Martes, 22 Marzo 2011 14:12

Páramo de Santurbán. La lucha por el agua. Nuevo movimiento comunero se levanta

Escrito por Tatiana Roa Avendaño. Censat Agua Viva-Amigos de la Tierra Colombia
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No deja de asombrar la resistencia social que provoca el proyecto minero Angostura, en el Páramo de Santurbán, en Santander. Medios de comunicación, editorialistas, blogs y redes sociales virtuales no paran de hablar sobre este fenómeno social. No es para menos: el pasado 25 de febrero, 40 mil personas salieron a las calles de Bucaramanga para manifestar su descontento por el proyecto de gran minería a cielo abierto que amenaza con herir el corazón del páramo. Unidos en la consigna “agua si, oro no”, los ciudadanos recorrieron la ciudad haciendo sentir su posición. No era la primera movilización; durante el último año, con ésta ya eran cuatro las marchas realizadas para demandar que se archive el proyecto minero, desde que se constituyó el Comité en Defensa del Páramo de Santurbán1.

Sin duda, quienes nos oponemos a la locomotora minera, y particularmente a la minería en alta montaña y en territorios esenciales para la producción alimentaria o de agua, consideramos que es necesario seguir su ejemplo. Pero, ¿por qué este movimiento? ¿Cuáles son sus antecedentes, sus motivaciones, su historia?

Un antecedente: la defensa del Páramo El Almorzadero

Un importante antecedente de la resistencia a la minería en alta montaña es la lucha campesina contra un proyecto minero de carbón antracítico en el Páramo El Almorzadero. Desde hace dos décadas, en la provincia de García Rovira, en Santander, organizaciones sociales, comunitarias, campesinas, ambientalistas y de mujeres han mantenido un proceso para impedir que esta minería se establezca en las altas montañas del municipio de Cerrito. Aunque una empresa minera logró instalar sus campamentos y abrir seis módulos a comienzos de los 90, ante las promesas incumplidas de la empresa y los impactos ambientales que ya empezaban a evidenciarse con la sola instalación de las bocaminas, la comunidad dijo “basta a la minería en el páramo”, y decidió emprender una ardua defensa por el agua y por este complejo montañoso.

Su respuesta era fruto de un importante proceso ambiental, popular y social que impulsaban organizaciones campesinas y ambientalistas, y algunos sacerdotes de la región. De hecho, su gran interés por los páramos les hace organizar varias e importantes actividades, entre ellas la IV Conferencia Internacional por los Páramos y Bosques de Niebla, realizada en Málaga en 1999, lo mismo que la Misión Internacional por los Páramos, realizada en 2002.

En 2006, cuando se creía que los mineros no volverían por allí, se organiza un Cabildo Abierto, a fin de denunciar la licitación que preparaba el gobierno nacional con miras a la entrega de 200 mil hectáreas del Páramo para explotar carbón antracítico, amenazando incluso con atraer a empresas multinacionales. Ese año se constituye la Comisión de Vigilancia y Seguimiento para la Protección del Páramo El Almorzadero, enfrentando este nuevo momento de amenaza minera. Se trataba de defender los territorios de agua en sus altas montañas, para garantizar su cultura y las actividades agrícolas y pecuarias, básicas de su economía campesina.

La lucha por la justicia ambiental ha contado con un importante liderazgo colectivo en cabeza de campesinos como Lelio Manosalva, Ismael Villamizar, Gibrail y Leonel Suárez, Martín Guerrero y David Villamizar, ambientalistas como María Stella Sandoval, Ceráfico Calderón y William Basto, el sacerdote Pedro Elías Joya y el ex personero de Cerrito Óscar Gómez. Su trabajo es constante, juicioso y creativo, y articula las expresiones sociales del municipio y la Provincia, incidiendo incluso en Norte de Santander, donde la minería también avanza. En marzo de 2007 se declara sagrado El Almorzadero, en el Encuentro de Promesa con el Páramo. Ese mismo año se consigue que nueve alcaldes de la Provincia le dirijan una comunicación al presidente Uribe en solicitud de archivar los proyectos mineros en el Páramo. Numerosos jóvenes se vinculan al proceso.

Por fin, el 27 de agosto de 2010, el concejo municipal de Cerrito apoya unánimemente la Iniciativa Popular Normativa, presentada por esta Comisión meses antes, excluyendo así la minería en los páramos, al considerarlos “ecosistema frágil y esencial para el ciclo del agua [que] debe gozar de especial protección por parte del Estado, y se destinará prioritariamente a garantizar el funcionamiento de dicho ciclo, sin vulnerar los derechos de las comunidades que tradicionalmente los habitan, procurando modelos de uso sustentable”. La iniciativa reconoce “el valor cultural del agua como elemento sagrado en la cosmovisión de los grupos étnicos”. Ahora la minería parece no tener futuro en Cerrito. La resistencia antiminera y las iniciativas para el buen vivir (recuperación de semillas, mercados locales, agricultura agroecológica y el Páramo como un patrimonio ambiental y cultural) se expanden como fuego sobre la hierba hacia otros municipios de la región.

Lucha por el agua en Santander

Otro importante antecedente de la lucha por la justicia ambiental y contra la minería en la alta montaña es el movimiento social por el agua, fortalecido con el impulso del Referendo por el Agua. Sin duda, fue notorio el compromiso y la fuerza que demostró el Comité Regional en Defensa del Agua y de la Vida para apoyar la tarea nacional que permitió entregar más de dos millones de firmas a la Registraduría, para continuar así el trámite ante el Congreso de la República2. No obstante sus diferencias, los santandereanos se articularon en un solo comité, en el que trabajan ambientalistas, sindicalistas, animalistas, campesinos, defensores de derechos humanos, mujeres, de jóvenes, usuarios de servicios públicos, jubilados, acueductos comunitarios, educadores, estudiantes, entre muchos otros sectores. El Comité desarrolló una amplia campaña que permitió sensibilizar a la población de Santander sobre las amenazas que se ciernen sobre el agua.

Para visibilizar la situación, se posicionaron algunos casos emblemáticos. De un lado, el conflicto ambiental por la agroindustria avícola, que buscaba instalarse en la Provincia de Guanentá (Charalá y Curití). Este proceso, liderado por una coordinación de veedurías municipales, levantó una fuerte campaña para impedir el establecimiento de galpones de pollos en sus territorios. Sus pobladores temían que las aguas que bañan estas tierras pudieran ser deterioradas y acumuladas por una industria altamente consumidora y contaminadora de las aguas. Tenían como referente lo sucedido en Lebrija, donde se han mermado los caudales de las principales fuentes hídricas, y los insumos y los desechos avícolas contaminan, mientras el proceso de desertificación avanza incontenible. En esa misma jurisdicción, la Asociación Municipal de Mujeres Campesinas (Ammucale) lucha contra la contaminación y la desertificación con mecanismos como la movilización social, la defensa de los acueductos comunitarios, y las reservas campesinas de bosque y cosecha de aguas lluvias.

Otro caso notable es el conflicto ambiental por la construcción de la Hidroeléctrica del Río Sogamoso, que puede alterar la dinámica natural de la corriente fluvial, amenazando las formas de vida campesina y de pescadores de la cuenca. Con carpas en las calles, foros, movilizaciones y campañas de difusión con videos, programas de radio y actividades culturales, las organizaciones sociales y ambientalistas levantaron el tema del agua, poniéndolo en el centro de las preocupaciones de un pueblo muy vinculado con sus ríos. La lucha por la justicia ambiental demanda que el agua sea de interés central en Santander. Se debe recordar que los ríos Lebrija, Chicamocha, Servitá, Suárez, Fonce, Sogamoso y de Oro, que bañan el territorio, así como los complejos de ciénagas en el Magdalena Medio, o las lagunas sagradas de alta montaña, son esenciales en la construcción social del departamento. En torno a los ríos y los humedales, conviven pueblos de pescadores y campesinos que derivan del río el sustento diario, y cuyas aguas aseguran la producción campesina. También los ríos son importantes para la recreación del santandereano. Los domingos, los ríos reciben familias citadinas que llevan su olla para disfrutar de un paseo dominical y familiar. Esta actividad se constituye en un elemento importante de la cultura santandereana.

Defensa del Páramo de Santurbán

Más allá de las falencias técnicas que descalifican el proyecto Angostura de la empresa canadiense Greystar Resources, falencias que incluso el propio Ministro de Minas y Energía, Carlos Rodado, reconoce que tiene este proyecto, las cuales han sido suficientemente argumentadas por importantes ecologistas y académicos santandereanos, como Jairo Puente y Leonardo Acevedo, o personalidades como el ex ministro de ambiente Manuel Rodríguez Becerra y el experto en minería y geólogo Julio Fierro, nos interesa seguir mostrando lo que hace tan dinámico este movimiento social y ambiental.

Aunque la Greystar y los alcaldes de California y Vetas plantean que los ambientalistas nunca han caminado el páramo y menos se preocupan por él, desde hace años el Páramo de Santurbán es motivo de interés de los ambientalistas. De hecho, desde hace más de 10 años se discute la creación de un Parque Natural Regional (PNR) en el Páramo de Santurbán. El Ministerio de Ambiente, la Corporación Autónoma para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga (CDMB), la Corporación Autónoma de Norte de Santander (Corponor) y la Corporación Autónoma de Santander (CAS) realizan estudios con este fin, algunos de ellos con apoyo de entidades internacionales. De hecho, el Acuerdo 008, del 18 de junio de 2008, de Corponor, declaró como área natural protegida al sector Sisavita, en Cucutilla, bajo la categoría de Parque Natural Regional. El Páramo de Santurbán es territorio fundamental para garantizar en las próximas décadas el agua de Bucaramanga, Cúcuta y 21 municipios más del Gran Santander. Dada la belleza y la riqueza natural que entraña el Macizo de Santurbán, varias entidades y organizaciones ven allí la ocasión de impulsar un ambicioso programa de ecoturismo. Aunque el reconocimiento del Páramo de Santurbán como Parque Natural Regional pudiera salvar estos territorios de la amenaza de la gran minería a cielo abierto, no sobra advertir que esperamos que el PNR no se convierta en una excusa para expulsar de sus territorios al campesinado. Tampoco creemos que sea suficiente excluir los páramos de la minería mientras se explotan los bosques altoandinos, determinantes en el ciclo hídrico.

Desde hace 15 años, cuando llegaron las empresas de gran minería a Santander, en diferentes escenarios se debate sobre las grandes amenazas que se ciernen sobre el agua y las formas de vida tradicionales de la región, incluyendo la minería ancestral. Más aún, en 2005, unos 300 ciudadanos de California (Santander) reaccionaron contra un editorial de periódico El Tiempo, que defendía el proyecto minero de la canadiense, al considerar que, en lugar de “llevar el progreso”, el proyecto atentaba contra la cultura y la vida de la región. Aunque la empresa Greystar ha querido mostrar una posición unánime de los pobladores de Vetas y California a favor del proyecto minero, importantes sectores de esta población siguen preocupados por las consecuencias que pudiera acarrear, y lo rechazan, como lo dejó ver la exposición del personero de Vetas en la audiencia pública del 4 de marzo de 2011.

Ese día llegaron al Centro de Convenciones Cenfer más de dos mil personas para escuchar los argumentos en pro y en contra del proyecto minero. Sin duda, en el ambiente del auditorio se leía la inconformidad del pueblo santandereano. No es para menos: el trabajo de hormiguitas que realiza el Comité en Defensa del Páramo de Santurbán, con el acumulado del movimiento por el agua, logró unir en una sola voz a instituciones como la Sociedad de Ingenieros de Santander, hecho de gran importancia, considerando que ésta es una ciudad de ingenieros; la Sociedad de Mejoras Públicas, compuesta mayoritariamente por gente de clase alta; y asimismo a gremios como Fenalco y la Cámara de Comercio, la gobernación de Santander y otras instituciones públicas. La fuerza social está trascendiendo hacia Norte de Santander, donde ya emerge un gran movimiento.

Todo ello hace pensar que, luego de 200 años, la herencia comunera sigue viva en Santander, y que, como hace dos siglos, pudiera irradiarse hacia todo el país, que comienza a cuestionar con fuerza la “locomotora minera” del gobierno Santos y su modelo de desarrollo que atenta contra el futuro del país.

1    El Comité está constituido por organizaciones sindicales, ambientalistas, defensoras de los derechos humanos, estudiantiles, de campesinos, de mujeres, de acueductos comunitarios, populares, barriales, entre otras.
2    En 2010, el Referendo fue negado por el Congreso de la República, pero el movimiento del agua sigue a partir de diversas expresiones en el país.


Recuadro

El proyecto Angostura


Unos nueve millones de onzas de oro y 15 millones de onzas de plata es lo que la empresa canadiense GreyStar Resources Ltd. declara que es posible extraer con el proyecto Angostura en Santander, ubicado sobre el Páramo de Santurbán, lugar considerado por el Ideam y el Instituto Alexander von Humboldt como estrella hídrica de la región. Es comprensible: estas montañas son la fuente de agua para más de dos millones de habitantes de Bucaramanga, Cúcuta y 21 municipios más.

La minería a cielo abierto, según declaraciones de la propia GreyStar, implicaría el uso diario de 40 toneladas de cianuro y 230 de explosivos tipo anfo. Las pilas de lixiviación ciaunuro y las escombreras están ubicadas a 3.100 y 4.200 metros sobre el nivel del mar, respectivamente.

El proyecto está sobre zona de páramo, ecosistema protegido por diversas normas nacionales e internacionales (y no sólo por la reforma de 2010 al Código de Minas), en especial de la actividad minera. Pero, además de las razones jurídicas, muchos argumentos técnicos muestran la inviabilidad de esta clase de minería y el uso del cianuro, incluyendo estudios de académicos norteamericanos que le solicitan al gobierno de Estados Unidos que declare una moratoria en el otorgamiento de licencias mineras de montaña (revista Science), así como la Resolución del Parlamento Europeo, en mayo de 2010, para impedir que se use cianuro en minería en el Viejo Continente.
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