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Martes, 21 Febrero 2012 14:51

Un espacio para el kitsch político global

Escrito por Cristian Acosta Olaya
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Un espacio para el kitsch político global
Es la última semana de enero y, a las afueras del resort que alberga a la élite económica de todo el mundo en Davos (Suiza), un grupo que se autodenomina Occupy WEF (sigla inglesa del Foro Económico Mundial) construye iglúes para manifestarse en contra del certamen anual que reúne a los personajes más poderosos del planeta. Afuera, el frío es infernal. Adentro, en el complejo turístico, están por lo menos 40 jefes de Estado, diversos jefes ejecutivos (CEO, palabra muy de moda en estos días) de las empresas más influyentes y diversas ONG reunidos para discutir sobre el tema sugerido por FEM de 2012: “La gran transformación: formando nuevos modelos”.

Las reuniones del FEM se realizan cada enero desde 1971. Lo que comenzó como proyecto ambicioso de un profesor suizo de finanzas es hoy uno de los eventos más importantes de discusión sobre las diversas preocupaciones de la economía mundial. Seguida por los medios, no obstante, es un hecho excluyente y cerrado: los invitados están bien custodiados para no ser víctimas de las protestas que esta reunión ha generado en los años recientes.

Es por esto que en el presente año, para evitar protestas orquestadas desde los iglúes del Occupy WEF, los organizadores les propusieron a sus invitados llegar en helicóptero al evento: nueve mil euros el viaje (sólo de ida). Pese a este dato irrelevante, lo que valdría la pena preguntarse es: ¿Qué les preocupa hoy día a las personas más poderosas del planeta?

El FEM habla de gran transformación, y se está refiriendo especialmente a los diversos movimientos “populares” que surgieron en 2011. En principio, la primavera árabe puso ante los ojos del mundo especialmente la compatibilidad entre el Islam y la democracia liberal-representativa. Los movimientos en contra de algunas dictaduras en países de mayoría islámica pone al descubierto que dicha religión no puede sostener per se un régimen o un modelo político específico: cuando la gente se cansa, simplemente estalla. Esta fue una de las problemáticas debatidas en Davos. En una discusión que convocó a líderes del Partido Islamista, ganador de las primeras elecciones en Túnez (Ennahda), el Ministro de Asuntos Exteriores de Brasil y Paquistán y la ONG Human Right Watch, se pudo llegar a una conclusión común entre los panelistas. El modelo occidental de democracia puede llegar a funcionar si tiene como objetivo la equidad social.

El otro ‘problema’ que surge como preocupación más profunda de los líderes convocados es, sin duda, la generada por los diversos movimientos de “indignados” en el mundo (Occupy en todas partes y demás). ¿Qué les preocupa si estos movimientos no han transformado nada?, podría preguntarse. Esta lectura, pese a ser válida en el sentido de que los movimientos “indignados” no han logrado articular una forma de cambio efectiva, no tiene en cuenta que consiguieron (por lo menos, sin ánimo de consolarse con poco) poner en el debate público mundial dos palabras: concentración y desigualdad.

Por supuesto: es la concentración y la desigualdad en el primer mundo. Antes, beneficiado por las reformas estructurales en diversas partes del mundo, que permitieron una expansión inimaginable de los negocios, la formación de redes producto de la globalización ya no genera tantos beneficios en sociedades ‘avanzadas’. Las ganancias se han concentrado y los procesos laborales se relocalizan: países con mano de obra barata, eficiente, calificada. The New York Times, por ejemplo, habla de la economía del iPhone, refiriéndose a la pérdida de trabajos calificados en Estados Unidos y reubicados en China por la empresa de gadgets más famosa del mundo: Apple (artículo completo en: http://www.nytimes.com/2012/01/22/business/apple-america-and-a-squeezed-middle-class.html?pagewanted=all ).

Los datos revelados por The New York Times dejan atónito a cualquiera. Para el proyecto iPhone, Apple necesitaba cerca de 8.700 ingenieros industriales. Para buscar estos profesionales en Estados Unidos, la empresa hubiera tardado nueve meses. En China, el proceso tomó solamente 15 días. El artículo del Times revela que la diferencia de precio no sería tan grande (aproximadamente 65 dólares más) si el iPhone se hubiese elaborado ciento por ciento en Estados Unidos. No obstante, a Steve Jobs nunca le interesó hacerlo en su país natal. Al difunto CEO de Apple no le interesaba perder las enormes ganancias que deja la utilización de mano de obra fuera de su país.

Esto también pasa en muchas empresas de todo el mundo. Los mercados son manejados cada vez por menos personas: el famoso 1 por ciento del que habla Occupy. En el FEM, el debate sobre la desigualdad en los países del primer mundo y en el interior mismo de las grandes empresas más poderosas preocupa, o por lo menos promueve, el debate. El fundador del FEM, Klaus Schwab, llama la atención sobre esta materia: no es posible mantener el capitalismo actual si el sueldo promedio de los jefes ejecutivos (CEO) es 142 veces mayor que el de sus empleados.

En este sentido, el llamado de atención, por lo menos en el discurso del FEM, se centra en que la concentración de la riqueza de los ganadores del capitalismo globalizado es un riesgo: los movimientos actuales de “indignados” (los que se autodenominan dentro del 99 por ciento) es un síntoma de que algo se está haciendo mal en la reproducción capitalista actual. El Reporte sobre El Riesgo Global, producido cada año por el propio Foro, pone entre aviso que la brecha amplia de la riqueza es la “semilla de la distopía”. En palabras de Schwab, “la distopía, lo opuesto a la utopía, puede precipitar la economía global, jalar al resquebrajamiento social, al proteccionismo, al nacionalismo y al populismo”.

“No hay que ser tan descarados…”

El capitalismo actual no está en crisis. Y eso queda claro al ver las diversas opiniones surgidas en la última reunión del Foro, ocurrido la semana pasada (del 25 al 29 de enero). Lo que tal vez esté en crisis es la complicidad social en el “primer mundo”, frente a la forma como que se está reproduciendo el capital. “La clase media está disminuyendo”, dice el reporte del FEM. ¿Cuál clase media? La de los países desarrollados, claramente.
Esta crisis de inclusión, del quiebre de la vieja promesa del ascenso social antes prometido por el capitalismo de los países prósperos, es la verdadera preocupación de los líderes económicos mundiales; no porque, de manera repentina, hayan descubierto un lado filantrópico dentro de sí mismos. No. Les preocupa la desaprobación social de un sistema que sólo les beneficia a ellos, ahora de manera descarada (ver: http://vadesecum.wordpress.com/2012/01/16/elfuturodelahistoria-fukuyama-opinion/).

En Davos no se ha concluido la necesidad de cambiar la forma como se reproduce el capital sino –con cierta timidez– la concentración “excesiva” de quienes poseen los medios de producción, en términos globales.

En tiempo de elecciones en Estados Unidos, Barack Obama asegura que protegerá los bienes americanos de cualquier manera: luchado contra la competencia injusta (por parte de China, sobre todo), prometiendo la creación de miles de empleos y la creación de impuestos al “2%” más rico –puesto que en su Discurso del Estado de la Unión habló del 98 por ciento que ganaba en promedio más o menos 300.000 dólares. Al otro lado del Atlántico, en Davos, el primer ministro inglés David Cameron aseguró que el turbocapitalismo ha roto el equilibrio social, profundizando la inequidad; prometió que su gobierno “honrará” los valores del capitalismo evitando la cultura de los “premios excesivos”, dándoles oportunidades a las masas y recompensando el trabajo duro.

Así está el discurso, por ahora, entre los líderes más poderosos del mundo. Entre afanes electorales y de aumento de popularidad, un contexto como el Foro de Davos se vuelve una buena oportunidad para decir cualquier cosa que le guste a la opinión pública doméstica. Con esto, sin duda, se busca soslayar los por ahora tímidos movimientos “indignados” de sus propias sociedades –tímidos en términos realistas: hasta el momento no son una amenaza real contra el sistema financiero capitalista, en ningún sentido.

En conclusión, el Foro Económico Mundial de Davos es otra oportunidad que tiene las personas más poderosas e influyentes del mundo para comunicarse globalmente. Esto, sin embargo, no quiere decir que estén buscando soluciones reales a la miseria, la desigualdad y el desmembramiento social que el capitalismo globalizado produce en el mundo. Davos, en cambio, es la oportunidad que tienen los más afortunados del sistema para hablar, en palabras del teórico argentino Martín Plot, desde el lado kitsch de la política: discursos predecibles, audiencias predecibles, efectos predecibles. Evitan crear soluciones en serio: no les conviene.


Información adicional

  • Antetítulo:Foro Económico Mundial, enero de 2012
  • Autor:Cristian Acosta Olaya
  • Edición:177
  • Sección:Internacional
  • Fecha:Febrero 20 - Marzo 20 de 2012
Visto 6539 vecesModificado por última vez en Martes, 21 Febrero 2012 15:47

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