Home » Ley 120 de 1919: …el gringo vence al inglés. Colombia Siglo XX, economía de enclave: Petróleo

Ley 120 de 1919: …el gringo vence al inglés. Colombia Siglo XX, economía de enclave: Petróleo

Ley 120 de 1919: …el gringo vence al inglés. Colombia Siglo XX, economía de enclave: Petróleo

La conflagración remueve de tal modo el planeta que, países como Colombia y el Tibet, tan de espaldas del desarrollo mundial sienten, sin embargo, sus efectos.

El periódico New York Times captó acertadamente, en un artículo del 3 de noviembe de 1919, estos cambios:

“La prosperidad de nuestra república reposa, ante todo, en el aumento de nuestro comercio exterior. La generación pasada habría recibido con irónicas sonrisas palabras semejantes. Hasta hace poco, los Estados Unidos se bastaban a sí mismos. Los fabricantes americanos tenían de sobra con la demanda interior y no pensaban en apoderarse de los mercados extranjeros. Bastábales para hacer pingues negocios, con ocupar puestos de segundo o tercer orden en las plazas europeas.

Pero, ya en los pocos años anteriores a la gran guerra, el exceso de producción obligó a los fabricantes yanquis a buscar mercados en todo el mundo. Terminada la guerra, se ve de manera patente el poder de los Estados Unidos su poder como fabricante y exportador.

El comercio entre los Estados Unidos y la América Latina ha aumentado en los últimos 15 años, de US 475 millones de dólares, a US 1750 millones de dólares. El comercio entre Europa y la América Latina estuvo a punto de desaparecer durante la guerra. Al mismo tiempo, los Estados Unidos aumentaron intensamente su comercio e hicieron grandes negocios, especialmente en la costa occidental de la América del Sur. Tienen hoy, en el Brasil y en la Argentina, la supremacía de que antaño gozaban Inglaterra y Alemania. Es preciso declarar que las relaciones con Colombia y Venezuela podrían ser mejores de lo que son (Subrayado del autor).

Nuestra marina mercante ha aumentado de manera colosal y hemos alcanzado una supremacía que nada puede quitarnos. Para ello es preciso que los fabricantes y exportadores americanos no se duerman sobre sus laureles. Inglaterra iniciará en América del Sur una competencia formidable. (…) Alemania misma no será un factor despreciable.

Para triunfar en esta lucha, los Estados Unidos necesitan ejercer una vigilancia incansable.”

La necesidad expansionista del imperialismo norteamericano se complementa perfectamente con la entrega que la oligarquía de ambos partidos políticos y sus abogados con el presidente Suárez a la cabeza quiere hacer del territorio colombiano. O del resto, ya que Panamá y el honor los perdimos desde 1903. Estados Unidos desea nuestro petróleo: acaba de descubrir su importancia y por eso la indicación precisa en las páginas del periódico neoyorquino es Colombia y Venezuela; es decir, los pozos petroleros. Fuera de las ya conocidas reservas de platino y de oro y, para los postres, el banano.

Primero, petróleo

En 1914, la proximidad de la guerra, al poner de manifiesto la importancia estratégica del canal de Panamá y la necesidad de asegurar la neutralidad de Colombia, obligan a los Estados Unidos a ejecutar una política más transaccional. De ahí que convengan en discutir condiciones más favorables para los colombianos. Son estas las razones que determinan la firma del tratado el 6 de abril de 1914, llamado Urrutia Thompson, que da reparaciones morales y materiales a Colombia, por el robo de Panamá.

En 1918, en cambio, al finalizar la guerra, la situación es distinta. Los Estados Unidos emergen victoriosos y por consiguiente el tratado pierde razón de ser. Además, los republicanos seguidores de Teodoro Roosevelt son fuertes en el congreso de ese país y vetan esa negociación, por considerar que es humillante para los Estados Unidos. Estos factores obstaculizan la aprobación del tratado que, sin embargo, se torna apremiante, pues existe la conciencia muy clara de que la potencia que domine las fuentes de petróleo dominará la paz.

Inglaterra también pugna por ese dominio. Ambas potencias se lanzan por el mundo tras el petróleo. La lucha se resolverá a favor de Estados Unidos.

En Colombia, la pelea es más enconada, porque el robo de Panamá hace que los Estados Unidos tengan una debilidad histórica frente a Inglaterra. Por otro lado, los ingleses dominan gran parte del transporte e importantes comisiones energéticas de metales preciosos, en los años anteriores a la guerra.

Pero en 1918 caemos definitivamente en las garras de los norteamericanos. Desde 1914, los gobernantes colombianos, en su afán de buscar una opinión favorable en el senado de los Estados Unidos, que los haga cambiar de actitud en lo del tratado, dan pasos propicios a los petroleros yanquis, reviviendo y traspasándoles concesiones caducadas. De ese modo, logran los estadounidenses apoderarse casi gratuitamente de los dos mayores yacimientos petrolíferos conocidos hasta el momento: Barrancabermeja (concesión De Mares) y el Catatumbo (concesión Barco).

Durante ese período, Marco Fidel Suárez y su gabinete, permiten cambios al tratado original, tales como la suspensión de la cláusula inicial, que expresa el sincero pesar de los Estados Unidos, por los hechos de 1903 en Panamá. A pesar de estas entregas, el tratado sigue archivado.

En ese momento, el 20 de junio de 1919, se produce el decreto 1255 bis sobre petróleos, cuyo autor es Carmelo Arango, miembro republicano del gabinete de Suárez. Tiene dos motivaciones: frenar la interpretación acomodaticia de las leyes que hacen los abogados petroleros colombianos, a favor de los gringos; y, en segundo lugar, es un tanteo del gobierno para forzar a Estados Unidos a aprobar el tratado, diciendo, tácitamente: sin tratado, no hay petróleo.

El decreto nacionalista reafirma que la nación es propietaria de todos los yacimientos petroleros. Esa ley la dictó Simón Bolívar. Posteriormente, los abogados petroleros interpretaron tinterillescamente diversas leyes y concluyeron que, en ciertos terrenos, cuando tuvieran títulos y escrituras anteriores a 1873, sus propietarios, es decir, los norteamericanos, eran dueños del petróleo y no la nación. De ahí, la suma importancia del decreto.

La reacción en Estados Unidos no se hace esperar. El senador Lodge pide que se devuelva el tratado a una subcomisión encargada de redactar una cláusula adicional, que proteja los intereses de los petroleros norteamericanos en Colombia. El presidente de la sub comisión, el senador Fall, es un conocido abogado petrolero.

Carmelo Arango renuncia al ministerio el 17 de septiembre, por las reacciones al decreto. Su actitud es desigual y vacilante. Si, por un lado, su figura crece por redactar y firmar este decreto, por el otro, se opaca al firmar el traspaso de la concesión De Mares a los estadounidenses. Carmelo Arango y toda la gente de su tiempo saben perfectamente que esta concesión es inválida y, por tanto, imposible su traspaso. Sin embargo, un mes después de firmar el decreto 1255 bis, el 15 de agosto de 1919 firma también este acto falso que representa un atentado contra los intereses colombianos.

Además, otra ley, la 120 de 1919 decía, en uno de sus artículos:

“Los contratos sobre explotación de yacimientos petrolíferos celebrados por el ministerio de obras públicas y que deban ser o hayan sido sometidos a la aprobación del congreso, que no hubieran sido aprobados por ley expresa antes de la vigencia de la presente ley, se consideran improbados”.

Primera ley de petróleo colombiana o Ley 120 de 1919

El embajador de los Estados Unidos en Bogotá, Hoffman Phillip, entra a funcionar. Envía un memorando, en el cual dicta a Colombia abiertamente la política a seguir, en materia de petróleos:

“Parece fácil encontrar solución al problema del subsuelo petrolero. Puede decirse, para mayor claridad, que el petróleo se encuentra en propiedades particulares y nacionales (…) Podría expresarse que las propiedades de las tierras particulares adquiridas hasta la época de la ratificación del arreglo en cuestión (…) deberían considerarse como si comprendieran los subsuelos minerales; así, un propietario particular de tierras con títulos legítimos podría entrar a extraer su petróleo a voluntad (…)
Su tesis coincide con la de los abogados petroleros colombianos: el petróleo es de los Estados Unidos, no de Colombia.

En este momento, Carlos Adolfo Urueta, yerno de Rafael Uribe Uribe y embajador de Colombia ante Washington, es abogado petrolero y empleado secreto de la Standard Oil Company, de Rockefeller. Por intermedio de Flanagan, otro empleado de Rockefeller, se reúne con el senador Fall y entre los tres acuerdan los pasos finales de la maniobra: enviar cables amenazantes que prodúzcan pánico en Suárez.

El primer cable (agosto 31 de 1919) de Urueta a Suárez dice:

“Juzgo muy conveniente que la presente ley sea muy cuidadosamente considerada por el congreso, a fin de prevenir serios conflictos y humillaciones de la disolución nacional, promovida desde el exterior”.

El segundo (octubre 30 de 1919) anuncia la catástrofe:

“Preveo para nosotros dificultad peor que en 1903. En estas circunstancias, no representaría yo el papel de testigo impotente ante desgracia segura.”

Basta un mínimo conocimiento de la personalidad entreguista y apocada de Suárez –y Urueta lo conoce de sobra-, para saber que estas amenazas le causan terror. La respuesta azorada no tarda:

“Sírvase explicar a los interesados influyentes que este gobierno desea el desarrollo y el estímulo del capital extranjero, que el decreto sobre petróleos no afecta derechos adquiridos, que este decreto está suspendido y que será revocado en el momento oportuno. Que se expedirá una legislación más favorable a los intereses de los extranjeros; que el gobierno ha hecho representaciones ante la legación americana, prometiendo garantizar tales derechos.

He trabajado, sufrido muchísimo, en los esfuerzos hechos para alcanzar la solución en esta materia; por esto, sorpréndeme saber atribuyénseme designios contrarios a los que inspiránme.” Firmado: Marco Fidel Suárez, presidente de Colombia.

De este cable humillante y abyecto, sólo una frase de Suárez es indiscutible: su sorpresa porque se le atribuyan designios distintos a los que siempre lo inspiran. Su inspiración permanente son los Estados Unidos, hasta un punto tal que ha edificado en su arrodillada actitud una teoría política bautizada por él, lógicamente en latín: res pice polum. Mirar piadosamente al norte (siempre piadoso, hasta la entrega), como si se tratara de la estrella polar. La guía es el norte y hacia él debemos encaminarnos. Y si no logramos el favor de que los Estados Unidos nos conviertan en colonia, siempre cabrá la posibilidad de regalarnos!

“Ningún pueblo americano, débil o fuerte, debe desatender el cuidado de su constante amistad con los Estado Unidos (…) Es cuestión de evidencia el reconocer que los pueblos latinoamericanos deben tratar esa amistad con especial esmero, combinarla con el cultivo de la paz y demás causas de crédito internacional (…) El norte de nuestra política exterior debe estar allá, en esa poderosa nación.

Si nuestra política debiera tener un lema que condensase esa aspiración y vigilancia, él podría ser res pice polum; es decir, no perdamos de vista nuestra relación con la gran confederación del norte.”(Marco Fidel Suárez, ministro de relaciones exteriores, 1914).

De aquí en adelante, hay que hacer lo que los norteamericanos ordenan, pero a la manera colombiana, dentro de la legalidad (…) a la colombiana. El abogado encargado de demandar el decreto 1255 bis, es Eduardo Rodríguez Piñeres.

El alegato sube hasta la corte suprema de justicia. El gobierno presiona para que emita un fallo favorable (…) a los norteamericanos. Recuérdese el cable de Suárez: Que está suspendido y será revocado en el momento oportuno. Como no bastan las presiones y ante una votación igualada de los miembros de la Corte, el gobierno opta por la compra del voto del magistrado Gonzalo Pérez, a quien paga ulteriormente con el cargo de visitador de consulados en Europa.

Pero la debilidad y entrega de los colombianos sólo sirve para excitar a los norteamericanos. Son implacables. Piden una ley de petróleos favorable. La base es el memorando del embajador Hoffman Phillip y el congreso colombiano expide a marchas forzadas la primer ley de petróleos el 30 de diciembre, conocida como la Ley 120 de 1919.

Ahora sí están satisfechos los estadounidenses. Por el momento, la oligarquia criolla no tiene más que ofrecerles.

Pocos días después, regocijada, la comisión de relaciones exteriores del senado de los Estados Unidos da vía libre a la aprobación del tratado:

“La ley de petróleos ampara ampliamente a los propietarios y es muy liberal, por cuanto invita al capital de los Estados Unidos a ir a desarrollar la industria del petróleo en las tierras de Colombia. La comisión desea expresar su sincera estimación de la buena fe de Colombia y su gobierno y la confianza plena que tiene en que dicho pueblo y gobierno están firmemente resueltos a respetar siempre los derechos ajenos dentro de su territorio y a cumplir lealmente y sin limitaciones las obligaciones contraídas con tratados públicos con este país. En consecuencia, recomendamos que se devuelva el tratado del 6 de abril de 1914 (Urrutia Thompson) tal como vino a éste sub comité a fin de que pase al senado para su solución definitiva, advirtiendo que, a nuestro juicio, no hay necesidad, por ahora, de otras medidas (…) para proteger los derechos de los Estados Unidos a los productos del subsuelo de sus nacionales en sus propiedades de Colombia, por haber dictado ya la corte suprema y el congreso de la república de Colombia providencias que la protegen ampliamente.”

La embestida del imperio norteamericano no se limita a Colombia. Toda América la padece; en cambio, las reacciones de los pueblos y de ciertos gobiernos es diferente de la nuestra. En la misma época, el presidente Carranza de Méjico dicta un decreto reafirmando que todos los petróleos son de propiedad de la nación y en Nicaragua ya se inicia la lucha que culminará en la epopeya del guerrillero César Augusto Sandino, combatiente anti imperialista y decidido defensor de los intereses de su pueblo.

Las subsiguientes leyes para el manejo del tema del petróleo y la inclinación ante la potencia del Norte, no dejará dudas sobre el inexistente criterio nacional de la oligarquìa colombiana. Aún hoy (2005) continuamos dentro de la misma lógica y padeciendo las mismas consecuencias.

Mancha de aceite
César Uribe PiedrahitaIncluimos en esta sección apartes de una novela que hace 70 años abordó con sentido antiimperialista el tema del petróleo. Se trata de Mancha de aceite, de César Uribe Piedrahita. El escrito retoma, de manera autobiográfica -pues dirigió en 1924 el hospital de la compañía petrolera norteamericana SUN, la situación de los obreros en los campos petroleros, durante la dictadura de Juan Vicente Gómez. La relación entre capital yanqui y el estado «nacional», cómo ve a los obreros y habitantes, la manera en que controla a la sociedad para que presione decisiones a su favor. De soslayo se refiere a Colombia. Su autor, médico de la Universidad de Antioquia, especializado en los Estados Unidos. Había trabajado en el sur del país y conoció de cerca la realidad de las caucherías y de los indígenas de aquella parte del país.
El pozo No. 16

(…) Gruesos postes, tendidos al través de la cañada, soportaban el peso de la caldera gigante que debía acoplarse a los motores del martinete. Veinte mulatos semidesnudos recargaban sus cuerpos sudorosos y anémicos contra el vientre del monstruo.

¡Vaah!… ¡Vaah!..–resoplaron los hombres.

-¡Hell! ¡Carajo, “hombris”! ¡Pujen la caldera! ¡Carajo, “hombris”!

¡Vaah!… ¡Vaah!… Pero la masa poderosa no se movió.

Sin ruido, o si acaso la tierra se quejó, su lamento perdióse entre el roncar de los motores de explosión y los gritos de los capataces. Sin ruido, lentamente, las colinas, apoyadas sobre el plano oblicuo de la roca fracturada, cedieron a su peso y se deslizaron arrugándose en la base, donde las patazas ferradas de la torre oprimía el seno de la ladera.

No hubo tiempo. Varios gritos, desorden, rodar de pedruscos y barrancas. Bajo la tarde impasible la torre de acero se inclinó, quiso retorcerse sobre su eje y se desplomó barriendo los fangales… y alcanzó a los mulatos enterrados en el fango, inmóviles por el terror y desfallecidos por el esfuerzo.

-¡Damned it! Siempre lo he dicho, Doc, que aquí nada sirve. La tierra no aguanta un empujón. Apuremos a ver que queda de esos “hombris”. Menos mal que sólo son piones…Bien podían quedar allí enterrados esos “hombris”. No valen nada…
“Mun hospital”

“Mi querido amigo: se dilatan mucho las cartas. Aquí siguen negociando la concesión B. El gobierno suministró datos secretos a la “Bahía Oil”. El Congreso votará a favor de la propuesta. ¡Claro! Los agentes del servicio de información de las petroleras andan por los municipios. (…). Te abraza tu colega Alberto”.
…”Recibí las cartas que me envías. La superposición de los mapas geológicos y los políticos es muy interesante. ¿Te fijaste? La Línea de cúpulas petroleras que viene desde el Zulia coincide con la región en disputa. Luchan por el control de zonas de prospecto y de explotación. Ya verás: Estados Unidos contra Inglaterra. Pero no la pelean, eso les toca a los dos pueblos “empatriotizados”. Tanto allá como aquí desviarán la fuerza de las masas trabajadoras para que se maten. La presencia de Anderson en Bogotá es muy importante. Tanto él como el otro son muy peligrosos. (…). Te abraza, Gustavo.

Negocios son negocios

La nueva de que en las concesiones de la “Shell” había estallado un pozo que desperdiciaba más de cien mil barriles diarios se extendió por todos los rincones de la hoya hidrográfica del lago y voló hasta las más remotas oficinas de Europa y Asia,

-(…)Ante todo es necesario que Ross no se entere de lo que ha pasado en “La Flor”.

-Yo se, míster Simmons, que Ross está borracho en el hospital y que por ahora no hay temor. Ya comuniqué a Nueva York para que compren acciones en “La Laguna” Oil. El bobo éste será expulsado de su compañía. ¡To hell with him!

-Sin embargo insisto en que usted, Hallagan, evite que Echegorri hable con Ross. En último caso, enciérrelo en el hospital.

-Tal vez sería mejor inducirlo a comprar acciones de “La Laguna” y así no dirá nada a Ross. Bien sabe que una comunicación de ese loco echaría por tierra todo el plan.
-Bueno, si no compra acciones, enciérrenlo. Si Ross intenta comunicar… tenemos al telegrafista en la lista de pagos de la Mun y… en la nuestra.

Los petroleros sonrieron

“Mi querido: acabo de llegar de la región del Catatumbo. Quisiera tener espacio para referirte en detalle las cosas que sucedieron y que sucederán. Los motilones hirieron levemente a uno de los petroleros y mataron dos peones. Los amos del petróleo proyectan bombardear a los indígenas… Gustavo

…ya las directivas se han puesto en comunicación con el gobierno…y que los hombres que dirigen la Nación están de acuerdo con los procedimientos que los directores han acordado para terminar de una vez con los obstáculos que se oponen a los designios de quienes explotamos los campos petrolíferos…En el programa de defensa de “los intereses de la humanidad” está acordada la abolición de las tierras insurrectas, salvajes y “canabalistas” que atacaron a los miembros de nuestras comisiones… El gobierno del país autoriza la expedición de un aeroplano de bombardeo…La civilización, la cultura y el desarrollo de la gran industria del petróleo no podían vacilar ante el sacrificio de unos cuantos salvajes.

Gustavo había bebido demasiado. Como en otras veces, se encendió en el interior de su cráneo una llama esplendorosa. Olvidó la prudencia…Para él íbanse borrando lentamente las proporciones de las cosas y creía, alucinando, que tenía obligación de hablar. Apostrofó a los papanatas:
¿Qué miráis vosotros?… ¿Los gringos están borrachos? Los gringos cantan, están alegres. ¿Los gringos…?

Pretendió erguirse, cambió el tono y continuó:
-Yo no estoy alegre. No estoy borracho. No estoy con los gringos. Pero ustedes sí están con ellos…¿Qué hacen aquí? ¡Bobos, idiotas!…¿También están contentos? ¿Divertidos? ¿Felices? ¡Qué pronto se olvidan de lo que paso en la última “fiesta popular! Ya pasan los automóviles por la carretera nueva ¡Ya hay carretera por la merced y la gracia del “benemérito”! Griten: “¡Viva el benemérito y adelante! ¡Carreteras…y adelante!” ¡Griten! ¡Ah!… ¿No gritan? ¡Qué van a gritar! Ahí tienen la carretera nueva. La carretera apisonada con sangre, con hemoptisis de los hombres apaleados. Ahí está la carretera cercada de huesos, con los fémures de miles de labriegos. Ahí está la carretera. ¿No están contentos? ¿No gritan? Los gringos están felices. Petróleo, carreteras y automóviles. Y ustedes…hagan más carreteras, bautícenlas con sangre…”y ¡adelante!” ¡Idiotas¡

…Traía a su recuerdo la tragedia de los cobertizos techados de palmas aún verdes, donde los peones, los campesinos, roncaban su estertor final…La protesta de los jefes que se quejaban de la mortalidad extraordinaria que podía restar a las empresas una cosa que, en lengua de las oficinas se llama EFICIENCIA…Desfiló entonces en la pantalla de su memoria una serie de frases, de palabras…Volvió a contemplar el “enganche” de millares de hombres que sirvieron de piso y de cimiento a la línea del ferrocarril Madeira – Mamoré. Caían las mulas agobiadas por el peso de las cajas. Las carreteras en el pantano. Los hombres buscando un lecho de hojas secas. La fiebre amarilla, la hemoglobinúrica, las comisarías. Las casas de juego y de prostitución. ..El Canal de Panamá…Las petroleras…

Información adicional

Autor/a:
País:
Región:
Fuente:

Leave a Reply

Your email address will not be published.