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Feria de Cali. Megaproyecto de inclusión y desarrollo

Oiga, mire, vea, véngase a Cali para que vea.
Oiga, mire, vea, goce la Feria para que vea.
Si usted va llegando, váyase entonando,
que de baile en baile se va acomodando…
 
Con estos apartes de la inspiración del homenajeado maestro Alexis Lozano y su orquesta Guayacán, acompañados por campeones internacionales de baile de salsa, se recibió a más de un millón de turistas nacionales y extranjeros que nos dimos cita en la “sucursal del cielo” para convertirnos en hijos adoptivos de su ciudad en la versión 52 de la Feria.
 
 
Desde mis primeras veces en Cali, tres décadas atrás, como bogotano siento la hermandad caleña y su civismo: alegres, felices, hospitalarios, respirando olor a caña. Lamentablemente ese aire se fue enrareciendo como resultado de los carteles y el conflicto, y como consecuencia el desplazamiento a las ciudades, alterando por completo el principio fundamental de la vida.
 
No se puede tapar el sol con un dedo. Sigue rondando la muerte, la pobreza y el abandono: “agua blanca de Cali Medellín las comunas Ciudad Bolívar en Bogota q es la q hay chacarita en paraguay barrio borro en Uruguay Brasil y todas sus favelas…” (Los de atrás vienen conmigo, Calle13) nos muestra el contraste del paisaje entre el desarrollo urbanístico y su realidad marginal, que obliga a planificar el desarrollo de las ciudades del país y de América Latina dentro de marcos sociales de calidad de vida: educación, salud, alimentación, recreación, empleo. Seguro que bajo esa comprensión de lo social, la ciudadanía caleña depositó su confianza en Jorge Iván Ospina como su alcalde, derrotando a un Lloreda más. 
 
En un ejercicio más etnográfico que estadístico, se recogen opiniones sobre la ciudad, la Feria, su actual administración, con personas que laboraban en diversos sectores por donde transitamos estos días: comerciantes, vendedores, hoteleros, artistas, taxistas. La mayoría manifiesta reconocimiento por su Alcalde y sus realizaciones. Se le identifica profesionalmente como médico por el cargo que ejerció como director del Hospital Universitario, y luego reiteran la labor de aseo y embellecimiento de su ciudad; reconocen la formulación y la ejecución de 21 megaproyectos y, por supuesto, el enfoque y reorganización de la Feria, en la que todos coincidieron en cuanto a organización previa y gratuidad de los eventos feriales, en siete días a lo largo y ancho de la ciudad.
 
Hablar de la Feria no tiene discusión; es patrimonio cultural de América, y recoge infinidad de calificativos y frases: “Cali es Cali, lo demás es loma” o “Cali, capital mundial de la Salsa”, a las que se suman temas musicales que las orquestas visitantes le dedican, desde la vieja guardia del son, como la Orquesta Aragón, la Sonora Matancera o el maestro Eddie Palmieri en Nueva York, que justo abrió la Feria el 25 de diciembre pasado. Además, muchos de los grandes del proyecto Fania all Star y actuales como la Timba, nueva expresión de la salsa cubana, como Los Van Van, que se presentaron en 2008, o los trabajos de Manny Oquendo y Jimmy Bosch, que acompañó en tarima a Palmieri y “reventó su trombón” en la presentación de la Orquesta Hispánica del Barrio, por primera vez en Colombia.
 
Se incluyen asimismo los nuestros: la charanga vallenata de Lisandro Mesa y Alfredo Gutiérrez, el trabajo de Fruko y sus Tesos, y orquestas como Guayacán y Niche, con su director Jairo Varela, que en 2010 celebran su 31 aniversario. Todos homenajean a Cali. Porque aquí, para Colombia y el mundo, “al pasito”, como el primer tema grabado de Niche, hasta “las piedras cantan” de los Hermanos Lebrón; hoy día en Cali “todos caminan bailando”, “adivina de dónde soy, adivina de dónde vengo, en la tierra donde nací la gente camina bailando”… Tema de la feria, del maestro Nino Caicedo, hoy Secretario de Cultura vallecaucano, que se suma al legado artístico y cultural que los virtuosos le han aportado a lo largo de la historia a “mi Cali bella”.
 
Como les decía, en su versión 52 la Feria respondió a un planeamiento de ciudad, “la Cali turística”. Recogió la voluntad de un equipo cuyo enfoque social no dejó a nadie por fuera: Desfile del Cali viejo, Concierto Joven, Desfile de Autos Antiguos, Día del Pacífico, Encuentro de Bailarines y Bailadores, Feria Rural y Comunera, Festival de Orquestas, cierre de la Feria en Aguablanca y Encuentro Musical de Melómanos y Coleccionistas en el Parque de la Música, donde se conjugaron los esfuerzos de muchos que compartieron su acumulado musical, como en el caso del dj Osman Arias de Zaperoco Bar en Cali; el trabajo de Juan Fernando Trujillo, mánager de Siguarajazz y dj de Rumbantana en Medellín; y esfuerzos como la www.rumbayguateque.com, la emisora que llegó y pegó. Todos fieles a la idea de sostener la identidad salsera ante otros géneros instalados más por intereses económicos de los medios de comunicación que dominan el mercado, hoy conocidos como expresiones urbanas. Todos presentaron sus trabajos ante un jurado exigente y conocedor como el asistente a este parque, escenario donde disfrutamos de la gran presentación del tremendo artista colombiano al que califico de cónsul musical en Europa: Yuri Buenaventura.
 
Un evento que merece párrafo aparte, ejemplo de inclusión como propuesta cultural, fue el Salsódromo, nacido en la Feria de 2008 y que ahora fue el evento de apertura de la Feria. ¡Qué bien! Con respeto hacia la tradición por aquellos a quienes les gusta la cabalgata, los organizadores fueron ejemplares en el desfile al incorporar mayores requisitos de solidaridad colectiva a favor de “todos”, léase “todos”, como los binomios centauros.
 
Goce multitudinario
 
Retomando el Salsódromo, se organizó por la Autopista Suroriental, corazón de la Feria. Se puso en escena el trabajo de las escuelas de salsa con más de seis meses de preparación, atendiendo a un proyecto cultural de las comunas, del barrio, como el aprovechamiento del tiempo libre, creciendo alrededor de las escuelas, como espacios de convivencia y expresión artística que requieren músicos, coreógrafos, artesanos y, por supuesto, apoyo de sus familias, que al principio tenían dudas. Pero el alcance de proyectos mayores del seno de la cultura caleña, ahora se entiende como proyecto con futuro, al ver ejemplos en otros que ya son campeones mundiales y forman parte de compañías que hoy son empresas. Ésta si es la verdadera expresión de educación, trabajo, alegría y belleza del pueblo caleño en su mayor escenario: la calle.
 
En su recorrido se ubicaron cerca de un millón de espectadores para apreciar el colorido sabor que brindaron las 28 escuelas participantes. Este año se sumaron invitados especiales como las compañías artísticas de Cuba y Brasil, en que la cadencia de sus integrantes se acompañó de nuestras bellezas, lo cual presagia un futuro halagador para el evento. Me atrevo a señalar que con la misma voluntad de sus dirigentes, Corfecali, a corto plazo, ya no tendrá que invitar compañías internacionales sino que habrá una inscripción anticipada de todo el mundo para apreciar sus trabajos. Algo similar sucedió en Bogotá con el festival de teatro; ya verán que sí “hay cama pa’tanta gente”.
 
 
Esa fue la Cali que encontramos, grande, heterogénea, diversa, con problemas sociales como los que soportamos de quienes habitamos este país, con un déficit social y político que viene desde hace décadas, el mismo que debe servir de referente a la hora de gobernar la ciudad, para romper la tradición politiquera e incluir en la nueva gestión a los movimientos sociales. Con estos, y con las comunidades que dicen representar, avanzar en la discusión y definición de nuevos proyectos y megaproyectos que hoy sus gobernantes le presentan a la ciudadanía, con inclusión obligatoria de las necesidades sociales de sus comunidades y, por supuesto, el derecho a la vida. 
 
Ahora se visualiza la recuperación de ingresos al proyectar la ciudad como destino y sus alrededores, con la Feria de Cali como puerta de entrada a lo largo de todo el año, “y todos vuelven”, lo que la constituye en megaproyecto cultural que exige el concurso de todos sus habitantes, ya que la mayoría posee esos valores cívicos que han acumulado de generación en generación y que aún se observan a diario con su atención y ejemplo de ciudadanía en cada lugar visitado, pero especialmente porque la inmensa mayoría no se ha dejado impregnar por los valores que expresa la música norteña y del despecho asociada a esa cultura de violencia que tanto daño nos ha hecho. Tienen claro que adonde vayan y se presenten como caleños o vallunos recibirán una sonrisa, porque los identifican en la pluralidad con respeto por sus tradiciones, orgullosos de su herencia, que se comunican con el baile e incluso en la diferencia. ¡Llevan la salsa hasta morir!
 
Querían que te cantara, 
Cali te canto y te cantaré.
Después que pasó la Feria 
la rumba sigue como es
Así queda demostrado y aquí queda comprobado que las mujeres de Cali tienen sabrosura
¡Salsa!
 
* Actualmente se desempeña como Director de Educación Local de Engativá, Bogotá, Colombia, 2010. 
Fotos: www.flickr.com/photos/armandocalderon
 

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