Jueves, 23 Noviembre 2017 12:01

Al pueblo wayúu se le agota el tiempo

Escrito por Alejandra Correa
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La falta de agua y alimentos, los químicos tóxicos que inunda el aire, la precaria o ausencia evidente de atención médica, la privatización de diversas fuentes naturales de agua, la ocupación del territorio que siempre les dio albergue, todo esto es mucho más hace parte de la realidad que vive el pueblo wayúu desde tres décadas y media, cuando Cerrejón Limited, como maldición, llegó a este territorio. Evidencias de esta realidad.

 

“[...] afirman que lo único que se da bien, y ya ni siquiera, en La Wajira, es la marimba, que lo único que este territorio da con generosidad es el carbón, ese sí lo aprecian”1.

Difícil imaginar pero es realidad. La Wuajira, territorio norte de Colombia, que en muchas estampas aparece como territorio turístico y por gozar, según ciertos estudios pierde su categoría de departamento para registrar como un complejo minero, el cual al 2016, según la Agencia Nacional de Minas, cuenta con 63 títulos mineros de los cuales 53 están vigentes y 10 son autorizaciones temporales. A la espera hay 151 solicitudes de contratos para concesiones y autorizaciones temporales, además de 47 solicitudes de legalización, mientras que solo hay 8 áreas de reserva especial en trámite y 0 declaradas. Las consecuencias de esta realidad, acumuladas en 36 años de presencia de la multinacional Cerrejón Limited están a la vista:

De acuerdo con los informes epidemiológicos presentados cada semana por la Secretaría de Salud y la Administración Temporal del Sector Salud de La Guajira, las cifras de niños muertos por desnutrición aguda en el 2017 van así: 32 del 1 de enero al 7 de octubre de 2017 (Ver imagen 1), y 26 del 1 de enero al 28 de octubre2 (Ver imagen 2). ¿Por qué esto? Por la constante alteración de las cifras, a conveniencia de un Estado ausente y de la insaciable, expansiva y voraz multinacional Cerrejón Limited, responsables de la miseria que desde hace 36 años ahoga a la capital indígena del país.

Estas cifras despiertan una pregunta aún más acuciante, ¿cuántos niños han muerto en los últimos años por desnutrición? Al respecto las cifras tampoco son claras. De acuerdo al Plan de Desarrollo Departamental para La Guajira 2016-2019, durante el año 2014 se reportaron 48 casos, 37 en el 2015 y para abril de 2016 la cuenta iba en 19 casos reportados ante el Instituto Nacional de Salud, sumando un total de 109 decesos en estos tres años. Mientras las cifras de 2017 oscilan según la conveniencia de las instituciones responsables.

La desnutrición es solo una de las causas de estas muertes; enfermedades respiratorias y diarreicas agudas y ETA (Enfermedades transmitidas por alimentos o agua), son otras de las causas, pero las cifras de casos reportados ante alguna IPS-EPS no alcanzan a dimensionar la realidad del pueblo wayúu. La Secretaría de Salud del departamento aún no es clara en sus informes al momento de diferenciar las cifras y las causas de las muertes, de los casos que pueden ser tratados.

Lo más grave del asunto es la sospecha de que las cifras de muertes de niños, mujeres, hombres y ancianos son muchísimo más altas. Para las instituciones encargadas de esta tragedia, al parecer, todo se reduce a una cifra, sin reparar en que sus causas son predecibles y reversibles, muertes que no solo afectan a personas y sus familias, sino a todo un pueblo, el cual languidece, muere lenta pero continuamente.

Prueba de lo anotado son los mapas adjuntos: el Nº 1 hace referencia a los puestos de salud (verde), a los centros de salud (rojo) y a las zonas donde no hay ningún tipo de cobertura médica (azul). El Nº 2, muestra las zonas pobladas del departamento (puntos negros).

Precariedad evidente. Si las cifras oficiales de muertes y casos de enfermedades graves son alarmantes, no hay duda de que la realidad es mucho peor, mucho más cuando las instituciones encargadas no logran dar cuenta de los casos de muertes por desnutrición, nacidos con bajo peso, madres que mueren durante el parto, abortos espontáneos y demás, porque estas personas no tienen la capacidad económica para llegar a una IPS-EPS, para ser atendidos y así ser identificados y, por tanto, reportados.

 

A esto se suma que la muerte de niñas y niños, la falta de agua y alimentos y las precarias condiciones de vida de los wayúu no sea una novedad para el país mediático. El cubrimiento de los medios oficiosos de comunicación, reduce esta realidad a causas como las fuertes temperaturas, la “invasión” por parte de los venezolanos e incluso a los hábitos de vida de los indígenas. En el mejor de los casos, medios como Semana, cuestionan la actividad carbonífera de Cerrejón y sus consecuencias ambientales, culturales y sociales, para al final celebrar los beneficios para la economía colombiana gracias a la explotación y exportación de este mineral.

 

Ahora bien, ¿por qué la incoherencia de los informes presentados hasta la fecha? El Estado colombiano, la gobernación y las alcaldías de los municipios guajiros, bastante temor tienen de que el país haga consciente de lo que ya es un secreto a voces. Además, este departamento no es importante por ser la cuna indígena del país o por ser uno de los territorios más áridos de Colombia, sino por lo que durante siglos ha preservado su subsuelo: una gran riqueza carbonífera, desde hace casi 4 décadas en manos de una multinacional, que con el silencio cómplice del Estado criollo, poco o nada se preocupan por la calidad de vida de las comunidades indígenas vecinas a la décima mina a cielo abierto más grande del mundo, Cerrejón Limited.

Esta multinacional llegó con la promesa de llevar desarrollo y progreso a todo el departamento de La Guajira, con el ideal que una vez Colombia ingresara a la lista de países exportadores de carbón, por fin la pobreza y la falta de oportunidades serían cosa del pasado. Se encontraron con comunidades indígenas dispersas a lo largo y ancho del territorio, con grandes cantidades de chivos que corrían por todas partes, y con arroyos de agua grandes y pequeños, nacientes del río Ranchería; de donde tomaban el agua sin ningún control; estas y demás tradiciones indígenas iban en contravía de la mina.

Pero tal como lo dicta el cliché de colono, Cerrejón llegó despojando, bloqueando, cercando, usurpando y generando terror con las fuertes detonaciones y el movimiento de las maquinarias, en el territorio que el gobierno nacional le puso en bandeja de plata. Todo el proceso de instalación fue una mala sorpresa para los wayúu: en ningún momento les consultaron si estaban de acuerdo con que su territorio fuera explorado y sucesivamente explotado. Fue este el más claro ejemplo de las garantías que brinda el Estado colombiano a las comunidades indígenas, afro, campesinas y demás, reafirmando por vía directa que todo aquello existente en el subsuelo es propiedad del Estado, quien define cómo, cuándo y qué hacer. Una política que atenta contra la vida de cualquier connacional.
Hoy, más de 30 años después, los wayúu mueren lentamente como consecuencia del fenómeno extractivista, proceso que está por encima de cualquier costumbre, tradición y forma de vida. Oficialmente, Cerrejón cuenta con 69,364 mil hectáreas donde puede llevar a cabo sus exploraciones y explotaciones, empero la realidad da la idea de que son más. Desde que está presente en el departamento, muchas comunidades del norte, sur, oriente y occidente del departamento, fueron y están siendo reasentadas, porque en sus territorios ancestrales se halla el carbón que con tanta sed persigue Cerrejón Limited.

La cuna del gran socavón. Maicao, Barrancas, Hatonuevo y Albania son los municipios donde Cerrejón tiene más comprometido el subsuelo–donde al menos existen 60 mil habitantes–, de donde extrajo 32,4 millones de toneladas de carbón3, de las 49.000 toneladas que Colombia exportó en el 2016 (Ver imagen 3).

Para algunos, el empresariado, las clases dominantes y los políticos de oficio, estas cifras son motivo de orgullo y satisfacción, pero para los wayúu son de tragedia, las comunidades reasentadas así lo testimonian. El turno llega para el resguardo Tamaquitos II, cuyos integrantes se enfrentaban a un reasentamiento obligado.

Según estándares internacionales esto es de mostrar (¡?). El pasado 23 de octubre el ranking Merco Talento 20174 ascendió a la multinacional del puesto 62, que ocupó en el 2016, al puesto 27. A su vez, con respecto a ranking de Merco Empresas 2017, la multinacional pasó de ocupar el puesto 79 al 77 en igual periodo de tiempo. Ambos rankings dan por hecho que Cerrejón Limited ha mejorado su reputación e implementación de “buenas prácticas” en el territorio intervenido.(Ver imagen 4).

“Hemos estado por más de tres décadas en La Guajira bajo la premisa de construir relaciones transparentes con nuestros grupos de interés, ser un buen empleador, cumplir con la ley y aplicar los más altos estándares sociales y ambientales. Al tiempo de posicionarnos como un productor y exportador de carbón líder a nivel mundial, estamos enfocados en continuar siendo un aliado clave para el progreso y desarrollo sostenible de La Guajira, fortaleciendo las capacidades entre sus autoridades y comunidades para que lideren las transformaciones sociales de su territorio” dijo, ante la noticia del ranking, la vicepresidente de Asuntos Públicos y Comunicaciones, Lina Echeverri.

Los boletines de prensa de la multinacional, sin descanso y reflejando su lejana percepción de lo indígena, enfatizan el compromiso que tienen con el pueblo wayúu y el medio ambiente. Noticias como la reducción en un 69 por ciento del consumo de agua potable desde el 2009, evidencia un supuesto compromiso serio con el territorio que tanta riqueza le ha dado. Aseguran que el 93 por ciento del agua que utilizan proviene de las aguas lluvias, siendo de mala calidad y no apta para el consumo humano, animal o para el riego de cultivos; aclarando que esta nunca tiene contacto con los acuíferos de los ríos y, por ende, no se contamina el agua que consumen quienes habitan los resguardos.

La cuestión es que esta lluvia de la que habla Cerrejón no es exclusiva para ellos, cae sobre todo el territorio guajiro, contaminando no solo cada cuerpo de agua existente, sino también el aire, situación que enferma a niños, adultos y ancianos; sin contar con los daños colaterales que surte en los pocos cultivos que actualmente pueden sembrar las comunidades. Es esta una razón más por lo que los informes de morbilidad y mortalidad en el departamento son tan imprecisos.

 

La disputa por el agua

 

“–Entre las formas de exterminar un pueblo la más indigna es ahogarlo en su sed. Cuando se quita la única fuente de agua, la conexión con la vida, ¿qué se hace?”5.


Lo que hace décadas fue el descubrimiento del más grande tesoro en Colombia, es hoy para el pueblo wayúu su sentencia de muerte. Así lo certifica la intervención de sus territorios, el despojo de la tierra que les brindaba la vida, la afectación de sus fuentes de agua, el reasentamiento de los pobladores de varios resguardos –llevados a vivir en condiciones que no dan cuenta de sus tradiciones–, la contaminación ambiental que les propicia diversidad de enfermedades, las presiones psicológicas a las que son sometidos, las que llevan a no pocos de sus jóvenes y adultos al suicidio.
En estas circunstancias, los wayúu viven como un pueblo copado, presos dentro de lo que antes era su territorio, sometidos a los dictámenes e intereses de una multinacional que obra con total amparo del Estado central y regional. Es así como Cerrejón no solo es dueño de cada piedra, cactus y gramo de arena que hay dentro y alrededor de la mina, sino que también se siente con el derecho sobre cada gota de agua que se da en el territorio.

Para la muestra más de un botón. Para el 2016, la multinacional había desviado más de 17 cuerpos de agua, y además inició estudios y obras para la desviación de uno de los arroyos más importantes para el norte de La Wajira: el arroyo Bruno. Las comunidades afectadas realizaron diversas acciones en defensa de su fuente de vida, una de ellas, la recolección de 35.000 firmas en contra del desvío, lo que logró eco a nivel nacional e internacional; firmas que fueron entregadas el 1 de diciembre de 2016 ante la Corte Constitucional quien falló a favor de más de 12.000 indígenas que se verían afectados por tal acción. Sin embargo, Cerrejón continúa con sus labores de desvío, porque los 35 millones de toneladas de carbón que guarda el arroyo bajo su lecho es una de sus más grandes excavaciones, mientras la justicia colombiana se hace la de la vista y oídos sordos.

La Wajira como territorio de enclave

De acuerdo al censo del 2005, quienes se reconocen como pertenecientes al pueblo wayúu suman 270.413, de ellas 132.180 hombres y 138.233 mujeres, decidiéndolos como el pueblo indígena más numeroso del país. Sin embargo, el Plan de Desarrollo para La Guajira 2016-2019 reconoce que los wayúu integran 800.000 personas, lo que sugiere que hay 520.000 indígenas no reconocidos por el Estado colombiano.

Hoy por hoy no es Cerrejón quien invade el territorio de La Guajira, según el crecimiento de la multinacional, son los wayúu, mestizos y afro que están en las zonas donde la multinacional pretende ingresar, con lo cual el patrimonio cultural y espiritual prosigue e incrementa su inminente riesgo de desaparecer bajo los intereses privados. La Guajira pierde su categoría de departamento para registrar como un complejo minero, el cual al 2016, según la Agencia Nacional de Minas, cuenta con 63 títulos mineros de los cuales 53 están vigentes y 10 son autorizaciones temporales. A la espera hay 151 solicitudes de contratos para concesiones y autorizaciones temporales, además de 47 solicitudes de legalización, mientras que solo hay 8 áreas de reserva especial en trámite y 0 declaradas. (Ver imagen 6).

Rezan las políticas de producción y de “buenas prácticas” de Cerrejón Limited, que una vez terminadas las 3 etapas para la extracción del carbón, avanzan en un proceso de rehabilitación de tierras, el cual promete conformar y estabilizar un nuevo suelo, con el objetivo de que en “unos pocos” años nazcan bosques similares a los existentes. Esta política les ha merecido reconocimientos a nivel mundial, por ser pioneros en tal iniciativa.

“Cuando la actividad minera concluya en el futuro, quisiéramos ver este laboratorio de bosque seco tropical desarrollado por Cerrejón, convertido en elemento fundamental dentro de la estructura ecológica principal de La Guajira, que garantice la provisión de servicios ecosistémicos y sustente la prosperidad de este noble departamento”, dijo León Teicher Grauman, expresidente de Cerrejón Limited. En caso de que esto sea real, ni una sola hectárea será habitada por el pueblo wayúu, será territorio privado.

Al gobierno colombiano le basta con que Cerrejón se quede en el decir y no hacer. Existen estudios mundiales que comprueban científicamente que una vez concluyen las actividades mineras en un suelo, éste no queda saludable, en pocas palabras, muere. La deforestación, la contaminación del agua y el aire, el exterminio de fauna y flora y pueblos originarios, no son costos que justifican las miles y miles de toneladas de mineral –en este caso carbón– exportadas.

Un S.O.S por La Wajira

Desde hace años el pueblo wayúu dijo ¡basta!, entendieron que la minería los está matando y que si Cerrejón sigue en su territorio hasta el 2034, como está previsto, entonces el pueblo wayúu habrá desaparecido y la tierra será un gran hueco que, producto del calentamiento global, se convertirá en una gran laguna.
La realidad que sobrelleva el pueblo wayúu, la invasión de su territorio y la violación de sus derechos, exige voces de lucha que denuncien la complicidad del gobierno nacional en este genocidio; voces que exijan que se reconozca la grave situación que viven miles de personas, seres humanos ahogados en su sed y en su hambre, usurpados de su territorio e identidad más profunda, aprisionados y controlados para que no alteren el orden minero.

Tras más de 30 años de este criminal proceder, donde están unidos capital privado y un Estado que no prioriza a los suyos, es el momento de trascender las denuncias y poner en marcha acciones que realmente obliguen a las instituciones responsables a dejar a un lado su pasividad, mediocridad e intereses espurios, y detengan el etnocidio que está en marcha en esta parte del país.

 

1 El Palabrero. Philip Potdevin.
2 http://salud-laguajira.gov.co/apc-aa-files/34386462396137383366373566323165/boletin-epidemiologico-semanal-no.-42-la-guajira-2017.pdf
3 Exportaciones de carbón del Cerrejón superaron 32 millones toneladas: http://www.eltiempo.com/economia/sectores/balance-de-las-exportaciones-de-carbon-del-cerrejon-en-el-2016-35297
4 http://www.merco.info/co/ranking-merco-talento
5 El Palabrero, Philip Potdevin.

Información adicional

  • Antetítulo: La Wajira: un etnocidio a gotas
  • Autor: Alejandra Correa
  • Edición: Nº 241
  • Sección: Informe especial
  • Fecha: Noviembre 20 - Diciembre 20 - 2017
Visto 186 veces Modificado por última vez en Sábado, 25 Noviembre 2017 15:45

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