Para los franceses fue un año de terror

Luego del ataque de enero de 2015, el mandatario francés adoptó un sólido paquete de medidas en el campo de la seguridad. Entre ellas figura una ley que les otorga a las fuerzas policiales un derecho monárquico y sin control judicial.


Desde París

 

La doble conmoción de la barbarie de los actos terroristas perpetrados en Francia en enero y noviembre de 2015 contaminaron la agenda del año que se terminó y marcarán el rumbo del entrante 2016. Hundido en las profundidades marítimas de los sondeos de opinión con apenas un 28 por ciento de opiniones favorables, el presidente francés, François Hollande, ascendió a la cumbre con un 50 por ciento de opiniones positivas gracias a la forma en que gestionó la dos atentados. Pero este dato puede ser una ilusión pasajera. La economía está estancada, el desempleo crece y esa resurrección repentina de la popularidad tuvo un pesado tributo: la fractura profunda en el seno de la izquierda. Luego del atentado de enero 2105 el mandatario francés adoptó un sólido paquete de medidas en el campo de la seguridad. Entre ellas figura una ley extremadamente permisiva con las libertades públicas que le otorga a las fuerzas de seguridad un derecho monárquico y sin control judicial alguno para espiar a la sociedad. El impacto de los asesinatos contra el semanario Charlie Hebdo y el supermercado judío del Este de París hizo pasar esas medidas como una necesidad irrenunciable. Hubo un fuerte debate, pero no fractura. El 13 de noviembre de 2015, el ataque coordinado de tres comandos del Estado Islámico contra el Estadio de Francia, los bares de la capital y el teatro Le Bataclan –130 muertos y 400 heridos– cambió la configuración. El jefe del Estado instauró el Estado de emergencia y luego propuso una reforma de la Carta Magna para integrar esa medida al tiempo que introdujo en la reforma una de las propuestas de la extrema derecha francesa: el retiro de la nacionalidad a los franceses con doble nacionalidad, nacidos en Francia y condenados por actos terroristas o implicados en acciones que ponen en tela de juicio la seguridad del país.

El consenso inestable en el seno de la izquierda se vino abajo con una violencia crítica poco común. A modo de ejemplo, el economista Thomas Piketty, autor de El Capital en el Siglo XXI, escribió en el vespertino Le Monde que "a la incompetencia económica, el gobierno le agrega la infamia". Los sondeos apoyan la iniciativa de François Hollande, pero la interna se ha enturbiado tanto más cuanto que el presidente y su jefe de gobierno, Manuel Valls, parecen decididos a llevar a cabo hasta el final la reconfiguración de la social democracia francesa con un todavía más evidente giro hacia el centro y la derecha. La debilidad de la derecha francesa, su imposibilidad a frenar la cabalgata exitosa de la ultraderecha del Frente Nacional, las profundas divergencias de orientación que sacuden sus estructuras y el fracaso del famoso retorno a la política del ex presidente conservador Nicolas Sarkozy convencieron a Valls y Hollande de que había un pasillo sin obstáculos para reformular la oferta política dentro de una gran coalición donde haya de todo, menos rojos. Sin embargo, la espada de Damocles del Frente Nacional es una variable que puede cambiar todas las previsiones y los cálculos. De hecho, el partido de Marine Le Pen no sólo condiciona la dirección del magma político sino que, además, pone a Francia en la cuerda floja ante sus socios de la Unión Europea. Con una extrema derecha que, en las elecciones regionales del mes de diciembre, obtuvo 30 por ciento de los votos, y cuya líder, Marine Le Pen, tiene, al menos en las encuestas de hoy, un lugar asegurado en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2017, París aparece como el punto más vulnerable de la Unión Europea. En un artículo de opinón firmado por el ex ministro alemán de Relaciones Exteriores, Joschka Fischer, el responsable político escribe: "Ante la amenaza que supone el neonacionalismo para el proceso de integración europea, lo que ocurra en Francia es clave. Sin Francia, Europa es inconcebible e inviable, y está claro que Le Pen de presidenta significaría el inicio del fin de la UE. Europa se retiraría de la política internacional Esto llevaría inexorablemente al fin de Occidente en términos geopolíticos". El planteo de Fischer no es de ciencia ficción sino una sombra que crece en cada elección. El imaginario político de la extrema derecha ha calado muy hondo en la sociedad. Su idea central de un "hombre blanco" amenazado por una horda de invasores de otras religiones –el Islam– ante la cual la única protección son los muros y las fronteras reforzadas no es más una anécdota discursiva sino una noción en la que creen millones de personas. Tanto como la derecha, el socialismo liberal de François Hollande ha fracasado rotundamente en dotar a la sociedad de un proyecto político, de una meta, de un sueño de país más apetitoso que las invectivas de la ultraderecha. 2016 no parece ser en este sentido muy distinto a 2015. Habrá una clase política "oficial", un "sistema oficial" como dice la extrema derecha, totalmente consagrado a los arreglitos de partido, a las alianzas electorales y a los pleitos de caciques pero totalmente alejada del país que pretende gobernar. El voto masivo a favor de la ultraderecha no solo valida la pertinencia de la estrategia adoptada por Marine Le Pen sino, también, el fiasco global de un socialismo que ha pasado más tiempo en negarse a si mismo, en agredir su propia memoria, que a construir alternativas políticas movilizadoras. No hay ilusiones en el horizonte. La democracia más histórica y fuerte de la Unión es ahora la más desencantada, la más cerrada sobre si misma, la más anquilosada en los eternos jueguitos electoralistas. Queda poco más de un año de una presidencia de perfil bajo que incumplió las promesas más importantes que presentó en la campaña electoral. El veredicto es, por ahora, inapelable: el socialismo en ocaso ni siquiera tiene garantizada la presencia de un candidato en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.

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Catorce años después del 11-S, la guerra contra el terror realiza todo lo que bin Laden quería que pasara

Han pasado 14 años que parecen increíbles. ¿Realmente los hemos vivido? ¿Estamos viviéndolos todavía? ¿Cuán inverosímil es todo esto?

Catorce años de guerras, intervenciones militares, asesinatos, tortura, secuestros, localizaciones clandestinas, de crecimiento del estado nacional de la seguridad de Estados Unidos hasta unas proporciones monumentales y de la expansión del extremismo islámico en la mayor parte del Gran Oriente Medio y África. Catorce años de dispendios astronómicos, infinidad de campañas de bombardeo y una política militar en el exterior de primera magnitud en la que se repiten las derrotas, los chascos y los desastres. Catorce años de una cultura del miedo en Estados Unidos, de interminables alarmas y advertencias, pero también de funestos presagios de ataques terroristas. Catorce años del entierro de la democracia estadounidense (o, mejor dicho, de su conversión en escenario multimillonario y fuente de espectáculo y entretenimiento, que no de gobierno). Catorce años de propagación del secretismo, de clasificación de cada documento producido, de feroz persecución de los denunciantes de conciencia y del impulso cuasi religioso de mantener "seguros" a los estadounidenses dejándoles en la oscuridad acerca de lo que está haciendo su gobierno. Catorce años de desmovilización de la ciudadanía. Catorce años del surgimiento de la corporación guerrera, de la transformación del conjunto de actividades militares y de espionaje en unas actividades lucrativas y de la proliferación de innumerables contratistas privados que trabajan para el Pentágono, la NSA, la CIA y muchos otros segmentos del estado nacional de la seguridad para asegurar su funcionamiento. Catorce años de nuestras guerras regresando a casa en la forma de trastornos de estrés postraumático (PTSD, por sus siglas en inglés), de militarización de la policía y de expansión en la "patria" de tecnologías propias de zonas de combate como los drones y los vehículos UMV. Catorce años de despliegue de todo tipo de vigilancia y de desarrollo de un sistema planetario de vigilancia cuyo alcance –desde líderes extranjeros hasta grupos tribales en las zonas más remotas de la Tierra– dejaría estupefactos a quienes gobernaban los estados totalitarios del siglo XX. Catorce años de misérrima inversión en la infraestructura de Estados Unidos y ni siquiera un kilómetro de tren de alta velocidad construido en algún lugar de este país. Catorce años en los que se iniciaron las guerras de Afganistán 2.0, de Iraq 2.0 y 3.0 y la de Siria 1.0. Catorce años, eso es, en los que lo improbable se hizo probable.

Catorce años después, muchísimas gracias, Osama bin Laden. Con un reducido número de seguidores, entre 400.000 y 500.000 dólares y 19 secuestradores suicidas, la mayor parte de ellos saudíes, Ud. ha hecho un pase de magia geopolítica de primer orden. Lo equiparo a un acto mágico del teatro de la oscuridad. Mientras tanto, ha hecho el "cambio total" o, al menos, lo suficiente de todo lo que importa. O más bien, nos ha empujado a hacer lo que usted no podía hacer por falta de recursos o capacidad. Por lo tanto, pongamos el crédito donde es debido. Hablando en términos de psicología, los ataques del 11-S representaron una precisión en la elección de los blancos del tipo que los líderes de Estados Unidos apenas soñarían en los años siguientes. No tengo idea de cómo, pero está claro que usted nos entendió mucho mejor de lo que nosotros le entendimos a usted o, para el caso, a nosotros mismos. Usted supo exactamente cuáles eran los botones nuestros que se debían apretar para que, en esencia, nosotros continuásemos ejecutando su plan para su beneficio. Mientras usted se sentaba y esperaba en Abbottabad [Pakistán], nosotros seguíamos los planos de sus sueños y deseos como si usted lo hubiese planificado y, en el proceso, hacíamos del mundo un lugar notablemente diferente (y notablemente nefasto).

Catorce años después, ni siquiera hemos caído en la cuenta de lo que hemos hecho.

Catorce años después, la inverosimilitud de todo esto todavía paraliza la imaginación, empezando por las enormes montañas de cascotes de la Torres Gemelas en el centro de Manhattan, un mundo real equivalente al de la estatua de la Libertad surgiendo de la arena en la película El planeta de los simios. La parte sur de Manhattan todavía ardiendo y el olor acre de la destrucción en el aire eran la imagen de una cultura que había vivido su propio momento apocalíptico para convertirse en algo irreconociblemente transformado. Para dar crédito a la cobertura mediática en aquellos tiempos, los estadounidenses vivieron una combinación de Pearl Harbor e Hiroshima. Éramos el no va más de las víctimas en el planeta Tierra, y el centro de Nueva York pasó a ser la "Zona Cero", una expresión que hasta entonces estaba reservada para los sitios donde había habido una explosión atómica. En un instante nos convertimos en las más grandes víctimas y los mayores supervivientes, y se dio por sentado que el mayor deseo de venganza del mundo sería nuestro. El 11-S llegó para ser visto como un ataque a todo lo inocente, lo bueno, lo triunfante que había en nosotros; el momento supremo del "odian-nuestras-libertades" y –Osama– funcionó. Usted asustó tanto a este país que ha conseguido sumirlo en un periodo de miedo que ya lleva 14 años, un período en el que le hemos dado vía libre a toda idea o acción estúpida u horrorosa, ley o intromisión en nuestra vida y recorte de nuestros derechos. Usted no solo soltó a sus mastines de la guerra, también soltó a los nuestros, que era exactamente lo que usted necesitaba para sumir en el caos al mundo musulmán.

Catorce años después, permítame que le recuerde la absoluta improbabilidad del 11-S y lo terriblemente despistados que todos estábamos ese día. George W. Bush (y sus cohortes) ni siquiera fueron capaces de asimilarlo cuando, el 6 de agosto de 2001, el presidente recibió el informe diario de inteligencia titulado "Bin Laden resuelto a golpear a Estados Unidos". La NSA, y la CIA, y el FBI, que tenían en sus manos muchas de las piezas del puzzle bin Laden, seguían sin poder imaginarlo. Créame, incluso cuando estaba sucediendo, me era difícil darme cuenta de aquello. Yo estaba haciendo ejercicios en mi dormitorio con la televisión encendida cuando oí la primera noticia de un avión que se había estrellado contra una de las Torres Gemelas y vi las primeras imágenes del humo en la torre. Y recuerdo mi primer pensamiento: "igual que el [bombardero] B-25 que casi chocó con el Empire State en 1945". ¿Unos terroristas que tratan de echar abajo las torres? Por favor. ¿Al-Qaeda? Esto es una broma. Más tarde, con dos aviones estrellados en Nueva York y un tercero que había hecho polvo una parte del Pentágono, y cuando ya era obvio que no se trataba de un accidente, tuve un pensamiento todavía más absurdo. Se me ocurrió que la sorpresiva vulnerabilidad de los estadounidenses –que vivían en una tierra protegida del caos en el que vive buena parte del mundo– debería conducirnos a una nueva forma de empatía hacia los demás. Ni en sueños. Todo lo que hicimos fue causarle dolor a los demás.

Catorce años después, ¿no le parece todavía sorprendente que George W. Bush y compañía utilizaran estas acciones asesinas y la muerte de cerca de 3.000 seres humanos como excusa para tratar de apropiarse del mundo? Les faltó tiempo para decidirse a lanzar la "Guerra global contra el terror" en hasta 60 países. Les faltó tiempo para empezar a soñar con el establecimiento de una Pax Americana en Oriente Medio, seguida de una suerte de poder supremo mundial que hasta ese momento solo había sido evocado en tono de broma por los 'tipos malos' de las películas de James Bond. Mirando hacia atrás, ¿no le parece extraña la rapidez con que el 11-S le puso el cerebro en llamas a esa gente? ¿No encuentra curioso que los principales funcionarios de la administración Bush estuviesen totalmente encaprichados con el poder militar de Estados Unidos? ¿No le sorprende como algo raro el hecho de que tuvieran una fe tan ciega en los supuestos poderes de las fuerzas armadas para hacer prácticamente nada y ser "la mejor fuerza para la liberación de la humanidad que el mundo ha conocido"? ¿No encuentra inquietante que, en medio de los escombros del Pentágono, las primeras órdenes de nuestro secretario de Defensa fuese preparar los aviones para atacar a Iraq, a pesar de que estaba convencido de que el autor de los ataques del 11-S había sido al-Qaeda ("'Ir con toda la fuerza', anotó un ayudante del secretario en su block de notas. 'No dejar nada en pie. Esté relacionado [con los ataques] o no'.")? ¿No piensa acaso que este "o no" resume los tiempos que estaban por venir? ¿No le parece curioso que, en medio de las ruinas de las torres, los planes no solo previeran pasarle la factura a bin Laden sino también convertir a Afganistán, Iraq y posiblemente Irán –"Todos quieren ir a Bagdad, pero los hombres de verdad quieren ir a Teherán"– en protectorados de Estados Unidos?

Catorce años después, ¿qué posibilidad había de que el país, al que en todas partes se consideraba la "única superpotencia" del planeta, desafiado abiertamente por un reducido número de extremistas yihadistas, con un poder militar mejor financiado que las 10 a 13 fuerzas armadas combinadas que le seguían (muchas de los cuales eran aliadas, de todas maneras) y cuyas aptitudes tecnológicas eran las mejores –eso dicen– no ganara una guerra, no derrotara a ningún enemigo y no completara con éxito una sola ocupación? ¿Cuáles eran las probabilidades de ganar? Si el 12 de septiembre de 2001, alguien le hubiese apostado doble contra sencillo por la imposibilidad de que las fuerzas armadas de Estados Unidos ganaran en su ataque en el Gran Oriente Medio, no me diga que usted no habría puesto algún dinero sobre la mesa.

Catorce años después, ¿no le parece inaudito que el poder militar de Estados Unidos haya sido incapaz de retirarse de Iraq y Afganistán, donde libra las dos guerras más importantes de este siglo, a pesar de que oficialmente ha dejado uno de esos dos países en 2011 (solo para regresar en el verano de 2014) y de haber anunciado repetidamente la terminación de las operaciones de combate en el otro (solo para reanudarlas una vez más)?

Catorce años después, ¿no encuentra extravagante que las políticas de Washington posteriores al 11-S en Oriente Medio hayan propiciado el establecimiento de un "califato" del Estado Islámico en partes de los fracturados territorios de Iraq y Siria y la aparición de sucesivas y exitosas "franquicias" terroristas de ese mismo EI en un abanico de países que va desde Libia y Nigeria hasta Afganistán? Si el 12 de septiembre de 2001, usted hubiese presagiado semejante posibilidad, ¿no le habrían tomado por loco?

Catorce años después, ¿no piensa que es inverosímil que Estados Unidos se haya embarcado en el negocio de alto nivel de los asesinatos robóticos; que (a pesar de las prohibiciones legales de los tiempos del Watergate relacionadas con acciones de esa índole) ahora seamos los Terminator del planeta Tierra , no sus John Connors; que el presidente haya asumido abierta y orgullosamente el papel de asesino-en-jefe con su propia "lista de muertes"; que tengamos sin cesar en la mira remotas zonas rurales del planeta con nuestros drones (Grim [denodado]) Reaper y Predator (¡gracias Hollywood!) armados con cohetes Hellfire (fuego infernal); y que Washington, mientras buscaba a jefes de grupos terroristas y sus seguidores, haya matado regularmente a mujeres y niños? ¿Y no le parece extraño que todo esto se haya hecho en nombre del exterminio de los terroristas y sus movimientos, pese al hecho de que cada vez que nuestros drones golpean, esos movimientos parecen aumentar su fuerza y poderío?

Catorce años después, ¿no considera insólito que nuestra "guerra contra el terror" haya evolucionado con tanta regularidad hasta llegar a ser un guerra de terror y para el terror; que nuestros métodos, entre ellos el asesinato selectivo de numerosos jefes y "tenientes" (segundos jefes) de grupos combatientes haya promovido manifiestamente la propagación del extremismo islámico en lugar de detenerlo; y que, pese a esto, Washington no ha hecho el menor esfuerzo para reevaluar significativamente sus acciones?

Catorce años después, ¿no es acaso posible imaginar el 11-S como una gran fosa común en la que, como sabemos ahora, se han enterrado importantes aspectos de la vida de Estados Unidos? Por supuesto, los cambios sobrevenidos, sobre todo aquellos que reforzaron los aspectos más agobiantes del poder del Estado, no cayeron del cielo como los aviones secuestrados. Después de todo, ¿quién podría despreciar la dimensión y el poder del estado de la seguridad nacional y del complejo militar-industrial antes de que 19 hombres con un cutter en la mano llegaran a la escena? ¿Quién podría negar que escondida en el texto de la ley Patriótica de Estados Unidos (aprobada casi sin haber sido leída por el Congreso en octubre de 2001) había una lista de deseos –anteriores al 11-S– con los caballitos de batalla de los departamentos de seguridad y la derecha estadounidense? ¿Quién podría negar que los principales funcionarios de la administración Bush y sus seguidores neocon llevaban mucho tiempo pensando en la forma de financiar la "supremacía militar de Estados Unidos" en el contexto de una Pax Americana en el estilo del nuevo orden mundial o que soñaban con "un nuevo Pearl Harbor" que pudiese acelerar el proceso? Sin embargo, fue gracias a Osama bin Laden, que ellos –y nosotros– fuimos transportados al más improbable de todos los siglos, el XXI.

Catorce años después, los ataques del 11-S y los miles de personas inocentes muertas representan una criminalidad y una inmoralidad de dimensiones internacionales que no tienen parangón. Está claro que los estadounidenses somos los principales responsables de esta situación, aunque –lo más improbable de todo– nadie en Washington se haya hecho cargo de la mínima parte de responsabilidad por haber creado un cráter que comprende a todo Oriente Medio, provocado el caos en importantes regiones del planeta o ayudado a desatar las fuerzas que darían lugar al primer estado terrorista de la historia moderna; asimismo, ningún funcionario se ha hecho responsable por la creación de las condiciones que condujeron a la muerte de cientos de miles –posiblemente un millón o más– de personas que han sido convertidas en refugiados –nacionales o internacionales–, a la destrucción de países y a que incontables seres humanos se vean condenados a los sufrimientos más increíbles. En estos años, ninguna acción –ni la tortura, ni el asesinato, ni el encarcelamiento ilegal de personas inocentes fuera de nuestras fronteras, ni la muerte deliberada desde tierra o desde el aire, ni las fiestas de boda masacradas, ni el asesinato de niños– ha hecho mella en esa convicción tan estadounidense de que vivimos en un país "excepcional" e "indispensable", de asombrosa bondad e inocencia.

Catorce años después, ¿cuán inverosímil es todo esto?

 

*The Nation. Traducción del inglés para Rebelión de Carlos Riba García

Fuente del original en inglés: http://www.thenation.com/article/14-years-after-911-the-war-on-terror-is-accomplishing-everything-bin-laden-hoped-it-would/ 

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y a Rebelión como fuente de la traducción.

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Sábado, 02 Enero 2016 09:08

Tiran a mansalva en un bar de Tel Aviv

Tiran a mansalva en un bar de Tel Aviv

Al menos un atacante armado –aunque, según testigos, pudo ser más de uno– disparó a los clientes una ráfaga con un fusil automático, mientras el establecimiento estaba repleto de gente. La policía lanzó una intensa búsqueda del presunto culpable.

Dos personas murieron y otras siete resultaron heridas ayer en Tel Aviv cuando un hombre abrió fuego en un bar del centro de la ciudad, lo que provocó escenas de pánico. La policía lanzó una intensa búsqueda del presunto culpable. Según varios medios israelíes, se trata de un árabe israelí de 29 años del norte del país, reconocido por su padre en videos de vigilancia y que advirtió a las autoridades. Sin embargo, la policía no confirmó esas informaciones, en un contexto de violencia diaria entre palestinos e israelíes y de amenazas jihadistas.

El suceso ocurrió en la popular calle Dizengoff, en pleno centro, cuando al menos un atacante armado –aunque según testigos, pudo ser más de uno– disparó a los clientes una ráfaga con un fusil automático, mientras el establecimiento estaba repleto de gente. Testigos relataron a medios locales que el atacante tenía una gran contextura física, vestía un guardapolvo gris e iba enmascarado con lo que parecía un pasamontañas.

El hombre empezó abriendo fuego contra clientes sentados frente al bar. Fue allí donde dos personas sucumbieron a sus heridas. Un revoltijo de sillas volcadas y vidrios rotos reflejaba el pánico que se apoderó de los clientes. Un turista francés que estaba en el lugar del ataque, Alexandre Lambez, dijo que lo ocurrido le hizo recordar los ataques de noviembre en París. "Enseguida pensé en París y en el Bataclan", dijo. "Escuché disparos, me di vuelta y vi que la gente corría dentro del café. La gente gritaba y vimos al tipo que disparaba. Tenía el cabello castaño, vestía un suéter gris y luego huyó."

La dueña de una peluquería cercana al bar, Osnat David, se negaba a salir porque no quería ver las consecuencias del ataque. David se ocupaba de sus clientes cuando escucharon los disparos. "Mis clientes y yo nos escondimos sin hacer ruido. No tuvimos tiempo de cerrar el negocio. Nos tiramos al suelo para que el terrorista no nos viera. Todo duró unos veinte minutos", explicó. "Dos minutos antes estaba fumando un cigarrillo. Es un milagro. Si me hubiera quedado afuera, ahora estaría muerta".

Poco antes de las tres de la tarde, las cámaras de una tienda vecina al bar filmaron a un hombre vestido de negro que compraba frutos secos. Luego se lo ve sacar un arma de su mochila, salir del comercio y disparar hacia el bar. Uno de los testigos, citado por el diario Times of Israel, declaró que el atacante realizó una decena de disparos, uno a uno, con un arma que podría ser un fusil tipo Kalashnikov. Sin embargo, las imágenes de una cámara del propio local muestran con claridad que no se trata de esa arma sino de otra automática más corta, posiblemente una mini-Uzi o Karl Gustav. Fogonazos capturados por la cámara indican también que hubo tiros desde otra dirección, pero se desconoce si de algún cliente armado que respondió al atentado o de un segundo atacante que pudiera haber entrado al local.

La dirección del individuo se encuentra bajo secreto de sumario, pero los medios locales difundieron imágenes de la cámara de un pequeño comercio en las que se le distingue con bastante claridad. Por esas imágenes, su padre lo reconoció y alertó a la policía de quien se trataba. El atacante sería un joven de 29 años oriundo de la zona de Wadi Ara, en Galilea. Según el canal 10 de la televisión israelí, el arma con el que perpetró el ataque pertenecía a su padre, quien trabajaba de vigilante, y al que se la robó de la caja fuerte de su casa.

Los medios sugieren que el árabe israelí, nombre por el que en Israel son conocidos los palestinos con nacionalidad, a diferencia de los de la ocupada Cisjordania o Franja de Gaza, pasó un proceso de radicalización que lo llevó a cometer el ataque, valoración que deducen los investigadores por haber encontrado un ejemplar del Corán en el bolso que dejó en el comercio y del expediente delictivo nacionalista que tenía acumulado. Los comentaristas se sorprendieron de su destreza en el uso de un arma automática como para disparar una treintena de balas y cambiar cargador, así como la sangre fría que demostró a lo largo de todo el ataque.

La policía identificó ayer a las dos víctimas como Shimon Ravim, un joven de la ciudad sureña de Ofakim, y Alón Bakal, un estudiante de 26 años de abogacía que dirigía el pub atacado. Según el portavoz del servicio de emergencia, Zaki Heller, además de los fallecidos, dos de los siete heridos se encuentran en estado crítico en hospitales de la ciudad.

Miles de agentes de policía, incluidos de la unidad de lucha antiterrorista, apoyados por helicópteros y agentes de los servicios secretos, continuaban ayer por la noche la búsqueda en Tel Aviv para dar con su paradero. La ciudad quedó completamente paralizada por el ataque, con los principales centros de ocio vacíos y hasta cerrados y sin tráfico.

Tel Aviv fue blanco de atentados palestinos durante la Segunda Intifada (2000-2005). Pero la ciudad se mantuvo en una calma relativa desde el inicio de la actual ola de atentados, en su mayoría actos aislados llevados a cabo sobre todo con cuchillos.

Israel se libró también hasta ahora de ataques del Estado Islámico (EI), pero el grupo ha proferido amenazas explícitas contra Israel en las últimas semanas e incluso publicó mensajes en hebreo. El EI "no se ha olvidado ni un momento de Palestina", se escuchaba en una grabación publicada en Internet a finales de diciembre, supuestamente de Abu Bakr al Bagdadi, el líder del grupo jihadista.

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Viernes, 25 Diciembre 2015 06:41

El activismo francés en estado de emergencia

El activismo francés en estado de emergencia

Un mes y medio después de los atentados de París del 13 de noviembre, la sociedad civil francesa muestra sus primeros signos de disconformidad frente al establecimiento del estado de emergencia. Las medidas de seguridad excepcionales han permitido, según fuentes gubernamentales, el registro administrativo de 2.700 recintos, el arresto domiciliario de 360 personas y la detención provisional de 287 individuos, aunque ninguno de ellos ha sido procesado por terrorismo. Un balance modesto en comparación con la restricción de las libertades civiles que han comportado.

La facultad de los prefectos franceses –las autoridades administrativas responsables de la seguridad interna– de prohibir una manifestación ha alterado la actividad política de sindicatos y asociaciones. Estas entidades parecen condenadas al silencio si el Gobierno francés decide alargar el estado de emergencia del 26 de febrero previsto inicialmente hasta julio de 2016, cuando concluirá en Francia la Eurocopa de fútbol.

El 23 de diciembre el primer ministro Manuel Valls presentará en el Consejo de Ministros la propuesta de reforma de la Constitución que el presidente François Hollan­de anun­ció el pasado 16 de noviembre para inscribir en ella el estado de emergencia.

Este proyecto, que será debatido en la Asamblea Nacional en enero, no sólo lo extenderá de tres a seis meses, sino que también pretende incorporar en la Consti­tu­ción algunas de las medidas fetiche del Frente Nacional de Marine Le Pen, como la retirada de la nacionalidad francesa a los acusados de terrorismo yihadista que dis­pongan de una doble nacio­na­li­dad. Con­tem­pla, además, un refuerzo significativo del poder policial. Una vez haya concluido el estado de emer­gencia, este cuerpo podría seguir realizando inspecciones administrativas y requisando documentos y armas sin ningún tipo de control judicial. 

 

Vigilancia generalizada 


"Estoy en contra de esta sociedad de vigilancia generalizada", declaró en el medio digital de información local Rue89 Bordeaux el diputado ecologista Noël Mamère, uno de los seis miembros de la Asam­blea Na­cional que se opusieron en noviembre a la adopción del estado de emergencia. "El Go­bierno prevé que los arrestos domiciliarios y las inspecciones administrativas afecten a cualquier persona cuyo comportamiento sea una amenaza para el orden público. ¿Esto significa que vamos a detener a los militantes antinucleares, a los defensores de los ZAD (zonas a defender)?", añadió.

El partido Europe Écologie Les Verts (EELV) es la formación de la izquierda francesa que ha expresado un mayor rechazo frente a la restricción de los derechos civiles. Tras ser suspendida por las autoridades, la gran marcha previa a la Conferencia del Clima de París terminó convirtiéndose en una manifestación ilegal, lastrada por los incidentes con la policía y el arresto de 200 manifestantes. Lejos del foco mediático, 24 militantes ecologistas fueron arrestados domiciliariamente durante el trascurso de la COP21, y al menos se produjeron dos inspecciones en locales de asociaciones defensoras del medio ambiente, informó la Agen­cia France-Presse.

 

Eventos vs. manifestaciones


"La voluntad de manifestarse que prevaleció después de los atentados de enero ha dejado de ser un derecho", denuncia la Liga de los De­rechos Humanos en el texto Sortir de l'état d'urgence, publicado el 17 de diciembre. Según subraya este manifiesto, los prefectos ejercen con una geometría variable su función de garantizar la seguridad pública. Mientras que grandes acontecimientos deportivos o sociales, como el mercado de Na­vidad de Estras­burgo, que recibirá en torno a unos dos millones de visitantes, se celebran gracias a un costoso despliegue policial y militar, un número elevado de concentraciones civiles no reciben la autorización de la prefectura.

Resulta inquietante el caso, revelado por el diario digital Médiapart, de la prohibición de una manifestación antifascista en la localidad bretona de Pontivy, donde un grupúsculo de extrema derecha organizó un acto antimusulmán y en contra de la acogida de refugiados sólo unas pocas horas después de los atentados del 13 de noviembre.

"Una vez ha pasado la emoción, ha llegado el momento de decir basta", ha declarado la presidenta de la Liga de los Derechos Hu­ma­nos, Françoise Dumont, en el diario L'Humanité. El líder del Front de Gauche, Jean-Luc Mélen­chon, que al principio apoyó las medidas excepcionales adoptadas por el presidente Hollande, considera que "el estado de emergencia es una herramienta para combatir los movimientos sociales", declaró en el semanario Ma­rianne. Incluso el ala izquierda del Partido Socialista (PS) se muestra cada vez más crítica con el Go­bierno, y en particular con su voluntad de retirar la nacionalidad francesa a los acusados de terrorismo que tengan una doble nacionalidad.

 

Medida de extrema derecha


La retirada de la nacionalidad "es una medida inútil, que no tendrá ningún efecto disuasivo frente a los terroristas kamikazes", ha declarado en una entrevista en Médiapart el profesor de Derecho de la Uni­versidad de Rouen, próximo a la órbita socialista, Jean-Philippe De­rosier. Critica el hecho de que se trate de "una medida defendida por la derecha y la extrema derecha. Al contemplarla, la izquierda está traicionando a su electorado". El PS, y en particular la ministra de Justicia, Christiane Taubira, se opuso después de los atentados de enero a adoptar tal decisión, que cuestiona asimismo los valores republicanos, al contemplar la retirada de la nacionalidad a ciudadanos binacionales que hayan nacido en Francia.

Tras los atentados del 13N, el presidente François Hollande ha abrazado de forma significativa el programa de la extrema derecha en aras de apaciguar el miedo de un país golpeado por el terrorismo yihadista en tres ocasiones en sólo un año. Con este giro político pretende disputarle el electorado centrista al expresidente Nicolas Sar­kozy, que utiliza desde hace meses un discurso con tintes xenófobos parecido al del Frente Nacional. Según un sondeo de Ifop del 18 de diciembre, Hollande, por primera vez en los últimos tres años, supe­raría a Sar­kozy en la primera vuelta de las presidenciales de 2017, quedando sólo por detrás de Ma­rine Le Pen. Los objetivos electoralistas del presidente socialista parecen imponer el letargo del activismo francés.

Fuente original: http://www.diagonalperiodico.net/global/28807-activismo-frances-estado-emergencia.html 

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Domingo, 20 Diciembre 2015 06:36

“Actuar más y hablar menos”

“Actuar más y hablar menos”

Según el geopolitólogo francés, hablar de terrorismo es hacerles un favor a los terroristas. Dice que la solución a la amenaza que plantea el Estado Islámico es fundamentalmente política y requiere de amplios acuerdos internacionales.

 

Bajo una apariencia engañosa de administración mundial, el sistema internacional está en pedazos. La guerra en Siria y en Irak, el hundimiento libio, el acrecentamiento del poder del Estado Islámico, el arraigo dramático del conflicto israelo-palestino o la confrontación entre las potencias occidentales y Rusia son apenas puntas de una madeja muy enredada. Los últimos años han mostrado un sistema internacional que funciona como un eslabón libre, fuera de todo consenso multilateral. ¿Cómo volver a componer un esbozo de coherencia para gestionar las crisis en vez de ampliarlas, tal y como ocurrió en Siria? Para el geopolitólogo Pascal Boniface, director del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas de París (IRIS), las potencias occidentales han perdido varias oportunidades de reformar un sistema que se fue quebrantando con la caída del Muro de Berlín y las sucesivas guerras del Golfo, la del 91 y la de 2003. El desastre está ante nosotros. En estos tiempos de profundas crisis internacionales, el especialista francés ve una ocasión importante de recomposición de ese sistema internacional a partir de las negociaciones sobre el clima. Sin embargo, tampoco obvia los problemas por granel que sacuden al mundo, empezando por el Estado Islámico y la, hasta ahora, imposibilidad de las potencias para adoptar un perfil común y combatirlo a través de una solución política. En esta entrevista con Página/12 realizada en París, Boniface analiza los grandes desafíos modernos, desde el Estado Islámico, el conflicto con Rusia, el acuerdo con Irán o la posición de la política exterior Argentina después de las elecciones.


Este especialista de las relaciones internacionales, autor de numerosos libros, tiene también una pasión popular: el fútbol. Si alguien le da una lista de jugadores y le pregunta cuál es el más grande, responde sin dudar: "Messi". Ha escrito más de un libro y varios artículos imperdibles sobre la geopolítica del fútbol o el fútbol y la globalización.

–¿Usted considera que en un mundo donde el sistema internacional está dañado, las negociaciones sobre el clima que tuvieron lugar en París dentro de la conferencia COP21 son una forma de recomponer ese sistema multilateral?


–A la comunidad internacional se le reprocha el hecho de que sea incapaz de poner término a la guerra civil en Siria, de resolver la crisis israelo palestina o de vencer al terrorismo. Al mismo tiempo, esa misma comunidad internacional fue incapaz de luchar contra el calentamiento del planeta, y ello cuando ya existe un acuerdo general político, científico, con las ONG y hasta con los industriales para admitir que el calentamiento del planeta es uno de los desafíos más graves que pesa sobre la humanidad y que la responsable de ese calentamiento es la actividad humana. Sin embargo, el sistema internacional no supo detener o ponerle límite a ese problema. Ahora bien, con la conferencia de París sobre el clima se puede empezar a hablar de nuevo de comunidad internacional. De hecho, lo que cambió fundamentalmente entre la precedente cumbre sobre el clima que tuvo lugar en Copenhague en 2009, y que fracasó, y la de París, es que dos países importantes para la lucha del calentamiento del planeta, Estados Unidos y China, cambiaron de posición. Cuando se firmó el protocolo de Kioto, este fue firmado únicamente por los Estados que representaban apenas el 15 por ciento de las emisiones de gases contaminantes. Un verdadero acuerdo requiere que todo el mundo participe. Los egoísmos nacionales no tienen más cabida frente a la urgencia de la situación.


–Sin embargo, frente a esa misma comunidad internacional, la opinión pública manifiesta una angustia creciente. Clima, guerras, terrorismo islamista radical, flujo de refugiados. Las respuestas de esa comunidad son desencontradas. El mejor ejemplo es lo que está pasando con el Estado Islámico en Siria e Irak.


–Con el Estado Islámico ocurre lo mismo que con el clima: únicamente juntos lograremos vencerlo. El Estado islámico no será vencido por un puñado de países. Por ahora, incluso si todo el mundo afirma que es una necesidad, todos no tienen ni las mismas prioridades, ni el mismo calendario en el combate contra el Estado Islámico. Es preciso trabajar en pos de un consenso para que, en vez de decir que el Estado Islámico es un enemigo, se diga cómo será neutralizado ese enemigo. En suma, existe un acuerdo entre todos para diagnosticar la enfermedad, pero no para definir la forma de curarla.


–¿De qué convergencia de errores críticos, de herencias coloniales y de estrategias disparatadas surge el Estado Islámico?

–No se debe negar la historia colonial. La herencia colonial existe, desde luego, y occidente debe tomarla en cuenta, pero no explica todo. No se puede resumir la situación a ese único dato. Si miramos lo que ocurre hoy se puede decir que el Estado Islámico tiene, de hecho, dos filiales, dos padres: el primero es la Guerra de Irak (2003), que se lanzó contra el terrorismo y a la cual Francia y Argentina se opusieron. Quienes estaban en contra de esa Guerra de Irak no lo hicieron porque respaldaban a Saddam Hussein, sino porque decían que esa guerra iba a aportar más desgracias que cosas positivas. Vemos bien que sin la Guerra de Irak y sin las decisiones estúpidas del administrador norteamericano nombrado en Irak, Paul Bremer, nada de esto hubiese ocurrido. Bremer decidió desmantelar todo el aparato del Estado iraquí pensando que todos los sunnitas eran ardientes partidarios de Saddam Hussein. Los sunnitas se sintieron rechazados. Eso dio lugar al surgimiento del Estado Islámico. Luego, del otro lado, está lo que pasó en Siria y la brutal represión del presidente Bashar al Assad. Al principio, en Siria, asistimos a una revolución pacífica. Pero Bashar al Assad va a convertir esa revolución en un asunto confesional y la va a militarizar con el argumento según el cual si la revuelta ganaba los alauitas y los cristianos serían eliminados. Seguidamente, Bashar al Assad procederá a internacionalizar ese conflicto cuando pidió ayuda a Rusia y a Irán. Hoy vemos cómo el Estado Islámico recluta combatientes a partir de la terrible represión de Bashar al Assad. Esa represión lleva a que muchos opositores que antes eran pacíficos se unan al EI diciéndose que, frente a la violencia del régimen, vamos a emplear métodos igualmente violentos. Desde luego, hay más razones que estas, pero se puede decir que los dos elementos claves que produjeron al Estado Islámico son estos: la Guerra de Irak en 2003 y la represión del régimen sirio después de 2011.


–La solución parece empantanada en la disputa ente las potencias y sus abismales divergencias.


–La solución es doble. Todos son hoy conscientes de que se requiere una solución política. Mientras el gobierno iraquí no sea más inclusivo, mientras los chiítas no cedan un poco de espacio a los sunitas, el estado Islámico seguirá reclutando en Irak. Y mientras Bashar al Assad siga en el poder ocurrirá lo mismo en Siria. Hay evidentemente una elemento militar para derrotar al Estado Islámico, pero vemos muy bien que la solución pasa antes que nada por lo político.


–Sin embargo, las monarquías del Golfo Pérsico también intervinieron en la guerra siria cuando, al principio, empezaron a armar a la oposición. Arabia Saudita y Qatar aparecen regularmente citados.

–Sí, es cierto, la militarización también los incumbe. Armaron a la oposición, pero no al Estado Islámico. Pero, por ejemplo, el papel de Arabia Saudita es más antiguo. Arabia Saudita financió a los predicadores, la construcción de escuelas coránicas, de mezquitas y a gente que propagaba una doctrina salafista. Pero desde 2001, Arabia Saudita cambió de política y hoy está incluso amenazada. Por eso hay que distinguir a Qatar y a Arabia Saudita. Incluso si ambos son wahabitas no tienen ni la misma gestión de sus asuntos internos, ni la misma política internacional. Se le pueden hacer muchos reproches a Arabia Saudita, pero no es lícito decir que financia al Estado Islámico. En la lucha contra el Estado Islámico, Arabia Saudita está de nuestro lado.


–¿Qué lugar ocupa el antagonismo entre chiítas y sunnitas en la aparición del Estado Islámico y en este conflicto?

–Existe una conexión, desde luego. En primer lugar porque el Estado Islámico prosperó con el rechazo a los sunitas en Bagdad y Damasco. El conflicto tiene, por consiguiente, una base confesional. Sin embargo, no comparto esa idea defendida por ciertas personas según la cual el mundo entero está separado entre sunitas y chiítas y que esta es la principal brecha. No. Por ejemplo, Irán ayudó a Hamás, que no es chiíta. Bashar al Assad es un alauita y un aliado estratégico contra el Irak de Saddam Hussein. En suma, la brecha existe pero no lo explica todo, excepto que cuando más pasa el tiempo esa brecha entre sunitas y chiítas se torna más importante.


–Ese terrorismo del Estado Islámico tiene otro perfil. ¿Cuál es la diferencia o la evolución entre el Estado Islámico y Al Qaida?

–La diferencia radica en que Al Qaida era una base presente en Afganistán pero no contaba con un territorio. El Estado Islámico cuenta con un territorio de 200 mil kilómetros cuadrados. Se trata de un terrorismo que es al mismo tiempo es territorializado y extraterritorial. El Estado Islámico ganó el combate contra Al Qaida. Las filiales que antes se aliaban a Al Qaida ahora se alían al Estado Islámico. Pero lo que cambia fundamentalmente es ese arraigo territorial a partir del cual el EI puede conseguir recursos que, por ejemplo, Al Qaida casi no tenía. El Estado Islámico obtuvo importante recursos exportando petróleo, o haciéndole pagar impuestos a las personas que viven en sus territorios. Ese dinero sirve para reclutar. El EI cuenta con un ejército de varias decenas de miles de hombres. Al Qaida nunca lo tuvo. En este sentido, el Estado Islámico es mucho más peligroso.


–Ese terrorismo de origen sunnita terminó por expandirse en Europa. Los atentados de París, en enero y noviembre de 2015, prueban que existe realmente un enorme problema, con varias cabezas.


–Sí, desde luego. Hemos sido alcanzados por el terrorismo, España en 2004, Gran Bretaña en 2005, Francia y Bélgica este año. La verdad consiste en admitir que un atentado puede tener lugar mañana mismo, en cualquier parte de Europa. Se pueden proteger 1000 lugares, pero los terroristas van a atacar el 1001. Es preciso integrar el hecho de que la amenaza persiste, sin plegarse a la paranoia ni cambiar de forma de vivir. Habrá que vivir con la amenaza terrorista como se vive con la amenaza de una enfermedad o de un accidente. Raymond Aron ya decía en 1962 que los terroristas tienen un impacto psicológico y mediático superior a su impacto estratégico. Nos golpearon, pero el país no fue invadido, no estamos de rodillas. Creo, sin embargo, que hablar tanto del terrorismo y los terroristas equivale a caer en la trampa que nos tienden. De lo contrario estamos dando la impresión de que los terroristas nos ganaron porque sólo hablamos de ellos. Habría que actuar más, y hablar menos para no suscitar nuevas vocaciones en personas que van a creer que son héroes. Cuando se muestran en primera plana las fotos de los terroristas eso les gusta. Siento que hace falta una reflexión colectiva acerca de un poco más de discreción mediática y política y mucha más acción, acción subterránea. De lo contrario, los terroristas se dirán: pusimos a Francia de rodillas, hay que continuar. Los atentados terroristas provocan muchas muertes, pero no borrar del mapa a Francia o la Argentina.


–A este pesado y sangriento antagonismo se le ha adherido otro: el que Occidente tiene con Rusia, que también juega su propio juego en el mapa de Medio Oriente. ¿No cree usted que, en Ucrania y otras repúblicas rusas a las cuales la Unión Europea les ofreció acuerdos estratégicos, Occidente provocó a Rusia sin medir demasiado las consecuencias? El presidente ruso siempre dice que, tras la caída del Muro de Berlín, Occidente no cumplió con sus promesas frente a Moscú.

–Está claro que hay responsabilidades occidentales, incluso si esto no exonera a Vladimir Putin de las suyas. Yo diría que nos perdimos el momento decisivo para construir un nuevo orden mundial. El momento exacto de ese corte remonta la cumbre del grupo de los 7, el G7, que tuvo lugar en julio de 1991. El dirigente soviético de entonces, Mijaíl Gorbachov, había aceptado sancionar a su aliado iraquí votando a favor de la intervención militar en Irak tras la invasión de Kuwait. Gorbachov antepuso el nuevo orden mundial a la protección de su aliado iraquí. En esa cumbre del G7 Gorbachov vino a pedir una ayuda de urgencia.

Francia y Alemania estaban de acuerdo, Estados Unidos y Japón no. Ambos apostaron por el otro dirigente ruso, Boris Yeltsin. En ese momento, Gorbachov les dijo: "Ustedes no me dan la ayuda, es la última vez que me ven a la cabeza de la Unión Soviética". Creo que la enorme responsabilidad que recae en Estados Unidos es haber preferido ser el ganador de la Guerra Fría en vez de ser el constructor de un nuevo orden mundial. Por eso a Washington le convino mucho Boris Yeltsin, que era un dirigente débil, que no estaba a la altura de un país como Rusia. Washington pensó que era más útil desmantelar el comunismo y terminó reemplazando un de- safío nacional ruso por un de- safío ideológico. En este sentido, Vladimir Putin, si bien es muy impopular en Occidente, en Rusia tiene dos categorías que lo apoyan: el consumidor y los patriotas rusos, quienes ya no tienen ese sentimiento de humillación.


–Otro de los grandes temas de la actualidad es el acuerdo entre Irán y las potencias tendiente a superar el diferendo a propósito del programa nuclear iraní. Es un hecho de grandes proporciones que parecía imposible.


–Se puede pensar que el acuerdo firmado con Irán el pasado 14 de julio es bueno porque evita la perspectiva de ataques contra Irán y también un Irán nuclear. A partir de ahora, todo consiste en saber si Irán se va a servir de ese acuerdo para seguir desestabilizando a sus vecinos o calmarse. En cuanto al tema de Irán y la Argentina, ese tema sobrepasa el marco bilateral. Todas las revelaciones sobre lo que ocurrió deben ser divulgadas. Es difícil escapar a los debates nacionales sobre las cuestiones internacionales. Lo que si se debe evitar es que se comprometa una acción internacional para sacar ventajas políticas partidistas.

–Concluyo con un tema de geopolítica latinoamericana. Hay nuevas autoridades en la Argentina, país que usted conoce, y se dio todo un debate sobre las alianzas regionales más idóneas: por un lado el Mercosur, por el otro un lazo más fuerte con Estados Unidos, sus políticas de libre cambio, o con la a Alianza del Pacífico. Digamos una política con la brújula puesta en la región y otra en Washington.

–La Argentina no puede cortarse de su medio ambiente regional. Sería un error dramático y no conforme a sus intereses. Se trataría de un error ideológico y la Argentina sería la primera víctima. En cuanto a si hay que estar en medio de los dos, pienso que la Argentina debe tener, claro está, relaciones con los Estados Unidos, pero como es un país más latinoamericano no creo que los argentinos acepten aparecer como demasiado dependientes de Estados Unidos.


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¡BASTA! El terrorismo islámico empezó mucho antes la invasión de Iraq y el Jihad es un proyecto que se inició en el siglo VII

Basta de los superficiales, mediocres, perezosos artículos, seudo-análisis y columnas de opinión que pecan por arrogancia cuando no se esconden tras un sentimiento de satisfacción inconfesable al ver el Occidente golpeado contando sus civiles caídos.

Basta de los que a media palabra expresan una empatía, un fresquito con el actuar de Daesh por la simple razón que se atacan a los países industrializados y que confunden su deseo reprimido y revanchista contra Europa con una estrategia religiosa y obscurantista que asesina, degollá y lapida ante todo a sus propios semejantes. Hasta ahora, el 80% de las víctimas de Daesh son musulmanes no radicalizados pero su meta principal es acabar con el mundo judeo-cristiano incluyendo todos los autores y periodistas de confesión católica que claman que el Occidente "se la busco", que es "una civilización del terror", etc. La única razón por la cual no se sienten aun un blanco de Daesh, no se sienten en peligro, solo se explica por la lejanía geográfica a la expansión jihadista del Califato.


Porque la Colombia católica y apostólica, país bajo el Concordato con el Vaticano hasta la reforma constitucional de 91, sería un verdadero "manjar" para el proyecto planetario de Daesh de exterminio de los "infieles". 

 

Porque en un caso como este, los argumentos como "nosotros también somos oprimidos por el Occidente" o "somos hermanos de opresión" no les inmutarían por nada a los jihadistas y no les haría perder impulso a sus espadas afiladas.


Porque su guerra no es política, no es económico-estratégica ni geo-estratégica, ni colonial como nosotros la entendemos, seamos oprimidos u opresores. Su guerra pulveriza nuestra moderna lógica, proviene de otra dimensión: es radicalmente religiosa y profética. Es estrictamente basada entre el Bien o en el Mal. Entre el "buen" musulmán o el infiel, el herético, el Kafir كافر .


Porque el único proyecto de Daesh es crear una civilización religioso-jurídica que data del VII o siglo cumpliendo al pie de la letra con los preceptos de Mahomet. Convertir el planeta a un islamismo obsoleto que daría solamente dos opciones a cualquiera de nosotros: la apostasía o la degollación.


Una vez el planeta islamizado con sus más retrogradas prácticas dejando tras de ella montañas de degollados y ríos de sangre, una vez cumplida la "profecía", una vez el mundo vuelto un solo Califato, entonces se cumplirá la predicción del Apocalipsis, el fin de los Tiempos, la meta suprema por la cual Daesh está combatiendo.

 

 


El Apocalipsis será la Revelación y el Islam quedará implantado para siempre.


Y si existe una responsabilidad del Occidente en la expansión del Jihad, no es la de haberlo engendrado en reacción a su política económico-estratégica sino en haber sub-estimado su fuerza y su determinación, no haber tenido suficientemente lucidez, haber pecado por prepotencia al apostar oportunistamente sobre fuerzas locales que aprovecharon la consecuente destabilización de esta región para consolidarse y poner en marcha su obra sagrada.


El Occidente pateo la caja de Pandora cuya tapa se abrió y su contenido se derramo.


En cuanto a las acusaciones de "a que se fue el Occidente a hacer allá", respondería: a hacer lo que el mundo siempre hizo o sea expenderse, someter y explotar o controlar las riquezas del otro. Lo que el humano siempre hizo sea en micro o en macro. ¡Que más hizo el paramilitarismo en Colombia con su contra-reforma agraria! Que más hace un propietario que cambia de lugar y a su favor a los mojones de su vecino! Que más hace un empleado que descredita a su colega con el fin de tomar su puesto!


El humano así que comporta. Los grupos así se comportan. Los partidos políticos así se comportan. Y las naciones así siempre se comportaron.


¿Y porque así es, está bien hacerlo? ¡No!


Pero hasta ahora ninguna fuerza ni revolución logro imponer otro modo comportamental aunque hayan logrado tomar el poder siempre terminaron repitiendo lo que hacía el vencido usurpador.


Y si algún "purista" mantiene que esto no puede seguir siendo así, es inaceptable, comparto su sueño, pero le sugiero que sea coherente y primero renegué de su apellido sea Rodríguez, Gómez, González, porque son apellidos heredados de la sangrienta colonización del continente por la Corona española, que renegué de su religión católica que mato a miles de musulmanes durante las Cruzadas, que bote a la basura su celular, su computador, su tableta... porque llevan tierras raras que provienen del saqueo de países en conflicto, que bote también el anillo con diamantico de su novia o esposa porque pueden ser "diamantes de sangre", que bote su pasaporte con visa a los EEUU o a la Unión europea porque es vergonzoso fraternizar con el enemigo y pisar estos territorios que imponen a los demás su "civilización del terror", etc.

 

 


O que espere tranquilamente a que lleguen los jihadistas a su puerta para explicarles en una charla cordial su concepto de lo admisible y lo inadmisible en este mundo. Que espere el momento en el cual pondrá una balada en fondo musical y les abrirá amablemente una botellita de cerveza fresca y que en vez de recibirla, lo decapitaran enseguida por doble "Haram" (pecado capital), por escuchar música y tomar alcohol...


Lo que justamente hacían los 130 parisinos muertos y los demás 350 gravemente heridos cuando ocurrieron los ataques del 13 de noviembre.


Unos escuchaban música en la sala del Bataclan mientras otros comían y bebían alcohol en unos restaurantes y sus respectivas terrazas. Sin olvidar los primeros atentados de aquella noche, frente al estadio de Francia en la periferia de Paris porque para Daesh el deporte y el football también son Haram.


Una sala de música, un espacio donde se consume alcohol y otro donde se practica un deporte. No hubo equivocación o precipitación en la elección de estos lugares. Menos una reivindicación política, partidista, retórica, filosófica o analítica.


Solamente, tres lugares de inmoralidad y vicio... de Haram... y centenares de balas de castigo por haber violado la Sharía. Código de conducta de lo autorizado y lo prohibido.

Al·lahu-àkbar...

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Sábado, 21 Noviembre 2015 17:22

Guerra sin frentes

Guerra sin frentes

Cuando el presidente Françoise Hollande declaró el 14 de noviembre, unas cuantas horas después de los atroces atentados en París –hasta la fecha sobrepasan 130 muertos–, que se "trataba de un acto de guerra en contra de Francia", acreditó involuntariamente el otro lado de la moneda que el mismo Hollande se había guardado desde un año y medio antes. ¿O cómo llamar a los bombardeos indiscriminados que la aviación militar francesa emprendió desde 2014 contra las poblaciones de civiles que han sostenido –y que al parecer siguen sosteniendo– al régimen de Assad en Siria? Juntas, las fuerzas aéreas de Francia y Estados Unidos han infligido más de 70 mil "bajas" a estas poblaciones, que ni siquiera cuentan con el mínimo de defensas aéreas. Para Hollande, la masacre sistemática de civiles sirios (y libios y congoleses hace algunos años) no parecía representar (hasta hace una semana) más que un ejercicio de esforzada pedagogía para introducir "los valores de la democracia" en aquellas sociedades. ¿Por suerte de qué artilugio semántico se trata del "apoyo a la lucha por la libertad" cuando se devasta a la población siria y de un "estado de guerra" cuando la violencia llega a las calles de París? En principio, esta falta de equidad semántica oculta dos condiciones peculiares que, al parecer, conforman hoy la parte más sólida (e indivisible) de las formas de violencia sistémica que caracterizan a las potencias actuales.

 

La primera es la pregunta si Hollande creía realmente que encabezaba un "gobierno de nadie" (el concepto es de Hanna Arendt y fue rescatado recientemente en un trabajo de María José Velasco) que no debía hacerse responsable de sus actos en Siria frente a la población francesa. El resultado habría sido probablemente que (hasta el viernes pasado) un número considerable de franceses se habría opuesto a los bombardeos civiles en Siria.


Y la segunda condición es esa ecuación donde el terrorismo de organizaciones como Isis parece encontrar su exacta contraparte (y oportunidad) en la mentalidad gubernativa –la gubernamentalidad– cada vez más racista de ciertas élites europeas.


Por lo visto, cuando Occidente actúa se trata de una "guerra", con la legitimidad que el concepto vuelve disponible. Y cuando el islam ataca se vuelve siempre una conspiración "terrorista" concebida por "fanáticos" e "inhumanos". Por lo pronto, siempre hay que al menos dudar de las guerras que se llevan a cabo en nombre de la "humanidad", porque suponen que el otro forma parte de la esfera de las "bestias".


En efecto, el Isis es una organización de corte cuasi fascista que ha encontrado los mecanismos para sumar la desesperación de amplios sectores de pobladores en Irak y Siria al proyecto de construcción de un Estado que renegocie los términos de la globalización en la región, un Estado regido por la lógica no muy "teológica" del mercado y la extracción de recursos naturales. Y, sin embargo, no expresa más que la deriva de un largo proceso, que se prolonga durante más de dos décadas, en que los estados occidentales –a los que se ha sumado recientemente Rusia– se han dedicado a destruir sistemáticamente las condiciones mínimas –entre las cuales se cuenta la existencia de un Estado nacional– que hagan posible garantizar la formación de frentes que salgan al paso a la acción y la ampliación del fundamentalismo político.


En principio, las terribles escenas de París no parecen ser más que la versión perfeccionada y ominosa de lo que se inició el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. Una escena que no se cansa de repetirse a lo largo de estos años en Madrid, Londres, Indonesia, Malí... Y la pregunta sería qué es lo que ha hecho del choque terrorista (entre el Estado y las organizaciones siempre fantasmas) el factor dominante no sólo de las definiciones de la política internacional, sino de la propia política interior en las sociedades occidentales.


Al respecto, hay dos fenómenos que vale la pena resaltar.


El primero se encuentra en el itinerario que siguió la propia política europea a lo largo de este 2015. La primera parte del año fue definida por movimientos sociales como los de Grecia, España, Francia y Alemania, dedicados a imaginar cómo trastocar el orden social fraguado por los circuitos financieros. Y si la capitulación de Tsipras en Grecia y la mediatización de Podemos en España oscurecieron el problema, no así el cúmulo de iniciativas que los rodearon, iniciativas que están a punto de derribar al gobierno de Tsipras. Existen hoy en Europa sectores sociales que se encuentran ya en el umbral de ofrecer alternativas generales a esa construcción social regida por el discurso de la tecnocracia y los mercados.
En la segunda parte del año, el centro político se desplazó al tema de los refugiados. Toda la edificante tensión creada por la multiplicación de alternativas al sistema sucumbió frente a los lamentos humanitaristas de "salvar a los refugiados". La relación entre las dos partes es más que evidente. Europa se ha "americanizado" por la forma en que suprime lo que constituye el centro de su sociedad: el vértigo de lo político, suplantándolo con la amenaza siempre fresca de los "recién llegados".


En noviembre se abrió paso la culminación del segundo capítulo: la unificación brutal y súbita frente a la "amenaza del terrorismo". Unificación que va acompañada de las leyes de excepción más restrictivas desde la Segunda Guerra Mundial. Leyes dirigidas a inmovilizar a la propia población europea.


Hay, sin embargo, una ironía en todo esto: nadie puede dar un céntimo de credibilidad a un Estado que tiene –como el francés– aspiraciones expansionistas, si se presenta como víctima de su propia ineptitud.

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Sábado, 21 Noviembre 2015 08:01

Obnubilarse es perder

Obnubilarse es perder

Estamos asistiendo a un cambio de naturaleza de los conflictos internacionales. El adversario en este caso no es un Estado, por lo que no se puede seguir razonando en términos de diplomacia y enfrentamientos clásicos.


La intensidad de los procesos de radicalización yihadista alcanzó en Francia cotas sin precedentes, sobre todo entre jóvenes descendientes de inmigrantes musulmanes afectados por una explosiva combinación de insatisfacción existencial, privación relativa, odio inducido y crisis de identidad. Es una combinación entre estructuras sociales que fallan, recursos religiosos exacerbados y todo un argumentario que moviliza el repertorio de la opresión, de la injusticia y de la humillación entre una parte marginal de la juventud. Pensar que un ejército pueda hoy poner orden ahí donde el desorden viene de la descomposición social es un sinsentido.

 

Lo propio de la globalización hoy en día es que pone en relación entre sí a poderes fácticos (las multinacionales, las grandes empresas productoras de contenidos) y sobre todo a las sociedades. Y sí que es nuevo. Las redes sociales pasan a través de casi todas las fronteras. Vamos hacia un mundo donde lo intersocial probablemente se convierta en más importante que lo internacional. Las categorías de análisis deben ser renovadas: lo social y lo político están mezclados y no podemos seguir concibiendo la globalización sin una lógica de inclusión que no fabrique humillados.

 

Quizás una cuestión urgente es la reforma de las Naciones Unidas, para que funcione el multilateralismo a la luz de las nuevas realidades que enfrenta el mundo. Y es tarea de todos tratar de comprender de dónde viene esta "reivindicación social de la violencia", por qué estos llamados a la violencia tienen eco, adhesión y comprensión. Se está muy lejos de ello. Francia está ensangrentada y enlutada, pero los hechos inmediatos y coyunturales no pueden obnubilar la comprensión de las causas profundas que están detrás de ellos.

 

* Politóloga italiana residente en Montevideo. Formada en la Escuela de Ciencias Políticas (Sciences Po) de París.

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Sábado, 21 Noviembre 2015 07:43

"El EI es varias cosas a la vez"

"El EI es varias cosas a la vez"

"El EI es varias cosas a la vez, eso es lo interesante y dramático. Por un lado es una estructura militar eficaz. Controla mucho territorio, tanto en Irak como en Siria. Pero es, además, una estructura de asistencia social", dice en este entrevista el uruguayo Raúl Rosende, coordinador de ayuda humanitaria de la ONU en Siria.



P. ¿Dónde se encuentra actualmente?

R. En Gaziantep, al sur de Turquía, a media hora de la frontera con Siria. Antes estaba en Damasco, pero hay zonas en el norte a las que desde ahí no se puede llegar por falta de seguridad, y la onu abrió una oficina aquí. Viajo a Siria y a la región.

 

P. ¿Cuál es el trabajo de la oficina?

R. Básicamente coordinar la ayuda humanitaria que desarrollan las agencias de la Onu y las Ong. Coordinamos con los diferentes grupos y negociamos con el gobierno o con la oposición el acceso de la ayuda a las zonas más conflictivas, que es por lo general donde suele estar la población más necesitada.

 

P. ¿Tienen acceso a las zonas tomadas por el EI?

R. En general tenemos acceso a casi todo Siria, pero una de las zonas más difíciles es justamente la controlada por el EI. Son bastante renuentes a aceptar la ayuda de las Ong o de la Onu. En algunas zonas directamente no quieren que haya presencia internacional. En otras ponen límites muy grandes. Hubo casos de clínicas para mujeres y niños que intentaron convertirlas en clínicas para combatientes heridos. En esos casos las Ong dicen que no, y suspenden las operaciones en la zona. También hubo problemas grandes para vacunar. Con la guerra los servicios de salud han colapsado, y han resurgido enfermedades que estaban prácticamente erradicadas, como la polio.

 

P. Usted está en Siria desde 2012, ha visto surgir el Estado Islámico. ¿Cómo capta a sus integrantes?

R. El EI es varias cosas a la vez, eso es lo interesante y dramático. Por un lado es una estructura militar eficaz. Controla mucho territorio, tanto en Irak como en Siria. Pero es, además, una estructura de asistencia social. Trata de brindar servicios sociales para obtener el apoyo de la población, por eso disputan con las Ong. Además es una estructura económica. Ha hecho negocios que le depararon mucho dinero. En particular con el petróleo. Algunos estudios dicen que el 80 por ciento de la gasolina producida en el país viene de las zonas controladas por ellos. Y todo eso se da en el marco de grandes violaciones a los derechos humanos y un sistema de gobierno realmente muy duro y muy autoritario en las zonas que controlan.

 

P. ¿Podría describir la vida cotidiana en Siria hoy?

R. Depende del lugar. En Damasco, aunque parezca raro, si bien las condiciones ahora son más difíciles en lo económico, la gente va a trabajar, los comercios están abiertos. Pero en el resto del país la situación es muy mala. Los casos más dramáticos se dan en lugares que han estado sitiados, como barrios en la periferia de Damasco y algunos pueblos del norte que han estado cercados por el gobierno o la oposición. Esa gente está en las peores condiciones, en zonas relativamente pequeñas donde hay mucha violencia, muchos combates, y a la vez casi no hay ayuda, no hay qué comer, no hay asistencia médica, nada. En general te diría que lo cotidiano es la violencia, los ataques aéreos, lugares que han sido cañoneados, falta de abastecimiento, servicios sociales colapsados o mínimos... con respecto a la educación, se calcula que son millones los niños que han dejado de ir a la escuela. Entre el estado de guerra y las condiciones sociales la situación es terrible.

En las zonas del EI es aun peor. En general es un sistema de terror. Es muy difícil evaluar si tienen algún nivel de apoyo, porque nadie va a discrepar con ellos. El reclutamiento lo hicieron con eficacia. Una cosa interesante es que son un aparato propagandístico bastante fuerte. En las redes sociales, en el manejo de los medios electrónicos, son bastante modernos. Muchos dicen que el EI es medieval, en algunos aspectos sí, pero en otros es muy moderno, hasta posmoderno. A través de los medios, y siendo bastante eficaces en las comunicaciones, creo que han logrado reclutar también.

 

P. ¿Qué mensaje trasmiten?

R. Se presentan como la alternativa a una situación de caos. Frente a los otros actores, a los que acusan de ser malos religiosos y malos musulmanes, se presentan como los defensores del islam. En el marco de una guerra que genera mucha confusión, sobre todo a gente joven, con tantos grupos armados distintos, y el gobierno, el mensaje eventualmente puede ser bien recibido. Casi una generación de adolescentes y niños prácticamente lo único que han visto es la guerra. Ellos se presentan como una alternativa de estabilidad y pureza religiosa, que es un poco el eje de su narrativa.

 

P. ¿Hubo un recrudecimiento de la violencia a partir de los atentados en Francia?

R. Hay que tener en cuenta que esta guerra ha estado llevándose a cabo por cuatro años y medio, entonces la violencia y las matanzas colectivas son el pan de cada día para los sirios. Luego de los atentados hubo una intervención francesa en Racca, la "capital" del califato del EI, pero desde hacía varias semanas había un recrudecimiento del conflicto, sobre todo en la zona cercana a Alepo, la segunda ciudad más importante de Siria. Sólo en las últimas seis semanas 150 mil personas más han debido desplazarse, que se suman a los 6,5 millones de desplazados con anterioridad. Hay bombardeos de la fuerza aérea siria, y respuesta de la oposición. Y ahora está llegando el invierno, lo cual hace la tragedia mucho peor.

En los ataques han sido dañados muchos hospitales. En Siria vemos, como no hemos visto en otros conflictos en el mundo, el bombardeo muy frecuente, sistemático, a los hospitales y centros de salud. Entonces la ayuda a los nuevos desplazados también pasa por temas de salud, por reabrir los hospitales que han sido atacados, por preparar a la gente para el invierno.

 

P. ¿Ataques a los hospitales por parte de quién?

R. La mayoría de los reportes dicen que es por parte del gobierno, y en algunos casos que es la oposición al presidente Bashar al Asad.

 

P. Se estima en 100 por día el número de muertos civiles. ¿Es correcta esa cifra?

R. Sí. El número de muertos desde el comienzo de la guerra anda por los 250 mil, 230 mil, entonces se hace un cálculo y da alrededor de 100 por día. Son números terribles.

 

P. ¿Cómo evalúa el análisis que hace énfasis en el aspecto religioso del conflicto y lo plantea casi como un choque civilizatorio?

R. Yo lo evalúo como un conflicto muy complejo, donde hay muchos niveles. Se inició como un conflicto político, la oposición contra Bashar al Asad, pero a medida que pasó el tiempo se incorporaron otros elementos, y lamentablemente también hay sectarismo de parte de algunos grupos. El EI sería la expresión más concreta de eso.

 

P. ¿Cuál es a su entender la estrategia para terminar con el conflicto?

R. Hemos dicho siempre que acá se necesita una salida negociada, involucrando a la mayor cantidad de actores posibles, al menos el gobierno y la oposición moderada. Ahora hay intentos para lograr un acuerdo. Si se lograra habría mejores condiciones para combatir al EI. Lo claro es que hay que fortalecer la opción de una negociación. En la reunión de Viena hace unos días hubo una base de acuerdo en torno a una hoja de ruta que implicaría comenzar negociaciones directas entre oposición y gobierno en enero, tratar de negociar en la primera parte de 2016 un cese al fuego, luego discutir una reforma constitucional y eventualmente llegar en 2017 a elecciones. Es un principio de calendario que puede ser una esperanza en medio de todo el desastre que ha sido la guerra en Siria.

Publicado enInternacional
Viernes, 20 Noviembre 2015 17:35

Negras tormentas agitan los aires

Negras tormentas agitan los aires

Cuando se haga la historia de estos años quizás haya quien ubique lo sucedido el 13 de noviembre de 2015 en París como uno de los episodios más espantosos, trágicos y simbólicos de la "tercera guerra mundial por retazos".


Cuando dentro de un tiempo se haga la historia de estos años quizás haya quien ubique lo sucedido el 13 de noviembre de 2015 en París como uno de los episodios más espantosos, trágicos y simbólicos de la "tercera guerra mundial por retazos" que habría venido teniendo lugar desde bastante tiempo atrás; otros apuntarán marginalmente que había habido, unas semanas antes, un hecho aun más trágico, con casi el doble de muertos, pero que curiosamente no había provocado en el planeta una emoción similar a la parisina: más de 220 personas habían volado por los aires producto de una bomba colocada por un terrorista suicida en un avión ruso; otros afirmarán, como escribió en el semanario digital francés Obs el politólogo marroquí Omar Saghi, que los atentados de París, tal vez también el del avión ruso, fueron expresión de la "primera guerra civil intercultural de la historia". Y muchos serán los que repararán, como lo hizo el también parisino diario Le Monde este miércoles 18, en las llamativas similitudes entre la declaración de "guerra al terrorismo" de François Hollande el 16 de noviembre de 2015 ante el Parlamento francés y la que realizara 14 años antes George W Bush ante el Congreso de Estados Unidos después de los atentados del 11 de setiembre, en los que casi 3 mil personas fueron asesinadas. La declaración bushiana fue seguida de un bombardeo masivo de la aviación estadounidense y británica en Afganistán y fue el comienzo de una deriva que llevó por un lado a la implicación cada vez mayor de Washington y sus aliados en la desestabilización de Irak, de Libia y luego de Siria, y por el otro a una modificación de la legislación interna que desembocaría en la Patriot Act, un compendio "antiterrorista" que sería calificado urbi et orbi de "liberticida". De la "guerra contra el terrorismo" bushiana nacieron las cárceles clandestinas de la Cia en países del este de Europa y de Asia, remedo de los chupaderos latinoamericanos de las décadas anteriores, y nació Guantánamo como megaprisión extraterritorial ajena a cualquier control.

Las masacres parisinas a cargo de comandos yihadistas fueron seguidas de bombardeos de la aviación francesa sobre Racca, la "capital" del Estado Islámico en Siria, y del anuncio por Hollande de una "continuación" (porque el proceso en Francia ya estaba iniciado) de las reformas de las leyes nacionales en un "sentido antiterrorista", incluyendo la modificación de la Constitución para otorgar plenos poderes al Ejecutivo en ocasiones particulares e introducir la figura de "état d'urgence" (estado de emergencia). Nada hace prever por el momento que se produzca en Francia una deriva autoritaria parecida a la que se verificó del otro lado del Atlántico, dice Le Monde ("Hollande remarcó su apego al respeto del Estado de derecho, en un marco en el que la ley de inteligencia –ya aprobada– ha sido muy criticada por la prensa por su carácter liberticida"). Sin embargo, partidos a la izquierda del gobernante PS, al tiempo que defendieron el derecho del Estado francés a adoptar disposiciones para "defender a la población", afirmaron que ese riesgo está más que latente, y publicaciones como Le Monde Diplomatique, Médiapart y otras hablaron, por ejemplo, de la existencia ya, en Francia, de un estado de "ebriedad guerrera", "comprensible, visto lo acontecido, pero lleno de peligros".

En un estado de emergencia, la distinción entre el Estado y el ejército se disuelve, escribe la filósofa estadounidense Judith Butler, que estaba en París cuando los ataques. "La gente quiere una policía militarizada para protegerla", y en ese ambiente todo se simplifica al máximo. "A los que comentan los eventos tratando de distinguir las diferentes comunidades musulmanas, con su diversidad de posiciones políticas, se les acusa de buscar 'matices': el enemigo debe ser completa y totalmente aniquilado, y las diferencias entre los musulmanes son cada vez más difíciles de discernir en los discursos públicos."

¿Qué quedará de las libertades de que se gozaba cuando se acabe la guerra contra el terrorismo?, se preguntó el franco-español Ignacio Ramonet (La cafetera, radiocable.com, jueves 19). ¿O esa guerra se convertirá tan permanente en Europa como en Estados Unidos?

***

Ya ha habido represalias contra mezquitas y otros lugares de culto musulmán en Francia, y legisladores de derecha y extrema derecha pidieron, basándose en que uno de los kamikazes que operaron en Francia habría entrado desde Grecia "colado" entre los refugiados, que se suspendiera la acogida de refugiados en Europa. En Estados Unidos ya se hizo: ayer jueves la Cámara de Diputados votó parar el ingreso de sirios e iraquíes. "Son vectores de terroristas, con ellos lo que hay hacer es pegarles un tiro en la cabeza y listo", dijo en España un alcalde del Partido Popular. Y en Inglaterra, en países del este de Europa, en Alemania, creció por estos días la demanda de una "Europa libre de refugiados". Que haya algún que otro yihadista o varios entre la masa de 800 mil migrantes que inundaron Europa en estos meses obviamente que es posible, pero serían excepciones: es de ellos, precisamente, que los refugiados sirios, iraquíes, yemenitas y otros escapan, y sería muy difícil pensar que "avezados terroristas", con medios económicos en abundancia, se lanzaran a atravesar el Mediterráneo en esos barquitos de cartón o barcotes herrumbrados utilizados por los candidatos al refugio. Menos que menos con Kalashnikov, bazucas, fusiles y granadas a bordo. "Los inmigrantes no vienen para hacer atentados", dice el italiano Claudio Lo Jacono, experto en islam de la universidad de Nápoles L'Orientale y director de la revista Oriente Moderno (Página 12, jueves 19). "La mayoría es pobre gente que está buscando sobrevivir, escapan de la guerra y del hambre." Y las armas se encuentran fácilmente en Europa. "Las ametralladoras Kalashnikov, como esas que usaron en los atentados de París, ya no son construidas mayormente por Rusia. Hay una fábrica por ejemplo en Pakistán. Y no cuestan ni siquiera mucho, unos 500 dólares. Además está el mercado libre de las armas que florece al margen de las religiones y de las ideologías."

 

Nubes oscuras nos impiden ver

 

¿De qué guerra se estaría hablando?, se preguntó entre muchos otros (véase nota de Santiago Alba Rico, página 16) el historiador francés Etienne Balibar en el diario Libération (miércoles 18). Y apuntó: "Sí, estamos en guerra. O mejor dicho, estamos dentro de la guerra. Golpeamos, nos golpean" y vendrán, "lamentablemente, nuevos golpes". "No es fácil definirla, porque está hecha de varios tipos de guerras, acumuladas en el tiempo. Guerras de Estado a Estado (o a seudoestados, como el Daesh). Guerras civiles nacionales y trasnacionales. Guerra de 'civilizaciones', o que al menos se presentan como tales. Guerras de intereses y de clientelas imperialistas. Guerras de religiones y de sectas, o que así se justifican. (...) Surgida en parte de las intervenciones estadounidenses en Oriente Medio, antes y después del 11 de setiembre de 2001, esta guerra de ahora se intensificó con la continuación de esas intervenciones, en las cuales hoy participan Francia y Rusia, cada una con sus objetivos. Hunde igualmente sus raíces en la feroz rivalidad entre estados que aspiran a la hegemonía regional: Irán, Arabia Saudita, Turquía, incluso Egipto, y de cierta manera Israel –hasta ahora la única potencia nuclear de la zona–. En una violenta catarsis colectiva, precipita todas las cuentas no saldadas de colonizaciones e imperios: minorías oprimidas o privilegiadas, fronteras trazadas de manera arbitraria, recursos minerales expropiados, zonas de influencia en disputa, gigantescos contratos de armamento. Lo peor, acaso, sea que esta guerra reactiva milenarios 'odios teológicos': los cismas del islam, el enfrentamiento entre monoteísmos y sus sucedáneos laicos. La riqueza demasiado grande, la miseria demasiado grande. Pero cuando el 'código' de la religión (o de la 'contrarreligión') se apodera de estos conflictos, la crueldad puede exceder todo límite, al convertir al enemigo en anatema. Monstruos de barbarie han surgido, que se refuerzan por la locura de su propia violencia –como el Estado Islámico con sus decapitaciones, sus violaciones de mujeres reducidas a la esclavitud, sus destrucciones de tesoros culturales de la humanidad–. Sin embargo, otras barbaries aparentemente más racionales también proliferan, como la 'guerra de los drones' del presidente Obama (premio Nobel de la paz), de la que ya se sabe que mata a nueve civiles por cada terrorista." Balibar agrega: "En esta guerra nómada, polimorfa, asimétrica, las poblaciones de las 'dos orillas' del Mediterráneo son tomadas como rehenes. Las víctimas de los atentados de París, luego de las de Madrid (2004), Londres, Moscú, Túnez, Ankara, Beirut, con sus familiares y sus vecinos, son rehenes. Los refugiados que buscan asilo o encuentran la muerte de a miles en las costas de Europa, son rehenes. Los kurdos ametrallados por el ejército turco son rehenes. Todos los ciudadanos de los países árabes son rehenes, atenazados entre el terrorismo de Estado, el yihadismo fanático y los bombardeos extranjeros".

Lo Jacono recuerda que Europa, y Occidente en general, no puede sorprenderse de que cada tanto broten desde Oriente pléyades de candidatos al combate directo contra los "cruzados", evocando actuales humillaciones para recuperar antiguas grandezas. "Imperios como el francés y el británico en el curso de los siglos XIX y XX crearon un fuerte sentimiento nacionalista en aquellos que no querían ser gobernados ni asimilados por Occidente, especialmente desde que el mundo árabe descubrió el petróleo", y desde entonces cerca del 5 por ciento del mundo musulmán (unos 60 millones de personas) "nutre sentimientos de odio hacia un Occidente prepotente y en vías de expansión ideológica gracias a la globalización económica y cultural". De esa enorme masa que abonaría las huestes del fundamentalismo musulmán "habría en origen un núcleo duro de entre 50 mil y 100 mil personas dispuestas al enfrentamiento armado, a la vía yihadista". Cuanto más se humille a sus países, más se los expolie y más se los bombardee, más serán, dice el italiano.

Algunos operan en Europa. No se sabe cuántos. Cientos, varios miles. Los servicios de inteligencia europeos calcularon en unos 5 mil el número de personas dispuestas a partir a Siria e Irak a hacer la yihad, la guerra santa. Y eventualmente a regresar a Europa para atentar contra sus propios connacionales, como sería el caso de los comandos que operaron en París. "Se trata por lo general de jóvenes nacidos aquí, ya no de padres sino de abuelos inmigrantes, y que se han socializado en Europa. Y hay también entre ellos europeos no inmigrantes", dice el periodista David Thomson, autor de la investigación Los franceses yihadistas (Des Arenes, París, 2015). "Por algún motivo todos ellos han quebrado, han encontrado motivos 'objetivos' para su radicalización, han pasado en muchos casos por la cárcel, pero indefectiblemente para poder atacar de la manera que lo hicieron, los que actuaron en París han debido tener una estadía sobre todo en Siria, donde aprendieron a tomar distancia con sus connacionales." El sociólogo franco-iraní Farad Josrojavar, director de estudios en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París y autor del libro Radicalización, sostiene que entre los yihadistas son cada vez más los europeos de pura cepa. No necesariamente "pobres". "Hay aquí, sobre todo en Francia, bolsones de pobreza" en los que no cuesta tanto que prenda la mecha de alguna "causa colectiva que permita la superación del estigma de la marginalización", pero entre 25 y 30 por ciento de los que han partido a Siria pertenecen a sectores medios, y el porcentaje de mujeres entre ellos es alto (Libération, miércoles 18). Por insólito e inentendible que parezca a primera vista, el EI les da un marco, y los capta operando no ya en los lugares de socialización "clásicos" de las comunidades musulmanas sino a través de las redes sociales. Thomson, que en su libro entrevistó a una veintena de jóvenes franceses partidos a Siria, dice que casi todos ellos "aprendieron el islam versión EI a través de Internet, lejos de las mezquitas y a espaldas de sus familias". Pocos son los que le prestan atención en Europa a este fenómeno, que "complejiza aun más las cosas" (véase también entrevista a Dante Matta, páginas 14 y 15) y hace "más difícil el combate al yihadismo de entre casa", apunta Josrojavar. "Hay que tener en cuenta, además, que prevenir nuevas acciones del tipo de las de París será extremadamente dificultoso. Operan en pequeños comandos, se mueven en cofradías, y están dispuestos a inmolarse. Ningún estado de emergencia detiene a un suicida."

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¿Por qué Francia? Por nuevos y viejos odios, por su pasado colonial y por su presente belicista (la aviación francesa no sólo bombardea desde el año pasado los feudos yihadistas en Irak y en Siria sino que intervino en Libia y también en Mali y en República Centroafricana, contra otros grupos de cuño similar al EI). Pero también porque Francia representaría "lo más abominable para la ideología wahabita que inspira al yihadismo: uno de los estados más radicalmente laicos del planeta, a menudo hasta la intransigencia, y una sociedad abierta asimilada a una tierra de perversión" (Médiapart, miércoles 18). Los atentados del viernes 13 tomaron como blancos sitios simbólicos de esa "sociedad abierta", "de cruce" o multicultural, como boliches, salas de espectáculos, estadios, apunta el investigador Pierre Jean Luizard. "En los barrios atacados se puede ver a jóvenes franceses fumando y bebiendo y socializar con otros que van a la mezquita. Fue sobre todo eso lo que el EI pretendió quebrar", para forzar una reacción agresiva de la sociedad francesa y a un repliegue sobre sí mismos de los musulmanes, primer paso en su camino de "retorno a las fuentes", es decir de su regreso a las "tierras originales" del califato.

Ante la excepcionalidad radical que representaría el Daech (así le dicen al EI en Francia), ¿qué hacer? ¿Se puede extirpar de raíz, con bombardeos más o menos quirúrgicos a un movimiento que por algo nació, que por algo creció, que por algo se expande? Al yihadismo se lo puede vencer, claro que sí, dice Lo Jacomo, pero probablemente no por medios militares. Seguramente no por medios militares, apunta Balibar. No sólo por medios militares, cree Luizard. La ideal del final para el italiano: "Habrá bombardeos pero no creo que de por sí puedan resolver el problema, a no ser que se haga una guerra terrestre que llevaría a muchas muertes y que ni Estados Unidos, ni Francia ni el Reino Unido quieren hacer. Yo creo más en una respuesta que puede producirse a largo plazo, es decir, un cambio de la política internacional de Occidente. (...) Cambiar la política exterior significa cambiar el cerebro. Esa sí sería la respuesta definitiva. No se puede combatir a un terrorista que reclama por las injusticias en el mundo si se sigue siendo injusto. Encontrar una línea de política justa, tanto económica como cultural, sería la línea justa. Pero estos son cambios muy lentos, que pueden insumir generaciones".

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