Miércoles, 23 Abril 2014 08:21

Hacia un Mundo sin Estados-Nación

Escrito por NATHALIE MEZZA-GARCÍA*
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Hacia un Mundo sin Estados-Nación

En el mundo contemporáneo ya se pueden ver indicios de que nos encaminamos hacia un escenario global que carecerá de Estados y fronteras territoriales. Crecientemente las interacciones que suceden a nivel local entre individuos, ciudades, empresas, vendedores, compradores, instituciones, organizaciones, entre otros, y, puntualmente, sus intercambios de información, energía, comercio y personas se hacen de manera directa o sin que medien necesariamente Estados. En vez de éstos, otros tipos de organizaciones en distintos niveles más globalizados y más locales –menos intermedios– van emergiendo. De hecho, las decisiones políticas más importantes que se toman hoy día tienen lugar en niveles de actuación y por actores diferentes a los Estados, pues éstos pierden relevancia a medida que el mundo se organiza primariamente a partir de intercambios en redes de información.

 

Cabe aclarar que, gracias a la proliferación de internet y de tecnologías de comunicación basadas en microelectrónica, local ya no necesariamente implica una noción espacial de geografía, sino que está relacionado con cuan directa es una interacción. Por ejemplo, un vendedor y un comprador en internet comerciando en dos lugares antípodas del mundo intercambian información de manera local si interactúan de manera directa. Internet es, de hecho, uno de esos factores que más puede potenciar exponencialmente el debilitamiento a futuro de los Estados-Nación, dada su influencia en los procesos contemporáneos de construcción de identidad. En otras palabras, internet abre la puerta para que la identidad hoy ya no se defina o dependa exclusivamente de factores geográficos –o históricos– como la adscripción a un territorio. De igual manera, tampoco depende pertenecer a una población específica, pues, para gran parte de los individuos que cuentan con acceso libre a internet, la identidad se construye a partir de lo que se quiere ser –gustos y motivaciones personales– y no de la identidad que se tiene al nacer.

 

Esta idea se contrapone a la manera como los Estados desde su nivel intermedio en el sistema global (por debajo de las regiones y por encima de las ciudades) buscan regular los procesos y dinámicas, idiomas, políticas y regulaciones locales y globales partiendo siempre de una noción geográfica de identidad, muy al estilo de nuestras democracias representativas contemporáneas.

 

En el largo plazo, lo anteriormente dicho puede llevar a que a los estados-nación progresivamente les sea más difícil contener a su población e intentar unificarla por medio de símbolos que parten de la historia y de una definición geográfica, ego limitada, de identidad. En el mediano y largo plazo, esto puede llevar a una búsqueda de independencia o autonomía como agentes en un escenario global por parte de un número creciente de comunidades, regiones, ciudades o pueblos desde el interior de lo que hoy son los Estados. En la práctica, estaríamos hablando de situaciones que van desde la independencia total política, jurídica, administrativa y militar, hasta potestad y autonomía sobre decisiones tales como la elección de los principales socios económicos, las lenguas oficiales o determinada prohibición. Ejemplos contemporáneos de este creciente fenómeno de desestatización son País Vasco en España, Irlanda en Gran Bretaña, los Kurdos al norte de Siria y, más recientemente, Crimea en Ucrania. Aunque la lista podría continuarse de manera extensiva.

 

La creación de comunidades supra que engloban varios países también es un indicador del debilitamiento paulatino de su capacidad de movilización, representación y maniobra. Los bloques y regiones como entidades coordinadoras de la toma de decisiones en el globo casi ya se posicionan por delante de los Estados. De ahí la flexibilización incremental de las políticas de visa a nivel mundial. Es por ello que proyectos como el que exime de la visa Shengen a los colombianos no debería causar ningún tipo de sorpresa, pues la necesidad de dejar de imponer artificialmente límites a los grados de libertad de la interdependencia económica, social, educativa, cultural, etc., es cada vez es más notoria. El camino hacia un mundo que se globaliza desde los intercambios locales y el flujo de información directo globalizado ya no tiene vuelta atrás. Ello no quiere decir, claro está, que podremos hablar de una unificación u homogenización de ideologías, causas, orientaciones políticas, tendencias morales, entre otros. La complejidad de los sistemas sociales humanos les implica –y les implicará– una creciente diversidad.

 

Aparte de organizaciones supranacionales, las empresas multinacionales también imponen regulaciones sobre los Estados, sometiendo las decisiones de políticas internas y las arancelarias a su conveniencia, lo cual dice mucho del debilitamiento paulatino de los Estados como articuladores principales de las dinámicas globales.
A medida que el mundo se hace más complejo e interconectado, las dinámicas sociopolíticas, culturales, afectivas, económicas, etc., ya no pueden estar mediadas por niveles intermedios de toma de decisión. Su complejidad es tal que a los Estados les queda dramáticamente difícil, por no decir imposible, controlar. En suma, a medida que se las interacciones locales se independizan de niveles intermedios y se abren nuevos espacios que superan la capacidad de decisión y actuación de los Estados, tiene lugar un debilitamiento progresivo de éstos. Como ya se dijo, lo anterior se ve alimentado por sistemas como internet o las redes sociales cuando operan como espacios de actuación política, ya que aumentan la red local de intercambios e interacciones en el mundo, lo cual conlleva a un detrimento progresivo de la capacidad de los Estados para procesar y aprovechar la complejidad de los sistemas sociales sobre los que se impone.


En el mundo contemporáneo, el triunfo de un individuo, de una ciudad, de una universidad o de una empresa depende de las interacciones locales que tenga en la red global, más no de su origen y adscripción geográfica –en caso de que la tenga. Ello quiere decir que a futuro ya no primará la idea de que las dinámicas locales tienen que darse en el marco de y con fines estatales. Es muy probable que se sigan formando comunidades multiniveles de toma de decisión, posiblemente heterárquicas y sin estar adscritas a una noción espacial geográfica de territorio.


* Profesora e investigadora de la Universidad del Rosario.

 

Información adicional

  • Autor:. NATHALIE MEZZA-GARCÍA
  • Edición:da 201
  • Sección:Opinión
  • Fecha:Abril 20 - Mayo 20
Visto 5477 vecesModificado por última vez en Miércoles, 23 Abril 2014 17:42
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