Lunes, 25 Mayo 2020 10:53

Un futuro para la vida, digna

Óscar Pinto Pineda, El Principito, ilustraciones del libro “El Principito” (Cortesía del autor)

Paradojas que arroja la vida: ante el riesgo de muerte masiva a que estamos expuestos por la multiplicación del covid-19, los principios sobre los que está soportado el modelo económico, social y político dominante, en general, y en particular en Colombia, se tornan polvillo.


Por el piso, arrastrados como virutas por un huracán, van los dogmas capitalistas que siempre han dominado el funcionamiento económicos de nuestra sociedad, profundizados hasta la radicalidad por la forma neoliberal que asumió desde hace 30 años o más.


Zarandeada por los vientos de la muerte, dándose contra los muros de la ortodoxia económica, va la máxima de la eficiencia del capital privado, ahora ocultando su cabeza cual avestruz, en tanto no puede responder por la demanda masiva en el campo clínico y de la salud en general, para atención preventiva o de urgencia desprendida del avance de un virus que aún la comunidad científica no comprende a cabalidad y que, por tanto, no puede neutralizar con una vacuna realmente efectiva.


En su ayuda corre el Estado que los agentes particulares tanto hicieron por reducir, esgrimiendo una y otra vez que el mercado es el factor que debe decidir, no un ente externo. Ese ente es ahora reclamado para que apropie miles de millones bajo el supuesto de estar actuando para impedir que la sociedad colapse. Empresas multinacionales demandan rescate –Avianca, por ejemplo, (1)–, así como los empresarios agremiados en la Asociación Nacional de Industriales, Andi (2), figurando en primera línea como si hicieran parte de los millones de empobrecidos que habitan las barriadas de nuestras ciudades y zonas rurales a las que ese mismo Estado dice paliarles sus necesidades con míseros subsidios. A un lado también dejan la máxima “El más fuerte es el que sobresale”. Claro, entre los subsidios y los rescates hay cientos, miles de millones de diferencia, necesarios según la ortodoxia misma, pues los empresarios son los que “crean trabajo” (¡?!).


Al mismo tiempo, como arrebatada por un remolino que no permite que escape de su núcleo, se ve la regla fiscal (3), ahora olvidados sus defensores de las negativas esgrimidas una y otra vez ante voceros de diferentes paros y protestas sociales, para justificar la negativa a invertir todo lo que requiere una educación pública a la altura de los requisitos de la creciente población colombiana, para no construir las vías demandadas por poblaciones rurales que deben comunicarse con las cabeceras municipales, así como para no comprar las tierras exigidas por indígenas y campesinos, o girar los dineros necesarios por diversidad de centros de salud una y otra vez en crisis, sin los cuales no es posible contar con un sistema de salud realmente público y no al servicio del capital privado.


Es una negativa extendida al acceso universal a los servicios de luz y agua por parte del conjunto de la población colombiana, con más de 250 mil hogares cortados de los mismos por morosidad en su pago, ahora reconectados y gozando del acceso a los mismos por el temor que tienen los poderosos de que la pandemia se extienda sin control por el país y termine por afectarlos a ellos mismos, por lo cual ahora facilitan, con su reconexión, que quienes no tienen con qué pagar estos “derechos fundamentales” puedan asearse, al tiempo que tengan cómo cocinar sus alimentos, y así no cuenten con más motivos para romper el confinamiento ‘voluntario’.


Son estos vientos, huracanados, con potencia para desgarrar de sus bases otros dogmas del capital. Entre sus energías en espiral alcanza a verse el tiempo de trabajo obligatorio por día, “imposible” de reducir, pues, de suceder así, la economía quebraría. La parálisis parcial de la producción, ahora evidente por doquier, los desmiente. La humanidad produce suficiente riqueza como para garantizar con menos horas de trabajo diario, por parte de los miles de millones que somos, los recursos y las condiciones para que la totalidad pueda gozar de vida digna.


Ahora, tras siglos del esfuerzo de millones de mujeres y hombres –esclavos, siervos, campesinos, obreros–, y siglos vividos en medio de intensas luchas por los derechos de unas y otros, con logros como que en su momento la jornada de trabajo pasara de 16, 14, 12 horas a 8, bien se pudiera reducir de 8 horas a 6 e incluso menos, garantizando como consecuencia que otras muchas personas que hoy padecen desempleo sean enganchadas en las labores que más los satisfacen como seres humanos. Un empleo para realizarse como individuos, inscritos en un conglomerado social, y no solo como recurso para ganar las monedas con las cuales satisfacer el hambre o pagar la cuota mensual del espacio para reproducir su fuerza de trabajo.


Es posible entonces otro modelo laboral tras controlar los vientos que sacuden a toda la sociedad. Un trabajo para satisfacer y resolver las necesidades biológicas pero también espirituales de todo el tejido social.


Una transformación tal del mundo del trabajo que avive la vida comunitaria y barrial al permitir, como ahora sucede, que más gente permanezca en sus territorios y pueda encarar colectivamente la resolución de muchas de las necesidades que una vida más armónica demanda. Todo con el procesamiento y el consumo de alimentos sanos, construcción de viviendas donde sus habitantes puedan gozar y no padecer, y edificación de espacios para la recreación y el compartir, etcétera.


Un convivir que abra la pregunta por el buen gobierno, el cual tiene que descansar, para así garantizarlo, en las capacidades y la participación decisiva del conjunto social, es decir, en un gobierno propio que vaya de lo local a lo nacional, pasando por las instancias territoriales que la propia sociedad se dé, con unos gobernantes sometidos al poder destituyente de los gobernados y no atornillados a una función cada vez más distante de las mayorías.


Un centro cuestionado


Precisamente lo que de nuevo deja al desnudo la crisis en curso es el sinsentido de nuestra formación política, el desgobierno que por décadas han tenido que padecer las mayorías nacionales, un desgobierno de vieja data por acción del cual el centro determina las regiones. La realidad es elocuente: por una orden nacional, todo el país, registrara o no infectados por el virus, quedó confinado. Se trata de una orden autoritaria, sin reparar en opciones que garantizaran que gran parte de su población prosiguiera su cotidianidad, y así, en la resolución de su vida diaria, no quedaran miles de miles sometidos a la entrega de subsidios y mercados totalmente insuficientes.


El sábado 25 de abril, un mes después que el país fuera declarado en cuarentena, las cifras de contagio por covid-19 alcanzaron a 5.142 connacionales, los decesos a 233, y los recuperados a 1.067. Es decir, el avance del virus alcanzaba al 0,00010284 por ciento de los 50 millones que habitan en Colombia.
Del total de contagios, Bogotá sumaba 2.152 casos (el 41,8%); Cali, 712 (14%); Medellín, 304 (6,5 %); Cartagena, 244 (4,6%); Barranquilla, 131 (2,6 %), lo que suma un subtotal de 69,5 por ciento. El restante 30 por ciento está disperso por varias docenas de otros municipios, grandes y pequeños, no más de 200 cabeceras municipales. Es decir, 800 o más centros poblados de los 1.103 municipios en que está distribuido el territorio nacional no registran contagio alguno, pese a lo cual tienen que someterse a la dinámica del centro nacional y del centro regional.


Hay ahí un claro despropósito, el mismo que siempre ha imperado en este país, producto del cual la llamada periferia de nuestro territorio y la población que la habita quedan relegadas al olvido y la miseria, solo tomadas en cuenta para extraer minerales de sus tierras, además de madera, fauna y todo aquello que signifique dividendos económicos para las oligarquías apoltronadas en la Sabana de Bogotá, que con mirada colonizadora oprime a negritudes, indígenas, campesinos y otros sectores sociales, carne de cañón, mano de obra barata. Como elemento determinante está esa oligarquía que impuso un modelo de tierra arrasada esquilmando la diversidad ambiental de que gozamos, quebrando el país de regiones, valiosa configuración territorial y humana que nos permite ser variados en la producción agraria, en la organización de territorios, en el estímulo a la participación social, en la potencialidad en ciencia y tecnología, en la manera de ver y comprender la realidad, así como en la pluralidad de formas para encarar la vida y con ella la salud.


Es esa concepción del gobierno, de la vida y del mal llamado desarrollo lo que desnudó la crisis de salud pública en curso, llamando a superarla de una vez y para siempre.


Una concepción de espaldas a más del 50 por ciento del país, a sus principales flujos de vida (bosques, selvas, ríos, páramos, y por lo menos uno de sus mares), y a la mayoría de los 1.103 municipios en que está distribuido el territorio nacional.


Una pretensión occidentalizada de organizar el territorio patrio que terminó por hipertrofiar sus más importantes poblados, hoy sometidos al desastre ambiental, con una urbanización de sus fronteras rurales que las llevaron a perder el potencial de autoabastecimiento de frutas, verduras y granos que se podrían prodigar de manera pronta y menos onerosa, sin tener que recurrir al transporte diario de estos y otros productos desde territorios localizados a varias horas de distancia, con el correspondiente impacto ambiental que ello conlleva.


Una construcción sin límite de estos territorios, conurbanizados, con toda la especulación que propicia sobre la vivienda –haciéndola imposible para más del 50 por ciento de su población–, convertida en mercancía de lujo, dejando de ser un derecho humano fundamental por concretar desde el Estado, que debiera ser el propietario de todo el suelo, para, sobre esa base darle paso a una reglamentación de la construcción que evite precisamente la especulación y el endeudamiento de por vida de cientos de miles de familias.


Una construcción sin límite de estos centros poblacionales que, además de agotar todos los recursos naturales existentes a su alrededor y más allá del mismo, somete a cientos de miles de sus pobladores a prolongadas jornadas de transporte diario para poder llegar hasta su sitio de trabajo. Una sobrecarga de cemento y gases tóxicos, causantes de variedad de enfermedades terminales. Ciudades llenas de muerte; ciudades colapsadas.


Es esa misma concepción, que llaman desarrollo, la que hoy demanda superación, para lo cual es urgente, aprendiendo de esta pandemia, retomar el país de regiones, desconcentrando población de ciudades que se vuelven inviables y las hacen más frágiles ante crisis de salud pública como la que hoy tenemos, con dificultades también mayores para resolver de manera efectiva, es decir incluyente, ítems como empleo, educación, ambiente, ingresos, servicios públicos, vivienda, transporte, además de garantizar participación efectiva, directa y decisiva de sus habitantes en la determinación de sus asuntos fundamentales, vía indispensable para erigir democracia directa, radical y plebiscitaria: una democracia más allá de la formal, que es lo que de ella hemos conocido.


Desconcentración poblacional que debe partir por Bogotá y otras capitales de departamento –Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga…–, para repoblar (como para fundar) con varios cientos de miles de personas salidas de esos espacios municipios seleccionados en cada una de las regiones del país y donde, desde una planificación participativa, se decidan modelo productivo, organización territorial, modelo de vivienda, educación, transporte, salud y demás aspectos con los cuales se organiza la vida y su reproducción. Todos y cada uno de tales particulares, asumidos y resueltos desde una perspectiva de equilibrio ambiental.


Un nuevo relacionamiento con el territorio que no puede dejar de lado, en nuestra diversidad, que podemos garantizar la deseable soberanía alimentaria sin destruir el equilibrio ambiental. Precisamente, una de nuestras fortalezas, compartida con países fronterizos como con otros ubicados en África, está en la franja ecuatorial que habitamos, y, por ello, la variedad climática de que gozamos, con el beneficio de energía natural los 365 días del año. Saber apropiarse de ese beneficio natural, además de caídas de agua y otras fuentes de energía, nos permite superar la dependencia de las energías fósiles, al tiempo que sembrar y cultivar multiplicidad de alimentos.


Una cualidad natural que nos debe permitir, al mismo tiempo, validos para ello de un potente proyecto en ciencia y tecnología, dejar a un lado la economía extractivista, depredadora y siempre al vaivén de las demandas y ciclos económicos connaturales al capital, para incursionar en una economía diversa, con epicentros y producción tan variada como lo son nuestras regiones naturales.


Economía soportada en los saberes vernáculos de todos y cada uno de los pueblos indígenas que habitan esta parte del mundo, como de los pueblos afros, unos y otros portadores de saberes milenarios. A la par, la memoria campesina. Una incursión productiva inteligente, no depredadora, que demanda la efectiva y definitiva redistribución de la tierra para que quienes siempre la han habitado la llenen de vida.


Un nuevo hábitat, y un nuevo habitar, en el cual los países vecinos no pueden quedar a un lado; con todos ellos tenemos que asumirnos como una región única, incluso abordando la construcción de ciudades fronterizas comunes, y todo lo que ello implica: implementar planes conjuntos para, de manera mancomunada, cuidar ríos, selvas, bosques, mares, además de implementar planes conjuntos en salud, agricultura y educación, retomando las formas de ver y percibir de sus pueblos, dándoles espacio a las fortalezas que posee cada uno de ellos.


Entre tanto, para el momento actual, para enfrentar el empobrecimiento que afectará a más y más familias, así como para crear soluciones alternativas de ingresos seguros y dignos para millones de personas que ahora están quedando en el pavimento, la implementación de un plan económico de choque queda a la orden del día. Puede ser parte del mismo: salario mínimo o renta básica –por el tiempo que dure la llamada cuarentena, y tres meses más– para los millones de connacionales que no tienen trabajo o viven del rebusque diario y que ahora están obligados a no salir de sus casas; contratación de manera prioritaria de personal médico en todos los niveles, para atender la crisis de salud en curso, pero también para que, una vez superada la actual coyuntura, poner en marcha una extensa y permanente política en salud pública, preventiva más que curativa (Ver, Mauricio Torres, pág, 6), implementar un plan masivo de obras públicas, desprivatizadas, creando condiciones a todo nivel para que los productos del campo puedan ser trasladados a las ciudades sin mayores sobrecostos; reforestación de extensas áreas del país; siembras en todos los climas con diversidad de productos y su posterior recolección, transformación y mercadeo; construcción de cooperativas y mutuales para encarar de manera colectiva multiplicidad de asuntos, entre ellos construcción de vivienda, agricultura urbana, confección de prendas de vestir, recreación, educación no formal, reparación y mantenimiento de parque automotor, apertura de tiendas comunales en todos los barrios, buscando con ello mercadeo pronto y a bajo costo, por lo menos, de los principales productos de la canasta familiar; apoyo y crédito para pequeños y medianos empresarios, así como para comerciantes, prolongando la existencia de un germen de industria nacional indispensable.


Para la financiación del conjunto de lo propuesto procede, además de reubicar partes del presupuesto nacional de sectores improductivos (Fuerzas Armadas) a productivos, la implementación de una reforma tributaria extraordinaria que afecte de manera real los capitales amasados por los ricos, superricos y supersuperricos, eliminando al mismo tiempo el impuesto que afecta al consumo directo (4).


Contener los vientos, más cuando se trata de los huracanados, no es tarea fácil ni de unos pocos, pero es posible. En Colombia, hoy, podemos atrevernos a ello marcando la pauta para el país de los próximos 50 años.

 

1. https://actualidad.rt.com/actualidad/351479-aerolineas-necesitan-salvavidas-avianca-pide-ayuda-gobierno-colombia.
2. https://www.elpais.com.co/colombia/necesita-un-plan-de-rescate-de-su-economia-andi.html.
3. Sus defensores insisten en que no se puede gastar en lo social más allá del equilibro fiscal, el cual garantiza el pago puntual de la deuda externa e interna.
4. Garay, Luis Jorge, y Espitia, Jorge Enrique, Desigualdad y reforma estructural tributaria en Colombia, Ediciones Desde Abajo, mayo de 2020, en impresión.

Miércoles, 13 Mayo 2020 08:01

Un futuro para la vida, digna

Óscar Pinto Pineda, El Principito, ilustraciones del libro “El Principito” (Cortesía del autor)

Paradojas que arroja la vida: ante el riesgo de muerte masiva a que estamos expuestos por la multiplicación del covid-19, los principios sobre los que está soportado el modelo económico, social y político dominante, en general, y en particular en Colombia, se tornan polvillo.


Por el piso, arrastrados como virutas por un huracán, van los dogmas capitalistas que siempre han dominado el funcionamiento económicos de nuestra sociedad, profundizados hasta la radicalidad por la forma neoliberal que asumió desde hace 30 años o más.


Zarandeada por los vientos de la muerte, dándose contra los muros de la ortodoxia económica, va la máxima de la eficiencia del capital privado, ahora ocultando su cabeza cual avestruz, en tanto no puede responder por la demanda masiva en el campo clínico y de la salud en general, para atención preventiva o de urgencia desprendida del avance de un virus que aún la comunidad científica no comprende a cabalidad y que, por tanto, no puede neutralizar con una vacuna realmente efectiva.


En su ayuda corre el Estado que los agentes particulares tanto hicieron por reducir, esgrimiendo una y otra vez que el mercado es el factor que debe decidir, no un ente externo. Ese ente es ahora reclamado para que apropie miles de millones bajo el supuesto de estar actuando para impedir que la sociedad colapse. Empresas multinacionales demandan rescate –Avianca, por ejemplo, (1)–, así como los empresarios agremiados en la Asociación Nacional de Industriales, Andi (2), figurando en primera línea como si hicieran parte de los millones de empobrecidos que habitan las barriadas de nuestras ciudades y zonas rurales a las que ese mismo Estado dice paliarles sus necesidades con míseros subsidios. A un lado también dejan la máxima “El más fuerte es el que sobresale”. Claro, entre los subsidios y los rescates hay cientos, miles de millones de diferencia, necesarios según la ortodoxia misma, pues los empresarios son los que “crean trabajo” (¡?!).


Al mismo tiempo, como arrebatada por un remolino que no permite que escape de su núcleo, se ve la regla fiscal (3), ahora olvidados sus defensores de las negativas esgrimidas una y otra vez ante voceros de diferentes paros y protestas sociales, para justificar la negativa a invertir todo lo que requiere una educación pública a la altura de los requisitos de la creciente población colombiana, para no construir las vías demandadas por poblaciones rurales que deben comunicarse con las cabeceras municipales, así como para no comprar las tierras exigidas por indígenas y campesinos, o girar los dineros necesarios por diversidad de centros de salud una y otra vez en crisis, sin los cuales no es posible contar con un sistema de salud realmente público y no al servicio del capital privado.


Es una negativa extendida al acceso universal a los servicios de luz y agua por parte del conjunto de la población colombiana, con más de 250 mil hogares cortados de los mismos por morosidad en su pago, ahora reconectados y gozando del acceso a los mismos por el temor que tienen los poderosos de que la pandemia se extienda sin control por el país y termine por afectarlos a ellos mismos, por lo cual ahora facilitan, con su reconexión, que quienes no tienen con qué pagar estos “derechos fundamentales” puedan asearse, al tiempo que tengan cómo cocinar sus alimentos, y así no cuenten con más motivos para romper el confinamiento ‘voluntario’.


Son estos vientos, huracanados, con potencia para desgarrar de sus bases otros dogmas del capital. Entre sus energías en espiral alcanza a verse el tiempo de trabajo obligatorio por día, “imposible” de reducir, pues, de suceder así, la economía quebraría. La parálisis parcial de la producción, ahora evidente por doquier, los desmiente. La humanidad produce suficiente riqueza como para garantizar con menos horas de trabajo diario, por parte de los miles de millones que somos, los recursos y las condiciones para que la totalidad pueda gozar de vida digna.


Ahora, tras siglos del esfuerzo de millones de mujeres y hombres –esclavos, siervos, campesinos, obreros–, y siglos vividos en medio de intensas luchas por los derechos de unas y otros, con logros como que en su momento la jornada de trabajo pasara de 16, 14, 12 horas a 8, bien se pudiera reducir de 8 horas a 6 e incluso menos, garantizando como consecuencia que otras muchas personas que hoy padecen desempleo sean enganchadas en las labores que más los satisfacen como seres humanos. Un empleo para realizarse como individuos, inscritos en un conglomerado social, y no solo como recurso para ganar las monedas con las cuales satisfacer el hambre o pagar la cuota mensual del espacio para reproducir su fuerza de trabajo.


Es posible entonces otro modelo laboral tras controlar los vientos que sacuden a toda la sociedad. Un trabajo para satisfacer y resolver las necesidades biológicas pero también espirituales de todo el tejido social.


Una transformación tal del mundo del trabajo que avive la vida comunitaria y barrial al permitir, como ahora sucede, que más gente permanezca en sus territorios y pueda encarar colectivamente la resolución de muchas de las necesidades que una vida más armónica demanda. Todo con el procesamiento y el consumo de alimentos sanos, construcción de viviendas donde sus habitantes puedan gozar y no padecer, y edificación de espacios para la recreación y el compartir, etcétera.


Un convivir que abra la pregunta por el buen gobierno, el cual tiene que descansar, para así garantizarlo, en las capacidades y la participación decisiva del conjunto social, es decir, en un gobierno propio que vaya de lo local a lo nacional, pasando por las instancias territoriales que la propia sociedad se dé, con unos gobernantes sometidos al poder destituyente de los gobernados y no atornillados a una función cada vez más distante de las mayorías.


Un centro cuestionado


Precisamente lo que de nuevo deja al desnudo la crisis en curso es el sinsentido de nuestra formación política, el desgobierno que por décadas han tenido que padecer las mayorías nacionales, un desgobierno de vieja data por acción del cual el centro determina las regiones. La realidad es elocuente: por una orden nacional, todo el país, registrara o no infectados por el virus, quedó confinado. Se trata de una orden autoritaria, sin reparar en opciones que garantizaran que gran parte de su población prosiguiera su cotidianidad, y así, en la resolución de su vida diaria, no quedaran miles de miles sometidos a la entrega de subsidios y mercados totalmente insuficientes.


El sábado 25 de abril, un mes después que el país fuera declarado en cuarentena, las cifras de contagio por covid-19 alcanzaron a 5.142 connacionales, los decesos a 233, y los recuperados a 1.067. Es decir, el avance del virus alcanzaba al 0,00010284 por ciento de los 50 millones que habitan en Colombia.
Del total de contagios, Bogotá sumaba 2.152 casos (el 41,8%); Cali, 712 (14%); Medellín, 304 (6,5 %); Cartagena, 244 (4,6%); Barranquilla, 131 (2,6 %), lo que suma un subtotal de 69,5 por ciento. El restante 30 por ciento está disperso por varias docenas de otros municipios, grandes y pequeños, no más de 200 cabeceras municipales. Es decir, 800 o más centros poblados de los 1.103 municipios en que está distribuido el territorio nacional no registran contagio alguno, pese a lo cual tienen que someterse a la dinámica del centro nacional y del centro regional.


Hay ahí un claro despropósito, el mismo que siempre ha imperado en este país, producto del cual la llamada periferia de nuestro territorio y la población que la habita quedan relegadas al olvido y la miseria, solo tomadas en cuenta para extraer minerales de sus tierras, además de madera, fauna y todo aquello que signifique dividendos económicos para las oligarquías apoltronadas en la Sabana de Bogotá, que con mirada colonizadora oprime a negritudes, indígenas, campesinos y otros sectores sociales, carne de cañón, mano de obra barata. Como elemento determinante está esa oligarquía que impuso un modelo de tierra arrasada esquilmando la diversidad ambiental de que gozamos, quebrando el país de regiones, valiosa configuración territorial y humana que nos permite ser variados en la producción agraria, en la organización de territorios, en el estímulo a la participación social, en la potencialidad en ciencia y tecnología, en la manera de ver y comprender la realidad, así como en la pluralidad de formas para encarar la vida y con ella la salud.


Es esa concepción del gobierno, de la vida y del mal llamado desarrollo lo que desnudó la crisis de salud pública en curso, llamando a superarla de una vez y para siempre.


Una concepción de espaldas a más del 50 por ciento del país, a sus principales flujos de vida (bosques, selvas, ríos, páramos, y por lo menos uno de sus mares), y a la mayoría de los 1.103 municipios en que está distribuido el territorio nacional.


Una pretensión occidentalizada de organizar el territorio patrio que terminó por hipertrofiar sus más importantes poblados, hoy sometidos al desastre ambiental, con una urbanización de sus fronteras rurales que las llevaron a perder el potencial de autoabastecimiento de frutas, verduras y granos que se podrían prodigar de manera pronta y menos onerosa, sin tener que recurrir al transporte diario de estos y otros productos desde territorios localizados a varias horas de distancia, con el correspondiente impacto ambiental que ello conlleva.


Una construcción sin límite de estos territorios, conurbanizados, con toda la especulación que propicia sobre la vivienda –haciéndola imposible para más del 50 por ciento de su población–, convertida en mercancía de lujo, dejando de ser un derecho humano fundamental por concretar desde el Estado, que debiera ser el propietario de todo el suelo, para, sobre esa base darle paso a una reglamentación de la construcción que evite precisamente la especulación y el endeudamiento de por vida de cientos de miles de familias.


Una construcción sin límite de estos centros poblacionales que, además de agotar todos los recursos naturales existentes a su alrededor y más allá del mismo, somete a cientos de miles de sus pobladores a prolongadas jornadas de transporte diario para poder llegar hasta su sitio de trabajo. Una sobrecarga de cemento y gases tóxicos, causantes de variedad de enfermedades terminales. Ciudades llenas de muerte; ciudades colapsadas.


Es esa misma concepción, que llaman desarrollo, la que hoy demanda superación, para lo cual es urgente, aprendiendo de esta pandemia, retomar el país de regiones, desconcentrando población de ciudades que se vuelven inviables y las hacen más frágiles ante crisis de salud pública como la que hoy tenemos, con dificultades también mayores para resolver de manera efectiva, es decir incluyente, ítems como empleo, educación, ambiente, ingresos, servicios públicos, vivienda, transporte, además de garantizar participación efectiva, directa y decisiva de sus habitantes en la determinación de sus asuntos fundamentales, vía indispensable para erigir democracia directa, radical y plebiscitaria: una democracia más allá de la formal, que es lo que de ella hemos conocido.


Desconcentración poblacional que debe partir por Bogotá y otras capitales de departamento –Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga…–, para repoblar (como para fundar) con varios cientos de miles de personas salidas de esos espacios municipios seleccionados en cada una de las regiones del país y donde, desde una planificación participativa, se decidan modelo productivo, organización territorial, modelo de vivienda, educación, transporte, salud y demás aspectos con los cuales se organiza la vida y su reproducción. Todos y cada uno de tales particulares, asumidos y resueltos desde una perspectiva de equilibrio ambiental.


Un nuevo relacionamiento con el territorio que no puede dejar de lado, en nuestra diversidad, que podemos garantizar la deseable soberanía alimentaria sin destruir el equilibrio ambiental. Precisamente, una de nuestras fortalezas, compartida con países fronterizos como con otros ubicados en África, está en la franja ecuatorial que habitamos, y, por ello, la variedad climática de que gozamos, con el beneficio de energía natural los 365 días del año. Saber apropiarse de ese beneficio natural, además de caídas de agua y otras fuentes de energía, nos permite superar la dependencia de las energías fósiles, al tiempo que sembrar y cultivar multiplicidad de alimentos.


Una cualidad natural que nos debe permitir, al mismo tiempo, validos para ello de un potente proyecto en ciencia y tecnología, dejar a un lado la economía extractivista, depredadora y siempre al vaivén de las demandas y ciclos económicos connaturales al capital, para incursionar en una economía diversa, con epicentros y producción tan variada como lo son nuestras regiones naturales.


Economía soportada en los saberes vernáculos de todos y cada uno de los pueblos indígenas que habitan esta parte del mundo, como de los pueblos afros, unos y otros portadores de saberes milenarios. A la par, la memoria campesina. Una incursión productiva inteligente, no depredadora, que demanda la efectiva y definitiva redistribución de la tierra para que quienes siempre la han habitado la llenen de vida.


Un nuevo hábitat, y un nuevo habitar, en el cual los países vecinos no pueden quedar a un lado; con todos ellos tenemos que asumirnos como una región única, incluso abordando la construcción de ciudades fronterizas comunes, y todo lo que ello implica: implementar planes conjuntos para, de manera mancomunada, cuidar ríos, selvas, bosques, mares, además de implementar planes conjuntos en salud, agricultura y educación, retomando las formas de ver y percibir de sus pueblos, dándoles espacio a las fortalezas que posee cada uno de ellos.


Entre tanto, para el momento actual, para enfrentar el empobrecimiento que afectará a más y más familias, así como para crear soluciones alternativas de ingresos seguros y dignos para millones de personas que ahora están quedando en el pavimento, la implementación de un plan económico de choque queda a la orden del día. Puede ser parte del mismo: salario mínimo o renta básica –por el tiempo que dure la llamada cuarentena, y tres meses más– para los millones de connacionales que no tienen trabajo o viven del rebusque diario y que ahora están obligados a no salir de sus casas; contratación de manera prioritaria de personal médico en todos los niveles, para atender la crisis de salud en curso, pero también para que, una vez superada la actual coyuntura, poner en marcha una extensa y permanente política en salud pública, preventiva más que curativa (Ver, Mauricio Torres, pág, 6), implementar un plan masivo de obras públicas, desprivatizadas, creando condiciones a todo nivel para que los productos del campo puedan ser trasladados a las ciudades sin mayores sobrecostos; reforestación de extensas áreas del país; siembras en todos los climas con diversidad de productos y su posterior recolección, transformación y mercadeo; construcción de cooperativas y mutuales para encarar de manera colectiva multiplicidad de asuntos, entre ellos construcción de vivienda, agricultura urbana, confección de prendas de vestir, recreación, educación no formal, reparación y mantenimiento de parque automotor, apertura de tiendas comunales en todos los barrios, buscando con ello mercadeo pronto y a bajo costo, por lo menos, de los principales productos de la canasta familiar; apoyo y crédito para pequeños y medianos empresarios, así como para comerciantes, prolongando la existencia de un germen de industria nacional indispensable.


Para la financiación del conjunto de lo propuesto procede, además de reubicar partes del presupuesto nacional de sectores improductivos (Fuerzas Armadas) a productivos, la implementación de una reforma tributaria extraordinaria que afecte de manera real los capitales amasados por los ricos, superricos y supersuperricos, eliminando al mismo tiempo el impuesto que afecta al consumo directo (4).


Contener los vientos, más cuando se trata de los huracanados, no es tarea fácil ni de unos pocos, pero es posible. En Colombia, hoy, podemos atrevernos a ello marcando la pauta para el país de los próximos 50 años.

 

1. https://actualidad.rt.com/actualidad/351479-aerolineas-necesitan-salvavidas-avianca-pide-ayuda-gobierno-colombia.
2. https://www.elpais.com.co/colombia/necesita-un-plan-de-rescate-de-su-economia-andi.html.
3. Sus defensores insisten en que no se puede gastar en lo social más allá del equilibro fiscal, el cual garantiza el pago puntual de la deuda externa e interna.
4. Garay, Luis Jorge, y Espitia, Jorge Enrique, Desigualdad y reforma estructural tributaria en Colombia, Ediciones Desde Abajo, mayo de 2020, en impresión.

Publicado enColombia
Sábado, 25 Abril 2020 08:23

#PrimeroElSerHumano

#PrimeroElSerHumano

 Acción común para una nueva vida en el planeta

 Una campaña para aprovechar la actual crisis provocada por el coronavirus como una ocasión para cambiar el sistema político, económico y social en el que vivimos y situar al ser humano como bien a salvaguardar en su contexto natural y en equilibrio ecológico.

Si las crisis son una oportunidad para la transformación, esta que vivimos nos pone ante el espejo roto de lo que hemos sido y hemos hecho contra la especie humana y la naturaleza. Depredadores y asesinos de la vida y de las relaciones sociales, negadores de los desastres naturales provocados por la mano del hombre y excluyentes de los colectivos más vulnerados.

Ante este panorama, las personas que conforman el equipo del periódico desde abajo han puesto en marcha la campaña #PrimeroElSerHumano que, sumándose al lema más publicado y seguido en estos tiempos “quédate en casa”, reclama una acción “por un cambio en las circunstancias de nuestro mundo, el presente y el futuro, en el cual, con equilibrio ecológico, debemos procurar una realidad totalmente diferente a la vivida hasta ahora por el ser humano”.

La actual crisis provocada por la pandemia de ese virus “monárquico” está poniendo en serio peligro los derechos y libertades de las ciudadanías del mundo. Son muchas las voces que demandan un cambio de rumbo, una salida del sistema para transformar una realidad que nos oprime y excluye. Sabemos que el mundo no volverá a ser lo mismo después de este período, pero hay que evitar que vuelva a ser igual o peor que antes de la irrupción de la COVID-19.

Poner al ser humano primero no es una apuesta desde el antropocentrismo, sino una nueva mirada al mundo para contar con el otro y con la naturaleza; para situar el “nosotras” por delante del “yo”; para que lo social, que enriquece lo individual, esté por encima de lo económico; para que el mundo siga en su proceso de metamorfosis y que ésta sea en pro de toda la humanidad, para que los valores éticos primen sobre los intereses financieros y partidistas.

Se necesita esa “constelación ética” de la que hablaba el maestro Javier Darío Restrepo, entendiendo “que la vida humana se dignifica cuando se vuelve hacia el otro; crece cuando sale de sí y se vive en función del otro; por el contrario, se empequeñece cuando se vuelve sobre sí misma y se repliega en el yo”.

Hay que evitar, como dice Francesca Gargallo, que el temor a la supuesta crisis económica con la que se amenaza a la población ofrezca como única salida a la gente la vuelta a la ´normalidad` del ecocidio que nos gobernaba antes de la epidemia del SARS-CoV-2.

Desde abajo pide la movilización social para evitar que la pasividad termine por legitimar el mismo poder que “ha llevado a la humanidad a la situación que hoy padece”. Hay que aprovechar la “unidad” y la “solidaridad social” que ha aflorado en el aislamiento para escuchar las voces y los sonidos de la gente común, para dar “un grito de esperanza y sueño en un futuro a favor de la humanidad y del conjunto de la naturaleza, hermanados en fraternidad y respeto por un derecho que debe ser común al conjunto de especies y formas de vida que habitamos en esta parte del universo”.

Lee el texto y firma la invitación para unirte a esta campaña en:

https://www.desdeabajo.info/component/k2/item/39322-primero-el-ser-humano.html?utm_source=sendinblue&utm_campaign=PrimeroElSerHumano&utm_medium=email

24ABR2020

Publicado enColombia
Lunes, 06 Abril 2020 06:11

El socialismo y la vida

El socialismo y la vida

El texto que presentamos fue publicado en la revista La Petite République, 7 de septiembre de 1901 (retomado en Les Cahiers de la Quinzaine de Charles Péguy) y en la compilación de ensayos Études socialistes de ese mismo año. En este texto, Jaurès entiende el socialismo como el desarrollo de la idea republicano-democrática del derecho a la existencia y a la vida como eje fundamental para vertebrar una sociedad justa. Un socialismo que apuesta decididamente por el libre desarrollo de la personalidad en armonía con el interés general sobre el suelo de la propiedad común y social. En estos días dramáticos que corren es menester sacar del baúl de los recuerdos esa tradición política que quiso construir comunidades políticas basadas en la protección y florecimiento de la vida. [Nota de los traductores]


La dominación de clase es un atentado contra la humanidad. El socialismo, que abolirá toda primacía de clase y toda clase, es, pues, una restitución de la humanidad. Por lo tanto, es, para todos, un deber de justicia ser socialistas. Que no objeten, como lo hacen algunos socialistas y algunos positivistas, que es pueril y vano invocar la justicia, que es una idea completamente metafísica y maleable en todos los sentidos, y que de esta púrpura banal todas las tiranías se hicieron un manto. No, en la sociedad moderna la palabra justicia cobra un sentido cada vez más preciso y amplio. Significa que, en todo hombre, en todo individuo, la humanidad debe ser plenamente respetada y elevada a lo más alto. No obstante, no hay realmente humanidad sino allí donde hay independencia, voluntad activa, libre y jovial adaptación del individuo al conjunto. Allí donde los hombres están bajo la dependencia y a la merced de otros hombres, allí donde las voluntades no cooperan libremente por la obra social, allí donde el individuo está sometido a la ley del conjunto por la fuerza y la costumbre, y no sólo por la razón, la humanidad está degradada y mutilada.

Es entonces únicamente con la abolición del capitalismo y con la llegada del socialismo que la humanidad se realizará1.

*
*   *

Ya sé que en la Declaración de los derechos del hombre la burguesía revolucionaria deslizó un sentido oligárquico, un espíritu de clase. Ya sé que intentó consagrar en ella para siempre la forma burguesa de la propiedad, y que incluso en el orden político empezó por rechazar el derecho de sufragio a millones de pobres, convertidos en ciudadanos pasivos. Pero sé también que, de entrada, los demócratas se sirvieron del derecho del hombre, de todos los hombres, para pedir y conquistar el derecho de sufragio para todos. Sé que, de entrada, los proletarios se apoyaron en los Derechos del hombre para defender incluso sus reivindicaciones económicas. Sé que la clase obrera, aunque no tenía aún en 1789 más que una existencia rudimentaria, no tardó en aplicar, en ampliar los Derechos del hombre en un sentido proletario. Proclamó, desde 1792, que la propiedad de la vida era la primera de todas las propiedades, y que la ley de esa propiedad soberana debía imponerse sobre todas las demás.

Sin embargo, agrandad, ensalzad el sentido de la palabra vida. Comprended no sólo la subsistencia, sino toda la vida, todo el desarrollo de las facultades humanas, y veréis que es el comunismo lo que el proletariado trasplanta en la Declaración de los derechos del hombre. Así, de entrada, el derecho humano proclamado por la Revolución tenía un sentido más profundo y más amplio que el que le daba la burguesía revolucionaria. Esta última, con su derecho todavía oligárquico y estrecho, no bastaba para rellenar toda la superficie del derecho humano; el lecho del río era más amplio que el río, y hará falta un aluvión nuevo, el gran aluvión proletario y humano, para que la idea de justicia sea plena al fin.

Sólo el socialismo dará a la Declaración de los derechos del hombre todo su sentido y realizará todo el derecho humano. El derecho revolucionario burgués ha liberado la personalidad humana de muchos obstáculos; pero obligando a las nuevas generaciones a pagar una renta al capital acumulado por las generaciones anteriores, y dejando a una minoría el privilegio de percibir esa renta, golpea con una suerte de hipoteca en beneficio del pasado y en beneficio de una clase a toda personalidad humana.

Nosotros pretendemos, al contrario, que los medios de producción y de riqueza acumulados por la humanidad deben estar a disposición de todas las actividades humanas y liberarlas. Según nosotros, todo hombre tiene desde ahora un derecho sobre los medios de desarrollo que ha creado la humanidad. No es pues una persona humana, completamente débil y desnuda, expuesta a todas las opresiones y a todas las explotaciones, que viene al mundo. Es una persona investida de un derecho, y que puede reivindicar, para su entero desarrollo, el libre uso de los medios de trabajo acumulados por el esfuerzo humano. Todo individuo humano tiene derecho a su crecimiento completo. Tiene entonces derecho a exigir de la humanidad todo lo que pueda secundar su esfuerzo. Tiene derecho a trabajar, a producir, a crear, sin que ninguna categoría de hombres someta su trabajo a un desgaste y a un yugo. Y como la comunidad no puede asegurar el derecho del individuo sin poner a su disposición los medios de producción, es necesario que ella misma sea investida, sobre esos medios de producción, de un derecho soberano de propiedad.

Marx y Engels, en el Manifiesto comunista, subrayaron de forma magnífica el respeto de la vida, que es la esencia misma del comunismo:

En la sociedad burguesa, el trabajo vivo no es más que un medio de incrementar el trabajo acumulado en el capital. En la sociedad comunista, el trabajo acumulado no será más que un medio de aumentar, de enriquecer, de estimular la vida de los trabajadores.

En la sociedad burguesa, el pasado reina sobre el presente. En la sociedad comunista, el presente reinará sobre el pasado.

La Declaración de los derechos del hombre había sido también una afirmación de la vida, un llamamiento a la vida. Fueron los derechos del hombre vivo lo que la Revolución proclamó. No reconocía a la humanidad pasada el derecho de atar a la humanidad presente. No reconocía a los servicios pasados de reyes y nobles el derecho de pesar sobre la humanidad presente y viva, y de detener su desarrollo. Al contrario, la humanidad viva tomaba para usarlo en beneficio propio todo lo que el pasado había legado de fuerzas vivas. La unidad francesa preparada por la realeza pasaba a ser, contra la propia realeza, el instrumento decisivo de la revolución. De igual forma las grandes fuerzas de producción acumuladas por la burguesía pasarán a ser, contra el privilegio capitalista, instrumento decisivo de la liberación humana.

La vida no abole el pasado: lo somete. La Revolución no es una ruptura, es una conquista. Y cuando el proletariado haya hecho esa conquista, cuando el comunismo haya sido instaurado, todo el esfuerzo humano acumulado durante siglos formará como una naturaleza benévola y rica, acogiendo desde su nacimiento a todas las personas humanas, asegurándoles su desarrollo completo.

*
*   *

Así, incluso en el derecho revolucionario burgués, en la Declaración de los derechos del hombre y de los derechos de la vida, hay una raíz de comunismo. Pero esta lógica interna de la idea de derecho y de humanidad hubiese quedado ineficaz y latente sin la vigorosa acción exterior del proletariado. El proletariado interviene desde los primeros días de la Revolución. No escucha los absurdos consejos de clase de aquellos que, como Marat, le dicen: “¿Qué haces? ¿y por qué vas a tomar la Bastilla, que nunca tuvo entre sus muros a proletarios?” Avanza; libra el asalto; determina el éxito de las grandes jornadas; se dirige a las fronteras; salva la Revolución dentro y fuera; se convierte en una fuerza necesaria y recoge de camino el premio de su acción incesante. De un régimen semi-democrático y semi-burgués, hace en tres años, de 1789 a 1792, una democracia pura, donde a veces la acción de los proletarios es dominante. Desplegando su fuerza, gana confianza en sí mismo, y termina por decirse con Babeuf que, habiendo creado una potencia común, la de la nación, debe servirse de ella para fundar la felicidad común.

Así, por la acción de los proletarios, el comunismo deja de ser una vaga especulación filosófica para convertirse en un partido, en una fuerza viva. Así, el socialismo surge de la Revolución francesa bajo la acción combinada de dos fuerzas: la fuerza de la idea del derecho, la fuerza de la acción proletaria naciente. No es pues una utopía abstracta. Brota en el punto más hirviente, más efervescente de las fuentes cálidas de la vida moderna.

Pero he aquí, después de muchas pruebas, de victorias parciales y de caídas, a través de la diversidad de los regímenes políticos, el nuevo orden burgués creado por la Revolución que se desarrolla. He aquí bajo el Imperio, bajo la Restauración, el sistema económico de la burguesía, fundado en la competencia ilimitada, que comienza a producir sus efectos: incremento incontestable de la riqueza, pero inmoralidad, picaresca, perpetuo combate, desorden y opresión. ‒ El toque de genialidad de Fourier fue concebir que era posible remediar el desorden, depurar y ordenar el sistema social sin entorpecer la producción de las riquezas, sino, al contrario, incrementándola. Ningún ideal ascético: libre desarrollo de todas las facultades, de todos los instintos. La misma asociación que suprimirá las crisis multiplicará las riquezas ordenando, combinando los esfuerzos. Así, el matiz de ascetismo con el cual la Revolución había podido ensombrecer al socialismo se desvanece. Así, el socialismo, después de haber participado con los proletarios de la Revolución y con Babeuf en toda la vida revolucionaria, entra ahora en la gran corriente de las riquezas y de la producción moderna. A través de Fourier, a través de Saint-Simon, aparece como una fuerza capaz no de reprimir el capitalismo, sino de superarlo.

En el nuevo orden vislumbrado por estos grandes genios, el precio de la justicia no serán las alegrías de la vida. Al contrario, la organización justa de las fuerzas humanas se sumará a su potencia productiva. El esplendor de las riquezas manifestará la victoria del Derecho, y la felicidad será el resplandor de la justicia. El babuvismo no había sido la negación de la revolución, mas, al contrario, su pulsación más audaz. El fourierismo y el sansimonismo no son la negación, la restricción de la vida moderna, mas, al contrario, su apasionada ampliación. En todo lugar y todo momento, el socialismo es una fuerza que vive en el sentido de la ardiente corriente de la vida.

Pero a los grandes sueños de armonía y de riqueza para todos, a las grandes concepciones constructivas de Fourier y de Saint-Simon, la burguesía de Louis-Phillipe contesta con un redoblamiento de la explotación de clase, la utilización intensiva y extenuante de las fuerzas obreras, una orgía de concesiones estatales, de monopolios, de dividendos y de primas. Hubiese sido como mínimo ingenuo seguir oponiendo sueños idílicos a esta osada explotación. Es a través de la amarga crítica de la propiedad, de la renta, de la aparcería, del beneficio, la forma en la que replicó Proudhon : e incluso aquí, una vez más, la palabra que debía ser dicha, fue dicha bajo el dictado y la amarga inspiración de la vida.

Pero, ¿cómo completar la labor crítica a través de una labor de organización? ¿De qué manera se pueden agrupar en una vasta unidad de combate a todos los elementos sociales amenazados por el poder de la banca, del monopolio y del capital? Proudhon desentrañó muy rápido que el ejército de la democracia social era dispar, que estaba compuesta por un proletariado fabril todavía insuficiente en número y fuerza, y por una pequeña burguesía industrial y comercial, por un artisanado que la concentración y la absorción capitalista acechaba pero que no había logrado abolir todavía. De ahí, en la parte positiva de la obra de Proudhon, vacilaciones y contradicciones; de ahí, una mezcla singular de reacción y de revolución industrial dependiendo de si se aplica en salvar a la pequeña burguesía mediante combinaciones ficticias o de si presiente el advenimiento de la clase obrera, fuerza de la revolución. Proudhon hubiese querido suspender los acontecimientos, posponer la crisis revolucionaria de 1848 para dar al desarrollo económico el tiempo para dibujar de forma más nítida la línea que iba a seguir, y poder orientar mejor los ánimos. Pero, una vez más, ¿de dónde vienen esas vacilaciones, esos escrúpulos o incluso esos esfuerzos contradictorios sino del contacto del honesto pensamiento socialista con la realidad compleja y todavía incierta? Es la vida de un siglo que resuena sin cesar en él.

Y he aquí que desde 1848 la gran fuerza decisiva y sustancial se manifiesta y se organiza. He aquí que el crecimiento de la gran industria suscita un proletariado obrero, cada vez más numeroso, cada vez más coherente, cada vez más consciente. Aquellos que con Marx han recibido con entusiasmo el advenimiento de esa potencia decisiva, aquellos que han comprendido que a través de ella el mundo sería transformado, han podido sobrestimar la rapidez del movimiento económico. Han podido, menos prudentes que Proudhon, menos advertidos que él de las fuerzas de resistencia y de los recursos de transformación de la pequeña industria, simplificar en exceso el problema y deformar la potencia de absorción del capital concentrado.

Incluso con todas las reservas y restricciones que nos aporta el estudio de la realidad siempre compleja y múltiple, sigue siendo verdad que la clase puramente proletaria se agranda en número, que representa una fracción creciente de las sociedades humanas, que es agrupada en centros de producción cada vez más vastos; sigue siendo verdad que está completamente preparada para concebir, a través de la producción en grande, la propiedad en grande, cuyo límite es la propiedad social.

Así, el socialismo, que con Babeuf fue como el escalofrío más ardiente de la revolución democrática, que, con Fourier y Saint-Simon, fue la magnifentísima ampliación de las promesas de riqueza y de potencia que el capitalismo intrépido prodigaba al mundo, que, con Proudhon, fue la advertencia más aguda que se haya dado a las sociedades devoradas por la oligarquía burguesa, es ahora, con y en el proletariado, la más fuerte de las potencias sociales, aquella que crece sin cesar y que acabará por desplazar en su beneficio, es decir, en beneficio de la Humanidad de la que es ahora la expresión más alta, el equilibrio del mundo social.

No, el socialismo no es una concepción arbitraria y utópica; se mueve y se desarrolla de lleno con la realidad; es una gran fuerza de vida, sumergida en toda la vida y pronto capaz de tomar el timón. A la aplicación incompleta de la justicia y del derecho humano que hacía la revolución democrática y burguesa, el socialismo ha opuesto la interpretación completa y decisiva de los Derechos Humanos. A la organización de las riquezas incompleta, estrecha y caótica que intentaba el capitalismo, ha opuesto una magnífica concepción de riqueza armónica en la que el esfuerzo de cada uno se engrandecía con el esfuerzo solidario de todos. A la sequía del orgullo y del egoísmo burgués disminuido en explotación censitaria y monopolística, ha opuesto la amargura revolucionaria, la ironía provocativa y vengadora, el mortífero análisis que disuelve la mentira. Y he aquí por fin, que, a la primacía social del capital, ha opuesto la organización de clase, cada día más fuerte, del proletariado en crecimiento.

¿Cómo podrá el régimen de clases subsistir ahora que la clase oprimida y explotada está creciendo todos los días en número, en cohesión, en conciencia, y cuando está trazando el plan, cada día más claro, de acabar con la propiedad de clase?

*
*   *

Ahora bien, a la par que crecen las fuerzas reales, sustanciales, del socialismo, los medios técnicos de realización socialista se precisan también. Es la nación que se constituye cada vez más en su unidad y en su soberanía y que se ve obligada a asumir cada vez más funciones económicas, preludio burdo de la propiedad social. Son las grandes ciudades urbanas e industriales por donde a través de las cuestiones de higiene, de alojamiento, de iluminación, de educación, de alimentación, la democracia entrará cada vez más en el problema vivo de la propiedad y en la administración de los dominios colectivos. Son las cooperativas de toda clase, cooperativas de consumo y cooperativas de producción, las que se multiplican. Son las organizaciones sindicales y profesionales las que se extienden, se flexibilizan, se diversifican: sindicatos, federaciones de sindicatos, casas del pueblo, federaciones de oficios, federaciones de industria.

Y así, podemos asegurar que no será de ninguna forma a través de la pesada monotonía de una burocracia central que se remplazará el privilegio capitalista. En cambio, la nación, investida del derecho social y soberano de propiedad, tendrá órganos sin límite, comunas, cooperativas, sindicatos, que darán a la propiedad social el movimiento más flexible y libre, que la armonizarán con la movilidad y variedad infinita de las fuerzas individuales. Hay por tanto una preparación técnica del socialismo del mismo modo que hay una preparación intelectual y social. Son unos niños aquellos que, febriles de las obras ya logradas, creen que les bastaría ahora con un decreto, un fiat lux proletario para hacer surgir de repente el mundo socialista. Pero esos son unos insensatos que no logran ver la irresistible fuerza de evolución que nos condena a la primacía de la burguesía y del régimen de clases.

Será la vergüenza intelectual del Partido Radical no haber contestado al inmenso problema que a todos apremia más que por una equívoca fórmula electoral: “Mantener la propiedad individual”. La fórmula podrá servir sin duda durante cierto tiempo para alentar contra el socialismo las ignorancias, los temores y los egoísmos. Pero acabará por matar al partido que se ve constreñido a usarla.

O no significa nada, o expresa el conservadurismo social más estrecho. No podrá resistir por mucho tiempo ni ante la ciencia ni ante la democracia.

Nota:

1 Jaurès suprimió aquí el párrafo siguiente: “La justicia que invocamos no es una idea vana, hipócritamente apropiada por las diversas clases en vista de sus propios fines egoístas. Es la viva afirmación de humanidad por la cual todo individuo impulsa sus facultades más altas, la libertad y la razón.”

Por Jean Jaurès

(1859-1914) fue fundador del histórico diario comunista francés l’Humanité y miembro fundador de la Sección Francesa de la Internacional Obrera (SFIO), antecesora del Partido Socialista y del Partido Comunista Francés. Asesinado por su pacifismo y antimilitarismo en la víspera de la Primera Guerra Mundial, el político, filósofo e historiador fue también un firme defensor de los valores legados por la Revolución Francesa, de la que escribió una monumental Historia socialista. Reivindicó para el socialismo y el movimiento obrero la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano como programa político a desarrollar y perfeccionar a fin de alcanzar el advenimiento de una sociedad justa de libres e iguales en la que derechos civiles y sociales se complementan y alimentan mutuamente.

Fuente:

https://fr.wikisource.org/wiki/%C3%89tudes_socialistes/Le_socialisme_et_la_vie

Traducción:

Raúl González Castilla y Pablo Muyo Bussac

Publicado enSociedad
“No se necesita ningún amparo religioso para que existan los derechos humanos”

ENTREVISTA | ELIZABETH ODIO BENITO, PRESIDENTA DE LA CORTE IDH

Elizabeth Odio Benito será la segunda mujer en presidir la Corte Interamericana de Derechos Humanos en sus cuatro décadas de existencia. "Hay un retroceso grande en derechos humanos",

Elizabeth Odio Benito (Puntarenas, Costa Rica, 1939) será a partir del 1 de enero la segunda mujer en presidir la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) en sus cuatro décadas de existencia. Esta abogada costarricense, única juez en la actualidad de este tribunal internacional, tiene 80 años y pide decir su edad, orgullosa de su larga carrera como profesora, política y jurista internacional.

Declarada feminista desde hace años, Odio presidirá la Corte en un momento en el que el rechazo a la violencia contra la mujer saca a las calles a miles de personas en América Latina. Mira ahora la evolución de los derechos de la mujer y recuerda aquellos años en los que fue ministra de Justicia (1978-1982 y 1990-1994) o vicepresidenta de la República y responsable de Ambiente (1998-2002) cuando ni siquiera habían salido al debate público muchas de las demandas actuales. También ha sido juez de la Corte Penal Internacional (2003) y del Tribunal Penal para la antigua Yugoslavia (1993-1998), donde imprimió su pensamiento feminista a favor de mujeres en situación de guerra.

Hija de maestros, descendiente de inmigrantes cubanos y españoles, y aficionada al fútbol; Odio defiende, sobre las protestas en Chile, que los modelos económicos que privilegian a ciertos sectores y deprimen a otros llegan a un momento en el que los más castigados protestan.

Pregunta. Usted es la segunda mujer que preside la Corte IDH en 40 años, y solo la quinta juez entre 34 varones que ha tenido este tribunal. ¿Qué mensaje quiere dar esta institución al elegirla presidenta?

Respuesta. Esta Corte tiene como misión proteger los derechos humanos de todos y todas y luchar por los principios de igualdad y no discriminación. Lo ha hecho muy bien, pero los gobiernos son los que proponen a los candidatos para integrar la Corte y casi todos han sido hombres. Ha sido una discriminación aberrante, pero es indudable que la Corte da mucha importancia al contexto de lo que ocurre en América Latina. Hace 40 años, cuando nació, había dictaduras militares que violentaban los derechos humanos de manera atroz y la Corte fue sacando la tarea, pero ahora enfrenta un momento delicado. Hay revueltas sociales en muchos países de América Latina y se nota malestar de las sociedades al no sentir satisfechas las obligaciones de los estados de respetar los derechos civiles y políticos, y también los económicos, sociales y medioambientales. Este es un continente muy violento y el más desigual del planeta, lo que se refleja en cada país, incluida Costa Rica. La gente está muy insatisfecha y en ese contexto yo empiezo mi presidencia en la Corte.

Pregunta. También es un momento diferente para el movimiento feminista.

Respuesta. Creo que mi militancia feminista, conocida así desde hace muchos años, influyó positivamente en la decisión de mis colegas. Creo que ellos pensaron que era buen momento para que una mujer que ha dedicado su vida a los derechos humanos de las mujeres, y especialmente de las mujeres en situación de pobreza y violencia, asumiera la presidencia. Creo que pesó positivamente.

Pregunta. ¿Cómo explica que Un violador en tu camino se haya extendido por el mundo?

Respuesta. Eso nos dice que la violencia contra las mujeres, especialmente la sexual, se ha convertido en una pandemia, como dijo una vez el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. No es una epidemia, es una pandemia, una situación dramática que ocurre en todos nuestros países y en nuestros hogares. Cuando ese tipo de protestas se viralizan, es porque hay una sensación en las mujeres de todas las edades y en muchos hombres de que hay que denunciarlo y poner un remedio a esta atrocidad.

Pregunta. ¿Cómo explica el impulso que han tomado corrientes políticas conservadoras de la mano de organizaciones religiosas?

Respuesta. Hay un punto esencial: los derechos humanos no son una religión ni están vinculados a ninguna religión. Son una ética laica y tiene que ver con derechos fundamentales que desde milenios se atribuyen a las personas por ser tales. No se necesita ningún amparo religioso para que existan los derechos humanos ni para el derecho internacional que los protege. Si así fuera, no se reconocerían los derechos humanos para las mujeres, como ocurre entre los musulmanes extremistas, aunque no son los únicos. Confundir derechos humanos con religión es un error garrafal.

Pregunta. Pero muchos cometen esa confusión.

Respuesta. Y la están cometiendo a sabiendas. Por eso es tan importante impulsar los derechos humanos en la educación formal y en nuestros hogares.

Pregunta. Hay varias tendencias políticas que pretenden mezclar religión y política. ¿Supone un retroceso en derechos humanos?

Respuesta. La línea de progreso en derechos humanos no va siempre hacia adelante. Hay épocas en las que hemos ido para atrás. Cuando uno ve lo que ha ocurrido con el cambio climático por responder a intereses políticos y económicos de ciertos sectores, se da cuenta de que eso mismo se replica en todos los órdenes. En los derechos de las mujeres, de la población afrodescendiente e indígenas, la niñez… ¿Por qué estamos como estamos con la trata de personas y con la esclavitud? Hay países en nuestro continente en donde hay trabajo esclavo. Tuvimos una sentencia en diciembre de 2016 que comprobó cómo se daba esa esclavitud en una serie de regiones de Brasil. Hay trata de mujeres, de niños o de migrantes. Hace unos años se recibía a los migrantes y ahora se les cierran las puertas. Hay un retroceso grande en derechos humanos, pero en general en principios como la solidaridad, la empatía y la equidad en las relaciones humanas.

Pregunta. El 66,5% del presupuesto anual de la Corte proviene del fondo regular de la Organización de Estados Americanos, el 7% de aportes de los Estados miembros un y 26%, de cooperación externa. Una manera de golpear a la Corte es la presupuestaria. ¿Ha podido mejorar su situación financiera?

Respuesta. La Corte IDH siempre ha sido pobre y nos damos cuenta de que lo económico es un mecanismo perverso que usan unos gobiernos que no creen en la globalidad de los derechos humanos para limitar poco a poco a este tribunal. Nosotros seguiremos trabajando con el presupuesto que tengamos, pero hay programas que se pueden ver limitados, como las capacitaciones de autoridades judiciales en los países y las visitas al terreno. Muchos gobiernos sí son generosos y han dado el financiamiento y seguirán dándolo. 

Pregunta. Hablaba usted al principio sobre las protestas sociales en este último trimestre y en algunos casos ha participado el ejército. ¿Cómo evalúa su actuación?

Respuesta. No cabe la menor duda de que ha habido problemas muy serios por el uso de la fuerza por parte de los órganos de vigilancia y también de los ejércitos. Eso ha motivado la preocupación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y de la oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, entre otras organizaciones internacionales. Los informes de estas instituciones deben ser enviados a los Gobiernos para que tomen nota y corrijan lo necesario. Yo frente a esto solo puedo externar preocupación; no corresponde a los ejércitos gobernar a los países de ninguna manera. Cuando lo han hecho, los resultados han sido muy negativos. Obviamente la circunstancia de que en mi país no haya Ejército demuestra que es posible vivir en democracia y en derechos humanos sin tener fuerzas armadas.

Pregunta. Chile era un país aplaudido por sus logros económicos y democráticos. ¿Cómo se explica lo que pasa ahora?

Respuesta. Mi interpretación personal, que no puede ser atribuida a esta Corte, es que estos modelos económicos que privilegian a ciertos sectores y deprimen a otros llegan a un momento en el que los que tienen más carencias protestan. En el caso de Chile fue una explosión de una situación que se venía sintiendo tensa desde hacía tiempo y que reaccionó en cadena después de ese aumento en el pasaje del metro. Es una protesta legítima que nada tiene que ver con el vandalismo; lo que pasa es que cuando esto ocurre siempre hay vándalos que se aprovechan, como pasó en Chile, Bolivia y Colombia.

Pregunta. ¿Ve un elemento común que explique lo que pasa en varios países más allá de la insatisfacción popular?

Respuesta. Cada país tiene factores propios e historias propias. Colombia ha vivido una guerra civil muy larga y prolongada y eso deja muchas marcas y daños en el tejido social. Eso es muy diferente a lo que pudo pasar en Bolivia o Chile. Casa país tiene sus particularidades y por eso las protestas son diferentes, aunque es indudable que los grupos ven lo que se hace en un país y piensen que en su país también se puede hacer.

Pregunta. ¿Es realista pensar en un aumento en la cantidad de estados que reconocen la jurisdicción de la Corte IDH [ahora son 20 de los 25 que suscribieron la Convención Interamericana, aunque la OEA tiene 35 miembros]?

Respuesta. Yo pertenezco al gremio de las optimistas, porque si no, no hubiera hecho nada de lo que hecho. Sí creo que la seriedad con que la Corte enfrenta sus tareas hará que más Estados suscriban el Pacto de San José [la convención americana sobre derechos humanos aprobada en 1969 por al OEA] o que reviertan la decisión de salirse.

asegura

Por ÁLVARO MURILLO

San José (Costa Rica) 12 DIC 2019 - 16:03

Publicado enSociedad
Domingo, 10 Noviembre 2019 05:54

Migraciones globales

Migraciones globales

A pesar de las distancias y los diferentes contextos, los procesos migratorios muestran regularidades sorprendentes. Los de carácter explosivo suelen ser detonados en situaciones de guerra o crisis política, como sería el caso de Siria en Medio Oriente y Venezuela en Sudamérica. Millones de personas huyen en periodos muy cortos de tiempo; escapan de una crisis y suelen generar otra en la nación de destino.

En Alemania, por ejemplo, los migrantes sirios y de otros países superaron el millón de personas y pusieron en problemas al gobierno de Angela Merkel. En nuestra región el éxodo hondureño desbarató los controles migratorios de Estados Unidos y puso en peligro la relección de Donald Trump y de rebote en jaque al gobierno de México, que ingenuamente había abierto sus puertas a los migrantes centroamericanos. El año pasado transitaron por el país cerca de un millón de migrantes y 800 mil fueron capturados por la migra. Y lo peor de todo es que los están regresando a México y no a sus naciones de origen, por un mal acuerdo llamado de "protección" a migrantes por supuestas razones humanitarias.

En Colombia también se abrieron las puertas a los venezolanos que huían del caos generado por Maduro. La derecha colombiana, creía que esa medida ayudaría a derrocarlo, pero ha resultado lo contrario, tuvieron que acoger a un millón y medio de migrantes y dar paso a otros 2 millones que se desperdigaron por Ecuador, Perú, Chile, Argentina, Uruguay y Brasil. Para Maduro cada emigrante es un opositor que se va y una boca menos que alimentar. Son varios millones menos de perniles que tendrá que entregar para que su pueblo festeje la Navidad.

Hace cinco años, Colombia tenía 140 mil extranjeros y de ese año para acá la población foránea se ha multiplicado por 10 y no hay visos de que se arregle el asunto en Venezuela y menos aún de que los migrantes quieran regresar.

En Perú, el defenestrado presidente Pedro Pablo Kuczynski convocó a los gobiernos opositores de Maduro y lideró al Grupo de Lima, consecuentemente abrió las puertas a los venezolanos, ofreció refugio y llegaron 800 mil en menos de tres años.

Pobreza, conflictos, violencia, dictadores y gobiernos fracasados hay en todos los rincones del planeta y a estos factores se les ha llamado de expulsión. Pero también hay otros de atracción, ya lo decía Ravensteim en 1889 en su ensayo sobre Leyes de las migraciones, al referirse a las "luces de la ciudad" que atraen a los migrantes. Todos tienen derecho a buscar la luz y salir de la oscuridad, pero no todos pueden acceder a ella.

En Cuba, la mayoría quisiera vivir en la Habana, allí están los dólares de los turistas, pero no todos tienen derecho a residir en la capital del país, porque las viviendas que controla el Estado no alcanzan para todos, y prácticamente no hay mercado inmobiliario.

En China, los campesinos tampoco pueden ir a vivir a las ciudades, la escasez de vivienda y otros controles limitan el acceso. Son casos excepcionales, pero reales; hay derecho de tránsito, pero no de acceso a la vivienda.

Al derecho de tránsito, consagrado por la mayoría de constituciones nacionales, no le corresponde un derecho paralelo de ingreso a otro país. Ese derecho lo otorga la nación de destino a los que cumplen ciertos requisitos. Y las excepciones corresponden al derecho de asilo, por persecución política o refugio porque la preservación de la vida en el país de origen está amenazada o por tener una condición de apátrida. En términos generales, estás convenciones forman parte de un acuerdo social compartido por muchos países.

Al mismo tiempo, el sistema de Estado-nación, en el que estamos inmersos y del cual no podemos escapar, u obviar, limita a los ciudadanos buscar oportunidades o mejores condiciones en otras naciones. Limitaciones que son menores para los ciudadanos de países centrales y son muy grandes en los de la periferia. En otras palabras, las disparidades entre naciones ricas o pobres, países del norte o del sur.

Donde no hay acuerdos formales entre naciones es sobre la migración en tránsito. Por lo general los países dejan pasar a los migrantes y se hacen de la vista gorda porque su ingreso fue irregular. El problema radica en la "última" nación de tránsito, como sería el caso de México, donde la presión se concentra en la frontera norte y en la relación con Estados Unidos que viene a ser el país de destino al que todos quieren llegar. Por eso Washington presiona para que México acepte la condición de tercer país seguro.

En el siglo XXI se puede caracterizar por la presión migratoria contenida a escala global por los controles y limitaciones que imponen los estados-nación. Los migrantes, por su parte, no sólo exigen sus derechos, sino que tienen un potencial disruptivo que pone en cuestión al Estado-nación al que quieren llegar.

Es el caso de los cientos de migrantes africanos y extracontinentales confinados en Tapachula, Chiapas, o los miles que esperan en Pas de Calais, en Francia y otros campamentos. Unos quieren llegar a Estados Unidos y otros al Reino Unido. Pero permanecen en un limbo legal. No quieren quedarse ni en México, ni en Francia, pero no pueden entrar a Estados Unidos o a Inglaterra.

Un problema que no tiene fácil solución.

Publicado enSociedad
Ciudadanos iraquíes durante una de las protestas recientes para exigir al Gobierno mejores servicios y empleos. EFE

Desde que comenzaron las protestas en Irak a principios de octubre han fallecido más de 250 personas

Los hombres de las milicias, muchas apoyadas por Irán, se han metido dentro de los servicios de seguridad y juegan un papel fundamental en la represión

 

Ciudadanos iraquíes durante una de las protestas recientes para exigir al Gobierno mejores servicios y empleos. EFE

En el parque Al Umma del centro de Bagdad, un pequeño grupo de hombres en el que también había dos mujeres debate bajo los viejos eucaliptos. El tema de discusión es la forma de expresar las demandas de los miles de manifestantes que este mes han salido a las calles de las ciudades iraquíes.

"Quemar los camiones del ejército no nos ayuda, sólo sirve para que el Gobierno nos acuse de vándalos", afirma un joven. "Si yo te doy 17 RPG [lanzagranadas] y quemas este edificio, ¿en qué medida puede eso ayudarnos con nuestras demandas?".

Otro hombre aboga por derrocar el Gobierno y se forma un corro de gente a su alrededor. "¿Quién ha dicho que puedes hablar por todos?", grita un tercero. En seguida, todos comienzan a corear ‘nadie nos representa’ y ‘fuera, fuera, Irán’, en referencia a los partidos islamistas que gobiernan Irak con el respaldo iraní.

Es un debate caótico, ruidoso y sin líder, igual que las manifestaciones que tienen lugar fuera del parque. Aunque en su mayoría son jóvenes de 20 años, en el grupo también hay dos viejos comunistas con boinas del Che Guevara.

Al final, la multitud se pone de acuerdo en una lista de demandas que un joven barbudo y con gafas lee desde los escalones del monumento a la Libertad de Bagdad: "Dimisión del Gobierno, nuevas elecciones, un cambio en la ley electoral y, lo que es más importante, que todos las autoridades del gobierno sean juzgadas". La multitud aplaude, levanta los teléfonos móviles y queda convocada la manifestación en la plaza Tahrir.

"Los que no quieran avanzar, que vuelvan a casa"

La última erupción de protestas de Irak estalló el 1 de octubre con un llamamiento por Facebook. La chispa fue el despido de un general muy popular por su trabajo en la guerra contra ISIS, pero la razón de fondo es el profundo malestar que hay con una oligarquía religiosa corrupta, un régimen burocrático que no funciona y un primer ministro, Adil Abdul-Mahdi, que no ha cumplido ninguna de las promesas de campaña después de un año en el poder.

En gran parte respaldados por Irán, los partidos religiosos dominan la escena política. Para la generación de jóvenes crecida en los 16 años posteriores al derrocamiento de Sadam Husein, las palabras elecciones y democracia representativa se han convertido en sinónimos de corrupción y de abuso de privilegios por parte de los diputados.

Rico en petróleo, Irak tiene ingresos de cientos de miles de millones de dólares pero la vida de muchos de sus ciudadanos es similar a la de los países árabes más pobres por el desempleo, el derrumbe del sistema de salud y la falta de servicios.

Bagdad pareció llegar al borde del abismo en las protestas del 5 de octubre. A menos de dos kilómetros de la plaza Tahrir, un adolescente de camiseta amarilla, pantalones cortos y chanclas caminaba lentamente por un paso elevado mientras un policía con su Kalashnikov lo expulsaba del lugar.

Finas columnas negras de humo subían retorciéndose hacia el cielo mientras una multitud de jóvenes y adolescentes marchaba hacia la plaza. Los policías disparaban al aire pero la gente seguía adelante ondeando pancartas chiíes y banderas iraquíes.

Los neumáticos empezaban a arder y aumentaban los disparos hasta convertirse en un ruido ininterrumpido. El humo blanco de las bombas de gas lacrimógeno, cada vez más frecuentes, se mezclaba con la espiral negra del caucho en llamas. Los jóvenes iban y venían, obligados a retroceder por el fuego pesado de las ametralladoras y del gas lacrimógeno.

Decenas de pequeños 'tuk-tuks' hechos a partir de motocicletas de tres ruedas se mueven en medio de la carnicería sacando de allí a los heridos. En la parte de atrás de uno amarillo, un hombre despatarrado con dificultades para respirar.

Un joven bajo y delgado con una cuidada barba pelirroja increpa a la gente. "¿Por qué os quedáis ahí detrás?", grita a unos hombres que se habían parapetado detrás de la barandilla del puente. "Los que no quieran avanzar, que vuelvan a casa".

El hombre de la barba pelirroja dice llamarse Jawdat y ser un excombatiente del grupo paramilitar Hashd al-Shaabi. Creado en 2014 a partir de grupos voluntarios de lucha contra ISIS, Hashd al-Shaabi ha recibido la capacitación y el apoyo de Irán.

Jawdat dice que su hermano, muerto en la guerra contra ISIS, también era un oficial del grupo. "Luché en el Hashd, incluso fui a luchar a Siria, pero ¿qué obtuve de este Gobierno? Nada, mientras que los políticos de la Zona Verde [el área más segura y fortificada de Bagdad] impiden cualquier intento de reformar el Estado".

Las ambulancias corren de un lado a otro transportando a heridos y muertos. Sólo en esas manifestaciones del 5 de octubre perdieron la vida 20 personas.

Durante seis días de protestas, el primer ministro, Abdul-Mahdi, apareció en la televisión todas las noches. Con voz suave, prometía crear puestos de trabajo, entregar viviendas baratas y terminar con la corrupción. Pero mientras él hablaba los jóvenes desarmados eran asesinados buscando refugio tras barreras de cemento o manifestándose en las calles con sus banderas al viento. En al menos un caso, hubo francotiradores apostados en edificios participando en las matanzas.

Los activistas y periodistas han sufrido múltiples intimidaciones, con decenas de ellos huyendo de Bagdad tras recibir amenazas por teléfono. Se han cerrado medios de comunicación y cadenas de televisión y es normal ver a oficiales vestidos de civil deambulando por las salas de los hospitales para arrestar a los manifestantes heridos.

"Los médicos acababan de curar mi herida, pero cuando los agentes entraron al hospital en busca de manifestantes me dijeron que me fuera rápidamente", cuenta un joven convaleciente en su cama. Tres días después de un balazo en una calle de las inmediaciones de la plaza Tahrir, la herida todavía sangraba. Hasta el día 7 de octubre se contabilizaron más de 106 personas muertas y 6.000 heridas.

"Irán no quiere nada que ponga en riesgo su posición"

A principios de mes, el tamaño de las manifestaciones estaba dentro de lo normal. Lo sorprendente fue la virulencia de la respuesta. Según muchos analistas iraquíes, la violencia se debe a que el régimen se siente atacado. Según otros, la razón está en que a las milicias proiraníes les preocupa que el auténtico objetivo de la protesta sea socavar el poder de Teherán. "Irán no quiere nada que ponga en riesgo su posición aquí y por eso la reacción ha sido tan dura", explica un oficial de inteligencia del Ministerio de Interior.

Muchos de los partidos iraquíes tienen vínculos con Irán y con las milicias originadas en ese país. Una más de las secuelas de la guerra de 2003, cuando Teherán respaldó a la nueva y poderosa mayoría chií que antes había sido reprimida por el régimen baazista del gobierno suní de Sadam.

Después de que un bloque de diputados vinculado al clérigo Moqtada al-Sadr anunciara este fin de semana que retiraba su apoyo al primer ministro, el partido que ha quedado como principal sustento de Abdul-Mahdi es precisamente Fatah, el brazo político de Hashd al-Shaabi.

Los hombres de las milicias se han metido dentro de los servicios de seguridad y juegan un papel fundamental en la represión. Los manifestantes dirigen su rabia especialmente contra esas milicias, que para ellos representan el control iraní sobre el Gobierno de Irak.

En una de las noches de protestas, un alto mando del ejército sin armas ni barba se detuvo frente a una multitud de jóvenes para pedirles que se dispersaran. "Puedo dejarles bajar y marchar hacia la plaza Tahrir", dijo señalando a las columnas de humo que se elevaban hacia el cielo. "Pero juro por Alá que los milicianos y los francotiradores los matarán". La multitud le respondió con enfurecidos cánticos contra Irán.

"Nuestra alma, nuestra sangre, nos sacrificamos por ti"

El viernes pasado comenzó la segunda ola de manifestaciones. La muchedumbre agitaba banderas iraquíes y cantaba "nuestra alma, nuestra sangre, nos sacrificamos por ti, Irak". Al menos 74 personas murieron en dos días y cientos resultaron heridas. Contando con ellas, el número total de víctimas fatales desde principios de mes ya supera las 250.

El domingo, el servicio antiterrorista de élite de Irak comunicó que había desplegado sus efectivos en Bagdad para proteger los edificios estatales importantes de "elementos indisciplinados".

Los manifestantes que durante el fin de semana pasado se mantuvieron en la Plaza Tahrir, epicentro de las manifestaciones, se unieron este lunes a miles de estudiantes que se saltaron las clases de universidades e institutos. Las fuerzas de seguridad dispararon gas lacrimógeno y granadas cegadoras para impedir que cruzaran un importante puente de comunicación con la Zona Verde, sede de las embajadas y las oficinas del Gobierno, y el ejército anunció que impondría el toque de queda en la capital.

El lunes también hubo marchas de jóvenes manifestantes en las ciudades sureñas de Nasiriyah, Hillah y Basora. Incluso en la ciudad sagrada de Najaf salieron a la calle decenas de jóvenes clérigos en formación. En Kut hubo que cerrar la mayoría de las oficinas gubernamentales por falta de personal y en la ciudad sagrada chií de Karbala, un pistolero enmascarado abrió fuego contra los manifestantes. Entre la noche del lunes y la mañana del martes, mató a 18 personas y dejó heridas a cientos. Hasta la fecha, ha sido uno de los ataques más letales.

"Hemos dado órdenes estrictas a nuestros hombres de ir desarmados y presentarse sin armas entre los civiles porque no queremos ser acusados de matar a los manifestantes", señala un joven y agotado agente de inteligencia sentado en un pequeño turismo japonés cerca de la Zona Verde. Es parte de la mesa de operaciones del Ministerio de Interior desde el comienzo de las manifestaciones.

"La gente que disparó a los manifestantes [a principios de octubre] formaba parte de las milicias Khorasani y Badr [de mucho poder, tienen el apoyo de Irán]. Los comandantes de estas milicias los han controlado desde el principio", cuenta. "A finales de septiembre, antes del inicio de las manifestaciones, recibimos un telegrama urgente y secreto informándonos de la presencia dentro de la Zona Verde de pequeñas unidades de la Guardia Revolucionaria Iraní. El poderoso político iraquí Hadi al-Amiri y el jefe de la milicia Khorasani estaban con ellos".

Según el oficial de inteligencia, los comandantes de las milicias iraníes e iraquíes llevan dirigiendo la respuesta a las manifestaciones desde el 1 de octubre. "Estas milicias se han convertido en el instrumento para oprimir las manifestaciones y lo siguen siendo, esto ya es algo público que se hace a la luz del día", denuncia.

En un país donde se suceden las revoluciones, las guerras y las revueltas, el Gobierno, los partidos religiosos y las milicias apoyadas por Irán están obsesionadas con la posibilidad de un golpe de Estado. Acusan a los manifestantes de ser conspiradores y exmiembros baazistas. Según esa interpretación, la embajada estadounidense y los Estados del Golfo están alentando las protestas para derrocar al Gobierno chií de Irak.

"Mira a la gente que te rodea", señala un abogado de 23 años en la ciudad de Sadr, a las afueras de Bagdad. Es una noche de principios de octubre y las balas silban sobre su cabeza mientras decenas de niños se agachan para esconderse en un pequeño callejón. "¿Crees que la embajada americana sabe que ese callejón existe? Todos estamos sin trabajo, yo terminé la carrera de Derecho hace tres años y aún no he encontrado empleo".

Desde el frente traen a un joven con la pierna empapada en sangre. Un montón de neumáticos incendiados lanza grandes llamas hacia al cielo. "Estas son las mejores manifestaciones desde 2003", señala el abogado. "Todas las manifestaciones anteriores fueron organizadas por Moqtada al-Sadr o por los secularistas, pero este es un auténtico levantamiento popular y sin líderes".

Ghaith Abdul-Ahad - Baghdad

01/11/2019 - 21:03h

Publicado enInternacional
El Gobierno británico anunció este sábado que pone fin a su apoyo a la fracturación hidráulica ("fracking") para la extracción de gas o petróleo. EPA/FACUNDO ARRIZABALAGA/Archivo EFE

El Ejecutivo toma la decisión a partir de un informe de la Autoridad del Petróleo y el Gas (OGA) que concluye que hoy en día no es posible predecir con precisión la probabilidad de temblores asociados a la fracturación hidráulica

Las actividades de extracción en Preston New Road ya habían sido suspendidas en agosto después de que se registrara un seísmo de 2,9 grados de magnitud

 

El Gobierno británico anunció este viernes que pone fin a su apoyo a la fracturación hidráulica – conocida como 'fracking'– para la extracción de gas o petróleo por la imposibilidad de predecir los seísmos que pueda ocasionar.

El gabinete ministerial ha tomado la decisión sobre la base de un informe de la Autoridad del Petróleo y el Gas (OGA) "que constató que actualmente no es posible predecir con precisión la probabilidad o magnitud de los terremotos relacionados con las operaciones de 'fracking", según un comunicado del departamento de Energía.

Añade que dicho informe publicado este viernes concluye que no es posible con la tecnología actual predecir con precisión la probabilidad de temblores asociados con la fracturación hidráulica.

"Las propuestas separadas para cambiar el proceso de planificación de los sitios de 'fracking' ya no se llevarán adelante en este momento", anuncia el Gobierno británico.

Dicho método de extracción de gas o petróleo "no podrá continuar en Inglaterra", insistió el Ejecutivo.

Los trabajos exploratorios para determinar si el esquisto podría ser una nueva fuente de energía nacional, aportando beneficios para la economía y la seguridad energética del Reino Unido "se han pausado ahora, a menos que se proporcionen pruebas adicionales y hasta que se puedan llevar a cabo de forma segura aquí", agrega el comunicado.

El Gobierno británico afirma que la exploración de las reservas de gas de esquisto de Inglaterra solo podrá continuar si la ciencia demuestra que es segura, sostenible y de mínima perturbación para quienes viven y trabajan cerca.

Sobre la base de la perturbación causada a los residentes que viven cerca de Preston New Road, en Lancashire, y este último análisis científico, el Gobierno anuncia "una moratoria sobre el 'fracking' hasta que se proporcionen nuevas pruebas convincentes".

La secretaria de Negocios y Energía, Andrea Leadsom, expresa en la nota oficial que después de revisar el informe de la OGA sobre la reciente actividad sísmica en Preston New Road "está claro que no podemos descartar impactos inaceptables futuros en la comunidad local".

Por esa razón, añade, "he llegado a la conclusión de que deberíamos poner una moratoria sobre el 'fracking' en Inglaterra con efecto inmediato".

Las actividades de extracción en Preston New Road fueron suspendidas desde que se registró un seísmo de 2,9 grados de magnitud el 26 de agosto pasado.

 

EFE - Londres

02/11/2019 - 10:06h

Publicado enInternacional
Exigen 1.2 millones de chilenos la renuncia de Sebastián Piñera

Una nueva Constitución, vía de solución, el consenso

 

Santiago. Una semana después del estallido social que sacude a Chile, con estado de emergencia y toque de queda en 15 de las 16 regiones del país, y más de 20 mil soldados desplegados, el gobierno de Sebastián Piñera luce superado por el desarrollo de la crisis, errático en su capacidad de reacción y sin encontrar ningún atisbo de solución en lo inmediato, coinciden analistas.

Si bien se redujeron significativamente saqueos e incendios que se dieron en las primeras jornadas, la movilización ciudadana constante e irreductible mantiene alterada la vida cotidiana del país. La máxima expresión de ello ocurrió este viernes en Santiago, cuando un millón 200 mil personas (cifra oficial) se reunió para marchar pacífica y alegremente por la Alameda, la principal avenida de la capital, en una gesta épica multicultural, donde se expresó la diversidad de la sociedad chilena. En muchas otras ciudades, grandes y pequeñas, se repetían las escenas.

"Chile despertó" y "Piñera, renuncia ya", son las consignas que unen a millones y que han puesto de rodillas a Piñera. La mayoría son jóvenes, muchos estudiantes, pero también los hay desplazados y marginales, víctimas del modelo. Concurren familias enteras, veteranos, profesionales, abuelas, jefas y trabajadoras de hogar, colectivos gay y lésbicos; es un universo social.

El baile de los que sobran, icónica canción de Los Prisioneros, grupo de rock contestatario que saltó a la fama en los años 80, denunciando con su música la marginalidad de los jóvenes en la dictadura de Pinochet, fue entonada como himno de plena vigencia.

Mil guitarristas se congregaron frente a la Biblioteca Nacional para interpretar canciones de Víctor Jara –asesinado por los militares en 1983– entre ellas la emblemática El derecho de vivir en paz.

La gente concurrió temprano desde todos los puntos de la ciudad al sitio clave del encuentro, la Plaza Italia, donde confluyen tres importantes avenidas. Allí, sin liderazgos, sin discursos, sin bocinas ni escenarios y sin banderas de partidos, la gente compartió sus penas y esperanzas, marchó por la Alameda en un ejercicio de catarsis monumental, en incesante recorrido de ida y de vuelta por varios kilómetros hasta las cercanías del Palacio de La Moneda, cercado por un férreo anillo policial que impidió a cualquiera aproximarse a menos de 500 metros.

Al término de la manifestación algunas decenas de violentos prendieron barricadas, saquearon comercios e intentaron quemar los accesos a una estación del Metro (Baquedano, donde hay un cuartel policial en el que se torturó a los detenidos, según denuncias).

Los analistas, con independencia de su sesgo ideológico, coinciden en que el único camino es una nueva Constitución para extirpar la lógica ultramercantilista de la sociedad y la economía chilena, que funciona concentrando la riqueza en pocos y generando millones de desplazados y abusados.

Sin embargo, el gobierno y la ultraderecha no aceptan esa realidad. Por tanto, la crisis se arrastra, se multiplica y hace crujir al gobierno. Mientras, crecen las cifras de muertos (19), heridos (997, la mayoría por armas de fuego) y detenidos (3 mil 172).

Mauricio Morales, académico de la Universidad de Talca, advierte la falta de consistencia en la forma como el gobierno enfrenta la crisis, al tratar de convencer a los chilenos de que se trata de un estallido delictivo y no un estallido social.

"Piñera habló de guerra frente a un enemigo poderoso, pero no pudo justificar por qué era una guerra y tampoco identificar al enemigo del que tenía antecedentes. Al gobierno le ha costado transitar desde la idea de estallido delictivo al estallido social y eso ha ido de la mano de un presidente y un gabinete que no son capaces de sintonizar con las demandas", advierte.

Piñera ha rechazado la exigencia de realizar un cambio de gabinete que incluya al desacreditado ministro del Interior, su primo Andrés Chadwick, irrelevante en la conducción de la crisis.

"Es muy tozudo en eso; la tesis del gobierno es que esto es un capricho generacional y como todo capricho va a pasar con el tiempo; según el gobierno ya pasamos la etapa más difícil y esto se va a ir diluyendo y en ese momento podría modificar el gabinete", dice Morales.

¿Qué vías de solución podría tener la crisis? Nada está claro, el escenario está abierto, para el gobierno es una cuestión de tiempo, para las organizaciones sociales es asunto de resistencia, para los partidos es aguante y para la ciudadanía las soluciones son a corto, mediano y largo plazos.

Para Axel Callís, sociólogo de la Fundación Chile 21, Piñera está equivocado en el enfoque de solución, porque no puede o se niega a entender que los satisfactores que ofrece son insuficientes. "Son medidas que están financiadas por todos los chilenos y lo que quiere la sociedad son mejoras estructurales, es decir, que se toque el corazón del modelo en términos de pérdida de privilegios", opina Callís.

Para él, la crisis no se resuelve sin operar sobre lo estructural. "Entre los analistas hay un consenso en que más temprano que tarde todos los caminos apuntan hacia una nueva Constitución", dice.

–¿Podría Piñera, desesperado por salvar su presidencia, tener la audacia de generar condiciones para producir una nueva Constitución?

–Él todavía tiene que quemar cartuchos, restructurar su gabinete, le quedan medidas por ofrecer, tiene espacio para entregar cosas sin tocar el modelo y, además, generar negocios para los privados. En términos de solución profunda, él no va a llamar a una Asamblea Constituyente, pero puede llamar a un plebiscito que establezca el mecanismo para cambiar la Constitución; todavía tiene cartas por jugar.

–¿Corre riesgo la presidencia de Piñera?

–En esta contradicción entre resistencia y normalidad, lo que antes era un absurdo hoy está más cerca de lo que uno cree. El principal problema de Piñera es su personalidad, su narcisismo que no le permite asentir que ha fracasado en su gobierno. Como no es un político tradicional, sino que un especulador financiero transformado en político, su personalidad poco ayuda a la solución y es posible que fuerce una salida que no le permita entender que esto no es personal.

Ayer temprano una caravana de camioneros avanzó lento por las carreteras urbanas, causando embotellamientos, exigiendo terminar con los peajes diferenciados por horarios y que se cobran por tramo recorrido.

Las autopistas urbanas e interurbanas son otro símbolo del abuso del sistema ultraneoliberal. Construidas en los años 90 con el modelo de concesión a privados, representaron una solución expedita para modernizar la anacrónica red vial. El modelo se aplicó en todas las ciudades y regiones donde la demanda fuera suficientemente crítica como para atraer la inversión privada. Las excelentes carreteras florecieron como hongos y fueron festejadas conforme se inauguraban, le cambiaron la vida a la gente e impulsaron la economía. Pero eso fue hace 25 años.

Desde entonces las concesionarias extranjeras recuperaron holgadamente la inversión inicial, las tarifas aumentaron en términos reales más de 40 por ciento, los contratos se renovaron y garantizan alta rentabilidad mediante tarifas que se reajustan año a año. Además, las autopistas se han ido quedando chicas y congestionadas para los volúmenes de tránsito que ahora soportan. La mayoría de los automovilistas las aborrece, porque si quieren viajar razonablemente rápido a sus destinos están obligados a usarlas. La expresión del odio fue literalmente quemar los pórticos donde están instalados los detectores que marcan el paso de los vehículos.

Publicado enCrisis Chile
Manifestantes iraquíes portan banderas nacionales mientras gritan consignas, este viernes durante una manifestación cerca de la sede central del gobierno iraquí, en el centro de Bagdad. (AHMED JALIL |EFE)

Miles de personas se echaron otra vez a las calles en al menos siete provincias del país portando banderas iraquíes y coreando lemas como "Pacífica, pacífica", en un intento de esquivar las represión policial, que aún así se produjo en varios lugares. Hay más de 2.000 heridos.

 

Irak volvió a registrar este viernes nuevas protestas para pedir más servicios con 24 muertos y más de 2.000 heridos, después de que un destacado clérigo chií se mostrase favorable a su desarrollo y de que a principios de mes 157 personas muriesen en otra oleada de manifestaciones.

Miles de personas se echaron otra vez a las calles en al menos siete provincias del país portando banderas iraquíes y coreando lemas como "Pacífica, pacífica", en un intento de esquivar las represión policial, que aún así se produjo en varios lugares.

Los enfrentamientos entre los manifestantes y las fuerzas de seguridad han causado al menos 24 muertos –ocho de ellos por asfixia y fuego real– y 2.047 heridos, la mayoría en Bagdad, según el último balance ofrecido por la gubernamental Comisión de Derechos Humanos de Irak.

De acuerdo con sus datos, 27 edificios gubernamentales y sedes de partidos políticos sufrieron daños durante los incidentes.

La televisión Al Sumariya informó, por su parte, de que uno de sus corresponsales ha sufrido heridas graves durante la cobertura de las protestas, que se intensificaron después del rezo musulmán de los viernes.

A última hora de la tarde en Bagdad sólo se registran protestas en la céntrica plaza Tahrir, mientras que los mercados, restaurantes y comercios funcionan con normalidad en la mayoría de los barrios capitalinos, dijo a Efe una fuente del Ministerio de Interior que pidió el anonimato.

Detalló que cada vez que los manifestantes tratan de cruzar el puente Al Yumhuriya, que une Tahrir con la fortificada Zona Verde, en la que se ubican edificios gubernamentales y embajadas, las fuerzas de seguridad lanzan gases lacrimógenos para frenarlos.

Se trata de la reanudación de las protestas registradas a principios de octubre para pedir servicios básicos y más empleo, además de condenar la corrupción, y en las que murieron 157 personas, la mayoría a causa de la represión policial.

Así las cosas, las autoridades han impuesto el toque de queda en las provincias de Basora y Di Qar, de acuerdo con la agencia estatal iraquí NINA.

Todo ello se produce a pesar de los llamamientos a la paz del jeque Abdelmahdi al Karbalai, representante de la máxima autoridad religiosa chií de Irak, el Ayatolá Ali al Sistani.

"Llamamos a nuestros queridos manifestantes y las fuerzas de seguridad a respetar completamente el carácter pacífico de las manifestaciones y a que no permitan el uso de la violencia", indicó el jeque en la ciudad meridional de Karbala durante el sermón de la oración del viernes.

A los participantes en las protestas, reclamó que no lancen piedras ni cócteles molotov y que no causen daños al mobiliario, mientras que insistió a las tropas en que las manifestaciones pacíficas son un "derecho constitucional".

"La reforma verdadera y el cambio al que se aspira en la Administración del país debería hacerse por vías pacíficas", concluyó.

Tampoco caló lo suficientemente hondo el discurso anoche a la nación del primer ministro, Adel Abdelmahdi, que prometió que la semana que viene hará una remodelación de su Gabinete de ministros.

"La próxima semana ofreceremos cambios ministeriales y trabajamos para castigar a los grandes corruptos (...) La renuncia del Gobierno ahora sin alternativa constitucional significaría la caída en el caos", aseguró Abdelmahdi en una intervención televisada.

Mientras decenas de manifestantes se reunían en la capital ya la pasada medianoche, el dirigente iraquí mostró a altas horas de la noche su rechazo a la subida de los precios y aseguró que su Ejecutivo castiga a los "monopolistas", además de reafirmar la libertad de expresión y manifestación.

Las nuevas manifestaciones se producen días después de que el clérigo chií Muqtada al Sadr, con una gran influencia en el país, afirmase que los ciudadanos tenían "derecho" a salir a las calles si así lo deseaban el 25 de octubre.

El Comité Ministerial Supremo formado para investigar la muerte de civiles durante las manifestaciones de principios de octubre indicó en su informe final que 157 personas, entre ellos 8 miembros de las fuerzas de seguridad, perdieron la vida en aquellos incidentes.

El informe del comité, presidido por el ministro de Planificación, Nuri Sabah al Dilimi, y que investigó los sucesos en las manifestaciones entre el 1 y el 8 de octubre, destacó que los uniformados abrieron fuego contra manifestantes civiles sin recibir órdenes de los superiores de mayor rango.

Las protestas estallaron en Bagdad el pasado 1 de octubre y se extendieron a otras zonas de Irak por la falta de servicios públicos, de oportunidades de empleo y por otros problemas, como la extendida corrupción y la mala gestión de los recursos del país.

Bagdad

25/10/2019 21:56 Actualizado: 25/10/2019 21:56

efe

Publicado enInternacional
Página 1 de 8