Martes, 21 Febrero 2012 15:47

Unasur y la integración de infraestructura

Escrito por Luciano Wexell Severo
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Unasur y la integración de infraestructura
Sudamérica posee características naturales y geográficas que representan condiciones especiales para la construcción de un bloque regional fuerte. Son inmensas las potencialidades de la región. Los países de América del Sur tienen un PIB de 4,3 billones de dólares, una población de 390 millones de habitantes, un área superior a 17 millones de kilómetros cuadrados, más del 20 por ciento del agua dulce del planeta, el control de la Amazonia y el acceso a los dos grandes océanos.

Por otra parte, el control de la mayor producción mundial de alimentos, elevadas reservas de gas y petróleo, la biodiversidad, y tienen absoluta armonía entre las religiones, los idiomas y una historia compartida. Habría, por tanto, todas las condiciones necesarias para mantener un ritmo alto de desarrollo, y constituir un espacio integrado que posibilite una inserción internacional soberana y permita mayores niveles de satisfacción social.

Unidas, las economías sudamericanas tienen, además de los inmensos recursos de mano de obra disponible, alta capacidad de producción para satisfacer casi por completo sus necesidades. La excepción serían algunos productos específicos, y determinados tipos de bienes de capital y de alta tecnología. No hay duda de que un esfuerzo planificador y de coordinación de las cadenas industriales regionales tendrá un efecto positivo en el fortalecimiento de las estructuras productivas y estimulará la reducción de la vulnerabilidad externa de los países de América del Sur.

Sin embargo, el período colonial determinó que cada país estableciera, voluntariamente o en forma inducida desde el exterior, su vinculación directa con las metrópolis. Se cementó la creación de caminos más cortos hacia los puertos, como cordones umbilicales propios de cada nación periférica. Pese a la existencia de avances, los países del subcontinente se mantienen de espaldas unos a los otros, de la misma manera que durante los últimos 500 años.

Después de la primera década del siglo XXI, con la llegada de gobiernos de orientación no neoliberal en América del Sur, cobra fuerza la necesidad de profundizar la discusión sobre los proyectos regionales de integración física y de su financiamiento a través de recursos y mecanismos propios. En este sentido, fue muy importante la creación del Consejo de Infraestructura y Planificación (Cosiplan) de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), como organismo que planifica y coordina estratégicamente la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura de Sudamérica (IIRSA).

Esa iniciativa, actualmente con más de 520 proyectos estimados en 96 mil millones de dólares, había sido creada en los años 1990 bajo las orientaciones del Regionalismo Abierto de la Cepal y el Nuevo Regionalismo del BID. El IIRSA sería como la columna vertebral de la propuesta estadounidense para anexión continental, el Área de Libre Comercio de las Américas (Alca). La propuesta, que se concentra en reforzar los “corredores de exportación”, profundizaría aún más la condición de nuestros países como vendedores de productos primarios hacia los centros industrializados.

Con todo, hoy día los gobiernos de Unasur asumieron el control del proceso y la tendencia es que ganen impulso las obras volcadas hacia la efectiva integración en transportes, energía y comunicaciones. Es primordial que los Estados nacionales y las poblaciones endurezcan su poder de intervención y planificación sobre los proyectos. Uno de los compromisos del nuevo ente es exactamente definir instancias de participación social y de contribución activa de las comunidades involucradas en tales planes.

Hay ejemplos muy significativos de los avances recientes. Uno de los principales es el caso de la frontera norte de Brasil y el sur de Venezuela. En esa región, la promoción de la integración física se viene realizando con esfuerzos conjuntos de los estados de Roraima y Bolívar, además de la creciente colaboración de instituciones brasileñas como el Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior (MDIC); el Instituto de Pesquisa Económica Aplicada (IPEA), la Empresa Brasileña de Pesquisas Agropecuarias (Embrapa), la Caixa Económica Federal (CEF), la Agencia de Promoción de Exportaciones e Inversiones (APEX), la Agencia Brasileña de Desarrollo Industrial (ABDI) y la Superintendencia de la Zona Franca de Manaus (Suframa), entre otros.

La visión organizativa general, desde un ente como el Cosiplan, permite que las líneas de acción en el área de infraestructura no estén aisladas. Eso posibilita que la integración física esté plenamente articulada con los esfuerzos conjuntos para facilitar el comercio intrarregional y para ampliar las posibilidades de complementación de las cadenas productivas. En ese momento es realmente crucial que haya una cantidad creciente de técnicos, profesionales y políticos dedicados a ese tema, en las universidades y los órganos públicos de Nuestra América.

* Economista, doctorando del Programa de Economía Política Internacional de la Universidad Federal de Rio de Janeiro (UFRJ) y Profesor visitante de la Universidad Federal de Integración Latinoamericana (UNILA). Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

Información adicional

  • Autor:Luciano Wexell Severo
  • Edición:177
  • Sección:Internacional
  • Fecha:Febrero 20 - Marzo 20 de 2012
Visto 6004 vecesModificado por última vez en Martes, 21 Febrero 2012 16:18

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