Miércoles, 22 Agosto 2012 10:07

Pensamiento complejo, organización y unidad

Escrito por FERNANDO GRISSÁN
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El concepto de “organización”, dado desde el Pensamiento Complejo, conduce a reflexiones nuevas acerca de la forma de entender la Unidad y la manera de lograrla. En las organizaciones sociales, políticas y de otro orden, convergen múltiples intereses individuales, grupales y sociales, y en ellas se presentan variadas relaciones. El afianzamiento de pensamientos hegemónicos impone los intereses de un grupo, hace florecer el autoritarismo y no deja surgir lo nuevo; hay que comprender lo que es la unidad en la diversidad.

Noción de pensamiento complejo

Es difícil hablar de un tema sin partir de algunas definiciones, explícitas o implícitas; pero éstas tienen siempre limitaciones porque no poseen una validez universal. Quien da una definición quiere establecer una verdad y, si el punto de partida está equivocado, por el riesgo de ser incompleto o de su carácter temporal, muchas de las reflexiones que se hagan desde ahí pueden ser desacertadas. No obstante, tienen una validez procedimental. Este es el sentido que se les quiere dar en estas notas.

Decir que el Pensamiento Complejo considera que todos los eventos, seres o cosas se relacionan en múltiples formas con el entorno que los rodea es apenas parte de su contenido; no es el todo pero tampoco una mutilación si se entiende esto como advertencia. No se quiere tomar al Pensamiento Complejo como tema central, pero sí lo de las múltiples relaciones como principal punto de partida.

Desde esa mirada de multiplicidad de relaciones, las personas, como seres sociales e integrales, tienen una parte fisiológica, histórica, cultural, psicológica, antropológica; poseen temores, intereses, odios, afectos, sueños, amores, recuerdos, personalidad; una forma de percibir, de sentir; se es hijo, hermano, padre, familiar, amigo, estudiante, empleado, vecino, ciudadano. El ser humano es entonces de por sí un ser complejo.

Concepto de organización

El homo sapiens es un sistema orgánico formado por sistemas organizados, relacionados: digestivo, respiratorio, circulatorio, reproductivo. Las células del hígado son diferentes de las pulmonares; pero el hígado en sí no es uniforme y ningún órgano lo es; tiene partes diferenciadas para poder funcionar. Sin embargo, el ADN es el mismo en todas las células del mismo ser. En la unidad, existen la diferencia y la similitud. El organismo cambia, las sustancias minerales ingresan y salen, pero muchos rasgos de la personalidad persisten.


En su diferencia orgánica, el ser humano existe como un todo; se mueve según el deseo, piensa, vive, disfruta, sufre y padece; es también un ser histórico y cultural; es cosa viva con partes que mueren a diario y otras que se renuevan. No sabemos qué estamos haciendo sobre un cascarón que gira con una velocidad de locos, a 29.500 metros por segundo alrededor del sol. Un punto en el Universo. Aún así, nos matamos por un metro cuadrado de tierra en el más completo salvajismo. ¿Qué sentido tienen los seres humanos oprimiendo a otros seres humanos, a otros seres vivos? ¿Por qué y para qué estamos aquí?

Estas analogías nos permiten ver que la sociedad, como comunidad de seres complejos, es, por tanto, igualmente compleja. En ella existen múltiples relaciones económicas, políticas, sociales, geográficas, interculturales. En esta nota sólo se habla de su existencia, no su carácter.

Buscar la unidad

Las organizaciones, como comunidad de personas, adquieren un nuevo carácter diferente de cada integrante, así como un ser humano no es el hígado o un pulmón; pero en cada uno existe la organización como similitud, tal como existe el ADN en cada órgano. En este punto se percibe el valor de las ideologías: ponen a funcionar en una misma dirección a personas diversas, enfocadas a un objetivo asumido como propio; en nuestro caso el humanismo. Creer que la unidad orgánica puede surgir sin que medie la acción unificadora de la ideología y de su aplicación práctica es soñar y esperar mucho de lo espontáneo o del azar.

No es posible quedarse en el sueño de una unidad homogénea, uniforme y constante, es decir, en todos los campos y durante todo el tiempo, porque en las organizaciones convergen muchos intereses, abiertos o sutiles; llevan en su interior la lucha entre lo nuevo y lo viejo. Tampoco existe un pensamiento que encarne la verdad para todos, más aun cuando se marcha en la búsqueda de algo nuevo y desconocido, como son las formas solidarias de producción, la democracia política, el respeto, el compromiso bio-ético y el sentido de vida; en una palabra: el humanismo.

No se puede lograr una unidad monolítica y homogénea sin imponer los intereses de un grupo, revestidos de un supuesto bienestar común. Siempre se corre el riesgo del resurgimiento del autoritarismo bajo el ropaje de la lucha por la libertad. Lo más grave es que, además de la interpretación parcializada de la realidad, con este proceder se mutilan las organizaciones al bloquear los aportes que puedan surgir desde otras visiones.

Una medida saludable es mantener presente que la emancipación no existe como ente general, y que tiene coherentes dimensiones económicas, políticas, sociales, culturales e individuales. Hay que tomar como guía permanente, desde ahora, el “mandar obedeciendo”. No se puede pretender que la democracia sea algo para aplicar al día siguiente de ser gobierno; aquélla, junto con la disciplina y el compromiso, se construyen y se aprenden en el día a día y son una condición del poder. La tarea y el reto de los líderes es buscar la identidad en la diversidad.

Podemos afirmar lo siguiente: en situaciones complejas, es decir, allí donde en un mismo espacio-tiempo no sólo hay orden sino también desorden; allí donde no sólo hay determinismos sino también azares; donde emerge la incertidumbre, es necesaria la actitud estratégica del sujeto frente a la ignorancia, el desconcierto, la perplejidad y la lucidez.

 
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