Martes, 25 Julio 2017 17:21

¡La Investigación Acción Participación vive!

Escrito por Mauricio Giraldo
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El pasado 15 de junio, luego de tres días de conferencias, intercambio de saberes, entre otras acciones propias de eventos académicos, clausuró sesiones en el Centro de Convenciones de Cartagena de Indias, lo que para algunos era la Tercera Conferencia Mundial de Investigación Acción Participación (IAP), para otros la Conferencia de la Red de Investigación Acción de las Américas 2017 (Arna, por sus siglas en inglés) y tal vez para otros tantos, un evento académico de investigación en ciencias sociales. Sin dudarlo, los tres eventos confluyeron en uno solo.

 

Los tres “eventos” permitían observar tres intereses diferenciados: el primero, los de Arna, que pretendían acrecentar su red de Investigación Acción (IA), en la que este encuentro les permitía acercarse a un público incauto que en su mayoría no conocía los principios de la IAP, a un sector de académicos críticos que desde las universidades sus márgenes de acción y comodidad no les permite desplegar IAP, sino IA; el segundo, los investigadores y seguidores de la IAP, que ese espacio les permitía encontrarse para pensar la IAP en estos tiempos y adelantar acciones comunes; los terceros, que querían tener la experiencia de conocer investigaciones sociales, algunas denominadas IAP, así no todas lo fueran, y que sin saberlo fácilmente podían quedar enganchados en el primer interés.

 

Las tensiones fruto de los dos primeros intereses, sin ser un conflicto insalvable, sino una contradicción, se expresaron previo a la Conferencia, en y después de la misma, y no se reduce a un problema de opciones investigativas entre sectores académicos o de movimientos sociales, sino a una postura ética y política diferenciada. Esas tensiones pudieron pasar desapercibidas y todos haber retornado a sus lugares de origen con sensaciones encontradas. Sin embargo, la jornada de cierre fue engalanada por un grupo de participantes de diferentes países, que, a manera de protesta, realizaron unas rondas y cantos, acompañadas de pancartas, tanto al interior como en la parte externa del Centro de Convenciones. En tal ejercicio de expresión colectivo, se podía leer y escuchar que en la Conferencia no estaban: la participación, los pobres, los indígenas, los afros, el compromiso, entre otros componentes y sujetos propios de la IAP. Las voces querían mostrar la diferencia entre IA o al menos la versión Arna y la IAP.

 

Tal vez lo más significativo de tal Conferencia fue ese cierre no programado, espontáneo, en el que nuestra IAP, del sur, periférica, desde las otredades y ante todo emotiva, se negó a ser subsumida por la IA; expresión de vida, dejando claro que aún tiene un espacio en la realidad y en la academia, debate que recuerda, además, apartes de la gran lucha de las ciencias sociales en las décadas de los años sesenta y setenta.

 

Pero lo anterior no fue un resultado accidental, para quienes llegaron con el interés de encontrar la Tercera Conferencia Mundial de IAP, luego de los 20 y 40 años de la segunda y primera conferencias mundiales, se encontraron con apartes en el marco de la programación, la que en momentos se confundía con los intereses de Arna y la inocencia de mochos incautos que no lograban identificar la diferencia. Pero ese tercer grupo, que posiblemente era el mayoritario, no lograban observar cómo le cortaban sus alas a la IAP en la Conferencia, al eliminarle sus sentido ético y político de origen, diluyéndose, en experiencias investigativas, que si bien sociales y con efectos favorables en la comunidad, no correspondían siempre con el sentido mismo de la IAP. Lo que en parte es el reflejo de la pérdida del sentido original de la IAP en las ciencias sociales y en particular la forma forzada en que en las dinámicas propias y productivas de las Universidades se le quiere incorporar, dejando solo sus herramientas.

 

Ese estado de cosas se confirmó por medio de una consulta realizada a través del Grupo de Trabajo en Procesos y Metodologías Participativas de la Clacso, previo a tal Conferencia, en la cual se presentaron 53 investigaciones de América y dos de Europa, con un elemento común: en más de la mitad de esas investigaciones se observó la pérdida del sentido ético y político de la IAP, referido a que se comprendía en la investigación por el concepto participación, lo que fue más observable en el caso de las investigaciones realizadas en las universidades y en particular aquellas destinadas a obtener títulos de posgrado, por ello, uno de los resultados de dicho análisis se direccionó con la siguiente pregunta: ¿es posible que se esté diluyendo o resignificando la participación en el vasto espectro de lo que se está denominando como IAP?

 

De forma complementaria, el cruce de cinco misivas con las directivas de Arna previa al evento, en las que se preguntaba de manera insistente por el papel político de la IAP que no se observaba en la Conferencia, y en las que entre otros se recibieron respuestas como que no encontraban relación entre la investigación y la política y que, para eso sesionaría un evento complementario programado para luego de la Conferencia, o, se manifestó que se desconocía que era IAP, dando muestra de la crisis ontológica y epistemológica por la que atraviesa la misma.

 

Revisitando el legado

 

Sin embargo, la comprensión de la tensión entre los investigadores, seguidores y defensores de la IAP con los intereses de Arna y su forma de hacer las cosas, obliga a apartarnos de la Conferencia e irnos hacia Fals Borda y la IAP. En esa dirección, sin duda, son muchos los legados que el Maestro en su prolífera vida dejó como intelectual, comprometido no con la academia sino principalmente con la realidad de los marginados. Uno de ellos fue inspirado y llevado a cabo en su propia vida, tal vez por eso más que trasladarlo a una metodología investigativa, lo denominó una forma de vida, primera alerta que se requiere resaltar en la IAP.

 

De cierta forma, la IAP es la forma en que el Maestro comprendía debía desplegarse la vida de un intelectual orgánico (metodología de vida), en ella y sin duda alguna, traía implícita una metodología investigativa y a su vez un(os) método(s) y unas técnicas; el reduccionismo contemporáneo, el facilismo intelectual y la necesidad de ingresarla a la academia, en especial la Universidad, obliga al intelectual incorporarla como metodología investigativa, reservándose para él la metodología de vida. Tal vez acá está el primer quiebre con la versión original.

 

Ese legado, metodología de vida e investigativa, ha permitido irradiarse en vastos sectores académicos, pero también y tal vez de forma más significativa en los movimientos sociales, que demandan por otro mundo posible. Son varias las características diferenciadoras con otras formas de la acción del intelectual orgánico y de hacer investigación en las ciencias sociales, sin embargo, para fines prácticos cuatro preguntas básicas dan pistas: ¿Para qué la ciencia?, ¿quiénes hacen ciencia?, ¿cómo hacer ciencia? y ¿para quiénes la ciencia?

 

Para el Maestro, la primera ruptura que se observa va en dirección de responder la pregunta ¿para qué la ciencia?, ella no debía ser un fin en sí mismo, ni servir a los intereses del status quo, sino un medio que sirviera a los sectores marginados en el camino de su emancipación. La ciencia debía ser comprometida con una realidad que debía ser transformada, por eso su sentido crítico.

 

La segunda ruptura va en dirección de la respuesta ¿quiénes hacen la ciencia? La ciencia se concentraba en sectores académicos, los que en algunos casos, con pensamiento progresista o emancipatorio, mantenían ese espíritu “aséptico” de suponer que la ciencia se hacía por ejemplo en las universidades, allí se reflexionaba la realidad y desde allí se lanzaban rutas de trasformación. Es decir, los intelectuales se comprometían desde los discursos, pero se refugiaban en su zona de confort, sin asumir la condición consiente de estar materialmente con los de abajo. De cierta forma la IA, va en esa dirección y muchos académicos que mantienen hoy la criticidad, se refugian en esa concepción, y muchas de las investigaciones que hoy se presentan como IAP, en su fondo aproximaciones o IA.

 

Por otro lado, los intelectuales orgánicos en muchas ocasiones se trasladaban a esos sectores marginados y a pesar de esa convicción de servir, no lograban despojarse de su “arrogancia académica”, el reto entonces era que ese conocimiento hiciera sinergia con las experiencias y saberes de la comunidad, por eso y entre otros el hermoso diálogo de la IAP con la Educación Popular. El intelectual era un aportante al ágape que ocurría en la comunidad, haciendo del otro un par con saberes y experiencias diversas, las que no se ponían ni en un lugar preponderante y cada uno de los integrantes de la comunidad se transformaban mutuamente, al estar en una actitud de aprendizaje mutuo, continuado.

 

La tercera ruptura va en dirección a la pregunta ¿cómo hacer ciencia? Hasta ese momento –años 60– ninguna metodología científica había comprendido al Otro oprimido, popular, campesino, ...como par, la ciencia había separado entre conocer y saber (episteme y doxa), entre pensar y sentir; el reto entonces era validar esas experiencias, esas intuiciones, esos saberes previos en conocimiento científico, pero no era una búsqueda de llevar esos saberes populares a los estándares epistemológicos de las ciencias, era poner en duda esos estándares, para que al ser repensados se perfilara también Otra ciencia. Sin embargo, el centro no era ese saber cómo ciencia, sino como poder, por eso era una ciencia con el pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

 

La cuarta pregunta ¿Para quién la ciencia?, en parte se responde en la pregunta anterior, ella debía servir al pueblo, para que apostara a sus búsquedas de emancipación y de trasformación de la realidad. Por esas preguntas, entre otras y sus parciales respuestas presentadas, la IAP presenta un sentido ético y político que no se puede perder de vista.

 

Esas diferencias significativas de la IAP con otras formas de hacer la ciencia, hacen que si bien haya relación parental con otras formas, como la IA, no implica que pueda ser subsumida en la Investigación Acción, sin desconocer por ello la importancia de esta última, sin embargo es claro que para los condicionantes de la academia y la Universidad en particular, lo que se viene haciendo como IAP se acerca mucho a la IA.

 

Entre otros motivos a los ya expuestos, en el Grupo de Trabajo Clacso de Procesos y Metodologías Participativas, se decidió conformar una comisión para que inicie una reflexión acerca de sentido de la IAP en la contemporaneidad. Una de las propuestas que rondó, estuvo a manera de emular el Congreso de la Sociedad Sociológica de Alemania de 1961, en el que los diferentes intereses encontrados presentaron propuesta de reflexión, es decir, lo que se buscaría es que a partir de reflexiones y experiencias se inicie un debate sobre la pertinencia de la IAP en nuestros tiempos y realidades, y los nuevos discursos, técnicas, entre otros, que debe incorporar.

 

Por otro lado, en la Primera Asamblea Global para la Democratización del Conocimiento, que era el evento complementario y paralelo a la Conferencia, un grupo de investigadores, seguidores y defensores de la IAP, construyeron un conjunto de propuestas encaminadas a refortalecer la IAP, en ese sentido acordaron estrategias de movilidad, necesidades de encuentro y una publicación que si bien respeta las reglas de la academia productiva capitalista, es decir la indexación, será conocida como desindexada.

Información adicional

  • Autor: Mauricio Giraldo
  • Edición: Nº237
  • Sección: Debate
  • Fecha: Julio 20 - Agosto 20 de 2017
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