Estado y la producción de ciertos resultados en lugar de otros. Así que creo que lo que puede parecer en su propia retórica como un equilibrio, una armonía o una especie de separación de esferas, es en realidad algo muy diferente. Es un Estado que está constantemente vigilando, supervisando y reproduciendo espacios de actividad de mercado y de intercambio de mercado. Y la ley trabaja para proteger los activos. Para protegerlos de la expropiación de otras partes del Estado a través de los impuestos. Así que el Estado es cómplice cotidiano de la racionalidad neoliberal y esto no es algo en lo que se haya dado ni un paso atrás.

Las campanas de alarma para los neoliberales es siempre ese ‘¡que viene la inflación!”, sin importarles lo más mínimo lo que realmente está sucediendo en los mercados

Así que creo que la actualidad es un momento fascinante para este movimiento intelectual neoliberal, porque están experimentando un verdadero cisma, están experimentando una verdadera división. Entienden que no son populares en este momento. Entienden que están bajo la amenaza de nuevas formas de utilizar el Estado de manera diferente a la forma en que quieren utilizarlo ellos.

Están respondiendo básicamente de dos maneras diferentes. La primera forma de responder es decir que el Estado debe simplemente atenerse a las reglas que dice seguir. Por ejemplo vemos que ocurre esto con el Banco Central Europeo y la gestión del euro. Para la mayoría de nosotros, miramos la crisis de la eurozona y parece que el BCE actuó de forma demasiado disciplinada con respecto a Grecia especialmente, pero también con otros países, incluyendo España. Para los neoliberales, el BCE fue demasiado débil y demasiado pasivo en su tratamiento de los países del sur de Europa. Y al rescatar, entre comillas, a los prestamistas alemanes en lugares como Grecia, en realidad rompieron sus propias reglas, rompieron su propio mandato. Y se produce este nuevo mundo de tasas de interés cero, de la flexibilización cuantitativa, y siguen alarmando, contra toda evidencia, que inevitablemente conducirá a la inflación. Las campanas de alarma para los neoliberales es siempre ese ‘¡que viene la inflación!”, sin importarles lo más mínimo lo que realmente está sucediendo en los mercados. 

Por lo que hay un lado de los liberales que su respuesta se centra en cómo el Estado solo necesita tomar más medidas y que los bancos necesitan seguir sus propias reglas. Quieren que haya un límite de déficit que se mantenga, incluso para Alemania y Francia. Y por eso se oponen a los fondos de estabilización y todo lo relacionado con la respuesta al coronavirus. Piensan que el Estado solo tiene que cumplir con sus propios principios y que el Tratado de Maastricht tiene que ser seguido al pie de la letra.

Los neoliberales ahora están preocupados porque creen que la Unión Europea comenzó con una buena disciplina que favorecía el mercado, pero que ahora se está convirtiendo en esta entidad socialista verde suave y muy grande

Todo esto es lo que piensa una parte del movimiento liberal. La otra ala básicamente lo que dice es que este proyecto de crecimiento y escalabilidad, ese experimento de ampliación, ha fracasado. El movimiento hacía lo supranacional al que me refiero en el libro, la idea de que puedes encerrar a los Estados nacionales haciéndoles firmar tratados en Bruselas o Frankfurt, se ha demostrado que es un error, que los gobiernos nunca siguen realmente las reglas. Y estos gobiernos estatales supranacionales o entidades supranacionales se convertirán en otra cosa pasado un tiempo. Así que los neoliberales ahora están preocupados porque creen que la Unión Europea comenzó con una buena disciplina que favorecía el mercado, pero que ahora se está convirtiendo en esta entidad socialista verde suave y muy grande. Así que la opción más popular en este momento para algunos de los liberales es salir de estas instituciones supranacionales.

La principal oposición en Alemania a los gastos de la UE es la gente que fundó el partido AfD. Son los que están presentando demandas ante el Tribunal Constitucional para evitar que Alemania participe en el gasto expansivo de Frankfurt y Bruselas, y además quieren volver al marco alemán. Quieren volver a controlar sus propias fronteras. Y esa es la solución más popular ahora mismo entre los intelectuales neoliberales, desconectar el movimiento supranacional, volver a la nación y usar eso como base para gestionar el capitalismo y fomentar la competencia. Hacer que se compita entre Estados para bajar los impuestos y salarios. Ven que esta opción es mejor que la ampliación supranacional, donde sólo produce más hinchazón burocrática y, tal vez, un cambio político hacia la izquierda.

Entonces crees que ese punto es en el que las élites nacionales se empiezan a convertir en nacionalistas. Yo creo que ese punto también es en el que ese nacionalismo de las élites se convierte o mezcla con las ideas de extrema derecha y empiezan a defender ideas y políticas racistas. ¿Estamos en ese punto?

Creo que esta es una historia bastante antigua. Si nos remontamos 30 años atrás, a la caída del Muro de Berlín, el final de la Guerra Fría, puedes ver muchas de esas cosas muy similares a las suceden en la actualidad. Con el Frente Nacional en Francia, el partido liberal austriaco o, como ya he comentado, en Alemania. Es la misma historia. La política económica era neoliberal: tenemos que cortar el Estado de bienestar y bajar los salarios, romper los sindicatos, etc. Y luego la política cultural era etnonacionalista y racista: El problema son los musulmanes, el problema son los no franceses que vienen a nuestro país. Eso se ha repetido por toda Europa. 

En los años 90, los nuevos partidos liberales hicieron alianzas con los etnonacionalistas. Y con el tiempo, el neoliberalismo se desvaneció y el etnonacionalismo dominó

Lo mismo ocurrió en los años 90. Los nuevos partidos liberales hicieron alianzas con los etnonacionalistas. Y con el tiempo, el neoliberalismo se desvaneció y el etnonacionalismo dominó. Y así, estos partidos que empezaron como partidos defensores de la austeridad junto con la protección de los partidos raciales, se convirtieron en una especie de partidos raciales protectores. Y eso sucedió también en el caso del Brexit. Quiero decir que fue iniciada por personas que querían que el Reino Unido fuera más Singapur, pero al final trató de echar a los extranjeros del país. Es realmente lo que les hizo ganar el referéndum. Así que creo que lo primero que hay que tener en cuenta es que los politólogos e historiadores están de acuerdo en que la tendencia de estas protestas, de los partidos no establecidos, ha sido comenzar como coalición etnonacionalista neoliberal y luego el etnonacionalismo parece tomar el control empujándolo hacia lo que llamamos la extrema derecha.

Pero lo que señalo en el libro y que creo que es importante ver es que muchas de estas facciones neoliberales que iniciaron estos partidos en realidad no necesitaban ser convencidas de que la cultura importa y la raza importa, porque esto, en realidad, ya era un compromiso que hicieron en esa alianza, ya era parte de su pensamiento. Así que una de las cosas que estoy leyendo ahora y sobre la que ya he escrito algo es que el tipo de ordoliberales que se llaman a sí mismos hayekianos, ya en la década de 1980, ya hablaban de cómo la cultura podría importar más de lo que habían pensado anteriormente, que los humanos no son todos iguales. La cáscara económica está en realidad marcada por los rasgos culturales y las diferencias culturales. Y en los principios de los 90 era realmente muy común, incluso en la corriente principal de la economía, decir que la historia, las instituciones o las evoluciones durante largos períodos de tiempo importan.

Así que los neoliberales que han formado estos partidos de extrema derecha, desde Austria a Gran Bretaña, ya llevan años argumentando en este sentido, incluso antes de que hicieran alianzas con los neonazis. Ya decían que no se trata solo del mercado, sino que también se trata de la cultura. Y están usando el mismo argumento. El AfD en Alemania está compuesto por personas que se ven a sí mismos como buenos hayekianos y a la vez chauvinistas culturales, y no ven ninguna contradicción en ello. No es una especie de matrimonio de conveniencia que estén apretando los dientes… simplemente lo hacen porque es perfectamente coherente ideológicamente con sus ideas. Así que creo que actualmente estamos en un punto importante, ya que no es solo una especie de alianza incómoda entre la gente del mercado y la cultura, sino que en realidad es intelectualmente coherente. Es muy importante verlo, porque no hacerlo provoca que sea más difícil averiguar cómo se podría enfrentar este tipo de cosas. Porque creo que normalmente lo que ocurre es que la gente piensa que hay algunas personas buenas que solo se preocupan por el capitalismo, incluso si son un poco extremas. Y luego están los malvados, ya sabes, los racistas… pero claro, ¿cómo podemos hablar con los buenos capitalistas sin confrontar a estos malvados racistas? Porque no es tan fácil trazar una línea entre los dos.

¿Qué opinas de los paquetes de medidas de gasto y monetarias que se están empezando a aplicar tras el covid, como los Next  Generation UE o el Plan Biden? ¿Hay un cambio de paradigma y los Estados se están volviendo keynesianos? ¿Está el libre mercado en peligro?

Lo que creo es que no todos los partidos de extrema derecha en la UE en este momento se puedan catalogar en la misma categoría, ni que tengan esas hojas de ruta neoliberales culturales. Partidos como La Liga italiana no tienen ningún problema con el BCE y su inyección de dinero, en realidad lo que quieren es que les den más dinero a ellos. Así que lo que quiero decir es que no toda la extrema derecha europea actual tiene el mismo perfil cultural neoliberal. La mitad lo tiene, pero la otra tiene ideas más abiertas a la política monetaria europea.

Creo que, de todas maneras, quien tiene la voz cantante es la Reserva Federal Estadounidense, ya que es el prestamista de última instancia, ya no solo de Estados Unidos sino de todo el planeta, como pudimos ver tras la crisis financiera mundial de hace una década. Por lo que si algo tiene que cambiar, está claro que esos cambios tienen que venir de los Estados Unidos. La UE siempre ha respondido más o menos reactivamente a lo que sucede en los Estados Unidos, siempre con un poco de retraso pero aún más neoliberal, en mi opinión, como pudimos ver en la respuesta a la crisis del 2008.

Por lo que aquí podemos ver dos factores clave. El primero es la erosión de las normas neoliberales de las políticas comerciales. Bajo la administración Trump, la única desviación del neoliberalismo fue esa ruptura de la globalización económica en la confrontación con China. Una guerra comercial enorme, la mayor desde los años 30. Fue denunciada rotundamente por todos en el Partido Demócrata e incluso dentro del Partido Republicano cuando empezó en 2017. Pero para 2020 ya todo el mundo lo veía normal. Y eso es ahora la nueva normalidad. La nueva normalidad es que protejas tus propios productos, que intentes romper las cadenas de suministro internacionales para traerlos a tu propia casa, se espera que se desarrolle algún nivel de autosuficiencia y desacoplamiento, etc. Estados Unidos está en ello y Canadá se ha sumado. Así que ese es el primer gran cambio. Creo que esto señala el fin del estilo de globalización mundial de los años 90. El desafío chino como principal fuerza productora del resto del mundo, o mejor dicho del mundo atlántico, ha hecho que los Estados Unidos y la UE se unan para contener a China y su actividad económica. Y eso es muy diferente a todo lo que le precedió. Puede seguir siendo agresivamente capitalista, pero es diferente del tipo de globalismo que he descrito en mi libro. Así que ese es el gran cambio.

Las medidas de gasto de Biden solo son posibles tras la ruptura del hechizo de la fobia a la inflación. La viejas ortodoxias económicas ya no tienen evidencia empírica de esa temida inflación, nadie les cree ya en Washington

Aun más grande que eso, el otro factor importante es el fin del miedo a la inflación. Quiero decir, después de 2008, la suposición de la izquierda y la derecha en los Estados Unidos seguía siendo que si el Estado gasta demasiado, la gente lo pagaría a través de la inflación. Es la ortodoxia económica. Pero, obviamente, no sucedió. Llevamos más de una década sin inflación, es más, hay más movimientos hacia la deflación y parece que es imposible hacer que la inflación suceda. Y ahora que sabemos que no sucedió, significa que cualquier cosa es posible. Y me refiero a los paquetes de medidas de los 100 primeros días de Biden. Las medidas de gasto de Biden solo son posibles tras la ruptura del hechizo de la fobia a la inflación. La viejas ortodoxias económicas ya no tienen evidencia empírica de esa temida inflación, nadie les cree ya en Washington, al menos por el momento. Por lo que creo que ha habido una fuerte ruptura a la racionalidad neoliberal en un nivel superior. 

Pero aquí hay que matizar algo. Sí que puede que haya ese cambio a un nivel superior. Lo vemos cuando Biden, Ursula von Der Leyen e incluso las élites corporativas hablan sobre el cambio climático y la necesidad de respuesta, que hay que hacer algo con la desigualdad creciente o que los ricos tienen que pagar más impuestos. Ves eso y puedes pensar que el neoliberalismo está medio muerto o luchando para no terminar de morir. Pero cuanto más bajas en la escalera socioeconómica, menos parece que el neoliberalismo esté muriendo. Cuando ves a la gente que necesita varios empleos para vivir, tiene que estar pagando facturas médicas, necesita que su suegra cuide de sus hijos que no tienen escuela por el covid y está vigilado por cuatro jefes diferentes, pues da la impresión de que todavía queda mucho neoliberalismo.

El único tipo de libertad que se está ganando es la de tener cuatro trabajos y apenas dormir o ver a tu familia

El lugar de trabajo es el lugar donde se pueden observar muchas de las cosas que justificadamente hemos criticado en las últimas décadas y es ahí donde tiene que ser impugnada. Por lo que creo que este es el momento de la verdadera lucha de clases y que no necesariamente se tiene que dar en los niveles superiores, sino en la parte inferior. Porque ahí es donde hay una disminución de la autonomía y de la libertad para la gente común. El único tipo de libertad que se está ganando es la de tener cuatro trabajos y apenas dormir o ver a tu familia. Pero no es el tipo de libertad que la mayoría de gente quiere. Así que, por resumir, a un nivel superior sí que el neoliberalismo está luchando por continuar, pero en la parte inferior sigue formando parte de nuestra vida diaria. 

Con esta confrontación entre Estados Unidos y China, donde Europa es solo un campo de batalla pero no parece ser un jugador decisivo, con una crisis que está afectando, como bien acabas de comentar, a las clases bajas y una extrema derecha ganando popularidad, ¿qué crees que puede ocurrir en la próxima década?

Creo que esa idea que había antes de 2020 de producir donde fuera más barato y no preocuparse por dejar de tener acceso a esos productos ha cambiado. Crecerá la tendencia de traer esas cadenas de producción y suministros a casa porque la pandemia demostró que eso no es cierto. Los países buscarán su propio interés y detendrán la exportación de todo, desde las mascarillas hasta las vacunas y se molestarán por producir esas cosas en casa. Y no solo productos relacionados con la sanidad y las futuras pandemias, también los semiconductores, chips, etc. Esa guerra está ocurriendo ahora mismo y Europa, India o Estados Unidos están en proceso de producir chips en sus propios países, cuando antes solo se producían en Asia. Todo esto hará que se empiece a relocalizar la industria en países que antiguamente eran industriales, como Estados Unidos, y puede que se cree algo de empleo. Aunque lo más probable es que sean grandes fábricas automatizadas y robotizadas controladas solo por unas pocas personas. 

Este momento postliberal creo que puede producir una mayor brecha entre países ricos y pobres en términos de producción, lo que provocará otras brechas como la del acceso a vacunas

Otra cosa a tener en cuenta es la cuestión del carbono y el clima. si la gente se empieza a preocupar de verdad por el clima, se necesitará mucha cooperación internacional. Pero no tiene por qué ser así. La preocupación por el clima puede tener tanto un efecto nacionalista como internacionalista. Las propuestas que hay ahora mismo sobre la mesa son medidas como los ajustes fronterizos del carbono, que básicamente significa que se graven los productos de países que no estén cumpliendo con las exigencias climáticas. Esto puede fomentar la producción doméstica, algo que en realidad puede perjudicar específicamente a los países pobres que tal vez no pueden adaptarse a estas medidas de emisiones cero a la misma velocidad que los países ricos. Por lo que este momento postliberal creo que puede producir una mayor brecha entre países ricos y pobres en términos de producción, lo que provocará otras brechas como la del acceso a vacunas. Así que ese supuesto de que después del neoliberalismo la desigualdad mejorará de alguna manera, no sé si es cierto. Creo que se puede conseguir cosas mejores tras la dominación neoliberal, pero porque la gente se toma ahora más en serio la resiliencia, la política climática, etc.

También creo que es bastante probable que la contención de China se desborde hacia una militarización más belicosa. De hecho, creo que ya está ocurriendo cuando vemos que la Comisión Europea y los Estados Unidos empiezan a preocuparse por los derechos humanos en China. Antes nunca se hablaba de esto, pero ahora que China es un competidor económico, de repente todos se preocupan mucho por las violaciones de derechos humanos allí. Este hecho ya está socavando los intentos de la UE de firmar un acuerdo bilateral con China, tal y como han estado haciendo antes de que llegara Biden firmando un gran acuerdo entre sus bancos de inversión que ahora está en peligro.

Lo que creo que vamos a presenciar es la división de ese mundo globalizado hacia uno de grandes bloques económicos, con libertad de inversión y comercial dentro de ellos. China está haciendo lo mismo con la promoción de la Ruta de la Seda. Y creo que este tipo de bloques económicos podrían tener éxito a la hora de contener el desafío populista de la derecha. Lo creo porque si los centristas se van un poco más a la izquierda, como parece que está ocurriendo ahora, y desarrollan una especie de chovinismo cultural del bienestar, en el sentido de ofrecer servicios sociales a las personas que están cabreadas por haber sido jodidas por la globalización, entonces, tal vez, puedan ganar algo más de simpatía de nuevo. Creo que se les ocurrirán soluciones tecnocráticas para ello. Creo que en Estados Unidos ya se pueden ver cosas así y se ve la posibilidad que haya algo así como una renta básica universal combinado con el trabajo precarizado que ya existe. Pones un suelo por debajo pagado por el Estado para el nivel más bajo de subsistencia. Aunque la gente sigue teniendo que buscar múltiples trabajos de mierda, pero esa combinación de la intervención del Estado mantiene a las grandes empresas felices, porque no tienen que lidiar con la fuerza de trabajo organizada. Así parece que tenemos una combinación de un Estado más generoso, más punitivo con los empresarios… creo que esos dos factores podrían combinarse bien juntos.

No es nada nuevo, como tú explicas en tu libro, pero ahora parece que uno de los principales mantras neoliberales es la protección de las inversiones. Eso que la economista Daniela Gabor llama el consenso de Wall Street. Salvaguardar las inversiones, protegerlas, que la democracia no se interponga en lo económico mediante legislaciones internacionales que escapan a su poder. ¿Es este el nuevo mantra neoliberal dominante?

Creo que hay una especie de rotura de la clase capitalista y sus componentes. Quiero decir que antes había un dominio tradicional del sector de los combustibles fósiles, pero ahora están recibiendo un duro golpe. Además, una de las cosas más extrañas de ese supuesto final del neoliberalismo es que la riqueza se está concentrando cada vez más en un pequeño número de personas muy ricas. Así que todo ese activo que han creado la Reserva Federal y otros bancos centrales tras el estallido de la crisis del covid ha sido capturado por una parte muy pequeña de personas que se encuentra en la cima. Lo que ha producido que haya inflación en el valor de las acciones de un pequeño número de empresas tecnológicas que están muy por encima del valor que probablemente deberían tener. Por lo que, como tú has dicho, no es nada nuevo que el Estado actúe como una especie de respaldo o una salvaguarda para las acciones especulativas y de riesgo en Wall Street. Y no creo que eso vaya a cambiar. Pero creo que lo que se considera una apuesta segura y lo que se considera una apuesta arriesgada sí que se encuentra en un proceso de cambio.

Lo que parece que va a suceder es que habrá un gran impulso para realizar una transición energética en los Estados Unidos, cosas como los vehículos eléctricos y así sucesivamente. Por lo que los productores de litio se van a convertir en entidades extremadamente importantes e invaluables. Al Estado y la FED les convendrá proteger y supervisar estos sectores de la economía, mientras que puede que descuiden otras que antes priorizaban, como por ejemplo la industria del petróleo. 

Por lo que creo que va a ser más de lo mismo. Lo mismo que lleva ocurriendo desde el fin de la era de Bretton Woods en la década de los 70. El papel de la FED ha sido el de rescatar al sistema financiero de su propio colapso y esas crisis periódicas que llevan ocurriendo cada diez años desde el comienzo de la década de los 70. Y creo que va a seguir haciéndolo porque no parece que este post neoliberalismo tenga mucha intención de regular la especulación financiera. Además vemos cosas como el caso de GameStop o las de otras acciones de empresas subiendo por la nubes, que sugieren que hay una atmósfera parecida al salvaje oeste en Wall Street. Por lo que parece que desde Wall Street sí que estén interesados en llegar a un consenso al estilo de Biden en esta transición neoliberal.

Es curioso que este tipo de postneoliberalismo todavía se basa en un mercado de valores masivamente sobrevalorado, bienes raíces masivamente sobrevalorados, unos pocos mercados inmobiliarios en el país y un auge insostenible de construcción de viviendas. Se parece mucho a todo lo que lo ha precedido. De hecho, la única idea que está cambiando parece ser la de una política fiscal unificada para tratar de frenar la evasión de impuestos, lo cual es bastante importante. Creo que si hay una política fiscal para redistribuir algunas de esas ganancias a la gente trabajadora a través de cosas cotidianas, como el cuidado de los niños, el preescolar, la universidad… ahí puede que presenciemos algo diferente.

Por Yago Álvarez Barba | 28/05/2021

Publicado enPolítica