Lunes, 24 Febrero 2014 18:54

¿Camino hacia nuestros calendarios y voluntades comunes?

Escrito por MIGUEL SUÁREZ
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¿Camino hacia nuestros calendarios y voluntades comunes?

Entre el 20 y 21 de febrero se realizará el II Encuentro Nacional de Unidad Popular –Enup. Existe expectativa por el posible surgimiento de una alianza por la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y una plataforma de unidad que oscila entre las variables de un Frente Amplio o un Bloque Político de Masas ¿Avanzará este Encuentro hacia la unidad social y política o recaerá en un nuevo canto de sirena que no supere el inmediatismo ni la tupida agenda de movilización que hasta ahora caracteriza la "unidad" de izquierda?

 

Los calendarios de la izquierda y del movimiento popular están copados. A la agenda electoral, convertida en largas y minuciosas reuniones y actuaciones de campaña, suman los pasos entrecruzados hacia la segunda cumbre agraria, étnica y popular con la pretensión de planear un nuevo paro nacional que remueva al país rural. Se intenta juntar los tiempos de siempre: los de las urnas, con las voluntades de las expresiones sociales que irreverentemente removieron el país a través de paros nacionales y regionales durante el 2013, ¿será posible?

 

El camino

 

El parto del primer Enup sucedió en agosto de 2011, cuando la cresta de confrontación estaba marcada por las reivindicaciones educativas lideradas por la Mane. Su movilización describía, como característica general del movimiento social, expresiones reivindicativas, luchas sectoriales abiertas, pese a ello, a una agenda de país o de región, con el protagonismo de un insurgir social y puntos de toque con la izquierda histórica.

 

De aquel 2011 hasta hoy ocurrieron –todo en el 2013–: la segunda semana de la indignación, el paro nacional minero, el paro cafetero, el paro en el Catatumbo (2013), la movilización ciudadana rechazando la sanción al alcalde Petro y el paro nacional agrario, jornadas todas que perfilan un movimiento social que, aunque defensivo, busca los senderos para anudar una nueva situación política con protagonismo popular.

 

Dos años y seis meses después del primer Enup, en Bogotá, en la emblemática Asociación Distrital de Educadores –sede sur–, sesionará este conclave que pretende convocar a por lo menos 600 representantes de organizaciones sociales, políticas y populares de toda la geografía nacional.

 

En la izquierda también hay un arriba

 

Dicen que los puntos cardinales en la política están divididos solo en dos: derecha e izquierda. Pero este es un cuento mandado a recoger, no porque el centro logre inspirar mucha "neutralidad política", sino porque a las coordenadas originadas en la Revolución Francesa hay que añadir otras muchas direcciones, entre ellas el arriba y el abajo.

 

No hay duda. De arriba proviene la dinámica de los acuerdos políticos entre las plataformas del movimiento popular en Colombia, las que por demás arrojan en su balance un cuadro amplio de incumplimientos, y un restringido lugar de incidencia que no va más allá de la unidad de acción, tal y como lo demuestran las heridas abiertas tras el paro del Catatumbo y la primera semana de la indignación (2011). Silencios e incluso señalamientos se desprendieron por parte de organizaciones regionales y nacionales producto de estas actuaciones.

 

Una actuación, un estilo y una concepción política persistente, pese a las grandes convocatorias emanadas de cumbres, encuentros, seminarios etc., realizados casi en su totalidad en la centralista Bogotá, donde las bases de asociaciones campesinas, cabildos, comunidades afro, organizaciones estudiantiles y sindicatos, encuentran en su quehacer una tradición que fortalece una triada perversa: sectarismo, grupismo y hegemonismo. Persistencia que permite asegurar que en Colombia la izquierda se orienta y construye sobre sí misma, los subalternos –sino son la base de cada fuerza– son secundarios, asumidos como apoyo ocasional.

 

Esta es una constante que no logra romper la Coordinación de Movimientos Sociales y Político, que ha fungido como una estructura que intenta darle cuerpo a un espacio y un calendario común, de unidad para la lucha. Sin embargo, en cada plataforma organizativa –desde la Marcha Patriótica hasta el Congreso de los Pueblos, incluido el conjunto de esfuerzos sociales y políticos, mucho más allá de lo resumido en los comunicados conjuntos– no facilitan espacios para la conformación de un acuerdo lo suficientemente potente como para cruzar las zanjas abiertas por el conjunto político a lo largo de la historia reciente del país. Ausencia de voluntad unitaria adjunta a la inexistencia de una mirada estratégica y teórica capaz de inspirar acciones más allá de los tiempos del capital, para instalar los calendarios otros de la diversidad–que deberían ser los nuestros.


De esta manera, lo que se constata en cada proceso social, es que la izquierda repite desde siempre el formato de priorizar los acuerdos de las conducciones o vocerías de las organizaciones, sin que ello repercuta sobre sus bases; junto con la incapacidad de conformar un proceso alternativo con vocación de país, que le hable a las clases explotadas y [email protected] [email protected] Este accionar, conjuga la mezcla perfecta para conformar en la izquierda un arriba, integrado en este caso por las voces autorizadas en encuentros de "unidad" y estructuras del mismo calado, preocupadas por grandes listados de marchas, y agendas apretadas que no tienen efecto alguno sobre la realidad de conflictos sociales, y mucho menos sobre la correlación de fuerzas.


En contracara desborda la iniciativa popular, marcada por la confrontación contra el neoliberalismo, despuntando la espontaneidad por medio de la acción de un sujeto que si bien confluye en las convocatorias expresadas en las plataformas agrarias, populares o los liderazgos unipersonales –como los del alcalde Petro–, no se supedita a la orientación univoca del arriba y a la izquierda. La agenda planteada por el movimiento campesino, los raspachines del Catatumbo o, incluso, la ciudadanía bogotana, supera las miradas electorales o de centralidad, incluida la mesa de La Habana, instalada –hoy por hoy– en las toldas de la oposición política.

 

En este contexto, si el Enup retoma y se inspira en esta realidad, actuando tras las filas del sujeto popular manifestado con espontaneidad, la izquierda podrá rectificar su rumbo, abrir los oídos y potenciar un camino en el cual los protagonismos sociales ganen más relevantes que las dirigencias políticas, al tiempo que la lucha política recoja y potencie el eco del cuerpo conformado por la variedad de movimientos anti neoliberales que luchan en Colombia.

 

Entre el bloque político de masas y el frente amplio

 

A contrapelo de la debacle electoral que todo indica afectará a la izquierda el 9 de marzo, el II Enup –en su preparación– insinúa la posibilidad de iniciar el proceso hacia un acuerdo político de unidad que desemboque en la confección de un Frente Amplio (FA) o de un Bloque Político de Masas (BPM).

 

Las alternativas distan en su concepción frente al sujeto y a los centros de lucha. El FA resume una clásica coalición política en donde las múltiples organizaciones sellan un acuerdo táctico de unidad para la intervención en la lucha en contra del gobierno de turno, encontrando como punto de unidad la confrontación contra el neoliberalismo. A su interior habrá tendencia a priorizar la participación electoral como forma de lucha principal, tal y como ocurre con sus homónimos en Costa Rica y Uruguay.

 

Por su parte, el BPM coloca como punto de inflexión el protagonismo social, desde organizaciones de base y movimientos espontáneos, allí las organizaciones jugarían el rol de darle cuerpo a un acuerdo estratégico que disminuya su protagonismo y realce el de los no alineados, colocándose en una lógica cultural de tal envergadura que obligue a la construcción de la colectividad como necesidad –rebasando los principios y fines de la cultura capitalista–, lo que por su talante sobrepasaría la mera lucha anti neoliberal colocándose en el plano de pugna contra el metabolismo social del capital.

 

Por la ANC y contra el neoliberalismo

 

Democracia y paz son los dos postulados que toman fuerza en la preparación del II Enup. La intención de potenciar en el 2014 un actor social y político unitario que reivindique con pluralidad las banderas de una democracia con fines populares, y la paz con resultados de reforma social, toman cuerpo en la intención de las organizaciones convocantes. La idea de preparar un gran acuerdo por la ANC, como uno de los posibles resultados del Encuentro, gana espacio, eso sí, siempre y cuando ello no implique someterse a la agenda de La Habana ni a la posible mesa con el eln. Aunque existan similitudes en las agendas sociales y políticas, emplazar al gobierno en las mismas fronteras nacionales, golpear al Estado con gesto duro del movimiento social, tras la renovación del pacto social, lo situaría en una condición de fuerza más elevada a la que llevaría esperar llegar a ser correas de transmisión de lo que pasa o se acuerde en la isla del Caribe.

 

Estos son retos inmensos para el movimiento social, como para una izquierda renovada, como también lo es, para conformar una Colombia alternativa, la necesidad de lograr el fin de la democracia desprendida del Estado Social de Derecho, que somete el pacto social y la contractualidad al derecho del capital.

 

Es claro que la ANC no resolverá todo, pero sí ayudará a decantar los bloques, desnudando sus distintas pretensiones, tanto las del régimen (que quiere permanecer en la condición política que les permite gestionar la maquinaria neoliberal), como las de aquellos que solo quieren reformar la Constitución para perfeccionar la democracia liberal, que por fuerza, inercia, tradición y teoría solo puede ser lubricante del Estado como aparato de los de arriba. Pero de igual manera denotará y obligará a la concentración de fuerzas de quienes sueñan con una democracia en clave popular –en lo económico, político, cultural y en todo aspecto social decisivo–, que dispute con el capital, y le dé acta de defunción a la política "moderna" con el insurgir de un nuevo sujeto social, expresado de manera espontánea, con vocación de gobierno y poder, superando con creces a sus dirigentes.

 

Aquí la realidad que vivimos y los retos del Enup. Existe la posibilidad de una izquierda que trasgreda el arriba de su propia coordenada histórica y asuma, como imprescindible, el abajo social, priorizando las tareas de unidad que pueden tener como punto de construcción el Enup. Sin embargo –valga preguntarse– ante los retos que plantea la actualidad: ¿será posible tal renovación? Existe una única seguridad, las expresiones espontaneas del abajo social comienzan a escucharse –incluso en el rechazo electoral– y es necesario oírlas, no hacerlo costará el congelamiento político de la izquierda.

Información adicional

  • Antetítulo:ENCUENTRO NACIONAL DE UNIDAD POPULAR –ENUP
  • Autor:MIGUEL SUÁREZ
  • Edición:199
  • Sección:Movimientos sociales
  • Fecha:Febrero 20 - marzo 20 de 2014
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