Datos económicos indican que EEUU podría entrar en recesión

Hay un indicador económico que ha anticipado las últimas siete recesiones en Estados Unidos: la curva de yield (o curva de rendimiento) invertida. Esta curva refleja la diferencia entre las tasas de interés a corto y largo plazo. En el mercado financiero, se refiere específicamente a las tasas de interés de los bonos del Estado; es decir, la deuda que emite un país.

Si la curva sube, no pasa nada. Significa que las cosas van bien y la economía crece. Eso sucede cuando las tasas a corto plazo son más bajas que las de largo.

Pero cuando la curva se invierte durante un periodo de tiempo determinado, algunos economistas lo ven como una poderosa señal de que se aproxima una recesión.

Eso es exactamente lo que está ocurriendo ahora en Estados Unidos: la mayor economía del mundo cumplió a fines de junio tres meses con la curva invertida.

Es decir, las tasas de interés a corto plazo fueron más altas que las de largo plazo durante al menos un trimestre.

Y la evidencia dice que en las últimas siete recesiones, la curva se invirtió durante al menos tres meses antes de que llegara una contracción, según las investigaciones realizadas por Campbell Harvey, profesor de la Universidad de Duke.

En 1986 Campbell publicó un conocido estudio en el que vinculaba la inversión de la curva con las recesiones.

Para elaborarlo investigó contracciones económicas ocurridas entre las décadas de los sesenta y los ochenta, y su teoría se expandió rápidamente en los ambientes académicos.

En las tres recesiones que siguieron después de su investigación, nuevamente la curva se invirtió antes de que cada una de ellas ocurriera.

Fue el pasado 30 de junio el día en que la curva de yield marcó una inversión de tres meses, generando nuevamente incertidumbre sobre el futuro de la mayor economía del planeta.

Con todo, algunos analistas no ven claro que se aproxime una recesión. Y es que el desempleo en EE.UU. está en mínimos históricos, Wall Street está en máximos y la economía crece pujante.

Pese a ello, otros expertos plantean que, si la guerra comercial entre Estados Unidos y China continúa y los conflictos geopolíticos a gran escala generan demasiada incertidumbre, los mercados comenzarán a dar señales más claras de que el pesimismo está ganando terreno entre los inversores.

La cuestión es que, pese a que durante tres meses la curva de yield ha estado invertida, aún la bolsa mantiene en calma.

Habrá que ver si se trata de la calma antes de la tormenta.

Una alerta en Wall Street

En los pasillos de Wall Street uno de los temas de conversación recurrentes es el de qué está pasando con la famosa curva.

El hecho de que las tasas de interés a largo plazo suban poco “sugiere que los operadores están preocupados por el crecimiento a largo plazo”, escribió el periodista económico Matt Phillips en The New York Times.

“El diferencial de tasas entre los bonos del Tesoro de 2 años y los de 10 años es de aproximadamente 0.34%. La última vez que llegó a este nivel fue en 2007, cuando la economía de EE.UU. se encaminaba a la recesión”.

(Actualmente el bono a 2 años tiene una tasa de 2,52% y el bono a 30 años, tiene una tasa de 2,97%).

Eso no quiere decir que la economía está condenada a caer otra vez, “pero si sigue moviéndose en esta dirección, eventualmente las tasas de interés de largo plazo llegarán a ser más bajas que las de corto”, agrega.

Esa advertencia ha estado sonando en varios lados.

Si se invierte la curva, “es una poderosa señal de recesión”, dijo el año pasado el presidente de la FED de Nueva York, John Williams.

Y son ese tipo de alertas, las que han hecho analizar con más detención el verdadero “poder predictivo” de la curva.

17 julio 2019 

(Tomado de BBC)

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Lunes, 08 Abril 2019 06:38

Dinero y gobierno

Dinero y gobierno

Como suele ocurrir, las interpretaciones acerca de la evolución de la economía son contradictorias. Ahora se trata de la situación económica global.

Donald Trump apura al banco de la Reserva Federal a acabar con la restricción que representa el alto nivel actual de las tasas de interés, y demanda acrecentar la cantidad de dinero en la economía para sostener la expansión productiva y la creación de empleos. En el modo de expresarse que lo caracteriza, ha dicho: "Creo que deben bajar las tasas y deshacerse de la contracción cuantitativa. Veremos, entonces, un cohete espacial".

Al mismo tiempo, Christine Lagarde, directora ejecutiva del Fondo Monetario Internacional, advierte que la mayoría de los países no podrán contrarrestar la desaceleración económica, de la que ya hay indicios, con menores tasas de interés, y que, en cambio, deben usar de modo más inteligente las políticas fiscales.

El contexto de estas afirmaciones encontradas corresponde a lo que se observa en la política internacional. En Estados Unidos, el gobierno instrumenta medidas de tipo proteccionista en materia comercial y una política fiscal que contiene la rebaja de los impuestos y un mayor déficit para alentar la actividad económica.

En Europa, persiste la fragilidad financiera; Alemania ha dejado de crecer al ritmo acelerado que jalaba el producto de esa región; los gobiernos y movimientos de corte nacionalista adaptan sus posturas en materia fiscal; el Brexit amenaza con provocar choques económicos, que requerirían ajustes costosos, y además las condiciones sociales representan fuertes exigencias sobre los recursos públicos.

Robert Skidelsky, reconocido experto en la teoría keynesiana, ofrece una definición genérica de lo que es la macroeconomía, útil para poner en perspectiva los procesos económicos y políticos que están en curso.

Señala que de lo que trata es del dinero, el gobierno y las relaciones que se establecen entre ellos. Añade: "Las cuestiones no resueltas de las políticas macroeconómicas surgen de las disputas acerca de la parte que desempeña el dinero en la vida económica y la parte que el gobierno debería cumplir".

El asunto ocupa un lugar central del análisis económico. Así fue de modo ostensible en el periodo que siguió a la crisis de los años 1930 y después del final de la Segunda Guerra Mundial. Otro giro se dio con la elaboración de las teorías y la aplicación de las políticas públicas surgidas en la década de 1970 para enfrentar el fenómeno de la estanflación, referido a la confluencia de alta inflación y elevados niveles de desempleo. Recientemente se aprecia en el abierto cuestionamiento a la concepción de lo que se conoce como la gran moderación, periodo en el que prevaleció una baja inflación y la estabilización del ciclo económico y que acabó en la crisis financiera de 2008.

Los extremos del debate acerca del papel del dinero y del gobierno se expresan, pues, en las políticas monetaria y fiscal. La primera se le encarga a los bancos centrales que operan con un estatuto de independencia respecto del gobierno. La segunda la ejecuta directamente el gobierno mediante el presupuesto que establece las fuentes de los ingresos, la asignación de los gastos y la gestión de la deuda pública. Este arreglo institucional podría estarse erosionando.

En todo caso, de lo que se trata es de que la relación entre dinero y gobierno genere las condiciones para que crezca el gasto en inversión y consumo que hacen el sector privado y el público, que aumente el nivel de empleo y los ingresos derivados del trabajo, y que esto ocurra en un entorno de estabilidad de los precios.

Nada simple y tampoco algo que, cuando se consigue, dure por un tiempo previsible y mucho menos indefinido. La cuestión está bien documentada en la historia económica.

En México hay ahora un replanteamiento de la relación entre el dinero y el gobierno. Lo que se ha dicho es que se persistirá en la política de contención de precios y el mantenimiento del valor de la moneda, y esto en un entorno de gestión fiscal para contener, a su vez, el déficit y el endeudamiento público. Este es el mismo arreglo que existía antes.

El entorno macroeconómico que se ha definido y con el que se pretende elevar al doble la tasa promedio de crecimiento anual del producto depende en gran parte de los proyectos de inversión pública que se realicen, la eficacia en su gestión, las condiciones de su financiamiento, la capacidad efectiva de provocar un mayor nivel de actividad económica en un plazo extendido de tiempo, su efecto multiplicador en la inversión privada y en las condiciones sociales, es decir, en su rentabilidad.

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Lunes, 22 Octubre 2018 06:18

Como la humedad

Como la humedad

El rasgo más decisivo de la globalización económica es la libertad prácticamente absoluta del movimiento de los capitales. De ahí se prenden las modalidades del libre comercio, que en realidad está ampliamente regulado y sometido a convenios y tratados de diversa naturaleza. Y lo mismo ocurre con los flujos de mano de obra legales e ilegales y, cada vez más, de migrantes.

El dinero se convierte de una divisa a otra con el mero toque de una tecla de computadora, así se pueden comprar también las acciones de las empresas que cotizan en las bolsas del mundo.

De tal manera se alteran las tasas de interés, los tipos de cambio, el nivel de los precios, igualmente se mueve el valor de las empresas y su propiedad literalmente; todo en tiempo real.

Una parte de los movimientos de capitales se expresa en inversiones en plantas y equipos, pero la actividad financiera recae en una medida muy grande y predominante en actividades de especulación.

La especulación se extiende por los mercados como la humedad: una cosa es la entrada del agua y otra puede ser el lugar por donde se filtra y aparecen la goteras o de plano las inundaciones.

La especulación financiera sostenida en hipotecas chatarra y luego convertidas en títulos de deuda llamados derivados, en los que se aglomeraban calidades distintas de esas deudas, cada vez más riesgosas, fue el centro de la crisis de 2008.

Lejos de atemperar esas prácticas, la gestión de la crisis principalmente con la política monetaria de muy bajas tasas de interés, instrumentada por la Reserva Federal (Fed), impulsó nuevas rondas especulativas en los pasados 10 años. Entre los activos preponderantes de la especulación estuvieron las acciones, la deuda de los gobiernos y, otra vez, los bienes raíces. Por necesidad, esos movimientos de capitales inciden en el valor de las monedas.

Ahora los especuladores que operan a partir de las expectativas que ellos mismos provocan y que suelen convertirse en profecías autocumplidas se lanzan a vender y desplazan el dinero colocado en acciones hacia títulos más seguros y líquidos (es decir, de los que se pueden deshacer con mayor facilidad), como son los bonos del Tesoro estadunidense, o sea, la deuda pública del gobierno.

Los flujos crecen en la medida en que la Fed eleva las tasas de interés –cinco veces en lo que va de este año– y altera así los precios relativos de los activos, sean las inversiones productivas y, especialmente, las operaciones de índole financiera.

En su más reciente reunión de septiembre, la tasa de los fondos federales se fijó en 2.25 por ciento y se espera que en los próximos meses siga creciendo. La expectativa es, pues, que la inestabilidad prevalezca en los mercados de capitales.

La humedad se extiende. En China se deprecia la moneda, la producción creció menos de lo previsto y las cotizaciones en las bolsas tienden hacia abajo.

En Italia, el gobierno ha previsto un déficit fiscal por encima de las pautas establecidas por la Unión Europea. La deuda pública se elevará y las tasas de interés también, pues los acreedores exigen mayor rendimiento. Esto aumenta el riesgo para los bancos, que son los que poseen la mayor parte de esa deuda. Una mayor fragilidad en los bancos sólo puede acarrear más inestabilidad.

En México, el banco central ha subido la tasa de interés de referencia (tasa de interés interbancaria de equilibrio-TIIE a 91 días) en 75 puntos porcentuales o tres cuartos por ciento en lo que va del año.

La presión en las tasas desde 2016 se aprecia en que a principios de ese año la TIIE era de 3.59 por ciento y a mediados de octubre era de 8.1.

La expectativa es que la subida de la tasa de la Fed se exprese en un alza en México, lo que incide en un mayor costo de la deuda de personas, empresas y gobiernos federal, estatales y locales, más inflación y volatilidad del tipo de cambio.

Las previsiones presupuestarias del nuevo gobierno tienen que adaptarse a estos costos y asignar de la manera más eficiente los recursos fiscales. El escenario debe contemplar la volatilidad del tipo de cambio.

El escenario es complejo y los márgenes de maniobra de la política monetaria y fiscal son estrechos. Las primeras decisiones de ingresos, gastos y financiamiento de la nueva administración serán muy relevantes para el cumplimiento de los objetivos económicos y sociales del sexenio.

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La tasa de paro en Estados Unidos cae al nivel más bajo desde 1969

Wall Street aguanta la respiración. La economía de Estados Unidos sigue dando muestras de que avanza con solidez. En septiembre se crearon 134.000 empleos, pese al efecto del huracán Florence, y la tasa de paro cayó al 3,7%, el nivel más bajo desde diciembre de 1969. Esta evolución del mercado laboral, sin embargo, da argumentos para que la Reserva Federal siga retirando los estímulos monetarios al crecimiento, lo que provocó que el tipo de interés en los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años superara el 3,2% y se colocara a su nivel más alto en siete años.

EE UU lleva ocho años creando empleo de una manera continuada. Es cierto que la primera lectura del indicador de septiembee está por debajo de lo que anticipaba el consenso de mercado, pero el dato se ve distorsionado por el efecto del huracán que azotó el mes pasado la costa de las Carolinas. Fue, en todo caso, un ritmo suficiente para llevar la tasa de desempleo a un nivel que no se veía desde la Guerra de Vietnam. Se revisó al alza agosto y julio.


La economía está que arde, como dicen los analistas a prácticamente un mes de las legislativas en EE UU. Hasta el presidente de la Fed, Jerome Powell, dice que las cosas no pueden ir mejor y por eso argumenta que la política “acomodaticia” ya no se justifica. Ese término voló del comunicado final que publicó el banco central tras su última reunión. Lo citaba para indicar que pese a la subida de tipos, la estrategia monetaria seguiría estimulando la economía.


Eso se acabó. En sus palabras, los tipos “están aún lejos” de lograr una posición neutral. Eso implica, según los agentes del mercado, que tiene margen y puede ir más alto del 3%. Ahora están en el 2% y 2,25%. Esta reflexión lleva toda la semana reverberando por el mercado de bonos y castigando las divisas de los mercados emergentes, que pierden valor mientras el optimismo fortalece el dólar.


El bono a 10 años es un indicador clave para los inversores globales. La combinación con la apreciación del billete verde eleva el coste de la deuda en dólares. El efecto se replica en otros países avanzados, así como en los emergentes. A final de marzo ya se vivió una situación de tensión por el mismo motivo, cuando se acercó al 3%. Entonces, como ahora, Wall Street estaba en máximos históricos.


La última vez que el tipo del bono a 10 años estaba a este nivel, la economía de EE UU crecía un tímido 1%. Ahora lo hace por encima del 3% y la tasa de paro es la más baja en casi cinco décadas. El mercado laboral está en una situación de pleno empleo, lo que obliga a su vez a las empresas a elevar los salarios para retener a sus empleados. Lo hicieron tres décimas en septiembre, aunque la anual se moderó ligeramente al 2,8%.
Recalentamiento


La escalada de la deuda pública y corporativa es un claro factor de vulnerabilidad cuando los tipos de interés suben. Es un asunto recurrente este año, junto a la tensión por la batalla comercial y el encarecimiento del petróleo. Jerome Powell asegura que el incremento de tipos en EE UU será “gradual”, pero insiste en que debe seguir el curso al alza para evitar que la economía se recaliente. El reto en este momento es que no pasarse al pisar freno a los estímulos.


La solidez de la economía estadounidense contrasta con la europea, a la que le cuesta remontar, y eso provoca que la brecha con el tipo de bono alemán sea la mayor desde la caída del Muro de Berlín, hace tres décadas. Es más, los analistas no descartan que la diferencia pueda ampliarse porque los fundamentales de los dos polos económicos son divergentes. También pesa la incertidumbre política.


Esta situación está obligando a los bancos centrales de Argentina y Turquía a subir los tipos como reacción para defender sus respectivas monedas. El Fondo Monetario Internacional tiene previsto publicar sus previsiones económicas el próximo martes. La expansión global continúa, como indicó Christine Lagarde esta semana. Pero la directora gerente advierte de que el tiempo empieza a cambiar.


Cita entre los factores de riesgo que comienza a materializarse la presión de un dólar fuerte y de las restricciones en las condiciones financieras en los países emergentes. Esta situación explica la sensibilidad que muestra el mercado desde hace seis meses hacia los tipos, por el potencial que puede tener el valor de los activos. De momento, domina más la cautela que la preocupación.

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Miércoles, 08 Agosto 2018 07:45

Límites de la recuperación económica en EU

Límites de la recuperación económica en EU

La expansión de la economía estadunidense a partir de 2009 lleva ya acumulados 109 meses de crecimiento sin interrupción y se perfila para romper el récord de duración de una onda expansiva. Hoy esa marca corresponde a la del periodo 1991-2001. Pero todo esto no puede impedir la formulación de la pregunta clave: ¿cuánto durará la actual fase de expansión?


Donald Trump se jacta de haber sido el responsable de este buen desempeño de la economía. Pero sus engañosos discursos no mencionan que el ciclo de la recuperación comenzó antes de que llegara a la Casa Blanca. La fase ascendente del ciclo arrancó a finales de 2009 y se fortaleció con el estímulo fiscal puesto en marcha por la administración de Barack Obama. Ese paquete inyectó 720 mil millones de dólares en la economía al reducir impuestos, generar empleos directos y extender beneficios por desempleo en los sectores de salud y educación.


La política monetaria también tuvo impacto en la recuperación. Ya desde 2008 la Reserva Federal (Fed) redujo la tasa de interés de referencia a un nivel cercano a cero por ciento. Y en diciembre de 2008, después del colapso del banco de inversión Lehman Brothers, anunció el arranque de su programa de flexibilidad cuantitativa. Este programa de compra de activos emproblemado s en manos de los bancos inyectó más de 4 billones (castellanos) de dólares en el sistema bancario y financiero. Aunque no se tradujo en inversiones productivas y mucho del paquete terminó inflando una enorme burbuja en la bolsa de valores, la expansión económica recibió una inyección de adrenalina con esa política heterodoxa de la Fed. Así es que la recuperación se debe menos a las fuerzas competitivas del mercado que a la intervención del Estado, tanto por el lado fiscal como por el monetario.


Pero como todas las recuperaciones económicas después de una recesión, la actual onda expansiva llegará a su fin. Quizás el freno en la actividad económica se haga sentir justo cuando arranque la campaña electoral en la que Trump buscará la relección. La realidad es que el estímulo fiscal que acompañó la reducción de impuestos a los estratos más ricos tendrá efectos temporales y hacia finales de 2019 el impulso macroeconómico derivado de estas medidas se habrá agotado. Además, la normalización de la política monetaria (con sus alzas en tasas de interés y la reducción de la hoja de balance de la Fed) será un freno adicional para la actividad económica. Finalmente, la guerra comercial que Trump ha iniciado con China, la Unión Europea, Canadá y México no está ayudando a fomentar nuevas inversiones.


Quizás el hecho más importante que comienza a dejar sentir sus efectos es la normalización de la política monetaria. Esta normalización consiste en primer lugar en alejarse más del territorio de tasas de interés cercanas a cero. Por eso los aumentos en la tasa de interés van a seguir su curso mientras prosiga la expansión y la tasa de inflación se mantenga cercana a la meta de 2 por ciento definida por la Fed.


En días recientes Trump ha acusado a la Fed de sabotear sus esfuerzos para mejorar la economía. Esas acusaciones no tienen precedente en la historia de la Reserva Federal, pero no alterarán el calendario de incrementos en la tasa de interés. Uno de los efectos de esos aumentos seguirá siendo el fortalecimiento del dólar estadunidense, lo que tendrá repercusiones negativas sobre el sector exportador. Y si a todo esto añadimos las consecuencias de la guerra comercial, el panorama se antoja más complicado de lo que creen los economistas del equipo de Trump. El gasto de los consumidores sigue siendo el principal motor del crecimiento en Estados Unidos y se verá afectado por el efecto combinado de todos estos factores y el hecho de que los salarios siguen estancados. Finalmente, los precios de crudo y de materiales como el acero y el aluminio (afectados por los nuevos aranceles aplicados por la Casa Blanca) también pesarán negativamente en el sector productivo.


El impacto de los aumentos en la tasa de interés no debe subestimarse. El rescate mediante la flexibilización cuantitativa de la política monetaria generó uno de los episodios más intensos de inflación en los precios de activos financieros en la historia del sistema financiero estadunidense. Por eso los aumentos en la tasa de interés tendrán repercusiones profundas, incluso para la economía mundial. Las empresas estadunidenses deberán refinanciar el equivalente a 4 billones de dólares en bonos emitidos en los años recientes, y deberán hacerlo con tasas de interés mayores. Cualquier sacudida en este proceso conducirá a un número importante de quiebras y muchos bancos no tendrán más remedio que recortar el crédito. La economía volverá a entrar en recesión, y ya veremos a quién le echa la culpa el actual ocupante de la Casa Blanca. Por lo pronto, las consecuencias para el resto del mundo no serán buenas noticias.


Twitter: @anadaloficial

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La fortaleza del dólar pone en jaque a las grandes divisas latinoamericanas

Las monedas de Brasil, México Colombia y Chile sufren por la subida de tasas en EE UU, pero esquivan el cataclismo del peso argentino
Ignacio Fariza

El mundo emergente se había acostumbrado en los últimos tiempos a una extraña sensación de calma. Los enormes volúmenes de liquidez acumulados tras años de políticas monetarias expansivas en las economías avanzadas habían rebosado las Bolsas y los mercados de bonos, llegando también a los activos de los países en desarrollo. Pero la volatilidad es inherente a su propia naturaleza emergente y, antes o después, vuelve a tocar a su puerta. Esta vez, la causa ha sido una combinación de factores que van desde el fortalecimiento del dólar estadounidense por la subida de tipos de interés en la primera potencia mundial hasta el efecto contagio de las dificultades argentinas, pasando por las expectativas de mayor inflación y la creciente percepción de proximidad del fin de ciclo económico. Un cóctel que amenaza con convertirse en un quebradero de cabeza en América Latina.


Mayo ha traído consigo turbulencias en el mercado cambiario. La primera semana del mes fue la peor para las monedas emergentes en más de un año y esta avanza por los mismos derroteros. El nerviosismo se ha instalado sobre la tercera economía de América Latina, Argentina, un país que lleva el pánico financiero en su ADN y que ya ha tenido que pedir un rescate al Fondo Monetario. Y se ha extendido al resto de grandes países de la región. A la sangría del peso argentino se han sumado las fuertes caídas del peso mexicano, colombiano y chileno. También del real brasileño, que se deja un 14% en los tres últimos meses. "Al estar incluidos en la misma categoría de activos [emergentes y latinoamericanos], hay un cierto contagio de lo que está sucediendo en Argentina", apunta Jonathan Heath, ex economista principal de HSBC para Latinoamérica y hoy analista independiente.


Salvo inesperado cambio de rumbo, los tipos de interés de referencia en Estados Unidos llegarán en junio al 2% por primera vez desde mediados de 2008. Eran otros tiempos: Lehman Brothers aún vivía y la Gran Recesión solo empezaba a fraguarse. Y aunque el incremento en el precio del dinero ha sido telegrafiado desde el día uno después de la crisis, las consecuencias se dejan sentir en los mercados: el endurecimiento de la política monetaria y la expectativa de mayor inflación en los próximos trimestres ha llevado el interés del bono estadounidense a 10 años al filo del 3%, su nivel más alto desde 2014, introduciendo una variable nueva en el juego de equilibrios en la balanza de muchos inversores. "¿Merece más la pena depositar el dinero en activos de riesgo cuando el papel estadounidense —teóricamente exento de incertidumbre sobre su futuro pago— empieza a ofrecer rentabilidades atractivas?", se empiezan a preguntar en los cuarteles generales de las grandes firmas de inversión. Y el mero cuestionamiento agita a América Latina y el resto de emergentes.


"La combinación de mayores tasas en EE UU y perspectivas de inflación más altas es muy negativa para las monedas latinoamericanas", asevera Armando Armenta, estratega del banco de inversión suizo UBS para mercados emergentes. "La gente empieza a ver fundamentos menos sólidos y algunos entran en pánico, golpeando a los países con fundamentos más débiles, como Argentina", agrega un segundo analista de una gran firma de inversión que prefiere no revelar su nombre. "Es un año más volátil en general: lo hemos visto en la Bolsa y en el mercado de renta fija, y empezamos a verlo en el mercado de divisas". Paradójicamente, el bache de las monedas emergentes llega en momento dulce para el petróleo —una variable que suele estar positivamente correlacionada con la evolución de las monedas de la región, donde casi todos los países son productores—, que cotiza en máximos de tres años y medio impulsado por la inestabilidad geopolítica.


En poco más de 20 días, los grandes inversores han sacado 5.500 millones de dólares de los mercados emergentes de deuda, según los datos del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés) recopilados por Reuters. En el caso de Latinoamérica, esa cifra asciende a 1.200 millones de dólares solamente en la última semana, cuando se han acelerado las salidas, según Bloomberg. Este movimiento tiene, inevitablemente, un efecto directo sobre la cotización de las respectivas monedas regionales: vender deuda de un país supone, también, deshacerse de moneda nacional. Todo sin que, todavía, la mayor área económica del mundo junto con EE UU, la eurozona, haya movido ficha en forma de subidas de tipos.


En este entorno, Argentina es, por mucho, el país que peor lo tiene. A su posición más débil de reservas internacionales que el resto de grandes países latinoamericanos se suma la gran proporción de deuda pública denominada en dólares, tras haber recurrido en mayor medida a emisiones en moneda estadounidense para cubrir sus necesidades de financiación. Pero no es el único. México es la economía latinoamericana más expuesta al mercado estadounidense, y el debilitamiento del peso frente al dólar —que ya ha borrado todas las ganancias cosechadas desde el pasado 1 de enero— tiene efectos de calado su economía. Negativos, como el encarecimiento de los productos importados, con el consecuente repunte de la inflación o la pérdida de valor internacional de los ahorros de sus nacionales. Y positivos, como la mayor competitividad, un factor nada despreciable en una economía tan abierta como la mexicana: las manufacturas del país norteamericano son hoy un 8% más baratas que hace tres semanas por un único factor ajeno a la cadena productiva, la depreciación del peso.


"En líneas generales, los países de la región están mejor preparados que en el pasado para afrontar una situación así", apunta Martín Castellano, economista jefe del IIF para América Latina. "Sin embargo, la posición fiscal es peor, con deudas más altas y mayores déficits en todos los países de la región". El mayor riesgo pasa, en su opinión, por un giro radical de la política macroeconómica tras las elecciones que se celebran este año en tres países clave de la región: Brasil, Colombia y, sobre todo, México. En este último caso, aunque el candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador, lleva meses tratando de tranquilizar a los mercados, los financieros no las tienen todas consigo. No, al menos, hasta no ver con sus propios ojos que la retórica cristaliza en una política fiscal prudente y en la total independencia del banco central.


"En México hay factores propios que han llevado a la depreciación del peso: la incertidumbre en torno a la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) y la cercanía de las elecciones", agrega Alberto Ramos, de Goldman Sachs. "La disputa entre el sector privado y el candidato puntero en las encuestas [López Obrador] ha creado un entorno de volatilidad que no ha sido atajado, con la consecuente salida de capitales y la pérdida de fuerza del peso", cierra José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico de México.

México 8 MAY 2018 - 23:23 COT

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Jueves, 15 Febrero 2018 06:20

Malas noticias desde el Norte

Malas noticias desde el Norte

El índice de precios al consumo de Estados Unidos creció un 0,5 por ciento en enero, llevando la inflación interanual (últimos doce meses) al 2,1 por ciento. El resultado informado ayer por el Departamento de Trabajo fue peor a las expectativas de los analistas, que preveían un aumento de tres décimas en el mes y 1,9 por ciento en el año transcurrido. El dato de inflación reavivó los pronósticos de una suba de las tasas de interés que fija la Reserva Federal de Estados Unidos por encima de lo inicialmente esperado. En su próxima reunión de marzo -prevista para los días 20 y 21–, la autoridad monetaria de ese país debería las tasas de los bonos a diez años del Tesoro para el próximo trimestre, que actualmente se encuentran en el rango 1,25/1,50 por ciento anual. Una suba significativa representaría una noticia preocupante para el mundo, especialmente para países muy endeudados en dólares y con necesidades permanentes de renovación del crédito internacional, como es el caso de Argentina. 

Los datos divulgados por el Departamento de Trabajo en Washington confirman las presiones inflacionarias sobre la economía de la primera potencia occidental. El informe indica que, a diferencia de meses anteriores cuando los incrementos se dieron en rubros más puntuales, esta vez se trató de un “aumento generalizado”, con subas registradas en combustibles, ropa, vivienda, sanidad y automóviles.
En opinión de algunos especialistas, el dato de la suba de la inflación no sorprende sino que debe ser tomado como una tendencia de la economía estadounidense. Tal es el caso de Nathan Sheets, ex funcionario del Tesoro y de la Reserva Federal (FED), quien apuntó que “estamos en un lugar donde la inflación es probable que aumente gradualmente, más o menos en línea con las previsiones de la FED, y es coherente con una economía donde estamos viendo un fortalecimiento de los mercados laborales y un sólido crecimiento”. La tasa de desempleo se mantuvo en enero en el 4,1 por ciento. La más baja desde el año 2000, y la economía alcanzó un ritmo anual de crecimiento del 2,6 por ciento en el último trimestre de 2017.
Jerome Powell, que apenas dos semanas atrás reemplazó a Janet Yellen al frente de la Reserva Federal, tendrá la oportunidad el día 20 de marzo de presidir por primera vez una reunión de directores de la Reserva Federal. La FED había previsto, antes de que Yellen dejara el cargo, tres aumentos moderados de la tasa a lo largo del año en curso. Sin embargo, con los datos actualizados de la inflación se estima más probable que sean cuatro los aumentos, o bien se amplíe el margen de modificación en cada paso o escalón.
El dato no es inocuo para la economía argentina. En la medida en que la mayor inflación se traslade a la tasa de referencia para los bonos del Tesoro de Estados Unidos, habrá malas noticias. Para la Argentina, las futuras emisiones de deuda deberán ofrecer una tasa más alta que la pagada hasta el momento. La tasa se compone de una parte no competitiva, que es equivalente a la tasa de los bonos del Tesoro estadounidense. La otra parte, la competitiva, es el riesgo país, que es diferente para cada nación deudora según la calificación que tenga para las firmas calificadoras de riesgo de Wall Street. En el caso de Argentina, esta tasa de riesgo viene subiendo (el país está pasando a ser un deudor de riesgo). En pocas semanas, el país pasaría de pagar una tasa del 4 al 4,5 por ciento a otra del 7 por ciento, por el impacto combinado del aumento de ambos componentes: la tasa de referencia de Estados Unidos y el riesgo país de Argentina.


Ello en cuanto al impacto directo sobre el costo del financiamiento. A este primer efecto debería agregarse la posibilidad de que el gobierno enfrenta mayores dificultades para la obtención de crédito en el exterior, porque la suba de tasas en Estados Unidos, combinado con el mayor riesgo de impagabilidad de la deuda argentina, puede producir lo que se denomina “fly to quality” (vuelo a la calidad). Ello significa que el inversor opta por los destinos más seguros como opción más conservadora, abandonando o desechando las opciones de riesgo aunque éstas resulten más rentables. Esto ya se estaría verificando en algunos planos. Observando este mismo fenómeno, un analista del periódico especializado Ambito Financiero señaló ayer que, “en el caso de las provincias, la situación se volvió más compleja (…) Las empresas, por el momento, se quedaron sin la posibilidad de colocar deuda en el mercado internacional, al menos hasta que el contexto de los mercados se tranquilice”.

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Martes, 06 Febrero 2018 06:39

Histórico derrumbe de Wall Street

Histórico derrumbe de Wall Street

El índice Dow Jones de Wall Street cayó ayer 4,62 por ciento, después de haber amortiguado su descenso desde un retroceso mayor al 6 por ciento registrado una hora antes del cierre. El viernes ya había retrocedido 2,54 por ciento y en solo dos días borró todas las ganancias que se lograron desde inicios de año. Por su parte, el selectivo S&P 500, que mide el comportamiento de las principales 500 empresas que cotizan en Nueva York, se desplomó 4,13 por ciento. El derrumbe repercutió en la bolsa local que bajó 4,5 por ciento. El dólar cerró a 19,81 pesos, dos centavos por debajo del viernes. 

La caída del Dow Jones fue la peor en puntos de toda su historia (1150), mientras que en porcentaje no se registraba un retroceso de semejante magnitud desde 2011. Este hecho ocurre en medio de la perspectiva de las subas de las tasas de interés de la Reserva Federal (FED) –tres veces al año– ante el repunte de la inflación de ese país, producto esto de los datos del crecimiento del empleo y, por tanto, de mayor liquidez de salarios. Esto implica que la FED tenga una política más agresiva con las tasas, lo que supondrá un gran problema para países emergentes como la Argentina que se endeudan en dólares para afrontar sus propios déficit. La Argentina en los últimos dos años eliminó regulaciones y ahora podría enfrentar un flujo de salida de capitales.


El rendimiento de los bonos del Tesoro de los Estados Unidos a 10 años tocó un máximo de cuatro años de 2,885 por ciento, luego de trepar el viernes casi 7 puntos básicos. El aumento de los rendimientos de los bonos significa un mayor costo de endeudamiento para las empresas y una opción de inversión alternativa para los operadores.


El Merval sintió el impacto y retrocedió 4,5 por ciento. Algunas de las acciones que más bajaron fueron Banco Hipotecario (-9,2 por ciento), Sociedad Comercial del Plata (-5,7) y Mirgor (-4,4 por ciento).


 ¿Corrección del mercado o una burbuja? La causa detrás del terremoto en Wall Street

Fuente: Sputnik

El desplome de los mercados bursátiles había sido previsto con anterioridad. La caída de los índices bursátiles se debió a una corrección del mercado de valores de EEUU, opina Egor Susin, jefe del centro de desarrollo de estrategia del banco ruso Gazprombank.

"Claro está que eso tendría que haber ocurrido en algún momento. El mercado ha estado creciendo sin hacer correcciones durante mucho tiempo. El mercado de valores de [EEUU] crecía no porque la situación económica del país estuviera mejorando, sino porque había esperanzas positivas en cuanto a su futura dinámica, yo diría que estas esperanzas eran demasiado optimistas", explicó Susin a Sputnik.

Según el experto, el mercado de valores había estado muy recalentado. Por eso cualquiera señal de la Reserva Federal sobre la subida de los intereses en EEUU habría provocado una salida tan brusca de activos.


"Por ahora es solo una corrección, no una señal inequívoca de que el mercado haya girado en otra dirección. Sin embargo, desde mi punto de vista, es posible que el próximo año el mercado alcance puntos críticos. Podremos verlo ahora, podremos verlo más tarde. Según mi pronóstico para los años 2018 y 2019, veremos una brusca caída. (…) Los activos están sobreestimados de una manera inadecuada. Desde mi punto de vista es una burbuja que pronto estallará", señaló Susin.


Durante un tiempo muy largo, las acciones de las empresas estadounidenses mostraron un crecimiento muy duradero y por eso el mercado de valores de EEUU se llegó a desplomar este 2 de febrero


Los principales índices bursátiles, entre ellos el segundo índice más antiguo de Estados Unidos, el Dow Jones, y el S&P 500, regresaron a los niveles registrados a comienzos del año. Por si fuera poco, el Dow Jones sufrió uno de los peores días de los últimos seis años.


Por su parte, la Administración de EEUU considera que el desplome de los índices bursátiles fue solo una fluctuación común del mercado, señaló Raj Shah, secretario de prensa adjunto de la Casa Blanca.

"Los mercados fluctúan, pero los principales pilares de nuestra economía siguen siendo muy fuertes y ellos [los mercados] van en la dirección correcta", sostuvo Shah.
La brusca caída en las bolsas condujo a que las 500 personas más ricas del mundo perdieran 114.000 millones de dólares en total, informó la agencia Bloomberg.


Según esta información, las riquezas de Warren Buffett, jefe de la empresa de inversiones Berkshire Hathaway disminuyeron más que las de otros empresarios. Buffett perdió 5.100 millones de dólares. Por su parte, Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, ocupó el segundo lugar en la lista de los que más perdieron. El también filántropo perdió 3.600 millones de dólares. En el tercer lugar se encuentra el fundador de Amazon, Jeffrey Bezos, con pérdidas de 3.300 millones de dólares.

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Lunes, 29 Enero 2018 06:38

Euforia económica

Euforia económica

Diez años después parece que se inicia una fase de ascenso en el ciclo económico, luego de la grave crisis financiera de finales de 2008. Ha sido una larga etapa de mísero crecimiento del producto, empleo, ingresos y condiciones del bienestar, con grandes presiones sobre los presupuestos públicos.

El comportamiento que hoy se advierte se acomoda de modo bastante claro a la descripción y al tratamiento de las crisis que elaboraron Minsky y Kindelberger.

Así, estamos ante un nuevo episodio de desplazamiento de las condiciones macroeconómicas que puede relanzar el gasto en inversión y en consumo, y así empujar el crecimiento, cuando menos en el corto plazo.

No se trata de un relanzamiento de tipo "schumpeteriano", aquel asociado con la llamada destrucción creativa que se provoca con un descubrimiento y la innovación tecnológica.

Este parece, más bien, la oportunidad para sacar nuevas ventajas de las mismas condiciones que desataron la crisis hace una década. No hay que olvidar el enorme costo económico y social de dicho episodio. Tampoco puede perderse de vista el ajuste provocado por la contracción fiscal que coexistió con la bárbara expansión de la liquidez creada por los bancos centrales, misma que transformó sus balances y de facto repercutió en las cuentas fiscales.

Esa forma de ajuste, marcada por las muy bajas tasas de interés que ocasionaron la reasignación de los recursos hacia inversiones de tipo especulativo. Este mismo auge provoca la concentración y centralización de los capitales, asunto sobre el que se oye poco en los análisis macroeconómicos.

Los grandes bancos recompusieron sus carteras y su rentabilidad, enormes empresas en diversos sectores lo hicieron también. Los mercados accionarios están hoy en una situación de auge y empujan la fase de desplazamiento. El asunto ahora es observar la capacidad que tienen para recrear el crecimiento a partir de la inversión productiva y de qué naturaleza será la parte especulativa que necesariamente entraña.

Trump y los republicanos han apuntalado el proceso con una potente reforma fiscal que modifica las decisiones de inversión de las más grandes empresas. Esto ocurre no sólo en términos de los montos que se destinarán para invertir, sino también de los movimientos de capitales entre territorios económicos para aprovechar las ventajas fiscales.

Es un nuevo episodio de euforia. Esto es lo que marcó el ánimo y las declaraciones entre políticos, banqueros y empresarios en el Foro Económico Mundial de Davos, realizado la semana pasada. Trump fue la estrella.

El Fondo Monetario Internacional apuntaló dicho ánimo con una revisión de sus expectativas económicas. A escala global revisó sus proyecciones de crecimiento del producto a 3.7 por ciento en 2017 y 3.9 en 2018.

Para Estados Unidos la elevación es significativa, pues de un registro de 1.5 por ciento en 2016 pasa a 2.3 en 2017 y 2.7 en 2018. El supuesto es que ese crecimiento puede arrastrar a las economías avanzadas y también a las que están en desarrollo. Trump mismo lo dijo: "Cuando crece Estados Unidos así lo hace el mundo". La voces que discrepan son ahora poco sonoras.

De la misma manera, el FMI estima que el comercio internacional crecerá. Pero las medidas del gobierno de Estados Unidos apuntan a una revisión de las pautas del comercio. Recientemente se aplicaron tarifas a los paneles solares y las lavadoras. Hay un enfrentamiento claro con las políticas comerciales de China; está la revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) al igual que las condiciones que enmarcan al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) y se plantea una reforma de la Organización Mundial de Comercio.

El auge del mercado accionario y la reforma fiscal apuntalan el escenario de expansión. Pero quedan los problemas monetarios. No hay claridad de qué política se seguirá con respecto al valor del dólar, si es que será fortalecido o debilitado. Hubo incluso una discrepancia muy sonada entre el secretario del Tesoro Mnuchin y el mismo Trump durante la reunión de Davos.

La euforia está marcando el paso aunque el entorno sigue siendo incierto. La nueva fase de expansión tendrá sus propias distorsiones como siempre ocurre. La etapa de crisis estuvo marcada por una acentuación de los patrones de la desigualdad y no hay mecanismos automáticos que la atemperen.

Habrá que ver qué impacto tiene sobre esto la reforma fiscal, pues no se distribuye del mismo modo entre los distintos estratos de ingreso en aquel país. Lo mismo ocurre con el destino de las inversiones. Trump ha sacudido el escenario y esto se empalma con el comportamiento de los inversionistas que necesitan recomponer las condiciones de la acumulación y la rentabilidad. Los "espíritus animales" no se han extinguido.

Las recientes estimaciones de crecimiento del FMI salpican también a la economía mexicana: en 2018 el crecimiento sería 2.3 por ciento y 3 por ciento en 2019. Esta se sustenta, igualmente, en el arrastre que tendría la demanda en Estados Unidos en las exportaciones mexicanas. Pero sabemos que la negociación del TLCAN sigue en curso y no se sabe en qué terminará y hay elecciones a mitad del año.

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Lunes, 28 Agosto 2017 06:01

Escenario financiero

Escenario financiero

Es un truismo que la crisis de 2008 se centró en los excesos ocurridos en el sistema financiero. Tales excesos se gestaron, en buena medida, en la política de tasas de interés de la Reserva Federal estadunidense en un tiempo en el que se creía que la economía se mantendría estable, que los riesgos en los mercados financieros podían anticiparse y que predominaban entre los agentes las llamadas expectativas racionales.

Además, la regulación del sistema financiero se relajó en 1999 durante la presidencia de Bill Clinton. Se derogó la ley Glass-Steagall de 1933, que pretendió salvaguardar el uso de los activos de los bancos, separando las operaciones comerciales de las inversiones especulativas.

Esa ley fue la reacción frente a la ruina provocada por la gran crisis de 1929 cuando quebraron casi 5 mil bancos. Según la ortodoxia económica, en la década de 1990 ya no podía ocurrir otra vez. En 2007 esto probó ser falso.

Entre 2002 y 2004 la política monetaria en Estados Unidos mantuvo relativamente bajas las tasas de interés para alentar la expansión de la economía. Al mismo tiempo, el dólar se sostenía como la moneda preferida en los mercados globales y se aplacaban las presiones sobre la inflación y el déficit fiscal.

Con las tasas bajas se incrementaron los préstamos bancarios, especialmente en el sector de la construcción residencial, un mercado muy proclive a la especulación. Las familias acrecentaron su deuda hipotecaria en una escalada que parecía no tener fin, pues se creía que el precio al alza de las casas era, finalmente, la condición que prevenía la caída del mercado.

Cuando la Reserva Federal empezó a elevar las tasas de los fondos federales para frenar la "exuberancia irracional", los deudores perdieron la capacidad de pagar las hipotecas, la construcción de viviendas se detuvo. Al mismo tiempo se acrecentó la innovación de los instrumentos de deuda, se abrieron las puertas a una mayor especulación que abarcó buena parte del planeta. Hay que recordar el impacto que esto tuvo en países enteros, como fueron los casos de Islandia, Irlanda o Grecia. La historia de la crisis es bien conocida.

En plena crisis, la Reserva Federal redujo de manera radical las tasas de interés hasta prácticamente un nivel de cero como una medida para impulsar la recuperación de la economía. Esto se acompañó de una expresa política de creación de dinero mediante la compra de los activos depreciados de los bancos. Con ello se infló hasta niveles desconocidos la deuda del banco central, un asunto que está pendiente de resolución. El fenómeno se extendió después a la Unión Europea.

Este es el marco en el que se gestó una nueva fase de regulación del sistema financiero con la Ley Dodd-Frank de Reforma de Wall Street y Protección del Consumidor, que entró en vigor en julio de 2010.

La trampa de las bajas tasas persiste desde fines de 2008, aunque desde fines de 2016 empezaron a subir hasta 1.25 por ciento. La verdad es que los banqueros centrales que adquirieron una desmedida preminencia en la política pública de la mayoría de los países como gestores de la crisis no aciertan a salir de la trampa de las tasas bajas.

Hoy, el gobierno de Donald Trump tiene en la mira un nuevo proceso de desregulación del sistema financiero. Para esto, los grandes bancos de Wall Street se han posicionado muy bien. Steven Mnuchin, actual secretario del Tesoro, y Gary Cohn, el director del Consejo Nacional Económico, provienen de la cúpula de los ejecutivos del poderoso banco Goldman Sachs.

La Reserva Federal se opone a esa desregulación, pues sabe bien que el ambiente de bajas tasas de interés no puede superarse, es decir, que lo que llaman "normalización" de la política monetaria no está en condiciones de darse. Y esto conlleva a que los precios de los activos, como son la acciones de las empresas y los mismos bonos de la deuda gubernamental, además de los bienes raíces, otra vez estén sobrevaluados.

Hay pues factores de distorsión en la asignación de los recursos que no alientan suficientemente la producción y el empleo y, en cambio, si fomentan la especulación y la concentración del capital. Además de que inciden negativamente en la distribución de la riqueza.

El conflicto en el ámbito de la producción, el nivel de los precios, las tasas de interés y los patrones del consumo y la inversión persiste. El endeudamiento privado y público sigue creciendo y se calcula que representa tres veces más que el nivel de la producción mundial.

El aumento del consumo sostenido por la deuda y en el marco de la distribución desigual de los recursos significa que se gasta hoy del dinero que se recibirá mañana, lo que provoca un desequilibrio en el tiempo. Así que mañana habrá que consumir menos o seguir endeudándose. Estas son condiciones para una nueva crisis.

Ese es el marco del debate sobre la regulación. Ese es también el escenario en el que siguen actuando los bancos centrales que no pueden reconfigurar las condiciones de la estabilidad y la expansión de las economías. Cualquier afirmación en contra es ilusoria o de plano una falsedad.

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