¿Cuántas clases medias caben en la clase media?

Es cada vez más común que todo lo que acontece políticamente se explique en torno a una creciente y omnipresente categoría, "la clase media". Este término monopoliza la mayoría de interpretaciones posibles a la hora de justificar los comportamientos sociológicos y políticos, y por supuesto, las preferencias electorales. Seguramente por comodidad y simpleza, da igual lo que suceda, porque todo tiene argumentativamente a la clase media como factor común.

En estos últimos años se han sucedido importantes fenómenos políticos aparentemente inesperados y novedosos en América Latina: la llegada de AMLO al gobierno de México con una amplia mayoría, la victoria electoral de Bolsonaro en Brasil, las protestas sociales en Chile y Colombia, también la imposibilidad de Lenín Moreno de dar estabilidad a Ecuador, el fin de Macri en Argentina a manos de la propuesta progresista de Alberto y Cristina, la derrota del Frente Amplio en Uruguay, y cómo no, el golpe de Estado en Bolivia. Estos hechos políticos y/o electorales han sido explicados recurrentemente y en gran medida por un mismo grupo económico y social, el de la clase media.

Si tanta capacidad explicativa tiene, lo pertinente sería comenzar por preguntarse qué es exactamente eso de la clase media. Para ello, debemos partir de dos premisas básicas, que de no considerarlas podríamos llegar a sesgar cualquier interpretación posterior.

  1. La clase media no es un bloque monolítico ni homogéneo.

Según la Cepal, el estrato medio aumentó de 136 millones a 250 millones de personas entre 2002 y 2017 en la región latinoamericana. Sin embargo, no todos esos millones de personas son idénticas. No lo son en su capacidad eco­nómica ni tampoco en su lógica ­aspiracional.

La mayoría de los organismos internacionales, en las últimas décadas, ya subclasificaron esta categoría tan amplia. A veces usan términos como el "media-baja" y "media-alta"; o incluso aparece una nueva categoría que es esa de casi clase media, bautizada por el Banco Mundial para denominar a quienes están justo un poco por encima del umbral de la pobreza, pero que son susceptibles de regresar en cualquier momento a ser pobres.

No obstante, esta desagregación tampoco es suficiente para captar la gran heterogeneidad existente dentro de estos 250 millones de personas que viven de manera muy diversa en Latinoamérica. En esa categoría hay dinámicas completamente contrapuestas. Por ejemplo, no es lo mismo aquella familia que luego de años llega a tener niveles (de educación, trabajo, salud, propiedad, ingresos) de clase media que otra que estuvo siempre en ese nivel. Como diría Álvaro García Linera, no tiene nada que ver la clase media de origen popular en Bolivia –que, según encuesta Celag es con la que se autopercibe un tercio de la población– con la clase media tradicional (que es media no por densidad sino porque se encontraba en medio de una clase baja multitudinaria y otra clase, alta y muy reducida). Tampoco tendría ningún sentido equiparar la clase media recién llegada con aquella que fue alta, pero que acabó siendo clase media por múltiples razones económicas, sociales o políticas.

Es por ello imposible tratar por igual a un grupo tan diverso en su capacidad económica, en sus niveles educativos, en sus hábitos culturales, y más aún si queremos hacerlo en relación con su lógica aspiracional. Si bien hay un "comportamiento imitador" de aquella ciudadanía que asciende y mejora, no es verdad que las aspiraciones sean las mismas con aquella otra porción de la clase media que desea ser alta; o con aquella otra que tiene tradición histórica de pertenecer a ese grupo social, con usos y costumbres arraigados, sólidos, que hacen que la subjetividad se diferencie de los ciudadanos que aún están en esa fase de movilidad social y siempre con una sensación más bien de tránsito, del "querer llegar a ser".

  1. La segunda premisa es que la clase media no puede ser un concepto ­importado.

No se puede trasladar ahistóricamente la concepción de clase media eu­ropea a Ecuador, ni la de Argentina a Bolivia, ni la mexicana a Chile. Cualquier "epistemicidio", como diría Boaventura De Sousa, para sustituir una episteme externa por la propia suele hacer mucho daño en cualquier análisis. Con la clase media esto es lo que sucede constantemente. Es frecuente presuponer que los comportamientos de la clase media son similares en todas partes, como si no hubiera historia específica de cada país y, mucho peor, como si la distribución del ingreso fuera la misma en cada lugar. Por ejemplo, no podemos comparar de ninguna manera aquella distribución en un país cuya clase media es multitudinaria con aquel otro en que su clase media es una pequeña porción entre dos jorobas: una gigante conformada por la clase baja y la otra, la clase alta, muy reducida. La subjetividad de una u otra de ningún modo podría ser la misma. Existe siempre un "relativismo" en la construcción de la subjetividad de esa clase media basado en cómo te observas en relación con el otro, con los de abajo y con los de arriba. Incluso, estadísticamente, la misma clase media identificada con indicadores "objetivos", como el ingreso o consumo, también tiene un componente relativista que es determinante.

Por tanto, por una u otra razón, es necesario que cuando hagamos referencia al desafío de sintonizar con la clase media entendamos que no hay una única clase media, sino que son muchas las variedades dentro de ese gran grupo tan complejo. Hay clase media que recién llega y que, además, lo hace por muy diferentes vías; hay clase media de toda la vida; clase media que es más alta que media; clase media que siempre está en riesgo de dejar de serlo. Hay clase media en lo económico que a su vez es distinta según su capacidad económica sea con base en ingresos, herencia, consumo o endeudamiento. Pero no todos los matices diferenciadores proceden de lo económico, porque también hay clase media en lo cultural, en lo simbólico, en el poder político, y sin descuidar tampoco el componente país o, a veces, el regional. La clase media guayaquileña tampoco es la misma que la quiteña; ni la boliviana del El Alto a la de Santa Cruz. En definitiva, ante tanta variedad de "clases medias", habrá que considerar multiplicidad de lógicas aspiracionales y sentidos comunes.

Por ello debemos "cuidar" el modo de querer atraerla e incorporarla al proyecto político progresista, porque no siempre existe una única manera de hacerlo. Se requiere mucho más bisturí que brocha gruesa. Es más, resulta imprescindible comenzar a analizar e identificar las disputas y tensiones que se dan dentro de este gran grupo social, porque seguramente de ello dependerá buena parte de la sostenibilidad de una propuesta política. Sería un gran error confundirse de objetivo, porque seguramente satisfacer a una clase media es mucho más fácil que a todas las clases medias que caben en ella.

Por Alfredo Serrano Mancilla, director Celag

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Hardt y Negri: ‘Asamblea’, o cómo cartografiar los últimos ciclos de luchas (I)

Tomando como punto de partida Asamblea, el título más reciente de Hardt y Negri, recorremos la producción conceptual con la que ambos autores analizan los últimos ciclos de luchas.

Ahora que se cumplen dos décadas desde la publicación de Imperio (2000), Michael Hardt y Antonio Negri completan con su última obra, Asamblea (2019), el análisis que durante estos últimos años han llevado a cabo sobre las resistencias y los contrapoderes capaces de poner en cuestión los intentos del capitalismo por monopolizar las relaciones políticas, sociales y económicas.

El recorrido de los autores comienza así con la entrada del nuevo milenio, no solo analizando sino también acompañando el ciclo de luchas surgido alrededor del movimiento por una globalización alternativa, en el marco del capitalismo en fase avanzada y en plena ofensiva e intento de expansión del modelo neoliberal. Unos años más tarde, y ante la necesidad de poner el foco sobre las alternativas que se pueden dibujar ante un poder que se pretende imperial, los autores saludarán en Multitud (2004) la formación de una nueva subjetividad colectiva atravesada por la heterogeneidad y con un potencial creativo capaz de descentrar las formas de atribución de valor propias de la extracción capitalista. De la misma manera, siguiendo en esta línea de destituir las relaciones propias del capitalismo para constituir un nuevo orden de relaciones a todos los niveles, en Commonwealth (2009) los autores trabajarán sobre el concepto del común como espacio ontológico propio de la multitud y en el que esta subjetividad, esta inteligencia colectiva, es capaz de dar lugar a nuevas formas de riqueza encarnadas en el ámbito de la producción material y, en general, en la creación de formas de vida.

De esta manera, y después de elaborar en Declaración (2012) una crónica urgente sobre la ola de revueltas que emerge en 2011 en distintas partes del mundo ―de las primaveras árabes al 15M, pasando por Occupy Wall Street―, en Asamblea los autores llaman la atención sobre la necesidad de analizar los problemas de organización que surgen alrededor de los movimientos sociales y políticos, así como de encontrar formas de articulación para las nuevas relaciones que, en cada nuevo ciclo de luchas, desde principios del siglo XX ―y aun antes, si orientamos el punto de referencia hacia acontecimientos como el alzamiento zapatista― se han dado como alternativa al orden impuesto, a escala global, por el sistema capitalista.

En este sentido, con Asamblea se trata de poner a trabajar la producción conceptual a la que han dado lugar Hardt y Negri a lo largo de la serie de textos precedentes, cerrando así una línea de análisis que nos permite recorrer la línea roja ―en ocasiones latente y subterránea― de las revueltas que durante las últimas décadas han puesto en duda la estabilidad sistémica neoliberal. De esta manera, poniendo el foco en las experiencias concretas de los movimientos sociales, así como en las nuevas formas de actividad orientada a la producción de valor, Asamblea sistematiza un conjunto de respuestas a la principal cuestión que atraviesa tanto la obra conjunta de los autores como la importante producción anterior de Negri, y que se puede analizar a través de dos ejes entrelazados: el problema de la organización de las luchas, si miramos hacia el interior de los movimientos políticos y sociales; y el problema de la institución, si miramos hacia el exterior, hacia la conformación de las relaciones en el campo social.

Abordamos, en este texto, el marco en el que los autores desarrollan su obra, con el fin de explicitar desde qué posición tratan Hardt y Negri de pensar el presente. Para una segunda entrega, reservamos el análisis de los dos ejes que acabamos de mencionar: el relativo a las líneas de organización, con las que dotar de mayor fortaleza a las luchas, y el relativo a la creación institucional bajo premisas disimétricas a las del poder capitalista.

Nuevos ciclos de luchas, nuevos instrumentos para el análisis

Los elementos que acabamos de apuntar aparecen como resultado de un proceso de renovación del cuerpo teórico y de los mecanismos de intervención del marxismo. Por esta parte, Asamblea se expresa de manera explícita ―como se puede ver en los apartados titulados “Debates marxistas”― y, de manera más o menos clara, en los demás capítulos. Los autores inciden, con este trabajo de actualización del análisis y de las prácticas marxistas, en lo que constituye una constante en su producción. Asimismo, en la obra de Negri, con títulos como Los libros de la autonomía obrera (1970-1978) o Marx más allá de Marx (1979) ―así como en la trayectoria militante del autor, cuya experiencia se puede seguir en grupos como Potere operaio o Autonomia―, se encuentra también presente la necesidad de recuperar, desde una lectura abierta y crítica, los principales elementos con los que el marxismo ha analizado las relaciones de producción y de poder dentro del sistema capitalista.

Por este lado, si bien en las últimas décadas las condiciones en que se dan los procesos de producción han mutado, al mismo tiempo que lo han hecho los medios necesarios para la creación de riqueza, la explotación sigue presente como signo ineludible de la expropiación que el poder capitalista lleva a cabo sobre la sociedad en su conjunto. Como señalan los autores de manera clara en Asamblea, este proceso de privatización de los beneficios que lleva a cabo el capitalismo tiene en la actualidad un carácter abiertamente parasitario, en la medida en que el tipo de actividades que se realizan ya no necesitan, en muchas ocasiones, ni de la organización ni de los medios que antes disponía el capitalista.

El poder de mando global se ejerce ahora sobre procesos de producción de tipo intelectual, afectivo ―en un sentido amplio― con capacidad para funcionar de manera cooperativa y autónoma. A esto se refieren Hardt y Negri cuando recuerdan los cambios que han llevado, a partir del año 68, a la constitución de una nueva fuerza de trabajo cuya producción solo se puede entender en términos sociales y desde la cooperación colectiva, y que surge como resultado del declive progresivo del obrero masa propio de la producción fordista y del obrero especializado propio de la gran industria. Asimismo, el avance de las nuevas tecnologías y su aplicación a los procesos productivos ―cuyo ejemplo más destacado se encuentra en la robotización o la toyotización de las actividades― ha provocado un cambio sustancial en las luchas: si las posibilidades de éxito por parte del movimiento obrero se encontraban en un principio en la capacidad por hacerse con los medios de producción, el tipo de trabajo que se desarrolla en la actualidad implica que en muchas ocasiones la fuerza de trabajo disponga de los medios necesarios, no solo para llevar a cabo su actividad sino, además, para hacerlo sin necesidad de intermediación alguna. Hardt y Negri toman como punto de partida el análisis que expone Marx en los Grundrisse sobre la mecanización de la producción, alertando del peligro de caer en planteamientos ingenuos respecto de la tecnología. Dicho de otro modo, la liberación del proletariado no depende tanto de los avances tecnológicos como de la capacidad de apropiación que muestre sobre estos avances y sus potencialidades productivas.

De hecho, las posibilidades de supervivencia por parte del sistema se encuentran en buena medida ligadas a su capacidad de conformar, de manera estructural, un modelo de subjetividad compatible con las exigencias del gobierno neoliberal. Siguiendo las huellas del análisis que lleva a cabo Foucault sobre el poder, Hardt y Negri parten así desde una concepción de carácter biopolítico. El poder se cierne sobre la vida en su conjunto en la medida en que no trata solo de incidir en sentido extensivo, ocupando la totalidad del territorio, sino también en sentido intensivo, es decir, mediante la conformación del medio y de las subjetividades que lo han de habitar. El poder capitalista, si bien necesita mantener centros de mando e instaurar ciertas jerarquías, se distribuye así de forma inmanente. Con esto el sistema no solo trata de determinar las relaciones de producción ―lo que el marxismo clásico entiende por el ámbito de la infraestructura― sino también, y de manera acompasada, las relaciones de reproducción ―lo que desde la perspectiva marxista clásica se inserta en el ámbito de la superestructura―.

En en este contexto, la ley del valor ya no solo debe captar las relaciones que se dan entre los muros de la fábrica y, por tanto, en espacios de tiempo delimitados y sobre unidades simples de producción, de carácter objetivo y susceptibles, por tanto, de ser contabilizadas en términos de valor de cambio. La huella de la explotación sobre la actividad de la fuerza de trabajo, tal y como quedaba albergada en la mercancía, resulta, así, cada vez más tenue para el análisis. De esta manera, un análisis sobre la ley del valor que trate de responder a las condiciones del contexto actual, debe captar el resultado de la extracción de beneficios que el capitalismo lleva a cabo a gran escala, sobre el conjunto de las relaciones que constituyen el campo social, sin límites en el tiempo y en un espacio abierto para la acción. Por decirlo con el “Post-scriptum sobre las sociedades de control” de Deleuze, que los autores citan en más de una ocasión, el análisis sobre el valor producido y su alienación se debe dar en un contexto en el que la vieja fábrica deviene al fin alma empresarial, capaz de propagarse por la sociedad en su conjunto. Esto es, en definitiva, lo que Hardt y Negri definen como la subsunción ―por absorción, colonización, captura― real de las formas de vida por el capital.

Nuevos ciclos de luchas, nuevos objetivos

En todo caso, los autores rechazan la determinación teleológica, finalista que la dialéctica clásica reserva para los cambios en la sociedad. En términos eminentemente materialistas, para Hardt y Negri solo las relaciones que se dan en el campo social, así como la capacidad de orientación y organización de las rupturas y los acontecimientos que se liberan con cada nuevo ciclo de luchas, pueden decidir el alcance de los procesos de cambio. De la misma manera, teniendo en cuenta el contexto biopolítico y la necesidad por parte del sistema capitalista de eliminar todo espacio de exterioridad, los autores rechazan que sea la confrontación directa con el poder de mando el único motor de las transformaciones sociales. Esto no implica abandonar el antagonismo como elemento alrededor del cual explicar las relaciones de fuerza en el seno de la sociedad. De lo que se trata es de entender tal antagonismo en términos positivos, de creación de alternativas, y no solo desde la necesidad de combatir de manera frontal los embates del poder.

En este sentido, si bien en muchas ocasiones es necesario crear diques de contención frente a la violencia que se genera desde los poderes establecidos, o que segregan los grupos de extrema derecha, a medio y largo plazo se trata de abrir espacios que escapen de la influencia del sistema; espacios que, en todo caso, no se deben configurar desde la pureza de las identidades políticas, como reductos para una minoría militante, sino como territorios amplios en los que articular las distintas singularidades que caen bajo las exigencias del sistema y que, al mismo tiempo, pueden vivir bajo parámetros de relación y de producción que dejen atrás la explotación neoliberal.

Es de esta manera que cabe entender nociones como la de éxodo, en este caso por el lado de la construcción de subjetividades subversivas y, pues, desde la posibilidad de conjugar las resistencias con la creación de alternativas. De manera más exacta todavía, se trata de hacer que las resistencias constituyan en sí mismas, al menos de forma germinal, un indicio sobre las relaciones que se pueden articular más allá del radio de acción del modelo neoliberal. Como se puede leer en distintas partes de su obra, los autores recuerdan la afirmación de George Jackson, miembro del partido Black Panther, que exhortaba a no olvidar tomar un arma antes de emprender cada nueva huida. Este elemento supone, de hecho, una de las líneas que Hardt y Negri no han dejado de explorar a lo largo de su producción: la utilización de la fuerza en sentido democrático y, así, como una forma de combatir los efectos negativos que el modelo neoliberal inocula, de manera estructural, sobre la población en su conjunto. Pero sobre todo, así se puede entender la importancia que conceden los autores a las acampadas que surgieron alrededor de las protestas de 2011 y que sirvieron para poner en duda las bases del sujeto que el neoliberalismo ha construido los últimos tiempos, contando con los materiales que disponen los medios de comunicación de masas, los instrumentos de control avanzado, la deuda como mecanismo de alienación de la riqueza o el modelo representativo en el ámbito de la decisión política.

Hardt y Negri recuperan, pues, para su última obra uno de los aspectos principales de su pensamiento: la prioridad ontológica de las luchas y la producción de los movimientos sociales y políticos sobre los intentos de control y extracción de beneficios que pone en juego el poder capitalista. Esto coincide con la afirmación radical de la inmanencia que los autores reivindican en el conjunto de su producción. Siguiendo en este caso los pasos de Spinoza ―y de la lectura que lleva a cabo Negri sobre la obra del autor de la Ética en La anomalía salvaje (1981)―, la constitución ontológica del ámbito de lo social depende de unas composiciones de cuerpos determinadas ―atravesadas por un conjunto de discursos―, entre las cuales circulan una serie de afectos de distinto tipo. En definitiva, la acción de la multitud tiene la capacidad de dar lugar a la vida en su totalidad; de la misma manera que el capitalismo, en la medida en que incide sobre la vida extrayendo y privatizando la potencia creativa de la multitud, se define en última instancia como un poder de muerte. La distinción propia del marxismo entre el trabajo vivo ―por el que el proletariado crea un conjunto de relaciones capaces de transformar la realidad― y el trabajo muerto ―por el que el capitalista extrae la plusvalía―, resuena así en el análisis que llevan a cabo los autores. Al fin y al cabo, como recuerda Negri en una de las entrevistas que ha concedido con motivo de la publicación de Asamblea, “ya no podemos seguir moviéndonos sobre la base de una crítica que no sea colorida, que no esté cargada de los sabores de la vida”.

Por Miquel Martínez  / Josep Artés

Profesores de Filosofía


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2020-02-07 10:00

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Una grupo de personas sin trabajo, a las puertas de una feria de empleo en Río de Janeiro. Mario Tama

 La OIT enciende una "señal de alarma" sobre el presente y el futuro de "millones de jóvenes que no encuentran oportunidades". Uno de cada cinco busca trabajo y no lo encuentra

El estancamiento económico de América Latina hace mella en su mercado de trabajo y se ceba con el segmento más joven de la población. El desempleo entre los menores de 25 años —junto con la informalidad, el gran caballo de batalla de los países de la región en los últimos años—, se ha convertido en “un rasgo estructural de las economías”, según el Panorama Laboral de América Latina y el Caribe publicado este martes por la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Son varias las señales de alarma en este flanco: la tasa de desocupación juvenil creció en tres décimas en 2019, hasta el 19,8%, el triple que la de la media de la población adulta —en otras palabras: uno de cada cinco menores de 24 años que busca trabajo no lo encuentra— y el máximo desde el año 2000, cuando se empezaron a publicar datos agregados; y la mayoría de quienes sí están contratados sufren condiciones precarias: informalidad, salarios bajos en relación con el coste de la vida, escasa estabilidad en el empleo y sin apenas programas formativos por parte de su empleador.

 “Queda claro, a la luz de las estadísticas de este año, cuán difícil es ser joven en Latinoamérica y el Caribe”, señala el organismo dependiente de Naciones Unidas. En el año recién terminado, el aumento en la desocupación juvenil arrastró consigo la tasa general, mientras que en el colectivo de 25 años o más se mantuvo estable. “Esto debe ser una señal de alarma en la medida en que amenaza el presente y el futuro de millones de jóvenes que no encuentran oportunidades de empleo y cuyas aspiraciones de movilidad social se ven truncadas. (…) A la luz de la ola de protestas en diversas ciudades de la región, se requieren acciones inmediatas e inclusivas”, apremia la OIT. “La crisis de expectativas que se vislumbra en la región demanda acciones urgentes”. El empleo juvenil se contrajo en 11 países que representan casi el 90% de la fuerza de trabajo ocupada en la región —Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, México, Paraguay, Perú y Uruguay—.

Los grandes números ayudan a comprender la magnitud del problema: en la región viven 110 millones de personas de entre 15 y 24 años, una cifra que se ha triplicado desde la década de los cincuenta del siglo pasado. Y estos jóvenes, a pesar de haber recibido una mayor educación que las generaciones previas —en buena medida porque nacieron y crecieron en una época marcada por el crecimiento económico, mientras duró el auge de las materias primas—, enfrentan una inserción en el mercado laboral caracterizada por "una elevada precariedad". De los que trabajan, seis de cada diez lo hacen en la informalidad, y el 22% ni estudia ni tiene empleo (los llamados ni-nis), "una situación que es aún más crítica entre las mujeres".

Leve aumento de la desocupación general, que podría ser mayor

Con el crecimiento económico latinoamericano encadenando revisiones a la baja con el paso de los meses —a cierre de 2018 el FMI preveía el 1% para 2019 y todo apunta a que esta cifra acabará superando por muy poco la barrera del 0%—, la tasa de desocupación borró la mejora registrada en 2018 y pasó del 8% al 8,1%. Esa es, sin embargo, una estimación “conservadora” —apuntan los técnicos del organismo con sede en Ginebra— que podría aumentar “si se confirma el impacto de los movimientos de protesta que irrumpieron en la región en los últimos meses de 2019 y la creciente presión que genera una situación económica de incertidumbre”. A cierre del ejercicio, 26 millones de personas en la región buscaban empleo sin éxito.

Con todo, la paleta de colores con la que está pintado el cuadro laboral latinoamericano dista mucho de ser homogénea: el Caribe angloparlante logró una reducción de 0,5 puntos porcentuales en la desocupación, los países del Cono Sur (Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay) registraron también una caída mínima, Centroamérica sufrió un aumento del 0,2% en el desempleo y las naciones andinas (Colombia, Ecuador y Perú), del 0,5%.

2019 fue un año malo en lo laboral para el conjunto de la región, pero el futuro no apunta hacia un entorno mucho mejor. A la vista del “crecimiento lento” (1,4%) proyectado para la economía de América Latina y el Caribe por la media de los organismos internacionales, la OIT avisa de la alta probabilidad de que la demanda laboral se vea golpeada y presione al alza la tasa de desocupación hasta el entorno del 8,4%, tres décimas más que a cierre del año pasado. De cumplirse ese pronóstico —y sus técnicos no suelen pasarse de pesimistas—, 2020 terminaría con 27 millones de latinoamericanos buscando empleo.

Informalidad y salarios al alza

Aunque el estudio de la OIT no ofrece datos concretos de evolución de la informalidad, sus firmantes sí vinculan el menor crecimiento del empleo asalariado respecto al de por cuenta propia registrado el año pasado con “una tendencia al aumento” de los empleados que no tienen un contrato de trabajo ni las prestaciones de ley. Sí dan cuenta con certeza sobre el incremento del subempleo (personas que trabajan menos horas de las que desearían) en prácticamente todos los países del área, “resultados que redundan en la precarización relativa de los empleos creados en 2019”.

El contrapunto lo ponen el salario medio y el salario mínimo. El primero creció en 2018 —aún no hay datos para 2019—, aunque con divergencias entre los diferentes grupos de trabajadores: creció más en el sector público y en el caso de los empleados domésticos que en el de los asalariados del sector privado. Por sexos, las percepciones de las mujeres subieron más rápido que las de los hombres, reduciendo —aunque solo “de forma paulatina”— la brecha salarial. En cuanto al salario mínimo, las políticas de recuperación puestas en marcha en 14 de los 16 países analizados por el organismo —y, muy especialmente, en México, donde el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha impulsado una revaluación sin precedentes—, resultaron en un incremento total de cerca del 4% en el año recién concluido, el doble que en el lustro 2013-2018. Es la mejor noticia que deja un Panorama Laboral para América Latina y el Caribe acorde al estancamiento económico regional: crecer es condición sine qua non para crear empleo.

Por Ignacio Fariza

Madrid 28 ENE 2020 - 12:02 COT

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Empleados en una oficina bancaria. E.P.

Un estudio sobre el "estado del poder" analiza la naturaleza cambiante de las corporaciones y pregunta cómo se podría enfrentar mejor su poder y construir alternativas.

Con el fin de minimizar su responsabilidad, 50 de las empresas con más ganancias en el mundo emplean únicamente a un 6% de los trabajadores de forma directa. A estas conclusiones ha llegado el informe State Of Power 2020, elaborado por The Transnational Institute (TNI). El estudio analiza cómo las corporaciones dominan la economía, distorsionan la política y remodelan la sociedad.

En esta línea, la investigación hace hincapié en cómo las empresas se han ayudado entre sí para construir una estructura legal internacional que actúe en su beneficio. Así, los estados han firmado 2.658 acuerdos de inversión internacional para proteger a las grandes empresas y estas han utilizado los derechos adquiridos mediante estos acuerdos para demandar a los estados hasta 942 veces.

En los diferentes ensayos se analizan también los cambios que se han dado en las grandes corporaciones. Por ejemplo, uno de los textos analiza cómo se han incorporado a los planes de empresa los compromisos de responsabilidad corporativa, en la línea de la sostenibilidad y de lo social. Ante este supuesto, el profesor Joe Bakan sostiene que la "nueva corporación" es "probablemente aún más peligrosa" que su predecesora.

El informe también analiza cómo las grandes empresas convierten los datos en capital. Dada esta situación, las autoras Anita Gurumurthy y Nandini Chami inciden en la necesidad de que los movimientos sociales comprendan el poder de "los datos en red" para cambiar de marcha en sus luchas. Además, siete de las empresas más valiosas del mundo son corporaciones tecnológicas y algunas de ellas son más grandes que algunos estados en lo que a términos económicos se refiere. 

Sobre la localización de estas, tradicionalmente ubicadas en Estados Unidos y Europa y la situación en cambio actual con el crecimiento del mercado chino, también habla el estudio. En concreto, el informe trata de explicar en qué se diferencia una transnacional china de una occidental y cuáles son las implicaciones para los movimientos a los que afectan sus movimientos.

Por último, el informe se detiene a analizar en qué manos se encuentran estas empresas y concluye en que las firmas privadas son propiedad de una pequeña élite de bancos e inversores: 147 compañías controlan el 40% del negocio global.

madrid

27/01/2020 17:57

público

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Seis intuiciones recientes sobre economía digital del conocimiento y lo común

Se diría que, en la economía digital, el factor crítico y lo verdaderamente nuevo no es la idea, sino la existencia de un capital financiero masivo carente de alternativas más rentables.

2019 fue el año en el que Uber salió a bolsa. Las nuevas formas de negocio y de trabajo en la economía digital maduran y pocas empresas dicen tanto sobre nuestro presente como para sentir la necesidad de sustantivizar con ellas nuestra época.



  1. Del banco de tiempo al “mi plataforma, mis reglas”.

Aunque hoy parezca imposible, las plataformas que centralizan servicios se colaron en nuestra imaginación con el relato de la economía colaborativa. Un imaginario de organización empresarial pero también social que rompía el techo de escalabilidad de las prácticas tradicionales de intercambio de servicios, con un toque ecologista que adelantaba un mundo en el que lo importante no era tener, sino utilizar. Era el relato de la reciprocidad de los bancos de tiempo y los tablones de anuncios del “se busca” y “se ofrece” elevado al cubo con internet.

Hoy sabemos distinguir un funcionamiento centralizado a golpe de corneta del CEO pero el cuento coló porque tenía lo que los cuentos exigen: un público ansioso por creerlo. En la década anterior el sustrato colaborativo y de confianza se encontraba en apogeo y, aunque hoy descalificaríamos nuestra ingenuidad, lo cierto es que este suelo de reciprocidad y conexiones, esa segunda piel social seguirá siendo decisiva para cualquier alternativa. No hay común sin comunidad y carece de sentido que el cinismo con el que 20 años de siglo XXI nos hacen ver el mundo disuelva también esa premisa.

  1. La innovación en los tiempos del capital financiero.

Desgastada la legitimidad de valores como compartir, conectar y contaminar menos, la uberización se sustenta desde una perspectiva moral sobre la meritocracia darwinista de la innovación: una idea brillante formulada en el momento justo que se abre paso frente a las resistencias inmovilistas habituales; papel que en esta obra han representado taxistas, analfabetos digitales y la propia legislación.

En definitiva, frente a fuerzas tradicionalistas de todo pelaje que siempre van por detrás de la sociedad y que solo descubrirán que su pasó cuando vean películas sobre el éxito de los nuevos héroes. cuando la idea haya reconfigurado el tablero y se hagan películas sobre esos héroes. Razón 1, tradición 0. De nuevo, ante ustedes, la modernidad.

Por supuesto se trata de una lógica bastante cruel pero de una lógica naturalizada. También es cierto que, si se pusieran todas las cartas sobre la mesa, se vería que la idea, brillante o no, ha tenido un respaldo de 25.000 millones de dólares para desarrollarla y mantener bajos los precios. 25.000 millones para compensar las pérdidas de una década y aguantar hasta que los competidores asediados y sin acceso a un capital riesgo infinito icen la bandera blanca.

Se diría que, en la economía digital, el factor crítico y lo verdaderamente nuevo no es la idea, sino la existencia de un capital financiero masivo carente de alternativas más rentables y por lo tanto dispuesto a quemarse en tiempos de retorno que van más allá de los diez años de pérdidas milmillonarias. Hay una innovación que requiere un suelo fértil para proliferar y otra que necesita generar el desierto para poder brillar. En una la creación precede y dirige la destrucción. En otra es a la inversa.

  1. El lugar de lo común en el plataformismo vertical y supervitaminado de la economía digital del conocimiento.

Tras el cuento de lo colaborativo y el dopaje del capital riesgo hay una verdad del común: nuestros datos son el tesoro con el que estas empresas aspiran a cuadrar su balance. Nada encaja mejor con la definición de un común recursivo que los datos: producidos por nuestra interacción social, más valiosos cuanto generados con mayor libertad, cuanto más complejos, cuanto más usados.

Por ejemplo, sin los datos sobre movilidad y experiencia de la ciudad es imposible generar negocios aledaños como el reparto de comida o los patinetes eléctricos, hasta el punto de que, a largo plazo, no hay una estrategia de gobierno de los datos más insostenible que su acumulación privada por un puñado de gigantes tecnológicos. No hace falta ni ser capaz de encender un ordenador para saber que una inteligencia artificial en pocas manos y alimentada de este modo creará una brecha cuyos efectos apenas podemos imaginar. Los datos, nuestra actividad y experiencia hecha objeto son un común, la única fuente de riqueza digna de tal nombre en este tinglado y una segunda naturaleza que tenemos que gobernar.3

  1. La seguridad jurídica, ese atavismo burgués.

Desde una perspectiva liberal, la acción de gobierno consiste en crear el marco de condiciones institucionales y normativas en el que las actividades deseadas puedan proliferar. La libertad o el mercado no vienen de fábrica, hay que hacerlos. Un rasgo diferencial de los gigantes tecnológicos es que, en este sentido, son auténticos agentes de gobierno, ya que en una primera fase tienen que producir directamente esas condiciones, a menudo contra el marco institucional y normativo vigente, aunque cuenten con una enorme capacidad lobista para allanar ese camino.

Como ingrediente para el relato rupturista de la innovación, encontrarse por delante de la norma y eventualmente en su contra no tiene precio pero en una fase de mayor madurez (una en la que se quitan los ruedines del capital riesgo y se pasa a depender de la financiación de un público mayor por ejemplo), sí tiene precio, en concreto en forma de multas, impuestos y requisitos. Ahí recuperan peso los viejos problemas de reputación, certidumbre e inseguridad jurídica y el juego se normaliza en la conocida batalla por colonizar la ley. Usted se encuentra aquí.

  1. Los reinos de la economía digital hacen frontera con los cuerpos que los sirven.

Como pronto se ha descubierto, esta economía, por muy digital y muy del conocimiento que sea, no se ha liberado de la carga de necesitar trabajo. Lo que sí ha conseguido a menudo es librarse de la relación laboral, trasladando esos costes a quienes ejecutaban sus servicios y al conjunto social. También ha logrado instalar estas relaciones laborales en el particular marco subjetivo libertarian made in Palo Alto. Si la sostenibilidad de muchas de estas empresas pende del hilo de las decisiones judiciales que puedan afirmar la laboralidad de sus relaciones, cabe dudar de que estos negocios puedan sobrevivir fuera del hábitat siglo-XIX-con-3G en que surgieron.

  1. La economía de plataforma también es un concurso de popularidad.

Nacida de la ética neoliberal, buena parte del éxito de estos negocios ha consistido en ofrecer imitaciones de distinción que la gente común cree propias de servicios de lujo (la botellita de agua) y una afirmación del poder del cliente (decidir qué emisora se sintoniza, cerrar el precio) que compensa la sensación de prescindibilidad que arrastramos y profundiza la conversión de ciudadano en cliente propia del cambio de siglo.

La exaltación de esta clientela moderna casi ha conseguido torcer el brazo a un arquetipo de la masculinidad proveedora previa a tanto big data, que hace veinte años dominaba el prime time español con el Fary taxista en “Menudo es mi padre”. La aspiración de controlar tu propia movilidad en el dispositivo que ofrece hoy una imagen más cerrada de lo que supone la autonomía, esto es tu smartphone, bien merece mudar iconos y meter bajo la alfombra las políticas de movilidad urbana y la precariedad de quien conduce.

Mientras las reivindicaciones por la soberanía tecnológica son aún residuos ilustrados, las movilizaciones de las familias del taxi han disuelto el avance inexorable de la técnica en un puñado de fragilidades humanas. Al introducir en la conversación sobre la economía de plataforma las consecuencias laborales, fiscales, familiares e intergeneracionales de una sustitución de nuestros lazos por esta selva de prestaciones y vidas low cost la modernidad trastabilla y el futuro se pone sepia.

PROFESOR DE FILOSOFÍA DEL DERECHO DE LA UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA

 
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2020-01-25 06:33
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 La nueva caravana de migrantes hondureños con destino a Estados Unidos transitó ayer por la localidad guatemalteca de Esquipulas. Horas antes, más de un millar de indocumentados evadieron controles y rompieron un cerco policial en el puesto fronterizo de Agua Caliente. Las autoridades vigilan que los niños estén acompañados por algún familiar. Foto Afp

Decenas de migrantes centroamericanos llegaron entre miércoles y jueves a la frontera que divide a México de Guatemala, en espera de otros grupos con los cuales intentarán cruzar el río Suchiate y eventualmente llegar a Estados Unidos, informaron fuentes gubernamentales mexicanas.

Los indocumentados, quienes ayer se encontraban en la ciudad de Tecún Umán, Guatemala, limítrofe con México, arribaron en pequeños grupos o de manera individual.

En tanto, más de 3 mil migrantes hondureños de una nueva caravana que pretende llegar a Estados Unidos huyendo de la pobreza y la violencia avanzaba ayer en Guatemala, en medio de controles de la policía local y la supervisión de funcionarios migratorios estadunidenses en zonas aledañas a los pasos fronterizos.

Antes, más de mil migrantes evadieron los controles y rompieron un cerco policial en el puesto fronterizo guatemalteco de Agua Caliente, observó un fotógrafo de la Afp.

Decenas de uniformados guatemaltecos fueron desplegados en zonas cercanas a las fronteras con el fin de verificar que los hondureños pasaran por el control migratorio, requisito para entrar al país, según acuerdos regionales.

También supervisan que los niños estén acompañados por alguno de sus padres o un tutor.

Debido a lo previsto en un acuerdo, el personal que controla la caravana recibe apoyo de Estados Unidos, que desplegó un “número limitado” de funcionarios de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés), informó a la Afp un vocero de la embajada estadunidense en Guatemala.

El apoyo y la capacitación de agentes fronterizos de Guatemala es parte de un convenio surgido tras el paso de las primeras caravanas en 2018, con la finalidad de combatir el crimen y el tráfico de personas, detalló el vocero.

En México, autoridades del gobierno explicaron que, como medida preventiva, agentes de la Guardia Nacional recorrieron los distintos pasos informales ubicados en la ribera del Suchiate, por donde cruzan a territorio nacional personas sin documentos y mercancías.

Un uniformado aseguró que no se han emitido a corporaciones de seguridad instrucciones formales acerca de la contención de una eventual caravana de migrantes.

Centroamericanos manifestaron que policías guatemaltecos impiden el paso a niños y mujeres, “pero la gente se vuelve a venir” hacia la frontera con México.

Sonia Eloína Hernández, presidenta municipal de Suchiate, Chiapas, localidad que colinda con Guatemala, señaló que si es necesario, se podrían habilitar dos albergues para atender a los migrantes que lleguen en los próximos días.

Antes del paso de la nueva caravana, Guatemala y Estados Unidos realizaron operativos en carreteras con la finalidad de identificar a los migrantes, que incluye la asesoría para la detección de pandilleros.

La caravana salió la noche del martes de San Pedro Sula, 180 km al norte de Tegucigalpa, y el miércoles empezó a ingresar a Guatemala, donde se ha dispersado.

El instituto migratorio guatemalteco informó que, entre la noche del miércoles y este jueves, mil 612 hondureños pasaron con documentación reglamentaria por Agua Caliente y 662 por El Cinchado. En total, 2 mil 274 personas.

“Aquí vamos para adelante, al sueño americano”, dijo a la Afp Kelvin Ramos, quien espera encontrar empleo pintando casas en Estados Unidos donde, asegura, pagan bien.

Unos 200 migrantes se encontraban la tarde del jueves en el departamento de Petén, cerca de la frontera con México, indicó Diego González, delegado de la Procuraduría de los Derechos Humanos en el área. Otros cien llegaron al paso de Tecún Umán, colindante con México.

Este nuevo grupo tiene la advertencia de que no se le permitirá entrar en México, reiteró ayer el presidente guatemalteco, Alejandro Giammattei.

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Por qué la clase trabajadora votó al partido del brexit

La noticia más llamativa de las elecciones británicas de este pasado jueves 12 de diciembre es que la mayoría absoluta en el Parlamento Británico conseguida por el Partido Conservador no se habría producido sin el voto masivo de amplios sectores de la clase trabajadora británica a este partido, una situación semejante a la que ocurrió en EEUU en las elecciones presidenciales de noviembre de 2015, que dieron como resultado la victoria de Trump. La predecible respuesta del establishment mediático liberal español ha sido atribuir la victoria del Partido Conservador a un rechazo del programa del Partido Laborista, percibido como excesivamente izquierdoso (el editorial de El País del 14.12.19 lo definió como paleoizquierdista), alentando a las fuerzas progresistas a que aprendan de lo ocurrido y vuelvan al centro (que quiere decir al socioliberalismo).

Los datos, sin embargo, no confirman esta lectura de lo ocurrido. En realidad, las encuestas fiables afirmaban que la gran mayoría de las propuestas del Partido Laborista eran valoradas positivamente por la mayoría de la población. Según la encuesta de YouGOV (compañía altamente reputada en círculos de análisis de opinión), el 64% de la población estaba de acuerdo, por ejemplo, en subir los impuestos sobre la renta a las personas que ganan anualmente más de 80.000 libras (equivalentes a más de 95.000 euros). A su vez, el 56% estaba a favor de la nacionalización de los ferrocarriles y de las compañías de agua de energía y de gas (medida definida como antigualla por el articulista neoliberal de El País Xavier Vidal-Folch); el 54% estaba a favor de que los trabajadores y empleados de una empresa ocuparan un tercio del órgano ejecutivo de una empresa; el 81% apoyaba un aumento del gasto público sanitario de un 4,3%; un 73% apoyaba un crecimiento del salario mínimo a 10 libras esterlinas por hora (unos 12 euros); un 59% estaba a favor de un New Green Deal, y así un largo etcétera. No es creíble, por lo tanto, que el programa del Partido Laborista asustara a la población. Asustó a las clases pudientes, pero no a las clases populares.

¿Cuál, pues, fue la causa? Fue el Brexit, esto es, salir o no de la Unión Europea. Este fue el tema central de la campaña y la población lo sabía. Y el candidato conservador se centró casi exclusivamente en resaltar que llevaría a cabo la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE), tal y como la población había votado en el referéndum del 23 de junio de 2016. Aquel día la sorpresa fue que la mayoría de la clase trabajadora votó a favor de salir de la UE. En realidad, el resultado entonces fue bastante equilibrado, con la mitad de la población de renta superior a favor de la permanencia, y con la mitad de la población de renta inferior en contra (el resultado global fue de un 51,9% de la población en contra de continuar en la UE, y de un 48,1% a favor de continuar en ella). Pero fue interesante ver que, dentro de la clase trabajadora, los que más favorecieron el Brexit fueron los parados y los que no tenían trabajo. En aquel referéndum se vio, así pues, una relación directa entre nivel de renta y apoyo a la permanencia en la UE. A más renta, mayor apoyo a dicha permanencia.

¿Por qué la clase trabajadora votó a favor del Brexit en el referéndum de 2016 y ahora ha apoyado al partido del Brexit?

La explicación más frecuente de este comportamiento en el referéndum (explicación que se ha sido dada también por algunos teóricos de izquierdas) es que las clases menos educadas votaron en contra de la permanencia y las más educadas votaron a favor. Tal visión –derivada de los trabajos sobre capital humano de Bourdieu en Europa y Lipset en EEUU– está muy generalizada en los círculos del establishment político-mediático del país y refleja un cierto desprecio hacia aquellos sectores de la población que no comulgan con la sabiduría convencional de dicho establishment (que estaba a favor de la permanencia en la UE), que son definidos como ignorantes o poco educados y carentes de cultura (el famoso capital humano).

El comportamiento electoral de la clase trabajadora es lógico y predecible

Pero no estamos ante una cuestión de capital humano. Veamos el porqué del rechazo a la UE. Y para ello hay que tener en cuenta que el proyecto de establecer la Unión Europea no ha sido popular entre las clases trabajadoras de la Europa Occidental. Solo hay que recordar que en prácticamente todos los países europeos donde se sometió a referéndum la fallida Constitución Europea (Francia, Países Bajos y Luxemburgo), la clase trabajadora votó en contra de forma muy mayoritaria. En Francia, el 79% de trabajadores manuales, el 67% de los trabajadores de servicios y el 98% de los trabajadores sindicalistas votaron en contra; en los Países Bajos lo hizo el 68% de los trabajadores; y en Luxemburgo el 69% de los trabajadores. Y lo que es también interesante es que en países donde no hubo referéndums pero se preguntó a la población qué hubiera votado en caso de haberlo se registraron cifras similares: en Alemania, el 68% de los trabajadores manuales y el 57% de los trabajadores de servicios estaban en contra de aquella constitución; en Dinamarca lo estaban el 72% de trabajadores manuales; y en Suecia lo estaban el 74% de trabajadores manuales y el 54% de los trabajadores de servicios. Y toda la evidencia existente muestra que esta animosidad hacia la UE no ha descendido. Al contrario, ha aumentado. Y lo que es también interesante es que las asociaciones patronales, el gran capital y las clases medias de renta alta y media alta (profesionales con educación superior) estaban entonces, y continúan estando ahora, a favor de la UE.

Repito, ello tiene muy poco que ver con el nivel de capital humano y con los que sostienen la tesis de que la clase trabajadora no está dotada de tal capital y, por lo tanto, es más vulnerable a ser engatusada por demagogos o figuras semejantes. Y si analizamos los datos en la distribución de las rentas vemos dos cosas. Una es que en cada uno de estos países –incluyendo el Reino Unido– ha habido un claro descenso desde que se fundó la UE del porcentaje de las rentas derivadas del trabajo sobre el total de rentas (siendo este hecho incluso más acentuado en los países de la Eurozona), hecho que se debe a la imposición de las políticas neoliberales (y digo imposición pues no estaban en sus programas electorales) por parte de los partidos gobernantes. El descenso de esta masa salarial fue el reflejo de un descenso de la estabilidad y de la calidad de los puestos de trabajo para la mayoría de los trabajadores, un descenso en el que la desregulación de la movilidad del capital y de la fuerza del trabajo que ha caracterizado el establecimiento de la UE jugó un papel clave.

Pero este descenso no fue uniforme, pues junto al aumento de las rentas derivadas del capital hubo un crecimiento de los salarios del sector profesional asalariado de alto nivel educativo, acentuándose todavía más la polarización social, siendo la clase media alta cosmopolita uno de los sectores beneficiados de tal movilidad y globalización (europeización), un fenómeno que afectó muy negativamente la calidad de vida y el bienestar de las clases populares, puesto que al deterioro de su salario y condiciones de trabajo, se añadía la destrucción y pérdida de la protección social como consecuencia de los recortes de sus derechos sociales (con los recortes del gasto público social) resultado del neoliberalismo imperante en las instituciones europeas. Es totalmente lógico (y nada tiene que ver con su supuesta falta de cultura o educación) que tales clases trabajadoras estén en contra de la globalización económica y contra la Unión Europea, y que tengan miedo de que los inmigrantes les quiten su puesto de trabajo (o que les abaraten el sueldo, pues es conocido que el empresario se aprovecha de tener trabajadores inmigrantes para bajar los salarios de su empresa).

Añádase a ello que otro elemento clave de su inseguridad es el miedo a perder su identidad. El nacionalismo es la respuesta identitaria previsible frente al internacionalismo de la globalización liberal. Hoy, el liberalismo, la ideología dominante, y la democracia liberal están deslegitimados en los sectores más victimizados por la aplicación de las políticas públicas neoliberales. Por lo tanto, era lógico y predecible que ganara el Brexit en el Reino Unido, algo que podría ocurrir en otros países también. De ahí que, como ya se ha indicado, sea comprensible el surgimiento de un nacionalismo identitario que representa el deseo de que no se diluya la identidad de uno, y todavía más si se ve a los inmigrantes como una variable que daña su seguridad. Así pues, el racismo y el clasismo no son la causa, sino la consecuencia de dicha inseguridad. Para revertir lo primero hay que resolver lo segundo. De lo que incluso amplios sectores de las izquierdas no parecen ser conscientes es que el auge de la ultraderecha no es consecuencia de un aumento del racismo, del nacionalismo y del machismo. Este aumento es la consecuencia y el síntoma de la principal causa: la inestabilidad e inseguridad de los sectores más vulnerables de la población. Sin ir más lejos, en Suecia surgió un partido de ultraderecha a partir de la aplicación que las derechas liberales y conservadoras hicieron de legislación neoliberal, la cual causó un gran deterioro del mercado laboral, origen del gran crecimiento de la ultraderecha.

Y esto explica en gran parte el Brexit. El establishment británico (desde la City al gran mundo empresarial, pasando por las clases medias profesionales) estaba a favor de la UE, mientras que gran parte de la clase trabajadora estaba en contra. El Partido Conservador ganó en partes del Reino Unido donde nunca antes lo habían hecho, ciudades y regiones con mayoría de clase trabajadora industrial (incluidas las cuencas mineras) del norte y oeste de Inglaterra (que habían votado a favor del Brexit). Ha sido, pues, una protesta de las víctimas del neoliberalismo, que las ha dañado. Parece paradójico que hayan votado al partido que ha llevado a cabo tales políticas, pero la gran astucia de Boris Johnson ha sido, precisamente, presentarse como el antiestablishment, incluso contra su partido, el Partido Conservador. Trump también se presentó (y ganó) como la voz del antiestablishment, tanto del Partido Republicano como del Partido Demócrata, y esa es la razón por la que lo votaron grandes sectores de la clase trabajadora.

Podría ocurrir el Brexit en otros países de la UE

La ideología neoliberal ha sido la dominante en las instituciones de gobernanza de la UE, desde el Consejo Europeo hasta el Banco Central Europeo, pasando por la Comisión Europea y el Parlamento Europeo. Y como era predecible, su aplicación a lo largo de esta comunidad ha tenido un impacto muy negativo en la calidad de vida y el bienestar de sus clases populares. La evidencia es clara. En un reciente estudio del profesor Javier Arregui, del UPF-JHU Public Policy Center, documenta y analiza quién ha ganado y quién ha perdido con el establecimiento de la UE (“Ganadores y perdedores en el proceso de integración: repensando la Unión desde una perspectiva de ciudadanía europea”), corroborando los resultados de estudios anteriores: las desigualdades sociales han crecido en prácticamente todos los Estados de la UE, con un aumento en el crecimiento de las rentas de las clases más pudientes a costa de un descenso en las rentas de las clases populares. Este es el fruto del neoliberalismo, que ha sido promovido por los mayores medios de información españoles durante todos estos años, los mismos que ahora acusan al Partido Laborista de tener un programa económico y social extremista -supuesta causa de su derrota-, silenciando que la principal causa fue la ambivalencia que este partido mostró hacia el Brexit. Mientras tales medios continúan aconsejando la aplicación de las políticas públicas neoliberales, que están causando el gran rechazo hacia la Unión Europea que ellos mismos han promovido. La única solución hubiera sido un cambio de 180º de las políticas realizadas por el establishment de la UE, lo cual es improbable que ocurra en un futuro próximo. En realidad, dicho establishment se está moviendo más y más hacia la derecha. La pérdida de legitimidad es inevitable, abriéndose un futuro muy incierto. Así de claro.

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El malestar por la reforma de las pensiones desborda Francia

En torno a un millón de personas se manifiestan en la mayor movilización sindical en el mandato de Emmanuel Macron. Los transportes ferroviarios y de metro quedan prácticamente paralizados.

Vagones y estaciones de tren casi desiertas, mientras que las manifestaciones se llenaban de gente. La huelga del 5 de diciembre desbordó las calles en Francia. Después de años de impotencia ante la ofensiva neoliberal, los sindicatos franceses impulsaron este jueves la movilización social más importante tras el inicio del mandato de Emmanuel Macron. Un año después de la revuelta de los chalecos amarillos, la indignación por la reforma de las pensiones toma ahora el relevo del malestar.

Entre 1,5 millones de personas, según la CGT, uno de los principales sindicatos franceses, y 806.000, según el Ministerio del Interior, se manifestaron este jueves en las más de 250 acciones de protesta en Francia. Estas tuvieron un seguimiento más que notable en grandes ciudades como París, donde se congregaron entre 250.000 manifestantes, según los sindicatos, o 65.000, según la delegación del gobierno. Pero también hubo un seguimiento masivo en localidades medianas y pequeñas, como Perpiñán, Caen o Saint-Nazaire (noroeste), donde protestaron al menos 9.000 personas en cada una de ellas. En varias localidades alcanzaron cifras que no se habían registrado desde 2010 con las protestas contra la reforma de las pensiones de Nicolas Sarkozy.

Además del elevado número de manifestantes, el éxito de la huelga quedó reflejado en que se paralizaron sectores claves de la economía y la sociedad, como los transportes ferroviarios y metropolitanos o las escuelas e institutos. Solo circularon uno de cada diez trenes en el conjunto de Francia. El tráfico en once líneas de metro en París quedó completamente interrumpido. A través de asambleas, los trabajadores de la compañía ferroviaria SNCF o de los transportes metropolitanos decidieron alargar la huelga hasta el lunes.

Agentes ferroviarios, maestras, abogados, artistas, enfermeras, estudiantes, periodistas de Radio France (grupo estatal de radio)... Podríamos dedicar solo un párrafo para enumerar a todos los sectores implicados. En la manifestación de París, destacaban los perfiles diversos de manifestantes, que llevaban chalecos amarillos, chalecos rojos de la CGT, naranjas en el caso de los empleados de la SNCF o batas blancas en el personal sanitario. “Esta huelga expresa un malestar que va más allá de la reforma de las pensiones, se trata básicamente de la lucha de clases”, afirma el politólogo Thomas Guénolé, autor del libro Antisocial. Según este analista, comprometido en la lucha contra la austeridad, “como ya sucedió con los chalecos amarillos, esta movilización se caracteriza por haber sido impulsada desde abajo”.

 “Hace nueve meses que protestamos y no nos han hecho caso”, lamenta la enfermera Yasmina Kettal, del Colectivo inter-urgencias, la punta de lanza de las numerosas movilizaciones que se produjeron en los últimos meses en el sector sanitario francés. “Nos hemos implicado en este huelga porque queremos que coagulen los distintos movimientos”, añade Kettal, sobre la necesidad de que converjan las diversas oposiciones, sobre todo en sectores de la función pública, a las políticas de Macron. Una unión que se ha visto propiciada por la reforma de las pensiones, una medida clave en el proyecto neoliberal del macronismo.

La amenaza de una bajada de las pensiones

El joven dirigente quiere transformar el actual modelo de 42 regímenes de cotización en un único sistema por puntos. Una medida revestida con un barniz de igualdad con la promesa de que “un euro cotizado dará los mismos derechos a todo el mundo”. Sin embargo, con su entrada en vigor, prevista para 2025, los futuros pensionistas percibirán una jubilación entre un 15% y un 23% más baja que la de sus conciudadanos que se jubilen ahora a los 64 años con el mismo perfil profesional, salario y años cotizados, según el colectivo ciudadano RéformedesRetraites (Reforma de las Pensiones).

Si esta medida se ve culminada, las pensiones se calcularán a partir de los puntos obtenidos a lo largo de la carrera profesional. Es decir, dejará de hacerse en función de los seis últimos meses en el caso de los funcionarios o los mejores 25 años en los asalariados del privado. Este proyecto de ley también se ve marcado por la voluntad del gobierno de mantener “el equilibrio presupuestario”. Lo que significa limitar en el 13,8% del PIB el gasto público destinado a las prestaciones de jubilación. Una política, que unida al envejecimiento de la población, favorece una reducción de las pensiones.

Aunque el ejecutivo centrista empezó a negociar esta reforma con los sindicatos en el otoño de 2017, este proyecto de ley aún no ha sido ni presentado oficialmente. Sus directrices son, sin embargo, de sobras conocidas, tras las informaciones transmitidas por el ejecutivo, en concreto el informe publicado en verano por Jean-Paul Delevoye, el ministro encargado de esta medida. El primer ministro Édouard Philippe anunciará “a mediados de la semana que viene la arquitectura general de la reforma”, indicó este jueves la ministra de la Transición Ecológica, Elisabeth Borne. Unos anuncios que reflejarán si Macron se mantiene férreo o hace concesiones, como la posibilidad, comentada en la prensa francesa, de que la reforma solo se aplique para las generaciones nacidas después de 1975.

¿Una repetición de la huelga de 1995?

“Tras esta movilización tan fuerte, me parece que el gobierno tendrá que modificar su borrador”, se felicita Jean-François Pacton, de 74 años. Según este histórico militante sindical de la CGT, “hacía años que no veía tenta gente en una protesta en París. Sin duda, es la manifestación sindical más importante desde el inicio del mandato de Macron”. Como recuerda Pacton, “el actual sistema de pensiones francés por repartición —en el que las cotizaciones de los salarios medios y más altos contribuyen para que los más modestos dispongan de unas pensiones justas y decentes— es una de las conquistas sociales de la postguerra después de 1945”. Un escollo ante el que ha chocado ahora la ofensiva neoliberal de Macron.

“Los chalecos amarillos fueron el motor de la contestación y un año después ha llegado el momento de que el pueblo termine de despertar. Estas protestas representan un buen inicio”, presume Jerôme E., de 51 años, un cerrajero de París, que se presenta como militante sindical y de los chalecos amarillos. En medio de la manifestación en la capital francesa en la que resultaba difícil desplazarse por la abundante cantidad de gente, recordaba que “el año pasado no entendí el motivo por el que las direcciones sindicales se pusieron de perfil ante la revuelta de los chalecos amarillos, pero esta vez se han visto obligados por la fuerte movilización de las bases sindicales a convocar la huelga del 5 de diciembre”.

Según Guénolé, las protestas que empezaron este jueves “mantienen algunas similitudes con la huelga de diciembre de 1995”. Entonces, una sucesión de movilizaciones y bloqueos en sectores estratégicos de la economía forzaron al entonces primer ministro, el conservador Alain Juppé, a que renunciara a modificar el sistema de pensiones. ¿El mismo guión volverá a repetirse veinticuatro años después? “No nos encontramos en la misma situación que en 1995. Entonces, los sindicatos era mucho más fuertes y lograron sacar a dos millones de personas en la calle. Ahora la gente es mucho más individualista y prefiere ir a trabajar en patinete eléctrico”, lamenta Pacton.

Pese a las dos últimas décadas de hegemonía neoliberal, los malestares en Francia han convergido en una importante movilización sindical. Un despertar popular que pone contra las cuerdas la reforma de las pensiones.

 

05/12/2019 22:04 Actualizado: 05/12/2019 22:04

ENRIC BONET

 @EnricQuart

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Jueves, 28 Noviembre 2019 07:09

“A Colombia la está matando la pereza”

“A Colombia la está matando la pereza”

“No son 30 pesos, son 30 años”

Frase emblemática de las protestas
en Chile

 

Los ánimos subieron de tono en el Senado de la República cuando en la pantalla del recinto apareció Álvaro Uribe Vélez que, en una grabación efectuada durante su primer periodo de gobierno, aseguraba: “A Colombia la está matando la pereza, lo que tenemos que hacer, en modificación de la jornada de trabajo ¡es recortar la jornada de sueño, es recortar la jornada de vacaciones, es recortar la jornada de festivos!”

Los rostros de Uribe Vélez y de los integrantes de su bancada cambiaron de color. El país presenció la manera en la que el exmandatario perdió el control emocional y, junto a algunos de los miembros más recalcitrantes de su bancada, lanzaron una lluvia de improperios hacia este Senador.

La furia del Centro Democrático se desató el pasado 16 de octubre en la sesión plenaria del Senado en el Congreso de la República citada para votar el proyecto de Ley Presupuestal del gobierno de Iván Duque. Allí proyecté el video mientras realizaba una intervención rechazando los anuncios de reforma laboral efectuados por el gobierno de Duque y el Centro Democrático, con la que pretenden seguir atentando contra los/as trabajadores/as de Colombia al permitir el trabajo por días y por horas, lo que implicaría flexibilizar aún más las normas para facilitar el despido e incorporar la propuesta de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (Anif) de un salario por debajo del mínimo para jóvenes, que se establecería en un 75 por ciento del mismo.

¿A qué se debe la explosiva ofuscación del actual Senador y su bancada si el video es público y de fácil acceso en la red y, en esencia, no contenía una “novedosa o gran denuncia” en su contra?

 

Octenio de políticas anti obreras

 

La ira, rabia y demás sensaciones desatadas en aquella sesión del Senado, permiten evidenciar que las palabras emitidas por el actual senador en el video, corrieron el velo pro-trabajador por él labrado de manera calculada y cuidadosa a lo largo de varios años, con el claro objetivo de ocultar todo un prontuario antiobrero que caracterizó su octenio como presidente, el ejercicio parlamentario anterior a su ascenso al Ejecutivo Nacional, así como su actual propuesta de reforma laboral presentada hace apenas unas semanas.

Dentro de su reciente estrategia para lavarse las manos y aparentar la “defensa” de los/as trabajadores/as están: el apoyo demagógico a la recuperación de una hora de jornada diurna en la ley de horas extras de Santos, la propuesta de facultades extraordinarias para subir el salario mínimo hecha el año pasado, la promoción de un nuevo “sindicalismo propositivo”, el proyecto de ley aprobado ya en dos debates sobre la media prima para trabajadores/as públicos y privados que devenguen menos de tres salarios mínimos, la prima para la canasta familiar y, ahora, el cuento de la reducción de la jornada laboral para que los/as trabajadores/as le dediquen más tiempo a sus familias y a sus estudios.

 

Las “jugaditas” de Uribe Vélez

 

La reacción del hoy Senador ante el mentado video y su obstinación por mantener la máscara pro-trabajador, obliga a recrear un ejercicio de memoria, así sea sucinto, de toda la ofensiva que en materia legislativa ha desarrollado contra el ingreso, el bienestar y los derechos de los/as trabajadores/as en esta larga noche neoliberal –iniciada desde aquel “bienvenidos al futuro” gavirista– y en la que el expresidente ha jugado un papel principal. Este ejercicio también contribuye a pensar un contexto histórico que fundamenta la necesidad de la lucha por el trabajo decente y digno.

Recordemos que la primera generación de reformas de orden estructural para dar inicio a la implementación del modelo neoliberal, contemplaba, además de las medidas más directamente económicas como la reforma comercial y cambiaria, la reforma laboral, la recordada y por miles padecida Ley 50 de 1990, en la que Uribe Vélez fue ponente destacado, así como promotor, reforma que constituyó la entrada y el posicionamiento de la flexibilización laboral como medida recurrente para, según sus impulsores,“incentivar el empleo”. Con ella se eliminó el pago retroactivo de las cesantías, las mismas que consolidaban un ahorro con el cual gran parte de nuestros/as abuelos/as y padres adquirieron vivienda y un patrimonio estable. Además, esta ley permitió que los contratos a término fijo fueran renovados sin limitaciones en perjuicio de la contratación a término indefinido, e inició la flexibilización de la norma para abaratar los despidos, empezando en aquella época con los trabajadores de más de 10 años de antigüedad. Estas dos medidas, de hecho, se constituyeron en una especie de estímulo perverso que ha provocado su generalización y ampliación respectivamente.

También hay que decir que la Ley 100 de 1993 fue promovida y sustentada por Uribe Vélez como ponente principal, Ley con la cual se iniciaron las reformas paramétricas a las pensiones en detrimento de los/as trabajadores/as: aumento de edad para pensionarse (en dos años más), se incrementó la cotización (a 300 semanas) y redujo la mesada pensional (de un porcentaje del 90 a 80 por ciento). Este retroceso en el tema pensional se agrava con el otro componente de la Ley 100: el Sistema de Seguridad Social en Salud. La precariedad del servicio de salud se ha constituido en una fuente de malestar y tragedia en el mundo del trabajo, cuando debería ser parte integral del bienestar de los/as trabajadores/as.

Pero su compromiso con el gran capital y en contra de las mayorías nacionales no para ahí. La actuación del Senador y expresidente no solo ha sido nefasta para los trabajadores desde el ámbito parlamentario, sino como mandatario. En su primer año de gobierno (2002-2006) aprobaron la reforma laboral conocida como Ley 789 de 2002 con la que se disminuyó la retribución por horas extras laboradas dominicales, de festivos y nocturnas. Para estas últimas, esta ley estiró el diurno hasta las 10 p.m., cuando antes estaban estipuladas, de acuerdo con la naturaleza, desde las 6 p.m., perdiendo así los/as trabajadores/as una retribución diferencial de 4 horas que pasaron de nocturnas a ser consideradas “diurnas”. También en su gobierno se golpeó nuevamente a los pensionados por la vía de eliminar la mesada 14 a través del Acto Legislativo 1 de 2005 1.

Todas estas medidas contra los/as trabajadores/as fueron acompañadas, para legitimarlas ante la sociedad, de un discurso antisindical adoptado por el hoy Senador y replicado irresponsablemente por los medios del establecimiento, en el que las reivindicaciones obreras fueron catalogadas, no como derechos, sino como privilegios. Además, la frecuente asociación de la actividad sindical como aliada del terrorismo y de las guerrillas, justificó e incentivó la violencia contra los líderes y lideresas sindicales, lo que se tradujo en el asesinato de 527 dirigentes sindicales durante su octenio 2.En el marco de este discurso antisindical, el “contrato sindical” reglamentado en función de la tercerización para contratar funciones de las empresas ya no con terceros hacia afuera, sino con los propios sindicatos hacia adentro, se convirtió en el ejemplo que identifica el sindicalismo “propositivo, gerencial”, un sindicalismo no en favor de quienes venden su fuerza de trabajo sino de la patronal.

 

Chile, el “oasis” económico ejemplo para Colombia y la región

 

Desde hace décadas sabemos que Chile es el referente de las reformas sociales (salud, pensional y laboral) de corte neoliberal en América Latina. Colombia no fue la excepción en la avanzada multilateral que llamó a replicar el modelo del país del sur. Las antes referenciadas reformas laborales y la de seguridad social en Colombia fueron inspiradas en ese “exitoso modelo chileno” que convirtió a ese país en un “oasis”, según declaraciones entusiastas de Sebastián Piñera, antes del potente estallido que tiene conmovido al pueblo chileno, pueblo que demanda el fin de aquel “exitoso” modelo neoliberal, el mismo que ha llevado a la privatización de la seguridad social, la educación, la salud, las vías, y todo lo demás.

A propósito de Chile, en el informe Employment Outlook 2014, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde), concluyó que este país es el de mayor porcentaje de empleo temporal a nivel mundial, con 30,5 por ciento de sus trabajadores/as bajo esta modalidad. Asimismo, los países de la Ocde cuyo empleo temporal sobrepasa el 25 por ciento del empleo total, son: Chile, España y Polonia. Esta segmentación del mercado laboral trae como consecuencia riesgos en términos de eficiencia y desigualdad 3. Muy a pesar de las cifras anteriores, que evidencian el “éxito” del modelo chileno para exacerbar la precarización del trabajo, la Ocde, a la cual el expresidente Juan Manuel Santos aludió con desbordante entusiasmo al espetar “¡Ya somos parte de las grandes ligas!” cuando Colombia ingresó a este “club de países ricos”, manifestó recientementeque el salario mínimo colombiano era muy elevado, contribuyendo con ello a ambientar políticamente la reforma laboral anunciada por el gobierno, la misma que pretende precarizar aún más los salarios.

La similitud de la reforma laboral impulsada por Sebastián Piñera y las anunciadas por el expresidente y hoy Senador, no deja duda de la persistencia en ese referente. Frente a la reforma laboral que impulsa Sebastián Piñera y el argumento de favorecer a los/as trabajadores/as con más tiempo para la familia, veamos:

“El gobierno ha puesto al centro como uno de los principales argumentos para su reforma, una supuesta “adaptabilidad” para que los trabajadores puedan compatibilizar los tiempos con sus familias.[…] Instalan esta posibilidad desde el supuesto de que cada trabajador va a poder “pactar” su jornada de trabajo con su empleador.[…] La “adaptabilidad familiar” con la cual se escuda el gobierno para llevar adelante esta reforma laboral (que está hecha a la medida de los empresarios) nunca será realidad mientras las familias de los trabajadores subsistan con el sueldo mínimo, y por consiguiente, deban buscar otro trabajo para contar con algún ingreso extra” 4.

Respecto a la reducción de la jornada laboral, los argumentos del establecimiento chileno:“En el programa de nuestro gobierno está compatibilizar tres grandes tendencias. Primero, esa demanda por tener más tiempo libre; segundo, el poder maximizar el tiempo que los padres compartan con los hijos, y la tercera tendencia es el cambio tecnológico” 5.

La propuesta del líder supremo del Centro Democrático plantea una implementación gradual de la reducción de la jornada laboral, de manera que el empleador pueda establecer una jornada laboral semanal de 47 horas una vez aprobada la Ley; de 46 horas el segundo año, y de 45 horas en el tercer año. Versa la exposición de motivos de su Proyecto de Ley: “Con la presente iniciativa, se busca aumentar la productividad de las empresas motivando a los trabajadores a bien invertir su tiempo, de manera que las mismas funciones que tienen asignadas, sean realizadas en menor tiempo, para de esta manera disfrutar más tiempo con sus familias, acceder a capacitación, educación o recreación, fomentando de esta manera el salario emocional”6. Vaya “coincidencias”.

 

Por el trabajo decente

 

Han trascurrido 29 años desde la promulgación de la Ley 50/90, años durante los cuales las condiciones de vida de quienes no tienen más que su fuerza de trabajo para vivir han sufrido un constante deterioro. La propaganda con la que han respaldado este profundo deterioro, se basa en la justificación de las señaladas reformas: la necesidad de combatir el desempleo disminuyendo los costos laborales para, supuestamente, estimular la creación de puestos de trabajo.

Palabras que la realidad entierra, pues hoy las consecuencias evidencian todo lo contrario. El resultado de estos casi 30 años es que el trabajo decente que dignifica, que permite el desarrollo de las capacidades propias, un ingreso justo y proporcional al esfuerzo realizado, con protección social adecuada, sin discriminación de género o de cualquier otro tipo, y que se realiza en un marco de dialogo social y de respeto a los principios y derechos laborales fundamentales, no es una realidad hoy día en el país. Por el contrario, lo dominante en la actualidad es que la informalidad, la tercerización, el trabajo precario, el empleo basura, son una realidad “in crescendo” que se torna agobiante para la población colombiana.

De continuar así, para el año que viene –2020– podríamos adaptar el epígrafe de este escrito, ante el traslado de la crisis económica a los hombros de las y los trabajadores: “no son solo…, son 30 años”.

 

1 Consulte el Acto Legislativo 01 de 2005 en el siguiente enlace: http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/acto_legislativo_01_2005.html
2 Vanguardia. 2010. Sindicalistas dicen que en gobierno de Uribe fueron asesinados 527 dirigentes. Consultado el 1 de noviembre de 2019. Recuperado de: https://www.vanguardia.com/deportes/mundial-de-futbol/sindicalistas-dicen-que-en-gobierno-de-uribe-fueron-asesinados-527-dirigentes-HYvl60786
3 Segovia, Macarena. 2014. Flexibilización laboral: el legado de la Concertación que enciende las alarmas a nivel internacional. El Mostrador. Consultado el 29 de octubre. Recuperado de: https://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2014/10/10/flexibilizacion-laboral-el-legado-de-la-concertacion-que-enciende-las-alarmas-a-nivel-internacional/
4 Romo, Patricia. 2019. La “flexibilización” laboral de Piñera: ¿verdaderamente podemos contar con más tiempo para nuestras familias?. La Izquierda diario. Consultado el 29 de octubre de 2019. Recuperado de: http://www.laizquierdadiario.cl/La-flexibilizacion-laboral-de-Pinera-verdaderamente-podemos-contar-con-mas-tiempo-para-nuestras
5 Roa, Yerko. 2019. Piñera reúne a figuras opositoras en mesa por jornada laboral, pero excluye al PC y Frente Amplio. Biobio chile. Consultado el 29 de octubre de 2019. Recuperado de:https://www.biobiochile.cl/especial/resumen-de-noticias/2019/10/09/pinera-convoca-a-mesa-tecnica-por-jornada-laboral-excluyendo-al-pc-y-frente-amplio.shtml
6 El Espectador. 2019. Dos proyectos para reducir la jornada laboral aterrizan en el Congreso. Consultado el 29 de octubre de 2019. Recuperado de: https://www.elespectador.com/noticias/politica/dos-proyectos-para-reducir-la-jornada-laboral-aterrizan-en-el-congreso-articulo-883898
* Senador de la República por el partidoPolo Democrático Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Crítica a Thomas Piketty: ¿incremento de desigualdades o de explotación?

El aumento de las desigualdades de renta y de propiedad ha sido tan grande en la mayoría de países del mundo capitalista desarrollado que ha llamado la atención de los mayores fórums y medios de comunicación en tales países, así como en las instituciones internacionales. En realidad, el tema de las “desigualdades” se ha convertido casi en un tema de moda. Desde el Foro de Davos (el Vaticano del pensamiento neoliberal) hasta el Foro Social Mundial, todos hablan del tema de desigualdades.

Pero lo que es interesante (y diría yo también intrigante) es que apenas se habla de otro término (o concepto) que está claramente relacionado con el tema de desigualdades. Y me refiero al término (y concepto) de explotación, raramente citado y todavía menos analizado, por ser considerado demasiado polémico. Los datos, sin embargo, muestran que es casi imposible entender la enorme evolución de las desigualdades hoy en el mundo capitalista desarrollado sin hablar de explotación.

Qué es explotación

En realidad, el concepto explotación es muy fácil de definir: A explota a B cuando A vive mejor a costa de que B viva peor. Y A y B pueden ser clases sociales, géneros, razas, naciones o ambientes. Me explico: cuando a un trabajador se le paga menos de lo que contribuye con su producto o servicio a fin de que su empleador (el empresario) pueda aumentar más sus beneficios, hablamos de explotación de clase. Cuando una pareja (hombre y mujer) que viven juntos y trabajan los dos, llegan a casa al mismo tiempo y la mujer se va directamente a la cocina a preparar la cena para los dos mientras el marido se sienta para ver la televisión, hablamos de explotación de género. Cuando a un ciudadano negro se le paga menos que a un blanco por hacer el mismo trabajo, entonces indicamos que hay explotación de raza. Cuando un Estado–nación impone a otro más pobre las condiciones del comercio internacional que le favorecen, a costa de los intereses de esa nación pobre, hay explotación de nación. Y cuando la compañía Volkswagen era consciente del daño causado por sus automóviles, contaminando más de lo legalmente permitido, beneficiándose a costa de dañar la salud de la población, había un caso de explotación del medioambiente por parte de dicha empresa, a costa de la salud de la población.

El crecimiento de las desigualdades de clase causado por un aumento de la explotación

Pues bien, una de las desigualdades más acentuadas y que han aumentado más sustancialmente desde los años ochenta del pasado siglo han sido las desigualdades por clase social, y ello se debe al aumento de la explotación de clase, que explica en gran medida la evolución de estas desigualdades de clase, las cuales, a su vez, afectan a otros tipos de desigualdades (como las desigualdades de género originadas por otros tipos de explotación, como mostraré más adelante). La explotación de clase centra la dinámica de las sociedades capitalistas hasta tal punto que no se puede entender ni la génesis ni el desarrollo de la Gran Depresión o de la Gran Recesión en el mundo capitalista desarrollado sin analizar la evolución de tal explotación. Incluso un economista keynesiano como Paul Krugman ha reconocido últimamente esta realidad, señalando que el economista que explicó mejor la evolución de los ciclos económicos fue Michal Kalecki (que influenció a Keynes), que puso la explotación de clase y el conflicto generado por tal explotación en el centro de su análisis. Thomas Piketty, en su último libro Capital e ideología así también lo reconoce, aludiendo a la famosa cita de Karl Marx: “La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases.

 

La explotación de clase durante la Gran Recesión

 

Esta observación aplica claramente a España (incluyendo Catalunya), uno de los países de la UE con mayores desigualdades por clase social. Las rentas del trabajo han ido disminuyendo en España (incluyendo Catalunya), mientras que las rentas del capital han ido aumentando, siendo el ascenso de estas últimas a costa del descenso de las primeras. En España (incluyendo Catalunya) el conflicto de banderas (la borbónica por un lado y la estelada independentista por el otro) durante los años de la Gran Recesión ha ocultado esta realidad.  La enorme crisis de legitimidad del Estado se basa precisamente en esta realidad.

Uno de los elementos de estabilidad del sistema capitalista, que era la ideología de la meritocracia (que asumía que el mérito era el motor que definía la jerarquía social), ha perdido toda su credibilidad y capacidad cohesionadora, pues pocos se la creen. Y ahí está el problema para la reproducción del régimen político actual. Esta realidad muestra el poder de las ideologías en la configuración de las desigualdades, como concluye, con razón, Piketty en el libro anteriormente citado, Capital e ideología. Ahora bien, el gran error de Piketty es que concede excesiva autonomía a las ideologías, sin apercibirse de que las que él cita han sido creadas y promovidas para satisfacer los intereses de las clases que las originan. Piketty reconoce que Karl Marx llevaba razón (cuando ponía la lucha de clases en el centro de la explicación), pero añade inmediatamente después que hoy la lucha no es entre clases, sino entre ideologías. Por lo visto, Piketty no se da cuenta de que, como acabo de decir, las ideologías son sostenidas y promovidas como instrumentos del poder de clase. La meritocracia era una ideología promovida por los que estaban en la cúspide del poder, para justificar su derecho a dominar. Y el neoliberalismo ha sido la ideología de la clase capitalista dominante, como bien muestran los datos sobre la evolución de las rentas y su enorme concentración, lo cual ha ocurrido a costa de la clase trabajadora, cuyo nivel de vida ha ido empeorando. La evidencia de ello es clara y contundente (ver mi libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante. Anagrama, 2015).

Naturalmente que tales ideologías (de clase) no son las únicas, pues cada tipo de explotación genera diferentes ideologías. La explotación de género se sostiene gracias a la existencia de ideologías que reproducen tal explotación. Pero todas ellas están también influenciadas por las ideologías encaminadas a reproducir el dominio de clase. Hay muchos ejemplos de ello. Como ha escrito Rosalind Gill en su libro Cultura y subjetividad en tiempos neoliberales y posfeministas, el neoliberalismo (la ideología de la clase capitalista) influenció la expansión del erotismo en la moda femenina, a fin de empoderar a la mujer para competir en el mundo dominado por el hombre en términos que reproducían también el dominio del machismo, que veía a la mujer como objeto de deseo del hombre. Lo que la mujer (liberal) creía que era la libre expresión de su voluntad era, en realidad, la reafirmación de su opresión, presentándola como objeto de deseo.

Una situación semejante se da en las ideologías basadas en la explotación de raza (y de clase). El racismo ha jugado un papel clave en desempoderar al mundo del trabajo, dividiéndolo por raza. Es de sobras conocido que el racismo juega un papel clave en la desunión de la clase trabajadora., causa de que sea ampliamente promovido por la clase dominante. Como bien dijo Martin Luther King una semana antes de ser asesinado, “la lucha central en EEUU que afecta a todas las demás es la lucha de clases”. Lo dicho anteriormente no es, como algunos estarán tentados de pensar, reduccionismo de clase, sino intentar recuperar y resaltar la importancia de la clase social como variable de poder en el análisis de la realidad, y no solo a nivel económico, algo que raramente se hace no solo en los medios, sino también en los análisis académicos.

La explotación requiere dominio, hegemonía y represión por parte de los explotadores

Y estas ideologías se sustentan a base también de una enorme represión. Basta ver qué está ocurriendo en varios países de Latinoamérica hoy. De ahí que considere enormemente ingenua la observación que hace Piketty en su crítica a Marx. Dice Piketty: “A diferencia de la lucha de clases, la lucha de ideologías está basada en el conocimiento y las experiencias compartidas, en el respeto al otro, en la deliberación y en la democracia.” Tengo que admitir que tuve que leer este párrafo dos veces. Mis muchos años de experiencia y conocimiento de la realidad en los varios países en los que he vivido y he trabajado muestran que no es así. Piketty idealiza el sistema democrático. La prueba de ello es que el siglo XXI se está caracterizando por las enormes agitaciones sociales frente a las consecuencias de la aplicación de las políticas de clase impuestas por los grupos dominantes.

Hoy, la gran mayoría de países a los dos lados del Atlántico Norte están experimentando una enorme crisis de legitimidad de sus Estados, resultado en gran parte de la aplicación de las políticas públicas neoliberales impuestas por los partidos gobernantes, incluidos los partidos socialdemócratas cuyo compromiso y aplicación de políticas públicas del mismo signo han generado su enorme colapso e incluso desaparición, como ha sido el caso del partido socialista en Francia, país donde reside Thomas Piketty. El surgimiento de la ultraderecha en Europa y el gobierno de ultraderecha que gobierna EEUU son un indicador de tal crisis. Me parece incoherente que a la luz de estas realidades, Piketty concluya que los sistemas políticos actuales responden a la idealizada versión que caracteriza su definición de ellos. Hoy estamos viendo el fin de una etapa en la que el poder de las clases dominantes ha alcanzado un nivel tal que la propia supervivencia de los sistemas democráticos está en juego. La escasa atención que Piketty presta al contexto político del fenómeno económico (que es casi característica de los estudios económicos actuales) empobrece su análisis, pues hace poco creíble que las propuestas que hace puedan considerarse como factibles sin que exista un cambio más sustancial de lo que él considera.

Respecto a sus propuestas, admito reservas en cuanto al hecho de que la solución pase por gravar a las rentas superiores y a la clase de propietarios del capital y que se distribuya la renta a cada uno de los ciudadanos. Ya he expresado mis reservas en cuanto a priorizar una renta universal a costa de un cambio más significativo, que es utilizar los fondos adquiridos mediante la grabación del capital y de las rentas superiores para crear una sociedad en la que cada uno contribuya según sus habilidades y los recursos se distribuyan según sus necesidades. Habiendo dicho esto, no quiero desalentar al lector a que lea el libro de Thomas Piketty, que como siempre tiene información de gran interés.

NOVIEMBRE 28, 2019

Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universitat Pompeu Fabra

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