Lunes, 30 Octubre 2017 16:31

Y la industria no despega…

Escrito por Jorge Iván González
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La industria está mal

 

El último boletín del Dane (octubre 13) deja en evidencia –una vez más– la pésima situación de la industria manufacturera. En la gráfica se presenta la evolución anual (entre los agostos) de tres componentes de la dinámica industrial: la producción, las ventas y el empleo. Comparada con el año anterior, la perspectiva de la industria es lamentable. Los tres indicadores fueron negativos. La producción cayó (-3,1%), las ventas bajaron (-3,0%) y el empleo disminuyó (-1,2%). Hay tres hechos que pueden estar incidiendo en estos pésimos resultados: las consecuencias de la enfermedad holandesa, la baja productividad y el desestímulo al mercado interno.

 

Las consecuencias de la enfermedad holandesa

 

Colombia aún no se recupera de la enfermedad holandesa que se presentó con las bonanzas del petróleo y de minería. Los síntomas de la enfermedad fueron claros: la revaluación del peso, el desbalance en la balanza de pagos motivado por el aumento de las importaciones, y el deterioro de la producción nacional.

Gracias a la bonanza, el valor del dólar disminuyó (revaluación del peso) haciendo más baratos los bienes importados. En estas condiciones, la reacción inmediata es aumentar las compras en el exterior. Pero los bienes importados son de muy diversa naturaleza. Pueden ser bienes de capital que contribuyan a mejorar la productividad y la competitividad de la industria nacional. O pueden ser bienes de consumo, que desestimulen la producción interna. Colombia optó por esta segunda vía, y en lugar de aprovechar la revaluación para adquirir maquinaria y mejorar la eficiencia de la industria y de la agricultura nacionales, la mayoría de las importaciones fueron bienes de consumo, y el país se convirtió en un gigantesco sanandresito. La abundancia de bienes importados se reflejó en una drástica caída de la producción nacional.

 

 

Este manejo de la bonanza fue inadecuado. Otros países han aprovechado los excedentes de una mejor manera, consolidando procesos que favorecen la producción nacional. Si la bonanza se destina al fortalecimiento de la infraestructura, a la importación de bienes de capital y de tecnología, a la satisfacción de necesidades básicas (alimentación, acueducto, alcantarillado, educación, etc.), se crean círculos virtuosos que permiten avanzar.

En general, en el país se han manejado mejor las bonanzas cafeteras que las petrolera/minera. Los excedentes cafeteros suelen tener efectos multiplicadores que son muy benéficos. Los ingresos llegan a los pequeños productores, la calidad de vida mejora, la demanda y el consumo aumentan y, en general, las regiones cafeteras elevan su bienestar. La situación es muy diferente en las zonas mineras y petroleras. Los excedentes que allí se generan no se traducen en un mejoramiento del nivel de vida de sus habitantes. El Magdalena Medio es un caso emblemático porque no obstante la riqueza petrolera, la incidencia de la pobreza sigue siendo muy alta, y numerosas necesidades básicas no se han satisfecho.

La incapacidad de convertir las bonanzas minero/petroleras en bien-estar se hizo evidente en la última década. En tres informes recientes de la Contraloría General de la República* se muestra el mal uso dado a las regalías. En lugar de destinarlas a proyectos estratégicos con un horizonte de mediano y largo plazo, los excedentes se despilfarraron en numerosos proyectos. La distribución de las regalías se hizo como en una piñata. Al malgastar los recursos no se llevaron a cabo proyectos que sentaran las bases de un desarrollo sostenible.

 

La baja productividad

 

La falta de un enfoque estratégico en la utilización de los recursos de la bonanza tuvo un impacto negativo en la industria y en el sector agropecuario. El menor precio de los minerales y del petróleo redujo la entrada de dólares, y el peso se devalúo. El dólar más caro se refleja en una reducción de las importaciones, que debería haber estimulado la producción nacional. No obstante la fuerte devaluación, la industria todavía no responde.

Durante el último año el sector agropecuario ha experimentado una cierta recuperación, que ya se ha manifestado en un aumento de la producción y el empleo. A pesar de los avances conseguido en el agro, la importación de alimentos básicos permanece muy alta, y se acerca a los 12 millones de toneladas por año. Para que estas tendencias positivas del agro se consoliden es necesario que haya mayor intervención del Estado, expresada en vías, acueductos, infraestructura, asesoría técnica y créditos más baratos. Estas acciones de la política pública se justifican, especialmente, porque el 70,8 por ciento de los productores están vinculados a fincas menores de 5 hectáreas. Los propietarios de estas fincas necesitan apoyos del gobierno para evitar un mayor fraccionamiento y, sobre todo, para mejorar su productividad.

El comportamiento de la industria es muy diferente al del sector agropecuario. La devaluación del peso no ha sido suficiente para impulsar la recuperación de la producción manufacturera. Esta freno tiene que ver con la baja productividad de la industria nacional, que no logra ocupar el lugar que le están quitando las importaciones. La caída en términos de producción, ventas y empleo muestra que existen problemas estructurales, y que el mal manejo de la bonanza terminó afectando de manera muy significativa a la industria.

 

Desestímulo al mercado interno

 

Durante los años de la bonanza se despreció el papel fundamental que debe cumplir el mercado interno. De manera equivocada se pensó que el centro de atención le corresponde a las exportaciones, y por ello se descuidó el potencial que tiene la actividad económica interna. La solidez de la economía está muy relacionada con la relevancia que tenga la actividad industrial. El país va alejándose de los ideales que tenía la Cepal en los años setenta. Por aquellos días se le daba prioridad a la necesidad de sustituir importaciones, de tal manera que los países de la región pudieran comenzar a producir bienes de consumo durables (carros, neveras, calentadores, etc.). El desarrollo del mercado interno se consideraba una estrategia complementaria a la sustitución de importaciones. Para que la industria pueda superar su estancamiento actual, el gobierno debe diseñar mecanismos que contribuyan a fortalecer el mercado interno.

 

Más Estado

 

La industria colombiana no se recupera. En parte, porque está viviendo las secuelas de la enfermedad holandesa y, en parte, porque la acción del Estado ha sido débil. Entre las dificultades que deben superarse destacan: las altas tasas de interés, la falta de asistencia técnica, las limitaciones de la infraestructura vial y portuaria, la leve consolidación del mercado interno. La existencia de estos problemas estructurales ha impedido que la actividad industrial se recupere, no obstante la aguda devaluación del peso.

15 de octubre de 2017


*Contraloría General de la República, CGR., 2016. Evaluación del Fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación. Sistema General de Regalías (SGR) 2012-2015, CGR, Bogotá.
Contraloría General de la República, CGR., 2016. Resultados del Sistema General de Regalías a diciembre de 2015, CGR, Bogotá.
Contraloría General de la República, CGR., 2017. Resultados del Sistema General de Regalías a diciembre de 2016. Resultados del Sistema General de Regalías 2015-2016. Informe de la Situación de las Finanzas del Estado, CGR, Bogotá.

Información adicional

  • Antetítulo: La industria está mal
  • Autor: Jorge Iván González
  • Edición: Número 240
  • Fecha: Octubre 20 - Noviembre 20 - 2017
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