La superficie del segundo planeta del sistema solar está a 864º F (462º C), ¡tan caliente como para derretir plomo! Foto: dottedhippo/iStock.

Este lunes se dio a conocer que en lo alto de la atmósfera de Venus se halló fosfina (PH3), uno de los potenciales marcadores biológicos y sustancias químicas que pueden evidenciar la presencia de organismos microbianos. Los científicos no afirman que su descubrimiento signifique que en las capas altas de la atmósfera de Venus hay vida y solo indican que la presencia de la fosfina muestra que en el planeta puede haber procesos químicos desconocidos para la ciencia.

La fosfina es un gas tóxico que no tiene color ni olor en estado puro, y en la Tierra está asociado con entes orgánicos. La inhalación de este gas, y sobre todo la exposición prolongada al mismo, puede causar náuseas, vómitos, bronquitis, falta de aliento, convulsiones, edema pulmonar, daño del hígado, problemas de la vista y del habla e incluso la muerte.

Se conocen solo dos formas de obtener la fosfina: en el proceso industrial —el gas se produjo para su uso como agente de guerra química en la Primera Guerra Mundial—, y como parte de algún tipo de función poco conocida en animales y microbios. Algunos científicos lo consideran un producto de desecho, mientras que otros no.

Los productos de fosfina, utilizada hoy en día en las industrias de los plásticos y semiconductores y también como insecticida en granos almacenados y para fabricar retardantes de llamas, huelen a ajo o a pescado podrido.

La Agencia para Sustancias Tóxicas y el Registro de Enfermedades de EE.UU. (ATSDR, por sus siglas en inglés) indica que la fosfina puede inflamarse y explotar a temperatura ambiente, y en pequeñas cantidades puede surgir de forma natural a partir de la degradación de materia orgánica.

¿Qué tiene que ver con la vida extraterrestre?

Como en la Tierra la fosfina puede ser producto de microorganismos anaerobios, en 2019 la propusieron para considerar como una biofirma para buscar la vida en exoplanetas. El gas cumple con la mayoría de los criterios para ser catalogado de esta manera, pero su detección es bastante difícil.

La atmósfera de Venus contiene muchos compuestos de azufre y prácticamente carece de vapor de agua y oxígeno, lo que la convierte en un lugar extremadamente inadecuado para la aparición de formas de vida proteínicas, pero existen teorías que aceptan la posibilidad de que algunos microorganismos podrían adaptarse a las condiciones tan extremas y vivir en las capas altas de la atmósfera del planeta gracias a complejas reacciones químicas.

Las biofirmas —y la presencia de la fosfina sigue siendo un potencial marcador biológico— pueden ayudar a confirmar o refutar esta hipótesis. En el caso de Venus, los propios investigadores que formaron parte del estudio subrayaron que la detección de este gas no puede considerarse como una evidencia sólida de la presencia de vida microbiana, y únicamente apunta a procesos geológicos o químicos potencialmente desconocidos para la comunidad científica.

No obstante, el administrador de la NASA, Jim Bridenstine, ha calificado el hallazgo de un "avance más significativo hasta ahora en sustanciar el caso de la vida fuera de la Tierra". "Hace unos diez años la NASA descubrió vida microbiana a 120.000 pies en la atmósfera superior de la Tierra. Es hora de dar prioridad a Venus", escribió en su cuenta de Twitter.

15 septiembre 2020

(Con información de AP y RT)

Simulación de una fusión de agujero negro binario.Foto Afp

 

Descubren la colisión de dos hoyos negros que creó uno nuevo de tamaño jamás visto // Tardó 7 mil millones de años en revelarse a la ciencia

 

Washington. Los agujeros negros no dejan de causar extrañeza, incluso a los astrónomos. Acaban de detectar la señal de una antiquísima colisión violenta de dos de ellos que creó uno nuevo de tamaño jamás visto.

“Es la explosión más violenta desde el Big Bang que haya observado la humanidad”, señaló Alan Weinstein, del Instituto Tecnológico de California y miembro del equipo que efectuó el descubrimiento.

Demoró 7 mil millones de años en revelarse a la ciencia: un agujero negro masivo de un nuevo tipo, fruto de la fusión de dos agujeros negros, fue observado directamente por primera vez gracias a las ondas gravitacionales, anunciaron ayer dos estudios.

Este hallazgo constituye la primera prueba directa de la existencia de agujeros negros de masa intermedia (entre 100 y 100 mil veces más masivos que el Sol) y podría explicar uno de los enigmas de la cosmología, esto es, la formación de estos objetos supermasivos presentes en varias galaxias, incluida la Vía Láctea.

¡Es una puerta que se abre sobre un nuevo paisaje cósmico!, se felicitó en rueda de prensa Stavros Katsanevas, director de Virgo, uno de los dos detectores de ondas gravitacionales que captaron las señales de este nuevo agujero negro.

Se trata de regiones del espacio tan densas que ni siquiera dejan escapar la luz. Los observados hasta ahora eran de dos tamaños en general. Unos son “pequeños”, llamados agujeros negros estelares, formados cuando se colapsa una estrella y su tamaño es alrededor del de una ciudad pequeña. Los otros son los supermasivos, millones o miles de millones de veces más masivos que el Sol, en torno de los cuales giran galaxias enteras.

Según estimaciones de los astrónomos, no tenía sentido que los hubiera de dimensiones intermedias porque las estrellas que crecían demasiado antes de colapsar se consumen sin dejar agujeros negros.

Según los científicos, el colapso de una estrella no podía crear un agujero negro estelar mucho mayor que 70 veces la masa de nuestro Sol, explicó Nelson Christensen, del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia.

Sin embargo, en mayo de 2019 dos detectores captaron una señal que resultó ser la energía de dos agujeros negros estelares –cada uno de ellos demasiado grande para ser un estelar– que chocaban entre sí. Uno tenía 66 veces la masa de nuestro Sol y el otro 85 veces.

Resultado de ello fue el primer agujero negro intermedio que se haya descubierto con 142 veces la masa del Sol.

En la colisión se perdió una enorme cantidad de energía bajo la forma de una onda gravitatoria, que viaja por el espacio a la velocidad de la luz. Esa es la onda que captaron el año pasado los físicos en Estados Unidos y Europa por medio de detectores llamados LIGO y Virgo. Tras descifrar la señal y verificar el trabajo, los científicos publicaron los resultados este miércoles en las revistas Physical Review Letters y Astrophysical Journal Letters.

Debido a que los detectores permiten captar las ondas gravitatorias como señales de audio, los científicos pudieron escuchar la colisión, que por ser tan violenta y dramática, duró apenas una décima de segundo.

“Suena como un golpe sordo, no como gran cosa en un parlante”, concluyó Weinstein.

(Con información de Afp)

Hicieron una importante contribución al planeta azul en su formación. La gráfica fue tomada de un video captado por un conjunto de radiómetros de imágenes infrarrojas visibles. Foto Afp

 

Hallaron en condritas de enstatita suficiente hidrógeno como para proveer con al menos tres veces la masa del líquido de sus océanos

 

 El agua cubre 70 por ciento de la superficie de la Tierra y es una sustancia crucial para la vida, pero cómo llegó el líquido hasta aquí sigue siendo materia de debate científico.

Equipo de científicos franceses dio un paso para solucionar este añejo acertijo tras el anuncio en una publicación en la revista Science de que logró identificar las rocas espaciales que pudieron traer el agua a la Tierra.

La cosmoquímica Laurette Piani, quien lideró la investigación, señaló que, al contrario de teorías prevalecientes, el agua del planeta podría haber estado contenida en sus bloques esenciales.

Según los primeros modelos que explican la formación del sistema solar, los grandes discos de gas y polvo que se arremolinaban alrededor del Sol y terminaron formando los planetas interiores estaban demasiado calientes como para formar hielo.

Esto podría explicar las condiciones de esterilidad de Mercurio, Venus y Marte, pero no del planeta azul, con sus vastos océanos, una atmósfera húmeda y su geología bien hidratada.

La idea más frecuente es que el agua apareció en una etapa posterior, traída por un objeto extraterrestre, y los principales sospechosos son los meteoritos que poseen el líquido en abundancia, conocidos como condritas carbonáceas.

El problema, sin embargo, era que su composición química no coincide plenamente con la de las rocas de la Tierra.

Además, esas condritas se formaron en las afueras del sistema solar, lo que baja su probabilidad de haber golpeado al planeta cuando era joven.

Bloques fundamentales

Otro tipo de meteoritos, llamado condritas de enstatita, posee una composición química mucho más cercana, lo que indica que constituyen los bloques fundamentales que formaron la Tierra y los otros planetas interiores.

De estas rocas, que se formaron cerca del Sol, se asumía que eran demasiado secas para justificar las enormes reservas de agua del planeta.

Para probar si esa presunción era cierta, Piani y sus colegas de la Universidad de Lorraine utilizaron una técnica de medición llamada espectrometría de masas para cuantificar el contenido de hidrógeno en 13 condritas de enstatita.

Hallaron que las rocas contenían suficiente hidrógeno como para proveer a la Tierra con al menos tres veces la masa de agua de sus océanos.

También midieron los dos tipos de hidrógeno, conocidos como isótopos, porque la proporción relativa de éstos es muy diferente entre distintos cuerpos del sistema solar.

"Encontramos que la composición de hidrógeno isotópico de las condritas de enstatita es similar a la del agua almacenada en el manto terrestre", destacó Piani, quien comparó el hallazgo a una coincidencia en el ADN.

La investigación no excluye que más agua haya llegado luego de otras fuentes, como cometas, pero indica que las condritas de enstatita realizaron un aporte significativo a la cantidad del líquido de la Tierra en su etapa de formación.

El hallazgo "aporta un elemento crucial a este rompecabezas", escribió Anne Peslier, científica de la NASA, en una editorial que acompaña la publicación.

Vista global simulada por computadora del cuerpo celeste, elaborada en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA

Residen dentro de las gotas de las nubes // El planeta tiene una atmósfera similar a la de la Tierra

 

Un nuevo estudio astrobiológico concluye que los microbios podrían tener un "ciclo de vida" sostenido en la atmósfera de Venus, que les permitirá sobrevivir durante quizá millones de años.

Con un demoledor efecto invernadero, una presión superficial aplastante y nubes de ácido sulfúrico, Venus ciertamente no es amigable para la vida tal como la conocemos, y las pocas naves espaciales que la humanidad ha enviado a su superficie sólo han resistido unos minutos.

Pero a unos 40 a 60 kilómetros sobre la superficie, la atmósfera de Venus es la más parecida a la de la Tierra que a la de cualquier otro lugar del Sistema Solar. Allí, ese planeta tiene una presión de aire de alrededor 1 bar y temperaturas en el rango de cero a 50 grados Celsius.

La pregunta de si los microbios podrían sobrevivir allí ha sido especulada durante mucho tiempo por científicos, desde Carl Sagan en 1967. Un estudio en 2004 analizó cómo el azufre podría ser utilizado por microbios como un medio para convertir la luz ultravioleta en otras longitudes de onda de luz que podrían usarse para la fotosíntesis. Uno más, en 2018, planteó que las manchas oscuras que aparecen en la atmósfera del planeta podrían ser algo similar a las floraciones de algas que ocurren de forma rutinaria en los lagos y océanos de la Tierra, informó Universe Today.

Análisis anteriores

Sin embargo, la mayoría de los estudios anteriores concluyeron que los posibles microbios en la atmósfera de Venus podrían tener sólo una vida útil corta: caerían a través de las nubes hacia la capa de neblina inferior y terminarían incinerados y/o aplastados por la presión atmosférica más alta que está más cerca de la superficie.

Un nuevo estudio de la astrobióloga Sara Seager, profesora en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, sugiere que los microbios podrían tener un "ciclo de vida" sostenido, que les permitirá sobrevivir quizá millones de años.

Ella investigó la posibilidad de que los microbios puedan vivir dentro de las gotas de la nube de ácido sulfúrico. "Suponiendo que la vida debe residir dentro de las gotas de las nubes, resolvemos el enigma posterior de las que se depositan gravitacionalmente y alcanzan regiones más calientes e inhabitables al proponer un ciclo de vida venusiano en el que es un paso crítico. Los microbios se secan para convertirse en esporas al alcanzar la capa de neblina inferior relativamente estancada, que llamamos un depósito con fugas. Las esporas secas residirían allí hasta que algunas puedan ser transportadas de regreso a las capas de nubes templadas y habitables, donde actuarían para promover la formación de nubes, y quedarían envueltas en gotas de nubes para continuar el ciclo de vida", escribió Seager en su artículo, publicado en la revista Astrobiology.

Ingenieros y técnicos del Centro Espacial Kennedy, en Florida, trabajan en el robot, considerado el más avanzado de la NASA hasta el momento.Foto Ap

El robot de la NASA viajará en el Atlas 5, cuyo lanzamiento está previsto para hoy // Probarán equipamiento a fin de producir oxígeno en el planeta rojo a partir de su atmósfera

 

La NASA comenzará este jueves una misión ambiciosa a Marte, con el lanzamiento del cohete Atlas 5 que llevará al planeta rojo a Perseverance, un robot de última generación, encargado de desplegar un mini helicóptero, probar equipos para futuras misiones humanas y buscar rastros de vida en el pasado.

A bordo del cohete, producido en una asociación de Boeing y Lockheed denominada United Launch Alliance, Perseverance llegaría a Marte en febrero.

La nave, parte de una misión de 2 mil 400 millones de dólares, despegará, según se programó, de Cabo Cañaveral, en Florida. Se trata del noveno viaje de la agencia espacial estadunidense a la superficie marciana. Emiratos Árabes Unidos y China también lanzaron sondas al planeta rojo este mes.

Perseverance se posará en el cráter Jezero, lago extinto de 3 mil 500 millones de años de antiguedad que los científicos sospechan podría contener evidencia de vida microbiana en el pasado de Marte.

"Es la primera vez en la historia que iremos a Marte con la misión explícita de encontrar vida en otro mundo", sostuvo Jim Bridenstine, administrador de la NASA, en una conferencia de prensa realizada ayer.

Uno de los siete experimentos de Perseverance abordará en específico futuras misiones humanas a Marte.

Moxie (Mars Oxygen In Situ Resource Utilization Experiment) ayudará a prepararse para esas primeras misiones al demostrar que es posible producir oxígeno en Marte a fin de utilizarlo como propulsor para cohetes y para la tripulación cuando pise suelo marciano.

Moxie fue propuesto y desarrollado a través de una colaboración entre investigadores del Observatorio Haystack del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y el Departamento de Aeronáutica y Astronáutica de esa institución (AeroAstro), junto con ingenieros del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA.

En la película de 2015 The Martian (de Ridley Scott), el astronauta Mark Watney (Matt Damon) se queda varado en Marte, donde logró sobrevivir el tiempo suficiente para coordinar una misión que le permitiera encontrar a la tripulación de la nave. A partir de la cinta se muestra el principio básico detrás de la utilización de recursos in situ, o ISRU, y Moxie representa un primer paso importante en ese sentido para futuros exploradores del planeta rojo.

"La gente y los cohetes necesitan oxígeno. Si estos últimos queman combustible, lo requieren", destacó Michael Hecht, investigador principal de Moxie y director de investigación en el MIT.

Los lanzamientos consumen una gran cantidad de combustible: impulsar una nave espacial para salir de la atracción gravitacional de la Tierra requiere una gran cantidad de energía, y regresar al planeta, también.

Además, los tanques a fin de transportar el oxígeno necesario para una misión determinada ocupan un valioso espacio en una nave espacial cuidadosamente calibrada. Aquí es donde entra en juego el enfoque ISRU.

"En lugar de llevarlo, ¿por qué no hacerlo cuando llegamos allí?", preguntó Hecht. "El oxígeno existe en Marte, pero no de forma que podamos usarlo. Ese es el problema que tratamos de resolver con Moxie".

Una fuente potencial de oxígeno es el hielo que hay debajo de la superficie marciana. Sin embargo, extraerlo requeriría maquinaria compleja; cavar y perforar provocaría un desgaste significativo en el equipo, lo cual es un problema cuando una persona de reparación está en un planeta de distancia. Por fortuna, había otro recurso potencial que el equipo puede aprovechar para generar oxígeno: la atmósfera.

"La atmósfera marciana es de alrededor de 96 por ciento de dióxido de carbono, por lo que construimos un pequeño árbol mecánico".

El objetivo es recolectar el dióxido de carbono, convertirlo en oxígeno y medir la pureza de éste. Después, el sistema filtra el polvo, lo comprime y lo introduce en el electrolizador de óxido sólido, elemento clave que toma dióxido de carbono a presión y utiliza una combinación de electricidad y química para dividir la molécula en oxígeno. y monóxido de carbono. Se analiza la pureza del oxígeno, y luego se devuelve a la atmósfera marciana.

Un técnico comprueba uno o de los grandes espejos situados en los extremos del detector LIGO./MATT HEINTZE/CALTECH/MIT/LIGO LAB

Los fenómenos microscópicos afectan a los aislados espejos del gigantesco detector de ondas gravitacionales LIGO.

 

Y sin embargo se mueven. La famosa frase de Galileo se podría aplicar a los espejos del gigantesco instrumento LIGO, que hizo historia cuando detectó ondas gravitacionales por primera vez. Ahora, sus científicos han comprobado que el ámbito de la física cuántica no se reduce a lo muy pequeño, lo invisible e imperceptible, lo que supuestamente no afecta a cualquier objeto no microscópico. El omnipresente y constante ruido cuántico inherente al Universo se muestra en su especial ambiente de trabajo y consigue mover objetos macroscópicos de 40 kilogramos de peso, como son los espejos que contiene LIGO. Este efecto, que han podido medir, se produce a temperatura ambiente.

"Se trata de algo notable, porque estas fluctuaciones ocurren en unas escalas de tamaño que son comparables a las dimensiones de las partículas elementales", comentan Valeria Sequino y Mateusz Bawaj en la revistaNature, donde se publica el trabajo de los científicos de LIGO. El ruido cuántico, normalmente imperceptible pero siempre presente, incluso en el llamado vacío en el que trabaja LIGO, puede llegar a mover estos grandes espejos una distancia pequeñísima, de 10 a 20 metros. "Un átomo de hidrógeno mide 10 a -10 metros, así que el desplazamiento de los espejos es a un átomo de hidrógeno lo que un átomo de hidrógeno es a nosotros, y lo medimos", explica LeeMcCuller, investigadorkavli in del Instituto Kavli de Astrofísica y miembro del equipo del Instituto Tecnológico de Massachussetts (MIT) en LIGO.

Los científicos pretendían con su trabajo aumentar la sensibilidad de la instalación de LIGO situada en Louisiana (EEUU) y formada por dos túneles de cuatro kilómetros de longitud en angulo recto con espejos en los extremos. "Lo especial de este experimento es que hemos visto efectos cuánticos en algo que es tan grande como un ser humano", señala Nergis Mavalvala. "En cada nanosegundo de nuestra existencia a nosotros también nos mueven estas fluctuaciones cuánticas pero nuestra energía térmica es demasiado grande para que afecten a nuestros movimientos tanto que se pueda medir. Con los espejos de LIGO hemos trabajado mucho para aislarlos de las fuerzas térmicas y de otro tipo, así que están tan quietos que los mueven las fluctuaciones cuánticas, estas extrañas palomitas que explotan continuamente en el Universo".

De hecho, el desplazamiento de los espejos es algo que se ajusta a las predicciones de la mecánica cuántica para objetos de este tamaño pero nunca antes se había podido medir, informa el MIT.

LIGO es un interferómetro excepcionalmente sensible que permite detectar las consecuencias de algunos de los acontecimientos más catastróficos en el Universo, como la fusión de dos agujeros negros, en forma de ondas gravitacionales. Ese fue su primer resultado, en 2015. Desde entonces ha observado varias fusiones más, tanto de agujeros negros como de estrellas de neutrones.

El detector funciona con luz laser y ya se sabe que la luz es tanto onda como partícula y que en las medidas de esta radiación se aplica el principio de incertidumbre de Heisenberg, por el cual no es posible medir la posición y el momento de un objeto de forma simultánea con precisión ilimitada. De ahí el intento de reducir lo más posible la incertidumbre en las medidas de LIGO para poder aumentar la sensibilidad y detectar más fenómenos.

Los científicos lo han conseguido al reducir el ruido cuántico con instrumentos nuevos y de paso han comprobado que la física cuántica no se aplica solo, a efectos prácticos, a lo muy pequeño. No está mal para un solo experimento, aunque luego haya habido que suspender el trabajo con el detector LIGO temporalmente por el coronavirus.

07/07/2020 07:17

 

Imagen del cielo completo visto en rayos X por el telescopio espacial eRosita./MPE/IKI

La primera imagen de un nuevo telescopio espacial ruso alemán duplica el número de fuentes emisoras conocidas hasta ahora

 

La primera imagen completa del cielo en rayos X que ha obtenido un nuevo telescopio espacial de Rusia y Alemania es espectacular, pero los datos a partir de los que se ha generado son mucho más importantes. En ella figuran más de un millón de objetos calientes y energéticos, fenómenos violentos como los lejanos agujeros negros supermasivos en el centro de las galaxias. El objetivo principal de la misión, llamada eRosita, es estudiar la misteriosa energía oscura.

El nuevo mapa del Universo, que cartografía las emisiones que no vemos en las observaciones en luz visible o en radio, muestra casi el doble de fuentes de rayos X que las identificadas durante los 60 años de existencia de este tipo de astronomía, explican los astrónomos del telescopio eRosita, lanzado en julio del año pasado. La imagen, una de varias más limitadas, es una presentación de millones y millones de datos. Por ejemplo, las unidades de luz, los fotones captados, se han coloreado en función de su energía de menos a más (del rojo al azul). Además hay que tener en cuenta, como en toda observación astronómica, que se está mirando hacia atrás en el tiempo, observando también radiación emitida cuando el Universo era más joven. En este aspecto se ha llegado cuatro veces más lejos.

"Esta imagen de todo el firmamento cambia por completo la forma en que vemos el universo energético; observamos una gran cantidad de detalles, la belleza de las imágenes es realmente impresionante", afirma Peter Predehl , investigador principal de eRosita en el Instituto Max Planck de Física Extraterrestre (MPE). Pero por delante, los científicos tienen años y años de estudio de todo lo que han captado en solo seis meses, más lo que captarán en los próximos años, dado que el último análisis parecido lo hizo el telescopio Rosat, hace 30 años, y entonces se remontó cuatro veces menos en tiempo y distancia.

Cómo se hizo el barrido del cielo en 360 grados para obtener finalmente, y tras mucho trabajo, esta imagen, merece una explicación. El telescopio eRosita va a bordo de un satélite que se mantiene en el segundo punto de Lagrange, un punto de equilibrio en el sistema Sol-Tierra situado a 1,5 millones de kilómetros de nuestro planeta. El satélite SRG es ruso y los instrumentos de eRosita alemanes.

El telescopio cuenta con siete cámaras y durante seis meses ha rotado de manera continua captando de forma uniforme todo lo que ve desde ese lugar de privilegio para la observación, dentro del Sistema Solar. Para generar la imagen, el cielo se ha proyectado en una elipse, en la que el corazón de la Vía Lactea está en el centro y la galaxia se extiende en horizontal. La Vía Láctea se ve sobre todo en azul porque al haber mucho polvo y gas entre medias en el plano galáctico solo se captan las fuentes más fuertes de rayos X. Encima se distingue en colores rojizos la llamada burbuja local de gas caliente, que están atravesando el Sol y sus planetas. El gran punto blanco es Escorpio X-1, una estrella binaria que es el la fuente de rayos X más brillante.

En cuanto a lo que aparece fuera de la galaxia, la mayoría de las fuentes detectadas son núcleos activos de galaxias muy distantes, que contienen agujeros negros supermasivos, informa MPE. Estos se mezclan con cúmulos de galaxias, que se ven como manchas brillantes por el gas caliente confinado por halos de materia oscura. También hay estrellas solitarias y binarias, agujeros negros y restos de explosiones de supernova, así como fenómenos considerados menos frecuentes y exóticos, como la fusión de dos estrellas de neutrones. "El telescopio a menudo capta inesperadas explosiones de rayos X y tenemos que alertar a los telescopios terrestres inmediatamente para intentar comprender qué los produce", explica Mara Salvato, astrónoma del equipo.

Con esta información el proyecto quiere abordar problemas básicos de la cosmología actual, para entender la evolución del Universo. Cartografiar millones de galaxias activas para comprender el efecto de la gravedad en la formación de los 100.000 cúmulos existentes estimados es un objetivo, también relacionado con intentar entender la forma de actuar de la energía oscura, que tiene que contrarrestar la gravedad, en la aceleración de la expansión del Universo.

Para los astrofísicos rusos, el camino ha sido muy largo y dificultoso desde que desapareció la Unión Soviética. En el satélite van otros telescopios rusos complementarios de eRosita y SRG es la única misión ambiciosa de astrofísica que Rusia tiene activa en la actualidad. Hasta ahora, por lo menos, está siendo todo un éxito.

23/06/2020 07:32

Por MALEN RUIZ DE ELVIRA

Disco alrededor de la joven estrella donde se detectaron los signos del fenómeno.Foto Afp

Hasta ahora se han identificado miles de exoplanetas, pero poco se sabe acerca de cómo se forman, explican

 

Observaciones realizadas con el Telescopio Muy Grande (VLT, por sus siglas en inglés), del Observatorio Europeo Austral (ESO), captaron reveladoras señales del nacimiento de un sistema estelar. Alrededor de la joven estrella AB Aurigae hay un denso disco de polvo y gas en el que los astrónomos detectaron una estructura espiral prominente con un "giro" que marca el sitio donde se puede estar formando un planeta.

La característica observada podría ser la primera evidencia directa de un planeta recién nacido.

"Hasta ahora se han identificado miles de exoplanetas, pero poco se sabe sobre cómo se forman", afirmó Anthony Boccaletti, quien dirigió este estudio desde el Observatorio de París, Universidad PSL.

Los astrónomos saben que los planetas nacen en discos polvorientos que rodean a las estrellas jóvenes, como AB Aurigae, a medida que el polvo y el gas frío se amontonan. Las nuevas observaciones realizadas con el VLT, publicadas en la revista Astronomy & Astrophysics, proporcionan pistas cruciales para ayudar a los científicos a entender mejor este proceso.

"Necesitamos observar sistemas muy jóvenes para captar el momento en que se forman los planetas", señaló Boccaletti en un comunicado. Pero, hasta ahora, los astrónomos habían sido incapaces de obtener imágenes lo suficientemente nítidas y profundas de estos discos jóvenes para encontrar el punto exacto que marca el lugar donde puede estar naciendo un planeta.

Las nuevas imágenes presentan una impresionante espiral de polvo y gas alrededor de AB Aurigae, situada a 520 años luz de la Tierra, en la constelación de Auriga (el cochero). Este tipo de espirales indican la presencia de planetas recién nacidos, que "patean" el gas, creando "perturbaciones en el disco en forma de onda, algo así como la estela de un barco en un lago", explicó Emmanuel Di Folco, del Laboratorio de Astrofísica de Burdeos (LAB), en Francia, que también participó en el estudio.

Puntos de perturbación

A medida que el planeta gira alrededor de la estrella central, esta onda toma forma de brazo espiral. En la nueva imagen de AB Aurigae, la región amarilla espiral que se ve cerca del centro, intensamente brillante (que, respecto de su estrella, se encuentra a la misma distancia que Neptuno del Sol), es uno de estos puntos de perturbación en el que el equipo cree que se está formando un planeta.

Las observaciones del sistema AB Aurigae realizadas hace unos años con el Atacama ALMA, del que ESO es socio, proporcionaron los primeros indicios de que se estaban formando planetas alrededor de la estrella. En las imágenes de este instrumento, los científicos vieron dos brazos espirales de gas cerca de la estrella, que se encuentran dentro de la región interior del disco.

Luego, en 2019 y principios de 2020, Boccaletti y un equipo de astrónomos de Francia, Taiwán, Estados Unidos y Bélgica, se propusieron captar una imagen más clara dirigiendo hacia la estrella el instrumento Sphere del VLT de ESO, en Chile. Las imágenes son las más profundas del sistema AB Aurigae obtenidas hasta la fecha.

Con el potente sistema de captación de imágenes de Sphere, los astrónomos pudieron ver la luz más débil proveniente de los pequeños granos de polvo y las emisiones del disco interior. Así, confirmaron la presencia de los brazos espirales detectados por primera vez por ALMA y también vieron otra característica destacada: un "giro", que indica la presencia de un planeta formándose en el disco.

Ilustración del sistema triple HR 6819, donde se encuentra el agujero negro más cercano a la Tierra (Observatorio Europeo Austral (ESO).

Un equipo de astrónomos ha descubierto el agujero negro más cercano a nuestro Sistema Solar jamás detectado hasta la fecha, a “solo” 1 000 años luz de la Tierra. La región forma parte de un sistema estelar triple observable a simple vista.

 

El grupo, integrado por científicos del Observatorio Europeo Austral (ESO), la Universidad Estatal de Georgia (EE. UU.) y la Academia de Ciencias de la República Checa (Praga), encontró evidencias de la presencia de este objeto invisible rastreando a sus dos estrellas compañeras. Los investigadores afirman que este sistema podría ser sólo la punta del iceberg, ya que, en el futuro, podrían descubrirse muchos más agujeros negros similares. El estudio se publica en la revista Astronomy & Astrophysics.

“Nos sorprendimos mucho cuando nos dimos cuenta de que se trata del primer sistema estelar con un agujero negro que se puede ver a simple vista”, afirma Petr Hadrava, investigador emérito en la academia checa y coautor de la investigación. Situado en la constelación de Telescopium, el sistema —agrupación de estrellas que orbitan en torno a un punto común— está tan cerca de la Tierra que sus estrellas se pueden ver desde el hemisferio sur sin prismáticos ni telescopio en una noche oscura y despejada.

El equipo estudiaba la agrupación de ambos astros, llamado HR 6819, como parte de una investigación de sistemas de doble estrella. Las observaciones tomadas durante varios meses mostraban que una de las dos estrellas visibles orbitaba alrededor de un objeto invisible cada 40 días y la segunda estrella quedaba a una gran distancia de este par interior. Al analizar los datos quedaron sorprendidos al descubrir un tercer cuerpo previamente desconocido: un agujero negro.

El agujero negro oculto en HR 6819 es uno de los primeros de masa estelar —al menos tres veces la masa del Sol— descubierto que no interactúan violentamente con su entorno y, por lo tanto, parecen verdaderamente negros. Pese a ello, el equipo pudo detectar su presencia y calcular su masa, unas cuatro veces la de nuestra estrella, al estudiar la órbita de la estrella situada en el par interior.

Los astrónomos han detectado tan solo un par de docenas de agujeros negros en nuestra galaxia hasta la fecha. Casi todos ellos interactúan con su entorno y dan a conocer su presencia mediante la liberación de rayos X. El descubrimiento de uno silencioso e invisible proporciona pistas sobre dónde podrían estar los numerosos agujeros negros ocultos en la Vía Láctea.

De hecho, los astrónomos creen que su descubrimiento podría arrojar algo de luz sobre un segundo sistema. “Nos dimos cuenta de que otro sistema, llamado LB-1, también puede ser triple, aunque necesitaríamos más observaciones para afirmarlo con seguridad”, afirma Marianne Heida, investigadora del ESO en Garching (Alemania) y coautora del artículo.

“LB-1 está un poco más lejos de la Tierra, pero todavía lo bastante cerca en términos astronómicos, lo cual significa que probablemente existen muchos más sistemas como este. Al encontrarlos y estudiarlos podemos aprender mucho sobre la formación y evolución de esas estrellas”

6 mayo 2020

(Tomado de La Vanguardia)

La cámara de luz visible de la sonda espacial Juno logró captar con detalle las nubes turbulentas y los poderosos vientos que se arremolinan en el planeta gaseoso.

La cámara de luz visible de la sonda espacial Juno logró captar con detalle las nubes turbulentas y los poderosos vientos que se arremolinan en el planeta gaseoso.

A miles de millones de kilómetros de la Tierra la sonda espacial Juno de la NASA recientemente hizo su sobrevuelo cercano número 26 a Júpiter, logrando capturar sorprendentes imágenes que muestran el caos y la maravilla del planeta más grande de nuestro sistema solar.

La sonda equipada con una potente cámara de luz visible consiguió hacer fotografías que revelan detalles de sus nubes turbulentas y los poderosos vientos que se arremolinan en el planeta gaseoso.

A partir de estas imágenes en bruto, el ingeniero de 'software' del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, Kevin Gill, y el entusiasta del espacio Michael Galanin procesaron el material para obtener una alucinante fotografía, recoge el portal Science Alert.

La instantánea muestra la intensa actividad en una zona llamada región filamentaria plegada, al norte del planeta.

Varias de estas caóticas regiones ya habían sido estudiadas por los dispositivos Voyager, Cassini y Hubble, pero la sonda Juno ha conseguido capturar las mejores imágenes hasta la fecha, lo que permite estudiarlas con mayor detalle.

La misión espacial Juno de la NASA, que orbita Júpiter desde 2016, tiene programado hacer su último acercamiento al planeta a mediados del año próximo, antes de sumergirse por completo en las nubes del gigante gaseoso recopilando la mayor cantidad de datos posible.

19 abril 2020

(Con información de RT en Español)

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